21 octubre, 2018

Del lenguaje hablado y común – Agustín García Calvo




El lenguaje hablado y común (no la escritura y las jergas cultas, burocráticas o filosóficas, que son ya Cultura) es lo mismo, en gloriosa indiferencia, de las mujeres que de los hombres (hasta puede ser, si se descuida, más bien maternal que paternal), de los niños que de los viejos, de los ministros o ministras que de los basureros o basureras: porque, sencillamente, no es de nadie; es decir que es del pueblo, con tal de que ‘pueblo’ no sea nadie, y es la sola cosa verdaderamente popular y que escapa, por debajo, a las armazones históricas del Dominio. Pueblo es cualquiera que, sin tener Nombre Propio alguno, dice “Yo, me, mí, conmigo”, porque, como ‘YO’ es cualquiera, ‘YO’ no es nadie. Cualquiera tiene derecho a decir “Yo, me, mí, conmigo”, y no he oído de ninguna lengua en que hombres y mujeres, por ejemplo, no puedan usar el mismo índice de Primera Persona los unos y las otras.

Es de primera importancia política acabar de una vez con esta confusión entre la Cultura, que es desde el comienzo de la Historia patriarcal y de los Señores, y el lenguaje, que es popular, o sea que no es de ningún Individuo ni Señor ni Cultura Nacional ninguna.

18 octubre, 2018

EL GOCE HIPOCONDRÍACO Y LA SOCIEDAD MEDICALIZADA - Javier Peteiro Cartelle




Cerca del Leteo – 15/07/2017

"Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar." (S. Francisco de Asís)

En general, nadie quiere morirse, aunque siempre hay excepciones; un dolor insoportable, una invalidez grave, un sufrimiento psíquico inmenso, pueden hacer desear la muerte, pero es sabido que el ansia de vivir se da también en circunstancias en las que muchos sacan fuerzas de flaqueza: guerras, epidemias, hambrunas, exilio…

El deseo de permanencia puede abarcar desde el sentimiento trágico unamuniano hasta la locura transhumanista. En tono más amable, Woody Allen ya dijo que prefería su inmortalidad real, física, a la de sus obras, y es conocida su expresión de lo que considera la noticia más feliz imaginable: “es benigno”.

La muerte es compañera de la vida. El gran y sencillo San Francisco de Asís le llamó hermana, como a la luna y al agua. Así son las cosas y parece que es bueno que así sea, que el flujo de la vida, que requiere la muerte en seres pluricelulares como nosotros, prosiga.

La muerte acaecerá pero hay quien se regocija en amargarse fantaseando con la posibilidad de su inminencia o del deterioro físico que tantas veces la precede. Una cefalea, un sangrado, un lunar extraño, incluso un número o una expresión en un informe clínico, pueden percibirse como algo que anuncia la catástrofe definitiva. Internet confirmará siempre la peor sospecha ante cualquier consulta temerosa: es una neoplasia, un aneurisma, lo que sea, pero siempre terrible.

En la idealización narcisista, no basta con sentirse sano ahora; es preciso garantizar el saberse sano para el futuro y quizá por ello la anticipación de lo peor es la marca hipocondríaca.

Hay siempre algún médico exagerado que llega a decir que uno es un enfermo mientras no se demuestre lo contrario. Es frecuente que se demande dicha demostración, que puede ser tan laboriosa como costosa e inútil, cuando no claramente perjudicial; mucho dinero público y privado se destina a descartar graves dolencias, de cuya existencia el cuerpo es lento en avisar mediante síntomas y signos de alerta real. Una lentitud con la que nos ha agraciado la evolución porque muchas veces se detecta instrumentalmente lo que nunca molestaría al organismo. En aras de la prevención, de los “cribados”, cada día más recomendados, casi hasta la obligación moral, se harán analíticas “completas”, citologías, radiografías, ecografías, TACs de cuerpo entero, alguna resonancia que otra, electrocardiogramas, incluso biopsias sólidas y, dentro de poco, líquidas, que revelarán la existencia de cánceres antes de que se manifiesten, si alguna vez lo hacen. No son pruebas inocuas, pues los falsos positivos, además del trastorno psíquico que implican, pueden suponer cascadas añadidas de estudios con potencial yatrogenia.

Un hipocondríaco que se precie lo es de todo lo que pueda padecerse, aunque siempre haya alguno especialista por fijarse preferentemente en algún órgano concreto. Pero, en general, el hipocondríaco no desprecia nada anómalo y así se verá ictérico, cianótico o anémico, se fijará en sus excrementos, en sus lunares, en sus ganglios, en sus encías, en todo, y creerá que un temblor anodino muestra el inicio de un Parkinson, que olvidar un nombre sugiere el innegable Alzheimer, que sus palpitaciones anuncian el infarto letal, que una cefalea antecede al inminente ictus y que un sangrado señala la presencia del cáncer que acabará con su vida.
Del placer corporal se pasa a un extraño goce de hipervigilancia que no se da satisfecho jamás y que la edad no palía sino todo lo contrario.

La aprensión puede sobrecargar las consultas pero también inducir a prescindir de las más elementales, porque la confirmación de lo posible, creído probable, puede provocar un miedo paralizante que evite acudir al médico cuando realmente es necesario.

Es plausible que trabajar en un medio en que lo cotidiano es lo anormal, como puede ocurrir en un hospital o en un tanatorio, facilite la deriva hipocondríaca. Sería interesante estudiar si el personal sanitario, por ejemplo, se comporta estadísticamente en su requerimiento de atención médica como quien es ajeno al trabajo relacionado con enfermos.

¿Qué teme en realidad el hipocondríaco, en qué clase de goce se instala? Aunque cada caso sea único, tal vez se dé siempre el gran temor narcisista de la desolación absoluta, el de ver posible la gran falta, la suya, como ausencia tristísima, irreparable, para otros, sean sus padres, hermanos, cónyuge o hijos. Hay situaciones en que efectivamente la muerte de uno puede comportar implicaciones nefastas para los más próximos y no sólo por razón de duelo, pero el hipocondríaco va más allá y considera que su ausencia sería insoportable para el mundo entero, viendo perversa la expresión de que “la vida sigue”. ¿Cómo puede seguir sin él?

Cuidará a los demás, a veces contagiándoles sus miedos, con tal de cuidarse a sí mismo.

