10 septiembre, 2026

The Yemeni Armed Forces (AnsarAllah) seized a bunch of Saudi weaponry & armoured military vehicles in the port of al-Mokha

 

Las alas de 脥caro comenzaron a desprenderse

 



"Zelensky se dirigi贸 al Congreso de los Estados Unidos, cuyos miembros puestos en pie le brindaron un atronador aplauso que dur贸 m谩s de dos minutos, incluso antes de que comenzara a hablar. Los l铆deres europeos se postraron ante 茅l, pregunt谩ndole qu茅 pod铆an hacer para ayudarlo a combatir al malvado enemigo. Dict贸 sus demandas nacionales, seg煤n su propio criterio, a la Asamblea de las Naciones Unidas. La OTAN no se cansaba de complacerlo; lo invitaban a pr谩cticamente todos los eventos importantes, incluso a bautizos. La sempiterna Nancy Pelosi declar贸 que la lucha por Ucrania era la lucha por la democracia misma".




"No es que Zelensky ya no viaje, de hecho, puede que viaje incluso con m谩s frecuencia que antes, cualquier cosa con tal de salir de Ucrania. Pero, cuando llega, suele ser marginado o recibido por funcionarios de bajo rango, y los invitados lo miran como si tuviera un chancro en la frente o hubiera sido arrastrado por un perro enorme. Porque todos saben que el tema de conversaci贸n girar谩 de inmediato en torno al dinero y cu谩nto necesita Zelensky esta vez, y si ser谩 suficiente. No s贸lo eso, el hedor del fracaso lo persigue como la mugrienta nube de polvo y detritos que acompa帽a a Pigpen en la tira c贸mica de Charlie Brown. Zelensky, que es actor, y un actor bastante consumado, sabe que nunca, jam谩s, puede escapar del personaje una vez asumido su papel. Sin embargo, en ocasiones, se vislumbra en 茅l una reveladora expresi贸n comparable a lo que debi贸 tener 脥caro cuando sinti贸 correr las primeras gotas de cera caliente por sus costillas y sus alas comenzaron a desprenderse".


The New Kremlin Stooge – 09/09/2026

   Fragmentos traducidos: Arrezafe





9 septiembre 2026



El proyecto de clase detr谩s del trumpismo (MAGA) — Vijay Prashad

 


espaiMARX – 08/09/2026


Donald Trump y el imperialismo en declive


Introducci贸n: Imperialismo sin remordimientos


Donald Trump no cre贸 la crisis del imperialismo estadounidense. Surgi贸 de ella, comprendi贸 algunos de sus s铆ntomas con la intuici贸n burda de un agente inmobiliario y ofreci贸 a la clase dominante estadounidense un m茅todo para gestionar su declive relativo. Su lenguaje es soez porque la realidad que describe es soez. Los pa铆ses son activos o pasivos; los aliados son clientes que no han pagado sus facturas; las v铆as navegables son peajes; los minerales son tesoros que yacen bajo el suelo de otros pueblos; los aranceles son instrumentos de castigo; y la protecci贸n militar es un servicio por el que se debe pagar. Trump despoja al imperialismo de su disfraz diplom谩tico. Mientras que el internacionalismo liberal hablaba de valores comunes y de un orden basado en normas, Trump pregunta qui茅n es el propietario del puerto, qui茅n controla el mineral, qui茅n paga por la base y qu茅 tributo puede obtenerse a cambio del acceso al mercado estadounidense.


El mundo contempor谩neo est谩 atravesando una profunda transici贸n. Las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial permanecen en gran medida intactas, pero los cimientos materiales que las sustentan han cambiado. Estados Unidos sigue dominando las finanzas mundiales, el poder militar, los est谩ndares tecnol贸gicos, los sistemas de comunicaciones y las instituciones internacionales; sin embargo, ya no posee la supremac铆a productiva indiscutible que en su d铆a dotaba de solidez a su liderazgo. El centro de gravedad productivo se ha desplazado hacia Asia. China se ha convertido en la mayor potencia manufacturera del mundo, mientras que los pa铆ses del Sur Global representan una cuota cada vez mayor del comercio, la producci贸n, la inversi贸n y la capacidad tecnol贸gica. La producci贸n se ha dispersado geogr谩ficamente, pero el poder financiero, monetario, militar e informativo sigue concentrado en el antiguo bloque del Atl谩ntico Norte.


Esta contradicci贸n define la coyuntura actual. Estados Unidos conserva un extraordinario poder coercitivo, mientras que su capacidad para liderar la econom铆a mundial a trav茅s de la superioridad productiva ha disminuido. Sigue siendo el emisor de la moneda de reserva dominante (el d贸lar), el centro de los mercados de capitales mundiales, la sede de poderosas empresas tecnol贸gicas y el centro de mando de un sistema militar que se extiende por todo el planeta. Pero no puede simplemente superar en producci贸n a China, ofrecer al Sur Global una v铆a de desarrollo cre铆ble ni restablecer el monopolio industrial del que disfrut贸 tras 1945. Lo que parece una serie de crisis inconexas —guerras arancelarias, sanciones, controles a la exportaci贸n, sobreendeudamiento, cerco militar, amenazas territoriales y guerras regionales— se entiende mejor como un 煤nico proceso hist贸rico: el esfuerzo por preservar una jerarqu铆a imperialista cuyos cimientos econ贸micos se encuentran bajo presi贸n.


El imperialismo de Trump es el intento de convertir las ventajas que a煤n conservan los Estados Unidos —su alcance militar, el poder del d贸lar, su mercado de consumo, los monopolios tecnol贸gicos y el control sobre las infraestructuras estrat茅gicas— en instrumentos de tributo y mando. No representa una retirada del imperio. «America First», el lema de Trump, significa que Estados Unidos seguir谩 reclamando privilegios globales al tiempo que renuncia incluso a la apariencia de obligaciones universales. Dominar谩 sin asumir la responsabilidad de la gesti贸n, mandar谩 sin consentimiento y exigir谩 el pago por el orden que 茅l mismo ha vuelto cada vez m谩s peligroso. El trumpismo no es la retirada del imperialismo estadounidense del mundo; es la retirada del imperialismo del lenguaje de la responsabilidad internacional.


