08 diciembre, 2021

Putin: "Finlandicen Ucrania, o lo haremos nosotros"

 

"Estamos ante una irrefutable paradoja geográfica: la finalidad de la OTAN es gestionar los riesgos generados por su propia existencia". Richard Sakwa



Information Clearing House – 07/12/2021

  Fragmento traducido del inglés: Arrezafe


Cuando el Pacto de Varsovia colapsó y la URSS se desintegró hace tres décadas, Rusia retiró todas sus fuerzas militares de Europa Central y Oriental. Moscú creyó haber alcanzado a un acuerdo con los estadounidenses.


Según dicho acuerdo, las dos Alemanias se reunirían. Las tropas rusas serían retiradas de Alemania Oriental, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumania, y no habría expansión de la OTAN en Europa del Este.


Si Estados Unidos asumió ese compromiso, pronto rompió su promesa. Porque en 20 años la OTAN había incorporado a la alianza a todas las naciones del Pacto de Varsovia junto con las ex repúblicas soviéticas de Lituania, Letonia y Estonia.


Los neoconservadores y los halcones republicanos, como el fallecido John McCain, buscaron incorporar a Ucrania y otras dos ex repúblicas soviéticas, Georgia y Moldavia, a la OTAN.


Putin, que sirvió en el KGB a fines de la era soviética, denominó a la desintegración de la URSS "la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX", ha advertido que: "Ya es suficiente”.


Y añadió: "¡Hasta aquí hemos llegado! Ucrania no va a ser miembro de la OTAN ni aliado militar y socio de Estados Unidos, ni una base militar desde la que atacar a Rusia en cuestión de minutos. Para nosotros, eso significa cruzar la línea roja. Y si la OTAN procede a armar a Ucrania para un posible conflicto con Rusia, nos reservamos el derecho de actuar primero. ¡Finlandicen Ucrania, o lo haremos nosotros!"



Hipocresía en Cuba se escribe con EFE — José Manzaneda

 


LA HAINE - 08/12/2021


Protestas que solo existieron en medios y redes sociales


La "marcha opositora" que prometía movilizar a tanta gente en Cuba, para el 15 de Noviembre, fue un absoluto fracaso. No hubo protestas. Tampoco "militarización" del país, explicación mentirosa de agencias y medios que habían promocionado la marcha, a bombo y platillo, durante más de un mes.


Y que, tras el fiasco, siguieron dando promoción a una protesta que se mantendría –así lo anunciaron hasta el 27 de Noviembre. Pero llegó ese día, ¿y qué ocurrió? Que se produjeron grandes marchas, de hasta cien mil jóvenes, en La Habana y otras ciudades de Cuba . Pero en respaldo a la Revolución. Y la prensa internacional siguió a lo suyo: hablando de unas protestas que solo existieron en medios y redes sociales.


Mientras nos hablaban de "represión" en la Isla, sin una sola imagen de policías apaleando a personas, los medios siguieron olvidándose de Colombia donde, desde los Acuerdos de Paz, han sido asesinados 1.270 líderes y lideresas sociales. O de Chile donde, desde 2019, la acción de los Carabineros en actos de protesta ha provocado 56 muertes y 460 lesiones oculares graves.


De toda la prensa occidental, la española sacaba sobresaliente en hipocresía. El diario ABC decía que la “represión” en Cuba “se podía oler”. ¿Será porque no se pudo… ver? La que sí se pudo ver fue la dura represión de la policía española, con tanquetas incluidas, contra la huelga del metal en Cádiz . Que el ABC calificó como… "altercados".



Unánime fue la denuncia, desde medios y gobiernos europeos, de la cancelación de credenciales, durante apenas unos días, a la corresponsalía en La Habana de la agencia pública española EFE. Una agencia, por cierto, que jamás ha informado sobre la suspensión de credenciales y otros actos hostiles, en EEUU, contra otros medios públicos, como Russia Today o el iraní Press TV. Tampoco sobre la reciente expulsión de Honduras de Adriana Sivori y Carlos Montero, corresponsales del también canal público teleSUR. Adriana Sivori ya sufrió, en 2009, un secuestro por parte del gobierno de facto en Honduras, tras informar al mundo de un golpe de estado tapado y blanqueado por medios como EFE.


