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26 noviembre, 2025

Contradicciones entre la UE y EEUU. Plan de Paz de Trump para Ucrania — Ángeles Maestro

 


Brownstone España – 26/11/2025


A las 24 horas de hacerse público el Plan de Paz de Trump para Ucrania, Zelenski dirige un mensaje a su pueblo en el que prácticamente anuncia que EEUU le ha dado un ultimátum: "o la pérdida de dignidad o el riesgo de perder un socio clave; 28 puntos complicados o un invierno extremadamente duro"[1]. Del conjunto del mensaje se deduce que "por duro que sea", peor sería no aceptarlo.


En este sentido, la difusión de las informaciones, precisamente ahora, sobre la corrupción de la cúpula de poder en Ucrania —Zelenski incluido, cuando es un hecho bien conocido desde hace años— ha servido de chantaje político para volcar las voluntades de la cúpula de Kiev hacia el acuerdo.


Acerca de la posición de Rusia no hay ningún misterio. Sus líneas rojas son las que planteó en Estambul en 2022 y que viene repitiendo desde entonces como objetivos innegociables de la Operación Militar Especial: protección de la población del Donbass y demás comunidades de lengua y cultura rusa, y desmilitarización, neutralidad y desnazificación de Ucrania. Todo ello en el marco de garantizar la seguridad de Rusia, cercada militarmente de forma progresiva por la OTAN desde la desaparición de la URSS en 1991.


A pesar del silencio cauteloso del Kremlin ante la propuesta, o precisamente por eso, es evidente que el plan responde a lo acordado entre Putin y Trump en Alaska en su reunión del pasado mes de agosto.


Tanto entonces como ahora, ni Ucrania ni la UE han participado en la negociación; se les ha colocado ante hechos consumados.


El acuerdo pone a la UE en una situación especialmente complicada por cuanto el eje central de su política gira en torno a la prolongación de la guerra en Ucrania "hasta el último ucraniano", al tiempo que se arma hasta los dientes para una guerra de la OTAN contra Rusia en plazo de pocos años. En realidad, uno de los ejes de esa estrategia es inyectar cantidades descomunales de dinero público a la industria armamentística, intentando así paliar la desindustrialización que asola a la UE. El otro es la militarización y la intensificación de la represión de unos pueblos que empiezan a rebelarse ante el paro creciente y el deterioro de sus vidas, y a apuntar con huelgas generales contra la economía de guerra.


Para justificar semejante desatino se ha puesto en marcha una asfixiante propaganda de guerra basada en la demonización de Rusia. Ayer mismo, Andrius Kubilius, Comisario de Defensa de la UE, afirmaba que en "dos años o tres Rusia podría atacar aeropuertos españoles y afectar gravemente al turismo"[2]; y hace dos días el Jefe de Estado Mayor de Francia declaraba que la población debía prepararse para ver morir a sus hijos en la guerra contra Rusia [3].


No cabe duda de que el Plan de Paz en Ucrania es un poderoso torpedo en la línea de flotación de la UE. El hundimiento de la cotización en bolsa de las empresas de armamento refleja la gravedad del asunto. La Comisión Europea y sus gobiernos se quedan sin el argumento central de que "Rusia nos va atacar a todos" con lo que justificaban la prioridad absoluta de la "seguridad" por encima de las pensiones, los servicios públicos, el trabajo o incluso la vida de los jóvenes.


Pero, ¿qué razones hay para que Estados Unidos haya presionado decisivamente a Ucrania para la implementación de un Plan de Paz que, en líneas generales, acepta los objetivos fundamentales de Rusia?


Desde luego nada tienen que ver con el supuesto pacifismo de un Trump dispuesto a ganarse el año próximo el premio Nobel de la Paz.


Las razones son las siguientes:


La primera es la constatación de la victoria clamorosa de Rusia en el frente de batalla a pesar de las ingentes cantidades de armamento, instructores militares y tropas especiales suministradas por la OTAN. Contra esta evidencia, el régimen de Kiev y la UE han estado inventando "victorias", repetidas como loros por los medios de comunicación. Los de Zelenski necesitaban esas mentiras para seguir recibiendo dinero, y la UE, para justificar esas mismas transfusiones de armas y de fondos públicos.


La segunda es que EEUU, inmerso en una gravísima crisis económica, no puede seguir manteniendo a costa del presupuesto público el apoyo militar y económico a una guerra que no sólo no le conviene sino que, como veremos más adelante, contraviene sus intereses. Por otro lado, el negocio de su complejo militar-industrial está bien asegurado con una UE que ya se ha comprometido con Trump a comprar masivamente armas a la industria militar norteamericana. Si las usan o no, no es su problema.


La tercera es la que probablemente ha presionado más directamente para acabar con el conflicto a la mayor brevedad posible. Trump, como los gobiernos de la UE, es la terminal política de los intereses de las grandes multinacionales. La diferencia es que EEUU tiene la capacidad de someter a la UE e imponer sus objetivos.


Una vez garantizados los beneficios de las grandes armamentísticas norteamericanas con los presupuestos europeos, los grandes fondos de inversión se aprestan a lanzarse sobre Ucrania.


Unos, como Blackrock, para “reconstruirla”. ¿Recuerdan Iraq?


Otros son propietarios de grandes extensiones de tierras en Ucrania cuya explotación no se compagina bien con la guerra. En este informe [4], "se identifica a muchos inversores destacados, entre ellos Vanguard Group, Kopernik Global Investors, BNP Asset Management Holding, NN Investment Partners Holdings, propiedad de Goldman Sachs, y Norges Bank Investment Management, que gestiona el fondo soberano de Noruega. Varios grandes fondos de pensiones, fundaciones y dotaciones universitarias estadounidenses también han invertido en tierras ucranianas a través de NCH Capital, un fondo de capital privado con sede en Estados Unidos".


Grandes multinacionales como Bayer-Monsanto, Cargill o Dupont tienen grandes intereses en la producción de semillas, pesticidas y fertilizantes.


Finalmente, EEUU y Ucrania firmaron en julio pasado un acuerdo para la explotación de minerales estratégicos por parte de empresas de EEUU. Con esa finalidad se creó un Fondo Común de Inversiones, con dotaciones económicas de ambos países, destinado a favorecer inversiones de empresas norteamericanas. Este acuerdo sobre "tierras raras", clave para EEUU, serviría como "reembolso" de los miles de millones de dólares transferidos por Washington a Ucrania.


Los datos anteriores explican con claridad que la fracción dominante de la oligarquía imperialista considera que, hoy por hoy, es un negocio más interesante vampirizar los recursos ucranianos, para lo cual necesitan que los misiles rusos dejen de caer sobre las infraestructuras ucranianas, que continuar la guerra. Su representante político, la administración republicana, ha jugado así también el papel de quitarse posibles competidores europeos, como Polonia, interesados en un supuesto reparto de Ucrania.


[1] Mensaje de Zelenski al pueblo: Este es uno de los momentos más difíciles en la historia de Ucrania

[2] https://as.com/actualidad/politica/la-advertencia-del-comisario-de-defensa-de-la-ue-rusia-puede-lanzar-drones-sobre-los-aeropuertos-espanoles-f202511-n/

[3] https://www.france24.com/es/francia/20251120-frente-a-los-alcaldes-de-francia-el-jefe-del-estado-mayor-prepara-a-la-poblaci%C3%B3n-para-la-guerra

[4] https://www.oaklandinstitute.org/sites/default/files/files-archive/takeover-ukraine-agricultural-land.pdf





11 noviembre, 2025

La UE con el casco de guerra hasta las cejas y contra el enemigo interno – Ángeles Maestro

 



NÚCLEOS COMUNISTAS – 11/11/20250


El 9 de noviembre llegaban dos noticias estrechamente relacionadas:


el dominical de El País dedicado al Foro "Diálogos para la Seguridad"


la cancelación por Youtube del canal "Reflexiones Iracundas"


La segunda edición del Foro se celebró en el Hotel Palace; fue organizado por El País y tenía por objeto analizar el marco económico y geoestratégico del Rearme de la UE, y en concreto del Reino de España. Como suele ocurrir, los gastos del evento corrieron a cargo de quienes están recibiendo cantidades tan gigantescas de dinero público que, como ellos mismos reconocen, hace poco ni podían soñar: Amper, EM&E Group, GMW e Indra Group, entre otras empresas. El apoyo institucional, es decir el de los encargados de regar las arcas empresariales con los presupuestos de las administraciones, estuvo representado por la ministra de la guerra (PSOE), la vicepresidenta del gobierno de Aragón (PP y Vox) y Borrell, el del jardín, ahora presidente de un think tank, el CIDOB, y ex vicepresidente de la Comisión Europea.


