19 octubre, 2026

Zelensky: héroe para la UE, payaso para Trump, terrorista para Putin ­— Dr. Brovkin

 


Transcripción del vídeo del Dr. Brovkin titulado: "Zelensky: un héroe para la UE, un payaso para Trump, un terrorista para Putin".


Bienvenidos a «Historia y política con el Dr. Brovkin». Hoy, queridos amigos, suscriptores y visitantes de mi canal, me gustaría hablar sobre Zelensky en Bruselas. Tengo tres cuestiones que quisiera destacar hoy para, en cierto modo, arrojar luz sobre lo que está ocurriendo.


La primera cuestión es si la Unión Europea puede, efectivamente, mantener a Zelensky —o, digamos, al régimen ucraniano— en el poder. Esa es la pregunta clave. La segunda es: cuáles serán para Zelensky las consecuencias políticas de su disputa y agrio conflicto con el presidente Trump. Y la tercera consiste en una breve actualización sobre la situación militar en Ucrania, especialmente dado que hoy Putin ha hablado al respecto en la televisión rusa.


Vayamos directamente al primer punto: ¿qué está ocurriendo con Zelensky en Bruselas? Se celebró una importante reunión de los jefes de Estado de la Unión Europea en la que se debatió el presupuesto y, como es habitual, Zelensky intentó ser el centro de toda atención. A primera vista, todo parecía seguir como siempre: abrazos, besos, discursos, entrevistas... Zelensky se encontraba en su elemento, siendo el foco de atención, recibiendo los aplausos de los presentes, concediendo entrevistas, guiñando un ojo, sonriendo y haciendo todo tipo de histriónicos gestos. Todo transcurría tal y como a él le gusta, como si nada hubiera cambiado. Pero la realidad es que las cosas sí han cambiado. El mensaje que Zelensky transmitió a la UE —ya no centrado en que está ganando la guerra o en que está obligando a Rusia a sentarse a negociar— es muy sencillo: más dinero, más armas y más sanciones contra Rusia. Además, añadió algo nuevo: si la Unión Europea no accede a sus peticiones, aseguró que 20 millones de refugiados ucranianos llegarán a Europa; y, acto seguido, el ejército ruso invadirá el continente, convertirá a todos sus habitantes en esclavos, lo destruirá todo, etcétera. Ese es, en esencia, su mensaje.




Los líderes de la Unión Europea —ya saben, esos europeos tan corteses— han estado dándose abrazos, besos y todo lo demás. Como de costumbre, se han mostrado unidos en torno a Ucrania, reiterando que el país seguirá siendo una prioridad y prometiendo más fondos, más armamento, etcétera. Pero aquí está la cuestión: si contrastamos esto con la realidad, vemos que la situación no encaja en absoluto con las fantasías de Ursula von der Leyen y Kaja Kallas. Se han entregado a Ucrania 2.500 millones de dólares —de los 45.000 millones prometidos para este año, de los cuales ya se habían desembolsado 28.000 millones—, y, supuestamente, hay otros 45.000 millones previstos para el próximo año. Sin embargo, Zelensky quiere más; según sus cálculos, necesita otros 70.000 millones adicionales, sumados a los 45.000 millones de este año y al total de 90.000 millones comprometidos anteriormente. Cabe recordar que esos 90.000 millones debían reembolsarse mediante reparaciones de guerra por parte de Rusia. Pero para los líderes europeos resulta cada vez más evidente que no habrá tales reparaciones, porque Rusia no va a ser derrotada; de hecho, si alguien va a ser derrotado, será Ucrania. En otras palabras —y esta es la clave, queridos amigos—, Europa no tiene dinero propio; su única opción es endeudarse en los mercados de bonos.


Por otro lado, tenemos a Macron y al polaco Sikorski, ambos hablando de lo mucho que es necesario ayudar a Ucrania. Pero analicemos la situación política en estos países. Macron, apenas un día después de abandonar Bruselas, se encuentra hoy rodeado por todas partes de estudiantes en pie de guerra. En Francia se está produciendo, prácticamente, una revolución: hay enfrentamientos callejeros en todas las grandes ciudades y cientos de miles de personas en las calles, y ya no se trata sólo de estudiantes. El movimiento de los «chalecos amarillos» ha resurgido, y la catástrofe financiera de Francia es indescriptible —un tema que, por sí solo, merecería un análisis serio y detallado—. Macron no tiene dinero para destinar a Ucrania, ni siquiera para ajustar las pensiones. Y, quizás lo más importante: Marine Le Pen anunció ayer que, de resultar elegida presidenta, no destinará absolutamente ningún fondo a Ucrania. Y no es por falta de simpatía hacia Ucrania, sino porque Francia simplemente no tiene dinero. Que sean otros países, con más recursos, quienes asuman esa carga.


Por otra parte, resulta interesante señalar que España atraviesa actualmente una crisis, con jóvenes que protestan y se manifiestan contra el costo de la vida. Sin embargo, Sánchez se pronunció a favor de Ucrania y de su integridad territorial. Me pregunto: ¿por qué le preocupa tanto la integridad territorial? Posiblemente se trate de una preocupación relacionada con Cataluña. Si Cataluña se separara, se estaría vulnerando un «tabú» intocable: la integridad territorial de España. Pero permítame recordarle, señor Sánchez, que el Donbás no es Ucrania, basta con estudiar la historia. Ucrania lo recibió en 1922 de manos del camarada Lenin. Las fronteras cambian —es algo natural—, y la población rusa del Donbás votó a favor de separarse de la Ucrania «banderista» (en 2015, de hecho); por tanto, no estamos ante una cuestión de integridad territorial.


