22 mayo, 2022

CUMBRE DE LAS AMÉRICAS — Luis Britto García

 

Luis Britto García – 22/05/2022

Fotos: Luis Britto García




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En Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, una benévola Morsa invita a un grupo de almejas a un banquete del cual serán el plato principal. Al convite de la Morsa se asemejan estas Cumbres en las cuales un país hegemónico convoca a otros para devorarlos. Oficialmente las monta la Organización de Estados Americanos, residenciada en Washington, en el antiguo edificio de la Unión Panamericana, cuyo presupuesto depende en más de 60% del aporte estadounidense, y a la cual el Ché definió como “Ministerio de Colonias de Estados Unidos”. En efecto, la OEA esgrime contra todos los países de Nuestra América una Convención Interamericana de los Derechos Humanos en virtud de la cual deben acudir anualmente a Washington a ser acusados por una Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y juzgados por una Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Estados Unidos astutamente evitó suscribir la mencionada Convención, pues ser sentenciado por un organismo internacional lesionaba su soberanía. Por idéntico motivo la República Bolivariana de Venezuela, por decisión unánime de todos sus Poderes, se retiró en 2017 de la OEA.


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Si cupieran dudas acerca de la orientación de estas Cumbres, basta revisar sus sedes y mandatarios huéspedes. La I sesiona en 1994 en Miami, “show window” del modo de vida estadounidense, convocada por Bill Clinton, descuartizador militar de Yugoslavia, Checoeslovaquia y Haití. La II se reúne en 1998 en Chile, presidida por Eduardo Frei Ruiz-Tagle, heredero del pinochetismo. La III opera en 2001 en Quebec, alojada por Jean Chretien, mandatario sumiso a las políticas de su poderoso vecino, y es sacudida por masivas protestas anti globalización. La IV sesiona en 2004 en Monterrey, frontera mexicana con la potencia norteña, bajo la presidencia de Vicente Fox, mandatario identificado con intereses y políticas de ésta. La V, para variar, sesiona en 2005 en Mar del Plata, Argentina, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, y resulta el gran fiasco para Estados Unidos. Sus turiferarios llevaron para ser aprobado “fast-track”, sin examen ni discusión, el ALCA, monstruoso tratado hemisférico de Libre Comercio que pretendía la entrega masiva al capital estadounidense de los recursos naturales, estratégicos y turísticos de Nuestra América, permitía la incondicional exoneración de impuestos de los empresarios y la eliminación de los derechos laborales y sindicales de trabajadores latinoamericanos y caribeños. Las delegaciones lo rechazaron de plano. Participación protagónica tuvo la venezolana, siguiendo instrucciones del Presidente Hugo Rafael Chávez Frías.



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Amoscados, los funcionarios de la OEA tardaron cuatro años en convocar otra Cumbre en 2009, en la ex colonia británica de Trinidad y Tobago bajo la presidencia del neocolonialísimo Patrick Manning. Para seguir pisando bajo seguro, en 2012 congregaban otra en Colombia, ocupada por nueve bases militares estadounidenses declaradas e infinidad de otras disimuladas en sus aeropuertos y enclaves estratégicos. Para mayor seguridad, la OEA reúne la VII Cumbre en 2015 en Panamá, país secesionado de Colombia por una intervención yanqui, de nuevo sembrado de bases militares estadounidenses en violación de los acuerdos Carter-Torrijos, dolarizado y presidido por el también dolarizado Juan Carlos Valera. La Cumbre del 2018 es reunida en la ciudad sede del tristemente célebre Grupo de Lima, y presidida por Martín Vizcarra, ex vicepresidente del todavía más tristemente célebre ex Presidente Pedro Pablo Kuczynski, depuesto por corrupción.


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Así, se entiende que los preparadores de la IX Cumbre de las Américas en 2022 intenten pisar firme convocándola para Los Ángeles (ciudad que arrebataron a México junto con más de la mitad de su territorio en 1845), dirigida por su propio Presidente Joe Biden, y sólo con delegados de países que consideran suyos. En el magistral relato “Confesión de un Ególatra”, Otrova Gomás describe el banquete que un engreído se dedica, y cuyo único invitado, previsiblemente, es él mismo. Creyéndose todavía Primera Potencia del Mundo, Estados Unidos sólo admite debatir consigo mismo, o con reflejos suyos. Así como impone presidentes auto-elegidos, aspira a una Auto-Cumbre.