Los CEOs de las multinacionales armamentísticas se frotaban las manos y se deshacían en elogios a quien reconocían como único cliente, el Ministerio de Defensa, mientras hacían votos por una UE "unida y fuerte", esencial para que el negocio fluya. La ministra con todo desparpajo exhibía sus logros: un gasto público oficial (el real es más del doble) que llega a 33.000 millones de euros en 2025, además de 10.470 millones más para el Plan Industrial y Tecnológico de Seguridad y Defensa. El gasto militar de la UE alcanzó la cifra de 381.000 millones de euros que casi multiplica por cuatro la cifra récord anterior.


Su fervor guerrero siguió escalando nuevas cotas al afirmar que “seguiremos apoyando a Ucrania el tiempo que haga falta, porque están en juego nuestros valores y la democracia”. Le faltó decir "hasta el último ucraniano". La evidencia de que son fascistas quienes gobiernan Ucrania es la vergüenza que hay que ocultar bajo la alfombra, porque sin el chantaje de la "amenaza rusa" el gigantesco expolio del presupuesto público no se sostendría.


Como muy bien saben los que se reunieron en el Hotel Palace – sede de la UGT durante el gobierno del Frente Popular – este escándalo ocurre mientras más de la cuarta parte de la población (25,8%) que financia con sus impuestos ese gasto, vive en la pobreza y la exclusión social. A los salarios y pensiones de miseria se les añade el desmantelamiento de los servicios públicos como sanidad, educación o servicios sociales, privatizados por unos y otros; además del esperpento de cerrar fábricas que producían bienes necesarios, para instalar industrias de la muerte.


Su problema es cómo manejar este profundo malestar social, que se mantiene oculto por ahora y que canaliza electoralmente Vox, tan cómplice del expolio como los demás. Aprovechando la desesperación creciente que anida sobre todo en la juventud como consecuencia de políticas al servicio del capital, el fascismo utiliza la corrupción y el espantajo de culpar a la emigración de la degradación de las condiciones de vida en los barrios obreros, falseando datos y ocultando, por ejemplo, que 220.000 ucranianos llegados después de 2022, viven con gastos pagados y prestaciones económicas.


El control de ese sordo malestar social, que se extiende por capas cada vez más amplias de la población, que podrían entender que el verdadero peligro que amenaza sus vidas no está en Rusia, sino mucho más cerca, es el que preocupa a la directora del CNI, al gobierno y a todas las élites económicas otanistas.


Cuando los gobiernos destinan cantidades ingentes de dinero público a "seguridad", debemos entender que es “su seguridad” lo que les preocupa y que lo que pretenden conjurar es el enemigo interno. Al oírles hablar de "desinformación", de "fake news", de "desestabilización" o de medios o personas "al servicio de potencias extranjeras", habría que aplicarles el refrán castellano de "cree el ladrón que todos son de su condición". Porque lo cierto es que es todo ello lo que caracteriza sus campañas de intoxicación y de guerra ideológica dirigidas a conjurar el pánico que sienten ante el riesgo de que la gente trabajadora entienda quienes son sus verdaderos enemigos: los que se sientan en los consejos de ministros y en los lujosos despachos de las multinacionales y que son los mismos que se enriquecen con el dinero público y que necesitan guerras para engrasar sus negocios.


Economía de guerra no es sólo negocio armamentístico con dinero público. Para que funcione es necesario exacerbar la represión contra quienes pueden abrir los ojos a los demás. Tratan de evitar que la clase trabajadora entienda las dimensiones del crimen que perpetran y se decida a hacer que se les acabe la fiesta. Sólo así se puede comprender la persecución sindical, la de la juventud antifascista, la censura o la denigración de toda persona que cuestione el belicismo de los gobiernos de la UE que pisotea los más elementales derechos sociales y políticos de sus pueblos, o que las cárceles estén cada vez más llenas de presos políticos.


El derecho a la información es negado a diario por medios de comunicación que son propiedad de las multinacionales armamentísticas o son controlados por los gobiernos que sirven a los mismos intereses. ¿Recuerdan lo ocurrido durante la pandemia? Los mecanismos utilizados ahora se parecen a los de entonces como dos gotas de agua. Las redes sociales, en un principio más difíciles de controlar, están siendo sometidas a leyes y demás normas de servicios digitales de la UE que restringen cada vez más la libertad de expresión; todo ello además de la censura que ejercen por su cuenta las mismas empresas multinacionales y de la exclusión total del acceso a medios como RT o Sputnik.


Desde aquí expreso toda mi solidaridad al canal Reflexiones Iracundas, a quienes sufren la represión por defender el derecho a la información, por luchar por sus derechos laborales o contra el fascismo, y por combatir un capitalismo tanto más criminal cuanto más evidente es su incapacidad para garantizar condiciones de vida dignas a todos los seres humanos.



17 enero, 2024

El imperialismo sionista y el fascismo sobre el polvorín de la crisis — Ángeles Maestro

 


Ángeles Maestro CNC


La lucha del pueblo palestino escribe con sangre su historia y la nuestra


El ataque militar de la resistencia palestina al Estado sionista del 7 de octubre, encabezada por Hamas y apoyada por todas sus organizaciones, marca un punto de inflexión decisivo para los pueblos árabes y para todo el mundo. La demostración práctica de cómo la determinación de un pueblo incomparablemente más débil desde el punto de vista militar –hecho que por otra parte ha sido verificado en todas las revoluciones–, es capaz de acabar con el mito de la imbatibilidad de unos de los ejércitos más poderosos del mundo, ha derrumbado de un manotazo uno de los mitos más arraigados en las organizaciones de izquierda occidentales: la imposibilidad absoluta de enfrentar al enemigo todopoderoso.


Gigantescas manifestaciones han recorrido todos los países del mundo cuando la lucha internacionalista parecía languidecer. Han puesto en primer plano la defensa de la legitimidad del combate del pueblo palestino, y por tanto de su lucha armada, contra el ocupante sionista. Empieza también así a desmoronarse el cáncer que alimenta desde hace décadas la impotencia de la izquierda: el pacifismo como un principio inamovible. Este pacifismo fue creado por la socialdemocracia y los Verdes y penetró profundamente en los grandes partidos eurocomunistas que aceptaron la política de las últimas décadas de la URSS de convivencia pacífica con el capitalismo. Todos ellos se han convertido hoy, como el Gobierno PSOE y sus adláteres de Sumar y Unidas Podemos, en peones de la OTAN, apoyando el envío de armas a los fascistas de Ucrania y vendiendo armas al Estado sionista para masacrar al pueblo palestino.


Sobre el horror de los miles de muertos del pueblo palestino, la mayoría mujeres y niños, ha resurgido en EEUU y en muchos países europeos, también en el Estado español, el internacionalismo proletario. La clase obrera, sin la cual las garras del imperialismo son absolutamente impotentes, ha mostrado, al negarse a colaborar en el envío de armas a Israel, que la solidaridad internacionalista sigue viva.


La lucha del pueblo palestino, la de sus organizaciones armadas y la de todo su pueblo que resiste defendiendo casa a casa las calles de Gaza, con imágenes de heroísmo irreductible que recuerdan a la batalla de Stalingrado, ha vuelto a traer a la memoria la alianza del nazismo con el sionismo, desde las postrimerías de la II Guerra Mundial hasta ahora mismo. La resistencia del pueblo palestino y la gigantesca masacre sionista nos han vuelto a recordar que sólo la lucha de los oprimidos es capaz de romper los muros de la desinformación, llegar a la conciencia de las masas y escribir la historia con su propia sangre.