Por último, una mención sobre Merz, quien ha estado diciendo —ya saben— que sigue apoyando a Ucrania. Ayer, Alice Weidel pronunció un discurso en el Bundestag en el que detalló la cantidad de miles de millones que se han destinado a Ucrania, mientras muchas personas pierden sus empleos y la industria se desploma. Además, planteó que, si Estados Unidos —bajo el mandato de Trump— puede comprar diésel ruso, entonces Alemania también debería hacerlo, y propuso extender esto no sólo al petróleo, sino también al gas. Esto significa, queridos amigos, que las tendencias políticas en Francia y Alemania —representadas por figuras clave que actualmente están en la oposición y que bien podrían llegar al poder (en Francia el próximo año, y en Alemania al siguiente)— se oponen a la línea de acción actual que, a pesar de todo, siguen defendiendo Ursula von der Leyen y Kaja Kallas. Para cerrar este punto, añadiré que Europa no tiene dinero y que lo único que hace es endeudarse. Pero no es posible endeudarse eternamente. Precisamente esto es lo que ha metido a Macron en problemas: ha recurrido al endeudamiento —creo que por valor de tres mil millones en los dos últimos años—, lo cual resulta insostenible. Además, en una democracia, un déficit presupuestario no puede simplemente ocultarse, debe ser aprobado por el Parlamento, una cámara que él no controla.


Hablemos ahora un poco sobre el caso de Zelensky y Trump. Ya conocen todos los detalles, así que no hace falta que los repita. Lo que quiero señalar es que, mientras los líderes europeos ensalzan a Zelensky como un héroe, el presidente de los Estados Unidos lo califica de «hombre de circo». Lo tilda de ladrón y, en un discurso público, mencionó que se habían entregado miles de millones de dólares a Ucrania —a Zelensky—, preguntándose: «¿Dónde está ese dinero?». Acto seguido, él mismo responde en nombre de Zelensky: «Estas armas se vendieron en los mercados mundiales». En resumen, la brecha entre Estados Unidos y Europa respecto a Zelensky es absoluta y total. Es más, fue en Bruselas donde Zelensky tachó a Trump de «traidor» —alegando haber sido traicionado—, y sus colaboradores fueron aún más lejos. Ni siquiera puedo repetirles lo que dicen sobre Trump. La consecuencia política es que, a mi parecer, la ruptura es definitiva. No creo que se pueda disimular endulzando la imagen de Zelensky —como ocurrió en septiembre de 2025, cuando los líderes de la UE acudieron en masa a Washington para intentar convencer a Trump de que apoyara a Zelensky—. Esto se ha acabado. No tiene vuelta atrás. La ruptura es total y definitiva, y el apoyo de Estados Unidos a Zelensky va a desaparecer, de hecho, ya prácticamente ha cesado. Esto conlleva repercusiones políticas, sobre todo porque Zelensky desafió abiertamente al presidente Trump al afirmar que los ataques ucranianos contra instalaciones petroleras rusas continuarán.


Y así, abordamos el tercer punto de la discusión de hoy: las consecuencias de este conflicto y este enfrentamiento con el presidente Trump para la situación interna en Ucrania, tanto en el plano político como en el militar. En el vídeo anterior hablé de ciertos sectores en torno al señor Goncharenko, sectores que ahora abogan por limitar las pérdidas y llegar a un acuerdo con Rusia. Goncharenko ha sido marginado y expulsado de su partido. Es evidente que la élite gobernante en Ucrania aún no está dispuesta a aceptar este punto de vista. Sin embargo —y esto ocurrió justo ayer—, la señora Skorokhod, miembro del Parlamento (la Rada) y quien suele ofrecer análisis muy interesantes sobre la política ucraniana, afirmó que personas muy cercanas a Zelensky pretenden derrocarlo. Se trata de una declaración bastante sorprendente, aunque no especificó quiénes son estas personas ni por qué quieren derrocarlo, sospecho que se debe a que son conscientes de que la ayuda de Estados Unidos es fundamental —absolutamente indispensable— para Ucrania y que, por tanto, la ruptura entre Zelensky y Trump no es algo que se pueda maquillar.


Este es un momento decisivo y bien podría ocurrir, mis queridos amigos, que en un futuro, ya sea en cuestión de días o semanas, estas personas previsiblemente actúen y aparten del poder al que Trump calificó de «payaso». Por último, unas palabras sobre la situación militar. Hoy, las fuerzas rusas han tomado Dobropilia. El presidente Putin, en uniforme militar de combate, conversaba con los comandantes, quienes le informaron de este avance, así como de otros progresos en la región de Járkov. Putin señaló que, durante el mes de septiembre, se ha recuperado en el Donbás más territorio frente a las fuerzas ucranianas que en todo el periodo anterior: el avance de las tropas rusas se está acelerando. Sin embargo, hay un detalle crucial en sus palabras del que quiero llamar vuestra atención: al referirse al avance de sus fuerzas para la «liberación del Donbás» —una expresión habitual—, esta vez añadió algo más. No es la primera vez que menciona la «liberación del Donbás y de Novorossiya». Lo cual establece una diferencia fundamental, ya que Novorossiya abarca las provincias de Odesa, Dnipropetrovsk y Járkov, sumados a los cuatro territorios que conforman el Donbás. Esto sugiere que el territorio que se pretende limpiar de fuerzas ucranianas —y que pasaría a formar parte de la Federación Rusa— podría haberse ampliado para incluir toda la región de Novorossiya, desde Odesa hasta Járkov. 




