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04 noviembre, 2021

“Me habéis convencido” — Jose Mari Esparza Zabalegi

 


Resumen Latinoamericano – 02/11/2021


Me habéis convencido. Me autocritico de mi connivencia con la violencia. Reconozco el daño causado. Mea culpa por cuanto he hecho en estas décadas, en las que mi suelo ético ha estado a la altura de mis zapatillas.


He sido de Herri Batasuna, un terrorista, un apologista sin entrañas. Agradezco a los políticos, jueces, tertulianos y columnistas, su insistencia para sacarme de mis yerros. En adelante quiero ser un demócrata, como ellos.


Me maleó la catequesis. Fueron los hermanos Macabeos, tan rebeldes ellos, los que me abocaron a la violencia; Sansón matando filisteos, Moisés estragando Egipto; Jesús sacando a hostias a los mercaderes del templo… Nunca debí haber leído la Biblia. Tampoco debí haber ido a la escuela. Aprobaba Historia porque me atraían sobremodo las revueltas contra los invasores: el morir matando de Numancia, las degollinas de Viriato, Santiago Matamoros patrón de España y los ovarios de Agustina de Aragón contra los franceses. El cine me hizo más violento aún: soñaba con Toro Sentado aniquilando el 7º de Caballería; Leónidas defendiendo el paso de las Termópilas o Robin Hood matando malos a flechazos.


Las lecturas de zagal acabaron por pervertirme: Homero, los tres mosqueteros o Miguel Strogoff dormían en mi mesilla, y me susurraban que mucho peor que la violencia, era la sumisión. Que por ética se puede, y a veces se debe, ser violento. Un día leí la Declaración Universal de los Derechos Humanos y comprobé que su prólogo resumía mis lecturas: donde no hay derechos, el hombre se ve compelido «al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión». No entiendo cómo todavía sigue vigente.


Un día me hice zurdo y abertzale, y mi entorno me indujo más aún la violencia: los del PNV me glosaban el heroísmo de los gudaris; los carlistas a Zumalakarregi; los anarquistas a Durruti y la acción directa; el PSOE la revuelta de Asturias; el PCE el maquis; la ORT, el MCE y el PTE, la Revolución proletaria, con AK-47 incluido… Mi casa se llenó de afiches del Che, de Zapata y de Ho Chi Min, mientras mi mesilla rebosaba de libros de Marx, Lenin, Orwell, Martí y otros incitadores. Todos lo tenían claro: la violencia era el recurso postrero de los oprimidos. Las únicas diferencias entre los partidos eran el cuándo político y el cómo ético, para no hacer más daño que el que se pretende evitar. Así pues, las condiciones subjetivas, estaban dadas. Las objetivas, en constante debate.


Entonces tomé las armas. En el Regimiento América 66 me enseñaron a matar por España. Fusil ametrallador, morteros del 120… Los cóctel Molotov eran cosa de pringados y de violentos, ahora lo veo claro. Pero entonces estaba tan maleado que tiraba feliz mi jersey al aire cuando sonaba la canción de Carrero, y acudía a Iparralde a potear con los refugiados vascos, donde podías coincidir con jerifaltes del PNV, Txiki Benegas y otros, con tantas ganas de fotografiarse con Argala que no tenían tiempo de explicarnos las diferencias entre maquis, gudaris y etarras. Aquella ETA determinante que, como bien dice ahora un exdirector de EGIN, jamás debió existir.


Tonto de mí, creía que terrorista era el franquismo, y los que luchaban contra él, apóstoles de la democracia. Pero de los 749 presos vascos que había en 1976, solo uno era del PSOE; tres del PNV y cuatro del PCE. Cuatro gatos, los demócratas. Los demás eran terroristas: 400 de ETA y el resto de grupos con el AK-47 en sus anagramas. Pero todo el país y toda la intelectualidad de Europa los apoyaba: Sartre, Malraux… ¿Cómo no íbamos a estar confundidos? Quizá fue el momento de arrepentirse. El PNV tenía razón, hoy tendríamos en suelo vasco aquellas cuatro hermosas centrales nucleares, la luz más barata y menos parque eólicos en nuestros montes. Todos viviríamos como Dios, como jelkides [militantes del PNV].


Teníamos un concepto equivocado del terror. Chomsky nos engañó cuando decía que a la violencia de los oprimidos se le llama terrorismo y a la de los opresores se le llama guerra. Por eso yo me creía un pacifista cuando voté NO a la OTAN. Calculaba, erróneamente, que todas las bombas del IRA y ETA no sobrepasaban, ni de lejos, los bombardeos que ordenó Solana sobre los Balcanes. Y que las guerras que apoyaban el PSOE y el PNV eran mucho más criminales e indiscriminadas que todas las organizaciones revolucionarias de Europa juntas. ¡Qué equivocado estaba!


