Strategic
Culture – 09/07/2026
Traducción: Arrezafe
Interrumpimos este
programa para anunciar que el gato MoU ha salido del coma… y
prácticamente ha dejado de dar señales de vida.
Lo cuál era totalmente
previsible.
El Babuino de Barbaria y
sus secuaces incumplieron su promesa de suspender las sanciones
petroleras impuestas a Irán. El Departamento del Tesoro revocó
dicho compromiso.
Rompieron el frágil alto
el fuego mediante ataques contra puestos costeros del sur de Irán;
Irán respondió; EEUU redobló la apuesta: la escalada ha vuelto.
EEUU rompió el acuerdo
alcanzado sobre la navegación por el estrecho de Ormuz con
provocaciones sucesivas de petroleros: la Armada del Cuerpo de la
Guardia Revolucionaria Islámica respondió de manera adecuada.
Rompieron —a través
del culto a la muerte— el compromiso del memorando de entendimiento
de poner fin a la guerra «en todos los frentes, incluido el Líbano».
El «Babuino de Barbaria»
firmó dicho memorando con gran fanfarria en Versalles y, con su
habitual actitud grosera y brutal, lo rompió durante las prolongadas
ceremonias fúnebres del líder asesinado, el ayatolá Jamenei, en
las que decenas de millones de iraníes demostraron una cohesión
nacional total, junto a los iraquíes en Nayaf y Karbala.
El control total iraní
del estrecho de Ormuz vuelve a estar en vigor.
El estrecho de Bab
el-Mandeb podría ser el siguiente.
Todo ello sucedía
paralelamente a la cumbre de la OTAN en Ankara —donde Trump
declaró, arrojando espuma por la boca y en un ataque de rabia
histérica, que el alto el fuego había «terminado» y, al más puro
estilo neo-Craso, calificó a los políticos iraníes, de «escoria»
y «mentirosos», «gente despiadada y violenta». Si esto no es una
autoproyección narcisista...
Resultaba tan conveniente
para el Babuino de Barbaria reavivar la guerra nada más salir de una
cumbre de la Organización Terrorista del Atlántico Norte. Los
objetivos del CENTCOM incluyen la infraestructura civil iraní y los
corredores de conexión. Tácticas terroristas en toda regla.
Siempre es crucial volver
a hacer hincapié en que la guerra de la OTAN contra Rusia y la
guerra estadounidense contra Irán son variantes de la misma guerra
imperial contra Estados-civilización soberanos profundamente
implicados en la integración euroasiática.
Fíjense en ese espantoso
secretario general de la OTAN, Tutti Frutti al-Rutti, que se delata
al describir a Europa como «una gran plataforma de proyección de
poder para Estados Unidos»: al fin y al cabo, «5.000 aviones
despegaron de aeropuertos europeos» para apoyar la guerra de EEUU
contra Irán.
Ahí lo tienen, para que
lo entienda cualquiera en Occidente con un coeficiente intelectual
superior a 50: la OTAN no es más que una plataforma de lanzamiento
—vasalla— al servicio del Imperio del Caos, el Saqueo y la
Piratería.
Al Babuino de Barbaria no
le impresionó el bufón holandés. Al contrario: vociferó contra
Italia —«¡muy mal!»— por no abrir sus bases; contra el Reino
Unido porque solo abrió unas pocas; amenazó a España con un
bloqueo comercial, dado que Madrid cerró su espacio aéreo a la
guerra el pasado mes de marzo; y añadió su «necesidad» de devorar
Groenlandia.
Así es como el Imperio
trata a la «plataforma» vasalla: como «escoria».
La OTAN a los
europeos: «Que coman drones»
Un breve titular para
describir la cumbre de la OTAN en Ankara: «Que coman drones». El
mensaje va dirigido a todos los contribuyentes europeos, sin
distinción.
La OTAN quiere que todos
los Estados miembros se transformen en una economía de guerra, en la
que cada nación pague un considerable 5 % del PIB para albergar
bases estadounidenses utilizadas para atacar las proverbiales
«amenazas existenciales» al imperio, es decir: Rusia, Irán y
China.
Sigue el rastro del
dinero. No lo hay. Carentes de recursos, ninguno de estos Estados
miembros puede cumplir la meta del 5 % del PIB destinado a armamento.
Ninguno de ellos es tan estúpido como para creer que ha de ir a la
guerra contra China. No tienen ni la más remota idea de cómo
reaccionar ante la enorme derrota estratégica que Irán infligió a
EEUU.
Sin embargo, todo el
mundo estaba de muy buen humor a la hora de proseguir con su guerra
contra Rusia —que cualquiera con dos dedos de frente sabe que está
perdida—, invirtiendo 70 000 millones de dólares adicionales en el
agujero negro que es Ucrania para que la guerra continúe hasta el
último ucraniano.
