03 agosto, 2026

La guerra híbrida llega a Ceuta — Xavier Villar

 


Segunda Cita – 03/08/2026


La suspensión de Schengen por parte de Italia y el discurso de la extrema derecha se suman a las sospechas de una guerra híbrida con la vista puesta en el castigo a España.


Lo sucedido en Ceuta, uno de los territorios españoles en el África continental, ha desatado un doble debate. En el plano interno, la derecha y la extrema derecha han acusado al Gobierno de Pedro Sánchez de "dejadez frente a la invasión". El presidente, por su parte, calificó los hechos como una "violación de la integridad territorial de España", sentenciando: "Ceuta es una ciudad española y lo ocurrido ayer merece toda nuestra condena y nuestro rechazo". Sin embargo, el debate más sugerente desde la perspectiva geopolítica, y eje central de este artículo, es el posible papel de Israel en los supuestos esfuerzos por castigar a Madrid por su apoyo a Palestina.


La crisis se desencadenó el pasado jueves 30 de julio, cuando cerca de 50.000 personas procedentes de Marruecos lograron franquear la frontera de Ceuta. Las autoridades confirmaron el fallecimiento de al menos 72 personas ahogadas en el intento. No obstante, este viernes fuentes del Ministerio del Interior apuntaban que más de 48.000 de estos migrantes ya habían regresado a territorio marroquí.


Las especulaciones sobre un presunto respaldo israelí a lo que diversos medios ya definen como una "guerra híbrida" contra España cobraron fuerza tras la viralización en redes sociales de artículos publicados a principios de año por analistas próximos a Israel. Estos sostenían que Washington y Tel Aviv deberían respaldar las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla como mecanismo de presión sobre Madrid.


En marzo, Michael Rubin, investigador principal del American Enterprise Institute, instó a Rabat a organizar una nueva "Marcha Verde" hacia los enclaves españoles. En un texto publicado por el Middle East Forum, Rubin propuso que ciudadanos marroquíes se dirigieran a Ceuta y Melilla con excavadoras, cruzaran la frontera desarmados e izaran la bandera de Marruecos. Presentó esta iniciativa como una respuesta a lo que él mismo describió como la «hipocresía anticolonial» de España.


No es la primera vez que Marruecos instrumentaliza a su propia población. Ya lo hizo en abril de 2021, cuando utilizó a unos 12.000 migrantes, incluidos miles de menores, como ariete en la frontera de Ceuta. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Principalmente, la posición de España y su proyección internacional: desde su rechazo a participar en una eventual guerra contra Irán hasta su crítica feroz al genocidio en Gaza.


En esta línea, el politólogo portugués Bruno Maçaes recordaba recientemente un artículo de abril en el que analistas proisraelíes instaban a Tel Aviv a ayudar a Marruecos a tomar el control de Ceuta para escarmentar a España. Conviene recordar que Madrid reconoció al Estado de Palestina en mayo de 2024 y, posteriormente, decretó un embargo de armas, prohibió el atraque en puertos españoles a buques con combustible para el ejército israelí y vetó el tránsito de aeronaves con armamento destinado a Israel a través de su espacio aéreo. Tel Aviv denunció estas medidas como antisemitas, lo que motivó la llamada a consultas de la embajadora española.


Otro texto publicado en abril por el medio israelí Ynet sugería que Israel podría utilizar su influencia en Washington para facilitar a Marruecos la "recuperación" de Ceuta y Melilla. Su autor, Amine Ayoub, también miembro del Middle East Forum, planteó el respaldo a las reivindicaciones territoriales de Rabat como un castigo a España por cuestionar las políticas estadounidenses e israelíes. Ayoub esbozó tres vías de presión: señales diplomáticas directas de apoyo a Marruecos, cabildeo en Washington y campañas acusando a España de hipocresía por reconocer Palestina. Su conclusión era clara: ayudar a Rabat a "recuperar" los enclaves serviría para "escarmentar" a un aliado de la OTAN que había osado desafiar a Washington y Tel Aviv.


El propio Maçaes sentenciaba en la red social X que todos los indicios apuntaban a un "ataque híbrido más que a una mera cuestión migratoria".


