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01 enero, 2021

Los escuadrones de la muerte de Biden y la CIA —— Finian Cunningham

El marine Jeremy Morlock levanta la cabeza de un muchacho de 15 años
asesinado en Afganistán. (De Rolling Stone)  

Information Clearing House – 31/12/2020

Traducción del inglés: Arrezafe


Los escuadrones de la muerte respaldados por la CIA están fuera de control en Afganistán, asesinando a civiles y aterrorizando a la población. Cuando dentro de tres semanas Joe Biden se convierta en presidente, debería priorizar el fin de este "Asesinatos S.A."

Un informe de investigación recientemente publicado ha descubierto un programa de asesinatos sistemáticos llevado a cabo por la CIA en varias provincias de Afganistán.

Durante 2019, en un período de sólo seis meses, se encontró que más de 50 civiles, incluidos mujeres y niños, fueron asesinados en 10 masacres separadas y planificadas, según el autor Andrew Quilty. Una muestra de los asesinatos perpetrados solamente en la provincia de Wardak.

El escuadrón de la muerte, conocido como "Unidad 01", está compuesto por afganos reclutados localmente, pero entrenados, equipados y dirigidos por agentes estadounidenses.

No hay duda de que las operaciones clandestinas de la CIA tienen autorización de alto nivel de la Casa Blanca. Se llevan a cabo bajo el código militar y el llamado “Título 50”, que protege a los operativos del enjuiciamiento por crímenes de guerra. Sólo el presidente puede aprobar ese nivel de autorización.

Joe Biden, el presidente electo demócrata entrante, se ha quejado de que la actual administración Trump le ha negado el acceso a informes clasificados de seguridad nacional. Pues bien, Biden pronto tendrá acceso completo tras su toma de posesión el 20 de enero. Así pues, el nuevo presidente será inevitablemente informado de las "operaciones antiterroristas" afganas y sus escuadrones de la muerte, y en consecuencia deberá enfrentarse a la decisión sobre finalizar el programa o continuarlo.

La evidencia de las operaciones criminales de la CIA es abrumadora. Líderes comunidades afganas y oficiales de seguridad testificaron que, en otras provincias, la "Unidad 01" y sus secuaces están dirigidas por oscuros oficiales estadounidenses que acompañan a los escuadrones de la muerte durante sus redadas en aldeas y granjas. También decenas de residentes afganos y supervivientes de los ataques describen las operaciones dirigidas por Estados Unidos.

Además, los escuadrones de la muerte cuentan con el apoyo de helicópteros de transporte Chinook, aviones de combate, cañoneras y drones estadounidenses.

La posición oficial estadounidense es que sus fuerzas militares tienen la tarea de derrotar a los militantes talibanes que se oponen al régimen de Kabul respaldado por Estados Unidos. Pero los asesinatos llevados a cabo por los escuadrones liderados por la CIA tienen como objetivo a civiles, en lo que parece ser una contundente política de terrorismo e intimidación. En la mayoría de las atrocidades investigadas no había vínculos entre las víctimas y los talibanes.

A finales de 2017, bajo la presidencia de Donald Trump y el entonces jefe de la CIA, Mike Pompeo, quien luego se convirtió en secretario de Estado, las operaciones militares estadounidenses en Afganistán cambiaron, poniendo más énfasis en las operaciones clandestinas y la relajación de las reglas de enfrentamiento.

Durante el mandato de Trump, ha habido un gran aumento de muertes de civiles en Afganistán, en parte por el aumento de los ataques aéreos, pero también por los enloquecidos escuadrones de la muerte de la CIA. Al mismo tiempo, sin embargo, Trump se ha jactado de retirar las tropas convencionales de Afganistán en virtud de un supuesto acuerdo de paz con los talibanes. Esto le ha permitido al presidente republicano afirmar que está cumpliendo las promesas electorales de poner fin a las guerras en el exterior, como la de Afganistán, que con dos décadas de duración es la guerra exterior más larga jamás librada por Estados Unidos.

Queda por ver qué hará Joe Biden al respecto, pero los indicios no son buenos. Para empezar, casi todos los presidentes estadounidenses han firmado programas criminales de la CIA: en Guatemala e Irán en la década de los 50, en Cuba y Vietnam en la década de los 60, en El Salvador y Nicaragua en las décadas de 1970 y 1980, y en muchos, muchos más. Forma parte rutinaria del sucio negocio de ser presidente de Estados Unidos.

Por eso es tan despreciable y absurdo que Biden y otros hayan criticado a Trump basándose en informes infundados de los medios estadounidenses, los cuales acusan a Rusia de supuestos planes para matar tropas estadounidenses en Afganistan mediante mercenarios. Nunca hubo evidencia de tal fábula, e incluso el Pentágono se vio obligado a descartarla por infundada. Y, como de costumbre, el furor mediático se evaporó tan rápidamente como el infundio fue desmentido, dejando en entredicho, una vez más, su credibilidad.

Mientras tanto, se desvela que bajo la supervisión de Trump, los estadounidenses han estado llevando a cabo asesinatos sistemáticos de civiles afganos con escuadrones de la muerte de la CIA. ¿Dónde están las condenas de Biden?

Biden está asociado con la política de instar al ex presidente Barack Obama a adoptar una línea militar más agresiva en Afganistán cuando era vicepresidente (2008-2016). Biden favoreció las redadas nocturnas de "patear puertas abajo" de las fuerzas especiales. Por tanto, es muy poco probable que repudie la “Asesinatos.SA” que Trump ha desatado en Afganistán.