De la supremac铆a productiva al poder coercitivo


El orden internacional que surgi贸 tras 1945 se asentaba sobre tres pilares interconectados: la superioridad productiva de EEUU, la centralidad del d贸lar y la supremac铆a militar. Estados Unidos sali贸 de la Segunda Guerra Mundial con su aparato industrial intacto y enormemente ampliado, mientras que Europa y gran parte de Asia quedaban devastadas. Las f谩bricas, las instituciones cient铆ficas, las infraestructuras y las empresas estadounidenses constitu铆an el n煤cleo productivo del mundo capitalista. A trav茅s de las instituciones de Bretton Woods, el Plan Marshall, la OTAN y una red cada vez m谩s amplia de alianzas militares, Washington tradujo esta ventaja econ贸mica en un orden institucional. El d贸lar se convirti贸 en la principal moneda de reserva y de intercambio, mientras que el poder铆o militar estadounidense garantizaba las rutas comerciales, los recursos, los gobiernos d贸ciles y las condiciones pol铆ticas necesarias para la acumulaci贸n de capital. Este orden se modific贸 tras las crisis de la d茅cada de 1970. El capital estadounidense traslad贸 cada vez m谩s la producci贸n al extranjero, primero a lugares con salarios m谩s bajos y luego a complejas cadenas de suministro globales, especialmente en Asia Oriental. El sector financiero gan贸 poder en relaci贸n con el manufacturero. Wall Street, el d贸lar y la arquitectura jur铆dica de los mercados de capitales estadounidenses permitieron a Estados Unidos mantener su autoridad global incluso cuando la capacidad industrial se traslad贸 a otros lugares. Las f谩bricas se marcharon, pero las facturas, las l铆neas de cr茅dito, los contratos de seguros, las reclamaciones de propiedad intelectual y los sistemas de pago permanecieron bajo la autoridad de instituciones con sede en Nueva York, Londres y Washington.


Durante un tiempo, esto pareci贸 ser una soluci贸n brillante al problema de la rentabilidad. Las empresas estadounidenses pod铆an beneficiarse de una producci贸n de bajo coste en el extranjero, los consumidores estadounidenses pod铆an adquirir bienes m谩s baratos y el Tesoro de EEUU pod铆a financiar enormes d茅ficits, ya que el ahorro mundial segu铆a fluyendo hacia activos en d贸lares. Sin embargo, ese mismo proceso fortaleci贸 nuevos centros productivos. China no se limit贸 al montaje de bajo valor a帽adido. Mediante la planificaci贸n, la inversi贸n p煤blica, la transferencia de tecnolog铆a, la construcci贸n de infraestructuras y el control de los sectores clave de las finanzas, se introdujo en los 谩mbitos de las telecomunicaciones, el tren de alta velocidad, la construcci贸n naval, las energ铆as renovables, los veh铆culos el茅ctricos, las bater铆as, la maquinaria avanzada y la inteligencia artificial, y construy贸 as铆 ecosistemas industriales que los aranceles por s铆 solos no pueden reproducir.


Esta es la iron铆a hist贸rica de la globalizaci贸n neoliberal: la internacionalizaci贸n de la producci贸n reforz贸 inicialmente el poder empresarial y financiero de EEUU, pero tambi茅n cre贸 la base material para la erosi贸n del monopolio del Atl谩ntico Norte sobre la producci贸n avanzada. Estados Unidos pudo seguir obteniendo rentas a trav茅s de las finanzas, la tecnolog铆a, las marcas y la propiedad intelectual, pero ya no pudo dar por sentado que las fuerzas productivas m谩s sofisticadas permanecer铆an bajo su control. El desaf铆o chino no radica, por tanto, meramente en que China cuente con un elevado producto interior bruto. Radica en que China ha desarrollado la capacidad de producir a gran escala, de innovar en todos los sectores industriales y de ofrecer infraestructuras y relaciones comerciales que no pasan 铆ntegramente por los antiguos centros imperiales.


Ning煤n an谩lisis serio deber铆a confundir el declive relativo con la debilidad. Estados Unidos sigue siendo m谩s poderoso que cualquier imperio anterior en cuanto a alcance militar y coacci贸n financiera. El declive describe una relaci贸n, no un colapso. Significa que la distancia entre el poder de EEUU y las capacidades de otros Estados se ha reducido, y que Washington ya no puede reproducir su liderazgo mediante la misma combinaci贸n de consentimiento, superioridad productiva y legitimidad institucional. Es precisamente la brecha entre el poder coercitivo que persiste y la supremac铆a productiva en declive lo que genera la agresividad del presente.


Trump percibe esta brecha a su manera. Intuye acertadamente que las antiguas promesas de la globalizaci贸n ya no gozan de legitimidad entre millones de personas en Estados Unidos. Regiones enteras han sufrido cierres de f谩bricas, el declive del poder sindical, el estancamiento salarial, la adicci贸n a los opi谩ceos, el colapso de los servicios p煤blicos y la humillaci贸n del abandono social. Pero Trump no acusa a las empresas que trasladaron la producci贸n ni a los financieros que se beneficiaron de la destrucci贸n. Desv铆a la culpa hacia China, los migrantes, los gobiernos extranjeros y los aliados que, seg煤n 茅l, enga帽an a Estados Unidos. Toma una crisis provocada por el capital y la traduce en resentimiento nacional. Las heridas sociales del neoliberalismo se convierten en el combustible emocional de un imperialismo m谩s agresivo.


«America First» no es aislacionismo


A menudo se describe a Trump como un aislacionista porque se muestra hostil hacia las instituciones multilaterales, desde帽a las alianzas y desconf铆a de las guerras cuyos beneficios no puede expresar en t茅rminos comerciales. Esta descripci贸n es enga帽osa. El aislacionismo significar铆a una contracci贸n de las ambiciones militares y pol铆ticas de Estados Unidos. Trump, en cambio, busca revisar las condiciones en las que se ejercen dichas ambiciones. No desea menos privilegios para Estados Unidos, desea menos restricciones y menores costes. No se opone a las alianzas como instrumentos de poder; se opone a las alianzas en las que los Estados subordinados parecen poseer derechos independientes de lo que aportan a Washington. El internacionalismo liberal presentaba los intereses nacionales de EEUU como intereses universales. Hablaba en nombre de la democracia, los derechos humanos, los mercados abiertos y el derecho internacional, aun cuando apoyaba golpes de Estado, ocupaciones, sanciones y dictaduras. Se afirmaba que el liderazgo estadounidense proporcionaba bienes p煤blicos globales: seguridad, moneda estable, mares navegables e instituciones predecibles. Este discurso siempre fue ideol贸gico, pero permit铆a a las clases dirigentes aliadas presentar su subordinaci贸n como una participaci贸n voluntaria en una comunidad internacional.