Nadie es hipocondríaco porque lo dicten sus genes, sino porque lo facilita su entorno. Claro que eso era lo que sucedía hasta ahora, porque ya llevamos bastantes años en los que vivimos una tendencia a la hipocondrización generalizada, promovida en buena medida por las industrias diagnóstica y farmacéutica. A más miedo, más negocio; es simple. Si hacemos caso a lo que se dice todos los días en todos los medios de comunicación, uno sólo se moriría por su culpa, por no “mirarse”, por ser sedentario, por despreciar como banal un dolor que obliga a ir al hospital, por no hacerse “chequeos” periódicos. Y habrá quien se mate corriendo para evitar morirse. Y es que ser inteligente no evita la aprensión, como tristemente nos mostró el gran Gödel, amigo de Einstein y que murió de inanición para evitar ser envenenado.

Partiendo del lamentable lema “más vale prevenir” se nos induce a entrar en una espiral de hipervigilancia. Los médicos son proclives a “divulgar” su saber, que consiste en propiciar numerosas indicaciones preventivas, varias por especialidad, promoviendo cada vez más extensos, frecuentes y perjudiciales chequeos.

Son pocos los médicos que alzan su voz contra tanto exceso. En nuestro país han destacado varios en la defensa de sensatez frente a esa medicalización de lo normal. En general, se trata de médicos de Atención Primaria, como Sergio Minué o Juan Gérvas. Son figuras polémicas. Pero no es malo ser polémico, suscitar la crítica que incluso puede provocar el claro rechazo. Esos y otros médicos son polémicos por algo aparentemente paradójico: asumen el riesgo de la prudencia y la incertidumbre que implica. Recomendar prudencia, sostener el “primum non nocere” no sale gratis; supone, en definitiva, el riesgo de ser tachado de lo contrario que se defiende y ser llamado, precisamente por ello, imprudente.

La hipocondría generalizada es incluso visible cuando trata de fosilizar la vida en vez de la muerte. Lo es en criogenizados sin frío gracias al exceso de la cirugía estética, y que reflejan el pánico a los cambios que la vida va imponiendo en el cuerpo.

Nuestra Medicina ha caído bajo el influjo del mito cientificista de la omnisciencia y la omnipotencia y ha olvidado lo que propiamente puede hacer con el sufrimiento humano real. En vez de elemento de ayuda humilde, se convierte en promesa salvífica, pero mera promesa a fin de cuentas.



16 octubre, 2018

"Somos peces fabricando anzuelos" ———————— Ana Pérez Cañamares





HIJO MÍO

Que soy libre, me dicen.
Pero si quisiera tener otro hijo
tendría que llevarlo al Banco de la esquina
porque suya es mi casa.
Mi niño llamaría padre al director
y madre a la cajera
aprendería a andar con una silla de oficinista
dormiría en un cajón del archivador
y yo sólo sería un pariente lejano
que le sonreiría desde mi puesto en la cola.
Me pasaría de vez en cuando con la excusa de ampliar la
hipoteca
sólo para ver qué tal me lo crían
cómo le afecta el aire acondicionado
si sabe poner un fax
y si el director le regala un juego de sartenes
por su cumpleaños.


(De La alambrada de mi boca – Ana Pérez Cañamares)


Ciega, incansable y vengativa




Y el hacha cae ciega,
incansable y vengativa
y se prolonga;
sobre todo lo que se congrega
sobre la gavilla
y el manojo,
sobre la espiga
y el racimo,
sobre la flor
y la raiz,
sobre el grano y la simiente,
y sobre el polvo mismo
del grano y la simiente.


Del poema de León Felipe “El hacha” Elegía española.

14 octubre, 2018

¿Cómo se engendró el monstruo Bolsonaro? —— Gerardo Szalkowicz





CUBADEBATE12/10/2018

Algo cambió el domingo en la política latinoamericana. La foto asusta: casi 50 millones de brasileños y brasileñas votaron por un proyecto abiertamente fascista. El 46% del electorado del país más grande de la región (y el quinto del mundo) eligió a un candidato que reivindica la tortura y hace apología de la dictadura, que despliega una retórica de odio, machista, racista y homofóbica descomunal y que promete armar a la población y privatizar las empresas estatales. De yapa, su hijo se convirtió en el diputado más votado de la historia brasileña.

El refortalecimiento de la derecha pura y dura ya se venía acentuando con los Macri, Piñera, el propio Temer, Mario Abdo, Iván Duque y varios más. Pero la irrupción de una ultraderecha troglodita que logra conquistar una enorme base social –un experimento que se instaló en EEUU con Trump y que se extiende en Europa– es un emergente novedoso en América Latina que nos alborota los diagnósticos. Y enciende todas las alarmas.

Brasil quedó al borde del abismo. Y más allá de las urgencias de cara a la segunda vuelta, toca desentrañar la película completa ante el retorno del oscurantismo. ¿Cómo se gestó este fenómeno político, sociológico y hasta religioso llamado Jair Messias Bolsonaro?

El triunfo de la “antipolítica”, o la política del odio

Para comprender este tsunami político es necesaria una mirada retrospectiva de largo aliento. O al menos de mediano. Un país cuya independencia fue proclamada por un príncipe portugués, que no vivió procesos revolucionarios, cuya última dictadura duró 21 años y tuvo una salida bastante consensuada, parió una sociedad históricamente despolitizada. Pero este sentimiento “antipolítica” se repotenció en los últimos años, estimulado por la operación Lava Jato y los grandes medios. Tras el golpe institucional que destituyó a Dilma en 2016 y la paupérrima gestión de Michel Temer, quedó en evidencia la putrefacción del sistema político y se impuso un sentido común de rechazo a la clase dirigente. De hecho, los principales castigados de la elección del domingo fueron los dos principales partidos del establishment: el PSDB, cuyo candidato Geraldo Alckmin no llegó al 5%, y el MDB de Temer que postuló a Henrique Meirelles y obtuvo un magro 1,2%.

Pero este proceso tuvo como condimento central una fuerte campaña de satanización mediática y judicial contra el PT, que permitió asociar la epidemia de corrupción unilateralmente a esa fuerza política y justificar socialmente la irregular prisión y proscripción de Lula.

En ese marco emerge este ignoto ex militar desbocado que logra capitalizar la implosión de los partidos de derecha y centro-derecha, la consolidación de ese fuerte sentimiento anti-PT y la aguda crisis económica que potenció el hastío. Como la política aborrece el vacío, Bolsonaro aparece como el candidato antisistema –pese a que hace 28 años ejerce como diputado– que promete resolver esta crisis multidimensional a fuerza de mano dura y prédica mesiánica. Y de ser un legislador marginal, que ganó fama cuando juró por el militar que torturó a Dilma, se convirtió en el efecto más siniestro de esta democracia agonizante.

