31 octubre, 2014

“Lo llevamos a la playa para que se le quitara la paranoia”

30 octubre, 2014

“Lo llevamos a la playa para que se le quitara la paranoia”. Esta es la frase terrible pronunciada por uno de los policías imputados en la muerte de un vecino del barrio de Las Seiscientas, en Cartagena.

La paranoia parece consistir en el miedo experimentado por Diego Pérez, de 43 años, a quien los medios describen como una persona querida en su entorno, diagnosticada de esquizofrenia, consumidor ocasional de alguna sustancia tóxica y beneficiario de una escasa paga social. La madrugada del 11 de marzo telefoneó a la policía para avisar de que una familia le había amenazado de muerte. Al parecer le acusaban del robo de dos bicicletas. Eran las 4:39 a.m.

La policía acudió a su domicilio y nunca más se supo ni de él ni de su miedo.

Su cuerpo se encontró 15 días más tarde flotando en Cala Cortina, una playa retirada de la ciudad. Los forenses fueron rotundos. Diego Pérez estaba muerto cuando fue arrojado al mar, y dicha muerta fue violenta. Homicidio. Hubo fractura de vértebras cervicales, pérdida de ojo derecho e indicios de golpes en otros muchos lugares del cuerpo.

Todo parecía apuntar a un ajuste de cuentas. Sin embargo, el 9 de octubre ingresaron en prisión media docena de policías nacionales acusados de causar la muerte del vecino cartaginés. Finalmente las bicis no fueron el origen de ningún altercado. La violencia viajó en coche patrulla directamente desde la comisaría. Un testigo especificó que tres coches y seis agentes se llevaron a Diego Pérez, dejando la puerta de su casa abierta y las luces encendidas. Las cámaras de tráfico grabaron el macabro itinerario hasta Cala Cortina. La triangulación de los móviles especifica que los agentes estuvieron allí sobre las 5 de la mañana.

En la investigación se colocaron micrófonos ocultos en distintos coches patrulla (algo que descubrió y denunció enfáticamente un sindicato policial). Diferentes medios de comunicación han recogido algunas de las escalofriantes conversaciones entre agentes. Conversaciones que no versaban sobre el hecho investigado, sino sobre un día a día lleno de palizas, amenazas y fanfarroneos varios. Jóvenes pistoleros cabalgando la ciudad, uniformados con placa disfrutando de los privilegios que otorga el monopolio legar de la violencia. Este no es lugar donde tiene sentido hacer un inventario de las mismas. Con una muestra es suficiente: “Hubo unas señoras torturas. […] No veas… Hubo sangre. Estuvo muy bien, yo lo pasé muy bien…” (y lo peor, es que todavía no se sabe de quién estaban hablando).

Buscamos “policía” en el diccionario: Cuerpo encargado de velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad de los ciudadanos, a las órdenes de las autoridades políticas.

Releemos las noticias. Nos cruzamos con alguna patrulla en el camino de casa al trabajo. Algo no funciona, ¿cierto? Es ese cosquilleo interno que mezcla el miedo, la indignación, el asco y la rabia. ¿Es esto “paranoia”?, ¿o padecemos un “trastorno disocial”? ¿Tiene sentido no fiarse de la policía? ¿Tiene una base real ese sentimiento? ¿Dónde anida la psicopatología…?, ¿en dudar de las garantías que presumiblemente ofrece el orden establecido o en el propio funcionamiento de dicho orden?

En esta ocasión la cosa parece que se les ha ido especialmente de las manos, pero no es la primera vez que la gente se muere en circunstancias poco claras baja custodia policial. Tampoco es novedad el que esto suceda con una persona diagnosticada. Los seis policías han admitido que se saltaron cualquier tipo de protocolo existente y decidieron llevar de madrugada a Diego Pérez a una playa para que “se le quitara la paranoia”.

Ese es el saber hacer de los sujetos que velan por la seguridad de sus conciudadanos. Y esa es su gestión de una situación en la que media la salud mental. El resultado arroja luz sobre las propias miserias de una sociedad que siempre mira hacia otro lado. Especialmente cuando la tragedia acontece en sus propias entrañas. El primer movimiento del resto de compañeros fue arropar a los detenidos. No ha habido condenas públicas ni manifestaciones de rechazo. La policía es uno de los grupos humanos más corporativistas que existen. Algo ha fallado y se ha rebasado el umbral de la trastienda donde la muerte campa a sus anchas, pero, ¿cuántas veces más quedamos sordos y ciegos frente a violencias de este tipo?

