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17 febrero, 2022

Raquel, una "mujer obrera" contra la tanqueta: "Quisieron asustar a Cádiz, pero no lo lograron"

 

La Voz del Sur – 14/02/2022



Esta vecina del Río San Pedro se hizo conocida por enfrentarse a los antidisturbios durante la huelga del metal en Cádiz y ha sido llamada a juicio por publicar imágenes de las actuaciones policiales, en aplicación de la Ley Mordaza.


Raquel Rodríguez se encontraba desayunando en su casa del Río San Pedro (Puerto Real) cuando una tanqueta irrumpió por una calle de la barriada. Era 23 de noviembre de 2021, en plena huelga del metal. Con el pan todavía en el horno, bajó con total indignación porque no daba crédito a lo que estaba pasando. "Venía de trabajar, estaba en mi parada del desayuno, pero cuando vi aquella injusticia no tuve más remedio que bajar y pedirle a los antidisturbios que pararan", comienza.


Esta mujer de 45 años, dedicada al sector de la limpieza, se considera una "mujer obrera y madre indignada, por tanta violencia e injusticia". No milita en ningún partido ni está sindicada, pero irradia conciencia de clase por los cinco sentidos. En su perfil de Twitter se presenta con una cita de Fermín Salvochea, alcalde anarquista de Cádiz y presidente de su Cantón durante la Primera República: "Mi patria es mi mundo, mi religión hacer el bien, mi familia, la humanidad".


El próximo 16 de febrero está citada en el Juzgado de Instrucción Nº 3 de Cádiz por incumplimiento de la Ley de Seguridad Ciudadana –conocida como Ley Mordaza– y por difundir imágenes de los agentes en acto de servicio. Curiosamente su citación será tres días después de la convocatoria estatal contra la ley que se le está aplicando. "Yo soy víctima de esta ley, me han utilizado como cabeza de turco, y siento respeto porque me enfrento a un aparato represivo donde tengo todas las de perder", expresa en la entrevista con lavozdelsur.es.


Raquel tiene claro que la Ley Mordaza no es más que "una manera de escarmentar a los huelguistas y al pueblo solidario para avisar de quién tiene el mando". Aunque si hay algo que verdaderamente le duele a esta mujer es su tierra, donde trabaja y por la que se indigna: "La gente sobrevive con lo poquito que tiene".


"Cádiz es un polvorín en potencia porque hay muchísimo paro, se respira pobreza, precariedad y encima están cerrando la industria", lamenta. Su alma contestataria guarda un "pero", o más bien, el único camino certero, el de la lucha. "Lo bueno que tenemos en Cádiz es nuestra tradición de lucha y resistencia, por eso ha sido cuna de la libertad", espeta.


¿Los responsables de esta situación?: "La Patronal", repite una y otra vez. Y sobre el abuso policial guarda un consuelo: "Quisieron someter y asustar a Cádiz, pero no lo consiguieron, generaron más rebeldía", admite con orgullo esta mujer que se dirige a los trabajadores del metal como "compañeros de clase" y asume su lucha como propia.


A escasos días de su juicio, recuerda a lavozdelsur.es el día de la tanqueta. "Para mí fue muy trágico, creía que me había teletransportado a un Estado en guerra como Kosovo o Libia", asegura. "Las barricadas se hicieron a posteriori a modo de defensa, pero recuerdo a la gente huyendo despavorida y a los establecimientos echando la bajara por miedo", continúa.


El ruido de los disparos "a bocajarro" pudieron con Raquel, que se plantó frente a la tanqueta y le reprendió a los antidisturbios por su actuación. "Les pregunté si tenían niños chicos, que cómo tenían la poca vergüenza de entrar en un barrio obrero con niños y gente transitando", recuerda. "Ellos me respondieron que qué quería que hicieran, si los vecinos estaban tirándoles cosas", revela.


Semanas después, concluida la huelga, un policía comenzó a amenazarla por redes sociales advirtiéndole que la iba a denunciar por haber compartido un video de la actuación policial en sus redes. "Yo no le contesté en ningún momento", aclara. La notificación judicial llegó a su casa por mensajería hace unas semanas, la recogió su familia. "No me la esperaba, aunque en el momento de las detenciones a los compañeros represaliados temí que fuesen a por mí", reconoce.


Sobre la Ley Mordaza piensa que es "una vergüenza antidemocrática, típico de una dictadura, que deja al descubierto el carácter represivo del Estado y de su Gobierno". Para Raquel, "esta ley demuestra ser auténtica heredera del franquismo, dirigida contra los trabajadores y la gente pobre". Como represaliada, "exige su absoluta derogación", y lamenta que "teniendo un Gobierno supuestamente progresista que se comprometió a derogarla", no solo no la haya derogado, sino que "la esté aplicando".


Preguntada por el miedo, responde que no tiene. "Lo único que me da es respeto por no saber a lo que me voy a enfrentar, ya que estamos en un Estado que demuestra que no hay Democracia. Me asusta enfrentarme a un Estado que no es democrático", expresa sincera. No obstante, es consciente de que muchas personas la han puesto como ejemplo de represión por aplicación de la Ley Mordaza y confía que "con presión social se consiga derogarla".


