30 diciembre, 2018

Gilets jaunes - ACTE 7 - 29/12/2018




Gilets jaunes, Bordeuaux - 29/12/2018



Gilets jaunes, Dijon - 29/12/2018




Gilets jaunes, Nantes - 29/12/2018




Gilets jaunes, Paris - 29/12/2018





Gilets jaunes, Biarritz - 29/12/2018




Gilets jaunes, Lille - 29/12/2018




Gilets jaunes, Lyon - 29/12/2018



Gilets jaunes, Montpellier - 29/12/2018



Armes chimiques : les gaz lacrymogènes utilisés par le régime Macron interdits par la convention de Vienne
La répression du mouvement social fait des dizaines de blessés graves. Par exemple, à la manifestation du 19 avril à Paris, un photographe de presse dûment identifié a reçu un tir tendu de grenade lacrymogène le blessant très grièvement aux mains. Au-delà des explosifs et des coups de matraques, le régime Macron fait un usage massif des gaz lacrymogènes contre les travailleurs pour terroriser ceux qui voudraient rejoindre les manifestations, les cortèges syndicaux. Une utilisation massive qui est dangereuse, d’armes chimiques dont l’usage en cas de guerre est interdit par les conventions internationales. Le régime Macron utilise massivement des gaz CS. des gaz de combat, armes chimiques développées par les USA et utilisées massivement durant la guerre au Vietnam. Il s’agit d’un des nombreux gaz au chlore (C10H5ClN2). L’armée française utilise pour la première fois les gaz CS lors de la guerre d’Algérie.
En 1993, la convention sur l’interdiction des armes chiques, est signée à Paris. les gaz CS y sont explicitement interdits ; Mais une exception y est bizarrement inscrite, le “maintien de l’ordre”. À haute concentration le gaz CS est toxique, à très forte concentration, il est mortel.Dans les années 1960, l’URSS avait proposé l’interdiction totale de ces gaz de combat. Interdiction rejetée par les pays occidentaux.
               Wikistrike

28 diciembre, 2018

SUCESOS – JRMora





JRMora28/12/2018

Cada vez que hay un asesinato considerado “mediático”, de esos de “alarma social”, huyo de la televisión, y de otros medios, mucho más de lo que ya lo hago habitualmente. Hay medios reconvertidos en una versión digital apresurada de El Caso que publican supuestas noticias a porrillo sobre asesinatos, incluso cuando no tienen nada nuevo. Pueden comprobarlo, más de ochenta.

El aquelarre de lo gore para alimentar el morbo es ya tradición y libro de estilo, detalles escabrosos innecesarios, especulaciones, rumores y en muchos casos también la presunción de inocencia despachada de aquella manera.




Los informativos de la tele se ceban con este tipo de asuntos, pero Antena 3 es un caso especial. Creo que hacen el peor, más amarillista y cutre espacio de noticias.

No hay día que no estén atiborrados de sucesos. Haga la prueba, si tiene paciencia vea uno completo cualquier día. De cada dos piezas, tres son sucesos truculentos. Si no los encuentran en España recurren a los de cualquier otro país.

Los programas informativos deberían ser buque insignia de las televisiones, pero no son más que una sucesión de piezas inconexas fruto de una mezcla de supuestas curiosidades, alguna tontada de internet (porque es viral y lo viral es lo más), propaganda política o sesgo camuflado con torpeza, sucesos de tripa y unas cuantas chorradas sensacionalistas, la lectura tras finalizar el chou será que medio mundo está matando al otro medio.

No es de extrañar que el consumo de televisión se sitúe en los niveles más bajos de los últimos 20 años, según datos de la AIMC.

Informe sobre el consumo de medios AIMC (PDF)




También puede echarle un vistazo a los vídeos que se suben a Kaotic, Liveleak, The Ync o similares y comprobará que allí están todos esos sucesos que terminarán a las pocas horas en las escaletas de los informativos




Sobre el asesinato de Laura Luelmo, hasta la magistrada que instruye el caso tuvo que dar un toque de atención a los medios que ya se habían entregado a la casquería sin concesiones.





Visto aquí

23 diciembre, 2018

GILET JAUNE - TOULOUSE - DIJON - PARIS - LYON... — 22/12/18 — "El mercado de trabajo es una dictadura"

















"El mercado de trabajo es una dictadura"

Entrevista a Jorge Moruno Danzi

sinpermiso18/12/2018

La obra del sociólogo y escritor Jorge Moruno (Madrid, 1982) constituye una fuerte crítica a la manera en que el sistema capitalista ha gestionado las fuerzas del trabajo, y en especial a los discursos y categorías filosóficas de los que se ha servido para legitimar esta gestión.

Su último libro, titulado 'No tengo tiempo. Geografías de la precariedad', es una ácida descripción del panorama sociolaboral contemporáneo, y en buena medida es también una denuncia del lenguaje eufemístico con el que el neoliberalismo maquilla la demolición de los derechos de los trabajadores que está favoreciendo de hecho.

A lo largo de la entrevista, analizamos sus perspectivas sobre el mercado actual del trabajo, las raíces ideológicas que alimentan su funcionamiento y las posibles soluciones para esa enfermedad sociolaboral que es la precariedad, cuyo efecto sobre la salud del ser humano como colectivo es ya notable a nivel global. La entrevista la realizó David Romero.

RT: ¿Crees que hoy aún puede decirse que el trabajo dignifica al hombre?

