11 febrero, 2026

El capitalismo como sociedad de la impudicia — Fernando Buen Abad

 



TeleSUR – 11/02/2026


Desde una perspectiva crítica, el primer gran gesto impúdico es la apropiación privada del producto del trabajo. El capitalismo no sólo roba valor; roba también sentido. El fetichismo de la mercancía, analizado con rigor por Marx, no es una ilusión óptica sino una operación semiótica, las relaciones entre personas aparecen como relaciones entre cosas, y las cosas adquieren una vida social autónoma que encubre la explotación que las produce. La impudicia consiste en que este encubrimiento ya no necesita ocultarse. La obscenidad del capital no es secreta, es pública, cuantificable, celebrada en rankings de riqueza extrema que conviven obscenamente con masas empobrecidas. La desigualdad ya no se justifica con pudor; se exhibe como mérito, como espectáculo aspiracional. La semiosis dominante convierte el robo estructural en éxito individual y el fracaso social en culpa personal.


Definida como Sociedad de la Impudicia no por un accidente moral ni una suma de deslices individuales, sino por una formación económica e histórica concreta, es una estructura de sentido producida y reproducida por las relaciones sociales de dominación extremadamente humilantes. En ella, la impudicia no es simplemente obscenidad visible, sino un régimen semiótico que naturaliza el despojo, estetiza la desigualdad y convierte la degradación humana en mercancía simbólica de consumo cotidiano. Su núcleo no es el exceso, sino la impunidad, la posibilidad de robar el producto del trabajo ajeno, de vaciar de contenido la dignidad humana y de hacerlo a plena luz del día sin vergüenza alguna, incluso con aplauso mediático. La impudicia es, así, una pedagogía del cinismo social.


En este contexto, la ideología burguesa opera como una maquinaria de banalización. No se limita a mentir, trivializa. Vacía las palabras de su densidad histórica y ética para reutilizarlas como eslóganes. Libertad se reduce a capacidad de consumo, democracia a procedimiento electoral sin poder popular efectivo, derechos a favores administrados por el mercado. Esta operación es profundamente impúdica porque despoja a los conceptos emancipatorios de la humanidad que los engendró. La vulgaridad no es aquí una disquisición sobre el mal gusto burgués, sino una estrategia política, rebajar el pensamiento, estereotipar el discurso, impedir la pausa reflexiva necesaria para reconocer la injusticia. La grosería mediática, la simplificación agresiva y la espectacularización del conflicto son dispositivos de control simbólico.


Naturalizar la vulgaridad cumple una función disciplinaria. Al imponer un horizonte cultural donde todo es intercambiable, desechable y rápido, se erosiona la capacidad de indignación. La impudicia se vuelve norma, y lo verdaderamente escandaloso pasa a ser cualquier gesto de decencia radical, la solidaridad, la coherencia ética, la crítica profunda. Desde la semiótica social, esto puede leerse como una inversión de los valores de pertinencia, los signos que antes denunciaban la injusticia ahora resultan “exagerados” o “ideológicos”, mientras que los signos del abuso se presentan como neutrales, técnicos, inevitables. La ideología dominante no grita; bosteza. Su eficacia radica en el cansancio moral que produce.


Su industria cultural desempeña un papel central en esta economía de la impudicia. No como simple aparato de entretenimiento, sino como fábrica de subjetividades adaptadas. El dolor ajeno se convierte en contenido, la miseria en formato, la violencia en rating. Hay una obscenidad específica en la repetición serial del sufrimiento sin contexto ni horizonte transformador. La imagen del hambre, de la guerra o de la exclusión, despojada de análisis estructural, se vuelve pornografía del desastre, consume empatía sin producir compromiso. Esta forma de impudicia no sólo explota cuerpos, explota emociones. Extrae plusvalor afectivo y lo devuelve como anestesia.


Desde un humanismo crítico riguroso, esta situación plantea una pregunta insoslayable, ¿la humanidad merece tanta bajeza? La pregunta no es moralista ni metafísica; es histórica y política. No se trata de una condena abstracta al “ser humano”, sino de una crítica a las condiciones que degradan lo humano. Nadie nace impúdico en este sentido estructural. La impudicia es aprendida, incentivada, premiada. Es el resultado de un orden social que separa ética y política, verdad y poder, conocimiento y responsabilidad. Un humanismo crítico no idealiza al sujeto; lo comprende en su conflictividad, pero se niega a aceptar como destino la reducción del otro a cosa, cifra o espectáculo.


