Hua's
Substack – 04/09/2026
Se ha establecido un
patrón: Estados Unidos libra guerras interminables para allanar el
camino al comercio chino.
En un irónico giro del
destino, la beligerancia belicista estadounidense ha contribuido
directamente a la expansión comercial de China en todo el mundo.
Una curiosa
característica del sistema electoral estadounidense es la propensión
a acusar al oponente de ser instrumento de un adversario extranjero.
Durante la campaña de
2016, Hillary Clinton acusó a Trump de ser un títere de Rusia. Por su parte, Trump, apodó a Joe Biden «Biden de Pekín» en la campaña
de 2020.
Ninguno de los dos son lo
que se les acusa de ser, aunque ambos son peones de otra potencia
extranjera cuyo nombre no se puede mencionar en la política
estadounidense, salvo en señal de admiración.
«Trump de Tel Aviv» y
«Biden el israelí» habrían sido apodos perfectos, pero por
supuesto nadie en la sociedad estadounidense convencional reconocería
jamás una verdad tan evidente.
En China, los usuarios de
las redes sociales llaman sarcásticamente a Trump 川建国
(o sea
«Trump constructor de la nación»), ya que, en efecto, sus
políticas parecen dirigidas a promover el desarrollo de China.
Su guerra comercial ha
obligado a China a diversificar su comercio con el resto del mundo.
Su guerra tecnológica ha
impulsado a China a reforzar los puntos débiles de su cadena de
suministro tecnológico.
Su guerra financiera ha
ayudado a China a proteger su economía de las sanciones y a impulsar
con urgencia la desdolarización.
Así pues, cuando Trump
atacó a Irán a principios de este año, en China, como es lógico,
esperábamos un nuevo impulso del «constructor de la nación».
No estamos decepcionados.
El comercio chino ha
experimentado un auge como resultado directo de la guerra
El valor del comercio
exterior de China alcanzó los 4,46 billones de dólares
estadounidenses en los primeros siete meses del año, lo que supone
una expansión interanual del 17%. Solo en julio, se registró un
aumento del 24%.
Para poner la cifra en
contexto, el dato comercial es superior al PIB anual de Japón en
2025.
Además del rápido
crecimiento, la expansión comercial de China conllevó un cambio
masivo en sus alianzas geográficas, alejándose de los mercados
occidentales tradicionales y acercándose al Sur Global.
El comercio de China con
la ASEAN creció un 35%. Su comercio con Rusia, África y América
Latina también creció más rápido que el de Europa y Estados
Unidos.
El comercio con Estados
Unidos representa apenas el 8,8% del comercio total de China, una
cifra muy inferior al casi 25% que representaba cuando Trump ganó
sus primeras elecciones en 2016.
El crecimiento del
comercio en 2026 está impulsado por la explosiva demanda mundial de
energía verde y tecnologías avanzadas chinas.
La interrupción del
suministro energético en los países del Golfo ha contribuido
significativamente a la adopción de productos chinos de energía
verde, desde vehículos eléctricos hasta paneles solares.
Los envíos de vehículos
eléctricos al exterior registraron un aumento interanual del 71,2%
en su valor, impulsado por la demanda de vehículos energéticamente
eficientes a medida que suben los precios de la gasolina debido al
cierre del oleoducto de Ormuz.
De igual modo, las
exportaciones chinas de baterías de litio aumentaron un 36%, ya que
el almacenamiento de energía se ha vuelto fundamental durante la
crisis.
Las exportaciones de
turbinas eólicas crecieron un 35% interanual. Los envíos de paneles
solares aumentaron un 24%.
La necesidad de
electrificar la economía global, debido tanto a la crisis energética
derivada de la guerra como a la enorme demanda de los centros de
datos de IA, impulsó el crecimiento de las exportaciones chinas de
equipos eléctricos, como transformadores, en un 32%.
El desarrollo de
infraestructuras de inteligencia artificial a nivel mundial provocó
un aumento sin precedentes en las exportaciones de productos
electrónicos.
Las exportaciones chinas
de semiconductores casi duplicaron su valor total.
Además, la guerra
también ha desviado hacia los proveedores chinos la demanda mundial
de materias primas básicas, como el aluminio y la urea, ya que los
proveedores tradicionales del Golfo, como los Emiratos Árabes Unidos
y Qatar, se han visto aislados de la cadena de suministro mundial.
