28 enero, 2019

SPÉCIALE GILETS JAUNES - CASTANER, C’EST LA GUERRE - BORDEAUX, BASTION DES GILETS JAUNES - APPEL À LA GRÈVE GÉNÉRALE ILLIMITÉE



REPORTAGE - CASTANER, C’EST LA GUERRE
Par Serge Faubert
REPORTAGE - GILETS JAUNES : BORDEAUX, BASTION DE LA MOBILISATION
Par Yanis Mhamdi
FACE CAM - APPEL À LA GRÈVE GÉNÉRALE ILLIMITÉE
Par François Boulo
ACTU - GILETS JAUNES : UNE ASSEMBLÉE DES ASSEMBLÉES À COMMERCY
L’ENTRETIEN LIBRE - LES GILETS JAUNES, VICTIMES D’UNE JUSTICE D’EXCEPTION 
Avec David Libeskind




"La ilusión de libertad continuará mientras sea rentable sostenerla. Cuando sea demasiado costosa de mantener, simplemente desmontarán el escenario, retirarán el telón, se llevarán las mesas y las sillas, y se verá el muro de ladrillo al fondo del teatro".
 Frank Zappa

FRANCE: APPEL À LA GRÈVE GÉNÉRALE ILLIMITÉE 5 FÉVRIER ——————————————————— FRANCIA: LLAMADA A LA HUELGA GENERAL ILIMITADA 5 FEBRERO













"Fundamentalmente, los financieros son solo ladrones que han comprado al gobierno el derecho de robar". Edmond de Goncourt


25 enero, 2019

Los esfuerzos liderados por Estados Unidos para derrocar a Maduro impulsados por intereses comerciales, no por la democracia — Stephen Gowans




what's left 24/01/2019

Traducción: Arrezafe

La intervención coordinada y liderada por Estados Unidos para derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro al reconocer a Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional de Venezuela, como presidente interino, no tiene nada que ver con restaurar la democracia en Venezuela (que nunca fue anulada) y todo que ver con promover los intereses comerciales de los Estados Unidos.

La arrogancia imperial de Washington al nombrar efectivamente a Guaidó como presidente, intentando pasar por alto a los venezolanos, únicos con derecho a decidir quiénes han de ser sus líderes, está motivada por las mismas inquietudes que han motivado otras intervenciones estadounidenses en todo el mundo: derrocar gobiernos que antepongan los intereses de sus ciudadanos a los de los inversores estadounidenses.

Que Washington sea propenso a participar en operaciones de desestabilización contra gobiernos de izquierda no es un secreto. Desde 1898 hasta 2004, el gobierno de los Estados Unidos llevó a cabo 41 intervenciones exitosas de cambio de régimen en América Latina, un promedio de una cada dos años y medio. Y eso excluye los infructuosos, como la invasión de Bahía de Cochinos.

En casi todos los casos, las intervenciones de cambio de régimen de los Estados Unidos en todo el mundo han sido motivadas directa o indirectamente por consideraciones comerciales, y se llevaron a cabo para restaurar o proteger la primacía de los intereses comerciales de los Estados Unidos en tierras extranjeras. Y en muchos casos, las intervenciones allanaron el camino para la instalación de dictaduras de derecha.

Una última intervención de los Estados Unidos que no tuvo éxito fue el golpe de Estado de 2002 contra Hugo Chávez, el antecesor de Maduro. Washington reconoció de inmediato el golpe y lo consideró una victoria para la democracia, pero en privado lo reconoció como una importante victoria para sus propios intereses comerciales, en un estado rico en petróleo y con posibles oportunidades de obtener ganancias para la libre empresa de EE.UU.

A Washington no le gustaba Chávez porque el carismático líder izquierdista promovía el bienestar de los venezolanos comunes, en lugar de complacer a los inversionistas estadounidenses. Pero el golpe de estado contra Chávez fue efímero. En un golpe contra la tiranía, el cambio de régimen se invirtió rápidamente y Chávez, el líder legítimo del país, fue devuelto a la presidencia.

Decidido a eliminar a los gobiernos de izquierda en América Latina, Washington intensificó su campaña de guerra económica contra el país sudamericano, con el objetivo de hundir su economía en la ruina y el pueblo venezolano en la miseria. Esta fue el planificado juego que Washington había seguido innumerables veces antes y siempre, en China, Cuba, Corea del Norte, Chile, Zimbabwe, Yugoslavia, Irak, Siria e Irán: arruinar la economía del país objetivo, atribuir el caos a "los fracasos del socialismo" y “a la mala gestión económica”, y esperar a que la gente se alce en rebelión contra su miseria.

La idea de que la intervención de Washington en Venezuela tiene la más mínima conexión con la protección de la democracia es ridícula. El gobierno de los Estados Unidos ha apoyado notoriamente una serie de dictaduras de derecha en toda América Latina, incluida la de Augusto Pinochet, quien se instaló después del golpe de estado de 1973 diseñado por Estados Unidos contra Salvador Allende. Allende contrarió a Washington haciendo lo que Maduro y muchos otros líderes del Tercer Mundo habían hecho: poner los intereses de la población local por encima de los de las empresas estadounidenses.