Por eso la filosofía, cuando asume su tarea emancipadora, debe recuperar el pudor como categoría política, no en su acepción conservadora, sino como conciencia del límite, del otro, de la responsabilidad frente a la vida común. Pudor es reconocer que no todo puede ser mercancía, que no todo debe mostrarse para ser consumido, que hay una dignidad irreductible que no admite precio ni rating. La impudicia burguesa odia ese límite porque interrumpe la lógica de acumulación. Por eso lo ridiculiza, lo tilda de ingenuo o anticuado. Pero sin ese límite, la civilización se vacía de humanidad.


Un análisis semiótico científico muestra que la Sociedad de la Impudicia funciona mediante redundancia, repite hasta el cansancio los mismos signos de éxito, poder y normalidad, mientras excluye sistemáticamente los signos de cooperación, justicia y memoria histórica. Esta repetición no busca convencer, sino saturar. Frente a ella, la crítica no puede limitarse a desenmascarar; debe producir contra-semiosis, nuevos sentidos anclados en prácticas reales de transformación. La ética humanista no es un discurso ornamental, es una praxis que rehace los vínculos, que devuelve al lenguaje su capacidad de nombrar el dolor y la esperanza sin convertirlos en mercancía.


Su impudicia, en última instancia, es el síntoma de un sistema que ha perdido toda vergüenza porque ha concentrado todo el poder. Combatirla no es un acto de nostalgia moral, sino una necesidad histórica. Allí donde el robo se presenta como ley, la vulgaridad como cultura y la desfachatez como virtud, la tarea crítica consiste en reinstalar la pregunta por lo humano, no como abstracción, sino como horizonte concreto de lucha. La humanidad no merece la bajeza que se le impone; la padece. Y reconocer esa diferencia es el primer gesto de decencia radical en un mundo que ha hecho de la impudicia su lenguaje oficial.


Siempre el capitalismo puede entenderse, con precisión teórica, también como una maquinaria integral de impudicia e impunidad, diseñada para producir daño social sin asumir responsabilidad alguna. Su lógica operativa separa sistemáticamente acción y consecuencia, quien decide no padece, quien se beneficia no responde, quien destruye no repara. Esta disociación es su mayor obscenidad. La acumulación capitalista requiere no sólo la explotación material, sino la suspensión ética permanente; necesita un mundo donde despedir, contaminar, empobrecer o precarizar no provoque vergüenza sino balances positivos. La impunidad no es una falla del sistema, es su condición de posibilidad. Jurídicamente blindado, mediáticamente legitimado y simbólicamente naturalizado, el capital actúa como sujeto irresponsable absoluto, capaz de producir catástrofes humanas mientras se presenta como racionalidad económica. En esta maquinaria, la impudicia se automatiza, ya no depende de la mala conciencia individual, porque la estructura misma ha abolido la necesidad de sentir culpa. El resultado es un orden social donde la injusticia no sólo ocurre, sino que se gestiona, se planifica y se optimiza sin rubor, convirtiendo la negación de la dignidad humana en procedimiento normal de gobierno. Inmundicias ideológicas burguesas. Desde el robo al producto del trabajo hasta la desfachatez de la vulgaridad naturalizada. La humanidad no se merece tanta bajeza.



Bitácora del poder neoliberal, desposeído de cualquier noción de lo humano — Oleg Yasinsky

 

Prisión estadounidense de Abu Ghraib (Irak)

Prisión estadounidense de Guantanamo


La pluma.net – 11/02/2026


Temo que cualquier otra lectura de esta realidad abra las puertas a una pesadilla mucho más generalizada y esta vez irreversible. Jeffrey Epstein sigue vivo y desde el cerrojo del infierno sigue observando, satisfecho, nuestra ignorancia e indiferencia.


Una de las principales características del caso Epstein es que en realidad no es ninguna gran noticia, aunque mediáticamente se presenta como tal. Es una cómoda incomodidad y un escándalo que no escandaliza a nadie, ya que sus más de tres millones de archivos de horror no son más que una bitácora del poder neoliberal, desposeído de cualquier noción de lo humano.