Consecuencias
imprevistas de la guerra de Estados Unidos contra Irán
El estallido de la guerra
ha supuesto un enorme impulso económico para las exportaciones
industriales chinas.
Si bien la guerra ha
agotado los recursos occidentales y ha avivado la inflación interna
en Estados Unidos, China ha aprovechado estratégicamente el
conflicto para acelerar el crecimiento a través de tres canales
principales:
1. Aceleración de
la transición energética verde global
El cierre del estrecho de
Ormuz mediante bloqueo militar desencadenó una crisis energética
mundial masiva en el sector de los hidrocarburos y los combustibles
fósiles.
Ante el aumento
vertiginoso de los precios mundiales del petróleo y el colapso de la
seguridad energética tradicional, los mercados internacionales
aceleraron drásticamente sus plazos para la transición hacia las
energías renovables.
Debido a que China posee
la capacidad de fabricación a gran escala mayor del mundo en
tecnología verde, se convirtió en el beneficiario global por
defecto.
2. Cuello de
botella de la red de IA y sustitución de material de referencia
La guerra perturbó
gravemente las cadenas de suministro industriales especializadas en
el Golfo Pérsico, dañando especialmente importantes plantas de
procesamiento regionales como Emirates Global Aluminum.
Dado que la región del
Golfo suministraba anteriormente aproximadamente el 21% del aluminio
primario de EEUU y el 19% del de la UE, los fabricantes occidentales
de los sectores aeroespacial, automotriz y electrónico se
enfrentaron a una escasez estructural inmediata.
China ocupó ese vacío
como principal exportador de materiales de relleno para metales
procesados y materiales industriales.
Simultáneamente, el
intenso desarrollo global de infraestructuras de IA se enfrentó a
enormes limitaciones en la red eléctrica debido a los elevados
costes energéticos.
China aprovechó esta
situación suministrando infraestructura eléctrica fundamental de
apoyo a las sobrecargadas redes eléctricas internacionales.
3. Amortiguadores
de energía con grandes descuentos y desdolarización
Mientras que las naciones
occidentales sufrían una grave inflación provocada por la guerra y
un aumento de los precios minoristas del combustible, China protegió
su base industrial mediante una rigurosa previsión estratégica.
Antes del conflicto,
Pekín almacenó una reserva estratégica de petróleo sin
precedentes de 1.800 millones de barriles, comprando grandes
cantidades de crudo iraní y ruso con descuento debido a las
sanciones occidentales.
Este enorme y barato
colchón de energía mantuvo bajos los costes de producción en las
fábricas chinas, mientras que los competidores occidentales se
enfrentaban a costes operativos abrumadores.
Además, para sortear el
endurecimiento de los bloqueos marítimos y las sanciones bancarias
estadounidenses, Irán comenzó a permitir el paso de buques
petroleros por el estrecho de Ormuz con la estricta condición de que
las transacciones se liquidaran directamente en yuanes chinos.
La guerra ha acelerado de
hecho el objetivo geopolítico a largo plazo de China de disminuir el
dominio del dólar estadounidense en el comercio mundial de materias
primas.
China será la mayor
beneficiaria de la reconstrucción de Irán tras la guerra.
Nadie sabe cuándo se
alcanzará la paz permanente en el Golfo Pérsico. Pero es casi
seguro que habrá un auge masivo del comercio chino-iraní tras la
guerra.
La resolución formal del
conflicto desembocará de inmediato en una sinergia comercial sin
precedentes entre Pekín y Teherán.
La reconstrucción de
posguerra
El Irán de posguerra
necesitará miles de millones de dólares, rápidas inyecciones de
capital para reconstruir sus devastadas infraestructuras energéticas,
marítimas, logísticas y civiles.
Las corporaciones
occidentales seguirán estando legalmente restringidas o
estructuralmente reacias a entrar en el mercado iraní; las empresas
chinas están preparadas para sustituirlas como principales
contratistas.
Este aumento de la
demanda se verá perfectamente integrado en el programa de
cooperación entre China e Irán de 25 años, ya vigente y firmado en
marzo de 2021.
