26 abril, 2026

Trump evacuado tras tiroteo durante la cena de corresponsales en la Casa Blanca — Tyler Durden

 




Zero Hedge – 26/04/2026


El sábado por la noche se produjeron disparos durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCD) de 2026 en el salón de baile del Washington Hilton, lo que condujo a la evacuación inmediata del presidente Donald Trump, la primera dama Melania Trump, el vicepresidente y otros asistentes de alto perfil por parte del Servicio Secreto. Se ordenó a los invitados que se refugiaran debajo de las mesas mientras agentes fuertemente armados aseguraban el lugar.





Según el reportero de Deadline, Ted Johnson, quien se encontraba en el salón de baile cerca del lugar del incidente: "Escuché lo que parecieron ser cuatro disparos que parecían provenir del pasillo justo afuera del salón de baile cerca de mi mesa".


Detalles clave del informe inicial:


El presidente Trump y los dignatarios, entre ellos la primera dama, el vicepresidente, la presidenta de la WHCA, Weijia Jiang, y el artista y mentalista Oz Pearlman, fueron rápidamente sacados del salón de baile.

Agentes del Servicio Secreto saltaron al escenario en medio del caos.

El equipo de seguridad de la secretaria de Educación, Linda McMahon, informó a CNN en directo que había un tirador en el vestíbulo y que había sido abatido.

Un informe aparte de Jeff Mordock, del Washington Times, publicado por el grupo de periodistas que cubren la Casa Blanca, afirma que el Servicio Secreto indicó que el presunto autor de los disparos se encuentra bajo custodia.


Los informes en tiempo real de las redes sociales y los testimonios de los testigos presenciales coinciden con la información de Deadline: los asistentes describieron ruidos fuertes (compatibles con disparos), pánico, gente agachándose, el cierre de la sala y la policía y el Servicio Secreto registrando el hotel. Se informó que Trump y la Primera Dama se encontraban a salvo tras una rápida evacuación poco después de llegar al evento. En los primeros informes no se han confirmado heridos entre los asistentes ni los dignatarios.


Esta fue la primera aparición del presidente Trump en la Cena de Gala de la Casa Blanca como presidente en ejercicio (había boicoteado el evento durante su primer mandato). La cena es un evento anual de gala organizado por la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca que tradicionalmente cuenta con la presencia de periodistas, políticos e invitados famosos.


Esta es una situación cambiante. Se proporcionarán actualizaciones a través de fuentes oficiales de la Casa Blanca, el Servicio Secreto y las fuerzas del orden a medida que surja más información. Hasta el momento, no se han confirmado más detalles sobre víctimas o arrestos, más allá de los informes sobre el atacante.



https://youtu.be/SCU12lDK--Q?si=rjgkI4c60ElcEug1


24 abril, 2026

"Micromilitarismo" estadounidense — Alfred Mccoy

 

O cómo la derrota en la guerra contra Irán acelerará el declive global estadounidense.





TomDispatch – 23/04/2026

   Traducción: Arrezafe


Lo que el historiador griego Plutarco escribió hace más de 2.000 años, nos ofrece una elocuente descripción de lo que los historiadores modernos denominan hoy "micromilitarismo".


Cuando una potencia imperial, como Atenas en aquel entonces o Estados Unidos ahora, está en decadencia, sus líderes a menudo reaccionan emocionalmente emprendiendo ataques militares aparentemente audaces con la esperanza de recuperar la grandeza imperial que se les escapa de las manos.


Sin embargo, en lugar de otra de las grandes victorias que el imperio cosechó en la cima de su poder, tales desventuras militares solo sirven para acelerar el declive en curso, borrando cualquier aura de majestad imperial aún restante y revelando, en cambio, la podredumbre moral que subyace en la élite gobernante.


Cada vez hay más pruebas históricas de que Estados Unidos es, en efecto, un imperio en franca decadencia, mientras que la guerra que el presidente Donald Trump ha elegido contra Irán se está convirtiendo en el tipo de desastre micromilitar que contibuyó a destruir sucesivos imperios en los últimos 2.500 años, desde la antigua Atenas hasta el Portugal medieval, pasando por la España moderna, Gran Bretaña y ahora Estados Unidos.


Y en el fondo de cada una de esas desafortunadas decisiones bélicas se encontraba un líder problemático, a menudo nacido en la riqueza y el prestigio, cuyas deficiencias personales reflejaban y ramificaban las numerosas irracionalidades que hacen del declive imperial un proceso tan doloroso.


Durante esa espiral descendente y desmoralizante, los ejércitos imperiales, tan letales en el ascenso de un imperio, pueden cometer el error de sumir a sus países en agotadoras, incluso desastrosas, "microaventuras militares": esfuerzos psicológicamente compensatorios para paliar la pérdida del poder imperial tratando de ocupar nuevos territorios o exhibir un imponente poderío militar.


