17 enero, 2019

¿Qué quieren los chalecos amarillos? — Luis Casado




insurgente.org - 07/01/2019

Acto VIII. Los chalecos amarillos no ceden. On ne lache rien!, es su divisa. Son refractarios a los discursos vacíos, a las promesas mentirosas y a las cortinas de humo. Ahora, las mujeres decidieron salir a la calle. Solas. Porque no solo hay que alimentar a los hijos, parar la olla, dirigir la casa, mantener ocupadas las rotondas… sino también demostrar que la suya es la Fuerza Tranquila. Los violentos están en el gobierno. Lo cuenta Luis Casado… y no será el último episodio…


Sediciosos, facciosos, agitadores, violentos, ‘casseurs’ (destructores)…”

Así se refiere a los chalecos amarillos Benjamin Grivaux, ministro vocero del gobierno de Emmanuel Macron. Un coro de cacatúas periodísticas repite en los medios: “Sediciosos, facciosos, agitadores, violentos, ‘casseurs’… Luego, cuando los chalecos amarillos denuncian el periodismo tarifado, infame, manipulador y a las órdenes del poder, los cagatintas se lamentan como vestales impolutas: “Los chalecos amarillos atacan la libertad de prensa”

Sin embargo, una de las características más evidentes del chaleco amarillo, junto a su determinación, su capacidad de sacrificio, su generosidad y su humanismo, es su voluntad de actuar pacíficamente. Como para demostrarlo, este domingo, –víspera de Epifanía–, salieron a la calle –solas– las mujeres chalecos amarillos. Haciéndole frente a una cohorte de policías armados hasta los dientes para la guerrilla urbana, gritan al unísono: “¡Dame un beso!” “¡Dame un beso!” (Un bisous! Un bisous!).

Los mensajeros armados de la paz y el orden ponen cara de culo y se tornan hacia su comandante: “¿Qué hacemos jefe?”

Sábado, Acto VIII del movimiento que sacude Francia hasta sus cimientos, el número de manifestantes dobló con relación al sábado anterior, desmintiendo al gobierno y a los medios que afirman, contra toda evidencia, que el movimiento pierde fuerza.

Los chalecos amarillos son un movimiento revolucionario, ejemplar e histórico. Salen a la calle, se reencuentran y rehacen la sociedad… El pobre suele hacerse pequeñito, baja la voz y la cerviz, vive como disculpándose de estar ahí, culpabilizado de su pobreza por los winners, los expertos, los que saben, el riquerío y sus sirvientes. El chaleco amarillo comprendió que el pueblo es él, y recordó lo que le enseñaron en la escuela pública, laica y gratuita: “La Revolución Francesa eliminó para siempre las desigualdades sociales ante la Ley, e hizo del pueblo el único soberano”. El chaleco amarillo es pueblo, ergo… es soberano.

Frente a la crisis de régimen surgen dos caminos: unos, los demócratas, exigen ampliar, extender los derechos ciudadanos, practicar la democracia directa. El referendo de iniciativa ciudadana (RIC) traduce esa voluntad del pueblo de decidir de lo que le concierne. Otros, los autoritarios, apuestan al hombre/mujer providencial que, imponiendo otro orden, el suyo, le restituya a Francia el orden y la tranquilidad que hacen las delicias del gran capital.

En este bivio, en esta alternativa, surge otra vez, como en setiembre de 1789, la diferencia entre izquierda y derecha: la izquierda lucha contra los privilegios, se opone a ellos, los declara inadmisibles. La derecha protege los privilegios, vive gracias a ellos, y los justifica por ser de ‘origen divino’ o el premio de la riqueza acumulada despojando al pueblo.

La costra política instalada llora el fin de la democracia representativa. Los chalecos amarillos responden que las reglas de la representación deben ser definidas por los representados. No por los representantes. Es el pueblo el que debe fijar los límites de la representación, la misión del representante, y establecer los mecanismos de control que le permitan revocar al representante si este no obedece el mandato recibido de quienes lo eligieron.

¿Democracia representativa? Sí, pero como en la Atenas de Pericles: mandato breve, no renovable, revocable, controlado y sin privilegios.

La masa de periodistas sirvientes no entiende. Por eso no para de preguntarle a los chalecos amarillos: “Pero… ¿cuáles son sus reivindicaciones?”

Emmanuel Macron propuso “un gran debate nacional”. Y se apresuró a fijar los límites del debate. “No podemos deshacer lo que ya hemos hecho”, declaró, jupiteriano. Antes de insinuar los temas que a su juicio pueden ser discutidos.