J.M.: Cuando hablamos de "trabajo" debemos aclarar a qué nos referimos. No hacemos alusión a la etimología que lo asocia a la fatiga del campo, tampoco al sentido redentor cristiano, ni siquiera a la capacidad humana de producir objetos para su consumo: nos referimos al trabajo en su forma social específica que inaugura la modernidad capitalista y abre un modo inédito de concebir la riqueza. Dentro de esta relación social, el trabajo se presenta de diferentes maneras a lo largo del tiempo, aunque siempre dentro de una misma dinámica inmanente al capitalismo.

Así pues, hay que entender al empleo como una de las formas que adopta el trabajo moderno. El empleo conlleva un trabajo remunerado, pero también es mucho más, y concierne a un periodo histórico del siglo XX, desde después de la II Guerra Mundial hasta los años 80. El empleo fue, en esa época, el verdadero eje vertebrador de las sociedades salidas de la posguerra. Tener un empleo era sinónimo de acceso a la condición de ciudadanía, de tener unos ingresos estables y suficientes, unas garantías, unas certidumbres. Por lo tanto, el empleo era considerado una fuente de seguridad en una sociedad no exenta de conflictos. Es esa modalidad del trabajo como empleo la que entró en una profunda crisis en los años 80, que ahora hemos visto cómo se ha recrudecido con la crisis de 2008. A día de hoy, no se puede decir que tener un trabajo te dé garantías ni una condición mínima de ciudadanía. Esa relación entre una cosa y otra, que era la base de los consensos sociales y del contrato social, se ha quebrado.

RT: ¿Nos ha llevado esa quiebra a un escenario en el que la única libertad posible es la de tener dinero?

J.M.: También se ha desplazado el sentido de lo que nos hace ser libres, de lo que hace falta para ser considerado un ciudadano libre. El liberalismo provoca un desplazamiento desde la idea de un estado interventor que garantiza una serie de derechos y una serie de servicios públicos a una situación en la que todos esos derechos tienen que "salir a bolsa", de alguna manera, porque para el pensamiento neoliberal son "riquezas vírgenes" que aún no se han mercantilizado.

Eso es lo que está, por ejemplo, detrás de esa retórica tan típica de los EE.UU., en la que cuando hablan de sanidad privada hablan de "la libertad para elegir tu médico"… o se cuestionan "por qué no tengo la libertad de no pagar impuestos y disponer de todo mi dinero"... Eso acaba derivando en una sociedad que te dice: "Vas a poder acceder a algo si te lo puedes pagar, y el que no se lo pueda pagar, que se joda, porque es su problema, porque es su culpa, y porque hay que recompensar a los que tienen más éxito y apartar a los que fracasan, porque son pobres y culpables de su propia pobreza". Ese es de alguna manera el mensaje inconsciente que opera detrás de esta modalidad de libertad.

De ahí se pasa a la idea de libertad como no-interferencia. Es decir, "yo puedo hacer lo que quiera siempre que disponga de los medios que me permitan poder hacerlo". Y ese medio se llama dinero. Y esa libertad se sustenta siempre sobre la no-libertad de otros, porque para que tú puedas hacer lo que quieras, tienes que comprar el tiempo de otros que no pueden hacer lo que quieren porque trabajan para darte ese servicio. En ese complejo sistema de relaciones y jerarquías en la distribución de los tiempos, –donde el rentista se coloca en la cúspide– uno puede estar en un momento dado sin libertad, cumpliendo su horario de trabajo, y cuando sale puede comprar el tiempo de otro. Por ejemplo, alguien puede estar ocho horas trabajando, y al salir, al volver a casa, llamar a un repartidor (comprar el tiempo de esa persona) para que le traiga comida a domicilio.

La cadena global de cuidados muestra esta jerarquía temporal de forma amplia: mujeres que dejan a sus hijos y los ponen en manos de familiares mujeres, para irse a la otra parte del mundo a cuidar a los hijos de otras personas. En este funcionamiento la libertad siempre se percibe desde el lugar del que gasta el dinero, pero normalmente, los que gastan el dinero, son los mismos que tienen que conseguir dinero vendiendo su propia libertad, generalmente a bajo precio. Esos precios baratos, bajo el concepto de 'low cost', surgen precisamente de la precariedad que el consumidor también sufre como trabajador, con bajos salarios, malas condiciones de trabajo…

Esa competición por bajar los precios, al que beneficia realmente es al que gana mucho dinero. El resto es una cadena de precariedad donde aquel que tiene pocos ingresos se ve abocado a consumir productos 'low cost'. Por ejemplo, el que tiene poco dinero y quiere viajar, utiliza Ryanair, que es un pozo de precariedad, pero al mismo tiempo ofrece la posibilidad de viajar a los trabajadores precarios… Entonces, ¿Cómo salir de este circuito de la precariedad que se ha instalado como modelo social imperante?

RT: Aprovecho para devolverle la pregunta: ¿Cómo se podría salir de esta situación?

J.M.: Uno de los asuntos fundamentales está en decidir en base a qué se construye la aspiración, el deseo. Cómo nos queremos ver a nosotros mismos, cómo nos queremos proyectar. Eso determina cómo configurar las bases y valores de un modo de convivencia. Si queremos pensar que todos podemos ser especiales y únicos y que la libertad consiste en hacer lo que uno quiere porque tiene dinero, configuramos un modelo de libertad que en la práctica excluye a cada vez más capas de la población. Las creencias no nacen necesariamente de los hechos, su persistencia tampoco desaparece con ellos: una aspiración por la "libertad" en la que se anima a "aprovechar las oportunidades", dando a entender que el modelo debe premiar a quien más gana y sancionar a quien menos gana, puede ser hegemónica aun cuando son más los que pierden.

