17 diciembre, 2024

Cómo Washington y Ankara cambiaron el “régimen” en Damasco — Thierry Meyssan

 

Voltairenet.org – 17/12/2024


Con sorprendente aplomo, la prensa internacional nos asegura que lo sucedido en Siria no es un cambio militar de régimen sino una “revolución” que derrocó la República Árabe Siria. Esa prensa no menciona la presencia del ejército turco y de las fuerzas especiales de Estados Unidos. En cambio, esos mismos medios nos abruman con un torrente de propaganda –constantemente desmentida por los hechos– sobre los supuestos crímenes de “Bachar” y nos presenta a los asesinos cortadores de cabezas como respetables “revolucionarios”. Una vez más, la gran prensa internacional nos miente y lo hace deliberadamente.


Abu Mohammed al-Jolani, ex número 2 de Daesh, 
ahora convertido en el amo de Damasco, 
da una conferencia de prensa en la Gran Mezquita de los Omeyas.


Después de haber resistido heroicamente, desde 2011, los ataques de los yihadistas respaldados por la coalición internacional más grande de la Historia, la República Árabe Siria fue derrocada en 11 días. ¿Qué pasó ?


En primer lugar, desde el 15 de octubre de 2017, Estados Unidos organizó un verdadero cerco alrededor de la República Árabe Siria, prohibiendo todo comercio con el Estado sirio, prohibiendo incluso a la ONU participar en la reconstrucción del país [1]. En 2020 esa estrategia se extendió a Líbano con la Caesar Act estadounidense [2]. Nosotros, los países miembros de la Unión Europea, participamos en ese crimen.


La mayoría de los sirios estaban mal alimentados, la moneda local se había desplomado por causa de las “sanciones” –lo que antes de la guerra, en 2011, valía una libra siria, costaba 50.000 el día que cayó Damasco. Las mismas causas provocan siempre los mismos efectos: Siria fue derrotada de la misma manera que Irak, donde la señora Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Estados Unidos se vanagloriaba de haber provocado la muerte por enfermedad o malnutrición de medio millón de niños iraquíes.


Por otro lado, si bien quienes tomaron Damasco fueron los yihadistas de Hayat Tahrir al-Sham, en realidad no fueron ellos quienes lograron la victoria en el plano militar. El 27 de noviembre, el grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham, armado por Qatar y orientado por el ejército turco, disfrazado este último de “Ejército Nacional Sirio” (ANS) tomó el control de la autopista M4, que se había designado como línea de alto al fuego. En ese momento, Hayat Tahrir al-Sham y Turquía ya disponían de drones de combate muy eficaces, manejados por militares ucranianos. Además, Hayat Tahrir al-Sham había movilizado la colonia uigur (una etnia china que practica el islam) del Partido Islámico de Turquestán (TIP), atrincherada en al-Zanbaki desde hace 8 años [3]. Esos hechos demuestran que hay una fusión entre los teatros de operaciones israelí, ruso y chino.


Después, esas fuerzas atacaron Alepo –la segunda ciudad en importancia de Siria–, defendida hasta entonces por los Guardianes de la Revolución iraníes, que se retiraron inesperadamente, dejando sola a la pequeña guarnición del Ejército Árabe Sirio (el ejército regular de Damasco). Al comprobar la desproporción entre las fuerzas, el gobierno sirio ordenó a sus tropas replegarse hacia la ciudad de Hama. Los soldados sirios cumplieron esa orden el 29 de noviembre, después de librar una breve batalla.


El 30 de noviembre, el presidente sirio, Bachar al-Assad, viajó a Rusia, pero no para asistir al examen que su hijo Haffez pasaría en la universidad de Moscú, donde el joven prosigue sus estudios, sino en busca de ayuda. Las fuerzas rusas presentes en Siria no incluían unidades terrestres y no podían hacer otra cosa que bombardear los convoyes de los yihadistas. Así que trataron de cerrar el paso a los yihadistas de Hayat Tahrir al Sham y a los armados dirigidos por los turcos atacándolos por aire, pero sin poder enfrentarlos en tierra. Alepo estaba perdida. No es ocioso recordar aquí que, siguiendo la orientación su pais [4], el presidente turco Recip Tayyep Erdogan nunca ha reconocido la pérdida de los territorios antes otomanos que hoy son parte de Grecia (Tesalónica) y aún reivindica como parte de Turquía la isla de Chipre y territorios pertenecientes a Siria (Alepo y su región) y a Irak (la región de Mosul).


Para aquel momento, Turquía ya había reactivado células yhadistas “durmientes” y el Ejército Árabe Sirio, ya extenuado, se veía obligado a combatir simultáneamente en todos los frentes. Eso trató de hacer, sin lograrlo, el general Maher al-Assad, hermano del presidente.


Alí Larijani, el enviado especial del Guía de la Revolución iraní, Alí Khameneï, viajó entonces a Damasco para explicar al presidente sirio la retirada de los Guardianes de la Revolución en Alepo y proponer el envío de ayuda militar de la República Islámica de Irán… bajo ciertas condiciones. Pero se trataba de condiciones culturales descabelladas para un Estado laico como la República Árabe Siria.


En una entrevista telefónica con el presidente de Irán, Massud Pezeshkian, el presidente sirio Bachar al-Assad señaló que «la escalada terrorista» apuntaba a «tratar de fragmentar la región, desgastar sus Estados y rediseñar el mapa regional en función de los intereses de Estados Unidos y Occidente». El comunicado oficial no precisa el clima que caracterizó la conversación. El presidente sirio quería saber quién había ordenado a los Guardianes de la Revolución retirarse de Alepo. Pero no obtuvo respuesta. Assad advirtió al presidente iraní sobre las consecuencias que la caída de Siria tendría para Irán. Esfuerzo inútil. Teherán seguía exigiendo que le entregaran las llaves del país para defenderlo.


