El portavoz de las
Fuerzas Armadas iraníes, general de brigada Shekarchi, ha
manifestado que: "Nuestro mayor logro es haber desenmascarado la
fachada estilo Hollywood del ejército estadounidense y del régimen
israelí".
En referencia a la
agresión conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, afirmó
que: “El mártir Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá
Seyyed Ali Khamenei, los escolares inocentes de Minab y Lar, y todos
los iraníes inocentes que han sido martirizados serán vengados. Es
solo cuestión de tiempo".
"Estamos firmemente decididos a
expulsar a los estadounidenses de Asia Occidental".
Shekarchi destacó la
poderosa capacidad de combate de las Fuerzas Armadas iraníes,
haciendo hincapié en que "aún no hemos utilizado todos
nuestros recursos en la guerra contra Estados Unidos".
"Si retrocediéramos en
los diversos frentes, el enemigo daría diez pasos hacia adelante".
"El mayor logro de Irán
fue desenmascarar la fachada tipo Hollywood del ejército
estadounidense y del régimen sionista, exponiendo ante el mundo lo
débiles desmoralizadas que están ambas fuerzas".
"Países de todo el
mundo, incluidos algunos que albergan bases militares
estadounidenses, han perdido su confianza en Washington. Incapaz de
defenderse, Estados Unidos no podrá proteger a sus aliados".
Respecto a las bajas
estadounidenses, Shekarchi manifestó que: "Según las pruebas e
indicios disponibles, Estados Unidos ha perdido cientos de militares
y miles de soldados han resultado heridos en la tercera guerra
llevada a cabo contra Irán".
Además, "más de 1.000
militares israelíes han muerto y miles han resultado heridos durante
la agresión militar del régimen sionista y estadounidense".
Shekarchi denunció a
Washington y Tel Aviv por mentir sobre sus bajas militares y censurar
las cifras reales. Como ejemplo, señaló que Estados Unidos reveló
la muerte de sus soldados en las guerras de Afganistán e Irak años
después de ocurridas y solo posteriormente entregó los restos a sus
familias.
En referencia al estrecho
de Ormuz, Shekarchi afirmó que, "tanto el presidente
estadounidense como sus partidarios y aliados son ahora considerados símbolos de maldad y perversidad", y advirtió sobre
cualquier intento de reclamar esta vía marítima estratégica.
Cada ciclo del
desarrollo imperial estadounidense fabrica vocabularios destinados a
convertir conflictos históricos en anomalías rebeldes
Hoy, la expresión "terrorismo de izquierda", empleada como categoría política
indiscriminada, participa de esa operación al fundir experiencias,
procesos, tradiciones intelectuales y luchas sociales heterogéneas
dentro de una misma "nueva" figura criminal.
Esa emboscada no persigue
precisión conceptual. Aspira a cancelar la inteligibilidad del
conflicto mediante una distorsión ideológica que sustituye el
examen de las causas por la condena preventiva de cualquier
impugnación al orden dominante.
Cuando un representante
del poder estatal convierte esa fórmula en instrumento diplomático
o jurídico, la controversia deja de pertenecer al terreno de las
ideas para ingresar en un dispositivo de disciplinamiento belicista
donde la sospecha precede a la evidencia y la obediencia adquiere
rango de virtud cívica. La historia demuestra que toda inquisición
comienza con una redefinición del lenguaje.
Aquella Santa Inquisición
fue una institución creada por la Iglesia católica durante la Edad
Media con el propósito de investigar y sancionar la herejía,
entendida como cualquier creencia o práctica que se apartara de la
doctrina oficial. Existieron diferentes tribunales inquisitoriales en
varios países; los más conocidos fueron la Inquisición española,
establecida en 1478, la portuguesa y la romana.
Para ello, los tribunales
recibían denuncias, investigaban a los acusados y llevaban a cabo
procesos judiciales. Se empleó la tortura como método de
interrogatorio y las sanciones podían incluir penitencias, multas,
confiscación de bienes, prisión e incluso la entrega del condenado
a las autoridades civiles para la aplicación de la pena de muerte.