Lo que Biden aporta al nuevo régimen de la Casa Blanca es una capa adicional de corrupción moral e hipocresía bajo la apariencia de ser un "demócrata liberal".

28 noviembre, 2020

La sumisa Unión Europea — Finian Cunningham

 

Information Clearing House – 27/11/2020

Traducción: Arrezafe


¿Quién es tu papi...? He aquí por qué los líderes europeos se turban, sumisos y cautivados, ante el belicista equipo de “regreso a la normalidad” de Biden.

La UE se estremece de emoción ante la perspectiva de una administración de Joe Biden, a pesar de que las políticas que él defiende son precisamente la causa de sus problemas.

Su prisa por felicitarlo, incluso antes de que se certifique el resultado presidencial, dice mucho de su alegría por el hecho de que 'papá' esté de regreso en la Casa Blanca.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, apenas pudo contener su alegría por lo que, según dijo, era un "nuevo comienzo en la asociación global UE-EEUU."

Por su parte, Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, dijo que era hora de "reconstruir una alianza fuerte UE-EEUU.", e invitó apresuradamente a Biden a una cumbre europea en Bruselas el próximo año, aunque las elecciones estadounidenses aún no han concluido formalmente.

Otros líderes nacionales europeos ya habían felicitado a Biden hace dos semanas, solo unos días después de la votación del 3 de noviembre, a pesar de la controversia del titular Donald Trump que prometió impugnaciones legales por presunta fraude electoral.

La euforia europea creció esta semana ante la posible presentación del gabinete de Biden. Lo que parece increíble, dado que el equipo entrante de la Casa Blanca está formado por personas asociadas con las administraciones de Obama (2008-16), en las que Biden había desempeñado el cargo de vicepresidente. Increíble, porque varios de los acuciantes problemas actuales de Europa se derivan de las guerras en el norte de África y Oriente Medio que fomentó la administración Obama. Respecto a lo cuál y a la defensiva, en su primera entrevista en profundidad como presidente electo, Biden afirmó que "esta no es una tercera administración de Obama".

Sin embargo, el hecho es que los nominados para formar su gabinete son vestigios de la era de Obama, con nombres como Antony Blinken como secretario de Estado y Jake Sullivan como asesor de seguridad nacional que defendió guerras o agresivas intervenciones en Libia, Siria y Ucrania. Estos y otros conflictos en Irak y Afganistán, que Biden apoyó personalmente siendo jóven senador y que exacerbó mientras era vicepresidente de Obama, han dado lugar a innumerables problemas en Europa, desde el terrorismo yihadista hasta las tensiones raciales con las comunidades musulmanas, pasando por la ingente inversión de recursos necesarios para tratar con una afluencia masiva de refugiados provenientes de zonas de guerra.

Esta semana, mientras los líderes europeos arrullaban la próxima administración de Biden, la policía francesa propició impactantes titulares al forzar brutalmente a cientos de refugiados, principalmente afganos, a abandonar un campamento improvisado en el corazón de París. Tales problemas se derivan directamente de las guerras ilegales que fueron obra de Obama, Biden y su reinterpretado equipo belicista.

Por tanto, la pregunta es: ¿por qué los políticos europeos son tan cobardes dando la bienvenida al regreso de los imperialistas estadounidenses convencionales? Olvídense de las sonoras declaraciones del equipo de Biden sobre "trabajar con aliados" y la "vuelta del multilateralismo". Los europeos serán tratados como siempre lo han sido: complementos de la estrategia de Washington en pos de sus propios intereses.

Es el equivalente político de "¿Quién es tu papá?" Los líderes europeos no sólo se están volcando en apoyar más abusos, sino que, además, lo hacen con mucho gusto.

¿Pero, por qué?

Hay varios factores. Uno, la nostalgia engañosa por la "normalidad" tras cuatro años de tensas relaciones con el díscolo Trump. El resentimiento personal de la alemana Angela Merkel, del francés Emmanuel Macron y de otros líderes europeos hostigados por el grosero Trump a gastar más en la OTAN y por los aranceles comerciales, todo ello forma parte del alivio que sienten al deshacerse de él. Además, los políticos y diplomáticos europeos verán a Biden y su equipo como personas con las que se podrá volver a conectar profesionalmente como años atrás. A diferencia de la caótica y confusa administración de Trump, la de Biden traerá coherencia y continuidad, independientemente del legado de las guerras, lo que facilitará la interacción personal y política. Mejor malo conocido.

No olvidemos, además, que hay muchos atlantistas europeos que, desde una convicción ideológica, creen de verdad en los beneficios estratégicos de un eje EEUU-UE. Este tipo de políticos y burócratas del estado profundo europeo son creyentes defensores de que la OTAN y Estados Unidos han de "liderar el mundo libre" contra (las anteriormente Unión Soviética y China Roja) Rusia, China y su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda. Así pues, es música para sus oídos escuchar a Biden declarar que "América ha vuelto" y "Renovando alianzas".

Un aspecto específico positivo en el discurso del presidente electo Biden es el de devolver a Estados Unidos al acuerdo nuclear con Irán. La destrucción de dicho acuerdo (2015) por parte de Trump le costó a los estados europeos sacrificar muchas esperanzas de inversiones y negocios con Irán. Además, su pretendida imagen de independencia se vio afectada por las sanciones que Trump impuso a los países europeos que establecen negocios con Irán, humillándolos para que siguan su línea. Con Biden, Europa ve una oportunidad para reanudar relaciones comerciales y económicas con Irán. Sin embargo, eso está por verse.

