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14 septiembre, 2026

El sheriff ya no tiene balas. El cine como última trinchera del imperio — Juan C. Puerta

 



El celuloide como morfina histórica


Hollywood no es una fábrica de sueños; es una lavandería de expedientes militares. Mientras que la historia se escribe con sangre, barro y derrotas logísticas, el cine estadounidense se encarga de planchar el uniforme, limpiar las medallas y, sobre todo, manipular el marcador final de la contienda. Es lo que podríamos definir como la «victoria post-mortem»: ganar en la pantalla lo que se perdió irremediablemente en la trinchera. La industria del entretenimiento ha perfeccionado el arte de la falsificación heroica, transformando retiradas humillantes en odiseas espirituales. Tras la derrota en Vietnam, surgió una necesidad cultural en EEUU de recuperar el mito del héroe invencible. El ejército era vapuleado, pero Rambo volvía para poner las cosas en su lugar.


1945: El secuestro de la victoria


El mito fundacional de la benevolencia armada estadounidense arranca con fuerza en la Segunda Guerra Mundial. Para el espectador medio de Netflix o de los clásicos de la tarde, la derrota del nazismo fue una coreografía que comenzó y terminó en las playas de Normandía.


Tomemos el ejemplo de Salvar al soldado Ryan (1998). Bajo el barniz del realismo visceral de Spielberg, se esconde un melodrama simplificador que reduce el conflicto más vasto de la humanidad a la búsqueda sentimental de un individuo. Mientras la cámara se regodea en el impacto de las balas en Omaha Beach, el guion omite convenientemente que, para junio de 1944, el espinazo de la Wehrmacht ya había sido quebrado en el frente oriental donde el Ejército Rojo le había dado la vuelta irremisiblemente a la contienda.


La realidad es tozuda: por cada soldado estadounidense que cayó combatiendo al fascismo, murieron decenas de soviéticos. Fueron Stalingrado y Kursk los que dictaron la sentencia de Hitler, no una misión de rescate con música de John Williams. Sin embargo, en la narrativa de Hollywood, la URSS es un actor de reparto o un villano en potencia, permitiendo que el espectador asuma que U.S Army liberó al mundo en solitario. Es la historia escrita por guionistas a sueldo. Un revisionismo histórico de hamburguesa y goma de mascar.


Vietnam: El narcisismo de la derrota


Si la Segunda Guerra Mundial fue el secuestro de la victoria, Vietnam fue la invención de una «victoria moral». Tras la huida caótica y desesperada de Saigón, Hollywood entró en una fase de negación psicótica.


La industria del celuloide era incapaz de digerir que la apisonadora bélica de los yankis tuviera que retirarse ante el empuje de un ejército de campesinos en alpargatas; una caricatura supremacista que los EEUU proyectan sistemáticamente sobre sus adversarios.



Aquí aparece la figura grotesca de Rambo. En la secuela de 1985, Sylvester Stallone pronuncia la frase que resume décadas de propaganda: «¿Esta vez nos dejarán ganar?». La premisa es tan audaz como falsa: el ejército más poderoso de la tierra no fue derrotado por un ejército de campesinos decididos en una selva impenetrable, sino por «políticos traidores» y «hippies» en Washington.


Rambo no es un soldado; es un superhombre de gimnasio que gana la guerra de Vietnam de forma retroactiva, masacrando a enemigos caricaturizados en una orgía de explosiones. Es el cine como terapia de grupo para un país herido en su orgullo, sustituyendo el análisis geopolítico por el músculo aceitado, la cinta en el pelo y un lenguaje propio del Homo antecessor.


El Siglo XXI: El fracaso disfrazado de «Dilema Moral»


En el nuevo milenio, con las debacles de Irak y Afganistán, la estrategia de Hollywood ha mutado. Ya no pueden vender una victoria total porque las banderas negras yihadistas o los talibanes volviendo a Kabul son demasiado recientes. A veces el Frankenstein se vuelve contra su creador. Entonces, recurren al «sufrimiento del invasor».


Películas como El francotirador (American Sniper, 2014) o la hagiografía de las fuerzas especiales en Tropa de héroes (12 Strong, 2018), utilizan una técnica perversa: desplazan el foco de la legalidad de la guerra o su éxito estratégico hacia la angustia psicológica del soldado. No importa que Irak fuera invadido bajo mentiras sobre armas de destrucción masiva, o que Afganistán terminara en un retorno al punto de partida tras veinte años; lo que importa es si el marine extraña a su familia o si sufre de estrés postraumático mientras aprieta el gatillo.