Toda palabra despojada de
complejidad dialéctico-histórica reduce el horizonte del
pensamiento y amplía la discrecionalidad del castigo. La acusación
remplaza al argumento. El expediente desplaza a la investigación. La
lealtad al imperio ocupa el lugar reservado al conocimiento. Bajo esa
arquitectura, universidades, sindicatos, centros culturales,
periodistas, científicos y organizaciones populares quedan sometidos
a una vigilancia que transforma la discrepancia en amenaza
existencial. El resultado consiste en una pedagogía del miedo cuya
eficacia depende menos de la represión abierta que de la
normalización cotidiana de la autocensura.
Marco Rubio ha recurrido
con frecuencia a ese repertorio discursivo para presentar cualquier
cuestionamiento estructural al capitalismo como expresión de
radicalismo comunista amenazante. Puesta la mira contra México y
contra Cuba especialmente. La estrategia responde a una lógica
geopolítica que convierte diferencias económicas y demandas
populares en problemas de seguridad nacional. Desaparece la
explotación y el plus producto como categoría analítica.
Desaparecen las relaciones sociales que producen desigualdad.
Desaparecen las contradicciones entre capital y trabajo. Permanece
únicamente un enemigo abstracto cuya existencia justificaría
mecanismos extraordinarios de vigilancia, represión, sanción y
exclusión. Aquello que debería discutirse mediante evidencia
histórica termina administrado mediante categorías policiales.
Una operación semejante
invierte el orden racional de la investigación social. Ninguna
sociedad debería ser acosada cognitivamente mediante ideologías
burguesas.
Las transformaciones
históricas nacen de la lucha de clases y de los conflictos
materiales en las relaciones verificables, de formas específicas de
apropiación de la riqueza, de distribuciones desiguales del poder y
de disputas permanentes por el control del trabajo humano. Negar esa
dinámica equivale a borrar el fundamento mismo de su historia. Y la
conciencia de clase emerge precisamente cuando los individuos
reconocen que los intereses privados se infiltran como conciencia
colectiva para la dominación y así descubren que el sufrimiento
perenne posee raíces históricas.
La criminalización
del pensamiento crítico intenta impedir ese reconocimiento.
Siempre que la pobreza
aparece desconectada de la concentración de la riqueza, y que la
precarización laboral se explica mediante fracasos individuales;
siempre que la desigualdad adquiere apariencia de fenómeno natural,
el conflicto estructural de clase se disfraza tras una narrativa
moralizante. Las mayorías dejan de percibirse como sujetos
históricos para contemplarse únicamente como administradoras
aisladas de dificultades personales. La fragmentación constituye
entonces una forma de gobierno mucho más eficiente que la coerción
permanente.
Una tradición humanista
crítica nos recuerda que ninguna libertad florece donde el miedo
organiza el conocimiento. La investigación científica exige
contraste de hipótesis, crítica sistemática, revisión permanente
de evidencias y apertura intelectual.
Un poder que define de
antemano las conclusiones aceptables degrada la ciencia hasta
convertirla en protocolo burocrático. La cultura pierde capacidad
creadora cuando la sospecha sustituye al diálogo. La filosofía
renuncia a su función emancipadora cuando acepta fronteras impuestas
por intereses ajenos a la búsqueda de la verdad. La universidad deja
de formar ciudadanos capaces de comprender la complejidad histórica
para producir administradores obedientes de consensos prefabricados.
La experiencia histórica enseña igualmente que ninguna hegemonía
permanece invulnerable.
Todo intento por
clausurar el pensamiento crítico alimenta nuevas preguntas acerca
del origen de las prohibiciones. La censura revela aquello que
procura ocultar. Y tal persecución intelectual confirma la
fragilidad de un orden incapaz de sostenerse mediante razones
compartidas. El conflicto entre trabajo y capital reaparece entonces
bajo formas renovadas porque pertenece a la organización material de
la producción y no a la voluntad subjetiva de propagandistas o
gobernantes.