Otra posible ventaja de Biden es su aparente disposición a entablar conversaciones de control de armas con Rusia. En particular, la renovación del tratado New START que pone freno a las armas nucleares estratégicas. El imprudente alejamiento de Trump de las convenciones de control de armas, incluido el tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) y el Tratado de Cielos Abiertos, causó una gran contrariedad en toda Europa por una posible nueva carrera armamentista y la amenaza que ello supone para la seguridad continental. Biden, por lo tanto, podría propiciar cierta estabilidad en el control de armas, a pesar de que él y su equipo han hecho numerosas y agresivas declaraciones contra Rusia.

Pero quizás lo más atractivo que los líderes europeos ven en Biden es que la propia salida de Trump es un buen presagio de cara a contrarrestar el aumento del populismo que ha estado socavando gravemente el proyecto de la UE. El establishment liberal europeo se refiere a estos diversos movimientos como de “extrema derecha”, lo cual es una generalización injusta. Algunos son de derecha, otros de izquierda, pero en general existe un sentimiento de alienación en la UE respecto a cuestiones relacionadas con el fracaso neoliberal capitalista y la inmigración, aparentemente incontrolada, directamente relacionada con las interminables guerras estadounidenses, apoyadas e instigadas por las potencias europeas de la OTAN.

Según el ex presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk: “La derrota de Trump puede ser el comienzo del fin del triunfo de los populismos de extrema derecha en Europa. Gracias, Joe".

Trump es detestado por los políticos del establishment europeo porque lo ven como un mentor de partidos nacionalistas populistas en toda Europa. Su apoyo abierto al Brexit irritó a la UE. El ex embajador de Trump en Alemania, Richard Grenell, abogó abiertamente por el partido euroescéptico AfD de Alemania. Steve Bannon, ex asesor político de Trump, intentó provocar una revuelta populista en toda Europa.

En resumen, Trump y su política de America First son vistos como una influencia dañina y corrosiva para los pilares de la UE.

Biden, sin embargo, es un regreso al trans-atlantismo convencional, donde las naciones europeas son al menos tratadas con un mínimo de respeto, aunque en realidad estén subordinadas a quienes en Washington les dirán cuándo, dónde y qué tan alto saltar. Una relación degradante que el establishment europeo contempla como la mejor manera de preservar su orden, restando oxígeno político a los populistas. No importan las guerras, los refugiados, las tensiones multiculturales, la austeridad económica, ser suplente del Tío Sam es una especie de consuelo.

La trágica ironía es que este no tan "nuevo comienzo" en las relaciones UE-EEUU, conducirá inevitablemente a más contradicciones internas en el futuro, porque la política de Biden se basa en más intervencionismo e imperialismo bajo la bandera de "liderar el mundo libre", que es la causa fundamental de la inestabilidad de Europa.

14 abril, 2020

Su (nunca mejor dicho) Muy Graciosa Majestad Imperial, Mister y Master del Universe: Donald Trump





Señores y señoras, redoblen tambores y suenen clarines, pues les habla (por así decir) el Presidente del Imperio Norteamericano, Su (nunca mejor dicho) Muy Graciosa Majestad, Mister y Master del Universe: Donald Trump.

Donald Trump no para de hablar de sí mismo.
(Transcripción de sus “cerebrales” mensajes. ¡Agárrate que ahí viene!)

La medida está aquí 👉🧠, esa es mi medida, eso es todo lo que puedo hacer.
China tiene un respeto total por Donald Trump y por el muy, muy grande ... cerebro de Donald Trump.
Yo hablo desde aquí y desde el corazón.
Hablo desde el cerebro, pero hablo desde el corazón, son las dos cosas.
Hablamos desde el corazón y hablamos desde el cerebro.
Actuaremos desde el corazón, actuarenos desde el cerebro.
Hablo desde mi corazón y mi cerebro solo para que podamos entendernos.
Mi tope es lo que pasa aquí 👉🧠. Resolveremos dicho tope.
Ya sabes, aquí arriba, muy importante.
Tan importante, justo aquí arriba. La psique
Se llama, como... aquí arriba, y se llama memoria y se llama otras cosas.
Tenemos gente horrible. No tienen tacto, ni cerebro ni nada.
Necesitamos cerebro en este país para darle la vuelta.
Necesitas el cerebro, necesitas el cerebro.
Ya sabes, es bastante obvio para cualquiera con cerebro.
Usemos el cerebro, no la brutalidad.
Así que, aquí estoy. Grandes escuelas, gran cerebro ...
que quiero usar para ti.
Estoy hablando conmigo mismo, en primer lugar, porque tengo un cerebro muy bueno y he dicho muchas cosas.
Este es el único [instrumento] musical, la boca,
y con suerte, el cerebro unido a la boca, ¿verdad?
El cerebro, más importante que la boca es el cerebro.
El cerebro es mucho más importante.
Creo que Dios me ayudó. Creo que ustedes lo saben.
Mirad, para bien o para mal, Dios me ayudó dándome un cerebro.

[canción: cerebro, cerebro, cerebro ...]