Sin duda hay algo perverso en todo este caso, algo que trasciende el hecho puntual. No se trata de manzanas podridas, ese cuento se ha contado demasiadas veces. Se trata de algo estructural. Barrios marginales, tratamientos psiquiátricos y descerebrados armados con balas e impunidad.

En España, hablar de protocolos reales y efectivos en el tratamiento que las fuerzas de orden público dan a incidentes donde se encuentran involucradas personas diagnosticadas (o que evidencian algún tipo de experiencia psíquica fuera de lo normal) es una quimera. Todo queda en manos de los señores agentes. Individuos que no necesitan demostrar demasiadas competencias para un empleo siempre al alza (la ausencia de puestos de trabajo en una sociedad suele implicar el aumento de funcionarios policiales) y cuya estabilidad psicológica no es comprobada en ningún momento. Hasta que la realidad no evidencie lo contrario, las personas que manifestamos “comportamientos inusuales” o que simplemente hemos sido suscritos a alguna categoría diagnóstica somos ciudadanos de segunda para la policía. Algo parecido al caso de las personas migrantes. Sujetos en un estado permanente de sospecha.

A Diego Pérez se le pasó la paranoia al dejar de respirar.

Sabemos que este texto es completamente alarmista. Lo es de manera deliberada. O damos la voz de alarma, o las pesadillas teñidas con luces azules seguirán visitándonos de tanto en tanto…

“Orden público” es un concepto demasiado laxo. Gritar y temblar puede suponer un quebranto del mismo (mientras que estafar ancianos al amparo de una entidad bancaria no lo es). Por tanto, y teniendo en cuenta las capacidades y sensibilidades habituales de los agentes que patullan nuestras calles, lo mejor es prevenir y tratar de impedir en la medida de lo posible la presencia de las fuerzas de orden público cuando se producen episodios de sufrimiento psíquico. Es algo que se puede hablar con el entorno más cercano, de manera que llegado el caso se disponga de unos recursos mínimos con los que gestionar la situación. En este país se llama a la policía para todo, y está demostrado empíricamente que no sirve para todo. Saber a quién llamar o qué hacer cuando una situación comienza a hacerse insostenible evita improvisaciones peligrosas.

   vía    Hoguera de ideas

13 comentarios :

  1. no es tan alarmista como pueda parecer, sucedió, sucedieron los hechos narrados crudamente, o asépticamente narrados, y no es la primera ni lamentablemente la última vez.

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    1. Y si fuera alarmista tendría mucha razón en serlo. ¿O no es para alarmarse que haya gentuza con licencia para matar patrullando las calles?

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  2. "Hubo unas señoras torturas"... No me suena como para que lo diga un guardia, más bien son de decir, "le dimos unas hostias.." o similar.
    Al trullo con ellos si es verdad lo que nos muestras, afortunadamente todos tenemos derechos, aunque algunos policias se los pasen "por el arco del triunfo", esos son los primeros a los que aplicar Justicia, como a la cuadrilla de sinvergüenzas en cargos politicos que van apareciendo con "las manos en la masa". La pena es que lo que aparece es la punta del iceberg.

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    1. Tanto si te "suena" como si no, son pruebas incluidas en el sumario. No es lo que yo muestro, es lo que dicho sumario muestra. Ya hay seis policías detenidos.

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  3. lo más terrible es la legitimidad e infame autoridad que conserva esa policía que heredó los métodos del franquismo y es aleccionada y sumisa a los mismos perros... hay que tener una conciencia de paja y oscura para meterse a la policía y si a ese tipo de gente le dan poder, la psicopatía y el sadismo, comete éste tipo de asesinatos y tantos otros golpes contra la humanidad y los derechos que perpetran en sus comisarías y en las calles y tantos silenciados, cuidadosamente ocultos.... todo el engranaje de la policía está corrupto de base y de causa.... todos son manzanas podridas!

    justicia a Diego Perez y venganza al pueblo!

    abrazo Loam!

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    1. No habrá justicia para Diego ni para los millones de personas que nacen ya condenadas, mientras no estalle una auténtica revolución social que no deje piedra sobre piedra de este infame y criminal régimen.

      Abrazo Mareva!