Una defensa auténtica de
la dignidad humana exige rechazar toda inquisición contemporánea,
cualquiera que sea el vocabulario empleado para legitimarla. El
pensamiento crítico constituye patrimonio universal porque permite
reconocer vínculos entre experiencia individual y estructura
histórica, entre sufrimiento cotidiano y organización económica,
entre cultura y poder. Reducir esa capacidad a una etiqueta criminal
como "terrorismo de izquierda" representa un ataque contra la
inteligencia colectiva antes que contra una corriente política
determinada. La emancipación intelectual comienza allí donde el
lenguaje recupera precisión, la investigación recobra autonomía y
la conciencia revolucionada descubre que la historia permanece
abierta mientras existan mujeres y hombres dispuestos a comprenderla
para transformarla.
Fernando Buen Abad
Domínguez, Doctor en filosofía
Este artículo ha sido
publicado en el portal cubadebate.cu
Cuando el imperialismo
convierte el conocimiento, la tecnología y el arte en instrumentos
de sometimiento, las tradiciones radicales enseñan otra lección:
los pueblos oprimidos pueden apoderarse de esas herramientas y
transformarlas en armas de liberación.
Dedicado a Sliman
Mansour (1947-2026), un pintor amable y generoso de la emancipación
palestina.
En enero de 1968, 470
personas delegadas de 70 países se reunieron en Cuba para el
Congreso Cultural de La Habana. Llegaron de naciones en guerra, de
sociedades socialistas en construcción, de movimientos de liberación
nacional que luchaban contra el colonialismo y de centros imperiales
donde lxs intelectuales habían comenzado a rebelarse contra el
poder. Vietnam resistía al ejército más poderoso de la Tierra. El
asesinato del Che Guevara tres meses antes no había extinguido la
convicción de que el imperialismo podía ser derrotado; solo la
había intensificado.
El imperialismo,
comprendían las personas delegadas, no sobrevive solo con el fusil y
el banco. También utiliza escuelas, emisoras de radio, editoriales,
laboratorios, museos y la imaginación. Enseña a las personas
colonizadas a ver sus propias historias como atrasadas, sus lenguas
como provincianas y sus artes populares como materia prima en espera
de ser refinada por la metrópoli. Frente a esta maquinaria, el
congreso convocó a lo que Fidel Castro describió como “un Vietnam
en el campo de la cultura”: una lucha organizada por los medios
mediante los cuales los seres humanos se comprenden a sí mismos y
comprenden su poder. Nuestro dossier más reciente, Un
Vietnam en el campo de la cultura: el Congreso Cultural de La Habana,
1968 (agosto de 2026), toma su título de la frase de Fidel
Castro y vuelve al congreso en el año del centenario de su
nacimiento.
El Congreso Cultural de
La Habana nos ofrece el terreno sobre el cual encontrarnos con el
tema de este boletín: las tradiciones radicales. Una tradición
radical no es un altar al pasado. La palabra radical proviene del
latín radix, raíz. Ir a la raíz es descubrir las luchas que
originaron el pensamiento y la belleza de un pueblo y llevar sus
posibilidades inconclusas al presente. La tradición no es lo que
permanece inmutable. Es lo que el pueblo rehace continuamente
mientras lucha por realizar su humanidad y por florecer dentro de la
naturaleza, y no mediante su destrucción.