Las relaciones funcionan, no porque oculten la verdadera realidad que de conocerse todo cambiaría; lo hacen porque tejen la experiencia dentro de un imaginario y de una forma de vida. Una ficción –recuerda el filósofo francés Jacques Rancière– no es un mundo inventado: es la manera en la que los seres humanos nos ubicamos y damos sentido a la realidad, esto es, a la conexión entre sujetos, acciones, acontecimientos, etcétera. En definitiva, la ficción es el modo en el que damos sentido a lo vivido. En mi opinión hay que defender un modelo de libertad incorporado en una ficción, en la que todas las personas tengan el mismo derecho a ejercerla, en lugar de la salida reaccionaria que excluye. Aristóteles ya entendía los regímenes políticos en términos de acceso al tiempo y la renta. Por eso decía que "la democracia es el tiempo libre de los pobres".

RT: Tu último libro se llama, precisamente, 'No tengo tiempo. Geografías de la precariedad'… ¿Es la falta de tiempo el criterio para señalar la precariedad?

J.M.: Marx decía que el tiempo es el espacio donde se desarrolla el hombre, y que aquellos que solo tienen tiempo para comer, dormir y trabajar sin tiempo libre tenían una vida peor que la de las bestias de carga. Por eso solo democratizando el tiempo somos capaces de pensar la democracia, porque tener tiempo es la condición fundamental y necesaria para poder elegir realmente, y poder decidir. En el entorno laboral se habla mucho de flexibilidad. Y la flexibilidad no es mala: la cuestión es quién decide la flexibilidad.

Si una persona tiene una fuerte dependencia a trabajar de lo que sea, de lo que salga, en un mundo en el que si no tienes un empleo eres una mercancía obsoleta, excluida del circuito del dinero, no tienes ninguna libertad de elección. El mercado del trabajo es una dictadura. De hecho, en el 80% de las ofertas de empleo en España no informan del salario, y si lo preguntas en una entrevista de trabajo te pueden mirar mal, y quizá te descartan. Cuando solo se puede acceder a los medios de vida si antes se accede al empleo, pero el empleo es una realidad cada vez más frágil e insuficiente, se provoca un desgarro que genera cada vez una mayor cantidad de gente superflua, excluida o en el precipicio. Si antes se entendía que el empleo era una fuente de seguridad y acceso a la ciudadanía, el empleo precario contemporáneo llega a invertir su significado, y se convierte en una fuente de inseguridad, de incertidumbre y de inestabilidad. Una sociedad con más tiempo seguro, con más garantías, es una sociedad que crece y avanza más.

RT: ¿Y el emprendimiento, la iniciativa privada, el autoempleo… se perfilan como buenas opciones en este contexto sociolaboral?

J.M.: Este remake del siglo XIX incluye también una insistencia parecida en focalizar la figura del éxito personal y la importancia del carácter laborioso del trabajador. Ante una crisis estructural de la forma de empleo, se anima a que la gente "aproveche sus oportunidades" y se atreva a "ser libre" para tomar las riendas de sus vida. Lo cierto es que ese traslado de la responsabilidad a la soledad del individuo agrieta las condiciones de vida y se convierte en su reverso: en España son los autónomos quienes más problemas encuentran para adaptar su horario laboral a sus compromisos sociales y familiares.

Según el organismo europeo Eurofound, la media de trabajo a la semana de los autoempleados es mayor que la de los empleados; más de la mitad supera los 5 días de trabajo a la semana. También es más alta la probabilidad entre los autoempleados, de trabajar los fines de semana y en turno de noche así como de ejercer trabajos "atípicos". En España, el conjunto de los autoempleados tienen un 25% de riesgo de pobreza. Se constata así la relación entre aumento del autoempleo y aumento de la pobreza laboral, cuando además, la mitad de los autoempleados en la Unión Europea de los 28, indican que no cuentan con seguridad financiera en caso de enfermedad.

Sin embargo, al igual que ocurre con la flexibilidad, lo importante son las relaciones sociales donde las cosas toman sentido: Lenin decía que el capitalismo aplasta la iniciativa emprendedora del 99% de la sociedad. Lo podemos ver de la siguiente manera: en realidad lo que tenemos es un tope, un lastre, un modelo productivo que está por debajo de las cualificaciones de la sociedad, y que impide a las personas desarrollar su talento y su creatividad, precisamente porque consumen su tiempo en trabajos de los que dependen para vivir. ¿Cuánto talento nos estamos perdiendo en esa gente que se ve obligada a aceptar condiciones miserables, en lugar de poder desarrollar proyectos inteligentes y beneficiar así a la sociedad?

La sociedad avanza más, y es más segura, cuanto más tiempo libera de la dependencia al trabajo. Vivimos en una sociedad que cada vez libera más tiempo, gracias a la productividad que permiten los avances tecnológicos, pero paradójicamente cada vez obliga a más gente, con más intensidad y con mayores niveles de dependencia, a tener que trabajar por un salario para pagar por cosas por las que antes no tenía que pagar. Porque esa misma falta de tiempo hace que más aspectos de nuestra vida "salgan a la venta" y se externalicen actividades para las que ya no hay tiempo.