Ahora compara toda esta
demencia occidental agravada con el asombroso espectáculo de los
millones de personas en las calles de Teherán, Qom y Mashhad —y en
Nayaf y Karbala, en Irak— rindiendo homenaje al difunto líder
asesinado, el ayatolá Jamenei.
No podría haber una
representación más gráfica de la civilización frente a la
barbarie.
La ceremonia de despedida
en el sagrado santuario de Abbash, en Karbala, puso de relieve la
profunda conexión entre los cruciales centros religiosos y
espirituales de Irán e Irak: en pocas palabras, la unidad chiíta se
extrapoló también como una demostración de poder blando, ya que
suníes y cristianos también acudieron a presentar sus respetos.
Traducción: la periferia
salafista-yihadista quedó relegada al olvido. Y esa es la razón
clave por la que los sospechosos habituales, presa del pánico,
necesitaron reanudar el ataque militar contra Persia. Simplemente no
pueden permitirse el rechazo regional de su barbarie en toda Asia
Occidental.
De ahí que los
sospechosos habituales utilicen las bases y el espacio aéreo de
Catar (Al Udeid) y Arabia Saudí (Príncipe Sultán) para atacar
objetivos iraníes y reavivar la estrategia del «divide y vencerás»
entre árabes y persas, y entre chiítas y suníes.
Teherán había llegado a
un acuerdo con Catar y Abu Dabi hace semanas: Irán no los
bombardearía a cambio de la liberación de los fondos iraníes
congelados. Lo mismo ocurre con Riad, a cambio de una mejora de las
relaciones diplomáticas. Los mediadores pakistaníes se están
dejando la piel ahora para recomponer el rompecabezas.
El último acto
extraordinario de Jamenei
Una y otra vez tendremos
que volver sobre el significado de la prolongada y multitudinaria
marcha, una sólida cohesión nacional desencadenada por los rituales
y ceremonias vinculadas al recientemente asesinado ayatolá Jamenei.
No sólo se trató de un
homenaje —de todos los ámbitos y clases sociales— a uno de los
principales líderes espirituales y políticos de finales del siglo
XX y principios del XXI.
Más de 100 naciones
enviaron delegaciones de alto nivel a las ceremonias. Estaba
representado el quién es quién del Sur Global. Rusia envió al
número dos del Gobierno, Medvédev «Unplugged», como enviado
personal de Putin. China envió a sus máximos dirigentes
parlamentarios. Pakistán envió a su primer ministro junto al
poderoso mariscal de campo Asim Munir.
Asia Central, el Cáucaso,
Asia Occidental, incluso el viceministro de Asuntos Exteriores
talibán, todos estaban allí. Ni un solo vasallo de NATOstán envió
una delegación. Bueno, al fin y al cabo, el Ministerio de Asuntos
Exteriores de Irán no invitó a ninguna nación occidental que
hubiera respaldado la guerra estadounidense.
Además, cualquier
persona con dos dedos de frente en el Sur Global sabe que estas
«democracias liberales» occidentales están siendo sumidas por sus
élites, de una indescriptible mediocridad, en el abismo más oscuro
del colapso moral nihilista.
Irán, en cualquier caso,
como potencia regional y del Sur Global, en ascenso y reemergente,
con su cohesión interna plenamente reafirmada, incluso ante enormes
desafíos, no las necesita. Rusia, China, Pakistán, Turquía, los
países de Asia Central: esa era la multipolaridad emergente
asistiendo a un funeral y posando para una de las fotografías
definitivas del Nuevo Gran Juego.
Así que, sí: deberíamos
considerar las extraordinarias escenas de esta semana en Irán e Irak
como el último —y extraordinario— acto de Jamenei. Desafío.
Resiliencia. Soberanía. Dignidad. Es como si su intuición le
hubiera dicho que eso sucedería inexorablemente; como si le
reconfortara el significado descomunal que su asesinato tendría para
Irán.
Más allá de toda la
grosería, las mentiras y la furia desatada por el imperio bárbaro,
esta es una semana que pasará a la Historia como aquella en la que
Irán consolidó su estatus como un Estado-civilización
indiscutible, orgulloso de su profunda historia y de su cohesión
nacional.
No es de extrañar que
Barbaria tema tanto a los persas.
Y luego, por supuesto,
está China —que apoyó desde el principio el memorando de
entendimiento (MoU) que estaba prácticamente en estado de muerte
clínica, y que ahora reconoce por qué a Teherán ya no le importa
lo más mínimo—.
Mientras nadie prestaba
atención, Pekín amplió su reserva de liquidez en yuanes a 500.000
millones de dólares (duplicando las cuotas del Bond Connect); puso
en marcha un centro de compensación de oro en Hong Kong; y anunció
futuros sobre oro denominados en yuanes.
El Banco de China ve
claramente cómo la demanda mundial del yuan se está expandiendo,
más allá del comercio, hacia «la inversión, la financiación, la
fijación de precios» y, lo que es más importante, «las reservas».
Traducción: una desdolarización acelerada. Más vale que Barbaria
se prepare para un duro despertar.
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