05 julio, 2017

Secretario General de la CGT de Francia: “Pedimos a los trabajadores que estén preparados para movilizarse”



Por Enric Bonet
Ante una oposición parlamentaria minoritaria, la viabilidad del proyecto de Macron se calibrará en la calle. El joven presidente pretende aprobar durante los próximos meses una nueva reforma laboral por decretazo gubernamental. Una medida temeraria que recibirá seguramente la oposición de las fuerzas sindicales.
Emmanuel Macron dispondrá de una mayoría que le permitirá aplicar su programa económico neoliberal. Ante una oposición parlamentaria minoritaria, la viabilidad del proyecto de Macron se calibrará en la calle. El joven presidente pretende aprobar durante los próximos meses una nueva reforma laboral por decretazo gubernamental. Una medida temeraria que recibirá seguramente la oposición de las fuerzas sindicales.
La République en marche (La República en marcha, LREM) del presidente francés, Emmanuel Macron ha obtenido un 32% de los votos en la primera vuelta, lo que le permitirá conseguir probablemente más de 400 diputados en la segunda este domingo 18 de junio. Un resultado muy superior a los 289 que se necesitan para alcanzar la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. Una mayoría que le permitirá aplicar su programa económico neoliberal, para el que contará además con el apoyo de los sectores más moderados de la derecha republicana y el socialismo francés. Ante una oposición parlamentaria minoritaria, la viabilidad del proyecto de Macron se calibrará en la calle. El joven presidente pretende aprobar durante los próximos meses una nueva reforma laboral por decretazo gubernamental. Una medida temeraria que recibirá seguramente la oposición de las fuerzas sindicales.
Philippe Martinez (Suresnes, 1961), secretario general de la CGT, uno de los sindicatos mayoritarios en Francia, recibió a CTXT el pasado 23 de mayo en su despacho en Montreuil (una localidad al este del cinturón rojo de París). La entrevista tuvo lugar pocas horas después de su primera reunión con el nuevo presidente francés. “Pedimos a los trabajadores que estén preparados para movilizarse, sobre todo, si Macron no escucha ninguna de nuestras propuestas, como parece que va a hacer”, asegura Martinez.
Hijo de una emigrante cántabra y un excombatiente francés en las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española, este antiguo empleado de Renault dirige desde hace poco más de dos años esta centenaria organización sindical. La primavera pasada estuvo al frente de la movilización contra la reforma laboral impulsada por el gobierno socialista. Ahora se prepara para oponerse a la de Macron. Reconoce, sin embargo, que el incremento de la precariedad y la uberización de la economía han hecho que “movilizar a los trabajadores resulte más complicado que antes”.
En una entrevista en el Journal du Dimanche, el 21 de mayo, usted calificó la reforma laboral que el gobierno de Macron quiere aprobar por decretazo como una medida “inaceptable”. ¿Por qué?
Porque no tiene ningún sentido impulsar una reforma laboral que ahonda  en los aspectos negativos de la reforma del año pasado. Según los estudios de opinión, el 70% de los franceses estaba en contra. Esto obligó al gobierno a aprobarla sin votación parlamentaria. Si el año pasado la mayoría de los franceses estaba en contra de la reforma laboral, no entiendo por qué hoy estarían de acuerdo con una reforma que algunos califican de XXL. El recién estrenado gobierno de Macron quiere presentarnos como nuevo un proyecto viejo. Llevamos veinte años aprobando este tipo de medidas.
¿Cuáles son estas viejas ideas defendidas por Macron?
En primer lugar, defender que abaratar el despido sirve para crear puestos de trabajo. Cuando se habla de flexibilidad, lo que se quiere hacer en realidad es facilitar los despidos. El padre de Pierre Gattaz —el actual presidente de la patronal francesa— ya defendía la misma idea hace veinte años cuando representaba a la patronal. Desde entonces, todas las políticas laborales han seguido esta lógica. ¿Esto ha servido para disminuir el número de parados? No. La otra vieja idea de Macron es considerar el estatuto de los trabajadores como un problema para crear empleo. Todos los expertos dicen que no tiene nada que ver, ya que para crear puestos de trabajo hace falta recuperar la actividad económica.
¿Cómo explica esta insistencia de los dirigentes franceses en reformar el estatuto de los trabajadores?
Porque responden a las exigencias de las clases dominantes, que consideran que el problema son los trabajadores y el coste del trabajo. Es una idea vieja. En el siglo XIX, cuando la CGT reivindicaba la jornada laboral de ocho horas, la patronal ya hablaba del coste de la mano de obra.
¿Teme que el presidente Macron utilice el periodo de gracia conseguido tras su reciente elección para aprobar su reforma laboral?
