07 agosto, 2026

El poder social se construye antes de hacerse visible — Vijay Prashad

 

Rigaud Benoit (Haití), Marketplace [Mercado], 1965.


Tricontinental – 06/08/2026


No consiste en calles llenas o elecciones ganadas, sino en la capacidad paciente y organizada de la clase trabajadora para convertir la dignidad en el sentido común de la época.


Queridas amigas y amigos,


Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.


Desde la hambruna de Bengala de 1943 hasta la elección del gobierno del Frente de Izquierda en 1977, el movimiento comunista de Bengala Occidental, en la India, fue consolidando pacientemente su fuerza entre la clase trabajadora, el campesinado, las personas refugiadas, el estudiantado y lxs trabajadorxs de la cultura. A través de campañas por la comida y la tierra, la construcción de poder sindical, la movilización de las personas refugiadas y la resistencia a la represión estatal, la izquierda hizo más que conquistar demandas inmediatas: creó instituciones de lucha, formó generaciones de organizadorxs y desarrolló una cultura política en la que los agravios de distintos sectores del pueblo podían entenderse como parte de una lucha común. La victoria de 1977 no generó repentinamente poder social en las urnas, sino que reveló el poder social que se había construido a lo largo de más de tres décadas.


A veces se confunde la energía popular con el poder social. Cuando un líder político convoca grandes multitudes, una consigna circula velozmente por las redes sociales, una manifestación llena las calles, se dice que un movimiento se ha vuelto poderoso. Estas pueden ser señales de visibilidad, entusiasmo o impulso, pero no son necesariamente prueba de fuerza organizada. Una multitud puede dispersarse, una elección puede perderse y una consigna puede desaparecer tan rápido como llegó. El poder social es algo más profundo: es la capacidad organizada de una clase para actuar en la sociedad, orientar las aspiraciones del pueblo y convertir su comprensión del mundo en parte del sentido común de la época.


La clase capitalista posee poder social no solo porque es dueña de fábricas, bancos, minas, plataformas digitales y latifundios, sino también porque ha construido instituciones que transforman sus intereses en los intereses aparentes de la sociedad. Sus medios de comunicación presentan la protección de la riqueza privada como la defensa de la libertad. Sus economistas describen los recortes del gasto público como “responsabilidad fiscal”, sus instituciones educativas enseñan que la competencia es una expresión de la naturaleza humana y sus leyes consideran los derechos de propiedad como más importantes que los derechos a la alimentación, la vivienda y una vida digna. La clase capitalista no necesita convencer a todo el mundo de su visión del mundo: solo necesita que sus supuestos parezcan naturales, fijar los límites de la discusión respetable y asegurar que las alternativas parezcan poco realistas incluso antes de haber sido consideradas. Esto es la hegemonía capitalista: la capacidad de la clase dominante de organizar el consenso en torno a un orden social que sirve a sus intereses mientras aparenta expresar los intereses de la sociedad en su conjunto.


El poder social capitalista no descansa solo en el consenso, sino en la combinación de consenso y coerción: los medios de comunicación y las escuelas, pero también la policía, los tribunales y las cárceles. Por ejemplo, antes que la policía pueda romper una huelga, los periódicos deben retratar a quienes la organizan como personas egoístas. La clase dominante ejerce el poder social convirtiendo su visión del mundo en sentido común, mientras mantiene las instituciones coercitivas listas para defender esa visión cuando el consenso comienza a fracturarse.


Sin embargo, la hegemonía capitalista nunca es completa mientras las promesas de la sociedad capitalista choquen una y otra vez con las realidades de la vida de la clase trabajadora. En la India, por ejemplo, las recientes protestas encabezadas por la juventud han dejado al descubierto una contradicción aguda: a lxs jóvenes graduadxs se les dice que la educación garantiza empleo, pero lo que espera a muchxs tras egresar es el desempleo y el trabajo precario. Tales contradicciones crean la posibilidad de un nuevo sentido común, pero el sufrimiento no produce automáticamente conciencia socialista. La inseguridad puede dar lugar a la solidaridad, o puede usarse para persuadir a las masas de culpar a las personas migrantes, las castas oprimidas, las minorías religiosas o racializadas, las mujeres u otrxs trabajadorxs. La crisis de una vieja hegemonía puede abrir el camino a la izquierda, a través de la organización y la lucha, o puede abrir el camino a la extrema derecha, a través del miedo, el resentimiento y la búsqueda de chivos expiatorios. Las condiciones no hablan por sí solas: deben ser interpretadas, y la disputa por su interpretación es parte de la lucha por el poder social. Pero la interpretación no se forma en abstracto. Se forja en la actividad colectiva.


Las luchas campesinas por el control de la tierra desafían la santidad de los derechos de propiedad, mientras que las luchas de las mujeres muestran que la dominación en el hogar no es un asunto privado, sino parte de la organización social del poder. Toda lucha seria contiene un proceso de formación: el pueblo aprende quién está con él, quién se le opone y qué instituciones se declaran neutrales mientras defienden el orden existente. Descubre en sí mismo y en lxs demás capacidades que la sociedad capitalista le enseña a subestimar. Por eso el poder social no puede construirse solo mediante la comunicación. Los afiches, los periódicos, los videos y las campañas en redes sociales son importantes, pero no pueden sustituir a la organización. Las personas no cambian su comprensión del mundo por el mero hecho de encontrarse con el argumento correcto. La conciencia cambia mediante la participación en la actividad colectiva.


