31 octubre, 2017

¿Alguien se acuerda de lo que era la plusvalía? - Nazaret Castro




Inditex: la empresa que entendió que el negocio está en vender ropa y no en producirla
La deslocalización y tercerización de la producción de Inditex tiene dos ventajas: se abaratan costes y la responsabilidad se diluye

El grupo Inditex facturó 20.900 millones de euros en 2016 a través de una red de tiendas que llega ya a 93 países. Cada año se disputa con la sueca H&M y la estadounidense GAP el primer puesto mundial del sector. A su fundador, el gallego Amancio Ortega, lo describe la prensa económica como empresario modélico y hombre hecho a sí mismo. Y lo cierto es que supo revolucionar el sector de la indumentaria, dándole un giro de 180 grados a la concepción de la distribución y la logística.

El éxito de Zara se resume en una fórmula: diseños baratos que rotan rápidamente en las tiendas —la llamada fast fashion— y beneficios económicos basados en la reducción de costos, gracias a la innovación logística, pero también a la degradación de la mano de obra que cose las prendas que luego lucirán en los escaparates de tiendas ubicadas en las avenidas más caras de ciudades de más de medio mundo.

En la globalización, las grandes empresas conservan para sí las actividades más rentables de cada sector y externalizan todo lo demás a través de densas redes de subcontratas. El textil es un caso paradigmático: muchas grandes firmas no tienen un solo taller de confección. Inditex promovió un proceso de deslocalización de su producción a finales de los 90, desde los talleres de costura gallega a los países del Sur.

Se configura así un mercado global en que un puñado de corporaciones acaparan el valor gracias a los bajísimos costos de producción que ofrece una diáspora de maquilas, es decir, fábricas ubicadas en los países con los salarios más bajos del mundo, como Bangladesh, o en talleres clandestinos de São Paulo o Buenos Aires.

Según los cálculos de la Campaña Ropa Limpia de Setem, si partimos de una hipotética prenda vendida por 29 euros, la venta al por menor se lleva el mayor margen: 17 euros, es decir, un 59%. Le sigue el beneficio de la marca (3,6 euros), los gastos de los materiales (3,40 euros), los gastos de transporte (2,19 euros) y los intermediarios (1,2 euros). Los beneficios de la fábrica proveedora en algún país del Sudeste asiático suponen 1,15 euros (el 4%) y, para los salarios de los trabajadores, quedan apenas 18 céntimos: un 0,6% de los 29 euros que figuran en la etiqueta de la camiseta que se vende en un vistoso escaparate de, pongamos por caso, la Gran Vía madrileña.
Mientras Amancio Ortega es encumbrado a los primeros puestos de la lista Forbes de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna de 66.000 millones de euros, las empleadas de Bangladesh que cosen las prendas que comercializa Zara cobran salarios de 50 euros mensuales por jornadas de sol a sol. ¿Alguien se acuerda de lo que era la plusvalía?

VIDAS QUE NO IMPORTAN



El derrumbe del edificio Rana Plaza, en Bangladesh, el 24 de abril de 2013, le mostró al mundo el rostro más perverso de este modelo. Murieron 1.129 personas, debido a las precarias condiciones de seguridad e higiene en las que trabajaban, y que siguen siendo la norma y provocando accidentes en medio mundo. Muchas veces, estas trabajadoras —porque son mayoritariamente mujeres— trabajan hacinadas e incluso encerradas, en condiciones análogas a la esclavitud.

La deslocalización y tercerización de la producción tiene otro ángulo perverso: la responsabilidad se diluye. Las grandes marcas, como Inditex, argumentan que no pueden fiscalizar a todos sus proveedores, aunque sí se benefician de sus bajísimos costos de producción. Además, el problema es estructural: si las trabajadoras del Sudeste asiático o Marruecos logran mejoras salariales, la producción tenderá a trasladarse a países donde las legislaciones laborales y ambientales sean más laxas, como de hecho ya están migrando a países africanos, como Etiopía y Sudáfrica. Como las grandes marcas no poseen talleres, sino que subcontratan a empresarios locales, pueden trasladar su producción de un país a otro con gran facilidad, siempre a la búsqueda de costes laborales más competitivos.

Esa expresión, “costes competitivos”, oculta tras su retórica economicista las vidas encadenadas y muertes evitables que hay detrás de los salarios que se pagan. Mientras, los países del Sur se ven obligados a entrar en esa competición por los sueldos más bajos, que no les permiten salir de la miseria pero que siempre serán, se dice, mejor que el desempleo. De un lado, una multiplicidad de talleres semiclandestinos y trabajadores sobreexplotados; al otro extremo de la cadena, los consumidores. En medio, un grupo cada vez más reducido de grandes grupos transnacionales que controlan la distribución y comercialización de la ropa, expulsando del mercado y de las principales calles de tiendas a aquellas cadenas más pequeñas y destruyendo el pequeño comercio por no poder competir con estos gigantes. Es lo que se ha venido a llamar la teoría del embudo, que da el poder de imponer sus reglas a los distribuidores.

La expresión “costes competitivos” oculta las vidas encadenadas y muertes evitables que hay detrás de los salarios que se pagan.

La ropa es mucho más que un elemento para satisfacer la necesidad de abrigo. En una sociedad de consumo, donde tanto tienes, tanto vales, la indumentaria aporta, en gran medida, nuestra identidad. Los vaivenes de la moda incitan al consumismo, a la compra de nuevas prendas, porque las de la temporada pasada no sirven, aunque estén como nuevas: es lo que se ha venido en llamar obsolescencia percibida, que se combina con la obsolescencia programada, es decir, la fabricación de prendas cada vez menos duraderas.
Además, las empresas del fast fashion, como el holding gallego, han sido abanderadas de un modelo de belleza inalcanzable y frustrante. Por la omnipresencia de las marcas de moda en los medios de comunicación y en las calles, las empresas del sector están determinando, en gran medida, los contenidos simbólicos que recibimos, y que impactan de forma muy particular sobre las mujeres. Motivos no faltan para buscar alternativas más justas y sostenibles al emporio de Amancio Ortega.

30 octubre, 2017

BOE nº 193, de 30 de abril de 1977



·         Publicado en:
«BOE» núm. 103, de 30 de abril de 1977, páginas 9337 a 9343 (7 págs.)
·         Sección:
I. Disposiciones generales

·         Departamento:
Jefatura del Estado


·         Referencia:
BOE-A-1977-10733




Instrumento de Ratificación de España del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, hecho en Nueva York el 19 de diciembre de 1966.

