25 septiembre, 2017

El asesinato de la historia (The Killing of History) - John Pilger

 
La única superviviente del grupo de mujeres de una batería antiaérea cerca de Hanoi.
La mayoría eran adolescentes.
Foto: John Pilger 1975

Uno de los "eventos" más publicitados de la televisión estadounidense, The Vietnam War(1), ha comenzado a emitirse en el canal PBS. Los directores son Ken Burns y Lynn Novick.
Aclamado por sus documentales sobre la Guerra Civil, la Gran Depresión y la Historia del jazz, Burns dice de su película de Vietnam: "Ella inspirarán a nuestro país a comenzar a hablar y pensar en la guerra de Vietnam de una manera completamente nueva".
En una sociedad a menudo desprovista de memoria histórica, esclava de la propaganda y de su "excepcionalismo", la "completamente nueva" guerra de Vietnam de Burns se presenta como "obra épica e histórica". Su pródiga campaña publicitaria promociona a su mayor patrocinador, el Bank of America, que en 1971 fue quemado por estudiantes en Santa Bárbara, California, como símbolo de la odiada guerra en Vietnam.
Burns dice que está agradecido a "toda la familia del Bank of America", que "ha apoyado durante mucho tiempo a los veteranos de nuestro país". El Bank of America fue un apoyo corporativo a una invasión que mató a cuatro millones de vietnamitas y que asoló y envenenó una tierra una vez fértil y abundante. Más de 58.000 soldados estadounidenses murieron y se estima que alrededor del mismo número se han quitado la vida.
Vi el primer episodio en Nueva York. No deja ninguna duda de sus intenciones desde el principio. El narrador dice que la guerra "fue iniciada de buena fe por personas decentes por malentendidos fatídicos, exceso de confianza estadounidense y malentendidos de la Guerra Fría".
La deshonestidad de esta afirmación no es sorprendente. La fabricación cínica de "banderas falsas" que llevó a la invasión de Vietnam es una cuestión documentada, el "incidente" del Golfo de Tonkin en 1964, que Burns promueve como cierto, es sólo uno más. Las mentiras arrojan una multitud de documentos oficiales, especialmente los Documentos del Pentágono, que el gran denunciante Daniel Ellsberg hizo públicos en 1971.
No había buena fe. La fe era podrida y cancerosa. Para mí, como debe ser para muchos estadounidenses, es difícil de ver el revoltijo de mapas de "peligros rojos" de la película, entrevistas inexplicables, archivos burdamente cortados y sensibleras secuencias de batallas estadounidenses. 

En el comunicado de prensa de la serie en Gran Bretaña -la BBC lo corroborará- no hay mención de muertos vietnamitas, sólo estadounidenses. "Estamos buscando un significado en esta terrible tragedia", dijo Novick. Muy post-moderno él.
Todo esto será familiar para aquellos que han observado cómo los medios de comunicación estadounidenses y el gigante de la cultura popular han revisado y servido el gran crimen de la segunda mitad del siglo XX: desde The Green Berets y The Deer Hunter hasta Rambo y, al hacerlo, ha legitimado las guerras posteriores de agresión. El revisionismo no descansa y la sangre nunca se seca. El invasor es victimizado y exonerado de la culpa, mientras se "busca algún significado en esta terrible tragedia". Bob Dylan (sic): "Oh, ¿dónde has estado, mi hijo de ojos azules?"
Pensé en la "decencia" y la "buena fe" al recordar mis primeras experiencias como un joven reportero en Vietnam: viendo, alucinado, como la piel de los campesinos heridos por el napalm se desprendía como viejo pergamino, y las andanadas de las bombas que dejaban los árboles petrificados y festoneados de carne humana. El general William Westmoreland, el comandante estadounidense, se refirió a la gente como "termitas".
A principios de los años setenta, fui a la provincia de Quang Ngai, donde en el pueblo de My Lai (2), entre 347 y 500 hombres, mujeres y niños fueron asesinados por tropas estadounidenses (Burns prefiere decir "muertos"). En aquel momento, esto se presentó como una aberración: una "tragedia americana" (Newsweek). En esta provincia, se estimó que 50.000 personas habían sido sacrificadas durante el periodo de las "zonas de fuego libre"(3) decretadas por los Estados Unidos. Crimen en masa. Esto no era noticia.
Al norte, en la provincia de Quang Tri, se lanzaron más bombas que en toda Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Desde 1975, las municiones sin detonar han causado más de 40.000 muertes en la mayor parte de "Vietnam del Sur", el país que Estados Unidos afirmó "salvar" y, con Francia, concebido como un singular trastorno imperial.