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Como en la de Hamlet, en la locura de la Morsa y de la OEA hay un sistema. La IX Cumbre se convoca para comprometer a Nuestra América como instrumento en el Holocausto estadounidense contra Rusia y China. Cada vez que Estados Unidos se mete en un pleito serio, busca el respaldo del Patio Trasero. Para ello lanzó cuando la Segunda Guerra Mundial la política del “Buen Vecino”. Nada de invitar almejas que no se dejen comer, ni países que no se definan como incondicionales. Por ello, a mucha honra, se excluye del Banquete del Ególatra a Cuba, Nicaragua y Venezuela. Pero no están solas. El Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, señala: “¿Cómo es que convocamos a una Cumbre de las Américas, pero no invitamos a todos? ¿Entonces de dónde son los que no están invitados? ¿De qué continente? ¿De qué galaxia? ¿De qué satélite? Si hay exclusión, si no todos son invitados, habrá una representación del gobierno de México, pero no iría yo”. Xiomara Castillo, Presidenta de Honduras, cuyo esposo Manuel Zelaya fuera depuesto por golpe del Comando Sur, afirma que una Cumbre no sería tal “si no estamos todas las naciones”. Funcionarios de Brasil informan que el Presidente Bolsonaro considera no asistir. El de Argentina manifestó que asistiría, pero que debían ser invitados todos los mandatarios de la región. El presidente temporal de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) manifestó: “Le pido a los organizadores lo que López Obrador ha pedido: que inviten a todos los países latinoamericanos”. Los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) no asistirán a la Cumbre si se excluye de la cita a alguna nación. Y Luis Arce, Presidente de Bolivia, víctima apenas repuesta de sangrienta intervención de Estados Unidos perpetrada mediante la OEA, afirmó que “Una Cumbre de las Américas que excluye a países americanos no será una Cumbre de las Américas plena, y de persistir la exclusión de pueblos hermanos, no participaré de la misma”, pues “si se desconoce el pluralismo, se ignora el principio de autodeterminación y se veta la participación de países hermanos”.


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Para el momento en que escribo, aparentemente no asistirán a la Cumbre los Presidentes de Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Bolivia, Brasil, Cuba, Dominica, Granada, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Vicent y las Granadinas, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago, y Venezuela. No han confirmado asistencia Chile ni Perú.


Con la unipolaridad, va en vías de extinción la incondicionalidad.





20 mayo, 2022

DESMORONAMIENTO HEGEMÓNICO MONETARIO FINANCIERO — Pedro Páez Pérez

 



El imperio estadounidense se autodestruye — Michael Hudson

 



Dandelion Salad - 08/03/2022

   Traducción del inglés: Arrezafe


Pero nadie pensó que sucedería tan rápido.


A menudo, los imperios siguen la trayectoria fatal de una tragedia griega, propiciando el destino que precisamente trataban de evitar. Ese, ciertamente, es el caso del imperio estadounidense, que se desmantela a sí mismo a cámara no tan lenta.


La suposición básica respecto a la previsión económica y diplomática es que cada país actuará en su propio interés. Tal razonamiento no es de ninguna ayuda en el mundo de hoy. Observadores de todo el espectro político utilizan frases como «dispararse en el propio pie» para describir la confrontación diplomática de Estados Unidos, tanto con Rusia como con sus aliados.


Durante más de una generación, los más prominentes diplomáticos estadounidenses han advertido sobre lo que, en última instancia y según ellos, representaría una amenaza externa: la alianza de Rusia y China dominando Eurasia. Algo que las sanciones económicas y la confrontación militar de Estados Unidos está propiciando, arrastrando además a otros países a esta órbita euroasiática emergente.


Se esperaba que el poder económico y financiero estadounidense evitara este destino. Durante el medio siglo transcurrido desde que Estados Unidos abandonó el patrón oro, en 1971, los bancos centrales del mundo han operado con el dólar como moneda de referencia, manteniendo sus reservas monetarias internacionales en forma de valores del Tesoro, depósitos bancarios, acciones y bonos de los Estados Unidos. El patrón resultante de letras del Tesoro ha permitido a Estados Unidos financiar su gasto militar colonial y la adquisición de inversión extranjera simplemente creando pagarés en dólares. Los déficits de la balanza de pagos de Estados Unidos terminan depositados como reserva en los bancos centrales de los países con superávit, mientras que los deudores del Sur Global necesitan dólares para pagar a sus tenedores de bonos y poder llevar a cabo su comercio exterior.


Este privilegio monetario –señorío del dólar– ha permitido a la diplomacia estadounidense imponer políticas neoliberales al resto del mundo, sin tener que utilizar excesiva fuerza militar propia, excepto para apoderarse del petróleo del Cercano Oriente.


La reciente escalada de sanciones impuestas por Estados Unidos, destinadas a bloquear la inversión y el comercio de Europa y Asia con Rusia, Irán, China y otros países, han supuesto enormes costos comerciales y oportunidades perdidas para los aliados de Estados Unidos. El reciente embargo de las reservas de oro y de Venezuela, Afganistán y ahora Rusia, junto con la expropiación selectiva de cuentas bancarias de foráneos millonarios (con la esperanza de ganar sus corazones y mentes, junto a la recuperación de su patrimonio secuestrado), ha liquidado la idea de que la tenencia de dólares o monedas de sus satélites de la OTAN, libras esterlinas y euros, son un refugio de inversión seguro cuando las condiciones económicas mundiales se vuelven inestables.


Así que, estoy un tanto contrariado al comprobar la velocidad a la que este sistema financiarizado centrado en Estados Unidos se ha desdolarizado en el breve lapso de uno o dos años. El tema básico de mi libro Super Imperialismo fue mostrar cómo, durante los últimos cincuenta años, las letras del Tesoro de los Estados Unidos canalizaron los ahorros extranjeros hacia los mercados financieros y bancos de los Estados Unidos, otorgando a la Diplomacia del Dólar un periplo gratuito. Pensé que la desdolarización sería liderada por China y Rusia, bregando para tomar el control de sus economías y evitar el tipo de polarización financiera que está imponiendo austeridad a los Estados Unidos. Pero son los propios funcionarios estadounidenses quienes los están obligando a superar cualquier vacilación que pudieran tener para desdolarizarse.


