espaiMARX
– 08/09/2026
Donald Trump y el
imperialismo en declive
Introducci贸n:
Imperialismo sin remordimientos
Donald Trump no cre贸 la
crisis del imperialismo estadounidense. Surgi贸 de ella, comprendi贸
algunos de sus s铆ntomas con la intuici贸n burda de un agente
inmobiliario y ofreci贸 a la clase dominante estadounidense un m茅todo
para gestionar su declive relativo. Su lenguaje es soez porque la
realidad que describe es soez. Los pa铆ses son activos o pasivos; los
aliados son clientes que no han pagado sus facturas; las v铆as
navegables son peajes; los minerales son tesoros que yacen bajo el
suelo de otros pueblos; los aranceles son instrumentos de castigo; y
la protecci贸n militar es un servicio por el que se debe pagar. Trump
despoja al imperialismo de su disfraz diplom谩tico. Mientras que el
internacionalismo liberal hablaba de valores comunes y de un orden
basado en normas, Trump pregunta qui茅n es el propietario del puerto,
qui茅n controla el mineral, qui茅n paga por la base y qu茅 tributo
puede obtenerse a cambio del acceso al mercado estadounidense.
El mundo contempor谩neo
est谩 atravesando una profunda transici贸n. Las instituciones creadas
tras la Segunda Guerra Mundial permanecen en gran medida intactas,
pero los cimientos materiales que las sustentan han cambiado. Estados
Unidos sigue dominando las finanzas mundiales, el poder militar, los
est谩ndares tecnol贸gicos, los sistemas de comunicaciones y las
instituciones internacionales; sin embargo, ya no posee la supremac铆a
productiva indiscutible que en su d铆a dotaba de solidez a su
liderazgo. El centro de gravedad productivo se ha desplazado hacia
Asia. China se ha convertido en la mayor potencia manufacturera del
mundo, mientras que los pa铆ses del Sur Global representan una cuota
cada vez mayor del comercio, la producci贸n, la inversi贸n y la
capacidad tecnol贸gica. La producci贸n se ha dispersado
geogr谩ficamente, pero el poder financiero, monetario, militar e
informativo sigue concentrado en el antiguo bloque del Atl谩ntico
Norte.
Esta contradicci贸n
define la coyuntura actual. Estados Unidos conserva un extraordinario
poder coercitivo, mientras que su capacidad para liderar la econom铆a
mundial a trav茅s de la superioridad productiva ha disminuido. Sigue
siendo el emisor de la moneda de reserva dominante (el d贸lar), el
centro de los mercados de capitales mundiales, la sede de poderosas
empresas tecnol贸gicas y el centro de mando de un sistema militar que
se extiende por todo el planeta. Pero no puede simplemente superar en
producci贸n a China, ofrecer al Sur Global una v铆a de desarrollo
cre铆ble ni restablecer el monopolio industrial del que disfrut贸
tras 1945. Lo que parece una serie de crisis inconexas —guerras
arancelarias, sanciones, controles a la exportaci贸n,
sobreendeudamiento, cerco militar, amenazas territoriales y guerras
regionales— se entiende mejor como un 煤nico proceso hist贸rico: el
esfuerzo por preservar una jerarqu铆a imperialista cuyos cimientos
econ贸micos se encuentran bajo presi贸n.
El imperialismo de Trump
es el intento de convertir las ventajas que a煤n conservan los
Estados Unidos —su alcance militar, el poder del d贸lar, su mercado
de consumo, los monopolios tecnol贸gicos y el control sobre las
infraestructuras estrat茅gicas— en instrumentos de tributo y mando.
No representa una retirada del imperio. «America First», el lema de
Trump, significa que Estados Unidos seguir谩 reclamando privilegios
globales al tiempo que renuncia incluso a la apariencia de
obligaciones universales. Dominar谩 sin asumir la responsabilidad de
la gesti贸n, mandar谩 sin consentimiento y exigir谩 el pago por el
orden que 茅l mismo ha vuelto cada vez m谩s peligroso. El trumpismo
no es la retirada del imperialismo estadounidense del mundo; es la
retirada del imperialismo del lenguaje de la responsabilidad
internacional.
De la supremac铆a
productiva al poder coercitivo
El orden internacional
que surgi贸 tras 1945 se asentaba sobre tres pilares interconectados:
la superioridad productiva de EEUU, la centralidad del d贸lar y la
supremac铆a militar. Estados Unidos sali贸 de la Segunda Guerra
Mundial con su aparato industrial intacto y enormemente ampliado,
mientras que Europa y gran parte de Asia quedaban devastadas. Las
f谩bricas, las instituciones cient铆ficas, las infraestructuras y las
empresas estadounidenses constitu铆an el n煤cleo productivo del mundo
capitalista. A trav茅s de las instituciones de Bretton Woods, el Plan
Marshall, la OTAN y una red cada vez m谩s amplia de alianzas
militares, Washington tradujo esta ventaja econ贸mica en un orden
institucional. El d贸lar se convirti贸 en la principal moneda de
reserva y de intercambio, mientras que el poder铆o militar
estadounidense garantizaba las rutas comerciales, los recursos, los
gobiernos d贸ciles y las condiciones pol铆ticas necesarias para la
acumulaci贸n de capital. Este orden se modific贸 tras las crisis de
la d茅cada de 1970. El capital estadounidense traslad贸 cada vez m谩s
la producci贸n al extranjero, primero a lugares con salarios m谩s
bajos y luego a complejas cadenas de suministro globales,
especialmente en Asia Oriental. El sector financiero gan贸 poder en
relaci贸n con el manufacturero. Wall Street, el d贸lar y la
arquitectura jur铆dica de los mercados de capitales estadounidenses
permitieron a Estados Unidos mantener su autoridad global incluso
cuando la capacidad industrial se traslad贸 a otros lugares. Las
f谩bricas se marcharon, pero las facturas, las l铆neas de cr茅dito,
los contratos de seguros, las reclamaciones de propiedad intelectual
y los sistemas de pago permanecieron bajo la autoridad de
instituciones con sede en Nueva York, Londres y Washington.
Durante un tiempo, esto
pareci贸 ser una soluci贸n brillante al problema de la rentabilidad.