El apoyo recibido, reconoce, "es lo que me ayuda a resistir y no desistir". Raquel entiende una solidaridad sin fronteras y se siente "muy agradecida por ello". Repite como un mantra que el camino es la lucha, "la lucha de la clase obrera". Y advierte antes de despedirse, a cinco días de su declaración judicial, que "no nos van a amedrentar por muchas tanquetas y por muchos antidisturbios que nos manden. Tenemos que defender lo nuestro porque es nuestro. Todo lo que se produce, lo produce la clase trabajadora, explotada por la tiranía. Y por eso tenemos que seguir luchando, no tenemos otro camino. Lucha, lucha y lucha".



25 febrero, 2021

Caso Hasél, hablemos de lo que importa ————— Juanlu González

 


Correo del Alba ★ - 24/02/2021


¿Debaten ya los medios de comunicación de masas españoles sobre el ejercicio de la libertad de expresión? Para un periódico, radio o televisión esa debería ser su misión principal: defender el derecho que los hace existir. Pero no, solo se habla de terrorismo callejero y de democracia plena. Interesante, ¿verdad? Seguramente, si fuese un periodista el condenado por practicar su derecho a la libertad de expresión, la cosa cambiaría enormemente. No hay nada más corporativista que periodistas trabajando al dictado de los propietarios de los medios de comunicación. Ahí ya no hay ni extrema derecha, ni derecha, ni extremo centro, que es lo único que existe en los grandes medios de comunicación de nuestro país; irían todos al ataque con la artillería que tienen a su disposición: informativos, magazines, tertulias, programas de humor…


Podría tratarse de algo causal, como dice el relato dominante, los manifestantes en favor de la libertad de Hasél y de la libertad de expresión se extralimitan violentamente contra la Policía y el mobiliario urbano, lo que aprovecha el sistema para disfrazar la causa del encarcelamiento de un músico en el ejercicio de la palabra y de sus derechos fundamentales como individuo.


Sin embargo, estos días también hemos podido ponerle nombre a una vieja táctica policial: el síndrome de Sherwood, una estrategia que tiene por objeto desacreditar la imagen pública de los manifestantes mediante la provocación y el uso desproporcionado de la fuerza para provocar reacciones de autodefensa. Los que llevamos muchas manifestaciones a las espaldas sabemos de qué se trata. Sabemos cuándo una manifestación va a acabar en batalla campal antes de que esta se produzca, por la simple observación de la actitud de las fuerzas del orden. Hay veces que no reaccionan a una lluvia de piedras y otras que un insulto basta para desencadenar una serie de cargas sin fin. En ocasiones no hay violencia simplemente porque no hay policías. También conocemos la acción de los infiltrados secretos. De hecho durante algún tiempo jugábamos a descubrirlos en las manifestaciones. La prueba del algodón final era su actitud cuando los enchufaba con mi cámara de fotos, si se cubrían la cara, giraban la cabeza una y otra vez, no cabía ninguna duda. A veces estos infiltrados eran pacíficos y solo buscaban información, pero otras eran los que encabezaban los actos violentos. De todo hay y de todo hemos vivido en primera persona. Hoy se han descubierto incluso a conocidos ultraderechistas en primera línea de ataque en manifestaciones netamente de izquierdas…


Sea como fuere, el hecho es que ni políticos ni periodistas quieren hablar del fondo de la cuestión: cómo una democracia que se dice plena se permite detener a músicos, titiriteros, tuiteros… por el simple hecho de expresarse en libertad. Desde luego, este no va a ser el caso, todo lo contrario.


Lo que ocurre con la Justicia en nuestro país, además de la infiltración de la extrema derecha y el Opus Dei en el corazón de la magistratura, también ha sido objeto de investigación jurídica y se le ha puesto un nombre, la búsqueda del efecto desaliento. Este tiene lugar cuando a través de sanciones penales desproporcionadas y muy interpretables, se desincentiva a la población de la realización de conductas legales relacionadas con el ejercicio de los derechos fundamentales. Este tipo de situaciones ha sido denunciada en nuestro país, tanto por el Consejo de Europa, como por el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos (TEDH), por constituir una limitación subrepticia a la libertad de expresión, inadmisible en una democracia. Es lo de siempre, tenemos derechos sobre el papel, pero se pueden ejercer únicamente cuando al poder le interesa. Por eso, en vez de democracia plena, tenemos una democracia formal. Yo mismo fui condenado por llamar franquista a un cargo político de la dictadura, ¿habrase visto tamaña estupidez?