La isla de Epstein es una pequeña parte del archipiélago, que aborda los cinco continentes y no es solo un lugar geográfico, sino una construcción mental del poder que nos ofrece su propia proyección del futuro. Es su plan.


Es curioso que los supuestos enemigos del actual Gobierno estadounidense, que son los demócratas, ya nos han mentido tanto que ahora cualquier prueba de ellos contra Trump y los republicanos se ve como mentira. Aquí no se trata del conocido cuento sobre el pastorcito mentiroso y el lobo. Estamos sumergidos en un mundo de tanta manipulación tecno-sicológica que lo que menos llama la atención y lo que menos convence son las verdades que se ven opacas ante el sicodélico brillo de falsedades y, para ser comprendidas, requieren algún grado de esfuerzo intelectual y espiritual, algo que en estos tiempos es cada vez más escaso.


La cultura occidental idolatra el éxito, idealiza la riqueza, siempre perdona los ‘excesos’ de ‘los triunfadores’, se declara defensora de los derechos, aunque en su cotidianeidad comercia con la hipersexualización infantil, despreciando derechos, emociones e incluso instintos.


Epstein ha sido un peón en el ajedrez mundial de las corporaciones. Con sus redes colaboraban las monarquías, los organismos de la ONU y los grandes líderes de la opinión pública de todo signo político.


Eso se sabía, pero la gran prensa mundial guardaba silencio. Esto se explica muy fácilmente por el miedo a las demandas, la dependencia de los anunciantes, etc. Además, un periodista rebelde y honesto, incluso en la democracia más democrática, sabe que, en el mejor de los casos, arriesga su trabajo y su carrera.


El caso Epstein no muestra la ‘maldad de las élites’, sino el funcionamiento normal de un sistema en el que el poder protege al poder, los medios de comunicación controlan la opinión pública, la cultura popular justifica a sus ídolos exitosos y los niños son material de consumo.


Esta monstruosidad es banal, repetitiva y reproducible.


La famosa película del director de cine italiano Pier Paolo Pasolini ‘Saló o los 120 días de Sodoma’ no trata sobre las perversiones, como la mayoría piensa. Es un retrato del poder del capitalismo, el que siempre muta en fascismo, donde las élites se encierran en un espacio oculto, las personas se reducen a sus funciones exigidas por la autoridad y la violencia es natural. El poder fascista es representado por el duque, el obispo, el magistrado y el presidente, que reflejan distintas caras de la descomposición del sistema.


Pasolini muestra la total perversión de los valores morales proclamados como el único camino de esta falsa e hipócrita sociedad que niega y desprecia cualquier destello de una espiritualidad verdadera.




En ‘Saló’ tenemos una villa, la seguridad, la desconexión del mundo exterior y la impunidad absoluta. En el caso de Epstein, es una isla privada, los aviones, las mansiones, lagunas legales y todo lo demás, que coincide hasta en los detalles más mínimos. La normalización rutinaria del horror en ‘Saló’ se realiza a través de la cena, la historia, el castigo y otra vez la cena. En el caso de Epstein, es a través de los masajes, los pagos, los regalos, los vuelos, y la repetición de los actos. Y en ambos casos, las violaciones no son más que un procedimiento administrativo ritual.


La estetización del crimen es un arma aparte: la música, la amabilidad, los ambientes ordenados y distinguidos, las conversaciones intelectuales en ‘Saló’; y la caridad, las universidades, la filantropía y el glamur en el caso Epstein obedecen a su único objetivo: hacer que la pesadilla se vea decente y aceptable para que ninguno de los espectadores sensibles se indigne antes de tiempo. Es importante que, en ambos casos, las élites actúen de forma colectiva y no como individuos.


En ‘Saló’ no existe un principal culpable, igual que en el caso Epstein también es evidente que el financista estadounidense no podía actuar solo, lo cubrían, usaban y aprovechaban miles de poderosos mientras se podía, es decir, hasta su muerte, cuando la responsabilidad de los demás se diluyó.