Trump descarta gran parte de esta mediaci贸n. Interpreta la OTAN como un contrato de protecci贸n y a sus miembros como clientes morosos. Trata las bases militares no como la infraestructura de una defensa com煤n, sino como servicios por los que los pa铆ses anfitriones deben pagar. Considera que la ayuda al desarrollo es un despilfarro a menos que compre obediencia inmediata. Ve a las Naciones Unidas como 煤tiles 煤nicamente cuando ratifican las decisiones de EEUU e ileg铆timas cuando las limitan. La esencia de la dominaci贸n persiste, pero la forma cambia: del liderazgo a la transacci贸n. Este enfoque transaccional no hace que el imperio sea menos violento. Hace que la violencia est茅 m谩s directamente vinculada a la extracci贸n de recursos. El mundo se convierte en un campo de acuerdos respaldados por la amenaza de exclusi贸n del mercado estadounidense, del sistema del d贸lar, de la tecnolog铆a avanzada, de la cooperaci贸n en materia de inteligencia o de la protecci贸n militar. Un aliado que paga y obedece puede ser recompensado; un aliado que disiente puede ser castigado. A un adversario se le puede bombardear, sancionar o bloquear, pero tambi茅n se le puede ofrecer un acuerdo si reconoce la primac铆a de EEUU. Lo que importa no es la adhesi贸n a una doctrina estable, sino la demostraci贸n p煤blica de que Washington puede imponer las condiciones.


La Estrategia de Seguridad Nacional de Trump para 2025 da forma oficial a esta perspectiva. Ataca a las 茅lites estadounidenses anteriores por permitir que China se beneficiara de los mercados y las inversiones de EEUU y presenta la segunda administraci贸n Trump como una restauraci贸n del poder nacional. Sin embargo, esta restauraci贸n no puede devolver a Estados Unidos a 1945. El panorama industrial, el mercado mundial y el equilibrio de las fuerzas productivas han cambiado. Por lo tanto, Trump intenta utilizar el poder estatal para forzar un resultado que el capital estadounidense ya no puede garantizar mediante la competencia comercial habitual. Los aranceles, los controles a la exportaci贸n, el escrutinio de las inversiones, las sanciones, la presi贸n militar y las reivindicaciones territoriales se convierten en sustitutos de la preponderancia productiva que se ha perdido.


Trump representa tanto una ruptura como una continuidad. El enfrentamiento estrat茅gico con China no comenz贸 con 茅l ni desapareci贸 bajo el mandato de Joseph Biden. Los controles a la exportaci贸n, las alianzas militares en Asia, las sanciones y las subvenciones industriales traspasaron las l铆neas partidistas. Pero Trump concentra estas tendencias y les quita su barniz liberal. Su singularidad no radica en inventar el imperialismo estadounidense, sino en transformar su ansiedad acumulada en un programa de coacci贸n abierta.


Los aranceles y el imperialismo del tributo


Los aranceles son fundamentales para la imaginaci贸n pol铆tica de Trump, ya que parecen resolver varios problemas a la vez. Prometen proteger la industria nacional, castigar a los competidores extranjeros, generar ingresos para el Estado, impulsar la inversi贸n dentro de Estados Unidos y demostrar que el presidente puede obligar a otros pa铆ses a someterse. Trump presenta el d茅ficit comercial como prueba de que se ha robado a Estados Unidos, como si cada contenedor que llegara a un puerto estadounidense fuera un tributo pagado en la direcci贸n equivocada. El arancel es su instrumento para invertir ese flujo. Sin embargo, los aranceles bajo el mandato de Trump no son simplemente instrumentos de protecci贸n. Son instrumentos de coacci贸n pol铆tica. El acceso al mercado estadounidense se trata como un privilegio que puede suspenderse a menos que otro Estado modifique su pol铆tica comercial, sus controles migratorios, su alineaci贸n diplom谩tica, su relaci贸n con China o su postura respecto a una disputa territorial. El poder proviene del volumen constante del consumo estadounidense: aunque la posici贸n productiva relativa del pa铆s est茅 en declive, sigue siendo un destino enorme para los bienes y el capital. Trump pretende convertir esta asimetr铆a en un arma.


Por lo tanto, esta pol铆tica encierra una l贸gica claramente imperial. En la era colonial, las potencias imperiales obligaban a los territorios subordinados a abrir sus mercados, ceder recursos y aceptar acuerdos jur铆dicos desiguales. En las condiciones actuales, la administraci贸n directa suele ser innecesaria. La amenaza de aranceles, la exclusi贸n de los sistemas de pago, las sanciones secundarias o la denegaci贸n de tecnolog铆a pueden obligar a gobiernos reconocidos formalmente como soberanos. La pol铆tica econ贸mica se convierte en un medio para imponer la obediencia pol铆tica.


El ataque contra China pone de manifiesto la versi贸n m谩s amplia de esta estrategia. El objetivo no es meramente reducir el d茅ficit comercial bilateral. Se trata de frenar el desarrollo tecnol贸gico chino, restringir el acceso a semiconductores y maquinaria avanzados, reorganizar las cadenas de suministro alej谩ndolas de China y obligar a los aliados a participar en un sistema de contenci贸n. Washington ya no conf铆a en que la competencia de mercado preserve su ventaja tecnol贸gica. Debe recurrir a prohibiciones administrativas, a la disciplina de las alianzas y al control de los puntos estrat茅gicos en la producci贸n tecnol贸gica. Se habla de seguridad nacional, pero el objetivo es impedir que un sistema productivo rival alcance la autonom铆a estrat茅gica.


Los l铆mites de esta pol铆tica son considerables. Un arancel puede encarecer el precio de un veh铆culo el茅ctrico importado, pero no puede crear de la noche a la ma帽ana las redes de transporte, la mano de obra cualificada, los cl煤steres de proveedores, los sistemas p煤blicos de investigaci贸n y la planificaci贸n a largo plazo que han hecho posible dicho veh铆culo. Puede redirigir una etapa final del montaje de un pa铆s a otro, mientras que los componentes chinos siguen circulando por la cadena de suministro. Puede generar beneficios extraordinarios para las empresas protegidas sin exigirles que realicen inversiones productivas. Por encima de todo, puede imponer mayores costes a los trabajadores estadounidenses, cuyos salarios no han aumentado al mismo ritmo que el coste de la vivienda, la asistencia sanitaria, la educaci贸n y la alimentaci贸n.


La pol铆tica industrial de Trump se encuentra, por lo tanto, atrapada en una contradicci贸n. Necesita al Estado porque el mercado no puede restablecer la supremac铆a productiva de EEUU, pero las fuerzas de clase que le respaldan se resisten a la planificaci贸n, la propiedad p煤blica, la redistribuci贸n y la inversi贸n social que requerir铆a una aut茅ntica reconstrucci贸n industrial. Su coalici贸n quiere subvenciones sin control p煤blico, protecci贸n sin fuerza de trabajo y reindustrializaci贸n sin una transformaci贸n de las relaciones de propiedad. El resultado es una pol铆tica industrial militarizada organizada en torno a las armas, la energ铆a f贸sil, la inteligencia artificial, la log铆stica y los minerales estrat茅gicos, en lugar de un programa destinado a satisfacer las necesidades sociales.