El 2 de diciembre llegaba a Beirut el jefe de las fuerzas especiales de Estados Unidos (USSOCom), el general Jasper Jeffers III. Oficialmente llegaba a Líbano para vigilar la aplicación del alto al fuego (sólo verbal) entre Israel y el Hezbollah. Pero es evidente, dadas sus funciones, que eso era sólo una parte de su misión y que en realidad debía supervisar la toma de Damasco por parte de los turcos, camuflados bajo la pantalla de Hayat Tahrir al Sham.


El 5 de diciembre, Estados Unidos reanuda, en el Consejo de Seguridad de la ONU, sus acusaciones –nunca demostradas– sobre el supuesto uso de armas químicas por parte del gobierno sirio. Estados Unidos ignora olímpicamente las numerosísimas objeciones, testimonios e investigaciones que demuestran que esas acusaciones son sólo parte de su propaganda de guerra. El asunto de las armas químicas es el argumento número 1 de la gigantesca maquinaria de persuasión de los anglosajones. Agitando esas acusaciones, el estadounidense Jeffrey Feltman, como número 2 en la jerarquía de la ONU, prohibió toda participación de las agencias de la ONU en la reconstrucción de Siria. Esas acusaciones, no demostradas, también permitieron convencer a la opinión pública occidental de que «Bachar es el verdugo de Damasco» e imputarle a él todas las muertes de la guerra montada contra su país.


Mientras eso sucede, el Pentágono da luz verde a los yihadistas de Hayat Tahrir al-Sham y al ejército turco para que continúen su avance, tomen Damasco y derroquen la República Árabe Siria.


Los días 6 y 7 de diciembre, tiene lugar en Qatar el Foro de Doha. El ministro de Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, y numerosas personalidades del Medio Oriente participan en el encuentro. Al margen del Foro, se dan garantías a Rusia, que representa al presidente Assad, de que los soldados del Ejército Árabe Sirio (el ejército regular de Damasco) no serán perseguidos y que las bases militares de la Federación Rusa no serán atacadas. También se garantiza a Irán que los santuarios chiitas no serán destruidos. Teherán da la impresión de estar convencido de antemano.


El ministro de Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, afirma que el primer ministro de Israel, Benyamin Netanyahu, y el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, consideraban que la operación debía terminar en ese momento. Es el Pentagono el que decide, junto al Reino Unido, seguir adelante hasta derrocar la República Árabe Siria [5].


El 6 de diciembre, en Nueva York, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptaba la resolución 2761 [6], cuyo texto autoriza a no tener en cuenta las sanciones impuestas a los yihadistas cuando se realicen “operaciones humanitarias”. En otras palabras, la ONU, que antes nunca había autorizado la ayuda a las poblaciones que sufrían el yugo de Daesh, autoriza abruptamente que se comercie con Hayat Tahrir al-Sham. Ese brusco cambio de posición del Consejo de Seguridad corresponde a las instrucciones del consejero de las Naciones Unidas, Noah Bonsey. En febrero de 2021, cuando trabajaba para George Soros, ese personaje ya proponía optar por la “flexibilidad” hacia los yihadistas de Hayat Tahrir al-Sham [7].


El mismo 6 de diciembre, CNN transmite una entrevista del líder de Hayat Tahrir al-Sham, Abu Mohammed al-Jolani [8]. La entrevistadora, la periodista Jomana Karadesh, da relieve a ese personaje a pesar de que el sitio web Rewards for Justice, del Departamento de Estado de Estados Unidos, sigue ofreciendo una recompensa de 10 millones de dólares por toda información que permita la captura de este líder yihadista [9].






El 7 de diciembre, Hayat Tahrir al-Sham y Turquía toman la cárcel de Sednaya, hecho importante para la propaganda de guerra, que la presenta como «el matadero humano». Se afirma que en esa cárcel miles de personas han sido torturadas, ejecutadas e incineradas en un crematorio. Durante 3 días, los “Cascos Blancos”, ONG que ha salvado vidas pero que también ha participado en masacres, registran toda la cárcel y sus alrededores en busca de subterráneos secretos, de cámaras de tortura y del crematorio, pero no encuentran nada de eso. Finalmente, la periodista Clarissa Ward muestra en CNN la liberación de un prisionero que no había visto la luz del sol en 3 meses… pero que se ve limpio, bien vestido y con las uñas de las manos bien cuidadas [10].



Las acusaciones de torturas y ejecuciones sumarias contra el gobierno de Assad son especialmente mal intencionadas y sobre todo injustificadas. La prensa occidental no dice que, desde 2011, Bachar al-Assad impartió instrucciones que prohibían expresamente toda forma de tortura y que creó un ministerio de Reconciliación Nacional encargado de facilitar la reintegración a la sociedad de los sirios que en algún momento se habían unido a los yihadistas. Los medios occidentales tambien silencian el hecho que desde el inicio de la agresión contra su país Assad emitió alrededor de 40 amnistías generales.


El 8 de diciembre, el presidente Bachar al-Assad ordena a sus soldados deponer las armas. Damasco cae sin resistencia. Los yihadistas despliegan inmediatamente banderolas que ya traían con ellos y enarbolan el símbolo del nuevo régimen. Abu Mohammed al-Jolani (su verdadero nombre es Ahmed al-Charaa), emir de Hayat Tahrir al-Sham, ex combatiente de al-Qaeda y posteriormente número 2 en la jerarquía del Emirato Islámico (también conocido como Estado Islámico, EI, EIIL, ISIS o Daesh) toma el poder en Damasco. Rodeado de asesores británicos especializados en métodos de comunicación, al-Jolani se presenta en la Gran Mezquita de los Omeyas y pronuncia allí un discurso similar al que el ”califa” de Daesh, Abu Bakr al-Bagdadi, había pronunciado en 2019 en la Gran Mezquita al-Nuri, en la ciudad iraquí de Mosul.


Los yihadistas de Hayat Tahrir al-Sham acostumbran a tratar a los cristianos como mustamin, clasificación islámica para extranjeros no musulmanes que residen en suelo musulmán bajo ciertas condiciones. Por ahora, los yihadistas no exigen a los cristianos que cumplan el dhimmi (una serie de derechos y obligaciones que se aplican sólo a los no musulmanes) o que paguen el impuesto de la yizia. No fue hasta septiembre de 2022 que los yihadistas permitieron, por primera vez en 10 años, una ceremonia en honor de Santa Ana en la iglesia armenia de al-Yacubiyah, en la zona rural de Jisr al-Shugur, al oeste de Idlib.