Las relaciones entre Marruecos, Israel y Estados Unidos añaden otra capa de complejidad al análisis. En 2020, Rabat firmó los Acuerdos de Abraham con Israel, impulsados por la Casa Blanca, a cambio de que Washington reconociera su soberanía sobre el Sáhara Occidental. Aquel pacto incluyó el respaldo explícito al plan de autonomía marroquí, abandonando décadas de ambigüedad diplomática en favor de una posición nítida. Israel completó este triángulo estratégico en julio de 2023, cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu reconoció formalmente la "marroquinidad" del Sáhara.


Como muestra de esta nueva política, Marruecos bautizó recientemente una autopista de 1.055 kilómetros que conecta Tiznit con Dajla como "Autopista Presidente Donald J. Trump". Esta infraestructura busca erigirse en un instrumento deliberado de poder estatal y una expresión física de su soberanía sobre el Sáhara Occidental, territorio clasificado por la ONU como no autónomo y pendiente de descolonización. Mientras Rabat reclama la soberanía total, el Frente Polisario, que representa al pueblo saharaui, defiende su independencia y mantiene en el exilio la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), pese a su escaso reconocimiento internacional.


A la luz de estos antecedentes, resulta evidente que lo acaecido en Ceuta trasciende la mera inmigración, aunque esta se utilice como herramienta decisiva para condicionar la política doméstica española y, por extensión, la europea. De hecho, la crisis ha servido para visibilizar no solo las fracturas de la UE, sino una auténtica ofensiva política contra España orquestada por varios de sus socios. Todo comenzó con la inesperada y, para muchos analistas, desproporcionada reacción del Gobierno italiano de Giorgia Meloni, exigiendo "el endurecimiento de la política migratoria de España". Roma anunció este viernes la suspensión de los acuerdos Schengen con Madrid, activando los controles fronterizos para los ciudadanos extracomunitarios que viajen en avión o barco entre ambos países. A la postura italiana se sumaron rápidamente Polonia, Finlandia, Austria, la República Checa y Dinamarca.


La pregunta es, por tanto, obvia: ¿a quién beneficia esta crisis? En primer lugar, a Marruecos, que siempre ha defendido la "marroquinidad de Ceuta y Melilla". En segundo, a Israel, que observa con satisfacción al Gobierno de Pedro Sánchez en un momento de profunda vulnerabilidad, de cara a influir en las próximas elecciones generales de 2027. Valga como ejemplo la actitud del embajador israelí en la ONU, Danny Danon, quien publicó en X: "España, que nunca pierde la oportunidad de dar lecciones a Israel, ha declarado el estado de emergencia en Ceuta tras la crisis por su política de inmigración". Poco importaba que Madrid no hubiera declarado tal estado de emergencia; el objetivo de Danon era mediatizar el caos y colocar al Ejecutivo español en el banquillo de la opinión internacional.


En la misma línea se ha manifestado la administración Trump, otro de los grandes beneficiados. La cuenta oficial del Departamento de Estado publicó un mensaje mostrando su "solidaridad con el pueblo de España y con todos los europeos frente a esta flagrante violación de su soberanía y de sus derechos humanos", para acto seguido añadir: "Este incidente inaceptable es consecuencia directa de los esfuerzos deliberados del Gobierno español por permitir y facilitar la inmigración ilegal masiva hacia Europa".


El vicepresidente estadounidense, JD Vance, recalcó por su parte que la situación en España es "un lamentable recordatorio de las consecuencias de la migración masiva y de las políticas globalistas de la izquierda radical".




Por último, a nivel doméstico, el gran beneficiario es Vox. La formación de extrema derecha, alineada con Trump e Israel, encuentra en la inmigración, especialmente la musulmana, el eje central de su discurso. Un relato que no solo busca criminalizar al otro, sino difundir la teoría del reemplazo poblacional y la pérdida de la homogeneidad nacional; es decir, la defensa de una supuesta "blanquitud" entendida no en términos fenotípicos, sino culturales.


Todo parece indicar que este episodio de guerra híbrida contra España ha funcionado como un severo recordatorio de que las acciones políticas no son gratis, y de que alejarse de Estados Unidos e Israel tiene un precio.


https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/08/02/pensamiento-critico-la-guerra-hibrida-llega-a-ceuta/




30 julio, 2026

La trampa del rutinario recuento de muertos — Ramzy Baroud

 

Savage Minds – 30/07/2026


Omar Ghabin, de 14 años, mira a la cámara mientras carga una bolsa con objetos que recogió del vertedero en Deir al-Balah, en el centro de la Franja de Gaza, el jueves 23 de julio de 2026. Foto: Abdel Kareem Hana


Las palabras "muerto", "herido", "mutilado" y similares a menudo pierden gran parte de su significado cuando se repiten rutinariamente.