Uno de los ejemplos más
claros de esta tradición radical en este período surgió a partir
de la reelaboración anticolonial de Calibán,
la figura esclavizada de La tempestad (1610-1611), de William
Shakespeare. En el Caribe y América Latina, Calibán se convirtió
en una forma de pensar no en el regreso a un pasado intacto, sino en
la transformación de lo que el colonialismo había impuesto: la
lengua, la literatura y el conocimiento, como armas contra el dominio
colonial. Dos obras afinaron esta lectura anticolonial: la obra de
teatro Une tempête [Una tempestad] (1969), de Aimé Césaire,
y el ensayo Calibán (1971), de Roberto Fernández Retamar. En la
obra de Shakespeare, Próspero (la civilización europea) se apodera
de una isla, esclaviza a Calibán (el colonizado) y le enseña su
idioma para poder darle órdenes. Césaire dramatiza el rechazo de
Calibán a ese mando colonial. Su Calibán exige ser llamado X, lo
que sugiere tanto la violencia que borra su nombre como la libertad
que quiere disfrutar. Césaire deja a Próspero y a Calibán
atrapados en un mundo colonial en deterioro. Próspero no puede
imaginarse sin el sujeto que domina, mientras que el rechazo de
Calibán a ser colonizado fractura su mundo. Calibán no pide una
mejor representación dentro del orden de Próspero. Disputa el orden
mismo. Para Fernández Retamar, Calibán no es una sombra vergonzosa
al borde de la civilización latinoamericana, es su pueblo
colonizado. Próspero invadió su tierra, mató a sus ancestros, lo
esclavizó y le impuso una lengua. ¿Qué otra cosa puede hacer
Calibán, pregunta Fernández Retamar, sino usar esa lengua para
maldecir a Próspero?
La maldición es apenas
el comienzo. Calibán no se limita a rechazar la lengua del
colonizador: se apodera de ella. La ciencia, la tecnología, la
literatura y los conceptos políticos acumulados en los centros
imperialistas fueron posibles gracias a la riqueza y el trabajo
extraídos
del mundo colonizado. Fernández Retamar rechaza la idea de que
pertenecen naturalmente a Occidente. Su recuperación no es
imitación, sino restitución. Recuperarlos es desenterrar las raíces
de un mundo que el colonialismo intentó monopolizar y volver sus
instrumentos hacia la liberación. Calibán convierte la lengua del
mando en una lengua de revuelta: en la tradición radical que
atesoramos. Pasé una hora conversando con el equipo de Tank Magazine
sobre el ensayo de Fernández Retamar y su contexto.
Camilo Egas (Ecuador),
Sueño de Ecuador, 1939.
¿A quién se le permite
representar la razón y a quién se le confina a la emoción? En La
Habana, esta no era una pregunta abstracta. Los debates sobre la
negritud enfrentaron este problema directamente. René
Depestre señaló la formulación de Léopold Senghor según la cual
“la emoción es negra, como la razón es blanca” como ejemplo del
peligro que enfrentaba una revuelta cultural anticolonial. Depestre
honró la afirmación original de la negritud de las culturas
negro-africanas frente a la deshumanización racial, pero advirtió
que, separada de la lucha de clases, podía convertirse en
esencialismo racial y ser capturada por élites reaccionarias. En
Haití, el noirisme [ideología racial esencialista] de
François Duvalier había convertido la defensa de la cultura negra
en una ideología de Estado que aterrorizaba al pueblo y a la
izquierda en nombre de la autenticidad negra. El congreso rechazó,
pues, tanto la asimilación liberal como el esencialismo racial. El
racismo no podía ser derrotado admitiendo a unas pocas personas
colonizadas en la casa del amo, ni convirtiendo las categorías
coloniales en verdades permanentes. Requería una transformación de
las relaciones materiales que reproducen continuamente la raza como
jerarquía.
La tradición radical
aparece, sin embargo, también en obras cuya política permanece
limitada o irresuelta. El laberinto de la soledad (1950), de
Octavio Paz, escrito lejos de la política revolucionaria de La
Habana, se acerca a la herida colonial de México mediante máscaras,
silencios, fiestas y soledad: los hábitos de ocultamiento y
distancia formados en una sociedad marcada por la conquista. Paz
comprendió que la conquista sobrevive dentro de las formas de la
subjetividad. El sujeto colonizado y poscolonial puede llevar una
máscara no porque no haya nada debajo de ella, sino porque la
historia ha hecho peligrosa la exposición. La soledad se vuelve a la
vez herida y defensa. Sin embargo, el laberinto nunca es meramente
psicológico, porque sus muros fueron construidos mediante la
conquista, la jerarquía racial, el poder de clase y la relación
irresuelta de México con la modernidad. La tradición radical
comienza donde el relato de Paz llega a su límite: la soledad se
rompe con la lucha colectiva. La asamblea campesina, el comité de
huelga, la brigada de alfabetización, el taller de teatro y la
emisora comunitaria hacen más que expresar a un pueblo existente:
ayudan a hacer nacer uno nuevo. Incluso el relato de Paz apunta más
allá de sí mismo hacia este hecho.