Cholon, Vietnam, bombardeada

El "significado" de la guerra de Vietnam no es diferente del significado de la campaña genocida contra los nativos americanos, las masacres coloniales en Filipinas, los atentados atómicos de Japón, la destrucción total de todas las ciudades de Corea del Norte. El objetivo fue descrito por el coronel Edward Lansdale, el famoso hombre de la CIA en quien Graham Greene basó su personaje central en The Quiet American.
Citando la Guerra de la Pulga, de Robert Taber, Lansdale dijo: "Sólo hay un medio de derrotar a un pueblo insurgente que no se rendirá, y es su exterminio. Sólo hay una manera de controlar un territorio que alberga resistencia, y que es convertirlo en un desierto".

Sirte, Libia

Nada ha cambiado. Cuando Donald Trump se dirigió a las Naciones Unidas el 19 de septiembre, un organismo creado para salvar a la humanidad del "flagelo de la guerra", declaró que estaba "dispuesto y capacitado para destruir totalmente a Corea del Norte" y a sus 25 millones de habitantes. Su audiencia jadeó, pero el lenguaje de Trump era el usual.
Su rival para la presidencia, Hillary Clinton, se había jactado de estar preparada para "borrar totalmente" a Irán, una nación de más de 80 millones de personas. Este es el Camino Americano; ahora sólo faltan los eufemismos.
Volviendo a los Estados Unidos, me impresiona el silencio y la ausencia de una oposición: en las calles, en el periodismo y en las artes, como si el disenso, una vez tolerado en el "mainstream", retrocediera a una metafórica disidencia subterránea.
Hay mucho ruido y furia contra Trump, el odioso, el "fascista", pero casi ninguno contra el Trump síntoma y caricatura de un sistema perpetuo de conquista y extremismo.
¿Dónde están los fantasmas de las grandes manifestaciones contra la guerra que se apoderaron de Washington en la década de 1970? ¿Dónde está el equivalente del Movimiento Freeze que llenó las calles de Manhattan en los años 80, exigiendo que el presidente Reagan retirara las armas nucleares del campo de batalla de Europa?
La fuerza y persistencia moral de estos grandes movimientos tuvieron gran éxito; en 1987 Reagan había negociado con Mikhail Gorbachev un Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) que efectivamente terminó con la Guerra Fría.
Hoy, de acuerdo con documentos secretos de la OTAN obtenidos por el periódico alemán Suddeutsche Zetung, es probable que este tratado vital sea abandonado a medida que "se incrementa la planificación de la focalización nuclear". El ministro alemán de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel, ha advertido contra "la repetición de los peores errores de la Guerra Fría. Todos los tratados de desarme y control de armamento de Gorbachov y Reagan están en grave peligro. Europa se ve amenazada de nuevo a convertirse en un campo de entrenamiento militar para las armas nucleares. Debemos levantar nuestra voz contra esto".
Pero no en América. Las miles de personas que apoyaron la "revolución" del senador Bernie Sanders en la campaña presidencial del año pasado, son colectivamente mudos ante estos peligros. Que la mayor parte de la violencia de Estados Unidos en todo el mundo no haya sido perpetrada por los republicanos, o por mutantes como Trump, sino por los demócratas liberales, sigue siendo un tabú.
Barack Obama proporcionó la apoteosis, con siete guerras simultáneas, todo un récord presidencial, incluyendo la destrucción del moderno Estado de Libia. El derrocamiento por Obama del gobierno elegido de Ucrania ha tenido el efecto deseado: la concentración de las fuerzas de la OTAN lideradas por Estados Unidos en la frontera occidental de Rusia, a través de la cual los nazis la invadieron en 1941.
El "giro hacia Asia" de Obama en 2011 señaló la transferencia de la mayoría de las fuerzas navales y aéreas de Estados Unidos a Asia y el Pacífico sin otra finalidad que enfrentar y provocar a China. La campaña mundial de asesinatos del Premio Nobel de la Paz es sin duda la más amplia campaña de terrorismo desde el 11 de septiembre.
Lo que se conoce en Estados Unidos como "la izquierda" se ha aliado efectivamente con los más oscuros recovecos del poder institucional, en particular con el Pentágono y la CIA, para impedir un acuerdo de paz entre Trump y Vladimir Putin y restablecer a Rusia como enemigo sobre la base, carente de pruebas, de su presunta interferencia en las elecciones presidenciales de 2016.
El verdadero escándalo es la asunción insidiosa del poder por los siniestros intereses de los fabricantes de guerras, a los que ningún norteamericano votó. El rápido ascenso del Pentágono y de las agencias de inteligencia bajo el mandato de Obama representó un cambio histórico de poder en Washington. Daniel Ellsberg lo llamó justamente un golpe de Estado. Los tres generales que acompañan a Trump son sus testigos.
Todo esto no logra penetrar esos "cerebros liberales encurtidos en el formaldehído de la política de identidad", como Luciana Bohne apuntó memorablemente. "Diversidad" es la nueva marca liberal, no la clase trabajadora, independientemente de su género y color de piel: no la responsabilidad colectiva para detener una guerra bárbara, para poner fin a todas las guerras.
"¿Cómo llegó a esto?", Dice Michael Moore en su programa de Broadway, Terms of My Surrender, un vodevil para un grupo descontento con un telón de fondo de Trump como Big Brother.
Admiré la película de Moore, Roger & Me, sobre la devastación económica y social de su ciudad natal, Flint, Michigan, y Sicko, su investigación sobre la corrupción de la salud en Estados Unidos.
La noche en que vi su espectáculo, su público aplaudía alegre y animado reafirmando que "¡somos la mayoría!" y llamando a "¡impugnar a Trump, un mentiroso y un fascista!" Su mensaje parecía ser que si te pinzabas la nariz y votabas por Hillary Clinton, la vida sería predecible otra vez.
Puede que tenga razón. En lugar de abusar del mundo, como lo hace Trump, el Gran Obliterador pudo haber atacado a Irán y lanzado misiles contra Putin, a quien Hillary comparó con Hitler: un particular ultraje a los 27 millones de ciudadanos soviéticos que murieron durante la invasión de Hitler.
"Escuchen", dijo Moore, "dejando a un lado lo que nuestros gobiernos hacen, ¡los estadounidenses son realmente amados por el mundo!"
Hubo un silencio.