Agencia que ha denunciado, reiteradamente, los "actos de repudio", en Cuba, contra ciertos artistas aliados del gobierno de EEUU. Pero que jamás ha dicho una palabra sobre los actos de repudio, amenazas, vetos y cancelación de conciertos a artistas cubanos en Miami, por el pecado de no manifestarse contra el gobierno cubano. Es el caso de Buena Fe , Tony Ávila , Haila María Mompié (24)… Y otros que consiguieron levantar su veto a cambio de condenar públicamente al gobierno cubano: es el vergonzoso mea culpa de Gente de Zona, Descemer Bueno o Yulién Oviedo. ¿El mutis de la agencia EFE sobre todo esto tendrá que ver con su acuerdo de colaboración con el Ayuntamiento de Miami, firmado en 2014 ?


Nos hablan de la injusta expulsión de un profesor cubano por motivos políticos (28). Que se lo digan a Adrián Almazán, profesor despedido de la Universidad de Deusto, en el País Vasco, por sus clases críticas con el capitalismo. Y de cuyo caso no leeremos una palabra en la prensa corporativa española.


Como tampoco leeremos nada sobre los hilos que mueven las "espontáneas" protestas en Cuba: 20 millones de dólares anuales del gobierno de EEUU, para financiar a 54 organizaciones "anticastristas" y decenas de medios de comunicación ; becas de estudio para líderes “disidentes”, como Saily González ; y una entidad, subordinada al Grupo de Acción Política de la CIA, llamada "Fuerza de Tarea de Internet para Cuba", dedicada a la generación masiva de fake news y al inflado artificial de la contestación, mediante miles de bots en redes sociales.


En el Nuevo Herald de Miami acaban de publicar un artículo que propone –leemos textualmente "proporcionar entrenamiento militar y armas a la oposición", porque "el fin del régimen cubano llegará muy probablemente como resultado de una oposición violenta alentada por la ayuda militar de EEUU". ¿Se imaginan que en la prensa cubana se pidiera ayuda militar para derrocar al régimen de EEUU? Imaginen… qué ocurriría.



07 diciembre, 2021

TRABAJO: fabricando muelles

 

"El sistema capitalista no precisa de individuos cultivados, sólo de hombres formados en un terreno ultraespecífico que se ciñan al esquema productivo sin cuestionarlo."

Karl Marx





06 diciembre, 2021

Far-right authoritarian regimes invited to Biden's bogus 'Summit for Democracy' — Ben Norton

 





"Los estadounidenses se encuentran entre las personas más ignorantes del mundo" — Michael Parenti

 


"Podría disparar a la gente en la Quinta Avenida y no perdería votos". Donald Trump


En lo que respecta a la historia, los estadounidenses se encuentran entre las personas más ignorantes del mundo. Las encuestas muestran que un gran porcentaje de ellos no conoce la diferencia entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Muchos creen que Alemania y la Unión Soviética fueron aliados en este último conflicto. Pocos han oído hablar de la invasión multinacional de la Rusia soviética en la que Estados Unidos participó. Muchos nunca han oído hablar de Hiroshima y no tienen ni idea de que Estados Unidos arrojó una bomba atómica sobre esa ciudad, ni saben por qué EEUU estuvo involucrado en la guerra de Vietnam y en otros conflictos armados. Tampoco pueden decir mucho sobre la historia de la agresión perpetrada contra los nativos americanos y la esclavitud infligida a los africanos en EEUU. Los siglos de imperialismo impuesto en Asia, África y América Latina por las potencias europeas y norteamericanas no son, en su mayoría, acontecimientos presentes en la psique colectiva estadounidense, y muchos ni siquiera podrían armar dos frases inteligentes sobre la historia de México, de Canadá, de Puerto Rico o de Cuba, por nombrar a los vecinos más cercanos de Estados Unidos. La mayoría no tiene la menor idea de lo que estaba en juego en la Revolución Francesa, en la Revolución Rusa, en la Guerra Civil Española o en la Revolución China.


Si bien es cierto que los propios estadounidenses no son totalmente culpables de ello. No se les enseña casi nada de estos acontecimientos en la escuela primaria, ni en la secundaria, ni siquiera en el nivel universitario, y lo que se les enseña está generalmente desconectado de las acuciantes realidades político-económicas que permiten que tanto el pasado como el presente se informen entre sí, haciendo que la historia sea significativa para nosotros. Tampoco los líderes políticos, los expertos en noticias y otros formadores de opinión encuentran motivos para situar los acontecimientos actuales en un contexto histórico, especialmente si se trata de aquellos que puedan plantear preguntas problemáticas sobre la situación social del orden actual.