Por ejemplo, como no se tiene tiempo, se puede contratar a través de una 'app' personas que nos saquen a pasear al perro, se puede alquilar la amistad de un amigo, o contratar los servicios de una madre para que cuide de tu hijo. En el capitalismo se buscan soluciones a una realidad infame sin cuestionar nunca lo infame que es esa realidad. Por una simple razón: si bien la necesidad humana no tiene que ser satisfecha a través de una mercancía, sí es cierto que toda mercancía existe si es capaz de satisfacer una necesidad. Lo importante no es satisfacer, sino hacerlo a través de la mercancía.

La jerarquía capitalista del tiempo demuestra que no es una cosa natural, sino una relación social: aquellos aspectos fundamentales para el desarrollo de la vida resultan ser los que menos se valoran en el capitalismo: los cuidados, la limpieza y la alimentación. Son tres sectores muy precarios, en los que trabajan muchos inmigrantes sin papeles, jóvenes o mujeres, y es el tiempo menos valorado del mercado, a la par que un asesor financiero puede estar ganando millones. El capitalismo es una relación social que no busca el bien común, sino acrecentar el capital y multiplicar el dinero, y reproducirse a sí mismo y a sus relaciones infinitamente.

RT: ¿Qué escenario nos espera en un mundo tecnologizado en el que cada vez va a haber más habitantes y menos puestos de trabajo a desempeñar por personas?

J.M.: Los informes de los organismos oficiales, como el del CES (Consejo Económico y Social) alertan de la posibilidad de altos porcentajes de paro junto con la escasez de mano de obra. Esto se debería a una disparidad entre las habilidades requeridas y las ofrecidas, en una tesitura donde el 44% de la población europea no cuenta con las habilidades digitales básicas requeridas.

Sin embargo, se suele asumir un axioma según el cual "el futuro" es un 'telos', un propósito ya determinado, sobre el cual nada puede hacer la acción humana; se presenta como una verdad evidente que no se discute. De esta forma, solo queda adaptarse al mercado, reciclarse y prepararse para las ofertas de trabajos que hoy desconocemos, pero el modelo es el que es.

Independientemente de si existe o no una transición entre trabajos destruidos y nuevos creados –cosa que, de suceder, nunca será lo mismo que ya fue– el ejemplo histórico muestra que la clase trabajadora no observó beneficios durante un siglo. Lo cierto es que las tecnologías se incorporan para una finalidad concreta y lo hacen dentro de unos límites ecológicos.

A día de hoy las tecnologías no se han usado con la finalidad de mejorar la vida de las personas –esto ha sido fruto del conflicto–, sino bajo un único incentivo: reducir el trabajo pagado, intensificar el existente y elaborar nuevos dispositivos de control sobre la fuerza de trabajo. El teléfono móvil es una prueba de eso. Por otro lado, en el capitalismo, la introducción de tecnología en el trabajo solo aparece cuando es capaz de reducir costes, de hecho, los salarios bajos y la falta de derechos dificultan su introducción. La pregunta es qué se hace con el tiempo que liberan las máquinas, quién se adueña de los datos y para qué finalidad.

RT: ¿Qué cambios consideras que se deberían introducir a partir de este momento?

J.M.: Hay que tener claro que no vale "recalentar en el microondas" los imaginarios del pasado: hay que forjar un mundo de nuevo, un sentido de pertenencia nuevo y un horizonte nuevo de emancipación, sin por ello hacer tabla rasa con lo aprendido en el pasado. Es necesario recuperar el peso de las grandes palabras y llenarlas de valores y contenidos: seguridad, libertad, igualdad. Hay que establecer nuevos criterios de ciudadanía y nuevos criterios emancipatorios, que desvinculen los derechos del hecho de tener o no un trabajo.

Estoy hablando de disociar los ingresos del trabajo, de garantizar un bien básico como la vivienda… Robespierre decía que "el derecho a la existencia es la primera ley social, que debe prevalecer sobre el resto de leyes". Es necesario dotar de un suelo básico de dignidad a toda la población por el mero hecho de haber nacido. Hace falta garantizar ese derecho a la existencia que permita a la población poder ampliar su margen de libertad para poder decidir en igualdad, y tener la seguridad suficiente como para no tener que aceptar condiciones miserables. Hay que elevar el nivel de vida para forzar las transformaciones, pero las medidas, e incluso un gobierno, poco pueden hacer en ausencia de un cambio en los criterios que rigen los tipos de aspiración. En esa transformación, el ecologismo y el feminismo son fundamentales para entender un nuevo concepto de libertad que siente las bases de un 'New Green Deal'.

RT: ¿Está hablando también, y en concreto, de la necesidad de instaurar una renta básica, por ejemplo?

J.M.: La renta básica, efectivamente, se tendría que incorporar a esta idea de derecho de existencia. En sí misma puede tener muchos sentidos y existe una batalla política por definir su sentido. Para mí, su sentido sería garantizar el tiempo a quienes no tienen tiempo, porque eso es garantizar la democracia. Así tendría una verdadera función emancipadora. Elon Musk decía hace poco que para cambiar el mundo hay que trabajar más de 40 horas, el decía que había que trabajar entre 80 y cien horas. ¡Y en realidad es completamente al revés! Solo se puede cambiar el mundo si tenemos más tiempo, si trabajamos menos horas. Es todo lo contrario.

El trabajo es una relación social de total dependencia sobre la base de la supuesta libertad, porque el trabajador es libre, no es un esclavo, no está 24 horas sometido al patrón. "Eres libre de trabajar de lo que quieras", te dicen, pero estás obligado a trabajar de algo para poder sobrevivir, lo que implica poder convertirse en una mercancía que no consigue venderse. Además es mentira, obviamente, eso de que "puedes trabajar de lo que quieras".

