09 enero, 2026

VENEZUELA: secuestro, petróleo y el fracaso de la propaganda — Carmen Parejo Rendón




Observatorio de la crisis – 09/01/2026


Lo que ha fracasado no es el gobierno venezolano, sino el relato construido durante años para negar la existencia de ese pueblo organizado que es quien de verdad manda en la República Bolivariana.


Los hechos son claros: EEUU bombardea Venezuela, provoca víctimas mortales —mayoritariamente miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, incluidos 32 cubanos que eran parte de la defensa del presidente— y secuestra al mandatario Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.


Es algo tan grave como una agresión directa contra un Estado soberano y el secuestro de su jefe de Estado. Y más allá de otras especulaciones, este debería ser el centro de cualquier debate. Pero sigamos analizando los hechos.


Pese a esta acción criminal, el Estado venezolano no colapsa: el gobierno no cae y la cadena de mando se mantiene. Se abren investigaciones internas para determinar responsabilidades y, conforme a la lógica constitucional, Delcy Rodríguez, asume el liderazgo del Ejecutivo mientras se exige la liberación del presidente.


A nivel popular sucede algo aún más incómodo para la narrativa que nos habían impuesto, según la cual teóricamente el pueblo venezolano estaba a la espera de tan vil desenlace. Pero lejos de un supuesto estallido contra el gobierno, lo que se ve mayoritariamente dentro de Venezuela son movilizaciones de apoyo y protestas que exigen la liberación del presidente secuestrado.


Actualmente, en Venezuela hay 4.396 comunas, 953 circuitos comunales y un total de 5.349 instancias de participación ciudadana del Poder Popular, distribuidas por todo el país, donde participan cerca de 5 millones de personas. En ellas el lema también está claro: ¡No hay transición, hay revolución!


Sin embargo, pese a tratarse de la organización política de carácter popular más amplia del país, nadie habla de ellas en los «sesudos» análisis de los grandes medios de comunicación, que nos dicen que debemos escuchar a los venezolanos, aunque eso sí, parece que solo a los que les interesa.


El mismo día de los hechos, un medio español, El País, se convirtió de manera involuntaria en testigo de todo esto. Coloca tres cámaras que emiten en directo en YouTube: una cerca del Palacio de Miraflores, otra con una panorámica de la ciudad de Caracas y una tercera en la frontera entre Venezuela y Colombia. El resultado es revelador: en Miraflores se graba una manifestación espontánea exigiendo la liberación del presidente, mientras que en la panorámica general de la ciudad y en la frontera se observa una tranquilidad absoluta.


No es el Ejército venezolano el que ha bombardeado a su pueblo, sino el de EEUU


La pregunta resulta inevitable. ¿Cómo es posible que en un país donde, según esos mismos medios, la oposición habría ganado con un 80 % de los votos y se habría producido un fraude masivo, no exista capacidad alguna para articular las calles contra el gobierno? ¿Cómo se explica que no haya una respuesta popular acorde al relato que se nos ha vendido durante años?


Algunos tratan de justificar esta incoherencia apelando al miedo a la represión interna. Sin embargo, no es el Ejército venezolano el que ha bombardeado a su pueblo, sino el de EEUU. En ese sentido, ¿a qué fuerza bruta podría temer realmente el pueblo venezolano?


La respuesta empieza a asomar incluso en medios nada sospechosos de simpatía con el chavismo. El propio The New York Times ha reconocido que María Corina Machado no interesó a Trump porque no fue capaz de demostrar con qué apoyos reales contaría si se la aupaba al poder.


Trump, que no es precisamente un defensor de la soberanía venezolana, se burló de ella y la calificó de débil. Y, sin embargo, se nos había presentado como la presidenta que todos esperaban. El episodio roza lo grotesco cuando, pese a los desplantes, Machado ofrece a Trump el Premio Nobel de la Paz, como si pudiera regalarse. El comité Nobel tuvo que salir a aclarar lo obvio: que eso no funciona así. El ridículo aumentaba.


Pese a discursos contradictorios, hay algo que Trump sí ha repetido de manera coherente: su único interés es el petróleo.