La ignorancia popular cumple su función. Quienes están en la cima prefieren que la gente ignore las lecciones potencialmente problemáticas de la historia (excepto aquellos episodios de la misma que han sido especialmente envueltos en triunfales mensajes nacionalistas y de apoyo al sistema).


Generalmente, cuando se refleja en películas y televisivos dramas, la historia se falsea o se reduce a heroicos actos personales. En este sentido, los medios refuerzan el tipo de historia ficticia que se enseña en las escuelas, la misma que ensalzan los líderes políticos y propagan los llamados medios de comunicación. En Estados Unidos se puede exponer casi cualquier tema en los medios: sexo, escándalos, perversión, depravación y, a veces, incluso la opresión racial y la discriminación de género. Lo que no se puede tocar es el tema tabú: las clases sociales, específicamente la importancia del poder de clase y la lucha de clases.


Cita extraída del libro de Michael Parenti MAKE-BELIEVE MEDIA The Politics of Entertainment (1991) - (Traducción del inglés: Arrezafe)


TRABAJO: Prácticos de puerto

 














05 diciembre, 2021

“Fui sobornado por la CIA, sociedades secretas y multimillonarios estadounidenses”

 


La independencia de "los últimos en saber" — Iroel Sánchez


En Full metal jacket, la película de Stanley Kubrick sobre Vietnam, hay una escena en la que el oficial estadounidense a cargo de la prensa en la guerra da instrucciones a los periodistas sobre cómo cubrir los acontecimientos en el terreno. No hay espacio para el menor desliz, desde cómo hacer las fotos a una cantante y actriz que llegará para levantar el ánimo de las tropas, hasta la palabra exacta para denominar cada tipo de persona en el bando propio o enemigo, incluso si quienes huyen de la guerra deben ser llamados «evacuados» o «refugiados». Los más mínimos detalles son precisados para cada cobertura y reporte. «Periodistas empotrados» se llamarán tiempo después, en la guerra de Irak, esos que Kubrick ubica en Saigón.


A los no empotrados, los independientes del mando estadounidense que intenten cubrir la guerra fuera de las tropas, les puede salir muy caro. En el primer día de la llegada del ejército estadounidense a Bagdad, en la guerra de 2003, los periodistas que hacían la cobertura desde el Hotel Palestina lo supieron muy rápido, un tanque del US Army los puso en la mira y dos camarógrafos murieron, entre ellos el español José Couso. Nunca hubo justicia para Couso; primero, el gobierno de derecha del PP era parte de la coalición que, en contra de la ONU, invadió el país mesopotámico, luego el de «izquierda» del PSOE sacó las tropas de Irak, pero las instrucciones que recibió desde el State Department, que constan en Wikileaks, prueban que tanto el fiscal general del Estado español, Cándido Conde-Pumpido, como el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, y la entonces vicepresidenta socialdemócrata, María Teresa Fernández de la Vega, pactaron con la embajada estadounidense el cierre del caso. Así es el pluripartidismo de unánime cuando se trata de asuntos que interesan al imperio.


A propósito de Wikileaks, sabemos de la persecución y todo tipo de arbitrariedades impulsadas sucesivamente desde la Casa Blanca por republicanos y demócratas contra este proyecto auténticamente independiente. Quizá debería esperarse que filántropos como George Soros y sus Open Society, que han patrocinado medios de comunicación y «laboratorios de ideas» para Cuba en nombre de las libertades de información y expresión, tuvieran una actitud diferente, sin embargo, cuenta el excolaborador de Julian Assange, Daniel Domscheit-Berg, en su libro Dentro de Wikileaks, que «Julian (Assange) habló con un representante del Open Society Institute (OSI) de George Soros, que le preguntó de dónde sacábamos el dinero para Wikileaks, y dio a entender que el OSI subvencionaba proyectos como el nuestro. Según Julian, este se interesó también por nuestras necesidades, y comentó que no debíamos ser modestos. Por lo que sé, tampoco conseguimos nada». Así son las cosas con el poder, gubernamental o no, pero realmente existente, cuando dices «lo que no quieren que se diga».


