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ALBA – 11/06/2021
El 6 de abril de 1984, un
grupo de hombres disfrazados con uniformes de policía llegaron a la
casa de Milcíades Contento en el pueblo de Viotá, Colombia.
Contento era un campesino, comunista y miembro de la Unión
Patriótica (UP), un nuevo partido político experimental nacido en
1985 durante las negociaciones de paz entre el presidente conservador
Belisario Betancur y las guerrillas de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC). Los hombres tomaron a Contento,
lo amarraron y se lo llevaron. Al día siguiente su cuerpo fue
encontrado en una aldea cercana.
El asesinato de Milcíades
Contento marcó el inicio de una campaña de exterminio que duró dos
décadas. De 1984 a 2002, al menos 4 mil 153 miembros —incluyendo
2 candidatos a la presidencia, 14 parlamentarios, 15 alcaldes, 9
candidatos a alcalde, 3 miembros de la cámara de representantes y 3
senadores— fueron asesinados
o desaparecidos,
en lo que la justicia colombiana denominó como «genocidio
político». De acuerdo con datos presentados a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, la purga tuvo como resultado más
de 6 mil víctimas a través de asesinatos, desapariciones, torturas,
desplazamientos forzados y otras violaciones a los derechos humanos.
Desde mayo 1984 hasta diciembre 2002, no pasó ni un mes sin un
asesinato o desaparición de un miembro de la UP. Cuando en 2002
Álvaro Uribe fue elegido presidente, la Unión Patriótica ya había
sido completamente acabado, por lo que fue destituido y despojado de
su estatus legal.
De acuerdo a una reciente
investigación del reconocido periodista colombiano Alberto Donadio,
el exterminio de la Unión Patriótica fue ideado por el sucesor de
Betancur, el presidente Virgilio Barco Vargas, implementando un plan
elaborado por uno de los espías más condecorados en la historia
israelí, Rafael ‘Rafi’ Eitan.
Las revelaciones subrayan
la relación fundamental que se ha ido desarrollando entre Israel y
Colombia, principales aliados de Estados Unidos en el Medio Oriente y
América Latina respectivamente. Ambos países han probado armas y
estrategias militares que han exportado durante mucho tiempo en todo
el mundo. Tras el éxito que supuso el Plan Colombia del gobierno de
Estados Unidos a la hora de debilitar el movimiento guerrillero de
las FARC, éste ha sido aclamado como un modelo de contrainsurgencia
exportable para implantar en otros lugares, desde México a
Afganistán. Israel, por su parte, mantiene los laboratorios de
represión y pruebas de armas más grandes del mundo en la ocupada
Cisjordania y la Franja de Gaza, donde tiene a una población cautiva
de varios millones de palestinos.
La presencia de Rafi
Eitan en Colombia ahondó la creciente alianza de los socios menores
del imperio estadounidense. Pese a algunos escándalos, la relación
Israel-Colombia sólo se ha fortalecido a lo largo de los años. Bajo
el presidente Iván Duque, los dos países han renovado los lazos y
el personal militar israelí ha capacitado a sus homólogos
colombianos en «contraterrorismo».
Sin embargo, la masacre
sistemática de la UP sigue siendo uno de los casos más extremos de
violencia política en Latinoamérica. La escala de asesinatos es
especialmente notable porque, a diferencia de muchos de los regímenes
más sangrientos de la década de 1980 respaldados por Estados
Unidos, Colombia nunca se convirtió en una dictadura. El asesinato
de la UP, conocido entre sus autores como El Baile Rojo, tuvo lugar
en una ostensible «democracia».
https://www.youtube.com/embed/AMQng34vHJc
«Todo el trabajo de
inteligencia es una asociación con el crimen»
Involucrado en el
espionaje israelí desde el establecimiento del estado, Eitan es
recordado principalmente por capturar al criminal de guerra nazi
Adolf Eichmann en Argentina. Sin embargo, también jugó un papel
central en varias de las operaciones más desagradables del Mossad.
«Todo el trabajo de inteligencia es una asociación con el crimen.
La moral se deja a un lado», comentó
una vez Eitan.
En 1965, Eitan aconsejó
al rey marroquí Hassan II sobre cómo secuestrar y asesinar al
político de izquierda Mehdi Ben Barka.