El fundamentalismo religioso

El “Messias” nazi: El día en que Bolsonaro fue bautizado como evangélico en el Río Jordán. 


No se pueden entender esos 50 millones de votos sin la militancia activa que desplegó la poderosa Iglesia Universal del Reino de Dios. La fuerza evangélica neopentecostal –que juega cada vez más en el terreno político en toda la región–ataca en tres frentes simultáneos: en el Congreso, donde “la bancada de la Biblia” controla la quinta parte de la Cámara de Diputados; en la prensa masiva con su multimedio Record, el segundo del país achicándole distancias a la Rede Globo; y en las barriadas populares, donde tiene una penetración territorial que no logra ningún partido.

Quizá parte del ascenso abrupto de Bolsonaro se explique por el despliegue de miles de pastores haciendo campaña furiosa por el ex militar en los días previos a la votación.

Las otras tres patas de la mesa

Otro factor clave en la construcción de consenso alrededor de Bolsonaro fueron los grandes medios, que terminaron aceptando al mal menor ante la irreversible polarización con el PT y el fracaso de los candidatos del orden. Las fake news antipetistas se multiplicaron en las últimas semanas e hicieron estragos en las redes sociales. Algo similar pasó con el poder empresarial y financiero, que también cerró filas con Bolsonaro. No es para menos: su gurú económico es Paulo Guedes, un Chicago boy que asegura un rumbo ultraliberal.

Por último, el creciente poderío del llamado “Partido Militar”, que este domingo cuadruplicó su presencia al ritmo de la debacle de la política tradicional. Además de Bolsonaro y su compañero de fórmula, el inefable general Hamilton Mourão, al menos 70 candidatos militares fueron electos y tres disputarán gobernaciones estadales en segunda vuelta.

Los límites del progresismo

También al PT se merece reflexionar sobre su responsabilidad en la despolitización de la sociedad brasileña y en la creación del Frankenstein Bolsonaro. Durante 12 años faltó audacia para avanzar en transformaciones raizales, como hubiera sido la tan reclamada reforma política o una ley que limitara la concentración mediática. Y sobre todo, no se profundizó en el empoderamiento popular y la formación político-ideológica, facilitando el terreno para la diseminación de valores retrógrados y autoritarios.

Y una vez fuera del Palacio de Planalto, el progresismo brasileño se conformó en dar la pelea casi exclusivamente en el andamiaje institucional. Salvo la gimnasia de movilización permanente de los movimientos populares, la estrategia petista quedó atrapada en la telaraña de un sistema democrático controlado por el golpista entramado mediático, religioso, militar y financiero.

Tal vez en la respuesta callejera de las mujeres brasileñas y su poderosa consigna #EleNão se puedan encontrar algunas pistas de cómo enfrentar a los profetas del odio y su monstruo Bolsonaro.


10 octubre, 2018

Scotland heading towards its Independence.






Los fondos buitre carroñean con lo más básico: Techo, pan y luz — Fátima Martín


"No les tengo miedo a los de afuera que nos quieren comprar, sino a los de adentro que nos quieren vender".  Arturo Illiapresidente de Argentina (1963-1966), derrocado por un golpe de estado oligárquico-militar.




CADTM (Comité para la abolición de las deudas ilegítimas) 19/7/2017

Los fondos buitre carroñean con lo más básico en la ‘Finca España’: Con el techo, con el pan y con la luz, entre otras necesidades. En la España postburbuja inmobiliaria, los buitres, a menudo alimentados por conocidos bancos nacionales e internacionales y guiados por los serviles córvidos políticos estratégicamente situados en las Administraciones Públicas, tal que el ministro de Economía, el banquero de inversión Luis de Guindos, devoran los despojos de un pueblo esquilmado. El resultado son cientos de miles de familias desahuciadas y con deudas de por vida en un país con un gravísimo problema de vivienda irresuelto; unos productos agroalimentarios menos saludables y más caros producidos por empresas que han adelgazado sus plantillas y precarizado a sus trabajadoras; y una cadena de demandas por una gestión energética que ha pasado de las primas envenenadas de las renovables de Zapatero a la imposición del impuesto al sol de Rajoy. En esta fase del saqueo, tras la socialización de las pérdidas, buitres privados engordan a costa de lo público, sacando tajada de una deuda pública estratosférica ilegítima que pagaremos con sangre, sudor y lágrimas durante generaciones si no logramos impedirlo.

El sector inmobiliario es, sin duda, uno de los preferidos por los buitres en un país donde entre 1997 y 2007 se permitió construir al año, “más viviendas que Alemania, Francia, Italia y Reino Unido juntos” [1] . Las consecuencias de aquella exuberancia irracional las seguimos pagando las mismas.

Entre los objetivos de los buitres hay hoteles, oficinas, activos logísticos, hipotecas y viviendas, muchas viviendas. Las de protección oficial protagonizan algunos de los casos más sangrantes. Como las 1.860 viviendas de alquiler social que Blackstone compró a la Empresa Municipal de la Vivienda y el Suelo de Madrid (EMVS) siendo alcaldesa Ana Botella, la mujer de José María Aznar, por 127,5 millones de euros, a una media de 69.000 euros por vivienda. Las consecuencias de la gestión buitre para los inquilinos no se hizo esperar: Subidas de las rentas, condiciones abusivas, arbitrariedades y desahucios indiscriminados. Hasta que en mayo de 2017, el Tribunal Supremo cortaba las alas al buitre Blackstone (a través de su filial Fidere) protegiendo los derechos de las inquilinas de esas viviendas sociales [2]. En junio, la EMVS, dependiente del Ayuntamiento de Madrid de Manuela Carmena, ha propuesto declarar nula la venta. [3]

En una operación similar, en junio de 2017, el Tribunal Supremo ha admitido a trámite un recurso presentado por los afectados por la venta de 2.935 viviendas públicas del IVIMA, dependiente de la Comunidad de Madrid, a los buitres Azora-Goldman Sachs por 201 millones de euros. Afectados y la Asociación Corruptil han pedido a los tribunales que investiguen posibles “acuerdos entre tres fondos de inversión (Goldman, Blackstone y Cerberus) para adjudicarse cada uno las operaciones inmobiliarias de envergadura realizadas en Madrid por administraciones del PP”. Otra de esas operaciones fue la concesión de la SAREB (banco malo) de 52.000 préstamos de Bankia a Cerberus. Casualmente, el hijo del expresidente del Gobierno, José María Aznar, y la exalcaldesa de Madrid, Ana Botella, José María Aznar. Botella, es consejero de Cerberus a través del córvido local Poniente Capital. [4]

El top ten de inversores en deuda ‘distressed’ (en dificultades) inmobiliaria en Europa en el segundo trimestre de 2015, según el informe ‘From Puerto Rico to the Dublin Docklands; vulture funds and debt in Ireland and the global south’ ha sido, por este orden: Cerberus, Deutsche Bank / Apollo, Lone Star, JP Morgan, Oaktree Capital, Fortress / Eurocastle, Sankaty, Blackstone, Goldman Sachs y Otto Group. La gran mayoría de ellos se ha puesto las botas en la hiperendeudada España tras el descalabro del ladrillo.


