Counterpunch
– 08/03/2026
Traducción del inglés:
Arrezafe
Reflexionando sobre lo
impensable: el gran plan de Irán para poner fin a la presencia
estadounidense en Oriente Medio
Irán y Donald Trump han
explicado por qué no librar la actual guerra hasta el final
simplemente conduciría a una nueva serie de ataques mutuos. Trump
anunció el 6 de marzo que "no habrá acuerdo con Irán, salvo
la rendición incondicional", y manifestó que debe tener voz en
el nombramiento o al menos en la aprobación del nuevo líder de
Irán, como acaba de hacer en Venezuela. "El ejército
estadounidense debe derrotarlo [a Irán] por completo y lograr un
cambio de régimen, si no, en cinco años te das cuenta de que
pusiste a alguien que no es mejor'". Estados Unidos tardará al
menos ese tiempo en reemplazar el armamento agotado, reconstruir su
radares e instalaciones y lanzar una nueva guerra.
Por su parte, los iraníes
también manifiestan que los ataques estadounidenses se repetirán
hasta que Estados Unidos sea expulsado de Oriente Medio. Tras acordar
un alto el fuego en junio pasado, en lugar de aprovechar su ventaja
cuando las defensas antimisiles israelíes y regionales
estadounidenses se agotaron, Irán comprendió que la guerra se
reanudará en cuanto Estados Unidos pueda rearmar a sus aliados y
bases militares para reiniciar lo que ambas partes reconocen como una
lucha por una solución definitiva.
La guerra que comenzó el
28 de febrero puede considerarse, de forma realista, el inicio formal
de la Tercera Guerra Mundial, ya que lo que está en juego son las
condiciones en las que todo el mundo podrá comprar petróleo y gas.
¿Pueden comprar esta energía a exportadores encabezados por Rusia e
Irán (y, hasta hace poco, Venezuela) en divisas distintas del dólar?
¿La actual exigencia estadounidense de controlar el comercio
internacional de petróleo exigirá a los países exportadores que
fijen sus ventas en dólares y que reciclen sus ingresos en
inversiones en valores, bonos y acciones del gobierno estadounidense?
Ese reciclaje de
petrodólares ha sido la base de la financiarización y
militarización del comercio petrolero mundial por parte de Estados
Unidos, y de su estrategia imperial de aislar a los países que se
resisten a adherirse al orden dominante establecido por el gobierno
estadounidense (sin reglas reales, sino simplemente exigencias ad hoc
de Estados Unidos). Por lo tanto, lo que está en juego no es sólo
la presencia militar estadounidense en Oriente Medio, junto con sus
dos ejércitos aliados, Israel y los yihadistas de ISIS/Al Qaeda. Y
la pretensión estadounidense e israelí de que Irán posee armas
atómicas de destrucción masiva es una acusación tan ficticia como
la lanzada contra Irak en 2003. Lo que está en juego es el fin de
las alianzas económicas de Oriente Medio con Estados Unidos y si sus
ingresos por exportaciones petroleras seguirán acumulándose en
dólares como sostén de la balanza de pagos estadounidense para
financiar sus bases militares en todo el mundo.
Irán ha anunciado que
luchará hasta lograr tres objetivos para prevenir guerras futuras.
El primero y más importante es que Estados Unidos debe retirarse de
todas sus bases militares en Oriente Medio. Irán ya ha destruido las
bases de sus sistemas de alerta de radar y de defensa antiaérea y
antimisiles en Jordania, Catar, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y
Baréin, impidiéndoles guiar ataques con misiles estadounidenses o
israelíes para atacar a Irán. Los países árabes que tienen bases
o instalaciones estadounidenses serán bombardeadas si no se
abandonan.
Las dos siguientes
exigencias iraníes parecen tan trascendentales que Occidente las
considera impensables. Los países árabes de la OPEP deben poner fin
a sus estrechos vínculos económicos con Estados Unidos, empezando
por los centros de datos estadounidenses operados por Amazon,
Microsoft y Google. Y no sólo deben dejar de fijar los precios de su
petróleo y gas en dólares estadounidenses, sino también
desinvertir sus fondos de petrodólares invertidos en EEUU y que han
estado subsidiando la balanza de pagos estadounidense desde los
acuerdos de 1974 que permitieron a Estados Unidos cuadruplicar los
precios de sus exportaciones de petróleo.