Un ejemplo, este titular: «13 palestinos muertos en Gaza, otros heridos». Si bien muchos de nosotros aún sentimos una profunda tristeza por semejante tragedia, con el tiempo la noticia en sí misma se vuelve cada vez menos impactante.


Según cifras proporcionadas por el Ministerio de Salud palestino en Gaza, Israel ha matado y herido a un total de más de 250.000 palestinos desde el inicio del genocidio en 2023.


El recuento se actualiza diariamente porque la matanza nunca cesa.


El 23 de julio, seis palestinos fueron asesinados en Gaza. El día anterior, murieron 13, y el día anterior a ese, otros nueve, y así sucesivamente.


Es este “así sucesivamente” lo que nos hace perder, con el tiempo, la noción de lo que realmente implican estas tragedias. Se trata de personas inocentes que mueren quemadas vivas en sus tiendas de campaña, víctimas de atentados con bomba en sus coches o asesinadas mientras intentaban disfrutar de un breve respiro del calor abrasador en la playa.


Entre los nueve fallecidos el 21 de julio, una familia entera, incluyendo cuatro niños pequeños, fue aniquilada en un solo ataque. A medida que se multiplican los informes sobre la matanza diaria de palestinos por parte de Israel en Gaza, los periodistas a menudo descuidan humanizar a las víctimas.


Una fotografía que circulaba en las redes sociales mostraba a tres de esos niños: un niño con una camiseta que decía "Playa de Santa Mónica"; su hermana con gafas y una camisa rosa, que sostenía con orgullo un certificado de reconocimiento de su escuela; y su hermana menor, posando con delicadeza.


Estas tres figuras representan a cada niño palestino asesinado desde el inicio de este genocidio. Según estimaciones de la ONU y organizaciones internacionales, más de 21.000 niños han muerto en Gaza, y decenas de miles más han quedado mutilados o sepultados bajo los escombros.


Si bien la rutina diaria de asesinatos hace que la tragedia parezca menos impactante para quienes sólo escuchan las cifras, se vuelve infinitamente más trágica para quienes deben sufrirla directamente. En Gaza, ninguna familia se ha librado de la pérdida de seres queridos, lo que agrava el dolor día tras día.


No existen palabras para describir el dolor colectivo de Gaza.


Lo que hace que la tragedia sea aún más insoportable es que el mundo entero sabe lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en Gaza, pero no hace nada al respecto. Llevamos la cuenta de las cifras, señalamos la barbarie de Israel, denunciamos el fracaso de las instituciones internacionales y meneamos la cabeza con desesperación.


Sin embargo, el resultado sigue siendo el mismo: el número de muertos aumenta y cada día se generan nuevas estadísticas que nos recuerdan la magnitud de la crisis.


Un informe conjunto de la FAO, UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos, publicado el 23 de julio, reveló que 1,4 millones de palestinos en Gaza se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria.


El informe también advirtió que se prevé que más de 74.000 niños menores de cinco años necesiten tratamiento urgente por desnutrición aguda durante el próximo año.


Este informe se publicó el mismo día en que las autoridades sanitarias de Gaza actualizaron la cifra oficial de muertos a más de 73.311 palestinos. Esa cifra ya es mayor ahora, ya que han muerto más personas desde entonces.


Ese mismo día, Thameen Al-Kheetan, de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), declaró que "ningún lugar en Gaza puede considerarse seguro".


Esa afirmación es cierta, por supuesto, pero también es algo bien conocido en el mundo actualmente. Nadie lo cuestiona. Y, sin embargo, nadie actúa: Israel sigue bombardeando, el Congreso estadounidense continúa asignándole más armas y el resto del mundo sigue contando los muertos.


Mientras tanto, Israel, que ha tomado el control de aún más territorio en Gaza desde el llamado alto el fuego, está construyendo enormes barreras de tierra que se extienden a lo largo de unos 23 kilómetros a través de la Franja.


Aunque nunca fue justo desde el principio, ni siquiera el plan original de Trump para Gaza mencionaba la construcción de fronteras internas, el robo de tierras adicionales o la concentración de palestinos desplazados en pequeños enclaves dentro de un territorio ya de por sí reducido.