Durante una misión
del Mossad en 1983 en Estados Unidos, se disfrazó de fiscal
asistente del Ministerio de Justicia israelí y se reunió con el
inventor del software de vigilancia PROMIS. Después de una visita al
Departamento de Justicia, Eitan obtuvo
el software e hizo que un israelí que trabajaba en Silicon Valley
instalara una «puerta trasera» (backdoor) en el programa. El
agente del Mossad Robert Maxwell (padre de Ghislaine Maxwell, la
notoria traficante sexual de niños y cómplice de Jeffrey Epstein)
vendió la tecnología PROMIS a docenas de países de todo el mundo,
incluida Colombia. Esto le dio a Israel acceso sin restricciones a la
inteligencia que el programa recopiló en todos los países que lo
usaban, amigos y enemigos por igual.
Eitan, en el centro,
habla con Benjamin Netanyahu y otros líderes israelíes en una
exhibición Knesset sobre su vida (Foto: Sebastian Scheiner / AP)
En 1985, Eitan inició
una operación de espionaje contra el principal aliado de Israel:
Estados Unidos. El equipo de Eitan reclutó a Jonathan Pollard, el
analista judío-estadounidense del Servicio de Inteligencia Naval,
quien pasó a entregar 800 documentos clasificados de inteligencia
militar relacionados con las capacidades militares de los Estados
árabes, Pakistán y la Unión Soviética. Seymour Hersh informó que
los documentos sobre las capacidades de inteligencia de Estados
Unidos se pasaron a la Unión Soviética a cambio de la liberación
de judíos soviéticos.
Según una evaluación
de daños desclasificada de la CIA, Eitan instó a Pollard a
obtener material sobre señales de inteligencia y «cotilleo sobre
figuras políticas israelíes, cualquier información que
identificara a los funcionarios israelíes que estaban proporcionando
información a los Estados Unidos y cualquier información sobre las
operaciones de inteligencia estadounidenses dirigidas contra Israel».
Según un documento judicial, Pollard rechazó algunas de las
solicitudes de Eitan «porque sospechaba que Eitan usaría esos
estudios para un chantaje político indebido».
El descubrimiento de la
operación de espionaje llevó a Pollard a prisión. Los fiscales
federales de Estados Unidos nombraron
a Eitan como uno de los cuatro conspiradores, pero se negaron a
presentar cargos. Con Eitan convertido en una vergüenza nacional,
éste regresó a Israel, para nunca volver a poner un pie en Estados
Unidos.
Sin embargo, el estatus
de élite de Eitan le aseguró el aterrizaje en una posición cómoda.
En la década de 1970, trabajó como adjunto de Ariel Sharon,
entonces asesor de seguridad nacional del primer ministro Yitzhak
Rabin. Cuando Sharon se convirtió en general del ejército, éste
organizó el nombramiento de Eitan como presidente de Israel
Chemicals, la empresa estatal más grande del país. Este nuevo
puesto dejó a Eitan con mucho tiempo libre para aprovechar su
experiencia en operaciones negras y ocupar un puesto como asesor
clandestino de seguridad nacional del presidente de Colombia,
Virgilio Barco Vargas. Con la Unión Patriótica comenzando a
confluir en un partido político formidable, Barco buscaba cualquier
forma de detenerlos. La experiencia vital de Eitan en la guerra
contra la población campesina palestina lo convirtió en el hombre
perfecto para este trabajo.
Eitan va a Colombia
En 1985, el presidente
colombiano Belisario Betancur y los rebeldes de las FARC negociaron
un acuerdo de paz para poner fin a casi tres décadas de conflicto
armado. El acuerdo formalizó la creación de la Unión Patriótica y
vio a exguerrilleros unirse a comunistas, sindicalistas, juntas de
acción comunal e intelectuales de izquierda para formar un partido
que integraría a las FARC en el sistema político electoral.
Mientras las negociaciones estaban en marcha, los miembros de la
Unión Patriótica estaban siendo asesinados. En mayo de 1986, el
líder del Partido Liberal, Virgilio Barco, ganó la presidencia.
Poco después de asumir el cargo, el ritmo de asesinatos de miembros
de UP se disparó: unos 400 fueron asesinados sólo en los primeros
14 meses de su mandato.
Según una investigación
de Donadio, Barco llevó en secreto al veterano agente del Mossad
Rafi Eitan a Colombia el 7 de agosto de 1986, en busca de consejo
sobre cómo derrotar a las FARC. Después de una reunión clandestina
inicial en el palacio presidencial de Colombia, Eitan pasó meses
recorriendo el país con asesores colombianos, financiados en secreto
por la empresa colombiana Ecopetrol.