TEXTO
Por cuanto el día 28 de septiembre de 1976, el Plenipotenciario de España, nombrado en buena y debida forma al efecto, firmó en Nueva York el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
Vistos y examinados los 53 artículos que integran dicho Pacto Internacional,
Oída la Comisión de Asuntos Exteriores de las Cortes Españolas, en cumplimiento de lo prevenido en el artículo 14 de su Ley Constitutiva,
Vengo en aprobar y ratificar cuanto en él se dispone, como en virtud del presente lo apruebo y ratifico, prometiendo cumplirlo, observarlo y hacer que se cumpla y observe puntualmente en todas sus partes, a cuyo fin, para su mayor validación y firmeza, mando expedir este Instrumento de Ratificación firmado por Mí, debidamente sellado y refrendado por el infrascrito Ministro de Asuntos Exteriores.
Dado en Madrid a trece de abril de mil novecientos setenta y siete.
JUAN CARLOS
El Ministro de Asuntos Exteriores,
MARCELINO OREJA AGUIRRE
PACTO INTERNACIONAL DE DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS
Los Estados Partes en el presente Pacto,
Considerando que, conforme a los principios enunciados en la Carta de las Naciones Unidas, la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad inherente a todos los miembros de la familia humana y de sus derechos iguales e inalienables,
Reconociendo que estos derechos se derivan de la dignidad inherente a la persona humana,
Reconociendo que, con arreglo a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede realizarse el ideal del ser humano libre, en el disfrute de las libertades civiles y políticas y liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos civiles y políticos, tanto como de sus derechos económicos, sociales y culturales,
Considerando que la Carta de las Naciones Unidas impone a los Estados la obligación de promover el respeto universal y efectivo de los derechos y libertades humanos,
Comprendiendo que el individuo, por tener deberes respecto de otros individuos y de la comunidad a que pertenece, tiene la obligación de esforzarse por la consecución y la observancia de los derechos reconocidos en este Pacto,
Convienen en los artículos siguientes:
PARTE I
Artículo 1
1. Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural.
2. Para el logro de sus fines, todos los pueblos pueden disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales, sin perjuicio de las obligaciones que derivan de la cooperación económica internacional basada en el principio de beneficio recíproco, así como del derecho internacional. En ningún caso podría privarse a un pueblo de sus propios medios de subsistencia.
3. Los Estados Partes en el presente Pacto, incluso los que tienen la responsabilidad de administrar territorios no autónomos y territorios en fideicomiso, promoverán el ejercicio del derecho de libre determinación, y respetarán este derecho de conformidad con las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas.

27 octubre, 2017

Comunicado conjunto de CGT, CNT y Solidaridad Obrera sobre la situación en Cataluña



Las organizaciones firmantes, sindicatos de ámbito estatal, compartimos nuestra preocupación por la situación en Catalunya, por la represión que el Estado ha desatado, por la merma de derechos y libertades que esto supone y va a suponer y por el auge de un nacionalismo rancio que está apareciendo de nuevo en gran parte del Estado.
Defendemos la emancipación de todas las personas trabajadoras de Catalunya y del resto del mundo. Tal vez, en este contexto, sea necesario recordar que no entendemos el derecho a la autodeterminación en clave estatista, como proclaman los partidos y organizaciones nacionalistas, sino como el derecho a la autogestión de nuestra clase en un territorio determinado. Así entendida, la autodeterminación pasa más por el control de la producción y el consumo por parte de trabajadores y trabajadoras y por una democracia directa de abajo a arriba, organizada según los principios federalistas, que por el establecimiento de una nueva frontera o la creación de un nuevo Estado. Como internacionalistas, entendemos que la solidaridad entre las personas trabajadoras no debe verse limitada a las fronteras estatales, por lo que nos preocupa poco dónde se dibujen éstas.
Lo que sí nos parece muy preocupante es la reacción que se está viviendo en muchas partes del resto del Estado, con la exaltación de un españolismo rancio, que más recuerda a épocas pasadas, jaleado desde los medios de comunicación y en sintonía con la deriva autoritaria del gobierno, patente tras el encarcelamiento de personas por convocar actos de desobediencia o la aplicación del artículo 155 de la Constitución. No se nos escapa que este brote nacionalista sienta las bases para posteriores recortes de derechos y libertades, contra los que nos debemos prevenir. La bochornosa unidad de las llamadas “fuerzas democráticas” en la justificación de la represión, augura un panorama sombrío para todas las disidencias futuras. Pareciera que el régimen posfranquista que nos gobierna desde hace 40 años, cerrara filas para asegurar su continuidad.
Dicho régimen, que ha existido y existe en Catalunya tanto como en el resto del Estado español, siente que su propia supervivencia está en juego. Cuestionado ampliamente y sumido en una profunda crisis de legitimidad, observa alarmado cómo se le acumulan los frentes abiertos. La amenaza a la integridad territorial del Estado se suma a los escándalos por corrupción, al desprestigio de la monarquía, al cuestionamiento de los rescates y recortes que se han aplicado sobre la población, al descontento por el esclavismo en el puesto de trabajo derivado de las últimas reformas laborales, por el alargamiento de la edad de jubilación y la minoración económica de las pensiones, etc… Las constantes llamadas a defender la constitución se deben entender como toques a rebato para atajar esta verdadera crisis existencial que le asedia. El peligro es que en el proceso se sancionen y se vuelvan norma comportamientos represivos como los que se han visto recientemente en muchas ciudades catalanas. O peores…
Evidentemente, no sabemos en qué sentido se decantarán los acontecimientos. Permaneceremos atentas a lo que ocurra, dispuestas a defender los intereses de las personas trabajadoras de todo el Estado. Nos opondremos con todas nuestras fuerzas a la represión y a la normalización de actitudes ultraderechistas, que ya se percibe. Por supuesto, tampoco nos dejaremos utilizar por las estrategias de los partidos políticos cuyos objetivos nos son ajenos. A la vez, no dejaremos de alentar las movilizaciones de la clase trabajadora cuando ésta decida, por fi que ha llegado el momento de sacudirse el dictado de unas élites políticas y económicas que llevan demasiado tiempo gestionando el control del territorio para servir, en exclusiva, a sus propios intereses.
Como organizaciones sindicales de clase, libertarias y combativas, estaremos a pie de calle, en las movilizaciones, como ya hemos demostrado en muchas ocasiones, contra la represión, los recortes de derechos y libertades y contra la corrupción.
Puede que la crisis de Catalunya sea la puntilla de un modelo de Estado que agoniza. Que este cambio se decante en un sentido u otro dependerá de nuestra capacidad, como clase, de llevar el proceso en la dirección opuesta a la represión y al auge de los nacionalismos. Confiemos en lograr que el resultado final sean más libertades y derechos y no al contrario. Nos jugamos mucho.
¡POR LOS DERECHOS Y LAS LIBERTADES!
¡CONTRA LA REPRESIÓN A LAS CLASES TRABAJADORAS!
CGT – CNT - Solidaridad Obrera