Las empresas estadounidenses pod铆an beneficiarse de una producci贸n
de bajo coste en el extranjero, los consumidores estadounidenses
pod铆an adquirir bienes m谩s baratos y el Tesoro de EEUU pod铆a
financiar enormes d茅ficits, ya que el ahorro mundial segu铆a
fluyendo hacia activos en d贸lares. Sin embargo, ese mismo proceso
fortaleci贸 nuevos centros productivos. China no se limit贸 al
montaje de bajo valor a帽adido. Mediante la planificaci贸n, la
inversi贸n p煤blica, la transferencia de tecnolog铆a, la construcci贸n
de infraestructuras y el control de los sectores clave de las
finanzas, se introdujo en los 谩mbitos de las telecomunicaciones, el
tren de alta velocidad, la construcci贸n naval, las energ铆as
renovables, los veh铆culos el茅ctricos, las bater铆as, la maquinaria
avanzada y la inteligencia artificial, y construy贸 as铆 ecosistemas
industriales que los aranceles por s铆 solos no pueden reproducir.
Esta es la iron铆a
hist贸rica de la globalizaci贸n neoliberal: la internacionalizaci贸n
de la producci贸n reforz贸 inicialmente el poder empresarial y
financiero de EEUU, pero tambi茅n cre贸 la base material para la
erosi贸n del monopolio del Atl谩ntico Norte sobre la producci贸n
avanzada. Estados Unidos pudo seguir obteniendo rentas a trav茅s de
las finanzas, la tecnolog铆a, las marcas y la propiedad intelectual,
pero ya no pudo dar por sentado que las fuerzas productivas m谩s
sofisticadas permanecer铆an bajo su control. El desaf铆o chino no
radica, por tanto, meramente en que China cuente con un elevado
producto interior bruto. Radica en que China ha desarrollado la
capacidad de producir a gran escala, de innovar en todos los sectores
industriales y de ofrecer infraestructuras y relaciones comerciales
que no pasan 铆ntegramente por los antiguos centros imperiales.
Ning煤n an谩lisis serio
deber铆a confundir el declive relativo con la debilidad. Estados
Unidos sigue siendo m谩s poderoso que cualquier imperio anterior en
cuanto a alcance militar y coacci贸n financiera. El declive describe
una relaci贸n, no un colapso. Significa que la distancia entre el
poder de EEUU y las capacidades de otros Estados se ha reducido, y
que Washington ya no puede reproducir su liderazgo mediante la misma
combinaci贸n de consentimiento, superioridad productiva y legitimidad
institucional. Es precisamente la brecha entre el poder coercitivo
que persiste y la supremac铆a productiva en declive lo que genera la
agresividad del presente.
Trump percibe esta brecha
a su manera. Intuye acertadamente que las antiguas promesas de la
globalizaci贸n ya no gozan de legitimidad entre millones de personas
en Estados Unidos. Regiones enteras han sufrido cierres de f谩bricas,
el declive del poder sindical, el estancamiento salarial, la adicci贸n
a los opi谩ceos, el colapso de los servicios p煤blicos y la
humillaci贸n del abandono social. Pero Trump no acusa a las empresas
que trasladaron la producci贸n ni a los financieros que se
beneficiaron de la destrucci贸n. Desv铆a la culpa hacia China, los
migrantes, los gobiernos extranjeros y los aliados que, seg煤n 茅l,
enga帽an a Estados Unidos. Toma una crisis provocada por el capital y
la traduce en resentimiento nacional. Las heridas sociales del
neoliberalismo se convierten en el combustible emocional de un
imperialismo m谩s agresivo.
«America First» no
es aislacionismo
A menudo se describe a
Trump como un aislacionista porque se muestra hostil hacia las
instituciones multilaterales, desde帽a las alianzas y desconf铆a de
las guerras cuyos beneficios no puede expresar en t茅rminos
comerciales. Esta descripci贸n es enga帽osa. El aislacionismo
significar铆a una contracci贸n de las ambiciones militares y
pol铆ticas de Estados Unidos. Trump, en cambio, busca revisar las
condiciones en las que se ejercen dichas ambiciones. No desea menos
privilegios para Estados Unidos, desea menos restricciones y menores
costes. No se opone a las alianzas como instrumentos de poder; se
opone a las alianzas en las que los Estados subordinados parecen
poseer derechos independientes de lo que aportan a Washington. El
internacionalismo liberal presentaba los intereses nacionales de EEUU
como intereses universales. Hablaba en nombre de la democracia, los
derechos humanos, los mercados abiertos y el derecho internacional,
aun cuando apoyaba golpes de Estado, ocupaciones, sanciones y
dictaduras. Se afirmaba que el liderazgo estadounidense proporcionaba
bienes p煤blicos globales: seguridad, moneda estable, mares
navegables e instituciones predecibles. Este discurso siempre fue
ideol贸gico, pero permit铆a a las clases dirigentes aliadas presentar
su subordinaci贸n como una participaci贸n voluntaria en una comunidad
internacional.
Trump descarta gran parte
de esta mediaci贸n. Interpreta la OTAN como un contrato de protecci贸n
y a sus miembros como clientes morosos. Trata las bases militares no
como la infraestructura de una defensa com煤n, sino como servicios
por los que los pa铆ses anfitriones deben pagar. Considera que la
ayuda al desarrollo es un despilfarro a menos que compre obediencia
inmediata. Ve a las Naciones Unidas como 煤tiles 煤nicamente cuando
ratifican las decisiones de EEUU e ileg铆timas cuando las limitan. La
esencia de la dominaci贸n persiste, pero la forma cambia: del
liderazgo a la transacci贸n. Este enfoque transaccional no hace que
el imperio sea menos violento. Hace que la violencia est茅 m谩s
directamente vinculada a la extracci贸n de recursos. El mundo se
convierte en un campo de acuerdos respaldados por la amenaza de
exclusi贸n del mercado estadounidense, del sistema del d贸lar, de la
tecnolog铆a avanzada, de la cooperaci贸n en materia de inteligencia o
de la protecci贸n militar. Un aliado que paga y obedece puede ser
recompensado; un aliado que disiente puede ser castigado. A un
adversario se le puede bombardear, sancionar o bloquear, pero tambi茅n
se le puede ofrecer un acuerdo si reconoce la primac铆a de EEUU. Lo
que importa no es la adhesi贸n a una doctrina estable, sino la
demostraci贸n p煤blica de que Washington puede imponer las
condiciones.