La movilización reúne a la gente en torno a un acontecimiento. La organización la mantiene unida y desarrolla su capacidad de lucha sostenida. La movilización puede expresar la rabia. La organización transforma la rabia en memoria, disciplina, dirección y estrategia. El poder social emerge cuando la energía popular se convierte en capacidad organizada. Se construye a través de los sindicatos, las asociaciones campesinas, las organizaciones de mujeres, los comités barriales, las escuelas de formación política, las instituciones culturales, los medios de comunicación comunitarios y los partidos revolucionarios. Estas instituciones preservan las lecciones de una lucha y las llevan a la siguiente. Mediante el trabajo paciente de construir tales organizaciones, el poder social va formando las capacidades que requiere una nueva sociedad.


La fragmentación de la clase trabajadora es una de las fortalezas del capital. La clase trabajadora está dispersa entre fábricas y campos, oficinas y escuelas, hogares y mercados informales. Quienes trabajan, siendo esenciales para la producción y la reproducción social, ven que a menudo se les niegan sus derechos políticos y que su aporte a la sociedad es frecuentemente menospreciado. El capital convierte esa dispersión y ese menosprecio en división: a lxs trabajadorxs del sector formal se les dice que teman a lxs trabajadorxs informales; a la ciudadanía, que tema a las personas migrantes; a lxs trabajadorxs urbanxs, que desdeñen al campesinado; y a los hombres, que traten la emancipación de las mujeres como una amenaza. Las diferencias religiosas, raciales, étnicas, de casta y lingüísticas se convierten en líneas permanentes de división política. La tarea de la organización socialista no es fingir que esas diferencias no existen, ni exigir que cada lucha se disuelva en una unidad de clase abstracta. Es construir unidad mostrando cómo las distintas formas de opresión están atadas a un mismo orden social.


En nuestra tradición, la construcción de esa unidad se llama la creación de un “bloque histórico”: una alianza de fuerzas sociales unida no solo por un acuerdo temporal, sino por un proyecto político común. Un bloque así debe estar arraigado en la clase trabajadora y responder a las aspiraciones de todas las personas cuyas vidas son deformadas por el capital, el imperialismo, el patriarcado, el racismo, la opresión de casta y la destrucción de la naturaleza. Un programa político no puede ser una lista de verificación en la que a cada grupo social se le asigna una demanda separada. Debe ofrecer una explicación coherente de la crisis y una dirección creíble para la sociedad, mostrando cómo la salud pública, la reforma agraria, el empleo digno, la liberación de las mujeres, la reparación ecológica y la soberanía nacional pertenecen a un proyecto común. La clase dominante dice que la sociedad debe organizarse en torno a la libertad del capital. Un bloque histórico socialista debe insistir en que la sociedad se organice en torno a la dignidad del trabajo y la reproducción de la vida. Así es como el poder social se vuelve hegemónico: no mediante una estrategia comunicacional, sino a través de la construcción de dirección política, por la organización y la lucha.


La clase dominante ofrece una interpretación emocional del mundo. Le dice a la clase trabajadora que sus vecinos son peligrosos, que las personas extranjeras le están robando el futuro, que la pobreza es vergonzosa y que la acción colectiva es inútil. Cultiva el resentimiento e impide, al mismo tiempo, que ese resentimiento se convierta en una comprensión del sistema, dirigiendo la rabia legítima hacia quienes tienen todavía menos poder. Este es el terreno emocional sobre el que se organiza la extrema derecha actual. Ofrece pertenencia a quienes se sienten abandonados, orgullo a quienes han sido humillados y certeza a quienes viven vidas precarizadas. Sus explicaciones son falsas, pero el dolor al que habla es real.


Una política socialista que responda solo con estadísticas seguirá siendo débil. Debe ofrecer dignidad, compañía, coraje y esperanza, no como consignas vacías, sino como experiencias creadas por medio de la organización. La cultura es central en este trabajo: las canciones, la poesía, el teatro, las artes visuales y los rituales colectivos preservan la memoria histórica y ofrecen imágenes de un futuro que todavía no puede describirse por completo en documentos de política pública. La cultura revolucionaria no solo enseña al pueblo a qué oponerse, sino también en qué busca convertirse. El poder social requiere una batalla de ideas porque la clase dominante presenta su dominación como sentido común. También requiere una batalla de emociones porque el sentido común no se sostiene solo con argumentos, sino también con miedo, deseo, vergüenza y esperanza.


El poder social es indispensable, pero no suficiente. Un movimiento puede crear organizaciones populares fuertes mientras la clase capitalista sigue controlando la inversión, la producción y el aparato coercitivo del Estado. Por eso el proyecto socialista debe desarrollar una estrategia para traducir el poder social en poder gubernamental y para transformar el propio Estado. No obstante, las victorias electorales no deben confundirse con la culminación de ese proceso. Un partido de izquierda puede formar gobierno mientras los bancos, las corporaciones, la alta burocracia, la judicatura, la oficialidad militar y los monopolios mediáticos permanecen bajo la influencia del viejo bloque dominante. Por ello un gobierno de izquierda debe fortalecer la organización independiente del pueblo. Las organizaciones populares no deben convertirse en defensoras pasivas de ministrxs afines. El poder social es lo que permite que un proyecto sobreviva más allá de un gobierno, una elección o una generación de dirigentes.