Durante la segunda
reunión, el presidente Barco explicó la recomendación de Eitan al
secretario general Germán Montoya y a una figura del alto mando
militar presente. Eitan incluso se ofreció a llevar a cabo él mismo
los asesinatos a cambio de aumentar sus honorarios, pero el
comandante militar rechazó su oferta, insistiendo en que una fuerza
totalmente colombiana los llevaría a cabo.
Durante décadas, el
papel de Eitan en el genocidio colombiano estuvo a la vista, incluso
cuando su presencia pasó desapercibida para los medios de
comunicación. La edición del 1° de febrero de 1987 del periódico
colombiano El Espectador presentó un informe protegido sobre la
contratación de Eitan, señalando que fue traído por su experiencia
en «contrainsurgencia». En 1989, los periodistas veteranos Yossi
Melman y Dan Raviv informaron en The Washington Post que el
israelí había sido contratado como asesor de seguridad nacional del
gobierno de Colombia.
Un reporte Un informe
ahora enterrado de la edición de febrero de 1987 de ‘El
Espectador’ en español sobre la contratación de Eitan (Foto:
MintPress News)
Cuando Donadio comenzó a
buscar documentación sobre el papel de Eitan, encontró
un memorando y un borrador de contrato con una firma de seguridad
israelí llamada «Ktalav Promotion and Investment Ltd» (KPI) en los
archivos del secretario legal de Barco, Fernán Bejarano Arias, quien
es hoy vicepresidente de asuntos legales en Ecopetrol. El documento
valoró el trato en casi 1 millón de dólares, incluyendo una tarifa
de 535 mil 714 dólares, que cubría «hasta 50 boletos para
transporte aéreo, ida y vuelta, en la ruta Tel Aviv-Bogotá», entre
otros gastos. El memorando indica que partes del contrato fueron
pactadas con el abogado Ernesto Villamizar Cajiao.
Cuando Donadio se puso en
contacto con Villamizar y le preguntó sobre el contrato con KPI,
aunque sin mencionar el nombre del espía del Mossad, Villamizar le
respondió con una pregunta: «¿Rafi Eitan?».
Pese a que Eitan trató
de mantener discretas sus actividades en Colombia, un perfil en la
revista israelí Makor Rishon reveló que desempeñó un papel
central en la compra de marzo de 1989 de 20 aviones de combate Kfir
israelíes. Eitan «organizó una visita de altos mandos del ejército
de Colombia, una visita que fue seguida por los colombianos que
ordenaron muchas cosas a la fuerza aérea [israelí], y le reportó
muchos beneficios a Israel, pero a él mismo no se le permitió
participar en la reunión». Después de la compra, Colombia envió
varios pilotos a Israel para recibir capacitación. Los aviones
volaron en numerosas operaciones contra las FARC durante las tres
décadas siguientes.
Yair Klein llega a
Colombia
Para los colombianos,
otro israelí es bien conocido por su papel en las acciones de los
escuadrones de la muerte que han plagado al país desde la década de
1980. Mientras Eitan asesoraba al presidente Barco, un mercenario
israelí llamado Yair Klein había llegado a Colombia para entrenar a
narcoparamilitares sobre cómo derrotar a la insurgencia de las FARC.
Oficial militar retirado,
Klein fundó una empresa de mercenarios llamada Hod Hahanit (Punta de
lanza) en 1984, sacados de los grupos de ex policías israelíes y
unidades de operaciones especiales.
Yair Klein aparece en la
corte israelí en 1989 (Foto: Rachamim Shaul / The National Library
of Israel)
Según el libro All
Is Clouded by Desire: Global Banking, Money Laundering, and
International Organized Crime, este grupo de mercenarios
alcanzó su primer acuerdo a cuenta de la guerra civil en el Líbano,
suministrando ayuda a las notoriamente brutales milicias cristianas
falangistas, la misma fuerza que masacró entre 800 y 3 mil 500
refugiados palestinos en los campamentos de Sabra y Chatila bajo la
supervisión militar directa de Israel en septiembre de 1982.
En 1987, Klein aterrizó
en Colombia para reunirse con el teniente coronel israelí Yithzakh
Shoshani y otro connacional, Arik Afek, quienes se habían
establecido años antes en el país latinoamericano tras conseguir
lucrativos acuerdos de venta de equipo militar. Posteriormente,
Shoshani se convirtió en el mediador principal entre Klein y sus
clientes colombianos.