En el Medio Oriente, los aliados árabes más cercanos de los Estados Unidos son dictaduras militares (Egipto) y monarquías absolutistas, entre las que destaca Arabia Saudita, cuya aversión a la democracia es absoluta. Washington recompensa a Egipto con 1.300 millones de dólares en ayuda militar al año, y apoya firmemente la tiranía saudí.

Los saudíes consideran que su parasitaria familia real es completamente inaceptable. Para protegerse de su propia población, la monarquía mantiene una pertrechada Guardia Nacional de 250,000 soldados. Dicha Guardia existe, no para defender a Arabia Saudita de la agresión externa, sino para proteger a la monarquía de sus propios súbditos. Los protectores de la familia al-Saud están entrenados y equipados por los Estados Unidos y sus satélites, incluido Canadá, que tiene un contrato de 10 mil millones de dólares para abastecer a dicha fuerza con transportes blindados de personal, utilizados para sofocar los frecuentes levantamientos de sauditas descontentos.

El armero de la Guardia Nacional canadiense, también reconoció a Guaidó como presidente interino de Venezuela, atribuyendo deshonestamente su decisión de seguir el liderazgo de Estados Unidos a su supuesto compromiso con la democracia. Ottawa se ha aliado con los dictadores de Riad en su ofensiva contra los afligidos ciudadanos saudíes, privados de la democracia, al mismo tiempo que apoyan los esfuerzos de General Dynamics Canada para obtener ganancias faraónicas de la venta de armas a los déspotas sauditas que odian la democracia.


Seamos honestos sobre una cuantas cosas.

Primero, las agendas de los líderes políticos de los Estados Unidos y Canadá son establecidas por las élites económicas y los intereses comerciales organizados, de los cuales dependen para las contribuciones de las campañas electorales, las recomendaciones políticas y las lucrativas oportunidades de empleo de la carrera política, con las cuales están estrechamente integrados, personal y profesionalmente. En consecuencia, se preocupan por las ganancias de los inversionistas estadounidenses y canadienses, no por el bienestar, las libertades o la democracia de los venezolanos comunes. De hecho, secretamente albergan desprecio por el grueso de sus propios ciudadanos y, por un momento, no tolerarían el florecimiento de una auténtica y sólida democracia en sus propios países. Así pues, la idea de que se preocupan por los residentes de una lejana tierra sudamericana es una fantasía para políticos pánfilos y débiles ingenuos.

En segundo lugar, las campañas de guerra económica dirigidas por los Estados Unidos hacen que la vida de la gente sea miserable, dando lugar a que muchas personas, que atribuyen su miseria a la acción de su propio gobierno, deseen su dimisión. Otros pueden reconocer que son las sanciones la causa de su miseria y apoyar el cambio de régimen como una forma de obtener alivio a la penuria impuesta por el extranjero. De hecho, la lógica de la guerra económica depende de la efectiva realidad de estas suposiciones.

Tercero, los gobiernos amenazados por el cambio de régimen patrocinado por el extranjero enfrentan emergencias nacionales legítimas. Maduro no es un dictador. Él es el jefe electo de un gobierno que enfrenta una verdadera emergencia nacional diseñada por potencias extranjeras hostiles. Las medidas tomadas por el gobierno para defender a sus ciudadanos contra la determinación de los Estados Unidos de imponer a Venezuela las políticas que atienden los intereses de las corporaciones estadounidenses a expensas de los venezolanos son totalmente legítimas; representan la acción de una democracia contra una tiranía internacional liderada por Estados Unidos.

Es importante recordar que el gobierno de Maduro, como el de Chávez, ha tratado de poner los intereses de los venezolanos comunes por encima de los de los inversionistas estadounidenses. Como resultado, ha provocado la enemistad de Washington. La intervención de los Estados Unidos en Venezuela, reconociendo a Guaidó como presidente interino, es emblemática de muchas otras intervenciones de cambio de régimen perpetradas por los Estados Unidos. Invariablemente, estas intervenciones están dirigidas a gobiernos de izquierda que amenazan los lucrativos intereses de las empresas estadounidenses. Las intervenciones no tienen nada que ver con la democracia; por el contrario, donde son exitosas, casi siempre son seguidas por regímenes de derecha que construyen climas de amigables negocios con los inversionistas de los Estados Unidos e integran a sus países económica, militar y diplomáticamente en el orden global dirigido por Wall Street y supervisado por los Estados Unidos. Los inversores extranjeros son complacidos, mientras que la población local recibe un trato severo. Lejos de estimular las transiciones a la democracia, las intervenciones de cambio de régimen de EE.UU. pretenden revertir la democracia y fortalecer la tiranía global de EE.UU. La última intervención dirigida por Estados Unidos en Venezuela no es diferente, y es solo una repetición, con variaciones locales, de similares esfuerzos en Siria, Irán, Cuba y Corea del Norte.

