19 marzo, 2019

GILETS JAUNES: «ON N'EST PAS DES HAINEUX» —— Acte 18 ● Toulouse ● Bordeaux ● Lille ● Lyon ● Montpellier ● Nantes ● ● ●



Según los medios de (des)información de la clase dominante, 
en Francia "no pasa nada". Se limitan a emitir
las cansinas consignas de sus rídiculas marionetas 
políticas (a ver si cuela), a atiborrarnos de fútbol
o peor aún, a arrojarnos al vomitivo plató 
de las tertulias. 
Está claro que la policía no es la única
que nos gasea y aturde.



«El movimiento de los Gilets Jaunes es una protesta social transversal, sin patrocinios políticos ni sindicales. Como no hay posibilidad de “recuperar” al movimiento para el mundo político oficial, ni siquiera en sus márgenes, la mayoría mediática, que tiene horror al vacío, opta por recurrir a la etiqueta maldita: son “extrema derecha”. Y no, no es verdad.


Nadie sabe quiénes son los Chalecos Amarillos ni cómo se están organizando. En realidad los Chalecos Amarillos somos todos”, dice Martial Bild, director de la cadena de televisión independiente TV Libertés. Lo sabían nuestros clásicos: “¿Quién mató al Comendador? Fuenteovejuna, señor”. Por cierto que el panorama de la libertad de expresión en Francia está seriamente erosionado (un estudio reciente señalaba a Francia como el país occidental con menos libertad de expresión) y TV Libertés ha tenido que recurrir a Internet para poder emitir. También esto forma parte del paisaje de crisis que vive el país, de ese creciente divorcio entre los ciudadanos y la clase dominante, clase a la que pertenecen la mayoría de los medios de comunicación». J J Esparza



"Tiene usted razón Sr. Macron, esto no es una manifestación,
esto es una sublevación".














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Bandista: Haydi Barikata ● To the Barricades ● A las Barricadas ● Στα οδοφράγματα ● Alle barricate




Versión turca de "A las barricadas"



17 marzo, 2019

GILETS JAUNES : ACTE XVIII - L'EXPLOSION








Cartografiar las insurrecciones implica los mismos razonamientos y postulados de predicción conductual que el marketing.


Google tracking


Leer artículo completo en Cáncer capitalista

La inteligencia artificial no se usa solo para controlar y manipular lo que hacen los individuos aislados sino, sobre todo, para vigilar, controlar y manipular sociedades. Se trata de automatizar mediante algoritmos (como el Integrated Crisis Early Warnig System, que explora los megadatos de diversos países y sus poblaciones cartografíando las sociedades según su mayor o menor grado de estabilidad) la detección de la inestabilidad social o el peligro de insurrección. Se han diseñado modelos denominados “radares sociales” para predecir la evolución del comportamiento de amplios grupos sociales, detectando los cambios de humor o de opinión en el seno de las poblaciones susceptibles de influir en el curso de los acontecimientos y poder intervenir (con campañas de propaganda o operaciones psicológicas Psyop) en tiempo real. La imbricación estado-empresas privadas es total. Después de todo, cartografiar las insurrecciones implica los mismos razonamientos y postulados de predicción comportamental que el marketing.

El cúmulo de datos de comportamiento no solo debe ser abundante, sino también variado. El Big Brother monopolista requiere extender las operaciones de extracción del mundo virtual al mundo real, donde vivimos nuestra vida "real". El espía monopolista espía en las carreteras, en los parques, a través de las ciudades. Accede a nuestro sistema sanguíneo, a nuestra sala de estar, a nuestros más mínimos desplazamientos, a nuestro refrigerador, a nuestra aspiradora ( modelo Roomba con el que Google que cartografía cada rincón de nuestro hogar), etc. Más de 100 millones de mujeres jóvenes están siendo espiadas a través de apps (Flow, Ovia, Glow, …) gratuitas que monitorizan sus ciclos menstruales, tests de ovulación y su actividad sexual, datos de gran valor en el mercado del comportamiento.

