09 diciembre, 2016

Genealogía del pensamiento débil - Miquel Amorós




“Donde no se quiere la utopía, el pensamiento mismo muere” (Adorno)

En 1848 se cerró el ciclo de revoluciones burguesas y terminó el predominio del pensamiento hegeliano. Los Estados, provistos de parlamentos y de constituciones, fueron adaptándose a los nuevos tiempos, no sin tratar de mantener un equilibrio entre los intereses contrapuestos de las clases dominantes. La burguesía ya no se preocupó más que de acumular riqueza, incluso por encima del poder político en sí. Se volvió conservadora y, por lo tanto, poco interesada en la historia o en la conexión de la realidad con la filosofía, “su tiempo comprendido en ideas” según Hegel. La praxis filosófica se separó de la política y de la ciencia, perdiendo unidad y consistencia. Surgió un tropel de sistemas opcionales: neokantismo, fenomenología, utilitarismo, positivismo, vitalismo, darwinismo, existencialismo, etc. Según Gunther Anders, el pensamiento filosófico post hegeliano se mostró como retorno a una naturaleza pasiva y ensanchada: el hombre, la moral, el Estado, la sociedad, fueron conceptos deshistorizados y renaturalizados. En sus contradictorias mutaciones la nueva reflexión filosófica pasaba a ser la expresión ideológica múltiple de la reacción conservadora en el seno de la burguesía. A pesar del grado de verdad que pudiera tener alguno de sus postulados por revelar las limitaciones del idealismo alemán, era la manifestación en el área especulativa del cambio radical de orientación de la clase burguesa.

El desarrollo del proletariado aportó un nuevo tipo de conflictividad, desplazando el escenario de la revolución a los talleres y las fábricas. El movimiento obrero se interesaría por las ciencias sociales y naturales, por la evolución de las especies, por la salud y la sexualidad, por la pedagogía y la literatura, pero en ninguna de sus ramas se sintió la necesidad de un pensamiento específico como componente real del proceso revolucionario. El proletariado consciente permanecía anclado en una concepción naturalista del mundo. Era creencia bastante extendida de que ni el marxismo ni el anarquismo tenían que ver con la filosofía y nadie se planteaba la necesidad de una filosofía “obrera”. Si bien el anarquismo se consideraba “la concepción más racional y práctica de una vida social en libertad y armonía” (Berkman), y el marxismo se veía más como una teoría científica de la evolución social y una sociología general crítica, en cuanto a principios filosóficos, los pensadores más destacados de uno y otro campo no iban más allá de un materialismo vulgar, naturalista y cientista, optimista, puesto que descansaba en la teoría de la evolución y la fe en el progreso. En lo que concierne al anarquismo, la derrota de la Commune y la disolución de la Internacional pesaron en su posterior evolución, marcándose diferencias profundas entre la tendencia obrera, bakuninista primero, luego comunista y sindicalista, y la tendencia individualista, estirneriana, que rechazaba el carácter obrero internacionalista y defendía la propiedad privada. La historia antropológica de Reclus y el determinismo mecánico de Kropotkin vendrían a completar el corpus ideológico anarquista. Del lado socialista democrático, se perfilaban también dos líneas principales, la reformista y la revolucionaria. Ambas se consideraban marxistas, pero para la una el marxismo era una teoría neutra del conocimiento de las leyes que rigen la sociedad, necesario para desarrollar las fuerzas productivas racionalmente, mientras que para la otra era nada menos que “la expresión teórica del movimiento revolucionario de la clase proletaria” (Korsch). La Primera Guerra Mundial ahondó todavía más las diferencias entre bandos, y, al tener lugar la Revolución Rusa, la primera revolución supuestamente hecha de acuerdo con las enseñanzas marxistas, la relación entre marxismo y filosofía se puso sobre el tapete.


La querella filosófica de 1924 enfrentó a los marxistas revolucionarios, que reivindicaban una metodología dialéctica hegeliano-marxista, con los marxistas socialdemócratas y los “marxistas-leninistas”. Estos últimos, apoyándose en el libro “Materialismo y Empirocriticismo”, pretendían instaurar una filosofía marxista de partido con bases filosóficas burguesas semejantes a las propuestas por los ideólogos socialdemócratas. La derrota del proletariado alemán en octubre y noviembre de 1923 y el desarrollo veloz en Rusia de un capitalismo de Estado dirigido implacablemente por una burocracia usurpadora hablando en nombre de la revolución, sentenciaron la disputa a favor del leninismo. Así, incluso antes de que la dictadura bolchevique se convirtiera en un infierno totalitario y la burocracia soviética en una auténtica clase explotadora, el “marxismo” se transformó por la vía leninista en una especie de materialismo burgués, dualista y mecanicista, determinista y positivista, una ideología estrafalaria al servicio de un Estado totalitario como sus futuros homólogos italiano y alemán. Pannekoek y la izquierda consejista holandesa y alemana libraron batalla contra esa conversión ideológica, pero Luckacs, disciplinado y obediente al “partido”, hizo “autocrítica” y desautorizó su “Historia y conciencia de clase”. También los anarquistas habían salido perdiendo en las revoluciones rusa y alemana, y su mayor preocupación del momento fue dar a conocer su papel en ellas, desfigurado por los comunistas de todas las tendencias, no la de confeccionar una filosofía que recogiera su legado desde Proudhon y la Internacional en una visión del mundo coherente. Bien al contrario, la necesidad de exposiciones sencillas y sistemáticas del “ideal” se hizo más urgente, y por eso mismo Alexander Berkman redactó un “ABC del comunismo libertario”. Malatesta zanjó la relación entre anarquismo y filosofía afirmando que éste no se fundaba en ninguna ciencia, ni constituía ningún sistema, lo cual no excluía el pensamiento filosófico en sí siempre que sirviera “para enseñar a los hombres a razonar mejor y a distinguir con más precisión lo real de lo fantástico”. Posición ahistórica y ecléctica que conducía a fundar su “concepción del mundo” en principios abstractos como “la voluntad” y “el amor a los hombres”, dejando la cuestión sin resolver.


El anarcosindicalismo tuvo sus mejores formulaciones entre 1930 y 1938, al producirse en la península ibérica la reorganización del movimiento obrero (“Los sindicatos obreros y la revolución social” de PierreBesnard) y durante la revolución española (por ejemplo, en “Anarcosindicalismo. Teoría y práctica” de Rudolf Rocker). Después, nada hasta “El Anarquismo. De la doctrina a la acción”, de Daniel Guérin, “Anarquismo ayer y hoy”, de LouisMercier y “El anarquismo en la sociedad de consumo”, de Murray Bookchin, en los comienzos de un nuevo ciclo revolucionario inscrito en la quiebra del modelo fordista de desarrollo, que tuvo la virtud de despertar un interés, por desgracia pasajero, hacia el protagonismo anarquista en las revoluciones rusa, española y mexicana, rescatando del olvido a figuras señeras como Landauer, Makhno, Berneri, Los Amigos de Durruti o Magón, y a experiencias insuperables como los sindicatos únicos, los consejos obreros, las colectividades ibéricas y las milicias. Bookchin planteaba una respuesta anarquista a la sociedad “de la abundancia”, abriendo nuevos frentes en el terreno de la crítica ecológica, del urbanismo y de la tecnología. 

Mercier proponía una renovación teórica mediante la confrontación del análisis anarquista clásico con las nuevas condiciones de dominación y explotación capitalistas. Para Guérin la superación del impasse filosófico anarquista pasaba por una reconciliación entre Marx y Bakunin, que bien podía partir de la unidad entre la concepción materialista de la historia y la crítica del Estado. En realidad, pasaba, entre otras cosas, por una vuelta a Bakunin –por una relectura a fondo de su obra en tanto que filósofo materialista y teórico de la revolución. Tras la desaparición de la Internacional, los pilares de su pensamiento, la dialéctica histórica y la crítica de Rousseau, Hegel, Comte y Marx –del contrato social, de la mística idealista, de la función de la ciencia positiva y del estatismo– fueron menospreciados e ignorados. Tal desconsideración, junto con otros factores a tener en cuenta como por ejemplo la falta de crítica de su intervención histórica, empujaría el pensamiento anarquista, según soplara el viento, bien hacia la ideología cientista o el individualismo interclasista, bien a la aventura, a la mistificación del pasado o al circunstancialismo.

En el panorama posterior a la guerra del 14, la crisis social había espoleado la capacidad de pensar tanto de la burguesía occidental como de la burocracia estalinista, lo cual se manifestaba de dos maneras, o mejor de dos idealismos, uno subjetivo y el otro objetivo. La burguesía, cada vez más tentada por salvadores providenciales, dictaduras y aventuras nazis, había perdido todo el optimismo liberal democrático del principio. No contemplaba el mundo como suyo, sino como algo ajeno y neutro ante el que el individuo se constituía como “ser”, desinteresado en la política, la moral o la acción social. La fugacidad de la experiencia vital de dicho ser impedía la posibilidad de trascender el tiempo histórico. La categoría de la acción la praxis fue abandonada definitivamente por la filosofía revisionista de entreguerras, bien para encerrarse en una postura pesimista y derrotista, o bien para aplaudir incondicionalmente al poder establecido. Heidegger será el filósofo más representativo de la época. El proletariado apenas se movía. En cuanto a la burocracia soviética, ésta conservaba el optimismo de una clase ascendente, aunque fuera igual de incapaz que su competidora y aliada –la burguesía decadente– de conocer la realidad más allá de lo que le dictaban sus intereses de clase. Ella se consideraba intérprete exclusivo del interés de las clases oprimidas, y por consiguiente, dirigente de la revolución y timonel de la historia. La filosofía estalinista no se limitaba pues a ocultar con fantasías legitimadoras la verdad –la esencia de las cosas expresada en ideas–, sino que producía sus rituales, sus héroes y sus mitos propios, arropados con verborrea científica y determinista. En ese contexto, no se distinguía de la religión. El Partido, el Politburó, el Estado, el Líder supremo, la Ciencia, la Revolución, el Socialismo… todos eran una retahíla de figuras henchidas y vacías –elementos de un espectáculo concentrado como diría Debord– destinadas a consolidar su poder con pretensiones de objetividad y universalidad. El ataque a la Razón se realizaba en dos frentes y de dos formas distintas: desde la irracionalidad subjetiva, disolviendo los conceptos de alienación, sujeto, clase, verdad, ideología, historia, memoria, humanidad, etc., en los de ser, voluntad, impulso vital, existencia, naturaleza, raza, patria y demás; y desde la irracionalidad objetiva, con un hipermarxismo verborreico y maniqueo. La idea de libertad había resultado radicalmente transformada, pues no tenía nada que ver con la autodeterminación sin trabas de la comunidad, sino en un estar ahí del individuo dentro de un caos amoral y asocial, dejándose llevar con indiferencia, cuando no obedeciendo ciegamente a quienes se autoproclamaban representantes del destino o agentes de la necesidad histórica.