Por su parte, Donald Trump —como nos tiene acostumbrados— ha ido encadenando discursos contradictorios, ya sea en ruedas de prensa o a través de redes sociales. Primero afirmó haber «controlado» Venezuela; después trató de sembrar dudas sobre una supuesta traición de Delcy Rodríguez; minutos más tarde amenazó a la actual presidenta encargada para forzarla a hacer lo que él quisiera; y después aseguró que el «operativo» era únicamente contra Nicolás Maduro. Pero hay algo que sí ha repetido de manera coherente: su único interés es el petróleo.


Y aquí conviene detenerse un momento. Venezuela no ha roto en ningún momento los acuerdos comerciales que mantenía con la empresa estadounidense Chevron, acuerdos que solo se vieron afectados por el bloqueo impuesto por el propio Donald Trump y parcialmente aliviado durante la administración Biden. Es decir, Venezuela ya vende petróleo a empresas estadounidenses. Si lo que Trump pretende es que venda más, el final lógico de esta película sería el levantamiento del bloqueo petrolero. Visto así, resulta difícil comprender dónde estaría el supuesto «éxito» de la operación estadounidense.


Sin embargo, no hay que ser ingenuos. Hay un presidente secuestrado y una amenaza explícita contra todos los demás. La estrategia es clásica: dividir al chavismo mediante la fabricación de intrigas y sospechas sobre supuestas traiciones internas, para con ello debilitarlos y forzar una negociación más beneficiosa. Una negociación en relación al petróleo. No lo olvidemos.


Primero sembraron dudas sobre Delcy Rodríguez; y parece que, como eso no ha salido bien, la siguiente es intentar lo mismo con Diosdado Cabello.


Lo cierto es que, si alguno de ellos fuera realmente un traidor, el comportamiento resultaría extraño: primero por la propia actitud de estos líderes, y, en segundo lugar, por la extraña actitud de quienes dicen haberlos «comprado», ya que hacer pública una supuesta traición antes de haber obtenido resultados es una estrategia torpe incluso en este mundo cínico al que parece que nos vamos acostumbrando.


El siguiente nombre que se intentará utilizar es el de Vladimir Padrino, con la intención evidente de sembrar dudas también dentro del Ejército. Todo esto no hace sino confirmar la debilidad de quien no ha logrado imponerse frente a la fortaleza real del chavismo y recurre, una vez más, al viejo manual del «divide y vencerás». Quienes tenemos algo de memoria recordamos que esto ya se intentó tras la muerte de Hugo Chávez.


Lo que sí es indiscutible es que se ha producido un secuestro: del presidente, pero también del pueblo venezolano. A sus dirigentes políticos se los ha convertido en rehenes, amenazados con ser bombardeados o asesinados directamente. Trump llegó a decirle a Delcy —la misma a la que antes se presentaba como traidora— que o hacía lo que él ordenaba o acabaría peor que Nicolás Maduro. Quien quiera entender, que entienda.


Es evidente que, en este escenario, el gobierno venezolano se verá obligado a negociar, y esa negociación tendrá como eje el petróleo, donde EEUU muestra su verdadera urgencia. Pero confundir negociación con derrota sería un error. Esta historia no está cerrada, no porque falten presiones, sino porque existen límites reales a lo que puede imponerse por la fuerza.


Hay un pueblo que entiende la gravedad del momento y que asumirá la negociación como una necesidad táctica, no como una claudicación. Un pueblo que ya resistió un golpe de Estado, el sabotaje económico, las guarimbas, más de 900 sanciones y múltiples intentos de desestabilización. Y que no solo nada de eso lo derrotó, sino que sirvió para profundizar su propio proceso revolucionario.


El secuestro del presidente y la amenaza contra todo un país no inauguran una victoria imperial, sino un escenario peligroso en el que la fuerza pretende sustituir al derecho, algo que no afecta solo a Venezuela. Pero, además, revela los límites de una narrativa que se derrumba cuando los hechos ya no encajan en ella. Lo que ha fracasado no es el gobierno venezolano, sino el relato construido durante años para negar la existencia de ese pueblo organizado que es quien de verdad manda en la República Bolivariana.




