19 octubre, 2026

Zelensky: héroe para la UE, payaso para Trump, terrorista para Putin ­— Dr. Brovkin

 


Transcripción del vídeo del Dr. Brovkin titulado: "Zelensky: un héroe para la UE, un payaso para Trump, un terrorista para Putin".


Bienvenidos a «Historia y política con el Dr. Brovkin». Hoy, queridos amigos, suscriptores y visitantes de mi canal, me gustaría hablar sobre Zelensky en Bruselas. Tengo tres cuestiones que quisiera destacar hoy para, en cierto modo, arrojar luz sobre lo que está ocurriendo.


La primera cuestión es si la Unión Europea puede, efectivamente, mantener a Zelensky —o, digamos, al régimen ucraniano— en el poder. Esa es la pregunta clave. La segunda es: cuáles serán para Zelensky las consecuencias políticas de su disputa y agrio conflicto con el presidente Trump. Y la tercera consiste en una breve actualización sobre la situación militar en Ucrania, especialmente dado que hoy Putin ha hablado al respecto en la televisión rusa.


Vayamos directamente al primer punto: ¿qué está ocurriendo con Zelensky en Bruselas? Se celebró una importante reunión de los jefes de Estado de la Unión Europea en la que se debatió el presupuesto y, como es habitual, Zelensky intentó ser el centro de toda atención. A primera vista, todo parecía seguir como siempre: abrazos, besos, discursos, entrevistas... Zelensky se encontraba en su elemento, siendo el foco de atención, recibiendo los aplausos de los presentes, concediendo entrevistas, guiñando un ojo, sonriendo y haciendo todo tipo de histriónicos gestos. Todo transcurría tal y como a él le gusta, como si nada hubiera cambiado. Pero la realidad es que las cosas sí han cambiado. El mensaje que Zelensky transmitió a la UE —ya no centrado en que está ganando la guerra o en que está obligando a Rusia a sentarse a negociar— es muy sencillo: más dinero, más armas y más sanciones contra Rusia. Además, añadió algo nuevo: si la Unión Europea no accede a sus peticiones, aseguró que 20 millones de refugiados ucranianos llegarán a Europa; y, acto seguido, el ejército ruso invadirá el continente, convertirá a todos sus habitantes en esclavos, lo destruirá todo, etcétera. Ese es, en esencia, su mensaje.




Los líderes de la Unión Europea —ya saben, esos europeos tan corteses— han estado dándose abrazos, besos y todo lo demás. Como de costumbre, se han mostrado unidos en torno a Ucrania, reiterando que el país seguirá siendo una prioridad y prometiendo más fondos, más armamento, etcétera. Pero aquí está la cuestión: si contrastamos esto con la realidad, vemos que la situación no encaja en absoluto con las fantasías de Ursula von der Leyen y Kaja Kallas. Se han entregado a Ucrania 2.500 millones de dólares —de los 45.000 millones prometidos para este año, de los cuales ya se habían desembolsado 28.000 millones—, y, supuestamente, hay otros 45.000 millones previstos para el próximo año. Sin embargo, Zelensky quiere más; según sus cálculos, necesita otros 70.000 millones adicionales, sumados a los 45.000 millones de este año y al total de 90.000 millones comprometidos anteriormente. Cabe recordar que esos 90.000 millones debían reembolsarse mediante reparaciones de guerra por parte de Rusia. Pero para los líderes europeos resulta cada vez más evidente que no habrá tales reparaciones, porque Rusia no va a ser derrotada; de hecho, si alguien va a ser derrotado, será Ucrania. En otras palabras —y esta es la clave, queridos amigos—, Europa no tiene dinero propio; su única opción es endeudarse en los mercados de bonos.


