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29 noviembre, 2024

Antisovietismo y Rusofobia (Dos astillas del mismo palo)

 


Néstor Pedro Nuñez Dorta en CUBAHORA – 28/06/2021


La historia de heroísmo masivo de los soviéticos ha sido sistemáticamente enlodada y tergiversada por un hegemonismo hoy en crisis.


Conocido es que el hegemonismo y el absolutismo forman parte congénita de la sociedad capitalista.


Ningún canto a la democracia puede esconder que el afán de poder, riqueza, encumbramiento, y dominio sobre lo ajeno, a como dé lugar, es consustancial a un sistema que glorifica el individualismo bajo el torcido velo de "la valía de la individualidad", y que aplaude al pretendido "triunfador" (no importan sus métodos), mientras denigra y desprecia al presunto "perdedor".


La pugna viene de lejos. Desde que en las aldeas y poblados feudales se empezó a acumular la riqueza individual, y, desplazados los señoríos, mercaderes y financistas se transformaron en ejes de la sociedad y patrones modélicos en materia política.


Aparecerían así los Estados capitalistas y las pugnas y enfrentamientos entre ellos por imponerse y despojar a los otros, hasta la formación de verdaderas potencias antagónicas que se repartieron el mundo a simples tajos, y cuyas ambiciones y apetencias de grandeza llevarían a la humanidad de la mano a la devastadora Primera Guerra Mundial.


Fue justo en aquellos días de enfrentamiento bélico global que tendría lugar la Revolución de Octubre en Rusia y el nacimiento del Primer Estado de Obreros y Campesinos de la historia, la Unión Soviética, cuya "incompatibilidad" con el orden imperialista y los esfuerzos reaccionarios por denigrarle y hundirle dieron origen a las primigenias campañas antisoviéticas, incluidas invasiones militares occidentales y el apoyo directo a la reacción local y los restos del ejército zarista.


En los años posteriores a aquella primera conflagración masiva, la URSS fue condenada al aislamiento mundial. Solo su extensión territorial, sus recursos ilimitados y la férrea voluntad popular de sobrevivir y edificar una sociedad nueva consolidaron el demonizado poder soviético y sumaron progreso y desarrollo a un gigante que heredó un contexto interno semifeudal.


El llevado y traído "fantasma del comunismo", proyectado malintencionadamente como un "infierno rojo" tras la "cortina de hierro erigida por Moscú", incitó a los líderes capitalistas a congeniar con el régimen de Adolfo Hitler en Alemania. Al líder nazi le sirvieron en bandeja la ocupación de territorios checoslovacos, Austria y Polonia para promover su marcha al Este sobre el gigante euroasiático, con la esperanza de un destroce mutuo de proporciones irreparables. Solo que Hitler cambió la brújula y arremetió contra sus complacientes padrinos. Ocupó Francia en cuestión de días, se expandió por Europa continental y Escandinavia, y sometió a Gran Bretaña a inclementes bombardeos masivos. Únicamente después, hace justo ochenta años, decidió su suicidio involuntario al lanzarse contra la URSS.


Para entonces, un Occidente ocupado y asfixiado había cambiado el son. Ahora los soviéticos eran, al menos retóricamente, "nuestros grandes aliados" frente a un orate que se les fue de las manos y debía desaparecer.


No obstante, la apertura de un frente militar en Europa del Oeste contra Berlín fue demorado deliberadamente por Gran Bretaña y los Estados Unidos con la intención de que los contendientes en el Este se debilitaran en grado superlativo, y solo las grandes victorias del Ejército Rojo en Stalingrado, Leningrado y el Arco de Kursk, su avance hacia Europa central camino del cubil de Hitler, y el reactivado terror a la "expansión comunista" continental, apresuraron el controvertido desembarco aliado en las playas francesas de Normandía el titulado Día D.


Y si Occidente pensó librarse de dos enemigos de un tiro, el mundo postguerra resultó un disparo por la culata para sus apetencias de poder supremo. La URSS, gracias al sacrificio de 28 millones de sus combatientes y ciudadanos, ganó un sonado prestigio universal, y desde el punto de vista geopolítico fue estructurado el campo socialista europeo, que rompió su aislamiento inicial.