Traducción: Loam/Arrezafe
Notas:
1. Título: The Vietnam War (TV Series)
Año: 2017
Duración: 51 min.
País: Estados Unidos Estados Unidos
Director: Ken Burns, Lynn Novick
Guión: Geoffrey C. Ward
Productora: PBS / Florentine Films

2El 16 de marzo de 1968 las tropas de Estados Unidos lanzaron una operación en la región de Son My en la búsqueda de vietcongs. Al segundo teniente (equivalente a alférez) William Laws Calley y su sección le fue asignada la zona My Lai 4. Al llegar a la zona de aterrizaje los helicópteros dejaron a los soldados y se desplazaron a la posición de espera. A lo largo de cuatro horas, Calley y sus hombres violaron a las mujeres y las niñas, mataron el ganado y prendieron fuego a las casas hasta dejar el poblado arrasado por completo. Para terminar, reunieron a los supervivientes en una acequia.

Los pilotos y artilleros vieron cómo Calley disparó su arma contra ellos y ordenó a sus hombres que hicieran lo mismo hasta matar a todos los habitantes de la zona (es decir, ancianos, mujeres y niños). Por "defectos" en la investigación, no se sabe la cifra exacta de asesinados, pero se estima que debió estar entre 347 y 504.


https://es.wikipedia.org/wiki/Matanza_de_M%E1%BB%B9_Lai

3. La “zona de fuego libre” era un área supuestamente despejada de población civil, no beligerante, en la que cualquier persona era considerada hostil. Dentro de sus fronteras, la acción militar podía ser utilizada para la completa aniquilación de cualquier objetivo móvil.

24 septiembre, 2017

Indicios - Eduardo Galeano




A la hora de ir a trabajar un leñador descubrió que le faltaba el hacha.

Observó a su vecino. El vecino tenía todo el aspecto de un ladrón de hachas. Estaba claro: la mirada, los gestos, la manera de hablar.

Unos días después el leñador encontró el hacha que había perdido. Y cuando volvió a observar a su vecino, comprobó que no se parecía para nada a un ladrón de hachas, ni en la mirada ni en los gestos ni en la manera de hablar.

19 septiembre, 2017

Separatismo neoliberal, el caso catalán.



Natalie Sabanadze en su libro Globalization and Nationalism: The Cases of Georgia and the Basque Country, a diferencia de la explicación convencional que argumenta que se trata de posiciones opuestas y enfrentadas, plantea que, en la actualidad, globalización y el nacionalismo tienden a convertirse en fuerzas aliadas.

Reconoce que el nacionalismo reacciona contra la creciente globalización y representa una forma de resistencia a las influencias globalizadoras, pero al estudiar casos concretos como los casos de Georgia y el País Vasco se topa con una aparente paradoja. Tanto en el caso de Georgia como en el País Vasco, hay poca evidencia que sugiera la existencia de fuerte oposición nacionalista políticamente organizada a la globalización sino más bien al contrario, son los nacionalistas los que se muestran de lo más encandilados con la globalización. Se trata de nacionalismos pro-globalización, lo cual la lleva a concluir que la globalización y el nacionalismo son fuerzas complementarias y no contradictorias.

El error de Sabanadze está en que aunque observa el funcionamiento de dos tipos de nacionalismo, uno anti-globalización y otro pro-globalización, no es capaz de resolver la aparente paradoja puesto que no profundiza en el análisis de la funcionalidad del segundo tipo.

De hecho el enfoque de Sabanadze queda velado porque no analiza a fondo el mecanismo de la globalización capitalista.

El capitalismo necesita de los estados-nación, un preciso marco jurídico institucional para desarrollarse que proteja estrictamente sus derechos de propiedad y regule sus mercados. Pero este marco puede volverse en su contra en tanto en cuanto el poder del Estado caiga en manos inadecuadas.

