20 junio, 2018

¡Qué repugnante y descarada hipocresía! - Loam





¿Habrá aprovechado el rey –que tanto dice (bla, bla, bla...) amar América Latina– su encuentro con Trump  para protestar por el trato racista e inhumano perpetrado por su soberbio anfitrión y su gobierno fascista con los inmigrantes latinoamericanos? ¡Claro que no! Tal vez, siguiendo la arrogante y antidemocrática actitud de su padre con Hugo Chávez (“Por qué no te callas”), se habría atrevido a exigirle “más democracia” a Evo Morales o a Maduro, que no separan a niños y niñas de sus padres, ni los enjaulan, ni se inclinan serviles ante el imperio y sus criminales gangsters. ¡Qué repugnante y descarada hipocresía!


La cultura “fake” en el supermercado ideológico: las mentiras y sus feligresías





Fernando Buen Abad Domínguez
alainet.org - 19/06/2018

Tapizada como está nuestra Historia con mentiras de todo tipo, vivimos una fase del engaño que mutó también mediáticamente hacia lo que parece un nuevo “callejón –ideológico– sin salida”. Sin dejar de ser un gran negocio. Una nueva-vieja mercancía de la propaganda dominante disfrazada de “filosofía” para incautos, nos ha convertido en consumidores voraces de falsedades para enseñarnos a admirar nuestro despojo y explotación como obra “maestra” de un sistema cuyo sentido no se limita a producir pobres sino, también, seres engañados y dóciles.

Le llaman “pos-verdad” a la “plus-mentira” y a la lógica de un sistema de mentiras, actualizado, bajo reglas que el “consumidor” desconoce –relativamente– pero que acepta bajo las fórmulas largamente ensayadas con los parámetros del modo de “comunicación” predominante. Se trata de “la edad de las mentiras” de “gran calidad” y con no pocas pautas para que cierto pensamiento (y gusto) afiancen simpatías, coincidencias y placeres derivados de las falacias. La estética de lo falso.

Es el camino que encontró la ideología de la clase dominante para darse sobrevida. Ya no saben qué inventar. Han manoseado todos los recursos “filosóficos” que prohijaron y hoy no tienen cosa significativa que proponer porque queda en claro que no tienen futuro. Entonces mienten con todo. La ideología de la clase dominante tiene efectos nocivos, desde sus torres de marfil mass media, aliadas con no pocas mafias “académicas”, para idear falacias que son “consumidas” por personas que, con no poca frecuencia, lo gozan. Muchas creen que es indispensable sustituir la verdad con mil mentiras.

Durante mucho tiempo la ideología burguesa ha ensayado modelos de falacias muy diversos, incluso con gran “realismo”. Han inventado su “verdad” absoluta –y su fatalidad– para que aceptemos como única realidad los intereses usureros del capitalismo. Ese “realismo” burgués ha potenciado el arte de mentir, no sólo en “agencias periodísticas” y “medios de comunicación cómplices”, sino incluso en documentales y campañas políticas, de “gran realismo”. Han sido líderes en el arte de la mentira vestida de “realidad”. Con ese “gran realismo” afirmaron la existencia de las “armas de destrucción masiva”, crearon “realidades” falaces y nos acostumbraron a aceptar, con mansedumbre, la palabrería de las campañas políticas como una forma necesaria del engaño. El “realismo” de las mentiras y su propagación impune no es más que otra modalidad narrativa inventada, exprofeso, para evangelizar audiencias bajo la tesis resignada de que “así es el mundo”, “así son las cosas”, es crudo y nada cambiará… y hay que hacerse cínicos porque eso queda “nice”. Está de moda.

En su modalidad más descarnada dicen que harán lo que jamás veremos y juran no hacer todo lo que, después, hacen para ahogarnos. Juran terminar con la “inflación”, juran “no endeudar a los pueblos”, prometen “pobreza cero”… en el colmo de las falacias de “campaña” enfatizan su “odio a la corrupción” para esconder sus complicidades con los paraísos fiscales y con las mafias financiaras. Se yerguen como adalides de la “renovación” para articular las más rancias formas del saqueo y la explotación, mientras culpan a otros de las canalladas que ellos mismos tienen preparadas para su “gestión”. Así ganan elecciones, feligresías y defensores. Lo falso promovido como real.

Ese realismo con que se desgarran las vestiduras para mentir, presenta al mundo como un caso sobre el cual la única solución son ellos con sus mentiras, casi siempre estrambóticas, y se las impone, cronométricamente, como la verdad publicitaria suprema que se financia en su mundo con “rating”. Esa lógica del engaño ideada por los laboratorios de propaganda política para resolver la trama del capitalismo, y sus crisis, viene en capítulos de falacias. Y eso embelesa a muchos por comodidad individualista. Mentir pasó a ser un gran negocio y dejarse engañar un evento que no exige esfuerzo. Algunos creen ver en “las falacias oligarcas” la escuela sacrosanta del “pragmatismo” para darle estatus a lo que es un fraude premeditado por los farsantes que juegan al póker con todas las cartas a su favor. Nadie se engañe, no es la realidad, es una ficción, a veces muy forzada, barnizada con realismo narrativo. Y tiene adeptos voluntaristas entre sus víctimas.