La lucha del pueblo palestino ha interrumpido, por ahora, dos grandes proyectos del imperialismo sionista basados en la “normalización” de las relaciones entre Israel y algunos países árabes. Uno, la construcción del Canal Ben Gurión(1) (nombre del dirigente sionista que dirigió la masacre y desposesión del pueblo palestino en 1948), acordado entre el Estado sionista y Arabia Saudí; iría del Mar Rojo a Gaza, sería alternativo al Canal de Suez y canalizaría el 30% del comercio mundial de recursos energéticos. El otro, la apropiación por parte de Israel del yacimiento de gas Gaza Marina, situado frente a las costas de Gaza, estimado en 30.000 millones de metros cúbicos, y de los yacimientos de gas y petróleo que se encuentran en tierra firme entre Gaza y Cisjordania(2).


La resistencia palestina, que se enfrenta a todo el poderoso engranaje de poder militar del sionismo imperialista, solo ha recibido hasta ahora el apoyo militar de Hezbollah en el Líbano, de Yemen, uno de los países más pobres del mundo y que acaba de enfrentar una guerra contra esos mismos poderes, y de organizaciones iraquíes. Ante esta desigual batalla de la resistencia palestina, que objetivamente enfrenta al imperialismo occidental, el mismo que tienen enfrente Rusia y China, los BRICS no han hecho sino declaraciones. Ni se han roto relaciones diplomáticas, ni mucho menos cortado relaciones comerciales con el Estado sionista. Los BRICS, ante la heroica lucha del pueblo palestino, se han mostrado como una alianza puramente económica, en la que los valores de “soberanía e independencia nacional” han quedado arrumbados. Destacamos esta valoración como advertencia a quienes de forma ingenua o desinformada tienden a identificar el papel de los BRICS, de forma poco rigurosa, como la tabla de salvación de la lucha antiimperialista.


Estos recientes y trágicos acontecimientos han despertado la necesidad de entender su origen. Para ello, es preciso recordar algunos hechos históricos:


 El Acuerdo de Sykes-Pikot, suscrito en 1916 en secreto por Gran Bretaña, Francia y la Rusia zarista por el que esas potencias, ante la derrota del Imperio Otomano, se repartían el territorio de Oriente Próximo traicionando a los pueblos árabes que les habían apoyado en la guerra a cambio de su independencia. Diseñaron a su conveniencia los países que hoy conocemos, colocando a gobernantes títeres que les aseguraban el acceso al gas y al petróleo. Ese Acuerdo fue publicado en Izvestia y Pravda por los bolcheviques que lo hallaron en el Palacio de Invierno tras la Revolución Soviética. La larga lucha de los pueblos árabes contra el neocolonialismo y por su independencia y soberanía, ha marcado desde entonces todos los conflictos en Oriente Próximo; conflictos que se agudizaron con la creación sobre suelo palestino del Estado de Israel, instrumento decisivo para el control de la región por esas potencias y por EEUU.

 El papel protagónico de la familia de banqueros Rothschild y de Gran Bretaña en la creación del Estado sionista. En 1917, también en plena I Guerra Mundial, el ministro de Relaciones Exteriores británico dirigió una carta pública, conocida como Declaración de Balfour(3), al barón Rothchild, líder de la comunidad sionista en Gran Bretaña, mostrando el apoyo de la Corona a la creación de “un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina”.

 La alianza entre el sionismo y el III Reich, quien, mientras enviaba a las cámaras de gas a millones de judíos pobres, a cambio de un suculento apoyo económico, fomentó la salida de Alemania de los grandes oligarcas sionistas hacia EEUU, otros países europeos y Palestina. Dirigidas por los Rothschild, poderosas familias sionistas, como los Goldman, Sachs, Guggenheim, Loeb, Lazard, Openheim y Wargburg, entre otras, salieron del gueto de Frankfurt con el apoyo de los nazis para fundar los emporios que hoy conocemos.


Estos hechos históricos relativos a Oriente Próximo explican los intereses estratégicos de las grandes potencias occidentales en la región. Al mismo tiempo permiten comprender por una parte el papel del Estado sionista como su instrumento privilegiado de dominio, y por otra, la lucha general de los pueblos árabes, y en primer lugar la del pueblo palestino, para sacudirse el yugo imperialista que tiene su clave de bóveda en el Estado de Israel.


La penetración del sionismo en la estructura de poder económico y financiero internacional El apoyo incondicional de EEUU, tanto de demócratas –Biden se definió como sionista– como de republicanos, así como de los gobiernos vasallos de la UE, a la masacre ejecutada desde hace 75 años por el Estado de Israel sobre el pueblo palestino, requiere tener en consideración otros hechos que, más allá de Oriente Próximo, explican la estructura de poder del imperialismo y de su relación genética con el sionismo y el fascismo.


El sionismo, que no debe confundirse con el pueblo hebreo o la religión judía, es una ideología política supremacista, de extrema derecha que funciona como una sociedad secreta. Esta estructura de dominio, sobre todo tras la compra en 2012 por el fondo de inversiones RIT Capital Partners –presidido por el barón Rothschild– del 37% de Rockefeller Financial Services, controla buena parte de las estructuras del poder financiero internacional.


En la pirámide de poder de los doce bancos de la Reserva Federal, de gran parte de los principales bancos del mundo –incluido el Banco Central Europeo–, de multinacionales farmacéuticas como la Pfizer dirigida por Albert Bourla, de Blackrock, el primer fondo de inversión del mundo, presidido por Larry Fink, de grandes emporios de expansión cultural e ingeniería social como Hollywood o de los principales medios de comunicación, en esa pirámide están personas que pertenecen a la élite del poder sionista. La fortuna personal de Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial de Davos, impulsor de la doctrina del “Gran Reinicio” y miembro del Consejo de Administración del Club de Bildeberg, entronca directamente con el nazismo. Su padre, Eugen Wilhelm Schwab, salió de Frankfurt junto a otras acaudaladas familias judías con ayuda de Hitler, para dirigir la empresa suiza Escher–Wyss que fabricaba armas para los nazis utilizando mano de obra esclava(4).


El imperialismo y el fascismo, dos caras de la misma moneda


La relación del imperialismo con el nazismo se desarrolló a lo largo de toda la II Guerra Mundial. El papel de empresas estadounidenses y alemanas colaborando directamente con la Alemania de Hitler es larga y ha sido bien documentada por Jacques R. Pauwels en su libro “El mito de la guerra buena. EEUU en la II Guerra Mundial”. Destacamos algunas: Coca Cola, que creó Fanta para los nazis, IBM, que facilitó la elaboración del censo de judíos que serían asesinados en las cámaras de gas, Porsche–Volkswagen, Kodak, Bayer (IG Farben) que fabricó el gas Zyklon para las cámaras de gas, Hugo Boss fabricante de los uniformes nazis, Ford, Siemens o General Motors.


Esta alianza de las grandes corporaciones con el fascismo colaborando en el exterminio de judíos, gitanos, comunistas y todo el que se opusiera al fascismo y explotando mano de obra esclava en los campos de concentración, explica perfectamente que hayan continuado siendo, sin mayor problema, grandes empresas multinacionales, y hayan constituido la clave de bóveda de la confrontación del imperialismo contra la URSS.


En las postrimerías de la II Guerra Mundial tuvieron lugar hechos que documentan la alianza intrínseca del imperialismo con el nazismo y que ayudan a explicar el apoyo en la actualidad de la OTAN, incluidos los gobiernos vasallos de la UE, al régimen fascista de Ucrania. Destacamos los siguientes:


 La Operación Paperclip, por la que EE.UU. impidió que 1.600 criminales nazis –científicos y altos jefes militares– fueran juzgados en Nuremberg, para colocarlos después al mando de la OTAN en Europa o al frente de laboratorios de armas biológicas.