En Europa, que tampoco es que sea un gran ejemplo de nada, nos lo han afeado muchas veces. Ahí tenemos esas sentencias del Procés, invalidadas por tribunales de distintos países o por el propio TEDH que han ridiculizado internacionalmente incluso a nuestro Tribunal Supremo. Obviamente, no toda la culpa es de sus señorías, también lo es de nuestro ordenamiento jurídico, que les permite desplegar toda su saña filofascista sin ningún tipo de consecuencias. Podríamos hablar de los delitos de rebelión, de la ley mordaza, de los delitos contra los sentimientos religiosos, del enaltecimiento del terrorismo, de las injurias a la corona… como ejemplos de delitos tipificados que se usan para cercenar la libertad de expresión del conjunto de la población y que deberían estar borrados para siempre de nuestra legislación.


Pero, para entender lo que está sucediendo en las calles, hay que añadir otro ingrediente fundamental: el malestar social. Si cada vez que hay un disturbio se monta una algarada de saqueos y violencia, eso hay que analizarlo. Más del 40% de paro juvenil, 20 puntos por encima de la media europea, seguro que tienen algo que ver con esa sensación negativa. Y no se trata de algo coyuntural, todo lo contrario, es puramente estructural, es un problema de falta de expectativas. ¿Qué joven va a poder cotizar casi 40 años para poder cobrar una pensión pública digna con contratos parciales y temporales y sueldos de miseria? ¿Por qué el Rey se va de rositas después de haber robado a manos llenas durante otros 40 años y quien lo denuncia en una canción está preso? ¿Por qué Hasél está en la cárcel y el militar que quería matar a más de 26 millones de españoles está en su casita? ¿Por qué la justicia solo mira siempre para el mismo lado?


La necesidad de un proceso constituyente que lleve a una segunda y verdadera transición es más acuciante que nunca. Somos el primer país del mundo en artistas encarcelados, el segundo con más desaparecidos en fosas comunes, también el segundo del mundo desarrollado con peores medios de comunicación. Muchas leyes de la dictadura perviven aún en nuestro ordenamiento y a otras solo se les cambió el nombre. A la Iglesia se le sigue dejando robar patrimonio público mediante normas franquistas reforzadas por una derecha que aún se considera heredera política y biológica del pasado régimen fascista. El coste de nuestro estado recae sobre las clases trabajadoras mientras que los ricos no pagan impuestos. Cualquier mínimo cambio hacia la modernidad o la justicia social, cuenta con la resistencia de una casta política y mediática que la hace prácticamente imposible. La Carta Magna se dejó atada y bien atada para que, en la práctica, fuese irreformable y que las reminiscencias fascistas nos acompañen para siempre en esto que llaman democracia.

¡Qué largo se me está haciendo el franquismo!




08 noviembre, 2019

● Chile sigue movilizado pese a la represión policial ●

























LOS ESBIRROS DE LA OLIGARQUÍA CRIMINAL EN ACCIÓN

Esbirro: Hombre o mujer que, a cambio de dinero, realiza las acciones violentas 
o amenazas que se le ordenan. Vendido.





La represion contra el pueblo chileno movilizado no para. Los medios, los políticos, las instituciones policiales y el gobierno, naturalizaron el uso de armamento y disparos contra las manifestaciones sociales, que reportan miles de heridos que son invisibilizados e ignorados.

Comparte, Difunde, no seas cómplice...!!!



03 junio, 2019

Masivas protestas contra el régimen en Honduras





NOTICIAS URUGUAYAS30/05/2019

La masiva protesta en la capital hondureña se concentró en la zona sur, específicamente en los alrededores del aeropuerto internacional de Toncontín.
Protestas de salud y educación pasan a ser un movimiento ciudadano colectivo que exige la salida del poder de Juan Hernández.
Corrupción y vínculos con el narcotráfico serían el acabose de Juan Hernández.

Tegucigalpa. Los cuatro puntos cardinales de Honduras son el epicentro de masivas movilizaciones este jueves. Los ciudadanos se han lanzado a las calles en contra de un proceso privatizador de la salud y educación, emprendido desde el año 2011 y que se ha intensificado en los dos gobiernos de Juan Hernández, salpicado por la corrupción y el narcotráfico.

Las manifestaciones se han producido en las principales ciudades y ejes carreteros del país en contra de varios decretos ejecutivos y la Ley Marco de Seguridad Social, que atentan contra la salud y la educación pública.

Las protestas iniciaron desde hace un mes por parte de los gremios de maestros, médicos y personal de la salud y la educación que, de manera estratégica y para coordinar acciones, conformaron la Plataforma para la Defensa de la Salud y la Educación. Hoy jueves la Plataforma convocó a un paro nacional que continuará mañana.

Al paro de este día se han sumado, además de los maestros y médicos, varias organizaciones de sociedad civil, obreros, partidos políticos y ciudadanía en general, que ya no solo exige la derogación de las leyes que atentan contra la salud y educación, sino que la salida del poder del gobernante, por suponerlo responsable de actos de corrupción y de tener nexos con el narcotráfico.

Las protestas han tomado fuerza a raíz que saliera a la luz y a través de algunos medios de comunicación, fragmentos de algunos documentos desclasificados de la Corte del Distrito Sur de Nueva York que señalan que Hernández y sus más cercanos colaboradores están siendo investigado por la Agencia Anti Drogas de los Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) por suponerlo responsable de actividades de narcotráfico y lavado de dinero a gran escala.