¿Cómo afectará la toma de control de Venezuela a las cadenas de suministro de petróleo de China? — Kevin Walmsley

 

https://youtu.be/0bZQ_6l6wzc?si=kh-RqHHXzPyMEjD6


[TRANSCRIPCIÓN: Arrezafe]

Inside China – 09/01/2026


Esquema:


China es un importante comprador de crudo venezolano y probablemente buscará nuevas fuentes de suministro.


Sin embargo, no hay mucha urgencia para para ello. Los precios del petróleo están cayendo, y otros proveedores están ansiosos por aumentar sus exportaciones a China, como ya lo hacían antes del asalto a Venezuela.


Además, China registra un superávit en las importaciones de crudo, y solo en noviembre se almacenaron más de 1,8 millones de barriles diarios.


La acumulación y la disminución del petroleo almacenado por China son ahora el principal factor impulsor de los mercados del crudo.


Informe:


Buenos días.


Venezuela ocupa un lugar central en la política mundial y en los mercados energéticos. Nadie tiene una idea clara de lo que acontecerá en adelante, pero en general se supone que representará un grave inconveniente para China, importante comprador de crudo venezolano, y que será necesario encontrar otros proveedores.




Pero esa probablemente sea la respuesta equivocada, por dos grandes razones. Este es el mapa de los países productores de petróleo miembros de la OPEP o de la OPEP+, y Venezuela es miembro de la OPEP.


Aquí están los datos sobre la producción de crudo por país: la OPEP produce un total de 28,7 millones de barriles diarios. Venezuela produce sólo 700.000 por día. La producción de Arabia Saudita es casi 15 veces mayor. Rusia no es miembro de la OPEP, pero también produce 14 veces más crudo que Venezuela.




Ese es el primer problema para la tesis de que Venezuela impactará profundamente a China. Venezuela simplemente no produce lo suficiente como para marcar una diferencia significativa. Pero el segundo problema es que China está muy bien protegida de cualquier crisis de oferta de petróleo, sin importar su origen.


Esta es una situación sorprendente para economistas y expertos del mercado petrolero. China es el mayor importador y consumidor mundial de crudo. Hasta hace poco, la idea habitual era que son los proveedores de petróleo, como la OPEP+, quienes determinan el precio global del petróleo, y que los grandes importadores, como China, se atienen a los precios del mercado. Ahora bien, si el mercado se enfrenta a un exceso de oferta, serían los miembros de la OPEP los que se atendrían a los precios, temporalmente, hasta que pudieran reducir la producción para equilibrar la oferta y la demanda.


Pero un nuevo acontecimiento ha trastocado toda esa concepción convencional: la enorme —y aún creciente— industria china de almacenamiento de petróleo. Esto está poniendo un límite a los precios globales: los chinos compran cuando los precios del petróleo se encuentran suficientemente bajos y almacenan el excedente en sus tanques. Pero de esta manera, también ponen límite al precio: si el precio sube, China simplemente reducirá las importaciones o reducirá sus reservas hasta que los precios vuelvan a bajar.


Aquí volvemos a la cuestión venezolana. El mercado petrolero mundial es enorme, y los productores de crudo están encantados de llenar los barcos y enviarlos a China. En noviembre, las importaciones chinas de petróleo de Arabia Saudita fueron de 1,59 millones de barriles por día, un aumento de 345.000 barriles diarios. Irán: 1,35 millones de barriles por día, un aumento de 233.000 con respecto al mes anterior. Esos AUMENTOS en las compras de petróleo de Arabia Saudita e Irán fueron de casi 600.000 barriles por día, mientras que la producción total de Venezuela es de 700.000 barriles diarios. Los petroleros simplemente se reabastecerán en el Medio Oriente, en lugar de en Venezuela. O bien, si quieren, una vez más China puede simplemente importarlo de Rusia. Pero dado que ya tiene superávit, a China no le urge hacer nada.




Los chinos están comprando enormes cantidades de excedentes de crudo, y el momento es inmejorable. Los precios del petróleo siguen bajando: China importa volúmenes récord de crudo, consume grandes cantidades y almacena cientos de miles de barriles diariamente, todos los días del año. Además, están construyendo muchos más depósitos, con una capacidad de 170 millones de barriles adicionales que entrará en funcionamiento antes de que finalice este año.