Benjamin Silva (Brasil),
Masacre de Tlatelolco, 1968.
Una pregunta afín surgió
en Irán a partir de la obra de Jalal Al-e Ahmad (1923-1969): ¿cómo
puede un pueblo apoderarse del conocimiento moderno sin someterse a
las categorías y dependencias del poder imperial? Al-e Ahmad, que
pasó del entorno comunista del Partido Tudeh a un antiimperialismo
de inflexión religiosa, publicó en 1962 su célebre polémica
Gharbzadegi, título traducido con frecuencia como
Occidentosis. Leído ampliamente en Irán, también entre
sectores de ulemas [clérigos], el libro describía una
sociedad golpeada por Occidente, no simplemente porque importaba
mercancías extranjeras, sino porque había comenzado a inhalar las
categorías de Occidente como si fueran oxígeno. El resultado era
una suerte de mal aliento civilizacional: la exhalación rancia de la
imitación, la dependencia y la autoalienación. La tecnología llega
sin la capacidad social de dirigirla, la élite local se convierte en
intermediaria de bienes y deseos importados y se enseña a un pueblo
a experimentar su propio mundo como una carencia.
La polémica de Al-e
Ahmad podría haberse leído como una retirada romántica hacia un
pasado no contaminado, pero su intuición más potente apunta a otra
parte. Quería tanto un reconocimiento de nuestras propias
tradiciones como una radicalización de ellas para el mundo moderno.
Aquí es donde la pregunta de Al-e Ahmad se encuentra con las
preocupaciones de La Habana. En el congreso no se rechazó la ciencia
ni la tecnología por ser occidentales. Se preguntó quién es su
dueño, con qué fines se organizan y de quién es el trabajo que las
hace posibles. Las personas delegadas describieron a médicos
formados a expensas públicas en el Tercer Mundo y extraídos por el
centro imperial. Conocimientos locales recopilados como “materia
prima científica” y devueltos en forma de políticas, vigilancia e
intervención militar. La respuesta a la occidentosis no es,
por tanto, la pureza, sino la soberanía: la capacidad colectiva de
apoderarse del conocimiento moderno, redirigirlo hacia la necesidad
social y transformar la sociedad en el proceso.
Bahman Mohasses (Irán),
Il Minotauro fa paura alla gente per bene [El minotauro asusta a la
gente de bien], 1966.
Los movimientos de
liberación representados en La Habana ya ponían en práctica esta
soberanía. Mostraron que la cultura no era algo que debiera
preservarse en aislamiento ni posponerse hasta después de la
victoria, sino un medio a través del cual se construía la
liberación misma. En Vietnam, los informes mensuales del Frente
Nacional de Liberación contaban a las personas liberadas del
analfabetismo junto a las victorias militares, mientras los equipos
de cine trabajaban desde sótanos bajo el bombardeo. En las zonas
liberadas de Guinea-Bissau,
Angola y Mozambique, las escuelas, las imprentas, los talleres de
artistas y las canciones revolucionarias formaban los cimientos de
una nueva sociedad antes de que llegara la independencia formal. La
liberación misma era un acto de cultura.