Y todo eso sirve, además, para esconder la realidad de un mundo donde la industria imperialista más importante es la fabricación de armas; para esconder las conductas delincuenciales de no pocos negocios ilegales (cuarteles de guerra psicológica); el tráfico de drogas, armas y personas. Una realidad a la que la inmensa mayoría de los seres humanos está sometida por una minoría pavorosamente armada y experta en engañar. Una realidad en la que, por otra parte, crece el malestar, avanzan las revoluciones y hay hambre de ideas para derrotar al capitalismo. Se moderniza un arsenal con los dispositivos tecnológicos y psicológicos más avanzados en la ruta de reprimirnos ideológicamente con la historia de que “todo es mentira”, de que hay que resignarse y de que hay que disfrutarlo.

Un equipo de guionistas disfrazados de “periodistas”, escribe para que el arte de la mentira parezca una etapa liberadora e inevitable. Mentir a toda hora para que ya no importe lo “real”, incluso en el círculo de los “intelectuales” burgueses amaestrados por los monopolios de la “opinión pública”; incluso en los terrenos académicos. La lógica de las mentiras-mercancía despliega su propio lenguaje, en apariencia “serio”, y se hace pasar por aceptable, incluso, para sus víctimas. La filosofía de “las falacias de mercado” recurre a cuanto simbolismo encuentra, incluso hecho exprofeso, para que todos se traguen las mentiras y todos las acepten a-críticamente. Pero, a la hora de cobrar, a la hora de las ganancias, la “verdad suprema” siempre es el capitalismo. La parte más dura y dolorosa está en las “feligresías” de la mentira atrapadas en una emboscada descomunal y donde (contra su voluntad) aportan su cuota de complicidad para completar la tarea mass-media responsable de desfigurarlo todo con la fuerza significativa de los intereses burgueses decididos a cambiar el orden existente de la realidad. Y para eso, echan mano de las armas de la guerra ideológica y de las patologías esquizofrénicas más democratizadas. Hasta que la mentira estructural sea más verdad que la realidad objetiva, que el despojo a la clase trabajadora y que la lucha de clases. Contra ese infierno ideológico, decía Lenin, “La verdad es siempre revolucionaria”.



18 junio, 2018

¿Qué es eso de “reine sobre nosotros”? El putrílago monárquico













Daniel Raventós / Julie Wark - 16/06/2018

Traducción: José Manuel Sío Docampo



Windsor (Inglaterra), mayo de 2018. Desde hace semanas se hace notable la presencia de agentes armados y desarmados, perros de búsqueda y contingentes de las fuerzas aéreas de la policía británica. Un alto cargo de las autoridades locales quiere emplear los poderes legales de la policía para eliminar de las calles de la ciudad la antiestética presencia de personas sin hogar. Esto se debe a que un asiduo del castillo, conocido por sus disfraces de nazi, sus agravios racistas y por haber sido el chico de portada británico en la guerra de Afganistán, contraerá matrimonio con una “actriz norteamericana retirada”, que parece haber disgustado a algunos miembros de su plebeya familia al no haberlos considerados dignos de ser invitados a la boda. El montante total del dispendio permanece secreto, pero se calcula que ronda los 45 millones de dólares. Tal es la importancia de la pareja que 40 de esos millones serán destinados a seguridad y en ello se incluye el coste de deshacerse de la caterva sintecho. 

Aparentemente, la familia real pagará los adornos pero no costeará la seguridad, dada la condición de “figura pública” de los contrayentes. Para mayor escarnio, será una organización caritativa la que proporcionará consuelo a los necesitados tan amenazadores gracias al dinero recaudado con la venta de una gama de souvenirs nupciales llamada “en la prosperidad y en la adversidad”. Alguna empresa comercializa preservativos conmemorativos llamados Crown Jewels (las “joyas de la corona”, y no es broma), que supuestamente reproducen los himnos real y de América (no pregunten cómo y cuándo).

Este desprecio por la población indigente, la estrafalaria ostentosidad y el drenaje de fondos públicos no se deben a los méritos personales de la pareja en cuestión, el príncipe Enrique, sexto en la línea de sucesión, y la señora Meghan Markle. Seguramente, cualquier persona razonable pensaría que toda esta fanfarria es solamente una suerte de insensibilidad patológica especialmente onerosa. De hecho, un análisis rápido de la realeza europea, compuesta de familias que disponen de una cantidad de recursos inversamente proporcional a su limitado acervo genético, evidencia lo demencial e indecente que es su soberanía sobre el pueblo.