 La Organización Gehlen, dirigida por el general nazi del mismo nombre, que trasladó toda la información de los servicios secretos alemanes a EEUU sobre la URSS y países del Este, y que fue la base del Servicio Federal de Inteligencia de la RFA. Así mismo, esta organización fue la piedra angular sobre la que se constituyeron los Stay behind –ejércitos secretos de la OTAN– que en colaboración con la inteligencia militar y las organizaciones fascistas de cada país, crearon la Red Gladio y otras para llevar cabo acciones terroristas al servicio del imperialismo(5). La red Stay Behind, como veremos, sigue existiendo.

 Aunque la lista de nombres propios que han ejecutado las políticas imperialistas es larga, destacamos a Victoria Nuland. Esta mujer, representante destacada del lobby sionista, de origen judío y ucraniano, y representante de las poderosas empresas fabricantes de armas de EEUU, ha desempeñado altos cargos en todas las administraciones estadounidenses desde Obama hasta ahora, excepto en la de Trump. Jugó un papel destacado en Afganistán, en la invasión de Iraq y, como es sabido, impulsó, en nombre de EEUU y la UE, el golpe de estado fascista en Ucrania de 2014 que colocó a Petro Poroschenko (2014-2019) y posteriormente al también judío Zelenski en el gobierno (2019- ). En 2007, siendo embajadora de EEUU en la OTAN, promovió junto al líder nazi de la organización Sector Derecho, Dimitro Yarosh, a su vez agente de una de las Red Stay Behind, una reunión de neonazis de toda Europa e islamistas de Oriente Próximo para luchar juntos contra Rusia en Chechenia. Victoria Nuland confirmó la existencia de laboratorios estadounidenses de armas biológicas en Ucrania, en los que junto al Pentágono y la CIA, participan las grandes empresas farmacéuticas como Pfizer o Glaxo Smith Kline (6).


Comprender la estructura del poder del capitalismo imperialista, cada vez más centralizado y concentrado, y su capacidad para establecer políticas económicas, financieras, sanitarias, medioambientales o mediáticas que los gobiernos acatan sin rechistar, y su íntima relación del imperialismo con el nazismo y el sionismo, es indispensable para las organizaciones revolucionarias.


El capitalismo agonizante construye su “salida”: la destrucción y la guerra


Este entramado de poder político y militar está al servicio de la oligarquía que dirige en Occidente la mayor crisis del capitalismo. Tanto la centralización y concentración de capital, como las políticas de destrucción, control social y guerra, constituyen su “solución” a la crisis.


Los grandes Fondos de Inversión como BlackRock aumentan su control sobre el poder financiero y económico en EEUU, la UE y en muchos países de América Latina. En el Estado español tienen posiciones clave en los principales bancos y grandes empresas, al tiempo que, a través de gigantes multinacionales como Monsanto-Bayer, están llevando a cabo una estrategia de compra de tierras a gran escala, hundiendo la pequeña y mediana empresa agrícola y ganadera.


Estos grandes Fondos de Inversión, dirigidos en su mayor parte por banqueros sionistas como los Rothschild o BlackRock, llevan a cabo su estrategia de control y dominación con la colaboración de los gobiernos. El Foro Económico de Davos, expresión concentrada del imperialismo sionista, es el principal órgano desde el que se planifican las decisiones políticas, económicas, militares y de control ideológico de las poblaciones. Nunca como ahora la concentración de poder del capitalismo ha permitido subordinar tan completamente al poder político y mediático para llevar a cabo sus objetivos a escala, al menos, de “occidente”.


La crisis capitalista que, más que nunca, muestra su incapacidad para dar respuesta a las necesidades sociales, está siendo utilizada por la oligarquía para implementar su única salida posible: la preparación de la destrucción y la guerra a gran escala.


El hundimiento económico de las grandes potencias de la UE en el marco de la crisis, ha sido acelerado y planificado por todas las medidas adoptadas por la UE y los gobiernos sometidos a los intereses de EE.UU., en aras a las sanciones boomerang “contra Rusia”, y por las decisiones adoptadas con el pretexto de luchar contra la inflación. El Estado español encabeza, junto a Alemania e Italia, la lista de países de la UE con mayor destrucción de empresas, al tiempo que el consumo su hunde como expresión del empobrecimiento de la población.


La desindustrialización y la destrucción de la agricultura y la ganadería, con la consecuente ruina de las pequeñas y medianas empresas, se están acelerando sistemáticamente mediante la implementación de políticas de Estado. La ideología del “cambio climático”, patrocinada por la UE, el Foro de Davos y la ONU, está sirviendo para la canalización de fondos públicos, como los llamados “Next Generation” de la UE, a empresas multinacionales. Dichos Fondos financian cambios tecnológicos que sirven a las mismas políticas de destrucción de pequeñas y medianas empresas que son incapaces de llevarlos a cabo, y propician la centralización de capital.


Estas políticas no son sólo económicas


La violencia intrínseca que conllevan está bien engrasada mediante mecanismos de soborno y de censura. Los grandes medios de comunicación, controlados por los mismo grandes Fondos de Inversión, aseguran la penetración ideológica destinada a legitimar ante la opinión pública esas políticas que sirven a los objetivos de destrucción y de concentración de capital, con el fin de “prevenir un supuesto desastre medioambiental de origen climático”, cuando la mayor contaminación la generan las grandes corporaciones industriales.


La gestión de la pandemia Covid ha sido un gigantesco experimento de control social de poblaciones, mediante la implementación de políticas de terrorismo de Estado, que intentarán volver a repetir para tratar de desactivar revueltas populares. Por otra parte, instituciones como la ONU, la OMS u otras agencias de Naciones Unidas, creadas después de la II Guerra Mundial, cuando existía la URSS, hoy son instrumentos de la oligarquía mundial al servicio de sus políticas.


La previsible derrota de la OTAN en la guerra de Ucrania contra Rusia, así como la participación directa de EEUU, y la encubierta de potencias de la UE en la guerra del Estado sionista contra Palestina, configuran un futuro de guerra a gran escala. Ese escenario de guerra abierta tendrá su campo fundamental de batalla en suelo europeo.


La escalada de gastos militares, que tiene a los complejos militares de EEUU y de la UE funcionando a pleno rendimiento, financiados por los presupuestos públicos estatales en detrimento de los gastos sociales, configuran economías de guerra. A ellas se suman los llamamientos, cada vez más explícitos, a reintroducir el servicio militar obligatorio en los países de la UE. Más allá de lo que suceda en Ucrania, es evidente que el imperialismo euro-estadounidense prepara una guerra de la OTAN, contra Rusia primero, y después contra China, y que, como en la Primera y Segunda Guerra Mundial, tendrá como carne de cañón a la juventud obrera de los pueblos de Europa.


El fascismo, bien engrasado desde hace décadas por el imperialismo, reaparece ahora en el horizonte mostrando su esencia. Es la herramienta del capital destinada a dominar la resistencia obrera y popular cuando la burguesía, en el marco de la crisis capitalista, liquida como un trasto viejo sus “libertades democráticas”, las condiciones más elementales de supervivencia de la clase obrera; y necesita carne de cañón para sus guerras.


En el Estado español el “nuevo” Gobierno, como el anterior y los que le han precedido, jugará el papel de vasallo de la UE y de la OTAN y tratará de llevar a cabo sus políticas, con la colaboración de los grandes sindicatos, dividiendo y corrompiendo las luchas obreras y populares. Pero las contradicciones se agudizan y la oligarquía mundial es perfectamente consciente de que sus objetivos van a enfrentarse con la resistencia de la clase obrera y de los pueblos. Todo su aparato ideológico destinado a dominar a las poblaciones, mediante el miedo a pandemias, a crisis climáticas, energéticas o alimentarias, o a supuestos enemigos, puede sucumbir frente a la más elemental lucha por la supervivencia y por la vida.


Solo la clase obrera puede derrotar la barbarie capitalista. Nuestras tareas.


En ese combate a vida o muerte, que la mayoría no percibe aún, es indispensable adelantarse a lo que se avecina. La lucha ideológica y la construcción organizativa que sustente tanto la posibilidad como la necesidad ineludible de derrotar la barbarie capitalista e imperialista, con el socialismo como alternativa única y real, es la tarea insoslayable de las organizaciones comunistas revolucionarias y de los sectores más conscientes de la clase obrera.