Ya para ese momento, 3 000 soldados del Ejército Árabe Sirio se exilan en Irak, donde son desarmados y se les alberga en tiendas, en el puesto fronterizo de Al-Qaim, antes de trasladarlos a una base militar en Rutba. El gobierno iraquí anuncia que está tratando de obtener garantías para que puedan regresar a Siria [11]


El mismo domingo 8 de diciembre, el ejército de Israel inicia una gran operación de destrucción de todo el material de guerra y las fortificaciones del Ejército Árabe Sirio. En 4 días, 480 bombardeos aéreos israelíes destruyen la marina de guerra siria y numerosas fortificaciones e instalaciones militares sirias, principalmente los depósitos de armas y el equipamiento antiaéreo. Simultáneamente, los principales científicos sirios son asesinados.


Luego de visitar fortificaciones sirias vacías con un grupo de periodistas, un comandante regional israelí declara a sus invitados: «Está claro que nos quedaremos aquí por un tiempo. Estamos preparados para eso.» En el Golán ocupado por Israel, las tropas israelíes cruzan la línea de alto al fuego y ocupan más terreno en Siria. Según el ejército de Israel, esas tropas están creando una nueva “zona de seguridad”… para proteger la zona de seguridad que ya existía. En otras palabras, se trata de una nueva anexión. De hecho, Israel anexa el monte Hermon, desde donde puede vigilar toda la región.


El 9 de diciembre, el general Michael Kurilla, jefe de las fuerzas de Estados Unidos en el Medio Oriente (CentCom) viaja a Amman, la capital jordana, para reunirse allí con el general Yusef Al-H’naity, el jefe del estado mayor jordano. El general Kurilla reafirma a su interlocutor el compromiso estadounidense de apoyar militarmente a Jordania ante cualquier amenaza que pudiese venir de Siria durante el periodo de transición iniciado.


El 10 de diciembre, el general Kurilla visita las tropas de Estados Unidos ilegalmente desplegadas en suelo sirio y las unidades de las “Fuerzas Democráticas Sirias” (fundamentalmente mercenarios kurdos) en varias bases ilegalmente instaladas en Siria. Durante esa visita, el general Kurilla establece un plan para evitar que Daesh salga de la zona que el Pentágono le había asignado, para impedir que se inmiscuya en el cambio de régimen en Damasco. Aviones estadounidenses inician rápidamente una serie de intensos bombardeos para impedir que Daesh se mueva hacia Damasco.


El mismo 10 de diciembre, Hayat Tahrir al-Sham presenta a Mohammed al-Bachir, hasta entonces “gobernador” de Idlib igualmente designado por los yihadistas, como primer ministro del nuevo régimen. Apadrinado por el MI6 británico, Mohammed al-Bachir es un miembro de la Hermandad Musulmana. Francia, cuyo enviado especial –el ex ministro de Defensa Jean-Yes Le Drian, había negociado la nominación de Riyad Hijab, quien había desertado en 2012 luego de ser nombrado secretario del Consejo de Ministros por el presidente Assad– se da cuenta entonces de que ha sido engañado.


Esa misma noche, el nombre de Jean-Yves Le Drian deja de mencionarse como posible primer ministro de Francia y la presidencia de la República organiza la aparición en televisión del fiscal antiterrorista de París. Este último pone fin a las declaraciones entusiastas sobre el nuevo régimen de Damasco y recuerda a todos que Hayat Tahrir al-Sham está implicado en el asesinato del profesor francés Samuel Patty (perpetrado en 2020) y en la masacre de Niza, durante la cual murieron 86 personas (en 2016). A partir de ahí, la prensa francesa cambia de registro y comienza a interrogarse sobre el nuevo régimen sirio, que la prensa internacional sigue presentado como respetable.


El 11 de diciembre, las principales facciones palestinas presentes en Siria –el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), el Frente Democrático por la Liberación de Palestina (FDLP), el Movimiento de la Yihad Islámica palestina, el Frente Palestino de Lucha Popular– se reúnen en Yarmuk (Damasco) con varios enviados de Hayat Tahrir al-Sham. El Hamas y al-Fatah no participan en la reunión, donde los presentes deciden que ninguna facción palestina tendrá en Siria un estatus superior al de las otras, todas serán tratados de la misma manera. Todos los grupos palestinos representados en la reunión se comprometen a entregar sus armas.


El jefe del CentCom estadounidense, el general Michael Kurilla, prosigue su gira y viaja sucesivamente a Líbano y a Israel. En Beirut se reúne con el general Joseph Aoun, jefe del ejército libanés y, sobre todo, con su compatriota, el general estadounidense Jasper Jeffers III, jefe de las fuerzas especiales de Estados Unidos. En Tel Aviv, el general Kurilla se reúne con todos los jefes de estados mayores israelíes y con el ministro de Defensa, Israel Katz. Después de esos encuentros, el general Kurilla declara: «Mi visita en Israel, así como en Jordania, en Siria, en Irak y Líbano en estos 6 días ha subrayado la importancia de ver los desafíos y las oportunidades actuales con los ojos de nuestros socios, de nuestros comandantes en el terreno y de los miembros del servicio. Debemos mantener asociaciones sólidas para enfrentar las amenazas actuales y futuras que se ciernen sobre la región.»


El 12 de diciembre, el director del MIT (la inteligencia turca), Ibrahim Kalin, se convierte en el primer alto funcionario extranjero que se reúne con el nuevo régimen en Damasco. Ese mismo día, los mercenarios kurdos, que administran el noreste de Siria para las tropas ocupantes de Estados Unidos, izan la nueva bandera del país, con tres franjas verde, blanca y negra y tres estrellas rojas… la bandera de la época del mandato de Francia sobre Siria.


El 15 de diciembre, siguiendo los pasos del jefe de la inteligencia turca, una delegación de Qatar se reúne con representantes del nuevo poder en Damasco.