La Estrategia de
Seguridad Nacional de Trump para 2025 da forma oficial a esta
perspectiva. Ataca a las 茅lites estadounidenses anteriores por
permitir que China se beneficiara de los mercados y las inversiones
de EEUU y presenta la segunda administraci贸n Trump como una
restauraci贸n del poder nacional. Sin embargo, esta restauraci贸n no
puede devolver a Estados Unidos a 1945. El panorama industrial, el
mercado mundial y el equilibrio de las fuerzas productivas han
cambiado. Por lo tanto, Trump intenta utilizar el poder estatal para
forzar un resultado que el capital estadounidense ya no puede
garantizar mediante la competencia comercial habitual. Los aranceles,
los controles a la exportaci贸n, el escrutinio de las inversiones,
las sanciones, la presi贸n militar y las reivindicaciones
territoriales se convierten en sustitutos de la preponderancia
productiva que se ha perdido.
Trump representa tanto
una ruptura como una continuidad. El enfrentamiento estrat茅gico con
China no comenz贸 con 茅l ni desapareci贸 bajo el mandato de Joseph
Biden. Los controles a la exportaci贸n, las alianzas militares en
Asia, las sanciones y las subvenciones industriales traspasaron las
l铆neas partidistas. Pero Trump concentra estas tendencias y les
quita su barniz liberal. Su singularidad no radica en inventar el
imperialismo estadounidense, sino en transformar su ansiedad
acumulada en un programa de coacci贸n abierta.
Los aranceles y el
imperialismo del tributo
Los aranceles son
fundamentales para la imaginaci贸n pol铆tica de Trump, ya que parecen
resolver varios problemas a la vez. Prometen proteger la industria
nacional, castigar a los competidores extranjeros, generar ingresos
para el Estado, impulsar la inversi贸n dentro de Estados Unidos y
demostrar que el presidente puede obligar a otros pa铆ses a
someterse. Trump presenta el d茅ficit comercial como prueba de que se
ha robado a Estados Unidos, como si cada contenedor que llegara a un
puerto estadounidense fuera un tributo pagado en la direcci贸n
equivocada. El arancel es su instrumento para invertir ese flujo. Sin
embargo, los aranceles bajo el mandato de Trump no son simplemente
instrumentos de protecci贸n. Son instrumentos de coacci贸n pol铆tica.
El acceso al mercado estadounidense se trata como un privilegio que
puede suspenderse a menos que otro Estado modifique su pol铆tica
comercial, sus controles migratorios, su alineaci贸n diplom谩tica, su
relaci贸n con China o su postura respecto a una disputa territorial.
El poder proviene del volumen constante del consumo estadounidense:
aunque la posici贸n productiva relativa del pa铆s est茅 en declive,
sigue siendo un destino enorme para los bienes y el capital. Trump
pretende convertir esta asimetr铆a en un arma.
Por lo tanto, esta
pol铆tica encierra una l贸gica claramente imperial. En la era
colonial, las potencias imperiales obligaban a los territorios
subordinados a abrir sus mercados, ceder recursos y aceptar acuerdos
jur铆dicos desiguales. En las condiciones actuales, la administraci贸n
directa suele ser innecesaria. La amenaza de aranceles, la exclusi贸n
de los sistemas de pago, las sanciones secundarias o la denegaci贸n
de tecnolog铆a pueden obligar a gobiernos reconocidos formalmente
como soberanos. La pol铆tica econ贸mica se convierte en un medio para
imponer la obediencia pol铆tica.
El ataque contra China
pone de manifiesto la versi贸n m谩s amplia de esta estrategia. El
objetivo no es meramente reducir el d茅ficit comercial bilateral. Se
trata de frenar el desarrollo tecnol贸gico chino, restringir el
acceso a semiconductores y maquinaria avanzados, reorganizar las
cadenas de suministro alej谩ndolas de China y obligar a los aliados a
participar en un sistema de contenci贸n. Washington ya no conf铆a en
que la competencia de mercado preserve su ventaja tecnol贸gica. Debe
recurrir a prohibiciones administrativas, a la disciplina de las
alianzas y al control de los puntos estrat茅gicos en la producci贸n
tecnol贸gica. Se habla de seguridad nacional, pero el objetivo es
impedir que un sistema productivo rival alcance la autonom铆a
estrat茅gica.
Los l铆mites de esta
pol铆tica son considerables. Un arancel puede encarecer el precio de
un veh铆culo el茅ctrico importado, pero no puede crear de la noche a
la ma帽ana las redes de transporte, la mano de obra cualificada, los
cl煤steres de proveedores, los sistemas p煤blicos de investigaci贸n y
la planificaci贸n a largo plazo que han hecho posible dicho veh铆culo.
Puede redirigir una etapa final del montaje de un pa铆s a otro,
mientras que los componentes chinos siguen circulando por la cadena
de suministro. Puede generar beneficios extraordinarios para las
empresas protegidas sin exigirles que realicen inversiones
productivas. Por encima de todo, puede imponer mayores costes a los
trabajadores estadounidenses, cuyos salarios no han aumentado al
mismo ritmo que el coste de la vivienda, la asistencia sanitaria, la
educaci贸n y la alimentaci贸n.
La pol铆tica industrial
de Trump se encuentra, por lo tanto, atrapada en una contradicci贸n.
Necesita al Estado porque el mercado no puede restablecer la
supremac铆a productiva de EEUU, pero las fuerzas de clase que le
respaldan se resisten a la planificaci贸n, la propiedad p煤blica, la
redistribuci贸n y la inversi贸n social que requerir铆a una aut茅ntica
reconstrucci贸n industrial. Su coalici贸n quiere subvenciones sin
control p煤blico, protecci贸n sin fuerza de trabajo y
reindustrializaci贸n sin una transformaci贸n de las relaciones de
propiedad. El resultado es una pol铆tica industrial militarizada
organizada en torno a las armas, la energ铆a f贸sil, la inteligencia
artificial, la log铆stica y los minerales estrat茅gicos, en lugar de
un programa destinado a satisfacer las necesidades sociales.
