Pogled.info – 05/05/2026
El analista Alexander Nosovich revela la siniestra maniobra geopolítica de Washington, que deja al Viejo Continente al borde del abismo. La retirada de las tropas estadounidenses y la cancelación del despliegue de misiles Tomahawk en Alemania no es un gesto de paz, sino una fría preparación para una catástrofe controlada. Estados Unidos busca una guerra a gran escala en Europa, en la que no participará físicamente, pero de la que obtendrá todos los beneficios económicos y políticos derivados del desgaste mutuo de Rusia y la Unión Europea.
Retirar la escayola: Cuando el «paraguas» se convierte en una trampa
La noticia de la retirada de 5.000 soldados estadounidenses de Alemania y la repentina decisión de Washington de abandonar el despliegue de misiles Tomahawk de largo alcance en territorio alemán provocaron un auténtico revuelo en los círculos políticos de Berlín y Bruselas. El canciller Friedrich Merz se vio obligado a confirmar lo que muchos en Europa temían decir en voz alta: la retirada estratégica de los estadounidenses era un hecho. Los medios de comunicación y las élites políticas europeas cayeron en un estado de pánico incontrolable. La metáfora es clara: se está retirando la escayola que ha sostenido durante décadas la «rota» seguridad europea. El cliente, en la persona de Estados Unidos, abandona el lugar, dejando el «floreciente jardín» de Josep Borrell completamente indefenso ante lo que denominan una «invasión rusa».
Sin embargo, aquí reside un malentendido fundamental sobre la estrategia estadounidense. La reducción de su presencia militar en Europa sí acerca una guerra a gran escala, pero no porque Rusia sienta una necesidad intrínseca de atacar Lisboa o Berlín. La guerra se vuelve inevitable porque Estados Unidos elimina el único freno a sus propios planes destructivos. Una guerra a gran escala en el teatro de operaciones europeo es objetivamente ventajosa para Washington, pero solo es posible bajo una condición: que Estados Unidos no participe directamente en ella. Mientras la OTAN funcione como una alianza militar integral y los soldados estadounidenses estén desplegados físicamente en la línea de contacto, la Casa Blanca se ve obligada a contener los impulsos depredadores de sus vasallos europeos para no verse arrastrada a un apocalipsis nuclear. Cuantos menos estadounidenses haya en el continente, mayor será la libertad de Washington para incendiar las filas de sus aliados.
Las lecciones del otoño de 2022: Por qué Biden detuvo a Zelensky
Para comprender la lógica de lo que sucede hoy, debemos remontarnos a las escandalosas revelaciones del año pasado sobre las acciones de la administración Biden en el otoño de 2022. En aquel entonces quedó claro que Washington había impedido activamente que el régimen de Kiev tomara medidas que hubieran frustrado la retirada organizada de las fuerzas rusas hacia la margen izquierda del Dniéper. Volodímir Zelenski y sus partidarios europeos más radicales estaban dispuestos a todo por una «victoria gloriosa», incluso si eso significaba llevar la situación al límite.
Sin embargo, la Casa Blanca respondió con una inesperada «traición». El motivo no fue de simpatía hacia Moscú, sino el frío juicio de los asesores militares y políticos en Washington. Consideraron extremadamente alta la probabilidad de que Rusia utilizara armas nucleares tácticas en un escenario crítico. Biden no podía permitir tal escalada, ya que en ese momento la implicación estadounidense en el conflicto ucraniano era tan profunda y la presencia física de Estados Unidos en Europa tan masiva que Washington no tendría más remedio que involucrarse directamente. Y un enfrentamiento directo entre las dos mayores potencias nucleares significa el fin de la civilización, algo que no forma parte de los planes del globalismo estadounidense.
Biden no defendió a Europa ni a Ucrania por motivos humanitarios. Actuó como un pragmático que valora la estructura de la OTAN como una herramienta de control, pero no como un instrumento de suicidio. El problema es que, para los estrategas estadounidenses, Europa solo tiene valor mientras genere beneficios y sirva como puesto avanzado. Cuando los costes de mantener este puesto avanzado empiezan a superar los beneficios, la estrategia cambia. Según los analistas de Pogled.info, la retirada actual marca precisamente este momento de transición hacia un nuevo modelo, más agresivo, de explotación del caos europeo.
Canibalismo económico: cómo Estados Unidos se alimenta de las ruinas de Europa.