Decididamente empeñada en avalar las acusaciones sobre la práctica de la tortura que se atribuye al gobierno anterior, la periodista estadounidense Clarissa Ward muestra en CNN una serie de cadáveres hallados en la morgue de un hospital de Damasco, reeditando así la operación de intoxicación que CNN ya había realizado en 1989, durante el derrocamiento de Ceausescu, en Rumania [12].


Mientras tanto, decenas de miles de sirios huyen del país. No parecen convencidos de que los yihadistas de Hayat Tahrir al-Sham se hayan convertido súbitamente en gente civilizada.


NOTAS:


[1] «Documento interno de la ONU. Parámetros y principios de la asistencia de la ONU en Siria», por Jeffrey D. Feltman, Red Voltaire, 15 de octubre de 2017.

[2] «Hezbollah denuncia que Estados Unidos ‎busca provocar una hambruna en Líbano», Red Voltaire, 18 de junio de 2020.

[3] «Los 18 000 uigures de al-Qaeda en Siria», Red Voltaire, 19 de agosto de 2018; «La CIA y los yihadistas uigures», Red Voltaire, 18 de diciembre de 2019; “Uyghur fighters in Syria vow to come for China next”, Sophia Yan, The Telegraph, 13 de diciembre de 2024.

[4] «Juramento Nacional turco», Red Voltaire, 28 de enero de 1920.

[5] «Fidan: Nous avons négocié avec la Russie et l’Iran pour qu’en Syrie, ça se passe sans effusion de sang» [en espanol, “Fidan: Nosotros negociamos con Rusia e Irán para que en Siria no hubiese derramamiento de sangre”], Agencia Anadolu, 13 de diciembre de 2024; «“Israël ne voulait pas qu’Assad tombe”, affirme le chef de la diplomatie turque» [en español, “Israel no quería la caída de Assad”], I24 News, 16 de diciembre de 2024.

[6] «Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para eximir de sanciones sobre los yihadistas», Red Voltaire, 6 de diciembre de 2024.

[7] “In Syria’s Idlib, Washington’s Chance to Reimagine Counter-terrorism”, New Crisis Group, Noah Bonsey y Dareen Khalifa, febrero de 2021.

[8] “Syrian rebel leader speaks to CNN in exclusive interview”, Jomana Karadesh, CNN, 6 de diciembre de 2024.

[9] “Muhammad al-Jawlani”; Rewards for Justice, sitio web del Departamento de Estado estadounidense consultado el 17 de diciembre de 2024.

[10] “‘Are you serious?’: He spent months in a Syrian prison. CNN’s camera caught the moment he’s freed”, Clarissa Ward, CNN, 11 de diciembre de 2024.

[11] «خاص»

[12] “Battered corpses show the horrors of life and death under Syria’s Assad”, Clarissa Ward, CNN, 12 de diciembre de 2024.



06 diciembre, 2024

Guerra brutal contra Siria: desde crueles sanciones económicas hasta apoyo a terroristas. Para los aliados occidentales, todo es válido — Lena Petrova

 


World Affairs in Context – 01/12/2024


Tras una década imponiendo brutales sanciones económicas a Siria, una rama de Al Qaeda se utiliza para desestabilizar aún más el estado y cortar las líneas de suministro del Eje de la Resistencia.


Del blanqueo de los nazis en Ucrania al elogio de los yihadistas de Hayat Tahrir al-Sham como "luchadores por la libertad" y "rebeldes sirios", los líderes occidentales han abandonado el sentido común y la moral.


Siria, la columna vertebral del Eje de la Resistencia, se ha convertido en la práctica en un campo de pruebas de la brutalidad occidental contra millones de civiles sirios convertidos en víctimas de restricciones económicas inhumanas y de una violencia extrema patrocinada por Occidente a través de organizaciones terroristas intermediarias. Durante más de una década, el mundo ha permanecido en silencio y, en su mayor parte, indiferente ante el sufrimiento de la población siria como resultado de las sanciones financieras y económicas impuestas por los Estados Unidos y la Unión Europea. Si bien estas restricciones, incluida la extraordinariamente cruel Ley César, no lograron obtener como resultado un cambio de régimen en Siria (objetivo final de los Estados Unidos) [e Israel], siguen matando a miles de civiles inocentes a causa de la continua privación de necesidades vitales como medicamentos y alimentos que salvan vidas.


Cuando entró en vigor un alto el fuego en el Líbano, los yihadistas respaldados por Estados Unidos y Turquía lanzaron una ofensiva sobre la ciudad de Alepo para cortar las líneas de suministro del Eje de la Resistencia y, al mismo tiempo, perseguir el objetivo, ansiado durante una década, de derrocar al gobierno del presidente Bashar al-Assad.


Hay'at Tahrir al-Sham en la ciudad de Aleppo, 29 de November, 2024


Al día siguiente, Bashar al-Assad viajó a Moscú para una reunión de trabajo con el presidente Vladimir Putin, con quien habló sobre el apoyo de Rusia a Siria en su lucha contra las organizaciones terroristas. Por primera vez desde 2016, los aviones de combate rusos están bombardeando a terroristas en la ciudad de Alepo.


Los llamados "rebeldes" o "fuerzas de oposición" (como los llaman convenientemente los medios occidentales) son, de hecho, una rama de Al Qaeda asociada a Hayat Tahrir al Sham (HTS), organización terrorista salafista-yihadista, dirigida por Abu Mohammad al Jolani, afiliado del fundador del ISIS, Abu Bakr al Baghdadi. Abu Mohammad al Jolani es el fundador de Jabhat al Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria.


Abu Mohammad al-Jolani, líder del HTS


El HTS estableció un bastión en el noroeste de Siria, con Idlib como su centro.



Desde 2011, Estados Unidos ha estado empeñado en un cambio de régimen en Siria por todos los medios disponibles, incluida la guerra híbrida. Jake Sullivan escribió un triste correo electrónico a Hillary Clinton en 2012: "Al Qaeda está de nuestro lado en Siria".