El plan a largo plazo de Israel no consiste sólo en mantener el control militar permanente sobre Gaza, como han declarado altos funcionarios israelíes, sino también en prolongar su tormento indefinidamente.


Mientras escribo este artículo, los medios informan que cuatro palestinos más acaban de morir. Es improbable que la cifra se mantenga ahí; el ejército israelí rara vez mata en pequeñas cantidades.


Pero incluso estas cifras, aunque pequeñas, representan a seres humanos cuyo dolor no puede medirse en estadísticas, resumirse en declaraciones oficiales ni reducirse a titulares trillados.


Los supervivientes tampoco se aferran a la vana promesa de que el derecho internacional prevalezca sobre la impunidad amparada por Estados Unidos. La historia ha vuelto cínicos a los palestinos. Durante generaciones, a través de cada masacre y robo de tierras desde la Nakba de 1948, la espera de justicia no ha dado más que promesas vacías y un número creciente de muertos.


La única diferencia entre el pasado y el presente es que hoy todos sabemos, vemos y oímos exactamente lo que está sucediendo en Gaza y en toda Palestina.


Lo mínimo que podemos hacer es negarnos a darle la espalda o a reducir el genocidio que presenciamos a meras cifras.


Si permitimos que eso suceda, nosotros también nos convertimos en culpables: Israel es quien mata, utilizando armas estadounidenses, mientras nosotros nos quedamos de brazos cruzados, contando los muertos y meneando la cabeza ante el triste estado del mundo.



Russia Blockades the Black Sea as Donbas Offensive Surges — Vladimir Brovkin / Lena Petrova

 


Russian strike on Odesa port

29 julio, 2026

¿DÓNDE ESTÁ EL PETRÓLEO RUSO? — Eduardo Miguel Álvarez Estévez

 



Segunda Cita – 28/07/2026


La verdad que Moscú no quiere decir en voz alta


Rusia dice que somos aliados estratégicos. Lo repiten en cada cumbre. En cada comunicado. En cada aniversario de las relaciones bilaterales. Pero el petróleo no llega. Los barcos no aparecen. Y los apagones siguen.


Me pediste que investigara por qué. Aquí está lo que encontré.


El hecho: el suministro se desplomó


Desde mayo de 2026, el flujo de petróleo ruso hacia Cuba prácticamente desapareció. El Anatoly Kolodkin llegó a Matanzas con 730.000 barriles gracias a una exención humanitaria que Washington concedió con cuentagotas. Fue el único. El Universal, que venía detrás con 270.000 barriles de gasóleo, quedó a la deriva en el Atlántico durante semanas y finalmente descargó en Venezuela. El Sea Horse se desvió a Trinidad y Tobago. Las navieras que antes transportaban crudo ruso a Cuba simplemente dejaron de hacerlo.


No fue un accidente. Fue una decisión.


La razón: el bloqueo naval de Estados Unidos


El 30 de mayo de 2026, el secretario de Estado Marco Rubio lanzó una advertencia que resonó en todos los puertos del mundo: cualquier buque, de cualquier bandera, que transporte petróleo ruso a Cuba será sancionado. No solo el barco. También la naviera, la aseguradora, el banco que financie la operación. Todo.


Estados Unidos no envió a la Marina a interceptar los barcos. No hizo falta. Le bastó con amenazar a las empresas que participan en el comercio marítimo internacional. Ninguna naviera está dispuesta a arriesgar su acceso al sistema financiero en dólares por un cargamento a Cuba.


Rusia lo sabe. Por eso sus barcos no llegan.


La verdad incómoda: Moscú no está dispuesto a escalar


Aquí está el núcleo de la cuestión. Rusia tiene capacidad militar para escoltar un petrolero hasta Matanzas. Tiene submarinos nucleares, fragatas con misiles hipersónicos, bombarderos de largo alcance. Pero no lo hace. No porque no pueda. Sino porque no quiere pagar el costo político y militar de un enfrentamiento directo con la Marina estadounidense en el Caribe.


Para Rusia, Cuba es una ficha en el tablero geopolítico. Un punto de presión contra Washington. Una base para bombarderos estratégicos. Un símbolo antiimperialista que les da prestigio en el Sur Global. Pero no es una prioridad vital. No es Ucrania. No es el Ártico. No es su frontera inmediata.


Cuando la situación aprieta, Moscú elige sus batallas. Y la batalla por el petróleo cubano no está en su lista de prioridades.