Asimismo, dejó muy claro que el resto de Ucrania no formará parte de la Federación Rusa; no desean la presencia de los «banderistas» allí. Putin se limitó a señalar que Rusia necesita garantizar una seguridad absoluta en los territorios que permanezcan bajo soberanía ucraniana. Esto implica, probablemente, que Rusia ejercerá algún tipo de control sobre la naturaleza del gobierno que Ucrania tendrá tras la guerra. Estos son, pues, los puntos clave de los últimos días que he querido exponeros.


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18 octubre, 2026

"La lucha, que representa la vida, y la burguesía, que representa la muerte" — Frédéric Lordon

 

"Y, sobre todo, la insondable hipocresía de la cultura burguesa, al descubierto, que no hace nada con lo que lee, lo que ve ni lo que dice venerar: que celebra sólo para embalsamar y neutralizar, y que sólo los jóvenes, con su integridad, pueden redescubrir.


Entre la avalancha de fotos destinadas a pasar a la historia, una sin duda destacará.


Muestra a un niño esposado, sentado en el suelo junto a una furgoneta policial, dominado por los dos matones que lo arrestaron. Todo en la foto es oscuro: el encuadre oscurece la calle, el vehículo policial es oscuro, los dos matones con casco son la personificación de la oscuridad.


Pero un destello de luz irradia, literalmente salta de la imagen: el rostro del niño, mirando directamente a la cámara. Es hermoso, como un Rembrandt.


Todo el periodo se tornó melodramático, y esto no es una crítica. Melodramático: repleto de polaridades marcadas, por así decirlo, desde Rembrandt hasta Hugo. Está la lucha, que representa la vida, y la burguesía, que representa la muerte".


Frédéric Lordon. (Fragmento extraído de su artículo "La actual batalla épica en Francia estaba destinada a ocurrir tarde o temprano")


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Ángeles Maestro entrevista a Paula, profesora francesa, sobre las movilizaciones estudiantiles en Francia.




15 octubre, 2026

"La burguesía que tiende a reducir a sí misma la totalidad del universo" — Pier Paolo Pasolini

 

"Mientras, a espaldas de todos, la "verdadera" tradición humanística (no la falsa de los ministerios, de las academias, de los tribunales y de las escuelas) es destruida por la nueva cultura de masas y por la nueva relación que la tecnología ha instituido —con perspectivas hoy seculares— entre producto y consumo; y la vieja burguesía paleoindustrial está cediendo su sitio a una burguesía nueva que comprende, cada vez más y más profundamente, también las clases obreras, tendiendo finalmente a la identificación de burguesía con humanidad.


Este estado de cosas es aceptado por las izquierdas: porque no queda otra alternativa a esta aceptación que la de quedar fuera de juego. De aquí el general optimismo de las izquierdas, una vital tentativa de anexarse al nuevo mundo —totalmente distinto de cualquier mundo precedente— creado por la civilización tecnológica. Los izquierdistas van todavía más lejos en esta ilusión (protervos y exitistas como son), atribuyendo a esta nueva forma de historia creada por la cultura tecnológica, una potencialidad milagrosa de rescate y de regeneración. Ellos están convencidos que en este plano diabólico de la burguesía que tiende a reducir a sí misma la totalidad del universo, incluidos los obreros, terminará con la explosión de una entropía constituida así, y la última chispa de la conciencia obrera será capaz, entonces, de hacer resurgir de sus cenizas aquel mundo estallado (por su propia culpa) en una especie de palingenesia (viejo sueño burgués-cristiano de los comunistas no obreros).


Todos, por lo tanto, fingen no ver (o quizás no ven realmente) cuál es la verdadera nueva reacción; y así todos luchan contra la vieja reacción que la enmascara".


[...]



"Al mismo tiempo, el muchacho pequeño burgués, al adecuarse al modelo televisivo que, siendo su propia clase la que lo crea y lo impone, le es sustancialmente natural, se convierte extrañamente en rústico e infeliz. Si los subproletarios se han aburguesado, los burgueses se han subproletarizado. La cultura que ellos producen, al ser de carácter tecnológico y estrictamente pragmático, impide al «hombre» que está todavía en ellos desarrollarse. De allí deriva en ellos una especie de entumecimiento de las facultades intelectuales y morales".


Fragmentos extraídos de: ESCRITOS CORSARIOS (1975), de Pier Paolo Pasolini. (Aquí completo en pdf).




"Sería demasiado fácil, e inmoral en sentido histórico y político, que los hijos quedaran justificados –en lo que hay en ellos de sucio, de repugnante y de inhumano– por el hecho de que sus padres se hayan equivocado. Una mitad de cada uno de ellos puede estar justificada por la negativa herencia paterna, pero de la otra mitad son responsables ellos mismos. No hay hijos inocentes. Tiestes es culpable, pero sus hijos también lo son. Y es justo que se les castigue por esa mitad de culpa ajena de la que no han sido capaces de liberarse".


Fragmento extraído de: TIEMPOS SALVAJES (1976), de Pier Paolo Pasolini. (Aquí completo en pdf).


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13 octubre, 2026

El fascismo de ayer y de hoy — Nestor Kohan

 


La Jornada – 11/10/2026


Los fascismos no fueron "pecados de juventud" del capitalismo, allá lejos y hace tiempo. Están de moda. Contrariamente a la propaganda de Hollywood, ministerio de guerra sicológica disfrazado de entretenimiento, el fascismo nunca fue exclusivamente europeo o japonés, algo "exótico" ajeno a la sociedad estadunidense. El caso emblemático de Henry Ford (arquetipo del american way of life; confeso antisemita) y sus vínculos con Hitler resulta ilustrativo.