Después de imponer sanciones económicas a Siria, brutales en extremo y claramente inhumanas, los aliados occidentales han estado alimentando sin cesar la violencia, financiando y entrenando a organizaciones terroristas para desestabilizar Siria y otros actores regionales no alineados.


En 2019, el presidente sirio Bashar al-Assad explicó en una entrevista:


"Cuando ellos [EEUU] enviaron su ejército a Irak, pagaron el precio. Es mucho más fácil enviar un representante. Al Qaeda es su representante. Hay una guerra entre Estados Unidos y el resto del mundo. Siria es un microcosmos de la Tercera Guerra Mundial".


El coronel Richard Black, ex senador del estado de Virginia, ofrece una excelente descripción general de la política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio y su intervención en Siria desde 2011:


● La guerra en Siria comenzó en 2011 cuando Estados Unidos envió agentes de la CIA para comenzar a coordinarse con Al Qaeda y otros grupos terroristas.


● Hemos sido patrocinadores inquebrantables de Al Qaeda desde antes de que comenzara formalmente la guerra.


● Hoy apoyamos a Al Qaeda allá donde se encuentra agrupado, en la provincia de Idlib.


● La CIA los suministró en el marco de la operación secreta Timber Sycamore, proporcionando a los yihadistas armas antitanque y misiles antiaéreos.


● Facilitamos el movimiento de terroristas islámicos provenientes de cien países: vinieron y se unieron a ISIS, se unieron a Al Qaeda, se unieron al Ejército Libre Sirio.


● Cuando libramos estas guerras, no tenemos límites en cuanto a la crueldad, a la inhumanidad y al sufrimiento que estamos dispuestos a imponer a la gente, de tal modo que eso desemboque en el derrocamiento del gobierno y, probablemente, en el robo de su petróleo y sus recursos;


● Las sanciones César fueron las más brutales que se hayan impuesto jamás a ninguna nación. Las sanciones impuestas durante la Segunda Guerra Mundial no fueron tan estrictas como las impuestas a Siria.


La entrevista completa (¡que recomiendo encarecidamente!) está disponible en el canal de YouTube del Instituto Schiller.


La intervención de Estados Unidos en Siria comenzó en 2011, cuando el Congreso aprobó sanciones económicas extremas para desestabilizar al país y, posteriormente, derrocar a Bashar al-Assad. El cambio de régimen era, de hecho, el objetivo final. El trágico costo en víctimas civiles no podía ignorarse, pero probablemente se le restó importancia. La brutalidad de las sanciones impuestas a Siria durante la última década no tiene precedentes, sin embargo, los medios de comunicación y los responsables políticos occidentales siguen ignorando el costo humano de sus políticas fallidas.


La crisis de los refugiados en Siria se acrecienta 
a medida que la guerra se intensifica

Para comprender mejor la situación actual en Siria y el papel desempeñado por Estados Unidos, es igualmente importante entender el aspecto militar indirecto de la apertura de un nuevo frente en Siria, así como las herramientas económicas utilizadas contra la población siria.


El presidente Trump firma la Ley César de Protección Civil de Siria, 2019


Sanciones económicas: descripción general


Las sanciones económicas son instrumentos coercitivos destinados a alterar la soberanía de un sujeto extranjero en favor de las demandas del remitente. Convertidas en una forma de guerra económica, las sanciones son utilizadas rutinariamente por los Estados Unidos y la Unión Europea contra más de dos docenas de países soberanos que no están políticamente alineados  con quienes las imponen. Dichas sanciones las sufren, entre otros, China, Cuba, Bielorrusia, Rusia, Irán, República Centroafricana, Venezuela, Siria, Irak y Libia [1].


El estatus del dólar estadounidense como moneda de reserva global permite a los Estados Unidos utilizar diversas formas económicas de coerción. Las sanciones están diseñadas para imponer dificultades financieras y económicas, y sus efectos dependen de la capacidad de la entidad afectada para encontrar alternativas, así como de la capacidad del que las impone para aumentar su severidad y causar más daño. Entre los ejemplos de sanciones económicas y financieras se incluyen las restricciones a las importaciones y exportaciones, la retención de ayuda económica o alivio de la deuda, la prohibición de inversiones en sectores económicos clave, la incautación o congelamiento de activos y las restricciones al acceso a la asistencia financiera, como la del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. En Siria, Estados Unidos ha utilizado todas las medidas mencionadas anteriormente.


Como resultado de las sanciones económicas occidentales y el conflicto militar, más de 12 millones de personas están desplazadas en Siria.


A pesar de que el objetivo político previsto es el de influir en los principales responsables de la toma de decisiones, las sanciones económicas tienen devastadores e indiscriminados efectos sobre los grupos más vulnerables de civiles, principalmente mujeres y niños. La crisis de refugiados sirios ha afectado a millones de personas desplazadas que necesitan asistencia humanitaria.


¿Funcionan las sanciones?


Muchos académicos comparten la opinión de que las sanciones económicas no sólo son inmorales, sino ineficaces, no producen los resultados deseados, pero causan daños sustanciales e injustificables, como un gran sufrimiento, penuria e incluso la muerte de civiles [2]. Según el Dr. Robert Pape de la Universidad de Chicago, las sanciones económicas no logran los objetivos esperados, especialmente si el objetivo es obligar al sujeto sancionado a cambiar su política vital [3].


Panorama general de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos a Siria


Estados Unidos mantuvo sanciones contra Siria desde 1979 acusando a dicho país de apoyar al terrorismo. Desde 2011, Estados Unidos ha estado armando a grupos paramilitares terroristas anti-Assad. Además, impuso una amplia gama de sanciones económicas a funcionarios estatales, actividades comerciales, transacciones comerciales y de inversión, e incluso a terceras entidades para degradar la economía siria y forzar un cambio de régimen [2].


El Congreso de Estados Unidos votó a favor de las sanciones más severas tras el anuncio del presidente Obama de que "Assad debe irse" [4]. A principios de la década de 2000, Estados Unidos impuso sanciones a Siria, seguidas posteriormente por una segunda ola de sanciones en 2011 que persisten hasta la actualidad.