En ese camino hay dos tareas prioritarias. La primera y fundamental es fortalecer la unidad e independencia de la clase obrera. El movimiento obrero construido sobre la independencia de clase –que exige identificar a las burocracias sindicales como agentes de la burguesía imperialista– y sobre la necesidad ineludible de conquista del poder político, es el único capaz de construir la alternativa a la barbarie capitalista. Para ello es indispensable también que el proletariado incorpore a su código genético el internacionalismo, que implica reconocer al imperialismo sionista como enemigo común, tanto de todas las luchas obreras y populares, como de los combates por la liberación nacional de los pueblos sometidos. El Encuentro de Movimiento Obrero en el que trabajamos, pretende servir de cauce para acabar con la impotencia y la desarticulación en la que se encuentra el proletariado.


La segunda es desarrollar un frente antiimperialista que, sobre la base de la Coordinadora Estatal contra la OTAN y las Bases (CECOB), asuma en el Estado español la lucha contra la OTAN y las Bases Militares, y que se coordine a escala internacional en la lucha contra el imperialismo.


La resistencia heroica del pueblo palestino que en las condiciones más difíciles está demostrando que es capaz de enfrentar unido al que, supuestamente, era un ejército invulnerable, muestra el camino.


Así mismo, la lucha de la clase obrera que, en diferentes lugares, incluido el Estado español, se ha negado a colaborar en el envío de armas al Estado sionista para masacrar al pueblo palestino, ha puesto en evidencia que el internacionalismo proletario sigue vivo y, lo más importante, que sin los trabajadores y trabajadoras, el imperialismo tiene los pies de barro.


Notas


1 https://es.sott.net/article/90564-Israel-se-propone-abrir-el-Canal-Ben-Gurion

2 https://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=51528

3 https://es.wikipedia.org/wiki/Declaraci%C3%B3n_Balfour

4 https://unlimitedhangout.com/2021/02/reportaje-investigativo/schwab-family-values/

5 Estos hechos han sido analizados con detalle aquí: https://www.lahaine.org/mundo.php/el-imperialismo-anglosajonla-otan

6 https://elcomun.es/2023/04/10/victoria-nuland-personaje-siniestro/



21 agosto, 2023

La encrucijada rusa — Ángeles Maestro

 



COORDINACIÓN NÚCLEOS COMUNISTAS – 21/08/2023


En Rusia es muy conocida esta frase atribuida a Pushkin: Si quieres escuchar tonterías, deja que un europeo hable sobre Rusia. Y es cierto, sobre todo en el caso de las élites políticas occidentales. Probablemente por eso han perdido una tras otra las guerras contra ella, a pesar de los gigantescos aparatos bélicos desplegados.


Para las organizaciones políticas revolucionarias – sobre todo para aquellas que han comprendido la esencia imperialista de la guerra de la OTAN contra Rusia que usa como ariete el fascismo ucraniano – es vital intentar analizar la complejidad y las contradicciones de la Rusia actual, por muchas razones que no voy a enumerar, pero sobre todo, porque está actuando en primera línea.


Sin atribuirme la capacidad de comprender en profundidad los procesos en juego en ese enorme país, si creo que es posible trazar algunas líneas de estudio tomando como referencia a analistas y escritores que además de dedicarse con clarividencia a desentrañar la realidad de su país, consideran, como la mayoría de la población rusa y bielorrusa, que el hundimiento de la URSS fue una inmensa catástrofe. Sin duda, el más lúcido de los que he podido consultar es Serguei Kurginyan, dirigente del movimiento político “Esencia del Tiempo”(1) , y a sus análisis me remito en muchas de las consideraciones que aquí transmito.


Treinta años después del hundimiento de la URSS, la guerra en Ucrania, y sobre todo las posibilidades de que se transforme en un conflicto de larga duración, están obligando a la sociedad rusa a despertar de un prolongado letargo basado en las falsas ilusiones de “entrar en occidente” o al menos, de mantener relaciones amistosas con él. Por otra parte, la rebelión militar dirigida por el líder del grupo Wagner, Yevgeni Prigozhin, el pasado mes de junio, ha puesto de manifiesto debilidades y contradicciones profundas presentes en la propia estructura del Estado que, de no resolverse positivamente, podrían poner en cuestión la victoria de Rusia en una guerra larga, más allá de Ucrania, que, con toda la razón, se considera como existencial.


Sin entrar a valorar en este artículo las causas internas y externas del colapso de la URSS, quiero destacar algunos hechos que contribuyen a explicar la situación actual: la destrucción de la estructura social se realizó en un tiempo récord, se demolieron los aparatos del estado soviéticos para sustituirlos por otros proclives a occidente, se cerraron miles de empresas y se privatizó buena parte de ellas. Las consecuencias fueron brutales para la población. Según el CIDOB: “En 1995 el índice de mortalidad creció un 70% por comparación con el año 1989, llegando a la cifra de sobremortalidad de 2,2 millones de personas al año”(2). Los suicidios, los asesinatos, las drogas, las mafias, el alcoholismo, el abandono de niños, la morbilidad por enfermedades prácticamente erradicadas, etc, reflejan el desplome total de una sociedad.


Estos hechos no sucedieron en toda la URSS. En Bielorrusa, Lukashenko, viendo el desastre, no sólo no privatizó empresas y servicios, sino que revirtió las pocas privatizaciones realizadas. La gráfica que siguei, que relaciona la mortalidad por tuberculosis entre países de las ex URSS que siguieron las políticas del FMI (todos excepto Bielorrusia) y los que no las siguieron es suficientemente explícita.


Tomado de: Stuckler, D., King, L. P. y Basu, S. (2008). International Monetary Fund Programs and Tuberculosis Outcomes in Post-Communist Countries. PLos Medicine 5 (7): e143. DOI: 10.1371/journal.pmed.0050143


Un técnico estadounidense destinado a Rusia en la época se expresaba así: “Me di cuenta rápidamente de que el plan de privatizaciones de la industria rusa se iba a llevar a cabo de la noche a la mañana, con costes muy altos para centenares de miles de personas (…) Se iban a fulminar decenas de miles de empleos. Pero además las fábricas que iban a cerrar proveían a la población de escuelas, hospitales, atención sanitaria y pensiones de la cuna a la tumba. Informé de todo esto en Washington y les dije que allí no iba a quedar red alguna de seguridad social. Comprendí claramente que se trataba precisamente de eso; querían eliminar todos los restos posibles del estado para que no volviera el Partido Comunista”3.


La desaparición de la URSS fue una hecatombe social. No sólo se destruyeron en un tiempo récord las estructuras del estado soviético – como si los dirigentes imperialistas hubieran leído “El estado y la revolución”- se demolió modo de vida y se intentó aniquilar la identidad de su pueblo.


La vivencia de todo este desastre, el imperialismo lo llamó “terapia de choque”, ocasionó en la población un trauma severo en todos los órdenes que no se ha rehabilitado. Kurginyan, que viene analizando este proceso en profundidad, lo llama “heridas en la conciencia”, y valora que “la conciencia deformada pierde su adecuación y no puede comprender normalmente lo que ocurre en el tiempo y en el espacio”4.


Sobre esa profunda herida social se erigió la Rusia postsoviética. Se construyó una sociedad amnésica y anestesiada, con un profundo vacío ideológico, que en parte ocupó la iglesia ortodoxa5 , sobre la ausencia de todo proyecto colectivo en una sociedad en la que lo comunitario – más allá de la superestructura política – estaba profundamente inscrito en la conciencia popular. A ello se sumaron las insultantes desigualdades sociales producto del robo impune de empresas socializadas y la degradación científica, cultural y educativa.


La destrucción, autodestrucción, de las fuerzas productivas rusas de alta tecnología es uno de los factores determinantes de la profunda regresión sufrida por la Rusia postsoviética. Como señala Kurginyan, ningún otro país, en ningún proceso político, ha hecho algo parecido. Quizás ahora, habría que incorporar a la UE a esas excepciones históricas de autoaniquilación productiva, exactamente bajo el mismo hegemón.