En el marco de este plan
estratégico de 400.000 millones de dólares, China ya ha planificado
inversiones masivas de posguerra para modernizar las redes de
transporte, las instalaciones petroleras, los puertos, los centros
industriales y las telecomunicaciones 5G de Irán.
Normalización del
flujo energético
Si bien el actual bloqueo
naval estadounidense ha frenado temporalmente las exportaciones de
crudo por vía marítima, China sigue siendo el principal sustento
económico de Irán.
Un acuerdo de paz
permanente eliminará las amenazas marítimas en el estrecho de
Ormuz, lo que permitirá que el crudo iraní vuelva a fluir
plenamente hacia la industria de China.
Los gigantes energéticos
estatales chinos tendrán acceso prioritario para desarrollar el
enorme yacimiento de gas de South Pars, poco explotado, y los
principales bloques petrolíferos de Irán, asegurándose así
contratos energéticos a largo plazo con tarifas estructurales de
posguerra sumamente favorables.
Institucionalización
del RMB y desdolarización
La guerra actual ha
obligado a Irán a romper por completo la dependencia que aún
mantenía de la arquitectura financiera occidental.
Durante el conflicto,
Teherán comenzó a canalizar su comercio de materias primas
exclusivamente a través del yuan chino (RMB) para eludir las
sanciones bancarias estadounidenses.
Una vez que termine la
guerra, este sistema no volverá a basarse en el dólar
estadounidense.
El auge comercial de la
posguerra se liquidará a través del Sistema de Pagos Interbancarios
Transfronterizos de China (CIPS), lo que integrará a Irán en la
órbita económica global de Pekín.
Liquidación de
activos congelados para satisfacer la demanda inmediata de los
consumidores.
A lo largo del conflicto,
una parte importante de los ingresos petroleros de Irán se ha
acumulado en cuentas en el extranjero.
Cuando termine la guerra,
esos miles de millones quedarán descongelados.
Es muy probable que Irán
convierta estos activos directamente en líneas de crédito
inmediatas para comprar a china, maquinaria, productos electrónicos
de consumo, equipos de fabricación industrial y tecnología médica.
En resumen, Estados
Unidos emprendió una guerra criminal contra Irán y fue rotundamente
derrotado.
Agotó su arsenal de
armas y la poca credibilidad que le quedaba al ejército
estadounidense del pasado. Además, contribuyó a acelerar los
objetivos económicos de China.
Resulta que, como diría
Trump, fue “un trato excelente”. El “maestro” del “arte de
la negociación” se merece con creces su apodo chino “川建国”.
Sería injusto acusar a
Trump de ser el único responsable de ayudar a China mediante su
beligerante estupidez.
Antes de su gestión, la
provocación de Biden a Rusia con la guerra por delegación en
Ucrania, ha consolidado la alianza energética de China con Rusia.
Actualmente, Rusia
exporta la mayor parte de su petróleo y gas a China, en lugar de a
Europa Occidental.
De manera similar, las
guerras interminables de George W. Bush y Obama en Oriente Medio han
visto a China emerger como el principal beneficiario de la
reconstrucción de Irak.
El precedente iraquí
de “China ganando las guerras de agresión de Estados Unidos”
Si bien la invasión
estadounidense de 2003 derrocó a Saddam Hussein, las principales
compañías petroleras estadounidenses se han retirado en gran medida
de Irak en las últimas dos décadas.
En su ausencia, Pekín ha
intervenido con decisión, transformando de hecho a Irak en una
piedra angular de su seguridad energética.
Los analistas estiman que
entre el 50% y el 65% de la producción total de petróleo de Irak
proviene actualmente de yacimientos donde operan, invierten o prestan
servicios de ingeniería empresas chinas.
La salida de Estados
Unidos frente a la afluencia de China
Tras la guerra,
corporaciones estadounidenses como ExxonMobil obtuvieron inicialmente
lucrativos derechos para explotar los mega-yacimientos de Irak.
Sin embargo, debido a los
bajos márgenes de beneficio fijados por el gobierno iraquí, la
compleja situación de seguridad y el cambio en las prioridades
empresariales hacia el gas de esquisto nacional, las empresas
estadounidenses se retiraron.
ExxonMobil se retiró
completamente de Irak, cediendo las operaciones del enorme yacimiento
West Qurna 1.
Fuera de la región
autónoma del Kurdistán iraquí, las empresas estadounidenses poseen
menos del 2% de los proyectos activos de petróleo y gas en Irak.