Alepo, Siria


En 2019, el Congreso de los Estados Unidos, bajo la administración Trump, aprobó la extraordinariamente brutal “Ley César de Protección Civil de Siria”. La Ley César impuso restricciones económicas y financieras sin precedentes a Siria y prohibió a otros países realizar negocios con el gobierno de Siria o a cualquier entidad que pudiera estar afiliada al mismo [5]. Las sanciones César pretenden menoscabar a Irán y Rusia, los dos principales aliados del gobierno sirio. El impacto de la brutal Ley César en la población siria es obvio; aumentó las restricciones comerciales, las inversiones e incluso la ayuda humanitaria. La población no pudo acceder a recursos vitales básicos y muchos han muerto debido a la falta de tratamiento médico.


Las sanciones apuntan al sector petrolero de Siria, así como al sector eléctrico y la construcción, haciendo imposible cualquier intento de reconstruir la infraestructura destruida y causando penurias extremas a la población. La Unión Europea adoptó políticas económicas restrictivas similares en Siria, lo que aumentó el impacto en la ya castigada población civil. 


Como resultado, Siria perdió el 75 por ciento de su PIB entre 2010 y 2016, lo que tuvo un impacto devastador: incremento de la pobreza, desempleo generalizado, hambruna, deterioro de la atención sanitaria, falta de suministros médicos, y el resurgimiento de facciones yihadistas radicales que continúan desestabilizando el país y controlando partes de su territorio hasta el día de hoy [7].


Además, las sanciones económicas impiden al gobierno sirio acceder a sus propios y expoliados yacimientos petrolíferos, ocupados y "custodiados" por el ejército estadounidense.



Resultados de la política económica de Estados Unidos


Casi una década después de que el presidente Obama aprobara la primera ronda de sanciones en 2011, estas no lograron su objetivo político de derrocar al gobierno del presidente Bashar al-Assad. De hecho, su posición regional ha mejorado tras la readmisión de Siria en la Liga Árabe en 2023.


Pese a no haber logrado el deseado cambio de régimen en Siria, las sanciones prolongadas han provocado una crisis de salud pública, una catástrofe humanitaria resultante del abrupto colapso económico del país y de años de enormes restricciones diseñadas para impedir que la población siria reconstruya su país desgarrado por la guerra. Este ha sido uno de los principales objetivos de la política exterior estadounidense en Siria: garantizar que el país permanezca en ruinas el mayor tiempo posible impidiéndole la oportunidad de reconstruirse.


A las organizaciones sirias de derechos humanos se les ha prohibido importar medicamentos y suministrar las necesidades médicas más básicas para la población. Además, la actualización del software médico en hospitales y clínicas ha sido un desafío durante más de una década. Como resultado, los indicadores clave de salud y bienestar de toda la población colapsaron [2]. La disminución de las tasas de vacunación infantil pasaron del 95 por ciento en 2006, al 60 por ciento en 2016 dando lugar a un resurgimiento de enfermedades como la fiebre tifoidea, el sarampión y la rubéola [2]. Debido a las restricciones a las importaciones de maquinaria y equipo agrícola, la producción de trigo sirio disminuyó un 53 por ciento y la de lentejas un 70 por ciento entre 2011 y 2016. Estas disminuciones de la producción agrícola dio lugar a que el 38 por ciento del país no pudiera satisfacer sus necesidades alimentarias básicas [2]. En 2024, la ONU estimó que casi 7,5 millones de niños en Siria necesitarán asistencia humanitaria debido al empeoramiento de la crisis económica, los desplazamientos masivos y la devastación de la infraestructura pública. Si bien es prácticamente imposible estimar el número de muertes por desnutrición y falta de atención médica, debido a las limitaciones causadas por las restricciones económicas, el impacto sobre la población civil ha sido muy severo y no se puede ignorar.


Al seguir ignorando el sufrimiento de la población siria e impidiendo la reconstrucción de su país, al aplicar políticas fallidas a fin de lidiar con los últimos remanentes de su menguante hegemonía, los líderes estadounidenses están perpetrando un crimen contra la humanidad.


Notas:

[1] - U.S. Department of State. Economic Sanctions Programs. https://www.state.gov/economic-sanctions-programs/.

[2] - Hanania, Richard. “Ineffective, Immoral, Politically Convenient: America’s Overreliance on Economic Sanctions and What to Do about It.” Cato Institute, 2020. http://www.jstor.org/stable/resrep23040.

[3] - Pape, Robert A. “Why Economic Sanctions Still Do Not Work.” International Security 23, no. 1 (1998): 66–77. https://doi.org/10.2307/2539263.

[4] - The White House Archives. President Barack Obama. Remarks by President Obama and Prime Minister Netanyahu of Israel in Joint Press Conference. Last modified March 20, 2013. https://obamawhitehouse.archives.gov/the-press-office/2013/03/20/remarks-president-obama-and-prime-minister-netanyahu-israel-joint-press-

[5] - United States Congress. H.R.31 - Caesar Syria Civilian Protection Act of 2019. June 3, 2019. https://www.congress.gov/bill/116th-congress/house-bill/31.

[6] - World Bank Group. The World Bank in Syrian Arab Republic. October 20, 2022. https://www.worldbank.org/en/country/syria/overview.

[7] - The Carter Center. U.S. and European Sanctions on Syria. September 2020. https://www.cartercenter.org/resources/pdfs/peace/conflict_resolution/syria-conflict/us-and-european-sanctions-on-syria-091620.pdf



04 diciembre, 2024

"Síndrome de hybris: el poder embriaga más que el alcohol" — Augusto Zamora

 


Capítulo extraído del libro POLÍTICA Y GEOPOLÍTICA, de Augusto Zamora Rodríguez.