Los chalecos amarillos, recordando una vez más la Revolución Francesa, retrucan: “No es el representante el que fija los límites de la soberanía de los representados. ¿Porqué debiese estar limitada nuestra soberanía? ¿Con qué legitimidad puede alguien limitar los derechos de los ciudadanos, que son, precisamente, la fuente de la legitimidad?”

Hay cuestiones muy técnicas”, osa argumentar algún politólogo, suerte de comentarista deportivo surtido de muchas pelotas. La respuesta no se hace esperar: “En política no hay ‘expertos’: todos somos iguales y tenemos derecho a un voto.”

La reflexión va más allá: elegir es no votar. Elegir significa designar un “electo” que es el que vota todo en nuestro nombre, prescindiendo de nuestra opinión. Al elegirle, abdicamos de nuestra propia soberanía durante 4, 5 o 6 años.

La Constitución, que debe proteger al ciudadano, sus libertades y sus derechos, es en realidad una prisión política que nos mantiene maniatados. No hay ningún artículo de la Constitución que niegue abiertamente la soberanía del pueblo (a menos que se trate de la Constitución chilena). Pero la Constitución establece que las leyes las vota el Parlamento, no los ciudadanos. Los representantes, diputados y senadores, votan leyes que les convienen a ellos y a sus mandantes.

Ese hecho, verificado no solo en Francia sino en el mundo entero, es el que lleva a los chalecos amarillos a reclamar su derecho a controlar y a revocar a los electos. Porque los electos, los representantes, instituyen su propio poder, despojando al pueblo de su soberanía.

Étienne Chouard, un militante que piensa y hace pensar, sostiene que no se trata de pasar a la 6ª República, sino a la primera democracia… Hasta ahora ha prevalecido el poder de la oligarquía, sector social privilegiado que impuso el sufragio como la mejor herramienta para preservar su poder. Desde hace 25 siglos sabemos que la herramienta de la democracia no es el sufragio sino el sorteo: Montesquieu, Rousseau y otros grandes pensadores lo dijeron, antes de que esta gran verdad fuese convenientemente ocultada.

Étienne Chouard opina que esto no es una democracia porque, si uno examina la realidad, el demos no tiene el kratos.

En democracia ningún poder financiero debe ser dueño de los medios de comunicación. En democracia la moneda no puede estar al servicio del gran capital en manos de un Banco Central privatizado. Así como hay soberanía política, debe haber soberanía monetaria.

La revolución ciudadana de los chalecos amarillos no solo sigue viva, sino también grávida de una profunda reflexión relativa al tipo de sociedad que debemos construir.

Lo que no es óbice u obstáculo para escuchar una vez más la pregunta babosa del periodista teledirigido: “Pero… ¿cuáles son sus reivindicaciones?”

La respuesta es simple. Los chalecos amarillos, o sea el pueblo, quieren recuperar el kratos…

(Polítika)





12 enero, 2019

Chalecos amarillos y lucha de clases ————— Agustín Guillamón




alasbarricadas.org - 11/01/2019

El proletariado no es una cosa, ni una identidad, ni una cultura, ni un colectivo estadístico que tiene unos intereses de clase propios que defender. El proletariado se constituye en clase mediante un proceso de desarrollo y formación que sólo se da en la lucha de clases. El proletariado, reducido en el capitalismo avanzado al estatus de productor y consumidor deviene una categoría social pasiva, sin conciencia propia; es una clase para el capital, sometida a la ideología capitalista. No es nada, ni aspira a nada, ni puede nada. Sólo en la intensificación y agudización de la lucha de clases surge como clase y adquiere conciencia de la explotación y dominio que sufre en el capitalismo y, en el proceso mismo de esa guerra de clases se manifiesta como clase autónoma y se constituye como proletariado antagónico y enfrentado al capitalismo, como comunidad de lucha. Enfrentamiento total y a muerte, sin posibilidades ni aspiraciones reformistas o de gestión de un sistema hoy ya obsoleto y caduco

Esta noción de clase como “algo que sucede”, que brota y florece del suelo de los explotados y oprimidos, es clave. La clase no se refiere a algo que las personas son, sino a algo que hacen. Y une vez que entendemos que la clase es fruto de la acción, entonces podemos comprender que cualquier intento de construir una noción existencialista o cultural e ideológica de clase, es falsa y está condenada al fracaso.

La clase no es un concepto estático, sólido o permanente; sino dinámico, fluido y dialéctico. La clase sólo se manifiesta y se reconoce a sí misma en los breves periodos en los que la lucha de clases alcanza su punto culminante.