Sabino Cuadra. El gato y el ratón (En respuesta al tuit de Alberto Garzón, de IU)



Insurgente.org 24/10/2017
Dice Alberto Garzón (IU) en un reciente twitter: “Rajoy y Puigdemont son dos irresponsables. La sociedad está aburrida y cansada de verlos jugar al gato y al ratón”. Pues qué queréis que diga. A mí la frase me parece un cúmulo de despropósitos. Pero vayamos por partes. Empecemos por lo del gato y el ratón.
Las diferencias entre estos dos animales son grandes. No solo en peso y tamaño, donde aquellas son abismales, sino por su propia naturaleza. El gato es felino, cazador innato. Cuenta para ello con fuertes colmillos y afiladas garras. Digamos además que los ratones forman parte de su dieta habitual. Estos últimos son roedores. Entre sus gustos culinarios se encuentra el grano, el queso, las sobras de comida..., pero no la carne de gato.
A menudo, cuando un gato persigue a un ratón, suele jugar con éste hasta que acaba con él. El juego consiste en recortar sus espacios, arrinconarlo, dejarlo escapar… pero todo es una farsa, pues siempre acaba en las fauces del felino. Se dice que todo esto es un juego, pero, ¡ojo!, aquí el único que juega es el gato. Para el ratón todo es miedo, pánico, terror. El juego es cruel y sádico. El juego infantil del gato y el ratón consiste en tratar de impedir que el primero coma al segundo. Para los niños y niñas es evidente que el bueno es el ratón, al que hay que defender, y el malo el gato, a quien hay que dificultar la cacería. Pues bien, llegados aquí, si como Garzón afirma Rajoy y Puigdemont son gato y ratón, ¿quién es uno y quién es el otro?, ¿quién tiene colmillos (policía, guardia civil, Tribunal Constitucional, artículo 155…) y quien no? ¿A quién hay que defender y a quién obstaculizar la caza?
El juego entre Catalunya y el Estado español es muy desigual. El segundo es por naturaleza felino. En su dieta, los ratones son algo esencial. El gato-Estado español, desde su propio nacimiento, ha comido naciones y pueblos allá donde los ha encontrado: la Península, Europa, América, Asia, África. Sin ellos, la nación España-Estado español, no hubiera podido nacer ni existir. Y hoy, a pesar de encontrarse viejo y decrépito, este gato-Estado no puede por menos que seguir afirmándose como carnívoro. Porque nadie, que yo sepa, conoce gatos veganos. Por eso el actual Estado español no puede concebirse sino como cárcel de pueblos.
Garzón dice que la sociedad está aburrida y cansada de ver jugar a Rajoy y Puigdemont. Yo, personalmente, identifico el estar aburrido y cansado con sentarme y bostezar, pero éste no es el caso. Desde hace seis años no hay en Europa un país en el que, como en Catalunya (si alguien conoce alguno, que lo diga) se haya mantenido un nivel de debate, participación y movilización ciudadana más alto. Las imágenes que nos llegan de allí expresan cualquier cosa menos aburrimiento. La política se vive por todos sus rincones, cafeterías, centros de trabajo y estudio, plazas… Así pues, ¿a qué “sociedad” se refiere Garzón cuando habla de aburrimiento y cansancio: a la catalana, a la española o a ese concepto-chicle de gente que sirve para cualquier cosa?
Algunos estrategas de escuadra y cartabón han afirmado que el proceso catalán estaba alentado y conducido por la burguesía. Las frontales críticas hechas por esta contra el mismo (CEOE, Foment del Traball Nacional…) y la actual fuga de las principales empresas catalanas (Caixa Bank, Sabadell, Aguas Barcelona, Codorniu, Gas Natural...) no les han hecho bajarse del carro. Ellos son como esos rancios arzobispos que ven al Maligno en todo aquello que no comulga con su credo. Porque el unionismo es así, cualquier nacionalismo o patriotismo está infectado…, menos el suyo propio, el de la gran nación. Joaquín Sabina lo ha expresado mejor que nadie: “Estoy en contra de quien quiera hacer una patria pequeñita…”. Pues eso, ¡a reconquistar Guinea, Cuba, Filipinas, México, Perú, Países Bajos...! ¡Ande o no ande, patria grande!
“Rajoy y Puigdemont son dos irresponsables”, afirma Garzón. Puestos a decir, podía haber incluido también a Trump en la lista. Total, por el precio… Porque incluso en el caso de que el Govern catalán haya sido irresponsable, cosa que no comparto, igualar a éste con el de Rajoy y el PP en un momento en que la autonomía catalana está siendo decapitada, es un despropósito total.
Leí recientemente a Angela Davis un artículo en el que se pronunciaba contra la conversión del slogan “las personas negras también tenemos derechos”, en ese otro de “todas las personas tenemos derechos”. Criticaba así que tras la universalización del lema inicial se invisibilizada el problema denunciado, es decir, la marginación de la población afro-americana; paro, trabajo, cárcel, vivienda. Tras la defensa abstracta de los universales derechos humanos, suele desaparecer así la desigualdad social realmente existente: capitalistas y currantes, hombres y mujeres, negras y blancos.
Hablar de plurinacionalidad en el Estado español es hoy, en gran medida, un sarcasmo. Porque solo una de esas naciones, España, cuenta con Constitución, leyes básicas, Policía (los Mossos no tienen competencia para actuar en Madrid), Tribunal Constitucional, pero nada de eso tienen Catalunya o Euskal Herria. Las competencias autonómicas, tal como acabamos de ver, son graciosas concesiones del poder central que pueden ser suprimidas a voluntad. Por eso mismo, hablar de plurinacionalidad sin decir que una de esas naciones es nación-gato y otras son naciones-ratón, es tramposo.
Claro está, si la solución para que acabe eso que Garzón llama aburrido juego del gato y el ratón, es someterse a una legalidad felina hecha a la medida de las zarpas del poder, esa solución no es tal. Seis años seguidos de intentos catalanes de diálogo y humillaciones centralistas lo atestiguan. La solución, claro está, es difícil, pero esta deberá seguir buscándose en la profundización –y mejora– de las vías democráticas, de movilización y desobediencia civil llevadas a cabo hasta ahora. Sin estrategias que apunten hacia una ruptura democrática no hay salida. Hoy, hablar de pacto y reforma es vender humo.
La solidaridad con Catalunya es hoy esencial, porque ante lo que nos encontramos no es tan solo ante una agresión a la soberanía catalana, sino frente a una regresión y recorte generalizado de libertades democráticas de todo tipo. El objetivo del Régimen es acabar con la disidencia. Así de claro.