En la década de 1970, el príncipe Bernardo de los Países Bajos, antiguo miembro de las unidades montadas de las SS nazi y empresario exitoso (presente en los consejos de administración de más de 300 sociedades), recibió sobornos millonarios de Lockheed y Northrop, que se encuentran entre los principales conglomerados de empresas norteamericanas del sector militar. La Reina Juliana amenazó con abdicar si se iniciaban acciones judiciales contra su marido y, por lo tanto, no hubo ningún tipo de imputación. ¿Cómo lo justificaba el príncipe? “Yo estoy por encima de esas cosas”. En cualquier caso, la Casa de Orange nunca ha sido quisquillosa con las conexiones familiares. Jorge Zorreguieta, suegro del actual rey, Willem-Alexander, fue un miembro destacado del gobierno argentino durante las décadas más duras del terrorismo de Estado. La dinastía sueca fue fundada por el mariscal de Francia Jean-Baptiste Bernadotte, nombrado por Napoleón, tras ser “adoptado” por el rey Carlos XIII, que carecía de descendencia, básicamente porque el ejército sueco quería un soldado en el trono. En este caso, el “derecho divino” se correspondía con la capacidad militar. El llamado rey “humanitario” de Bélgica, Leopoldo II, sometió a su feudo privado del Congo mediante mutilaciones masivas y casi diez millones de asesinatos. Miembros de la Casa de Hannover (una familia que hace tiempo había dado hasta seis monarcas británicos propensos a sufrir porfiria, pero que no ha hecho mucho desde entonces), incluidos Jorge III (demente), Jorge IV (insolvente, licencioso e inadecuado para el mando) y Guillermo IV (a quien no gustaba el gobierno de Lord Melbourne y decidió destituirlo).

Mientras tanto, Isabel II de la “marca global”, dieciséis reinas en una (en tanto que monarca del Reino Unido y otros quince reinos), amable y afectuosa anfitriona de tiranos, escoge a sus representantes en cada condado (o High Sheriff) clavando un punzón en una lista de nombres. ¿Por qué? Porque eso es lo que hacía Isabel I. Más te valdrá comer rápido si alguna vez cenas con ella, porque cuando su majestad termina, los platos desaparecen de la mesa. Su papel es meramente “ceremonial”, pero cuando en 1975 perdió el gusto por el gobierno laborista de Gough Whitlam en Australia, inspirada quizás en el antecedente sentado por Guillermo IV, decidió destituirlo por mediación de su Gobernador general. Los Archivos Nacionales de Australia se niegan a publicar los documentos relacionados con el asunto, más de 40 años después. Algunos cálculos apuntan a que cada uno de los dieciocho miembros de esta familia, caracterizada por el secretismo y la opacidad, cuesta en torno a 19 millones de libras anuales a los contribuyentes británicos. La falta de transparencia es un elemento consagrado por el sistema, de ahí su carácter inherentemente corrupto.














En el Reino de España, el espectáculo borbónico continúa dando bandazos desde sus turbios comienzos con monarcas como Felipe V, que se creía que era una rana y defecaba por el palacio donde le placía. Su hijo Fernando VI gozaba dando palizas a sus sirvientes y consumiendo opio. Carlos II estaba tan hechizado por sus relaciones conyugales con su esposa de trece años, que lo escribió todo en una carta a su padre. Fernando VII, el Deseado, también dejó escritos para que supiésemos que su pene era tan largo como un taco de billar y grueso como un puño. Y sin embargo, ahora, el joven rapero mallorquín Valtònyc ha sido condenado a tres años y seis meses de prisión por injurias a la Corona, debido a sus canciones de crítica a esta espantosa familia. Y él no es la única víctima del ataque contra la libertad de expresión concertado por el gobierno y los poderes judiciales en los últimos meses.

En el mismo reino, el Rey Juan Carlos I, heredero del mentón de Habsburgo, de gusto por la vida lujosa y nombrado por Franco, es conocido por sus opacas fuentes de dinero y por no rendir cuentas sobre sus gastos sufragados por el erario público; por matar un elefante, un oso previamente emborrachado y uno de los últimos bisontes de Europa, así como muchos otros animales durante sus sádicos y reales pasatiempos cinegéticos; por ser mujeriego; por mantener una estrecha amistad con la casa de Saud y, supuestamente, por su papel heroico durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, aunque las memorias de Sabino Fernández Campo (falangista y jefe de la Casa Real) sugieran una cosa diferente. Quizás él mismo estuviera detrás del golpe. Al menos, en la intimidad, lo celebró con un brindis de champán[1]. Su hermano menor, el príncipe Alfonso, falleció misteriosamente a los 14 años de un disparo accidental mientras “jugaban”. Las circunstancias del suceso nunca han sido reveladas.