Existe la tendencia a ver la política solo en el momento de la cosecha: quién ganó la elección, quién formó gobierno, qué ley se aprobó y qué palacio se ocupó. Pero nada se cosecha sin un trabajo previo, largo y en gran medida invisible. Se seleccionan y se siembran las semillas, se repara el suelo, se acarrea el agua y se protege a las plantas jóvenes del calor y las enfermedades. Casi todo ese trabajo se olvida cuando por fin se recogen los frutos. Sin embargo, la construcción del poder social es ese trabajo paciente: ocurre cuando un militante imparte una clase de formación política tras una larga jornada, cuando una organizadora sindical visita a un trabajador que teme ser despedido, cuando las mujeres crean un comité contra la violencia, cuando el campesinado estudia la estructura de la deuda agrícola y cuando lxs jóvenes forman un grupo cultural en un barrio abandonado por el Estado. Ninguna de esas acciones transforma la sociedad por sí sola, pero juntas crean un pueblo capaz de transformarla.


Lo que le falta al pueblo no es capacidad, sino los medios organizados para reconocerla, combinarla y ejercerla. El poder social comienza cuando el pueblo deja de verse a sí mismo como quien solo padece la historia y comprende que puede hacerla.


Cordialmente,


Vijay



06 agosto, 2026

Lo que no calcularon, nuestra animalización — Laidi Fernández de Juan

 


Segunda Cita – 04/08/2026


En medio de esta caótica situación que vivimos, donde la supervivencia prima, y la resiliencia, la inventiva y una resignada forma de aceptar lo inevitable predominan, poco a poco adquirimos propiedades que jamás imaginamos. Quienes nos cercan hasta el límite, nos imponen restricciones crudelísimas, y nos obligan a un permanente estado de vigilia que mina nuestro sistema nervioso central, o sea, todo nuestro cuerpo, no calcularon la naturaleza intrínseca del pueblo cubano: la empecinada fuerza de inventar, de salir a flote, de transformar mecanismos, cosas, hasta entonces incalculables. Esta categoría de resistencia no aparece en ningún manual. Es algo que hemos ido adquiriendo a lo largo de muchos años de carencias y sus consiguientes alternativas. No voy a comparar un período con otro, esta crisis con la anterior, ni cuánto hemos sacrificado, porque eso debilitaría el actual estado de inmediatez ante lo precario de nuestra existencia.


Si hace medio año nos parecía descomunal no disponer de servicios básicos durante 4 o 6 horas al día (el abasto de agua, la imprescindible electricidad, el gas para cocinar, la conexión telefónica digital o fija), ya hemos llegado al punto de disponer de dichos servicios por una escasa hora cada día, lo cual nos obliga a una animalización paulatina, a unas habilidades que jamás planeamos ni supusimos posibles. Esto no significa ni de lejos que nos complazca ni aceptemos las transformaciones con beneplácito, todo lo contrario. Los nervios de todos están crispados, a flor de piel, con una irritación tremebunda que explica que riñamos como bestias por un pedazo de pan, por el derecho vial o por un simple cubo de agua. Entre otras razones, porque nada es simple ni prescindible.


Todos necesitamos agua, alimentos, luz, gas, medicamentos al costo que sea, aunque ello implique la progresiva animalización a la que hago referencia. Ejemplos son muchos, me limitaré a unos pocos.


Aunque viole leyes de fisiología humana, ya hemos desarrollado cierta visión nocturna, como si fuéramos gatos o murciélagos. En penumbras desde hace seis meses, en la madrugada vemos siluetas de la mesa del comedor, identificamos el sillón de la sala y la mesita de noche sin que suframos caídas. El oído adquiere nuevas capacidades, también inimaginables antes de esta guerra que libramos día a día. Ya no nos asusta el revoloteo de alguna mariposa equivocada que no encuentra ventana por donde salir. Esas impresionantes tataguas o mariposas brujas que a veces se cuelan en nuestras casas, se pasean sin que les caigamos a escobazos, como antes. Ya no nos asustan ni creemos que vendrán malos augurios. Esos ya los tenemos. Los ratones mordisquean las esquinas de las habitaciones y los bordes de los rodapiés sin que les hagamos mucho caso. No solo porque estamos extenuados luego de librar batallas durante el día, sino porque en nuestra nueva escala de valores, sentir (oír o ver) roedores o seres voladores no reviste importancia. Los huevos de gallina explotan debido al intenso calor y a la falta de refrigeración. Doy fe del ruido que causan cuando revientan, pero ya sabemos que no es una bomba lo que ha explotado en la cocina, sino un huevo, y aunque es una fatalidad, no es el fin del mundo. Al menos del mundo que habitamos ahora mismo.