***

Dangerous consequences in Venezuela regime change plan


24 enero, 2019

¿Ilegítimo por qué? Desmontando las mentiras con 10 verdades — Pascualina Curcio




aporrea23/01/2019

¿Se habrán hecho esta pregunta quienes afirman que Nicolás Maduro es un dictador, un usurpador y que el período 2019-2025 carece de legitimidad? ¿O solo repiten lo que escuchan?

Comenzaron a posicionar esta matriz de opinión los 12 países reunidos en Lima. Se lee en su comunicado: "…el proceso electoral llevado a cabo en Venezuela el 20 de mayo de 2018 carece de legitimidad por no haber contado con la participación de todos los actores políticos venezolanos, ni con la presencia de observadores internacionales independientes, ni con las garantías y estándares internacionales necesarios para un proceso libre, justo y transparente."

Los dirigentes de la oposición venezolana, nos referimos a la no democrática, repiten sin descanso, y por supuesto sin argumentación, que Maduro es un usurpador.

En un acto de desespero, el propio Vicepresidente de los EEUU, Mike Pence, al verse obligado a convocar personalmente la marcha opositora para el 23 de enero, debido a la incompetencia de la dirigencia opositora, insistió y repitió que el Presidente Nicolás Maduro es un dictador, usurpador e ilegítimo.

La estrategia es clara, repetir mil veces la mentira para convertirla en verdad.

Desmontemos la mentira:

1. Hubo elecciones presidenciales. Se realizaron el 20 de mayo de 2018, es decir, antes del 10 de enero de 2019, momento en el que de acuerdo con los artículos 230 y 231 de la Constitución se vence el período presidencial 2013-2019. Se estuviese violando la Constitución si las elecciones se hubiesen realizado después del 10 de enero de 2019, o peor aún que no se hubiesen realizado.

2. Fue la oposición venezolana la que solicitó el adelanto de las elecciones. Se realizaron en mayo y no en diciembre, como tradicionalmente se hacía, porque fue la oposición la que solicitó, en el marco del diálogo en República Dominicana, que se efectuasen el primer trimestre del 2018.

3. En Venezuela el voto es un derecho, no es un deber. Quienes de manera libre, aunque influenciados por algunas organizaciones políticas no democráticas que llamaron a la abstención, decidieron no asistir a votar están en su pleno derecho, pero en lo absoluto ilegitima el proceso electoral, más aún cuando eso implicaría desconocer e irrespetar a los 9.389.056 que si decidieron votar y ejercieron democráticamente su derecho al sufragio.

4. Participaron 16 partidos políticos en la contienda electoral (PSUV), (MSV), (Tupamaro), (UPV), (Podemos), (PPT), (ORA), (MPAC), (MEP), (PCV), (AP), (MAS) (Copei) Esperanza por el Cambio, (UPP89). En Venezuela no es obligatorio que todos los partidos políticos participen en los procesos electorales. Están en su pleno derecho de decidir si participan o no. Justamente porque nuestro sistema es democrático. El hecho de que 3 partidos (AD, VP y PJ) decidieron libremente no participar, no ilegitima el proceso electoral.

5. Se postularon 6 candidatos: Nicolás Maduro, Henri Falcón, Javier Bertucci, Reinaldo Quijada, Francisco Visconti Osorio y Luis Alejandro Ratti (los dos últimos decidieron retirarse).

6. Maduro ganó con un amplio margen, obtuvo 6.248.864 de votos, el 67,84%; le siguieron Henri Falcón con 1.927.958, el 20,93%; Javier Bertucci con 1.015.895, 10,82% y Reinaldo Quijada quien obtuvo 36.246 votos, el 0,39% del total. La diferencia entre Maduro y Falcón fue 46,91 puntos porcentuales.

7. Acompañaron el proceso electoral unas 150 personas, entre ellas 14 comisiones electorales de 8 países; 2 misiones técnicas electorales; 18 periodistas de distintas partes del mundo; 1 Europarlamentario y 1 delegación técnico-electoral de la Central Electoral de Rusia.

8. Las elecciones se realizaron con el mismo sistema electoral empleado en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, en las cuales resultó ganadora la oposición venezolana. Sistema que es automatizado y sometido a auditorías antes, durante y después de los comicios. Sistema que garantiza los principios de "un elector, un voto" porque solo con la huella dactilar se desbloquea la máquina de votación; y garantiza el "secreto del voto".

9. Se realizaron 18 auditorías al sistema automatizado. Los representantes del candidato Henri Falcón participaron en las 18 y suscribieron las actas en las que manifiestan su conformidad con el sistema electoral. Las auditorías son públicas y televisadas en vivo por el canal del Consejo Nacional Electoral. Una vez realizadas las auditorías, el sistema se bloquea y la única manera de acceder nuevamente es con la introducción simultánea de los códigos secretos que tiene cada organización política.

10. Ninguno de los candidatos que participó en el proceso electoral impugnó los resultados. No hay pruebas de fraude, no presentaron ninguna evidencia o denuncia concreta de fraude.