¡Necesitas el cerebro!
Nadie sabe de este asunto mejor que yo.
Nadie sabe más que yo sobre impuestos y sobre ingresos.
Nadie sabe más que yo sobre construcción.
Nadie sabe más que yo sobre el financiamiento de campañas.
Sé más sobre drones que nadie.
Nadie sabe mucho más que yo sobre tecnología –sobre este tipo de tecnología, ciertamente.
Nadie sabe más que yo sobre tecnología.
Nadie en la historia de este país ha llegado a conocer tanto sobre infraestructuras como Donald Trump.
Conozco el H-1B. Conozco el H-2B. Nadie lo sabe mejor que yo.
Sé más sobre Isis que los generales, créedme.
Entiendo las cosas, las entiendo muy bien. ¿De acuerdo? Mejor, creo yo, que casi cualquiera.
Y, por cierto, ¿quién conocía el otro lado mejor que yo? Yo lo sabía.
Nadie sabe más que yo sobre declaraciones de impacto ambiental.
Entiendo el poder de Facebook, tal vez mejor que casi nadie.
Sé más sobre energías renovables que cualquier ser humano en la Tierra.
Nadie mejor que yo sabe de que se tratan las encuestas.
Sé más sobre tribunales que cualquier ser humano en la Tierra.
Sé más sobre los trabajadores del acero que cualquiera que se haya postulado para el cargo.
Sé más sobre golf que Obama.
Nadie sabe más que yo sobre bancos.
Nadie sabe más que yo sobre comercio.
Bueno, obviamente, él no sabe sobre armas nucleares. Sé más sobre armas nucleares de lo que él llegará a saber nunca.
Entiendo las leyes fiscales mejor que casi nadie.
¿Quién sabe más sobre demandas que yo? Soy el rey.
Sé más sobre ofensiva y defensa de lo que ellos jamás entenderán.
Nadie lo entiende, excepto yo. Se llama devaluación.
Entiendo el dinero mejor que nadie.
Entiendo el sistema mejor que nadie.
Nadie sabe más sobre deuda que yo.
Nadie conoce el juego mejor que yo.
Sé más sobre contribuciones que nadie.
¿Y quién sabe más sobre la palabra 'aprendizaje' que
Donald Trump?
Entiendo a los políticos mejor que nadie.
Nadie conoce a los políticos mejor que yo.
¿Quién conoce el otro lado mejor que yo?
¿Quién conoce el otro lado mejor que yo?
Creo que sé más sobre el otro lado que casi nadie.
Y entiendo el otro lado. Quizás lo entiendo mejor que nadie.
Yo era el indicado chico rubio, nadie lo sabe mejor que yo.
Sé más que estos políticos. Estos tipos no saben nada.
Sé mucho. Sé más de lo que os voy a decir.

La verdad es que, en realidad soy una persona modesta, muy modesta. Es verdad.
_____________________________________

¿Qué, como te has quedado tras oír a nuestro "gran aliado"?



22 octubre, 2018

La alianza de Trump con descuartizadores, escuadrones de la muerte y asesinos de niños: Arabia Saudí, Brasil e Israel —— James Petras




Traducción: Paco Muñoz de Bustillo

Introducción

Las últimas semanas, la Casa Blanca ha estrechado sus lazos con la versión contemporánea de los regímenes más crueles del mundo. El presidente Trump ha dado por buenas las explicaciones del “Príncipe de la Muerte” de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman, que se ha graduado al pasar de cortar manos y cabezas en las plazas públicas a descuartizar cuerpos en consulados en el extranjero, el caso de Jamal Khashoggi.

Por otro lado, la Casa Blanca ha saludado calurosamente el triunfo electoral del candidato brasileño a la presidencia Jair Bolsonaro, ardiente defensor de torturadores, dictadores militares, escuadrones de la muerte y el libre mercado.

El presidente Trump se postra ante Israel y se jacta de esa relación, mientras su guía espiritual, Benjamin Netanyahu celebra el Sabbat con el asesinato y la mutilación de cientos de palestinos desarmados, especialmente jóvenes.

Estos son los “aliados naturales” de Trump. Todos ellos comparten valores e intereses, aunque cada uno tiene su método personal para deshacerse de los cadáveres de sus adversarios y disidentes.

Vamos a proceder a abordar el contexto político y económico general en el que actúa este trío de monstruos. Analizaremos las ventajas y los beneficios que llevan al presidente Trump a ignorar e incluso elogiar acciones que violan los valores y sensibilidades democráticos de Estados Unidos.

Para concluir, examinaremos las consecuencias y los riesgos resultantes de esta aceptación incondicional del trío de asesinos.

Contexto de la Triple Alianza de Trump

Los estrechos lazos del presidente Trump con los regímenes más despreciables del mundo parten de diversos intereses estratégicos. En el caso de Arabia Saudí, estaríamos hablando de las bases militares, la financiación de mercenarios y terroristas internacionales, las ventas multimillonarias de armas, los beneficios petroleros y las alianzas secretas con Israel contra Siria, Irán y Yemen.

Con el fin de conservar los beneficios que proporciona la relación con la monarquía saudí, la Casa Blanca está más que dispuesta a asumir ciertos costes sociopolíticos.

Estados Unidos está encantado de vender armamento y proporcionar asesores a la invasión genocida saudí al Yemen, que ha provocado la muerte de miles de yemeníes y el hambre de millones. La alianza de la Casa Blanca contra Yemen proporciona pocas recompensas económicas o ventajas políticas y tiene un valor propagandístico negativo, pero, a falta de otros estados clientelistas poderosos en la región, Washington se contenta con el príncipe Salman, “el descuartizador”.

Estados Unidos prefiere ignorar la financiación saudí a los terroristas islamistas opuestos a sus aliados en Asia (Filipinas) y Afganistán así como de las facciones rivales en Siria y Libia.