Así pues, ahí está la estrategia de China: están en disposición de comprar más crudo para su almacenamiento, lo que limita los precios. Y si los precios vuelven a subir, China simplemente reducirá las importaciones o reducirá sus reservas. Si sumamos todo esto, los flujos de inventario de China (el petróleo que entra y sale de los almacenes) son los principales determinantes de los precios del petróleo. Irán e Israel se bombardearon mutuamente durante semanas, pero en lo tocante al petroleo no importó. Venezuela puede desconectarse por completo y no importará a nadie fuera de Venezuela.


Sean buenos.


Fuentes y enlaces:

Reuters, China overtakes OPEC+ as the main oil price maker

https://www.reuters.com/markets/commodities/china-overtakes-opec-main-oil-price-maker-2025-12-22/


China accelerates crude stockpiling amid weaker oil price trend

https://www.reuters.com/markets/commodities/china-accelerates-crude-stockpiling-amid-weaker-oil-price-trend-2025-12-16/


China’s November crude oil imports reach highest daily level in 27 months

https://www.reuters.com/business/energy/chinas-november-crude-oil-imports-reach-highest-daily-level-27-months-2025-12-08/


What is OPEC+?

https://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=56420


Maduro, Venezuela, The U.S.—And The Oil Shock China Can’t Price In

https://www.forbes.com/sites/guneyyildiz/2026/01/03/maduro-venezuela-the-us-and-the-oil-shock-china-cant-price-in/





Estos abusos continuarán hasta que los pueblos les pongan fin — Caitlin Johnstone

 



Caitlin`s Newsletter – 09/01/2026


Todos estos abusos continuarán hasta que el pueblo se levante y obligue a que cesen.


Los gobiernos occidentales se volverán cada vez más autoritarios.


Las fuerzas policiales se se irán tornando cada vez más militarizadas y asesinas.


La libertad de expresión será aplastada de manera cada vez más agresiva.


Los presupuestos militares serán cada vez más cuantiosos.


La maquinaria de guerra imperial se volverá cada vez más beligerante, genocida y expansionista.


La brecha entre ricos y pobres seguirá ensanchándose.


La gente se volverá cada vez más miserable y mentalmente enferma.


Los sistemas que utilizamos para recopilar información sobre nuestro mundo estarán cada vez más controlados por los poderosos.


La extracción de recursos y mano de obra del sur global será cada vez más abusiva y descarada.


La biosfera de la que dependemos para sobrevivir se aproximará cada vez más al colapso.


¿Cómo sabemos que todo esto sucederá? Porque todo eso es lo que ha estado y está sucediendo. Porque todo eso es lo que el orden mundial capitalista liderado por Estados Unidos ha estado haciendo.


Eso es todo cuanto tienen para ofrecernos. Cada vez más asesinatos y abusos, ese es el único plato del menú que nos han dado.


No podemos votar para salir de este dilema. ¿Cómo lo sabemos? Porque llevamos generaciones intentándolo. Un partido comete atrocidades, luego la gente vota por el otro partido intentando alejar el mal, y el nuevo partido comete las mismas atrocidades, y así en un desesperante ciclo que se repite una y otra vez.


Todo el sistema está bloqueado. Los abusos son parte integral de la situación. Todo en nuestra civilización ha sido manipulado para garantizar que los ricos y poderosos obtengan cada vez más riqueza y poder, mientras que el resto se ve inmerso en una creciente pobreza, agotamiento, ignorancia y locura.


La única salida segura a esta pesadilla distópica es que los pueblos utilicen el poder que les otorga ser mayoría para forzar un cambio real. Somos muchos más que la tiránica minoría que nos hostiga y abusa, ellos lo saben y nos temen.


Saben que no pueden asesinarnos ni encarcelarnos a todos. Saben que tendrán que irse en cuanto decidamos que la revolución es preferible a soportar su despótico abuso.


Podemos quitarles el volante cuando queramos. No tenemos que pedírselo. Simplemente hay que arrebatárselo. Somos multitud y ellos muy pocos.


Simplemente seguiré haciendo inca pie en ello hasta que lo vea pasar al primer plano de la conciencia de nuestra sociedad.