Las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018 fueron libres, transparentes, confiables, seguras y ajustadas a la Constitución y a las leyes a pesar del llamado antidemocrático a la abstención por parte de un sector de la oposición.

Son otros los que pretenden usurpar el cargo de Presidente de la República con el argumento de un supuesto vacío de poder, figura que no está contemplada en nuestra Constitución y la instauración de un "gobierno de transición", figura tampoco prevista en la Carta Magna. Por si fuera poco, pretenden ejercer el poder fuera de nuestras fronteras violando el artículo 18 de la Constitución que establece que es Caracas la sede de los poderes públicos.

Así las cosas, son otros los usurpadores, ilegítimos y antidemocráticos.

Es ilegítimo y constituye un intento de usurpación el que algunos sectores de la oposición pretendan sostenerse en el apoyo de sectores extranjeros provenientes de gobiernos imperialistas para ejercer una autoridad que ni el pueblo ni la Constitución les da.

Repitamos mil veces estas verdades.

Los satélites están cambiando de sol. Intensificación de las contradicciones interimperialistas ————— Ángeles Maestro



La Haine28/12/2018

En el escenario internacional han irrumpido recientemente hechos aparentemente sorprendentes

Cuando en el pasado mes de noviembre se celebraba en París el centenario del armisticio de la primera guerra mundial, Trump, en un intento de enfrentar a Francia y Alemania y de recordar el papel hegemónico de EEUU en Europa dijo que “cuando los [norte]americanos desembarcaron en Normandía en 1944, los franceses estaban aprendiendo a hablar alemán”. Más que un intento tan poco seductor de conseguir que los países europeos incrementaran su aportación económica y militar a la OTAN, debe interpretarse como un exabrupto más en la escalada de enfrentamientos entre EEUU y la UE que, de momento, han culminado con la decisión de esta última de crear un ejército europeo independiente.

¿Son sólo salidas de tono de Trump o hay, desde hace tiempo, cambios importantes en las relaciones interimperialistas?

Red Roja desde hace tiempo viene centrando sus análisis de la fase actual del capitalismo precisamente en las contradicciones interimperialistas entre la Unión Europea – y sobre todo de la potencia hegemónica, Alemania – y EEUU. Ese interés responde a la necesidad de conocer lo mejor posible los enfrentamientos que se dan entre las cúpulas de poder, agudizadas en épocas como las actuales de crisis general del capitalismo. En la lucha por la conquista del poder político, el hecho decisivo que define la correlación de fuerzas es la debilidad del enemigo.

El objetivo estratégico que ha presidido todos los planes del imperialismo desde la victoria de la Revolución de Octubre al hundimiento de la URSS en 1991 ha sido la derrota del comunismo. La finalidad común de destruir el primer estado proletario hizo posible la lucha conjunta contra él de todas las potencias capitalistas enfrentadas entre sí en las dos guerras mundiales. Frente a este objetivo superior las contradicciones inter-imperialistas apararecían soterradas y la hegemonía de Washington, asegurada.

Tras la II Guerra Mundial el interés de Washington como gran potencia vencedora y heredera del imperialismo británico se centraba en controlar Europa. Sus instrumentos para construir una Europa occidental acoplada a los intereses de EEUU y totalmente dependiente de los mismos en el plano militar fueron el Plan Marshall y la OTAN.

La meta histórica de la Casa Blanca, que ahora se resquebraja, era controlar el continente euroasiático, el “pivote del mundo”. Para ello había que impedir el surgimiento de una potencia europea con voluntad propia, con el suficiente poder económico y militar para ser capaz de oponerse a EEUU y que pudiera establecer relaciones con la URSS (o con Rusia actualmente) de forma soberana y en contra de sus intereses. El procedimiento fue diseñar de forma reiterada enfrentamientos entre los países del Corazón Continental, de forma que ninguno pudiera llegar a ser lo suficientemente fuerte como para llegar a ser un obstáculo para la hegemonía anglosajona .

La confrontación entre las dos grandes potencias socialistas, la URSS y China, la posterior desaparición de la primera y la instalación de la segunda en parámetros capitalistas, el establecimiento de Bases de la OTAN en la mayor parte de los países europeos (las principales en Alemania y en Kosovo, tras la liquidación de la República Federal de Yugoslavia) o la integración en la Alianza Atlántica de buena parte de los países del extinto Pacto de Varsovia, parecía asegurar un futuro luminoso a los planes estadounidenses.

'Eppur si muove'

La derrota del movimiento comunista y la enorme crisis general que afecta al capitalismo desde comienzos de la década de los 70 del siglo pasado, y cuya penúltima sacudida se inició en 2007, está teniendo consecuencias económicas, políticas y sociales que suponen cambios cualitativos en ése orden mundial establecido a partir de 1945.