23 octubre, 2017

Un test de resistencia de materiales – Gabriel Jaraba




La crisis catalana no es, en el fondo, tal cosa. Es un experimento de alcance europeo cuya dimensión estratégica parece pasar desapercibida. Es, para decirlo ásperamente, un test de resistencia de materiales. Y está dirigido no solamente a los catalanes sino a los españoles y a los europeos en general. El test consiste en experimentar hasta qué punto la ciudadanía en general y las instituciones internacionales están dispuestas a tolerar y soportar una democracia autoritaria y en qué grado, no sólo en España sino en todos los países de la UE.
Estamos en el extremo occidental de Europa y no en Turquía, por tanto, el test no se puede realizar a la Erdogan sino a la Rajoy-Felipe. La prueba consiste en hacer una interpretación musculada de la constitución y las leyes de modo que cualquier gesto de recorte democrático pueda achacarse al respeto de la legalidad. En tiempos de crisis económica, desempleo y precariedad laboral, temor por las pensiones y demás, la prueba es pertinente: ¿hasta qué punto están los ciudadanos dispuestos a soportar una democracia no ya tutelada por militares sino asumida de buen grado mediante la justa combinación de conservadurismo social, nacionalismo español y reclamación de autoridad y mano dura? Lo que en otros países es ascenso electoral de la ultraderecha aquí es el experimento mismo de esa ultraderecha instalada en el poder ejecutivo y apoyada por el poder judicial y el legislativo (Cs pero también PSOE). 
Lo interesante, digamos, del asunto es ver cómo ciudadanos españoles demócratas, legítimamente orgullosos de ser y sentirse españoles, transigen con el experimento realizado en carne viva ante sus ojos y asienten afirmando que lo que sucede son “consecuencias” de no acatar la ley, “deslealtades” y “desafios”. Tanto es así que no hay ni un solo diario editado en Madrid que disienta de tal planteamiento, con lo que el cuarto poder se ha sumado a esa siniestra colusión.
Las miradas internacionales están atentas al experimento no porque sientan prevención ante lo que suceda con Cataluña sino para comprobar cuál va a ser el resultado del test de materiales. Para obrar en consecuencia, como por ejemplo Macron cuando se disponga a aplicar a Francia una reforma laboral de caballo con disturbios en las calles. 
La cosa no podría estar más clara, y sin embargo ahí están esos escandalizadísimos cuarentones asintiendo ante la ultraderecha gobernante y reinante por mor de la patria y la constitución. Veremos cosas graves, no sólo en Cataluña sino en toda España y en Europa. 
Este autoritarismo aceptable no se impondrá como el fascismo del siglo XX, por la propaganda y la persuasión. Nos hallamos en una nueva etapa en la que la argumentación persuasiva del siglo XX (propaganda política y publicidad) ha dado paso a la manipulación y operación directa del poder sobre el ciudadano. El asentimiento de este no se basa ya en la persuasión sino en la asunción de las dos formas más antiguas de dominación, el halago y el miedo, una u otra o ambas a la vez. El PSOE ha sido altamente sensible en esta cuestión al posicionarse bajo el ala de Rajoy porque quiere estar entre quienes puedan ofrecer orden a una ciudadanía que lo reclama cada vez más explícitamente (y porque si Rajoy concurriera hoy a elecciones obtendría mayoría absoluta).
El experimento transeuropeo de la resistencia de materiales se produce, a pesar de los ladridos de Trump, en un clima de pax americana generalizada que nadie quiere romper. De hecho, el capitalismo viene realizando este test repetidas veces desde que se planteó la pregunta capital: ¿puede obtenerse productividad, provecho y prosperidad sin pagar el precio de la democracia? El test realizado en los años 30 no tenía como objeto la guerra sino la derrota de las clases trabajadoras; como ahora. La resolución del test de resistencia en forma de guerra no es obligatoria ni inevitable. No aspira a eso el sistema sino a consolidar de una vez por todas la lógica de dominación. De momento el capital financiero ha ganado la batalla al capital industrial, en eso consistía lo que se ha dado en llamar crisis. Después de dos guerras mundiales ya conocen hasta qué punto la guerra destruye los tejidos productivos. Por eso no ha habido una tercera guerra mundial en el siglo XX, con y sin URSS.
El adelgazamiento extremo de la democracia va pareja con la aspiración neoliberal al solucionismo tecnológico, como teme Evgeni Morozov. El capitalismo financiero triunfante confía en él para resolver las contradicciones últimas del macrosistema. El problema es que los robots no producen plusvalía (y de ahí las investigaciones sobre superalgoritmos, inteligencia artificial y ordenadores cuánticos). Por ello no renuncia a tener a mano el autoritarismo, la dilución de la democracia y en última instancia la guerra. Trump es, a su nivel, también un test de resistencia de materiales, en este caso de la democracia en EE UU y del orden mundial basado en la pax americana.
Veremos y viviremos tiempos interesantes, de acuerdo con la clásica maldición china. Por cierto, digamos de paso, con otro experimento de desarrollo económico máximo sin democracia, como es el caso chino y bajo la presidencia de Xi Jinping; no por casualidad ese experimento tiene entre sus máximos valedores y entusiastas a Henry Kissinger y de seguir la dubitación timorata europea y la chifladura trumpiana se erigiría en la tercera vía realmente existente.
Pensando de este modo, uno intuye que la revolución socialista vislumbrada por Marx y las condiciones de exacerbación de las crisis capitalistas no era para inicios del siglo XX sino para mediados del siglo XXI. Me atrevo a intuir que hacia el 2040. Entonces se hará realidad lo de o socialismo o barbarie. Mientras tanto, piensen en términos de test de resistencia de materiales.
____________________________________________
Clarificadora respuesta del autor a un comentario en su blog:
“El proceso independentista no es un test sino que se enmarca en la perspectiva general que he descrito. El test lo plantea el sistema global de fuerzas económico-políticas resultante de la pugna entre capitalismo financiero y capitalismo industrial. En este tipo de desarrollos no se da la voluntariedad de los que actúan en ellos porque la fuerza de las circunstancias les supera. En el caso del independentismo catalán, más todavía, pues sus dirigentes están desprovistos del menor sentido de la estrategia, como los resultados de su acción están demostrando”.
https://gabrieljaraba.wordpress.com/2017/10/19/un-test-de-resistencia-de-materiales/#comment-2754