06 enero, 2026

LOS "ALIADOS" DEL "MUNDO LIBRE"

 










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NO CUELA, YANQUIS DE MIERDA, NO CUELA

 

Acusar de narcotrafico al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no es algo urdido por la administración de Donald Trump durante los últimos meses. Fue un ardid plenamente calculado y planificado por la CIA años atrás, con el que intentaron acusar al Comandante Hugo Chávez.


2005


Más de 20 años después, EEUU y su sed de petróleo y de lo ajeno, vuelve a transgredir el derecho internacional, atacando a un Estado soberano y secuestrando a su presidente legítimo, contra el que hoy levantan cargos falsos en un Tribunal de Nueva York al más puro estilo hollywoodense. No obstantante, esa "película" no muestra al pueblo venezolano y chavista, cuya protesta inunda las calles de Caracas y Venezuela reclamando la vuelta al país de su presidente y con un mensaje claro de soberanía antiimperialista.




05 enero, 2026

Putin: “Sadam Hussein pensó lo mismo”

 



Richard Werner, experto conocedor de los sistemas bancarios mundiales, escribe sobre lo que significa la intervención estadounidense en Venezuela para el sistema del petrodólar:


"El golpe de Estado estadounidense en Venezuela es un intento de fortalecer el sistema del petrodólar, establecido por el acuerdo de Henry Kissinger con Arabia Saudita en 1974, que exige la venta global de petróleo en dólares estadounidenses. Este acuerdo, que crea una demanda artificial de la moneda y financia la hegemonía estadounidense, se encuentra en sus últimos estertores.


Venezuela, con las mayores reservas de petróleo del mundo, desafió al dólar vendiendo petróleo en yuanes, euros y rublos, eludiendo el dólar y construyendo canales de pago alternativos con China.


Entre los precedentes históricos, tenemos el derrocamiento de Saddam Hussein en Irak, por su transición al euro, y el de Muammar Gaddafi en Libia, por proponer un dinar respaldado por oro. Ver mi informe sobre el acuerdo del petrodólar saudí en [https://rwerner.substack.com/].


La invasión intenta contrarrestar la acelerada desdolarización global liderada por Rusia, China, Irán y los países BRICS, a medida que las naciones optan por sistemas de liquidación en monedas distintas del dólar y alternativas al SWIFT. Pero este asalto a Venezuela es una señal de desesperación que podría acelerar la caída del petrodólar, ya que el Sur Global se previene ante la dependencia de Estados Unidos de la fuerza militar para mantener el dominio de su moneda".




Como pertinente conclusión, hace varios años Putin respondió a aquellos líderes mundiales que defendían que no tener armas nucleares era algo positivo frente a la hegemonía de Estados Unidos y la OTAN. Esto fue lo que sostuvo Tokayev, de Kazajistán, orgulloso de sermonear a Putin, hasta que el mandatario ruso le dio una fría y escueta lección de realidad, una que Maduro, Gadafi y muchos otros aprendieron a las malas:


Tokayev: En el mundo moderno, la posesión de armamento nuclear no supone garantía de seguridad ni de prosperidad económica. A veces es mejor no poseer armamento nuclear, sino atraer inversiones a la economía, mantener y desarrollar buenas relaciones con los estados del mundo, que es lo que Kazajistán hace en la práctica”.


Putin: Sadam Hussein pensó lo mismo.




Venezuela: Las cosas no son como empiezan sino como terminan — Augusto Zamora

 



Observatorio de la crisis – 04/01/2026


La acción criminal contra Venezuela acelerará el choque global. Si Trump enseña los dientes otros tendrán que apurarse con los misiles.


El 1 de mayo de 2003, un ufano presidente George W. Bush, en un discurso televisado a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, frente a las costas de California, anunciaba que “las principales operaciones de combate en Irak han finalizado. En la batalla de Irak, Estados Unidos y nuestros aliados han prevalecido”. Detrás de Bush se podía leer una gran pancarta que decía “Misión cumplida”.


La ilegal invasión de Iraq había comenzado el 20 de marzo. Bush proclamó la victoria cuarenta días después. En Iraq se decía otra cosa. Que la guerra apenas había comenzado, como efectivamente así fue. Se sucedieron ocho largos y sangrientos años de guerra hasta que, en diciembre de 2011, las últimas tropas estadounidenses abandonaban, derrotadas, Iraq. Medio millón de iraquíes habían perecido de forma violenta, mientras EEUU perdía 4.500 soldados.