Por el contrario, las
empresas chinas han adquirido la mayor parte de las licencias
extranjeras de petróleo y gas en Irak (7,27%), solo superadas por el
propio Estado iraquí.
Dominio en la fase
inicial de la cadena de suministro y licitaciones para el período
2024-2026
La presencia de China
abarca desde gigantes estatales como PetroChina y CNOOC, hasta
empresas privadas independientes, ágiles y altamente competitivas.
Durante las principales
rondas de licencias «Quinta+ y Sexta» de Irak, las empresas chinas
ganaron casi todos los contratos para explorar y explotar más de 10
nuevos yacimientos de petróleo y gas, mientras que el interés
estadounidense fue prácticamente inexistente.
Entidades privadas chinas
como Geo-Jade Petroleum, United Energy Group y ZPEC
están invirtiendo miles de millones en Irak. Actualmente, van camino
de duplicar su producción independiente de petróleo iraquí hasta
alcanzar los 500.000 barriles diarios (bpd) para 2030.
A mediados de 2025, Irak
firmó un acuerdo integral de 848 millones de dólares con Geo-Jade
para ampliar el yacimiento petrolífero de Tuba de 20.000 a 100.000
barriles diarios, además de construir refinerías masivas para su
posterior refinado.
El mega acuerdo de
“petróleo por construcción”
El dominio de China va
más allá de la simple perforación; está integrado en la
reconstrucción nacional de Irak a través de un acuerdo marco
establecido de 20 años de «Petróleo por Construcción».
En virtud de este
mecanismo, Irak envía contractualmente 100.000 barriles de crudo
diarios directamente a China.
A cambio, Pekín financia
y ejecuta proyectos de infraestructura nacional de gran envergadura.
Este acuerdo ha
propiciado que empresas chinas construyan más de 1.000 escuelas y
hospitales en todo Irak, construyan un importante aeropuerto civil en
Dhi Qar y desarrollen enormes ciudades residenciales.
En abril de 2026, el
primer ministro Mohammed Shia al-Sudani aprobó una asignación de
1.500 millones de dólares en el marco de este acuerdo para financiar
el muy esperado oleoducto Basora-Haditha, valorado en 5.000 millones
de dólares.
Además, China
Petroleum Pipeline Engineering Co. obtuvo un contrato de 2.500
millones de dólares para construir el megaproyecto de suministro de
agua corriente de mar, con el fin de mantener la presión en los
yacimientos petrolíferos de Irak.
Principal cliente del
sector energético y poder de influencia geopolítica
China importa diariamente
entre 1,2 y 1,4 millones de barriles de petróleo iraquí, lo que
representa aproximadamente el 35% de la producción petrolera
nacional total de Irak, siendo su principal cliente petrolero a nivel
mundial.
A diferencia de
Washington, Pekín aplica una estricta política de «no injerencia»
en lo que respecta a la política local y la gobernanza interna de
Irak.
Este enfoque proporciona
a las empresas energéticas chinas una ventaja constante sobre sus
homólogas occidentales a la hora de licitar contratos estatales a
largo plazo.
El patrón es el mismo
en Afganistán: dondequiera que Estados Unidos libra guerras, China
gana influencia
En Afganistán está
ocurriendo lo mismo.
A pesar de los riesgos de
seguridad que persisten en el país, China ya se ha beneficiado de la
reconstrucción de la posguerra gracias a su acceso económico
estratégico.
Minerales críticos y
extracción de energía
El principal beneficio
económico reside en obtener acceso preferencial a los vastos e
inexplorados recursos naturales de Afganistán, cuyo valor se estima
en más de un billón de dólares.
Las empresas mineras
chinas han buscado agresivamente acceder a los enormes yacimientos de
litio y elementos de tierras raras de Afganistán.
China también mantiene
un acuerdo de extracción a largo plazo para el yacimiento de cobre
de Mes Aynak, uno de los campos de cobre sin explotar más grandes
del mundo.
En la cuenca del Amu
Darya, en el norte de Afganistán, la empresa Xinjiang Central
Asia Petroleum and Gas Co (CAPEIC) consiguió un acuerdo de
extracción de petróleo por valor de 540 millones de dólares, lo
que permite a China bombear petróleo directamente desde territorio
afgano.