Como si fuéramos cocodrilos, sangramos muy poco, o nada. El otro día se desplomó una linterna pesadísima sobre una de mis cejas. En condiciones normales, hubiera brotado sangre del arco superciliar lastimado, pero ahora no. Como si el cuerpo, las plaquetas y la cascada fisiológica de la coagulación comprendieran que no hay hilos ni agujas de sutura, ni desinfectantes ni algodón ni gasa ni luz en el policlínico, la frente, las cejas y la cara toda se reprime, y ni un chichón deja constancia del traumatismo. Somos reptiles, gatos, murciélagos.


Como elefantes sabios, como delfines amables, como mariposas multicolores vamos aceptando un nuevo modo de vivir, que varía constantemente, además. Puede ocurrir que la bendita hora de electricidad nos llegue a mitad de la noche. En un estado de vigilia constante, ni chistamos. Cada miembro de la familia se lanza de la cama con velocidad de guepardo porque sabemos que en cuestión de minutos hay que cargar los pocos equipos que tenemos, los móviles, los ventiladores, además de lavar, de cocinar, de limpiar y si acaso planchar aunque sean las 3 de la madrugada. Parecemos curieles ansiosos haciendo todo a la vez, con frenesí. Luego, como koalas somnolientos pasamos el resto del día, para volver a adquirir la sensibilidad táctil de un topo cuando llegue la oscuridad (metafórica y real).


Estoy convencida de que nuestros opresores no calcularon que estas inusuales y antinaturales adaptaciones nos permitirían la sobrevida. Ya la inmensa mayoría de nosotros pertenecemos a los denominados “cubanos de a pie”, y vamos al mercado como si fuéramos miembros de un equipo de patos, de gansos o de hormigas, en fila silenciosa a procurar alimentos, arrastrando carritos con ruedas, o cajas de madera adaptadas para tales fines.


Por muy dura, difícil, engorrosa y asfixiante que sea nuestra corrosiva cotidianidad, por muy animalizados que estemos, y por muy lejana que sea la esperanza, no vamos a dejarnos derrotar. Porque nuestra convicción de pueblo imbatible, hablando en plata, nos conmina a saber que por muy oscuro que sea el panorama (y lo es, sin duda), el sol, cualquiera que sea, saldrá cada mañana de cada día. Aunque solo sea para decirle al delfín, al conejo, al gato o al cocodrilo que somos. "Buenos días, aquí estoy".


Agosto, 2026



04 agosto, 2026

¿CRISIS EN EL FLANCO SUR DE LA OTAN? (SEGUNDA PARTE) — Andrés Piqueras

 


El blog de Andrés Piqueras – 03/08/2026


Los muertos de la estratagema yanqui-sionista para debilitar a la UE y al gobierno español a través de una "desbandada transfronteriza" en el enclave colonial de Ceuta son ya más de 70 reconocidos oficialmente por el gobierno español a la hora de escribir estas líneas, aunque las autoridades ceutís hablan de 88 cadáveres recuperados del mar, y la Asociación Marroquí de Derechos Humanos señala más de 130 víctimas. Vidas sacrificadas, sea cual sea el número definitivo, en pro de fines perversos.


Atendamos, pues, a los varios objetivos confluyentes detrás de tal estratagema.


En primer lugar, tenemos que considerar la reconfiguración estratégica del Estrecho de Gibraltar. Con el bloqueo (y los disputados peajes) en el Estrecho de Ormuz, más la creciente dificultad de navegación por el Estrecho de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo, cada vez resulta más determinante para acceder al Mediterráneo y al ente sionista que ocupa Palestina, el Estrecho gibraltareño. Estados Unidos busca, por tanto, un control más firme y "fiable" de este Estrecho para gobernar el tránsito por él, con las bases a un lado y otro del mismo (en territorio marroquí y andaluz) listas para, bajo su mando absoluto, utilizarlas en una fase más decididamente bélica. Aquí entra también la base militar de Gibraltar –en la que habrá que detenerse en otra ocasión– y todas pudiendo albergar armas nucleares en momentos precisos.


En congruencia con ello, desde la perspectiva del gobierno ultra y sionista (o podemos decirle simplemente ultrasionista) de Estados Unidos, el arrastre de la juventud marroquí (así como de menores, sin que parezca importarla un pimiento a la ministra española de la infancia) a las peligrosas aguas del Estrecho entre un mar y un océano, hay que entenderla también dentro del proceso de ultraderechización de Europa que USA y el Poder Sionista Mundial (PSM) en él empotrado están llevando a cabo en un proceso de ingeniería social de gran envergadura, como ya escribimos aquí (LA ULTRADERECHIZACIÓN DE EUROPA – El blog de Andrés Piqueras), y que se corresponde con el que se viene realizando en el continente americano, como también comentamos previamente en varios lugares (LA GUERRA TOTAL ENTRA EN UNA NUEVA FASE DE INTENSIFICACIÓN – El blog de Andrés Piqueras; https://www.youtube.com/watch?v=Goc04Mua2Yo).