Las sanciones funcionan,
junto con los aranceles, como otra forma de tributo. El papel que
sigue desempe帽ando el d贸lar en las reservas, los pagos, la deuda y
la fijaci贸n de precios de las materias primas otorga a Estados
Unidos una jurisdicci贸n que se extiende mucho m谩s all谩 de sus
fronteras. Un banco de un pa铆s puede ser sancionado por tramitar una
transacci贸n en la que participe un tercer pa铆s, incluso si no hay
productos estadounidenses involucrados. Se puede excluir a un Estado
de los sistemas de pago, embargar sus activos en el extranjero,
obstaculizar su transporte mar铆timo y privar a su poblaci贸n de
medicamentos e importaciones esenciales. El poder financiero se
convierte en la capacidad de decidir qu茅 pa铆ses pueden participar
con normalidad en la econom铆a mundial.
Cuba, Venezuela, Ir谩n y
otros Estados sancionados demuestran que la guerra econ贸mica no es
una alternativa a la violencia militar. Se trata de violencia
ejercida a trav茅s de la escasez, la interrupci贸n de la producci贸n,
el deterioro de los hospitales, la inflaci贸n y la migraci贸n. El
sufrimiento se atribuye entonces al gobierno sancionado, lo que
permite a Washington presentar los efectos de la coacci贸n como
prueba de que el objetivo ha fracasado. Trump intensifica esta
pr谩ctica al tiempo que se refiere a ella como «presi贸n m谩xima»:
una admisi贸n de que el objetivo es hacer insoportable la vida social
hasta obtener concesiones pol铆ticas.
Esta combinaci贸n de
aranceles, sanciones y pagos de protecci贸n puede denominarse
«imperialismo del tributo». Trump pretende que los Estados paguen
por la seguridad, paguen por el acceso al mercado, paguen por la
exenci贸n del castigo y paguen mediante la cesi贸n de recursos o de
autonom铆a pol铆tica. El m茅todo es transaccional, pero la relaci贸n
no es una transacci贸n entre iguales. Un acuerdo alcanzado a la
sombra de un grupo de portaaviones, del sistema del d贸lar y del
mayor mercado de consumo del mundo sigue siendo un acto de coacci贸n.
Territorio, puntos
estrat茅gicos y el retorno de la posesi贸n
Las declaraciones de
Trump sobre la adquisici贸n de Groenlandia, la recuperaci贸n del
control del Canal de Panam谩 y la absorci贸n de Canad谩 suelen
descartarse como mero espect谩culo. Pero ese espect谩culo encierra
una teor铆a del poder. El imperialismo liberal prefer铆a ejercer el
control sin una anexi贸n formal, recurriendo a bases, tratados,
normas de inversi贸n y 茅lites complacientes. Trump resucita el
antiguo vocabulario de la posesi贸n. Concibe el territorio como un
bien inmueble y la soberan铆a como un obst谩culo que puede superarse
mediante la compra, la presi贸n o la fuerza.
Groenlandia condensa las
preocupaciones centrales del nuevo imperialismo. Su ubicaci贸n es
relevante para la estrategia militar en el 脕rtico, los sistemas de
alerta de misiles, las rutas mar铆timas emergentes y la rivalidad con
Rusia y China. Su subsuelo contiene minerales considerados
fundamentales para las bater铆as, la electr贸nica, las armas y la
transici贸n energ茅tica. A medida que la crisis clim谩tica derrite el
hielo 谩rtico, la cat谩strofe provocada en gran medida por las
emisiones hist贸ricas de las antiguas potencias industriales abre
nuevas rutas para el comercio y la extracci贸n. Trump observa esta
geograf铆a transformada y ve una oportunidad de adquisici贸n.
La poblaci贸n de
Groenlandia desaparece en gran medida de este c谩lculo. Su larga
lucha contra el dominio colonial dan茅s y su derecho a decidir su
futuro quedan subordinados al apetito estrat茅gico de Washington.
Aqu铆, el imperialismo de Trump revela su esencia colonial: la tierra
es valiosa por lo que yace bajo ella y por su ubicaci贸n, mientras
que las personas que viven en ella se convierten en un estorbo. Sus
amenazas contra Dinamarca tambi茅n demuestran que la jerarqu铆a del
imperio incluye a los aliados. La pertenencia a la OTAN no garantiza
la igualdad; formaliza grados de subordinaci贸n. Cuando un aliado se
interpone entre Estados Unidos y un activo que este desea, los
aranceles y la presi贸n militar pueden volverse contra el propio
aliado.
El Canal de Panam谩
representa una l贸gica similar. El canal no es meramente un s铆mbolo
del poder estadounidense del pasado. Es una arteria clave del
comercio mundial y un enlace estrat茅gico entre los oc茅anos
Atl谩ntico y Pac铆fico. La ret贸rica de Trump sobre recuperarlo
refleja la inquietud de que las relaciones comerciales chinas en
Am茅rica Latina puedan reducir el control de Washington sobre la
infraestructura log铆stica del hemisferio. Los puertos, los canales,
los cables submarinos, las v铆as f茅rreas y los centros de datos
ocupan ahora el lugar que antes correspond铆a principalmente a las
fortalezas y las estaciones de carb贸n. El control sobre la
circulaci贸n es tan importante como el control sobre la producci贸n.
La renovada visi贸n
territorial se extiende por todas las Am茅ricas. La Doctrina Monroe
siempre ha afirmado que el hemisferio constituye una zona especial de
prerrogativas estadounidenses. Bajo el mandato de Trump, esta
doctrina se ampl铆a para abarcar el petr贸leo, el litio, los puertos,
las rutas migratorias, la infraestructura digital y la exclusi贸n de
China. Cuba sigue sometida a un bloqueo econ贸mico destinado a
castigar su negativa a renunciar a la soberan铆a conquistada por su
revoluci贸n. Las reservas de petr贸leo de Venezuela y su proyecto
pol铆tico independiente la convierten en blanco de sanciones,
confiscaci贸n de activos, desestabilizaci贸n y amenazas militares. Se
presiona a los gobiernos de toda Am茅rica Latina para que restrinjan
la inversi贸n china, acepten las exigencias migratorias de EEUU y
alineen sus pol铆ticas exteriores con las de Washington.