Los Estados Unidos, por su parte, pasaron a ser, frente a unos aliados europeos en ruinas, la primera potencia capitalista, ahora con un incipiente y privilegiado poder nuclear que la URSS no tardaría en poseer en favor de su defensa.


El antisovietismo, puesto retóricamente a un lado, no tardó en volver a ser agitado públicamente. La maniaca Guerra Fría marcaría largos decenios de histeria, confrontación y riesgos, y la propaganda occidental arremetió nuevamente contra un "tenebroso" Este, donde la represión, la maldad, la saña y el odio a los "valores democráticos" auguraban grandes desgracias que debían ser enfrentadas con un creciente poderío militar y la anulación a escala planetaria de todo proyecto nacional que mostrara el mínimo signo de inconformidad con el injerencismo y el intervencionismo imperialistas.


Paralelamente, la historia de la Segunda Guerra Mundial y de la Gran Guerra Patria soviética fue metódicamente enlodada y tergiversada.


Nuestra especie, para los detractores, se libró del fascismo gracias a un Occidente "osado y decidido", y los "rusos, malos combatientes, hoscos, desorganizados y primitivos" lograron sobrevivir gracias a su temporal alianza con el Mundo Libre, para ahora, con un poder cimentado en el terror y la violencia, intentar imponerse agresivamente a la "democracia y la libertad".


La disolución de la Unión Soviética y sus aliados europeos a inicios de la década de los noventa del pasado siglo, y la proclamación del "fin de la historia" y el triunfo total e inamovible del capitalismo a escala planetaria, fueron un "respiro de gloria" para los intereses hegemónicos, aunque, ciertamente, la vida ya moldeaba nuevas sorpresas para quienes por esos días se ufanaban y denostaban sobre el cadáver de la variante socialista recién fenecida en el oriente.


Monumento a los heroicos defensores de Leningrado


Dejar al gran país sin historia era la meta para obtener un nuevo híbrido manso e ignorante de su propio poder


La disolución de la URSS y del campo socialista europeo marcó días de euforia en un Occidente maniatado a Washington.


Y la "venganza" no se hizo esperar. A entrenar a los nuevos "capitalistas" marcharon los expertos neoliberales a todo el Este; los medios de comunicación a la caza de la "oculta y tremebunda historia" del poder soviético; las mafias de todo corte en busca de negocios con sus incipientes pares locales, y hasta Hollywood para pasear en pantalla a sus infalibles "héroes" por edificaciones hoscas y oscuras, monumentos derruidos, plazas heladas y turbias, gente ignorante, y cuarteles militares herrumbrosos y sin control. Había llegado la hora pues, del esperado desquite con la complacencia de gobernantes locales obsecuentes e inconsistentes.


En el fondo, la tarea era descoyuntar hasta la médula a un poderoso enemigo caído que, aún en desgracia, nunca dejó de alarmar a quienes blandían ahora la porra con entera libertad.


La historia de la Gran Guerra Patria fue, como siempre, blanco preferente del desmonte. Por años las autoridades rusas prooccidentales enterraron la tradicional celebración de la victoria sobre la Alemania nazi cada 9 de mayo, junto a la gloria masiva de aquella epopeya. Dejar al gran país sin historia era la meta para obtener un nuevo híbrido manso e ignorante de su propio poder.


No obstante, Rusia resistió y los cambios llegarían. El peso de los valores sembrados por más de siete decenios de batallar por una vida diferente, la rica historia nacional, la conciencia de poder avanzar por sí mismos, y el legítimo orgullo por las hazañas de la nación determinaron la voluntad de renacimiento de la heredera del poderío nuclear de la URSS.


Del otro lado, la frustración de Occidente derivó en ira, y un nuevo rival, junto a China, vino a colocarse en la mira de los poderes absolutistas de factura Made in USA. Evidentemente, la línea destructiva postsoviética en marcha bajo la administración del beodo Boris Yeltsin quedó definitivamente cercenada.


En consecuencia, Rusia ha ido recobrando su autoestima, su historia y su poder, para convertirse hoy en un trascendente actor internacional en favor del multilateralismo con un alto nivel defensivo en materia militar y, por tanto, blanco natural de la ojeriza de la Casa Blanca y sus aliados.