Es por eso que rápidamente las ya asentadas versiones más salvajes europeas del capital han comenzado a cuestionar la "capacidad española" de mantener las fronteras de la Unión. Su sucursal ultraderechista española (PP-Vox y demás sucedáneos regionales del Reino) se ha sumado a ese carro sin considerar ni por un momento aparentar defender la soberanía española con la que tanto se llenan la boca. Con ello se contribuye a extenuar un gobierno ya acosado por el sionismo, que instiga y financia a la derechona brutal (así, la relación entre la esperpéntica Isabel Díaz Ayuso y el empresario israelí Haim Tsuff, presidente del grupo energético Eco Energy / Eco Wave Power, con intereses en infraestructuras y energía en varios países, puede hacer entender la encendida defensa del ente sionista y su genocidio por la presidenta madrileña, también el que "alguien" la sostenga frente a todos sus despropósitos, corrupciones y "daños colaterales" a la ciudadanía madrileña. Asimismo, el empresariado sionista tiene en marcha el creciente apoyo a Vox). Más aún cuando el reciente viaje del presidente del gobierno intenta cambiar el enorme gasto que supone la compra de gas estadounidense, por el mucho más barato y cercano gas argelino.


El estrechamiento de lazos USA-Reino de Marruecos tiene que ver también con los minerales raros que hay en las arenas saharauis y con el puerto de Dajla que se construye en sus aguas, que proporcionará salida a todo el Sahel y buena parte del África occidental, cuando esté plenamente operativo en 2029.


En ese orden de cosas, la autopista Tiznit–Dajla (tragicómicamente rebautizada como "Autopista Donald J. Trump"), es un proyecto estratégico con apoyo político-económico estadounidense, de 1.000–1.055 km de longitud, que conecta Tiznit → Guelmim → Laâyoune → Dajla. Infraestructura que refuerza la ocupación territorial marroquí en el Sáhara Occidental y facilita el acceso al Puerto Atlántico de Dajla, un nodo logístico de gran importancia para Marruecos y sus patronos.


Podemos hablar también del centro multidominio de experimentación militar y drones (AFRICOM). Estados Unidos y Marruecos han firmado un memorando para construir un "centro permanente de entrenamiento, experimentación y doctrina militar", que incluye academia de drones, centro de innovación y experimentación tecnológica, complejo de entrenamiento multidominio (tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio), y que forma parte de la hoja de ruta de cooperación militar 2026–2036, convirtiendo a Marruecos en una plataforma regional de operaciones y transferencia de capacidades militares, en la que el ente sionista, por delegación gringa, tiene mucho que decir.


Así que Estados Unidos y el PSM (con los tentáculos de su brazo armado sionista que ocupa Palestina) han puesto sus ojos sobre Ceuta y Melilla, para mostrar o amenazar con que están dispuestos a entregárselas a la monarquía alauita que tiraniza a su propio pueblo, si no se siguen a pies juntillas sus dictados.


Este es el mensaje que envió Trump, que dice sobre todo por lo que no dice.



["Traducción": Trump elogia "el sabio liderazgo" de Mohamed VI que de tan degenerado apenas se sostiene de pie y reitera la soberanía marroquí en el Sáhara en su felicitación por la Fiesta del Trono. "EEUU es claro: reconocemos la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y apoyamos la propuesta marroquí de una autonomía seria, creíble y realista como única base para alcanzar una solución". t.me/tsanoticias]


Pero quien sí dice es el Congressional Research Service (CRS) –organismo técnico que asesora al Congreso mediante informes analíticos–, que alude por primera vez a los territorios "que administra España y que reivindica Marruecos".


¿Empezamos a entender lo que está en juego?


Con todo lo hasta aquí indicado, como cuando Trump reclama Groenlandia, no sólo se están haciendo saltar las cuadernas de la UE –que ya de por sí tienen que retener bastantes intereses discrepantes y más a menudo de lo que quisieran, contradictorios–, sino que a la postre se tensa aún más la propia OTAN. El juego de USA-PSM en estos momentos es de "todo o nada", lo que significa alineación completa, sin fisuras, a sus dictados, por lo que la OTAN está reestructurándose –o seleccionándose– en función de estas circunstancias. Veremos en qué queda.


La migración es terreno fácil para todos esos propósitos porque el avance de las consecuencias del capitalismo degenerativo en el que estamos, lleva a acentuar la desposesión de las sociedades y, en general, a la destrucción de las condiciones de vida de la mayor parte de la humanidad. En ello se incluye la guerra sucia de distintos tipos y calibres contra unas u otras poblaciones. Conforme se agrava ese proceso, multitudes buscan desesperadamente ir hacia los que se consideran como "últimos flotadores" en el océano de Caos generado por el capital: las formaciones centrales del Sistema Mundial capitalista (eso que suele coincidir con lo que se autodenomina "Occidente"). Una humanidad sobrante para el Capital que se mueve hacia los lugares que considera de última supervivencia. Por eso precisamente se ha convertido en principal reclamo electoralista de la campaña de ultraderechización (¿renazificación?) de Europa y resto de "Occidente", su arma de combate para trepar y contra cualquier atisbo de socialdemocratizar la política.


Pero utilizarla a discreción, para tantos fines a la vez, puede acarrear el riesgo de que el proceso de las tensiones y fracturas se vaya de las manos. No puede dejarse de tener en cuenta que son cada vez más millones los que están dispuestos a morir cruzando fronteras.