"Fuera JOH", "más medicinas, menos cocaína", es parte de las consignas más escuchadas en las calles hondureñas, donde se han concentrado hombres, mujeres, jóvenes, niños y adultos mayores.

Caos y represión

El núcleo de las protestas ha sido Tegucigalpa donde en horas de la mañana se observó una inmensa movilización, nunca antes vista en Honduras, superando las movilizaciones del 2009 en el marco del golpe de Estado y las marchas de las antorchas de 2015, cuando la ciudadanía salió las calles a exigir la instalación de una comisión internacional de combate a la corrupción.

La masiva movilización registrada en la capital tuvo su concentración en la parte sur, donde se ubica el aeropuerto internacional de Toncontín, que fue cerrado por varias horas. En este sector se registró la quema de un restaurante de comidas rápidas. En otro sector, adyacente se reportó la quema de una unidad policial.

Otros episodios que se han registrado, es la quema de una unidad de la Empresa Energía Honduras (EEH) en la sureña ciudad de Choluteca y la quema de una cisterna para el transporte de combustible en la zona norte.

Las protestas han sido reprimidas por la policía, que arroja a discreción gases lacrimógenos. En la ciudad de Choluteca denunciaron que los uniformados dispararon sus armas en contra de los manifestantes.

Policía apunta a un niño con su arma

Heridos

En tanto los pobladores de la comunidad de Guadalupe Carney, en el municipio de Trujillo, Colón, en el litoral atlántico, denunciaron haber sido objeto de represión por parte de elementos de la Fuerza Naval de Honduras, resultando heridos por arma de fuego cuatro campesinos y varios con golpes de consideración, dijo a CRITERIO el apoderado legal del Movimiento Campesino del Aguán (MCA), Juan Carlos Zelaya.

En la ciudad de Siguatepeque a la altura de la carretera CA-5, en el central departamento de Comayagua, el profesor Carlos Alfonso Sánchez, resultó herido de bala, supuestamente a manos de elementos de las fuerzas de seguridad del Estado, según reportes del Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos en Honduras (Cofadeh).

Pérdidas económicas

El Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) proyectó que un paro nacional podría dejar pérdidas a la economía nacional por el orden de 1.500 millones de lempiras diarios, es decir más de 61 millones de dólares.
"Si llegáramos a tener un día de paro pleno, donde realmente no se produjo nada, estaríamos hablando de 1,500 millones diarios, ese es el efecto", dijo el gerente de Política Económica del Cohep, Santiago Herrera.

A raíz de las manifestaciones y de la toma de ejes carreteros, varios empresarios decidieron esta tarde cerrar las puertas al público.

Reacción del gobierno

La noche del miércoles el gobierno emitió un nuevo decreto, prometiendo no privatizar la salud y la educación y no proceder a despedir masivamente a los trabajadores de éstos dos sectores.

El decreto Ejecutivo número PCM-023-2019, emitido para su inmediata publicación en el diario oficial La Gaceta, se limita a hacer dichas promesas. Sin embargo, el jefe de gobierno, Juan Hernández, no anunció la derogación de los decretos ejecutivos que se han venido aprobando desde el año 2011 y que atentan contra la salud y la educación pública y que es el punto toral de las exigencias de los médicos y docentes.

Este día el secretario de Educación, Arnaldo Bueso, condenó y desacreditó las protestas, sin embargo, manifestó que el gobierno está dispuesto a emprender un diálogo para solventar la problemática.

Hasta el momento, ni los docentes, ni los médicos, han aceptado el diálogo prometido por el gobierno. Tampoco aceptan, como soluciona al problema, la promesa de no privatizar la salud y de no hacer despidos masivos, mientras no se deroguen todas las leyes que atentan contra la salud y la educación pública.

Honduras se enfrenta a un debilitamiento institucional a partir del golpe de Estado de 2009, que se ha profundizado en los últimos diez años con varios actos de corrupción y un floreciente negocio a través del tráfico de drogas por parte de empresarios, políticos y funcionarios del gobierno.

El gobernante hondureño, es hermano de Juan Antonio Hernández, alias Tony Hernández, capturado por agentes de la DEA en el aeropuerto de Miami el 23 de noviembre de 2018, acusado por la fiscalía estadounidense de traficar toneladas de cocaína, utilizar armas para proteger sus cargamentos y brindar información falsa a agentes federales.

Tony Hernández se enfrenta a un juicio que se ha ido prolongando y que se espera se retome el 30 septiembre.

Tras el descubrimiento del saqueo al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), miles de hondureños salieron masivamente a las calles a protestar para exigir la salida del poder de Juan Hernández y la instalación de una comisión internacional anticorrupción, avalada por la Organización de las Naciones Unidas.

Hernández, que confesó haber recibido parte de los fondos para financiar su campaña política en el año 2013, logró hábilmente negociar con el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, la instalación de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), que pese a tres años de su instalación no ha acompañado ningún proceso de investigación contra Hernández.