El proletariado se define como la clase social que carece de todo tipo de propiedad y que para sobrevivir necesita vender su fuerza de trabajo por un salario. Forman parte del proletariado, sean o no conscientes de ello, los asalariados, los parados, los precarios, los jubilados y los familiares que dependen de ellos. En Francia forman parte del proletariado los casi tres millones de parados y los veintiséis millones de asalariados o autónomos que temen engrosar las filas del paro, amén de una cifra indefinida de marginados, que no aparecen en las estadísticas porque han sido excluidos del sistema.

La democracia parlamentaria europea se ha transformado rápidamente, desde el inicio de la depresión (2007), en una partitocracia “nacionalmente inútil”, autoritaria y mafiosa, dominada por esa clase dirigente capitalista apátrida, que está al servicio de las finanzas internacionales y las multinacionales. Se produce una profunda y extensa proletarización de las clases medias, una masificación del proletariado y la erupción violenta e intermitente de irrecuperables colectivos, suburbios y comunidades marginadas, antisistema (no tanto por convicción, como por exclusión). Los Estados nacionales se convierten en instrumentos obsoletos (pero aún necesarios, en cuanto garantes del orden público y defensa armada de la explotación) de esa clase capitalista dirigente, de ámbito e intereses mundiales. Su forma de gobierno es el totalitarismo democrático: una democracia reducida a la mínima expresión de votar cada equis años, para elegir entre representantes malos o peores del capital, sin capacidad alguna de intervención o decisión en la vida social o política.

Los suburbios se convierten en guetos de excluidos del sistema, que el Estado intenta aislar entre sí, entregando su dominio a las bandas, la droga, las mafias, las escuelas, los trabajadores sociales, oenegés, etetés, prisiones y policía, para que conjuntamente impongan el control y/o sacrificio económico, político, social, moral, volitivo, y si hace falta también físico, de “todos los que sobran”, con el objetivo preciso y concreto de desactivar su potencial revolucionario, intentando convertir esos barrios periféricos en colmenas de muertos vivientes, a los que las instituciones estatales les han declarado una guerra total de exterminio y aniquilación.

La lucha de clases no es sólo la única posibilidad de resistencia y supervivencia frente a los feroces y sádicos ataques del capital, sino la irrenunciable vía de búsqueda de una solución revolucionaria definitiva a la decadencia del sistema capitalista, hoy inútil y criminal, que además se cree impune y eterno. Lucha de clases o explotación sin límites; poder de decisión sobre la propia vida o esclavitud asalariada y marginación.

No son sólo chalecos amarillos, Monsieur Macron, es la guerra de clases, estúpido. Es el viejo topo que aparece y desaparece de escena, cavando sin cesar su túnel bajo un mundo caduco y obsoleto.



Si dudas del poder de tu voz, solo mira lo que están haciendo para intentar silenciarla





MURO DE LA VERGÜENZA / Informe provisional:

GILETS JAUNES víctimas de la extrema y violenta represión policial. Esta es la Europa de las libertades, la democracia y los Derechos Humanos.