De vuelta está entonces el viejo programa de "demonización" de Moscú, su conversión mediática en un "peligro universal", "depredador global", "monstruo geopolítico" y "amenaza bélica", y susceptible entonces de la cadena de actos hostiles, cerco y sanciones de su contraparte.


A Vladímir Putin se le pinta como un arrogante "zar moderno", y el propio Joe Biden lo tildó textualmente de "asesino" en uno de sus devaneos seniles de carácter público, solo a días del primer encuentro bilateral en Ginebra.


Rusia, en palabras de los centros enemigos, debe ser desprestigiada, herida, preterida y considerada blanco preferente de toda acción agresiva porque, apuntamos nosotros, junto a China, integra hoy la más grande barrera frente a los peregrinos sueños de señor global que Estados Unidos ve alejarse día por día en estas fechas.


La consolidación rusa es, además, inteligente y sabia. Nada de lo realmente valioso y glorioso de su historia ha sido puesto a un lado a tenor de prejuicios ideológicos o políticos.


Ni la victoria contra los invasores napoleónicos siglos atrás, ni la derrota del fascismo propinada por la URSS y su Ejército Rojo que ya es evocada otra vez cada 9 de mayo en la Plaza Roja bajo las banderas y marchas combativas de la época soviética, ni la primacía en la conquista del cosmos, ni la heroicidad y estoicismo colectivos que tantos años duros forjaron en el carácter nacional.


En todo caso, la ojeriza y el endemoniado interés de imponer la imagen de lo que no es ni será, solo forma parte de lo que Putin definió recientemente como burda rusofobia occidental, sin ton ni futuro, a la ya vieja usanza imperial de crearse "oponentes malvados" para intentar justificar su andar mundial garrote en mano.



Поздравление с днем 75 лет Победы!





04 enero, 2024

Ajedrecista ruso pide que no insulten a su rival polaco que rechazó estrecharle la mano

 

RT – 04/01/2024


Denís Jismatulin afirmó que le daría otra vez la mano a Jan-Krzysztof Duda, porque eso es lo que le "inculcó su padre".


El jugador de ajedrez ruso, Denís Jismatulin - Russian Chess Federation


El ajedrecista ruso Denís Jismatulin hizo un llamamiento a los medios de comunicación y al público en general a que dejen de insultar al gran maestro de ajedrez polaco Jan-Krzysztof Duda, que en el Campeonato del Mundo de Ajedrez Rápido, celebrado a finales de diciembre en Samarcanda, Uzbekistán, rechazó estrecharle la mano.


En un comunicado publicado el jueves en la cuenta de Telegram del gran maestro ruso Serguéi Kariakin, Jismatulin dijo que no estaba de acuerdo con el gesto de Duda, pero que respeta su postura y el derecho a expresar su descontento, tanto ante el tablero como fuera de él. Asimismo, señaló que no presentará apelaciones ante la Comisión de Ética de la Federación Internacional de Ajedrez para exigir la descalificación de su rival, asegurando que la actitud de Duda no le ofendió.


"Quisiera pedir a los medios de comunicación que no propaguen ni politicen esta situación, que no insulten al gran maestro polaco y, desde luego, que no insulten a la nación polaca en su conjunto", manifestó Jismatulin, agregando que, de tener la oportunidad de volver a jugar con él, le volvería a ofrecer su mano antes de la partida.


"Pero no por ingenuidad ni por 'buenismo', sino porque eso es lo que me inculcó mi padre cuando me enseñó ajedrez en mi infancia y eso es lo que me enseñó mi primer entrenador en el primer grado, cuando ingresé al club de ajedrez del Palacio de los Pioneros en la pequeña ciudad baskir de Neftekamsk", subrayó el jugador.



Jismatulin, que ha visitado repetidamente la zona de la operación militar especial rusa en misiones humanitarias, dio a conocer que el popular portal de ajedrez Chess.com le ha prohibido participar en torneos y realizar cualquier actividad social en dicho sitio.


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31 octubre, 2023

Javier Couso: Presentación del libro “Rusofobia”

 


ANTIIMPERIALISTAS.COM – 30/10/2023


Fuente original del texto: Sputnik.