En marzo pasado, el periodista David Romero Ellener, quien guarda prisión por delitos contra el honor, dijo tener pruebas que Hernández y su entorno familiar había saqueado varias instituciones del Estado, logrando canalizar más de 4.000 millones de lempiras. Las supuestas pruebas fueron entregadas a la MACCIH.

Juan Hernández logró un segundo mandato pese a que la Constitución hondureña prohíbe la reelección presidencial. Para dicho propósito se amparó en una sentencia del Poder Judicial que, sin tener asidero jurídico, declaró la inaplicabilidad de dos artículos pétreos. Su segundo periodo gubernamental es producto de unas cuestionadas elecciones denunciadas por un fraude electoral y que la misma OEA pidió su repetición.
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La paz de JOH ha terminado, la guerra del pueblo ha comenzado – Miguel Marroquín

Respiren mientras puedan, hártense de lo robado antes que el fuego lo arrase todo, porque ustedes cachurecos criminales, narcotraficantes y corruptos, están a punto de conocer el infierno, la fiesta por fin se les terminó, en adelante este pueblo borrará para siempre la burlona sonrisa de Mauricio Oliva. La privatización de la salud y de la educación no pasarán, el pueblo está decidido a llegar hasta las últimas consecuencias, para que estos dos servicios básicos no se conviertan en una mercancía más.

El pueblo sabe que privatizar la salud y la educación, es sinónimo de muerte y analfabetismo.

Al calendario se le acabaron los días, así como al reloj los minutos, en consecuencia, lo que les espera a estos narcos privatizadores, es la cárcel, ningún delito por pequeño o grande que este sea quedará en la impunidad, el pueblo ahora mismo reclama los nombres de los banqueros que dieron la orden de asesinar a Berta Cáceres, todo con la intención de privatizar los pocos ríos y bosques que le quedan a Honduras. El soberano quiere conocer toda la verdad, y con ello hacer justicia de una buena vez y para siempre.

El pueblo también quiere conocer con nombre y apellido, a todos aquellos que planificaron y ejecutaron al saqueo del Seguro Social, la sed de justicia es enorme, y no será saciada hasta no ver a los culpables pudrirse en las cárceles, hasta que sus inmundos huesos sean roídos por las ratas. No es la venganza la que mueve al pueblo, sino el deseo de que en Honduras impere por vez primera la justicia o porque no decirlo, que impere un Estado de derecho para todos por igual.

Ansiedad hay, en cualquier rincón de Honduras por conocer quiénes son los asesinos de los estudiantes, Mario Enrique Suárez y Gerson Daniel Meza; cada toma de carretera, cada plantón, cada grito en las manifestaciones de las antorchas, es un permanente reclamo de justicia, para que los asesinos paguen con largas condenas.

Del joven Isis Obed Murillo nadie se ha olvidado, su gallardía y su juvenil sonrisa sigue al lado del pueblo, sus gritos en contra del golpe de Estados aún resuenan, y no terminarán de sonar sino hasta ver al criminal Romeo Vásquez Velásquez sentado en el banquillo de los acusados respondiendo por este y otros crímenes más, y posteriormente llevado a la cárcel para que purgue sus últimos días encerrado.

En las tomas de carreteras que llevan a cabo los médicos, docentes y estudiantes para evitar la privatización de la salud y la educación, Kimberly Dayana Fonseca, no podía faltar, su espíritu de lucha está presente.

En cada grito de lucha también esta Ilse Ivania Velásquez, para oponerse a la privatización de la salud y la educación.


Policía de Honduras reprime violentamente a manifestantes que exigen la renuncia de Hernández

Tegucigalpa.- Las fuerzas de seguridad del Estado de Honduras reprimen violentamente este viernes las manifestaciones masivas que se llevan a cabo a nivel nacional y que exigen la renuncia del jefe del régimen, Juan Hernández, por suponerlo responsable de actos de corrupción y de tener nexos con el narcotráfico.

Honduras se enfrenta nuevamente a episodios violentos que se suscitan en las calles de las principales ciudades del país, donde se registran manifestaciones, barricadas y tomas de carreteras, las que están siendo reprimidas violentamente por policías y militares, que arrojan a discreción gases lacrimógenos e incluso en algunas zonas han disparado sus armas de reglamento.

ONU pide no usar militares para reprimir las manifestaciones en Honduras.

La protesta convocada en Tegucigalpa fue disuelta por los policías, quienes pese a que la población se manifestaba de manera pacífica comenzaron a lanzar bombas lacrimógenas para impedirles el paso. Las protestas han continuado de manera dispersa en los barrios y colonias. Sin embargo, los uniformados han llegado hasta estos sectores donde siguen lanzando a discreción los gases lacrimógenos.

La irregular actuación de las fuerzas de seguridad del Estado fue denunciada por la Plataforma de Defensa de la Salud y la Educación ante el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh).