La misma comprensión
animaba a Lotus. Publicada por primera vez en marzo de 1968
como Afro-Asian Writings [Escritos Afroasiáticos], la revista
ayudó a construir la infraestructura cultural que La Habana había
reclamado: un hogar multilingüe para escritorxs de África y Asia, y
más tarde de América Latina. Sus páginas rechazaban el arreglo
colonial en el que lxs escritorxs del Sur aguardaban el
reconocimiento de Londres, París o Nueva York. Lotus hizo
visible otra geografía literaria: la resistencia palestina podía
hablar con la liberación vietnamita, la lucha sudafricana con la
poesía egipcia y las naciones recién descolonizadas con quienes aún
luchaban por la libertad. Un solo ejemplo captura lo que esta
infraestructura hizo posible. En 1972, Lotus publicó una obra de
teatro, Ughniyyat
al-Mawt [Canción de muerte], del dramaturgo egipcio Tawfiq
al-Hakim. Gracias a las redes de la revista, la obra fue traducida al
hindi e interpretada ese mismo año en Nueva Delhi. También fue
traducida al amárico y una función fue transmitida por la
televisión estatal etíope. Una historia sobre una familia rural
egipcia cuya vendetta se vio trastornada por la educación de un hijo
en El Cairo pudo así viajar más allá de Egipto y hablar a públicos
que enfrentaban sus propios dilemas de tradición, modernidad y
transformación social.
Wifredo Lam (Cuba),
Tercer Mundo, 1966.
Hoy necesitamos la
urgencia de Lotus. El aparato mediático que enfrentó La
Habana se ha convertido en un denso sistema de plataformas,
algoritmos, extracción de datos y propiedad concentrada. No se
limita a censurar: inunda el mundo de imágenes, fragmenta la
experiencia común en corrientes personalizadas, convierte la
atención en propiedad y hace que la solidaridad parezca lejana
incluso cuando la guerra llega al instante a nuestras pantallas. El
racismo y el colonialismo se renuevan mediante viejas jerarquías
vestidas con ropas digitales. Los pueblos del mundo son invitados a
consumir las imágenes de otros pueblos mientras se les impide
construir relaciones duraderas con sus luchas.
Una nueva visión
cultural del mundo no puede ensamblarse a partir de consignas de
diversidad suministradas por las mismas instituciones que financian
la guerra y el saqueo. Debe surgir de las luchas contra el racismo,
el colonialismo, el patriarcado y la explotación capitalista. Debe
recuperar el sentido total de la cultura afirmado en La Habana: la
cultura como arte y educación, pero también como salud, ciencia,
trabajo, deporte, medios de comunicación, tecnología y organización
de la vida cotidiana. La persona trabajadora intelectual en el centro
de este proyecto no es una genia solitaria erguida sobre el pueblo,
sino alguien cuyo conocimiento se coloca dentro de un proceso
colectivo. El horizonte de este proyecto no es el reemplazo de una
élite por otra, sino la ampliación de la vida intelectual hasta que
la división entre quienes piensan y quienes hacen comience a
desaparecer. Las tradiciones radicales no nos dan ni un mapa completo
ni un refugio del presente. Nos ofrecen métodos: el recorrido de Paz
por las máscaras que dejó la conquista; el rechazo de Césaire al
guion colonial; la apropiación de la lengua del amo por parte de
Fernández Retamar; la alarma de Al-e Ahmad ante la imitación
dependiente; el común literario internacionalista construido por
Lotus; y la insistencia de La Habana en que la revolución
debe transformar la totalidad de la vida.
Paritosh Sen (India),
Rain over Benares, India [Lluvia sobre Benarés, India], 1962.
Hemos heredado la
tormenta. Nuestra tarea es emanciparnos de ella.
Dos empresas chinas
lograron recuperar con éxito sus cohetes propulsores orbitales en
tan solo dos meses.
Los cohetes reutilizables
permiten lanzamientos mucho más frecuentes y a menor costo.
China ya había dado
pasos de gigante en el espacio, con avances revolucionarios en
navegación satelital, teledetección, comunicaciones láser e
imágenes.
El Comando Espacial de
Estados Unidos está trabajando con urgencia para desarrollar nuevas
constelaciones de satélites y satélites con capacidades ofensivas.