La lectura de esta crisis que realizaron las organizaciones políticas y sindicales de la socialdemocracia (PSOE- IU_PCE, CC.OO. UGT, y ahora Unidos Podemos), siempre dispuestas a prestar ayuda al capital, fue oponer el capitalismo europeo “social y humano” al norteamericano, “salvaje y brutal”. Este discurso de “vuelta al estado del bienestar”, ha prestado enormes favores a la burguesía de aquí y de fuera . Ahora esos planteamientos de lavado de cara del capitalismo hacen aguas por todas partes y su superestructura política se resquebraja a medida que el descrédito del sistema y la correspondiente radicalización de posiciones ocupan con fuerza creciente el escenario institucional.

Lucha por los mercados y las materias primas. Sanciones y desdolarización

La poderosa irrupción de la industria china y su ocupación de los principales mercados en prácticamente todos los sectores ha conducido a la caída en picado de la economía productiva norteamericana. La respuesta de la Casa Blanca ha sido la imposición de importantes aranceles a las importaciones chinas y el establecimiento de nuevas sanciones a Rusia. Al asedio económico le ha sucedido el cerco militar: ampliación de las bases militares de EEUU en Asia y acoso de la OTAN a Rusia a lo largo de todas sus fronteras europeas.

Mientras se gestaba la derrota en Siria de EEUU y la UE (sobre todo Francia y Gran Bretaña) a manos del Eje de la Resistencia (Hezbollah, Siria, resistencia palestina e Irán) apoyado por Rusia, una nueva confrontación económica inter-imperialista se abría paso.

El acuerdo nuclear con Irán y el levantamiento de las sanciones en 2015 fue concienzudamente preparado por Alemania. Inmediatamente después de ser firmado, Berlín desplegó sus relaciones comerciales con Teherán, abriendo paso a otros países de la UE. La Casa Blanca quedaba relegada en la competición por convertir el territorio del enemigo “chiíta” en campo de negocios.

Washington, empujado por sus socios en la región (Israel y Arabia Saudí) y ya en franca retirada de Siria e Iraq, el pasado mes de noviembre impuso nuevas sanciones a Irán y a cualquier empresa o país que negocie con él. Un mal disimulado intento de impedir el aprovechamiento comercial por parte de los competidores de la UE del nuevo y potente mercado iraní.

El resultado de todo este complejo proceso no puede ser más nefasto para EEUU. Desde Turquía al Estado español – por poner los ejemplos más claros de históricos estados intervenidos por EEUU – las declaraciones han sido rotundas e insólitas. “No aceptamos imposiciones del imperialismo de EEUU”, declaró Erdogan, “Eso de estás conmigo o estás contra mí pertenece a otra época y España no va a permitir esa clase de planteamientos”, aseveró el lacayo Borrel repentinamente crecido.

Si los satélites se manifiestan así, no es por repentinos ataque de soberanía e independencia, sino porque están cambiando de sol.

Merkel en nombre de la UE se dirigió a Irán, contundente: “Mantened vuestros compromisos. Nosotros mantendremos los nuestros”.

La amenaza de las sanciones ha tenido como consecuencia que una creciente lista de países se declare insumiso y decida realizar sus transacciones en monedas diferentes del dólar. Las repercusiones para EEUU, que apenas empiezan a manifestarse, son graves y afectan a toda su estructura de dominación.

El imperialismo es una relación de poder que puede ser ejercida siempre que los países subordinados la acepten. Todo indica que el cóctel de sanciones más desdolarización progresiva, amenaza con ser para el imperio yanki “no un tiro en los pies, sino más arriba” .


El germen del nuevo ejército europeo

Esta escalada de tensión entre los EEUU y la UE tiende a crecer porque está basada en intereses económicos enfrentados que, a su vez, favorecen el acercamiento de esta última a Rusia. Los últimos episodios ahondan la confrontación: el apoyo de EEUU al Brexit, para debilitar la UE, o su intento – condenado al fracaso – de impedir que se materialice a través del Nord Stream la compra de gas ruso por parte de la UE.

Parece estar finalizando el largo periodo en el que las contradicciones euro-norteamericanas se conciliaban bajo el paraguas de la OTAN.

El estallido de la URSS anuló la necesidad de “protección ante la amenaza comunista” y la crisis general del capitalismo se manifiesta como una feroz lucha por los mercados y las materias primas en el intento de controlar la caída del incremento de la tasa de ganancia.

Y efectivamente la confrontación económica inter-imperialista tendrá sus consecuencias militares. Merkel proclamó en mayo que “La época en la que podíamos confiar en que EEUU nos proteja, se acabó. Europa debe tomar sus destino en sus propias manos”

El proyecto PESCO (Cooperación Estructurada Permanente en Seguridad y Defensa), dotado con un presupuesto inicial de 12.000 millones de euros, inicia la creación de un ejército estrictamente europeo y una base de producción de armamento e innovación tecnológica a partir exclusivamente de empresas europeas y explícitamente independiente de EEUU.