Yo esperaba que el fin de la dolarizada economía imperial se produjera por la ruptura de otros países. Pero eso no es lo que ha sucedido. Los diplomáticos estadounidenses han optado por poner fin a la dolarización internacional, al tiempo que ayudan a Rusia a construir sus propios medios de producción agrícola e industrial autosuficientes. Este proceso de fractura global ha estado en realidad produciéndose desde hace algunos años, comenzó con las sanciones que bloquean a los aliados de la OTAN y otros satélites económicos del comercio con Rusia. Para Rusia, estas sanciones tuvieron el mismo efecto que habrían tenido los aranceles protectores.


Rusia había permanecido demasiado cautivada por la ideología del libre mercado como para tomar medidas destinadas a proteger su propia agricultura e industria. A través de las sanciones, Estados Unidos le proporcionó la ayuda que necesitaba al imponer la autosuficiencia interna a Rusia. Cuando los estados bálticos perdieron el mercado ruso del queso y otros productos agrícolas, Rusia creó rápidamente su propio sector de queso y lácteos, al tiempo que se convirtió en el principal exportador de granos del mundo.


Rusia está descubriendo (o está a punto de descubrir) que no necesita dólares estadounidenses como respaldo para el tipo de cambio del rublo. Su banco central puede crear los rublos necesarios para pagar los salarios nacionales y financiar la formación de capital. Por lo tanto, las sanciones impuestas por Estados Unidos pueden finalmente llevar a Rusia a poner fin a la filosofía monetaria neoliberal, tal y como Sergei Glaziev ha estado abogando durante mucho tiempo a favor de la TMM (Teoría Monetaria Moderna).


La misma dinámica que socava los ostensibles objetivos de Estados Unidos ha ocurrido con las sanciones impuestas a los principales multimillonarios rusos. La terapia de choque neoliberal y las privatizaciones de la década de 1990 dejaron a los cleptócratas rusos una sola forma de cobrar los activos que habían tomado del dominio público. Eso supuso localizar sus ganancias y vender sus acciones en Londres y Nueva York. El ahorro interno había sido eliminado, y los asesores estadounidenses persuadieron al banco central de Rusia para que no creara su propio dinero en rublos.


El resultado fue que el patrimonio nacional de petróleo, gas y minerales de Rusia no se utilizó para financiar una racionalización de la industria y la vivienda rusas. En lugar de invertir los ingresos obtenidos de la privatización para la creación de nuevos medios públicos de protección, se dilapidaron en adquisiciones de los nuevos ricos: bienes raíces de lujo británicos, yates y otros activos globales del capital en fuga. Pero convertir en rehenes los depósitos de dólares, libras esterlinas y euros de los rusos, ha tenido como resultado hacer de la City de Londres un lugar demasiado arriesgado en el que mantener sus activos. Al imponer sanciones a los rusos más ricos y cercanos a Putin, los funcionarios estadounidenses esperaban inducirlos a oponerse a su separación de Occidente y, por lo tanto, a servir efectivamente como agentes de influencia de la OTAN. Pero para los multimillonarios rusos, su propio país está empezando a parecer más seguro.


Durante décadas, la Reserva Federal y el Tesoro han luchado contra la recuperación del oro como reserva internacional. Pero, ¿cómo verán India y Arabia Saudita sus reservas de dólares, mientras Biden y Blinken intentan forzarlos a seguir el «orden basado en las reglas» de Estados Unidos, en contra de sus propios intereses nacionales? Las recientes imposiciones de Estados Unidos no han dejado otra alternativa que comenzar a proteger la propia autonomía política, convirtiendo los depósitos de dólares y euros en oro como un activo libre de responsabilidad política y para no ser rehenes de las cada vez más costosas y disruptivas exigencias de los Estados Unidos.


La diplomacia estadounidense le ha restregado en las narices a Europa su abyecta sumisión al ordenar a sus gobiernos y empresas deshacerse de sus activos rusos por centavos de dólar, tras el bloqueo de las reservas de Rusia en el extranjero y el desplome de tipo de cambio del rublo. Blackstone, Goldman Sachs y otros inversores estadounidenses se movieron rápidamente para comprar todo aquello de lo que Shell Oil y otras compañías europeas se estaban deshaciendo.


Nadie pensó que el orden mundial de la posguerra 1945-2020 se esfumaría tan rápidamente. Un orden económico internacional, verdaderamente nuevo, está surgiendo, aunque aún no está claro qué forma tomará. Pero «provocar al oso» confrontando a Estados Unidos y la OTAN contra Rusia ha sobrepasado el nivel de masa crítica. Ya no se trata sólo de Ucrania. Eso es simplemente el detonante, un catalizador para alejar a gran parte del mundo de la órbita de Estados Unidos y la OTAN.


La próxima confrontación puede producirse dentro de la propia Europa. Los políticos nacionalistas podrían tratar de liderar la ruptura con Estados Unidos y algunos de sus aliados europeos, mientras otros tratarían en vano de mantenerlos dependientes del comercio y la inversión estadounidens. El precio de su perpetua obediencia es imponer una costosa inflación de su industria y la renuncia y subordinación de su política electoral democrática a los procónsules de la OTAN de Estados Unidos.