Estas tres exigencias
acabarían con el poder económico de Estados Unidos sobre los países
de la OPEP y, por ende, con el control del comercio petrolero
mundial. El resultado sería desdolarizar dicho comercio y
reorientarlo hacia Asia y los países de la Mayoría Global. El plan
de Irán implica no sólo una derrota militar y económica para
Estados Unidos, sino también el fin del carácter político de las
monarquías clientelares de Oriente Próximo y de sus relaciones con
sus ciudadanos chiítas.
Paso 1: Expulsar a
Estados Unidos de sus bases militares en Oriente Medio
El parlamento iraquí
continua exigiendo que las fuerzas estadounidenses abandonen el país
y dejen de robarle petróleo (enviado en su mayor parte a Israel).
Acaba de aprobar una nueva legislación que ordena a las fuerzas
estadounidenses abandonar el país. En una reunión en Teherán, el
pasado lunes (2 de marzo), con el asesor principal del ministro del
Interior iraquí y la delegación militar que lo acompañaba , el
general de brigada iraní Ali Abdollahi reiteró la exigencia que
Irán ha venido haciendo durante los últimos cinco años, desde que
Donald Trump, al término de su mandato, el 3 de enero de 2020,
ordenó el asesinato traicionero de los dos principales negociadores
antiterroristas iraníes e iraquíes, Qassem Soleimani y Abu Mahdi
al-Muhandis, quienes trabajaban por evitar una guerra total. Ante la
continuidad de Trump con la misma política, el comandante iraní
declaró: «La expulsión de Estados Unidos es el paso más
importante hacia el restablecimiento de la seguridad y la estabilidad
en la región».
Pero, dado que todos los
reinos árabes albergan bases militares estadounidenses, Irán ha
anunciado que cualquier país que permita el uso de estas bases por
parte de aeronaves u otras fuerzas militares estadounidenses se
arriesgará a un ataque inmediato para destruirlas. Kuwait, Baréin y
los Emiratos Árabes Unidos ya han sido atacados, lo que llevó a
Arabia Saudita a prometer a Irán que no permitiría que el ejército
estadounidense utilice su territorio como parte de su guerra.
España ha prohibido a
Estados Unidos el uso de sus bases en la guerra contra Irán. Pero
cuando su primer ministro, Pedro Sánchez, prohibió a Estados Unidos
usarlas a tal fin, el presidente Trump señaló en una conferencia de
prensa en el Despacho Oval que España no podía hacer nada para
impedir que la fuerza aérea estadounidense utilizara las
instalaciones de Rota y Morón, en el sur de España, que comparten
Estados Unidos y España, pero que siguen bajo mando español. «Y
ahora España ha dicho que no podemos usar sus bases. Y no pasa nada,
no queremos hacerlo. Podríamos usar la base si quisiéramos.
Podríamos simplemente volar y usarlas, nadie nos va a decir que no
la usemos». Después de todo, ¿qué podría hacer España para
evitarlo? ¿Derribar los aviones estadounidenses?
Este es el problema que
enfrentan las monarquías árabes si intentan negarle a Estados
Unidos el acceso a sus bases y espacio aéreo para combatir a Irán.
¿Qué pueden hacer?
O, más concretamente,
¿qué estarían dispuestos a hacer? Irán insiste en que Qatar, las
Repúblicas Árabes Unidas, Baréin, Kuwait, Arabia Saudí, Jordania
y otras monarquías de Oriente Próximo, cierren todas las bases
militares estadounidenses en sus reinos y bloqueen el uso de su
espacio aéreo y aeropuertos por parte de Estados Unidos como
condición para no bombardearlos y extender la guerra a los propios
regímenes monárquicos.
La negativa —o la
incapacidad de impedir que Estados Unidos utilice bases en sus
países— llevará a Irán a forzar un cambio de régimen en ellos.
Esto sería más fácil en países donde los palestinos representan
una gran proporción de la fuerza laboral, como Jordania. Irán ha
instado a las poblaciones chiítas de Jordania y otros países del
Cercano Oriente a derrocar sus monarquías para liberarse del control
estadounidense. Se rumorea que el rey de Bahréin ha abandonado el
país.