La guerra no había concluido en mayo de 2003. Había comenzado.


El presidente Bush hizo, en aquel discurso, otra afirmación: “Tenemos una ardua labor por delante en Irak. Estamos poniendo orden en zonas de ese país que siguen siendo peligrosas”. Se refería a lo siguiente: gobernar Iraq como una neocolonia, con las tropas yanquis paseándose por el país como si fuera parque de atracciones. No pudieron. Al final, tuvieron que tragar y entregar el poder a la mayoría chiita, aliada de Irán, y, luego, llegar a compromisos con los iraquíes, muy lejos de lo que pensaban en 2003.


Peor les fue en Afganistán. EEUU invadió el país en 2001 para derrocar a los talibanes, acusados de terroristas, para retirarse a la desesperada en 2021 dejándole el poder a… los talibanes. En 2025, buscaron negociar con ellos la entrega de una base aérea, a lo que, como podrán imaginarse, el gobierno talibán se negó tajantemente.


La operación terrorista ordenada por Donald Trump contra Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, y su eufórico discurso cantando victoria, dando por terminado el episodio y hablando de que gobernarán directamente Venezuela, tiene ecos de déjà vu, de situación vivida, no una, sino muchas veces. Trump hoy, como Bush en 2003, confunde lo inmediato del acto con las consecuencias del mismo.


El éxito espurio de una operación comando es una cosa. La cascada de sucesos que el secuestro del presidente venezolano está y seguirá desencadenando es otra. Porque el secuestro de un presidente no es un hecho baladí. Es abrir una caja de truenos que, a su vez, servirá de desencadenante de hechos posteriores que es prematuro -e imposible- imaginar.


Si en 2001 alguien hubiera afirmado que, en 2021, los talibanes volverían a entrar triunfantes en Kabul, las burlas habrían sido masivas. Si en 2003 se hubiera dicho que, en 2011, EEUU se retiraría de Iraq sin haber alcanzado sus objetivos, la reacción habría sido similar. Las cosas, bien lo sabemos, no son cómo empiezan, sino cómo terminan.


Los jefes de Estado son, de entrada, personas internacionalmente protegidas, según lo establece la Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, adoptada por NNUU el 14 de diciembre de 1973.


La ONU considera que “los delitos contra los agentes diplomáticos y otras personas internacionalmente protegidas al poner en peligro la seguridad de esas personas crean una seria amenaza para el mantenimiento de relaciones internacionales normales, que son necesarias para la cooperación entre los Estados”.


Según el artículo 2 de dicha Convención, “Serán calificados por cada Estado parte como delitos en su legislación interna, cuando se realicen intencionalmente: a) la comisión de un homicidio, secuestro u otro atentado contra la integridad física o la libertad de una persona internacionalmente protegida”.


EEUU, por tanto, ha perpetrado el secuestro de una persona internacionalmente protegida, lo que constituye un delito internacional. Desde esta perspectiva, los tribunales de EEUU carecen totalmente de jurisdicción para juzgar a una persona protegida internacionalmente que ha sido objeto de secuestro, figura delictiva en todas las legislaciones del mundo, incluyendo a EEUU.


Por otra parte, se aplica aquí la antigua y fundamental máxima jurídica de que “nadie puede obtener beneficio de su propio dolo”, es decir, que nadie -persona o Estado-, puede prevalerse de un acto doloso o ilícito como base para obtener ventajas o derechos en un proceso judicial.


Los tribunales estadounidenses, en tal sentido, no podrían, si respetaran los fundamentos esenciales del Derecho, juzgar en forma alguna al presidente venezolano. Esto no detendrá a los jueces gringos, pero permitirá constatar, una vez más, que, en EEUU, no impera el Derecho, sino la barbarie y sólo la barbarie.


Como recoge el diario The Washington Post, “La captura de Maduro por parte de Estados Unidos puede ser ilegal; eso probablemente no importará en los tribunales”. Detrás de su rostro de ‘civilizados’ se encuentra el esclavista, el genocida y el pistolero, los tres pilares sobre los que se fue construyendo ese engendro que se hace llamar EEUU.