El silencio del Kremlin


Lo más revelador no es lo que Rusia dice. Es lo que calla. No ha habido una denuncia enérgica en el Consejo de Seguridad de la ONU. No ha habido una amenaza de represalias contra Washington. No ha habido una declaración del Kremlin diciendo "vamos a garantizar el suministro a nuestro aliado estratégico cueste lo que cueste".


Lo que hay es silencio diplomático. Mientras tanto, los comunicados siguen hablando de "cooperación estratégica" y "hermandad entre los pueblos". Palabras bonitas que no encienden una cocina ni mueven un hospital.


Lo que yo sostengo


Tu pregunta es justa. La respuesta es dura. Rusia dejó de enviar petróleo porque Estados Unidos se lo prohibió al mundo, y Moscú no está dispuesto a desafiar esa prohibición con hechos, solo con palabras.


¿Son aliados estratégicos? En los discursos, sí. En la práctica, cuando las sanciones aprietan, cada uno se rasca con sus propias uñas.


No escribo esto con rabia. Lo escribo con realismo. Porque la Revolución Cubana aprendió hace mucho tiempo que la solidaridad internacional es importante, pero la única garantía de nuestra supervivencia somos nosotros mismos.


Si el petróleo ruso no llega, nos las arreglaremos sin él. Como nos las arreglamos en los 90, cuando la Unión Soviética desapareció de la noche a la mañana y dijeron que Cuba caería en semanas. No caímos entonces. No caeremos ahora.


Porque nuestra fuerza no está en Moscú. Está en nosotros.


Patria o Muerte. Venceremos



26 julio, 2026

Lista completa de todas las pérdidas estadounidenses causadas por ataques iraníes en las últimas 2-3 semanas

 

Sistemas de radar y defensa aérea:


7 centros de mando y control

3 sistemas de comunicaciones por satélite

6 radares de defensa aérea Patriot

3 radares de vigilancia y control aéreo y marítimo

8 sistemas de radar de detección y alerta temprana

7 radares de defensa aérea y antimisiles

3 sistemas de radar EPS

2 radares EPS-117

5 radares de largo alcance

2 radares de defensa aérea

1 complejo de radar táctico.


Instalaciones de apoyo y logística destinadas a reducir la capacidad operativa:


6 centros de mantenimiento de aviones de combate y helicópteros

3 centros de apoyo y logística

12 tanques de almacenamiento de combustible

17 almacenes de armas, repuestos, equipos navales y componentes de aeronaves

6 depósitos de almacenamiento de misiles


Infraestructura operativa:


6 hangares de drones MQ-9

1 hangar de mantenimiento de cazas F-15

1 hangar de drones con 8 drones nuevos de fábrica

2 centros de mando

1 plataforma de reabastecimiento de combustible 

1 hangar de aeronaves P-8

4 plataformas de lanzamiento de misiles HIMARS

5 Hangares para aviones de combate

4 complejos de defensa aérea Patriot

6 plataformas de lanzamiento de misiles

1 estación de bombeo de combustible

2 centros de comunicaciones

1 centro de datos de inteligencia

1 instalación de inteligencia artificial y procesamiento de datos asociada con Amazon

1 depósito para embarcaciones de superficie no tripuladas operadas remotamente

1 muelle de combustible

4 refugios para aviones de combate

6 rampas de estacionamiento y operación de aeronaves


Aeronaves y activos aéreos:


11 aviones de combate y helicópteros destruidos o dañados en tierra

17 drones operativos de reconocimiento, incluidas 8 aeronaves nuevas de fábrica

1 avión de combate F-15 dentro de un refugio

1 avión de patrulla marítima P-8

1 avión de transporte C-17

8 aviones de reabastecimiento aéreo

4 helicópteros pesados

6 misiles almacenados



Arya Yadegaar – junio 2026



SE AGOTAN LAS “PIEDRAS”

 


"Funcionarios estadounidenses manifestaron a CBS News –bajo condición de anonimato dado lo delicado del tema– que Estados Unidos no puede mantener el ritmo al que gastó municiones de precisión al comienzo de la campaña contra Irán". (CBS News)


¿Recuerdan las reiteradas burlas sobre la supuesta disminución de lanzamientos de misiles balísticos por parte de Irán, mientras Hegseth y compañía se jactaban de que Estados Unidos seguía realizando cientos de incursiones diarias en los primeros días de la guerra? Parece que el coloso de barro se ha atascado definitivamente, porque el fanfarrón del "gigante" militar estadounidense ha sido reducido a un patético llorón. (Simplicius)



25 julio, 2026

La postura soberana de Malasia — Kurniawan Arif Maspul

 

Savage Minds – 25/07/2026


La huera hipocresía del acoso de las grandes potencias y los límites de la presión estadounidense.