El buitre que acorraló a Argentina, Paul Singer, huele la sangre de los despojos del Popular

El especulador buitre por antonomasia, Paul Singer, que acorraló a Argentina [5], también quiso pillar cacho en España. Uno de sus fondos buitre, Elliott, se hizo en 2015 con pisos de Bankinter por 60 millones de euros. Previamente, adquirió 1.354 millones de euros en créditos fallidos de Bankia (junto con Cerberus y la empresa noruega de recobros Lindorff) y 300 millones del Santander, con unos descuentos del 95%. A partir de ese momento, Lindorff acosa a sus clientes vía telefónica, presencial y judicial y los maltrata con frases como ésta: “Estás hablando por teléfono, alguien te lo pagará. Quien te paga el teléfono, que te pague la deuda. En algún sitio vivirás. Quien te acoge, que te pague la deuda”. [6]

Elliott también compró la firma de recuperación de deudas doméstica Gesif para convertirla en su base de operaciones en el mercado español. Su directora general era Melania Sebastián, exresponsable de Gestión de Información de Banca Comercial de Caja Madrid, quien seguiría en la usurera Gesif. Nótese cómo una exdirectiva de Caja Madrid hace de intermediaria entre la ya nacionalizada Bankia y el fondo buitre Elliott.

Paul Singer no ha sido el único en ponerse las botas en el muladar ibérico. Ni mucho menos. A finales de 2014, 41.200 millones de euros de los 50.000 del banco malo o SAREB pasaron a ser gestionados por tres fondos oportunistas estadounidenses: Cerberus (Haya Real Estate),TPG y Apollo, que se hicieron con las plataformas inmobiliarias de algunos de los principales bancos españoles: Bankia, CaixaBank y Santander, respectivamente [7]. Los tres fondos más Solvia, del Sabadell, desembolsaron inicialmente 600 millones de euros por 126.000 activos, entre préstamos e inmuebles. Fuera del banco malo, Blackstone se adjudicó la plataforma inmobiliaria de Catalunya Caixa, Cerberus la de Cajamar, Centerbridge la de BMN, Lone Star la de Kutxabank y Värde-Kennedy la del Popular.

La tendencia sigue a día de hoy. Unos meses antes de que el Santander comprara el Popular por un euro en junio de 2017, éste vendió una cartera de deuda de 220 millones de euros de principal aportando como colateral activos hoteleros. También colocó 400 millones de euros con activos colaterales de viviendas, plazas de garaje y trasteros. Los compradores fueron Apollo y Blackstone, respectivamente.

Las pérdidas ocasionadas por el colapso del Popular han provocado decenas de demandas, entre ellas, por parte de la estadounidense Pimco, una de las mayores gestoras de fondos del mundo, que baraja demandar desde al Santander hasta al Banco Central Europeo (BCE), o al fondo de rescate europeo [8]. El propio Paul Singer, a través de Elliott Management está sondeando el mercado para comprar antiguos bonos del Popular a precio de saldo (valorados en menos del 5% sobre su valor nominal) y negociando con otros fondos un frente común para pleitear contra el proceso de resolución del banco. También a través de su filial Bentham Ventures, «explora oportunidades en relación a Popular con vistas a una actuación coordinada», según fuentes cercanas a la entidad citadas por ‘Expansión’. El fondo pagaría los gastos legales de los fondos en el proceso, y en caso de éxito se llevaría una parte de la potencial compensación. [9]

Hasta marzo de 2017, la inversión inmobiliaria en España superaba los 3.400 millones de euros. Sus protagonistas, conocidos fondos que operan como buitres: GreenOak, Värde, Blackstone… A la altura de abril de 2017, sólo Bankia, Sabadell, Deutsche Bank y BBVA habían colocado 1.600 millones de euros a Blackstone, Grove u Oaktree.


Buitres a la espera del rescate de autopistas de peaje en quiebra

Los buitres no le hacen ascos a nada. Por ejemplo, a las autopistas de peaje que se construyeron también en la era Aznar, hoy en quiebra. En total, nueve. Cuatro buitres (Taconic, Kingstreet, Strategic Value y Atlestor) se han quedado con la mayor parte de su deuda financiera, que asciende, junto con la que está en manos de bancos como Deutsche Bank, JP Morgan, Goldman Sachs o Bankia y concesionarias, a cerca de 6.000 millones de euros, que pretenden que asuma el Gobierno. Los fondos han contratado a la firma especializada Houlihan Lokey, conocida por su intervención en Lehman Brothers o Abengoa.

Los citados fondos compraron la deuda a bancos españoles y extranjeros que habían participado en la financiación de las obras y que decidieron irse ante la dificultad de llegar a un acuerdo. Lo hicieron con pérdidas, ya que en algunos casos los cobros se aproximaron al 10% del valor nominal. Entre los bancos que vendieron están Santander, BBVA, Popular, Natixis, Société Générale, ING y Bank of Tokyo-Mitsubishi…, informa ‘El País’. La cifra, cualquiera que sea, iría contra el déficit del Estado, lo cual compromete el cumplimiento de los objetivos impuestos por Bruselas. [10]

Los buitres tampoco le hacen ascos a otros activos inmobiliarios llamados “alternativos”, como los sanitarios, residencias de ancianos o de estudiantes. En estas últimas hozó Oaktree, con residencias en Madrid y Barcelona cuya venta ha complicado la llegada a las alcaldías de Madrid y Barcelona de Manuela Carmena y Ada Colau. [11]

Oaktree, que lo mismo se da un atracón de ladrillo merendándose el banco malo del Deutsche Bank en España o zampándose las promociones fallidas en la costa que heredó el Sabadell con la compra de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), también es capaz de hincar el diente a Panrico, empresa de pan de molde y bollería, cuyos trabajadores no han parado de sufrir, incluso un Expediente de Regulación de Empleo (ERE), desde que el buitre puso en ella sus garras. Finalmente, se la vendió al grupo mexicano Bimbo por 190 millones de euros, 89 millones más de lo que aportó. [12] Oaktree también ha querido sacar tajada de la fábrica de productos cárnicos Campofrío.