Paso n.° 2: Poner fin
a los vínculos comerciales y financieros de Oriente Medio con
Estados Unidos.
Las monarquías árabes
se ven sometidas a una mayor presión para cumplir con la exigencia
fundamental de Irán de desvincular sus economías –vinculadas
desde 1974– de la estadounidense. Recientemente, Baréin, Emiratos
Árabes Unidos y Arabia Saudita han buscado utilizar sus recursos
energéticos para atraer centros de datos informáticos, incluyendo
Starlink y otros sistemas asociados al intento de cambio de régimen
y los ataques militares de EEUU contra Irán.
En oposición a los
planes estadounidenses de integrar estrechamente sus sectores no
petroleros con los países árabes de la OPEP en Oriente Medio, Irán
ha anunciado que estas instalaciones son "objetivos legítimos"
en su intento de expulsar a Estados Unidos de la región. Un gerente
de computación en la nube sugirió que el ataque iraní a AWS,
centro de datos de Amazon, fue dirigido porque cubría operaciones
militares, de forma similar a cómo Starlink (cuya financiación
interesa a los Emiratos Árabes Unidos) se utilizó en febrero en el
intento estadounidense de movilizar manifestaciones contra el
gobierno iraní.
Paso n.° 3: Poner fin
al reciclaje de las exportaciones de petróleo de la OPEP en dólares
estadounidenses
La exigencia iraní más
radical ha sido que sus vecinos árabes desdolaricen sus economías.
Esto es clave para evitar que las empresas estadounidenses dominen
sus economías y, por ende, sus gobiernos. Un funcionario iraní
declaró a CNN que Irán ha acusado a las empresas que compran deuda
pública estadounidense e invierten en bonos del Tesoro de ser
cómplices de la guerra contra sí mismos, ya que las considera
financiadoras de dicha guerra. «Teherán considera a estas empresas
y a sus directivos en la región como objetivos legítimos. Se les
advierte a estos individuos que declaren la retirada de su capital lo
antes posible».
Arabia Saudita, Emiratos
Árabes Unidos, Kuwait y Qatar están considerando retirarse de las
inversiones estadounidenses y de otros países, ya que el bloqueo
iraní de Ormuz los ha obligado a suspender la producción de
petróleo y GNL ahora que su capacidad de almacenamiento está al
máximo. Sus ingresos provenientes de la energía, el transporte
marítimo y el turismo se han paralizado. Los Estados del Golfo se
reunirán el domingo 8 de marzo para debatir la retirada de sus
inversiones de 2 billones de dólares estadounidenses (principalmente
de Arabia Saudita). La amenaza radica en que este es un primer paso
para diversificar la inversión de la OPEP más allá del dólar
estadounidense.
Junto con la rendición
de Estados Unidos de sus bases militares en Medio Oriente, esa
disociación del dólar reduciría en gran medida el control
estadounidense sobre el petróleo de Medio Oriente y, de ahí, la
estrategia de utilizar su comercio petrolero como un importante punto
de estrangulamiento con el que obligar a otros países a adherirse al
orden de Trump basado en el "Estados Unidos Primero" (a sus
propios caprichos, sin reglas claras).
Para las propias
monarquías, los cambios exigidos por Irán para poner fin a la
guerra estadounidense contra Oriente Medio tendrían un efecto
similar al de las secuelas de la Primera Guerra Mundial: el fin de
los regímenes monárquicos en muchos países árabes cuyas economías
y alianzas políticas se han basado en una alianza con Estados
Unidos. Y, para empezar, la presión recae ahora sobre Arabia Saudí,
Catar, Egipto, Jordania, Baréin, Kuwait y los Emiratos Árabes
Unidos, que han aceptado unirse a la denominada Junta de la Paz de
Trump.
Indonesia, con la mayor
población islámica del mundo, acaba de retirar su oferta anterior
de proporcionar 8000 soldados al "plan de paz" de Trump en
Gaza, e Irán está presionando a las monarquías árabes para que
sigan el ejemplo y se retiren en protesta contra la política
estadounidense.
¿Lo harán? ¿Y llegarán
al extremo de impedir el acceso de Estados Unidos a las bases en su
territorio? Si intentan evitar ofender a Estados Unidos, se expondrán
a acusaciones iraníes de que en realidad no se oponen a la guerra.