En definitiva, los aparatos del Estado de esa Rusia mutilada y desestructurada, estaban, y lo están en buena mediada, controlados por élites políticas y económicas – preparadas y dirigidas desde mucho tiempo antes por estructuras como el Club de Roma, o la soviética “Firma”6 – Estas élites fueron las que dirigieron la demolición de la URSS y las que, además de apropiarse de gran parte de los recursos del país, actuaron como valedores de las políticas del imperialismo para Rusia. Este nuevo poder, gestado desde el interior de las estructuras del Estado ruso modificó totalmente su naturaleza; el Ejército, el más sovietizado, constituye una excepción relativa. Esta oligarquía, política y económica, y el correspondiente engranaje del Estado, ha estado trabajando durante treinta años para el objetivo que se presentó como un sueño dorado: “entrar en occidente”.


Los cambios paulatinos en la política exterior de Rusia


Desde la desaparición de la URSS, EEUU – secundado de forma contradictoria por la UE hasta su subordinación absoluta actual a la OTAN y apoyado de forma cada vez menos encubierta por el Estado sionista – fue arrasando uno tras otro países cuyos gobiernos no se sometían a sus designios: Iraq (1991, 2003), Yugoslavia (1999), Afganistán (2001), Libia (2011).


Hasta el caso de Libia, en todo este sangriento proceso, la representación rusa en el Consejo de Seguridad de la ONU votó a favor de todas las resoluciones que amparaban las criminales agresiones militares del imperialismo, incluida la Resolución 1244 de 1999 que daba vía libre a los bombardeos de la OTAN sobre la nación hermana de Yugoslavia.


La destrucción completa a manos de la OTAN de Libia en 2011, el país más desarrollado de África y que sustentaba importantes proyectos de soberanía para el continente, también fue avalada por el CS de la ONU, pero esta vez China y Rusia se abstuvieron.


Este momento marca un punto de inflexión en la política exterior Rusa que alineada con China, ha vetado a partir de entonces todos los proyectos de resolución presentados por el imperialismo euro-estadounidense para avalar su intervención militar en Siria. Además, como es bien sabido, Rusia aceptó la solicitud de ayuda militar del gobierno sirio que ha contribuido decisivamente a modificar una correlación de fuerzas en la zona, que ya venía gestándose. A este respecto hay que destacar acontecimientos tan importantes en la región como la derrota de Israel en 2006 por una coalición libanesa liderada por Hezbolah y que marca el comienzo del desarrollo del Eje de la Resistencia anti-imperialista y antisionista(7).


Los intentos de los dirigentes rusos de mantener buenas relaciones con occidente, incluidas sus sorprendentes propuestas de entrada en la OTAN, fueron chocando progresivamente desde 1999, fecha en la que Polonia, Hungría y la República Checa se integran en la Alianza, con la evidencia de que el imperialismo anglosajón no perseguía otra cosa que la desintegración de Rusia previa a su dominación. Doce países de la zona de influencia de la URSS se incorporaron a la Alianza, desde que en 1991 se aprobara un documento8 suscrito por los Ministros de AA.EE. de Reino Unido, EEUU, Francia y Alemania en el que se le garantizaba a Rusia que la OTAN no se ampliaría hacia el Este.


No se trató sólo de la incorporación de nuevos países. Las sucesivas maniobras militares del OTAN fueron ratificando materialmente lo que los documentos de Seguridad Nacional de EEUU afirmaban con toda claridad: Rusia, seguida inmediatamente por China, era el enemigo principal9.


Se fue configurando así un cambio progresivo pero radical en la política de alianzas políticas, económicas, militares, culturales, deportivas, etc, que sitúa a Rusia, junto a China, como columnas vertebrales de un frente multipolar, que no hace más que ampliarse sobre la base del respeto a la soberanía y la independencia de los países, frente a un imperialismo que sólo ofrece la política de las cañoneras. Insisto, no obstante, en que todo este proceso se lleva a cabo con grandes contradicciones en el interior de unas estructuras estatales y gubernamentales rusas construidas para objetivos políticos totalmente diferentes.


El golpe fascista de febrero 2014 en Ucrania, diseñado, financiado y organizado por EEUU y la UE, incluyendo todo tipo de atrocidades como la masacre de la Casa de los Sindicatos de Odesa, la persecución y tortura de la población de cultura rusa o los bombardeos cotidianos de la población civil del Donbas, estaba claramente dirigido contra Rusia. Era una amenaza inminente de guerra, que incluía el ingreso de Ucrania en la OTAN. Aún así, un año después, en 2015, Rusia junto a Francia, Alemania y Ucrania firmó el Acuerdo de Minsk que planteaba una solución negociada al conflicto del Donbas. Ángela Merkel declaró en diciembre de 2022 que no había ninguna intención de cumplir sus condiciones y que tal Acuerdo se firmó para que Ucrania ganara tiempo para armarse10.


La firma del Acuerdo de Minsk no se produjo porque Rusia fuera engañada, como se suele decir. Fue el último acto de un Estado, construido a la medida de los intereses de occidente, que se resistía a enfrentar la evidencia: el imperialismo anglo-sajón iba a declarar la guerra a Rusia.


La Operación Militar Especial, un camino sin retorno


La decisión del gobierno ruso de intervenir militarmente en Ucrania supone un paso decisivo para en futuro de Rusia. Le conecta directamente con un sentimiento popular que, a pesar de todo, conserva marcado a fuego en su cerebro el recuerdo de los 27 millones de muertos que le costó a la URSS derrotar al fascismo, y que forma parte indeleble de la identidad nacional rusa. Ese sentimiento popular que incluye la reivindicación de la Unión Soviética sin que se haya concretado aún como objetivo político, y que va creciendo cada vez más como muestran hasta las encuestas occidentales, ha sufrido y sufre como propias las masacres de los nazis ucranianos en el Donbas y clamaba por el apoyo militar a sus milicias populares. Implica también el odio creciente a los oligarcas, los denostados “nuevos ricos”, y con él al individualismo consumista identificado con occidente.


El imperialismo juega con los oligarcas como quinta columna. Ellos, que deben a occidente sus fabulosas fortunas y que tan jugosos negocios estaban haciendo con sus bancos y multinacionales, son también los valedores de sus políticas. Por si acaso flaqueaban a la hora de ejercer sus influencias en el Estado, contra ellos se han dirigido buena parte de las sanciones. Sintiendo sus presiones y comprobando las importantes pérdidas sufridas por sus empresas, los mayores magnates como Mordashov (siderúrgica Everstal, minería de oro NordGold, banco Rossiya), Tinkov (banco digital Tinkoff), Mixail Fridman (supermercados DIA y AlfaBank) y algunos otros, han clamado contra la guerra, lamentándose amargamente por la muerte de inocentes, pronunciándose contra el gasto militar, etc.


Putin les fulminó inmediatamente, sólo con palabras, tratándolos de títeres de occidente y amenazando con que “el pueblo ruso sabría limpiar adecuadamente a los traidores, escupiéndoles como mosquitos que se meten accidentalmente en la boca”. El tratamiento pareció surtir efecto y las pocas algaradas que se convocaron “contra la guerra” quedaron en agua de borrajas.


A pesar de ello, los conflictos de fondo siguen desarrollándose, entre el reto histórico que supone la necesidad de responder a una confrontación militar a gran escala y durante largo tiempo con un enemigo muy poderoso, con unos aparatos del Estado diseñados para otros objetivos y una estructura social que, hasta ahora, no parece ser consciente de que muchas cosas deben cambiar para ser capaz de hacerle frente.


A pesar de que la supuesta contraofensiva ucraniana resulto un fiasco, no por ello dejará el imperialismo de inundar al gobierno de Kiev con todo tipo de armas “hasta el último ucraniano”. “Lo único que Occidente no quiere hacer y no hará, por ahora, es poner a su propio pueblo bajo las balas. Unos cinco millones de hombres ucranianos, que ya han sido vendidos a Occidente por cerca de un billón de dólares, están destinados a este fin. La élite ucraniana está muy satisfecha con este sangriento intercambio”, señala Kurginyan.