El exeuroparlamentario y activista Javier Couso desgrana en su libro los orígenes y objetivos del odio contra Rusia, inducido, a su juicio, desde las élites políticas y buena parte de los medios de comunicación, que no dudan en aplicar las técnicas de propaganda de Goebbels. "Tenemos que negarnos a odiar a cualquier pueblo", explica a Sputnik.


El realizador audiovisual y activista Javier Couso Permuy, que durante la VIII legislatura (2014-2019) ocupó un escaño en el Europarlamento, primero con el grupo de la Izquierda Plural y luego como independiente, presentó en la Casa Rusa de Madrid su última obra, Rusofobia: la propaganda antirrusa al servicio de la guerra.


El evento fue presentado y moderado por el director artístico-teatral José Luis Checa y se celebró en un abarrotado salón de actos de la mencionada institución, donde al término de la exposición, siguió un animado debate. Publicado primeramente en Argentina, donde ya cursa su segunda edición, el libro da cuenta de un trabajo de investigación que su autor elaboró en su oficina parlamentaria durante sus cuatro años de estancia en Bruselas.


En ese espacio de tiempo, Javier Couso pudo conocer de primera mano la atmósfera e iniciativas políticas de corte exterior que se realizaban en el Europarlamento y que, según sus palabras, "incidieron profundamente en toda la campaña que se ha llevado a cabo desde entonces contra Rusia, contra su cultura y contra todas las personas de origen ruso".


"En 2014, el clima que percibí en Bruselas tras el golpe del Euromaidán, sobre todo por parte de los europarlamentarios británicos y, muy especialmente, de los polacos y los bálticos, fue el de una rusofobia histérica que rayaba en la enfermedad y la psicopatía".


Para ilustrar tal percepción, Couso recordó una visita que los europarlamentarios miembros del subcomité de Seguridad y Defensa rindieron a Eurocontrol, la organización europea para la seguridad de la navegación aérea. La europarlamentaria polaca Anna Fotyga, que entonces presidía esa subcomisión, "preguntó al director del organismo por qué no cortaban relaciones con Rusia y la echaban de allí, y este le contestó que si lo hacía, los aviones empezarían a chocar unos con otros".


"Fotyga fue autora de un informe, que desafortunadamente aprobó la eurocámara, en el que se hablaba de la propaganda de terceros contra la UE y donde se comparaba con el ISIS lo que ella llamaba propaganda rusa –explicó–. Es decir, comparaban a los periodistas rusos con los que estaban decapitando a gente en Siria y atentando en Francia y Bélgica".


Sobre la tensión actual


Couso no aceptó tales muestras de lo que él califica de "rusofobia". "Fui atacado y calificado de prorruso", asegura. Situación que le costó ser incluido en una lista "elaborada por Soros" junto a periodistas de medios rusos. "Hice una pregunta sobre nuestra protección, no me contestaron y empecé a investigar desde la oficina parlamentaria", afirmó.


En buena medida, su libro Rusofobia refleja ese trabajo de investigación. A nivel de la calle, el clima rusofóbico alcanzó su apogeo en 2022. Preguntado por Sputnik por su percepción actual de esos ánimos en España, Javier Couso no dudó en describir su intensidad con la de un soufflé. Es decir, se hinchó rápidamente para ir decreciendo poco a poco.


"Es el resultado [el punto crítico] de lo que habían ido sembrando los mercenarios de la desinformación. Porque se demonizó a los rusos y a su cultura, incluso en la prensa rosa y los programas del corazón, hubo hasta agresiones. ¡Se prohibieron gatos rusos en los concursos de gatos!", dijo, al tiempo que repasaba las censuras en España e Italia a las representaciones teatrales y musicales de autores rusos. "¡Pero si estaba proscrito Dostoievski! Fue brutal".


"Yo soy patriota y creo que el pueblo español no es malo. Y creo que la tensión está bajando, porque la gente no es tonta. Quiero decir, pobres palestinos, porque nos están enseñando las mentiras de Ferreras [director del canal La Sexta] y sus supuestos expertos militares. No ha habido ningún bombardeo de alfombra y estratégico en Ucrania. Cuando lo hace Israel mueren a centenares. ¿Dónde ha pasado en Ucrania eso?"