Pero si acceden a la solicitud de Irán, corren el riesgo de que
Estados Unidos simplemente confisque o al menos congele sus reservas
de dólares para obligarlos a cambiar de opinión.
Varias otras políticas
podrían intensificar el desafío iraní a la renuncia de Estados
Unidos a las normas de derecho internacional de la Carta de las
Naciones Unidas y a las civilizadas leyes de la guerra. ¿Podrían
los países presentar cargos contra Trump ante la CPI por cometer
crímenes de guerra al iniciar una guerra no declarada contra Irán,
atacar y asesinar a sus líderes y bombardear centros civiles como la
escuela de niñas, que fue uno de los primeros objetivos?
Efectos colaterales
del objetivo de Irán de expulsar a Estados Unidos de Oriente Medio
Irán intensificará sus
ataques a medida que Israel y el ejército estadounidense agoten sus
reservas de defensa antiaérea y antimisiles, lo que le permitirá
lanzar un ataque de gran envergadura, a una escala que no alcanzó en
junio pasado cuando acordó un alto el fuego. Comenzará a utilizar
sus misiles más sofisticados para atacar a Israel y a otros aliados
de Estados Unidos.
No hay dónde colocar la
producción petrolera árabe adicional ahora que Irán ha cerrado el
Estrecho de Ormuz a todos los barcos, salvo a los suyos, la mayoría
de los cuales transportan petróleo con destino a China. Los tanques
de almacenamiento están llenos, sin lugar para almacenar nueva
producción, que se ha visto obligada a detenerse. En cuanto al gas
natural licuado (GNL), exportado principalmente por Qatar, sus
plantas de GNL han sido bombardeadas. Tendrán que ser reconstruidas,
lo que tardará dos semanas más un tiempo equivalente para volver a
ponerlas en funcionamiento mediante la refrigeración adecuada del
gas.
En cualquier caso, ningún
barco intenta siquiera acercarse a Ormuz porque Lloyd's de Londres no
proporciona pólizas de seguro. El ejército estadounidense ha
hundido o incautado recientemente buques rusos que transportaban
petróleo, pero el alza de los precios del petróleo lo ha llevado a
permitir dichas transferencias para frenar la inflación global. El
secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha declarado que el
Departamento del Tesoro está examinando si se podrían liberar al
mercado más cargamentos de crudo ruso sancionado. "Podríamos
autorizar envíos de petróleo ruso", declaró. "Hay
cientos de millones de barriles de crudo sancionado en el mar...
retirando las sanciones, el Tesoro puede facilitar su suministro".
Sus declaraciones se producen tras la decisión de Estados Unidos de
emitir una exención temporal de 30 días que permite a las
refinerías indias comprar petróleo ruso en un esfuerzo por mantener
el suministro global.
En todo el mundo, el
aumento de los precios del petróleo y el gas obligará a las
economías a elegir entre recortar el gasto social interno para pagar
sus deudas en dólares. Esta guerra está separando a Occidente, a
Estados Unidos y a la OTAN, de la mayoría global, al crear tensiones
que Japón, Corea e incluso Europa ya no pueden permitirse. El efecto
caótico del ataque estadounidense ha destruido la narrativa que ha
permitido a los diplomáticos estadounidenses exigir subsidios y un
"reparto de la carga" para su gasto militar global. La
ficción predicada es que el mundo necesita el apoyo militar de
Estados Unidos para protegerse de Rusia y China, y ahora de Irán,
como si estos países representaran una amenaza real para Europa y
Asia.
Pero en lugar de proteger
al resto del mundo librando la actual Guerra Fría, el caos en los
mercados mundiales de petróleo y gas, resultante de su ataque a
Irán, demuestra que Estados Unidos es, en realidad, la mayor amenaza
para la seguridad, la estabilidad y la prosperidad de sus aliados. Su
ataque ha recaído principalmente sobre sus aliados más cercanos:
Japón, Corea del Sur y Europa. Los precios del gas se han disparado
un 20% y hoy siguen subiendo. La bolsa de valores de Corea se ha
desplomado un 18% en los últimos dos días. Todo esto está
cambiando, del apoyo a la eliminación del control estadounidense
sobre el petróleo de Oriente Próximo y a su reorientación hacia un
mercado libre de las exigencias estadounidenses del control
dolarizado del comercio energético mundial.
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