Por desgracia, el asesinato de un colaborador simpatizante de EEUU, el periodista del Washington Post residente en EEUU, Jamal Khashoggi, ha obligado al presidente Trump a iniciar un simulacro de investigación con el fin de distanciarse de la mafia de Riad. Posteriormente eximió al carnicero bin Salman inventando una historia sobre “elementos malvados” a cargo del interrogatorio (léase tortura) que le causó la muerte.

En Brasil, el presidente Trump celebró la victoria electoral de un neoliberal fascista, Jair Bolsonaro, porque coincide plenamente con sus prioridades: promete acabar con las regulaciones económicas y los impuestos corporativos a las multinacionales; es un ardiente defensor de la guerra económica de Trump contra Venezuela y Cuba; promete armar a los derechistas escuadrones de la muerte y militarizar a la policía; y garantiza secundar fielmente las políticas bélicas de EEUU en el extranjero.

No obstante, Bolsonaro no puede respaldar la guerra comercial de Trump, especialmente con China, receptora de casi el 40% de la agroindustria de exportación brasileña. Esto es así, principalmente, porque la élite de la agroindustria es uno de los principales apoyos financieros y en el Congreso de Bolsonaro.

Si tomamos en cuenta la escasa influencia de Washington en el resto de América Latina, el régimen neofascista de Brasil se convertiría en el principal aliado se Trump en la región.

Israel, por otro lado, es el principal mentor y jefe de operaciones en Oriente Próximo, además de un aliado militar estratégico.

Bajo el liderato de su primer ministro Benjamin Netanyahu, Israel se ha apoderado y ha colonizado la mayor parte de Cisjordania y ocupado militarmente el resto de Palestina; ha encarcelado y torturado a miles de disidentes políticos; ha cercado y provocado el hambre de un millón de gazatíes; y ha impuesto condiciones etno-religiosas para conseguir la ciudadanía israelí, negando los derechos básicos a más del 20% de los residentes árabes del supuesto “Estado judío”.

Netanyahu ha bombardeado cientos de pueblos, ciudades, aeropuertos y bases militares en apoyo de los terroristas del ISIS y los mercenarios occidentales. Israel interviene en las elecciones estadounidenses, compra los votos para el Congreso y se ha asegurado que la Casa Blanca reconozca Jerusalén como capital del Estado judío. Los sionistas de América del Norte y Reino Unido actúan como una quinta columna que garantiza la unánime cobertura informativa favorable a Israel y a sus políticas de apartheid.

El primer ministro Netanyahu se cerciora con ello del apoyo financiero y político incondicional de Estados Unidos y de tener a su alcance el armamento más avanzado.

A cambio, Washington se considera privilegiado por servir como soldado de a pie en las guerras diseñadas por Israel en Irak, Siria, Libia, Yemen y Somalia... e Israel colabora con EE.UU. en la defensa de Arabia Saudí, Egipto y Jordania. Netanyahu y sus aliados sionistas en la Casa Blanca consiguieron echar atrás el acuerdo nuclear con Irán e imponer a este país nuevas y más estrictas sanciones económicas.

Pero Israel tiene sus propios planes y es capaz de desafiar la política de sanciones de Trump con Rusia y su guerra comercial con China, pues está encantado de vender armamento e innovaciones tecnológicas a Pekín.

Mas allá del trío criminal

La alianza del régimen de Trump con Arabia Saudí, Israel y Brasil no se produce a pesar de su conducta criminal, sino a causa de la misma. Los tres estados tienen un historial comprobado de complicidad y participación activa en todas las guerras actuales promovidas por Estados Unidos.

Bolsonaro, Netanyahu y bin Salman sirven de modelo para otros líderes nacionales aliados con Washington en su cruzada de dominación mundial.

El problema es que este trío no basta para apuntalar la decisión de Washington de “fortalecer el imperio”. Como ya hemos señalado, el trío no está completamente de acuerdo con las guerras comerciales iniciadas por Trump: Arabia Saudí colabora con Rusia a la hora de fijar los precios del petróleo; Israel y Brasil hacen tratos con Pekín.

Está claro que Washington necesita otros aliados y clientes.

En Asia, la Casa Blanca se ha fijado otros objetivos para promover el separatismo étnico en China y anima a los uigures fomentando el terrorismo islamista y la propaganda lingüística. Trump apoya asimismo a Taiwán mediante ventas militares y acuerdos diplomáticos. Washington interviene en Hong Kong apoyando a los políticos separatistas y la propaganda mediática que a favor de la “independencia”.

Washington ha implementado una estrategia de cerco militar y guerra comercial contra China. La Casa Blanca ha conseguido juntar el apoyo de Japón, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas y Corea del Sur para apuntar a China desde las bases militares de dichos países. Sin embargo, por ahora no ha conseguido aliados para su guerra comercial. Ninguno de los supuestos aliados asiáticos de Trump respalda sus sanciones económicas.

Esos países son favorables al comercio y las inversiones de China y dependen de ellas. Aunque todos apoyan “de boquilla” a Washington y le proporcionan bases militares, difieren en temas tan importantes como la participación en las maniobras militares frente a las costas chinas y el boicot a Pekín.

Las iniciativas estadounidenses destinadas a sancionar y someter a Rusia se contrarrestan con los acuerdos petroleros y gasísticos vigentes entre Rusia, Alemania y otros países de la UE. Los lacayos tradicionales de Washington, como Gran Bretaña o Polonia, tienen poco peso político en este asunto.

Pero lo más importante es que la política de sanciones estadounidense ha provocado una alianza estratégica económica y militar a gran escala y de larga duración entre Moscú y Pekín.

