La Jornada – 11/10/2026
Los fascismos no fueron "pecados de juventud" del capitalismo, allá lejos y hace tiempo. Están de moda. Contrariamente a la propaganda de Hollywood, ministerio de guerra sicológica disfrazado de entretenimiento, el fascismo nunca fue exclusivamente europeo o japonés, algo "exótico" ajeno a la sociedad estadunidense. El caso emblemático de Henry Ford (arquetipo del american way of life; confeso antisemita) y sus vínculos con Hitler resulta ilustrativo.
Desde Reagan a Trump, las vertientes fascistas y neofascistas han reverdecido. Allí hay lúmpenes y extravagantes. Pintorescos, bufonescos, marginales. Otros, en cambio, ocupan el centro de la escena. Trump y Marco Rubio son la cara pública de un Estado profundo, lo que Eisenhower denominó "el complejo militar industrial", hoy convertido en "complejo militar-industrial-tecnológico".
La categoría de "fascismo" no se reduce a una copia fotográfica color sepia de la toma de Roma en 1922 por las tropas de Mussolini ni al ascenso de los nazis de Hitler en Alemania en 1933. El "fascismo" constituye una categoría política y cultural mucho más flexible y amplia. Se va reciclando de modo diferente ante cada sociedad y cultura. Estados Unidos no es la excepción. Según el filósofo argentino León Rozitchner, hoy Estados Unidos es la prolongación del Tercer Reich alemán.
Por eso la persecución judicial contra el movimiento antifascista se intensifica en Estados Unidos. Y abarca desde movimientos sociales políticos, culturales y callejeros (como los "Antifa" en Estados Unidos), hasta colectivos informáticos (como los Autistici/Inventati [A/I] en Italia) o páginas webs de libre información (como La Haine en España).
Eso explica la asimetría escandalosa entre las condenas judiciales débiles y condescendientes a los asaltantes del Capitolio estadunidense y la rudeza "ejemplificante" contra los críticos del ICE.
Los sujetos que la extrema derecha de Trump y sus asesores identifican como "terrorismo" son en realidad cualquier tipo de disidentes que no acepten la supremacía blanca o la delirante Doctrina Monroe. Trump ve comunistas y "terroristas" (¡comillas, por favor!) debajo de la cama e incluso en la ventana de su vecino. Demasiado sobreactuado. Bizarro, de circo. Expresa un pánico irracional a la disidencia. Detrás del fortachón, hay un anciano débil e impotente, condenado varias veces por delitos de perversión por los propios tribunales estadunidenses.
Karl Popper (y Soros) nos aburrieron con su "sociedad abierta". George Orwell, escritor que recibió dinero de la contrainteligencia anglosajona, también. Estaban obsesionados con el "totalitarismo". Trump, heredero del Ku Klux Klan, Henry Ford, McCarthy y Reagan, condensa la pesadilla que quitó el sueño a Popper y Orwell, pero a un nivel superior: le agregó la tecnología. El apolillado y rancio fascismo estadunidense renació 2.0 acompañado de los ideólogos "neorreaccionarios" de la IA (partidarios de una supuesta "ilustración oscura") y de los programas de vigilancia masiva denunciados por Edward Snowden. Todo mezclado por este licuado de mayonesa y mermelada llamado "economía libertaria", lo más extremista y vulgar del neoliberalismo. Hasta Milton Friedman pasó de moda.
Estados Unidos se hundió en semejante pesadilla distópica por razones múltiples: la crisis mundial del capitalismo, el desafío geopolítico de los BRICS, la sobreproducción de capitales, el subconsumo popular, el auge del capital ficticio, la crisis demográfica y sanitaria, la emergencia climática… ¡Demasiadas crisis simultáneas!
Trump, presuntamente vinculado a un depravado como Epstein (muy probablemente agente extorsionador de la inteligencia israelí), tiene ribetes de lumpen. Pero si el complejo militar-industrialtecnológico lo remplazara por un profesor prolijo, "razonable" y educado, esa crisis permanecería inalterada. Lo mismo sucede con las guerras genocidas y neocoloniales, como las del Estado sionista en Asia occidental.
No quiero ser pesimista, pero el imperialismo contemporáneo no posee salidas "amables". La tercera guerra mundial en su dimensión técnica-militar está a la vuelta de la esquina. No depende de los modales de quienes dirijan Estados Unidos, Israel, la OTAN o Ucrania. Sólo podrá detenerse si se logra una muy difícil y compleja alianza/articulación entre las disidencias internas a esas potencias del imperialismo occidental, los pueblos sometidos del Sur global y los nuevos desafíos que lideran los BRICS. Estos tres vértices no tienen la misma ideología, cultura ni banderas. Por eso es muy difícil lograr dicha articulación.