La migraci贸n es un
elemento central de esta geograf铆a imperial. Las pol铆ticas de EEUU
han contribuido a destruir econom铆as, a prolongar guerras y a
agravar la vulnerabilidad clim谩tica, creando las condiciones que
obligan a huir a millones de personas. Trump, por su parte,
militariza la frontera contra quienes se ven desplazados por el
sistema que Estados Unidos ha dominado. Se presenta a los migrantes
como invasores, mientras que el capital, las fuerzas militares y la
injerencia pol铆tica de EEUU cruzan las fronteras con impunidad. La
frontera no supone un alejamiento del mundo. Distingue entre la
movilidad concedida al capital y a la violencia, y la inmovilidad
impuesta a la mano de obra.
Canad谩 entra en la
ret贸rica de Trump desde una posici贸n diferente, pero el principio
subyacente es reconocible. 脡l concibe las fronteras nacionales como
provisionales en lo que respecta a la seguridad, los recursos y la
ventaja comercial de Estados Unidos. Sus bromas y amenazas
constituyen una pedagog铆a pol铆tica: ense帽an al p煤blico
estadounidense a considerar la soberan铆a de los pa铆ses vecinos como
algo contingente y a ver la expansi贸n del poder estadounidense como
un derecho natural. El mapa imperial se presenta como inacabado.
Palestina, Ir谩n y la
impunidad imperialista
En ning煤n lugar resulta
m谩s evidente la violencia del imperialismo de Trump que en Asia
Occidental. Palestina e Ir谩n revelan la unidad del poder militar,
financiero, territorial e ideol贸gico. Tambi茅n ponen al descubierto
el enga帽o de la afirmaci贸n de que Estados Unidos defiende un orden
basado en normas. Las normas se invocan contra los adversarios y se
descartan para los aliados; la soberan铆a es absoluta cuando la
reivindica Washington y condicional cuando la reivindican quienes se
le oponen.
El apoyo de Estados
Unidos a Israel no es simplemente una alianza entre dos Estados.
Israel funciona como una posici贸n militar y de inteligencia avanzada
dentro de la arquitectura imperial de Asia Occidental, una regi贸n
cuyos recursos energ茅ticos, rutas comerciales y ubicaci贸n
estrat茅gica la han convertido en una preocupaci贸n central del poder
estadounidense. Washington suministra armas, dinero, protecci贸n
diplom谩tica e inteligencia, mientras que Israel pone de manifiesto
las formas de vigilancia, castigo colectivo, control de la poblaci贸n
y tecnolog铆a militar que circulan por el sistema imperial en su
conjunto.
El trato que Trump
dispensa a Palestina traslada su visi贸n de promotor inmobiliario al
谩mbito de la guerra colonial. Gaza no se considera una patria
habitada por un pueblo con derechos, historia y reivindicaciones
pol铆ticas, sino un territorio cuya poblaci贸n puede ser desplazada y
cuya costa puede ser reurbanizada. Se trata de la vieja fantas铆a
colonial expresada en el lenguaje inmobiliario: desalojar a la
poblaci贸n, despejar el terreno y convertir la devastaci贸n en una
oportunidad de inversi贸n. La obscenidad no reside solo en la
propuesta, sino en el hecho de que da forma expl铆cita a una l贸gica
ya presente en la destrucci贸n de viviendas, hospitales,
universidades, archivos, tierras agr铆colas y vida c铆vica.
El ataque contra
Palestina tambi茅n requiere un ataque contra el derecho
internacional. Cuando las instituciones internacionales investigan la
conducta de Israel o de Estados Unidos, Washington sanciona a los
funcionarios, amenaza a los tribunales, veta resoluciones y retira su
cooperaci贸n. La soberan铆a imperial significa el derecho a juzgar a
los dem谩s sin ser juzgado. Estados Unidos insiste en la jurisdicci贸n
universal para sus sanciones y operaciones militares, al tiempo que
niega dicha jurisdicci贸n a los organismos que podr铆an exigir
responsabilidades a sus l铆deres o aliados. Trump no crea este doble
rasero, pero lo convierte en un motivo de orgullo.
Ir谩n presenta la misma
estructura a una escala regional m谩s amplia. Durante d茅cadas, las
sanciones han intentado impedir que Ir谩n ejerza su soberan铆a
econ贸mica y estrat茅gica. Las restricciones a las exportaciones de
petr贸leo, la banca, el transporte mar铆timo, la tecnolog铆a y la
inversi贸n se han dise帽ado para agotar al pa铆s y aislarlo de la
econom铆a mundial. La pol铆tica de «m谩xima presi贸n» de Trump
utiliza el sufrimiento de los iran铆es de a pie como moneda de
cambio. Parte de la base de que el sufrimiento econ贸mico puede
dosificarse hasta que un Estado renuncie a su papel regional
independiente y acepte las condiciones establecidas por Washington y
Tel Aviv.
Pero la coacci贸n
financiera se convierte f谩cilmente en coacci贸n militar. Los
ataques, los asesinatos, los bloqueos, las amenazas contra las
instalaciones nucleares y los intentos de controlar la navegaci贸n
por el estrecho de Ormuz forman parte de un mismo continuo. El
estrecho es uno de los pasos energ茅ticos m谩s importantes del mundo,
y su control tiene consecuencias que van mucho m谩s all谩 de Ir谩n.
Reivindicar el derecho a vigilarlo de forma unilateral equivale a
reivindicar la autoridad sobre una arteria central de la econom铆a
mundial. Una vez m谩s, Estados Unidos presenta su propio control como
libertad de navegaci贸n y la resistencia de un Estado regional como
una amenaza para el orden internacional.
Las pol铆ticas de Trump
en Asia Occidental suelen describirse como err谩ticas, ya que las
amenazas, las negociaciones, los ataques y las propuestas de acuerdos
se suceden r谩pidamente. Sin embargo, esa aparente volatilidad tiene
un prop贸sito. La imprevisibilidad se convierte en un instrumento de
negociaci贸n. El adversario debe creer que el presidente puede
sobrepasar los l铆mites establecidos, mientras que los aliados deben
buscar continuamente garant铆as. El peligro es inmenso, ya que una
estrategia que se basa en una irracionalidad simulada puede generar
consecuencias que ninguna actuaci贸n puede contener.