Desde Reagan a Trump, las vertientes fascistas y neofascistas han reverdecido. Allí hay lúmpenes y extravagantes. Pintorescos, bufonescos, marginales. Otros, en cambio, ocupan el centro de la escena. Trump y Marco Rubio son la cara pública de un Estado profundo, lo que Eisenhower denominó "el complejo militar industrial", hoy convertido en "complejo militar-industrial-tecnológico".


La categoría de "fascismo" no se reduce a una copia fotográfica color sepia de la toma de Roma en 1922 por las tropas de Mussolini ni al ascenso de los nazis de Hitler en Alemania en 1933. El "fascismo" constituye una categoría política y cultural mucho más flexible y amplia. Se va reciclando de modo diferente ante cada sociedad y cultura. Estados Unidos no es la excepción. Según el filósofo argentino León Rozitchner, hoy Estados Unidos es la prolongación del Tercer Reich alemán.


Por eso la persecución judicial contra el movimiento antifascista se intensifica en Estados Unidos. Y abarca desde movimientos sociales políticos, culturales y callejeros (como los "Antifa" en Estados Unidos), hasta colectivos informáticos (como los Autistici/Inventati [A/I] en Italia) o páginas webs de libre información (como La Haine en España).


Eso explica la asimetría escandalosa entre las condenas judiciales débiles y condescendientes a los asaltantes del Capitolio estadunidense y la rudeza "ejemplificante" contra los críticos del ICE.


Los sujetos que la extrema derecha de Trump y sus asesores identifican como "terrorismo" son en realidad cualquier tipo de disidentes que no acepten la supremacía blanca o la delirante Doctrina Monroe. Trump ve comunistas y "terroristas" (¡comillas, por favor!) debajo de la cama e incluso en la ventana de su vecino. Demasiado sobreactuado. Bizarro, de circo. Expresa un pánico irracional a la disidencia. Detrás del fortachón, hay un anciano débil e impotente, condenado varias veces por delitos de perversión por los propios tribunales estadunidenses.


Karl Popper (y Soros) nos aburrieron con su "sociedad abierta". George Orwell, escritor que recibió dinero de la contrainteligencia anglosajona, también. Estaban obsesionados con el "totalitarismo". Trump, heredero del Ku Klux Klan, Henry Ford, McCarthy y Reagan, condensa la pesadilla que quitó el sueño a Popper y Orwell, pero a un nivel superior: le agregó la tecnología. El apolillado y rancio fascismo estadunidense renació 2.0 acompañado de los ideólogos "neorreaccionarios" de la IA (partidarios de una supuesta "ilustración oscura") y de los programas de vigilancia masiva denunciados por Edward Snowden. Todo mezclado por este licuado de mayonesa y mermelada llamado "economía libertaria", lo más extremista y vulgar del neoliberalismo. Hasta Milton Friedman pasó de moda.


Estados Unidos se hundió en semejante pesadilla distópica por razones múltiples: la crisis mundial del capitalismo, el desafío geopolítico de los BRICS, la sobreproducción de capitales, el subconsumo popular, el auge del capital ficticio, la crisis demográfica y sanitaria, la emergencia climática… ¡Demasiadas crisis simultáneas!


Trump, presuntamente vinculado a un depravado como Epstein (muy probablemente agente extorsionador de la inteligencia israelí), tiene ribetes de lumpen. Pero si el complejo militar-industrialtecnológico lo remplazara por un profesor prolijo, "razonable" y educado, esa crisis permanecería inalterada. Lo mismo sucede con las guerras genocidas y neocoloniales, como las del Estado sionista en Asia occidental.


No quiero ser pesimista, pero el imperialismo contemporáneo no posee salidas "amables". La tercera guerra mundial en su dimensión técnica-militar está a la vuelta de la esquina. No depende de los modales de quienes dirijan Estados Unidos, Israel, la OTAN o Ucrania. Sólo podrá detenerse si se logra una muy difícil y compleja alianza/articulación entre las disidencias internas a esas potencias del imperialismo occidental, los pueblos sometidos del Sur global y los nuevos desafíos que lideran los BRICS. Estos tres vértices no tienen la misma ideología, cultura ni banderas. Por eso es muy difícil lograr dicha articulación.


La tercera guerra mundial ya comenzó, en un territorio previo: el de la comunicación, la ideología y la cultura. Lo que los ideólogos del Pentágono denominan "batalla cultural", malinterpretando y tergiversando a Antonio Gramsci, en realidad es una guerra sicológica-ideológica. Lograr el desarme moral y alcanzar la persuasión de que toda resistencia es imposible son objetivos político-militares.


Tanto Gramsci como su maestro Lenin advirtieron que los movimientos populares deben resistir en todos los terrenos, sin atarse a un exclusivo método de lucha. Las confrontaciones de nueva generación son híbridas. Pero el final, pienso, creo, espero, permanece abierto. Nada está decidido para siempre. Hay esperanza.


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12 octubre, 2026

Nuevo martillazo a la maltrecha economía europea — Andrés Piqueras

 

Zelenski, crupier del casino nazi que la oligarquía-OTAN 

tiene montado en Ucrania.



La GUERRA GLOBAL sigue su marcha. La agresión yanki-sionista contra Irán viene a dar un nuevo martillazo a la maltrecha economía europea.