Es el intento de la «humanización de la maquinaria». Se nos pide empatía por el verdugo que se siente mal por ejecutar una orden en una guerra que su país está perdiendo. El cine de este siglo no intenta decirnos que ganaron la guerra, sino que fueron los «mejores» mientras la perdían.




El atajo de la mentira


La «mentira en Technicolor» es un atajo peligroso. Al transformar derrotas estratégicas en epopeyas sentimentales, Hollywood anestesia la capacidad crítica del público. El cine ha logrado que la retirada de Afganistán se olvide viendo una película sobre un rescate heroico de un solo traductor colaborador de la ocupación yanki (El Pacto 2023), y que la complejidad de la geopolítica se rinda ante un primer plano de una bandera ondeando al atardecer.


Mientras el Pentágono pierde las guerras en la realidad, los estudios de California intentan ganarlas en las salas de cine, pretendiendo que, aunque el imperio caiga, su película siempre tenga un fi nal feliz.


El Pentágono como Productor Ejecutivo: La Oficina de Enlace


La convergencia entre Hollywood y el complejo militar-industrial no es una coincidencia ideológica, es un contrato de servicios. Existe la Film Liaison Office del Departamento de Defensa, una entidad cuya función es simple: si el guion «respeta» la imagen de las fuerzas armadas, el Pentágono cede portaaviones, cazas F-35, tanques y bases militares a un precio irrisorio.


Es un chantaje creativo institucionalizado. Si un director quiere rodar una crítica feroz sobre los crímenes de guerra en Irak, tendrá que pagar millones por efectos digitales. Si, en cambio, rueda una oda al heroísmo como Top Gun: Maverick (2022), el Estado le presta los juguetes de guerra. El resultado es una estética del poder que seduce al espectador; la tecnología militar se presenta como algo cool, limpio y necesario. Hollywood no solo vende películas, vende reclutamiento. La pantalla funciona como el departamento de relaciones públicas de una maquinaria de guerra que necesita una validación cultural constante para justificar presupuestos de defensa billonarios mientras las infraestructuras del país se desmoronan.


El Ocaso en el Golfo: ¿Cómo filmar la derrota ante Irán?


La realidad geopolítica actual, con el eje de resistencia y el desafío de Irán, plantea un dilema existencial para la «fábrica de mentiras». La destrucción de bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, las oleadas misilísticas sobre la Palestina ocupada y la pérdida del control del Estrecho de Ormuz son eventos que el Technicolor no puede maquillar fácilmente. ¿Cómo reaccionará el cine ante este ocaso?


El fin del «Final Feliz» americano


El cine de propaganda Hollywoodiense está entrando en su fase de decadencia, imitando al imperio que lo sustenta. Ya no convencen los héroes de mandíbula cuadrada que salvan al mundo en el último segundo. La «mentira en Technicolor» se agrieta porque el público global ya no solo consume cine, sino que ve la caída de las bases en tiempo real a través de su teléfono móvil.


Hollywood ha sido el anestésico de Occidente, pero ninguna película es lo suficientemente larga como para ocultar el amanecer de un mundo donde el sheriff ya no tiene balas, ni crédito, ni siquiera un guion creíble que ofrecer al más crédulo de los espectadores.


REVISTA DE COORDINACIÓN DE NÚCLEOS COMUNISTAS. NÚMERO 10. PRIMAVERA 2026


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06 octubre, 2023

El tejado de las FFAA de Ucrania y sus cuantiosas goteras — Voenkor Marat Khairullin

 


EL TEJADO DE LAS FUERZAS ARMADAS DE UCRANIA TIENE GOTERAS QUE AFECTAN DEFENSA, RETAGUARDIA, LOGÍSTICA, SANIDAD…


SONAR21.com – 05/10/2023

   Traducción del inglés: Arrezafe


[NOTA: El siguiente artículo fue publicado por Marat Khairullin en su canal de Telegram. Se trata de su columna-informe del miércoles. que publico aquí con su permiso]


A finales de la semana pasada parecía que reinaba cierta calma en el frente: los ucranianos, a costa de enormes pérdidas, lograron, si no detenerlo, al menos frenar significativamente el avance de nuestras tropas en la línea de Kupyansk a Kremennaya. Pero eso no es todo. A estas horas, la 47.ª División de Tanques rusa, con el apoyo de unidades de la 74.ª Brigada de Guardias y los aviones de ataque del 23.º Regimiento Aerotransportado, están sacudiendo seriamente las defensas ucranianas cerca de Makeyevka.


Situada en la frontera de la región de Lugansk, los ucranianos convirtieron una pequeña aldea en una poderosa zona fortificada que controlaba un importante cruce de caminos. Uno que conduce al embalse de Oskol y otro que pasa por Makeyevka.