No estoy del todo convencido de que Macron disponga de un periodo de gracia. Tras las presidenciales, los sindicatos suelen paralizar sus movilizaciones para ver cuáles son los planes del presidente. Pero, por primera vez, las movilizaciones no se han detenido durante estas elecciones. Ha habido huelgas de los trabajadores de Whirlpool, [los grandes almacenes] Tati o [la compañía de automoción] GM&S. Los sondeos muestran que la popularidad de Macron y la de su primer ministro Édouard Philippe son inferiores a las de François Hollande o Nicolas Sarkozy cuando fueron elegidos presidentes.
Tras su primera reunión con el presidente, usted declaró que tiene la sensación de que el calendario de la reforma laboral ha cambiado. ¿Qué cambios se han producido?
Me da la impresión de que habrá un periodo más largo para debatir. Macron ha vuelto a afirmar que hace falta diálogo. Lo que me hace pensar que el tiempo de debate con los sindicatos será más largo de lo que habíamos entendido en un principio. Pero es sólo una impresión.
Después de las legislativas, ¿animará a los militantes de la CGT a movilizarse en contra de la reforma laboral?
Nos reuniremos con los asalariados y les explicaremos cuáles son los planes del gobierno y las propuestas de la CGT. Si los trabajadores no están satisfechos con la nueva reforma laboral, se manifestarán. Es lo que sucedió el año pasado. No hay nada programado de momento, pero estamos vigilantes. Pedimos a los trabajadores que estén preparados para movilizarse, sobre todo, si Macron no escucha ninguna de nuestras propuestas, como parece que va a hacer.
La mayoría de los biógrafos de Macron destaca que es una persona muy dialogante. Pero usted advierte de que no parece escuchar ninguna de las propuestas de la CGT…
Macron interpreta el resultado de la segunda vuelta de las presidenciales como le conviene y asegura que todos los que votaron por él lo hicieron porque están de acuerdo con su programa. Como el año pasado se reprochó a Hollande que no hubiera incluido la reforma laboral en su programa electoral, Macron sí anunció la suya y ahora defiende que es legítima porque la mayoría de los franceses votaron por él. Pero los estudios de opinión muestran que el 40% de los franceses que le votaron durante la primera vuelta de las presidenciales [cuando obtuvo el 23% de los votos] no lo hizo por adhesión a su programa, sino por descarte. Durante la segunda vuelta de las presidenciales, muchos apostaron por él para evitar la victoria del Frente Nacional. Nunca antes había habido tanta abstención y votos en blancos. Esto debería hacerle reflexionar.
La antigua responsable de recursos humanos de Danone, Muriel Pénicaud, ha sido elegida ministra de Trabajo. ¿Cómo valora su nombramiento?
No la conozco personalmente, pero aquellos que estuvieron con ella en Danone la describen como la responsable de recursos humanos que llevó a cabo los planes de la dirección. En beneficio de la rentabilidad de la empresa, puso en marcha un ERE de 900 asalariados, 200 de ellos en Francia. Mientras tanto, los accionistas y el propietario veían cómo sus dividendos aumentaban.
Pero el secretario general del sindicato Force Ouvrière (FO), Jean-Claude Mailly, dijo que su elección era una noticia “más bien tranquilizadora”.
Mailly la conoce desde hace tiempo. Pénicaud estuvo cercana a él, cuando trabajó en el gabinete del Ministerio del Trabajo, dirigido por la socialista Martine Aubry. Pero he conocido otras personas que trabajaron con Aubry y que luego han sido directores de recursos humanos y han aplicado  estrategias empresariales que iban en contra de los intereses de los asalariados.
Varios cierres de empresas y ERE masivos han tenido un gran eco mediático durante estos últimos meses. ¿La Ley Macron, que liberalizó diversos sectores de la economía, ha servido para facilitar los despidos?
Ha dificultado las condiciones de acceso de los trabajadores a los tribunales de lo social [encargados de dirimir las indemnizaciones en el caso de un despido improcedente]. Estos tribunales tampoco disponen de los medios suficientes para actuar de forma más rápida. La Ley Macron también obliga a las filiales de los grandes grupos a gestionar por sí solas los planes de reestructuración y los ERE, ya que las desconecta de sus matrices. Esto es lo que ha sucedido con Tati, que ha entrado en concurso de acreedores porque no puede recurrir a los fondos del grupo Eram, al que pertenece. De hecho, le pregunté al presidente si conocía los efectos de la Ley Macron.
¿Qué le respondió?
Con una sonrisa forzada.
La polémica reforma laboral, también conocida popularmente como Ley El Khomri, entró en vigor el pasado 1 de enero. ¿Cuáles han sido sus efectos?
Ha traído una mayor flexibilidad y la modificación de los horarios laborales. También ha reforzado la voluntad de las empresas de aprobar nuevos acuerdos internos para disminuir la remuneración de las horas extra. Pero afortunadamente los trabajadores se están movilizando para rechazar aquellas modificaciones de las condiciones de trabajo que van en contra de sus intereses.
¿Le preocupa que en Francia se produzca una devaluación general de los salarios como la que tuvo lugar en España tras la aprobación de la reforma laboral en 2012?