Las consecuencias no pueden considerarse realmente «involuntarias». Muchos son los observadores que han señalado exactamente lo que sucedería, empezando por el presidente Putin y el ministro de Relaciones Exteriores Lavrov, que explicaron reiteradamente cuál sería su respuesta si la OTAN insistiera en arrinconarlos mientras ataca a los ruso-parlantes del este de Ucrania y traslada armamento pesado a la frontera occidental de Rusia. Las consecuencias eran claramente previsibles. A los neoconservadores, que controlan la política exterior de Estados Unidos, simplemente no les importó. Comprender las preocupaciones y advertencias de Rusia era y es considerado “pro-Putin”.


Los funcionarios europeos no se sintieron incómodos transmitiendo al mundo sus preocupaciones acerca de la locura de Donald Trump y de cómo estaba zarandeando el carro de manzanas de la diplomacia internacional. Pero parecen ciegos ante el resurgimiento del odio visceral a Rusia por parte de de la Administración Biden, la Secretaria de Estado Blinken y Victoria Nuland-Kagan [los tres sionistas]. Se pueden considerar inapropiados el modo de expresarse y ciertos gestos de Trump, pero la pandilla neoconservadora radicada en Washington tiene obsesiones bélicas mucho más amenazantes a nivel mundial. Para ellos, era una cuestión de qué realidad saldría victoriosa: la «realidad» que creían que podían conformar, o la realidad económica fuera del control de Estados Unidos.


Los países extranjeros están siendo obligados (por los políticos estadounidenses) a hacer lo que no habrían hecho por sí mismos: reemplazar al FMI, al Banco Mundial y a otras ramas de la diplomacia estadounidense. En lugar de acercar los países europeos hacia sus propios intereses, Estados Unidos los está alejando, tal como se han alejado Rusia, China, el Cercano Oriente y el Sur Global en busca de una política a largo plazo. Cada vez hay más políticos que, en busca del apoyo de sus votantes, preguntan si no estarían mejor servidos por nuevos sistemas monetarios que reemplazaran el comercio dolarizado, la inversión e incluso el manejo de la deuda externa.


El aumento de los precios de la energía y los alimentos está afectando especialmente a los países del Sur Global, uniéndose a los propios problemas el del Covid-19 y el inminente vencimiento de la deuda dolarizada. Algo deben dar. ¿Hasta cuándo los países ricos impondrán austeridad para pagar a los tenedores de bonos extranjeros?


¿Cómo enfrentarán las economías de Estados Unidos y Europa sus sanciones contra las importaciones de gas y petróleo, cobalto, aluminio, paladio y otros materiales básicos rusos? Los diplomáticos estadounidenses han hecho una lista de materias primas que su economía necesita desesperadamente y que, por lo tanto, están exentas de las sanciones comerciales impuestas. Dicha lista proporciona a Putin una serie práctica de puntos de presión para utilizar en la remodelación de la diplomacia mundial, en el proceso de ayudar a Europa y otros países a romper con la Cortina de Hierro que Estados Unidos ha impuesto para bloquear a sus satélites y hacerlos depender de los caros suministros estadounidenses.


Pero la ruptura definitiva con el aventurismo de la OTAN debe venir de dentro de los propios Estados Unidos. A medida que se acercan las elecciones que tendrán lugar a mediados de este año, los políticos encontrarán un terreno abonado para demostrar a los votantes estadounidenses que la inflación de precios, liderada por la gasolina y la energía, es un subproducto político de la administración Biden que bloquea las exportaciones rusas de petróleo y gas. El gas es necesario no solo para la calefacción y la producción de energía, sino también para fabricar fertilizantes, de los cuales ya existe una grave escasez mundial. Esto se ve exacerbado por el bloqueo de las exportaciones de cereales rusos y ucranianos, lo que hace que los precios de los alimentos estadounidenses y europeos se disparen.


Tratar de obligar a Rusia a responder militarmente y, por lo tanto a ser percibida como una amenaza por el resto del mundo, es un simple truco dirigido a convencer a Europa de la necesidad de contribuir más con la OTAN, comprar más hardware militar estadounidense y someterse más profundamente al comercio y la dependencia monetaria de los Estados Unidos. Sin embargo, la inestabilidad que ello está causando tiene como efecto ver a los Estados Unidos como una amenaza mucho mayor de la que pudiera suponer Rusia.



19 mayo, 2022

George W. Bush: “La decisión de un hombre de lanzar una invasión brutal e injustificada de IRAK..."

 


Durante un discurso pronunciado en su Instituto George W. Bush, en Dallas, el 43º presidente de los Estados Unidos tuvo un significativo desliz. Mientras criticaba al gobierno de Rusia y al presidente Vladimir Putin, calificó la invasión de Irak como "completamente injustificada", queriendo referirse a la invasión de Ucrania.


"La decisión de un solo hombre de lanzar una invasión brutal y totalmente injustificada de Irak", dijo George W. Bush, antes de sacudir la cabeza y corregirse a sí mismo: "Quiero decir, de Ucrania"… Tras unos segundos de silencio, el expresidente achacó su involuntaria confesión a sus 75 años de de edad.