Lucha de clases y relaciones interimperialistas

La decadencia económica relativa de EEUU que puede tener consecuencias también para el mantenimiento de su descomunal estructura militar con cerca de 1.000 bases militares en el planeta, no supone que su capacidad agresiva disminuya. La relativa independencia de la UE con respecto a EEUU y a la OTAN, ni se ha consumado, ni en el caso de culminarse, supone que imperialismo europeo sea “bueno” o humano”.

Les guían exactamente los mismos objetivos en la lucha a muerte por competir en mejores condiciones en la selva del capitalismo, erigida sobre la explotación - sin más límites que la lucha de clases – de la clase obrera y de la naturaleza.

Por ahí no hay esperanza alguna. El dilema sigue siendo: socialismo o barbarie. La conquista por parte de la clase obrera del poder político, única posibilidad de destruir el monstruo capitalista que aniquila la humanidad exige conocer sus debilidades y, sobre todo, sus divisiones y enfrentamientos.


Notas

1. Estos aspectos han sido analizados en Maestro, A. (2016) “Las contradicciones entre el imperialismo estadounidense y el europeo. Controlar el “pivote mundial”. http://www.redroja.net/index.php/noticias-red-roja/opinion/3968-las-contradicciones-entre-el-imperialismo-estadounidense-y-el-europeo-controlar-el-pivote-del-mundo

2. El documento de Red Roja tiulado “El mito de la vuelta al estado del Bienestar. Otro capitalismo es imposible” escrito en los comienzos de las sacudidas de la crisis (2012) , se dirigía a deshacer el enésimo intento de colocar la “reforma”de la UE y la vuelta al “Estado del Bienestar” como objetivo de las movilizaciones populares contra la descarga brutal sobre las clases populares de las consecuencias de la crisis. Tras el 15M, estos planteamientos se pretendieron imponer desde una llamada Cumbre Social que encuadraba a CC.OO., UGT, PSOE e IU y sus satélites. Esta vez el objetivo no se consiguió. Las Marchas de la Dignidad surgieron un año después situando en el centro de su programa el No Pago de la Deuda y el cuestionamiento del Euro y la UE, entre otras cosas. http://www.redroja.net/index.php/comunicados/831-el-mito-de-la-vuelta-al-estado-del-bienestar-otro-capitalismo-es-imposible

3. La lista de países y empresas que realizan su comercio en monedas distintas del dólar es creciente. Destaca la compra de armas a Rusia por parte de países como India, Paquistán, Qatar o Turquía, aliados incondicionales de EEUU durante décadas.

4. El pasado 12 de diciembre, la Cámara de Representantes de EEUU aprobó una resolución contra la entrada en funcionamiento del Nord Stream2, mediante la cual amenza con nuevas sanciones a Rusia y conmina a la UE a hacer lo mismo. El Nord Stream 2 es un gaseoducto de 1.200 km, que une Rusia y Alemania a través del mar Báltico; es decir, sin pasar por Ucrania. Además de la rusa Gazprom participan en él los grupos energéticos alemanes Uniper y Wintershall, la austriaca OMV, la francesa Engie y el gigante anglo-holandés Shell.

Ángeles Maestro sobre el ejército europeo



Plantar pobreza, el negocio forestal en Chile (documental)






Publicado por praxislibertaria el 30 enero, 2017

17 enero, 2019

¿Qué quieren los chalecos amarillos? — Luis Casado




insurgente.org - 07/01/2019

Acto VIII. Los chalecos amarillos no ceden. On ne lache rien!, es su divisa. Son refractarios a los discursos vacíos, a las promesas mentirosas y a las cortinas de humo. Ahora, las mujeres decidieron salir a la calle. Solas. Porque no solo hay que alimentar a los hijos, parar la olla, dirigir la casa, mantener ocupadas las rotondas… sino también demostrar que la suya es la Fuerza Tranquila. Los violentos están en el gobierno. Lo cuenta Luis Casado… y no será el último episodio…


Sediciosos, facciosos, agitadores, violentos, ‘casseurs’ (destructores)…”

Así se refiere a los chalecos amarillos Benjamin Grivaux, ministro vocero del gobierno de Emmanuel Macron. Un coro de cacatúas periodísticas repite en los medios: “Sediciosos, facciosos, agitadores, violentos, ‘casseurs’… Luego, cuando los chalecos amarillos denuncian el periodismo tarifado, infame, manipulador y a las órdenes del poder, los cagatintas se lamentan como vestales impolutas: “Los chalecos amarillos atacan la libertad de prensa”

Sin embargo, una de las características más evidentes del chaleco amarillo, junto a su determinación, su capacidad de sacrificio, su generosidad y su humanismo, es su voluntad de actuar pacíficamente. Como para demostrarlo, este domingo, –víspera de Epifanía–, salieron a la calle –solas– las mujeres chalecos amarillos. Haciéndole frente a una cohorte de policías armados hasta los dientes para la guerrilla urbana, gritan al unísono: “¡Dame un beso!” “¡Dame un beso!” (Un bisous! Un bisous!).

Los mensajeros armados de la paz y el orden ponen cara de culo y se tornan hacia su comandante: “¿Qué hacemos jefe?”