Muchos calificaron la película ‘Saló’ de insoportable. El problema es que Pasolini llamó a las cosas por su nombre, mientras que la realidad del caso Epstein está inundada de eufemismos: «relaciones inapropiadas», «contactos controvertidos», «acusaciones», etc. La película de ficción de 1975 nos expone mejor las noticias de hoy. Incluso en su tiempo y en las décadas siguientes, esta película, a pesar de no tener ninguna escena explícita, escandalizaba a las mismas generaciones consumidoras de Playboy y pornografía, moralistas hipócritas que se vieron retratados en las escenas del filme.


La analista colombiana Ana Lucía Calderón compara esta historia con otra, la del barrio Bronx en el centro de Bogotá, ocurrido hace 10 años. Cuando el Ejército entró al Bronx, se vieron prácticamente las mismas realidades descritas en los expedientes del caso Epstein: prostitución infantil, tráfico de drogas, esclavitud, torturas, asesinatos, horror total. Todo, como siempre, bajo control del crimen organizado a servicio de los poderosos, a su vez controlados por el poder supremo, grupos oligarcas, los tres poderes de Estado y su eterno aliado estratégico: los gobiernos de EEUU.


Prisión estadounidense de Abu Ghraib (Irak)


Después de una descripción de la naturaleza y similitud entre ambos casos, Calderón concluye:

«…Nadie está viendo el trasfondo que trae consigo este tema. Después de poner en todos los medios de comunicación día y noche, horrores y padecimientos, al igual que lo hicieron con los bombardeos en Gaza, saltan sesos por aquí, tripas por allá, en un par de semanas la gente anestesiada ya no reacciona más. Eso es lo verdaderamente aterrador. Se legitima el crimen, el exterminio, el saqueo, la violación. No hay alteración social, ¿de qué?, si es que las chicas jóvenes se publicitan en Instagram para ir a Arabia Saudí o a Emiratos Árabes a las orgías y a comer caca de los jeques. Si las redes están llenas de chicas invitando a otras, contando sus experiencias que «valen la pena» porque reciben mucho dinero. Todo se habla abiertamente, nadie siente vergüenza de exponer su intimidad en las redes, pero sí de mirar a los ojos a otra persona y tomar su mano. Se destapa todo esto cuando ya no tendrá repercusión popular ni ninguna censura moral. Esto ya no asombra a nadie y como la política de violación de soberanía nacional, tampoco. Simbólicamente la violación a una persona o a un pueblo da lo mismo y se compensa con dinero. Acostumbrémonos, ese es el mundo que construimos, gracias a la inexistencia de otra opción colectiva de la fantasía».


Temo que cualquier otra lectura de esta realidad abra las puertas a una pesadilla mucho más generalizada y esta vez irreversible. Jeffrey Epstein sigue vivo y desde el cerrojo del infierno sigue observando, satisfecho, nuestra ignorancia e indiferencia.



Palestina en imágenes: enero de 2026

 

Testimonios gráficos y artículo completo en:

The Electronic Intifada



Fawzia al-Fasfous contempla las manchas de sangre en las escaleras de su casa después de que su hijo Khaled al-Fasfous, de 38 años, fuera baleado por las fuerzas israelíes durante su arresto en Dura, ciudad cercana a Hebrón, en el sur de Cisjordania, el 15 de enero. (Foto: Mosab Shawer)




Z A M B O M B O (made in USA)

 


Por qué Rusia y China deberían intensificar la defensa de Cuba — Finian Cunningham

 



Observatorio de la crisis – 10/02/2026


El régimen de Trump ha intensificado el embargo ilegal estadounidense a Cuba, que lleva décadas en vigor, hasta convertirlo en una guerra económica abierta. La nación caribeña de 11 millones de habitantes, en plena recuperación del huracán Irma hace apenas tres meses, enfrenta una crisis existencial debido al bloqueo de combustible tras el anuncio de Trump de la suspensión total de los envíos de petróleo.


Sin embargo, el matón estadounidense ha declarado perversamente que Cuba es una "amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos", dándose así licencia para imponer sufrimiento genocida.


Washington suspendió todos los envíos desde Venezuela tras el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, en enero. Caracas había sido un recurso vital para el aliado socialista en la recepción de suministros petroleros. Ahora, Trump ha ordenado a todos los países que cesen los envíos de combustible a Cuba bajo pena de sanciones económicas y la incautación de buques.