Permítanme recordarles que la segunda carretera importante de este tramo del frente pasa por Raigorodok hasta Pervomaiskoye. Las fuerzas rusas comenzaron a posicionarse allí hace unas semanas.


La segunda carretera en el cruce cerca de Makeevka es una carretera pequeña pero importante (discurre a lo largo de la línea del frente) que conduce a Yampolovka, donde las tropas rusas se atrincheraron hace unas semanas.


Los paracaidistas y soldados de infantería rusos están tomando posiciones en las afueras de Makeyevka, avanzando simultáneamente por dos sectores: el norte y el sur.


Los ucranianos, según diversas fuentes, ya han iniciado una rápida retirada más allá del río Zherebets, que atraviesa este pueblo.


Pero el acontecimiento principal de la semana no es este movimiento de tropas rusas. Forzar la retirada de los soldados ucranianos más allá del río es una excelente decisión estratégica de los planificadores rusos que, una vez más, engañaron a las Fuerzas Armadas de Ucrania.


En un intento por detener el avance de nuestras tropas en esta sección del frente (permítanme recordarles que su longitud es de más de 100 km), los ucranianos desplegaron alrededor de 80 mil tropas de refuerzo en la región de Makeyevka, de hecho, todo el personal del que disponían.


Este despliegue comenzó, si lo recuerdan, hace más de un mes, cuando Rusia inesperadamente avanzó simultáneamente bajo Sinkovka, en el flanco norte, estableciendo tras cruzar el río Zherebets una cabeza de puente en Karamzinovsky. También ocuparon la importante estación de Kislovka, los pueblos de Novoselovskoye y Krakhmalnoye, llegaron a las afueras de Yampolovka y se afianzaron en las afueras de Torskoye.


A lo largo de agosto y septiembre, los ucranianos intentaron desesperadamente detener esta "ofensiva rusa". En septiembre, el general ucraniano Syrsky anunció que había logrado detenerla.


Pero su contraataque sólo alcanzó el frente ruso tras más de un mes de combates. Algo que normalmente los ucranianos no consiguen. Syrsky se ha convertido desde hace mucho tiempo en un campeón de victorias virtuales y al mismo tiempo en el principal culpable de las catastróficas bajas de las Fuerzas Armadas de Ucrania.


Los soldados ucranianos apodan a Syrsky "Sangriento" debido a las monstruosas pérdidas que acompañan todas sus aventuras militares.


Se dice que los soldados ucranianos se quejan sarcásticamente: si quieres morir, ve a pelear cerca de Syrsky, él sabe muy bien cómo matar a sus soldados de manera más efectiva.


Puede rías, pero la advertencia de los soldados se está cumpliendo. Antes de que Syrsky tuviera tiempo de disfrutar de su "rara victoria", los astutos rusos volvieron a gastarle una mala pasada. Bombardearon los principales cruces del río Oskol. Y así, el grupo de 200.000 ucranianos concentrados en la zona, desde Kremennaya hasta Kupyansk, quedó atrapado en la orilla oriental del Oskol.


Ahora observe atentamente el mapa, en el lugar más ancho, al lado de la cornisa Torsky, enclave que permite controlar el cruce más importante sobre el río Zherebets, y que abre acceso a la carretera a Liman, Izyum, etc. La cabeza de puente de los Ukros está a unos 30 km, pero su anchura oscila entre 10 y 20 km.


Por eso en esta zona la concentración de armamento pesado es aún mayor. Artillería (sin problemas para alcanzar más de 30 km), morteros, bombas MLRS y FAB-500. Y en fin, los cohetes geranios [drones Geran-2].


Ya sabes, así de imbécil has de ser para conducir constantemente, brigada tras brigada, semana tras semana, a esta trampa, golpeándote alegremente con el talón, ni siquiera el pecho, sino la frente. ¿Obtener una sucesión de victorias mediáticas, mientras todo indica que obviamente estás siendo atraído abiertamente a una trampa para ratas?


Perdón, pero realmente hay que ser completamente idiota para meter el cuello en la horca, apretarlo y divertirse mientras caes.


Por ejemplo, los nuestros derribaron todos los almacenes cercanos en la orilla occidental de Oskol, pero no tocaron ni los cruces ferroviarios ni los puentes (ahí va otro saludo a nuestros estúpidos sofás [en referencia a los analistas adictos a la televisión], especialmente a aquellos que aleccionan a nuestro Estado Mayor de cómo ha de hacerse correctamente).