Ciertamente el pensamiento racional no retrocedió, ni ante los embates existenciales, pragmatistas, nazis o marxisto-estalinistas de la sinrazón, ni ante las propias contradicciones del racionalismo. La idolatría de la ciencia y el progreso fueron ambos cuestionados como ideología burguesa, denunciándose su carácter instrumental, mientras el arte y la literatura de vanguardia apelaban a lo oscuro, lo infantil, lo primitivo, lo crepuscular, como contrapunto de lo corriente y mesurable. Finalmente, ante los ataques de Nietzsche a los valores burgueses, la crítica de la Razón en nombre de la Razón no concluyó en una nueva metafísica de la existencia desnuda situada “más allá del bien y del mal”, ni tampoco se deslizó hacia el esteticismo. Sin embargo, el triunfo de las potencias capitalistas y del totalitarismo soviético le restó posibilidades de expandirse y comunicarse, quedando aislado en círculos intelectuales, editoriales marginales, facultades de provincia y proyectos con mayor o menor éxito como el Instituto de Investigación Social (los autores de la Escuela de Frankfurt y otros vinculados a ella), el Collège de sociologie (Bataille), las revistas Politics (MacDonald) y Le Contrat sociale (Souvarin, Papaioannou), la Asociación para la Planificación Regional (Mumford), etc. Protegida por la escasa repercusión inicial de sus investigaciones, separada de los medios sociales y alejada de los conflictos políticos cotidianos, sin relación dialéctica con la totalidad del proceso social y por lo tanto, sin empleo, la importancia de la crítica social teórica se disparó con la irrupción de un nuevo ciclo revolucionario en los países de capitalismo turbodesarrollista durante los años sesenta del siglo pasado. Hacía de puente entre dos épocas; a otros correspondería asimilarla y practicarla, en verdad, a los protagonistas de las revueltas, los nuevos contestatarios. No se puede afirmar con rotundidad que tal tarea no encontrara obstáculos casi insalvables, y con eso no sólo nos referimos a las fuerzas de represión y disuasión del orden, sino a las jaulas del estalinismo, que bajo diversos ropajes, tercermundistas principalmente, sedujo a una buena parte de la juventud revoltosa del momento. Pero la crítica social hacía progresos, acompañando al movimiento real.


El Mayo francés del 68 fue el punto culminante del “segundo asalto proletario a la sociedad de clases”, tal como lo definiría la Internacional Situacionista, el único colectivo en captar el potencial revolucionario de la época y en señalar los puntos donde aplicar la palanca de la revuelta. La crítica situacionista constituyó una extraordinaria síntesis de razón e imaginación. Aunque no asimilara la totalidad del pensamiento crítico formulado con anterioridad y pecara de historicismo y de progresismo, fue la más coherente e innovadora, formulando exigencias radicales que, dada la profundidad de la crisis, podían plantearse a escala masiva. Pero no encontró a su proletariado más que unos breves momentos, pues la búsqueda de la conciencia teórica por parte de la clase obrera de los sesenta no duró demasiado y la creación de consejos obreros no tuvo lugar en ninguna parte. La I.S. dio el golpe de gracia al estalinismo y sentó las bases de una crítica radical verdaderamente subversiva, donde el deseo iba de la mano del conocimiento racional, pero de sus triunfos se beneficiarían las nuevas generaciones amorfas y sumisas, reacias a dejar el refugio capitalista para secundar proyectos revolucionarios, pilares de una clase vencedora que supo fagocitar e integrar sus aportaciones.

El Poder quiere ser contemplado como algo natural, como si siempre hubiera estado presente, por eso siente horror a la historia, a la historia de la lucha de los oprimidos, ya que ésta le recuerda su origen reciente, su condición de usurpador y la duración efímera de su existencia. Lograda la victoria sobre el proletariado autónomo, su objetivo estratégico era la erradicación de la misma idea de autonomía, a realizar primeramente mediante un desarme teórico que pusiera a la historia fuera de la ley. Con la desvalorización del conocimiento histórico objetivo se buscaba borrar del imaginario social todo lo que el pensamiento revolucionario había vuelto consciente y que por el bien de la dominación tenía que caer en el olvido, después de una última mistificación. Para una tarea de tal envergadura el viejo marxismo positivista resultaba inoperante, y también el estructuralismo. La reflexión académica seudorradical se convirtió entonces en el instrumento idóneo para empujar la historia a la clandestinidad y hacer que el orden volviera al terreno de las ideas gracias a la recuperación de fragmentos críticos convenientemente desactivados, cosa fácil dado que las condiciones de degradación intelectual reinantes en los medios universitarios favorecían la falsificación. Así pues, los pensadores de la clase dirigente se defendían de la subversión llevando los acontecimientos fuera de la historia, integrándolos en su visión del mundo como metarrelatos, es decir, como categorías literarias atemporales. El hecho histórico, cargado de experiencia humana, pasaba a considerarse como una excepción que carecía de significado preciso, una interrupción condenable de la norma, una fisura reparable en las inmutables estructuras. La lógica fobia de la dominación a las revoluciones llevaba a que sus pensadores calificasen de mitos falaces todas las ideas que empujaban a los individuos hacia la realización colectiva en la historia de su propia libertad, de forma que no les quedara más remedio que doblegarse ante la opresión y evadirse en su pequeño mundo privado.

Las vedettes de la recuperación adquirieron una notoriedad impensable pocos años antes, puesto que uno de los aspectos más llamativos de la destrucción de la historia ha sido la facilidad con la que se fabrican y rectifican reputaciones cuando la mixtificación sabionda tiene las manos libres. Y así pues, los pensadores funcionarios camparon durante un tiempo entre los escombros teóricos de las luchas anteriores –vueltos inofensivos por el reflujo del movimiento– el necesario para que la sumisión progresase y las ilusiones revolucionarias dejaran de ser necesarias. Con un proletariado revolcándose en la miseria modernizada, las ideas ya no eran peligrosas: cualquier profesor de medio pelo podía cuestionar cualquier punto de la anterior ortodoxia y proponer una alternativa ficticia y chapucera. El truco consistía en ser extremadamente crítico en los detalles y abstenerse de concluir. Todo era demasiado complejo para deducir soluciones simples del estilo de abolir el estado y las clases. El psicoanálisis podía servir como coartada de una radicalidad de papel. Por ejemplo, para un cómico como Guattari no había que buscar la lucha de clases en los escenarios habituales del combate social, en los antagonismos generados por la explotación, sino “en la piel de los explotados”, en la familia, en la consulta del médico, en el grupúsculo, en la pareja, en el “yo”, etc., a saber, en cualquier parte donde el capital y el estado no salieran demasiado perjudicados. 

Todo eso sonaba muy radical, incluso muy anarquista, pero uno se podía pasar la vida mirando su sexo o su interior, culpabilizándose y buscando la lucha de clases sin estar seguro de encontrarla. Un pensamiento sumiso guardando las apariencias subversivas resultaba lo más indicado para un poder que se apoyaba en unas clases medias asalariadas y en un proletariado retrocediendo en desorden que, todavía ambos bajo el influjo de las conmociones pasadas, soñaban con revoluciones que realmente no deseaban y en todo caso, que eran incapaces de hacer aunque quisieran. Consumidores de ideología, querían al mismo tiempo el prestigio de la revuelta y la tranquilidad del orden. Sin embargo, la fase “revolucionaria” de la ideología dominante cesó tan pronto como se esfumó en el mundo occidental la perspectiva de una guerra de clases. En poco tiempo la inmersión en la vida privada, la preponderancia de los intereses particulares y la satisfacción inmediata de necesidades falsas produjo tal inconsciencia general y tal grado de ignorancia que el camino del pensamiento débil quedó definitivamente allanado. La desvinculación de la vida social y pública permitía que la abundancia de mercancías colmara los deseos manipulados de las masas y que su espíritu se contentara con sucedáneos cada vez más simples. En 1979, año en que aparece el adjetivo “posmoderno” en su acepción actual, el concepto de revolución ya podía ser demolido con comodidad: con el proletariado adormecido, la historia podía redefinirse como “narración” o “relato”, es decir, como canción de cuna, un género literario menor dentro del cual la revolución quedaba reducida a simple “acontecimiento” fabulable. Pero la revolución no era precisamente objeto del deseo. La caterva de “neofilósofos” –la mayoría, antiguos maoistas– condenaba la revolución y la universalidad como antesala del totalitarismo. Quien abogara por un modelo alternativo de sociedad o apelara a un proyecto revolucionario trabajaba para una nueva forma de poder, o sea, para el Poder. Afirmaban que “la historia no existe” o que “el individuo no existe” con la misma naturalidad que los negacionistas rechazaban la evidencia de las cámaras de gas y los crematorios nazis. Por fin la intelectualidad adicta estaba en condiciones de afrontar idealmente a la subversión ya casi extinta. La sociedad volvía al orden, se inauguraba un mercado de ideas inútiles para masas analfabetizadas y los neopensadores se ponían de moda, dejándose de disimulos y proclamando abiertamente ante los medios sus fines liquidadores. Fin de la utopía: no pocos abominaron de Mayo del 68 como revolución y lo aplaudieron como modernización. Las ideas de moda se mostraban como lo que eran, ideas de la dominación. La clase dominante que surgió transformada tras la descomposición del movimiento obrero y de la reestructuración del capitalismo, encontraba al final un pensamiento inequívocamente suyo, una filosofía propia que reflejaba a la perfección su carácter y la nueva condición de su dominio, la tremendamente antihumanista condición posmoderna. En los bien remunerados departamentos de enseñanza, provistos de un arsenal de categorías ambiguas y brumosas expresadas en un farragoso argot autorreferencial, los recuperadores post estructuralistas y semiólogos trabajaban en su “tematización”.