Sobre el "efecto llamada" del que hablan las versiones más salvajes del capital, incluyo unas fotos que "explican" bien, sin palabras, lo que aquí hemos dicho al respecto de la estratagema sobre Ceuta:


(Gentileza de Antonio Arnau)

Quiero cerrar este texto con un recuerdo a todas las víctimas ahogadas en el Estrecho, por el antojo criminal de estos monstruos.


NOTA. Es de interés, para ponerse en antecedentes, prestar atención, por ejemplo, a estos artículos:


1/ https://www.infopolitica.es/p/lo-que-washington-escribio-sobre-ceuta?utm_source=share&utm_medium=android&r=6oqa3g&triedRedirect=true

2/ De la Marcha Verde a Ceuta: cincuenta años de la misma injerencia, los mismos cómplices. | Diario Octubre

3/ https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/08/02/pensamiento-critico-la-guerra-hibrida-llega-a-ceuta/



03 agosto, 2026

La guerra híbrida llega a Ceuta — Xavier Villar

 


Segunda Cita – 03/08/2026


La suspensión de Schengen por parte de Italia y el discurso de la extrema derecha se suman a las sospechas de una guerra híbrida con la vista puesta en el castigo a España.


Lo sucedido en Ceuta, uno de los territorios españoles en el África continental, ha desatado un doble debate. En el plano interno, la derecha y la extrema derecha han acusado al Gobierno de Pedro Sánchez de "dejadez frente a la invasión". El presidente, por su parte, calificó los hechos como una "violación de la integridad territorial de España", sentenciando: "Ceuta es una ciudad española y lo ocurrido ayer merece toda nuestra condena y nuestro rechazo". Sin embargo, el debate más sugerente desde la perspectiva geopolítica, y eje central de este artículo, es el posible papel de Israel en los supuestos esfuerzos por castigar a Madrid por su apoyo a Palestina.


La crisis se desencadenó el pasado jueves 30 de julio, cuando cerca de 50.000 personas procedentes de Marruecos lograron franquear la frontera de Ceuta. Las autoridades confirmaron el fallecimiento de al menos 72 personas ahogadas en el intento. No obstante, este viernes fuentes del Ministerio del Interior apuntaban que más de 48.000 de estos migrantes ya habían regresado a territorio marroquí.


Las especulaciones sobre un presunto respaldo israelí a lo que diversos medios ya definen como una "guerra híbrida" contra España cobraron fuerza tras la viralización en redes sociales de artículos publicados a principios de año por analistas próximos a Israel. Estos sostenían que Washington y Tel Aviv deberían respaldar las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla como mecanismo de presión sobre Madrid.


En marzo, Michael Rubin, investigador principal del American Enterprise Institute, instó a Rabat a organizar una nueva "Marcha Verde" hacia los enclaves españoles. En un texto publicado por el Middle East Forum, Rubin propuso que ciudadanos marroquíes se dirigieran a Ceuta y Melilla con excavadoras, cruzaran la frontera desarmados e izaran la bandera de Marruecos. Presentó esta iniciativa como una respuesta a lo que él mismo describió como la «hipocresía anticolonial» de España.


No es la primera vez que Marruecos instrumentaliza a su propia población. Ya lo hizo en abril de 2021, cuando utilizó a unos 12.000 migrantes, incluidos miles de menores, como ariete en la frontera de Ceuta. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Principalmente, la posición de España y su proyección internacional: desde su rechazo a participar en una eventual guerra contra Irán hasta su crítica feroz al genocidio en Gaza.


En esta línea, el politólogo portugués Bruno Maçaes recordaba recientemente un artículo de abril en el que analistas proisraelíes instaban a Tel Aviv a ayudar a Marruecos a tomar el control de Ceuta para escarmentar a España. Conviene recordar que Madrid reconoció al Estado de Palestina en mayo de 2024 y, posteriormente, decretó un embargo de armas, prohibió el atraque en puertos españoles a buques con combustible para el ejército israelí y vetó el tránsito de aeronaves con armamento destinado a Israel a través de su espacio aéreo. Tel Aviv denunció estas medidas como antisemitas, lo que motivó la llamada a consultas de la embajadora española.


Otro texto publicado en abril por el medio israelí Ynet sugería que Israel podría utilizar su influencia en Washington para facilitar a Marruecos la "recuperación" de Ceuta y Melilla. Su autor, Amine Ayoub, también miembro del Middle East Forum, planteó el respaldo a las reivindicaciones territoriales de Rabat como un castigo a España por cuestionar las políticas estadounidenses e israelíes. Ayoub esbozó tres vías de presión: señales diplomáticas directas de apoyo a Marruecos, cabildeo en Washington y campañas acusando a España de hipocresía por reconocer Palestina. Su conclusión era clara: ayudar a Rabat a "recuperar" los enclaves serviría para "escarmentar" a un aliado de la OTAN que había osado desafiar a Washington y Tel Aviv.


El propio Maçaes sentenciaba en la red social X que todos los indicios apuntaban a un "ataque híbrido más que a una mera cuestión migratoria".