El primer ministro Anwar Ibrahim afirmó que el gobierno no cederá en su postura ante la objeción de ocho legisladores estadounidenses a la política de Putrajaya que prohíbe la entrada de ciudadanos israelíes al país. (Foto: FMT)


Durante más de medio siglo, Malasia ha mantenido una política que alberga la esencia misma de lo que significa ser una nación soberana: el derecho absoluto a decidir quién cruza sus fronteras. Dicha política —la negativa inequívoca a reconocer al Estado de Israel y la consiguiente prohibición de entrada a territorio malasio a los titulares de pasaportes israelíes— no es una simple preferencia diplomática.


Es una clara y soberana línea divisoria trazada a través de décadas de historia anticolonial, grabada en la conciencia nacional por la cuestión inconclusa de Palestina. Y ninguna fanfarronería del Congreso estadounidense, ninguna amenaza de suspender los fondos para entrenamiento militar, ni ninguna indignación israelí la harán retroceder.


Sin embargo, aquí estamos, en julio de 2026, viendo cómo ocho miembros del Congreso de los Estados Unidos —Greg Landsman, Josh Gottheimer, Jimmy Panetta, Dan Goldman, Debbie Wasserman Schultz, Jared Moskowitz, Brad Sherman y Jake Auchincloss— exigen que Malasia revierta una política que ha estado vigente desde antes de que muchos de ellos nacieran.


¿Su arma predilecta? Una carta al Secretario de Estado Marco Rubio instando a la suspensión de la financiación del Programa Internacional de Educación y Entrenamiento Militar (IMET) a menos que Kuala Lumpur capitule en un plazo de quince días. Esto no es diplomacia. Esto es coerción disfrazada de indignación moral.


Seamos brutalmente claros sobre lo que está en juego. La política de Malasia no se basa en el antisemitismo, una acusación tan manida que ha perdido todo significado. El primer ministro Anwar Ibrahim ha declarado con absoluta precisión que la prohibición va dirigida a «ciudadanos israelíes, no a judíos», porque son «parte integral y cómplices de los asesinatos, crímenes y la continua opresión y colonización de Palestina y Gaza». Esta es una postura política, no racial.


Es una barrera moral contra un Estado cuyas acciones en Gaza —los asesinatos diarios, la destrucción de hogares, la hambruna sistemática de una población asediada— violan todos los principios que Malasia considera fundamentales. Y, sin embargo, Washington, que arma a ese mismo Estado con las bombas que caen sobre niños palestinos, se atreve a dar lecciones a Kuala Lumpur sobre derechos humanos.


La hipocresía es asombrosa. Los mismos legisladores estadounidenses que exigen que Malasia abra sus puertas a los ciudadanos israelíes presiden un país que ha proporcionado armamento para operaciones que han causado la muerte de decenas de miles de civiles palestinos, incluyendo un número sin precedentes de niños, periodistas y trabajadores humanitarios. ¿Dónde está su indignación ante el sistemático apoyo militar a un Estado que la Corte Internacional de Justicia ha considerado plausiblemente genocida?


El silencio es ensordecedor y revela la economía moral de la indignación global como una jerarquía profundamente estructurada: las vidas occidentales son hipervisibles; las vidas palestinas son prescindibles.


La postura de Malasia expone este doble rasero no mediante una crítica abstracta, sino mediante la aplicación de una contra-medida. La prohibición es una forma de testimonio moral que afirma: si ustedes no responsabilizan a Israel, lo haremos nosotros. Y nuestra responsabilidad se manifiesta en la exclusión de nuestro espacio soberano. Como declaró Anwar: «Malasia es una nación independiente y somos libres de manifestar nuestras opiniones».


No se trata de "y qué hay de...". Se trata de una exigencia de coherencia moral en la aplicación de los mismos principios que Occidente afirma defender.