Secuestrar a un presidente es un acto de guerra; pero, peor aún, es legitimar con hechos cualquier tipo de arbitrariedad derivada de la fuerza bruta. Es retrotraer al mundo la era del imperialismo salvaje del siglo XIX, cuando los supuestamente civilizados europeos se sentían autorizados, en nombre de su superioridad civilizacional, a asesinar, esclavizar, expoliar, destruir y saquear a los pueblos considerados bárbaros y salvajes. Si Trump puede secuestrar a un jefe de Estado, cualquier otro gobierno se sentirá autorizado, si puede, a ordenar el secuestro de Trump o de cualquier otro presidente.


Otra cuestión debemos tener clara. La política del gobierno estadounidense no obedece únicamente a su histórica vocación de violencia, intervención y uso de la fuerza. Aunque su pulsión violenta les impulsa a actuar casi mecánicamente como pistoleros, esa política sigue las pautas establecidas durante las guerras mundiales, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, cuando Washington exigió a los gobiernos del continente un alineamiento sin fisuras con EEUU.


Todos los gobiernos se alinearon, excepto el argentino, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, que rehusó declarar la guerra al Eje, por su simpatía hacia el fascismo. El punto no es ése. La rebeldía de Perón llevó a EEUU a promover la desestabilización del gobierno argentino, a tal punto que, en 1945, el embajador gringo, Spruille Braden, instigador de la sangrienta Guerra del Chaco, encabezaba las manifestaciones contra Perón.


En octubre de 1945, un golpe de estado derrocó a Perón, que tuvo que ser liberado por los golpistas a causa de una enorme presión popular. Perón ganó las elecciones de 1946 usando el eslogan “Braden o Perón”. Hoy, en Venezuela, pueden parafrasear el eslogan, bajo el lema “Trump o Maduro”.


Trump afirma que EEUU necesita el petróleo y los recursos venezolanos porque, según él, ‘pertenecen’ a EEUU. En realidad, lo que Trump quiere es controlar los recursos de todo el continente como parte esencial de la preparación de EEUU de la guerra que viene contra China y Rusia.


Como ya señaláramos en De Ucrania al Mar de la China, desde 2017, durante su primer periodo presidencial, Trump diseñó una estrategia militar que repetía, en lo sustantivo, la adoptada por EEUU en la II Guerra Mundial.


Como se recordará, EEUU batalló a muerte contra Japón de 1941 a 1944 y no entró de lleno en el escenario bélico europeo hasta junio de 1944, cuando, ya vencido Japón, consideró que podía apuntarse a la guerra contra la Alemania nazi. Para 1944, el Ejército Rojo ya había demolido al ejército nazi, de forma que la participación directa de EEUU en el escenario europeo tuvo más relevancia en Hollywood que en la guerra misma.


No será posible entender la atroz agresión que sufre Venezuela y el propio secuestro del presidente Maduro y de su esposa si se le aísla del escenario mundial y de la lucha, soterrada e implacable, por el cambio sistémico en curso.


Es esa lucha lo que explica la beligerancia de Trump en favor de candidatos derechistas ‘trumpistas’ en el continente americano y en la misma Europa. EEUU no está pretendiendo devolver la región a lo que era hace un siglo. EEUU quiere gobiernos alineados y serviles en los países americanos y europeos que bailen a su compás, sin vacilación ninguna, para cuando se inicie el enfrentamiento mundial, particularmente por el dominio del océano Pacífico.


Aunque el petróleo esté de por medio, nadie en Venezuela se oponía a inversiones estadounidenses en el sector de hidrocarburos. Todo lo contrario, las cortapisas a una relación comercial mutuamente beneficiosa provenían del gobierno estadounidense. En febrero de 2024, Trump anunció que revocaría la licencia que “el corrupto Joe Biden concedió” a Venezuela, en 2022, para que la multinacional Chevron operara en el país.


El petróleo es más cortina de humo que realidad. De siempre se han hecho mejores negocios en la paz que en la guerra. Durante los veinte años que duró la invasión de Afganistán, ninguna empresa de EEUU pudo extraer beneficios del país.


Fue, todo, un desastre militar, político y, sobre todo, económico. El estudio realizado, al respecto, por la Universidad Brown, en 2019, concluyó que la guerra de Afganistán costó a EEUU la friolera de 978.000 millones de dólares. Haciendo comparaciones, el PIB de Chile, en 2025, fue de 340.000 millones de dólares. El de Suecia, de 640.000 millones.