Sin lugar a dudas, el pensamiento reaccionario posmoderno se construyó a partir de interpretaciones unilaterales sobre todo de Nietzsche, aunque también se echó mano a Heidegger, Kant, Husserl, Lacan, Levi-Strauss y Freud en la medida de su utilidad para la labor de destrucción de la Razón y la Historia. La filosofía racionalista había creado valores universales, postulando una progresiva toma de conciencia que en su estadio final volvía a la humanidad capaz de autogobernarse en libertad. La categoría de universalidad acababa con las diferencias de nacimiento, de destino, de sexo, de riqueza, de clase, de nación… Su realización era un proceso conflictivo: de ahí la importancia dada a la historia como historia de las luchas de liberación. 

En sus formulaciones más radicales, las revoluciones constituían las salidas violentas de emergencia. Nietzsche cuestionó la realidad de dicho proceso emancipador, negando el teloso finalidad de la historia y sacando a colación la dimensión inconsciente y oscura –dionisiaca de las sociedades humanas. Quiso demostrar que los fundamentos de la Razón no eran racionales y que la historia no evolucionaba según planes determinados. La astucia de la razón que deducía fines generales a partir de pasiones particulares era pues una falacia hegeliana. Es más, la razón, al apoderarse de la “Vida”, la destruía, luego por el bien de ésta había que desembarazarse de aquella. Tal sería, un tanto simplificada, la tarea que inspirará a los primeros artífices de la filosofía débil de la posmodernidad, Foucault y Deleuze, a sus procedimientos genealógicos y modelos rizomáticos. No podemos negar el crucigrama teórico surgido de la cruel materialización de la idea de Progreso, de la experiencia totalitaria y del triunfo del capitalismo que Adorno, Benjamin, Bataille y otros, cada uno a su modo, trataron de resolver sin necesidad de renunciar a la Razón ni hacer concesiones al irracionalismo. Pero las críticas razonadas de la razón y su sentido histórico estaban condenadas a languidecer en tertulias de ilustrados, a no ser que un sujeto agente se hiciera cargo de sus resultados y los llevara a la práctica. Por desgracia, ese sujeto, la clase obrera revolucionaria, en los años ochenta había dejado de existir. En verdad el sujeto histórico no puede coexistir con la contrarrevolución. El gran logro del capitalismo fue precisamente ese, materializado gracias a la disolución de los vínculos que ligaban los individuos a su gente, a su vecindario y a su clase mediante la privatización absoluta del vivir, o sea, mediante la desintegración de la trama social por la colonización tecnoeconómica de la vida cotidiana. Desde un punto de vista conservador hipermoderno, la historia no era el escenario donde se recreaba la humanidad consciente para autoliberarse. En la práctica, para un defensor de lo existente, la historia se inmolaba en un eterno presente donde nadie era ni devenía, sino que simplemente existía. Por consiguiente, la aniquilación teórica del sujeto de la conciencia fue uno de los primeros objetivos del pensamiento sumiso. Sin sujeto no había posibilidad de utopías revolucionarias. Cabía completar la victoria capitalista en el campo de las ideas, pero no mediante la herramienta de falsificación habitual, el marxismo universitario, sino innovando en el arte, también universitario, de disolver la verdad en la mentira y la realidad en el espectáculo. Las condiciones mentales del capitalismo tardío –desconexión con el pasado, desmemoria, pérdida de valor de la experiencia, anomia, seudoidentidad- favorecían la operación, dándole además los aires prestigiosos de la ruptura.


Al prescindir de la categoría de totalidad, el comentario apologético destruye la verdad y la convierte en doxa, opinión, interpretación, bucle. Para el apologista todos los sistemas filosóficos no han sido otra cosa. Los hitos del pensamiento ya no se contemplan como momentos del desarrollo de la verdad, luego de la humanidad, sino como un montón de ruinas más o menos aprovechables. A los ojos del posmoderno, ni la verdad ni la humanidad existen. Su trabajo de recuperador es más propio de un arqueólogo con su “caja de herramientas” que de un historiador de la filosofía recopilando informaciones y datos susceptibles de un tratamiento objetivo. Cualquier enunciado se puede cuestionar (y “deconstruir”) demostrándose su invalidez a la carta. Para Derrida, las categorías como por ejemplo, género humano, clase, comunidad, libertad, relación social, antagonismo, revolución, etc., son simples fantasmagorías del lenguaje, y por consiguiente, meras convenciones, “logocentrismo”. Algún entusiasta de la incomunicación como Barthes llegaría a decir que “el lenguaje es fascista.” 

Las categorías mencionadas no son reales; la realidad es lo que queda al final de la deconstrucción, es decir, poco menos que nada. Son simples formas de hablar. La objetividad se pierde, la esencia se diluye y el contenido se vacía: lo verdadero no se distingue de lo falso, ni lo concreto, de la abstracción. Políticamente, el relativismo de tal delirio interpretativo conduce a someterse al orden vigente dejando que otros, los expertos, controlen las condiciones de existencia de la mayoría: si nada es verdad, cualquier forma de adhesión está permitida. Hete aquí un nihilismo de andar por casa que en sus aspectos más llamativamente negadores penetra en todas las ideologías, del marxismo al anarquismo, del nacionalismo al fascismo, hibridándose en cierta medida con ellas. En las obras más representativas de la conciencia servil, el Poder no aparece en un extremo de la jerarquía social como producto de unas relaciones desequilibradas por el capital y el Estado, sino la sustancia que impregna la vida, desde el estrato social más alto al más bajo. El Poder, como Dios y la libido, está en todas partes, pero especialmente en las asambleas de trabajadores, en la vida cotidiana, en la cama, en el alma individual y en las raíces de la tan traída verdad, que a poco que se abra camino se verá denunciada como convencional y totalitaria. No sorprenderá que algún avispado como Foucault haya encontrado su bioideal sucesivamente en el Irán de Jomeini, en el partido socialista francés y en los Estados Unidos de Ronald Reagan. Otros, como Guattari “el máquina”, reivindicaban la revuelta de mayo como si realmente no hubieran permanecido tranquilos en su casa durante los días de las barricadas. Como buen alumno de Lacan creía que la realidad más real eran las estructuras y que éstas “no salían de manifestación.” La mayoría, como Derrida, de cara a un público académico políticamente correcto, se declaraban vagamente “de izquierdas”, pero cuidándose de desmarcarse mucho más del 68 que del estalinismo y antisemitismo de sus maestros.

Los posmodernos de segunda como Baudrillard –otro maoista renegado– afirmaron incluso que la realidad no existía, que era un simulacro. Muchos de su bando la calificaban de “discurso”; otros, de “caos”. Curiosa manera de “interpretar” a Debord. Sin embargo, el concepto de espectáculo, derivado del de alienación, idea-tabú para los posmodernos, hacía referencia a realidades muy palpables como la relación entre personas mediatizada por imágenes, forma última del fetichismo de la mercancía. Al contrario de lo afirmado por Lipovetsky –renegado del socialbarbarismo– la alienación no era guay. El vacío no era una opción libremente escogida. Los individuos estaban alienados en tanto que espectadores pasivos de una representación de sí mismos hecha por otros, los agentes de la dominación. Así pues, toda su actividad, productiva, pensante, lúdica… no era propiamente la suya, sino que estaba diseñada y determinada por reglas fijadas en exclusivo beneficio económico y político de la clase dominante. No obstante, la alienación no era una fatalidad, sino un fenómeno histórico que de la misma manera que había empezado podía acabar. A cada cual regodearse con ella como un cretino o ponerle fin bruscamente. No puede extrañar que para los posmodernos –alienados satisfechos– la alienación fuese el principal concepto a suprimir tras los de revolución e historia. Sin él, el rechazo frontal al régimen dominante perdía justificación. Si la realidad era algo más que espectáculo, la copia no era igual de legítima que el original. La verdad definía a contrario la falsedad.

A medida que el capitalismo proletarizaba el mundo con la inestimable ayuda de la tecnología, las condiciones industriales de existencia se generalizaban y la mentalidad posmoderna se extendía. Las reflexiones de la posmodernez eran las más indicadas para el confort intelectual de los estratos medios desarrollados en las fases de crecimiento económico. Nos estamos refiriendo a las clases medias asalariadas, con estudios e hiperconectadas. Las características más comunes de la vida cotidiana en régimen turbocapitalista se daban al cien por cien en dichas clases: narcisismo, vacío existencial, frivolidad, consumismo, falta de compromiso sólido, miedo, soledad, problemas emocionales y relacionales, gregarismo, culto al éxito, “realismo” político, etc, todo lo cual las convertía el público ideal de la posmodernidad. La “ideología francesa” –tal como la llamaba Castoriadis–, a pesar de su oscuridad y vaciedad, o precisamente por ellas, encajaba perfectamente con la naturaleza trivial de aquellos sectores de población, la base social de la dominación. Pero la función de la especulación posmoderna no acaba ahí: cualquier movimiento real anticapitalista se la encontraría por el camino en compañía del ciudadanismo y del progresismo, dificultando la cristalización tanto de una práctica verdaderamente antagonista, como de un verdadero pensamiento crítico antidesarrollista. Se la encuentra incluso en los rangos anarquistas, donde las ideologías primitivistas e insurreccionalistas allanaron el camino. Para un anarquista de la nueva ola discutir sobre organización, rememorar el pasado o simplemente hablar de revolución es entrar en la dinámica del poder. La anarquía posmoderna no es orden sino caos, y el caos ya existe, aunque no sea suficientemente caótico para los foucaltianos de vanguardia. Contra el poder no hay rebelión colectiva posible, puesto que lo colectivo es opresor en sí. Solamente cabe un individualismo stirneriano que vaya saltándose todas las convenciones posibles, por ejemplo, sobre el sexo, la salud, la pareja, la alimentación, los animales de compañía, la convivencia social cotidiana, etc. Al final, resulta que el individuo existe, pero sólo en la modalidad de “único”. De esta forma, la cuestión social que ocupaba el centro del anarquismo clásico resulta eliminada ante una pluralidad de opciones personales efímeras y contradictorias, realmente caóticas, muy representativas de la libertad posmoderna, versión vanguardista de esa clase de libertad postulada por el capitalismo. El anarquismo posmoderno no es otra cosa más que un reflejo ideológico futurista de las condiciones de supervivencia en el capitalismo urbano tardío. Dijo Anders eso de que “Hiroshima está en todas partes.” Lo mismo podríamos decir de Derrida o de Foucault. La amenaza nuclear es hoy una trivialidad porque forma oficialmente parte del sistema, exactamente igual que el pensamiento débil. En consecuencia, la crítica de la posmodernidad ocupa el lugar que antaño correspondió a la crítica de la religión marxista-leninista, en un momento en que la sociedad tecnológica de masas ocupa del lugar de la antigua sociedad de clases.