Sábado, Acto VIII del movimiento que sacude Francia hasta sus cimientos, el número de manifestantes dobló con relación al sábado anterior, desmintiendo al gobierno y a los medios que afirman, contra toda evidencia, que el movimiento pierde fuerza.

Los chalecos amarillos son un movimiento revolucionario, ejemplar e histórico. Salen a la calle, se reencuentran y rehacen la sociedad… El pobre suele hacerse pequeñito, baja la voz y la cerviz, vive como disculpándose de estar ahí, culpabilizado de su pobreza por los winners, los expertos, los que saben, el riquerío y sus sirvientes. El chaleco amarillo comprendió que el pueblo es él, y recordó lo que le enseñaron en la escuela pública, laica y gratuita: “La Revolución Francesa eliminó para siempre las desigualdades sociales ante la Ley, e hizo del pueblo el único soberano”. El chaleco amarillo es pueblo, ergo… es soberano.

Frente a la crisis de régimen surgen dos caminos: unos, los demócratas, exigen ampliar, extender los derechos ciudadanos, practicar la democracia directa. El referendo de iniciativa ciudadana (RIC) traduce esa voluntad del pueblo de decidir de lo que le concierne. Otros, los autoritarios, apuestan al hombre/mujer providencial que, imponiendo otro orden, el suyo, le restituya a Francia el orden y la tranquilidad que hacen las delicias del gran capital.

En este bivio, en esta alternativa, surge otra vez, como en setiembre de 1789, la diferencia entre izquierda y derecha: la izquierda lucha contra los privilegios, se opone a ellos, los declara inadmisibles. La derecha protege los privilegios, vive gracias a ellos, y los justifica por ser de ‘origen divino’ o el premio de la riqueza acumulada despojando al pueblo.

La costra política instalada llora el fin de la democracia representativa. Los chalecos amarillos responden que las reglas de la representación deben ser definidas por los representados. No por los representantes. Es el pueblo el que debe fijar los límites de la representación, la misión del representante, y establecer los mecanismos de control que le permitan revocar al representante si este no obedece el mandato recibido de quienes lo eligieron.

¿Democracia representativa? Sí, pero como en la Atenas de Pericles: mandato breve, no renovable, revocable, controlado y sin privilegios.

La masa de periodistas sirvientes no entiende. Por eso no para de preguntarle a los chalecos amarillos: “Pero… ¿cuáles son sus reivindicaciones?”

Emmanuel Macron propuso “un gran debate nacional”. Y se apresuró a fijar los límites del debate. “No podemos deshacer lo que ya hemos hecho”, declaró, jupiteriano. Antes de insinuar los temas que a su juicio pueden ser discutidos.

Los chalecos amarillos, recordando una vez más la Revolución Francesa, retrucan: “No es el representante el que fija los límites de la soberanía de los representados. ¿Porqué debiese estar limitada nuestra soberanía? ¿Con qué legitimidad puede alguien limitar los derechos de los ciudadanos, que son, precisamente, la fuente de la legitimidad?”

Hay cuestiones muy técnicas”, osa argumentar algún politólogo, suerte de comentarista deportivo surtido de muchas pelotas. La respuesta no se hace esperar: “En política no hay ‘expertos’: todos somos iguales y tenemos derecho a un voto.”

La reflexión va más allá: elegir es no votar. Elegir significa designar un “electo” que es el que vota todo en nuestro nombre, prescindiendo de nuestra opinión. Al elegirle, abdicamos de nuestra propia soberanía durante 4, 5 o 6 años.

La Constitución, que debe proteger al ciudadano, sus libertades y sus derechos, es en realidad una prisión política que nos mantiene maniatados. No hay ningún artículo de la Constitución que niegue abiertamente la soberanía del pueblo (a menos que se trate de la Constitución chilena). Pero la Constitución establece que las leyes las vota el Parlamento, no los ciudadanos. Los representantes, diputados y senadores, votan leyes que les convienen a ellos y a sus mandantes.

Ese hecho, verificado no solo en Francia sino en el mundo entero, es el que lleva a los chalecos amarillos a reclamar su derecho a controlar y a revocar a los electos. Porque los electos, los representantes, instituyen su propio poder, despojando al pueblo de su soberanía.

Étienne Chouard, un militante que piensa y hace pensar, sostiene que no se trata de pasar a la 6ª República, sino a la primera democracia… Hasta ahora ha prevalecido el poder de la oligarquía, sector social privilegiado que impuso el sufragio como la mejor herramienta para preservar su poder. Desde hace 25 siglos sabemos que la herramienta de la democracia no es el sufragio sino el sorteo: Montesquieu, Rousseau y otros grandes pensadores lo dijeron, antes de que esta gran verdad fuese convenientemente ocultada.

Étienne Chouard opina que esto no es una democracia porque, si uno examina la realidad, el demos no tiene el kratos.