La Guerra y el régimen de sanciones contra Irán afecta su capacidad de exportar petróleo y gas, y genera una tensión permanente en el Golfo Pérsico y en rutas como el Estrecho de Ormuz y el de Bab el-Mandeb, por donde pasa una parte significativa del petróleo mundial.


La continuación de esta agresión contra Irán conlleva la escalada del precio internacional (Brent) del petróleo, con efectos inmediatos en combustibles, transporte y logística. Y de ahí a los alimentos y bienes básicos, con precios ya calentados por la guerra económica contra Rusia, que más parece una autoflagelación de la clase capitalista europea contra sus propios intereses y contra los de sus poblaciones. La presión sobre los presupuestos públicos también se acentúa.


Ello va de la mano de la militarización creciente de las sociedades europeas y de los gastos militares. Así, por ejemplo, en la Declaración Final de Ankara los 32 estados miembros de la OTAN reiteraron su compromiso con la dictadura de corte nazi ucraniana y sus esfuerzos bélicos (en realidad colectivos de la OTAN) contra Rusia. El acuerdo implica movilizar unos 80.000 millones de dólares a través de dos mecanismos. En primer lugar, 32.000 millones procederían del préstamo que la Unión Europea ha concedido a la dictadura ucraniana; mientras que los 48.000 restantes serían aportados por los diferentes Estados aliados mediante contribuciones bilaterales. Esos mismos Estados que nutren nazis –con sus respectivas izquierdas parlamentarias aplaudiéndolos– son los que luego aseguran que no tienen presupuestos para mejorar la sanidad y la educación, solventar el problema de la vivienda, el transporte o, en general, la carestía de la vida que empobrece más y más a una mayor parte de la clase trabajadora. Por si fuera poco, se ha establecido que para 2027 el nivel de apoyo económico será similar.


De hecho, el consejo de ministros español, por ejemplo, acaba de autorizar una contribución de 50 millones de euros a la OTAN para enviar material militar a Ucrania, como aportación al programa PURL (Prioritised Ukraine Requirements List). Este programa, al que el Reino de España ya había aportado otros 150 millones de euros previamente, fue presentado en julio de 2025 y surge como respuesta a las exigencias estadounidenses de aumentar el gasto militar.


La ayuda financiera española a la dictadura de Ucrania desde 2022 asciende a casi 17.000 millones de euros. De ellos, aproximadamente 16.223 millones corresponden a compromisos indirectos a través de la UE. 641 millones corresponden a garantías directas y compromisos con instituciones financieras internacionales. La AECID había aportado 72 millones en ayuda directa no reembolsable.


La propia Comisión Europea afirma que el conjunto de la UE y sus Estados miembros ha movilizado 228.700 millones de euros para Ucrania desde el inicio de la guerra. Resumimos su desglose:


● 114.400 millones aportados o garantizados por el presupuesto de la UE.

● 77.900 millones en asistencia militar.

●Hasta 17.000 millones para atender a refugiados ucranianos dentro de la UE.

● 15.500 millones de apoyo adicional de Estados miembros.

● 3.800 millones procedentes de los rendimientos de activos rusos inmovilizados.


Para Europa en sentido amplio, un informe reciente del Parlamento Europeo habla de alrededor de 200.000 millones de euros movilizados por la UE y los Estados miembros, y señala que si se añaden países europeos como Reino Unido y Noruega el bloque europeo se ha convertido en el principal sostén de Ucrania tras la retirada estadounidense.


La creación del mecanismo PURL ilustra además una tendencia más amplia. Tras la decisión de Washington de dejar de financiar directamente buena parte del armamento suministrado a Kiev, los gobiernos europeos han pasado a sufragar la compra de equipos fabricados por la industria militar estadounidense. El Reino de España, por ejemplo, ya ha comprometido 150 millones de euros a este programa. Este mecanismo refleja a todas luces una relación económica asimétrica en la que Europa aporta financiación mientras que una parte significativa de los beneficios industriales recae sobre empresas norteamericanas.


¿Cómo funciona?


Según las explicaciones difundidas sobre el mecanismo PURL, Ucrania identifica necesidades prioritarias, el SACEUR (Comandante Supremo Aliado en Europa) y la OTAN coordinan la determinación de las capacidades requeridas, y posteriormente los aliados financian paquetes de armamento y munición suministrados por Estados Unidos. [infodefensa.com].


Primer paso: el régimen proto-nazi de Ucrania elabora una lista de necesidades en materia de equipamiento militar europeo.


Siguiente: el Pentágono da su visto bueno y ofrece a sus aliados un catálogo de material estadounidense listo para enviar o rápidamente producible.


Tercero: los países financiadores depositan su dinero (normalmente en paquetes de 500 millones) con lo que todo está listo para que se ejecute el envío.


Así que el mecanismo PURL constituye un procedimiento mediante el cual fondos aportados por los Estados europeos y otros aliados financian la adquisición de armamento fabricado en Estados Unidos para Ucrania. Dicho en términos más cáusticos, esta es una de las vías mediante las que Estados Unidos se hace con el dinero público europeo. Pero es sólo una más. Las relaciones económicas con Estados Unidos rara vez (o nunca) son simétricas y se basan en la posición de fuerza del gigante imperialista. Incluso los tratados comerciales son disparatados, por ejemplo, en el firmado en agosto de 2025, se reducen o eliminan trabas y aranceles para los productos agrícolas estadounidenses y se gravan con un 15% las exportaciones europeas. Teniendo en cuenta que la normativa en cuanto a insecticidas o fertilizantes es mucho más laxa para los agricultores estadounidenses, y que los latifundios de explotación intensiva yanquis son enormes, la soberanía alimentaria de los países europeos se pone en serio peligro. Nuestros agricultores no pueden competir.