Parece obvio que la familia debería mantenerse alejada de las armas de fuego: hace cinco años, Froilán, el nieto del rey emérito, atravesó su propio pie de un disparo. Otra forma de dispararse en el pie fue la de Iñaki Urdangarín, cuñado del actual Rey Felipe, ahora condenado a la cárcel por fraude fiscal. Tras el referéndum de autodeterminación catalán del 1 de octubre de 2017, Felipe VI salió a dar un discurso en que allanaba el camino de la “opción nuclear”: la aplicación del artículo 155 de la Constitución española, que sirvió para tomar el control del gobierno catalán. Ahora, dieciséis líderes catalanes se encuentran en prisión o en el exilio. Felipe no goza de mucha popularidad en Cataluña...

Todos estos poderes arbitrarios, estas conductas antisociales o totalmente chifladas y estas estúpidas costumbres surgen, entre otras muchas irracionalidades, de la ilógica idea de la existencia de un “derecho divino de los reyes”, que otorga a los monarcas una autoridad derivada de la voluntad de deidades y, por lo tanto, los exime del deber de obediencia a cualquier poder terrenal. En el mundo cristiano se remonta a la Biblia, pero la idea se enraíza también en otras religiones. Con el surgimiento del Estado-nación, la teoría se popularizó en Occidente de la mano de Jacobo I de Inglaterra, quien, hablando de las monarquías, declaró en 1610 que “incluso Dios se dirige a ellos como dioses”. Este monarca, enojado por la poca trascendencia del derecho divino del rey en la Biblia puritana, ordenó realizar otra traducción, con ajustes, para garantizar la total y absoluta autoridad real en los ámbitos político y religioso. Y por lo tanto hoy la gente tiene que jurar sobre una Santa Biblia falsa. La realeza divina implicaba que los monarcas se elevaban sobre el reino humano, más allá del orden moral, político o legal, para actuar a su antojo con impunidad, aunque sus “sagradas” vidas privadas y sociales estaban acotadas por varias reglas, protocolos y tabús. La paradoja es que los reyes reclaman ser el origen del reino, pero no forman parte de él al estar por encima de la comunidad y sus leyes.

La realeza es un espectáculo político con alusiones religiosas, engalanado con una panoplia de artículos que van desde punchones mágicos hasta carruajes de oro. Allá por 1967, Guy Debord escribió que “el espectáculo surge de la pérdida de unidad del mundo […]. En el espectáculo, una parte del mundo encarna en sí el mundo y es superior a él”. La monarquía consigue perpetuarse poniendo papel bonito sobre la creciente brecha entre ellos y el pueblo, celebrando espectáculos nupciales o funerales para que aquellas personas excluidas los sigan por la televisión, sintiéndose estas partícipes.

En una fascinante obra publicada recientemente con el título de On Kings (Sobre los reyes), David Graeber y Marshall Shalins estudian el fenómeno de la monarquía y la política de la realeza desde los BaKongo hasta los azteca, los shilluk y otros pueblos, y demuestran cómo las etapas de las monarquías (una de las más duraderas formas de gobierno de la humanidad) revelan la naturaleza verdadera del poder y cómo las distintas formas de Estado surgieron en la esfera ritual. Mientras los pueblos son productivos, las monarquías son extractivas y emplean sus hazañas militares, saqueos, monumentos, el consumo de lujo y una distribución estratégica de la riqueza para llamar la atención sobre sus poderes divinos y reforzar aún más los beneficios políticos de su riqueza. Graeber y Sahlins analizan el carácter de la tiranía y rompen una lanza en favor de la desaparición de reyes y reinas de todos los tronos celestiales y terrenales, así como del marco político y jurídico que los sustenta, el cual suele sobrevivir a los monarcas individuales.

Por muy anticuado que sea el esplendor de la monarquía, este modelo no es un fenómeno marginal, sino central, en los sistemas políticos actuales. El Estado es un concepto “gastado” (p. 456) en tanto que principio organizativo de la vida política. Tal principio es, más bien, la soberanía, la potestad de mando. Desde finales del siglo XVII o principios del XVIII, los Estados nación se han venido fundando en el concepto de soberanía popular, pero este oxímoron apesta a dioses viejos y sus jueguecitos reales. Si la “soberanía” popular existe realmente, deberá dejar de ser soberana (el poder desde arriba) y fundamentarse en los principios de libertad y justicia. De otra manera, no podrá ser popular: literalmente, del pueblo.










En cuanto al pueblo, volvamos a mirar a los sintecho (especialmente desde que los indigentes de Windsor causan una ofensa tan grave a los devotos de la realeza): un estudio realizado en Reino Unido señala que las 307.000 personas sin hogar de aquel Estado fallecen, de media, a la edad de 47 años, mientras que otros sujetos del reino mueren a los 81 años, y las personas sintecho son 35 veces más proclives al suicidio que las personas con hogar.