Es decir, para cualquier teniente de infantería ruso estaba claro que en la orilla este del Oskol había una enorme "trampa para ratas". Meterse en la misma supone, como mínimo, una estupidez, y terminarás planchado como una bandeja de cobre. Pero lo que está claro para los tenientes rusos, a los generales ucranianos no les importa.


Quiero subrayar que, al parecer, no se trata siquiera de una necesidad política, lo cuál indica que el cretinismo más avezado ha alcanzado su etapa extrema.


Juzgue usted mismo: la necesidad política en interés de Occidente dicta que los ucranianos resistan y mueran lenta y gradualmente hasta la elección del abuelo chupasangre Biden, después podrán, incluso con todas las Fuerzas Armadas de Ucrania, ahorcarse públicamente. A los estadounidenses ya no les importará. En estas condiciones, lo más razonable para los Ukros sería retirarse más allá de Oskol y establecer una defensa sólida. No tenían necesidad de controlar la orilla este. Pero los eneldos [en referencia a los ucranianos, denominados “Ukrops” = “eneldo” en ruso] no son el tipo de gente que renunciaría a convertirse en albóndiga sin luchar, después de todo, eso es lo que venden a Occidente, que los ucranianos nunca retroceden y nunca renuncian a un solo acuerdo sin luchar. Toda su estrategia se basa en esto: convertir cada asentamiento en una fortaleza. Esta es una de las características favoritas que los británicos venden en Occidente: mira, mira lo estúpidos y tercos que somos, ni un paso atrás. La retirada como maniobra táctica no existe para nosotros. No nos importa cuántos soldados y civiles mueran, lo principal es infligir al menos algunas pérdidas a los rusos, al tiempo que convertimos sus ciudades en ruinas para joderlos: que las reconstruyan, ja, ja, ja...


Pero la estupidez de las personas estúpidas simplemente las incapacita para ver dos palmos más allá de sus estúpidas narices..


Una tarea completamente imposible para ellos no es sólo la de proporcionar alternativas según el desarrollo de los acontecimientos, sino también la de concebir un plan B para cada situación dada (se trata matemáticas cuánticas, algo que, al parecer, sólo los cuánticos y los rusos saben hacer).


Los Ukros no se dan cuenta de que, mostrando su característica terquedad una y otra vez, se vuelven muy predecibles: no sabemos cómo atacar, así pues simplemente golpeamos la frente contra la pared. Este es el resultado: los rusos se retiraron cediendo todo un kilómetro. Qué grandes, derrotamos a los rusos haciéndoles ceder un kilómetro entero, qué maravillosa victoria mediática esta.


Lo cierto es que, al tiempo que celebraban su mediática victoria, los ucranianos caían atrapados en un saco de fuego muriendo como moscas, lo cual, dada su estupidez, no parece importarles, así que bailan el gopak y descansan. Hasta hoy, el principal símbolo de dicha estupidez han sido precisamente esas bolsas de fuego que ellos mismos tejían cerca de Rabotino, Staromayorsky y Kleshcheevka, y lo más significativo es que permanecían en ellas, mes tras mes, bajo la mirada asombrada del mundo entero.


Sin embargo, en la cabeza de puente de Oskol los ucranianos se superaron a sí mismos: resultando que, como el universo, la estupidez del Ukro también es ilimitada. Al menos por ahora, no vemos sus límites. Porque se necesita mucha necedad para conducir a 200 mil personas a una trampa mortal y, encima, regocijarse.


Por supuesto, nuestros sofás dirán muy circunspectos que aún es demasiado pronto para alegrarse, que todavía tenemos que matarlos a todos, pero que  no tenemos obuses, y que en general todo cuanto teníamos se ha esfumado. No obstante, los ucranianos pronto tomarán Crimea. Vaya, nos quemaron otro de nuestros graneros. Es igual, mañana definitivamente beberemos cerveza en Sebastopol por tres hryvnia…


Al respecto, diré que nuestros sofás no se diferencian mucho de los peces guppys o de los peces ukro: ambos poseen exactamente el mismo nivel de inteligencia, no olviden que el sofá es solo un mueble, es decir, un tocho de madera, motivo por el cuál no sabe sacar conclusiones. Básicamente, estos tochos de madera no acostumbran a pensar, sólo sirven para que sus dueños se sienten sobre ellos.


No sé exactamente cómo estos nazis serán eliminados, pero veo que nuestros generales no cesan de idear movimientos increíblemente hermosos y astutos.