“Nunca el mundo habrá sido tan despreciable y nunca, tan poco criticado. El espectáculo presente ha eliminado tan bien la distancia crítica que ya no existe nada indefendible que no pueda defenderse” (Encyclopédie des Nuisances, nº 7). La primera gran dificultad de la crítica radical es la de encontrar a un sujeto capaz de restablecer dicha distancia, o sea, capaz de opinar, pues las comunidades de lucha nacidas de los conflictos no suelen ser suficientemente fuertes y estables. Tampoco son muy dadas al debate con voluntad de concluir. La presencia de las clases medias las vuelve “comunidades de carnaval” o de “guardarropía”, según la expresión de Zygmunt Bauman, es decir, masas reunidas en espectáculos sin intereses comunes pero con una ilusión compartida de corta duración, una momentánea identidad, que sirve para canalizar la tensión acumulada en los días rutinarios. En ese tipo de seudocomunidad tan pronto como terminan las protestas festivaleras, todo queda como estaba. El efecto más nefasto de los espectáculos contestatarios de los últimos tiempos, al dispersar la energía de los conflictos sociales verdaderos en salvas ceremoniales, ha sido el aborto de verdaderas comunidades combatientes. La invasión de afectividad insatisfecha anula cualquier intento de comunicación racional, por eso las asambleas rehúyen los debates concluyentes y sueltan las emociones, atrayendo a un sinfín de personajes neuróticos y caracteriales: frikis. Es evidente que si las crisis no son lo bastante profundas como para generar antagonismos irreconciliables y amenazar seriamente la supervivencia de una de las partes, la peste emocional desactivará siempre los conflictos reales y los fragmentos posmodernos contaminarán cualquier reflexión bienintencionada

La tarea inmediata de la crítica consistirá entonces en denunciar los mecanismos psicopolíticos de contención y la mentalidad mesocrática conformista en la que se anclan. Pero la reflexión no marcha separada de la pasión: el deseo de razón parte de la razón del deseo. Kafka, Anders, Marcuse, Reich, Sade y los surrealistas pueden ser de gran ayuda. Sin embargo, la labor de más largo alcance es la de afrontar la crisis de la idea de Progreso, de la Historia y de la misma Razón –la crisis de la sociedad capitalista– sin volver al redil cayendo en la irracionalidad, en un escapismo estético o ruralizante, en un antihumanismo naturalista y sociófobo, en una hipertecnofilia, etc. Hay que explicar los síntomas de la crisis social histórica sin abdicar jamás de la Razón, que, como dice Horkheimer, es “la categoría fundamental del pensamiento filosófico, la única capaz de unirlo al destino de la Humanidad.” En ese punto hay que ser conservadores, puesto que se trata de conservar un pensamiento que sirva para transformar radicalmente el mundo. En definitiva, hay que perseguir la utopía, que no es más que una razón sui generis, una razón imaginativa.

La supresión radical de la razón y de la memoria en la que se esfuerzan los posmodernos, el fin de la utopía, obedece a un imperativo del Estado contemporáneo, igual que la sustitución del deseo y la voluntad por el capricho y el compromiso frívolo. La dominación quiere ocultar su naturaleza y su historia, como si el Estado siempre hubiera sido razonable y placentero, aun cuando la irracionalidad y la represión le sean inherentes. Sin embargo, parafraseando a Debord, un Estado de esa clase, tan contrario a la razón, a la memoria y a la vida, “y en cuya gestión se instala de manera perdurable un gran déficit de conocimientos históricos, no puede en absoluto ser conducido estratégicamente”, y por consiguiente, ésta condenado a la aberración y al derrumbe.


06 diciembre, 2016

LO CORRECTO - Rafael Hernández











Lo correcto es saludar al mundo con la cabeza por delante.
Recibir a Dios como se merece
con el alma blanca y la razón en blanco.
Obedecer hasta convertirse en hombre de provecho.
Estudiar una carrera con salida
no masturbarse.

Lo correcto es casarse y concebir dos hijos
aprobar oposiciones
no llegar nunca tarde.
No enamorarse de un loco o de una loca.
No llorar si naciste macho o llorar mucho
si te parieron del sexo femenino.

Lo correcto es aburrirse
afiliarse al Real Madrid
escuchar Carrusel Deportivo
votar
y votar lo menos malo
no pronunciar palabras malsonantes.
Asumir el azar sin rebelarse.
Pasear al crepúsculo un perro de raza
que se cague sin reparo en la puerta del vecino.
Ponderar los juicios
engañar sin mentiras
disfrazarse de traje y de corbata a juego con los calcetines.

Lo correcto es consumir dos horas diarias frente a la telepantalla
no levantarse de la mesa
ni comer con piel los melocotones. No equivocarse
saber escoger
intoxicarse con ibuprofeno a la primera molestia que lo excuse.

Lo correcto es follar los sábados
cenar en el McDonal's un resto de cadáver
comprarse una nariz nueva y cambiar la propia por una de mentiras
asesinar con cirugía las patas de gallo
para hacer la guerra y no el amor al paso de los años.

Lo correcto es suponerse underground
diferente
alternativo
cuando envías un guasap
mientras te lanzas de compras los domingos.

Lo correcto es morirse... sin haber vivido.

¡NO a la minería a cielo abierto en Xochicalco (Tetlama) México!



La empresa canadiense “Esperanza Silver de México, S.A.” trata de abrir una mina en Xochicalco

14,11, 2015
El Diario de Morelos - Teodoro Lavín León

No cabe duda de que somos el país de la corrupción. Después de tantas manifestaciones y el rechazo de todos los sectores de la sociedad contra la mina a cielo abierto en los alrededores de Xochicalco (Tetlama), ahora al parecer el gobierno federal autorizará su apertura, lo que es un verdadero golpe a la salud de los morelenses y una vez más una manera de hacer ricos a extranjeros, que muy probablemente, para tener las concesiones con todas las ventajas para ellos, repartieron dinero que ni siquiera ingresará a las arcas de la nación, sino a las cuentas privadas de funcionarios a quienes lo que menos les importa es el bienestar de los mexicanos.


Nos dicen que son los habitantes de Tetlama quienes quieren esos trabajos, por lo que se les está permitiendo abrir, cuando la verdad es que se han hecho ya varios estudios de cómo afectaría a la población ese tipo de mineras; pero, por lo pronto, ya se ha convertido la mina en un verdadero problema, pues está ubicada en la colindancia de los municipios de Xochitepec, Temixco y Miacatlán, y el edil de Xochitepec, Rodolfo Tapia López, convocó a los ayudantes municipales, comisariados ejidales, de bienes comunales, alcaldes en funciones, junto con su cabildo, y alcaldes electos, para conformar un frente de oposición y a una reunión informativa realizada por especialistas en el tema, que fue encabezado por Paul Hersch Martínez, investigador del INAH y titular del Movimiento Morelense en Contra de las Concesiones Mineras de Metales Preciosos.

La posición del Ayuntamiento y del Gobierno Municipal de Xochitepec es concreta: No a las concesiones mineras; “en el municipio estamos en contra de la práctica de la minería a tajo abierto”, reiteró el alcalde.

Los motivos para esta reunión son la preocupación por el daño a la salud y la economía, ya que los terrenos donde se realizaría la extracción del oro y plata, que son parte de la reserva de la selva baja caducifolia y representan una extensión de 700 hectáreas, se devastarían completamente y habría una irremediable contaminación con los productos químicos que se utilizan en el proceso para la obtención del cotizado metal; el daño ecológico será irreparable y habrá un alto impacto en la calidad de vida para los xochitepequenses.


Ese frente responde a las pretensiones de una empresa minera canadiense que busca desarrollar en el subsuelo de terrenos del Municipio de Temixco, pertenecientes a la zona de Tetlama, colindantes con Xochitepec, una mina de tajo a cielo abierto para extracción de oro y plata mediante la técnica de lixiviación, que implica el uso masivo de cianuro, explosivos y aguas superficiales y profundas, lo que acarrea daños severos e irreversibles al entorno ecológico y a la salud del ser humano. Sin embargo, el Gobierno Federal ha permitido esas concesiones a las cuales Xochitepec se opone.


En su exposición informativa, Paul Hersch Martínez, investigador del INAH y titular del Movimiento Morelense en Contra de las Concesiones Mineras de Metales Preciosos, proporcionó datos contundentes y ejemplos concretos sobre los efectos al medio ambiente y daños a la salud como consecuencia de las minas a tajo abierto.

Se pretende que la información de estos daños se difunda entre la población en general por medio de comités en colonias y poblados, y ellos mismos sigan generando conciencia sobre la necesidad de crear un frente común entre los tres municipios para oponerse a las concesiones mineras, que el gobierno federal ha estado avalando.


Finalmente, se concluyó que las concesiones mineras no dejan beneficio a las poblaciones, ya que el recurso y lo que generan se va al país de origen de la empresa minera, que sólo invierte en mano de obra muy barata. De consumarse el proyecto de la mina, desaparecerían el Cerro del Jumil y el Colotepec, pertenecientes al complejo paisajístico y arqueoastronómico de Xochicalco, además de 300 hectáreas de selvas bajas caducifolias.

http://www.diariodemorelos.com/content/vivencias-ciudadanas-tratan-de-abrir-mina-en-xochicalco

Carta Abierta: Proyecto Minero “Esperanza Silver de México, S.A.”
21 FEBRERO, 2013
PUBLICADO EN: DESTACADA, MESOAMÉRICA, MÉXICO

CARTA ABIERTA
Cuernavaca, Morelos, Febrero de 2013
PROYECTO MINERO “ESPERANZA SILVER DE MÉXICO, S.A.”
TRAERÁ DEVASTACIÓN ECOLÓGICA A MORELOS

Ing. Juan José Guerra Abud
Secretaria de Medio Ambiente
y Recursos Naturales, SEMARNAT
Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental
Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales,
DGIRA-SEMARNAT

Por medio de la presente, los abajo firmantes le exponemos lo siguiente:

El proyecto para explotar una mina de oro en el estado de Morelos tendrá como consecuencia la devastación de la región, pues se trata de una mina de tajo abierto, que utiliza cianuro en sus procesos y que busca una concesión de 700 hectáreas en una primera etapa, para llegar a 15 mil hectáreas afectadas al final del proyecto.