Síndrome de hybris: el poder embriaga más que el alcohol


Conocido también como «embriaguez» o «borrachera del poder», es un síndrome que afecta a cierto porcentaje de políticos. Fue estudiado en la década de los setenta del pasado siglo por el político y neurólogo británico David Owen, aunque este síndrome ha estado presente en las culturas humanas desde tiempos inmemoriales. El nombre procede del griego hubris, término que suele traducirse como «desmesura». Robert Graves, en Los mitos griegos, le da el significado de «desvergüenza». Hubris, por su parte, surgió del teatro griego clásico, pues se empleaba para referirse a los actores que robaban escenas y, luego, por extensión, a las personas ostentosas o de conductas desmesuradas o de escasa vergüenza. En la Grecia clásica no existía el concepto del pecado, tal como lo entiende el cristianismo, por lo que remitían las conductas inapropiadas a decisión de los dioses. Estos castigaban según las normas sociales, de modo que aquellas personas que las transgredían podían ser objeto de la ira divina.


La mitología griega abunda en casos de personas que incurrían en el hybris y eran condenadas por los dioses a castigos terribles, para mostrarles sus límites y devolverlos a ellos. En el panteón griego existía la diosa Hibris, hija del Érebo y la Noche, que representaba el exceso de los instintos y la carencia de moderación. Hibris tuvo una familia extensa. «De la unión entre la Noche y el Érebo nacieron el Hado, la Vejez, la Muerte, el Asesinato […], la Discordia, la Miseria, la Vejación, Némesis, la Alegría, la Amistad, la Piedad, las Parcas y las Tres Hespérides», refiere Graves. El castigo a la hybris lo expresa Herodoto en una célebre frase:


«Los dioses tienden a abatir todo lo que descuella en demasía».


Se calificaba de hybris a los guerreros que, vencedores en grandes guerras, se emborrachaban de poder y empezaban a comportarse abusiva y arbitrariamente, como si fueran dioses. Para controlar a la diosa Hibris estaba Némesis, la diosa del castigo. Los romanos, conscientes de estas conductas, cuando un emperador, general o cónsul desfilaba en triunfo por Roma, le ponían al lado, en el carro, a un siervo que les susurraba al oído que seguían siendo humanos. No parece haber servido de mucho o por mucho tiempo el remedio, pues en la época del imperio hubo un grupo notable de emperadores que se proclamaron dioses. Julio César fue el primero en ser adorado como dios. A Augusto se le llamó Sebastos, que significa «el divino» en griego. Calígula se proclamó dios con el nombre de Neos Helios.


David Owen, quien pasó casi toda su vida en la política y fue parte de la clase dirigente británica, publicó en 2008 una obra titulada In Sickness and in Power (En la enfermedad y en el poder), en la que analiza el impacto del poder en las personas y la influencia de las enfermedades en la toma de decisiones. Owen señala que la megalomanía «puede ser uno de los gajes del oficio para los políticos» y que «su manifestación en forma desarrollada» es la hybris. Un acto de hybris «era aquel en el cual un personaje poderoso, hinchado de desmesurado orgullo y confianza en sí mismo, trataba a los demás con insolencia y desprecio». Owen describe la trayectoria para llegar a desarrollar el síndrome de Hybris: «El héroe se gana la gloria y la aclamación al obtener un éxito inusitado contra todo pronóstico. La experiencia se le sube a la cabeza: empieza a tratar a los demás, simples mortales corrientes, con desprecio y desdén, y llega a tener tanta fe en sus propias facultades que empieza a creerse capaz de cualquier cosa. Este exceso de confianza en sí mismo lo lleva a interpretar equivocadamente la realidad que lo rodea y a cometer errores. Al final, se lleva su merecido y se encuentra con su némesis, que lo destruye». En los políticos, interesa «la hybris como descripción de un tipo de pérdida de capacidad». En los líderes políticos, el éxito «les hace sentirse excesivamente seguros de sí mismos y despreciar los consejos que van en contra de lo que creen, o en ocasiones toda clase de consejos, y que empiezan a actuar de un modo que parece desafiar a la realidad misma». El médicopolítico Owen elabora un listado de 14 síntomas, para facilitar la realización de un diagnóstico, señalando que bastan tres o cuatro de ellos para que se pueda diagnosticar la existencia del síndrome. De esa lista vale destacar los siguientes:


1. Inclinación narcisista a ver el mundo como un escenario donde ejercer su poder y buscar la gloria, en vez de un lugar con problemas que requieren planteamientos pragmáticos.

2. Forma mesiánica de hablar de lo que están haciendo y tendencia a la exaltación.

3. Una identificación de sí mismos con el Estado hasta el punto de considerar idénticos los intereses y perspectivas del Estado con los de ellos mismos.

4. Excesiva confianza en su propio juicio y desprecio del consejo y crítica ajenos.

5. Exagerada creencia —rayando en un sentimiento de omnipotencia— en lo que pueden conseguir personalmente.

6. Pérdida de contacto con la realidad, a menudo unida a un progresivo aislamiento.

7. Obstinada negativa a cambiar de rumbo, por creer que su «visión amplia» y la rectitud moral de sus actuaciones hace innecesario estudiar costes y resultados.

8. Un tipo de incompetencia —«incompetencia de la hybris»—, que los lleva a no preocuparse por los aspectos prácticos de una directriz política.


El psiquiatra Manuel Franco, de la Real Academia de Medicina, resume el proceso que suelen seguir los líderes políticos hasta alcanzar el síndrome de Hybris: «Una persona más o menos normal se mete en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Internamente tiene un principio de duda sobre si realmente tiene capacidad para ello. Pero pronto surge la legión de incondicionales que le felicitan y reconocen su valía. Poco a poco, la primera duda sobre su capacidad se transforma y empieza a pensar que está ahí por méritos propios. Todo el mundo quiere saludarle, hablar con él, recibe halagos de belleza, inteligencia… y hasta liga». Esto, según el psiquiatra, ocurre en la primera fase del desarrollo del síndrome. En la siguiente, al líder político «ya no se le dice lo que hace bien, sino que menos mal que estaba allí para solucionarlo, y es entonces cuando se entra en la ideación megalomaníaca, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible». A partir de esta fase, los políticos «comienzan a realizar planes estratégicos para 20 años como si ellos fueran a estar todo ese tiempo, a hacer obras faraónicas o a dar conferencias de un tema que desconocen». Que el síndrome de Hybris sea más común en la política que en otros campos obedece, según el doctor Franco, a que «en otros ámbitos es más frecuente que el que esté arriba sea el más capaz, pero en política no es así, porque los ascensos van más ligados a fidelidades. El poder no está en manos del más capaz, pero quien lo ostenta cree que sí y empieza a comportarse de forma narcisista».