Mientras prevalezca una gran desigualdad social, la soberanía seguirá estando al margen del orden moral y legal, como un espectáculo antisocial que divide y daña a la sociedad. Dado que Donald Trump, también ajeno al orden moral y legal, encarna una excrecencia del derecho divino, no parece una casualidad que el Guggenheim le haya ofrecido, en lugar del Van Gogh del que se había enamorado, un trono de oro de 18 quilates donde el presidente podrá evacuar sus deposiciones (¿una propuesta de título para la obra? mierda sobre oro).

Debemos repensar la “soberanía”. En la actualidad existen “democracias” con legados radicalmente autoritarios, y especialmente los monarcas (literalmente, “el que gobierna solo”), jefes de Estado no elegidos mediante sufragio, que reinan sobre hombres y feudos. Sin sus vestimentas, un emperador podría ser identificado hasta por un niño como lo que es: un ser humano más.










[1] Iñaki Anasagasti, 2018, “Los papeles del 23-F salen a la luz: El Rey Juan Carlos organizó el Golpe de Estado”, Mediterráneo Digital, 23 de febrero.


17 junio, 2018

'Bruja' - Ana Contreras




'Bruja' - Ana Contreras

Bruja, no hace falta escoba solo un sueño.
Bruja, devuélvele a la vida tu deseo.
Bruja, no empeñes el amor por espejuelos.
Bruja, tu vuelo fue llamado solo fuego.

Aunque el corazón costara la fe
y el día se tiñera con serpientes de odio
contra lo que no puede ser decente,
se que volverás en otra encarnación
en forma diferente.

Bruja, mantente con la fuerza de tu sierpe.
Bruja, no puedes renunciar a la memoria.
Bruja, somos todas tú en esa hoguera,
en esa hoguera.
Bruja, eres mujer que mira hacia la luna.
Bruja, eres mujer que siempre se transforma.
Bruja, eres mujer que crea un nuevo mundo.
Bruja, tu vuelo fue llamado solo fuego. 
Aunque el corazón...

15 junio, 2018

No hay sitio para ti







David López Sandoval 

filosofiadesdelatrinchera #. Ágora virtual - 15/03/2013


Lo tienes muy crudo, chaval. Se acabó la fiesta, alguien ha cerrado el garito y ha tirado las llaves por el desagüe. O, si prefieres otro símil, has perdido la partida. Mejor incluso: alguien te ha hecho trampas para que la pierdas. Los años que te esperan no serán tuyos. Eres un muerto viviente. Resulta que perteneces a la primera generación que, sin mediar una guerra o una epidemia, vivirá peor que la de sus padres. 
¿Los culpables? Bueno, eso importa poco. Aquí no se libra nadie: hombres de negocios, banqueros, políticos de medio pelo, nuevos ricos que hicieron su agosto apilando ladrillos, familias endeudadas hasta las cejas, padres que cambiaban de coche como de calzoncillos, hijos que han estado chupando de la teta, del botellón y de otros espejismos de este parque temático en que han convertido tu mundo. Ocurre que, cuando hasta el último mindundi ha estado en el ajo, buscar culpables no deja de ser un ejercicio de autocompasión bastante ridículo. 
Pero lo peor de todo, lo que realmente te llevará por el camino de la amargura es que, no solo no te han dejado ni las migajas del banquete, sino que te han birlado el revólver para que no puedas salir a la calle pegando tiros. Porque la verdad es que la Historia dice que los de tu edad soléis dar bastante miedo a los poderosos cuando os cabreáis. Pero, claro, para estar cabreado hace falta saber lo que sucede a tu alrededor. Y tú ahora no tienes ni puta idea. Estás en Babia. Y mucho me temo que eso es lo que se ha pretendido. Mucho me temo que la cosa ha sido planeada con minuciosidad de relojero. 
Abre los ojos si no me crees. Mira lo que está pasando. Echa un vistazo a tus clases, a tus profesores, a tus compañeros. ¿Sabes dónde se solía armar antes hasta los dientes la gente de tu edad? ¿Sabes en qué lugares comenzaba esa protesta, ese jaleo que siempre ha puesto de los nervios a quienes parten el bacalao? Yo te lo diré: en las aulas, en esas mismas aulas que ahora te parecen cárceles donde se pudren los primeros veinte años de tu vida. Allí la gente se armaba con la razón, con la voluntad de saber, y luego salía a la calle, agarraba del cuello de la camisa a cualquier factótum y le gritaba acercando mucho la nariz a su jeta asustada: ¡basta ya, no me gusta el mundo que nos estáis dejando! 
Desgraciadamente, eso se ha acabado. Que tú hagas algo semejante es tan improbable como que Belén Esteban recite de corrido los cien primeros versos de la Odisea. No, nunca lo harás. No puedes hacerlo. Y no porque seas un gallina, sino porque te han convertido en un inválido social. Y la verdad es que no es para menos. Resulta que te dejan titular con tres asignaturas suspensas, que te pagan una beca por mantenerte seis horas al día sentado en el mismo pupitre, que te enseñan que el que no pega ni chapa tiene al final la misma recompensa que quien hinca los codos de claro en claro y de turbio en turbio. ¿Qué se podía esperar de algo así? 
Te han fabricado para que a lo máximo que aspires sea a estar detrás de una barra sirviendo hamburguesas, anestesiado por el premio fácil de unos títulos académicos que valen menos que un billete de seis euros y por tus pequeñas glorias del sábado por la noche, absolutamente ignorante de cómo plantar cara a los que te han chorizado el futuro. Tiene gracia, la generación con más años de escolarización y con más títulos es la menos preparada de la historia reciente de España. La generación más protegida por el Estado es la que al final se ha revelado como la más indefensa. 
No hay sitio para ti, cantaban a finales de los ochenta los MCD. Pues eso, descolocado, en tierra de nadie, sin futuro, así te has quedado. Y con un palmo de narices tan grande, tan jodido, que ahora no sabes hacia dónde mirar. 
¿No lo oyes? ¿De verdad que no oyes esos golpes? Es la mediocridad, es el paro, es la precariedad laboral, es la emigración. Y están llamando a tu puerta.