Por otro lado, tenemos a Macron y al polaco Sikorski, ambos hablando de lo mucho que es necesario ayudar a Ucrania. Pero analicemos la situación política en estos países. Macron, apenas un día después de abandonar Bruselas, se encuentra hoy rodeado por todas partes de estudiantes en pie de guerra. En Francia se está produciendo, prácticamente, una revolución: hay enfrentamientos callejeros en todas las grandes ciudades y cientos de miles de personas en las calles, y ya no se trata sólo de estudiantes. El movimiento de los «chalecos amarillos» ha resurgido, y la catástrofe financiera de Francia es indescriptible —un tema que, por sí solo, merecería un análisis serio y detallado—. Macron no tiene dinero para destinar a Ucrania, ni siquiera para ajustar las pensiones. Y, quizás lo más importante: Marine Le Pen anunció ayer que, de resultar elegida presidenta, no destinará absolutamente ningún fondo a Ucrania. Y no es por falta de simpatía hacia Ucrania, sino porque Francia simplemente no tiene dinero. Que sean otros países, con más recursos, quienes asuman esa carga.


Por otra parte, resulta interesante señalar que España atraviesa actualmente una crisis, con jóvenes que protestan y se manifiestan contra el costo de la vida. Sin embargo, Sánchez se pronunció a favor de Ucrania y de su integridad territorial. Me pregunto: ¿por qué le preocupa tanto la integridad territorial? Posiblemente se trate de una preocupación relacionada con Cataluña. Si Cataluña se separara, se estaría vulnerando un «tabú» intocable: la integridad territorial de España. Pero permítame recordarle, señor Sánchez, que el Donbás no es Ucrania, basta con estudiar la historia. Ucrania lo recibió en 1922 de manos del camarada Lenin. Las fronteras cambian —es algo natural—, y la población rusa del Donbás votó a favor de separarse de la Ucrania «banderista» (en 2015, de hecho); por tanto, no estamos ante una cuestión de integridad territorial.


Por último, una mención sobre Merz, quien ha estado diciendo —ya saben— que sigue apoyando a Ucrania. Ayer, Alice Weidel pronunció un discurso en el Bundestag en el que detalló la cantidad de miles de millones que se han destinado a Ucrania, mientras muchas personas pierden sus empleos y la industria se desploma. Además, planteó que, si Estados Unidos —bajo el mandato de Trump— puede comprar diésel ruso, entonces Alemania también debería hacerlo, y propuso extender esto no sólo al petróleo, sino también al gas. Esto significa, queridos amigos, que las tendencias políticas en Francia y Alemania —representadas por figuras clave que actualmente están en la oposición y que bien podrían llegar al poder (en Francia el próximo año, y en Alemania al siguiente)— se oponen a la línea de acción actual que, a pesar de todo, siguen defendiendo Ursula von der Leyen y Kaja Kallas. Para cerrar este punto, añadiré que Europa no tiene dinero y que lo único que hace es endeudarse. Pero no es posible endeudarse eternamente. Precisamente esto es lo que ha metido a Macron en problemas: ha recurrido al endeudamiento —creo que por valor de tres mil millones en los dos últimos años—, lo cual resulta insostenible. Además, en una democracia, un déficit presupuestario no puede simplemente ocultarse, debe ser aprobado por el Parlamento, una cámara que él no controla.