"Queremos decir una vez más quien es el Comandante General de las Fuerzas Armadas y quien dicta las acciones: se llama Juan Orlando Hernández, por lo tanto quien esta violentando los Derechos Humanos en este momento es justamente él", dijo Suyapa Figueroa, presidenta del Colegio Médico de Honduras.

Las protestas iniciaron desde hace un mes por parte de médicos y docentes, que exigen la derogación de varios decretos ejecutivos y de la Ley Marco de Seguridad Social, porque atentan contra la salud y la educación pública.

La lucha magisterial y médica se ha transformado en un movimiento social colectivo que exige la salida del poder del gobernante, Juan Hernández, por suponerlo responsable de actos de corrupción y de tener nexos con el narcotráfico.

La indignación de los hondureños, que han salido masivamente a las calles en los 18 departamentos del país, se ha intensificado luego que varios medios internacionales informaran que la Agencia Anti Drogas de los Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) está investigando a Hernández y a sus cercanos colaboradores por tráfico de cocaína y lavado de activos a gran escala.

Violencia

En horas de la tarde se registró la quema parcial de la entrada principal de la embajada de los Estados Unidos, ubicada en Avenida La Paz de Tegucigalpa, en un sospechoso incidente que no fue repelido por los guardias de seguridad privada y de elementos de la Policía Tigres que siempre custodian el lugar.

También se reportan daños a negocios y algunos saqueos de tiendas en Tegucigalpa.

Las protestas se verifican en todo el país, siendo la zona norte uno de los principales epicentros. La ciudad de San Pedro Sula, localizada en aquel sector, luce semiparalizada, golpeada fuertemente la economía del país centroamericano donde el 67 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza.

Diálogo

La noche del jueves, el gobernante pidió a los médicos y docentes que abandonen su lucha y acepten su promesa de diálogo.

Hernández ha prometido mediante un decreto ejecutivo que no privatizará la salud y la educación y que tampoco despedirá el personal de ambos gremios. Sin embargo, no acepta la derogación de los decretos y de la Ley Marco de Seguridad Social, que demandan los médicos y docentes.

Al parecer la represión continuará con mayor intensidad en las próximas horas, luego que la Policía Nacional, advirtiera esta tarde que procederá a capturar a las personas que provoquen disturbios callejeros.

Los hondureños, que se manifiestan en las calles, rechazan que la embajada de los Estados Unidos haya pedido la noche del jueves que los sectores en conflicto busquen el diálogo.

"Somos nosotros los hondureños quienes debemos resolver nuestros problemas", dijo una docente que participaba en la mañana en la manifestación que inició en la colonia Kennedy de Tegucigalpa.

La docente acusó al gobierno estadounidense de haber impuesto en el poder a Juan Hernández en contra de la voluntad popular de los hondureños.

03 abril, 2019

“La verdadera violencia está aquí, en este sistema extraordinariamente injusto e insostenible”






Retroceso de los DDHH en Francia: La república en marcha vuelve hacia atrás - Rémy Herrera

La Haine - 07/03/2019

Artículo escrito por el autor en enero de 2019 que sirvió de base para un informe sobre las violaciones de DDHH en Francia presentado por Centre Europe - Tiers Monde de Ginebra (CETIM, organización no gubernamental reconocida como entidad consultiva general) al Consejo de DDHH de las Naciones Unidas para su cuadragésimo período de sesiones del 25 de febrero al 22 de marzo de 2019. Punto 4 " Situaciones de DDHH que requieren la atención del Consejo".

Francia se encuentra en una zona de fuertes turbulencias desde hace varios meses. La virulencia de los conflictos sociales ha sido durante mucho tiempo una característica importante que viene marcando la vida política de este país, así como un dato histórico de una nación que se cimentó, fundamentalmente después de 1789, sobre la base de una revolución de alcance universal, cuyas huellas –junto con las conquistas sociales de 1936, 1945 o las de 1968 –, siguen presentes en la memoria colectiva y en las instituciones, independientemente de los intentos de borrarlas.

Sin embargo, pronto se cumplirán 40 años desde que Francia, así como otros países del Norte, sin excepción, quedó atrapada bajo el yugo letal de las políticas neoliberales demoledoras. Éstas solo se pueden interpretar como una violencia social extraordinaria contra el mundo del trabajo. Sus efectos destructivos (para las personas y la sociedad, pero también para el medio ambiente) se propagan gracias a la complicidad del estado con los poderosos del momento. La situación empeora aún más por la enajenación de la soberanía nacional y el sometimiento a la Unión Europea, rechazada por los ciudadanos franceses en el referéndum de 2005 y que se les impone mediante una denegación de la democracia.