Pero veamos más referencias de lo que se destina a la Guerra.


La Agencia Europea de Defensa (EDA) informó en julio de 2026 que el gasto militar conjunto de los 27 países de la UE alcanzó 418.000 millones de euros en 2025, equivalente al 2,2% del PIB de la UE. Además, proyecta 454.000 millones de euros en 2026 (2,4% del PIB). Lo cual supone +20% entre 2024 y 2025; +75% respecto a 2021 [eda.europa.eu], [consilium.europa.eu].


Según el informe anual de la OTAN publicado en 2026, los aliados europeos y Canadá gastaron 574.000 millones de dólares en 2025, un 20% más que en 2024, aumentando un 15% sólo este año, según datos del SIPRI y la OTAN. Entre 2021 y 2025 Europa y Canadá han protagonizado el mayor incremento de gasto militar desde el final de la espuriamente bautizada como “Guerra Fría” [france24.com], [nato.int].


En resumen, buscando destinar por imposición de Estados Unidos el 5% del PIB en la industria de la muerte (eso que llaman “Defensa”), Europa ha duplicado su gasto militar en cinco años. El déficit presupuestario de la zona euro (2,9% del PIB) y la deuda pública (que ronda el 88–90 % del PIB) no han hecho sino resentirse crecientemente con ello, pues para costear todo esto las autoridades europeas tuvieron no sólo que incrementar la deuda y el déficit, sino también bombear más recursos de sus poblaciones subiendo los impuestos, aumentando la deuda nacional y su servicio, y también recortando el gasto social.


La otrora “locomotora europea”, Alemania, por ejemplo, cerró el 2025 con una deuda de 2,8 billones de euros, el 63,5% de su PIB, unos 34.000 euros per cápita.


Déficit y deuda pública (según Eurostat)


Unión Europea


En 2025:

● déficit público UE: 3,1% del PIB

● deuda pública UE: 81,7% del PIB.

En la zona euro:

● déficit: 2,9% del PIB

● deuda: 87,8% del PIB.

Algunos países (2025)




El caso francés probablemente sea el ejemplo más representativo. Según datos oficiales del INSEE para 2025:


● crecimiento del PIB: 0,8%

● déficit: 5,1% del PIB

● deuda: 115,6% del PIB

● gasto público total: 57,2% del PIB.


Además, la Comisión Europea prevé para el Estado francés:


● déficit del 5,1% también en 2026

● deuda del 118,1% del PIB en 2026

● alrededor del 120% en 2027. Los pagos por intereses de la deuda francesa habrían aumentado hasta el 2,6% del PIB en 2026, según la Comisión Europea.


Así que no es de extrañar que Francia sea de nuevo uno de los puntos de ebullición de Europa. El aumento de los costes financieros, junto con la desaceleración económica, el encarecimiento energético y el incremento del gasto estratégico y militar, estrecha el margen presupuestario del Estado francés y alimenta los conflictos sociales sobre pensiones, sanidad, servicios públicos y salarios.


Y es que, repetimos, en diferentes ámbitos, desde el armamentístico a la vivienda, la energía o la alimentación, la población europea está siendo saqueada. La espiral de retroalimentación negativa en el destrozo de las condiciones de vida se manifiesta como imparable:


Más Crisis – más gastos militares (la Guerra para el capital siempre fue una vía de escape a sus crisis) – más carestía de la vida – más deterioro de los servicios sociales – más autoritarismo y represión social – más gastos policiales – menor capacidad de consumo de las poblaciones – menor dinámica económica – más explosión social – más Crisis…


Fijémonos en un ejemplo de cómo se expresa este círculo decadente en un indicador tan básico como la fertilidad (y es que alguien ya ha hecho la inteligente broma de que al proletariado le están quitando hasta la prole).



La militarización social tiene una gran responsabilidad en todo ello. Pero sus consecuencias sociales van todavía más allá.


El aumento simultáneo de gasto militar, costes energéticos, endeudamiento público y pago de intereses reduce el margen fiscal de los Estados europeos y no puede sino alimentar conflictos en los diferentes sectores económicos, además de acentuarlos sobre pensiones, sanidad, educación, vivienda, condiciones laborales y salarios.


La lucha está servida.


[Lo vemos en la próxima y última entrega]


Fragmento extraído de: LA DESTRUCCIÓN DE LAS SOCIEDADES EUROPEAS (SEGUNDA PARTE), de Andrés Piqueras.


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10 octubre, 2026

LOS DESAHUCIOS SON EL SÍNTOMA. EL SISTEMA ESTÁ PODRIDO — Augusto Zamora

 


El desahucio de una anciana de 87 años, de una vivienda que llevaba 70 años habitando, ha sido la espoleta que ha hecho estallar el horror –no puede calificarse de otra forma–, en que ha sido convertido el derecho esencial a la vivienda en España, país que, según la OCDE, lidera el crecimiento económico en ese gueto caníbal que es hoy la zona euro. La especulación inmobiliaria ha convertido la vivienda en botín de especuladores, con efectos catastróficos en el tejido social de España, ensañándose con jóvenes y sectores vulnerables. En un país donde el salario medio ronda los 1.700 euros, el precio de un apartamento básico puede costar entre 1.000 y 1.500 euros, haciendo imposible, para los sectores medios y pobres, alquilar una vivienda mínimamente digna. Una residencia de estudiantes puede costar, la habitación, 1.200 euros, convirtiendo la enseñanza superior en una cuestión de ricos. Los pobres quedan excluidos, de facto, aunque ningún político –hasta el desahucio de la anciana– se dignara en tocar el tema. Salvo sectores residuales de la antigua izquierda, el horror que lleva años abatiéndose sobre la vivienda no era tema que les ocupara. Los que hoy pasan por ‘izquierda’ son un club de señoritos idiotizados, más preocupados de mantener sus sillones y prebendas que de las desgracias que abaten a millones de ciudadanos empobrecidos por un sistema social-darwinista del que se han convertido en vergonzantes valedores.