Para obtener predicciones de comportamiento muy precisas y, por lo tanto, muy lucrativas, deben poder acceder a nuestras características más íntimas. Espían nuestra personalidad, nuestros estados de ánimo, nuestras emociones, nuestras mentiras y nuestras fragilidades. Todos los niveles de nuestras vidas personales se capturan y comprimen automáticamente en un flujo de datos. El objetivo es poder influir en nuestro comportamiento como trabajadores, consumidores o votantes.

Escribes algo en la barra de búsqueda de Google y de inmediato comienzas a ver anuncios que te parecen familiares en todas partes. A veces ni siquiera necesitas buscar: Google ya ha triangulado tus deseos según tus correos electrónicos, tus características demográficas, tu ubicación.

Para penetrar más en nuestra intimidad Google y Amazon ya disponen de nuevas patentes para la tecnología de hogares inteligentes, para que los usuarios abran su hogar a sus marcas registradas de grabaciones ilegales. Google ha presentado una serie de patentes para recopilar datos de audio en el hogar. Las patentes permitirían a los dispositivos domésticos inteligentes habilitados con el Asistente de Google inferir el comportamiento en función de lo que escuchan: el cepillado de los dientes, la apertura de la puerta de un refrigerador. Incluso pueden estimar su estado de ánimo según la presencia de voces elevadas o insultos.

Propaganda de Echo: "El Amazon Echo se conecta a Alexa, un servicio de voz ubicado en el Cloud, para reproducir música, realizar llamadas, configurar alarmas y temporizadores, hacer preguntas, obtener información sobre el tiempo, el tráfico y los resultados deportivos, gestionar listas de tareas y de la compra, controlar dispositivos de Hogar digital compatibles y mucho más."

Estos hogareños dispositivos expanden las áreas en las que tu comportamiento ya está registrado desde tu teléfono, Tablet o portátil, a tu mismo dormitorio.

Los sistemas de vigilancia del hogar, como Nest de Google o Ring de Amazon, aunque registran lo que hacen sus clientes, también monitorizan, sin su consentimiento, a otras personas: transportistas de correo, trabajadores de distribución de alimentos, vecinos, etc.

La opacidad es la regla. Las empresas a menudo no revelan qué tecnología contienen sus productos, y además el software que contienen puede ser reconfigurado a placer por el suminstrador (atualizaciones) y los dispositivos se pueden recalibrar para nuevos usos, y los datos que recopilan se pueden utilizar de maneras que los clientes no suscribieron.

Google tuvo que disculparse ante los clientes que compraron el sistema de seguridad residencial Nest Secure en 2017. El dispositivo estaba equipado con un micrófono que no figuraba en las características del aparato. Unos pasajeros de American Airlines descubrieron cámaras en las pantallas de TV incrustadas en los asientos.

Empresas bancarias, de viajes, de ventas por internet, hoteles, etc. contratan a empresas de análisis, como Glassbox, Appsee, FullStory, UXCam, que graban las pantallas de los clientes mientras usan sus aplicaciones. El software de Glassbox graba en video las pantallas de los usuarios mientras usan las aplicaciones de las empresas clientes, luego comprime y reproduce el material de archivo para su análisis. Es en un registro de cada pulsación de teclado, todo lo que se escribe, los mensajes de error que ven, la cantidad de tiempo que pasan en cada página, etc.

14 marzo, 2019

El apagón en Venezuela: un crimen de lesa humanidad — Atilio Borón





Insurgente.org 12/03/2019

Decíamos hace unos pocos días que el fiasco con que terminó la operación “ayuda humanitaria” intensificaría la agresividad de la Casa Blanca por la vía de atentados y sabotajes selectivamente planificados para ocasionar el mayor daño posible a la población y, de ese modo, desatar lo que según los expertos de la CIA y el Departamento de Estado sería un masivo levantamiento popular en contra del gobierno de Nicolás Maduro. (ver dicha nota titulada: “Trump: la impotencia y la furia”, en “Trump la impotencia y la furia”)