ZINEB REDOUANE, de 80 años de edad, muerta por una granada de gas lacrimógeno recibida en plena cara, en Marsella el 1 de diciembre de 2018.
JEROME H., perdida de su ojo izquierdo por un disparo de LBD40 en París el 24 de noviembre de 2018.
PATRICK, perdió su ojo izquierdo debido a un disparo de LBD40 en París el 24 de noviembre de 2018.
ANTONIO, de 40 años, que vive en Pimprez, resultó gravemente herido en el pie por una granada GLI F4 en París el 24 de noviembre de 2018.
GABRIEL, 21, aprendiz de calderería que vive en Sarthe, una mano arrancada por una granada GLI F4 en París el 24 de noviembre de 2018.
SIEGFRIED, 33 años de edad, vive cerca de Epernay, fue gravemente herido en la mano por una granada GLI F4 en París el 24 de noviembre de 2018.
MAXIME W., una mano quemada y pérdida definitiva de la audición debido a una granada GLI F4, en París el 24 de noviembre de 2018.
CEDRIC P., aprendiz solador que vive en la Posesión (Reunión), perdió su ojo derecho debido a un disparo de LBD40 en Posesión el 27 de noviembre de 2018.
GUY B., 60 años, mandíbula fracturada por un disparo de LBD 40 en Burdeos el 1 de diciembre de 2018.
AYHAN, técnico de Sanofi de 50 años de edad que vive en Joué-les-Tours, mano arrancada por una granada GLI F4, en Tours el 1 de diciembre de 2018.
BENOIT, de 29 años, resultó gravemente herido en el tímpano por un disparo de LBD40, en Toulouse, 1 de diciembre de 2018. En coma inducido durante 15 días, su vida está en peligro.
MEHDI, de 21 años, resultó gravemente herido durante una paliza en París el 1 de diciembre de 2018.
MAXIME I., de 40 años, sufrió una doble fractura de mandíbula debido a un disparo de LBD40 en Aviñón, el 1 de diciembre de 2018.
FREDERIC R., de 35 años, mano arrancada por una granada GLI F4, el 1 de diciembre en Burdeos.
DORIANA, estudiante de secundaria de 16 años que vive en Grenoble, barbilla fracturada y dientes rotos por un impacto de LBD40 en Grenoble el 3 de diciembre de 2018.
ISSAM, estudiante de secundaria de 17 años que vive en Garges les Gonesse, mandíbula fracturada por un disparo de LBD40 en Garges-les-Gonesse el 5 de diciembre de 2018.
UMOUMAR, 16 años, estudiante de secundaria que vive en Saint Jean de Braye, fractura en la frente por un disparo de LBD40, en Saint Jean de Braye el 5 Diciembre de 2018.
JEAN-PHILIPPE L., de 16 años, perdió su ojo izquierdo debido a un disparo de LBD40 en Bézier el 6 de diciembre de 2018.
RAMY, 15 años de edad, vive en Vénissieux, perdió su ojo izquierdo debido a un disparo LBD40 o una granada de 'désencerclement' en Lyon el 6 de diciembre de 2018. 
ANTONIN, 15 años, mandíbula y fracturada por un disparo de LBD 40 en Dijon el 8 de diciembre de 2018.
THOMAS, 20, estudiante que vive en Nîmes, fractura el seno nasal por un disparrp de LBD 40 en París el 8 de diciembre de 2018.
DAVID, cantero, vive en la región París, fractura en el maxilar y labio desgarrado por disparo de LBD40 en París el 8 de diciembre de 2018.
FIORINA L., estudiante de 20 años, vive en Amiens, perdió su ojo izquierdo debido a un disparo de LBD en París, el 8 de diciembre de 2018.
ANTOINE B., 26 años de edad, mano arrancada por una granada GLI F4 en Burdeos el 8 de diciembre de 2018. 
JEAN-MARC M., 41 años, horticultor, vive en Saint-Georges d' Oléron, perdió su ojo derecho debido a un disparo de LBD40 en Burdeos el 8 de diciembre de 2018. 
ANTOINE C., 25 años, diseñador gráfico freelance, vive en París, perdió su ojo izquierdo debido a un disparo de LBD 40 en París el 8 de diciembre de 2018.
CONSTANT, 43 años, técnico-comercial residente en Bayeux, nariz fracturada por un disparo de LBD40 en Mondeville el 8 de diciembre de 2018.
CLEMENT F., 17 años, resultó herido en la mejilla por un disparo de LBD40 en Burdeos el 8 de diciembre de 2018. 
NICOLAS C., 38 años, mano izquierda fracturada por un disparo de LBD40 en París el 8 de diciembre de 2018. 
YANN, fractua de la tibia por un disparo de LBD40 en Toulouse el 8 de diciembre de 2018.
PHILIPPE, resultó gravemente herido en las costillas, con hemorragia interna y fractura del bazo por un disparo de LBD en Nantes el 8 de diciembre de 2018
ALEXANDRE F., 37 años, perdió su ojo derecho debido a un disparo de LBD40 el 8 de diciembre de 2018 en París. 
MARIEN, 27 años, sufrió una doble fractura de la mano derecha debido a un disparo de LBD40 el 8 de diciembre de 2018 en Burdeos.
FABIEN, pómulo y nariz fracturados por un disparo de LBD40 el 8 de diciembre de 2018 en París.
LOLA, estudiante de 18 años herida por un flashball en la cabeza, mandíbula fracturada, dientes desencajados, el 18 de diciembre en Biarritz.

PARA SER COMPLETADO, DISTRIBUIDO Y COLGADO EN EL MURO DE LA VERGÜENZA.
GRACIAS A L@S QUE LUCHAN, VÍCTIMAS DE LA ACCIÓN POLICIAL







10 enero, 2019

Desalojo del Gaztetxe Maravillas de Iruñea




Dotaciones de Policía Foral y Policía Nacional han participado en el desalojo del Gaztetxe Maravillas que se ha desarrollado a partir de las 5.00 de la madrugada. Han cortado los accesos a Nabarrería y han sacado a las personas que se encontraban resistiendo en el interior del espacio autogestionado. Tras identificarlas les han dejado en libertad. El apoyo desde la calle ha sido constante, y se han producido violentas cargas policiales con heridos.