En 1990, el cuerpo en
descomposición del israelí Afek fue encontrado con múltiples
heridas de bala en el maletero de un automóvil en el Aeropuerto
Internacional de Miami después de que un peatón notase el olor.
Según los informes, la CIA lo estaba investigando y las autoridades
colombianas lo buscaban.
En una entrevista
telefónica, Klein me aseguró que su trabajo fue a través del
Ministerio de Defensa israelí y el fabricante de armas de propiedad
estatal, Israel Military Industries (IMI), que a su vez tenía
un contrato con una empresa colombiana de vigilancia de datos
obtenido a través del Ministerio de Defensa de Colombia. Además
precisó que originalmente fue contratado para brindar seguridad a
las operaciones de cultivo de cambures [bananas] en la región de
Urabá, donde la empresa estadounidense American Fruit Company
había pagado millones de dólares a los escuadrones de la muerte
colombianos.
Shoshani, explicó,
trabajaba para una empresa llamada AMKAN, que es una subsidiaria de
IMI. La Federación Colombiana de Ganaderos, conocida desde hace
mucho tiempo por sus vínculos
con los paramilitares, se puso en contacto con Shoshani para que
Eitan entrenara una fuerza para luchar contra la guerrilla.
Con Shoshani guiándolo,
Klein regresó a Israel en 1988 y se reunió con las principales
figuras militares y paramilitares, así como con empresarios
adinerados. Todo esto, me aseguró Klein, se hizo con pleno
conocimiento del gobierno israelí. «No se puede hacer nada sin el
permiso del Ministerio de Defensa», dijo.
La declaración de Klein
invalida la afirmación del entonces ministro de Defensa Yitzhak
Rabin, quien le
dijo a la Agencia Telegráfica Judía que el Ministerio de
Defensa israelí le había negado una licencia a la compañía de
Klein y le advirtió que abandonara el país.
Líder del escuadrón
de la muerte: «Aprendí infinidad de temas en Israel»
Klein llevó a cabo tres
sesiones de formación, cada una para unas 30 personas. Lo asistieron
tres entrenadores, todos coroneles del ejército israelí: Tzadaka
Abraham, Teddy Melnik y Amatzia Shuali.
Klein entrenó a los
hermanos Carlos y Fidel Castaño, los líderes de escuadrón que
luego formarían las notoriamente violentas Autodefensas Unidas de
Colombia (AUC). Bajo el patrocinio de ricos terratenientes,
narcotraficantes, ganaderos, políticos y militares colombianos, las
AUC cometieron masacres espeluznantes en todo el país, incluso
utilizando motosierras para asesinar y desmembrar a los campesinos,
todo ello con el objetivo de aterrorizar a las comunidades para que
huyeran de sus tierras. Naciones Unidas estimó en 2016 que las AUC
fueron responsables del 80% de las muertes en el conflicto.
Eventualmente Carlos
Castaño fue asesinado, supuestamente por su hermano Vicente, otro
poderoso líder paramilitar. Y, aunque las AUC se desmovilizaron
oficialmente en 2007, los paramilitares pronto se reconfiguraron bajo
diversas banderas y nuevas formaciones, manteniéndose estrechamente
vinculados al Estado y los intereses empresariales.
Miembros de las AUC
entrenados por israelíes asisten a una ceremonia de desmovilización
en Cristales, Colombia (Foto: Luis Benavides / AP)
Pero la influencia de
Israel en los escuadrones de la muerte de Colombia no se debe solo al
entrenamiento de Klein. En su autobiografía, el fundador de las AUC,
Carlos Castaño, escribió que había estudiado entre 1983 y 1984 en
la Universidad Hebrea de Jerusalén y en escuelas militares
israelíes. Castaño describió el entrenamiento en armamento y
tácticas avanzadas que recibió y que se convertiría en la base de
la guerra del paramilitarismo colombiano contra los agricultores:
«Recibí instrucción
sobre estrategias urbanas, cómo protegerse, cómo matar a alguien o
qué hacer cuando alguien intenta matarte. (…) Aprendimos cómo
detener un vehículo blindado y usar granadas de fragmentación para
entrar en un objetivo. Practicamos con varios lanzagranadas y
aprendimos a realizar tiros precisos con RPG-7 o disparar un
proyectil de cañón a través de una ventana».
Castaño también
«recibió clases de cómo el mundo de los negocios de las armas
funciona y cómo comprar armas».