Expansión geopolítica
y de infraestructuras (CPEC 2.0)
La retirada de las tropas
estadounidenses y de la OTAN permitió a China integrar a Afganistán
en su Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) sin ninguna implicación
militar.
China extendió el
Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) directamente al territorio
afgano.
China otorgó a
Afganistán un trato arancelario cero en el 100% de las partidas
arancelarias. Esta eliminación arancelaria impulsa
significativamente el comercio bilateral, permitiendo que la
maquinaria manufacturera china llegue a Kabul a cambio de materias
primas afganas.
Influencia diplomática
Mientras que las naciones
occidentales congelaron los activos afganos y cerraron sus embajadas
tras la toma del poder por los talibanes en 2021, China mantuvo
abierta su embajada.
Al posicionarse como uno
de los principales contribuyentes a la reconstrucción pacífica
mediante contratos de infraestructura (como la construcción de
hospitales y complejos residenciales), Pekín se aseguró un
monopolio de la influencia diplomática sobre el liderazgo talibán.
La fórmula de China
para ganar las guerras de Estados Unidos
Los constantes beneficios
económicos y geopolíticos que Pekín obtiene de las intervenciones
militares lideradas por Estados Unidos son el resultado de una gran
estrategia estructural y deliberada.
Mientras que Estados
Unidos aborda los conflictos globales en un marco de intervenciones
militares y cambios de régimen, China opera sobre un marco de
beneficios económicos mutuos, integración de infraestructuras a
largo plazo y estricta neutralidad política.
Al posicionarse como el
«constructor de último recurso», Pekín hereda naturalmente el
panorama económico una vez que se calman las aguas tras un
conflicto.
Este beneficio
sistemático se debe a diversas dinámicas estructurales:
1. Limite de “no
interferencia”
El principio fundamental
de la política exterior de China es la no injerencia absoluta en los
asuntos internos de otras naciones.
Cuando Estados Unidos
instiga una guerra o impulsa un cambio de régimen, a menudo
condiciona la ayuda, el comercio y el reconocimiento diplomático
posteriores a severas condiciones políticas, por lo general
socavando directamente la soberanía del Estado objeto de su ataque.
Por el contrario, Pekín
no impone ninguna condición política ni ideológica a sus socios.
Para las naciones
devastadas por la guerra y deseosas de reconstruirse, las empresas
chinas representan una alternativa muy atractiva.
Ofrecen un desarrollo
inmediato de infraestructuras (carreteras, puentes, aeropuertos y
escuelas) sin exigir una alineación política, lo que permite a las
élites locales conservar el poder al tiempo que estabilizan
rápidamente sus economías.
2. Asimetría del
riesgo: sangre frente a capital
Cuando Washington inicia
una guerra, asume los inmensos y agotadores costos financieros y
humanos del conflicto: billones de dólares en gastos militares,
logística, inteligencia y operaciones de combate.
China evita por completo
el campo de batalla. Por el contrario, espera a que el conflicto
concluya o se estabilice y luego despliega capital respaldado por el
Estado para adquirir activos con grandes descuentos.
En Irak, mientras Estados
Unidos gastaba más de 2 billones de dólares en su esfuerzo bélico,
las empresas chinas ocuparon el vacío dejado por la retirada de las
grandes petroleras estadounidenses.
Pekín se aseguró el
dominio de contratos petroleros en fase de exploración y producción
sin perder un solo soldado ni disparar un solo tiro, convirtiendo de
hecho una campaña militar estadounidense en una fuente segura de
energía para China.
3. Aprovechar las
sanciones occidentales para desdolarizar
Cuando Estados Unidos
emprende una guerra económica o militar contra un país, su
principal arma es aislar a dicho país del sistema financiero
occidental mediante bloqueos bancarios SWIFT y sanciones comerciales.
Al obligar a las empresas
occidentales a abandonar un país objeto de sanciones (como Irán o
Rusia), Estados Unidos destruye inadvertidamente la competencia
occidental favoreciendo así los productos chinos.
China se convierte en la
única gran economía mundial dispuesta y capaz de comprar las
materias primas del país aislado.
Esto otorga a Pekín una
enorme capacidad de negociación a la hora de adquirir recursos
vitales, como el petróleo crudo iraní y ruso, con significativos
descuentos, muy por debajo de los precios de mercado, lo que reduce
drásticamente los costes operativos de la base manufacturera
nacional de China.