Las relaciones entre Marruecos, Israel y Estados Unidos añaden otra capa de complejidad al análisis. En 2020, Rabat firmó los Acuerdos de Abraham con Israel, impulsados por la Casa Blanca, a cambio de que Washington reconociera su soberanía sobre el Sáhara Occidental. Aquel pacto incluyó el respaldo explícito al plan de autonomía marroquí, abandonando décadas de ambigüedad diplomática en favor de una posición nítida. Israel completó este triángulo estratégico en julio de 2023, cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu reconoció formalmente la "marroquinidad" del Sáhara.


Como muestra de esta nueva política, Marruecos bautizó recientemente una autopista de 1.055 kilómetros que conecta Tiznit con Dajla como "Autopista Presidente Donald J. Trump". Esta infraestructura busca erigirse en un instrumento deliberado de poder estatal y una expresión física de su soberanía sobre el Sáhara Occidental, territorio clasificado por la ONU como no autónomo y pendiente de descolonización. Mientras Rabat reclama la soberanía total, el Frente Polisario, que representa al pueblo saharaui, defiende su independencia y mantiene en el exilio la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), pese a su escaso reconocimiento internacional.


A la luz de estos antecedentes, resulta evidente que lo acaecido en Ceuta trasciende la mera inmigración, aunque esta se utilice como herramienta decisiva para condicionar la política doméstica española y, por extensión, la europea. De hecho, la crisis ha servido para visibilizar no solo las fracturas de la UE, sino una auténtica ofensiva política contra España orquestada por varios de sus socios. Todo comenzó con la inesperada y, para muchos analistas, desproporcionada reacción del Gobierno italiano de Giorgia Meloni, exigiendo "el endurecimiento de la política migratoria de España". Roma anunció este viernes la suspensión de los acuerdos Schengen con Madrid, activando los controles fronterizos para los ciudadanos extracomunitarios que viajen en avión o barco entre ambos países. A la postura italiana se sumaron rápidamente Polonia, Finlandia, Austria, la República Checa y Dinamarca.


La pregunta es, por tanto, obvia: ¿a quién beneficia esta crisis? En primer lugar, a Marruecos, que siempre ha defendido la "marroquinidad de Ceuta y Melilla". En segundo, a Israel, que observa con satisfacción al Gobierno de Pedro Sánchez en un momento de profunda vulnerabilidad, de cara a influir en las próximas elecciones generales de 2027. Valga como ejemplo la actitud del embajador israelí en la ONU, Danny Danon, quien publicó en X: "España, que nunca pierde la oportunidad de dar lecciones a Israel, ha declarado el estado de emergencia en Ceuta tras la crisis por su política de inmigración". Poco importaba que Madrid no hubiera declarado tal estado de emergencia; el objetivo de Danon era mediatizar el caos y colocar al Ejecutivo español en el banquillo de la opinión internacional.


En la misma línea se ha manifestado la administración Trump, otro de los grandes beneficiados. La cuenta oficial del Departamento de Estado publicó un mensaje mostrando su "solidaridad con el pueblo de España y con todos los europeos frente a esta flagrante violación de su soberanía y de sus derechos humanos", para acto seguido añadir: "Este incidente inaceptable es consecuencia directa de los esfuerzos deliberados del Gobierno español por permitir y facilitar la inmigración ilegal masiva hacia Europa".


El vicepresidente estadounidense, JD Vance, recalcó por su parte que la situación en España es "un lamentable recordatorio de las consecuencias de la migración masiva y de las políticas globalistas de la izquierda radical".




Por último, a nivel doméstico, el gran beneficiario es Vox. La formación de extrema derecha, alineada con Trump e Israel, encuentra en la inmigración, especialmente la musulmana, el eje central de su discurso. Un relato que no solo busca criminalizar al otro, sino difundir la teoría del reemplazo poblacional y la pérdida de la homogeneidad nacional; es decir, la defensa de una supuesta "blanquitud" entendida no en términos fenotípicos, sino culturales.


Todo parece indicar que este episodio de guerra híbrida contra España ha funcionado como un severo recordatorio de que las acciones políticas no son gratis, y de que alejarse de Estados Unidos e Israel tiene un precio.


https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/08/02/pensamiento-critico-la-guerra-hibrida-llega-a-ceuta/




30 julio, 2026

La trampa del rutinario recuento de muertos — Ramzy Baroud

 

Savage Minds – 30/07/2026


Omar Ghabin, de 14 años, mira a la cámara mientras carga una bolsa con objetos que recogió del vertedero en Deir al-Balah, en el centro de la Franja de Gaza, el jueves 23 de julio de 2026. Foto: Abdel Kareem Hana


Las palabras "muerto", "herido", "mutilado" y similares a menudo pierden gran parte de su significado cuando se repiten rutinariamente.


Un ejemplo, este titular: «13 palestinos muertos en Gaza, otros heridos». Si bien muchos de nosotros aún sentimos una profunda tristeza por semejante tragedia, con el tiempo la noticia en sí misma se vuelve cada vez menos impactante.


Según cifras proporcionadas por el Ministerio de Salud palestino en Gaza, Israel ha matado y herido a un total de más de 250.000 palestinos desde el inicio del genocidio en 2023.