12 junio, 2018

TORTURA, HAMBRE Y EJECUCIONES. CIVILES DEL ESTE DE GHOUTA (SIRIA) HABLAN DE SU VIDA BAJO EL DOMINIO DE LOS TERRORISTAS - Eva Bartlett

En Horjilleh, centro para desplazados, Sabah al Mushref nos habla de la crueldad de Jaysh al Islam.
Photo © Eva Bartlett


Eva Bartlett – 10/06/2018
[traducción: arrezafe]

La semana pasada escribí sobre lo que los civiles de Ghouta me dijeron acerca de las afirmaciones, no verificadas, de que el ejército sirio los atacaba con productos químicos, pero también hablaron sobre crímenes cometidos por terroristas y el papel de los Cascos Blancos.
Aunque benévolamente apodados "rebeldes" por los medios corporativos, el grupo terrorista salafista Jaysh al-Islam no está luchando por la libertad o los derechos humanos en Siria, ni tampoco lo están los otros grupos terroristas que anteriormente gobernaban en el este de Ghouta.
Fue el Jaysh al-Islam el que encarceló a civiles sirios en jaulas, usándolos como escudos humanos contra posibles bombardeos, y Jaysh al-Islam estuvo entre los grupos terroristas que dispararon misiles y morteros contra civiles en Damasco, matando a más de 10.000.

Ellos, Faylaq al-Rahman, y las otras facciones terroristas que ocupaban la región reinaban mediante el terror, decapitando a hombres y mujeres y matando de hambre al pueblo.

Regla infernal de Jaysh al-Islam: hambre y ejecuciones por espada

Cuando visité el este de Ghouta y el centro Horjilleh para personas desplazadas justo al sur de Damasco -en su mayoría personas de Ghouta ahora-, les pregunté sobre sus vidas bajo el gobierno de Jaysh al-Islam y otros, incluso por qué habían estado muriendo de hambre en primer lugar. La respuesta fue, como yo y otros escuchamos en el este de Alepo, Madaya y al-Waer, que los terroristas robaron la ayuda humanitaria y controlaron toda la comida, vendiéndola a precios de extorsión que la gente común no podía pagar.

Sabah al-Mushref habló de la insensibilidad de los terroristas en Hammouriyeh y Zamalka hacia los niños y cómo sus propios hijos solían hurgar en la basura de los líderes terroristas que tenían suficiente comida.

"Vivíamos en Zamalka, mis hijos estaban casi muertos de hambre, la piel de mi hija se había puesto amarilla, estaba desnutrida", me dijo Sabah. "La llevé al punto médico, dijeron que no había medicina. Le dije: 'mi hija se está muriendo, ¿qué debo hacer?'. Me dijeron que el punto médico era solo para los ciudadanos de Douma. Fui con el representante de Zamalka, le rogué: 'Por favor, dame cualquier cosa para mis hijos, están hambrientos, no han comido nada en dos días'. Él dijo: 'Lo que está aquí es solo para los ciudadanos de Zamalka, tú eres de Marj al-Sultan, ve a tu representante. No hay ayuda para ti aquí'".

Cuando hablé con Sabah, ella estaba con otras tres personas de las áreas orientales de Ghouta. Sus testimonios brotaron, cada uno peor que el anterior, mientras hablaban en voz alta de los horrores que habían vivido.