Además, recuerda que las palabras que señalaron desde el principio los objetivos de la intervención militar “la desnazificación y la desmilitarización de Ucrania”, no son un mantra vacío de sentido, sino que por el contrario muestran el núcleo de la cuestión11. El fascismo que se ha desarrollado en Ucrania, seguido por alrededor de un millón de personas, alimentado por el imperialismo y al que ha entregado todos los recursos del estado, es especialmente bestial y considera a los rusos como su enemigo principal. Sería un gran error subestimar esa fuerza, señala el dirigente de “Esencia del Tiempo”.


Lo que la rebelión militar de Prigozhin ha puesto de manifiesto


Los delirantes análisis de los “expertos” occidentales sobre los Wagner, que pasaron de ser para ellos de paladines de la libertad a sucios mercenarios, ponen de manifiesto que no tenían la menor idea de que la rebelión se iba a producir y que no entienden lo que sucede en Rusia. Todo ello, dice Kurginyan, no exime al pueblo ruso de valorar en profundidad lo ocurrido y, sobre todo, de extraer las consecuencias.


Para crear los Wagner el Estado invirtió ingentes cantidades de dinero, armamento y se les otorgaron grandes poderes, como por ejemplo, el reclutamiento. Se creó, señala Kurginyan, un sistema paralelo al del Ministerio de Defensa. Y, ese sistema, se creó por mandato del Presidente del Gobierno y le obedecía a él directamente. ¿A qué responde su creación? ¿Cuándo un líder, se pregunta Kurginyan, crea un sistema paralelo?. Y se responde: “En primer lugar cuando sospecha que el sistema no le es del todo leal, y en segundo lugar, cuando sospecha que no cumple con las tareas que tiene asignadas”.


La rebelión de Prigozhin ha puesto de manifiesto las graves contradicciones existentes. Su fracaso, creyó que parte sustancial del ejército iba a seguirlo, si bien ha permitido al sistema, léase el Ministerio de Defensa, confrontar directamente con el sistema paralelo creado por Putin y eliminar, por el momento, la posibilidad de alternativas, no le ha destruido.


El juego interno de fuerzas se puso en evidencia. La rebelión de los Wagner, que se encaminó a Moscú prácticamente sin oposición interna, terminó con un indulto y con Prigozhin participando en la Cumbre África – Rusia, en San Petersburgo. Además, nuevas tareas de Estado han llegado para los Wagner: Bielorrusia, tras la inteligente y oportuna mediación de Lukashenko, y la intervención en África a petición de los nuevos movimientos anticoloniales de diferentes países del Sahel.


Los grandes problemas siguen sin resolver y son en el sentido estricto de la palabra, estructurales. Una parte del Estado ruso, es decir, la representación de los oligarcas en los poderes del Estado, estaría abogando por una paz negociada con Ucrania, casi a cualquier precio, y volver a las buenas relaciones y negocios anteriores, y otra es consciente del carácter irreversible de la ruptura con occidente y de la envergadura de la confrontación que deberá asumir el pueblo ruso. “El sistema existente fue construido para ser parte de la civilización occidental y, por lo tanto, no puede estar en guerra con esta civilización, insiste Kurginyan. No puede garantizar estratégicamente que Rusia se enfrente a Occidente, que es 10 veces más poderoso que Rusia, durante mucho tiempo. Si un sistema creado para los viejos propósitos no logra hacer frente a la nueva situación, acumulará disfunción. No se trata de individuos como Shoigu, Gerasimov, Surovikin, etc., sino de la arquitectura del sistema, construida para otras tareas, para otros tipos de guerra”.


La disfunción esencial entre el “sistema”, la maquinaria del Estado y las élites económicas a las que sirve, y los objetivos – la guerra contra occidente – radicalmente diferentes a los que responde su creación y funcionamiento, puede dar lugar a que sea precisamente el “sistema” el que cambie la realidad, para adecuarla a las finalidades que le dieron origen. Y si eso se pretendiera materializar, se pregunta el dirigente de la Esencia del Tiempo, ¿quién se convierte en su principal oponente? El que le impide hacer lo de siempre: trabajar poco, robar mucho y drogarse. ¿Quién es el estorbo? Objetivamente: el líder del país.


Los grandes retos de Rusia


El país se enfrenta a una guerra de larga duración frente a un enemigo muy poderoso, que va más allá de Ucrania y que puede resurgir en Polonia, Países Bálticos, etc. Todo ello en un marco en el que EEUU se prepara para enfrentar a la gran potencia que empieza a superarles y a disputar su hegemonía, China. En este caso, plantea lúcidamente Kurginyan, “cuando EEUU se ve superado por algún país según sus propias reglas, no le dan un premio, sino que cambian las reglas del juego. La introducción de la agenda ambiental o la pandemia Covid, son buenos ejemplos de cómo cambian las reglas del juego”12 Y para enfrentarse a China, no basta desestabilizar Taiwan; no son suficientes las batallas navales. Como planteaba el geógrafo británico Mackinder, para que un imperio marítimo domine el planeta, primero tiene que controlar el “corazón continental”, el “pivote del mundo”, es decir, Rusia13.


Las previsiones del gobierno ruso de una rápida victoria militar en Ucrania, resultaron completamente erróneas, aunque afortunadamente identificó como objetivos la desnazificación y la desmilitarización del régimen de Kiev. Una vez más el “sistema” postsoviético intentaba obviar la realidad: Rusia no estaba sólo frente a un conflicto con Ucrania, se trataba de una guerra contra la OTAN. Y, claro que había que desnazificar y desmilitarizar Ucrania, pero era occidente quien había colocado a los fascistas en el poder y los armaba hasta los dientes.


Rusia se enfrenta a una guerra de larga duración contra la OTAN, una guerra de posiciones, de desgaste, que además no acabará con la guerra de Ucrania. En muchos aspectos esta guerra es todavía más terrible que la II Guerra Mundial y el pueblo ruso debe saber la verdad. Y la verdad aprendida en la Gran Guerra Patria, es que esa guerra se pudo ganar sólo porque la dictadura del proletariado, es decir, el proletariado erigido en clase dirigente, fue capaz de comprender y transmitir al conjunto de la sociedad soviética el gigantesco reto que debía asumir: la defensa de la humanidad contra el fascismo, de la humanidad contra la esclavitud, de la vida contra la muerte. Y todo ello, se resumió en una consigna bien concreta: “Todo para el Frente, Todo por la Victoria”. Y el pueblo soviético latió y actuó como un solo ser colectivo.


La enorme potencia que el pueblo soviético fue capaz de desplegar no respondía sólo a un deber patriótico. Defendía también su dictadura del proletariado, la primera revolución obrera triunfante, y por ello, tenía una dimensión internacional, no sólo antifascista, sino histórica para la clase obrera mundial.


La Rusia de hoy tiene ante sí grandes retos que superar para enfrentar a un enemigo no inferior al que enfrentó la URSS. Kurginyan identifica dos objetivos:


En primer lugar, abordar un salto científico-técnico en el complejo militar-industrial que permita superar al enemigo con todo tipo de armamento y de equipos. Después de la destrucción de las empresas y equipos más avanzados de la URSS, para ganar la guerra contra la OTAN – más allá de Ucrania – es preciso dar un salto descomunal. Las palabras de Stalin en 1931 fueron claves para la victoria en la Gran Guerra Patria: “si en diez años no recorremos el camino que costó a las potencias occidentales entre 50 y 100 años, seremos aplastados”. Rusia necesita reconstruir la poderosa industria de bienes de equipo, destruida durante el colapso de la URSS, imprescindible para poner en marcha al nivel requerido el complejo militar industrial. A su vez, esto precisa el concurso del sistema educativo para la preparación acelerada de cuadros técnicos y de capacidades humanas en alguna medida semejante al esfuerzo de la sociedad soviética en los años previos y durante la II Guerra Mundial.