Además, dado que las
naciones sancionadas ya no pueden comerciar en dólares
estadounidenses, se ven forzadas a liquidar las transacciones en
yuanes chinos, lo que de inmediato acelera el objetivo estratégico a
largo plazo de China de desdolarizar el comercio mundial de materias
primas.
4. Distracción
geopolítica
Cada intervención
militar considerable de Estados Unidos actúa cual enorme distracción
estratégica, desviando la atención, los recursos y el capital
político de Washington de la competencia directa con China en la
región de Asia-Pacífico.
La invasión de
Afganistán en 2001 y la guerra de Irak en 2003 le brindaron a China,
en la práctica, «dos décadas doradas» de irrestricto crecimiento
económico.
Mientras Estados Unidos
se hallaba inmerso en una guerra de contrainsurgencia en Oriente
Medio, China, discretamente, desarrollaba sus sectores tecnológicos
nacionales, acaparaba la cadena de suministro mundial de energía
verde y ejecutaba su ambiciosa Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Los conflictos y las
guerras subsidiarias lideradas por Estados Unidos a mediados de la
década de 2020 dan continuidad a esta tendencia.
Mientras Washington agota
sus reservas de municiones, ejerce presión sobre su presupuesto
fiscal y fragmenta su enfoque político interno para gestionar las
guerras en ultramar, China sigue teniendo la libertad de expandir
sistemáticamente sus redes comerciales en la ASEAN, América Latina,
Oriente Medio y África.
Conclusión
En un lenguaje que los
capitalistas puedan entender, en el mundo moderno la conquista y
ocupación militar simplemente no generan un retorno positivo de la
inversión.
La divergencia
estructural entre Estados Unidos y China en las últimas décadas
sirve como un claro y real caso de estudio sobre por qué la
diplomacia comercial y pacífica es mucho más rentable y sostenible
que el imperialismo militarista.
El imperialismo
militarista estadounidense, basado en sanciones, bloqueos y
destrucción física, reduce la riqueza económica mundial.
Por otro lado, la
diplomacia pacífica y el comercio de China crean lazos comerciales.
La Iniciativa de la
Franja y la Ruta de China se basa en la premisa de que un país con
una nueva línea ferroviaria, puerto o red 5G construida por China
deviene consumidor a largo plazo de productos chinos.
No se pueden vender
vehículos eléctricos de alta tecnología, hardware de inteligencia
artificial ni bienes de consumo a un país que ha sido bombardeado
hasta el colapso económico.
Mediante el uso de la
diplomacia para mantener abiertas y estables las rutas comerciales,
China garantiza que los mercados globales sigan creciendo, impulsando
así su propia economía orientada a las exportaciones.
Finalmente, en las
relaciones internacionales, la buena voluntad y la previsibilidad son
activos económicos de gran valor.
La postura diplomática
de China, que prioriza estrictamente los negocios y no emite juicios
de valor, la convierte en un socio seguro y con pocas fricciones para
los países del Sur Global.
Esta reputación abre las
puertas a lucrativas licitaciones de infraestructuras y a pactos
comerciales a largo plazo que están vetados para las naciones
occidentales.
En definitiva, el último
cuarto de siglo ha demostrado una cruda lección sobre la gran
estrategia: la riqueza se genera construyendo fábricas,
integrando cadenas de suministro y dominando las rutas comerciales,
no librando guerras ni provocando cambios de régimen por la fuerza.
Al optar por la
diplomacia comercial en lugar de la expansión militar, China ha
obtenido de hecho las ventajas económicas del siglo XXI sin pagar el
precio devastador de la guerra.
En definitiva, la
beligerancia estadounidense ha contribuido directa e
involuntariamente a la expansión comercial de China en todo el
mundo.
En un giro irónico del
destino, los esfuerzos del régimen estadounidense por subyugar a
otros y contener a China se han vuelto completamente en su contra:
Estados Unidos paga los altos costos de sus guerras y Pekín
cosecha los beneficios.
Sólo en parte es en
broma que los chinos llamen a Trump "川建国" (constructor
de la nación).
Pekín se ha convertido
en el mayor beneficiario de las guerras de Estados Unidos.
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