Si los ucranianos exhiben una persistencia asombrosa en su estupidez, nuestros generales muestran una asombrosa serenidad mental. Y, dada la ecuación, entiendo yo que algo delicioso se les ocurrirá de postre para esta opípara cena a la que atrajeron a un grupo de doscientos mil enemigos. Lo principal es que ya se han sentado a esta mesa. Y es por eso que, yo personalmente, ni siquiera me aventuro a predecir hacia dónde vuela el pensamiento de nuestros planificadores y estrategas (veréis, también soy muy modesto), sino que simplemente disfruto de la gran partida en espera del próximo éxito de taquilla.


Basándose en la reciente experiencia de nuestro Estado Mayor, que una tras otra ha originado auténticas obras maestras con la estabilidad propia de una cadena de montaje, es seguro que se producirá otro golpe maestro.


La situación indica que las Fuerzas Armadas de Ucrania tienen goteras generalizadas: no son capaces de tomar las más elementales decisiones militares. Algo que, dicho sea de paso, esto está sucediendo en todos los niveles, propiciando una parálisis total de los mecanismos básicos de control. Por ejemplo, el apoyo logístico, que afecta al conjunto de todo el ejército.


Hace tiempo que quiero escribir un artículo específicamente sobre la cuestión logística, revelaría muchas y muy sorprendentes cosas. Solemos prestar atención solamente a lo que está situado en la superficie, es decir, en la línea del frente. Pero hoy la guerra es, en primer lugar, apoyo logístico: quien disponga y domine este componente, gana. Este, el logístico, es uno de los actores más importantes para la victoria. Y en una guerra de larga duración y supervivencia, éste es, sin exagerar, el factor principal.


Aquellas personas que han estado en primera línea durante mucho tiempo, incluso desde nuestro lado, son testigos de lo que al respecto le está sucediendo a los Ukros en la más cercana retaguardia. Esto es digno de destacar, porque indica por sí solo que han perdido esta guerra.


Asunto extenso y aparte es el de la medicina militar. Hoy, los ucranianos admiten casi oficialmente que evacuan menos de un tercio de los heridos del campo de batalla, tratándose en su mayoría de heridos que pueden salir por su propio pie del combate y llegar al hospital. Si un soldado común resulta gravemente herido, simplemente no le será posible sobrevivir.


Por ejemplo, sabemos con seguridad que los soldados comunes y corrientes son llevados a uno de los grandes hospitales cercanos de las Fuerzas Armadas de Ucrania, en Kurakhovo, para recibir tratamiento sólo mediante soborno. Imagínense, hay que pagar para que un soldado herido sea urgentemente hospitalizado y pueda recibir asistencia quirúrgica.


No sólo hay una escasez catastrófica de hospitales en la zona cercana al frente. No sólo carecen los ucranianos  de unidades médicas especializadas, sino que la medicina militar de la que disponen también es una rama corrupta. ¿Sabes qué significa esto? Que ciertamente estarán jodidos, aunque ni siquiera a sus propios médicos, y mucho menos a sus generales, les importa una mierda.


Un pueblo que no se ama a sí mismo está condenado.


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06 septiembre, 2023

Rusofobia: del prejuicio a la propaganda

 


https://youtu.be/kJutm66FPNg?si=MNcMY-ZT3-sVEvsv


RT – 05/09/2023


Muchos han sido los intentos de presentar a Rusia como una amenaza global. Si bien la aversión hacia el país se originó siglos atrás, el surgimiento de la URSS sirvió a Occidente para crear el mundo bipolar que condujo a la Guerra Fría. Ahora EEUU y la UE pretenden influir en la actitud de la comunidad internacional hacia Rusia y su legado. Pero, ¿qué hay detrás de este fenómeno? En este episodio de ‘Cartas sobre la Mesa’ hablaremos sobre el pasado y el presente de la rusofobia en el mundo.


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22 agosto, 2023

Silenciando a los corderos: Cómo funciona la propaganda — John Pilger

 



Information Clearing House – 20/08/2023

   Traducción del inglés: Arrezafe


En la década de 1970 conocí a una de las principales propagandistas de Hitler, Leni Riefenstahl, cuyas épicas películas glorificaban a los nazis. Nos alojábamos en el mismo albergue en Kenia, donde ella estaba trabajando en un proyecto fotográfico, tras haberse librado del destino sufrido por otros amigos del Führer.


Me dijo que los "mensajes patrióticos" de sus películas no dependían de "órdenes de arriba", sino de lo que ella llamaba "vacío sumiso" del público alemán.


¿Eso incluía a la burguesía liberal y educada? Le pregunté. "Sí, especialmente ellos", respondió.


Pienso en ello mientras contemplo la propaganda que hoy devora a las sociedades occidentales.


