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decode – 30/12/2025
Paulo Nogueira Batista
Jr.
Traducción del inglés:
Arrezafe
Existe una regla de oro
en la banca que ha existido desde la época de la familia Medici en
Florencia. Un banco se basa en la confianza, no en bóvedas. Si un
banquero decide robarle dinero a un notorio cliente, podría sentirse
justificado alegando que ese cliente era una mala persona. Pero en el
momento en que lo hace, todos los demás clientes se van, porque
saben que mañana les podría tocar a ellos.
Esta semana, las naciones
del G7, lideradas por Estados Unidos y Europa, decidieron romper esa
regla de oro. Han ultimado el plan para convertir en arma los 300.000
millones de dólares de activos soberanos rusos congelados desde
2022. Tomarán los intereses devengados por ese dinero, miles de
millones de dólares al año, y los entregarán a Ucrania para
financiar la guerra contra Rusia. A esto lo denominan “finanzas
creativas”. Lo llaman justicia. Yo lo llamo gran robo bancario. Y
no hablo como simpatizante de Rusia. Hablo como exdirector ejecutivo
del FMI. Hablo como banquero.
Lo que el G7 acaba de
hacer es declarar, de hecho, que la inmunidad soberana, piedra
angular de las finanzas internacionales, está muerta. Le han dicho
al mundo que su dinero solo está seguro en los bancos occidentales
si está usted de acuerdo con la política exterior occidental. En el
momento en que discrepe, su cuenta de ahorros se convierte en hucha
de ellos. Este es un error catastrófico. Es una apropiación de
efectivo a corto plazo que provocará un colapso sistémico a largo
plazo. ¿Creen que Arabia Saudita no está observando esto? ¿Creen
que China no está observando? ¿Creen que India no está
observando? Por supuesto que sí. El príncipe heredero de Arabia
Saudita está mirando sus cientos de miles de millones en bonos del
Tesoro estadounidense y eurobonos y se pregunta: si no estoy de
acuerdo con Estados Unidos sobre Israel o sobre los precios del
petróleo, ¿también me robarán mis intereses? La respuesta ahora,
es sí. El G7 cree que está castigando a Vladimir Putin. En
realidad, se están castigando a sí mismos. Están destruyendo el
mayor activo del mundo occidental: la creencia de que es un refugio
seguro para el capital.
Hoy analizamos por qué
esta decisión es el último clavo en el ataúd del euro.
Explicaremos por qué este robo desencadenará una fuga global de
capitales bancarios desde Occidente y analizaremos la brutal
represalia que Rusia está preparando: una trampa en la que los
inversores occidentales están cayendo.
La era del Estado de
Derecho ha terminado. La era de la piratería financiera ha
comenzado. Analicemos la ficción legal: Por qué las "ganancias
extraordinarias" son una mentira. Dejemos de lado el lenguaje
diplomático y analicemos el fraude. Los políticos de Bruselas y
Washington saben que confiscar las reservas del banco central de otro
país es ilegal. Viola todos los tratados de inmunidad soberana
firmados desde siempre. Apropiarse del dinero directamente supondría
un acto de guerra que colapsaría inmediatamente el mercado de bonos.
Así que inventaron una vía alternativa. Dicen: "No nos estamos
apoderando del capital ruso, tan sólo nos estamos quedando con las
extraordinarias ganancias generadas por ese capital". Lo cual es
una ficción legal, una mentira diseñada para tranquilizar a
abogados inquietos. Cualquier estudiante de primer año de economía
sabe que los intereses pertenecen al dueño del capital. Si deposito
un millón de dólares en su banco y genera un 5% de interés, esos
intereses son míos. Si el banco se lo queda, entregándolo además a
mi enemigo, eso es robo. Así de simple.
Pero he aquí la
tragedia. Estados Unidos está presionando para que esta operación
se lleve a cabo, pero es Europa quien pagará las consecuencias. La
mayoría de estos depósitos rusos, que rondan los 200.000 millones
de dólares, no están en Nueva York, están depositados en Bélgica,
en una cámara de compensación llamada Euroclear. Euroclear es la
infraestructura del sistema financiero europeo. Se supone que es
neutral. Se supone que es una entidad bancaria, no un ente político.
Al obligar a Euroclear a confiscar estas ganancias, la UE está
utilizando su propia infraestructura financiera como arma. La
directora del Banco Central Europeo, Christine Lagard, advirtió
contra esto. Dijo que podría quebrantar el orden jurídico
internacional. Sabe que si el euro se convierte en un arma política,
deja de ser una moneda de reserva. ¿Por qué un banco central
brasileño o indonesio guardaría euros si la UE puede confiscar
arbitrariamente los rendimientos?
El euro ya tenía
dificultades antes de este asunto. Es una moneda sin país,
gestionada por una burocracia que ha estrangulado su propia economía
con sanciones energéticas. Ahora añaden el riesgo legal a la lista
de razones para no comprar euros. Esto es precisamente lo que quiere
Estados Unidos. Piénsenlo. Si el mundo pierde la confianza en el
euro, ¿adónde va el dinero? Fluye al dólar. Estados Unidos está
sacrificando la reputación de sus aliados europeos para apuntalar su
propia hegemonía. Los europeos son los idiotas útiles de este plan.
Están destruyendo la credibilidad de su sistema bancario para
financiar la guerra que dirige Estados Unidos. Y lo irónico es que
esto ni siquiera ayudará a Ucrania. La cantidad de dinero que roban,
unos 3.000 millones de dólares al año, sólo puede financiar dicha
guerra durante unas dos semanas. Están quemando la credibilidad de
todo el sistema financiero occidental para obtener munición durante
dos semanas. Es la definición de un mal negocio.