Un estado democrático, en el que pueden votar el 99% de los perdedores de la globalización monopolista, es peligroso para las multinacionales, tanto más cuanto mayor sea este estado. Varios estados-nación pueden firmar acuerdos de armonización de políticas financieras, industriales, fiscales, medioambientales, sanitarias, sociales, laborales, etc. que atenten a sus intereses.

Para blindar los intereses del 1%, una legión de economistas (Friedrick von Hayek, Milton Friedman, Stephen Gills, James Buchanan, Barry Weingast, etc) se han dedicado desde hace décadas a diseñar estrategias para neutralizar la democracia subordinando el orden político al orden económico neoliberal.

Los globalizadores diseñan diversos tipos de estrategias para disciplinar a los Estados y vaciarlos de gobernanza económica.

La monopolización y la “libre” movilidad internacional de los capitales (a través de los mercados financieros liberalizados y el libre comercio) potencian el efecto disciplinario sobre las democracias, y por tanto constituyen el elemento clave de la globalización neoliberal. La movilidad del capital obliga a los estados a practicar el dumping democrático para competir por el capital monopolista transnacional, proporcionando el tipo de políticas neoliberales que los inversores y las empresas multinacionales demandan.

Estrategias globalizadoras por arriba: Organismos y tratados internacionales

Para asegurar el sometimiento de los Estados y la movilidad internacional de los capitales se han creado por arriba mecanismos supranacionales, como el Fondo Monetario Internacional (la liberalización del mercado de capitales es una condición para ser miembro), la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN, NAFTA), El Acta Única Europea, etc., todos ellos con cláusulas específicas que aseguran la libre movilidad de la inversión directa transnacional.

Otros ejemplos de mecanismos de bloqueo frente a la intervención de los Estados son las disposiciones sobre derechos de propiedad intelectual de los inversionistas contenidos en diversos acuerdos comerciales. El Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual (ADPIC) de la OMC y el Capítulo 11 del TLCAN relacionados con el Comercio son sólo dos ejemplos en los que figuran disposiciones para sentar a los Estados en el banquillo en los casos en que las empresas multinacionales consideren que las políticas gubernamentales han infringido sus derechos. El TPP y el TTIP en ciernes abundarían exponencialmente en esta línea.

Estrategias globalizadoras por abajo: Federalismo y nacionalismo neoliberal

El neoliberalismo está perfeccionando dos estrategias diseñadas por abajo para neutralizar la capacidad de intervención de los gobiernos en la economía y su posible reacción anti-globalización. Se trata del federalismo neoliberal y del separatismo neoliberal.

Federalismo neoliberal, el manual de USAID

Adam Hanieh: “El neoliberalismo promueve la descentralización para dislocar la resistencia que puedan ofrecer los Estados bajo la presión de sus ciudadanos.”

USAID (la agencia más importante en la promoción del neoliberalismo a nivel mundial) tiene editado un manual titulado Decentralization and Democratic Local Governance Programming (mayo de 2000), que sirve como una receta detallada para promover la descentralización en una variedad de diferentes contextos nacionales donde puede haber resistencia a las reformas neoliberales.

Un tema central de este manual es el desplazamiento de la responsabilidad de la prestación de los servicios públicos desde el Estado hacia los gobiernos locales. El manual prevé una situación en la que: "Los gobiernos locales deben hacer algo más que simplemente limpiar las calles; deben asumir una variedad de responsabilidades de servicios no tradicionales, tales como asegurar la atención primaria de la salud, la educación básica, la seguridad pública, los servicios públicos, la protección del medio ambiente, y la regulación de construcción ".

Con el fin de proporcionar estos servicios, los gobiernos locales se verán obligados a aumentar sus ingresos propios, y entrar en competencia para establecer tasas, privatizar, y pedir dinero prestado en los mercados internacionales de capital. "Pueden emplear enfoques nuevos o innovadores, incluidas las asociaciones público-privadas, la participación proactiva en programas de desarrollo con el gobierno nacional o los donantes, y la subcontratación de los servicios".

"Construir capacidades administrativas subnacionales para desarrollar transparentes y responsables presupuestos sometidos a la ley de la eficacia y llevar a cabo el desarrollo económico local.... y fortalecer la capacidad de las autoridades locales para participar en los debates sobre la apropiada devolución de la responsabilidad a los niveles locales de gobierno".

Para asegurar la disciplina de mercado en el contexto de un país, se potencia un tipo de federalismo donde los gobiernos sub-nacionales compiten entre sí para atraer a los capitales en el contexto de una economía nacional.
Hayek sostiene que "el resultado ideal sería la transformación de los gobiernos locales e incluso regionales en corporaciones cuasi comerciales compitiendo entre sí para atraer a los inversionistas”.