Con las cosas de comer no se juega, dice el refrán. A los buitres eso les da igual. PJT Partners, una escisión de Blackstone, es una firma especializada en servicios de asesoramiento a la banca de inversión. Entre sus consejeros cuenta con James Costos, exembajador de EEUU en España bajo la administración Obama. Y entre sus operaciones en España, buitreras como la reestructuración de Isolux o la citada venta de Panrico a Bimbo.

PJT Partners también han participado en la venta de la mayor panadería de España, Berlys Corporación Alimentaria, anteriormente conocida como Panaderías Navarras (Panasa). Artá Capital, la firma de capital riesgo participada por Corporación Financiera Alba, y N+1, ahora rebautizada como Alantra, decidieron poner a la venta Panasa, la empresa líder en fabricación, distribución y comercialización de pan, bollería y pastelería fresca y congelada de España. [13]


Del pan, al aceite

Y del pan, al aceite. Resulta que la mayor productora mundial de aceite de oliva español está en manos de un fondo de capital riesgo británico, CVC Capital Partners, que opera con la lógica buitre: se hizo con la aceitera tras el fortísimo endeudamiento, que llegó a los 1.500 millones de euros, al que llevó a la compañía la irregular gestión de SOS Cuétara (germen de Deóleo), por parte de los hermanos Salazar, hoy en el banquillo por múltiples delitos societarios. Desde que el fondo de capital riesgo manipula Deóleo, que cotiza en bolsa, ha italianizado la cúpula de la compañía, los precios del oro líquido no paran de subir, alcanzando precios máximos en una década, y las condiciones tanto de la empresa como de los trabajadores no paran de empeorar. A principios de 2017, aprobó un ERE que afectó a un centenar de trabajadores, después de ir vendiendo las plantas a trozos. “El objetivo del fondo CVC es desguazar la empresa”, se temen los minoritarios, que sospechan que su objetivo es no poder pagar la hipoteca para ejecutar la deuda y quedarse con los activos a precio de saldo. CVC está presente actualmente en España en otros sectores como el textil (Cortefiel), el geriátrico (Vitalia Home), o el energético (CLH).

Precisamente, los mismos fondos buitre que encarecen el aceite de oliva español o echan de sus casas a familias enteras no tienen empacho en chupar la sangre también al sector energético. Los fondos CVC, KKR y Blackstone sobrevuelan la eléctrica que fuera española y pública Endesa para hacerse con su control, actualmente en manos del Estado italiano a través de Enel. Troceada y amputada su pata latinoamericana, los italianos destinan el 100% de los beneficios de la segunda eléctrica española a dividendos. [14]

La propia Endesa negocia la compra de Renovalia Energy a Cerberus, que compró la renovable en 2015 a los exdueños de los quesos Forlasa. Algo debió de ver Cerberus en las renovables españolas pese al impuesto al sol del Gobierno Rajoy, porque en 2015 adquirió cuatro parques eólicos y varios fotovoltaicos. Por su parte, también en 2015, Oaktree compró la empresa de renovables Eolia. Son sólo dos ejemplos. Hay muchos más. [15]

Recientemente, a primeros de mayo de 2017, España perdió su primer arbitraje ante la Corte Internacional de Arreglo de Diferencias del Banco Mundial, el Ciadi, por los recortes aplicados desde 2010 a las ayudas a las renovables. El laudo dio la razón a la británica Eiser Infrastructure Limited, fondo ligado a ABN Amro, y su filial luxemburguesa Energia Solar Luxembourg y condenó a España a pagar 128 millones de euros más intereses. Esta Corte del Banco Mundial considera ilegal la transformación radical del marco regulatorio renovable español, con Zapatero primero, a finales de 2010, con Rajoy después, en 2013 y 2014.


Sobrevolando las renovables

Detrás de ésta, hay esperando otras 27 denuncias pendientes de empresas que invirtieron en renovables. “Se trata principalmente de fondos de renta variable privados que entraron en el mercado después de que la crisis hubiera comenzado, según el informe publicado por las ONG Transnational Institute y Corporate Europe Observatory”, cita Juan Hernández Vigueras, miembro del Consejo Científico de ATTAC España, que ha escrito el libro ‘Los fondos buitre. Capitalismo depredador’ [16].

En un artículo titulado ‘Fondos buitre en España: De la especulación a los pleitos’, Hernández Vigueras explica que estas demandas se basan en el Tratado de la Carta de la Energía, un convenio multilateral que proporciona protección a los inversores en el sector energético, reconociéndoles derechos similares a los de los tratados bilaterales de inversión (TBI) y que también permiten a las empresas demandar a los gobiernos ante los tribunales internacionales de arbitraje.

Llama la atención que muchos de estos demandantes están asesorados por la firma de abogados Allen & Overy, que casualmente ha asesorado a Eiser, la que ha ganado el primer arbitraje ante el Banco Mundial. Otro aspecto que destaca el informe citado por Hernández Vigueras en su artículo es cuándo invirtieron estos fondos: “Cuando llegó la mayoría de estos inversores extranjeros, España estaba en plena crisis económica y ya habían comenzado las restricciones a las subvenciones a la energía solar. Lo que permite pensar que estas firmas practicaban estrategias especulativas similares a los fondos buitre, buscando la rentabilidad en la garantía del Estado que lograrían vía pleitos”. [17]

De este modo, vemos cómo los mismos buitres son capaces de especular con la vivienda, con la alimentación y con la energía. Han picoteado en muchos otros sectores, como el de las apuestas deportivas (Blackstone jugó en Codere) o las clínicas dentales, como la polémica Vitaldent, donde opera Javier Botín, de la familia que preside el Santander. En muchas ocasiones, los buitres vienen de la mano de presuntamente prestigiosos bancos nacionales e internacionales, que aunque se escondan tras cambios de nombre y se protejan en paraísos fiscales, tienen igualmente las garras manchadas de sangre.