 




Inflando la "amenaza comunista"







16 mayo, 2022

Ucrania es apenas el primer acto — Augusto Zamora

 



Empezaremos con un dato económico. En la década de los 50, después de la Segunda Guerra Mundial, EEUU representaba el 50 por ciento del producto Interior Bruto Mundial. Es decir, sólo EEUU tenía el 50 por ciento de la riqueza que producía el planeta. Desde esa base de poder se expandió por el mundo y estableció una red impresionante de bases militares y desarrolló una presencia mundial que todavía perdura.


Sin embargo, al día de hoy, en 2022, el PIB de EEUU es apenas del 18 al19% del PIB Mundial; un PIB que medido en términos de capacidad de poder adquisitivo es inferior al PIB de China. En efecto, tenemos una inversión de la situación económica mundial, en relación a la que existía en la década de los 50 del siglo pasado.


Sin embargo, con la destrucción o suicidio de la Unión Soviética, en las élites estadounidenses se instaló un alto nivel de euforia colectiva: ante la desaparición la URSS se declararon los vencedores de la guerra fría y propugnaron el llamado "New American Century".


De manera resumida, el “Nuevo Siglo Americano” significaba que EEUU era la única superpotencia mundial y que en tal condición podía modelar el mundo en conformidad con sus intereses. Con esta visión de híper potencia lanzaron un conjunto de guerras de agresión; la primera fue contra una Yugoslavia reducida en ese momento a Serbia y Montenegro. Después continuaron con las agresiones a Irak, Afganistán y una segunda invasión a Irak… poco más tarde le tocó a Libia.


En Siria lo intentaron, pero intervino Rusia. El intervencionismo norteamericano no se detuvo porque a continuación, organizaron un golpe de estado en Ucrania. Y en este punto las cosas empezaron torcerse para los estadounidenses. Se dieron cuenta que no les sería fácil establecerse como la potencia hegemónica global durante el presente siglo


En paralelo, se estaba generando una situación geopolítica nueva: una alianza entre Rusia y China. Y, aunque sus orígenes se remontan a los principios del siglo 21 esta alianza se consolida realmente cuando asciende al poder Xi Jinping en China. Entonces, el presidente ruso, Vladimir Putin, inicia un proceso de acercamiento que se va ensanchando hasta convertirse en lo que han llamado una Asociación Estratégica.


Una asociación que es económica, energética, política, esta alianza comparte una visión estratégica: es necesario un nuevo orden internacional que comprenda que el mundo es hoy una sociedad multipolar. En otras palabras, se acabó un único polo de poder. La realidad es que han surgido al menos cuatro polos: China Rusia India y EEUU.


Europa, la Unión Europea, que podría haber sido el quinto polo perdió la ocasión de constituirse en un modelo autónomo, y de hacer de Europa un sujeto internacional activo, al plegarse totalmente a las políticas norteamericanas.


A pesar de su enorme poder económico científico técnico cultura la Unión Europea ya no cuenta entre los actores importantes de este nuevo mundo que nace. Y, ahora con la operación de Rusia en Ucrania –la primera guerra geopolítica del siglo 21– se está acelerando rápidamente las contradicciones existentes entre los EEUU y la alianza de Rusia con China.


Los planes de Estados Unidos


EEUU tienen un plan estratégico que definió e hizo público en el año 2018. Consiste esencialmente en crear dos frentes políticos económico-militares; uno es el Frente del Atlántico que está conformado por la Unión Europea y la OTAN (que son las dos caras de una misma moneda). El otro es el Frente del Pacífico que regenta directamente EEUU apoyándose en Japón, Australia y Corea del Sur.


Esta división de tareas tiene como propósito crear una gran pinza, cercando por un lado a Rusia con el apoyo de la OTAN y por el otro a China con una red de alianzas que tienen como fundamento material los tratados bilaterales con Australia, Japón y Corea del Sur. Por el momento, esta red ha dado otro paso adelante con el Pacto llamado AUKUS, acrónimo de una alianza militar entre Australia, Reino Unido y EEUU.


Esta estrategia es una repetición de lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial, esta guerra se desarrolló, básicamente en dos frentes; el Frente Europeo que era el Frente del Atlántico contra la Alemania Nazi y la Italia Fascista (y sus aliados) y el Frente del Pacífico conducido por EEUU.


En realidad, fue la desmedida de ambición de Japón lo que llevó a los estadounidenses a abrir el frente militar que iba desde Filipinas hasta la península de Corea con China como epicentro. Estados Unidos combatió a un Japón que tenia desplegada sus fuerzas en un arco geográfico inmenso y que además tenía un gravísimo problema: los japoneses no disponían ni de minerales ni de energía, ni de petróleo.


De forma que a EEUU le resultó relativamente fácil la derrotar al Imperio del Sol Naciente. No podía ser de otra manera, entre otras razones, porque el 50% del potencial militar de Japón estaba destinado a la guerra contra China. En realidad, los japoneses combatieron contra los estadounidenses con sólo un tercio de su capacidad militar; los otros dos tercios los tenía en el amplio frente que va desde Filipinas a Corea.