Además del entrenamiento
militar que recibió, Castaño asegura que su tiempo en Israel
revolucionó toda su cosmovisión. Durante ese período, el futuro
asesino en masa se convirtió en un ferviente admirador del sionismo
y se convenció de que era posible acabar con la insurgencia en
Colombia:
«Admiro a los judíos
por su valentía al enfrentar el antisemitismo, su estrategia de
supervivencia en la diáspora, la seguridad de su sionismo, su
misticismo, su religión, y sobre todo por su nacionalismo… Aprendí
infinidad de temas en Israel y [a] ese país le debo una parte de mi
cultura, mis logros tanto humanos como militares, y, aunque me
repito, no aprendí sólo sobre entrenamiento militar en Israel.
«Fue allí donde me
convencí de que era posible derrotar a la guerrilla en Colombia.
Empecé a ver cómo un pueblo podía defenderse del mundo entero.
Comprendí cómo involucrar a alguien que tenía algo que perder en
una guerra, convirtiendo a esa persona en el enemigo de mis enemigos.
De hecho, la idea de las armas de ‘autodefensa’ la copié de los
israelíes; cada ciudadano de ese país es un soldado en potencia».
Klein también entrenó
a Jaime Eduardo Rueda Rocha, quien en 1989 asesinó al candidato
presidencial del Partido Liberal Luis Carlos Galán, el gran favorito
para ganar las elecciones. Klein no solo había entrenado al asesino,
sino que el arma que utilizó Rueda era parte de un envío que Klein
orquestó de 500 ametralladoras fabricadas en Israel desde Miami al
cartel de la droga de Medellín, según un informe de 1989 del Comité
de Relaciones Exteriores del Senado. (En 2016, Miguel Alfredo Maza
Márquez, jefe del entonces Departamento Administrativo de Seguridad
(DAS) de Colombia, fue declarado culpable por su participación en el
complot para asesinar a Galán y sentenciado a 30 años de prisión.
Desde entonces, ha declarado que miembros de alto rango del ejército
planearon el asesinato de Galán.)
Mientras las revelaciones
de que un oficial de reserva militar había estado entrenando
escuadrones de la muerte crearon un escándalo internacional, el
gobierno israelí presentó cargos y condenó a Klein por exportar
ilegalmente armas y experiencia militar.
En 2001, el gobierno
colombiano juzgó a Klein y lo sentenció a 11 años de prisión. En
2007, Klein fue arrestado en Moscú con una orden emitida por
Interpol y pasó tres años en prisión. Colombia solicitó su
extradición, pero en noviembre de 2010 la Corte Europea de Derechos
Humanos (CEDH) dictaminó que Colombia no podía garantizar su
seguridad física. El gobierno ruso cumplió con la decisión del
CEDH y liberó a Klein, lo que le permitió regresar a Israel. Desde
entonces, Colombia ha solicitado su extradición, pero el gobierno
israelí la ha negado.
La empresa de Klein, Hod
Hahanit, se mantiene activa
hoy en día.
¿Un esfuerzo
conjunto?
Aunque la investigación
pionera de Donadio ha creado polémica en Colombia, no responde si
las operaciones simultáneas y respectivas de Rafi Eitan y Yair Klein
para asesorar al gobierno y a los escuadrones de la muerte fueron un
esfuerzo conjunto o una mera coincidencia.
Por su parte, el abogado
Ernesto Villamizar le dijo a Donadio que Eitan y Klein no tenían
nada que ver el uno con el otro.
Klein corroboró su
declaración, diciendo que no tenía conocimiento de ninguna de las
actividades de Eitan en Colombia.
Sin embargo, un artículo
de AP hace referencia a un informe de los medios israelíes que
asegura que Rafi Eitan (deletreado Eytan en el artículo) estaba en
Colombia al mismo tiempo que Klein y se fue días antes de que el
pistolero armado y entrenado por él asesinara al candidato
presidencial Luis Carlos Galán:
«[El informe de los
medios] dijo que Rafael Eytan, un experto en contraterrorismo
israelí, negó las sugerencias de que era consultor de empresas
israelíes que operan en Colombia y dijo que había cortado todos los
vínculos comerciales con ese país.
«Según el informe,
Eytan confirmó que voló a Colombia hace una semana por motivos
privados».
Más allá de la vaga
sugerencia de ese artículo, no hay una prueba clara que justifique
una conexión entre Eitan y Klein. De alguna manera, es aún más
notable que dos israelíes que asesoraban al gobierno colombiano en
el asesinato masivo de sus oponentes políticos estuvieran operando
independientemente y sin el conocimiento del otro.