La movilidad del capital crea una especie de “mercado” de políticas gubernamentales en el que las firmas demandan localizarse en aquellas jurisdicciones que les ofrezcan el más favorable mix de impuestos y servicios.

Los estados federados (o las autonomías como en el caso español), por su parte, detentarán una primaria responsabilidad regulatoria sobre la economía (fiscal, social, laboral, sanitaria, medio ambiente, etc) de forma que deberán flexibilizar sus jurisdicciones políticas para competir entre sí, en una carrera hacia el fondo, en orden a atraer al esquivo y caprichoso capital.

También se promueve la autonomía y la competencia entre sí de las "comunidades locales” tanto en lo que respecta a políticas pro-globalización como en tanto que mecanismo de compensación de las deficiencias del mercado. Esta es otra área en la que las ciudades o regiones urbanas adquieren importancia en el proyecto neoliberal, ya que son los principales sitios de la iniciativa ciudadana, y donde se acumulan las tensiones económicas y sociales resultado de los proyectos neoliberales.

Separatismo neoliberal

Pero si el federalismo no basta, una opción neoliberal más ambiciosa es la promoción del separatismo. Las grandes entidades estatales (Francia, Inglaterra, España, Italia, Alemania, etc.) representan un peligro frente al avance de la globalización puesto que son susceptibles de desviación por la senda del nacionalismo económico frente a la crisis multipolar monopolista neoliberal. Mejor que estados federados o comunidades autónomas, por qué no pequeños estados independientes compitiendo a muerte entre sí para atraer las inversiones del escurridizo y caprichoso capital monopolista. El tigre escocés, el tigre gaélico, el tigre catalán, el tigre piamontés, etc. dispuestos a arrancar la piel a tiras a cualquiera que ose enfrentarse a la globalización monopolista neoliberal.

Los ensayos precedentes tuvieron lugar en Europa del Este con la desmembración de la URSS y el despedazamiento de Yugoslavia y Checoslovaquia. Todos los nuevos estados independientes entraron a competir entre sí privatizando sus activos estatales y reventando sus legislaciones laborales y sociales para atraer inversiones, pensando que la globalización neoliberal iba a mejorar sus vidas. Hoy el fracaso más absoluto de este sueño es evidente y se está produciendo una reacción nacionalista anti-globalización en muchos de ellos (Hungría, Eslovaquia, Serbia, Polonia, Chequia, etc.)

El separatismo neoliberal catalanista (catalexit)

El caso más paradigmático y ejemplarizante del separatismo promovido por el capital globalizado es el del separatismo catalán del siglo XXI. Las clases pudientes catalanas han visto la posibilidad de enriquecerse a escala global separando a la región autónoma del resto de España. Desde buen principio cuentan con reintegrar rápidamente al nuevo estado independiente en los organismos, mecanismos y foros internacionales del capitalismo globalizado.

El mecanismo para el catalexit es del más puro diseño neoliberal. Se aprovecha una primera fase “autonómica” en la que la díscola comunidad autónoma catalana aprovecha todos los mecanismos y recursos descentralizados (gobierno y parlamento autonómico, legislación autonómica, activos y empresas públicas cedidas, impuestos cedidos, prensa, radio y televisión pública autonómica, policía, etc.) para preparar meticulosamente la secesión.

La experiencia de otras intentonas “revolucionarias” “pintorescas”, promocionadas, apoyadas y a menudo, financiadas directamente por el capital monopolista globalizado (Soros, y compañía), aconseja la intervención de “izquierdistas” desencantados (CUP y tránsfugas de otros partidos de izquierda) como fuerza de choque de la deriva secesionista.

Convirtieron las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2015 en supuestamente “plebiscitarias”, coaligando todas las fuerzas soberanistas en una candidatura única denominada “Junts pel si” pero que al final, a pesar una campaña mentirosa digna de Goebbels, solo consiguió el 48% de los votos gracias a la participación masiva de la población. Sin embargo, los separatistas, gracias a una ley electoral hecha a su medida, ganaron más escaños y finalmente formaron gobierno gracias al apoyo de la CUP. A partir de entonces toda la maquinaria autonómica se reajustó para preparar la secesión. La machacona campaña de 2015 se amplificó durante los dos años siguientes.

El cúmulo de repetidas mentiras sin paliativos parece haber afectado más a las propias cabezas dirigentes que al conjunto de la población, de forma que empezaron a poner fechas concretas al proceso de secesión, una estrategia rígida e inflexible sin otra salida que el victimismo ante la previsible reacción del estado español.

Consecuencias económicas del catalexit

Dada la alta especialización de Cataluña en la venta de productos al resto de España, se estima que en el escenario medio el catalexit significaría una caída del 44% del comercio bilateral. Así, el PIB catalán caería un 14% y el desempleo aumentaría un 16%.

El Reino Unido ocupa la 9ª posición en el ranking mundial de competitividad, España ocupa el puesto 35º. Por regiones Londres ocupa el tercer lugar en el ranking de competitividad de las regiones europeas. Cataluña el 142 (más competitiva es la Comunidad de Madrid, que ocupa la 57ª posición).