EEUU logró derrotar a Japón y decidió participar en el Frente Atlántico con el filmado y archí-famoso desembarco de Normandía. Esta acción militar ha generado en Europa lo que llamo el síndrome de Normandía, algo muy similar al síndrome de Estocolmo porque para los europeos occidentales comunes ese desembarco fue como la llegada de Superman, Batman y Acuaman juntos.


Esta sorprendente idea ha quedado tan interiorizada en la psiquis europea, básicamente porque durante décadas el cine y los medios de comunicación han machacado a los pueblos de Europa con esa imagen de triunfo. Los europeos creen que el desembarco de Normandía les permitió a los aliados ganar la Segunda Guerra Mundial. Esto, aunque ya la Unión Soviética había quebrado la espina dorsal del ejército nazi. De hecho, mientras los angloestadounidenses combatían en Bélgica, el Ejército Rojo estaba a menos de 80 kilómetros de Berlín.


De cualquier manera, la ocupación estadounidense de Europa Occidental ha determinado que el viejo continente haya sido incapaz de generar su propia autonomía el juego de poder global. En muchos aspectos recuerdan el poder Imperial de Inglaterra en el siglo 19. En el siglo 21, por el momento, solo hay tres grandes protagonistas, pero hay otro país que es clave: la India, a la que EEUU intenta atraerse desesperadamente al frente del Pacífico.


Realmente los aliados que EEUU tienen en el Pacífico, con la excepción de Japón, son muy débiles. El único país que podría aportar un peso definitivo por población, por posición geográfica y por potencial militar es la India.


Entre tanto, India es un país históricamente aliado de Rusia. Lo es desde los tiempos de la Unión Soviética y hace poco, en diciembre en un viaje de Putin a Nueva Delhi, la India y Rusia renovaron su pacto estratégico para un desarrollo económico, político y militar por otros 10 años. De hecho, la India se ha negado a ser un peón más en el juego EEUU. Los indios tienen sus propios intereses y quieren un lugar en el tablero internacional de zonas que ahora ya no vamos a llamar de influencia, sino de confluencia y cooperación.


¿Por qué el cambio de este termino? El concepto de zona de influencia es un concepto del pasado y este es un dato del cual se habla muy poco en el mundo occidental y también en América Latina, que lamentablemente sigue siendo el furgón de cola del mundo occidental.


En "Nuestra América" no se entiende los procesos que se están dando en Eurasia y que tienen como eje la relación entre Rusia, China y la India. Se trata de proceso que está creando un nuevo orden mundial y que por el momento se ha traducido en tres importantes lugares de encuentro; uno es la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) que es un el anticipo de una sociedad internacional más plural y democrática, otro son los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) que quiere representar a todos los continentes de nuestro planeta y el tercero es el foro más relevante, pero menos conocido: es el lugar donde Rusia, India y China se reúnen para tratar sus asuntos y negocios.


De hecho, estas reuniones suelen pasar desapercibidas, aunque tratan temas muy sustantivos como la relación entre China e India por las disputas fronterizas. Rusia es el país que sirve de bisagra entre las dos potencias más pobladas del mundo. Estos encuentros han logrado algo inédito en la historia reciente. Han conseguido reunir a dos países “enemigos” en un lugar donde pueden hablar sin estar matándose mutuamente. Hoy se sientan en la misma mesa la India y China.


En pocas palabras en Eurasia hay un movimiento muy importante. En septiembre de este año Irán se incorporará formalmente a la OCS. En Eurasia se está configurando una nueva sociedad internacional. En esta cuestión hay que señalar un elemento de lo que está en juego: cuando se fundó las Naciones Unidas- la fundaron 50 países, de los cuales sólo 13 naciones no eran occidentales (metieron Nuestra América con Occidente). Ahora las Naciones Unidas la componen 193 estados y los llamados países occidentales son la absoluta minoría, ya no digamos los países europeos.


Sin embargo, si uno toma el mapa y miramos donde están los organismos internacionales de las Naciones Unidas nos daremos cuenta que un grupo de diez países concentra prácticamente el 90 por ciento de las sedes de estos organismos. Veamos; la sede de las Naciones Unidas está en Nueva York, su segunda sede en importancia está en Ginebra, la UNESCO está en París, la FAO está en Roma la Organización Internacional de la Energía Atómica está en Viena y así sucesivamente, un grupo de países occidentales acapara todo el sistema de organismos internacionales, incluyendo los especializados.


Y ojo, hay otra cosa que es una auténtica barbaridad en el siglo XXI. Por un pacto no escrito, entre EEUU y Europa Occidental, el presidente del Banco Mundial debe ser siempre un estadounidense y el presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI) será siempre un europeo.


Esto es una barbaridad para los países del tercer mundo porque a fin de cuentas los que presiden estos organismos especializados del sistema de Naciones Unidas- proceden del oligopolio bancario financiero occidental que aprovecha su dominio sobre esos organismos para reventar, literalmente, a los países del llamado tercer mundo en su beneficio.


Contra ese mundo, dominado por los anglosajones, es que están trabajando los países de la OSC encabezados por India, Rusia y China. Su objetivo es cambiar un modelo que mantiene la tiranía de occidente sobre el resto del orbe.