Las sanciones funcionan, junto con los aranceles, como otra forma de tributo. El papel que sigue desempe帽ando el d贸lar en las reservas, los pagos, la deuda y la fijaci贸n de precios de las materias primas otorga a Estados Unidos una jurisdicci贸n que se extiende mucho m谩s all谩 de sus fronteras. Un banco de un pa铆s puede ser sancionado por tramitar una transacci贸n en la que participe un tercer pa铆s, incluso si no hay productos estadounidenses involucrados. Se puede excluir a un Estado de los sistemas de pago, embargar sus activos en el extranjero, obstaculizar su transporte mar铆timo y privar a su poblaci贸n de medicamentos e importaciones esenciales. El poder financiero se convierte en la capacidad de decidir qu茅 pa铆ses pueden participar con normalidad en la econom铆a mundial.


Cuba, Venezuela, Ir谩n y otros Estados sancionados demuestran que la guerra econ贸mica no es una alternativa a la violencia militar. Se trata de violencia ejercida a trav茅s de la escasez, la interrupci贸n de la producci贸n, el deterioro de los hospitales, la inflaci贸n y la migraci贸n. El sufrimiento se atribuye entonces al gobierno sancionado, lo que permite a Washington presentar los efectos de la coacci贸n como prueba de que el objetivo ha fracasado. Trump intensifica esta pr谩ctica al tiempo que se refiere a ella como «presi贸n m谩xima»: una admisi贸n de que el objetivo es hacer insoportable la vida social hasta obtener concesiones pol铆ticas.


Esta combinaci贸n de aranceles, sanciones y pagos de protecci贸n puede denominarse «imperialismo del tributo». Trump pretende que los Estados paguen por la seguridad, paguen por el acceso al mercado, paguen por la exenci贸n del castigo y paguen mediante la cesi贸n de recursos o de autonom铆a pol铆tica. El m茅todo es transaccional, pero la relaci贸n no es una transacci贸n entre iguales. Un acuerdo alcanzado a la sombra de un grupo de portaaviones, del sistema del d贸lar y del mayor mercado de consumo del mundo sigue siendo un acto de coacci贸n.


Territorio, puntos estrat茅gicos y el retorno de la posesi贸n


Las declaraciones de Trump sobre la adquisici贸n de Groenlandia, la recuperaci贸n del control del Canal de Panam谩 y la absorci贸n de Canad谩 suelen descartarse como mero espect谩culo. Pero ese espect谩culo encierra una teor铆a del poder. El imperialismo liberal prefer铆a ejercer el control sin una anexi贸n formal, recurriendo a bases, tratados, normas de inversi贸n y 茅lites complacientes. Trump resucita el antiguo vocabulario de la posesi贸n. Concibe el territorio como un bien inmueble y la soberan铆a como un obst谩culo que puede superarse mediante la compra, la presi贸n o la fuerza.


Groenlandia condensa las preocupaciones centrales del nuevo imperialismo. Su ubicaci贸n es relevante para la estrategia militar en el 脕rtico, los sistemas de alerta de misiles, las rutas mar铆timas emergentes y la rivalidad con Rusia y China. Su subsuelo contiene minerales considerados fundamentales para las bater铆as, la electr贸nica, las armas y la transici贸n energ茅tica. A medida que la crisis clim谩tica derrite el hielo 谩rtico, la cat谩strofe provocada en gran medida por las emisiones hist贸ricas de las antiguas potencias industriales abre nuevas rutas para el comercio y la extracci贸n. Trump observa esta geograf铆a transformada y ve una oportunidad de adquisici贸n.


La poblaci贸n de Groenlandia desaparece en gran medida de este c谩lculo. Su larga lucha contra el dominio colonial dan茅s y su derecho a decidir su futuro quedan subordinados al apetito estrat茅gico de Washington. Aqu铆, el imperialismo de Trump revela su esencia colonial: la tierra es valiosa por lo que yace bajo ella y por su ubicaci贸n, mientras que las personas que viven en ella se convierten en un estorbo. Sus amenazas contra Dinamarca tambi茅n demuestran que la jerarqu铆a del imperio incluye a los aliados. La pertenencia a la OTAN no garantiza la igualdad; formaliza grados de subordinaci贸n. Cuando un aliado se interpone entre Estados Unidos y un activo que este desea, los aranceles y la presi贸n militar pueden volverse contra el propio aliado.


El Canal de Panam谩 representa una l贸gica similar. El canal no es meramente un s铆mbolo del poder estadounidense del pasado. Es una arteria clave del comercio mundial y un enlace estrat茅gico entre los oc茅anos Atl谩ntico y Pac铆fico. La ret贸rica de Trump sobre recuperarlo refleja la inquietud de que las relaciones comerciales chinas en Am茅rica Latina puedan reducir el control de Washington sobre la infraestructura log铆stica del hemisferio. Los puertos, los canales, los cables submarinos, las v铆as f茅rreas y los centros de datos ocupan ahora el lugar que antes correspond铆a principalmente a las fortalezas y las estaciones de carb贸n. El control sobre la circulaci贸n es tan importante como el control sobre la producci贸n.


La renovada visi贸n territorial se extiende por todas las Am茅ricas. La Doctrina Monroe siempre ha afirmado que el hemisferio constituye una zona especial de prerrogativas estadounidenses. Bajo el mandato de Trump, esta doctrina se ampl铆a para abarcar el petr贸leo, el litio, los puertos, las rutas migratorias, la infraestructura digital y la exclusi贸n de China. Cuba sigue sometida a un bloqueo econ贸mico destinado a castigar su negativa a renunciar a la soberan铆a conquistada por su revoluci贸n. Las reservas de petr贸leo de Venezuela y su proyecto pol铆tico independiente la convierten en blanco de sanciones, confiscaci贸n de activos, desestabilizaci贸n y amenazas militares. Se presiona a los gobiernos de toda Am茅rica Latina para que restrinjan la inversi贸n china, acepten las exigencias migratorias de EEUU y alineen sus pol铆ticas exteriores con las de Washington.


La migraci贸n es un elemento central de esta geograf铆a imperial. Las pol铆ticas de EEUU han contribuido a destruir econom铆as, a prolongar guerras y a agravar la vulnerabilidad clim谩tica, creando las condiciones que obligan a huir a millones de personas. Trump, por su parte, militariza la frontera contra quienes se ven desplazados por el sistema que Estados Unidos ha dominado. Se presenta a los migrantes como invasores, mientras que el capital, las fuerzas militares y la injerencia pol铆tica de EEUU cruzan las fronteras con impunidad. La frontera no supone un alejamiento del mundo. Distingue entre la movilidad concedida al capital y a la violencia, y la inmovilidad impuesta a la mano de obra.