La comparación siguió con Irak, donde su hermano José, camarógrafo de Telecinco, fue asesinado por militares estadounidenses. "Me contaba que el primer día de bombardeos sobre Irak murieron 40.000 iraquíes civiles. Está en su doctrina militar [de los angloamericanos]. Lo hicieron en Dresde, en Tokio, en Nagasaki e Hiroshima", dijo.


En su opinión, el "odio fabricado" contra Rusia ha bajado, porque "la gente no es tonta y no la pueden engañar todos los días". Pero en esa atmósfera, contó, el diario El Español le dedicó una portada a los pocos días de iniciarse la operación especial militar de Rusia en Ucrania, le tildó de "conspiranoico" y de compartir ideario con Putin. En la red Twitter, Couso había aludido a las crecientes "evidencias de la existencia de un programa militar biológico ucraniano dirigido por EEUU". "Les molestó", recuerda.


La rusofobia viene de antaño


Mediante un recorrido histórico de las relaciones internacionales se puede afirmar que la rusofobia actualmente reinante en la UE tiene "antecedentes" y, en su génesis, siempre ha estado "patrocinada por los angloamericanos, sus dirigentes y élites intelectuales", manifestó J. Couso.


"El término se acuña en el siglo XIX por la élite británica aprovechando un miedo irracional a Rusia, basándose en una falsificación del testamento de Pedro el Grande, sobre la expansión del Imperio Ruso en Oriente Próximo y Europa del Este", dijo, aludiendo al general británico Robert Thomas Wilson, que en su tiempo afirmó que Rusia era un enemigo peor que la Francia napoleónica.


También citó a otro autor, el sociólogo español Pedro Costa Morata, para afirmar que la rusofobia siempre se ha alimentado de "pasiones contradictorias occidentales", que permiten que Rusia "esté mal explicada por las élites europeas" y se la trate desde una perspectiva de "superioridad moral", por lo que el fin último es que permanezca subyugada o alejada.


Y con este enfoque, la actual rusofobia ha buscado "romper la colaboración entre la UE y Rusia" en un momento en que Rusia "ya no es subalterna" y cuando en Europa se está librando "la segunda guerra provocada por la OTAN" tras los bombardeos a Yugoslavia, afirmó.


"Con Ucrania se ha tratado de dar el jaque mate a Rusia, el colofón de toda esta estructura creada por EEUU para controlar Europa e impedir que un espacio europeo unido compita con ellos", explicó Javier Couso.


A por la opinión pública con la OTAN


Para provocar un cambio en el punto de vista de las personas, se necesita una campaña a gran escala y el empleo de los principales medios de comunicación. "¿Cómo se puede convencer a los pueblos de esta visión antirrusa?", se plantea Javier Couso.


"Pues aplicando los 11 principios de la propaganda que escribió Goebbels. Se aplican en los medios de información e incluso en las películas de Hollywood. Por ejemplo, el principio de simplificación, donde se individualiza al adversario en un único enemigo. O el principio de transposición, con el se carga al adversario con los defectos y fallos propios. O el de vulgarización. Y así los pueblos llegan a odiar a otros, aunque en realidad no tengan diferencias sustanciales", explicó.


Según Couso, las conciencias se manipulan mediante una "vasta operación propagandística" que dirigen “estrategas en política exterior, lobbistas de Washington y una red de canales de información vinculada a la inteligencia anglosajona“. En esta red estarían operando más de 150 empresas de relaciones públicas, muchas de ellas asociadas al Gobierno británico, como Nicky Regazzoni, PRN Network y otras. Su cometido es difundir a los medios de comunicación guías lingüísticas, materiales visuales, mensajes clave y lenguaje apropiado.


"Ellos crean las noticias", subraya este exeurodiputado, resaltando que los medios reciben a diario del Ministerio de Exteriores ucraniano un dosier de prensa con todas las construcciones narrativas pertinentes.