__________________________________________________

132 Videos of the Repression lived in Catalonia by the Spanish Police in the Referendum of October 1, 2017




22 octubre, 2017

Lo legal y lo legítimo – Carlos Tena



El conflicto entre el gobierno español y las legítimas autoridades del ejecutivo catalán, generado por el referendo sobre el proyecto independentista, ha traspasado los límites de la mesura y la racionalidad, desde que, bajo la disculpa del “cumplimiento de las órdenes impartidas por el poder judicial“, miles de policías y guardias civiles se dedicaron a ejecutar tales demandas con una brutalidad impensable en un estado de derecho.
La frontera entre lo que sucedió a lo largo y ancho del territorio de Catalunya el día 1º de octubre de 2017 y lo que solicitaban los magistrados, es en esencia la misma que existe entre un estado democrático y una dictadura, donde se permite la violencia uniformada y se controla el sufragio universal por medio de normas electorales tan torticeras como inicuas.
En el ordenamiento jurídico español han existido preceptos tan cruelmente lesivos para la convivencia y la paz social, como los dictados durante el franquismo, muchos de los cuales sobrevivieron a la “transición”.
Otras leyes más “modernas”, nuevas en esta plaza, mostraron la verdadera cara del socialismo borbónico, como “la patada en la puerta” del caliguliano José Luís Corcuera e incluso permitieron que el terrorismo de estado llevara el apellido de otro siniestro ministro, el criminal José Barrionuevo, “defendido y comprendido” por su superior Felipe González.


Mariano Rajoy y sus secuaces esgrimen “legalidad e imperio de la ley” cuando combaten el anhelo independentista de un amplio sector de la burguesía catalana y sus socios “revolucionarios” de la CUP, con el mismo descaro de quien dice profesar un mesurado respeto a la “oposición republicana”, pero se ha dedicado toda su vida a diseñar, dictar, proponer y aprobar (siempre con la ayuda del PSOE) leyes absolutamente ilegítimas, por represivas y violadoras de derechos elementales. Y aquí entramos en el meollo del “estado de derecho”.
Para el pensador alemán Carl Schmitt, una de las raras excepciones del pensamiento político de derecha (aunque no conservador) o para un sencillo profesor de Filosofía del Derecho, el andaluz Francisco Garrido,  progresista (pero nada sospechoso de militar en las filas “antisistema”), establecer la disimilitud entre “legalidad  y legitimidad” resulta crucial a la hora de enseñar a políticos, periodistas y tertulianos, que comprender ambos conceptos es una obligación no solo jurídica, sino profesional y cívica.
Garrido concreta:
“La diferencia entre esas dos ideas es esencial en un Estado democrático de Derecho. La legalidad pertenece al orden del derecho positivo y sus normas contienen siempre fuerza de ley (es decir generan obligación jurídica). La legitimidad forma parte del orden de la política y de la ética pública (fundamentación cognitiva de las normas y de las decisiones).”
Y continúa:
“Mientras que la legalidad genera obligación, la legitimidad genera responsabilidad (política y ética) y reconocimiento. La legalidad tiene una racionalidad normativa acotada y la legitimidad tiene una lógica deliberativa abierta. Cualquier intento de suprimir esta diferencia lesiona gravemente a la democracia y al Estado de Derecho. Sin la diferencia entre legalidad y legitimidad el sistema político se torna fatalmente totalitario”.
Y desde mi retiro campestre subrayo: El imperio de las leyes que rigen el ordenamiento político y jurídico español, legitima a la ciudadanía de todas las comunidades del estado a desobedecer algunas de esas normas recogidas en el Código Penal y en la Constitución de 1978, tan ilegítima como bastarda, tan represiva como desahuciada.
Vaya mi solidaridad más profunda para Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, víctimas propiciatorias de una jueza del Tribunal de Orden Público, señora Lamela, que lame la mano de quienes han dictado leyes insostenibles en democracia, que lame la Maza del Fiscal General del Estado y que confunde voluntariamente desobediencia con Maidán, dictando prisión inmediata contra dos personas a las que, en principio, pudiera abrir un proceso por el presunto delito de sedición. Que no es el caso.
Y ella, esa magistrada, aunque no sea directamente responsable de que ambos líderes sociales hayan ido a parar a la prisión de Soto del Real (a más de 600 kms. del domicilio de los encarcelados), sabe que en un régimen de privación de libertad es esencial que la persona presa no pierda un contacto mínimo con su entorno social. Usted, señora Lamela, se ha pasado diez pueblos.
Si España es un estado de derecho, Albert Rivera detenta un 125 de cociente intelectual. Si esta magistrada es progresista, Mariano Rajoy es Premio Nobel de Física Cuántica.
Pepe Rubianes tenía toda la razón.




Cataluña no es mi problema – Javier Pérez de Albéniz



Pasan los días, pasan las semanas y los meses, y no se vislumbra una solución razonable a la llamada “deriva independentista catalana”. Pasa el tiempo y mi paciencia se agota. Cataluña no es mi principal problema, por mucho que intenten convencerme de ello el Gobierno y sus aliados, los periódicos, las televisiones y las radios. Mis problemas están mucho más cerca, a la vuelta de la esquina.

No creo en las fronteras, no creo en las banderas, no creo en la unidad de España, no creo en Europa como referencia económica o moral. Creo en la geografía como casualidad, como anécdota vital: nací aquí, pero muy bien pude haberlo hecho allí. Soy español, pero pude haber sido senegalés, ecuatoriano, australiano o chileno. Cuestión de suerte. Así las cosas, considero más importantes los problemas de alimentación, de salud y de vivienda, por poner solo algunos ejemplos, que los problemas de identidad, de banderas o de fronteras.