Si bien este micromilitarismo a menudo elegía objetivos que resultaban estratégicamente insostenibles, las presiones psicológicas sobre los imperios en decadencia son tan fuertes que con demasiada frecuencia arriesgan su prestigio en este tipo de desventuras.


Tales desastres no solo añadieron presiones financieras a los numerosos problemas de un imperio en decadencia, sino que, de forma humillante, también expusieron invariablemente su poder menguante, al tiempo que exacerbaron el impacto desestabilizador del declive imperial en las capitales del imperio (ya fueran Atenas, Lisboa, Madrid, Londres o Washington, D.C.).


En estos tiempos, cuando cesen los bombardeos y finalmente se retiren los escombros de las calles de Teherán y Beirut, el impacto de semejante derrota de facto en el poder global de Estados Unidos quedará demasiado claro: alianzas como la OTAN se debilitarán, la hegemonía estadounidense se desvanecerá, se perderá la legitimidad, aumentará el desorden mundial y la economía mundial se resentirá.


Permítanme ahora dejar de lado los desastres del actual momento imperial para centrarme en las lecciones de la historia y explorar el tipo de daño duradero que la desventura micromilitar de Donald Trump en Oriente Medio podría estar infligiendo al decadente imperio de este país.


La derrota de Atenas en Sicilia


La fecha, el año 413 a. C. El lugar, la antigua Atenas, entonces sede de un poderoso imperio que dominó durante mucho tiempo la cuenca del mar Egeo, pero que perdió influencia ante el constante desafío militar de Esparta.


En el puerto del Pireo, «cierto forastero», como recordó el historiador y filósofo Plutarco, «tomó asiento en una barbería y comenzó a disertar sobre lo sucedido como si los atenienses ya lo supieran todo». Atónito por el relato de este forastero sobre una debacle militar en la lejana Sicilia, el barbero «corrió a toda velocidad hacia la ciudad alta» de Atenas, donde la noticia provocó «consternación y confusión».


Lo que aquel desconocido describió fue el mayor desastre militar en la historia del imperio ateniense. Dos años antes, en medio de las prolongadas Guerras del Peloponeso, el aristócrata Nicias —un líder indiferente e indeciso que utilizó su fortuna heredada para ganarse la popularidad con fastuosos espectáculos— persuadió a los ciudadanos de Atenas para que asestaran un golpe teóricamente audaz contra una potencia imperial rival, Esparta, atacando a su aliada Siracusa en Sicilia con la esperanza de debilitar al enemigo, capturar riquezas y recuperar la menguante hegemonía de Atenas.


Sin embargo, en lugar de la victoria, la vasta armada ateniense, compuesta por 200 barcos y unos 12.000 soldados, sufrió una derrota devastadora. No sólo se destruyó la flota (en gran parte porque Nicias demostró ser un comandante militar incompetente), sino que sus soldados supervivientes fueron capturados, confinados en una cantera y vendidos como esclavos. Atenas jamás se recuperó.


En el plazo de una década, la ciudad había sido sometida por el hambre debido al impenetrable bloqueo naval impuesto por Esparta en un punto estratégico del estrecho de los Dardanelos, despojada de su imperio y sometida al gobierno autocrático de una oligarquía proespartana.


El desastre de Portugal en Marruecos


Nuestra próxima fecha es 1578. El lugar es Portugal, sede de un lucrativo imperio que había controlado el comercio a través del Océano Índico durante décadas, pero cuya hegemonía se veía ahora amenazada por príncipes mercaderes musulmanes aliados con el Imperio Otomano.


En su capital, Lisboa, un joven rey testarudo, Sebastián, sufría de impotencia sexual y un temperamento fogoso que lo convirtió en un fanático "capitán de Cristo".


Con la idea de asestar un golpe decisivo en la guerra global de su país contra el islam, el joven rey persuadió a la flor y nata de la aristocracia portuguesa para que lo acompañara en una cruzada moderna a través del mar Mediterráneo hasta Marruecos. Allí, en la fatídica batalla de Alcazarquivir, el ejército portugués fue masacrado por las fuerzas musulmanas locales. Unos 8.000 soldados portugueses murieron, 15.000 fueron capturados y sólo 100 lograron escapar.


La derrota fue tan devastadora que no sólo destruyó al rey y su corte, sino que también precipitó la incorporación del país al imperio español durante los siguientes 60 años. Tras estos reveses, el portugués Estado da India en Goa se vio reducido a vender licencias a cualquier capitán de barco que pudiera pagar, fuera hindú, musulmán o cristiano. Al desaparecer el dominio comercial portugués del océano Índico, los mercaderes y peregrinos musulmanes pudieron volver a cruzarlo sin impedimentos.


Aunque el imperio portugués sobreviviría durante otros tres siglos, nunca recuperaría la hegemonía comercial que en su día le había permitido dominar las rutas marítimas del mundo, desde las Islas de las Especias de Indonesia, a través del Océano Índico y el Atlántico Sur, hasta la costa de Brasil.


El desastre de España en las montañas del Atlas


Y ahora, saltando varios siglos, otra fecha significativa para los desastres imperiales es 1920. Lugar, Madrid, donde los líderes españoles ya se tambaleaban por el estrés psicológico del largo declive imperial de su país, que culminó con la pérdida de sus últimas colonias, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, en la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 contra un Estados Unidos en ascenso.


En su búsqueda de la regeneración a través de nuevas conquistas coloniales, los líderes conservadores de España reaccionaron a esa desmoralizante derrota expandiendo sus pequeños enclaves costeros en el norte de Marruecos para establecer un protectorado sobre toda la región y sus áridas montañas del Atlas.


El inepto monarca español Alfonso XIII, a quien le gustaba jugar a ser soldado, cultivó una camarilla de militares de confianza que compartían su pasión por recuperar la gloria imperial perdida mediante la pacificación de aquel accidentado terreno.


La resistencia de los musulmanes bereberes al dominio español se intensificó dando lugar a la sangrienta Guerra del Rif de 1920, cuando uno de los generales favoritos del rey condujo a sus tropas a la Batalla de Annual, donde los combatientes bereberes masacraron a unos 12.000 de ellos.


No obstante, gracias a la influencia del rey y sus aliados militares, España se aferró desesperadamente a aquellas baldías montañas marroquíes. De hecho, los españoles enviarían allí 125.000 soldados más, incluyendo la Legión Extranjera, liderada por Francisco Franco, –que en la década de 1930 se convertiría en el líder de una España fascista–, para una prolongada campaña de pacificación que incluyó matanzas masivas e innovaciones militares.


En una búsqueda desesperada por una victoria que desafiaba tanto la racionalidad económica como la estratégica, España produjo unas 400 toneladas métricas de gas mostaza letal para llevar a cabo el primer bombardeo aéreo de la historia con gas venenoso, sembrando la muerte en masa sobre las aldeas bereberes.


Y en la primera operación anfibia exitosa de la historia militar, la armada española también desembarcó 18.000 soldados y un escuadrón de tanques ligeros en la bahía de Alhucemas, en septiembre de 1925, para flanquear y pronto derrotar a las guerrillas bereberes que allí se encontraban.


Sin embargo, ese micromilitarismo no sólo sumió a España en una prolongada campaña de pacificación con costes desorbitados, numerosas bajas y atrocidades masivas, sino que también desató fuerzas políticas que acabarían destruyendo su ya precaria democracia.


Mientras las masas protestaban contra aquella guerra desafortunada, el rey Alfonso respaldó a un militar de confianza, el general Primo de Rivera, para imponer una década de dictadura que finalmente dio paso a una efímera Segunda República.


Sin embargo, en 1936, apenas una década después del fin de la Guerra del Rif, el general Franco volaba sobre el mar Mediterráneo desde Marruecos, regresando con su Ejército de África, dando inicio a una guerra civil que derrotaría a la República y establecería la dictadura fascista que gobernaría el país durante casi 40 nefastos años de estancamiento social y económico.


El fin del Imperio Británico en Suez


Sin embargo, podría decirse que, en lo que respecta al declive imperial, la fecha más reveladora fue 1956. El lugar, Londres, sede del otrora orgulloso Imperio Británico, donde la sofocante presión de una dolorosa y prolongada retirada imperial global había empujado a los conservadores británicos a una desastrosa intervención micromilitar en el Canal de Suez de Egipto, lo que condujo a lo que un diplomático británico denominaría la "agonizante convulsión del imperialismo británico".


En julio de 1956 (como se describe en mi reciente libro La Guerra Fría en los Cinco Continentes), el carismático presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, nacionalizó el Canal de Suez, poniendo fin al control colonial británico en la zona, lo que conmocionó al mundo árabe y lo elevó a la primera posición entre los líderes mundiales.


Aunque los barcos británicos aún podían transitar libremente por el canal, el primer ministro conservador del país, Anthony Eden, un aristócrata vanidoso y acérrimo defensor del imperio, se sentiría profundamente perturbado, si no desquiciado, por el nacionalismo vehemente de Nasser. De hecho, su liderazgo durante la crisis resultaría tan inestable que altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores llegarían a convencerse de que «Eden había perdido la cabeza».


En respuesta a la noticia de la nacionalización del canal, un furioso Eden convocó inmediatamente un consejo de guerra a las cuatro de la mañana. Llamando a Nasser "Mussolini musulmán", en referencia al antiguo gobernante fascista de Italia, Eden ordenó: "Que lo echen y me importa un bledo si hay anarquía y caos en Egipto".


Dejando perfectamente claro su mensaje, Eden le preguntó a su ministro de Asuntos Exteriores: "¿Qué es toda esta tontería de aislar a Nasser o 'neutralizarlo', como usted lo llama?". Luego añadió con énfasis: “Quiero que lo destruyan, ¿no lo entiende? Quiero que lo asesinen.”


Sin embargo, ante el fracaso del servicio secreto británico MI6 en sus múltiples intentos de asesinarlo, el gobierno de Eden comenzó a conspirar con los franceses e israelíes para lanzar una invasión secreta en dos fases de la zona del Canal de Suez.


El 29 de octubre, el ejército israelí, liderado por el intrépido general Moshe Dayan, arrasó la península del Sinaí, destruyendo tanques egipcios y acercando a sus tropas a menos de 16 kilómetros del canal.


Utilizando esos combates como pretexto para su propia intervención (supuestamente para restablecer la paz), en tan solo tres días, una armada de seis portaaviones anglo-franceses aplastó a la fuerza aérea egipcia, destruyendo 104 de sus nuevos cazas a reacción soviéticos MIG y 130 aviones adicionales.


Con las fuerzas estratégicas de Egipto destruidas y su ejército prácticamente indefenso ante el poderío de esa maquinaria imperial, Nasser desplegó una estrategia geopolítica brillante por su sencillez.


Hizo llenar de rocas docenas de viejos barcos de carga y luego los hundió en la entrada norte del canal, cerrando rápidamente uno de los principales puntos estratégicos marítimos del mundo y cortando así el suministro vital de petróleo de Europa proveniente del Golfo Pérsico.


Para cuando 22.000 soldados británicos y franceses comenzaron a desembarcar en el extremo norte del canal el 6 de noviembre, su objetivo de asegurar la libre circulación marítima ya se les había escapado de las manos.


Tras aquel desastre militar a pequeña escala, Gran Bretaña sería reprendida por las Naciones Unidas; su moneda requeriría un rescate del Fondo Monetario Internacional para evitar su colapso total; su aura de majestad imperial se habría desvanecido; y el otrora poderoso Imperio Británico estaría en vías de extinción. En retrospectiva, la Crisis de Suez no solo pondría al descubierto el declive absoluto del poder británico, sino que también demostraría al mundo que la clase dirigente conservadora del país, con sus ilusiones de superioridad imperial y racial, ya no era capaz de ejercer un liderazgo global.


La derrota de Estados Unidos en el estrecho de Ormuz


Otra fecha que probablemente resulte más que significativa, en lo que respecta a la historia del declive imperial, es el 28 de febrero de 2026. Lugar, Washington D.C., sede del que fue el estado imperial más poderoso de la historia, que había dominado gran parte del mundo durante casi 80 años mediante una combinación de alianzas militares, hábil diplomacia y liderazgo económico.


Para entonces, sin embargo, ya habían comenzado a aparecer grietas evidentes en su estructura de poder, a medida que la hegemonía global de Estados Unidos se enfrentaba a un desafío económico cada vez más fuerte por parte de China, su enorme ejército sufría dos duras derrotas en Afganistán e Irak, y su globalización económica generaba un airado sentimiento popular en el ámbito interno.


Tras una campaña populista basada en promesas de restaurar tanto la prosperidad de la clase trabajadora como el poder global de Estados Unidos, Donald Trump asumió el cargo por segunda vez en enero de 2025 prometiendo una "edad de oro de Estados Unidos", una "nueva y emocionante era de éxito nacional" en la que el país "reclamaría el lugar que le corresponde como la nación más grande, poderosa y respetada del mundo, inspirando el asombro y la admiración del mundo entero".


Nacido en el seno de una familia adinerada y privilegiada, Trump regresó al cargo convencido de su singular " genio " para el liderazgo y creyendo que "Dios me salvó para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande".


Haciendo uso de su poderío económico y militar para someter tanto a amigos como a enemigos, el presidente, impulsado por una delirante creencia en una misión divina, comenzó a intentar doblegar al mundo a su voluntad. Pero durante su primer año en el cargo, nada pareció funcionar según lo planeado. De hecho, la mayoría de sus iniciativas provocaron una reacción adversa que tan solo sirvió para evidenciar el declive de Estados Unidos desde 1991, cuando la disolución de la Unión Soviética lo convirtió en la única superpotencia mundial.


El 2 de abril de 2025, en lo que denominó "Día de la Liberación", Trump anunció una serie de aranceles punitivos para proteger la industria manufacturera nacional, principalmente de las importaciones chinas. Estos aranceles iniciales eran del 34%, y posteriormente se elevaron al 100%. Sin embargo, en su reunión de octubre de 2025 en Corea del Sur, el líder chino Xi Jinping obligó a Trump a ceder al restringir el acceso de Estados Unidos a las reservas de minerales estratégicos de tierras raras de su país.


En enero, cuando su iniciativa arancelaria perdía fuerza, Trump sumió a la OTAN en una crisis al exigir a Dinamarca la cesión de Groenlandia, amenazando con imponer nuevos aranceles a los aliados europeos si no accedían. Sin embargo, en menos de una semana, la enérgica resistencia europea lo obligó a retractarse de dicha amenaza en la cumbre económica de Davos, afirmando estar satisfecho con la oferta de la OTAN de establecer un «marco para un futuro acuerdo».


El 28 de febrero de 2026, tras el fracaso de su iniciativa arancelaria y el jaque mate de su maniobra en Groenlandia, Trump se unió a Israel en un ataque aparentemente audaz contra Irán que pronto adquirió los ingredientes de la fatídica maniobra "micromilitar" que suele acompañar a las potencias imperiales en declive.


En los primeros días de la guerra, los bombardeos estadounidenses e israelíes acabaron con la cúpula gubernamental iraní, destruyeron su armada y aniquilaron sus defensas aéreas, dejando al país aparentemente postrado ante el poderío aéreo estadounidense. Tras una semana de devastadores bombardeos que parecieron asombrar al mundo por su letalidad y precisión, el 6 de marzo Trump exigió a Irán una «rendición incondicional» y que manifestara su capitulación mediante la «elección de un GRAN LÍDER ACEPTABLE». A cambio, prometió que Estados Unidos «trabajaría incansablemente para rescatar a Irán del borde de la destrucción».


Pero, al igual que Nasser en Suez en 1956, el liderazgo iraní alteró el equilibrio geoestratégico de la guerra al bloquear un punto estratégico marítimo clave en el estrecho de Ormuz. Al atacar cinco cargueros con drones durante la primera semana de la guerra, los líderes iraníes, siguiendo el ejemplo de Nasser, bloquearon de facto el tráfico de petroleros en el estrecho de Ormuz e interrumpiendo el tránsito de gas, fertilizantes y petróleo, lo que sumió a la economía mundial en una crisis energética sin precedentes. A finales de marzo, el control iraní sobre el estrecho era tan férreo que comenzó a cobrar peajes a los cargueros para permitirles el paso.


Sorprendido por el cierre inesperado pero totalmente predecible del estrecho, el 5 de abril, Domingo de Pascua, un Trump inquieto publicó un mensaje en redes sociales que decía: “El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual!”. Añadiendo: “Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno. ¡Ya verán! Alabado sea Alá”. Dos días después, Trump amenazó con que, a menos que Irán abriera el estrecho de Ormuz, atacaría su infraestructura civil con tal severidad que “toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás”.


Tras el fracaso de las negociaciones posteriores entre ambas partes en Islamabad, Pakistán, el 12 de abril, Trump se adentró aún más en el atolladero iraní, ordenando a la Armada estadounidense que «comience el proceso de BLOQUEO de todos y cada uno de los buques que intenten entrar o salir del estrecho de Ormuz» e «intercepten a toda embarcación en aguas internacionales que haya pagado un peaje a Irán». Y, con su habitual fanfarronería, añadió: «¡Estamos completamente preparados y listos para la acción, y nuestras Fuerzas Armadas acabarán con lo poco que queda de Irán!».


Aunque Trump destruyera la infraestructura de Irán o lograra negociar un acuerdo de paz que salvara las apariencias, según todos los indicadores relevantes, Washington ya ha perdido la guerra contra Irán. Como todas las potencias más débiles en una guerra asimétrica, Teherán ha estado dispuesto a soportar un castigo implacable, infligiendo a la vez un daño que la potencia dominante difícilmente puede resistir. Estados Unidos pronto se quedará sin objetivos en Teherán, pero Irán tiene un amplio abanico de posibilidades para causar daños con sus drones baratos a la compleja y expuesta infraestructura petrolera en la costa sur del Golfo Pérsico.


Al igual que Gran Bretaña en Suez, en 1956, es probable que Washington pague un alto precio por su "micromilitarismo" en el estrecho de Ormuz. Sus aliados más cercanos, pilares del poder global estadounidense durante 80 años, se han negado a brindar apoyo militar a la guerra que Washington ha elegido, lo que llevó a Trump a llamarlos "cobardes". En respuesta a sus atronadoras amenazas de destrucción civil y de la civilización (ambas consideradas crímenes de guerra), Trump ha sido condenado por líderes mundiales. Ajeno a los peligros de la guerra en una región que es el epicentro del capitalismo global, Washington está demostrando ser cada vez más perjudicial para la economía mundial, haciendo que China parezca una opción mucho más estable para el liderazgo mundial. Además, si bien el ejército estadounidense ha demostrado su agilidad táctica en la destrucción puntual de ciertos objetivos, es evidente que ya no puede alcanzar objetivos estratégicos significativos.


Con sus alianzas hechas añicos, su liderazgo mundial perdido y su aura de poderío militar desvaneciéndose, la única trayectoria posible para la hegemonía global de Estados Unidos parece eclipsarse (como la de tantas grandes potencias del pasado). Para cuando termine la desventura militar de Trump en el estrecho de Ormuz, el declive del poder global estadounidense se habrá acelerado drásticamente y el mundo intentará superar la antigua Pax Americana para avanzar hacia un nuevo orden mundial, claramente incierto.



23 abril, 2026

"Hay que acabar con la coalición atlantista" — Augusto Zamora

 



Debemos ver el mundo en su conjunto. Si ves el planeta como si fueras un cosmonauta, verás que la inmensa mayoría de la humanidad está en paz. Que la inmensa mayoría se relaciona pacíficamente y respetando las leyes internacionales.


Que aquí los únicos en el mundo que viven provocando guerras, conflictos, y que han desbaratado el orden mundial jurídico y político son las potencias atlantistas. No hay ningún país ni grupo de países, más que los atlantistas, haciendo barbaridades con el derecho; y, sin embargo, son los que más hablan de derecho.


Hay regiones enteras del mundo en absoluta paz. A nadie se le ocurre andar invadiendo países. ¿Quiénes los invaden? Pues son siempre fuerzas anglosajonas con su coro de seguidores europeos, que unas veces son más, otras veces son menos, pero son los únicos.


Entonces no podemos confundir la parte con el todo. El orden jurídico internacional, por regla general, es respetado por la gran mayoría de países del mundo, y es violentado, atropellado, agredido, vulnerado y roto por potencias atlantistas, las únicas.


Así que con lo que hay que acabar es con la coalición atlantista, para que el planeta viva en paz. Como si tienes un cáncer ahí, pues hay que extirpar ese cáncer. Y a eso vamos: a una coalición global antiatlantista.


👉🏽 Cita extraída de la entrevista realizada por Héctor Bujari (Periodismo Alternativo – 17/04/2026) a Augusto Zamora, abogado y analista internacional.



22 abril, 2026

Sudáfrica: La condena a prisión de Julius Malema desata una tormenta política — Pavan Kulkarni

 

Savage Minds – 21/04/2026

   Traducción: Arrezafe


Julius Malema, líder del partido Economic Freedom Fighters (EFF), comparece ante el tribunal durante una audiencia celebrada en la ciudad de KuGompo, Sudáfrica, el miércoles 15 de abril de 2026.


El 16 de abril, un tribunal de primera instancia de Sudáfrica condenó a Julius Malema, presidente de los Luchadores por la Libertad Económica (EFF), el cuarto partido más grande del parlamento, a cinco años de prisión por disparar al aire durante una manifestación con motivo del quinto aniversario de su fundación en 2018.


Si las apelaciones que presentará ante tribunales superiores no logran revocar este veredicto, supondrá el fin de la carrera parlamentaria de Malema, ya que la ley prohíbe que cualquier persona condenada a más de un año de prisión sea legisladora.


Esta demanda contra Malema, conocido por defender la reivindicación del poder negro, fue interpuesta por AfriForum, un grupo de extrema derecha y supremacista blanco de Sudáfrica con vínculos con sus homólogos en Europa y Estados Unidos.


AfriForum también ha estado en el centro de la campaña de desinformación, difundiendo historias inventadas sobre un genocidio contra la población blanca en Sudáfrica.


Presionando a Trump


Irritado por la demanda presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para detener el genocidio israelí en Gaza, el presidente estadounidense Donald Trump instrumentalizó esta narrativa del "genocidio blanco", desatando una serie de acciones económicas y diplomáticas hostiles que AfriForum llevaba tiempo promoviendo.


Durante el tenso intercambio en el Despacho Oval en mayo de 2025 con el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, Trump mostró imágenes aleatorias y sin relación entre sí como prueba del genocidio blanco. Al reproducir fragmentos de Malema cantando la popular canción de resistencia contra el apartheid, "Matad al bóer", en un mitin político, Trump también le exigió al presidente sudafricano que le explicara: "¿Por qué no arrestan a ese hombre?".


Sin embargo, a principios de marzo, el Tribunal Constitucional de Sudáfrica ya había dictaminado en un caso presentado contra Malema por AfriForum que la canción, en la que "Boer" se refería a la minoría blanca terrateniente que dirigía el régimen del apartheid, no constituye "discurso de odio".


♦️ Happening Now ♦️

¡NOMA KUBI SIYAYA!

#HandsOffMalema pic.twitter.com/BDpNuKQhYQ

Economic Freedom Fighters (@EFFSouthAfrica) 16 de abril de 2026


«En ningún momento de la historia de Sudáfrica la población negra ha victimizado a la blanca. La sola insinuación es un insulto a la verdad y la justicia. Las verdaderas víctimas en este país siempre han sido las personas negras: esclavizadas, desposeídas, masacradas y sometidas a siglos de racismo institucionalizado. Sin embargo, son supremacistas blancos como AfriForum quienes pretenden borrar sus crímenes y los de sus antepasados, alegando falsamente persecución», declaró el EFF tras el veredicto que absolvió a Malema.


Un disparo de celebración, hace ocho años


Pero tan solo unos meses después, en octubre de 2025, el Tribunal de Primera Instancia de la ciudad sudafricana de East London condenó a Malema en otro caso presentado contra él por AfriForum.


Malema disparó al aire el rifle de su guardaespaldas a finales de julio de 2018, durante un mitin que celebraba el quinto aniversario del partido que había fundado tras separarse en 2012 del gobernante Congreso Nacional Africano (ANC), cuya organización juvenil dirigía.


AfriForum no tardó en presentar una denuncia contra Malema, mientras que el EFF sostuvo que los disparos fueron en "celebración y memoria de nuestra lucha durante la época colonial y del apartheid".


Más de siete años después, tras el intercambio de declaraciones en el Despacho Oval y en medio del deterioro de las relaciones con Estados Unidos, el tribunal de primera instancia condenó a Malema por cinco cargos, entre ellos el disparo injustificado y la posesión ilegal del arma y la munición.


Sin embargo, Malema no era el propietario del arma. El propio tribunal determinó que el arma pertenecía a su guardaespaldas, también coacusado, Adriaan Snyman. No obstante, Snyman fue absuelto y se le devolvió el arma.


Según el EFF, la jueza que condenó a Malema a cinco años desconocía este hecho. La Fiscalía Nacional, que lideró la ofensiva, careció de rigor en el manejo de las pruebas, al tiempo que, paradójicamente, buscaba la pena más severa posible contra Malema.


De hecho, la Fiscalía Nacional había solicitado 15 años de prisión, lo cual debe ser "respondido con sobriedad jurídica", argumentó Mametlwe Sebei, profesora del Departamento de Jurisprudencia de la Universidad de Sudáfrica (UNISA).


Si bien reconoció la “temeridad” de Malema al “disparar un arma de fuego en un estadio abarrotado, incluso al aire”, añadió: “Pero el derecho penal distingue entre la creación de riesgo y la consumación del daño. Castiga esta última con mayor severidad, y la primera sólo proporcionalmente. Nadie resultó herido. No se produjeron daños materiales. El caso del Estado se basa enteramente en un daño hipotético, una lógica que encarcelaría a la mitad del país por incidentes que estuvieron a punto de ocurrir”.


Sebei, quien también preside el Sindicato de Trabajadores de Industrias Generales de Sudáfrica (GIWUSA), destacó el "carácter político del proceso judicial, iniciado por AfriForum". Sostuvo que su respaldo por parte del Estado revela una creciente alineación con los "intereses imperialistas" en contra de la población negra pobre.


Los nietos del apartheid”


Sin embargo, el secretario general del gobernante ANC, Fikile Mbalula, calificó la sentencia de "demasiado severa", argumentando que este caso presentado por AfriForum forma parte de una campaña más amplia contra los líderes que "se atreven a defender" los derechos de la población negra "marginada", por parte de "los nietos del apartheid".


Incluso décadas después de la derrota del régimen del apartheid, la minoría blanca, que representa poco más del 7% de la población, sigue siendo propietaria del 72% de las tierras agrícolas del país, expropiadas a los africanos negros durante el colonialismo y el apartheid. La población negra, que constituye el 81,4% de la población, posee tan solo el 4% de la tierra.


En un gesto “meramente simbólico” para abordar este fracaso a la hora de corregir la histórica expropiación de africanos negros por parte de los colonos europeos, Sudáfrica promulgó la Ley de Expropiación en enero de 2025.


El EFF criticó esta medida por considerarla demasiado escasa, calificándola de "evasión legislativa" por parte del ANC, "para engañar a nuestra gente haciéndoles creer que el partido está haciendo algo para abordar el abandono casi tiránico de la cuestión de la tierra en este país".


Sin embargo, AfriForum no tardó en lanzar una campaña de desinformación contra la ley, sembrando el pánico sobre la posibilidad de una confiscación masiva de tierras a los terratenientes blancos. Para reforzar la campaña de AfriForum, Trump, que acababa de asumir su segundo mandato en la Casa Blanca, proclamó en las redes sociales que «Sudáfrica está confiscando tierras y tratando MUY MAL a ciertas clases de la población».


Tras publicar imágenes de sus funcionarios en la Casa Blanca con credenciales de visitante, AfriForum celebró la decisión de Trump de suspender “toda financiación futura a Sudáfrica hasta que se complete una investigación exhaustiva de esta situación”.


El presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, explicó en una publicación que la Ley de Expropiación no es un instrumento de confiscación, sino un proceso legal constitucionalmente establecido que garantiza el acceso público a la tierra de manera equitativa y justa, conforme a lo dispuesto en la Constitución. Añadió que Estados Unidos también cuenta con leyes de expropiación que equilibran la necesidad de uso público de la tierra y la protección de los derechos de los propietarios.


No obstante, Trump persistió con las falsas acusaciones de confiscación de tierras y genocidio blanco en la reunión que mantuvo con Ramaphosa en el Despacho Oval en mayo de 2025, mientras que AfriForum, ese mismo día, presentó una demanda ante el Tribunal Superior de Pretoria, solicitando que se declarara inconstitucional la ley.


Calificando el caso como “nuestra batalla local más importante”, su portavoz, Ernst van Zyl, celebró la “atención que el presidente estadounidense Donald Trump ha prestado hasta ahora” a esta legislación. El presidente Ramaphosa ha criticado duramente a AfriForum por utilizar al gobierno estadounidense para promover sus intereses internos.


El gobernante partido ANC, presidido por Ramaphosa, ha calificado repetidamente a AfriForum de "antipatriótico y peligroso". Sin embargo, el ANC ya no es el único partido en el poder.


Contradicciones ejerciendo el poder estatal en direcciones opuestas


Al no lograr la mayoría parlamentaria en las elecciones de 2024 por primera vez desde las elecciones posteriores al apartheid en 1994, el ANC, en lugar de buscar puntos en común con los partidos de la oposición a su izquierda, giró a la derecha, formando un Gobierno de Unidad Nacional con la Democratic Alliance (DA).


Históricamente, la principal oposición, la DA, ampliamente considerada como un partido defensor del privilegio blanco, se había opuesto a la decisión del gobierno del ANC de llevar a Israel ante la CIJ por el genocidio cometido en Gaza a principios de ese año.


Incluso después de la formación del gobierno de Unidad, la DA mantiene más afinidad con AfriForum que con el ANC. Calificando la Ley de Expropiación de "inconstitucional", la DA presentó una demanda ante el Tribunal Superior de Western Cape, meses antes de que AfriForum hiciera lo propio ante el tribunal de Pretoria.


La Alianza Democrática (DA) ha culpado efectivamente a las propias "leyes laborales" de Sudáfrica y a las políticas activas establecidas, a las que considera "legislación racial", del deterioro de las relaciones con Estados Unidos.


Mientras que el secretario general del ANC calificó el caso de AfriForum contra Malema como una campaña promovida por los “nietos del apartheid”, la DA ha acogido con satisfacción la sentencia en su contra, alegando la necesidad de desalentar la violencia armada como la razón de peso.


Es en este contradictorio contexto dentro de la coalición gobernante, que ejerce el poder estatal en direcciones opuestas, que la Fiscalía Nacional (NPA) actuó agresivamente el caso de AfriForum contra Malema.


Estamos luchando contra el enemigo, y el enemigo es el supremacismo blanco”


La Fiscalía Nacional, que “habitualmente fracasa a la hora de condenar casos de delitos violentos, incluidos asesinatos, violaciones y robos a mano armada, donde las víctimas sufren daños irreversibles”, no obstante, “ha movilizado toda su capacidad para garantizar” el encarcelamiento de Malema, según declaró el EFF.


Este caso”, sostiene, “siempre se ha llevado a cabo en un entorno sumamente politizado, con claras intenciones de criminalizar una voz política revolucionaria que representa las aspiraciones de los oprimidos y marginados”.


Dirigiéndose a los Boinas Rojas del EFF que se manifestaban en solidaridad frente al tribunal, Malema, en libertad bajo fianza para apelar ante tribunales superiores, calificó a la magistrada Twanet Olivier, quien le dictó la sentencia, de "racista notoria" y "posiblemente miembro de AfriForum", recordando su arbitrariedad durante la audiencia en el caso presentado por AfriForum.


Recordando además varios supuestos incidentes durante los argumentos en los que ella demostró desconocimiento de los hechos básicos del caso, afirmó que la sentencia que dictó fue en realidad escrita por una "mano invisible que controlaba el proceso".


Reiterando su intención de impugnar el fallo en instancias judiciales superiores, hasta llegar al Tribunal Constitucional, Malema declaró: “Estamos luchando contra el enemigo, y el enemigo es el supremacismo blanco”.