Se trata del
hiperimperialismo en su forma m谩s concentrada: el intento de un
bloque militar, pol铆tico y econ贸mico liderado por Estados Unidos de
compensar su autoridad mermada mediante una coacci贸n intensificada.
Estados Unidos y sus aliados poseen una parte abrumadora del gasto
militar mundial, una inmensa red de bases en el extranjero, el
control sobre tecnolog铆as estrat茅gicas y la capacidad de librar una
guerra econ贸mica m谩s all谩 de las jurisdicciones. Sin embargo, no
logran obtener resultados pol铆ticos estables. Irak, Afganist谩n,
Libia, Palestina y la prolongada campa帽a contra Ir谩n demuestran el
poder destructivo del bloque y los l铆mites de su capacidad para
generar legitimidad. Es capaz de devastar sociedades con mayor
facilidad de la que tiene para gestionar las consecuencias.
Asia y la
militarizaci贸n de la competencia productiva
La principal preocupaci贸n
a largo plazo de la estrategia estadounidense sigue siendo Asia, ya
que Asia es la regi贸n m谩s din谩mica de la econom铆a mundial y China
es la potencia que ha roto de forma m谩s decisiva la antigua
jerarqu铆a productiva. Estados Unidos se enfrenta a un dilema: no
puede desvincularse econ贸micamente de una regi贸n de la que dependen
sus empresas y consumidores, pero tampoco puede aceptar un orden
econ贸mico asi谩tico en el que Washington no posea la autoridad
definitiva. Su respuesta consiste en militarizar la competencia
econ贸mica.
Las bases estadounidenses
en Jap贸n, Corea del Sur, Guam, Filipinas y Australia forman un arco
alrededor de China. AUKUS, el Quad, las patrullas navales, los
ejercicios militares, los nuevos acuerdos de bases y la
instrumentalizaci贸n de la cuesti贸n de Taiw谩n ampl铆an la
infraestructura de confrontaci贸n. Los controles sobre los
semiconductores y las restricciones a la inversi贸n funcionan en
t谩ndem con esta arquitectura militar. La f谩brica, el laboratorio,
la ruta mar铆tima, el sat茅lite, la plataforma de pago y la base
naval pasan a formar parte de una 煤nica estrategia.
Trump a帽ade presi贸n
transaccional a esta estructura. Se exige a Jap贸n y Corea del Sur
que paguen m谩s por las fuerzas estadounidenses, a pesar de que
dichas fuerzas sirven al dise帽o estrat茅gico de Washington. Taiw谩n
es tratado simult谩neamente como una posici贸n estrat茅gica, un
cliente de armas estadounidenses y un activo en materia de
semiconductores cuya capacidad productiva Estados Unidos desea que se
traslade. Se espera de los aliados no solo que se alineen
diplom谩ticamente, sino que reorganicen sus econom铆as, sus
relaciones tecnol贸gicas y sus cadenas de suministro en torno a la
contenci贸n de China.
El peligro radica en que
Estados Unidos intente compensar militarmente lo que no puede lograr
comercialmente. El auge de China no puede revertirse mediante
portaaviones. Sus ecosistemas industriales no pueden ser destruidos
con bombardeos sin provocar una cat谩strofe en toda la econom铆a
mundial. Sin embargo, la opci贸n militar sigue estando arraigada en
la planificaci贸n estadounidense porque la p茅rdida de primac铆a se
considera una amenaza para la seguridad, en lugar de una invitaci贸n
a la cooperaci贸n entre Estados soberanos.
A los pueblos de Asia se
les pide que vivan en medio de esta contradicci贸n. Sus econom铆as
est谩n cada vez m谩s integradas con China, mientras que sus
instituciones de seguridad se ven presionadas para alinearse con
Estados Unidos. El gasto militar desv铆a recursos del desarrollo
social, y las bases transforman ciudades, islas y costas en objetivos
potenciales. Washington habla de una regi贸n libre y abierta, pero la
libertad se define como la libertad continuada de las fuerzas
estadounidenses para operar a miles de kil贸metros de su propio
territorio.
El nacionalismo racial de
Trump intensifica el peligro. La competencia econ贸mica se presenta
como un robo civilizacional, y China se convierte en la explicaci贸n
externa del declive interno de EEUU. Este discurso prepara a la
poblaci贸n para el sacrificio al convertir una compleja
transformaci贸n de la econom铆a mundial en una historia de victimismo
nacional. Oculta el papel de las empresas estadounidenses en la
deslocalizaci贸n de la producci贸n y hace que la hostilidad hacia
China parezca una pol铆tica de la clase trabajadora, a pesar de que
la confrontaci贸n amenaza a los trabajadores de todo el mundo.
El proyecto de clase
detr谩s del trumpismo
La fuerza pol铆tica de
Trump proviene de su capacidad para abordar la devastaci贸n social
real al tiempo que protege las relaciones de propiedad que la han
generado. La desindustrializaci贸n, el endeudamiento, la precariedad
laboral, la desigualdad racializada y el colapso de las instituciones
p煤blicas han generado una enorme reserva de ira. La clase dirigente
dem贸crata defendi贸 la globalizaci贸n que enriqueci贸 a las empresas
financieras y tecnol贸gicas, al tiempo que ofrec铆a a las comunidades
afectadas reciclaje profesional, cr茅dito al consumo y sermones
morales. Trump entr贸 en este panorama y prometi贸 una restauraci贸n.
Pero esa restauraci贸n es
fraudulenta. Trump no pretende transferir el poder a los trabajadores
ni reconstruir la sociedad en torno a la prestaci贸n de servicios
p煤blicos. Su proyecto a煤na a sectores del capital de los
combustibles f贸siles, las finanzas, los fabricantes de armas, los
intereses inmobiliarios, el capital riesgo, la log铆stica y los
multimillonarios tecnol贸gicos con una base de masas procedente, en
parte, de las v铆ctimas del neoliberalismo. La contradicci贸n se
gestiona a trav茅s del nacionalismo. Se exime al capital de toda
responsabilidad, mientras que se se帽ala como enemigos a los
migrantes, a China, a los empleados p煤blicos, a las universidades, a
las minor铆as y a los gobiernos extranjeros.