Para darnos cuenta del panorama geopolítico de este siglo 21, debemos tener una idea cabal de cómo está distribuido el sistema de Naciones Unidas, de cómo está organizado el orden internacional. Debemos entender porqué Rusia y China están empecinados en cambiar el modelo actual de las relaciones internacionales.


Chinos y rusos lo dejaron clarísimo en la declaración que suscribieron el 4 de febrero pasado. Ambas potencias piensan que hay que cambiar un modelo que encubierto es de hecho una tiranía de Occidente. Proponen un modelo multipolar más democrático basada en la Carta de las Naciones Unidas. Entre un cambio más profundo, por ejemplo, la sede de la FAO debería trasladarse al Sahel en África (la zona más afectada por los problemas alimentarios) o la UNESCO debería instalarse en Alejandría (en la magnifica biblioteca que reconstruyó el gobierno egipcio). En el fondo se trata de reconocer la importancia de los pueblos y culturas que no son occidentales.


Ahora bien, para que el sistema de Naciones Unidas sea un sistema realmente mundial de lo que debemos hablar es de dinero y no de cuestiones de carácter simbólico. Como decía al principio, en la década de los 50 del pasado siglo Estados Unidos tenia el 50 por ciento del PIB mundial, sin embargo, ahora que tiene apenas el 19 o 18 por ciento, sigue empeñado en mantener su hegemonía muy por encima de sus posibilidades.


Esta realidad nos acerca a dos panoramas bastante poco alegres:


Tal como hemos explicado anteriormente un escenario puede ser un conflicto militar global desatado por Estados Unidos para combatir a Rusia y China. Lo haría en dos frentes, uno en el océano atlántico, otro en el océano pacífico.


El otro escenario es una catástrofe financiera en el propio Estados Unidos ya que se trata de un país sobre-endeudado que sigue gastando lo que no tiene. (Y cuidado, porque en última instancia somos todos nosotros, la gran mayoría del mundo, los que al utilizar el dólar como moneda de intercambio internacional estamos manteniendo el sistema bajo la dominación norteamericana).


Para decirlo de otra de otra manera: si EEUU tuviera que responder por todos los dólares con los que ha inundado el mundo la crisis que se producirá será muchísimo peor que la de 2008. Los estadounidenses, no tienen como responder. No pueden hacer frente a todos los dólares circulantes. Estamos en el borde de una crisis que no se puede silenciar y que los expertos calculan que puede estallar alrededor de 2030.


Naturalmente el más peligroso de estos escenarios es el bélico, pero, por desgracia una cosa puede llevar a la otra y por lo tanto hablar de hegemonía estadounidense en el siglo XXI ya no tiene sentido.


La verdad es que vivimos un conflicto global provocado por unos EEUU que intentan desesperadamente mantener una hegemonía que se le escapa por todas partes. Este es el panorama real y sobre esto hay que estudiar y trabajar.


Son muchos los que no entienden las raíces de esta situación y uno de nuestros mayores problemas es la poca conciencia sobre la existencia de un conflicto que ha sido originado por una profunda crisis de Estados Unidos. Lo de Ucrania es apenas el primer acto o la primera válvula de una bomba de tiempo que, al parecer, formará parte de esta época.






Mariya Bobkova bailando sobre las catacumbas nazis

 





13 mayo, 2022

Estados Unidos no tiene partidos políticos

 


"Estados Unidos no tiene partidos políticos, tiene una gestora de propaganda disfrazada de bipartidismo. Un elefante y un burro enfrentados en un espectáculo de marionetas y una multitud que vitorea al uno o al otro mientras los ladrones les vacían los bolsillos. Y cuando las multitudes comienzan a echar en falta sus billeteras, las convencen de que pueden detener el robo animando con más ahínco a su títere favorito".

Caitlin Johnstone



"La investigación no es un acto de fe entre compadres"

 



CONSIDERACIONES TEÓRICO-METODOLÓGICAS PARA LA DISPUTA POR EL SENTIDO

Fernando Buen Abad Domínguez


fi-fi-ficción — 13/05/2022


Nada hay en la investigación semiótica que pueda atomizarse o separarse del contexto histórico y social. Nada hay que pueda ignorar las determinaciones objetivas del debate Capital-Trabajo y, desde luego, nada es comprensible sin el reconocimiento sistematizado de las luchas semióticas emancipadoras protagonizadas por los pueblos según sus diversidades, su grado de organización, desarrollo e intervención transformadora.


Nosotros sabemos que en el corazón de la lucha de clases se verifica, también, la disputa por el "Sentido". Sabemos que tal cosa no es una controversia sólo para imponer ideas sino que se trata de una guerra, fundamentalmente, económica que despliega multiplicidad de armamentos incluyendo las armas de guerra ideológica. Nosotros sabemos que se trata de una guerra híbrida que mezcla, en una dinámica vertiginosa, ofensivas estéticas, morales, psicológicas, éticas… para garantizar al poder hegemónico burgués, larga vida y control absoluto sobre toda riqueza material e intelectual. Para garantizar el poderío sobre la clase oprimida. Por eso debemos transparentar los intereses en la producción del conocimiento.