Pero el verdadero daño
no es sólo legal, es psicológico. La prima de riesgo por poseer
activos occidentales se ha disparado. Cuando vemos titulares sobre
esta confiscación, los medios occidentales fijan su atención en la
reacción de Rusia. Pero la reacción más importante no proviene de
Moscú. Proviene de Riad, Pekín, Nueva Delhi y Brasilia.
El suicidio del euro:
Destruyendo la neutralidad de Euroclear
El sur global representa
la mayoría de la población y los recursos del mundo. Durante
décadas, estos países mantuvieron sus ahorros en Occidente porque
creían que Occidente respetaba los derechos de propiedad. Esa
creencia ahora ha desaparecido. Estamos presenciando el comienzo de
un desplazamiento bancario a cámara lenta. Los bancos centrales no
entran en pánico como los inversores minoristas. No hacen
desesperadas colas en el cajero automático. Se mueven
silenciosamente, estratégicamente y permanentemente. Observe el
mercado del oro. ¿Por qué el oro alcanza máximos históricos cada
mes? No se debe a la demanda de joyas. Se debe a que los bancos
centrales lo compran por toneladas. China se está deshaciendo de los
bonos del Tesoro estadounidense y comprando oro. Turquía está
comprando oro. India está comprando oro. Singapur está comprando
oro. ¿Por qué? Porque el oro se puede almacenar en tu propia caja
fuerte, ya sea en Shanghái o Bombay. El G7 no puede confiscarlo. El
sur global está mudando, de los depósitos en custodia que controla
Occidente a los depósitos soberanos que ellos controlan.
Este gran robo bancario
ha acelerado el proyecto monetario de los BRICS a 10 años. Antes, la
idea de una moneda BRICS era sólo una teoría. Muchos países
dudaban. Se sentían cómodos con el dólar y el euro. Pero ahora, un
sistema de pago no occidental ya no es un lujo, es una necesidad de
supervivencia. Un país que algún momento pueda discrepar con
Estados Unidos, por ejemplo, en política climática, derechos
humanos o aranceles comerciales, no puede permitirse permanecer en el
sistema del dólar. Necesita un sustituto. Sin darse cuenta, el G7 ha
creado la campaña de marketing para su propio reemplazo. Cada vez
que sancionan a un país, cada vez que confiscan activos, actúan
como los mejores vendedores del sistema de pago BRICS. Le están
diciendo al mundo: "Construye tu propio bote salvavidas porque
podríamos hundir tu barco". Y, seamos claros, Estados Unidos
necesita a estos inversores extranjeros. Estados Unidos tiene un
déficit de 2 billones de dólares al año. Necesita que China, Japón
y Arabia Saudita compren su deuda. Si dichos compradores se retiran
por temor a ser confiscados, ¿quién compra la deuda?: la Reserva
Federal. Y eso conduce a la inflación.
Así que, cuando los
líderes del G7 se feliciten mutuamente por el golpe propinado a
Putin, recuerden esto: el precio de este robo lo pagarán ustedes. Se
pagará con mayor inflación, una moneda más débil y la pérdida
global de prestigio. Están recogiendo céntimos al pie de una
apisonadora. Y mientras Occidente celebra su ingenioso vacío legal,
Rusia prepara una respuesta que no es ni astuta ni sutil: es brutal.
¿Pensaron realmente los
líderes del G7 que Rusia se quedaría de brazos cruzados y
permitiría que les robaran 300.000 millones de dólares? Vladimir
Putin es muchas cosas, pero no ingenuo. Durante dos años, mientras
Occidente debatía si debían o no robar el dinero, Rusia se
preparaba para el momento en que lo harían. Le tendieron una trampa,
y Occidente cayó en ella. Rusia mantiene secuestrados dentro de sus
fronteras miles de millones de dólares en activos occidentales. Hay
fábricas propiedad de empresas alemanas. Hay cuentas bancarias
propiedad de fondos de inversión estadounidenses, como JP Morgan y
BlackRock. Hay centrales eléctricas propiedad de empresas de
servicios públicos europeas. El Kremlin ya firmó un decreto que, a
todos los efectos, dice: «Si requisan nuestro dinero, nosotros
requisaremos el suyo. Simple intercambio, lo mío por lo tuyo». Pero
he aquí por qué Occidente pierde este intercambio: cuando Rusia se
apodera de activos occidentales, obtiene bienes realmente
productivos: fábricas, maquinaria, infraestructura. Cuando Occidente
confisca activos rusos, obtiene cifras en pantalla. Y lo que es más
importante, las empresas occidentales nunca recuperarán ese dinero.
Los gigantes industriales alemanes a los que nos referimos,
Volkswagen, BASF, Semens, tienen miles de millones atrapados en
Rusia. Ese capital prácticamente se ha esfumado. Los gobiernos del
G7 están sacrificando a sus propias corporaciones para ganar en el
terreno político. Las consecuencias serán desastrosas. Habrá
demandas durante décadas. Las empresas occidentales demandarán a
sus propios gobiernos por causar estas pérdidas. El sistema legal
quedará atascado por las consecuencias de esta decisión. Pero la
mayor pérdida es intangible: la pérdida de la pretendida
superioridad moral. A Occidente le gusta sermonear al mundo sobre el
Estado de derecho. Se complace en criticar a los países en
desarrollo por la corrupción y la falta de derechos de propiedad.
Tras esta operación, esos sermones carecen de sentido. No se puede
pretender ser el defensor de los derechos de propiedad mientras se
gestiona un sistema global de confiscación de activos. No se puede
ser el banquero y el pirata del mundo al mismo tiempo. El gran robo
bancario de 2024 pasará a la historia como el momento en que
Occidente renunció oficialmente a su rol como custodio del sistema
financiero global. Robaron los intereses, pero perdieron el capital
y, a la larga, perdieron el mundo.
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