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  4. No habrá consecuencias reales para ellos, ni para ninguno de los demás, porque todos son culpables de cosas peores o simplemente de encubrimiento. Como se dice no es que haya manzanas podridas, es el sistema el que está podrido, esto es así siempre, no es un caso aislado, la poli no está ahí para defender al ciudadano aunque esporádicamente lo haga y entonces salga en todos los medios a bombo y platillo.
    Con lo políticos que menciona Temujin pasa igual, sirven a un sistema corrompido de dominación, de expolio de unos pocos a muchos, no se trata de que alguno sea más ladrón de la cuenta, ese no es el problema, es que si todos fueran absolutamente honrados el sistema seguiría asesinando, marginando y explotando, porque eso es el sistema.

    Salud!

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    1. Todos los actos tienen tarde o temprano consecuencias. La pasividad también.
      Como bien decía el poeta: "no lloro, porque la hora no es de lágrima y pañuelo, sino de machete en mano". ¡A por ellos!

      Salud!

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  5. ¡Vosotros os creéis mejores con tanto machete! No sé cuál es el camino para acabar con tanta injusticia, pero ese que mostráis por aquí arriba no me parece más que un parche, la verdad...más violencia, más odio, más muerte...El sistema lo formamos entre todos y vosotros también estáis aquí, comprando nuevas tecnologías, usándolas, ¿....sois inmaculados en vuestro día a día, os plancháis y laváis la ropa, tratáis con amor y buenas palabras a vuestros allegados, no contamináis el medioambiente, cuando os encamáis sois unos amantes geniales, más allá de las matemáticas...? Estoy un poco harta de tanta perfección...Soluciones más allá de tanto machete, joder...qué fácil es hablar de un sistema podrido. Ese sistema que es una mierda lo formamos entre todos nosotros. Escapar a esto no se hace matando, se hace dando ejemplo para empezar y no es nada fácil...Siento el cabreo . Así es como me siento.

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    1. Lo del machete es una metáfora que, al igual que la emplean los trabajadores de la caña, viene a decir ¡manos a la obra! Comprendo tu cabreo, pero tal vez deberías dirigirlo -digo yo- contra los asesinos de Diego Pérez y no contra quienes protestamos (con todas nuestras imperfecciones) por hechos tan deleznables como el que aquí se expone. Y sí, estoy de acuerdo, los problemas sociales no se solucionan matando, que es lo que "presuntamente" han hecho con Diego Pérez unos asesinos uniformados. La rabia es un sentimiento legítimo, pero hay que saber dirigirla hacia quienes la causan ¿no crees?

      Salud!

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  6. Sí, tienes razón. Sin embargo no todos los que visten uniformes son como esos cabrones. Hay gente que hace bien su trabajo. Y es muy fácil etiquetar. Igual que hay gente que va de revolucionaria y todo es de boquilla y puede ser más rastrero y malo que algún "uniformado". Como en todo, sentido común es lo que nos falta. Salud, energía y camino hacía la utopía.

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    1. La policía no está para defender a la gente, está para mantener el orden establecido, y el orden establecido es el que la clase dominante impone.
      Se etiqueta a sí mismo quien se pone un uniforme,se arma y agrede a la población indefensa, quien se sube a un trono y se coloca por encima de los demás, quien se enfunda una sotana y decide quien se condena y quien se salva... Sí, es fácil etiquetar: se etiquetan ellos mismos.

      ¡Claro que existen buenas personas!, pero no existen buenos policías porque su misión es reprimir y defender los intereses de la élite. No existen buenos sacerdotes porque su misión es someter nuestra mente y adoctrinarla. No existe, en fin, buena jerarquía porque toda jerarquía divide a los seres humanos en explotadores y explotados.

      Y no comprendo cómo tú, que tanto detestas la violencia, puedes defender a un estamento cuya principal característica es la de monopolizar la misma.
      Mi enemigo no es la persona, son las instituciones creadas para someterla y todos aquellos y aquellas que las sirven.

      Salud y libertad! Justicia para Diego Pérez!

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  7. Te daría la razón porque la tendrías en un mundo en que todos funcionáramos por amor a los otros. Qué hacemos cuando alguien hace daño a un semejante, porque le sale de quién sabe qué parte de su anatomía? Teóricamente estoy de acuerdo con lo que dices, y la realidad no es tan mágica. La realidad es que hay quien maltrata porque sí, y entonces qué, quién y cómo le explica que así no son las cosas. Que hemos de saber qué se hace cuando no todos somos tan amorosos...no sé...Claro que el sistema actual es tal cual tu dices...y a la vez qué hacemos en la transición hacia la utopia...?

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