En democracia ningún poder financiero debe ser dueño de los medios de comunicación. En democracia la moneda no puede estar al servicio del gran capital en manos de un Banco Central privatizado. Así como hay soberanía política, debe haber soberanía monetaria.

La revolución ciudadana de los chalecos amarillos no solo sigue viva, sino también grávida de una profunda reflexión relativa al tipo de sociedad que debemos construir.

Lo que no es óbice u obstáculo para escuchar una vez más la pregunta babosa del periodista teledirigido: “Pero… ¿cuáles son sus reivindicaciones?”

La respuesta es simple. Los chalecos amarillos, o sea el pueblo, quieren recuperar el kratos…

(Polítika)





12 enero, 2019

Chalecos amarillos y lucha de clases ————— Agustín Guillamón




alasbarricadas.org - 11/01/2019

El proletariado no es una cosa, ni una identidad, ni una cultura, ni un colectivo estadístico que tiene unos intereses de clase propios que defender. El proletariado se constituye en clase mediante un proceso de desarrollo y formación que sólo se da en la lucha de clases. El proletariado, reducido en el capitalismo avanzado al estatus de productor y consumidor deviene una categoría social pasiva, sin conciencia propia; es una clase para el capital, sometida a la ideología capitalista. No es nada, ni aspira a nada, ni puede nada. Sólo en la intensificación y agudización de la lucha de clases surge como clase y adquiere conciencia de la explotación y dominio que sufre en el capitalismo y, en el proceso mismo de esa guerra de clases se manifiesta como clase autónoma y se constituye como proletariado antagónico y enfrentado al capitalismo, como comunidad de lucha. Enfrentamiento total y a muerte, sin posibilidades ni aspiraciones reformistas o de gestión de un sistema hoy ya obsoleto y caduco

Esta noción de clase como “algo que sucede”, que brota y florece del suelo de los explotados y oprimidos, es clave. La clase no se refiere a algo que las personas son, sino a algo que hacen. Y une vez que entendemos que la clase es fruto de la acción, entonces podemos comprender que cualquier intento de construir una noción existencialista o cultural e ideológica de clase, es falsa y está condenada al fracaso.

La clase no es un concepto estático, sólido o permanente; sino dinámico, fluido y dialéctico. La clase sólo se manifiesta y se reconoce a sí misma en los breves periodos en los que la lucha de clases alcanza su punto culminante.

El proletariado se define como la clase social que carece de todo tipo de propiedad y que para sobrevivir necesita vender su fuerza de trabajo por un salario. Forman parte del proletariado, sean o no conscientes de ello, los asalariados, los parados, los precarios, los jubilados y los familiares que dependen de ellos. En Francia forman parte del proletariado los casi tres millones de parados y los veintiséis millones de asalariados o autónomos que temen engrosar las filas del paro, amén de una cifra indefinida de marginados, que no aparecen en las estadísticas porque han sido excluidos del sistema.

La democracia parlamentaria europea se ha transformado rápidamente, desde el inicio de la depresión (2007), en una partitocracia “nacionalmente inútil”, autoritaria y mafiosa, dominada por esa clase dirigente capitalista apátrida, que está al servicio de las finanzas internacionales y las multinacionales. Se produce una profunda y extensa proletarización de las clases medias, una masificación del proletariado y la erupción violenta e intermitente de irrecuperables colectivos, suburbios y comunidades marginadas, antisistema (no tanto por convicción, como por exclusión). Los Estados nacionales se convierten en instrumentos obsoletos (pero aún necesarios, en cuanto garantes del orden público y defensa armada de la explotación) de esa clase capitalista dirigente, de ámbito e intereses mundiales. Su forma de gobierno es el totalitarismo democrático: una democracia reducida a la mínima expresión de votar cada equis años, para elegir entre representantes malos o peores del capital, sin capacidad alguna de intervención o decisión en la vida social o política.

Los suburbios se convierten en guetos de excluidos del sistema, que el Estado intenta aislar entre sí, entregando su dominio a las bandas, la droga, las mafias, las escuelas, los trabajadores sociales, oenegés, etetés, prisiones y policía, para que conjuntamente impongan el control y/o sacrificio económico, político, social, moral, volitivo, y si hace falta también físico, de “todos los que sobran”, con el objetivo preciso y concreto de desactivar su potencial revolucionario, intentando convertir esos barrios periféricos en colmenas de muertos vivientes, a los que las instituciones estatales les han declarado una guerra total de exterminio y aniquilación.

La lucha de clases no es sólo la única posibilidad de resistencia y supervivencia frente a los feroces y sádicos ataques del capital, sino la irrenunciable vía de búsqueda de una solución revolucionaria definitiva a la decadencia del sistema capitalista, hoy inútil y criminal, que además se cree impune y eterno. Lucha de clases o explotación sin límites; poder de decisión sobre la propia vida o esclavitud asalariada y marginación.

No son sólo chalecos amarillos, Monsieur Macron, es la guerra de clases, estúpido. Es el viejo topo que aparece y desaparece de escena, cavando sin cesar su túnel bajo un mundo caduco y obsoleto.