El recuento se actualiza diariamente porque la matanza nunca cesa.


El 23 de julio, seis palestinos fueron asesinados en Gaza. El día anterior, murieron 13, y el día anterior a ese, otros nueve, y así sucesivamente.


Es este “así sucesivamente” lo que nos hace perder, con el tiempo, la noción de lo que realmente implican estas tragedias. Se trata de personas inocentes que mueren quemadas vivas en sus tiendas de campaña, víctimas de atentados con bomba en sus coches o asesinadas mientras intentaban disfrutar de un breve respiro del calor abrasador en la playa.


Entre los nueve fallecidos el 21 de julio, una familia entera, incluyendo cuatro niños pequeños, fue aniquilada en un solo ataque. A medida que se multiplican los informes sobre la matanza diaria de palestinos por parte de Israel en Gaza, los periodistas a menudo descuidan humanizar a las víctimas.


Una fotografía que circulaba en las redes sociales mostraba a tres de esos niños: un niño con una camiseta que decía "Playa de Santa Mónica"; su hermana con gafas y una camisa rosa, que sostenía con orgullo un certificado de reconocimiento de su escuela; y su hermana menor, posando con delicadeza.


Estas tres figuras representan a cada niño palestino asesinado desde el inicio de este genocidio. Según estimaciones de la ONU y organizaciones internacionales, más de 21.000 niños han muerto en Gaza, y decenas de miles más han quedado mutilados o sepultados bajo los escombros.


Si bien la rutina diaria de asesinatos hace que la tragedia parezca menos impactante para quienes sólo escuchan las cifras, se vuelve infinitamente más trágica para quienes deben sufrirla directamente. En Gaza, ninguna familia se ha librado de la pérdida de seres queridos, lo que agrava el dolor día tras día.


No existen palabras para describir el dolor colectivo de Gaza.


Lo que hace que la tragedia sea aún más insoportable es que el mundo entero sabe lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en Gaza, pero no hace nada al respecto. Llevamos la cuenta de las cifras, señalamos la barbarie de Israel, denunciamos el fracaso de las instituciones internacionales y meneamos la cabeza con desesperación.


Sin embargo, el resultado sigue siendo el mismo: el número de muertos aumenta y cada día se generan nuevas estadísticas que nos recuerdan la magnitud de la crisis.


Un informe conjunto de la FAO, UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos, publicado el 23 de julio, reveló que 1,4 millones de palestinos en Gaza se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria.


El informe también advirtió que se prevé que más de 74.000 niños menores de cinco años necesiten tratamiento urgente por desnutrición aguda durante el próximo año.


Este informe se publicó el mismo día en que las autoridades sanitarias de Gaza actualizaron la cifra oficial de muertos a más de 73.311 palestinos. Esa cifra ya es mayor ahora, ya que han muerto más personas desde entonces.


Ese mismo día, Thameen Al-Kheetan, de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), declaró que "ningún lugar en Gaza puede considerarse seguro".


Esa afirmación es cierta, por supuesto, pero también es algo bien conocido en el mundo actualmente. Nadie lo cuestiona. Y, sin embargo, nadie actúa: Israel sigue bombardeando, el Congreso estadounidense continúa asignándole más armas y el resto del mundo sigue contando los muertos.


Mientras tanto, Israel, que ha tomado el control de aún más territorio en Gaza desde el llamado alto el fuego, está construyendo enormes barreras de tierra que se extienden a lo largo de unos 23 kilómetros a través de la Franja.


Aunque nunca fue justo desde el principio, ni siquiera el plan original de Trump para Gaza mencionaba la construcción de fronteras internas, el robo de tierras adicionales o la concentración de palestinos desplazados en pequeños enclaves dentro de un territorio ya de por sí reducido.


El plan a largo plazo de Israel no consiste sólo en mantener el control militar permanente sobre Gaza, como han declarado altos funcionarios israelíes, sino también en prolongar su tormento indefinidamente.


Mientras escribo este artículo, los medios informan que cuatro palestinos más acaban de morir. Es improbable que la cifra se mantenga ahí; el ejército israelí rara vez mata en pequeñas cantidades.


Pero incluso estas cifras, aunque pequeñas, representan a seres humanos cuyo dolor no puede medirse en estadísticas, resumirse en declaraciones oficiales ni reducirse a titulares trillados.


Los supervivientes tampoco se aferran a la vana promesa de que el derecho internacional prevalezca sobre la impunidad amparada por Estados Unidos. La historia ha vuelto cínicos a los palestinos. Durante generaciones, a través de cada masacre y robo de tierras desde la Nakba de 1948, la espera de justicia no ha dado más que promesas vacías y un número creciente de muertos.


La única diferencia entre el pasado y el presente es que hoy todos sabemos, vemos y oímos exactamente lo que está sucediendo en Gaza y en toda Palestina.


Lo mínimo que podemos hacer es negarnos a darle la espalda o a reducir el genocidio que presenciamos a meras cifras.


Si permitimos que eso suceda, nosotros también nos convertimos en culpables: Israel es quien mata, utilizando armas estadounidenses, mientras nosotros nos quedamos de brazos cruzados, contando los muertos y meneando la cabeza ante el triste estado del mundo.