Por supuesto, somos muy diferentes de la Alemania de los años treinta. Vivimos en sociedades de la información. Somos globalistas. Nunca hemos sido más conscientes, ni hemos estado más y mejor conectados.


¿De veras? ¿O vivimos en una sociedad mediática donde el lavado de cerebro es insidioso e implacable, y nuestra percepción es filtrada de acuerdo con las necesidades y las mentiras del poder estatal y corporativo?


Estados Unidos domina los medios de comunicación del mundo occidental. Todas menos una de las diez principales empresas de medios tienen su sede en América del Norte. Internet y las redes sociales (Google, Twitter, Facebook) son en su mayoría de propiedad y control estadounidenses.


A lo largo de mi vida, Estados Unidos ha derrocado o intentado derrocar a más de 50 gobiernos, en su mayoría democracias. Ha interferido en elecciones democráticas en 30 países. Ha bombardeado a la población de 30 países, la mayoría de ellos pobres e indefensos. Ha intentado asesinar a los líderes de 50 países. Ha luchado para suprimir los movimientos de liberación en 20 países.


No se señala ni se informa sobre la magnitud ni el alcance de esta perpetua carnicería, cuyos responsables continúan dominando la vida política angloamericana.


En los años previos a su muerte, en 2008, el dramaturgo Harold Pinter pronunció dos discursos extraordinarios que rompieron tan inmoral silencio.


Harold Pinter


"La política exterior de Estados Unidos", dijo, "se define mejor de la siguiente manera: bésame el trasero o te pateo la cabeza. Es tan simple y tan crudo como eso. Lo curioso es que tal política sea tan increíblemente exitosa. Pose todos los componentes de la desinformación, el uso abyecto de la retórica, la deliberada distorsión del lenguaje, todo ello muy persuasivo, pero en realidad no son más que una sarta de mentiras. Una propaganda muy exitosa porque tienen el dinero, la tecnología y todos los medios imaginables para salirse con la suya. Y lo hacen".


Al aceptar el premio Nobel de literatura, Pinter dijo lo siguiente: "Los crímenes de los Estados Unidos han sido sistemáticos, constantes, viciosos, despiadados, pero muy pocas personas han hablado realmente de ellos. Este galardón debería otorgarse a Estados Unidos, que ejerce una manipulación hipnótica sobre el poder en todo el mundo, mientras se hace pasar por una bondadosa fuerza universal. Un exitoso, brillante e incluso ingenioso ejercicio de hipnosis".


A Pinter, amigo mío y posiblemente el último gran sabio de la disidencia política, es decir, antes de que la disidencia política se aburguesara, le pregunté si esa "hipnosis" a la que se refería era el "vacío sumiso" descrito por Leni Riefenstahl.


"Es lo mismo", respondió. "Significa que el lavado de cerebro es tan completo que estamos programados para tragarnos las mentiras a raudales. Si no somos capaces de reconocer la propaganda, la aceptaremos como algo normal y nos la creeremos. Ese es precisamente el vacío sumiso".


En nuestros sistemas de democracias corporativas, la guerra es una imperiosa necesidad económica, unión perfecta de subsidio público y ganancia privada: socialismo para los ricos, capitalismo para los pobres. El día después del 11 de septiembre, el valor de las acciones de la industria bélica se disparó. Se avecinaba más derramamiento de sangre, lo cual siempre supone una excelente noticia para los negocios.


Hoy, las guerras más rentables tienen su propia denominación. Se llaman "guerras perpetuas": Afganistán, Palestina, Irak, Libia, Yemen y ahora Ucrania. Todas ellas basadas en una criminal sarta de mentiras.


La de Irak, con sus inexistentes armas de destrucción masiva, tal vez sea la más infame. La destrucción de Libia por parte de la OTAN en 2011 se justificó alegando una masacre en Benghazi que nunca existió. La de Afganistán fue una guerra de pura conveniencia con ribetes de venganza por el 11 de septiembre, que nada tuvo que ver con el pueblo de Afganistán.


Hoy, las noticias sobre Afganistán se limitan a señalar lo malvados que son los talibanes, no informan sobre el robo de $7 mil millones de las reservas bancarias del país por parte del presidente Joe Biden, robo que esté causando un trágico y generalizado sufrimiento. Recientemente, National Public Radio, en Washington, dedicó dos horas a Afganistán... y 30 segundos a su población hambrienta.


En su cumbre de Madrid en junio, la OTAN, controlada por Estados Unidos, adoptó un documento estratégico que militariza el continente europeo y aumenta la posibilidad de una guerra con Rusia y China. Propone "combatir militarmente en diversos campos contra los competidores en posesión de armas nucleares". En otras palabras, la guerra nuclear.