09 enero, 2019

“Europa no debería preocuparse por los inmigrantes. Debería preocuparse por el creciente fascismo” — Laurie Penny




NewStatesman14/08/2015 / traducción: Arrezafe

Hay una metáfora sobre las ranas en ebullición que dice, que si pones una rana en una cacerola con agua fría y aumentas el calor muy lentamente, la rana permanecerá allí hasta cocerse. El hirviente cambio cultural es así. Es difícil de detectar cuando estás viviendo dentro de él. Puedes permanecer quieto mientras el estado de ánimo social se vuelve progresivamente más duro, más áspero y más feo, diciéndote a ti mismo que todo va a estar bien, mientras a tu alrededor el agua comienza a burbujear.

[...]

El comportamiento de la élite británica y europea hacia los inmigrantes no es simple inhumanidad. Es una inhumanidad estratégica. Es una inhumanidad armada y diseñada para convencer a las poblaciones que se fracturan bajo golpes de martillo, de austeridad y de caos económico, de que el enemigo está ahí fuera, que hay un "nosotros" que debe ser protegido de "ellos". Hay una razón por la que la sugerencia precisa de David Cameron sobre cómo tratar con los seres humanos desesperados que cruzan el canal es "más perros y cercas". Hay una razón por la que la respuesta de Angela Merkel, en junio, a una manifestación donde los cuerpos de los inmigrantes ahogados fueron enterrados en el jardín delantero del Bundestag, fue un pétreo silencio.

[...]

El fascismo surge cuando se alienta una fractura cultural en el tejido social que propicie la unidad contra una supuesta amenaza externa. Es el aterrador "no son nosotros" lo que nos da la falsa impresión de que hay un "nosotros" que defender.

Ciertamente, los niveles de vida han bajado en la eurozona, pero eso tiene muy poco que ver con la inmigración. La minoría elegida debe sumar y convocar los temores de todas las clases sociales a la vez.

[...]

Nadie puede decidir si los inmigrantes son un problema porque trabajan duro y aceptan incondicionalmente todos los empleos (el mayor temor de una clase trabajadora golpeada por el desempleo y la caída de los salarios) o si es que son demasiado perezosos, por lo que suponen una onerosa carga social (el mayor temor de una clase media que sufre con el aumento de las rentas y los recortes en los servicios sociales);

Ambas cosas no pueden ser a la vez, y de hecho no lo son, pero lo importante es que, de todas maneras, la paradoja se mantenga. Es por eso que el Consejo Consultivo de Migración [UK] está imponiendo controles nuevos y más estrictos a los "inmigrantes calificados" que ingresan al país, incluso cuando se pone fin a un sistema de apoyo estatal, ya miserable para los solicitantes de asilo.

No sé en qué momento de la última década las palabras "solicitante de asilo" se convirtieron en sinónimo de "criminal" en la cotidiana conversación popular, pero ese día, el continente europeo se convirtió en un lugar más decadente y mezquino.

La decencia humana, sin embargo, ha sido premeditadamente arrojada fuera de la ecuación. Gran Bretaña y el resto de Europa han sido deliberadamente sumergidas en un estado de pánico respecto a la inmigración, y cuando la gente entra en pánico no atiende a razones. Ninguna de las numerosas y tranquilizadoras estadísticas –por ejemplo, que la cantidad de refugiados en Gran Bretaña no solo sea baja, sino decreciente– ayudarán cuando tienes las páginas del Daily Mail repletas de viñetas de caricaturas racistas donde los náufragos "ilegales" tratan de saltar las cercas del cielo hacia los recién fallecidos tesoros de una cultura que considera publicable esto en las noticias diarias. 

[...]

La prensa liberal es tan culpable de esto como cualquiera. Las noticias notoriamente más compasivas se encargan de recordarnos que los inmigrantes realmente "enriquecen" nuestra cultura y brindan beneficios económicos. El hecho de que esto sea totalmente cierto no lo hace menos un argumento ofensivo. Los inmigrantes no llegan al oeste –desde Siria, Eritrea, Afganistán o de cualquier otra nación que haya sido colonizada, ocupada y luego bombardeada y saqueada de sus recursos durante siglos de explotación imperial y postimperial– principalmente para enriquecer las vidas de occidentales y amenizar nuestra horrible cocina con cierto sabor. Migran temiendo por sus vidas. Vienen en busca de asilo, seguridad y oportunidades, y tienen todo el derecho para hacerlo, si no es por la ley natural de la tierra, entonces por los principios de la justicia y la decencia humana.