La explotación pretende desarrollarse a medio kilómetro de la zona arqueológica de Xochicalco, en los cerros el Jumil y Colotepec, dentro de un área de 696.92 hectáreas, en terrenos de la comunidad de Tetlama, Morelos. El gobierno federal concesionó a “Esperanza Silver de México S.A.” 15 mil hectáreas que circundan la zona arqueológica de Xochicalco para ser exploradas y eventualmente explotadas. Esta cantidad de hectáreas representa dos veces la Reserva Estatal Sierra Montenegro.

Ante el inminente peligro y amenaza de destrucción ambiental, académicos especialistas en geología, hidrología, flora y Fauna de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), ingresaron el pasado 7 de febrero sus observaciones a la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), del proyecto minero denominado “MINA ESPERANZA, TETLAMA, MORELOS” impulsado por la empresa méxico-canadiense “Esperanza Silver de México S.A.de C.V.”, ante la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (DGIRA-SEMARNAT).

El documento referido solicita a la DGIRA-SEMARNAT sea rechazado el proyecto minero por los graves daños ambientales, sociales y al patrimonio cultural que causaría.

Entre las observaciones expresadas en el documento los especialistas señalan que:

La explotación de oro de la mina a cielo abierto implicaría que el paisaje en forma general fuera impactado en primera instancia por los desmontes y despalmes y, posteriormente, por las actividades de cortes, rellenos y conformación de apilamientos de mineral y tepetate, creando un paisaje apocalíptico.

La mina impactará directa e indirectamente a la vida silvestre y a especies que se encuentran amenazadas y en peligro de extinción, algunas endémicas (únicas en todo el mundo).

Se causaría un grave impacto al entorno natural de la zona arqueológica de Xochicalco (Patrimonio de la Humanidad) al ser devastados los cerros aledaños. En el norte de Xochicalco hay grandes cavernas cuyos inestables techos están formados por lajas horizontales de rocas que la vibración de las explosiones podría derrumbar, trayendo consigo la destrucción de una parte importante de la ciudad de Xochicalco, incluyendo a la cueva del Observatorio, ubicado al Norte de la Acrópolis.

En cada voladura en el área del tajo se presentaría una columna de polvo y compuestos del material explosivo, creando también fuertes estruendos en kilómetros a la redonda.

De alto riesgo son también estas explosiones dado que esta mina se encuentra aledaña al exbasurero de Tetlama, donde hay una gran concentración de gases que pueden a su vez explotar, así como de riesgo de infiltración de lixiviados a los acuíferos y ríos de la región.

El agua, tanto superficial como subterránea sería uno de los recursos naturales más severamente impactados, y esto no sólo por la enorme cantidad de agua que las minas de tajo abierto requieren para la lixiviación del mineral (que hacen con cianuro), al término de sus operaciones, las minas abandonadas sin labores de cierre o sin adecuadas medidas de cierre pueden contaminar severamente el agua y los suelos de toda la región.

Respecto al manejo de sustancias peligrosas, es necesario mencionar que las minas de tajo abierto siempre ponen en riesgo a las poblaciones aledañas por los escapes de cianuro al medio ambiente que pueden ocurrir durante las operaciones de extracción. Asimismo, es importante señalar que el proyecto minero se encuentra muy cerca del Río los Sabinos (algunos tramos quedan incluso dentro de la poligonal del proyecto), por lo que la contaminación que generaría la mina tendría repercusiones en la biodiversidad y los recursos hídricos de toda la región.

El cianuro que usaría la mina es extremadamente tóxico. Los derrames de cianuro exterminan la vegetación al interrumpir la fotosíntesis y las capacidades reproductivas de las plantas. En cuanto a los animales, el cianuro puede ser absorbido a través de su piel, así como ingerido o aspirado. Concentraciones en el aire de 200 partes por millón (ppm) de cianuro de hidrógeno son letales para los animales, mientras que concentraciones tan bajas como 0.1 miligramos por litro (mg/l) son letales para especies acuáticas sensibles. Concentraciones subletales también afectan los sistemas reproductivos, tanto de los animales como de las plantas. Las dosis letales para humanos son, en caso de que sean ingeridas, de 1 a 3 mg/kg del peso corporal, en caso de ser asimilados por la piel, de 100-300 mg/kg, y de 100-300 ppm si son aspirados. Esto significa que una porción de cianuro más pequeña que un grano de arroz sería suficiente para matar a un adulto.

El próximo jueves 21 de febrero se llevará a cabo la Reunión Pública de Información en donde la minera expondrá su proyecto a la ciudadanía. En la reunión estarán presentes ambientalistas, académicos, comunidades, estudiantes y miembros de la sociedad en general, para tener más información y manifestar sus puntos de vista.

El estado de Morelos se encuentra en el umbral de un desastre ecológico sin precedentes. Únicamente el 17 por ciento de sus bosques y selvas originales han sobrevivido a la deforestación y anualmente se pierden entre 3 mil y 4 mil hectáreas de bosques y selvas. Morelos es el segundo estado del país más afectado ambientalmente por la destrucción de sus ecosistemas naturales. Pero si esto no fuera suficiente, ahora llegan las empresas mineras a colaborar en la devastación de los escasos ecosistemas que aún nos quedan.

Durante los sexenios de los ex presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón fueron concesionados 51 millones 994 mil 312.7 hectáreas de territorio nacional a la industria minera. Fueron otorgados más de 26 mil permisos para la exploración, explotación y producción de metales preciosos y minerales.

Este negocio ha florecido cobijado por la corrupción, pues la extracción de cualquier metal precioso o mineral mexicano cuesta a las compañías apenas de 5 a 111 pesos ¡por hectárea! El gobierno no recibe prácticamente nada al concesionar regiones enteras (al menos no abiertamente). Tales empresas trasnacionales (la mayoría de capital canadiense) encuentran en México una fuente de enriquecimiento, a costa de la destrucción de nuestro País.

Durante la última década, un importante movimiento socio-ambientalista en Morelos ha exigido reiteradamente a los diferentes gobiernos, la urgente necesidad de proteger y conservar los recursos naturales de Morelos, pero lejos de escuchar este clamor ciudadano, los gobiernos de entonces incrementaron la construcción inmobiliaria y las carreteras innecesarias y ahora, apoyadas por el gobierno federal (pues el Gobernador de Morelos ha declarado públicamente su rechazo al proyecto minero), llegan las mineras.

Conclusión:

La minería a cielo abierto es una actividad industrial de elevadísimo impacto socioambiental. Es también una actividad industrial insostenible por definición, en la medida en que la explotación del recurso supone su agotamiento. Ninguna actividad industrial es tan agresiva ambiental, social y culturalmente como la minería a cielo abierto. Por esa razón, esta naciendo un movimiento ciudadano que se opone a la creación de este tipo de minas en Morelos, en alianza con movimientos nacionales e internacionales. En contra parte, dicho movimiento propone que todos esos cerros de selva baja caducifolia sean decretados como área natural protegida para conservar lo poco que resta de ecosistemas nativos en el Estado de Morelos y por ser el paisaje natural que circunda a la zona arqueológica de Xochicalco.

Por lo antes expuesto. Los abajo firmantes solicitamos atentamente que la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental de la SEMARNAT, no apruebe el proyecto de la empresa Esperanza Silver de México S.A., y por el contrario, la SEMARNAT apoye la propuesta alternativa para que el área circundante a la zona arqueológica de Xochicalco sea decretada como Área Natural Protegida.

Atentamente:
Consejo de Pueblos de Morelos en Defensa del Agua, la Tierra y el Aire; Comunidad de Alpuyeca; Asamblea Nacional de Afectados Ambientales; El Pregón; Grupo de Investigación Ecosofia; Cinema Planeta A.C.; Federación de Asociaciones de Colonos del Estado de Morelos, FACEM; Academia Nacional de Investigación y Desarrollo A.C., ANIDE; En el Volcán; Corriente Crítica de Trabajadores de la Cultura de Morelos; Movimiento de Liberación Nacional; Red Mexicana de Justicia Ambiental Red-Abejorros; Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C., CEMDA; Consejo de Hombres de Negocios del Estado de Morelos; Grupo de Grupos;Guardianes de los Árboles, A.C.; Indignados por la Destrucción a la Tierra- Al Rescate del POET; M33; Senadora Iris Vianey Mendoza Mendoza; Dip. Héctor Salazar Porcayo; Acción Ecológica, A.C.; Fundación Pinar del Bosque; Proyecto Planeta Azul – Canadá-México; Red Mexicana de Afectados por la Minería, REMA; Movimiento Mesoamericano contra el Modelo extractivo Minero, M4; Otros Mundos AC/Amigos de la Tierra México – Chiapas;Medio Ambiente y Sociedad A.C. – BCS;Consejo Tiyat Tlali – Puebla; Unitierra – Puebla; Procesos Integrales para la Autogestión de los Pueblos A.C. – Guerrero;Bios Iguana – Colima; Pobladores A.C.- Veracruz; Movimiento Mexicano contra las Presas y en Defensa de los Ríos, MAPDER;Colectivo Revuelta Verde; Jóvenes en Resistencia Alternativa, JRA – DF; Vinculart A. C. – Morelos; Servicios para una Educación Alternativa A.C., EDUCA – Oaxaca; Coalición de Organizaciones Mexicanas por el Derecho al Agua, COMDA;Sistema de Agua Potable de Tecámac, Estado de México, A.C.; Asociación de Usuarios de Agua de Saltillo; Comité de Derechos Humanos de Base de Chiapas Digna Ochoa; Laklumal Ixim-Nuestro Pueblo de Maíz; Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio, RMALC; Alianza Mexicana por la Autodeterminación de los Pueblos, AMAP; Comunidad de Cerro de San Pedro, SLP; Frente Amplio Opositor a Minera San Xavier FAO; La Asamblea Veracruzana de Iniciativas y Defensa Ambiental, LAVIDA;Alianza Internacional de Habitantes, AIH;Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina, OCMAL; Comité por los Derechos Humanos en América Latina, CDHAL – Montreal, Canadá; Red Nacional de Resistencia Civil contra las Altas Tarifas de la Energía Eléctrica – México.

C.C.P.
Enrique Peña Nieto, Presidente de México
Graco Ramírez Abreu, Gobernador del Estado de Morelos
Comision de Medio Ambiente y Recursos Naturales del Congreso de Morelos
Comision de Medio del Senado
Comision de Medio del Congreso de la Unión
Embajada de Canadá en México
Comision Nacional de Áreas Protegidas CONANP
Medios de comunicación


04 diciembre, 2016

El nuevo saqueo de África - David Fig

David Fig es sociólogo ambiental, economista y activista de Sudáfrica. Preside la junta de Biowatch South Africa, grupo dedicado a la soberanía alimentaria y la agricultura sostenible. Entre sus últimos trabajos destacan los centrados en las industrias nuclear y del gas de esquisto, y la batalla jurídica de Biowatch contra Monsanto.