¿Y lo que sí quieren? El militar que en Full metal jacket da las órdenes a los periodistas es un oficial de las fuerzas armadas estadounidenses, pero según ha relatado John Stockwell, el oficial de la CIA a cargo del trabajo con la prensa, que permaneció en Saigón casi hasta que los últimos estadounidenses salieran del techo de su embajada colgados de los helicópteros en imágenes que se han hecho icónicas, el trabajo de encargar y colocar historias en grandes medios de comunicación, editoriales, y agencias de prensa es una actividad que la Agencia ha realizado siempre, utilizando periodistas y escritores a los que paga, o fabricándolas y luego pidiendo solo su firma.


En una extensa entrevista que pondremos próximamente en La pupila asombrada, Stockwell, quien también estuvo al frente de la operación de propaganda de la CIA durante la intervención estadounidense para mediatizar la independencia de Angola, cuenta cómo fabricó fakes news sobre las tropas cubanas allí, su colocación en un periódico de la vecina Zambia, donde la agencia AFP los convertía en despachos que luego generaban publicaciones en medios de comunicación de Europa y Estados Unidos. Igualmente, el exoficial de la Agencia relata la colocación de textos completos con ese objetivo en la revista Time y el diario The Washington Post, así como la escritura de numerosos libros por encargo que aún permanecen, sin identificarse como propaganda pagada por la CIA, en importantes bibliotecas estadounidenses.


Pudiera decirse que las anteriores son historias de hace tiempo, y que ya eso no es así, que ha cambiado con el dominio a través de las redes sociales en internet y la concentración creciente de la propiedad sobre los medios, haciendo innecesaria una intervención tan invasiva; pero es muy difícil cambiar de métodos cuando se actúa de modo impune.


Ya en esta década, el periodista alemán Udo Ulfkotte, quien trabajó durante 17 años en el importante diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, denunció en un libro de 2014, titulado Periodistas comprados, acciones muy similares a las descritas por Stockwell. Ulfkotte habla de la embajada estadounidense en Berlín enviando pagos a los principales medios de comunicación alemanes, y revela una lista de fundaciones y organizaciones «no gubernamentales» estadounidenses y europeas, y periodistas involucrados con ellas. Se trata del Fondo Marshal, Puente Atlántico, American Academy y Aspen Institute, entre otras. El reportero alemán detalla los temas encargados para escribir, particularmente las campañas de prensa sobre Rusia, Libia y Ucrania, en las que oficiales de los servicios de inteligencia alemanes y estadounidenses les entregaron textos en los que solo puso su firma. También en una entrevista, Ulfkotte explicó lo que puede suceder a quien se niegue a colaborar, con ejemplos de situaciones laborales de colegas suyos. Pero el más contundente testimonio es su propia vida, que terminó de un infarto, a pesar de tener solo 56 años, después de haber denunciado reiteradamente amenazas de muerte e incursiones de organismos de seguridad en su apartamento.


El periodista alemán Udo Ulfkotte, autor del libro Periodistas comprados, murió de un sospechoso infarto. “He sido periodista durante 25 años. Fui instruido para mentir, traicionar y nunca decir la verdad al público. Fui sobornado por la CIA, sociedades secretas y multimillonarios estadounidenses. Los periodistas son utilizados para manipular a la gente.”


Poco hemos podido conocer en la gran prensa occidental sobre lo anterior, tampoco sobre los repetidos ataques a que son sometidos artistas, periodistas e intelectuales cubanos por medios de comunicación financiados desde Estados Unidos para que se plieguen a determinada postura política, pero es de suponer lo que sucedería si un caso como el de Ulfkotte ocurriera en Cuba. La campaña de odio desatada en internet contra los músicos que participaron en el videoclip Con Cuba no te metas es un ejemplo de cómo funciona una maquinaria censora a la que de un lado en los grandes medios solo interesan los artistas e intelectuales cubanos si «protestan contra el gobierno» y silencian un hecho de valor cultural y político protagonizado por personas de reconocida trayectoria artística, mientras la máquina de guerra mediática, especialmente, financiada contra Cuba por Estados Unidos los calumnia, insulta y agrede. Uno de esos agredidos me escribió ante tal situación: «los ataques que me han hecho últimamente, organizados, coordinados y diciendo lo mismo, es lógico que todos responden a una organización rectora. Si me quedaba alguna duda, ellos se han encargado de despejarla».