Algunos críticos pretendieron descalificar nuestro análisis aduciendo que quienes impidieron que llegara la “ayuda humanitaria” fueron los colectivos chavistas. Pero ahora, con un inexplicable retraso, el propio New York Times confirmó lo que quienes estuvimos en esos momentos en Venezuela supimos de inmediato: que el ataque a esa pretendida ayuda -que no era tal sino materiales para futuros atentados o brotes de violencia- fue obra de los mercenarios contratados por la oposición que de ese modo procuraron destruir las pruebas de sus mentiras y la exposición de sus designios. Cabe resaltar que, como ocurriera en tantas otras ocasiones este lumpenaje mercenario es exaltado por la prensa del sistema cual si fueran virtuosos combatientes por la libertad generosamente financiados con dinero de los contribuyentes estadounidenses y, en este caso, la descarada complicidad del narcogobierno colombiano. En suma, una iniciativa análoga a la que la CIA organizara en Bengasi para facilitar el ataque a Gadafi en Libia en 2011. El periódico neoyorquino publica esa noticia en sus ediciones en lengua inglesa y en castellano, y puede consultarse en:

Numerosos informes y notas aparecidas en estos últimos días confirman que el apagón fue precisamente producto de un atentado informático, obra de hackers de alto nivel de sofistificación técnica. No viene al caso dar mayores detalles del asunto pero basta con decir que un artículo de la revista Forbes, insospechada de simpatías chavistas, si bien dice que la causa más probable del apagón venezolano hayan sido fallas y deficiencias en el mantenimiento de la red de represas no puede descartarse que lo ocurrido hubiese sido parte de una operación del gobierno de Estados Unidos dada la manifiesta beligerancia de la Casa Blanca en contra de la República Bolivariana de Venezuela y la creciente importancia que la ciberguerra ha adquirido en los círculos políticos y militares de Washington. Según el autor de la nota, Kalev Leetaru, el “cyber first strike” tiene por misión debilitar a un estado adversario como preparación del terreno para una invasión convencional y el caos y la anarquía generados pueden forzar el derrocamiento de un gobierno extranjero sin que éste pueda acusar a su agresor. En artículo tiene un tono muy cauteloso, pese a lo cual no omite decir que "en el caso de Venezuela la idea de que un gobierno como el de Estados Unidos pueda interferir a distancia en su red eléctrica es completamente realística" :

En efecto, el ataque se dirigió al cerebro informatizado de todo el sistema eléctrico venezolano. Como lo comenta un experto de ese país, El Guri es después de Itaipú la central hidroeléctrica más grande de Sudamérica (Venezuela tiene aparte otra gran represa, la de Macagua, también afectada por el ataque) y la cuarta a nivel mundial y es controlada en su casi totalidad por sistemas robotizados de apertura/cierre de compuertas del flujo hídrico que alimentan las turbinas generadoras de electricidad. Los sofisticados protocolos de seguridad del sistema, elaborados conjuntamente por la empresa estatal venezolana con otras dos privadas de origen europeo, fueron rebasados por una ofensiva fenomenal de “millones de incursiones por segundo de manera simultánea y multiubícua” que lograron penetrar los sistemas de seguridad de la enorme represa. Esta no es una tarea de aficionados, ni algo que Guaidó y sus rústicos compinches pudieran haber hecho desde Venezuela. Esto es guerra cibernética, la guerra de quinta generación cuyo objetivo es la destrucción física del territorio de una nación y de la nación misma, la quiebra definitiva de una conciencia nacional y la transformación de su hábitat en un páramo a ser reconstruido, parcialmente, por las grandes transnacionales que se apoderan de aquél con el sólo fin de saquear sus recursos naturales.