La situación en Cuba es crítica. El presidente Miguel Díaz-Canel ha ordenado un racionamiento de emergencia ante los apagones continuos que sufre el país. "No permitir que entre ni una sola gota de combustible a nuestro país afectará el transporte, la producción de alimentos, el turismo, la educación infantil y el sistema de salud", declaró.


Rusia y China han condenado la agresión estadounidense contra Cuba. Moscú ha prometido continuar el suministro de petróleo crudo a pesar de la amenaza de sanciones estadounidenses. China también ha expresado su solidaridad con el suministro de ayuda alimentaria y tecnología solar para impulsar la creciente red cubana de fuentes de energía renovable.


Pero Rusia y China deberían hacer más para defender a un aliado en necesidad, bajo el principio de que un ataque a uno de nosotros es un ataque a todos.


El tiempo apremia. El régimen de Trump tiene a Cuba en la mira para un cambio de régimen. El ataque a Venezuela y la continua agresión contra Irán con impunidad parecen haber envalentonado a Washington para aumentar la presión sobre La Habana.


Trump y sus secuaces, como el Secretario de Estado Marco Rubio, hijo de emigrantes cubanos, están salivando ante la perspectiva de poner a Cuba de rodillas y destruir finalmente la revolución que ha desafiado la implacable hostilidad estadounidense durante más de 65 años.


En 1959, la revolución cubana liderada por Fidel Castro y el Che Guevara transformó al empobrecido país, de una dictadura respaldada por Estados Unidos, en un faro de esperanza para el mundo, demostrando que el socialismo era una liberación viable de la pobreza, la miseria y la degradación propias del capitalismo estadounidense. Cuba se convirtió en la "amenaza de un buen ejemplo" en el supuesto patio trasero de Washington.


Durante más de seis décadas, Estados Unidos ha impuesto un embargo económico ilegal a Cuba, en flagrante violación del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Cada año, durante los últimos 30 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha votado por abrumadora mayoría exigiendo a Estados Unidos que ponga fin a su agresión económica.


Además del estrangulamiento económico, Estados Unidos ha librado una campaña de terrorismo de Estado y operaciones psicológicas para un cambio de régimen. Ron Ridenour relata en Killing Democracy cómo la CIA llevó a cabo innumerables intentos de asesinato contra Fidel Castro y otros actos de agresión, como el atentado con bomba contra un avión civil en 1976, en el que murieron las 73 personas a bordo. La CIA también atacó la isla con armas biológicas para destruir la agricultura cubana.


El pueblo cubano también se vio amenazado de aniquilación nuclear durante la crisis de los misiles de 1962, cuando Cuba intentó defenderse instalando armas nucleares de la Unión Soviética. Los estadounidenses no lo toleraron, a pesar de que Estados Unidos se atribuye el derecho a colocar sus misiles en las fronteras de otras naciones.


Cuando la Unión Soviética se derrumbó en 1991, Cuba sufrió una crisis económica debido a la pérdida de comercio. La isla necesitó años de innovación e improvisación para recuperarse, lo que logró con el apoyo constante de Rusia y China, así como con el vital suministro de petróleo de la Venezuela socialista durante los últimos 25 años.


La suspensión del suministro de petróleo venezolano por parte de Trump ha sumido a Cuba en una grave crisis. Esto se suma al azote del huracán Melissa en octubre pasado.


En un acto de repugnante hipocresía, la administración Trump anunció la semana pasada una propuesta de 6 millones de dólares en "ayuda humanitaria", aparentemente debido a los daños causados por el huracán. La Habana condenó lo que calificó de guerra económica estadounidense, que causa sufrimiento a toda la población y luego arroja «latas de sopa para ayudar a unos pocos».


Hay indicios de que Rusia está intensificando su asistencia militar a Cuba. Un cargamento de un Ilyushin IL-76 aterrizó el 1 de febrero en la base aérea de San Antonio de Los Baños, a 50 kilómetros de La Habana. Se cree que el cargamento incluía sistemas de defensa aérea.