Sin embargo, las cadenas
de suministro para la fabricación de satélites dependen de la
industria china de tierras raras, y los contratistas aeroespaciales
se enfrentan a una grave escasez y largos retrasos en la producción.
El factor más importante
para determinar quién gana la carrera espacial será la cantidad de
carga útil [payload] que se pueda poner en órbita. Esto
probablemente dependerá de las cadenas de suministro que puedan
construir satélites y cohetes, y de la frecuencia con la que se
puedan utilizar dichos cohetes. Por lo tanto, deberíamos imaginar
dos carreras simultáneas: una de cohetes reutilizables y otra de
cadenas de fabricación de satélites.
Eso fue en julio. Este
mes, otra compañía china, LandSpace,
lanzó y recuperó su cohete, que también fue comparado con
SpaceX y Blue Origin. El ZQ-3 de LandSpace se compara aquí con el
cohete Falcon 9 de SpaceX. El de LandSpace es menos costoso de
construir y su diseño de acero inoxidable más resistente durante la
reentrada. El Falcon 9 transporta una carga útil mayor y está
diseñado para realizar más lanzamientos a lo largo del tiempo.
Se trata de un obstáculo
importante que ambas compañías han superado, lo que permite
lanzamientos a menor coste. Esto tiene implicaciones
evidentes para el sector estratégico-militar. Un mayor número
de satélites se traduce inmediatamente en una capacidad mejor
para identificar, seguir y atacar objetivos en tierra. Dos
compañías chinas, con dos enfoques diferentes sobre la
reutilización y la recuperación, tendrán un impacto inmediato en
la capacidad futura de China para lanzar más satélites con mayor
frecuencia.
China
ya había dado grandes pasos en el sector espacial antes de que
CASC y LandSpace acapararan la atención mediática durante el
verano. China está "poniéndose al día rápidamente" y ya
lidera en sectores clave. Su sistema de navegación por satélite
Beidou es un competidor directo del GPS y ya ha demostrado ser
decisivo en la Guerra del Golfo Pérsico, después de que los iraníes
cambiaran del GPS a Beidou.
La teledetección
consiste en el uso de satélites para capturar datos de la Tierra, y
los
expertos del sector creen que China ya lleva la delantera en este
campo. En conjunto, la capacidad de Washington para proyectar
poder se ve debilitada, y las imágenes satelitales chinas podrían
ser utilizadas por adversarios para atacar a las fuerzas de la
alianza.
Wall
Street Journal, 9 de mayo: Las imágenes de alta resolución de
los satélites chinos se están difundiendo en línea, y «China
ahora puede hacer mucho de lo que hace Estados Unidos». China ha
incrementado drásticamente la cantidad y el tipo de satélites con
capacidad militar. En navegación y posicionamiento, cuenta con más
satélites que el resto del mundo en conjunto. Posee grandes ventajas
numéricas en satélites de inteligencia y en imágenes de radar. En
teledetección, China lidera la investigación mundial en sensores y
posicionamiento satelital.
China ocupa el primer
lugar en cinco de las once tecnologías clave de teledetección,
mientras que los sistemas estadounidenses lideran en cuatro.
Actualmente existen más de 510 satélites militares chinos, lo que
representa un aumento de más del quíntuple en tan solo una década.
MizarVision es una
pequeña empresa china, una startup. Durante meses, la
compañía publicó imágenes satelitales en redes sociales,
incluyendo los movimientos de bombarderos y portaaviones
estadounidenses. Fue una de las empresas sancionadas por el
Departamento de Estado en mayo, y en junio publicó fotos satelitales
del portaaviones Abraham Lincoln operando en el Golfo de Omán.
Para mayor claridad,
reiteramos: MizarVision es una empresa emergente de inteligencia
artificial China, lo que plantea la pregunta de cuán buenas deben
ser las herramientas de las grandes empresas estatales o de las
utilizadas por el propio ejército chino.
