12 mayo, 2026

La Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) difunde un plan para cobrar peaje por los cables submarinos de Internet

 


Amwaj.media – 11/06/2026


La historia: Medios afiliados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) instan a Irán a reivindicar su soberanía sobre los cables de fibra óptica submarinos que atraviesan el estrecho de Ormuz. El objetivo aparente es cobrar a los operadores extranjeros por el uso de las instalaciones ubicadas en fondos marinos bajo control iraní. Esto se produce en medio de la tensión entre Irán, los estados árabes del Golfo y Estados Unidos por el tránsito marítimo a través de Ormuz, y Teherán no muestra indicios de ceder terreno.


La cobertura: Fars y Tasnim, que publicaron artículos casi idénticos el 9 de mayo en lo que parecía ser una acción coordinada, informaron de que Irán posee una fuente de influencia sin explotar de la que hasta ahora no se ha aprovechado.


Los cables submarinos en cuestión —incluidas las redes FALCON, GBI y Gulf-TGN— permiten el flujo de la mayor parte del tráfico de internet, las transacciones financieras y los datos en la nube entre Europa y Asia a través de Asia Occidental. Estos cables atraviesan aguas que, según Fars y Tasnim, se encuentran inequívocamente bajo control soberano iraní.


El caso legal se basa en una interpretación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 (CNUDM). En el punto más angosto del estrecho de Ormuz, de aproximadamente 21 millas náuticas de ancho (38,8 km), las reivindicaciones marítimas territoriales de Irán y Omán, que abarcan 12 millas náuticas (22,2 km), se superponen completamente, argumentan los medios de comunicación. En otras palabras, ningún tramo del lecho marino queda fuera de la jurisdicción de uno u otro país.


Corredores de tránsito a través del estrecho de Ormuz, 2026.

Corredores marítimos actuales, incluida la "Ruta Segura" establecida por las autoridades iraníes para buques no hostiles y previamente autorizados.

Mapa: Amwaj.media – Generado con Datawrapper


Tasnim citó explícitamente el artículo 34 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), argumentando que los derechos de paso en tránsito otorgados a los buques no anulan la soberanía iraní sobre el lecho marino en sí.


El medio concluyó que cualquier cable tendido en el lecho marino sin autorización constituye una "ocupación de territorio submarino iraní" y que, por tanto, debe estar sujeto a licencias y aranceles.


Como muestra del carácter político que subyace al argumento legal, Tasnim también denegó la idea de que el mar de Ormuz sea agua internacional, calificándola de falsedad propia de las "narrativas de los medios occidentales".


El modelo arancelario se inspira en el de Egipto, país que, según Tasnim, obtiene entre 250 y 400 millones de dólares anuales por los cables que transitan el corredor de Suez.


Según el marco propuesto, los operadores extranjeros pagarían tasas por metro de infraestructura y regalías por la adquisición de las licencias para tender cables a través de aguas territoriales iraníes.


Irán también se posicionaría como el principal centro regional de reparación y mantenimiento de cables, un papel que, según Tasnim, podría reducir los tiempos de reparación del promedio actual de 45 días a un plazo significativamente menor, lo que se presenta como una ventaja competitiva en lugar de una medida coercitiva.


Ambas filiales de la Guardia Revolucionaria Islámica argumentaron que, dado que los "hiperescaladores" —Amazon, Google y Microsoft— dependen de cables que atraviesan el lecho marino controlado por Irán, Teherán tiene la capacidad de obligar a las empresas estadounidenses a operar formalmente bajo la ley iraní y a asociarse con empresas tecnológicas iraníes.


El término "hiperescaladores" se refiere a las empresas que proporcionan servicios de computación en la nube, redes y almacenamiento a gran escala para dar soporte a las aplicaciones distribuidas.


La agencia Fars llegó incluso a declarar que Hormuz debería convertirse en una de las "palancas de poder digital" de Irán, y que el mantenimiento y la reparación deberían confiarse exclusivamente a empresas iraníes.


El marco propuesto ha suscitado una rápida condena por parte de los críticos de la República Islámica.


Masoud Safiri, periodista disidente radicado en el extranjero, fue tajante en su rechazo, describiendo la propuesta como "una locura absoluta y una declaración de guerra al mundo".


En Irán, la propuesta ha puesto de manifiesto las fisuras dentro del discurso político.


Vahid Yaminpour, comentarista de línea dura, aprovechó la reacción de los críticos para contraatacar, escribiendo que desconocía la veracidad del plan, pero que lo que le llamaba la atención era la «humillación y la miseria» de quienes se sentían «aterrorizados y desquiciados» ante cualquier insinuación de que Irán se impusiera a Occidente. Yaminpour describió a dichos críticos como «los últimos supervivientes de las mentes colonizadas y podridas del Irán de la era Pahlavi», que pronto serían relegados al basurero de la historia.


Mostafa Gorji, otra voz afín al gobierno, calificó los cables de Ormuz como "la vena yugular de Internet a nivel mundial" y señaló que "cualquier daño a los cables" podría causar "interrupciones generalizadas en Internet y en las economías digitales de varios países".




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