Sí. Hemos empezado con las horas extra y lo que propone ahora Macron es desvincular los salarios del nivel de estudios. Es decir, a un ingeniero no se le pagará en función de su diploma y de lo que indique el convenio colectivo, sino en función de la empresa en la que trabaje. Podrá ser contratado, por ejemplo, en una empresa metalúrgica con un salario determinado y un compañero suyo podrá ocupar el mismo puesto en otra compañía del mismo sector con un salario inferior. Algunos compañeros de sindicatos españoles me han explicado cómo en el sector de la restauración la horquilla salarial puede llegar a doblarse en función del restaurante donde se trabaje. Así es cómo se organiza el dumping salarial.
Uno de los episodios más controvertidos de la campaña electoral fue la visita de Le Pen y Macron a la fábrica de secadoras de Whirlpool en Amiens, que será deslocalizada a Polonia a partir del año que viene ¿Cómo explica la buena acogida que recibió la candidata ultraderechista?
Marine Le Pen visitó la fábrica de Whirlpool porque sabía que Macron también iba a ir. No fue allí para interesarse por la situación de los trabajadores, sino para hacer propaganda. Eso no es lo mismo que hacer política, ya que esta consiste en actuar concretamente en favor de los intereses de los trabajadores.
Pero el interés de la clase obrera por el Frente Nacional no es residual. El 37% de los electores de condición obrera apostó por Le Pen en la primera vuelta de las presidenciales.
En las elecciones presidenciales de 2002, cuando el padre [Jean-Marie Le Pen] se clasificó para la segunda vuelta, todo el mundo dijo que esto no podía volver a suceder y que se ocuparían de las clases desfavorecidas. Jacques Chirac ganó, entonces, con el 82% de los votos. ¿Pero por qué quince años después la hija [Marine Le Pen] se clasifica para la segunda vuelta y consigue el doble de votos que su padre? Porque no se ha respondido a los problemas sociales y económicos. Hay localidades en Francia que están abandonadas, no tienen servicios públicos ni líneas de tren. Allí las fábricas cierran y la población se queda en paro. Por desgracia, los asalariados expresan su rabia culpabilizando a aquellos vecinos que tienen un apellido extraño y un color de piel distinto. Es este odio el que cultiva el FN. Pero los otros partidos también son responsables y ninguno de sus dirigentes se pregunta por qué hemos llegado a esta situación.
¿Cómo pueden frenar  los sindicatos el respaldo de las clases populares a la extrema derecha?
Todos los datos muestran que cuando hay un sindicato organizado en una empresa, el voto al FN es inferior a la media. En la CGT, organizamos formaciones en las que explicamos a nuestros militantes que el FN no es sólo un partido racista y antifeminista, sino que también es favorable al liberalismo económico y al capitalismo. Quizás su escaparate contiene eslóganes que se parecen a los de la CGT, pero en su tienda encontramos las mismas soluciones que defiende la patronal.
El izquierdista Jean-Luc Mélenchon estuvo a punto de clasificarse para la segunda vuelta de las presidenciales, sólo le faltaron 600.000 votos. A diferencia de lo que sucedió en 2012, el apoyo de la CGT a la candidatura de Mélenchon fue bastante frío. ¿Se arrepienten de no haberle respaldado con mayor entusiasmo?
La CGT es una organización neutral e independiente de los partidos políticos. Informamos a nuestros afiliados de qué candidatos defienden las mismas medidas que nosotros. En los ochenta, la CGT solía apoyar a los candidatos de izquierdas y esto fue contraproducente para nosotros. Es un error hacer creer a la gente que cambiarán las cosas yendo sólo a votar y que luego pueden irse a dormir tranquilos. La historia nos muestra que votar es importante, pero también hace falta movilizarse. Mire el caso de Grecia. Allí una persona le dijo al pueblo que iba a cambiar su vida. Y la vida de los griegos ha cambiado, pero no necesariamente en el buen sentido.
Durante el quinquenio de Hollande, la movilización social en Francia ha resultado más bien escasa. Macron pretende ahora impulsar un proyecto ultraliberal. ¿Teme que las fuerzas sindicales sufran en Francia una derrota histórica como la que se produjo en el Reino Unido en los ochenta?
No dispongo de ningún botón para iniciar una huelga de forma automática. Nuestra tarea consiste en dialogar con los asalariados y si los convencemos, salen a la calle y conseguimos cambiar las cosas. Pero los trabajadores han cambiado y muchos de ellos ya no trabajan en grandes empresas. Son autónomos o proveedores de servicios. Debemos interesarnos por este tipo de trabajadores. Hemos creado un sindicato para los conductores de Uber y para los repartidores en bici [de Deliveroo]. Ahora movilizar a los trabajadores resulta más complicado que antes, pero eso no nos da miedo. Aquellos que sueñan con la muerte de la CGT, terminan muriendo antes de que lo haga la CGT.


No hay comentarios :

Publicar un comentario