La visión estratégica de EEUU explica, también, el aparente menosprecio de Trump hacia los países atlantistas europeos. Trump los desprecia porque, en su mayoría, se han negado a seguir las directrices dadas desde 2017, de rearmarse comprando armamento estadounidense y de multiplicar por tres el gasto militar, hasta alcanzar el 5% del PIB. Trump, contrario a lo que predican los bobos de turno, no quiere a la OTAN débil.


La quiere archi-militarizada con armamento gringo que, además de inyectar centenares de miles de millones de dólares a las arcas de EEUU -que necesita perentoriamente para financiar el rearme contra China-, conforme una amenaza militar suficiente para amedrentar a Rusia. Y quiere a Rusia amedrentada para que, en caso de guerra con China, Rusia no pueda brindar apoyo suficiente a China. Sin apoyo ruso, EEUU podría soñar con derrotar a China y, una vez derrotada China, pasarían a ocuparse de Rusia.


También explica su aparente interés en la paz entre Rusia y Ucrania. En realidad, Trump ofrece un caramelo para distraer a Rusia y así dar tiempo a que los europeos atlantistas se rearmen.


No es un esquema de paz lo que Trump está moviendo en Ucrania, sino de guerra. De la guerra sistémica que sostienen aquellos (China, Rusia, India, Irán…) que quieren instaurar un nuevo orden mundial contra los que (EEUU y sus títeres europeos) se afanan por impedirlo y prolongar cuanto puedan su hegemonía decadente. Eso aclara el apoyo o el silencio cómplice de la casta política europea hacia la operación terrorista de EEUU en Venezuela. Son zorros del mismo piñal unidos en los mismos objetivos.


No hay, en el mundo actual, conflictos aislados unos de otros. Estamos en un sistema de vasos comunicantes donde todos los grandes frentes de conflicto -Ucrania, Gaza, Irán, Asia-Pacífico, África, hoy Venezuela-, están intercomunicados y unos influyen en los otros. Lo que ha movido a EEUU contra Venezuela está relacionado con la pretensión gringa de apoderarse de Groenlandia. EEUU quiere una Groenlandia yanqui para hacer allí un símil de Taiwán y cerrar a Rusia el acceso al océano Atlántico. Y así…


Es la versión geopolítica del efecto mariposa (“un pequeño cambio ahora puede dar lugar a un cambio gigantesco e impredecible en el futuro”). Pueden ser conflictos localizados en una geografía determinada, pero que forman parte del conflicto global, cuyo escenario principal -no se engañe nadie- es el control del Pacífico.


Allí, en el ‘arco del triunfo’ que va de la península coreana a India -que referimos en Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos-, está el corazón de la economía mundial, la mitad de la población y las cuatro mayores potencias globales.


El acto criminal contra Venezuela tiene otras secuelas, las inmediatas. Una de ellas es recordarnos, de golpe, que el imperialismo depredatorio y violento no ha muerto. Está vivo y coleando, esperando únicamente que nos durmamos para asaltarnos.


También sirve para recordar que la lucha antiimperialista acabará sólo cuando los sistemas imperialistas hayan sido derrotados. No es posible saber qué derroteros seguirá la agresión contra Venezuela. Lo que debemos tener claro es que, mientras el enemigo está despierto, estamos obligados a permanecer en vigilia. Hoy es Venezuela, mañana cualquiera. De fondo, el planeta entero.


Una inédita versión global de lucha entre opresores y oprimidos. Entre oligarquías y pueblos. Entre un mundo unipolar, en manos criminales, y el mundo multipolar, que queremos en manos de la humanidad. Venezuela es el nuevo capítulo, no el último. Habrá otros. Irán, Egipto, Indonesia, África Central… Y no hay que llamarse a engaño. La acción criminal contra Venezuela acelerará el choque global. Si Trump enseña los dientes otros tendrán que apurarse con los misiles.


Sin dar espacio al desaliento, toca estar alertas y preparados. Se han perdido, se pierden y se perderán batallas pero, al final, la victoria será nuestra. Hagan números y verán que salen las cuentas.