Canad谩 entra en la ret贸rica de Trump desde una posici贸n diferente, pero el principio subyacente es reconocible. 脡l concibe las fronteras nacionales como provisionales en lo que respecta a la seguridad, los recursos y la ventaja comercial de Estados Unidos. Sus bromas y amenazas constituyen una pedagog铆a pol铆tica: ense帽an al p煤blico estadounidense a considerar la soberan铆a de los pa铆ses vecinos como algo contingente y a ver la expansi贸n del poder estadounidense como un derecho natural. El mapa imperial se presenta como inacabado.


Palestina, Ir谩n y la impunidad imperialista


En ning煤n lugar resulta m谩s evidente la violencia del imperialismo de Trump que en Asia Occidental. Palestina e Ir谩n revelan la unidad del poder militar, financiero, territorial e ideol贸gico. Tambi茅n ponen al descubierto el enga帽o de la afirmaci贸n de que Estados Unidos defiende un orden basado en normas. Las normas se invocan contra los adversarios y se descartan para los aliados; la soberan铆a es absoluta cuando la reivindica Washington y condicional cuando la reivindican quienes se le oponen.


El apoyo de Estados Unidos a Israel no es simplemente una alianza entre dos Estados. Israel funciona como una posici贸n militar y de inteligencia avanzada dentro de la arquitectura imperial de Asia Occidental, una regi贸n cuyos recursos energ茅ticos, rutas comerciales y ubicaci贸n estrat茅gica la han convertido en una preocupaci贸n central del poder estadounidense. Washington suministra armas, dinero, protecci贸n diplom谩tica e inteligencia, mientras que Israel pone de manifiesto las formas de vigilancia, castigo colectivo, control de la poblaci贸n y tecnolog铆a militar que circulan por el sistema imperial en su conjunto.


El trato que Trump dispensa a Palestina traslada su visi贸n de promotor inmobiliario al 谩mbito de la guerra colonial. Gaza no se considera una patria habitada por un pueblo con derechos, historia y reivindicaciones pol铆ticas, sino un territorio cuya poblaci贸n puede ser desplazada y cuya costa puede ser reurbanizada. Se trata de la vieja fantas铆a colonial expresada en el lenguaje inmobiliario: desalojar a la poblaci贸n, despejar el terreno y convertir la devastaci贸n en una oportunidad de inversi贸n. La obscenidad no reside solo en la propuesta, sino en el hecho de que da forma expl铆cita a una l贸gica ya presente en la destrucci贸n de viviendas, hospitales, universidades, archivos, tierras agr铆colas y vida c铆vica.


El ataque contra Palestina tambi茅n requiere un ataque contra el derecho internacional. Cuando las instituciones internacionales investigan la conducta de Israel o de Estados Unidos, Washington sanciona a los funcionarios, amenaza a los tribunales, veta resoluciones y retira su cooperaci贸n. La soberan铆a imperial significa el derecho a juzgar a los dem谩s sin ser juzgado. Estados Unidos insiste en la jurisdicci贸n universal para sus sanciones y operaciones militares, al tiempo que niega dicha jurisdicci贸n a los organismos que podr铆an exigir responsabilidades a sus l铆deres o aliados. Trump no crea este doble rasero, pero lo convierte en un motivo de orgullo.


Ir谩n presenta la misma estructura a una escala regional m谩s amplia. Durante d茅cadas, las sanciones han intentado impedir que Ir谩n ejerza su soberan铆a econ贸mica y estrat茅gica. Las restricciones a las exportaciones de petr贸leo, la banca, el transporte mar铆timo, la tecnolog铆a y la inversi贸n se han dise帽ado para agotar al pa铆s y aislarlo de la econom铆a mundial. La pol铆tica de «m谩xima presi贸n» de Trump utiliza el sufrimiento de los iran铆es de a pie como moneda de cambio. Parte de la base de que el sufrimiento econ贸mico puede dosificarse hasta que un Estado renuncie a su papel regional independiente y acepte las condiciones establecidas por Washington y Tel Aviv.


Pero la coacci贸n financiera se convierte f谩cilmente en coacci贸n militar. Los ataques, los asesinatos, los bloqueos, las amenazas contra las instalaciones nucleares y los intentos de controlar la navegaci贸n por el estrecho de Ormuz forman parte de un mismo continuo. El estrecho es uno de los pasos energ茅ticos m谩s importantes del mundo, y su control tiene consecuencias que van mucho m谩s all谩 de Ir谩n. Reivindicar el derecho a vigilarlo de forma unilateral equivale a reivindicar la autoridad sobre una arteria central de la econom铆a mundial. Una vez m谩s, Estados Unidos presenta su propio control como libertad de navegaci贸n y la resistencia de un Estado regional como una amenaza para el orden internacional.


Las pol铆ticas de Trump en Asia Occidental suelen describirse como err谩ticas, ya que las amenazas, las negociaciones, los ataques y las propuestas de acuerdos se suceden r谩pidamente. Sin embargo, esa aparente volatilidad tiene un prop贸sito. La imprevisibilidad se convierte en un instrumento de negociaci贸n. El adversario debe creer que el presidente puede sobrepasar los l铆mites establecidos, mientras que los aliados deben buscar continuamente garant铆as. El peligro es inmenso, ya que una estrategia que se basa en una irracionalidad simulada puede generar consecuencias que ninguna actuaci贸n puede contener.


Se trata del hiperimperialismo en su forma m谩s concentrada: el intento de un bloque militar, pol铆tico y econ贸mico liderado por Estados Unidos de compensar su autoridad mermada mediante una coacci贸n intensificada. Estados Unidos y sus aliados poseen una parte abrumadora del gasto militar mundial, una inmensa red de bases en el extranjero, el control sobre tecnolog铆as estrat茅gicas y la capacidad de librar una guerra econ贸mica m谩s all谩 de las jurisdicciones. Sin embargo, no logran obtener resultados pol铆ticos estables. Irak, Afganist谩n, Libia, Palestina y la prolongada campa帽a contra Ir谩n demuestran el poder destructivo del bloque y los l铆mites de su capacidad para generar legitimidad. Es capaz de devastar sociedades con mayor facilidad de la que tiene para gestionar las consecuencias.


Asia y la militarizaci贸n de la competencia productiva


La principal preocupaci贸n a largo plazo de la estrategia estadounidense sigue siendo Asia, ya que Asia es la regi贸n m谩s din谩mica de la econom铆a mundial y China es la potencia que ha roto de forma m谩s decisiva la antigua jerarqu铆a productiva. Estados Unidos se enfrenta a un dilema: no puede desvincularse econ贸micamente de una regi贸n de la que dependen sus empresas y consumidores, pero tampoco puede aceptar un orden econ贸mico asi谩tico en el que Washington no posea la autoridad definitiva. Su respuesta consiste en militarizar la competencia econ贸mica.


