"Hitler, con un puntero, va señalándo en un mapa las naciones de Europa, a la vez que explica a su estado mayor el destino que, según su criterio, le corresponde a cada una de ellas. El puntero va recorriendo el mapa hasta que, de pronto, se detiene en España. El Führer queda pensativo unos segundos, vuelve la cabeza y, con voz firme, dice a sus oficiales: ¡España, para recreo!
Hitler acababa de profetizar el destino de este país. En 1986, cincuenta años después, España entraba en la Comunidad Europea, la Europa de los banqueros, multinacionales agroalimentarias y especuladores inmobiliarios y de todo tipo".
Francisco Jurdao Arrones, Del eurofelipismo al desierto (1993).
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