En Horjilleh, Mahmoud Souliman Khaled habla de la prisión y la tortura.
Photo © Eva Bartlett

Mahmoud Souliman Khaled, 28, de Douma, me habló de su encarcelamiento y tortura por Jaysh al-Islam.

"Me detuvieron por la noche, estaba caminando para conseguir algo. Sospecharon que trabajaba para el régimen, ayudando al ejército. Me llevaron a la prisión de al-Taoubah, donde me torturaron. Me ataron a una silla y me golpearon las manos y la punta de los dedos de los pies. Me amarraron dos cables a los dedos de los pies y luego conectaron el otro extremo al inversor conmocionándome. Seguirían haciéndolo hasta que confesara algo. No confesé, porque no tenía nada que confesar. Me torturaron durante dos días. Lo que hicieron me provocó una miopía severa, parecía que la electricidad salía de mis ojos ".

Khaled habló de una ejecución que presenció en Douma. "Llegaron en un camión con una ametralladora de 23 mm (antiaérea) y le volaron la cabeza. Luego, acusaron al ejército sirio de matarlo ". Una foto en su teléfono móvil mostraba a un hombre decapitado sentado en una silla, sin restos de bombardeos. 

Hombre ejecutado por Jaysh al-Islam utilizando un arma antiaérea, Douma.
Foto pixelada por su cruel contenido. © Eva Bartlett


"Jaysh al-Islam le voló la cabeza por vender comida a bajo precio, porque querían mantener los precios altos, para que, empobrecida, la gente tuviera que trabajar en la construcción de túneles o unirse a ellos en la lucha".

En Kafr Batna, el 2 de mayo de este año, las calles estaban ocupadas con normalidad y en proceso de limpieza, y los electricistas restaurando la electricidad a la ciudad. Fuera de una tienda que vende shawarma, Mou'taz Al-Aghdar nos habló de haber estado preso durante 15 días por el Jaysh al-Islam por vender arroz.

Moutaz Al Aghdar en Kafr Batna © Eva Bartlett

"Confiscaron nuestros bienes y nos encarcelaron. A nadie se le permitió trabajar a menos que estuviera bajo control ".

Habló de las ejecuciones a espada y de niños y adultos desaparecidos, algunos regresaron con órganos desaparecidos.

"Vivimos en un pueblo pequeño, la gente comenzó a hablar: un niño fue secuestrado aquí, otro allí ... Algunas personas fueron secuestradas y sus órganos extirpados. Un niño fue enterrado y encontrado muerto en un establo, cubierto con paja, atado y cubierto con paja mientras todavía estaba vivo. No sabíamos quién lo hizo ". Otros civiles de Ghouta han hablado de robo de órganos.

Más adelante, me encontré con Mohammad Shakr, quien señaló la rotonda central y habló de las ejecuciones allí perpetradas por terroristas.

Mohammad Shakr en la plaza Kafr Batna, donde los terroristas ejecutaban civiles © Eva Bartlett

"Traían personas aquí y las ejecutaban, a veces con una espada y otras veces con arma de fuego. Era algo muy normal para ellos. Ahora, desde que el ejército sirio llegó aquí, la gente puede caminar y moverse libremente. Pero antes, no veías a nadie en el camino ".

En una tienda de helados, cerca de la plaza, Abdallah Darbou también dijo que había visto tales ejecuciones. También nos habló de protestas.

"Muchas veces sostuvimos protestas contra los terroristas, porque nos moríamos de hambre, nos estaban matando. A veces nos dispararon durante dichas protestas. Nos destruyeron, realmente nos destruyeron. El régimen sirio no nos hizo eso, cuando el ejército entró aquí nos distribuyeron pan, antes solo vimos pan en fotos".

Caminando por Douma, el 29 de abril, conocí a Yahya Mohammed Hamo, vendiendo naranjas en un carrito de compras. Cuando le pregunté cómo había sido la vida bajo Jaysh al-Islam, respondió: "Hambre, hambre y hambre. Si tienen una religión, maldita sea esa religión. La religión no los obliga a matarnos de hambre ".

Yahya Mohammed Hamo en Douma: "Los terroristas nos mataban de hambre" © Eva Bartlett

Hombres en un puesto de verduras y frutas, que habían respondido con un "no" rotundo cuando les pregunté sobre las acusaciones químicas, también hablaron de la ayuda que se envió a Douma. Un hombre mayor, exagerando al afirmar que había abundante comida en Douma, dijo que había suficiente para cinco años, pero que los terroristas los habían privado de ella.

Pregunté sobre los campos agrícolas que había visto al entrar en Douma. La respuesta fue que Jaysh al-Islam tenía el control sobre todo, la tierra fértil, el ganado. Un joven me dijo que antes de que los terroristas abandonaran Douma en los autobuses, disparaban a todos los animales.

Los hombres hablaron de ejecuciones, haciendo un gesto de degüello. Un joven relató otro asesinato, cuando el verdugo puso una pistola en la boca de alguien y apretó el gatillo.