El momento en que se ejerció esta presión del Congreso resulta revelador. No se desencadenó por un cambio de política —la prohibición lleva décadas vigente—, sino por el descubrimiento de que ciudadanos israelíes con doble nacionalidad supuestamente habían entrado en Malasia utilizando pasaportes de otros países para participar en la Network School, una comunidad tecnológica en Forest City, Johor. Las autoridades de Johor revocaron rápidamente la licencia comercial de la escuela, y los funcionarios de inmigración auditaron a 266 extranjeros procedentes de 40 países.


Anwar ordenó la deportación inmediata de cualquier ciudadano israelí que se encontrara. Esto no fue una escalada, fue la aplicación de una política de larga data.


Sin embargo, Washington respondió como si Malasia hubiera cometido un acto de guerra. La carta del Congreso calificó la prohibición de «discriminatoria» y exigió que Malasia la revocara en quince días. Reflexionemos sobre la audacia de esta exigencia. Un parlamento extranjero, a 15.000 kilómetros de distancia, emitiendo un ultimátum a una nación soberana sobre su política migratoria. Como señaló el ministro de Asuntos Exteriores de Malasia, Datuk Seri Mohamad Hasan, el Departamento de Estado de EE UU «había reconocido y respetado la histórica política de Malasia de no reconocer a Israel».


¿Por qué este espectáculo parlamentario? Porque no se trata de leyes, sino de poder. Se trata de castigar a una nación que se atreve a desafiar la narrativa hegemónica que equipara la normalización con el progreso y la resistencia con el retroceso.


La ironía reside en que la presión de Washington podría lograr el efecto contrario al deseado. La postura desafiante de Anwar consolida su posición política interna, aislando a su gobierno de coalición de las críticas de la oposición. Al convertir un asunto de vigilancia fronteriza en una defensa pública de la soberanía y la ética humanitaria, conecta profundamente con el electorado de mayoría musulmana de Malasia.


La amenaza externa se convierte en un regalo: un antagonista externo contra el cual los sentimientos nacionalistas e islamistas pueden consolidarse. Los legisladores estadounidenses, en su arrogancia, le han entregado a Anwar un arma política.


¿Y qué hay del cálculo estratégico más amplio? Los analistas han señalado acertadamente que es improbable que la disputa descarrile las relaciones entre Estados Unidos y Malasia, que se basan en intereses económicos y estratégicos compartidos, en particular la seguridad marítima en el Mar de China Meridional. Pero esta evaluación pasa por alto el cambio más profundo. Malasia no es un estado vasallo. Es una potencia intermedia con una ubicación estratégica y con opciones.


Como señaló el analista político Anis Anwar Suhaimi, si la presión estadounidense se percibe como excesiva, «podría crear involuntariamente un espacio diplomático para que otras grandes potencias profundicen su relación con Malasia». La amenaza de suspender la financiación del IMET podría, en última instancia, costarle a Washington más de lo que gana, no en dólares, sino en influencia.


El largo arco de la historia tiende hacia la justicia, o al menos eso dice el refrán. Pero la justicia, que no se doblega por sí sola, es forjada por las naciones que se niegan a doblegarse. La prohibición de Malasia a los ciudadanos israelíes es, en última instancia, un acto de soberanía. Al decir «no» a la presencia de aquellos a quienes considera cómplices de la colonización, Malasia dice «sí» a una visión de sí misma como una nación que recuerda sus raíces anticoloniales, honra las obligaciones islámicas y se atreve a decir la verdad moral al poder imperial.


Las deficiencias en la aplicación de la ley —los puntos ciegos biométricos, las lagunas legales que permiten la doble nacionalidad— son el precio de esa autodeterminación. Pero no son fatales. Son un desafío que hay que superar, no un motivo para rendirse.


Washington haría bien en recordar que Malasia no es el estado número 51 de Estados Unidos. Es una nación independiente con su propia constitución, su propio parlamento, su propio gobierno electo y sus propias prioridades de política exterior. Estados Unidos puede amenazar, persuadir y exigir.


Pero no puede obligar. Y al final, no será Malasia la que será juzgada por la historia por permitir la atrocidad, sino aquellos que la armaron mientras daban lecciones a otros sobre decencia humana.


El mundo está observando. El Sur Global está observando. Y en los silenciosos pasillos del poder, desde Yakarta hasta Pretoria, desde Brasilia hasta Pekín, los líderes están constatando que una pequeña nación del sudeste asiático ha trazado una línea roja y se niega a cruzarla.


Esa línea es la soberanía. Esa línea es un principio. Y esa línea no se verá alterada por las amenazas de una superpotencia que ha perdido su brújula moral.