No es fenómeno sólo español. En Berlín, donde un 60% de población vive de alquiler, el salario medio es de 2.200 euros y el arriendo de una vivienda de dos habitaciones puede costar 1.500 euros. El partido de izquierda Die Linke, ganó las elecciones en Berlín con una propuesta rotunda sobre la vivienda. Pedían «socializar» a los grandes casatenientes, incluyendo la expropiación, para incorporar al mercado inmobiliario público 220.000 viviendas en manos de oligopolios. Obligar a los propietarios de más de 50 pisos a reservar una cuota de sus viviendas para personas vulnerables. Promover la construcción de nuevas viviendas para que el sector público represente no menos del 30% del total de viviendas en la capital alemana. Incluso pedían legalizar la ocupación de viviendas que lleven más de un año vacías. Recogemos el programa de Die Linke para poner en evidencia la mierda en que se ha convertido la ya pseudoizquierda española, que está a años luz de plantearse –siquiera en sueños– algo parecido a las propuestas de Die Linke, que ya veremos si son capaces de hacerlas efectivas. 


Las medidas propuestas –congelar alquileres, prohibir desahucios extremos y limitación hasta 2030 a la compra masiva de viviendas por fondos buitres– están lejos de tocar un pelo del problema real, que es el acaparamiento de inmuebles por oligopolios y bancos, como resultado del modelo de liberalismo salvaje promovido por una putrefacta Unión Europea. Los decretos de la progresía española encajan en lo que advertían Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: "Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa". Actualizando el término, hablaríamos de la perduración del neoliberalismo. Medidas cosméticas que tendrían como objetivo último desactivar la protesta social, poniendo parches a un modelo económico-social que se cae a pedazos.


Porque los brutales desahucios que se vienen sucediendo son la expresión más cruel del modelo económico y social adoptado por la UE e impuesto, como dogma medieval, a todos sus miembros. Un modelo que descansa sobre dos pilares esenciales. Uno, el capital debe disponer de libertad absoluta y de poder para acapararlo todo. Dos, los Estados deben abstenerse de promover los derechos económicos, sociales y culturales para validar, desde la política, el funcionamiento irrestricto del gran capital. Es el anciano "laissez faire laissez passer", dejar hacer, dejar pasar, nacido en el siglo XVIII, elevado a los altares en el siglo XIX y resucitado de entre los muertos por el cadáver que es la UE. El eslogan social-darwinista ha sido asumido por casi todos los partidos, sindicatos y similares, haciendo de la política una banalidad, pues gane Chana o gane Juana, gobierne quien gobierne, hará lo mismo, salvo políticas cosméticas vinculadas a temas marginales, que sirven, a su vez, para pintar de izquierda a los perjuros.


De esa guisa, los fondos de los grandes, medianos y pequeños consorcios de especuladores se pasean por toda la Europa comunitaria como buitres carroñeros, devorando hasta el último hueso de las sociedades famélicas, con consecuencias devastadoras en el sector inmobiliario. Nadie pone coto al latrocinio porque ese latrocinio forma parte del sistema. "Es" el sistema. El Parlamento Europeo, el club de sabandijas más selecto del mundo, ha hecho estudios sobre el tema y lo mismo han hecho otros órganos de la llamada Europa comunitaria, todos igualmente inútiles y de puro efecto maquillaje. No en balde, 10.000 lobbies empresariales campan a sus anchas en Bruselas, repartiendo sobornos y prebendas, para garantizar que los señores europarlamentarios no perturben el saqueo cotidiano de los países miembro.


La causa de la crisis habitacional no hay que buscarla fuera del sistema, sino dentro de él, donde está incrustada como un cáncer maligno fomentado por las caspas dirigentes, que son las primeras en beneficiarse de un sistema económico-social depredatorio. El neoliberalismo, abrazado como dogma de fe, es la causa y uno de sus tantos efectos son dramas como los desahucios, que es lo más visible y desastroso, pero no lo único.


Bajo el lema "todo vale en un mercado irrestricto", el gran capital actúa como tsunami, destruyendo cuanto puede destruir. La acumulación obscena de capital ha provocado que grupos oligopólicos lo controlen todo: bancos, medios de comunicación, viviendas, áreas productivas y un infinito etcétera. Como se expresa en el Manifiesto Comunista, "La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital". Los procesos electorales devienen en meros rituales políticos, porque los partidos se han convertido en administradores de los oligopolios. Sigamos con el Manifiesto Comunista: "Hoy, el poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa". Los partidos y sindicatos que se dicen de izquierda se prestan a ser mampara de la obscena acumulación capitalista. Dentro del proceso de desmantelamiento de la izquierda, partidos políticos y sindicatos que antes fueron su brazo hoy son parte del mobiliario de los oligopolios, que los financian y les permiten una vida muelle.