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Notas
[1] En España se construyen más viviendas que en cuatro países europeos juntos. Idealista.com (30/04/2004). Ver online: 

[2] El Supremo corta las alas al negocio del fondo buitre que compró viviendas sociales en Madrid. eldiario.es. (24/05/2017) Ver online: 

[3] Carmena buscará la anulación de la venta de vivienda protegida al fondo Blackstone. CincoDias.com. (16/06/2017) Ver online: 

[4] Amplían el cerco judicial a las operaciones de los fondos buitre con viviendas sociales. El Confidencial.com. (12/02/2016). Ver online: 

[5] Los fondos buitre que acorralan Argentina también van a por ti. Diagonalperiodico.net. (05/07/2014). Ver online:

[6] “Quien te paga el teléfono, que te pague la deuda”, al habla los fondos buitre. Diagonalperiodico.net (14/10/2013).

[7] Sabadell, Haya, TPG y Apollo gestionarán la cartera de Sareb. Cinco Días. (4/12/2014). Ver online: 

[8] El gigante de los fondos Pimco estudia demandas tras perder 280 millones en Popular. Vozpópuli.com. (12/06/2017). Ver online: 

[9] El gigante de la inversión Elliott se ofrece a financiar pleitos por Popular. Expansion.com. (27/06/2017). Ver online: 

[10] El delirio de las autopistas de peaje en quiebra. ElPais.com. (02/03/2017). Ver online: 

[11] Colau y Carmena retrasan a Oaktree la venta de residencias de estudiantes. ElEconomista.es (20/10/2016). Ver online: 

[12] Bimbo. El fondo Oaktree gana 190 millones con la venta de Panrico, 89 más de los que aportó. Hispanidad.com. (10/07/2015). ver online:

[13] Los March y Alantra venden la mayor panadería de España por 400 millones. ElConfidencial.com (20/01/2017). Ver online: 

[14] CVC, KKR y Blackstone reactivan la compra de Endesa con el apoyo de Madrid y Roma. ElConfidencial.com (08/03/2017). Ver online:

[15] Endesa negocia la compra de Renovalia al fondo de Aznar Jr. por 1.700 millones. ElConfidencial.com (10/02/2017). Ver online: 

[16] Juan Hernández Vigueras, Fondos buitre, capitalismo depredador, Clave Intelectual, Madrid, 2015 Disponible en: 

[17] Fondos buitre en España: de la especulación a los pleitos. Attac.es (03/09/2015). Ver online:



06 octubre, 2018

Sostenella y no enmendalla - Juan José Guirado / Albert Recio


esencial o menos - 5/10/2018

Sostenella y no enmendalla. Esta podría ser la divisa de los que pilotan el sistema capitalista universalizado. El capital, como ocurre en la naturaleza con muchas especies, ha entrado en un nicho ecológico del que no sabe, no quiere o no puede salir. Como el guepardo, que ha evolucionado buscando su salvación en la carrera rápida y corta, de modo que le es muy difícil escapar de esa vía y su supervivencia está amenazada por los cambios rápidos de su hábitat, la carrera rápida y corta de cada capital particular en pos de la ganancia, en competición constante con los otros, impide los cambios que serían necesarios para emprender otro camino. Por eso, la anhelada "refundación del capitalismo", en el supuesto de que fuera un planteamiento sincero, repite la trayectoria anterior, radicalmente agravada.

Haría falta un poder superior que disciplinara y redireccionara los flujos de capital en un sentido diferente, y hoy ese hipotético poder es el poder financiero, que también está fragmentado por su competencia interna, y lo único que lo pone de acuerdo es la defensa del sistema tal y como es.

Pero sus enemigos, que objetivamente somos casi todos, no están menos divididos. Por intereses a corto o largo plazo; por ideologías, clases sociales, nacionalidades. Se producen así alianzas puramente coyunturales, y los aliados de ahora mismo divergen pronto, por una diferente percepción de los problemas actuales o futuros y sus posibles soluciones.

Este artículo de Albert Recio en mientras tanto expone la situación, y analiza los tres grandes problemas que dificultan las soluciones:

- El dilema entre crecimiento y ajuste ecológico. Como las soluciones a muy corto plazo son crecentistas, se hace impopular proponer una sociedad estabilizada.
- Cierta indefinición del sujeto de los cambios. En principio es la clase trabajadora en sentido amplio, la que realmente crea el valor. De ella depende la producción. Pero, ¿cómo ponerla de acuerdo, si está cada vez más diversificada, y son muchos los que están a ambos lados de la valla? Un trabajador por cuenta ajena puede ser a su vez pequeño accionista, un falso autónomo puede sentirse empresario, la seguridad laboral depende de la fortaleza del empleador. Los intereses más inmediatos pueden llevar a un trabajador concreto o a un grupo entero a defender políticas antiecológicas, militaristas, xenófobas, fascistas...
- Las experiencias fallidas, que tienen también una doble lectura posible. Pueden verse como puertas definitivamente cerradas, o como experiencias útiles para corregir trayectorias defectuosas.

Por encima de estos dilemas paralizantes debe estar la convicción de la necesidad imperiosa de sustituir este sistema suicida. Habrá que recuperar el tiempo perdido en estos diez años, en que hemos estado "...demasiado ensimismados en cultivar las diferencias". Demasiado incapaces de construir un mínimo esquema a partir de las cosas que conocemos o deberíamos conocer. Urge una reconstrucción del pensamiento crítico que vaya más allá de la denuncia. Que aporte respuestas que nos alejen del mundo de la desigualdad insoportable, la catástrofe ambiental, la exclusión social y el autoritarismo que dominan el ambiente."

El Roto


Cuaderno postcrisis: 10

Albert Recio Andreu

I

Hace diez años, el sistema financiero se tambaleó. Y con él, tembló el complejo entramado de la economía capitalista mundial. La crisis de los grandes bancos mundiales provocó una recesión sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, y sus efectos se extendieron paulatinamente a muchos espacios del planeta. Lo que comenzó poniendo en evidencia las fragilidades, las irresponsabilidades y la criminalidad inherentes al modelo neoliberal, se acabó convirtiendo en un ajuste que ha debilitado las condiciones de vida de mucha gente, los derechos laborales y los servicios públicos en muchos países. Las élites capitalistas consiguieron externalizar gran parte de los costes del mal que ellos habían generado hacia el conjunto de la población, y tuvieron éxito en conseguir que las políticas económicas desarrolladas por los Estados y los organismos internacionales no supusieran un viraje profundo en la dinámica iniciada a mitad de la década de 1970.