El nuevo expolio
En los últimos años África ha experimentado una oleada de nuevas inversiones, particularmente en la minería, el sector energético y la agricultura, y ha visto aumentar sus exportaciones de materias primas. Estos flujos constituyen un nuevo expolio y generan riqueza para los inversores extranjeros, algunos empresarios locales y una creciente clase consumidora. Los recursos se explotan por norma sin que mejoren los estándares de vida de la gente y con unos costes medioambientales considerables. Localmente esto ha generado una resistencia significativa. Este saqueo es una reedición de las tradicionales relaciones imperialistas que África ha experimentado durante el colonialismo. Pero, ¿cuáles son las diferencias entre el anterior y el presente saqueo? ¿Quién detenta el poder en último término?

La economía africana ha triplicado con creces su tamaño desde 2000 y las previsiones del FMI apuntan a que África albergará a 11 de las 20 economías nacionales de más rápido crecimiento mundial hasta 2017. Pero, ¿este boom –vinculado a menudo a la localización de yacimientos de gas y petróleo− es sostenible o beneficia a la población? Aunque hay una clase media creciente, estimada en unos 300 millones de personas, las desigualdades parecen haberse agudizado. Según el Panel para el Progreso de África,(1) más del 50% de los africanos viven con menos de 1,25 dólares diarios. Los beneficios, por tanto, van a parar al capital extranjero y a unos pocos socios locales. En algunos casos la riqueza pertenece a grandes corporaciones estatales, lo que permite a destacados políticos locales, sus familias y su séquito extraer ganancias para sus bolsillos. Esto es especialmente notorio en Guinea Ecuatorial y Angola, cuyas dinastías gobernantes se mantienen en sus respectivos tronos década tras década.

Este boom no ha pasado inadvertido al capital global, que ha buscado con más ahínco hacer negocios en el continente. Los tradicionales lazos creados con EEUU y la UE han perdido peso por la reciente entrada de algunos nuevos actores. Los inversores están impresionados por las tasas de crecimiento del continente; ven a África como un lugar de baja población,(2) baja contaminación(3) y baja regulación,(4) y repleto de recursos hídricos y tierra cultivable. África se ha convertido en el destino de muchas grandes transacciones de tierra y agua, habitualmente denominadas “acaparamiento de tierras”.(5)

El nuevo saqueo sigue patrones de estructuras coloniales anteriores, a excepción del control político directo. Requiere una clase compradora local dispuesta que se convierte en socio minoritario en la explotación de la población local y que a menudo actúa a favor de los intereses del proyecto neoimperialista. En un marco de globalización, consolidación del libre mercado e ideología neoliberal existe mucha más complicidad entre el Estado y el capital global. La colaboración con capital transnacional a menudo se implementa a través de programas de ámbito local, indigenización o “empoderamiento económico negro”. Pocas compañías africanas, a excepción de un puñado de empresas sudafricanas, se han convertido en actores globales, aunque existe una porción creciente de políticos y empresarios africanos que forman parte de lo que Susan George ha denominado “la clase de Davos”.

Los nuevos actores
Para afirmar que se está produciendo un nuevo saqueo hace falta examinar datos recientes de inversión en el continente y recabar información sobre los flujos de recursos. Al analizar la inversión extranjera directa en virtud de los nuevos proyectos iniciados en África desde 2007 se observa que los 20 países más ricos todavía acaparan el 80% del total. Los inversores tradicionales se mantienen, incluyendo a EEUU, los países de la UE, Japón, Canadá y Australia. Sin embargo, el aumento de su presencia se ha reducido en alrededor de un 8%. Un elemento nuevo es el alza del 21% en el volumen de inversiones realizado por las economías emergentes. Entre ellos, se pueden establecer tres grupos: los países más industrializados, como India, China y Corea del Sur; los propios países africanos, como Sudáfrica, Kenia y Nigeria; y países del Golfo, como Arabia Saudí y Emiratos Árabes. Entre bastidores y aún poco prominentes figuran otros actores, como Brasil, con una presencia en alza, junto a Malasia y Turquía.

Mientras que EEUU, Reino Unido y Francia continúan haciendo la mayoría de las nuevas inversiones, las tasas de crecimiento relativamente bajas o negativas asociadas a una parte de países de la UE puede atribuirse a las condiciones de recesión posteriores a 2008. En el mismo periodo ha habido un significativo aumento en el número de proyectos con participación de capital de India, China, Japón, Corea y Arabia Saudí. Otra tendencia destacable es la inversión procedente de África. Entre los sectores de inversión clave figuran las industrias extractivas (minería, petróleo, gas y madera), agricultura y servicios (financieros, TIC e infraestructuras).


El nuevo protagonismo de India y China en el continente ha ampliado la base inversora al igual que el mercado. El crecimiento de ambas economías asiáticas ha implicado la demanda de productos africanos –en el caso de India, principalmente petróleo, con un menor comercio de anacardos, algodón, fosfatos, medicamentos genéricos, carbón y oro. A su vez, India exporta automóviles, maquinaria y servicios, afirmando su dominio en la cadena de valor hacia productos manufacturados. La corporación automovilística Tata ensambla vehículos en Sudáfrica y Senegal.

La reputación de China en África es mucho más controvertida, ya que se le acusa de reproducir una relación de tipo colonial.(6) El comercio chino, especialmente en bienes manufacturados baratos, ha inundado los mercados africanos, hundiendo los mercados locales y devastando los sectores locales de confección, zapatos, textil y de fabricación de enseres para el hogar. China ha impuesto su propia mano de obra en muchos proyectos de inversión, perdiéndose la oportunidad de generar empleo local. Se ha llegado a acuerdos, por ejemplo, en la República Democrática del Congo (RDC) en 2007-08, en los que China accedió a realizar mejoras de las infraestructuras locales a cambio de obtener derechos para la extracción de minerales.(7) Además, en algunos proyectos se han registrado muestras de actitudes racistas hacia los africanos.

El grueso de la inversión china se canaliza a través de grandes empresas estatales, pero también se ha registrado una expansión de operaciones privadas, especialmente de una miríada de pequeñas empresas y microempresas. El comercio e inversión china en África se ha diseñado para cubrir las necesidades de su propio proyecto de industrialización, y junto a él existe un elaborado paquete adicional en forma de ayuda al desarrollo, alivio de la deuda, préstamos blandos, becas y apoyo técnico.


China también ha suministrado ayuda individualizada a los partidos políticos africanos para cubrir campañas electorales. Uno de ellos es el African National Congress (ANC) de Sudáfrica. Por esta razón, el Estado sudafricano ha sido reacio a contradecir a China en asuntos de política internacional. Por ejemplo, la invitación privada del arzobispo emérito Desmond Tutu en 2012 al Dalai Lama para asistir a la conmemoración de su 80 cumpleaños tuvo que ser rechazada debido a las dificultades del Dalai Lama para obtener un visado para Sudáfrica. El poder se ejerce, por tanto, a través de la creación de dependencia política, más que simplemente a través del comercio y la inversión.

Se ha registrado poca resistencia al modelo chino. Sin embargo, una excepción ha sido Zambia, que ha atravesado graves problemas de empleo y muertes en Chambishi, una mina de cobre de propiedad china.(8) En su infructuosa campaña presidencial de 2006, Michael Sata, del Frente Patriótico, hizo campaña en contra de China, que amenazó con retirar sus inversiones si Sata ganaba, algo que no llegó a suceder. En 2011 Sata se presentó de nuevo a la presidencia, pero rebajó su virulenta oposición a las inversiones chinas. En su lugar, accedió a la presencia china y después de su triunfo electoral abogó por una mayor cuota de ingresos para el Estado de las inversiones chinas y de otros inversores extranjeros.

La maldición de los recursos y renegociar el control
Según la teoría de la “maldición de los recursos”, los países con riquezas minerales tienden, paradójicamente, a registrar bajas tasas de crecimiento económico y altas tasas de conflicto y pobreza. Así, a pesar de un nuevo expolio de las riquezas minerales de África, los beneficios casi nunca llegan a la mayoría de la población. Ello se debe, entre otros factores, a unos ingresos inadecuados para el país anfitrión, monedas sobrevaloradas, tendencia a que otros sectores exportadores no extractivos se vean afectados negativamente (el “mal holandés”), precios de transferencia, corrupción e infraestructuras inadecuadas.

El sector minero ejemplifica la “maldición de los recursos” por cuanto se suelen apropiar de los beneficios aquellos que obtienen la titularidad de los recursos. La existencia de acuerdos de reparto de beneficios y regímenes fiscales inadecuados supone que los países anfitriones rara vez pueden negociar una distribución justa de los ingresos para todas las partes, eso sin contar compensaciones a los propietarios originales de los recursos. Los costes externos se transfieren al Estado, a menudo en forma de un legado de contaminación ambiental, pérdida de medios de subsistencia de las poblaciones, enfermedades y desplazamiento social y físico de sus habitantes.


Las organizaciones de la sociedad civil emprendieron una campaña exigiendo a las compañías extractivas más transparencia en su modo de operar y urgiéndolas a abrir sus libros de contabilidad. La campaña "Publica lo que pagas" (PWYP, por sus siglas en inglés) se inició en respuesta al informe de Global Witness de 1999, que detallaba el opaco funcionamiento de la industria de petróleo angoleña. En junio de 2003 el Gobierno del Reino Unido impulsó la creación de la Iniciativa de Transparencia de las Industrias Extractivas, que establece un conjunto de normas que los países deben aplicar para una justa distribución de los ingresos mineros. Los países que se adhieren necesitan crear una plataforma de diálogo con múltiples accionistas, incluyendo empresas, gobiernos y sociedad civil, y se comprometen a publicar informes regulares y accesibles sobre la evolución de la transparencia en el sector. Sin embargo, se trata de un proceso totalmente voluntario, por lo que algunos países se han mantenido al margen. Otros, como la República Centroafricana, RDC y Sierra Leona no han alcanzado los estándares requeridos y su solicitud ha sido rechazada.