Las bases estadounidenses en Jap贸n, Corea del Sur, Guam, Filipinas y Australia forman un arco alrededor de China. AUKUS, el Quad, las patrullas navales, los ejercicios militares, los nuevos acuerdos de bases y la instrumentalizaci贸n de la cuesti贸n de Taiw谩n ampl铆an la infraestructura de confrontaci贸n. Los controles sobre los semiconductores y las restricciones a la inversi贸n funcionan en t谩ndem con esta arquitectura militar. La f谩brica, el laboratorio, la ruta mar铆tima, el sat茅lite, la plataforma de pago y la base naval pasan a formar parte de una 煤nica estrategia.


Trump a帽ade presi贸n transaccional a esta estructura. Se exige a Jap贸n y Corea del Sur que paguen m谩s por las fuerzas estadounidenses, a pesar de que dichas fuerzas sirven al dise帽o estrat茅gico de Washington. Taiw谩n es tratado simult谩neamente como una posici贸n estrat茅gica, un cliente de armas estadounidenses y un activo en materia de semiconductores cuya capacidad productiva Estados Unidos desea que se traslade. Se espera de los aliados no solo que se alineen diplom谩ticamente, sino que reorganicen sus econom铆as, sus relaciones tecnol贸gicas y sus cadenas de suministro en torno a la contenci贸n de China.


El peligro radica en que Estados Unidos intente compensar militarmente lo que no puede lograr comercialmente. El auge de China no puede revertirse mediante portaaviones. Sus ecosistemas industriales no pueden ser destruidos con bombardeos sin provocar una cat谩strofe en toda la econom铆a mundial. Sin embargo, la opci贸n militar sigue estando arraigada en la planificaci贸n estadounidense porque la p茅rdida de primac铆a se considera una amenaza para la seguridad, en lugar de una invitaci贸n a la cooperaci贸n entre Estados soberanos.


A los pueblos de Asia se les pide que vivan en medio de esta contradicci贸n. Sus econom铆as est谩n cada vez m谩s integradas con China, mientras que sus instituciones de seguridad se ven presionadas para alinearse con Estados Unidos. El gasto militar desv铆a recursos del desarrollo social, y las bases transforman ciudades, islas y costas en objetivos potenciales. Washington habla de una regi贸n libre y abierta, pero la libertad se define como la libertad continuada de las fuerzas estadounidenses para operar a miles de kil贸metros de su propio territorio.


El nacionalismo racial de Trump intensifica el peligro. La competencia econ贸mica se presenta como un robo civilizacional, y China se convierte en la explicaci贸n externa del declive interno de EEUU. Este discurso prepara a la poblaci贸n para el sacrificio al convertir una compleja transformaci贸n de la econom铆a mundial en una historia de victimismo nacional. Oculta el papel de las empresas estadounidenses en la deslocalizaci贸n de la producci贸n y hace que la hostilidad hacia China parezca una pol铆tica de la clase trabajadora, a pesar de que la confrontaci贸n amenaza a los trabajadores de todo el mundo.


El proyecto de clase detr谩s del trumpismo


La fuerza pol铆tica de Trump proviene de su capacidad para abordar la devastaci贸n social real al tiempo que protege las relaciones de propiedad que la han generado. La desindustrializaci贸n, el endeudamiento, la precariedad laboral, la desigualdad racializada y el colapso de las instituciones p煤blicas han generado una enorme reserva de ira. La clase dirigente dem贸crata defendi贸 la globalizaci贸n que enriqueci贸 a las empresas financieras y tecnol贸gicas, al tiempo que ofrec铆a a las comunidades afectadas reciclaje profesional, cr茅dito al consumo y sermones morales. Trump entr贸 en este panorama y prometi贸 una restauraci贸n.


Pero esa restauraci贸n es fraudulenta. Trump no pretende transferir el poder a los trabajadores ni reconstruir la sociedad en torno a la prestaci贸n de servicios p煤blicos. Su proyecto a煤na a sectores del capital de los combustibles f贸siles, las finanzas, los fabricantes de armas, los intereses inmobiliarios, el capital riesgo, la log铆stica y los multimillonarios tecnol贸gicos con una base de masas procedente, en parte, de las v铆ctimas del neoliberalismo. La contradicci贸n se gestiona a trav茅s del nacionalismo. Se exime al capital de toda responsabilidad, mientras que se se帽ala como enemigos a los migrantes, a China, a los empleados p煤blicos, a las universidades, a las minor铆as y a los gobiernos extranjeros.


Esta coalici贸n de clases explica la peculiar configuraci贸n de la pol铆tica industrial de Trump. Una aut茅ntica reconstrucci贸n de la capacidad productiva requerir铆a una planificaci贸n a largo plazo, bancos p煤blicos, infraestructuras modernas, escuelas y universidades s贸lidas, salarios sociales ampliados, poder de los trabajadores y alguna forma de autoridad p煤blica sobre la inversi贸n. La coalici贸n de Trump no tolerar谩 un programa de este tipo. Por lo tanto, se basa en desgravaciones fiscales, desregulaci贸n, contratos de defensa, aranceles, energ铆a barata y subvenciones al capital privado. El dinero p煤blico absorbe el riesgo, mientras que los propietarios privados conservan el control.


La oligarqu铆a tecnol贸gica ocupa un lugar especial dentro de este entramado. Las plataformas digitales, los sistemas en la nube, los modelos de inteligencia artificial, los sat茅lites, los centros de datos y los cables submarinos se han convertido en infraestructuras esenciales para la vida econ贸mica y pol铆tica. Las empresas que las controlan ejercen un poder cuasi soberano. Pueden determinar el acceso a la informaci贸n, las comunicaciones, los canales de pago y la capacidad computacional. Su relaci贸n con el Estado no es ni simplemente antag贸nica ni subordinada. Requieren investigaci贸n p煤blica, energ铆a, contratos, protecci贸n militar y una regulaci贸n favorable, mientras que el Estado depende cada vez m谩s de sus tecnolog铆as para la vigilancia, la guerra y la administraci贸n.


Para el Sur Global, esta concentraci贸n crea una nueva frontera de dependencia. Un pa铆s puede gozar de independencia formal, mientras que sus datos p煤blicos, sus comunicaciones, su infraestructura en la nube y sus pagos digitales siguen estando controlados desde el extranjero. La digitalizaci贸n puede mejorar la planificaci贸n, la sanidad, la educaci贸n y la producci贸n, pero solo si se abordan las cuestiones de propiedad y soberan铆a. ¿Qui茅n es el propietario de los datos? ¿Qui茅n construye los sistemas? ¿Qui茅n establece las normas? ¿Qui茅n se queda con el valor? La alianza de Trump con el capital tecnol贸gico confiere a estas cuestiones un car谩cter abiertamente geopol铆tico, ya que el acceso a los chips, las plataformas y la inteligencia artificial pasa a estar condicionado a una alineaci贸n estrat茅gica.