La historia está llena de ejemplos, algunos para reír, otros para temblar. Calígula, en un encuentro, les espetó a dos cónsules: «Lo que encuentro gracioso es que, moviendo tan solo un dedo, puedo hacerles cortar la cabeza al instante». Un episodio de la vida del presidente argentino Hipólito Yrigoyen (1852-1933) es ilustrativo del actuar de los aduladores que suelen rodear a los poderosos y que contribuyen a agravar el síndrome de Hybris. Los colaboradores más directos del presidente argentino decidieron, para no preocuparle por la mala situación política que vivía, ¡imprimir un diario especial para él! El popular presidente no se enteraba de nada. En 1930, durante su segundo periodo presidencial, Yrigoyen fue derrocado por un golpe de Estado. Hay, en Argentina, quienes niegan la existencia del diario especial. Cierta o falsa la historia, lo que no puede ponerse en duda es que los hombres de poder han vivido y viven rodeados de aduladores, que, si no diarios, sí elaboran informes laudatorios para agradar los oídos del gran líder.


No desconocía el fenómeno el autor político más citado de la historia. En El príncipe, Nicolás Maquiavelo escribió: «No quiero pasar en silencio un punto importante, que consiste en una falta de la que se preservan los príncipes difícilmente […] Esta falta es la de los aduladores, de que están llenas las cortes; pero se complacen los príncipes en lo que ellos mismos hacen, y en ello se engañan con una tan natural propensión, que únicamente con dificultad pueden preservarse contra el contagio de la adulación». No es baladí el síndrome de Hybris. David Owen relata en su libro que George Bush Jr. y Tony Blair decidieron invadir Iraq intoxicados como estaban de una «borrachera de poder». En mayo de 2003, tres meses después, en un portaaviones, Bush declaró que «las principales operaciones militares en Iraq han terminado» y que «la batalla de Iraq es una victoria contra el terrorismo». Embriagado del síndrome de Hybris, Bush era incapaz de ver y entender nada, aunque su decisión había condenado al infierno al pueblo iraquí y a toda la región. En Iraq pensaban lo contrario. La verdadera guerra no había comenzado aún y el terrorismo estaba en pañales. Tras nueve años de conflicto, en diciembre de 2011 se retiraron las últimas tropas de combate de Iraq, sin haber alcanzado ninguna victoria, dejando el país en ruinas y destruido. Sobre ese fondo de desolación, muerte y rabia se multiplicarán los grupos radicales y el terrorismo alcanzará su mayor expansión.


Otro sector fuertemente afectado por el síndrome de Hybris es el financiero y bancario. Sobre el tema ha escrito Mathew Hayward, profesor de la Universidad de Colorado y exfinancista de riesgo en Wall Street. En 2007 apareció su obra Ego Chek: Why Executive Hubris is Wrecking Companies and Careers and How to Avoid the Trap (Por qué el orgullo desmedido de los ejecutivos está arruinando a las empresas y cómo evitar la trampa), un poco el equivalente del libro de David Owen, pero en el mundo empresarial. En su obra narra cómo el «orgullo desmedido», el síndrome de Hybris, ha llevado a muchos ejecutivos a fusiones de empresas completamente ruinosas, de las que analiza un centenar de casos, como la de American On Line y Time Warner. La operación terminó en fracaso, con pérdidas millonarias para los accionistas. Merck, la multinacional farmacéutica, estaba de capa caída en 1999. Para detener las pérdidas, el presidente de la empresa decidió apurar los estudios de un fármaco para el estómago, el Vioxx, descubierto en 1994. Lo sacó al mercado, pese a las advertencias de que el fármaco podía provocar enfermedades coronarias. En septiembre de 2004, Merck tuvo que retirar el Vioxx del mercado, después de que se hubieran dispensado 93 millones de recetas. En 2005, un tribunal de Texas le obligó a indemnizar con 250 millones de dólares a un consumidor. La Agencia de Medicamentos de EEUU calcularía, en un informe oficial, que el Vioxx había provocado cerca de 38 000 muertes por infartos.


El síndrome de Hybris puede afectar a cualquiera y darse en cualquier escala de poder. Se puede ver de cotidiano. Presidentes que quieren eternizarse en el poder, alcaldes que sienten que el ayuntamiento es suyo, políticos que terminan considerándose dueños de su partidos… En los años de la «burbuja financiera», España se llenó de obras ciclópeas y megalómanas que costaron al país 6000 millones de euros, de aeropuertos sin aviones a autovías sin vehículos, pasando por museos y centros culturales. La lista es interminable y los daños también. Se precisa una vacuna para el síndrome de Hybris, aunque es siempre preferible la medicina preventiva: poner límites temporales a los cargos de tipo político (presidentes, diputados, alcaldes, etc.), de manera que ese límite actúe como Némesis de aquellos que han contraído el síndrome de Hybris o están en riesgo de contraerlo. Es lo de siempre: más vale prevenir que lamentar.


En 1965, el psicoanalista Erich Fromm relataba en su libro Ética y política que, hacía poco, «un alto cargo de Defensa Civil declaraba que, en caso de un primer ataque atómico a Estados Unidos, podrían morir 49 900 000 personas», y seguía desarrollando el tema. Fromm preguntaba, respecto a la frialdad del alto cargo al hablar de la destrucción del país: «¿No estamos locos?». (La verdad es que sí, hay suficiente gente en los gobiernos que debería ir por ley al psicoanalista). Por demás, es de recordar cómo Eurípides, sumo maestro de la tragedia griega, resumía el castigo que recibían quienes se habían sumido en el síndrome de Hybris: «Aquel al que los dioses quieren destruir, primero le vuelven loco».