La mayor amenaza para nuestra "forma de vida" no es la inmigración. La inmigración cambia la sociedad, pero mucho menos y de manera muy distinta que, por ejemplo, la tecnología, la austeridad económica, la creciente desigualdad, la globalización o el cambio climático. La mayor amenaza para nuestra "forma de vida", si es que alguna vez ha habido algo así en este vasto y variado continente, no es que algún día tú o yo estemos sentados en un autobús y escuchemos a alguien hablando pashtum o tigriña. La amenaza es que nos tragaremos la narrativa pública de que los inmigrantes, personas de países no europeos son menos humanos que el resto de nosotros, que piensan y sienten menos, que importan menos. Los europeos son muy capaces de sumergirse tranquilamente en el agua burbujeante del fanatismo cultural hasta que se evapore cada fragmento de compasión restante. Esa es la verdadera amenaza para nuestra "forma de vida".



08 enero, 2019

GILETS JAUNES - ACTE 8 - FRANCE ——————— Nous ne sommes pas fatigués!


(TENEMOS UNA CITA CON MACRON)

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AdcaZz                                                                           "GOLPE POR GOLPE"

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Mediacord Productions                  "LOS VERDADEROS DESTRUCTIVOS ESTÁN EN EL PODER"

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Wheeler-Fisher                                                "ELECTO, TÚ RENDIRÁS CUENTAS"

R T

07 enero, 2019

Dos breves y certeras metáforas cinematográficas.


Secuencia de 'Amarcord', película franco-italiana de 1973, escrita y dirigida por Federico Fellini.



Breve secuencia de 'Y la nave va' (E la nave va, en italiano), película satírica italiana de 1983 del director de cine Federico Fellini.




06 enero, 2019

Presentación, análisis y efectos del armamento utilizado por la policía francesa para el “mantenimiento del orden”. Vídeo realizado a partir de las imágenes de una conferencia en la Escuela de Medicina de París el 22 de noviembre de 2018 y del trabajo del colectivo 'Désarmons-les!' [Desarmémosles!] — Autogestión sanitaria de los ‘street medic’ [médicos de calle] ante la violencia policial en Francia




foto: Teresa Suarez Zapater


Autogestión sanitaria de los ‘street medic’ ante la violencia policial en Francia

EL SALTO – Rosa Pérez Masdeu – 21/12/2018

Ante las manifestaciones de los gilets jaunes —chalecos amarillos—, el Ministerio del Interior francés ha ejercido una demostración de fuerza: blindados de la gendarmería, cañones de agua, policía a caballo, lanzadores de flash-ball motorizados, granadas lacrimógenas, aturdidoras y dispersoras. Ha convertido el gas lacrimógeno en la atmósfera de las manifestaciones que toman las calles de Francia cada sábado desde hace un mes. La violencia policial ha desencadenado un alto nivel de organización de los equipos de street medic —médicos de calle—, voluntarios que asisten con primeros auxilios a los manifestantes y eventualmente a la policía.


La represión a las protestas también se cuenta en número de detenciones, muchas de ellas efectuadas antes mismo del inicio de las movilizaciones. Según el diario Le Monde, solamente en París, el sábado 24 de noviembre hubo 103, que pasaron a 412 el sábado 1 de diciembre y a 1082 en la manifestación del 8, día en que en toda Francia el despliegue policial fue de 89.000 efectivos.
"El despliegue policial en estas manifestaciones tiene la finalidad de atemorizar y disuadir a la gente de manifestarse, no de protegerla", señala Pascal Gassiot, miembro del Observatoire des Pratiques Policières (OPP), una organización creada entre la Liga de Derechos Humanos, la Asociación de Abogados de Francia y la Fundación Copernic en cooperación con el Centre National de Recherche Scientifique.

"Ir a una manifestación no debería ser peligroso cuando el derecho a manifestarse es constitucional. Necesitar la presencia de street medic ya es de por sí delirante", opina Virgil Leprince, que estudia en el Institut d’Études Politiques de Toulouse (IEP). Virgil ya había ejercido de street medic en su ciudad, Caen, durante las manifestaciones contra la Ley del Trabajo en 2016, “pero de una forma mucho más desorganizada e improvisada”, señala.

El viernes 7 de diciembre por la noche, Mathilde Mourgues e Yves Cartailler, ambos estudiantes del IEP, asistieron a una reunión preparatoria en un parking a las afueras de Toulouse. Allí se encontraron con otras 50 personas. “Ninguna daba su apellido. Solo se autocalificaba como 'confirmada' o 'no confirmada', lo que significa disponer o no de conocimientos de primeros auxilios”, relata Mathilde, que se declaró confirmada. Ella es bombera voluntaria en Figeac, su pueblo de nacimiento.