A nivel nacional, esas mismas tecnolog铆as se unen a un Estado coercitivo reforzado. La militarizaci贸n de las fronteras, la deportaci贸n, la vigilancia, los ataques contra la disidencia y la criminalizaci贸n de la solidaridad no son aspectos separados de la pol铆tica exterior. El imperio regresa a casa a trav茅s de las instituciones y los h谩bitos que ha desarrollado en el extranjero. Un Estado acostumbrado a tratar a poblaciones enteras como amenazas para la seguridad acabar谩 aplicando los mismos m茅todos a los trabajadores, los migrantes, los estudiantes y los opositores pol铆ticos dentro de sus fronteras.


Por lo tanto, el trumpismo no puede derrotarse restaurando el orden neoliberal que lo gener贸. Una defensa del antiguo discurso de alianzas y normas, sin una transformaci贸n del poder de clase, no hace m谩s que allanar el terreno para otro Trump. La respuesta debe partir de las heridas sociales que su movimiento explota, al tiempo que rechaza el racismo, el militarismo y el chovinismo a trav茅s de los cuales redirige a ellos.


Los l铆mites de la restauraci贸n imperial


El imperialismo de Trump es peligroso precisamente porque combina un poder extraordinario con ambiciones imposibles. Estados Unidos puede infligir un sufrimiento inmenso, interrumpir el comercio, embargar activos, excluir a empresas del acceso a la tecnolog铆a y obligar a los Estados m谩s d茅biles a hacer concesiones. Pero la coacci贸n no puede revertir indefinidamente la redistribuci贸n de la capacidad productiva. Tampoco puede resolver las contradicciones internas del capitalismo estadounidense.


El d贸lar sigue siendo dominante, pero el uso cada vez m谩s extendido de las sanciones anima a los Estados a buscar formas alternativas de pago. La tecnolog铆a estadounidense sigue siendo poderosa, pero los controles a la exportaci贸n aceleran la inversi贸n en capacidades independientes. Las alianzas militares pueden rodear a China, pero no pueden borrar las relaciones econ贸micas que unen a Asia. Los aranceles pueden modificar los precios y las rutas, pero no pueden crear de la nada ecosistemas industriales. Cada uso del poder coercitivo demuestra la fortaleza de Estados Unidos, al tiempo que genera incentivos para escapar de ella. No existe un paso autom谩tico del declive estadounidense a un mundo justo. Los nuevos centros de producci贸n pueden reproducir relaciones extractivas. Los gobiernos del Sur Global pueden buscar margen de maniobra sin transformar las vidas de los trabajadores y los campesinos. Las instituciones regionales pueden seguir siendo cautelosas, desiguales o dominadas por los intereses nacionales. La redistribuci贸n del poder entre los Estados no es sin贸nimo de emancipaci贸n social.


No obstante, han surgido nuevas posibilidades. El comercio Sur-Sur, la cooperaci贸n en materia de infraestructuras, los bancos de desarrollo, los acuerdos en moneda local, la tecnolog铆a p煤blica y las redes regionales de producci贸n pueden reducir la dependencia de las instituciones controladas por el antiguo bloque imperial. Su importancia no radica en sustituir a una potencia hegem贸nica por otra, sino en ampliar el espacio en el que los pueblos puedan perseguir un desarrollo soberano. Esta posibilidad seguir谩 siendo limitada a menos que est茅 impulsada por la lucha popular. La soberan铆a no puede significar 煤nicamente el derecho de una 茅lite nacional a negociar una mejor posici贸n dentro del capitalismo mundial. Debe significar la capacidad de la poblaci贸n para controlar los recursos, planificar la producci贸n, construir instituciones p煤blicas, garantizar la alimentaci贸n y la salud, compartir tecnolog铆a y determinar los fines para los que se utiliza el excedente social. De lo contrario, la resistencia a la dominaci贸n estadounidense puede coexistir con la explotaci贸n interna.


La crisis clim谩tica hace que esta transformaci贸n sea urgente. El Sur Global soporta una parte desproporcionada de los da帽os clim谩ticos, mientras que los pagos de la deuda agotan los recursos necesarios para la adaptaci贸n. Una transici贸n verde gobernada por el imperialismo de Trump se convertir谩 en otra apropiaci贸n de recursos: se confiscar谩n minerales cr铆ticos, se monopolizar谩n tecnolog铆as y se transferir谩n los costes ecol贸gicos a los trabajadores y los campesinos. La justicia clim谩tica requiere, por tanto, la condonaci贸n de la deuda, la financiaci贸n p煤blica, el intercambio de tecnolog铆a y la soberan铆a sobre los recursos naturales. No puede construirse mediante la adquisici贸n de Groenlandia ni la militarizaci贸n de las cadenas de suministro de minerales.


Conclusi贸n: El Imperio no puede repararse



Donald Trump no es una aberraci贸n que flote por encima de la historia del poder estadounidense. Es la expresi贸n pol铆tica de un sistema imperial que conserva enormes capacidades coercitivas, al tiempo que pierde la supremac铆a productiva y la confianza ideol贸gica que en su d铆a sustentaron su liderazgo. Su vulgaridad resulta reveladora. Mira las alianzas y ve facturas de protecci贸n impagadas; mira Groenlandia y ve minerales y una posici贸n militar; mira Panam谩 y ve una autopista de peaje que deber铆a pertenecer a Estados Unidos; mira Gaza y ve terrenos frente al mar despejados; mira a los migrantes y ve invasores en lugar de personas desplazadas de un mundo desigual; y mira los aranceles y ve armas con las que exigir obediencia.


El rasgo distintivo del imperialismo de Trump no es que abandone al mundo, sino que le exige tributo. Busca pago a cambio de protecci贸n, deferencia a cambio de acceso al mercado, recursos a cambio de favores pol铆ticos e impunidad para la violencia de Estados Unidos y sus aliados. Convierte las ventajas estructurales que a煤n le quedan a Estados Unidos en instrumentos para retrasar una transici贸n hist贸rica que no puede impedir.