Hay que darle la vuelta a lo que decía el fundador de Glovo, Óscar Pierre, cuando afirmaba que "en el futuro la gente tendrá múltiples vías de ingresos"… pues sí: va a ser completamente necesario garantizar el derecho a la vivienda a renta básica, a la movilidad…, porque los salarios no son suficientes, y si no generan estabilidad, hay que buscar otros mecanismos. Solo hay dos salidas: una es tener muchos empleos para conseguir poco dinero, y otra es trabajar cada vez menos para vivir cada vez mejor.

RT: Ese relato de neoliberal sobre la libertad que menciona era uno de los aspectos de la postmodernidad capitalista que usted criticó en su libro anterior. ¿En qué fundamenta su crítica?

J.M.: Es una suerte de perversión invertida de Mayo del 68, donde te dicen: ahora eres libre de la fábrica, ahora tú mismo eres una marca, una marca propia en un mercado en el que tienes que construirte a ti mismo y realizarte personalmente. Y para eso tienes que ser un 'doer' ["hacedor", en inglés], tienes que estar constantemente en un negocio porque tu vida es un negocio, y si nadie te conoce no existes. Te dicen que "la vida es como escalar el Everest", te dicen que "solo estás tú, y si no puedes cambiar el mundo, mejor cámbiate a ti mismo"… En esta batalla, en esta especie de 'Juegos del Hambre' en los que vivimos, se genera ese co-relato donde de repente tú eres el dueño de tu propia vida y no hay nadie más.

En ese mundo desaparecen las mallas colectivas, las formas de sostenimiento colectivo, los derechos y todo lo demás, porque solo estás tú ante el mundo. Lejos de darte la oportunidad de "ser el artífice de tu propia escultura", lo que están haciendo es convertir lo que antes era una seguridad colectiva en un riesgo individual, en el que además, si no tienes éxito, se te hace culpable de tu fracaso. Hay todo un sistema cultural de libros, publicaciones y medios de comunicación que inoculan constantemente esta ideología, este espíritu. La pregunta entonces no es solo cómo, sino también por qué. Los libros de autoayuda aparecen con fuerza en la crisis del 29, lo que nos lleva a pensar que en tiempos de crisis existe una necesidad de huir de aquello que produce tristeza. Que esto se traduzca en libros de autoayuda, sectas evangelistas, en el espíritu del 'lobo de Wall Street', o en la demanda de mejoras democráticas, no viene inscrito en la naturaleza. Se trata de reivindicar, como hacía José Carlos Mariátegui [pensador y escritor peruano], un optimismo no conformista.

RT: ¿Cuál es en tu opinión la carencia más grave y peligrosa de nuestra cultura, de nuestra forma de vivir hoy en día?

J.M.: Pues la disparidad que hay entre las posibilidades de garantizar la dignidad al conjunto de la sociedad y la manera en la cual esto no se produce, y los peligros reaccionarios que esto acarrea. Tenemos riqueza y recursos suficientes para vivir todos mejor trabajando menos, pero vivimos en una sociedad donde sin trabajo no eres nada, y al mismo tiempo te obligan a trabajar cada vez más, cuanto más se complica vivir del trabajo.

Tenemos que avanzar hacia una sociedad que formule otros criterios de riqueza. Ya no nos valen los medidores actuales. ¿Cómo puede ser que haya tanta riqueza y, al mismo tiempo, tanta exclusión y tanta precariedad? Si no se atiende a esta situación de una forma de vida ofreciendo otra mejor, podemos caer en la reunión del odio que excluye, atravesado por el resentimiento.





¿Sabías que...?


El Roto



22 diciembre, 2018

Chile: las claves de la lucha que paraliza el puerto de Valparaíso




lahaine.org - 21/12/2018

Desde hace un mes, los trabajadores portuarios de Valparaíso protestan en demanda de sus derechos. Se unen otros puertos.

Mientras el presidente de Chile, Sebastián Piñera, festejaba el primer aniversario de su elección como mandatario en el Palacio de Cerro Castillo, un lujoso lugar de descanso presidencial con vista a las costas de Valparaíso y Viña del Mar, a pocas cuadras, los trabajadores del famoso puerto chileno eran duramente reprimidos por Carabineros.

Ellos también estaban de aniversario: el domingo pasado, se cumplió un mes desde el inicio del paro portuario que tiene en pausa las aguas comerciales de Valparaíso y que comenzó en demanda de mejores condiciones laborales.

El lunes, la policía chilena allanó violentamente el edificio del sindicato portuario, en el que se encuentran parte de los trabajadores en lucha, lanzando bombas lacrimógenas e ingresando por la fuerza.

Asimismo, un automóvil sin patente se presentó en el lugar y arrolló de manera intencional a tres personas que participaban de las protestas afuera del inmueble, antes de darse a la fuga. El hecho dejó en estado de gravedad a una fotógrafa y a dos dirigentes comunitarios.

Al mismo tiempo, desde los cerros y calles del puerto chileno, miles de personas se sumaron a un cacerolazo general en apoyo a los trabajadores, quienes han denunciado amenazas y persecuciones por parte de la empresa y de anónimos para, de esa forma, deponer la medida de fuerza.

Debido a los incidentes de la noche del lunes, la Unión Portuaria de Chile (UPC) informó que trabajadores de otros puertos de nueve ciudades del país se sumaron a la paralización, generándose una movilización a nivel nacional.