La URSS lo pudo hacer gracias a la industrialización, que requería que toda la sociedad funcionara como un puño en movimiento. Y la gran duda es, ¿lo podrá hacer la Rusia actual?


En segundo lugar, es imprescindible abordar la batalla ideológica, la lucha de ideas contra el imperialismo y el fascismo. No es sólo Ucrania, el fascismo crece en toda Europa y en EEUU. Es inútil que Rusia espere que la extrema derecha la trate mejor que la actual élite occidental. ¡Es exactamente todo lo contrario!, afirma Kurginyan. Además, la moral del ejército decae si no hay un trabajo ideológico poderoso y si la sociedad no está penetrada por ese impulso espiritual. Y “si el jolgorio en la retaguardia no desaparece, si el robo no desaparece, advierte, entonces la victoria en una guerra larga es imposible”. La guerra de la información no debe llevarse a cabo en el lenguaje de las ovejas. Kurginyan aboga por un sistema de movilización, de despliegue, y un sistema de formación de nuevos cuadros que pueda convertir a las «sub-ovejas» en «perros lobo». Y no se trata de sacar banderas y de dar lecciones de patriotismo en las escuelas, sino de la movilización de un millón de personas en el bando antifascista. Pero hasta ahora, subraya, se ha hecho todo lo posible para que esto no sucediera.


El problema de fondo es cómo despertar la fuerza vital necesaria para galvanizar a una sociedad que se creyó el mito ideológico del capitalismo y que en buena medida vive ajena a lo que sucede en el frente; a una clase obrera que asiste desmoralizada e impotente al robo cotidiano de la oligarquía y que no ha rehabilitado las “heridas de la conciencia” porque eso sólo puede hacerse reanudando el hilo histórico de la lucha por su emancipación.


Kurginyan plantea activar el resorte antifascista que sin duda es muy potente en Rusia. El asunto es si la comprensión histórica colectiva e internacional de lo que entraña el fascismo, y sobre todo, la actuación consecuente para impedir que triunfe – Cueste lo que Cueste, Todo para el Frente, Todo para la Victoria – es posible abordarla sin la reconstrucción de la herramienta que concentra la fuerza obrera y popular: el partido comunista.


La lucha es internacional


La situación internacional actual guarda semejanzas con la II Guerra Mundial. La voluntad manifiesta de control del mundo por parte de la Alemania nazi está representada hoy sin tapujos por el imperialismo anglosajón, inmerso en una crisis económica terminal y cuya hegemonía en decadencia le empuja a la guerra como única opción.


Tras la derrota de la República española y en pleno auge del fascismo, Alemania fue ocupando uno tras otro los países europeos sin apenas resistencia. Hoy el sometimiento de la UE a la OTAN, dirigida con mano de hierro por EE.UU, con su territorio plagado de bases militares, es absoluto. También lo es el vasallaje de la política económica europea, autodestrucción incluida, a los intereses estadounidenses. A ello hay que añadir la colonización cultural o el control de los medios de comunicación, es un escenario político de auge del fascismo, hoy como entonces, facilitado por la socialdemocracia.


Es en este contexto en el que hay que analizar el apoyo económico y militar masivo del imperialismo a la Ucrania nazi. No se trata sólo de que use al pueblo ucraniano como carne de cañón. La alianza es mucho más íntima y más antigua. Es la propia continuidad del nazismo alemán en los aparatos políticos y militares de EE.UU y de la OTAN14, es el odio primario a todo lo ruso de los banderistas ucranianos y, sobre todo, es el fascismo con la supresión de derechos y libertades, con la represión salvaje y la militarización social, el que necesita el capitalismo en crisis irreversible y la guerra imperialista a gran escala que se está gestando.


Es el pueblo ruso, como ayer el soviético, el que ha comprendido que es su propia identidad y existencia como pueblo la que está en juego; aunque como hemos visto – si bien ha sido capaz de responder atacando a la amenaza ucronazi – su situación objetiva y subjetiva dista mucho de ser la de entonces.


Como se ha venido analizando, hoy no se vislumbra la solución a la incógnita de si el pueblo ruso será capaz o no de llevar a cabo las transformaciones revolucionarias que le permitan afrontar con éxito las tareas vitales para su futuro y para el resto de los pueblos. Lo que es cierto es que, tras treinta años de dominación ideológica, el pueblo ruso demuestra con sus actos – seguramente porque la herencia recibida es muy poderosa – que no ha sido doblegado. El apoyo popular mayoritario e incontestable a la intervención militar contra el fascismo en Ucrania es un gran ejemplo.


Lo que es una realidad incuestionable, tanto para el pueblo ruso, como para el resto de los pueblos del mundo – especialmente para los de Europa – es que nos encaminamos a una época de gran inestabilidad política caracterizada por profundos cambios destructivos en los medios de producción y en las condiciones de vida de millones de personas y por la imposición de un escenario de guerra permanente de intensidad variable contra Rusia y China.


La agudización de la lucha de clases en situaciones de profundas crisis, y sobre todo la guerra, amplían e intensifican las contradicciones internas de la burguesía, debilitan su hegemonía ideológica, y abren, como se ha demostrado históricamente, posibilidades de revolución obrera y popular. Y hoy, más que nunca, es imprescindible que la lucha que la clase obrera y los sectores populares desarrollen en cada lugar tenga dimensión internacional.


El atraso organizativo y político en la construcción de la única herramienta que ha demostrado ser capaz tanto de conducir a la victoria la revolución, como de derrotar al fascismo, el partido comunista, debe dejar de ser una justificación o un lamento. Debe convertirse en el campo de trabajo en el que los comunistas y las comunistas de hoy llevemos a cabo las tareas históricas de las que depende, no sólo la revolución socialista, sino el futuro de la humanidad.


Agosto de 2023


1 ehttps://rossaprimavera.run lengua rusa. Su caracterización política y la traducción de algunas de sus principales publicaciones al castellano pueden consultarse aquí: https://eu.eot.su/es/acerca-de/

2 https://apuntesdedemografia.com/2022/03/18/el-misterio-de-la-mortalidad-en-rusia/

3 Maestro, A. (2020) Crisis capitalista, guerra social en el cuerpo de la clase obrera. https://www.lahaine.org/b2-img10/Angeles_Maestro_ESP.pdf

4 https://rossaprimavera.ru/video/afb341fb

5 El intento de EE.UU. de colonizar Rusia con grupos evangelistas inmediatamente después del colapso de la URSS, al igual que hizo en América Latina, sin embargo, no prosperó.

6 https://tsargrad.tv/news/sekret-firmy-s-chego-nachalos-unichtozhenie-sssr_439718

7 El Eje de la Resistencia es un bloque histórico laíco, antiimperialista y antisionista que pretende superar divisiones de carácter religioso o étnico impuestas por el imperialismo, uniendo a los pueblos en un proyecto común de independencia y soberanía sobre sus recursos. Liderado por Hezbollah, agrupa a la <resistencia Palestina, Irán, Siria, Yemen y organizaciones iraquíes.

8 El documento citado se puede consultar aquí: https://espanol.almayadeen.net/news/politics/1558112/otan-prometi%C3%B3-en-1991-no-expandirse-ni-una-pulgada-hacia-el

9 https://www.nytimes.com/2016/02/03/opinion/the-pentagons-top-threat-russia.html?_r=0

10 https://www.msn.com/fr-fr/divertissement/actualite/angela-merkel-les-accords-de-minsk-ont-%C3%A9t%C3%A9-sign%C3%A9s-pour-donner-du-temps-%C3%A0-l-ukraine/vi-AA152UVJ

11 https://rossaprimavera.ru/video/c98f9bd3

12 https://rossaprimavera.ru/video/81bf7a03

13 https://archivo.kaosenlared.net/las-contradicciones-entre-el-imperialismo-estadounidense-y-el-europeo-controlar-el-pivote-del-mundo/index.html

14 https://cnc2022.wordpress.com/2023/03/07/el-imperialismo-anglosajon-la-otan-y-el-fascismo-caras-de-la-misma-moneda/