Sin embargo, los m茅todos de retraso agravan la crisis. Las sanciones fomentan alternativas al sistema del d贸lar. Los controles tecnol贸gicos estimulan la investigaci贸n independiente. Las amenazas territoriales ponen al descubierto la subordinaci贸n oculta en las alianzas. El cerco militar hace que Asia sea m谩s peligrosa sin que ello restablezca la primac铆a industrial de EEUU El ataque al derecho internacional destruye la legitimidad de las instituciones que en su d铆a ayudaron a organizar el consenso en torno al liderazgo estadounidense. Trump puede coaccionar, castigar y destruir, pero no puede restablecer el mundo que hac铆a que la supremac铆a estadounidense pareciera natural.


La elecci贸n a la que se enfrenta la humanidad no es entre el imperio descarado de Trump y un retorno al imperio cort茅s que lo precedi贸. El internacionalismo liberal cre贸 las guerras, las desigualdades, los reg铆menes de sanciones y la devastaci贸n social de los que surgi贸 Trump. La alternativa tampoco es simplemente una distribuci贸n diferente del poder estatal. La tarea consiste en construir un orden internacional arraigado en la soberan铆a, la cooperaci贸n, la redistribuci贸n, la recuperaci贸n ecol贸gica y la paz.


Dicho orden no lo instaurar谩n los Estados que act煤an por encima de la sociedad. Tendr谩 que crearse a trav茅s de las luchas de los trabajadores, los campesinos, las mujeres, los j贸venes, los pueblos ind铆genas, los movimientos antiimperialistas y los gobiernos impulsados por poblaciones organizadas. La transformaci贸n productiva de la econom铆a mundial ha abierto una brecha en la antigua estructura imperial, pero solo la lucha pol铆tica puede ampliar esa brecha hasta convertirla en emancipaci贸n.


Trump cree que la historia puede revertirse levantando un muro arancelario, apoder谩ndose de un canal, comprando una isla, amenazando a un tribunal o enviando otro grupo de portaaviones hacia una costa lejana. Pero la crisis del imperio no es un error de negociaci贸n. Es el resultado de cambios en la producci贸n, la pol铆tica y las aspiraciones populares que ning煤n presidente por s铆 solo puede someter a su voluntad. El peligro es que un imperio incapaz de repararse a s铆 mismo intente destruir el mundo. La tarea urgente consiste en impedir esa destrucci贸n y construir, a partir de las luchas ya en marcha, un mundo que ning煤n imperio pueda poseer.


Bibliograf铆a


Tricontinental: Instituto de Investigaci贸n Social, Hiperimperialismo: una nueva etapa peligrosa y decadente, 23 de enero de 2024.


Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2025: Al borde del abismo, Naciones Unidas, 2025.


Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Informe sobre la Inversi贸n Mundial 2025: La inversi贸n internacional en la econom铆a digital, Naciones Unidas, 2025.


Estados Unidos, Oficina Ejecutiva del Presidente, Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de Am茅rica, La Casa Blanca, 2025.


Fuente: Marxist, XLII, 2, April–June 2026, versi贸n electr贸nica: 4 de septiembre de 2026 (https://cpim.org/the-empire-demands-tribute-donald-trump-and-the-imperialism-of-decline/)



08 septiembre, 2026

La rendici贸n del liderato bolivariano: del antiimperialismo a la entrega total — Ram贸n Grosfoguel

 




VENEZUELA - 5 sept 2026

An谩lisis de la contradicci贸n entre el discurso del liderato bolivariano encabezado por Delcy Rodr铆guez y las actuales condiciones de subordinaci贸n econ贸mica y pol铆tica de Venezuela frente a Estados Unidos.


Cap铆tulos sugeridos:


00:00 Introducci贸n: El pol茅mico video de Delcy Rodr铆guez.

00:48 El discurso de Delcy: Cr铆tica al "entreguismo" de la oposici贸n.

01:31 La paradoja del poder: Haciendo lo que antes criticaban.

03:02 ¿Poder por el poder? El cinismo en la pol铆tica actual.

05:42 La falta de 茅tica y la ausencia de consulta popular.

06:40 El discurso desarrollista y el ocultamiento de la realidad.

08:52 El control del Tesoro de EE. UU. sobre los recursos venezolanos.

10:50 El espejo de Irak: Protectorados coloniales en el siglo XXI.

12:43 An谩lisis de Luis Brito Garc铆a: La Orden Ejecutiva 14373.

15:58 ¿Hacia d贸nde va la soberan铆a de Venezuela?

18:50 Lecciones de historia: La honestidad de Fidel en los 90 vs. hoy.

21:18 Violaci贸n de la Constituci贸n y privatizaci贸n de facto.

23:28 Reflexi贸n final: El legado de Ch谩vez y la amenaza imperial.



07 septiembre, 2026

The petrodollar system is collapsing — Kevin Walmsley

 



Inside China - 7 sept 2026

Beginning in March, Iran targeted financial centers in the Persian Gulf region that are major holders and traders of US Treasury bonds.


The closure of the Strait of Hormuz dramatically shrank trade flows into Gulf States, who historically cycle the revenues from energy sales into purchases of US government bond debt.


Since 2022, China and the BRICS countries have been liquidating their Treasury holdings, and in 2026 other countries are selling.


Iran's stated objective is to push US forces completely out of the Middle East, and Washington officials are considering permanent closure of bases that were heavily damaged by Iranian drones and missiles.


— Closing scene, Hukou Waterfall, Shaanxi


Resources and links:


https://x.com/mb_ghalibaf/status/2035...


Iran targeting buyers of US Treasury bonds: Parliament speaker

https://thehill.com/policy/internatio...


Table 5: Major Foreign Holders of Treasury Securities

https://ticdata.treasury.gov/resource...


The myth of safe bonds in wartime

https://business.columbia.edu/insight...


US Treasury bill market under growing strain from Middle East turmoil

https://www.intellinews.com/us-treasu...


Foreign holdings of US Treasuries fall in June, led by Japan, UK, China, data shows

https://www.reuters.com/world/china/f...


IntelliNews Lambda: China selling off US T-bills in preparation for White House clash

https://www.intellinews.com/intelline...


Foreign Countries Aren’t Buying Treasuries Like They Used To. How That Could Be Trouble for Bessent.

https://www.barrons.com/articles/chin...


Iran Sees an Opening to Kick the U.S. Out of the Gulf

https://www.wsj.com/world/middle-east...


From shields to targets: What is the future of US military bases in the Gulf?

https://www.newarab.com/analysis/what...


Pentagon weighing smaller U.S. military presence in Gulf once Iran war ends

https://www.washingtonpost.com/nation...


Mapping US troops and military bases in the Middle East

https://www.aljazeera.com/news/2025/6...


Bessent Says Hormuz Will Be ‘Worthless’ as Oil Bypasses It

https://www.bloomberg.com/news/articl...


The Iran war just broke the petrodollar

https://www.japantimes.co.jp/commenta...


Pentagon moves to replenish arsenal after Iran war

https://shafaq.com/en/World/Pentagon-...