Esta es una violencia adicional infligida a todo un pueblo. En esta perspectiva singular, y en el contexto general de una crisis sistémica del capitalismo globalizado, se explican las oleadas de levantamientos populares que se han amplificado en las últimas décadas: huelgas en 1995, disturbios suburbanos en 2005 -07, manifestaciones en las décadas 2000 y 2010... Actualmente, el sentimiento de malestar y descontento es generalizado. Iniciado a finales de octubre de 2018, el movimiento de los llamados "chalecos amarillos" representa otro levantamiento, pero se enfrenta al peor recrudecimiento de la violencia policial desde la guerra de Argelia. Ante los distintos llamamientos a la justicia social, las autoridades han optado por responder con más represión, hasta el punto de retroceder de forma extremadamente preocupante en los DDHH.

El estado de excepción, punto de partida de una escalada represiva

Resulta fácil identificar el momento en el que se inició esta escalada represiva: empezó con el estado de excepción, decretado en el territorio metropolitano el 14 de noviembre de 2015 (tras los ataques terroristas que azotaron el país el día anterior), y extendiéndose el 18 de noviembre a los departamentos de ultramar. Ciertamente no se trata aquí de minimizar las amenazas terroristas del Islam político extremista, desde Al Qaeda hasta el Daesh, pero hay que entender que la política de seguridad adoptada desde 2015 ha sido, de manera simultánea, una oportunidad para obligar al pueblo francés a aceptar restricciones importantes en sus derechos civiles y políticos, sobrepasando la reacción necesaria a los riesgos terroristas.

Después de renovarse cinco veces seguidas, el estado de excepción se levantó el 1 de noviembre de 2017, pero la mayoría de sus disposiciones excepcionales han adquirido ahora fuerza de ley: los registros y arrestos preventivos, los perímetros de protección, los arrestos domiciliarios individuales, los controles fronterizos, etc., ahora están autorizados en el marco de «la ley para reforzar la seguridad interior y la lucha contra el terrorismo» del 30 de octubre de 2017. Desde entonces, en Francia, existe un desvío inquietante de este imponente arsenal legal de excepción, cuyo efecto es el de reducir las libertades públicas, especialmente la libertad de expresión, de reunión o el derecho a manifestarse pacíficamente, así como los derechos sindicales e incluso el derecho a la integridad física, todos en grave peligro.

Aquellas y aquellos que han participado recientemente en manifestaciones en Francia, han sido testigos, sin duda, de lo que las organizaciones de DDHH francesas e internacionales vienen denunciando en los últimos meses: muchas de las intervenciones de las fuerzas del orden son desproporcionadas y excesivamente violentas, recurriendo a veces incluso a armas de guerra. De esta forma, el uso de gas lacrimógeno y cañones de agua de alta presión contra manifestantes pacíficos se ha vuelto sistemático; también es muy frecuente disparar pelotas de goma a la altura del pecho así como el uso de otras armas de "letalidad reducida", granadas aturdidoras, la práctica del "encapsulamiento" para evitar unirse a otros manifestantes, arrestos aleatorios y arbitrarios, intimidaciones verbales, provocaciones gratuitas, e incluso agresiones físicas.

En las calles de la capital se han desplegado vehículos blindados, policías a caballo, equipos de perros policías... Muchas veces, se infligen tratos degradantes a los manifestantes, incluidos los menores. También es frecuente que las personas reciban palizas o se las encierre sin haber cometido ningún delito. Los "médicos de la calle", por su parte, voluntarios que siguen las procesiones y ayudan a los heridos, ven cómo se les confisca su material médico... todo lo cual conmociona a los franceses. Esto último es lo que se busca precisamente para poner fin a su revuelta. Dicha violencia policial es absolutamente inaceptable y vulnera las normas internacionales actuales de DDHH.

Primera etapa: la represión de los movimientos sociales y de los sindicatos

Desde la elección a la presidencia de la República de Emmanuel Macron, ex accionista gerente del banco de negocios Rothschild, ministro de Economía del presidente François Hollande y autor de leyes epónimas que imponen la flexibilización del mercado laboral, el mundo sindical se ha vuelto a movilizar.

Las manifestaciones y las huelgas se han multiplicado, especialmente en los sectores del transporte público (SNCF, Air France...), energía (gas y electricidad), automotriz (Peugeot, Renault), telecomunicaciones (Orange), la gran distribución (Carrefour), servicios de salud (hospitales públicos, residencias de ancianos, seguridad social), educación (escuelas secundarias, universidades), cultura (museos), justicia (abogados, magistrados), recogida de basuras, e incluso auditorías financieras y de cuentas.

Estos diversos movimientos sociales, muy seguidos, ocurrieron a lo largo de la primavera de 2018. La reacción del poder fue intensificar la represión, lo que afectó dramáticamente a los estudiantes (evacuación de los campus), los activistas ambientales que ocupaban las “Zonas a defender” (ZAD por sus siglas en francés) y, en especial, los manifestantes en contra de las leyes de flexibilización del mercado laboral.