Caso de que la secesión triunfara (sin violencia), la expulsión inmediata de la UE implicaría ponerse a la cola de la readmisión con la amenaza segura del veto español. En esta larga transición se produciría la salida de la Unión Monetaria Europea y del Mecanismo Único de Supervisión financiera. Para Cataluña, el euro se convertiría en una moneda extranjera cuya utilización, caso de adoptarlo como moneda, podría encarecer sus exportaciones y mermar peligrosamente su competitividad. Fuera de la Unión Monetaria quedaría desvinculada del BCE con lo que las entidades financieras con domicilio en territorio catalán perderían el acceso a sus baratas líneas de financiación. También se esfumarían las subvenciones europeas al quedar excluida de los fondos estructurales (El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), El Fondo Social Europeo (FSE), El Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) y el Fondo Europeo de Marítimo y de Pesca (FEMP). La inseguridad llevaría a la prima de riesgo a niveles inasumibles, al dejar de contar con la red de protección del Estado español y la hacienda de la nueva república se hundiría irremisiblemente.

Fuera de Europa y de España las exportaciones a estas zonas quedan sometidas a aranceles, ya que dejaría de beneficiarse de las ventajas de pertenecer a una zona económica con libre circulación de mercancías. El pago de esos sobrecostes haría mucho menos competitivas las exportaciones catalanas.

El "proceso" separatista, de llegar a materializarse, reduciría los derechos, el bienestar y el futuro de la mayoría de los catalanes a cenizas. El impacto económico, incluso excluyendo las terribles consecuencias de una más que posible deriva violenta propia de los procesos secesionistas (no parece que los españoles vayan a dejarlos marchar de rositas), sería enorme y devastador.

De ahí la tergiversación, mentira y manipulación sistemática de la información (amplificada por la labor de los medios de comunicación públicos en sus manos: TV3, Radio, prensa comarcal, etc.) a que se ven obligados los dirigentes separatistas para esconder la realidad de las consecuencias sobre la mayoría de la población.

Sin embargo, para los intereses globales del neoliberalismo monopolista, el desastre para la mayoría de la población catalana sería, como suele ocurrir muy a menudo, simple efecto colateral (como en el caso de Ucrania y el de otras muchas “revoluciones pintorescas”).

Para el capital globalizado, la aparición de la nueva república catalana significaría el fin de una siempre latente amenaza para sus intereses de una deriva populista, izquierdista, o simplemente de nacionalismo económico (como el caso inglés o francés) de la nación española que podría arrastrar a otras grandes naciones de Europa. Los independentistas esperan alcanzar un puesto privilegiado en el escalafón de la globalización neoliberal erigiéndose en firmes baluartes de la globalización contribuyendo a doblegar la resistencia española.

No es extraño que el Wall Street Journal de Rupert Murdoch, el Washington Post, propiedad de Jeffry Bezos de Amazon o el Financial Times aplaudan con fervor las pintorescas asonadas de la cada vez más atronadora furia catalanista.

Catelexit, un proceso Win Win para el capitalismo neoliberal

Para el capital monopolista neoliberal, la estrategia secesionista en Europa, y en concreto en España, está resultando beneficiosa en todos los sentidos. La amenaza separatista en España, aunque pueda resultar fallida, está favoreciendo la recuperación de la corrupta y asocial clase política neoliberal (PP – PSOE) en detrimento de la izquierda que, incapaz de entender el carácter neoliberal del nuevo separatismo del siglo XXI, está suministrando fuerza de choque al “procés” o defendiéndolo con más o menos matices, con lo que está perdiendo a manos llenas su antigua base electoral.

“Tenemos que cerrar las oficinas de esta organización nazi" - Atenas

18 septiembre, 2017

SECTORES Y SOBERANÍAS - Loam

Hoy, el campo de concentración no está necesariamente cercado por alambradas, que también. Su existencia está a resguardo, velada por la incredulidad y la ceguera inducida de quienes moran y trabajan en él.