La tercera guerra mundial ya comenzó, en un territorio previo: el de la comunicación, la ideología y la cultura. Lo que los ideólogos del Pentágono denominan "batalla cultural", malinterpretando y tergiversando a Antonio Gramsci, en realidad es una guerra sicológica-ideológica. Lograr el desarme moral y alcanzar la persuasión de que toda resistencia es imposible son objetivos político-militares.
Tanto Gramsci como su maestro Lenin advirtieron que los movimientos populares deben resistir en todos los terrenos, sin atarse a un exclusivo método de lucha. Las confrontaciones de nueva generación son híbridas. Pero el final, pienso, creo, espero, permanece abierto. Nada está decidido para siempre. Hay esperanza.
★

Incluso sin esperanza hay que resistir.
ResponderEliminarSalud, Juan!
Cierto, Conrado. Hasta el final.
EliminarSalud!
LA ORGANIZACIÓN NO ES UNA BAGATELA DESDE NINGÚN PUNTO DE VISTA REVOLUCIONARIO.
ResponderEliminarDice Kohan y dice bien, que tanto Gramsci como Lenin advirtieron que los movimientos populares deben resistir en todos los terrenos, sin atarse a un exclusivo método de lucha. En nuestra situación actual, hablo de nuestro país pero me atrevería a decir que, salvo contadas excepciones, es similar a nivel global (es obvio que el capitalismo -gran lector de los clásicos marxistas- hace tiempo que ‘lucha en todos los terrenos, sin atarse a un exclusivo método de lucha) la tarea prioritaria debe de consistir en la consolidación/organización/articulación de tales movimientos populares (del mismo modo que el enemigo de clase -que no desprecia las lecciones de la Historia- consolida, organiza y articula su lucha.
Lo realmente existente, según lo veo yo, en cuanto a luchas populares, son explosiones justamente motivadas, lo que les impulsa a sacudirse la resignación y luchar. Pero se trata de unas luchas lamentablemente ‘desnortadas’ en la medida que no identifican al verdadero ‘causante’ de las incuestionables injusticias que denuncian y combaten (El analfabetismo político da sus frutos al enemigo). El caso es que unos y otros, pero cada uno en su aislado sector o parcela, y convenientemente divididos cuando no enfrentados entre sí, intentan infructuosamente combatir -claro que de forma voluntarista, espontánea, inarticulada y desorganizada- al mismo enemigo.
Al mismo enemigo que no sólo está en la trinchera de enfrente, sino que también lucha en nuestro propio terreno, como puede comprobarse en nuestra situación concreta, comparando los grandilocuentes discursitos populistas, con las políticas ‘practicas’ de supuestas organizaciones de ‘izquierda’ como el PSOE, el PCE, Sumar, Podemos…y los grandes sindicatos de la Patronal: CCOO y UGT. Y sí, estos son los principales responsables, junto con nuestra desesperante ineficacia, de que no existan movimientos populares organizados, consolidados y articulados para combatir la raíz el capitalismo que padecemos.
“Nuestras derrotas lo único que demuestran es que somos pocos luchando contra la infamia. Y de los espectadores, esperamos que al menos se avergüencen”
(Bertolt Brecht)
Salud y comunismo.
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Por abundar en tu comentario:
Eliminar"El legado del leninismo, escribe Losurdo, consiste en la conciencia de que los elementos de carácter utópico y mesiánico pueden desempeñar una función positiva en las fases iniciales de la lucha revolucionaria, pero deben dar paso posteriormente a las tareas concretas de la gestión del poder político, sin el cual nunca podrá construirse ninguna sociedad poscapitalista. El antiestatismo y la rebeldía incapaces de reconocerse en una realidad política concreta y determinada son características típicas de la pequeña burguesía intelectual, que no solo carece de experiencia en la gestión del poder, sino que tampoco muestra gran interés en adquirirla. Pero la escasa comprensión del Estado, como nos han enseñado Gramsci, significa escasa conciencia de clase; significa ignorar que el Estado no es el mal absoluto, sino que es, al mismo tiempo, el terreno en el que se libra la lucha entre las clases sociales y lo que está en juego en dicha lucha, que decidirá la victoria de una u otra parte. Para reiterar el concepto, Losurdo cita el juicio de Gramsci, en el que este afirma que las frases ultrarrevolucionarias, subversivas y antiestatistas son expresión de apoliticismo, de evasión del conflicto social y de una renuncia sustancial a modificar lo existente. Losurdo dedica luego especial atención al tema de la relación entre la lucha de liberación nacional y la lucha contra el imperialismo".
Carlo Formenti - Puntos de partida para un debate sobre el pensamiento de Domenico Losurdo
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