Además, la alianza de Trump con el “trío de torturadores” ha creado divisiones internas. El asesinato saudí de un periodista residente en EEUU ha provocado boicots comerciales y llamamientos desde el Congreso a favor de tomar represalias. Asimismo, el candidato fascista de Brasil ha suscitado críticas liberales ante el encomio de Trump hacia la democracia de escuadrones de la muerte de Brasilia.

La oposición interna al presidente Trump ha conseguido movilizar a los medios de comunicación, lo que podría facilitarle una mayoría en el Congreso y una oposición de masas a esta versión pluto-populista (populista en su retorica, plutocrática en la práctica) de la construcción del imperio.

Conclusión

El proyecto de construcción imperial de Estados Unidos está cimentado sobre bravatas, bombas y guerras comerciales. Además, sus principales y más criminales aliados no son siempre de fiar. Hasta la fiesta del mercado de valores está a punto de terminar. La época de sanciones que sirven a sus objetivos está quedando atrás. Las broncas furibundas en la ONU provocan risas y bochorno.

La economía se enfrenta a nuevas crisis, no solo a causa del aumento de los tipos de interés. Las bajadas de impuestos son medidas que funcionan una sola vez: los beneficios se retiran y se embolsan. Cuando el presidente Trump inicie su retirada se dará cuenta de que no hay aliados permanentes, solo intereses permanentes.

A día de hoy, la Casa Blanca está sola y no cuenta con aliados que compartan y defiendan su imperio unipolar. La humanidad necesita dejar atrás las políticas de guerras y sanciones. La reconstrucción de Estados Unidos requerirá del nacimiento, desde abajo, de un movimiento popular potente que no esté en deuda con Wall Street o las industrias bélicas. Un primer paso sería romper con ambos partidos en el ámbito interno y con la triple alianza en el exterior.


14 enero, 2018

Una nación de muertos vivientes – Chris Hedges




A Nation of the Walking Dead – Chris Hedges
Traducción: Arrezafe
Fuente: truthdig

Opioides y prácticas que emulan los efectos sedantes de los narcóticos, mecanismos para mantenernos sumisos y despolitizados. Los desesperados ciudadanos de la novela de Aldous Huxley "Un mundo feliz" (1932) ingerían el soma, droga placentera destinada a eludir la realidad. Hoy, nuestras propias versiones del soma permiten a decenas de millones de estadounidenses aislarse diariamente en sus ratoneras, adictivas trampas que generan un autismo autoinducido.
Estados Unidos consume el 80% de los opioides que se usan en todo el mundo, y más de 33.000 estadounidenses murieron en este país en 2015 por sobredosis de opiáceos. 300 millones de recetas suministradas y 24 mil millones de dólares gastados anualmente en los EE.UU. en analgésicos. Los estadounidenses complementan esta adicción, mayoritariamente legal, con más de 100 mil millones de dólares al año en consumo de marihuana, cocaína, metanfetamina y heroína ilícitas. Y casi 14 millones de adultos de EE.UU., uno de cada 13, abusan regularmente del alcohol.
Pero todo este dinero es mucho menos del que gastamos en juegos de azar. En 2013, los estadounidenses perdieron 119 mil millones en apuestas y 70 mil millones adicionales –300 dólares por adulto– en boletos de lotería.
Los gobiernos federal y estatal, que dependen de los ingresos fiscales provenientes del juego legal y de la venta de boletos de lotería, no hacen nada para detener la expansión de la industria del juego, con el costo económico y psicológico que representa para las personas con dificultades financieras. Según la Asociación Norteamericana de Loterías Estatales y Provinciales, los juegos de lotería administrados por el estado tuvieron unas ventas de 73.9 mil millones de dólares en 2015. Este ingreso es vital para los presupuestos afectados por la disminución de los ingresos, la desindustrialización y la austeridad. "Las loterías estatales proporcionaron más ingresos que los impuestos estatales a las ganancias corporativas en 11 de los 43 estados donde eran legales, incluidos Delaware, Rhode Island y Dakota del Sur", según Derek Thompson en The Atlantic. "El tercio más pobre de los hogares compra la mitad de todos los boletos de lotería", señaló. El juego es un impuesto sigilosamente aplicado a los pobres que esperan superar probabilidades casi imposibles. Los ingresos gubernamentales de los juegos de azar son un intento de compensar los impuestos que los ricos y las empresas ya no pagan.
Las máquinas tragamonedas y otros dispositivos electrónicos de juego están diseñados para atraernos a la madriguera del conejo de Alicia en el país de las maravillas. Ellos, al igual que nuestras computadoras personales y dispositivos portátiles, atienden al anhelo de huir del mundo opresivo de empleos sin futuro, deudas paralizantes, estancamiento social y un sistema político disfuncional. Finalmente, en trance por nuestra compulsión de lograr recompensas fugaces, intermitentes y dirigidas por la adrenalina, nos convertimos en ratas en la caja de Skinner, tirando frenéticamente de palancas hasta la adicción. Sucede a las personas lo mismo que a las palomas o las ratas en los experimentos de Skinner, no sabiendo cuándo obtendrán una recompensa, o cuánto ganarán, se vuelven adictas al manejo de las palancas o los pedales. De hecho, Skinner usó máquinas tragamonedas como una metáfora de sus experimentos.
Los ingenieros de la industria del juego en Estados Unidos son tan hábiles en generar adicciones como los cinco principales productores de opiáceos del país: Purdue Pharma, Johnson & Johnson, Insys Therapeutics, Mylan y Depomed. Hay 460 casinos comerciales, 486 casinos tribales (1), 350 salas de bingo, 55 hipódromos y cientos de miles de dispositivos de juego, muchos convenientemente ubicados en tiendas, estaciones de servicio, bares, aeropuertos e incluso supermercados.
La avalancha inducida de espectativas, disponible en ráfagas de 20 segundos, durante horas, días, semanas y meses crea una "zona" psicológica adictiva que la industria llama "productividad de juego continuo". Aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial. El tiempo, el espacio, el valor del dinero y las relaciones humanas se disuelven hipnóticamente. Se produce un estado de extremo aislamiento social.