Las movilizaciones son encabezadas por los operarios eventuales, es decir, aquellos trabajadores que solo son convocados a laborar cuando hay exceso de trabajo en el puerto, lo que implica una serie de condiciones críticas: no tener estabilidad laboral ni contrato, lo que se traduce en ausencia de derechos, de beneficios y de protección social.

El viernes 16 de noviembre, 600 operarios eventuales de las terminales portuarias Cerros de Valparaíso (TCVAL) y Pacífico Sur (TPS) entablaron negociaciones con sus empleadores. Si bien los primeros lograron un acuerdo con su empresa, con los trabajadores del TPS no fue así, por lo que continúan movilizados.

Las exigencias de los portuarios se basan en tres puntos: constituir una mesa de diálogo para discutir sus condiciones laborales; el pago de un bono y el compromiso de no perseguir ni llevar a cabo represalias por parte de la empresa a los trabajadores que participan de las movilizaciones.

Al no existir respuesta por parte de las empresas, el alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, perteneciente a la coalición izquierdista Frente Amplio (FA), dispuso la Municipalidad como punto neutro de diálogo entre ambas partes. Sin embargo, sólo hubo voluntad de los trabajadores para acudir a la mesa.

El gobierno también intentó mediar y, luego de dos semanas de iniciadas las movilizaciones, y tras una reunión con la ministra de Trabajo, Alejandra Krauss, los trabajadores de la concesionaria TCVAL aceptaron la propuesta de la compañía. Pero, en TPS, aún persiste el conflicto entre la compañía y los funcionarios.

Esto ha acarreado el recrudecimiento de las protestas ante la nula respuesta de las autoridades. El dirigente sindical Pablo Klimpel aseguró que recurrirán a instancias superiores si no se llega a un acuerdo con TPS.

Valparaíso es conocida mundialmente como una de las ciudades turísticas más atractivas. Además de su potencial económico como el segundo puerto principal del país por el que entran y salen productos, el turismo es su principal ingreso.

Por el paro, se han desviado buques de carga y dos cruceros internacionales. Asimismo, el Año Nuevo en Valparaíso es un evento de fama mundial, en el que se reciben visitas de todos los países para participar del espectáculo de fuegos artificiales más grande de América Latina, que llena de luces las costas de todas sus playas.

Sin embargo, los portuarios fueron claros: si no hay Navidad para ellos, no habrá Año Nuevo para Valparaíso. “Hay 420 trabajadores portuarios que no saben cómo van a pasar la Navidad”, aseguraron desde el sindicato. “Estamos radicalizados”, afirmaron.


Adhiriendo al movimiento, el alcalde Jorge Sharp hizo un llamado al mandatario chileno: “Quiero solicitar al presidente Piñera que intervenga directamente en este conflicto, el gobierno de Chile tiene las facultades a partir del contrato de concesión que hoy sostiene con la empresa TPS para poder obligar a ese concesionario a llegar a acuerdo, a sentarse a la mesa y poder resolver este problema ahora. Valparaíso no puede seguir esperando”.

Por su parte, la empresa TPS ha señalado que reintegrará a los trabajadores que adhieren al paro, pero quienes no hayan estado vinculados a las protestas, dándoles como incentivo un préstamo de 350 mil pesos chilenos (500 dólares) y un bono de 200 mil pesos (290 dólares). La propuesta significó un acto de humillación para los trabajadores.

El paro ha ganado apoyo popular de organizaciones políticas, movimientos sociales y también de otros sindicatos. “La Unión Portuaria de Chile informa la paralización inmediata en apoyo a los compañeros de Valparaíso, fuertemente reprimidos por Carabineros. Puertos paralizados hasta ahora: Iquique, Antofagasta, Caldera, Huasco, Chañaral, San Vicente, Talcahuano, Puerto Montt y Punta Arenas”, reportaron en su cuenta de Twitter.

Ante el escenario actual y lo que puede venir, el alcalde Sharp hizo un nuevo emplazamiento al gobierno, pidiéndole que su estrategia de negociación debe ser con la empresa y no con los trabajadores. Asimismo, llamó a las autoridades y a Carabineros de Chile a que “no contribuyan con su actuar a generar una escalada de violencia”. “El diálogo en el puerto es el único camino”, expresó Sharp.




20 diciembre, 2018

19 diciembre, 2018

Autoritario, criminal y patriarcal machismo imperante — Loam





No hay terrorismo más dañino ni más urgente de enfrentar y atajar que el cotidianamente perpetrado contra las mujeres. No puede existir sociedad mínimamente democrática en un país en el que la mitad de su población está privada de la libertad de vivir en igualdad, de transitar por él sin miedo a ser agredida, violentada y asesinada.

"Más de 32.000 millones destinados al gasto militar y al control social, el 2,75% del PIB en España". Todo ello para enfrentarse a un supuesto, más bien imaginario, enemigo. Mientras tanto, 93 mujeres han sido asesinadas en 2018 en España y otras muchas maltratadas, vejadas y violadas por un enemigo vergonzosamente real, sin que el muy católico, patriarcal y militarista Estado español, tan preocupado por el suculento negocio de su propia defensa (32.000 millones de €), sea capaz de enfrentarse, de una vez por todas y con todos los medios a su alcance (32.000 millones de €), a ese secular terrorismo interno, a esa lacra inmunda, real y dolorosamente cotidiana que es el autoritario, criminal y patriarcal machismo imperante. ¡Basta ya!