Una maniobra rusa similar ocurrió en octubre pasado en Venezuela, cuando un avión de carga IL-76 aterrizó en medio de crecientes tensiones con Estados Unidos. Esto se interpretó como un apoyo ruso a Caracas. Resultó que las defensas rusas eran deficientes cuando comandos estadounidenses irrumpieron en Caracas el 3 de enero para secuestrar al presidente Maduro y a su esposa. Se especula que los venezolanos no estaban suficientemente entrenados para operar las armas rusas.


Moscú debe garantizar que no se cometa el mismo error en Cuba. Los dos aliados históricos firmaron un acuerdo renovado de cooperación militar en marzo de 2025. El mes pasado, el 21 de enero, el ministro del Interior ruso, Vladímir Aleksándovich Kolokoltsev, acompañado por una delegación de militares rusos, se reunió con los líderes cubanos en La Habana.


Rusia y China deberían actuar con decisión para que Washington sepa que debe desvincularse de Cuba. Se necesitan más entregas de IL-76.


¿Por qué no enviar a los petroleros cargueros acompañados de buques de guerra rusos y chinos a la libertad de navegación conforme al derecho internacional?


China debería lanzar una advertencia vendiendo más bonos del Tesoro estadounidense y dejando saber a Washington que su economía corre el riesgo de sufrir una liquidación de dólares.


Algunos advertirán que tales medidas podrían llevar a Washington a una guerra total. Quizás. Pero ¿cuál es la alternativa? ¿Más agresividad de las hienas estadounidenses mientras acechan a la manada, eliminando a los miembros más débiles uno por uno?


Cuba ha sido durante mucho tiempo una valiente inspiración para el socialismo y un desarrollo más humano. Rusia y China le deben a Cuba una solidaridad activa y deben defender su llamado a un mundo multipolar, libre de la hegemonía estadounidense. Es hora de actuar.


Se trata de una cuestión de solidaridad moral y humanitaria con una nación que sufre la brutal agresión de un imperio despiadado. Más aún, si Cuba cae, será solo cuestión de tiempo antes de que el imperio estadounidense intensifique sus ataques contra Rusia y China. Siria, Ucrania, Venezuela, Taiwán, Irán, Cuba… ¿Cuánta agresión permitirán Moscú y Pekín al régimen psicópata estadounidense antes de que sea demasiado tarde?



10 febrero, 2026

El Gob. Australiano protege al genocida presidente de USrael


La población de Sydney se manifestó en contra de la visita de Isaac Herzog, criminal de guerra y genocida presidente de la colonia sionista USrael.









09 febrero, 2026

A la vista de todo el mundo — Caitlin Johnstone

 


Si crees que nuestros gobernantes hacen cosas terribles en secreto, observa lo que hacen abiertamente


Caitlin's Newsletter – 09/02/2026

   Traducción del inglés:Arrezafe


A la vista de todo el mundo, perpetran un genocidio transmitido en directo.


A la vista de todo el mundo, están atacando abiertamente a poblaciones civiles mediante una guerra de asedio contra Irán y Cuba.


A la vista de todo el mundo, secuestraron abiertamente al presidente de una nación soberana.


A la vista de todo el mundo, provocaron deliberadamente una terrible y peligrosa guerra por delegación en Ucrania.


A la vista de todo el mundo, apoyaron activamente durante años las monstruosas atrocidades genocidas de Arabia Saudita en Yemen.


A la vista de todo el mundo, están saqueando y explotando los recursos y la mano de obra del sur global.


A la vista de todo el mundo, para su propio enriquecimiento, están matando la biosfera, de la que la vida en este planeta depende.


A la vista de todo el mundo, rodean al mundo con cientos de bases militares para asegurarse la dominación planetaria.


A la vista de todo el mundo, se involucran en arriesgadas maniobras nucleares, manejando el Armagedón como vulgares pistoleros.


A la vista de todo el mundo, la gente se queda sin hogar y muere de frío mientras los multimillonarios compran islas privadas y eligen al próximo presidente.


A la vista de todo el mundo, los fabricantes de armas cabildean a favor de las guerras beneficiándose de la muerte y la destrucción que causan.


A la vista de todo el mundo, el presidente de los Estados Unidos ha admitido repetidamente haber sido comprado y dominado por el israelí más rico del mundo.