Unas horas antes del inicio de la manifestación se reúnen para darse algunas consignas, repartirse el material sanitario, que en gran parte donan las farmacias, y organizarse. “Formamos un equipo por persona confirmada, que normalmente será también quien tome las decisiones en el momento de la acción”, explica Mathilde. Ella era la confirmada del equipo que cubría el frente de la manifestación del 8 de diciembre. Asistió sobretodo a heridos de flash ball, que habían recibido impactos en las piernas, en las costillas y en la cabeza.

"Los LBD [lanzador de bolas de defensa] o lanzador de flash ball son armas semi-letales, deberían ser el último recurso antes de sacar la pistola", explica Gassiot, quien, sin embargo, constata que la policía las utiliza cuando todavía tiene munición de granadas lacrimógenas.

En Toulouse, un hombre de 29 años sigue en coma después de haber recibido un impacto de flash ball en la cabeza durante la manifestación del 1 de diciembre. Al menos nueve personas han perdido un ojo por un impacto de bola de caucho en el marco de las manifestaciones de los Gilets Jaunes, según el balance del colectivo Desarmons-les (Desarmémosles) a día 19 de diciembre.
"La policía utiliza las LBD como porras a distancia", señala Virgil, quien asegura que asisten a muchos menos heridos por porra que por balas de goma.


Los street medic se identifican por ir vestidos con camisetas blancas y un casco señalados con una cruz roja. Llevan mascarilla y gafas de esquiar o acuáticas (como muchos manifestantes, para minimizar el efecto de los gases). Hay personas que salen por su cuenta con la mochila llena de gasas o sérum fisiológico. Pero los que están organizados bajo el Secours Volontaires de Toulouse han notificado su presencia a la Prefectura, “por lo que en teoría la policía tendría que respetar nuestro trabajo”, señala Virgil. De hecho, hay unidades que han asistido a policías heridos.
"Cuando hay una carga, nosotros nos quedamos pegados contra un muro con las manos levantadas. La policía debería pasar de largo, para que, una vez calmado el movimiento de la masa, podamos asistir a los heridos", narra el estudiante. Sin embargo, el sábado 15 de diciembre, mientras su equipo esperaba poder ir a buscar a quienes necesitaban asistencia, las Compañías Republicanas de Seguridad —un cuerpo policial francés— les tiraron tres granadas lacrimógenas y les dispararon con el cañón de agua. El mismo sábado, a otro equipo le confiscaron el material.

"No es fácil encontrar un lugar seguro donde atender a los heridos entre las nubes de lacrimógeno, las cargas de flashball o las granadas. Es una situación muy estresante", expresa Mathilde. El sábado 8, Yves estaba asignado en el mismo equipo que ella, en el frente. Pero sufrió un ataque de ansiedad cuando la policía empezó a cargar con granadas poco después de iniciar el recorrido, que ese día coincidió con la Marcha por el Clima. Una vez recuperado, Yves se fue hacia la parte de atrás, donde se incorporó al grupo a cargo de los heridos graves.

Al menos cuatro personas han perdido la mano a causa de granadas GLI-F4, que contienen explosivos y gas lacrimógeno, según el balance de Désarmons-les. Las granadas GLI-F4, con 20 gramos de explosivo Tonite, han sustituido las granadas ofensivas OF-F1, que contenían 76 g. Prohibidas en 2014, fueron el arma con la que un gendarme mató al joven de 21 años Rémi Fraisse durante las protestas en la Zona a Defender (ZAD) de Sivens.

Las granadas GLI-F4 ya fueron empleadas en la intervención de marzo en la ZAD de Notre Dame de Landes. “Era muy raro que la policía las utilizara en la ciudad antes de las manifestaciones de los Gilets Jaunes”, explica Ian, miembro de Désarmons-les. La gendarmerie anunció el año pasado que las dejará de usar cuando terminen el stock. Ian teme que serán reemplazadas por las GM2L, que ya han empezado a aparecer. Granadas que liberan gas lacrimógeno y crean un gran estruendo, pero no contienen explosivo.

"También utilizan granadas de desencerclamiento", afirma Gassiot. Proyectan 18 trozos de caucho que salen disparados en todas direcciones, causan un fuerte trueno y pueden contener gas lacrimógeno. "La policía, supuestamente, debe servirse de ellas cuando están acorralados y quieren abrir un corredor. Pero hemos constatado que a veces lo utilizan casi por diversión", apunta. La policía utiliza granadas de desencerclamiento frecuentemente en los barrios populares, según Ian de Désarmons-les: "desde 2016, observamos un uso ofensivo más que defensivo de estas armas", remarca.