Es necesario problematizar para intervenir con un modelo teórico-metodológico que cuantifique y cualifique el diagnóstico y el pronóstico, el análisis y el programa de intervención. El diagnóstico y la terapéutica. La observación y la transformación. La praxis. Es preciso subordinar las herramientas a los propósitos. Jamás lo contrario. No confundir la táctica con los principios. No unir para uniformar. No totalizar para reducir o simplificar. No omitir la ética ni burocratizar la crítica. Es preciso romper con todas las emboscadas con que se ha pervertido a la ciencia y, a cambio, re-politizarla y revolucionarla. Derrotar al fetichismo de la metodología.


En la producción de Sentido, en sus medios, modos y relaciones de producción se expresan íntegramente los intereses semánticos de clase, incluso en sus dispositivos más sofisticados. Incluso en los retruécanos ideológicos más perversos que hacen parecer "progresistas" a los intereses opresores más aviesos. Eso incluye teorías del Estado, teologías, Iglesias, academias y sectas de todo tipo. Eso incluye al "opio del pueblo" en todos sus modos y sus medios. Hemos tenido tiempo suficiente para conocerlos e impedirles que sigan engañándonos.


Nuestra semiosis se produce a partir de la realidad, de la experiencia objetiva que alimenta nuestra comprensión de lo general en la relación de la práctica y la experiencia base del conocimiento. Es eso lo que ponemos en comunicación, en comunidad para desarrollar la producción, la ciencia y la técnica cada día más complejos y profundos. También así podemos identificar, en la mercancía, los valores en uso y en cambio del Sentido. Podemos identificar las mercancías ideológicas y su plusvalor ideológico. Sus financiamientos, sus mercados, sus estrategias de fidelidad y sus ciclos reproductivos. Toda la gama de sus trampas, sus argucias semántico-sintácticas y los repertorios de sus estereotipos diseñados para interlocutores prefabricados en segmentaciones tributarias del modo de vida, fabricado por la burguesía, para sí y para sus subordinados. Es imposible estudiar la producción de Sentido sin caracterizar el entorno capitalista de su producción.


No nos sirven los métodos del empiriocriticismo, ni los manuales para esconder la lucha de clases, ni las trampas para negar la dialéctica, ni los protocolos del subjetivismo escapista. No nos sirve la lógica de las evidencias en consensos ni los consensos de sectas. Necesitamos que lo cualitativo y lo cuantitativo conformen una ética emancipadora con programa crítico y revolucionario. Eso sería lo nuevo.


Es indispensable hacer visible y auditable la trazabilidad filosófica en el despliegue de la investigación científica y es indispensable la crónica de la autocrítica operando en simultáneo con el análisis y el pronóstico de intervención. Paso a paso sin dejar fisuras argumentales (voluntarias o involuntarias) por donde pudieran filtrarse intereses ideológicos o económicos que degeneren la investigación como suele degenerarse bajo la lógica mercantil. Es indispensable investigar la producción de Sentido sin omitir su distribución y su "consumo". Semántica, sintáctica y dialéctica en cada etapa de la producción y contrastarla con todos los factores de la producción. Tierra, trabajo y capital. Para no perder el Sentido ni sus disputas históricas.


En ese marco de requisitos teórico-metodológicos es que necesitamos una tipología y taxonomía del Signo como producción necesariamente social, diversa, histórica y geosemiótica. Clasificaciones que no compriman la diversidad ni la cultura del Signo, ni le reste memoria territorial ganada en las batallas identitarias de su origen. Son muchas las advertencias defensivas que deben organizarse para evitar las trampas ya padecidas y son muchas las herramientas necesarias para configurar un instrumental científico pertinente a los intereses emancipadores que la especie humana necesita y construye históricamente. Eso incluye cuerpos epistemológicos de una semiótica emancipadora y emancipada. Pedagogía y didáctica de la producción de Sentido nuevo. Estética y Ética en fin; Filosofía científica para la transformación de la producción de Sentido sin capitalismo.


Hay que ordenar las fuentes y la crítica a las fuentes, también. No nos sirven las bibliografías fetiche ni los gráficos decorativos, por más solvencia que aparenten. No nos sirven los testimonios ni las entrevistas sin el mapa de sus intereses y compromisos. No nos sirven las estadísticas ni las encuestas sin explicación exhaustiva sobre quién las financia. La investigación no es un acto de fe entre compadres. Hay que politizar la metodología. Tal como exigían Eli de Gortari y Adolfo Sánchez Vázquez.


Es imprescindible organizar las batallas por el Sentido como una verdadera revolución que, si se desarrolla en toda su extensión, está llamada a convertirse en uno de los acontecimientos científicos más importantes de este momento histórico. Asumir una responsabilidad importante ante las ofensivas imperiales decididas imponernos, entre mil canalladas, su guerra cognitiva desplegada, incluso, por la OTAN. Debemos desarrollar batallas por el Sentido, también, en los terrenos científicos. Asumir la responsabilidad histórica de la emancipación del Sentido con lo que en sí mismo significa. Situarnos como protagonistas ante todo lo que se puede aprender, desplegar la autocrítica sobre nuestros puntos de vista y prácticas, que no son infalibles, y situarnos en esa posición profundamente ética, de verdadera valoración de lo que no hemos sabido hacer y de las debilidades que nos cuestan demasiado. Asumir que todos estamos aprendiendo, en pie de lucha, mientras usamos las mejores armas de la teoría y la metodología, verdaderamente transformadoras.