En algunos países se ha logrado implantar procesos más transparentes. Por ejemplo, en Guinea el Revenue Watch Institute informó que el Gobierno ha decidido publicar sus contratos con compañías mineras desde el 15 de febrero de 2013. Los contratos existentes –algunos firmados bajo condiciones de gran opacidad y desigualdad de ingresos− serán completamente revisados. Todos los contratos y enmiendas a los mismos se publicarán en línea, facilitando el acceso público.

En Zambia el Gobierno aumentó la tasa de impuestos del 3 al 6% para los contratos mineros en abril de 2012, lo que supuso un incremento adicional de ingresos del 46% durante ese año (que ascendió a 6.300 millones de dólares). Pero incluso con los nuevos impuestos, el ministro de Finanzas, Alexander Chikwanda, anunció en el Parlamento en noviembre de 2013 que la minería contribuía solo con un 5% a los ingresos nacionales, mientras que en otros países de África del sur la norma era un 11%. Atribuyó esta diferencia a la generalización de actividades fraudulentas, e instó a la agencia fiscal de Zambia a diseñar mejores sistemas para que el Estado pudiera determinar la producción minera.

Aunque la transparencia pueda ser un primer paso en la determinación de ingresos justos por la minería, el poder real solo cambiará si los frutos son distribuidos equitativamente entre toda la sociedad. En África persiste la tendencia a que los beneficios sean absorbidos por la familia en el poder o por las elites, o que se desvíen a través de acuerdos colaterales por funcionarios corruptos. Si se quiere poner luz sobre las actividades ilícitas son esenciales observatorios de seguimiento y avispados periodistas financieros.

Estados frágiles
Las principales corporaciones extractivas a menudo superan en peso económico a los países en los que invierten, dato indicativo de la forma en que las corporaciones pueden ejercer su poder en las relaciones con los estados para garantizar moratorias de impuestos, favores políticos de personajes que son incluidos en consejos de administración o nóminas y la corrupción de instituciones regulatorias y tribunales. Aún más significativo es que con frecuencia el Estado central es demasiado frágil o está demasiado desorganizado como para hacerse presente en algunas de las áreas donde tiene lugar la extracción. Por ejemplo, en RDC se ha hecho habitual que el Estado contrate a las compañías privadas madereras y mineras que operan en áreas remotas para proveer servicios sociales a las comunidades en zonas donde el Estado no tiene implantación. En muchos casos, la compañía se convierte en un Estado dentro del Estado que ofrece servicios precarios, ya que no es parte de su actividad principal. Por ejemplo, las empresas pueden ofrecer paquetes de ayuda que incluye jabón, azúcar, sal, café y cerveza. Como el Estado central no tiene presencia localmente, las comunidades se ven obligadas a tolerar las concesiones de las compañías.

A pesar de la moratoria para conceder nuevos permisos de extracción maderera, los exportadores en RDC han continuado su actividad utilizando permisos ilegales “artesanales”. Una serie de informes recientes de la agencia reguladora independiente muestran actividades ilegales de extracción de madera sistemáticas y conducta irregular a gran escala por parte de corporaciones transnacionales.(9)

La ONU ha acusado a RDC, y a sus vecinos Ruanda y Uganda, de exportar coltán (columbita-tantalita) de una mina que contiene tantalio, un elemento esencial en la fabricación de condensadores digitales para teléfonos móviles y otros productos electrónicos. El tantalio se extrae de las provincias Kivu norte y Kivu sur en zonas controladas por los señores de la guerra y en condiciones de semi esclavitud. Los rebeldes fuerzan a los trabajadores a extraer el mineral con las manos y obligan a porteadores humanos a acarrear sacos de 50 kg. en trayectos de 50 km. a través de la selva para entregar el producto en determinados puntos de almacenamiento. Milicias armadas cobran sus cuotas a lo largo de toda la ruta. El Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado varias resoluciones prohibiendo a las empresas hacer negocios con las fuerzas rebeldes de Congo este, mientras que el Congreso de EEUU aprobó la ley Dodd-Frank, que exigía a las empresas estadounidenses revisar sus cadenas de suministro y excluir minerales procedentes del conflicto en RDC; la respuesta del lobby extractivo, químico y de los plásticos ha sido combatirlo en tribunales estadounidenses. Así, pese a los esfuerzos por contener la demanda de minerales procedentes del conflicto, el comercio continúa. Los consumidores de productos electrónicos deben ser conscientes de que los minerales dentro de sus productos pueden estar relacionados con los conflictos en Congo Este.


La cuestión de los recursos extraídos bajo condiciones de conflicto también se ha puesto de manifiesto en el caso de los diamantes, que atizaron guerras civiles devastadoras en países como Sierra Leona y Liberia y perpetúan la represión militar en Zimbabue. La industria del diamante respondió creando el Proceso Kimberley, dirigido a garantizar que los diamantes no proceden de áreas de conflicto. El Proceso es permeable ya ha suscitado controversias hasta el punto que una importante organización de la sociedad civil, Global Watch, se ha distanciado del mismo.

Aunque es difícil evitar que las corporaciones extractivas se aprovechen de los estados frágiles, de su reducida regulación, las condiciones de conflicto y la corrupción, se trata de una cuestión que debe cobrar más relevancia en las agendas del movimiento social global y de las instituciones multilaterales.

La nueva frontera del monocultivo
La soja está viviendo un boom global. Es un ingrediente en muchos alimentos procesados. Se utiliza como espesante y para pienso animal, ya que constituye una fuente relativamente barata de proteínas. Tradicionalmente su producción se ha concentrado en EEUU, Brasil y Argentina. En los tres países, la creciente frontera de la soja ha acentuado problemas de concentración de la propiedad de la tierra, ha sustituido a otros usos del suelo y de cosechas y ha producido contaminación ecológica debido a la proliferación de cosechas genéticamente modificadas (GM) y elevado uso de pesticidas. La frontera se amplía debido a que el aumento de la producción requiere parcelas adecuadas a una actividad extensiva, más mecanizada (que precisa más capital y menos mano de obra) y por el excesivo encarecimiento de las tierras de cosecha tradicionales. El monocultivo supone limitar la biodiversidad y contribuye a favoreder la deforestación de regiones como la Amazonia. Los esfuerzos para evitar los peores efectos ecológicos −por ejemplo, la creación de una Mesa Redonda de Soja Responsable formada por la industria− han servido de poco para evitar los impactos dañinos de la frontera expansiva.

La ampliación de la frontera de la soja en América Latina se repite en África en el proyecto ProSavana, en el que capital brasileño y japonés promueven la ampliación de la frontera del monocultivo extensivo de soja y azúcar de caña en Mozambique. Situado en el corredor de Nacala, en las provincias más norteñas del país, el proyecto cubrirá unos tres millones de hectáreas que se distribuyen en, al menos, 19 distritos. El objetivo es emular el desarrollo del Cerrado en Brasil, un ecosistema tipo sabana en las tierras altas centrales donde en los años 70 del siglo pasado intereses japoneses financiaron la expansión agrícola.

Los críticos argumentan que la expansión de la frontera del Cerrado ha conducido a una severa deforestación, el desplazamiento de familias campesinas y la contaminación del suelo por el uso masivo de pesticidas en las plantaciones de soja y caña.10 Surge la cuestión de si el desarrollo insostenible del Cerrado brasileño debería ser un modelo para el desarrollo agrícola de Mozambique.

Justiça Ambiental, una de las principales ONG ecologistas de Mozambique, afiliada a Amigos de la Tierra, ha criticado el “plan maestro” de ProSavana por su completa falta de transparencia, de consulta y de participación pública. El plan fue paralizado por los tres gobiernos participantes y los cuatro millones de pequeños agricultores en el área del proyecto no recibieron ninguna información. En la versión que trascendió resultaba claro que el proyecto tenía dos propósitos principales: que los pequeños agricultores cambiaran de prácticas tradicionales de gestión de la tierra a prácticas intensivas de monocultivo basado en semillas comerciales, uso de agroquímicos y títulos de propiedad privados; y que los pequeños agricultores aceptaran acuerdos con los grandes agronegocios. El “plan maestro” fue diseñado por consultores brasileños estrechamente vinculados a empresas de agricultura industrial, incluyendo algunas vinculadas con la familia del presidente mozambiqueño y otras que ya tenían intereses en el corredor de Nacala.

De forma similar, la preocupación de los saudíes con la seguridad alimentaria, después de que en la crisis global de los alimentos de 2008 vivieran cierta escasez de alimentos a nivel nacional, les llevó a crear un fondo para desarrollar proyectos agrícolas en otros países y la compra de tierras de labor de propiedad saudí en Sudán, Egipto y Etiopía, entre otros.

Saudi Star, una empresa dirigida por el etíope Mohammed Hussein al-Almoudi, obtuvo del Gobierno de Etiopía la concesión de un terreno de 300.000 ha., de las cuales 10.000 ha. ya se han destinado a un proyecto piloto de cultivo de arroz. En Sudán la corporación saudí Hadco ha solicitado 9.000 ha. con una subvención del Gobierno saudí del 60%.

El nuevo saqueo de tierras en África ha suscitado un nuevo conjunto de problemas: una mayor concentración de las corporaciones interesadas en la tierra; la exclusión sistemática de los pequeños productores de los mercados y de la tierra; el mayor riesgo de despido de los trabajadores agrícolas por la creciente mecanización; el deterioro de la calidad del suelo por el uso de enormes cantidades de fertilizantes químicos, pesticidas y cosechas GM; la monopolización de las semillas por parte de unas pocas corporaciones (habitualmente extranjeras); y el acceso a agua, que a menudo favorece a los grandes terratenientes a costa de los pequeños agricultores. Se incentiva al campesinado para que entre en sistemas de producción bajo contrato para las grandes transnacionales de la tierra. Por su parte, las corporaciones presionan de forma creciente para que se revisen las leyes sobre la tierra, que en muchos países africanos pertenecen al Estado, proyectando grandes negocios de la mercantilización de la tierra.

Crece la resistencia
A medida que se extiende el expolio por la extracción de recursos, crece la respuesta en toda África de comunidades afectadas y grupos contrarios a la violación de derechos por parte de la industria.

El conglomerado brasileño Vale extrae carbón en Moatize, en la provincia de Tete, en Mozambique. La gente del lugar fue expulsada a la fuerza y perdió el acceso a las tierras de cultivo familiares y sus medios de subsistencia. En su lucha han bloqueado las vías de ferrocarril que llevan el carbón hasta los puertos costeros para la exportación.