Hablemos ahora un poco sobre el caso de Zelensky y Trump. Ya conocen todos los detalles, así que no hace falta que los repita. Lo que quiero señalar es que, mientras los líderes europeos ensalzan a Zelensky como un héroe, el presidente de los Estados Unidos lo califica de «hombre de circo». Lo tilda de ladrón y, en un discurso público, mencionó que se habían entregado miles de millones de dólares a Ucrania —a Zelensky—, preguntándose: «¿Dónde está ese dinero?». Acto seguido, él mismo responde en nombre de Zelensky: «Estas armas se vendieron en los mercados mundiales». En resumen, la brecha entre Estados Unidos y Europa respecto a Zelensky es absoluta y total. Es más, fue en Bruselas donde Zelensky tachó a Trump de «traidor» —alegando haber sido traicionado—, y sus colaboradores fueron aún más lejos. Ni siquiera puedo repetirles lo que dicen sobre Trump. La consecuencia política es que, a mi parecer, la ruptura es definitiva. No creo que se pueda disimular endulzando la imagen de Zelensky —como ocurrió en septiembre de 2025, cuando los líderes de la UE acudieron en masa a Washington para intentar convencer a Trump de que apoyara a Zelensky—. Esto se ha acabado. No tiene vuelta atrás. La ruptura es total y definitiva, y el apoyo de Estados Unidos a Zelensky va a desaparecer, de hecho, ya prácticamente ha cesado. Esto conlleva repercusiones políticas, sobre todo porque Zelensky desafió abiertamente al presidente Trump al afirmar que los ataques ucranianos contra instalaciones petroleras rusas continuarán.


Y así, abordamos el tercer punto de la discusión de hoy: las consecuencias de este conflicto y este enfrentamiento con el presidente Trump para la situación interna en Ucrania, tanto en el plano político como en el militar. En el vídeo anterior hablé de ciertos sectores en torno al señor Goncharenko, sectores que ahora abogan por limitar las pérdidas y llegar a un acuerdo con Rusia. Goncharenko ha sido marginado y expulsado de su partido. Es evidente que la élite gobernante en Ucrania aún no está dispuesta a aceptar este punto de vista. Sin embargo —y esto ocurrió justo ayer—, la señora Skorokhod, miembro del Parlamento (la Rada) y quien suele ofrecer análisis muy interesantes sobre la política ucraniana, afirmó que personas muy cercanas a Zelensky pretenden derrocarlo. Se trata de una declaración bastante sorprendente, aunque no especificó quiénes son estas personas ni por qué quieren derrocarlo, sospecho que se debe a que son conscientes de que la ayuda de Estados Unidos es fundamental —absolutamente indispensable— para Ucrania y que, por tanto, la ruptura entre Zelensky y Trump no es algo que se pueda maquillar.


Este es un momento decisivo y bien podría ocurrir, mis queridos amigos, que en un futuro, ya sea en cuestión de días o semanas, estas personas previsiblemente actúen y aparten del poder al que Trump calificó de «payaso». Por último, unas palabras sobre la situación militar. Hoy, las fuerzas rusas han tomado Dobropilia. El presidente Putin, en uniforme militar de combate, conversaba con los comandantes, quienes le informaron de este avance, así como de otros progresos en la región de Járkov. Putin señaló que, durante el mes de septiembre, se ha recuperado en el Donbás más territorio frente a las fuerzas ucranianas que en todo el periodo anterior: el avance de las tropas rusas se está acelerando. Sin embargo, hay un detalle crucial en sus palabras del que quiero llamar vuestra atención: al referirse al avance de sus fuerzas para la «liberación del Donbás» —una expresión habitual—, esta vez añadió algo más. No es la primera vez que menciona la «liberación del Donbás y de Novorossiya». Lo cual establece una diferencia fundamental, ya que Novorossiya abarca las provincias de Odesa, Dnipropetrovsk y Járkov, sumados a los cuatro territorios que conforman el Donbás. Esto sugiere que el territorio que se pretende limpiar de fuerzas ucranianas —y que pasaría a formar parte de la Federación Rusa— podría haberse ampliado para incluir toda la región de Novorossiya, desde Odesa hasta Járkov. 




Asimismo, dejó muy claro que el resto de Ucrania no formará parte de la Federación Rusa; no desean la presencia de los «banderistas» allí. Putin se limitó a señalar que Rusia necesita garantizar una seguridad absoluta en los territorios que permanezcan bajo soberanía ucraniana. Esto implica, probablemente, que Rusia ejercerá algún tipo de control sobre la naturaleza del gobierno que Ucrania tendrá tras la guerra. Estos son, pues, los puntos clave de los últimos días que he querido exponeros.


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