Proclaman: "La ampliación de la OTAN ha sido un éxito histórico".


No podía creer lo que estaba leyendo.


Una de las medidas del "éxito histórico" alcanzado en dicha cumbre es la guerra en Ucrania, cuyas noticias en su mayoría no son noticias, sino una letanía unilateral de jingoísmo, distorsión y omisión. He informado de varias guerras y nunca he conocido propaganda tan generalizada.


En febrero, Rusia invadió Ucrania como respuesta a casi ocho años de asesinatos y destrucción criminal en Donbass, región fronteriza de habla rusa.


En 2014, Estados Unidos patrocinó un golpe de estado en Kiev que eliminó al presidente ucraniano, amigo de Rusia y democráticamente elegido, poniendo en su lugar al que los estadounidenses dejaron claro que era su hombre.


En los últimos años, se han instalado misiles "defensivos" estadounidenses en Europa del Este, Polonia, Eslovenia y la República Checa, casi con total certeza dirigidos a Rusia, acompañados de falsas garantías que se remontan a la "promesa" de James Baker a Gorbachov en febrero de 1990 de que la OTAN nunca se expandiría más allá de Alemania.


Ucrania está en primera línea. Efectivamente, la OTAN ha llegado a la frontera por la que el ejército de Hitler irrumpió en 1941, dejando más de 30 millones de muertos en la Unión Soviética.


En diciembre pasado, Rusia propuso un plan de seguridad de gran alcance para Europa. Dicho plan fue descartado, ridiculizado o simplemente silenciado por los medios occidentales. ¿Quién leyó renglón a reglón sus propuestas? El 24 de febrero, el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy amenazó con desarrollar armas nucleares a menos que Estados Unidos armara y protegiera a Ucrania. Esta fue la gota que colmó el vaso.


Ese mismo día, Rusia invadió Ucrania, según los medios occidentales, en un acto no provocado de infamia congénita. La historia, las mentiras, las propuestas de paz, los solemnes acuerdos sobre Donbass en Minsk, no contaron para nada.


El 25 de abril, el secretario de defensa de EEUU, general Lloyd Austin, voló a Kiev y confirmó que el objetivo de EEUU era destruir la Federación Rusa; la palabra que utilizó fue "debilitar". Estados Unidos había obtenido la guerra que quería, librada por un país peón, financiado y armado por EEUU, y un títere prescindible.


Casi nada de todo esto fue publicado ni explicado a la población occidental.


La invasión rusa de Ucrania es injustificada e inexcusable. Es un crimen invadir un país soberano. No hay "peros", excepto uno.


¿Cuándo comenzó la actual guerra en Ucrania y quién la inició? Según Naciones Unidas, entre 2014 y este año, unas 14.000 personas han muerto en la guerra civil emprendida por el régimen de Kiev contra el Donbass. Muchos de los ataques fueron llevados a cabo por neonazis.


Preste atención a un reportaje informativo de ITV de mayo de 2014, del veterano reportero James Mates, que es bombardeado, junto con civiles en la ciudad de Mariupol, por el batallón Azov (neonazi) de Ucrania.


En el mismo mes, decenas de personas de habla rusa fueron quemadas vivas o asfixiadas en un edificio sindical en Odessa asediado por matones fascistas seguidores del colaborador nazi y fanático antisemita Stephen Bandera. El New York Times llamó a los matones "nacionalistas".




"La misión histórica de nuestra nación en este momento crítico", dijo Andreiy Biletsky, fundador del Batallón Azov, "es liderar a las razas blancas del mundo en una cruzada final por su supervivencia, una cruzada contra los Untermenschen [infrahumanos] dirigidos por los semitas".


Desde febrero, una campaña de autodenominados "monitores de noticias" (en su mayoría financiados por estadounidenses y británicos, y vinculados a sus gobiernos) ha tratado de sostener el absurdo de que no existen neonazis en Ucrania.


El "retoque", un término que en su día se asoció con las purgas de Stalin, se ha convertido en habitual herramienta del periodismo convencional.


En menos de una década, una China "buena" ha sido retocada y reemplazada por una China "mala": de fábrica del mundo a un nuevo Satanás en ciernes.


Gran parte de esta propaganda se origina en los EEUU y se transmite a través de representantes y "grupos de expertos", como el notorio Instituto Australiano de Política Estratégica, la voz de la industria armamentística, y por entusiastas periodistas como Peter Hartcher, del Sydney Morning Herald, quen etiquetó a quienes difundían la influencia china como "ratas, moscas, mosquitos y gorriones" y pidió que estas "plagas" fueran "erradicadas".