Las noticias, con excepción de los desastres naturales, no son espontáneas, y aún estos siempre son interpretados y cubiertos periodísticamente con una intencionalidad política. Es evidente que se impone una agenda al mundo, que se derrama en cascada desde los medios de élite (CNN, The New York Times…) hasta el periódico de una pequeña ciudad de provincias. El que pretenda cambiar la agenda debe estar dispuesto a perder fuentes de financiamiento y anunciantes. Si eso no fuera suficiente están las denuncias judiciales, los pleitos y las campañas de descrédito. En el entorno iberoamericano, honrosas y escasísimas excepciones, como La Jornada, de México, confirman la regla que dictamina la muerte, anunciada y ocurrida, de periódicos disidentes como O Diario, en Portugal (con más de mil horas de demandas en los tribunales); el español Liberación (asfixiado económicamente entre los bancos y los distribuidores), o el vasco Egin (criminalizado y clausurado por el gobierno de José María Aznar a punta de metralleta), por solo citar tres ejemplos de cómo funciona la libertad de expresión para los que pretenden una independencia real. Noam Chomsky hace ya tiempo explicó los tres filtros que deciden el contenido de los medios: propietarios, anunciantes y fuentes. Si alguien lo duda, un reciente libro del exdirector del diario español El Mundo, con testimonios impresionantes, a pesar de esperables, se ha encargado de confirmarlo.


Aún es una aspiración lo expresado por Fidel sobre que en nuestra prensa «debe existir la más amplia libertad para que el pueblo utilice esos medios en favor de los intereses de la causa, en la crítica dura a todo lo que esté mal hecho. Creo que mientras más crítica exista dentro del socialismo, eso es lo mejor…», pero es en la nuestra, no en la que Estados Unidos paga para que el país deje de ser de los cubanos y pase a ser de ellos. ¿Es posible el periodismo independiente sin un país independiente?


Con 50 millones de dólares anuales presupuestados –solo públicamente– por el Gobierno de Estados Unidos para hacer propaganda contra Cuba, mientras no ha dejado de proclamar en sus 12 administraciones el objetivo de cambiar el régimen existente en la Isla, ¿es posible pensar que lo relatado por Stockwell y Ulfkotte no ocurra con la producción «informativa» acerca de temas cubanos?


A pesar de ello, los participantes en la telaraña financiero-propagandística contra Cuba hablan de su independencia. Como recomendara recientemente el filósofo argentino Néstor Kohan, deberían leer a Frances Stonor Saunders, autora del libro La CIA y la guerra fría cultural. Stonor Saunders define la guerra sicológica como «la puesta en práctica de forma planificada por parte de una nación, de propaganda y actividades no bélicas que promocionaran ideas e informaciones dirigidas a influir en las opiniones, actitudes, emociones y comportamientos de grupos extranjeros, de un modo que favorecieran los logros y objetivos nacionales». Nada más elocuente que cuando cita a uno de los oficiales de la CIA definiendo la «forma de propaganda más efectiva» como aquella en la que «el individuo actuaba en la dirección en que se esperaba, por razones que creía eran las suyas propias».


No todo es tan explícito como enviar sobres con dinero. Ulfkotte afirma: «No van hacia ti y dicen «Somos la CIA, ¿quieres trabajar para nosotros?». No, te invitan a descubrir Estados Unidos, pagan todos tus gastos y estás cada vez más corrupto… ». Se compra no solo con dinero, también financiando celebridad con viajes, entrevistas, premios e invitaciones a eventos que te hacen sentir importante, aplaudiendo tu «rebeldía», tu «independencia» y tu «objetividad», sobre todo si te convencen de que tu país «necesita nuevos líderes» y tú puedes ser el profeta del cambio, el Vaclav Havel cubano. Stonor Saunders dijo en una conferencia en la Feria del Libro de La Habana de modo terminante: «No tiene sentido discutir estas definiciones, están basadas en documentos del gobierno y proporcionan los principales argumentos de la estrategia de la guerra fría cultural». Pero algunos pueden preferir la tela roja con letras doradas que preside la escena de Full metal jacket que describí al principio de este artículo: «First to go last to know» (Primero en ir, último en saber).




Bandiera Rossa ~ Avanti Popolo