"Terrorismo, ellos son el significado literal del terrorismo", dijo Toufik Zahra, el propietario del puesto.

Los Cascos Blancos no tan benévolos, ellos trabajan con los terroristas

A mi pregunta sobre si los Cascos Blancos estaban ayudando a la gente, Zahra respondió:

"La defensa civil era solo para los grupos terroristas, solo para ellos, para Jaysh al-Islam". Esto fue reiterado por Mahmoud Mahmoud al-Hammouri, que trabajaba en una tienda en la calle, y que dijo: "Los cascos blancos se llaman civil defensa. Supuestamente eran para los civiles, pero eran lo contrario, eran para Jaysh al-Islam ".

En Kafr Batna, el vendedor de Shawarma, Mou'taz Al-Aghdar, dijo: "El Jaysh Al-Islam solía atacarnos llevando el casco blanco un día y sin llevarlo puesto otro". El joven en la heladería, Abdallah , respondió que no sabía nada sobre los Cascos Blancos porque a él y a los civiles en general no se les permitió acercarse a ellos.

Eso es de por sí extraño, dado que supuestamente su misión era salvar a civiles, y dado que los Cascos Blancos tenían centros en Douma, Zamalka y Saqba. El centro de los Cascos Blancos en Saqba estaba a menos de 500 metros de Kafr Batna. Cabe destacar que también estaba a solo 200 metros por un carril de un edificio donde Faylaq al-Rahman fabricaba grandes cantidades de misiles y morteros.

Marwan Qreisheh, en centro de Horjilleh, tiene mucho que decir de los Cascos Blancos.
Marwan Qreisheh, de Kafr Batna. Foto: Abril 25, 2018, © Eva Bartlett

"Los primeros miembros de la defensa civil que llegaron a Ghouta hace tres o cuatro años vinieron de países extranjeros, no eran árabes, no hablaban árabe. Solían aterrorizar. Eran defensores de los terroristas. Tenían un montón de dinero y lo usaban para atraer y convencer a la gente para que se uniera a la defensa civil.

Cuando los Cascos Blancos querían ir a algún lado, los terroristas solían ir con ellos y abrirles paso en las carreteras. En el momento que llegaban a un lugar donde querían fingir un ataque, arrojaban 10 bombas de humo, causando tan enorme humareda que no se podía ver nada. Entonces disparaban a las personas y después, cuando el humo se disipaba, comenzaban a filmar. Era imposible decir ni una palabra porque te matarían, te vaciarían el arma inmediatamente.

Si alguien sufría heridas en un brazo, se amputaba inmediatamente y cosía la herida durante el rodaje. Si alguien tenía una pierna lesionada por una bala, un trozo de vidrio o algo así, su primer tratamiento era la amputación ".

Las afirmaciones de Qreisheh sobre la amputación fueron confirmadas por Hanadi Shakr, de Saqba, quien trabajó durante un año como enfermera hasta que su esposo, que se había unido al Jaysh al-Islam, la obligó a dejarlo.

Hanadi Shakr, mientras hablaba de su exmarido, que se alistó a Jaysh al-Islam, y que tiene a sus hijos. © Eva Bartlett

"Cada vez que había un caso un poco severo, decían que debías amputar a esa persona. Decían que faltan suministros médicos, por lo que la amputación es la mejor opción. No solían tratar a las personas. Incluso a las personas que tuvieron una cirugía menor, simplemente las amputaban ".

Los pretextos de la falta de suministros médicos resultaron ser falsos, como en el este de Alepo. En un solo hospital subterráneo de Saqba vi habitaciones repletas de medicinas y equipo médico robado. Los periodistas sirios documentaron almacenes como ese en otras partes del este de Ghouta.

Uno de los cuartos llenos de medicinas que vi en el sótano del Hospital en Saqba. © Eva Bartlett

Según Hanadi Shakr, "toda la ayuda médica y alimentaria que se trajo desaparecía, la venderían y se llevarían el dinero. Todo fue para los líderes de las facciones terroristas ".

Cuando el este de Ghouta fue liberado, los medios corporativos estaban ocupados produciendo informes falsos de masacres, tal como lo hicieron los medios corporativos cuando Alepo fue liberado. Ellos produjeron historias emanadas de partidarios de facciones terroristas, culpando siempre al gobierno sirio del hambrey, sobre todo, blanqueando los crímenes y el terrorismo de los grupos extremistas que ocupan el este de Ghouta.

En realidad, los civiles de Ghouta tenían mucho que decir sobre los crímenes de sus captores, y también sobre su alivio al ser liberados por el ejército sirio, pero a los medios corporativos no les interesa, ya que no se ajusta a su narrativa de cambio de régimen.

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Residentes de Douma tras ser entrevistados por mí el 29 de Abril de 2018.