Dispersas por este ubicuo presidio imperial, existen zonas soberanas, tal vez las únicas realmente soberanas, en el sentido nacionalista del término. En ellas residen los dirigentes del campo, es decir, los amos del capital. Zonas de imposible acceso para una mayoría que ni sabe, ni tan siquiera concibe su existencia y que cree firmemente que en la cúspide de la pirámide jerárquica se encuentra su reyezuelo, su presidente, sus jueces, su policía, su sacerdote, sus ejércitos, unidos bajo su bandera, en su patria.
“La realidad entendida como una amenaza permanente infantiliza al sujeto, reducido a la pasiva impotencia que le deniega toda reacción ante el sistema. En consecuencia, el sujeto pierde su capacidad reactiva y se adhiere a la realidad propuesta, en un proceso de autosugestión en el que el sistema de sojuzgamiento deviene fuente de fascinación.”(1)
Cuando se habla de independencia y de soberanía habría que pensar, entre otras cosas, en esas vastas propiedades privadas fuertemente protegidas, en esas lujosas mansiones, en esas blindadas e inaccesibles urbanizaciones de lujo, en esas exclusivas zonas residenciales, aisladas y custodiadas cual si de un país se tratara. ¿No son esas las auténticas y soberanas autonomías, las de la opulenta y poderosa élite de saqueadores propietarios? En torno a ellas todo es servidumbre. Presidio. Pero han conseguido que los reclusos agiten con renovado entusiasmo la bandera de sus carceleros.
“La forma perfecta de control social es hacernos creer que ese control es omnipotente y todopoderoso. Este es el más grave error que podemos cometer, creer que todo está irreversiblemente bajo control, interiorizar y creernos que el estado de cosas actual es inamovible y que es imposible cambiarlo. Si nuestra cabeza adopta esta postura, seremos nosotros/as el método más eficaz para controlar nuestros pensamientos y acciones, convirtiéndonos cada uno/a de nosotros/as en un inmejorable mecanismo de autocontrol. Este sería el mayor favor que podríamos hacerle al sistema, la forma más barata, transparente y eficaz de control social. (No hay nada más ordenado que un cementerio)”(2)

Notas
1. "Anonadamiento y formación de conciencias. Las nuevas tecnologías como herramienta de colonización del sujeto" Antonio Fernández Vicente 

2 Malatxa “Euskal Herriaren desmilitarizazioa Helburu duen Kolektiboa (Kontrol Sozialaren autobabeserako guida liburu praktikoa)”

12 septiembre, 2017

Ni Estado, ni nación – Capi Vidal



La realidad en España se alimenta de una mera enfrentación entre dos realidades nacionalistas: la una, con una estructura de dominación consolidada, que apela a la ley para mantener su unidad e imaginario; la otra, se llena la boca de democracia y "derecho a decidir" para encubrir, de una forma u otra, el deseo de construir su propia estructura autoritaria y valores simbólicos e identitatarios: el Estado-nación.

Los que, supuestamente, quieren profundizar en la democracia se llenan la boca de “independencia”, algo que indiscutiblemente vinculan con la idea de una nación “libre”, que a su vez asocian con un pueblo que se autodetermina, y a la vez con un Estado “independiente”. Esto último, que tal vez no asuma todo el mundo a favor de la “independencia”, parece sin embargo un hecho. Nación y nacionalismo están vinculados, de forma necesaria en mi opinión, a la formación de un Estado. Ya hace tiempo que el bueno de Rudolf Rocker nos dijo que todo nacionalismo, no olvidemos que originado en una idea romántica, la de la exaltación de los valores e intereses de la nación por encima de los individuos, es reaccionario. Dicho esto, con lo que yo estoy totalmente de acuerdo, sería bueno reflexionar sobre el asunto, sobre la complejidad del término y la concepción diferente que se le pueda dar, en aras precisamente de ideas auténticamente emancipadoras. Toda idea de nación, la que tiene un Estado o la que aspira a tenerlo, como instancia transcendente e ideal casi mítico, tiene a sus espaldas toda una historia de un modo más o menos teleológico. Es decir, el proceso histórico se observa de modo lineal, como un proyecto en el que se lucha para conseguir un fin deseado, el de la ansiada nación libre e independiente, con unos valores dignos de elogio. No es difícil observar aquí un credo religioso en el nacionalismo, en el que la nación como instancia trascendente toma rasgos cuasidivinos. Tomás Ibáñez, esforzado en combatir toda forma absolutista, nos recuerda que la nación no contiene rasgos esencialistas, ni es intemporal, ni algo natural, sino algo muy humano construido por el afán de conquista y dominio, producto de innumerables acuerdos y alianzas por parte de aquellos con voluntad de poder. Recomendaremos aquí la imprescindible obra Rocker, Nacionalismo y cultura, con una visión lejos también de cualquier idealismo romántico sobre la nación e igualmente esforzada en recordarnos que la “voluntad de poder” ha sido un importante motor histórico al igual que la lucha de clases o, de modo más general, las condiciones materiales. Lo dice un libertario, con una visión amplia de la historia y de las sociedades creadas por los seres humanos.