A la vista de todo el mundo, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos ha admitido reiteradamente que su país provocó deliberadamente la violencia y el malestar en Irán empobreciendo metódicamente a la población mediante una guerra económica.


Veo a gente entrar en pánico y preguntarse cómo es posible que los personajes de los archivos de Epstein no hayan sido arrestados por su inefable conducta secreta. Y siempre me dan ganas de preguntarles: «Ay, amigo, ¿has visto las atrocidades que están perpetrando abiertamente?».


Presten atención a los archivos de Epstein. Presten atención a lo poco que podamos saber sobre el comportamiento oculto de estos malvados bicharracos. Por supuesto, presten mucha atención a estas cosas.


Pero no olviden prestar atención también y sobre todo a los males mucho mayores que están infligiendo, a escala planetaria... a la vista de todo el mundo.



07 febrero, 2026

Michael Parenti. Sobre los países llamados "subdesarrollados"

 



"Esa expropiación del tercer mundo, que lleva 400 años produciéndose, nos lleva a otra revelación: el tercer mundo no es pobre. No se va a los países pobres para ganar dinero. Hay muy pocos países pobres en este mundo. La mayoría son ricos. Filipinas es rica. Brasil es rico. México es rico. Chile es rico. Solo la gente es pobre. Pero hay allí miles de millones que extraer y apropiarse. Miles de millones que durante 400 años las potencias capitalistas europeas y norteamericanas se han apropiado. De la madera, del lino, del cáñamo, del cacao, del ron, del estaño, del cobre, del hierro, del caucho, de la bauxita, de los esclavos y de la mano de obra barata que han extraído de estos países. Estos países no están subdesarrollados, están sobreexplotados".





05 febrero, 2026

Cuba resistirá el nuevo embate imperialista — Ángel Chávez Mancilla + Comparecencia del presidente de Cuba ante los medios

 

https://youtu.be/PLjbrLbwjfM?si=RBUFu2Adb2bD_pkB


Presidencia Cuba – 05/02/2026

El Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez dialoga con representantes de medios nacionales y extranjeros sobre la situación del país, el impacto de las más recientes medidas dictadas por Trump, el apoyo de la comunidad internacional a la Isla, sus relaciones con Venezuela, la estrategia para salir de la crisis actual, así como la postura de la nación acerca de un posible diálogo con el gobierno norteamericano.




La disyuntiva entre socialismo o barbarie, enunciada por Rosa Luxemburgo, no remite a un futuro lejano: describe con precisión nuestro presente. La humanidad avanza hacia una nueva guerra generalizada en la que las potencias imperialistas buscan repartirse, una vez más, mercados, territorios, materias primas y la primacía económica global.


El genocidio contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza constituye una advertencia clara de hasta dónde está dispuesto a llegar el imperialismo para alcanzar sus objetivos. Los más de 70 mil muertos provocados por la agresión del Estado de Israel —aún en curso— han sido resultado del bombardeo sistemático de hospitales y escuelas, la destrucción de infraestructura básica como el suministro de agua y electricidad, así como de medios de comunicación y transporte. Esta ofensiva ha sumido al pueblo palestino en una situación de barbarie absoluta.


De manera paralela, los monopolios norteamericanos preparan el enfrentamiento con sus principales rivales imperialistas, China y Rusia, y en ese contexto intensifican su agresividad contra los pueblos de América Latina. La agresión contra Venezuela del 3 de enero del presente año evidenció la nueva doctrina de seguridad impulsada por el gobierno estadounidense. Tras ese ataque, se anunció una escalada de hostilidades contra Cuba, histórico bastión antiimperialista de la región.


En este marco, la agresión contra el pueblo cubano se ha recrudecido con la orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 29 de enero, que impone el aumento de aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba. Esta medida se suma al bloqueo económico impuesto desde 1962 y ampliado posteriormente mediante leyes, decretos y disposiciones administrativas. Sin embargo, la nueva orden aumenta el nivel de agresión amenazando con generar una crisis humanitaria.