Dos ejemplos ilustran el modus operandi en el sector vivienda, ya que hablamos de él. En la localidad de Manilva, provincia de Málaga, el fondo buitre Blackstone adquirió un bloque de viviendas pagando, de media, 14.000 euros por vivienda. Luego las vendió a 250.000 euros cada una. Blackstone hizo un gran negocio, mientras 62 familias fueron desahuciadas. Todo legal. Ana Botella, esposa del nauseabundo Aznar, cuando era alcaldesa de Madrid, vendió 1.850 viviendas públicas al fondo buitre Fidere, en 2012, pagando Fidere 69.000 euros por vivienda, que luego vendió a 630.000 euros cada una. ¿Pasó algo? Nada. No había ley que impidiera que las viviendas públicas fueran vendidas como chatarra. CaixaBank posee 21.815 viviendas; el fondo buitre Blackstone tiene 19.638; el consorcio CBRE, 8.096 viviendas; Cerberus, 6.936; el Banco Santander, 5.001 viviendas, y así. No son anomalías. Son el sistema en todo su pútrido esplendor.


Ilustremos en otros campos el proceso de acumulación capitalista. En 1980, existían, en España, unas 120 entidades bancarias y unas 80 cajas de ahorros. En este 2026, existen únicamente 6 grandes grupos bancario-financieros, que controlan alrededor del 80% de los activos totales españoles. En 1980, en Francia existían 400 instituciones bancarias. En el presente son 215 y disminuyendo. En Italia, en 1980, existían más de mil bancos (1.000 bancos, no es un error). Hoy operan 400. En ese mismo periodo, en Alemania se pasó de 5.355 instituciones bancarias a 1.329 bancos. Ocurre exactamente lo sostenida por Marx: la tendencia natural del capitalismo es la acumulación. Sin límite ninguno.


Atendamos otro sector, el de las empresas estatales. En 1980, el Estado, en España, era dueño de 130 grandes empresas públicas, que eran, además, las joyas de la corona de la economía española: Telefónica, Iberia, Tabacalera, Repsol… En 2026, el número de empresas públicas o participadas de forma mayoritaria por el Estado es de 14 empresas. De existir, en 1985, 800 empresas con participación estatal, se pasó a poseer sólo 100. La presencia estatal en el mercado bursátil español pasó del 16,64% en 1992 a un ridículo 0,34% en 1999. En la social Suecia, en 1980, el Estado poseía 140 grandes empresas públicas. Hoy no llegan a 40. Es el sistema cadaveritario europeo.


Veamos el otro lado del espejo. Las empresas públicas en la República Popular China controlan más del 60% del mercado chino y generan entre el 23% y el 28% del PIB de China. 150.000 grandes empresas mueven la economía china y 867.000 empresas tienen algún grado de participación pública. En China nada puede existir al margen del Estado y, muchísimo menos, en contra del Estado.


Rusia, resucitada de la pesadilla del dipsómano Yeltsin, está volviendo a la senda soviética. Las grandes empresas públicas dominan los sectores estratégicos de la economía de Rusia, como energía, defensa, banca y transporte. Gazprom, el gigante energético, está controlado por el Estado a través de Rosneftegaz; Transneft es un monopolio estatal que controla los oleoductos; Sberbank, el mayor banco de Rusia y uno de los mayores de Europa, lo controla el Banco Central de Rusia. Rostec, el gigante de la aviación, es estatal, como estatal es Rosatom, el gigante nuclear civil: Roscosmos, estatal; Russian Railways, estatal; Aeroflot, estatal… Y así, un larguísimo etcétera. ¿Qué pueden hacer las empresas europeas frente a estos cíclopes de la economía? Sólo una cosa: quebrar, como Volkswagen. O venderse a empresas chinas. Volvo, empresa estrella del automóvil sueca, es, hoy, propiedad del grupo chino Zhejiang Geely. Igual ha ocurrido con la italiana Pirelli, comprada por Sinochem. O el caso de la marca española Ebro, adquirida por el grupo chino Chery. La holandesa Philips, fabricante célebre de electrodomésticos, pertenece al fondo de inversión de Hong Kong Hillhouse Capital. Syngenta, el gigante suizo de semillas y agroquímicos fue comprado en 2017 por ChemChina.


Pongamos el ojo en otra ventanilla, la humana. El 20,9 % de la población de la Unión Europea (unos 92,7 millones de personas) se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, según datos de Eurostat. El 24,2% de la población infantil está en la pobreza o la marginalidad. En España, el 25,7% de la población (alrededor de 12,6 millones de personas) se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. La pobreza infantil afecta a casi el 34% de los menores. ¿Y la ‘izquierda’ qué dice? Nada. No la hay.


En lo inmediato, el enemigo a derrotar es la mafia inmobiliaria que ha provocado, con la connivencia de los entes estatales y políticos, la catástrofe nacional de la vivienda. En lo estratégico, el objetivo es destruir, desde sus cimientos, el sistema social-darwinista impuesto por la mafia mayor, incrustada como plaga en las instituciones europeas. Con Robespierre como guía. Al pulpo imperial-capitalista se le mata cortándole la cabeza.


Guillotinas aparte –que no apartadas–, recordemos estos pilares de la izquierda:


1. La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Si no cree en esto, será lo que será, incluso buena persona, pero no es de izquierda, la real.

2. Los sectores estratégicos (energía, banca, transportes, etc.) deber ser estatales.

3. El interés público debe primar siempre, siempre, siempre, sobre el interés privado.

4. Los derechos económicos, sociales y culturales deben primar sobre los derechos civiles y políticos. Si usted cree que es más importante votar que comer, le llenaremos su casa –si la tiene– de urnas y papeletas y la vaciaremos de frijoles.

5. La OTAN, como organización criminal que es, debe desaparecer.


Ya tiene un norte.


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