¿Cataluña? Perdone que cambie de tema pero, mientras hablamos de independentismo, el riesgo de pobreza y exclusión social en el lugar donde vivo, Castilla-La Mancha, ha subido un 1,2%. En 2016 afectó al 37,9% de la población, es decir, a unas 773.700 personas, de las que el 7,7% padecen pobreza severa. No quisiera parecer paleto o egoísta, puede llamarme demagogo, pero lo cierto es que me angustia enormemente la deriva económica, social y cultural que viven los que me rodean. Y me preocupa que todas las miradas, que todos los esfuerzos, se centren en cuestiones de historia, de ordenamiento, de Código Penal.

La pobreza y la exclusión social nos separan más que las fronteras y las banderas. Nos dejan no solo más aislados, sino más ignorantes, peor preparados, más indefensos. Nos alejan, de nuestros vecinos y de un futuro digno. ¿Estará alguien interesado en que aumente la brecha social, en que una mayoría sea cada vez más pobre, más inculta, más manejable? Tal vez desean que creamos que nuestros enemigos son los catalanes, no quienes han convertido este país en un nido de corruptos, en un ejemplo de desigualdad. Y que nuestro problema es Cataluña, y no el riesgo de pobreza y exclusión social que afecta, sin ir más lejos, a más de la mitad (54,6%) de las mujeres castellano manchegas. Pretenden que defendamos la bandera de España en lugar de la igualdad y la justicia social.


19 octubre, 2017

Referéndum catalán: la alternativa es Nación o Lucha de Clase del proletariado






Hace casi cinco años publicamos un artículo (“España y Cataluña: dos patrias para imponer la miseria” [1]) en el que tomábamos posición frente a la multitudinaria manifestación que el 11 de septiembre de 2012 recorrió las calles de Barcelona reclamando la constitución de Cataluña como un “Estado propio” dentro de Europa, es decir independiente del Estado español. Denunciamos entonces que detrás de esa movilización aparentemente festiva y reivindicativa, se escondía en realidad una ceremonia de inmolación de los intereses de los explotados en aras del beneficio de los explotadores, una sumisión de las necesidades humanas de la inmensa mayoría de la población a las exigencias del orden capitalista. Como pusimos de manifiesto ya entonces: 

«El día 11 vimos a Felip Puig, conseller de Interior de la Generalitat catalana, impulsor de una violenta represión contra las manifestaciones masivas del año pasado, urdidor de turbias provocaciones policiales contra los manifestantes, desfilar rodeado amistosamente de sus víctimas, jóvenes parados o precarios. Vimos a 9 de los 11 consellers de un gobierno que ha sido pionero en aplicar crueles recortes en sanidad y educación, andar codo con codo con sus víctimas: las enfermeras o médicos que han perdido más del 30% de sus salarios o los usuarios que tienen que pagar un euro cada vez que van a la consulta. Vimos a patronos, policías, curas, políticos, líderes sindicales, compartir calle con sus víctimas: parados, trabajadores, jubilados, emigrantes… Una atmósfera de UNION NACIONAL presidió la concentración. El Capital se hizo acompañar por sus víctimas –la mayoría explotada– convirtiéndolas en tontos útiles de sus objetivos egoístas.».

En aquel artículo concluíamos que «El señor Mas ha prometido un referéndum, no sabemos qué preguntará, pero lo que sí sabemos es lo que pretenden tanto él como sus colegas españolistas: hacernos elegir entre 3 opciones a cuál peor: ¿Quiere que los ajustes y recortes se los aplique el Estado español? ¿Quiere que les sean impuestos en el marco de la “construcción nacional de Cataluña”? o ¿Quiere que se los propinen conjuntamente el Estado español y el aspirante catalán? El Capital en España cuenta con dos patrias para imponer la miseria: la española y la catalana».

Un embrollo hediondo.

El lustro transcurrido desde entonces en lo que se ha llamado “el procés” no sólo no ha servido para aliviar lo más mínimo la miseria y los sufrimientos (los recortes, los desahucios [2], los despidos, etc.) que ha sufrido la población trabajadora, sino que tampoco ha desembocado en un escenario en el que los diferentes protagonistas se aclaren con el papel ni la obra que aspiran a representar.

La antigua Convergencia i Unio (hoy rebautizada como PDeCAT para desodorizarse de la corrupción de los Pujol) se ve forzada a asumir el protagonismo del dicho “procés” independentista para evitar verse desplazada por Esquerra Republicana y presionada por las constantes sobrepujas de la CUP. Y aunque este radicalismo irrita grandemente a amplios sectores que tradicionalmente se veían representados por el nacionalismo “moderado” de CiU –que abarcan desde pequeña burguesía rural hasta sectores empresariales y financieros bien engarzados con el resto del capitalismo español[3]– y se suceden deserciones y purgas, eso no consigue frenar la carrera que Más y Puigdemont, cual Thelma y Louise[4], han emprendido hacia el vacío de un referéndum imposible. Por su parte ERC espera recoger los frutos de esta inmolación de los sectores tradicionalmente más “colaboracionistas” con el aparato político español, acentuando hasta el paroxismo el victimismo respecto a España, y reproduciendo el famoso “Roma Ladra” (Roma ladrona) de la ultraderechista Liga Norte italiana que se traduciría en el “Espanya ens roba”. Pero ¿quién roba a quién? No podemos olvidar que, en la sociedad capitalista, el robo fundamental y constituyente es la PLUSVALIA, es decir, que los capitalistas se apropian legalmente de una parte del trabajo de los obreros, la mayor, pues se calcula que de una jornada de 8 horas ellos se embolsan el producto de 6 o 7 horas de la misma. Los obreros, desempleados y jornaleros de Cataluña no roban a los de España y viceversa, sus hermanos de las demás regiones no roban a los que viven en Cataluña. Son los capitalistas –españoles, catalanes, “multinacionales”– los que SIEMPRE ROBAN a la clase obrera y a todos los oprimidos y explotados. Es asquerosa la demagogia que se llevan unos y otros, los capitalistas catalanes estigmatizando y culpabilizando a “los españoles en general” o, los capitalistas españoles crucificando a “los catalanes en general”. El dilema no es España / Cataluña, sino NACION o CLASE.