Las crisis, los auges y recesiones, son inherentes a la historia del capitalismo. Que las crisis se manifiesten en primer lugar en la esfera financiera también es habitual. El sector financiero constituye el segmento más especulativo, inestable y volátil de la economía capitalista, y es allí donde se manifiestan con mayor intensidad las convulsiones sísmicas de la economía mercantil. Un sector financiero, por cierto, cuyo gigantismo se había desarrollado al calor de las políticas neoliberales, las potencialidades de las nuevas tecnologías de la información, y la globalización. Un sector que había propiciado, a la vez, una alarmante situación de endeudamiento global y un enorme potencial para el desarrollo de enriquecimiento rentista de las élites mundiales. El endeudamiento era en parte un propio subproducto de la liberalización financiera. Pero era también el resultado de las contradicciones puestas en marcha por el modelo neoliberal: la necesidad de promover el crecimiento del consumo en un contexto de salarios congelados (o a la baja), la necesidad de mantener vivo el comercio internacional en un mundo con países con balanzas comerciales permanentemente deficitarias, la necesidad de mantener un sector público enfrentado a demandas crecientes y recortes de impuestos

Y, pese a ello, la crisis cogió por sorpresa a los grandes líderes económicos. Y a la mayor parte de la “academia universitaria”, más atenta a desarrollar un análisis formalista que a analizar el funcionamiento del capitalismo real. Un capitalismo que, más que confiar en la capacidad autorreguladora del mercado para salir de la crisis, optó por una intervención pública masiva para evitar el colapso. Bastó una quiebra bancaria —la salida normal en una sociedad de mercado— para forzar a los gobiernos a financiar masivamente al sistema financiero y evitar su quiebra sistémica. Confundir el capitalismo moderno con el mercado es un error. El capitalismo real es una compleja combinación de mercados, empresas (en muchos casos enormes organizaciones verticales que expanden su poder más allá de los límites formales de la propia empresa a través de complejas redes interempresariales) y un sector público imponente. Sin este tercer factor, la crisis de 2008 posiblemente hubiera sido un proceso mucho más caótico de lo que realmente ha resultado.

II

La crisis, que puso en evidencia las debilidades y defectos de las políticas neoliberales y los gravísimos problemas generados por la financiarización económica, no ha servido para reorientar el funcionamiento global del sistema. Más bien al contrario. El sistema financiero ha sido salvado a costa de la sociedad (y ha aumentado la concentración bancaria). El nivel de endeudamiento global ha seguido creciendo (aunque en algunos países parte del endeudamiento privado se ha endosado al sector público). El proceso de financiarización se ha visto favorecido por las heterodoxas políticas monetarias adoptadas por la Reserva Federal y el Banco Central Europeo con el pretexto de evitar el colapso económico. Se han seguido implementando reformas laborales orientadas a desmantelar normas que en el pasado operaban como garantías de derechos sociales y acotaban el poder del capital. En algunos países se han impuesto políticas de austeridad que han implicado graves costes sociales y un desmantelamiento de los servicios sociales.


Han aumentado las desigualdades de renta y la minoría del 1% (o el 5%) ha acumulado riqueza a expensas del resto. En una visión mundial este dato cabe matizarlo. Como explica el detallado trabajo de Branko Milanovic (Global Inequality, Harvard University Press 2016), en su conjunto, la desigualdad de renta mundial entre individuos ha disminuido, fundamentalmente por efecto del crecimiento de la economía china, que ha mejorado la renta de millones de personas. Pero este mismo autor señala dos hechos cruciales. De un lado, el estancamiento absoluto y la pérdida relativa de la renta de la mayoría de la población de los países desarrollados. Del otro, que a pesar de la mejora de la población china (y parte de la India), la renta media de los países ricos (incluso la de la mayoría de sus pobres) sigue siendo mucho mayor que la de estas nuevas capas emergentes de asiáticos beneficiados por la globalización. Los impactos de la crisis han tenido dimensiones de género, clase y país.

La crisis, en suma, no ha generado ni una “refundación del capitalismo” ni una reorientación sustancial. Más bien ha servido para implementar políticas que han reforzado las tendencias anteriores. Se han introducido soluciones de emergencia, que han servido para apedazar y apuntalar una economía llena de contradicciones. El sistema no ha se ha derrumbado, pero las soluciones adoptadas prometen la reaparición de muchos problemas graves en el futuro próximo. Algunos, como el aumento de la pobreza, ya son visibles.

Si a la crisis económica en términos convencionales sumamos las cuestiones relativas a la crisis ecológica la situación es aún más dramática. Mientras proliferan las evidencias de los efectos del cambio climático, los diez últimos años no han aportado cambios sustanciales en la organización de la actividad económica. El único cambio palpable es el crecimiento de las energías renovables a costa de las tradicionales en la producción de electricidad. Se trata de una de las adaptaciones teóricamente más fáciles de realizar para las economías capitalistas. Al fin y al cabo, el cambio técnico y la sustitución de materiales ha formado siempre parte de la dinámica de acumulación. Y de ello ya han tomado buena nota los grandes grupos energéticos, que ya están focalizando sus inversiones hacia las “nuevas energías”. La idea de que basta con sustituir una energía por otra no sólo es atractiva para las empresas capitalistas, sino también para la mayoría de la población rica a la que se le promete que podrá mantener las mismas pautas de consumo (y además sin contaminar) simplemente cambiando el mix energético. Algo que es más que dudoso si se considera la crisis ecológica en su conjunto. Ni está claro que las energías renovables puedan garantizar el mismo flujo de energía barata que el petróleo y el carbón (sobre todo si se tiene en cuenta el ciclo completo de consumo energético que incluye la producción de equipos e infraestructuras renovables), ni mucho menos se puede reducir el problema ambiental a una sola cuestión. Aunque tuviéramos un suministro ilimitado de energía, el impacto sobre los ciclos vitales de la mayoría de especies, sobre los suelos fértiles, sobre los ciclos del agua, el uso del espacio o la creciente demanda de minerales acabarían por generar (si no lo están haciendo ya) otro tipo de tensiones. Las sociedades capitalistas que han experimentado niveles de consumo impensables en otras épocas son como una especie de plaga que devora todo lo que considera necesario para su continuidad y, a diferencia de otras especies, utiliza el cambio técnico como mecanismo de mutación cuando ha agotado alguno de sus inputs esenciales. El problema es que las dimensiones del planeta son las que son, y no parece racional pensar que este movimiento no tendrá fin.

La crisis ha generado mucho sufrimiento y, en los países desarrollados, ha acelerado las tendencias a la degradación de las condiciones de vida y trabajo de gran parte de la población. Las respuestas a la crisis han reforzado el poder de las élites dominantes sin abrir vías sólidas para afrontar los problemas endémicos de inestabilidad o desigualdad, ni para afrontar en serio los retos que plantea la crisis ecológica.