Esta coalici贸n de clases
explica la peculiar configuraci贸n de la pol铆tica industrial de
Trump. Una aut茅ntica reconstrucci贸n de la capacidad productiva
requerir铆a una planificaci贸n a largo plazo, bancos p煤blicos,
infraestructuras modernas, escuelas y universidades s贸lidas,
salarios sociales ampliados, poder de los trabajadores y alguna forma
de autoridad p煤blica sobre la inversi贸n. La coalici贸n de Trump no
tolerar谩 un programa de este tipo. Por lo tanto, se basa en
desgravaciones fiscales, desregulaci贸n, contratos de defensa,
aranceles, energ铆a barata y subvenciones al capital privado. El
dinero p煤blico absorbe el riesgo, mientras que los propietarios
privados conservan el control.
La oligarqu铆a
tecnol贸gica ocupa un lugar especial dentro de este entramado. Las
plataformas digitales, los sistemas en la nube, los modelos de
inteligencia artificial, los sat茅lites, los centros de datos y los
cables submarinos se han convertido en infraestructuras esenciales
para la vida econ贸mica y pol铆tica. Las empresas que las controlan
ejercen un poder cuasi soberano. Pueden determinar el acceso a la
informaci贸n, las comunicaciones, los canales de pago y la capacidad
computacional. Su relaci贸n con el Estado no es ni simplemente
antag贸nica ni subordinada. Requieren investigaci贸n p煤blica,
energ铆a, contratos, protecci贸n militar y una regulaci贸n favorable,
mientras que el Estado depende cada vez m谩s de sus tecnolog铆as para
la vigilancia, la guerra y la administraci贸n.
Para el Sur Global, esta
concentraci贸n crea una nueva frontera de dependencia. Un pa铆s puede
gozar de independencia formal, mientras que sus datos p煤blicos, sus
comunicaciones, su infraestructura en la nube y sus pagos digitales
siguen estando controlados desde el extranjero. La digitalizaci贸n
puede mejorar la planificaci贸n, la sanidad, la educaci贸n y la
producci贸n, pero solo si se abordan las cuestiones de propiedad y
soberan铆a. ¿Qui茅n es el propietario de los datos? ¿Qui茅n
construye los sistemas? ¿Qui茅n establece las normas? ¿Qui茅n se
queda con el valor? La alianza de Trump con el capital tecnol贸gico
confiere a estas cuestiones un car谩cter abiertamente geopol铆tico,
ya que el acceso a los chips, las plataformas y la inteligencia
artificial pasa a estar condicionado a una alineaci贸n estrat茅gica.
A nivel nacional, esas
mismas tecnolog铆as se unen a un Estado coercitivo reforzado. La
militarizaci贸n de las fronteras, la deportaci贸n, la vigilancia, los
ataques contra la disidencia y la criminalizaci贸n de la solidaridad
no son aspectos separados de la pol铆tica exterior. El imperio
regresa a casa a trav茅s de las instituciones y los h谩bitos que ha
desarrollado en el extranjero. Un Estado acostumbrado a tratar a
poblaciones enteras como amenazas para la seguridad acabar谩
aplicando los mismos m茅todos a los trabajadores, los migrantes, los
estudiantes y los opositores pol铆ticos dentro de sus fronteras.
Por lo tanto, el
trumpismo no puede derrotarse restaurando el orden neoliberal que lo
gener贸. Una defensa del antiguo discurso de alianzas y normas, sin
una transformaci贸n del poder de clase, no hace m谩s que allanar el
terreno para otro Trump. La respuesta debe partir de las heridas
sociales que su movimiento explota, al tiempo que rechaza el racismo,
el militarismo y el chovinismo a trav茅s de los cuales redirige a
ellos.
Los l铆mites de la
restauraci贸n imperial
El imperialismo de Trump
es peligroso precisamente porque combina un poder extraordinario con
ambiciones imposibles. Estados Unidos puede infligir un sufrimiento
inmenso, interrumpir el comercio, embargar activos, excluir a
empresas del acceso a la tecnolog铆a y obligar a los Estados m谩s
d茅biles a hacer concesiones. Pero la coacci贸n no puede revertir
indefinidamente la redistribuci贸n de la capacidad productiva.
Tampoco puede resolver las contradicciones internas del capitalismo
estadounidense.
El d贸lar sigue siendo
dominante, pero el uso cada vez m谩s extendido de las sanciones anima
a los Estados a buscar formas alternativas de pago. La tecnolog铆a
estadounidense sigue siendo poderosa, pero los controles a la
exportaci贸n aceleran la inversi贸n en capacidades independientes.
Las alianzas militares pueden rodear a China, pero no pueden borrar
las relaciones econ贸micas que unen a Asia. Los aranceles pueden
modificar los precios y las rutas, pero no pueden crear de la nada
ecosistemas industriales. Cada uso del poder coercitivo demuestra la
fortaleza de Estados Unidos, al tiempo que genera incentivos para
escapar de ella. No existe un paso autom谩tico del declive
estadounidense a un mundo justo. Los nuevos centros de producci贸n
pueden reproducir relaciones extractivas. Los gobiernos del Sur
Global pueden buscar margen de maniobra sin transformar las vidas de
los trabajadores y los campesinos. Las instituciones regionales
pueden seguir siendo cautelosas, desiguales o dominadas por los
intereses nacionales. La redistribuci贸n del poder entre los Estados
no es sin贸nimo de emancipaci贸n social.