Al igual que otras personas adictas, las que lo son al juego a menudo desembocan en la ruina, el crimen y la prisión. Muchas pierden todo: pareja, familia, trabajo, salud emocional y, a veces, la vida. Las personas adictas al juego tienen la tasa más alta de intentos de suicidio entre las adictas de cualquier otro tipo de adicción: 1 de cada 5, un 20 por ciento según el Consejo Nacional de Problemas de Juego.
Donald Trump es, en gran parte, fruto de la cultura del juego. Su carrera no ha consistido en fabricar productos, sino en vender experiencias intangibles y fugaces. Él aborda a los desesperados ofreciéndoles fantasías escapistas. Un mundo de purpurina, ruido y exageración: Trump llamó al Trump Taj Mahal –su casino ahora cerrado– "la octava maravilla del mundo". Cuanto más dinero gastabas, mayor era tu "valor", más te agasajaban, ofreciéndote habitaciones de hotel gratis, regalos y entradas a "clubes" especiales con lujosos buffets. Azafatas ligeras de ropa pululaban a tu alrededor y te servían bebidas gratuitas. Si gastabas grandes sumas eras invitado a fiestas exclusivas a las que asistían supermodelos y atletas famosos. Las fichas –algunas decoradas con la imagen de Donald Trump–, convertían el dinero en efectivo en una especie de dinero de Monopoly. Pero al final, cuando estabas en la ruina, cuando ya no había más dinero en tu cuenta bancaria y tus tarjetas de crédito estaban vacías, eras arrojado de vuelta a una angustia financiera aún mayor, al lúgubre universo que trataste esquivar.
Roger Caillois, el sociólogo francés, escribió que las patologías propias de una cultura determinada se ponen de manifiesto en los juegos que dicha cultura ensalza. Las viejas formas de juego, como el blackjack y el póker, permitían al jugador tomar riesgos y decisiones, e incluso, en su opinión, lograr una especie de personalidad heroica en la mesa de juego. Proporcionaban, por un breve espacio de tiempo, un camino para, por así decir, afirmar una identidad alternativa. Pero la forma más nueva, el juego mecánico, supone la eliminación de la voluntad, del yo. Las máquinas tragaperras, que producen el 85 por ciento de las ganancias en los casinos son, como escribió el sociólogo Henry Lesieur, un "dispositivo de engendrar adicciones". Son "la morfina electrónica", "la cocaína-crack del juego". No se trata de riesgo lúdico o de toma de decisiones, sino de producir sonambulismo, de situar al jugador en un trance que puede durar horas. Es un camino, como señala la socióloga Natasha Dow Schüll, para convertirse en un muerto viviente. Este anhelo por alcanzar un estado de no-ser es lo que Sigmund Freud llamó "la pulsión de muerte". Es el impulso abrumador de una persona deprimida y traumatizada que busca placer en una actividad autodestructiva que finalmente mata al organismo.
"No es la posibilidad de ganar la que les vuelve adictos –escribe Schüll en Addiction by Design: Machine Gambling en Las Vegas–, lo que les convierte en adictos es más bien un estado de suspensión de la conciencia, de disipación del mundo y de una ausencia propiciada por el juego con la máquina".



Los jugadores son observados y analizados de cerca por la industria del juego, pues el tiempo que éstos invierten en las máquinas aumenta las ganancias del casino. La ciencia destinada a mantener a las personas frente a las máquinas tragaperras, llamado por la industria "tiempo en dispositivo", ha llevado a la sofisticada creación de consolas ergonómicas, pantallas atractivas y cálidas, gráficos de video seductores y acústica de sonido envolvente.
La industria también invierte mucho en vigilancia y seguimiento. Los jugadores portan tarjetas que acreditan su constancia, tarjetas que insertan en las máquinas cuando juegan. Vinculadas a una base central de datos, estas tarjetas son utilizadas por la industria para crear perfiles de jugadores. El valor y la frecuencia de las apuestas son capturadas junto a las ganancias y las pérdidas. La industria sabe cuándo los jugadores toman descansos, dónde y qué comen en los casinos, qué beben y qué habitaciones de hotel seleccionan. Lentamente, los rasgos y los hábitos del jugador, triangulados con datos demográficos, se unen para permitir que la industria construya un perfil personal. Con dicho perfil, el casino determina en qué momento un jugador acumulará demasiadas pérdidas y fatiga como para alejarse de la máquina. Momentos antes de que alcance ese nivel de cansancio, una anfitriona aparecerá mágicamente con una bebida gratis, un cupón para una comida o unas entradas para un espectáculo. Los casinos también pueden utilizar los perfiles para calcular cuánto gastará un jugador en apuestas durante toda su vida.