Tienen razón los que ahora dicen que los pueblos oprimidos no deben, ni siquiera cuando no tengan otra salida, recurrir a ningún tipo de violencia. Drones sí, pero pedradas no. Y del mismo modo que no se puede ser demócrata consumiendo iconografía fascista, tampoco se puede ser pacifista ensalzando la violencia. Así pues, renuncio a mis simpatías por Espartaco, Tupac Amaru, la Comuna de París, la Revolución Rusa y esa banda armada que fueron las Brigadas Internacionales. Pido perdón por haber leído con fruición a Bolívar y los guerrilleros americanos, desde Sandino a Fidel. Por mis connivencias africanas con Sankara, los Mau Mau o el terrorista Mandela, que nunca renunció a su brazo armado. Repudio a Mujica el tupamaro, a Salvador Allende con su metralleta en mano; la Intifada palestina, la lucha de los kurdos y el barrio de Gamonal. Nunca volveré a Amaiur, ni celebraré la batalla de Orreaga, ni cantaré el Eusko Gudariak ni siquiera la Marsellesa. Hasta dejaré de visitar a presos y despediré de la empresa a cualquiera que, como Imanol Haranburu, haya estado en prisión.


Ya soy un demócrata. Siento el suelo ético subir hacia mi txapela. Ahora puedo dormir tranquilo.

★


"Saquen sus sucias manos de Euskal Herria"

 Jon Idigoras en el Congreso de los Diputados (1995)




08 febrero, 2016

Gora Alka-ETA - Juan Gabalaui

Es evidente que el título de este artículo no supone una exaltación del terrorismo. Solo es el encabezado de un artículo que quiere hablar sobre la detención de dos artistas de los títeres que fueron detenidos el pasado viernes en Madrid por la denuncia de unos padres, especialmente sensibles, y una policía, local y nacional, con los resortes a punto para abalanzarse sobre todo aquello que suene a ETA, comprobado o sin comprobar. No importa. En este Estado se cerró un periódico y se detuvo a su dirección por estar escrito íntegramente en Euskera, sin más motivo que los prejuicios hacía la cultura euskaldun que era asociada directamente a vinculación con banda terrorista. Los medios de comunicación generalistas no han cesado de hacer este tipo de asociaciones, alimentadas por la teoría del entorno que dio a luz una ley construida ex profeso para detener a todo aquello que huela a ETA. La justicia dictó de manera inequívoca que la vinculación entre el periódico Egunkaria y ETA era inexistente pero los prejuicios políticos, policiales, periodísticos y ciudadanos propiciaron que el diario se cerrara, los trabajadores se quedaran sin empleo y los acusados vivieran un calvario policial y judicial durante siete años. 

“Como la lengua vasca es un instrumento primordial para ETA en su estrategia, y Egunkaria es el único diario íntegramente editado en lengua vasca, tuvo que nacer porque ETA lo quiso”. 

Este razonamiento es demencial pero ampliamente compartido por gran parte de los ciudadanos aunque la banda armada anunciara en el año 2011 el cese definitivo de su actividad armada. Los padres asistentes a la función de la Compañía de Títeres desde Abajo se escandalizaron cuando vieron una pancarta que decía Gora Alka-ETA. Una madre incluso mencionó que hablaron en euskera. Además hubo una violación, se mató a una monja y se ahorcó a un juez. Ya está. Delito de enaltecimiento del terrorismo. Sin más. Es suficiente la opinión de unos padres sobre el contenido de una obra artística y una pancarta para que unos artistas granaínos que venían a representar su obra en Madrid, dentro de la programación municipal de carnavales, fueran detenidos por la policía, puestos a disposición judicial y enviados a prisión por el delito de enaltecimiento del terrorismo y otro delito cometido con ocasión del ejercicio de derechos fundamentales y de las libertades públicas garantizados por la Constitución. Así ha funcionado la justicia durante décadas en este Estado:


Es absurdo pero es absurdo porque es forzado e irracional. Este tipo de argumentaciones son las propias de llevar un posicionamiento al límite, de forzarlo hasta convertirlo en una parodia del pensamiento. Esta irracionalidad ha sido portada y noticia de los periódicos y se ha utilizado como arma de destrucción masiva contra un Ayuntamiento que lejos de plantar cara se deja llevar por la corriente intolerante y prejuiciosa y ayuda a la criminalización de los artistas anunciando medidas legales contra la compañía titiritera. No se puede negar que en Madrid existe la derecha más fundamentalista y demente de todo el estado y que el actual Ayuntamiento es objeto de todo tipo de acusaciones sin sentido pero actuar de forma tan timorata ante estos ataques es un indicador de que las circunstancias les superan, probablemente por esa amalgama de principios políticos que de tal amalgama se quedan en nada. Que colaboren con la represión aquellos que durante años han sido reprimidos es una broma del destino de la nueva política.