Porque esta fiebre que extiende los comportamientos erráticos e indisciplinados entre las facciones del aparato político del capital español se ha ido propagando a todas ellas. Se ve por ejemplo en el Partido Popular que quiere identificarse como el defensor de la “unidad de la patria” y sin embargo chalanea el respaldo parlamentario al gobierno Rajoy con concesiones discriminatorias a las diferentes regiones [5], que además suponen un agravio comparativo con las demás autonomías. El hecho de que además el Partido Popular quiera emplear en su “choque” contra el nacionalismo catalán todo el arsenal del Estado –desde el Tribunal Constitucional hasta el déficit público pasando por las “cloacas” del Ministerio del Interior– resta credibilidad a la idea de que las instituciones democráticas pudieran actuar como árbitros en los conflictos entre los distintos componentes de la clase explotadora.

Y lo que en un momento puede servir para hacer agachar la frente a los “díscolos”, aguijonea, más pronto que tarde, la contestación y la desconfianza, que ocasionan a su vez de nuevos golpes de autoridad. La muestra viviente de estos volantazos la vemos en la política del otro gran partido del capitalismo español, el PSOE, oscilante de los gobiernos junto a ERC e Izquierda Unida (2003-10) a cerrar filas con el PP contra el Referéndum amagado en 2014 y el anunciado para octubre de este año. Evacúa, una tras otra, propuestas de reformas constitucionales, comisiones, “mesas de diálogo”, etc., a cuál más vaga y ambigua, al mismo tiempo que sus líderes históricos (González y Zapatero que aparecieron recientemente del brazo de Aznar en un coloquio sobre el “desafío catalán”) y sus medios de comunicación más afines (El País, la SER), exhiben cual matones el arma del artículo 155 de la Constitución que faculta la suspensión de la autonomía. Este funambulismo del otrora partido más coherente de la burguesía española no solo les ha relegado electoralmente en Cataluña, donde son la 5ª fuerza política; sino que acentúa una imagen de falta de fiabilidad para el conjunto de la burguesía española, que ven por ejemplo como Sánchez lo mismo coquetea con Ciudadanos que se arrima interesadamente a ERC.

Detrás de este irresoluble embrollo lo que aparece es la crisis sin solución del sistema capitalista, en lo que hemos caracterizado como su etapa final de descomposición social. Como ya señalamos en el mencionado artículo de nuestra publicación en Setiembre de 2012: «En el plano político esta descomposición aguda se manifiesta en la tendencia a una irresponsabilidad creciente de las distintas fracciones de la burguesía, cada vez más enfangadas en el “cada uno a la suya” que con la agudización de la crisis se traduce en el “sálvese quien pueda”».

Los “nuevos” partidos, las viejas patrañas –democracia y nacionalismo–, más pestilentes en este escenario de descomposición capitalista.

En los últimos años han aparecido nuevos actores, que con discursos aparentemente “renovados” repiten, sin embargo, las mismas rancias patrañas que siempre han proclamado los explotadores. Primer mandamiento: los explotados deben confiar en los cauces del Estado creado por los capitalistas para asegurarse la explotación. Segundo designio: los intereses de clase del proletariado, que son comunes a todos los trabajadores del mundo, deben sacrificarse por el contrario al interés de “su” Patria, la cual no es otra cosa que la finca privada de “su” burguesía.

Entre estos destaca en primer lugar la CUP (Candidatura de Unidad Popular) formada en gran medida de los restos “recauchutados” del viejo izquierdismo estalinista y trotskista de los años 70[6], que han derivado hacia una mayor histeria patriotera, eso sí, de patria cada vez más chica, convirtiéndose, hoy, en los propagadores fundamentales de la mistificación nacionalista, queriendo hacernos creer en la compatibilidad de los” intereses nacionales” y los “intereses sociales”. Sus discursos en contra de los recortes sociales, la arbitrariedad policial contra los centros juveniles o los efectos negativos del turismo de masa sobre los trabajadores y otras capas sociales empobrecidas, son cortinas de humo para ocultar la cruda realidad: SON PRECISAMENTE ELLOS, LOS “RADICALES” DE LA CUP, QUIENES CON SU APOYO PARLAMENTARIO MANTIENEN CON VIDA EL GOBIERNO CATALAN QUE MAS LEJOS HA IDO EN LOS RECORTES SOCIALES, LA BRUTALIDAD POLICIAL Y EL TURISMO DEPREDADOR. Una vez más ¿Nación o Clase?

Está también Podemos, en sus diferentes versiones y sistemas operativos (Podem, En Comú, etc,) que presume de ser la cristalización del movimiento de los Indignados, cuando en realidad fue su saboteador y su falsificador[7]. Podemos tiene una gran dificultad para articular un discurso coherente sobre las “nacionalidades que coexisten bajo el Estado español”. Por un lado, tiene corrientes claramente nacionalistas y está coaligado con formaciones que son partidarias de la independencia de Cataluña, Galicia, etc.; en segundo lugar, cuenta con los llamados “anticapitalistas” que son los más numerosos entre los militantes activos y que propugnan la “autodeterminación nacional”; finalmente, cuenta con tendencias (en general las que se han ido incorporando en sucesivas oleadas desde el PCE) que defienden abiertamente la unidad de España.

Esta incomodidad le ha movido a especializarse en cambio en la propagación de la mistificación democrática: ¡lo que cuenta es que los ciudadanos voten! Aunque sea una pantomima [8] como quiere la propia alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que defiende el referéndum del 1 de octubre como una “movilización”, es decir una especie de “performance” democrática. Aunque Iglesias -secretario general de Podemos- defiende que se emplee el referéndum para dejar las cosas como están, o sea manteniendo la unidad territorial del Estado capitalista español. Lo que deberíamos defender, según los farsantes de Podemos, es el sacrosanto “derecho a decidir” de la población.

Ese aparentemente atractivo “derecho a decidir” es, en realidad, una de las hojas de parra del más peligroso veneno ideológico de los explotadores: la mistificación democrática de la “soberanía popular”. En abstracto, la población decide libremente su futuro. En realidad, la democracia es la tapadera de la Dictadura del capital. En el mundo falsario de la propaganda burguesa, los ciudadanos eligen la opción política que le procurará más trabajo, mejores prestaciones sociales, etc. En la dictadura capitalista real, el trabajador obtiene un empleo solo si acrecienta la acumulación capitalista, sólo tiene derecho a sanidad, educación, ocio, si con ello se incrementa la productividad general. Los capitalistas venden la ilusión de que tenemos en nuestras manos el “derecho a decidir” conscientemente nuestro futuro y el de nuestros hijos cuando en realidad el mundo se ve cada vez más gobernado por las leyes ciegas del capitalismo: la dictadura de la mercancía, la de la acumulación, la explotación y la concurrencia. Hablar de “derecho a decidir” cuando en el mundo de hoy millones de seres humanos sufren impotentes hambrunas, enfermedades, terrorismo y desastres ecológicos, es de un cinismo macabro. Y más aún cuando sobre la mayoría de la población se extiende una más que fundada sospecha en que, con el actual sistema social mundial, el futuro está ya decidido: la destrucción de la humanidad.