La Fuerza Espacial necesita mucho más dinero y recursos si pretende "contrarrestar las amenazas en el espacio, no solo para proteger satélites aliados, sino también para desafiar a China". Según parece, la Fuerza Espacial busca nuevas constelaciones de satélites, con numerosos satélites pequeños destinados a confundir a los adversarios. El comandante de la Fuerza Espacial de EEUU considera que China posee los "segundos mejores" sistemas de teledetección, capaces de rastrear activos de la Armada estadounidense en el Pacífico, incluyendo buques de superficie y aeronaves de gran tamaño.
Ese informe estaba
fechado el 26 de febrero. El 21 de febrero, MizarVision compartió
imágenes de aviones de la Fuerza Aérea de EEUU en la base aérea
Príncipe Sultán, en Arabia Saudita. Príncipe Sultán estaba
asignada a la preparación de aviones cisterna y aeronaves AWACS para
la guerra contra Irán que comenzaría una semana después. A
finales de marzo, dicha base fue atacada por Irán.
El segundo ataque a la
base aérea Príncipe Sultán tuvo otras consecuencias. La
Casa de Saud afirma que el ataque de julio acabó con la
inmunidad que los saudíes creían tener y puso al descubierto graves
problemas con los sistemas de misiles de defensa aérea en el Golfo.
Cientos de millones de dólares en aeronaves destruidas en la pista,
y el Reino quedándose sin misiles interceptores. Los misiles PAC-3
cuestan 4 millones de dólares cada uno y se utilizan para
interceptar drones iraníes que cuestan 40.000 dólares. Es decir,
los misiles interceptores cuestan cien veces más que los objetivos
que intentan derribar.
Arabia Saudita comenzó
la guerra —recuerda que apenas hace seis meses— con 2800 misiles
PAC-3. El 86% de ellos ya no existen, y ahora sólo quedan 400. Esto
significa que cada lanzador restante tiene una capacidad promedio de
3,7. Arabia
Saudita encargó 730 más, pero no llegarán [si es que llegan]
hasta 2028 como muy pronto.
Antes del “alto el
fuego”, el consumo diario era de 63 proyectiles, lo que significa
que si se reanudan las hostilidades con Irán, Arabia Saudí se
quedará sin interceptores en menos de una semana.
La Fuerza Espacial
estadounidense estima que la velocidad de China es su mayor desafío
y ahora cree, en agosto, que los sistemas antisatélite son la mejor
opción. Han
seleccionado 14 empresas para diseñar y construir nuevos sistemas
satelitales. Esto nos lleva a la segunda fase de la carrera
espacial: los cohetes reutilizables reducen los costos y permiten un
mayor número de lanzamientos.
El segundo aspecto es la
construcción y el despliegue de los propios satélites. Y aquí nos
topamos con otro grave problema relacionado con China: las cadenas de
suministro de satélites pasan por las minas y refinerías de tierras
raras que se encuentran aquí, en China. Esta
es la lista de las 14 empresas seleccionadas para el programa
Andrómeda. Seis
de ellas ya sancionadas por China.
Estas son también
algunas de las empresas a las que se les está pidiendo que
construyan nuevos misiles interceptores y otras municiones para
reemplazar todas las que se han empleado en Gaza, en el Golfo Pérsico
y en Ucrania. Es decir que, todas las cadenas de suministro de todos
esos compuestos de tierras raras e imanes que el Pentágono necesita
para reemplazar sus radares y misiles interceptores, y que Arabia
Saudita necesita si pretende proteger a su país de los ataques
iraníes, al menos durante más de siete días, han
sido bloqueadas por China.
El hecho de que se
adjudiquen contratos multimillonarios para la construcción de
satélites no garantiza que se vayan a construir. Y cuando los
generales de la Fuerza Espacial afirman abierta y públicamente que
el objetivo de sus nuevos satélites es destruir a los chinos,
debemos presuponer que China no les ayudará a cumplir tal propósito.
Sean buenos.
Recursos y enlaces:
China becomes second
country to recover orbital booster with Long March 10B