15 diciembre, 2018

¿Por qué los franceses se manifiestan con violencia? — Frédéric Lordon




LA HAINE - 14/12/2018

Le Monde aplaudía como “un maravilloso estallido de libertad” las manifestaciones de Libia. Ahora habla de un “inmundo levantamiento popular".

Un orden decadente es reconocible por el asombro que se retrata en las caras de sus sumos sacerdotes. Este sábado, el espectáculo no sólo estaba sólo en la calle. También estaba en las caras desconcertadas de la CNN, de Francia 2, y de casi todos los medios audiovisuales. La estupidez y el asombro tiene una misma raíz etimológica. Los trompetistas del “macronismo revolucionario” han vuelto a sus viejas categorías, las categorías del viejo mundo. Ahora titubean entre calificar de extrema derecha o de extrema izquierda a los chalecos amarillos.

El viejo régimen está buscando ansiosamente “representantes” o “portavoces” presentables. Les gustaría un directorio con quien “negociar”. Desesperados, buscan frenéticamente acuerdos con los líderes de los partidos, los parlamentarios y, los sindicatos. Su esperanza es una “salida a la crisis. ¿Una moratoria sobre el impuesto al diésel o quizás algo más? Es decir, están montando otra pantomima más. Y todo esto mientras todo el sistema parecer estar en la ruina. En esto están las élites. No quieren ver que el aplazamiento de los impuestos no es ninguna solución. Que no hay más tiempo, que un mundo entero se está desmoronando, que las instituciones se encuentran atrapadas en un colapso porque los chalecos amarillas no son un “movimiento social”: son un levantamiento popular.

Cuando la dominación se acerca al punto de su derrocamiento, todas las instituciones del régimen, y especialmente las del tutelaje simbólico, revelan una profunda incomprensión de los acontecimientos: ¿no es el orden establecido el mejor posible?

Los medios comunicación han entrado en pánico manifestando en plena luz del día su odio el levantamiento popular. Más aún, porque el movimiento ha llevado el fuego donde nunca había estado y dónde siempre debería estar: entre los ricos. Y probablemente muy pronto, entre sus sirvientes.


Se dice que el presidente de la sociedad de la prensa descubrió horrorizado que los chalecos amarillos no son el resultado de activistas sino de personas comunes y corrientes”. Los poderes de este tipo, los de la tiranía de los propietarios y sus lacayos, siempre terminan en la estupefacción y la estupidez: ¿nos odian tanto? se preguntan. La respuesta a sus lamentos es SÍ, y por las mejores razones del mundo. Después de décadas, ha llegado el momento de cobrarse tanta humillación. Digámoslo ahora mismo, hay demasiados retrasos y por demasiado tiempo.

Desde las huelgas de 1995, ha crecido la conciencia que los medios de comunicación son vasallos al poder. Los medios han trabajado incansablemente para que la población acepte un neoliberalismo que se profundiza cada vez más. Han puesto a la gente bajo una tensión insoportable, que solo funciona con un intenso bombardeo de los espíritus, para después de bombardear y gasear los cuerpos.


El Ministerio del Interior ha hecho un favorable recuento, para el gobierno, de los manifestantes movilizados. Todo para condenar las manifestaciones y reprimir la protesta. La acusación de violencia muestra que la situación se les está escapando.

Condenar la “violencia” siempre ha sido la mejor manera de no entender nada. La ceguera voluntaria de los poderosos, que califican la protesta como “violenta”, es el último reducto del orden neoliberal.

Cuando celebran el 14 de julio de 1789 o conmemoran el Mayo del 68 lo hacen olvidando la violencia de esos momentos y con una loca inconsistencia, intentan imponer una historia embalsamada, distanciada, desvitalizada y privada de cualquier enseñanza concreta para el presente.

En cualquier caso, en un panorama general de violencia, los medios de comunicación, especialmente los medios audiovisuales, siempre muestran lo que les conviene cuidando de dejar el resto invisible. Se proponen convencer de que se trata de una violencia incomprensible: El mal en estado puro.

La negación de la violencia social es la forma suprema de violencia a la que Bourdieu le dio el nombre de violencia simbólica. Para los medios de comunicación las víctimas de la violencia institucional, debería estar agradecidas a pesar que han sido denigradas y privadas metódicamente de cualquier medio para resistir la violencia del sistema.


Dado que todos los medios institucionales han abandonado al pueblo, este no tienen más remedio que someterse por completo o rebelarse. Ahora, cuando se rebelan son tratados como aborrecibles, ilegítimos y antidemocráticos. Una trampa perfecta.

Sin embargo, llega un momento en que el terror simbólico ya no sirve, tampoco valen los veredictos de legitimidad o ilegitimidad. El sufrimiento se transforma químicamente en ira, en la misma proporción en que se lo ha negado. Entonces, todo puede pasar, y no debemos sorprendernos. Nada se respeta cuando todo ha fallado; los diputados, los bancos, las mansiones, las prefecturas policiales.


Es cierto que para aquellos que han vinculado su posición y sus ventajas con las circunstancias del momento, y que no han dejado de repetir que no había otro mundo posible, la irrupción de un proceso radical no deja más solución de una lectura: “es aberrante”, “monstruoso”, o mejor aún, es “violento”. Hay que calificarlo de “marginal” y “bárbaro” para justificar el uso represivo de la fuerza policial. Estas dos caracterizaciones ya no son creíbles en Francia.