La industria del juego ha sido un laboratorio humano de refinados controles, ahora incorporados a los órganos de seguridad y vigilancia del estado. "Muchas innovaciones de vigilancia y mercadotecnia usadas por primera vez en casinos fueron luego adaptadas a otros dominios –según Schüll–, incluyendo aeropuertos, oficinas de comercio financiero, centros comerciales de consumidores, agencias de seguros, bancos y programas gubernamentales como el Homeland Security". "Tienen un algoritmo que detecta tus puntos débiles, tanto de dolor como de placer". "La zona es un término que escuché a menudo cuando asistía a las reuniones de jugadores anónimos y hablaba con adictos a los juegos de azar. Estos describen un ritmo donde el tiempo, el espacio, el valor monetario y las otras personas se desvanecen. Se puede decir que ritmo o zona, son cosas muy diferentes de la emoción y el suspense del juego. Lo que los casinos han logrado realmente es ganar más dinero diseñando ellos mismos el espacio y ritmo de estas máquinas. La gente ni siquiera sabe que está perdiendo, simplemente se sientan allí nuevamente: es la hora de las máquinas".



Continúa Schüll: "Las máquinas tragaperras contemporáneas no contemplan las pérdidas". "Un matemático, diseñador de algoritmos propios de estos juegos, dijo trabajar en un algoritmo que te haga sentir como si estuvieras recostado en un sofá. Las curvas, el diseño y las luces suavemente pixeladas, pretenden que te sientes y te dejes arrastrar por el ritmo. Durante mucho tiempo en mi investigación no podía comprender el sentido de lo que muchos jugadores manifestaban. Ellos decían: "Es muy raro, pero a veces, cuando gano un gran premio, me siento enojado y frustrado". Comprendí que para lo que están jugando no es para ganar, sino para permanecer en el juego. Ganar interrumpe porque, de repente, la máquina se detiene y no le permite seguir. De todos modos ¿qué otra cosa vas a hacer con la ganancia sino volver a alimentar la máquina? Esto nos lleva a la modulación del estado de ánimo, a intervenir en el mismo utilizando tecnologías destinadas a sofocar ansiedades y a escapar del mundo. Es el auge de todas estas tecnologías basadas en pantallas y miniaturizados juegos en los que nos quedamos absortos. Es algo que no sólo lo vemos en Las Vegas, lo vemos en el metro todos los días. Lo que los jugadores persiguen realmente es escapar de sí mismos y de sus agobiantes problemas. Pierden tiempo, espacio, dinero y la sensación de estar en el mundo. ¿De qué se trata? ¿Qué significa eso? ¿Cómo diagnosticar eso?" 

"Es la otra cara de una increíble presión, experimentada como una pesada carga, para autogestionar, para tomar decisiones, para maximizar siempre la manera de vivir esta vida en modo emprendedor". "Hablamos de esto situándolo en el aspecto propio de la agenda neoliberal, que presiona al individuo para que sea él mismo el que se administre. En este caso, se administra, sí, pero lo está haciendo en sentido contrario a sus verdaderos intereses, pues realmente esto no es más que un modo ficticio de escapismo. No es una apuesta, es simple escapismo. Puedes verlo en sus caras. Las consecuencias éticas son terribles. Es depravación, una depravación en que las personas se ven constreñidas a ausentarse del mundo. En realidad, los jugadores no están tratando de ganar, son los casinos los que no cesan de generar ingresos. Hay una especie de asociación del casino con los jugadores, pero es una asociación completamente asimétrica. Los jugadores no quieren ganar, huyen hacia delante. Algunas personas han comparado a los jugadores con los trabajadores de las fábricas, alienados por la máquina. No lo veo de esa manera. Se trata más bien de una maquinaria diseñada para intervenir y sincronizar el deseo, en este caso de escapar, y beneficiarse de ello".
Trump captó este anhelo de escape y propició una versión actualizada de P.T. "Grand Traveling Museum, Menagerie, Caravan & Hippodrome" de Barnum. Trump utilizó sus habilidades como estafador para enriquecerse y para, posteriormente, alcanzar la presidencia.



"La gente ha denominado este fenómeno como ludocapitalismo, –continúa Schüll– fenómeno que, de alguna manera, se puede relacionar con la ludo-política que estamos viendo. El placer de obtener lo que quieras, y lo que quieres es escapar de la atroz corriente, desaparecer. Esto lo vemos con frecuencia en el ámbito político, en los mítines, en el sentimentalismo utilizado como distracción para evitar los auténticos problemas. Si observas la forma en que está diseñado un casino, y recuerdas que Trump ha diseñado de muchos, verás que incluso sus propiedades ajenas al casino siguen la misma lógica de desorientación, de intentar alejar a las personas de sí mismas y de su racionalidad, de alejarlas de cualquier línea clara de visión, y de poder actuar como sujetos responsables en la toma de decisiones. Eso lo ves tanto en los casinos, como en la retórica política de hoy”.
El estado corporativo propicia nuestro acceso a una extensa variedad de opiáceos destinados a un anonadamiento que alivia temporal y engañosamente nuestra pobreza, nuestro estrés, nuestra depresión y ansiedad. Ayudado por los gobiernos estatales y locales, construye nuevos palacios de placer. Atrae a millones de personas a sus brillantes y seductoras Venus atrapamoscas. Se asegura de que tengamos retiros tentadores al alcance de la mano para lograr una experiencia de muerte en la vida. Gran parte de la sociedad está siendo inducida a dormir. Aquellos que se niegan a convertirse en zombis, que se levantan para resistir, son silenciados con la herramienta más burda de la que el estado corporativo dispone para la sumisión: la fuerza.

(1) https://polivalencia.com/los-casinos-indios-en-estados-unidos-2/