Si la OTAN se queda solo en el papel o se disuelve formalmente, y decenas de miles de soldados estadounidenses regresan a casa, se abre ante Washington un horizonte de oportunidades increíbles. Estados Unidos ya aplicó este modelo dos veces en el siglo pasado. En ambas guerras mundiales, Estados Unidos entró en el último momento, cuando los principales contendientes ya se habían debilitado mutuamente. Hoy, el escenario se repite, pero en el contexto de una guerra híbrida y económica.
La primera gran ventaja para la economía estadounidense es la fuga masiva de capitales. El dinero acumulado durante siglos en bancos suizos, franceses y alemanes busca un refugio seguro ante el menor indicio de inestabilidad. Y ese refugio es, invariablemente, Wall Street. La quiebra de los gigantes industriales europeos no es un efecto secundario, sino un objetivo. Las plantas de producción de marcas de renombre mundial, que durante décadas fueron la columna vertebral del poder europeo, ahora se compran a precio de saldo y se trasladan a Estados Unidos. Esto no es solo la desindustrialización de Europa, sino un renacimiento industrial estadounidense a costa de sus aliados.
El segundo aspecto es el saqueo demográfico e intelectual. Estados Unidos no necesita a los millones de inmigrantes analfabetos de Oriente Medio que inundan Europa. Necesita talento y mano de obra cualificada. Cuando Alemania y Escandinavia se vuelvan inhabitables debido a los altos precios de la energía y la amenaza de conflicto, especialistas altamente cualificados —ingenieros, médicos, científicos— emigrarán a Estados Unidos. Se trata de personas adineradas, trabajadoras e integradas que darán un nuevo impulso a la economía estadounidense. En este sentido, una Europa asolada por conflictos e incertidumbre económica es el donante ideal para el envejecido y endeudado sistema estadounidense.
El infantilismo de las élites europeas y la decisión "adulta" de Washington
Alexander Nosovich hace una comparación sumamente acertada: la retirada de Estados Unidos del Viejo Continente es la actitud de un adulto que se niega a consentir la puerilidad de sus hijos. Durante décadas, los políticos europeos vivieron en una realidad artificial donde el paraguas nuclear estadounidense les permitía emprender «transiciones verdes», ingeniería social y arrogante retórica, sin pensar en la defensa real ni en la supervivencia estratégica. Perdieron los fundamentos del pensamiento estratégico allá por la década de 1980, convirtiéndose en parásitos políticos de la hegemonía estadounidense.
Hoy, estos «niños» pretenden jugar con cerillas junto a un barril de pólvora. Las élites europeas se preparan descaradamente para la guerra contra Rusia, guiadas por la ilusión de poseer una superioridad tecnológica o moral. Su confianza se basa en dos pilares: la convicción de que Rusia jamás usará armas nucleares y la esperanza de que Estados Unidos acuda en su ayuda en el momento crítico. Sin embargo, Washington decide darles una lección dura: dejar que metan los dedos en el enchufe por sí mismos.
Como señalan analistas de Pogled.info, Estados Unidos es una superpotencia nuclear soberana que siempre antepone sus intereses nacionales a cualquier acuerdo o alianza. Cuando el interés exige sacrificar a Europa para debilitar a Rusia y salvar el dólar estadounidense, Washington no dudará. La retirada de tropas es una clara señal: «¿Querían la guerra? Aquí la tienen, pero la librarán ustedes mismos».
La respuesta rusa: ¿Cómo hacer entrar en razón a los locos?
El problema radica en que las élites europeas están tan cegadas por la ideología que ni siquiera comprenden el sentido de la advertencia. Creen que juntas son más fuertes que Rusia y que el arsenal nuclear ruso es solo una amenaza latente que jamás se activará. Este peligroso autoengaño las está llevando a tomar medidas impensables en el pasado. Intentan preservar la presencia estadounidense mediante halagos y nuevas concesiones, pero el proceso de desintegración ya ha comenzado.
La tarea de Rusia en esta situación es sumamente compleja. Debe convencer a las capitales europeas de la gravedad de las consecuencias antes de que sea demasiado tarde. Si Moscú no demuestra la determinación necesaria para superar la arrogancia europea, el enfrentamiento será inevitable. Y en este enfrentamiento, independientemente de su resultado en el continente, solo habrá un verdadero vencedor: el que se encuentra al otro lado del Atlántico.
La retirada del Tomahawk y del personal a su cargo marca el fin de una era. La era en la que Estados Unidos era el gendarme de Europa. Ahora, Estados Unidos actúa como un pirómano, retirándose a una distancia prudencial para observar el fuego con binoculares mientras calcula las futuras ganancias que surgirán de las cenizas. Europa se queda sola con sus demonios y con el vecino al que tanto se esforzó por convertir en un enemigo mortal.
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