Hoy, el pueblo de Cuba —al igual que el pueblo palestino en Gaza— enfrenta una agresión de carácter genocida. Cortar el suministro de petróleo busca afectar directamente la vida cotidiana del pueblo de Martí. Una parte sustancial del petróleo se destina a la generación de electricidad y al transporte. Su ausencia compromete el suministro eléctrico, el funcionamiento de sistemas de refrigeración, el uso de aparatos eléctricos básicos y, de manera crítica, la operación de hospitales, escuelas y sistemas de distribución de alimentos e insumos esenciales. Sin combustible, se interrumpen las cadenas de suministro, el traslado y conservación de alimentos, así como la recolección de residuos.


El imperialismo pretende imponer la barbarie y privar al pueblo cubano de las condiciones mínimas de vida que la civilización humana ha creado. Cree que así podrá doblegar al pueblo de Fidel. Si bien una crisis humanitaria no se ha concretado gracias a la organización popular y a la acción del gobierno revolucionario, la nueva ofensiva para impedir la llegada de petróleo puede generar daños comparables, en términos de sufrimiento social, a los bombardeos sobre Gaza.


¿Resistirá Cuba esta redoblada agresión imperialista?


Sin duda, Cuba resistirá. El pueblo y su dirección revolucionaria mantienen como principio irrenunciable la consigna: ¡Patria o Muerte! No hay fuerza capaz de derrotar a un pueblo decidido a enfrentar a su opresor. La historia lo ha demostrado: cuando un pueblo se organiza y actúa con determinación, la victoria se vuelve inevitable, como ocurrió con la derrota del fascismo durante la Segunda Guerra Mundial.


No obstante, la posibilidad de vencer no depende únicamente de Cuba. Depende también de la clase obrera y de los pueblos del mundo. La solidaridad internacional resulta indispensable para denunciar el carácter criminal de la agresión imperialista contra el pueblo de Martí, Mella y Fidel, que ha decidido defender su soberanía y su libertad. Aun así, Cuba insiste en la vía del diálogo y la negociación, pues su objetivo es revertir la agresión y evitar el sufrimiento de su pueblo.


La historia demuestra que la determinación de la clase obrera requiere del respaldo internacional. La Revolución Socialista de Octubre logró resistir la agresión de las potencias imperialistas gracias, en parte, a la solidaridad de los trabajadores del mundo, que organizaron protestas, huelgas y campañas contra la intervención. Lo mismo ocurrió con el pueblo vietnamita, que derrotó a los imperialismos japonés, francés y estadounidense, apoyado por una ola global de movilización encabezada por trabajadores y estudiantes de numerosos países.


La victoria del pueblo cubano depende hoy de nuestras acciones concretas de solidaridad: de la movilización, de la creación de comités en universidades y barrios, y del involucramiento activo de los sindicatos. La defensa de Cuba no puede quedarse en el discurso; debe traducirse en compromiso militante y cotidiano con el pueblo cubano socialista, cuya existencia ha demostrado durante generaciones que es posible construir una sociedad sin explotación y derrotar al imperialismo.


Defender a Cuba es vital para los pueblos del mundo. Cuba es un muro de contención frente a las agresiones imperialistas y una prueba viva de que otra sociedad es posible. Como señaló Fidel Castro, lo que el imperialismo nunca le perdonará a Cuba es haber hecho una revolución socialista. Su ejemplo desmiente la idea de que, por la cercanía con Estados Unidos, países como México no puedan romper con el capitalismo.


La defensa de Cuba exige presencia en las calles, en los centros de trabajo, en las escuelas y en los barrios. Entre las iniciativas que deben fortalecerse destaca “Un barco de petróleo para Cuba”, impulsada por el PCM junto con la Asociación de Cubanos Residentes en México y el Movimiento de Solidaridad con Cuba.


La agresión imperialista contra Venezuela y Cuba puede mañana dirigirse contra otros pueblos de la región. Defender la soberanía de México implica, hoy, defender la Revolución Cubana. Organizar a la clase trabajadora en torno a esta causa es prepararnos para enfrentar la barbarie de la guerra imperialista que amenaza a toda la humanidad.


No se puede confiar en el imperialismo, bajo ninguna de sus formas, como aliado de la liberación de los pueblos. La soberanía depende de la acción consciente de los trabajadores y de la solidaridad internacional. Apoyar hoy a Cuba es defender nuestro propio futuro.

Cuba resistirá el nuevo embate imperialista.

¡Cuba vencerá!


Fuente: EL MACHETE