Efectivamente, las naciones son dispositivos de poder, estructuras de dominación con afán de homogeneizar. Todo lo contrario de la sociedad libertaria, que apuesta por la diversidad y la singularidad, la heterogeneidad. Las celebraciones nacionales, sean el 12 de octubre, la Diada o el 14 de julio, no son más que demostraciones de fuerza y unidad, multitudes paseando una misma bandera en ofrenda a sus mitos nacionales específicos. Recordemos que el ácrata Brassens comenzaba su “La mauvaise réputation” con el Día Nacional de Francia, que no le estimulaba nada de nada y vinculaba, necesariamente, con lo militar. La nación es, en definitiva, una instancia abstracta y trascendente que unifica y homogeneiza, además de asegurar consecuentemente una estructura de dominación en base a determinadas conquistas históricas. Como afirma Ibáñez, si aceptamos la existencia política de una nación, consciente o inconscientemente legitimamos toda la historia sangrienta de enfrentamientos por el poder que se encuentra detrás. No es casualidad que todo estructura de dominación se esfuerce en construir una serie de mitos en la historia, que alimenten ese amor por la nación de las personas con los que alimentar su imaginario social y político (algo muy humano, nada trascendente, producto de deseos y aspiraciones), ya que la autoridad coercitiva sin más no resulta suficiente a estas alturas. No está tampoco de más señalar, aunque las comparaciones que se hacen a veces del nacionalismo con el nazismo (eso sí, una exacerbación nacionalista) sean excesivas, que sí es cierto que la concepción de “raza”, hasta extremos racistas y discriminatarios, ha formado parte histórica de la construcción nacional, aunque ahora no se aluda abiertamente a ello. Lo importante es dejar claro que la idea de nación es algo social e históricamente construido y que su existencia solo tiene sentido si se mantienen y perpetúan las prácticas que la sustentan. No es raro que los dirigentes que aspiran a una nación “libre” exijan detentar la educación y los medios en diferentes ámbitos, precisamente para asegurar que se produzcan el conjunto de operaciones simbólicas, que fomentan el sentimiento nacional. La nación es por lo tanto algo artificialmente construido, de manera muy esforzada por una estructura de dominación, mediante el nacionalismo en caso extremo, y por supuesto contingente; ni trascendente, ni intemporal, ni algo natural.

Por lo tanto, el nacionalismo es un sentimiento, estamos de acuerdo, que mucha gente identifica con el amor a una comunidad, una tierra o un pueblo. Sin embargo, desde un punto de vista libertario, ese sentimiento no puede confundirse con la estrechez de miras que supone las limitaciones culturales (y la identidad nacional, desde mi punto de vista, lo es) ni con la subordinación a una abstracción que legitima y sustenta una estructura autoritaria. Por muy sentimental que sea, el nacionalismo es algo artificialmente creado mientras que la sociedad libertaria propugna, por supuesto desde un amor a lo local, una solidaridad que trasciende las fronteras. Algunos autores han señalado que el nacionalismo tiene al menos dos fases: una legitimada en la que lucha contra un Estado opresor y otra, ya en fase de liberación, en la que construye sus propias instituciones de dominación. Es obvio que los anarquistas, aunque pueden ayudar circunstancialmente a una comunidad a combatir la dominación de un Estado, rechazan simplemente sustituir una estructura autoritaria por otra con la falacia de construir una nación libre. Por eso, como dice Ibáñez, en el cansino y repetitivo enfrentamiento entre un Estado opresor y otro oprimido, el español y el catalán, los antiautoritarios deberíamos tener claro que se trata de dos realidades artificialmente construidas por parte de ciertos dispositivos de dominación, que nada tienen que ver con la deseada sociedad libertaria.

El frente nacionalista catalán es, eso sí, heterogéneo, existen diferentes sensibilidades. Es así hasta el punto de que algunos sectores de la Cup se han etiquetado por parte de algunos medios como "nuevos anarquistas". Sin ningún ánimo de expedir carnés libertarios, para mí es un despropósito. Hacer frente común con fuerzas conservadoras con el objetivo de una Cataluña independiente no es que sea la habitual contradicción entre medios y fines, es que en este caso ni unos ni otros son libertarios. Por muy sinceros que sean algunos en la búsqueda de la independencia, e incluso aunque crean que la misma no conduce necesariamente a la creación de un Estado, están haciendo el juego a una causa nacionalista. La lucha por la independencia de Cataluña, se observe como se observe, se realiza dentro de un juego en el que el criterio político es, necesariamente, la creación de un Estado. Si buscas la independencia de un territorio, algo que considero ajeno al anarquismo, estás poniendo la base para la creación de una determinada estructura política. Otro asunto es que cuestiones, radicalmente, la configuración de esa estructura, algo que no se realiza en esa simple confrontación entre dos realidades nacionalistas, que tiene como objetivo la creación del Estado-nación. ¿Qué ocurre con el manido "derecho a decidir"? Suscribo ahora a Octavio Alberola cuando afirma que, de acuerdo, derecho a decidir pero en todo, no solo cuando le conviene a la clase dirigente para sustentar una estructura de dominio y explotación. Esa lucha por el derecho a decidir debe producirse en un escenario amplio en el que se ponga en cuestión toda forma de dominación y explotación, nada que ver con el nacionalismo. La independencia de Cataluña, si es que se consigue finalmente, incluso en la forma de república, puede legitimar aún más ese escenario autoritario. La lucha libertaria se produce en un campo muy diferente, con la aspiración a un mundo sin fronteras.