En Occidente, las noticias sobre China se refieren casi exclusivamente a la supuesta amenaza que atribuyen a Pekín. Difuminadas están las 400 bases militares estadounidenses que rodean la mayor parte de China, un collar armado que se extiende desde Australia hasta el Pacífico y el Sudeste Asiático, Japón y Corea. La isla japonesa de Okinawa y la isla coreana de Jeju son cañones cargados que apuntan a bocajarro al corazón industrial de China. Un funcionario del Pentágono describió este belicoso despliegue como un "dogal".


La información sobre Palestina ha sido siempre, desde que tengo memoria, inexistente o sesgada. Para la BBC, se trata de un "conflicto" entre "dos narrativas". La ocupación militar ilegal más larga y brutal de los tiempos modernos no se puede mencionar.


Del bombardeado pueblo de Yemen apenas se informa, mediáticamente, su población es  inexistente. Mientras, asesorados por británicos, los sauditas  arrojan una lluvia de bombas de racimo estadounidenses, más de medio millón de niños se enfrentan al hambre.


Este lavado de cerebro por omisión tiene una larga historia. La terrible matanza de la Primera Guerra Mundial fue suprimida de sus informes por reporteros posteriormente nombrados caballeros por ello, como algunos confesaron en sus memorias. En 1917, el editor del Manchester Guardian, CP Scott, confió al primer ministro Lloyd George: "Si la gente realmente supiera [la verdad], la guerra se detendría mañana, pero ni saben ni pueden saber".


La negativa a ver personas y eventos como son vistos por otros países es un virus mediático de Occidente, tan debilitante como el covid. Es como si viéramos el mundo a través de un espejo unidireccional en el que "nosotros" somos intachables y benévolos y "ellos" no. Se trata de una visión profundamente imperialista.


La historia, que es una presencia viva en China y Rusia, rara vez se explica y casi nunca se comprende. Vladimir Putin es Adolf Hitler. Xi Jinping es Fu Man Chu. Apenas se conocen logros épicos, como la erradicación de la pobreza extrema en China. Qué perverso y sórdido es todo esto.


¿Cuándo nos permitiremos comprender? Fabricar periodistas en cadena no es la respuesta. Tampoco lo es la maravillosa herramienta digital, que no es un fin, sino un medio, como la máquina de escribir manual y la linotipia.


En los últimos años, algunos de los mejores periodistas han sido alejados de los grandes medios hegemónicos. "Defenestrados" suele ser el término utilizado. Los espacios antaño abiertos a los inconformistas, a periodistas que iban contra corriente, que decían la verdad, se han cerrado.


El caso de Julian Assange es el más sangrante. Assange (y WikiLeaks) fue celebrado mientras ganaba lectores y premios para The Guardian, The New York Times y otros presuntuosos "medios de referencia".


Cuando el estado oscuro se opuso y exigió la destrucción de los discos duros y el asesinato del personaje, Assange se convirtió en enemigo público. Luego, el vicepresidente Biden lo llamó "terrorista de alta tecnología". Hillary Clinton preguntó: "¿No podemos simplemente mandarle un dron a este tipo?"


La subsiguiente campaña de abuso y vilipendio contra Assange —que el relator de la ONU sobre la tortura denominó "mobbing"— llevó a la prensa liberal a su punto más bajo. Sabemos quiénes son. Pienso en ellos como colaboradores: como periodistas de Vichy.


¿Cuándo se alzarán los verdaderos periodistas? Ya existe un samizdat inspirador en Internet: Consortium News, fundado por el gran reportero Robert Parry, The Grayzone de Max Blumenthal y Aron Mate, Mint Press News, Media Lens, Declassified UK, Alborada, Electronic Intifada, WSWS, ZNet, ICH, CounterPunch, Independent Australia, Globetrotter, obra de Chris Hedges, Patrick Lawrence, Jonathan Cook, Diana Johnstone, Caitlin Johnstone y otros que me perdonarán por no mencionarlos aquí.


¿Y cuándo se alzarán los escritores, como lo hicieron contra el ascenso del fascismo en la década de 1930? ¿Cuándo se levantarán los cineastas, como lo hicieron contra la Guerra Fría en la década de 1940? ¿Cuándo se levantarán los satíricos, como lo hicieron hace una generación?


Habiéndonos empapado durante 82 años de la versión oficial sobre lo justa que fue la última guerra mundial, ¿no va siendo hora de que, aquellos que deberían arrojar luz sobre la realidad declaren su independencia y decodifiquen la propaganda? La urgencia es hoy mayor que nunca.


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