¿Paranoia, obsesión antiestadounidense? Nada de eso. Un crimen de lesa humanidad; terrorismo puro y duro meticulosamente planificado y perpetrado por Washington. En casos como estos la investigación siempre procura establecer los móviles de un crimen, su naturaleza e impacto, los instrumentos utilizados (el “arma homicida”) y las pruebas correspondientes. Veamos. ¿Los móviles de Washington? Claros como el agua. ¡Maduro debe irse, ya, braman Trump, Bolton, Pompeo, Abrams, Rubio! Y para ello nada mejor que crear un caos indescriptible que afecte la totalidad de la vida social porque en el mundo actual, desde la provisión de agua y la iluminación hasta el acceso a la internet, la telefonía, el combustible, el pago con tarjetas de débito o crédito, utilizar ascensores, movilizar el metro, prácticamente todo depende de la energía eléctrica. Pompeo lo confesó en su infame tuit del 7 de marzo a las 8:19 pm: “No Food. No Medicine. Now, No Power. Next, No Maduro”. (No hay comida, no hay medicamentos. Ahora no hay electricidad. Lo siguiente: no hay Maduro). O sea, el criminal ha manifestado sus intenciones. El motivo está claramente establecido. ¿El arma homicida? La ciberguerra, la aplicación militar de la informática, que no requiere instalar en el territorio agredido ni un solo hombre. Se puede librar esa guerra de quinta generación desde los bunkers ocultos en el desierto de Nevada, donde se manejan los drones que siembran muerte y destrucción en todo el mundo. O desde los refugios especiales en donde decenas de miles de hackers vigilan y monitorean absolutamente todo, inclusive las cuentas privadas de los gobernantes amigos de Washington. Recordar el caso Angela Merkel a comienzos de este año. ¿Pruebas? Todavía no las hay, pero son muchos los gobiernos y las organizaciones que a su vez están vigilando y monitoreando lo que la Casa Blanca hace y deshace. Y más pronto que tarde las pruebas aparecerán, para sorpresa de los engreídos imperialistas que se creen invulnerables. Pero a falta de pruebas hay presunciones muy bien fundadas de que allí reside la banda criminal responsable del atentado contra Venezuela. Misma a la cual se subordina por completo la “oposición democrática” de ese país ante el silencio cómplice de los medios hegemónicos y los desacreditados custodios de la democracia y los valores de la república, agrupados en el nauseabundo Cartel de Lima.

El sabotaje eléctrico es una versión perfeccionada de los proyectos de desestabilización y golpes de estado que el gobierno de Estados Unidos ha aplicado desde siempre. Tomemos el caso del plan concebido para acabar con la izquierda en El Salvador en la década de los ochentas. Según testificara ante el Senado Robert White, un ex embajador de EEUU en ese país, “los de Miami explicaron …. que para reconstruir el país primero había que echarlo totalmente abajo: se tenía que hundir la economía, el desempleo tenía que ser masivo, había que acabar con el gobierno y había que poner en el poder a un ‘buen’ oficial que llevase a cabo una limpieza completa matando a trescientos, cuatrocientas o quinientas mil personas. … ¿Quiénes son esos locos y cómo actúan? … Los más importantes son seis (empresarios) inmensamente ricos… Traman conjuras, organizan reuniones constantemente y dan instrucciones a XX”. ( Ver Oliver Stone y Peter Kuznick, Historia no oficial de Estados Unidos (Buenos Aires: El Ateneo, La Feria de los Libros, 2015, p. 630.) El gobierno de Estados Unidos, en nombre de la burguesía imperial, busca hacer exactamente lo mismo, pero apelando a un armamento muchísimo más perverso, si cabe, para demoler la economía y destruir la sociedad venezolanas para luego reconstruirlas para su exclusivo beneficio. Como hicieron en Irak, en Libia, como trataron de hacer en Siria y en el Líbano. Y los “XX” de ahora son los Guaidó, Borges, López, Machado, Ledezma, toda esa oposición cipaya y vendepatria que en un imperdonable e inolvidable alarde de ignominia aplaude el terrorismo que Washington descarga sobre tu propio pueblo.

¿Prevalecerá el imperio en su afán no sólo de acabar con el gobierno de Maduro sino de hacer lo propio con la nación venezolana, con la patria de Bolívar, de Miranda, de Zamora, de Chávez? No creo. Hay un dato significativo que abona mi esperanzada respuesta: en el fragor de un ataque brutal, masivo y persistente como el actual no se ha registrado ni un solo saqueo, ni un solo disturbio, ninguna bandera blanca agitándose para confesar su rendición. Inclusive en los barrios del Este de Caracas hay una tensa calma pero nada más. Hasta ahora la promoción del caos y la violencia ha fracasado, y esto es una gran noticia. Y una lección importante, que habla de enjundia de ese bravo pueblo al que le canta el himno nacional de Venezuela y que no se doblegará ante el criminal ataque de Estados Unidos. Mientras tanto, sería bueno que la fiscalía de la Corte Penal Internacional iniciara una investigación sobre la responsabilidad que le cabe al gobierno de Estados Unidos en la comisión de delitos de lesa humanidad como los que actualmente padece el pueblo de Venezuela.