Huelga decir que la obra es típica de las actuaciones titiriteras: cachiporras, horcas, golpes y muertes. Que los jueces, las monjas, las brujas y sus destinos, muchas veces cruentos, han formado parte de las historias que nos han contado durante años los titiriteros. Que si como padre no considero que mi hija tenga que ver ese espectáculo, tengo la posibilidad de marcharme y elegir otra actividad que considere más adecuada. Huelga decir que la obra tiene un contexto, y que sus contenidos tienen un sentido artístico, con mensaje social y político. Que puedes estar de acuerdo o no con lo que exponen pero el desacuerdo no puede significar, en ningún caso, la denuncia y la prisión. Las personas no nos podemos convertir en inquisidores, en herramientas de la represión, sino que debemos apostar por el debate y por el intercambio, y sacudirnos de encima todos esos prejuicios que, de forma muy meticulosa, han construido los medios de comunicación y los políticos, que han utilizado la violencia terrorista con fines partidistas e ideológicos y la criminalización del otro político mientras ignoraban el terrorismo de estado de la dictadura, sus asesinatos, sus persecuciones y la represión y opresión social en la que vivieron miles de familias durante cuarenta años.

La sinrazón no puede formar parte de la vida política y social de un estado que aspira a una democracia plena y por eso el apoyo y la solidaridad con los dos artistas detenidos y enviados a prisión es un imperativo democrático. Ni estos inquisidores ni estos policías ni estos jueces pueden ganar la batalla a la construcción de una sociedad más justa. Una construcción que nos implica a todos, no a las instituciones ni a esos partidos en los que depositáis vuestras esperanzas, sino a cada una de las personas que forman parte de esta sociedad. 


10 octubre, 2015

La tortura: 30 años después (Intxaurrondo. La sombra del nogal / Ion Arretxe)


Entrevista completa en: Kuartoscuro


Javier Coria. LQSomos. Julio 2015

En la madrugada del 26 de noviembre de 1985 fueron detenidos, cada uno en su casa, Mikel Zabalza, su novia, su primo e Ion Arretxe, autor de este libro, un testimonio novelado del paso de un joven estudiante de arte por el siniestro cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo, barrio de Donosti/San Sebastián (Guipúzcoa).


Aunque no se conocían entre ellos, la Guardia Civil les acusaba de pertenecer al mismo comando de ETA y les responsabilizaba de la muerte, hacía apenas unas horas, de dos militares y de un guardiacivil en las inmediaciones del Puerto de Pasajes. Tal y como nos cuenta Ion Arretxe con una prosa sencilla y descarnada, nada más sacarle de la cama le llevaron al monte, le embutieron en dos sacos de plástico de los que se usan para sacar escombros, le envolvieron con cinta de embalar como a una momia y le interrogaron metiéndole la cabeza, una y otra vez, en el agua de un río.


Secuestrado ilegalmente por un grupo de guardiaciviles, al mando del miembro del GAL, general Enrique Rodríguez Galindo (condenado por el secuestro, torturas y asesinatos de Laza y Zabalza), Ion fue torturado, incluso por el propio Galindo, pese a saber que se habían equivocado y no pertenecía a ETA.


Todo esto ocurrió bajo el amparo de la Ley Antiterrorista, con un gobierno del PSOE presidido por Felipe González, que ahora tiene la cara dura de ir a Venezuela a dar lecciones de democracia. Esta es una historia valiente y necesaria y que, desgraciadamente, no todo vivieron para contarla. En estos días hemos escuchado declaraciones (La Tuerca TV) del exjuez Baltasar Garzón diciendo que: “hubo excesos en la lucha antiterrorista”; la verdad es que tanto él, como muchos de sus compañeros de profesión de aquellos años (y médicos), hicieron oídos sordos a las denuncias de torturas y aceptaron las versiones policiales sin rechistar.

Ion Arretxe: “Para mí, tan importante como contar mi siniestra y delirante experiencia en manos de la Guardia Civil, ha sido contextualizar el hecho y situarlo en el momento y en el lugar en el que sucede: la Euskal Herria de los años ochenta”.

Para luego añadir: “Kortatu nos puso a bailar ska, dando patadas contra todo: contra Barrionuevo y su cara de culo, contra los gringos en la Nicaragua Sandinista… Pero también contra nuestro propio muermo vital. De Victoria-Gasteiz, la menos vasca de las capitales vascas, nos llegaban muestras de una lucha que, sin perder un ápice de radicalidad, era mucho más libertaria, autocrítica, y con un toque de humor muy inteligente”.