III

Todo lo anterior no tiene nada de original. Es un resumen apresurado de lo ocurrido en la última década, sin entrar en mucha profundidad. La pregunta verdaderamente relevante es por qué ante tamaño desastre no se ha configurado una propuesta mínimamente sólida para, cuando menos, propiciar alguna política nueva. Hay un vacío enorme entre la evidencia (incluso en los medios convencionales) del tamaño de las desigualdades y los peligros de la crisis ambiental y la inexistencia de propuestas de cambio movilizadoras. El auge de las propuestas derechistas y el repliegue hacia lo nacional-identitario en casi todos los países desarrollados tiene una de sus bases en esta falta de alternativas a la hegemonía capitalista. Una hegemonía que se ha consolidado menos por méritos propios que por el fracaso de sus presuntos oponentes. Este debería ser el núcleo de trabajo de cualquier persona interesada en afrontar en serio los problemas de la sociedad actual, especialmente de aquella gente que lleva años peleando en mil y una resistencia a los impactos del capitalismo. Y, más especialmente, entre la gente con capacidad técnica e intelectual para hacerle frente.

Hay que empezar por reconocer los problemas básicos que impiden pensar alternativas. Considero al menos tres tipos de cuestiones.

En primer lugar, está el dilema entre crecimiento y ajuste ecológico. Tradicionalmente, la izquierda se situaba en lado del crecimiento. Y, aún ahora, muchas de las propuestas de los partidos de izquierda se sitúan en una óptica post-keynesiana. El problema de las políticas expansivas de este tipo choca no sólo con la necesidad de llevar a cabo una reconversión ecológica, sino también con una cuestión más inmediata: el sujeto público que las puede llevar a cabo. En el contexto de globalización actual, las políticas expansivas de corte nacional están expuestas a múltiples problemas. Y, hoy por hoy, la izquierda no tiene capacidad de intervenir con éxito en estructuras supranacionales donde estas políticas serían realizables. Y la creciente consciencia ecológica de una parte de la izquierda les ha hecho perder su atractivo. Hay que reconocerlo estamos atrapados en una trampa siniestra: si se acelera el crecimiento, se agravan los problemas ecológicos; si la economía se contrae, en el contexto actual, se genera un grave problema social. Un dilema que no se puede resolver con eslóganes simplones, sino que exige la elaboración de propuestas que combinen una política seria de ajuste ecológico, de reducción de las desigualdades y de reforma institucional.

En segundo lugar, está la cuestión del sujeto. El planteamiento clásico se basaba en lo que ahora se conoce como el problema del 1% (la élite capitalista) enfrentado al 99% (la clase obrera). La realidad es por desgracia más compleja. Las sociedades capitalistas desarrolladas tienen mayor diversificación social, en la que existen estratos diferenciados por motivos de posición laboral, nivel educativo, renta, etc. Aunque la crisis ha frenado expectativas y debilitado estatus, las diferencias persisten e impiden establecer alianzas mayoritarias en temas como los impuestos, la estructura salarial o las regulaciones ambientales. Además las enormes diferencias existentes entre los distintos países en temas como la renta, los servicios públicos, o el sistema fiscal, operan como otro elemento de diferenciación y abren un espacio a las políticas reaccionarias. Construir una alternativa exige entender esta estructura social y analizar cuáles son las mediaciones que pueden permitir acumular un mayor número de fuerzas.

La tercera cuestión es la de qué tipo de modelo plantear tras las fallidas experiencias soviéticas. Marx y Engels se opusieron con buenas razones al socialismo utópico que propugnaba la construcción de una sociedad ideal basada en las ideas de pensadores bienintencionados. Una sociedad no se crea de la nada, independiente de las dinámicas sociales imperantes. Se centraron más bien en desarrollar la crítica de la sociedad capitalista, aunque no rehuyeron hacer propuestas concretas (el mismo Manifiesto Comunista introduce un programa reformista bastante concreto). Cuando los bolcheviques tomaron el poder tampoco tenían una idea clara de cómo organizar la economía, aunque ya se pensaba en algún tipo de planificación para combatir la tendencia al descontrol de la economía capitalista. El debate de los años posteriores a la revolución, los vaivenes entre la economía de guerra, y la NEP indican la complejidad de la cuestión. Aunque finalmente se saldó con el desastre estalinista por todos conocido. Tampoco la experiencia china se salvó de desastres y vaivenes para culminar en una variante peculiar de capitalismo con una pesante presencia estatal. Seguramente era inevitable que los intentos de instaurar un modelo alternativo al capitalismo experimentaran enormes dificultades y vías muertas (aunque posiblemente las cosas hubieran ido mejor si no se hubieran impuestos opciones autoritarias que bloquearon la posibilidad de un debate racional). Pero tanto estas experiencias como las que conocemos de la diversidad de las economías capitalistas reales pueden constituir un importante punto de partida para repensar una alternativa social. Los utopistas decimonónicos tenían sólo la referencia de sus propias elucubraciones mentales. Pero hoy, en cambio, contamos con una panoplia de experiencias económicas, de una enorme diversidad de instituciones y regulaciones que pueden servir de base para elaborar no un nuevo proyecto utópico, pero sí un marco de referencia en el que situar la transformación social. La lucha contra el capitalismo no sirve de nada si se limita a la denuncia de sus males. Requiere proponer formas diferentes de organización social. Y éstas deben partir del conocimiento de las experiencias sociales de los dos últimos siglos, de los éxitos y los fracasos. Pero exige un esfuerzo colectivo de construcción de propuestas transformadoras.

IV

En 2008 se pusieron de manifiesto muchos de los peores aspectos del capitalismo neoliberal. Diez años más tarde, estamos más o menos en la misma situación, pero en muchas partes del mundo los problemas sociales y ecológicos se han agravado. Y existen nuevas amenazas que conducen a la barbarie. Por eso es tan necesario contar con alguna hoja de ruta que nos permita salir de esta situación. No la hemos tenido en el momento de la crisis (lo que facilitó que se acabara imponiendo la salida neoliberal). Y seguimos sin tenerla, demasiado ensimismados en cultivar las diferencias. Demasiado incapaces de construir un mínimo esquema a partir de las cosas que conocemos o deberíamos conocer. Urge una reconstrucción del pensamiento crítico que vaya más allá de la denuncia. Que aporte respuestas que nos alejen del mundo de la desigualdad insoportable, la catástrofe ambiental, la exclusión social y el autoritarismo que dominan el ambiente.
30/8/2018