Ante un herido de granada, “teníamos que hacer venir a una ambulancia, pero era imposible hacerla llegar hasta el Jardín Japonés, los alrededores eran un caos”, recuerda Yves. Allí, su equipo reanimó a un hombre con electroshocks, que la confirmada del grupo había traído por su cuenta.

En cada equipo una persona lleva un geolocalizador. La coordinadora del street medic, Manon, se encuentra fuera de la manifestación, en una habitación desde donde controla la ubicación de cada unidad. En el caso de necesitar una ambulancia, ella se comunica con el servicio de urgencias para trazar un recorrido hasta el lugar más cercano y seguro posible de donde se encuentra el paciente.

"Nuestro trabajo es administrar las curas básicas, sin medicamentos. Ayudar a la gente a respirar, proporcionar sérum para los ojos, vendajes, o ver si alguien que ha recibido un golpe en la cabeza responde de forma lógica, si no está consciente, ver si tiene pulso…", explica Mathilde. En el equipo, otra persona filma en vídeo para dejar constancia de las prácticas que han llevado a cabo. "Si alguien está en el suelo en medio de los enfrentamientos, lo primero es sacarlo de allí. Si esta persona luego tiene una secuela, se nos podría acusar a nosotros, cuando su lesión en realidad viene de la carga policial. Aunque al trasladarlo, también podemos hacer un mal movimiento. Actuamos en tierra de nadie", reflexiona Virgil, que todavía tiene los vídeos del sábado pasado en el móvil.

"Consideramos que hay un antes y un después de [Manuel] Valls [ministro de Interior entre 2012 y 2014]", señala Gassiot. "Dio un giro al comportamiento de las brigadas de antidisturbios, pasaron a entrar mucho más en contacto con los manifestantes, lo que genera mucha más tensión y enfrentamientos", concluye el portavoz del observatorio.

El Ministerio ha movilizado todo cuerpo de policía capaz de salir a la calle. "Cuerpos que han sido armados, pero no formados para la ocasión y que desencadenan el pánico a la mínima", apunta Gassiot.

Particularmente, en las prácticas policiales en las manifestaciones de los Gilets Jaunes confluyen distintos factores que ponen a la policía nerviosa, expone el portavoz del OPP. Por un lado, el tramo de la manifestación no está declarado. Los antidisturbios no se sienten en su territorio. Por otro lado, las protestas tienen un carácter imprevisible. Los manifestantes pasan de cantar “CRS con nosotros” a lanzarles piedras”. Pero, por encima de todo, el Ministerio ha movilizado todo cuerpo de policía capaz de salir a la calle. Lo que incluye las Compañías de Seguridad y de Intervención (CSI) o la policía local. "Cuerpos que han sido armados, pero no formados para la ocasión y que desencadenan el pánico a la mínima", apunta Gassiot.

Por encima de todo, el Observatorio señala la presencia de la Brigada Anti Criminalidad [BAC], como la más problemática. "Tienen un carácter provocador, cultivan la tensión, aúllan mientras corren o cargan. Normalmente van de paisano, aunque armados, mucha gente los confunde con militantes de extrema derecha", asegura el portavoz.

Miembros de la Brigada Anti Criminalidad [BAC]
Los CRS y la Gendarmerie Mobile son cuerpos entrenados y equipados para resistir a la presión inherente a un cuerpo de antidisturbios. "Tres piedras no deberían hacerles perder el control. Entonces entendemos que su violenta reacción en estas manifestaciones responde a una decisión política desde arriba: dar miedo para disuadir a la gente de salir a manifestarse. Y funciona", sentencia Gassiot.

La BAC el sábado 15 lanzó granadas lacrimógenas en la plaza del Capitole, la plaza central de Toulouse, mientras llovía, lo que aumenta la nocividad de los gases. "Di sérum ocular a niños de 2 años", relata Virgil. "El día que no sean necesarios los street medic en las manifestaciones estaré más que contento", concluye. De momento, la autogestión popular en forma de asistencia en primeros auxilios es más que necesaria.

BALANCE PROVISIONAL DE HERIDOS, A 19 DE DICIEMBRE
Una mujer de 80 años murió en Marsella. Le impactó una granada lacrimógena en la cara mientras cerraba las ventanas de su casa. Murió en el hospital.
Un hombre sigue en coma en Toulouse por el impacto de una flash-ball en la cabeza.
Al menos cuatro personas han perdido una mano a causa de una granada GLI-F4.
Al menos nueve personas han perdido un ojo a causa de Flash ball.
14 fracturas graves en el cráneo causa de flash ball.
Una persona ha perdido definitivamente la audición GLI-F4.