Pero ¿por qué en este contexto social, que es verdaderamente el de una etapa terminal del capitalismo, se ha desatado tamaña exacerbación nacionalista?, que vemos en Cataluña, pero también en USA o en Francia (con Trump y Le Pen en sus versiones más ultraderechistas). Lo vemos en Gran Bretaña con el “Brexit” y en Escocia (frente a Gran Bretaña). Una de las principales razones es que la nación, que es una realidad que el capitalismo impuso históricamente para superar la feudalidad, aparece hoy como una especie de refugio frente a la propia descomposición y caos social consecuencia, en realidad, de la persistencia del capitalismo. Detrás de ese eslogan tan apreciado en las filas de la CUP, o de Podemos, de “soluciones locales ante problemas globales” se dibuja una actitud claudicante ante problemas que sólo podrían ser enfrentados erradicando el capitalismo de la faz de la tierra. No existe posibilidad alguna de escapar del capitalismo en un país [9], menos en una región o comarca o en una comunidad local. Tras estas ilusiones no hay más que una llamada al sacrificio de los intereses de la población en aras de esa abstracción llamada “comunidad”, llamada “pueblo” o llamada “patria”.

Como señalamos en el mencionado artículo escrito, insistimos, hace ya cinco años, cuando alertábamos de los riesgos que la descomposición social, que se expresa a través de esta pulsión nacionalista, representa contra los trabajadores: «Pero el drama es que estas tendencias afectan y contaminan al proletariado que vive rodeado de la pequeña burguesía –caldo de cultivo de la descomposición social– y sometido a la presión que ejercen las conductas cínicas y corruptas de la clase dominante así como a la propaganda que esta difunde. El proletariado debe combatir los efectos de esta descomposición social, desarrollando los anticuerpos necesarios: a un mundo de competencia desenfrenada debe oponer una lucha solidaria; a un mundo que se disgrega en pedazos con gobernantes aspirantes a reyezuelos de Taifas, debe oponer su unidad internacional; a un mundo de exclusión y xenofobia, debe oponer su lucha inclusiva e integradora…»

El proletariado representa en cambio una perspectiva completamente diferente: «El proletariado tiene una fuerza fundamental frente al capitalismo: ser el productor asociado de la mayoría de productos y servicios. Pero tiene igualmente una fuerza cara a dar un futuro a la humanidad: el trabajo asociado que liberado de las cadenas capitalistas –el Estado, de la mercancía y del salariado– permita a la humanidad vivir de manera solidaria y colectiva, consagrada a la plena satisfacción de sus necesidades y las del progreso del conjunto de la naturaleza». (ídem)
Valerio

NOTAS

[2] Cabe señalar que en Barcelona han subido los alquileres un 11% en 2016 y ello bajo la alcaldía de la Señora Colau, la cual utilizó la Plataforma de Afectados por las Hipotecas como trampolín para alcanzar “altas metas políticas”.

[3] La burguesía catalana ha constituido siempre un baluarte del capitalismo español. Fue pieza capital del Estado burgués republicano en los años 30 del siglo XX, atravesó con bastante comodidad la etapa franquista viéndose generosamente recompensada con inversiones y subvenciones, y colaboró decisivamente en la transición democrática. No en vano el icono que sirvió para cerrar el pasaje desde la dictadura fue el famoso “ja soc açi” (ya estoy aquí) del ex presidente Tarradellas. Ya en la etapa democrática, Convergencia se ha convertido en la bisagra para apuntalar gobiernos sucesivos de UCD, del PSOE y del PP, a cambio de más inversiones y subvenciones que en buena parte han ido a los bolsillos del “pujolismo” que han creado con ellos una amplia red clientelar

[4] Película famosa en su momento (1991) donde las dos protagonistas huyen sin descanso de la persecución policial hasta verse finalmente atrapadas frente a un enorme precipicio.

[5] Que el Partido Nacionalista Vasco haya pasado de estar estigmatizado como el principal peligro para la unidad de España a “ejemplo de responsabilidad democrática” no es una manifestación de una solución de los problemas históricos de soldadura del capital español, sino de hacer de ellos un objeto de subasta, al albur de las contingencias del gobierno de turno, lo que acentúa los sentimientos de agravio comparativo entre las distintas burguesías regionales. Recientemente el gobierno del PP ha regalado significativas ventajas fiscales al gobierno vasco (o sea al PNV) mientras asfixia económicamente a las demás autonomías, y en primer lugar a la hiperendeudada Cataluña.

[6] Hijos políticos de aquellos que nos llamaron en los años 1970-80 a abandonar la autonomía de clase y a apostar por la “llibertat, amnistía, estatut de autonomía” como medio de ahondar las contradicciones de la clase dominante, son los mismos que nos llaman hoy a respaldar el “procés” como medio de “liquidar el régimen del 78” (véase su inmensa hipocresía) y, ¡cómo no!, para ahondar las contradicciones en blá blá blá.


[8] Hay que decir que esta “opereta” no tiene nada de cómica pues puede costarles a miles de trabajadores públicos el verse sometidos a sanciones y multa por parte de las autoridades españolas o a verse estigmatizados ante las autoridades catalanas

[9] Quienes sembraron la patraña del “socialismo en un solo país” fueron los antecesores políticos de todos estos partidos de izquierda e izquierdistas que utilizaron esta mistificación para sobrexplotar al proletariado en Rusia y otros países “socialistas” y para llevarlo a las masacres imperialistas de la Segunda Guerra Mundial, y las “luchas de liberación nacional” como mostramos en otro artículo de este mismo número de AP. Resulta muy significativo ver hoy como en una polémica recientemente mantenida en redes sociales entre Garzón (secretario general de Izquierda Unida) y Rufián (“starlette” de ERC en el parlamento español) y la CUP, ambos bandos han tirado del mismo repertorio de fraseología clásica del estalinismo, como por ejemplo el “derecho de autodeterminación de los pueblos” (cobertura ideológica del bloque imperialista Ruso para arrebatarle posiciones al bloque imperialista USA) o la “defensa de la patria socialista”

Artículo relacionado: