13 marzo, 2026

Contra la guerra desatada por Estados Unidos e Israel

 


La CTA (Central de Trabajadores/as de la Argentina) repudia la agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán. - 11/03/2026


La guerra desatada por Estados Unidos e Israel tras el ataque masivo contra la República Islámica de Irán ingresa en su segunda semana. Por fuera de toda legalidad internacional, la agresión militar no derivó en la caída del Estado iraní que sus impulsores esperaban. Por el contrario, la República Islámica de Irán respondió no solo con ataques contra territorio israelí, sino también contra objetivos militares estadounidenses ubicados en países como Qatar, Arabia Saudita, Bahréin, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, petromonarquías que históricamente han mantenido una estrecha alianza estratégica con Washington.


El asesinato del líder espiritual y político de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, no provocó el colapso institucional ni el vacío de poder que preveían Trump y Netanyahu. Por el contrario, la sucesión por parte de su hijo, Mojtaba Jamenei, consolidó la continuidad del liderazgo político-religioso y fue interpretada como un revés para Tel Aviv y Washington. La nueva conducción reafirmó que no habrá rendición y que el objetivo central sigue siendo la preservación del sistema político surgido de la Revolución Islámica de Irán de 1979, que derrocó a la sangrienta dictadura monárquica del sha Mohammad Reza Pahlavi, régimen sostenido durante décadas por Estados Unidos.


Al mismo tiempo, las capacidades ofensivas iraníes han mostrado un alcance significativo, especialmente a través del uso de misiles balísticos de largo alcance y de su red de defensa estratégica. Esto ha abierto la posibilidad de que el conflicto se prolongue en el tiempo, un escenario que preocupa tanto a Israel como a Estados Unidos, cuyas expectativas iniciales apuntaban a una operación rápida que debilitara decisivamente al gobierno iraní y habilitara un cambio de régimen. El mismo Pentágono reconoció haber gastado 5.6 mil millones de dólares en municiones tan solo durante los dos primeros días del ataque, generando alarma por la sustentabilidad económica y logística de una campaña prolongada.


La magnitud de la violencia expone el carácter genocida del eje Washington-Tel Aviv en su apuesta por remodelar el orden internacional. Como muestra de sus crímenes, basta el ataque del sábado 28 de febrero contra la escuela para niñas Shajare Tayebé, en la ciudad iraní de Minab, donde al menos 168 civiles, en su mayoría alumnas, fueron asesinadas. El bombardeo israelí y estadounidense contra la infraestructura civil tendrá un impacto ambiental y humanitario prolongado. Los ataques contra plantas desalinizadoras y refinerías en Teherán, una ciudad de 10 millones de habitantes, dejarán secuelas para la salud de su población iraní por años.


En el plano económico y geopolítico, Irán también respondió a la agresión mediante el cierre del estratégico Estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo. Como consecuencia, los precios internacionales del crudo registraron un aumento abrupto de más del 50% desde el ataque israelí-estadounidense del 28 de febrero, con el barril superando los 120 dólares. El tráfico marítimo hacia el Golfo Pérsico ha quedado prácticamente paralizado y solo continúan transitando buques previamente autorizados por las autoridades iraníes.


El contraataque iraní contra las capitales árabes expuso la incapacidad de Estados Unidos para garantizar su seguridad y la manera en la que prioriza la protección de los intereses israelíes por encima de sus otros aliados regionales. Ciudades como Dubái, Doha y Abu Dabi modelaron su status como epicentros financieros, metrópolis tecnológicas y centro de reunión de las élites globales sobre la premisa de ser santuarios de lujo que podrían subsistir al margen de las normas internacionales y de la violencia regional. Esa ilusión quedó rota y podrá tardar más tiempo en ser reparada que los mismos daños materiales.


En este contexto, y con escasa cobertura mediática internacional, durante la última semana se realizaron manifestaciones contra la guerra en diversas ciudades de Estados Unidos. Movilizaciones en más de cincuenta ciudades reclamaron que la administración de Donald Trump detenga la escalada militar. Las protestas también cuestionaron que el gobierno haya decidido involucrarse directamente en el conflicto sin la autorización del Congreso, tal como establece la Constitución estadounidense, y sin ofrecer explicaciones claras a la sociedad sobre por qué inició esta intervención ilegal. El derrame del conflicto en la estabilidad de los precios internacionales del combustible, el transporte, la energía y los alimentos, podría significarle a Trump un duro revés político en su propio país, en su momento de más baja popularidad y con el horizonte de elecciones de medio término que auguran una derrota significativa.


Desde el inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza, el 7 de octubre de 2023, Israel ha extendido operaciones militares contra diversos países y territorios de la región con el apoyo político y militar de Estados Unidos, generando muerte, destrucción y caos. Este respaldo irrestricto ha sido cuestionado por amplios sectores de la comunidad internacional por las violaciones sistemáticas al derecho internacional humanitario, incluidos ataques contra población civil, infraestructura educativa y objetivos no militares.


Hemos sido testigos de la destrucción casi total de Gaza y hoy, pese al alto al fuego que Tel Aviv, viola sistemáticamente, sigue asesinando. Más de 72.000 personas han sido asesinadas y el 80% son niños y mujeres. Un clamor mundial exige que ese genocidio no continué con otros de similar características por Medio Oriente u otras partes del mundo.


Desde la CTA Autónoma expresamos las posiciones críticas históricas frente a cualquier escalada bélica. Al respecto, el secretario de Relaciones Internacionales de la Central de Trabajadores de la Argentina Autónoma, Adolfo Aguirre, señaló: “Así como denunciamos el genocidio, el apartheid, la colonización y la limpieza étnica que el Estado de Israel lleva adelante contra el pueblo palestino en Gaza y Cisjordania, tampoco podemos callar frente a la agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano. Se trata de acciones que violan el derecho internacional y que incluyen ataques y asesinatos contra población civil. Nuestro reclamo es claro: paz, respeto al derecho internacional y soberanía para los pueblos”.


Advertimos que la ampliación del conflicto en Medio Oriente puede tener consecuencias globales profundas, tanto en el plano humanitario como en el económico y energético. Por ello, insistimos en la necesidad de impulsar una salida diplomática que detenga la guerra, respete el derecho de los pueblos a la autodeterminación y promueva un orden internacional basado en la paz y la cooperación entre las naciones.





12 marzo, 2026

Petrolero estadounidense hundido por las Fuerzas Revolucionarias de Irán

 





Cómo leer el regreso de Hezbolá al campo de batalla — Ibrahim Al-Amine

 

Foto: Marwan Bou Haidar

INTERNACIONALISTA 360º – 11/03/2026


El regreso de la resistencia al campo de batalla con tanta rapidez no fue, a pesar de los elementos que sugieren lo contrario, un simple acto de solidaridad con Irán. Para Hezbolá, el conflicto ha entrado en una fase existencial, y la confrontación directa se ha convertido en la única vía para cambiar el equilibrio de poder sobre el terreno.


Para comprender este momento es necesario examinar lo ocurrido dentro de Hezbolá desde que terminó la guerra a gran escala a finales de noviembre de 2024. La guerra fue costosa. Israel asesinó a figuras clave de la cúpula política y militar del partido. Sin embargo, tras absorber el impacto, la organización adoptó una estrategia deliberada de ambigüedad que llegó a regir sus operaciones diarias.


Mientras que las instituciones civiles de Hezbolá, incluidas sus redes educativas, sanitarias y sociales, siguieron activas y visibles para el público, el ala militar gradualmente se retiró de la vista y pasó a ser casi totalmente clandestina.


Los canales informales que habían existido durante dos décadas, a través de los cuales los periodistas podían obtener información sobre las actividades de la resistencia, fueron prácticamente cerrados. Para los reporteros, obtener información fiable sobre la estructura militar se volvió casi imposible, sin nombres confirmados, cargos claros y sin las reuniones ni los contactos que alguna vez existieron.


Las reglas se aplicaron estrictamente y los dirigentes se negaron a responder a la presión de sus partidarios, que interpretaron el silencio como debilidad.


La última guerra expuso la profunda penetración de la inteligencia israelí en la estructura interna de Hezbolá mediante tecnología, recursos humanos y experiencia acumulada. Sin embargo, las autoridades israelíes expresan ahora una creciente preocupación por los límites de su conocimiento actual y el impacto real de los golpes que afirman haber asestado durante quince meses de combates.


En estas condiciones, predecir las acciones de la resistencia se ha vuelto difícil.


Ningún estado cambia su comandante del ejército en medio de una guerra, y el liderazgo político no tomará medidas que conduzcan a un conflicto civil.


En el frente político libanés, altos funcionarios parecen basarse en gran medida en la narrativa estadounidense-israelí sobre la guerra regional. Muchos dentro del bando político prooccidental libanés asumieron que Hezbolá permanecería pasivo. Su objetivo era congelar la cuestión de las armas del partido hasta la caída de Irán, tras lo cual, la resolución del asunto sería sencilla.


Los acontecimientos se desarrollaron de manera diferente; Hezbolá decidió abrir fuego.


El ejército libanés, por su parte, ha dejado claro que no se dejará arrastrar a una confrontación interna. Fuentes de seguridad de alto rango afirman que la cúpula del ejército lleva tiempo advirtiendo a sus interlocutores estadounidenses y saudíes que obligar al ejército a enfrentarse a la resistencia conduciría directamente a una guerra civil. Con la guerra abierta en curso con Israel, tal medida equivaldría a un suicidio político.


Sin embargo, ha surgido una campaña coordinada contra la cúpula del ejército. Los "defensores de la soberanía" han lanzado ataques contra el comandante del ejército, exigiendo su destitución, así como contra otros jefes de seguridad, por negarse a implementar la decisión del gobierno de disolver el ala militar del partido. Washington respaldó rápidamente la presión y, según se informa, proporcionó a los funcionarios libaneses una lista de posibles reemplazos.


Se espera que un nuevo liderazgo despliegue el ejército contra Hezbolá, reprima a sus partidarios por la fuerza y ​​arreste a figuras vinculadas a la resistencia. Algunos círculos políticos han ido más allá, considerando la disolución del partido y la emisión de órdenes de arresto contra su secretario general, el jeque Naim Qassem.


Incluso algunas de las mismas figuras financieras y políticas que supervisaron el saqueo de los ahorros de los depositantes ahora están proponiendo confiscar los activos de las instituciones vinculadas a Hezbolá, incluidos los fondos y el oro en poder de la asociación Al-Qard Al-Hassan, para ayudar a pagar las deudas del sector bancario del Líbano.


Hasta hace poco, el país parecía estar al borde de una peligrosa escalada. Sin embargo, según los últimos informes, las autoridades libanesas afirman que la crisis inmediata se ha contenido. Existe un consenso general de que ningún estado cambia a su comandante militar en medio de una guerra, y los líderes políticos no tomarán medidas que conduzcan a un conflicto civil.


La verdadera pregunta que enfrentan los líderes libaneses no es, por lo tanto, qué pueden hacer, sino qué deben evitar, en particular medidas que, en última instancia, favorecerían los intereses de Israel o desencadenarían un conflicto civil. La cuestión ya no es si el ejército se enfrentará a la resistencia, sino qué papel puede desempeñar, de forma realista, para evitar que la situación se agrave aún más a medida que se intensifica la guerra con Israel.



Pepe Escobar: Irán ha entregado a EEUU una orden de desalojo

 



Observatorio de la crisis – 11/03/2026


La Casa Blanca ha pedido a Turquía, Qatar y Omán que transmitan las propuestas estadounidenses de alto el fuego a Teherán. La respuesta iraní es: “Las negociaciones con Estados Unidos ya no están en la agenda”.


El nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, de 57 años, elegido por la Asamblea de Expertos, hasta ahora no ha dicho una sola palabra en público.


El CGRI habla por él. Desde el principio, Mojtaba fue el candidato predilecto para suceder al ayatolá Jamenei, el hombre que planeó con meticuloso detalle cómo doblegar al Imperio.


Ahora el CGRI está mostrando a todo el planeta, especialmente al Sur Global, lo que se esconde detrás de la “moderación” aconsejada por Jamenei durante años.


En cuestión de días, el CGRI cegó los radares estadounidenses en todo el espectro de Asia occidental; armó el estrecho de Ormuz, enviando a la economía mundial a una espiral descendente; y entregó a Washington lo que, a todos los efectos prácticos, equivale a una intimación de rendición.


Éstas son sólo algunas de las condiciones más destacadas para un posible cese del fuego, suponiendo que Teherán alguna vez confíe en que Estados Unidos lo cumplirá:


1.

Eliminación de todas las sanciones contra Irán y liberación de todos los activos congelados de Irán.


2.

Reconocimiento del derecho de Irán a enriquecer uranio en su propio suelo.


3.

Reparación integral de los daños causados por la guerra impuesta.


4.

Extradición de quinta columnistas iraníes al extranjero y fin de las campañas mediáticas orquestadas contra Teherán.


5.

No habrá ataques contra Hezbolá en el Líbano ni contra Ansarallah en el Yemen.


6.

El desmantelamiento de todas las bases militares estadounidenses en Asia occidental.


Dejemos que esto se asimile lentamente. Aquí tenemos a Irán diciéndole al autodenominado e hiperbólico ejército más poderoso de la historia del mundo que esencialmente se rinda. Ahora combínalo con el Comandante de la Fuerza Aeroespacial del CGRI.


Majid Mousavi anunció que, tras neutralizar las defensas aéreas estadounidenses en la región, Irán está en transición hacia una nueva doctrina de misiles. A partir de ahora, no se utilizarán misiles con ojivas de menos de una tonelada. Las oleadas de ataques con misiles serán más frecuentes y generalizadas.


Eso ya se está traduciendo, en la práctica, en el lanzamiento por parte del CGRI de más misiles balísticos de mediano alcance con combustible sólido Kheibar Shekan, como ocurrió a principios de esta semana en Tel Aviv y en la Quinta Flota de Estados Unidos en Bahréin.


El código de esta primera operación, significativamente, fue «Labbayk ya Khamenei». Esto significa «A tu servicio, oh Khamenei». Léase como la primera operación iraní dedicada explícitamente al nuevo Líder Supremo.


El Kheibar Shekan, con un alcance de 1.450 kilómetros, es móvil en carretera; está listo para ser lanzado desde un camión en menos de 30 minutos; vuela guiado por satélite con un vehículo de reentrada maniobrable que ejecuta una evasión terminal en zigzag a velocidades que, según el CGRI, alcanzan hasta Mach 10.


Y sí: a partir de ahora lleva ojivas de una tonelada. Esto duplica el radio de explosión y la potencia destructiva de cada misil, tanto como duplica, triplica o cuadruplica el Infierno de Interceptores estadounidense-israelí.


Un interceptor Patriot PAC-3 cuesta 4 millones de dólares. Un interceptor THAAD cuesta 12,7 millones de dólares. Un Arrow-3 cuesta 3,5 millones de dólares. Todos han sido destruidos metódica y consecutivamente por el CGRI.


En la práctica, a partir de ahora el Sindicato Epstein necesita utilizar más interceptores (que no tiene) por cada misil entrante para quizás lograr la misma probabilidad de éxito.


Y luego están los misiles Khorramshahr-4: de combustible líquido, con un alcance de 2.000 a 3.000 kilómetros y que llevan ojivas aún más pesadas de entre 1.500 y 1.800 kilogramos, con vehículos de reentrada maniobrables propulsados.


Estamos hablando de las ojivas convencionales más pesadas del arsenal de Irán, lanzadas en paralelo con los Kheibar Shekan modernizados.


Todo en nombre de “Labbayk ya Khamenei”. La simbología lo dice todo.


Humillación, no negociación


Éstos son los últimos hechos innegables en el campo de batalla.


Suponiendo que alguien en Washington con un coeficiente intelectual superior al de la temperatura ambiente se molestara en explicárselo a la Casa Blanca, no es de extrañar que Trump ahora presuma de que la guerra está «muy completa».


Dicho sea de paso, eso ocurrió después (la cursiva es mía) de su llamada telefónica de una hora al presidente Putin , solicitada por la Casa Blanca.


El comunicado de Moscú, pronunciado por el imperturbable asesor presidencial Yuri Ushakov, contiene esta perla de jade:


El presidente ruso expresó una serie de ideas encaminadas a lograr una pronta solución política y diplomática del conflicto iraní, teniendo en cuenta los contactos que mantuvo con los líderes de los países del Golfo, con el presidente de Irán y con líderes de varios otros países”.


Eso es lenguaje diplomático para Putin, quien le cuenta a los estadounidenses algunos hechos duros de la vida y se ofrece como voluntario para encontrar esa salida tan esquiva.Suponiendo que Teherán quiera cooperar.


Según la incesante propaganda de Washington, los proverbiales aduladores de Washington instan a Trump a «formular un plan para la retirada estadounidense de la guerra», anunciando que «los militares han logrado en gran medida sus objetivos» (aunque ellos no lo hayan hecho).


El hecho es que la Casa Blanca ya ha pedido a Turquía, Qatar y Omán que transmitan las propuestas estadounidenses de alto el fuego a Teherán.


La respuesta iraní se resume así:


«Las negociaciones con Estados Unidos ya no están en la agenda.»


Presidente del Parlamento, Mohammad Ghalibaf: «No buscamos en absoluto un alto el fuego. Creemos que hay que golpear al agresor para que aprenda la lección y nunca más piense en atacar a nuestro querido Irán».


Lo que nos lleva una vez más a por qué Trump se jacta sin cesar de que «estamos ganando», llama al presidente Putin mientras la guerra se desata, y sólo unas horas después de que Putin proclamara rotundamente su «apoyo inquebrantable» a Irán y al nuevo Rahbar («Líder»), Mojtaba Khamenei.


La respuesta, inevitablemente, es que Trump busca una salida. La gran mayoría del planeta, así como un buen número de actores en territorios vasallos, ya culpan a Estados Unidos del colapso de la economía global.


Esto se debe a que toda la continuidad del gobierno, puesta en marcha por el asesinado Ayatolá Jamenei, está sumamente confiada en que puede hacer caer al Sindicato Epstein hasta sus rodillas empapadas en sangre.


El ayatolá Jamenei logró lo que podría pasar a la historia como la mayor sorpresa en la geopolítica del siglo XXI. Todo gracias a su claridad de visión, perseverancia, abnegación y la asombrosa y meticulosa planificación de la estrategia de defensa en mosaico, ya en vigor.


Lo que Irán, bajo el liderazgo de Mojtaba Jamenei desea ahora —y eso es un consenso nacional— es una victoria inconfundible. El Imperio del Caos, el Saqueo y los Ataques Permanentes, con su lema de «Si no me caes bien, te mato», debe ser humillado por completo



11 marzo, 2026

El desafío de Irán: reconfigurar la región — Michael Hudson

 


Counterpunch – 08/03/2026

   Traducción del inglés: Arrezafe


Reflexionando sobre lo impensable: el gran plan de Irán para poner fin a la presencia estadounidense en Oriente Medio


Irán y Donald Trump han explicado por qué no librar la actual guerra hasta el final simplemente conduciría a una nueva serie de ataques mutuos. Trump anunció el 6 de marzo que "no habrá acuerdo con Irán, salvo la rendición incondicional", y manifestó que debe tener voz en el nombramiento o al menos en la aprobación del nuevo líder de Irán, como acaba de hacer en Venezuela. "El ejército estadounidense debe derrotarlo [a Irán] por completo y lograr un cambio de régimen, si no, en cinco años te das cuenta de que pusiste a alguien que no es mejor'". Estados Unidos tardará al menos ese tiempo en reemplazar el armamento agotado, reconstruir su radares e instalaciones y lanzar una nueva guerra.


Por su parte, los iraníes también manifiestan que los ataques estadounidenses se repetirán hasta que Estados Unidos sea expulsado de Oriente Medio. Tras acordar un alto el fuego en junio pasado, en lugar de aprovechar su ventaja cuando las defensas antimisiles israelíes y regionales estadounidenses se agotaron, Irán comprendió que la guerra se reanudará en cuanto Estados Unidos pueda rearmar a sus aliados y bases militares para reiniciar lo que ambas partes reconocen como una lucha por una solución definitiva.


La guerra que comenzó el 28 de febrero puede considerarse, de forma realista, el inicio formal de la Tercera Guerra Mundial, ya que lo que está en juego son las condiciones en las que todo el mundo podrá comprar petróleo y gas. ¿Pueden comprar esta energía a exportadores encabezados por Rusia e Irán (y, hasta hace poco, Venezuela) en divisas distintas del dólar? ¿La actual exigencia estadounidense de controlar el comercio internacional de petróleo exigirá a los países exportadores que fijen sus ventas en dólares y que reciclen sus ingresos en inversiones en valores, bonos y acciones del gobierno estadounidense?


Ese reciclaje de petrodólares ha sido la base de la financiarización y militarización del comercio petrolero mundial por parte de Estados Unidos, y de su estrategia imperial de aislar a los países que se resisten a adherirse al orden dominante establecido por el gobierno estadounidense (sin reglas reales, sino simplemente exigencias ad hoc de Estados Unidos). Por lo tanto, lo que está en juego no es sólo la presencia militar estadounidense en Oriente Medio, junto con sus dos ejércitos aliados, Israel y los yihadistas de ISIS/Al Qaeda. Y la pretensión estadounidense e israelí de que Irán posee armas atómicas de destrucción masiva es una acusación tan ficticia como la lanzada contra Irak en 2003. Lo que está en juego es el fin de las alianzas económicas de Oriente Medio con Estados Unidos y si sus ingresos por exportaciones petroleras seguirán acumulándose en dólares como sostén de la balanza de pagos estadounidense para financiar sus bases militares en todo el mundo.


Irán ha anunciado que luchará hasta lograr tres objetivos para prevenir guerras futuras. El primero y más importante es que Estados Unidos debe retirarse de todas sus bases militares en Oriente Medio. Irán ya ha destruido las bases de sus sistemas de alerta de radar y de defensa antiaérea y antimisiles en Jordania, Catar, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Baréin, impidiéndoles guiar ataques con misiles estadounidenses o israelíes para atacar a Irán. Los países árabes que tienen bases o instalaciones estadounidenses serán bombardeadas si no se abandonan.


Las dos siguientes exigencias iraníes parecen tan trascendentales que Occidente las considera impensables. Los países árabes de la OPEP deben poner fin a sus estrechos vínculos económicos con Estados Unidos, empezando por los centros de datos estadounidenses operados por Amazon, Microsoft y Google. Y no sólo deben dejar de fijar los precios de su petróleo y gas en dólares estadounidenses, sino también desinvertir sus fondos de petrodólares invertidos en EEUU y que han estado subsidiando la balanza de pagos estadounidense desde los acuerdos de 1974 que permitieron a Estados Unidos cuadruplicar los precios de sus exportaciones de petróleo.


Estas tres exigencias acabarían con el poder económico de Estados Unidos sobre los países de la OPEP y, por ende, con el control del comercio petrolero mundial. El resultado sería desdolarizar dicho comercio y reorientarlo hacia Asia y los países de la Mayoría Global. El plan de Irán implica no sólo una derrota militar y económica para Estados Unidos, sino también el fin del carácter político de las monarquías clientelares de Oriente Próximo y de sus relaciones con sus ciudadanos chiítas.


Paso 1: Expulsar a Estados Unidos de sus bases militares en Oriente Medio


El parlamento iraquí continua exigiendo que las fuerzas estadounidenses abandonen el país y dejen de robarle petróleo (enviado en su mayor parte a Israel). Acaba de aprobar una nueva legislación que ordena a las fuerzas estadounidenses abandonar el país. En una reunión en Teherán, el pasado lunes (2 de marzo), con el asesor principal del ministro del Interior iraquí y la delegación militar que lo acompañaba , el general de brigada iraní Ali Abdollahi reiteró la exigencia que Irán ha venido haciendo durante los últimos cinco años, desde que Donald Trump, al término de su mandato, el 3 de enero de 2020, ordenó el asesinato traicionero de los dos principales negociadores antiterroristas iraníes e iraquíes, Qassem Soleimani y Abu Mahdi al-Muhandis, quienes trabajaban por evitar una guerra total. Ante la continuidad de Trump con la misma política, el comandante iraní declaró: «La expulsión de Estados Unidos es el paso más importante hacia el restablecimiento de la seguridad y la estabilidad en la región».


Pero, dado que todos los reinos árabes albergan bases militares estadounidenses, Irán ha anunciado que cualquier país que permita el uso de estas bases por parte de aeronaves u otras fuerzas militares estadounidenses se arriesgará a un ataque inmediato para destruirlas. Kuwait, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos ya han sido atacados, lo que llevó a Arabia Saudita a prometer a Irán que no permitiría que el ejército estadounidense utilice su territorio como parte de su guerra.


España ha prohibido a Estados Unidos el uso de sus bases en la guerra contra Irán. Pero cuando su primer ministro, Pedro Sánchez, prohibió a Estados Unidos usarlas a tal fin, el presidente Trump señaló en una conferencia de prensa en el Despacho Oval que España no podía hacer nada para impedir que la fuerza aérea estadounidense utilizara las instalaciones de Rota y Morón, en el sur de España, que comparten Estados Unidos y España, pero que siguen bajo mando español. «Y ahora España ha dicho que no podemos usar sus bases. Y no pasa nada, no queremos hacerlo. Podríamos usar la base si quisiéramos. Podríamos simplemente volar y usarlas, nadie nos va a decir que no la usemos». Después de todo, ¿qué podría hacer España para evitarlo? ¿Derribar los aviones estadounidenses?


Este es el problema que enfrentan las monarquías árabes si intentan negarle a Estados Unidos el acceso a sus bases y espacio aéreo para combatir a Irán. ¿Qué pueden hacer?


O, más concretamente, ¿qué estarían dispuestos a hacer? Irán insiste en que Qatar, las Repúblicas Árabes Unidas, Baréin, Kuwait, Arabia Saudí, Jordania y otras monarquías de Oriente Próximo, cierren todas las bases militares estadounidenses en sus reinos y bloqueen el uso de su espacio aéreo y aeropuertos por parte de Estados Unidos como condición para no bombardearlos y extender la guerra a los propios regímenes monárquicos.


La negativa —o la incapacidad de impedir que Estados Unidos utilice bases en sus países— llevará a Irán a forzar un cambio de régimen en ellos. Esto sería más fácil en países donde los palestinos representan una gran proporción de la fuerza laboral, como Jordania. Irán ha instado a las poblaciones chiítas de Jordania y otros países del Cercano Oriente a derrocar sus monarquías para liberarse del control estadounidense. Se rumorea que el rey de Bahréin ha abandonado el país.


Paso n.° 2: Poner fin a los vínculos comerciales y financieros de Oriente Medio con Estados Unidos.


Las monarquías árabes se ven sometidas a una mayor presión para cumplir con la exigencia fundamental de Irán de desvincular sus economías –vinculadas desde 1974– de la estadounidense. Recientemente, Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita han buscado utilizar sus recursos energéticos para atraer centros de datos informáticos, incluyendo Starlink y otros sistemas asociados al intento de cambio de régimen y los ataques militares de EEUU contra Irán.


En oposición a los planes estadounidenses de integrar estrechamente sus sectores no petroleros con los países árabes de la OPEP en Oriente Medio, Irán ha anunciado que estas instalaciones son "objetivos legítimos" en su intento de expulsar a Estados Unidos de la región. Un gerente de computación en la nube sugirió que el ataque iraní a AWS, centro de datos de Amazon, fue dirigido porque cubría operaciones militares, de forma similar a cómo Starlink (cuya financiación interesa a los Emiratos Árabes Unidos) se utilizó en febrero en el intento estadounidense de movilizar manifestaciones contra el gobierno iraní.


Paso n.° 3: Poner fin al reciclaje de las exportaciones de petróleo de la OPEP en dólares estadounidenses


La exigencia iraní más radical ha sido que sus vecinos árabes desdolaricen sus economías. Esto es clave para evitar que las empresas estadounidenses dominen sus economías y, por ende, sus gobiernos. Un funcionario iraní declaró a CNN que Irán ha acusado a las empresas que compran deuda pública estadounidense e invierten en bonos del Tesoro de ser cómplices de la guerra contra sí mismos, ya que las considera financiadoras de dicha guerra. «Teherán considera a estas empresas y a sus directivos en la región como objetivos legítimos. Se les advierte a estos individuos que declaren la retirada de su capital lo antes posible».


Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar están considerando retirarse de las inversiones estadounidenses y de otros países, ya que el bloqueo iraní de Ormuz los ha obligado a suspender la producción de petróleo y GNL ahora que su capacidad de almacenamiento está al máximo. Sus ingresos provenientes de la energía, el transporte marítimo y el turismo se han paralizado. Los Estados del Golfo se reunirán el domingo 8 de marzo para debatir la retirada de sus inversiones de 2 billones de dólares estadounidenses (principalmente de Arabia Saudita). La amenaza radica en que este es un primer paso para diversificar la inversión de la OPEP más allá del dólar estadounidense.


Junto con la rendición de Estados Unidos de sus bases militares en Medio Oriente, esa disociación del dólar reduciría en gran medida el control estadounidense sobre el petróleo de Medio Oriente y, de ahí, la estrategia de utilizar su comercio petrolero como un importante punto de estrangulamiento con el que obligar a otros países a adherirse al orden de Trump basado en el "Estados Unidos Primero" (a sus propios caprichos, sin reglas claras).


Para las propias monarquías, los cambios exigidos por Irán para poner fin a la guerra estadounidense contra Oriente Medio tendrían un efecto similar al de las secuelas de la Primera Guerra Mundial: el fin de los regímenes monárquicos en muchos países árabes cuyas economías y alianzas políticas se han basado en una alianza con Estados Unidos. Y, para empezar, la presión recae ahora sobre Arabia Saudí, Catar, Egipto, Jordania, Baréin, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, que han aceptado unirse a la denominada Junta de la Paz de Trump.


Indonesia, con la mayor población islámica del mundo, acaba de retirar su oferta anterior de proporcionar 8000 soldados al "plan de paz" de Trump en Gaza, e Irán está presionando a las monarquías árabes para que sigan el ejemplo y se retiren en protesta contra la política estadounidense.


¿Lo harán? ¿Y llegarán al extremo de impedir el acceso de Estados Unidos a las bases en su territorio? Si intentan evitar ofender a Estados Unidos, se expondrán a acusaciones iraníes de que en realidad no se oponen a la guerra. Pero si acceden a la solicitud de Irán, corren el riesgo de que Estados Unidos simplemente confisque o al menos congele sus reservas de dólares para obligarlos a cambiar de opinión.


Varias otras políticas podrían intensificar el desafío iraní a la renuncia de Estados Unidos a las normas de derecho internacional de la Carta de las Naciones Unidas y a las civilizadas leyes de la guerra. ¿Podrían los países presentar cargos contra Trump ante la CPI por cometer crímenes de guerra al iniciar una guerra no declarada contra Irán, atacar y asesinar a sus líderes y bombardear centros civiles como la escuela de niñas, que fue uno de los primeros objetivos?


Efectos colaterales del objetivo de Irán de expulsar a Estados Unidos de Oriente Medio


Irán intensificará sus ataques a medida que Israel y el ejército estadounidense agoten sus reservas de defensa antiaérea y antimisiles, lo que le permitirá lanzar un ataque de gran envergadura, a una escala que no alcanzó en junio pasado cuando acordó un alto el fuego. Comenzará a utilizar sus misiles más sofisticados para atacar a Israel y a otros aliados de Estados Unidos.


No hay dónde colocar la producción petrolera árabe adicional ahora que Irán ha cerrado el Estrecho de Ormuz a todos los barcos, salvo a los suyos, la mayoría de los cuales transportan petróleo con destino a China. Los tanques de almacenamiento están llenos, sin lugar para almacenar nueva producción, que se ha visto obligada a detenerse. En cuanto al gas natural licuado (GNL), exportado principalmente por Qatar, sus plantas de GNL han sido bombardeadas. Tendrán que ser reconstruidas, lo que tardará dos semanas más un tiempo equivalente para volver a ponerlas en funcionamiento mediante la refrigeración adecuada del gas.


En cualquier caso, ningún barco intenta siquiera acercarse a Ormuz porque Lloyd's de Londres no proporciona pólizas de seguro. El ejército estadounidense ha hundido o incautado recientemente buques rusos que transportaban petróleo, pero el alza de los precios del petróleo lo ha llevado a permitir dichas transferencias para frenar la inflación global. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha declarado que el Departamento del Tesoro está examinando si se podrían liberar al mercado más cargamentos de crudo ruso sancionado. "Podríamos autorizar envíos de petróleo ruso", declaró. "Hay cientos de millones de barriles de crudo sancionado en el mar... retirando las sanciones, el Tesoro puede facilitar su suministro". Sus declaraciones se producen tras la decisión de Estados Unidos de emitir una exención temporal de 30 días que permite a las refinerías indias comprar petróleo ruso en un esfuerzo por mantener el suministro global.


En todo el mundo, el aumento de los precios del petróleo y el gas obligará a las economías a elegir entre recortar el gasto social interno para pagar sus deudas en dólares. Esta guerra está separando a Occidente, a Estados Unidos y a la OTAN, de la mayoría global, al crear tensiones que Japón, Corea e incluso Europa ya no pueden permitirse. El efecto caótico del ataque estadounidense ha destruido la narrativa que ha permitido a los diplomáticos estadounidenses exigir subsidios y un "reparto de la carga" para su gasto militar global. La ficción predicada es que el mundo necesita el apoyo militar de Estados Unidos para protegerse de Rusia y China, y ahora de Irán, como si estos países representaran una amenaza real para Europa y Asia.


Pero en lugar de proteger al resto del mundo librando la actual Guerra Fría, el caos en los mercados mundiales de petróleo y gas, resultante de su ataque a Irán, demuestra que Estados Unidos es, en realidad, la mayor amenaza para la seguridad, la estabilidad y la prosperidad de sus aliados. Su ataque ha recaído principalmente sobre sus aliados más cercanos: Japón, Corea del Sur y Europa. Los precios del gas se han disparado un 20% y hoy siguen subiendo. La bolsa de valores de Corea se ha desplomado un 18% en los últimos dos días. Todo esto está cambiando, del apoyo a la eliminación del control estadounidense sobre el petróleo de Oriente Próximo y a su reorientación hacia un mercado libre de las exigencias estadounidenses del control dolarizado del comercio energético mundial.



Liaowang - 1

 


El Liaowang-1 entró en servicio en 2025 y lleva un equipo único capaz de rastrear lanzamientos de misiles y monitorear los sistemas de defensa antimisiles. Sin embargo, su ubicación real revela las verdaderas intenciones de China.


Varias fuentes no oficiales y varios medios de defensa asiáticos informaron recientemente que China había desplegado su buque de inteligencia especializado Liaowang-1 en el Golfo de Omán, cerca de Irán. Algunos informes incluso afirmaban que el buque iba acompañado de dos destructores de misiles chinos, el Tipo 055 y el Tipo 052D.


Destructor tipo 052 Armada del Ejército Popular de Liberación

El Liaowang-1 (en la imagen superior) entró en servicio en la primavera de 2025 y tiene una misión altamente especializada: monitorear la actividad espacial y rastrear los lanzamientos de misiles. Para realizar estas tareas, la nave está equipada con múltiples sistemas de radar, algunos de los cuales se encuentran bajo grandes radomos.


Dado el secretismo de China, no se han revelado las capacidades exactas de este buque, con un desplazamiento de unas 30.000 toneladas y una eslora de 332 metros. Sin embargo, es razonable suponer que lleva algunos de los sistemas de sensores más potentes que China podría instalar en una plataforma de este tipo.


Probablemente incluyan no solo varios sistemas de radar, sino también equipos de inteligencia electrónica e incluso un telescopio óptico. Estabilizar un telescopio de estas características en un barco habría sido un complejo desafío de ingeniería.


Desde la perspectiva del análisis de los sistemas de defensa antimisiles estadounidenses, el Liaowang-1 podría poseer un conjunto único de herramientas. Estas capacidades también podrían utilizarse para detectar aviones de combate estadounidenses e israelíes, con la posibilidad de compartir dichos datos con Irán.


Defense Express – 09/03/2026



10 marzo, 2026

La táctica de Trump y Netanyahu respecto a Irán — Einar Tangen

 


Asia Narratives – 10/03/2026


Las consecuencias no deseadas de la impostura y la guerra asimétrica


Donald Trump está haciendo exactamente lo que hacen los criminales cuando se enfrentan a las consecuencias: intenta eludir la responsabilidad. Como exabogado penalista, dicho patrón me resulta previsible y familiar. La bravuconería en el bar no sobrevive a las realidades de la sala de acusación. Los golpes de pecho se convierten en acusaciones. La fanfarronería se disuelve en recriminaciones contra otros y narrativas de victimización autocompasivas, precisamente lo que estamos viendo ahora.


La fanfarronería de Trump sobre su fuerza y liderazgo decisivo se ha diluido en culpar a otros —aliados regionales, agencias de inteligencia e incluso oponentes políticos— de una crisis que él mismo creó. Pero la cadena de acontecimientos que condujo a este momento no es difícil de rastrear.


Comienza con la presión en casa.


El continuo goteo diario de revelaciones sobre el expediente de Jeffrey Epstein que implican a Trump y a la élite global que lo rodea lo ha frustrado y preocupado en un momento en que su agenda nacional se tambalea. Con su base política fragmentada, sus índices de aprobación en desplome y sus políticas económicas en crisis, Trump necesitaba una distracción drástica, especialmente ante la proximidad de las elecciones intermedias.


Primero fue Venezuela. La operación estadounidense que resultó en la captura de Nicolás Maduro fue controvertida e ilegal, pero logró su objetivo inmediato: la distracción. Los titulares cambiaron de la noche a la mañana. La historia se convirtió en una de bravuconería internacional en lugar de disfunción interna.


Para Trump, reforzó las lecciones de su mentor, el abogado caído en desgracia Roy Cohn: audacia, redoblar los esfuerzos y trabajar para distraer a los demás.


Envalentonado por el episodio venezolano, Trump concluyó que la misma fórmula podía aplicarse a un escenario más amplio. Irán, durante mucho tiempo retratado como el adversario existencial de Estados Unidos e Israel, se convirtió en el siguiente objetivo. El cálculo era sencillo: un rápido ataque de decapitación contra el liderazgo iraní demostraría el abrumador poder estadounidense, dominaría el ciclo informativo y reafirmaría el control de la narrativa política.


Pero este no fue un escenario que comenzó con Trump.


Durante más de tres décadas, Benjamin Netanyahu ha abogado persistentemente por que Washington se enfrente militarmente a Irán. Su pensamiento estratégico se remonta a un controvertido documento de 1996 conocido como "Una ruptura limpia: Una nueva estrategia para asegurar el reino", redactado por un grupo de estrategas neoconservadores estadounidenses, entre ellos Richard Perle.


El documento argumentaba que Israel debería abandonar el marco de la paz negociada y en su lugar remodelar el Medio Oriente a través de un realineamiento estratégico decisivo, debilitando o eliminando regímenes hostiles y enfrentando a las potencias regionales vistas como amenazas a largo plazo.


Aunque fue redactado para el primer mandato de Netanyahu hace casi treinta años y aparentemente rechazado, el diseño subyacente nunca desapareció. La seguridad regional se lograría mediante el desmantelamiento sistemático de los estados adversarios, no mediante la negociación y el acuerdo.


La realidad es que gran parte de lo previsto en el plan se ha cumplido. Sadam Husein fue expulsado de Irak, lo que derrocó al régimen y fracturó el Estado. Irak, Siria, Somalia, Líbano, Gaza y Yemen se han visto desestabilizados por un conflicto armado incitado entre facciones rivales. Egipto, Jordania, Turquía y los Estados del CCG se han visto sometidos a presión, y la historia ha equilibrado sus intereses económicos y de seguridad. Las negociaciones palestinas fracasaron, los asentamientos se expandieron y el proceso de paz se congeló. Irán, el objetivo final, fue contenido económicamente, pero mantuvo sus redes regionales en Irak, Siria, Líbano y Yemen.


Lo que Netanyahu necesitaba era un presidente estadounidense lo suficientemente imprudente —o lo suficientemente desesperado— como para intentar la última pieza: atacar a Irán, no para conquistarlo, sino para desestabilizarlo. Trump le brindó esa oportunidad.


Animado por el aparente éxito de Venezuela y rodeado de asesores que favorecían la confrontación, Trump decidió —en contra del consejo militar— que Irán podía ser controlado con los mismos instrumentos contundentes empleados en Venezuela: fuerza abrumadora y decapitación de líderes. En cambio, ha desatado una pesadilla estratégica.


El error fundamental fue asumir que Irán respondería como un estado convencional ante una presión militar abrumadora. No lo ha hecho. Irán lleva décadas preparándose para el conflicto con un adversario tecnológicamente superior. Sus estructuras de mando están dispersas. La sucesión del liderazgo ante ataques de decapitación está integrada en el sistema. Las unidades militares operan en células semiautónomas capaces de continuar la lucha incluso después de pérdidas devastadoras.


Los ataques de decapitación no ponen fin a estas guerras: las inician.


Trump, ante pérdidas cada vez mayores, ahora agrava sus propios errores de cálculo al intentar achacar la responsabilidad a actores regionales, irónicamente advertidos contra la escalada. Al insinuar que los países del Golfo eran de alguna manera cómplices —o al tratarlos como prescindibles—, ha dejado en evidencia a los países del Consejo de Cooperación del Golfo.


Se esperaba que Irán redirigiera sus represalias hacia sus vecinos árabes en lugar de hacia Washington. Esa suposición no comprende ni la estrategia iraní ni la política regional. Teherán sabe exactamente dónde se tomaron las decisiones. También comprende dónde residen las verdaderas vulnerabilidades de Estados Unidos —y, por extensión, de Israel—: no en el campo de batalla, sino en la arquitectura de la economía global.


Irán no puede derrotar a Estados Unidos en una guerra convencional. Pero no necesita hacerlo. Solo necesita hacer que el costo de la confrontación sea intolerable, tanto para Washington como para todo el sistema internacional que depende de la estabilidad de los mercados energéticos globales y del sistema de pagos basado en el dólar. Derrotar el sistema financiero subyacente de Estados Unidos pondría fin a su colonialismo financiero y a su estatus unipolar.


La ilusión más peligrosa en Washington hoy en día es la creencia de que Estados Unidos controla el tiempo. Trump parece creer que si la presión política se vuelve demasiado fuerte, puede simplemente declarar la victoria, ordenar la retirada y el asunto estará zanjado. Pero las guerras asimétricas no funcionan así.


El sistema iraní está diseñado para resistir tales decisiones. Cuando un comandante muere, otro avanza. Cuando una red es destruida, otras siguen operando. La guerra se centra menos en batallas decisivas y más en la resistencia. Esto significa que el conflicto continuará mucho después de que se desvanezca la lógica política que motivó a Washington.


Esto da lugar al escenario distópico definitivo: la opción nuclear.


Incapaz de detener las consecuencias económicas de las acciones militares que inició, Trump se verá enfrentado a una elección: comprometerse con una invasión a gran escala y una guerra eterna o optar por la opción nuclear.


Un ataque contra las principales ciudades de Irán, con un arma del tamaño de cien bombas como la de Hiroshima, no sería un acontecimiento regional. Sería un acontecimiento planetario.


La región inmediata —que abarca Oriente Medio y Asia Central— se enfrentaría a lluvia radiactiva, agua contaminada, colapso económico y una de las mayores crisis de refugiados de la historia moderna. Además, el humo y el hollín de las ciudades en llamas penetrarían en la atmósfera superior, atenuarían la luz solar, acortarían las temporadas de cultivo y sembrarían el caos en los mercados de alimentos y energía de Eurasia y el norte de África.


A nivel mundial, los efectos serían catastróficos. La ubicación de Irán bajo las grandes corrientes en chorro euroasiáticas implica que la precipitación atmosférica no se limitaría a un solo lugar, sino que rodearía el planeta y afectaría a todos los continentes.


Creando una disrupción climática de muchos años, las cosechas se reducirían en todos los continentes. Los sistemas energéticos colapsarían. Los mercados financieros tendrían dificultades para hacer frente a la enorme depresión mundial, acompañada de agitación social.


La historia demuestra que las guerras siempre escapan a las intenciones de quienes las inician. Trump creía estar tomando la iniciativa. En realidad, ha caído en una trampa que Netanyahu lleva tres décadas esperando pacientemente utilizar.


Lo más aterrador es que para Trump no se trata de estrategia, sino de una distracción. Una presidencia bajo presión interna recurre al truco más antiguo de la política: la guerra. Pero cuando esa guerra involucra a un adversario que ha calculado una respuesta asimétrica imprevista, las consecuencias no se medirán en encuestas ni en titulares. Se medirán en vidas, en medios de vida, en los frágiles hilos que mantienen unida la economía global. Trump puede creer que puede cambiar la atención en casa por un teatro de operaciones militar en el extranjero, que puede retirarse cuando la presión aumenta. No puede. Y el resto del mundo tampoco. Cuando el cálculo de la supervivencia política se encuentra con los instrumentos de la destrucción planetaria, la apuesta ya no es local, sino existencial.