En Ga-Pila, la zona del platino de Sudáfrica, las comunidades luchan contra Anglo Platinum. Esta corporación sudafricana ha expulsado a la gente de sus tierras, ha cortado su acceso al suministro de agua, demolido sus casas y violado los cementerios de sus ancestros. Las viviendas de sustitución están lejos y son inadecuadas, sin cimientos y sin instalaciones sanitarias. La comunidad ha apelado a la Comisión de Derechos Humanos, un órgano legal.

En agosto de 2012 en la mina de platino de Marikana de Lonmin, una provincia al noroeste de Sudáfrica, operarios de perforadoras fueron a la huelga para protestar por sus bajos salarios, que no habían aumentado ni siquiera ante una aguda inflación. Su resistencia se saldó con una masacre de la policía –a instancias de destacados políticos, con una participación del 9% en la empresa minera−, que disparó a 34 mineros. Este caso, que se ha difundido ampliamente, ilustra hasta qué punto el Estado se ha alejado de cualquier fidelidad a sus ideales originales.


En Tanzania, las marismas de Bahi, a 120 km. al norte de la capital, Dodoma, las organizaciones comunitarias han denunciado que el uso de los químicos utilizado en las exploraciones de uranio han afectado la salud de los habitantes, sus medios de subsistencia y el suministro de agua. Además, los miembros de la comunidad que han denunciado estos hechos han sido hostigados por la policía y funcionarios de distrito. Historias como estas se reproducen en todo el continente, generando una plétora de campañas locales y nacionales, respaldadas por el creciente apoyo internacional.

La Iniciativa Africana por la Minería, el Medio Ambiente y la Sociedad (AIMES, por sus siglas en inglés) es quizá la organización con más experiencia, ya que lleva tiempo reclamando un reparto de ingresos e impuestos más equilibrado y justo, y promueve la Visión de la Minería Africana, un acuerdo firmado por los gobiernos miembros de la Unión Africana, y derechos comunitarios en el sector minero. Plataformas como la Red del Tercer Mundo Africa (AIMES, por sus siglas en inglés) han mantenido reuniones regulares de estrategia e información con sus afiliados, mientras que distintas redes han formado Minería Alternativa Indaba (AMI, por sus siglas en inglés), que se reúne anualmente en Ciudad del Cabo coincidiendo con la reunión de Minería Indaba, una conferencia de gobiernos y compañías mineras con intereses en África. La AMI ha convocado varias marchas y protestas contra las violaciones de las mineras contra los derechos comunitarios. Una organización más reciente es la Alianza Internacional por los Recursos Naturales en África (IANRA, por sus siglas en inglés), que reúne miembros procedentes de diez países y trabaja por los derechos de las comunidades, la creación de un Parlamento pan-africano y de instituciones de derechos humanos auspiciadas por la Unión Africana, junto a la cuestión de las mujeres en la minería. La Campaña Global para Desmantelar el Poder Corporativo y la Impunidad abrió una oficina en África en 2013 que se ocupa principalmente de los problemas con la industria extractiva.

El activismo a nivel continental contra la minería de uranio se engloba en la Alianza Africana del Uranio (UAU, por sus siglas en inglés), una red de más de 30 organizaciones centrada en la sensibilización pública sobre las consecuencias ecológicas, de salud y otros efectos negativos producidos por la extracción de uranio y la industria nuclear. Con su sede en Windhoek, Namibia, UAU ha trabajado estrechamente con comunidades afectadas y ha participado en grandes reuniones continentales y visitas in situ en Mali, Tanzania y Namibia.

En Sudáfrica, la fundación Bench-Marcks, creada por organizaciones religiosas, ha impartido formación a las comunidades mineras para hacer seguimiento de la industria minera y contribuir a informes de investigación que ha despertado un sólido activismo e incidencia en la zona. De hecho, se publicaron informes sobre los problemas de los trabajadores del platino y las comunidades mineras en Sudáfrica solo unos días antes de la masacre de Marikana.

Si se combinan los resultados de los centros de investigación y de las y los activistas de derechos humanos y de género se concluye que no faltan datos e informes sobre las luchas en el sector extractivo en África. A pesar de ello, conviene recordar que la mayoría de las campañas y redes son bastante frágiles y disponen de pocos recursos, pese a lo cual continúan realizando un trabajo muy importante.

Conclusión
Es muy alentador que las comunidades y organizaciones africanas avancen en su comprensión de las dinámicas del nuevo expolio de los recursos en el continente. Solo cuando se mira el fenómeno como una nueva oleada de expansión del capital se pueden debatir, formular y aplicar estrategias adecuadas que lo cuestionen.

Un síntoma de la maldición de los recursos es el aumento de la desigualdad. Dado que el nuevo expolio no cuestiona el modelo de desarrollo imperialista, continuará generando impactos negativos sobre las comunidades receptoras y el medio ambiente, y aumentando la concentración del control sobre la tierra y los recursos naturales.

De modo que, ¿qué puede hacer variar el equilibrio en estas relaciones de poder? ¿Hace falta plantear los cambios en los países donde se encuentran las sedes de las corporaciones? ¿Bastará con el clamor popular contra la violación de derechos de las comunidades africanas para provocar un cambio de conducta de las corporaciones? Un cambio en el equilibrio de poder deben incluir, sin duda, un reparto de beneficios e impuestos más justo, además de una completa apertura y transparencia de las corporaciones. Unas condiciones de empleo decentes, salarios justos y libertad de organización de los trabajadores también forman parte del paquete. Además, los acuerdos comerciales y de inversión deben alejarse de la imposición del modelo de “libre mercado”, y en su lugar centrarse en apoyar el desarrollo local de industrias auxiliares, añadiendo así valor a las materias primas, y otras iniciativas generadoras de empleo.
La acción en el Norte puede ser parte de la solución, pero el verdadero giro transformador dependerá de las acciones realizadas en África. El continente necesita abordar el buen gobierno y cómo evitar la captura corporativa del Estado y las instituciones multilaterales; debe implantar controles reguladores que sitúen el bienestar de las personas y la justicia ambiental como su principal interés y prioridad; y en paralelo, revertir la impunidad con la que las elites acumulan. Por todo ello, debe permitir una sociedad civil vigilante y que pueda desempeñar su tarea sin que sea perseguida por las autoridades.

Diversas instituciones africanas han puesto sus esperanzas en la Visión de Minería en África (AMV, por sus siglas en inglés), un documento elaborado y apoyado por líderes políticos africanos en 2009. La AMV recoge que debe sustituirse el viejo modelo de acumulación por medidas que traten a las personas y a la naturaleza de forma más benigna, y estima que la minería cuenta con potencial para crear más empleo y luchar contra la pobreza. Sin embargo, los valores que representa no han sido respaldados por los gobiernos y la industria, de modo que el mensaje del AMV apenas se aplica en el continente. La AMV también tiene sus críticos que argumentan que su enfoque realmente no pone en cuestión la sostenibilidad y potencial económico del sector extractivo.

En contraste con algunos líderes latinoamericanos, que barajan la idea de dejar los recursos “en el suelo” como mejor solución para luchar contra la pobreza y lograr la sostenibilidad, entre los líderes africanos no se escucha una reivindicación similar.

Lo que realmente hace falta es una visión que emane desde abajo, más que un documento hueco desde arriba al que no se puede acceder ni en las páginas web de la Unión Africana ni en los sitios dedicados a la AMV. Pero en África no se puede confiar en los gobiernos para que defiendan esa visión; la responsabilidad para revitalizar el debate descansa ahora en la sociedad civil.

Notas.
  El texto apareció originalmente en State of Power 2014, de Transnational Institute. Publicado con permiso de TNI. Traducción: Nuria del Viso.
1 El panel está presidido por Kofi Annan e incluye a Olesegun Obasanjo y Graça Machel, entre otros.
2 Mo Ibrahim, un hombre de negocios y filántropo británico nacido en Sudán, ha señalado que «África está poco poblada. Tenemos el 20% del suelo del planeta y el 13% de su población», A. Perkins, «Is Africa underpopulated?», The Guardian, 24 de marzo de 2010. A pesar de ello, la población africana superaba los 1.000 millones de habitantes a finales de la primera década del siglo XXI.
3 Lawrence Summers, el entonces economista jefe del Banco Mundial, afirmó en un memorándum en 1991 que «Siempre he pensado que los países africanos, con poca población, están poco contaminados; la calidad del aire es con gran probabilidad ineficientemente baja comparada con la de Los Ángeles o la ciudad de México (D. N. Pellow, Resisting Global Toxics: Transnational Movements for Environmental Justice, MIT Press, 2007, p. 9). Esta opinión ha sido ampliamente rebatida por la sociedad civil africana.
4 Jo Clarke, autora sobre cuestiones de finanzas, señala que «El riesgo con las reformas fiscales, infraestructuras, seguridad de la energía y el agua, políticas de emisión de carbono, relaciones industriales y el largo proceso de aprobación de regulaciones en Australia está empezando a superar el riesgo soberano de abrir nuevas minas en países mucho menos desarrollados». (J. Clarke, «African escape: miners flee red tape», Financial Review, 22 de marzo de 2012).
5 El Oakland Institute ha publicado una amplia serie de informes sobre acuerdos sobre tierras en África. Disponible en: www.oaklandinstitute.org. También puede consultarse Contesting Global Landscapes, los documentos preparados para la conferencia sobre acaparamiento de tierras en la Universidad de Cornell en octubre de 2012. Disponible en: www.cornell-landproject.org/activities/2012-land-grabbing-conference/papers/.
6 Th. Guliwe, «An introduction to Chinese-African Relations», en A. Yaw Baah y H. Jauch (eds.), Chinese Investment in Africa: A Labour Perspective, African Labour Research Network, Accra y Windhoek, 2009, pp. 1-26.
7 R. Kaplinsky y M. Morris, «Chinese FDI in Sub-Saharan Africa: Engaging with Large Dragons», European Journal of Development Research, vol. 21, nº 4, 2009, pp. 551-569.
8 Y. Hairong y B. Sautman, «Chinese Activities in Zambia: More and Just Mining», China Monitor, nº 44 (septiembre), 2009, pp. 4-7.
9 Resource Extraction Monitoring (REM), Final Report: Independent Monitoring of Forest Law Enforcement and Governance (IM-FLEG) in the Democratic Republic of Congo, Kinshasa, 2013. Disponible en:
10 E. A. Clements y B. Mancano Fernandes, «Land Grabbing, Agribusiness and the Peasantry in Brazil and Mozambique», artículo presentado en la II Conferencia Internacional sobre Acaparamiento de Tierras, Cornell University, Ithaca, 17-19 de octubre, 2012.


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