Esta espiral represiva ya había afectado a los sindicatos durante varios años, vulnerando la legislación laboral. De hecho, los obstáculos a las actividades sindicales se multiplicaron: discriminación salarial contra sindicalistas, despidos injustificados de los huelguistas, presiones ejercidas mediante amenazas o sanciones disciplinarias, restricciones de los derechos sindicales o el derecho de huelga, e incluso la criminalización de la acción sindical (como en Goodyear, Continental o Air France). Además, las recientes reformas gubernamentales de la ley laboral penalizan aún más los movimientos sociales: menores plazos para apelar a los tribunales laborales y establecimiento de un límite máximo a las indemnizaciones en caso de despido injusto; fusión de las instancias representativas de los trabajadores y limitación de sus medios; mecanismos de terminaciones de contratos colectivos pactados, sin tener en cuenta las medidas de protección laboral o facilitando las salidas de trabajadores mayores; inversión de la jerarquía de normas que coloca el acuerdo de la empresa por encima de los convenios colectivos y la ley; establecimiento del llamado perímetro nacional para los despidos por razones económicas, facilitando el despido de empleados de las filiales francesas (mientras que la empresa matriz obtiene beneficios a escala global).

Segunda etapa: la represión de los «chalecos amarillos»

El presidente Macron optó por "mantener el rumbo". A expensas del sufrimiento y las expectativas de los trabajadores, su gobierno exacerba las políticas neoliberales y profundiza cada vez más en la violencia social y la represión policial. El resultado es una pesadilla, indigno de un país que dice ser democrático y tolerante. Desde el inicio de la movilización de los chalecos amarillos, se produjeron 11 muertes accidentales, más de 2.000 personas resultaron heridas, de las cuales al menos un centenar con pronóstico muy grave. Los médicos describían los traumatismos como "heridas de guerra" (voladuras de mano, pérdidas de ojos, desfiguraciones, fracturas múltiples y diversas mutilaciones...), debido en particular a los disparos con pelotas de goma o tiros de granadas, a menudo dirigidas a manifestantes pacíficos. A día de hoy, muchas personas siguen en coma.

Los adolescentes, por su parte, sufren un trauma psicológico después de haber sido tratados como terroristas por la policía, forzándolos a arrodillarse con las cabezas agachadas, las manos en la nuca y apilados en furgones y celdas.

¿Hacia dónde se dirige este poder que pisotea a su pueblo y desata contra él tamaña violencia? El 1 de diciembre, por ejemplo, se lanzaron 7.940 granadas lacrimógenas, 800 granadas aturdidoras y 339 granadas de tipo GLI-F4 (municiones explosivas), 776 cartuchos de pelotas de goma, así como cañones con 140.000 litros de agua. El balance provisional, y seguramente no exhaustivo, correspondiente solo el periodo que comprende desde el 17 de noviembre de 2018 al 7 de enero de 2019, muestra 6.475 arrestos y 5.339 detenciones preventivas.

Los tribunales dictaron más de mil condenas en todo el territorio nacional. Aunque la mayoría de estas condenas terminan en trabajos comunitarios, muchas son sentencias de cárcel. Además, existen 153 órdenes de arresto (lo que implica encarcelamientos), 519 citaciones judiciales y otras 372 en correccionales… En París, 249 personas fueron juzgadas en comparecencia inmediata, 58 condenadas a prisión, 63 a penas de prisión condicional... En el departamento francés de Reunión, la media de sentencias firmes de prisión para los chalecos amarillos locales es de ocho meses. A fecha del 10 de enero de 2019, unas 200 personas vinculadas a estos acontecimientos seguían encarceladas en Francia.

La legitimidad de las reivindicaciones populares

En muchos aspectos, las reivindicaciones de los chalecos amarillos son similares a las de los trabajadores. Exigen la mejora inmediata y concreta de las condiciones de vida, la revalorización del poder adquisitivo de los ingresos (salarios, pensiones, subsidios...), el fortalecimiento de los servicios públicos, la participación del pueblo en las decisiones relativas a su futuro colectivo... Dicho de otra manera, una puesta en marcha efectiva, sobre todo, de los derechos económicos, sociales y culturales, así como el derecho del pueblo a decidir sobre su futuro. Al exigir más justicia social, respeto a los DDHH y democracia económica y política, estas reivindicaciones son rotundamente legítimas y cuentan con un gran apoyo de la población.

La madre de todas las violencias, la que debe cesar urgentemente y contra la cual las personas se ven obligadas a defenderse, tal y como lo recoge la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, en el preámbulo de la constitución francesa, es aquella que genera la imposición de las medidas neoliberales desleales, despiadadas, antisociales y antidemocráticas; aquella que, en el silencio de los ajustes de precios de los mercados capitalistas, hace que las personas sin hogar mueran de frío, empuja a los agricultores endeudados al suicidio, destruye a las personas y a sus familias al privarlos de empleos, cortándoles la electricidad, expulsándolos de sus hogares; aquella que, por falta de recursos, obliga a los jubilados a dejar de calentar sus hogares o a sus hijos a saltearse una comida; aquella que acaba con toda solidaridad, cierra las escuelas, centros de maternidad u hospitales psiquiátricos, sumerge en la desesperación a pequeños comerciantes y artesanos que se hunden bajo las cargas, ahoga a los trabajadores que no pueden llegar a fin de mes...