En efecto, los “chalecos amarillos” ofrecen una figura oximorónica, incomprensible para los poderes. De aquellas “buenas personas” que se manifestaron al principio a “locos enfurecidos”.

Veamos qué ha pasado: si el pueblo se enfurece es porque lo empujaron al límite. Después de 30 años de neoliberalismo (y 18 meses de guerra social macroniana) grupos sociales enteros han sido empujados al límite.

El régimen cree que, aquello de lo que no se habla en sus exclusivos círculos no existe. Los medios de comunicación no vieron venir a los “locos indignados”. Pero aquí están, son consecuencia de una larga y silenciosa acumulación de ira; acaban de romper los diques.

Los chalecos amarillos no serán fácilmente llevados de vuelta a casa. Peor aún, las “buenas personas” que fueron a las primeras manifestaciones, ahora han experimentado en carne propia la violencia policial. Estas “buenas gentes” al principio quedaron aturdidas. Ahora algunos cargan paletas en una rotonda para construir una barricada.

Apostamos porque un gran cambio se está produciendo en sus mentes. Todas las personas que desde el 2016 hasta el 2018 se manifestaron pacíficamente, y que hoy son calificadas como “matones, ultras, violentos”, viven la agresión policial y la violencia de los medios de comunicación.

La otra artimaña es mantener las acciones reales de la policía fuera de la pantalla. La mentira mediante la ocultación es general, implacable, tan espesa como la propaganda de una dictadura.

La población demostraría instantáneamente su indignación si tuviera la oportunidad de ver la décima parte de lo que los medios de comunicación tradicionales ocultan sistemáticamente los vídeos con una anciana sangrante o los jubilados gaseados después de una carga policial.



Mientras la televisión nos emborracha hasta la náusea con las ventanas de McDonald en llamas, ningún noticiero informa de la muerte de un octogenario por una granada de gas lacrimógeno o muestra el vídeo de un joven golpeado por ocho policías.
 


A pesar que hay cientos de manifestantes gravemente heridos y por lo menos un par de muertos, por las armas policiales, todavía ni un solo medio de comunicación audiovisual importante ha transmitido que está pasando con aquella gente que hace un mes llamaron “buenas personas”.

Hay una manipulación general de la violencia. Sabemos cuando se inicia y no cuando termina. Puede llevarnos muy lejos.

¿Quién sino Macron ha desatado la violencia? Declaró la guerra contra su pueblo con la acción policial (y tal vez pronto una acción militar) en compañía de los medios de comunicación que ya han declarado la guerra simbólica al pueblo.

Los ofendidos han estado mucho tiempo sin decir una palabra, han soportado las agresiones económicas, el desprecio de las élites, las mentiras de los medios de comunicación, la brutalidad policial.

El genio “malvado” de la reciprocidad violenta ha salido de la botella. Los primeros tweets de los primeros manifestantes relatan el asombro de quienes fueron apaleados sin justificación ninguna . Ese asombro inicial ahora ha mutado en cólera.

En estos días todas las instituciones de la violencia neoliberal se han exhibido desnudas. Basta conversar con los estudiantes que fueron gaseados con gas pimienta y rodeados por policías con perros. Ellos como el resto de los franceses no olvidarán esa imagen.

Ahora el cuerpo policial comienza a tener sudores fríos. Se sienten solos en sus cuarteles. Desde que se quemó la prefectura de Puy-en-Velay, saben de qué son capaces los “otros”.

Recientemente el viceministro del Interior ha reconocido que el dispositivo policial está “estresado”. Por lo tanto piensan que es urgente negociar, dar un giro a los acontecimientos. Mientras tanto los policías están inquietos por la inercia política de Macron. Son conscientes de las desgracias del pueblo, y si damos crédito a lo que algunos de ellos dicen, podrían incluso sumarse a los manifestantes.

Aunque el poder se esfuerza por volver a lo que podría llamarse la “sumisión voluntaria” (o “la situación de La Boétie”) el velo se ha roto y la cruel realidad del poder desnudo se impone.

En el otro lado, el movimiento se sabe numeroso pero todavía hay un buen margen para seguir creciendo. Lo veremos pronto: se sumarán los estudiantes de secundaria, los universitarios, los paramédicos, los agricultores y muchos otros. Ellos, las élites son muy pocos y reinan apoyándose sobre nosotros, que somos la mayoría.

Pero ¿y el ejército? El adolescente travieso que está en el Elíseo es capaz de cualquier tontería: no solo usa granadas contra su población (que son armas de guerra) también ha colocado francotiradores con armas de fuego en los edificios parisinos. La imagen es tan impresionante que Le Monde también se está preguntando si no ha llegado el momento de dejar de apoyar a su protegido.

Tirador de élite en los Campos Elíseos
En cualquier caso, las editoriales de Le Monde que, aplaudían como “un maravilloso estallido de libertad” las manifestaciones de Túnez o de la Plaza Tahrir, ahora, en Francia, hablan de un “inmundo levantamiento popular que recuerda horas oscuras”. Todo vuelve, todo salpica.

Cuando el poder paga una bonificación excepcional a las fuerzas del orden para que se vuelvan más infames, es porque tiene miedo, ha perdido legitimidad, ha colapsado, sólo se sostiene por la fuerza.

El poder es odiado porque sistemáticamente se ha hecho odioso. Hoy está pagando una factura que viene desde muy lejos. Y cuando el poder sólo puede aferrarse a la represión, (tal vez con una deriva militar) no merece otra cosa que caer.