No obstante, han surgido
nuevas posibilidades. El comercio Sur-Sur, la cooperaci贸n en materia
de infraestructuras, los bancos de desarrollo, los acuerdos en moneda
local, la tecnolog铆a p煤blica y las redes regionales de producci贸n
pueden reducir la dependencia de las instituciones controladas por el
antiguo bloque imperial. Su importancia no radica en sustituir a una
potencia hegem贸nica por otra, sino en ampliar el espacio en el que
los pueblos puedan perseguir un desarrollo soberano. Esta posibilidad
seguir谩 siendo limitada a menos que est茅 impulsada por la lucha
popular. La soberan铆a no puede significar 煤nicamente el derecho de
una 茅lite nacional a negociar una mejor posici贸n dentro del
capitalismo mundial. Debe significar la capacidad de la poblaci贸n
para controlar los recursos, planificar la producci贸n, construir
instituciones p煤blicas, garantizar la alimentaci贸n y la salud,
compartir tecnolog铆a y determinar los fines para los que se utiliza
el excedente social. De lo contrario, la resistencia a la dominaci贸n
estadounidense puede coexistir con la explotaci贸n interna.
La crisis clim谩tica hace
que esta transformaci贸n sea urgente. El Sur Global soporta una parte
desproporcionada de los da帽os clim谩ticos, mientras que los pagos de
la deuda agotan los recursos necesarios para la adaptaci贸n. Una
transici贸n verde gobernada por el imperialismo de Trump se
convertir谩 en otra apropiaci贸n de recursos: se confiscar谩n
minerales cr铆ticos, se monopolizar谩n tecnolog铆as y se transferir谩n
los costes ecol贸gicos a los trabajadores y los campesinos. La
justicia clim谩tica requiere, por tanto, la condonaci贸n de la deuda,
la financiaci贸n p煤blica, el intercambio de tecnolog铆a y la
soberan铆a sobre los recursos naturales. No puede construirse
mediante la adquisici贸n de Groenlandia ni la militarizaci贸n de las
cadenas de suministro de minerales.
Conclusi贸n: El
Imperio no puede repararse
Donald Trump no es una aberraci贸n que flote por encima de la historia del poder estadounidense. Es la expresi贸n pol铆tica de un sistema imperial que conserva enormes capacidades coercitivas, al tiempo que pierde la supremac铆a productiva y la confianza ideol贸gica que en su d铆a sustentaron su liderazgo. Su vulgaridad resulta reveladora. Mira las alianzas y ve facturas de protecci贸n impagadas; mira Groenlandia y ve minerales y una posici贸n militar; mira Panam谩 y ve una autopista de peaje que deber铆a pertenecer a Estados Unidos; mira Gaza y ve terrenos frente al mar despejados; mira a los migrantes y ve invasores en lugar de personas desplazadas de un mundo desigual; y mira los aranceles y ve armas con las que exigir obediencia.
El rasgo distintivo del
imperialismo de Trump no es que abandone al mundo, sino que le exige
tributo. Busca pago a cambio de protecci贸n, deferencia a cambio de
acceso al mercado, recursos a cambio de favores pol铆ticos e
impunidad para la violencia de Estados Unidos y sus aliados.
Convierte las ventajas estructurales que a煤n le quedan a Estados
Unidos en instrumentos para retrasar una transici贸n hist贸rica que
no puede impedir.
Sin embargo, los m茅todos
de retraso agravan la crisis. Las sanciones fomentan alternativas al
sistema del d贸lar. Los controles tecnol贸gicos estimulan la
investigaci贸n independiente. Las amenazas territoriales ponen al
descubierto la subordinaci贸n oculta en las alianzas. El cerco
militar hace que Asia sea m谩s peligrosa sin que ello restablezca la
primac铆a industrial de EEUU El ataque al derecho internacional
destruye la legitimidad de las instituciones que en su d铆a ayudaron
a organizar el consenso en torno al liderazgo estadounidense. Trump
puede coaccionar, castigar y destruir, pero no puede restablecer el
mundo que hac铆a que la supremac铆a estadounidense pareciera natural.
La elecci贸n a la que se
enfrenta la humanidad no es entre el imperio descarado de Trump y un
retorno al imperio cort茅s que lo precedi贸. El internacionalismo
liberal cre贸 las guerras, las desigualdades, los reg铆menes de
sanciones y la devastaci贸n social de los que surgi贸 Trump. La
alternativa tampoco es simplemente una distribuci贸n diferente del
poder estatal. La tarea consiste en construir un orden internacional
arraigado en la soberan铆a, la cooperaci贸n, la redistribuci贸n, la
recuperaci贸n ecol贸gica y la paz.
Dicho orden no lo
instaurar谩n los Estados que act煤an por encima de la sociedad.
Tendr谩 que crearse a trav茅s de las luchas de los trabajadores, los
campesinos, las mujeres, los j贸venes, los pueblos ind铆genas, los
movimientos antiimperialistas y los gobiernos impulsados por
poblaciones organizadas. La transformaci贸n productiva de la econom铆a
mundial ha abierto una brecha en la antigua estructura imperial, pero
solo la lucha pol铆tica puede ampliar esa brecha hasta convertirla en
emancipaci贸n.
Trump cree que la
historia puede revertirse levantando un muro arancelario,
apoder谩ndose de un canal, comprando una isla, amenazando a un
tribunal o enviando otro grupo de portaaviones hacia una costa
lejana. Pero la crisis del imperio no es un error de negociaci贸n. Es
el resultado de cambios en la producci贸n, la pol铆tica y las
aspiraciones populares que ning煤n presidente por s铆 solo puede
someter a su voluntad. El peligro es que un imperio incapaz de
repararse a s铆 mismo intente destruir el mundo. La tarea urgente
consiste en impedir esa destrucci贸n y construir, a partir de las
luchas ya en marcha, un mundo que ning煤n imperio pueda poseer.
Bibliograf铆a
Tricontinental: Instituto
de Investigaci贸n Social, Hiperimperialismo: una nueva etapa
peligrosa y decadente, 23 de enero de 2024.
Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Informe sobre el
Comercio y el Desarrollo 2025: Al borde del abismo, Naciones
Unidas, 2025.
Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Informe sobre la
Inversi贸n Mundial 2025: La inversi贸n internacional en la econom铆a
digital, Naciones Unidas, 2025.
Estados Unidos, Oficina
Ejecutiva del Presidente, Estrategia de Seguridad Nacional de los
Estados Unidos de Am茅rica, La Casa Blanca, 2025.
Fuente: Marxist,
XLII, 2, April–June 2026, versi贸n electr贸nica: 4 de septiembre de
2026
(https://cpim.org/the-empire-demands-tribute-donald-trump-and-the-imperialism-of-decline/)
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