Las relaciones
Israel-Colombia se enfrían
Después de las
consecuencias del entrenamiento de los paramilitares colombianos por
parte de los israelíes, la relación entre los dos principales
aliados de Estados Unidos se enfrió, según los cables diplomáticos
estadounidenses publicados por WikiLeaks. Pero a medida que se
implementó el Plan Colombia, Israel y Colombia intensificaron una
vez más sus colaboraciones.
En diciembre de 2006, el
Ministerio de Defensa de Colombia contrató a otra empresa privada de
seguridad israelí conocida como Global CST para «ayudar al GOC
[Gobierno de Colombia] a realizar una evaluación estratégica del
conflicto interno». Global CST está dirigido por Israel Ziv, un
oficial de carrera que, como Yair Klein, aprovechó su experiencia
militar en una carrera rentable asesorando y entrenando a déspotas
en todo el mundo.
«El general Ziv era un
conocido personal del entonces ministro de Defensa Juan Manuel
Santos», señala el cable. William Brownfield, entonces embajador de
Estados Unidos en Colombia, comentó que «Ziv se abrió camino en la
confianza del exministro de Defensa Santos al prometer una versión
más barata de la asistencia del USG [Gobierno de Estados Unidos] sin
nuestras condiciones».
Bajo Santos, Colombia
buscó comprar el Hermes-450 de Israel, un dron en desarrollo
utilizado durante la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza, y
en guerras contra el vecino Líbano.
Sin embargo, según el
cable diplomático, las relaciones entre Tel Aviv y Bogotá se
deterioraron nuevamente después de que se supo que el intérprete de
Global CST y ciudadano israelí nacido en Argentina, Shai Killman,
«había hecho copias de documentos clasificados del Ministerio de
Defensa de Colombia en un intento fallido de venderlos a las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia». Estos documentos contenían
«información de base de datos de objetivos de alto valor (HVT)»,
una referencia al liderazgo de las FARC que la CIA ayudó al gobierno
colombiano a asesinar. Las consecuencias resultantes, combinadas con
la presión de Estados Unidos, obligaron a Colombia a cancelar el
contrato de compra de drones israelíes.
A pesar de las tensiones
durante décadas en la relación, los dos países han mantenido
fuertes lazos. En 2016, el entonces embajador de Israel en Colombia,
Marco Sermoneta, se jactó de que Colombia era el principal receptor
de ayuda israelí.
Al año siguiente, cuando
comenzó el exterminio de líderes sociales y excombatientes,
asesores militares israelíes visitaron bases militares colombianas
para impartir cursos de capacitación en «seguridad».
Otro genocidio
El presidente Iván
Duque, el sucesor elegido a dedo por el expresidente de extrema
derecha Álvaro Uribe, ha trabajado asiduamente para fortalecer los
lazos de Colombia con Israel. En marzo de 2020, apareció en la
Conferencia de Acción Política Estadounidense de Israel,
presumiendo de sus vínculos con Israel. Meses después, Duque y el
primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunciaron el
lanzamiento del Tratado de Libre Comercio Israel-Colombia.
Mientras tanto, Duque ha
socavado y atacado el histórico acuerdo de paz de 2016 a cada paso,
haciendo la vista gorda ante el asesinato masivo de guerrilleros
desmovilizados de las FARC, sindicalistas, defensores de derechos
humanos, activistas ambientales y líderes sociales, un escenario que
recuerda inquietantemente al genocidio político de la Unión
Patriótica.
En lugar de un espía
veterano que asesora al gobierno colombiano, Israel ahora tiene una
presencia oficial. En enero de 2020, el general de brigada militar
israelí Dan Glodfus visitó una base militar colombiana para
reforzar los lazos entre los dos países. En medio de una serie de
masacres en septiembre de 2020, Israel envió a 10 instructores para
entrenar a las Fuerzas Especiales colombianas en «contraterrorismo».
Con el reciente asesinato
de Francisco Giacometto Gómez, anciano activista y miembro fundador
de la Unión Patriótica, la antigua campaña contra la UP y la
matanza actual parecen indistinguibles.
Dan Cohen es el
corresponsal en Washington DC de Behind The Headlines.
Este artículo fue
publicado originalmente en inglés en Mint Press News el 2 de
junio de 2021, la traducción para Misión Verdad fue realizada por
George Isaac Simam.