En esta situación, la OTAN también cuenta con sus instrumentos de propaganda y producción de información. "NATO Review suministra noticias para ayudar a la escalada de agresividad contra Rusia, tiene una biblioteca multimedia y se nutre de 24 centros de excelencia del Stratcom [Mando Estratégico]. Todos los enfoques están dirigidos contra Rusia, tienen autores y especialistas del Atlantic Council e incluso ex cargos de la OTAN".


Guerra cognitiva


En su lucha contra Rusia, el Servicio Europeo de Acción Exterior dispone de organismos tales como el Centro Europeo de Excelencia y la East StratCom Task Force (cuya herramienta más lograda es la Disinformation Review).


En el primero destaca el Hybrid CoE, destinado a contener las amenazas híbridas y su modelo está inspirado en los centros análogos de la OTAN. El segundo se distinguía al principio por la agresividad de sus artículos contra Rusia, ahora más moderados. Según Couso, el objetivo de estos centros es entablar en la mente de las personas un nuevo campo de batalla: la guerra cognitiva, que pugna por alterar su comprensión y reacción ante acontecimientos determinados.


"En Bruselas sufrí una ruptura de la inocencia al darme cuenta de cómo desde la UE se patrocinaba a todos aquellos que se declaraban abiertamente rusófobos“, asegura Couso, cuyo fin para decidirse a publicar su libro es “analizar los instrumentos que se están empleando para cambiar las percepciones humanas y enfrentar a las sociedades, ver qué objetivos hay detrás de la demonización de Rusia y su cerco militar".


"A pesar de que el atlantismo se ha convertido casi en una religión que los medios repiten machaconamente, tenemos que negarnos a odiar a cualquier pueblo y mucho menos a uno con el que queremos construir una Europa independiente que se quite de encima la bota angloamericana. No me dio ninguna pena de que me acusaran de prorruso, porque soy prorruso, igual que soy proespañol".


Pese a considerar su aportación una "gota en el mar", Couso considera que su aporte sirve para "dar voz" a un pueblo que considera "amigo", que además suministra energía al continente, España incluida, y a una visión política para "crear un espacio común".


Preguntado por el papel de la izquierda española a la que en su día representó en el Parlamento Europeo, mostró su decepción con Sumar y una Izquierda Unida cuyo motivo fundacional en 1986 fue su postura contra la OTAN, organización a la que ahora la líder de Sumar no ve con malos ojos. "Es una izquierda elaborada en las universidades de EEUU, preocupada más por la individualidad y la identidad, que de las cuestiones de clase y de los pueblos", afirmó.


"Son tiempos en que se caricaturizan a los líderes incómodos. Y las Fuerzas Armadas de Rusia están luchando no solo por sus pueblos, sino por toda la humanidad. Es increíble que se hayan normalizado en Occidente los homenajes a genocidas nazis", concluyó Javier Couso.




06 septiembre, 2023

Rusofobia: del prejuicio a la propaganda

 


https://youtu.be/kJutm66FPNg?si=MNcMY-ZT3-sVEvsv


RT – 05/09/2023


Muchos han sido los intentos de presentar a Rusia como una amenaza global. Si bien la aversión hacia el país se originó siglos atrás, el surgimiento de la URSS sirvió a Occidente para crear el mundo bipolar que condujo a la Guerra Fría. Ahora EEUU y la UE pretenden influir en la actitud de la comunidad internacional hacia Rusia y su legado. Pero, ¿qué hay detrás de este fenómeno? En este episodio de ‘Cartas sobre la Mesa’ hablaremos sobre el pasado y el presente de la rusofobia en el mundo.


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26 agosto, 2023

Rusofobia: del culturicidio al historicidio — Jaime Tamayo

 





"Los liberamos del fascismo, y eso nunca nos lo perdonarán"

Profética frase de Georgy Zhukov, mariscal del Glorioso Ejército Soviético que derrotó a los nazis.


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31 enero, 2023

Diputada de Polonia: “Occidente debe acabar con Rusia para siempre”

 


TOP WAR – 29/01/2023


"Rusia es una amenaza y debe ser destruida para siempre"

Anna Fotyga, diputada del Parlamento Europeo desde 2017 y miembro del partido polaco Ley y Justicia.


"Rusia debe dejar de existir dentro de las fronteras actuales, el colapso del 'imperio agresivo' traerá ventajas innegables a los estados democráticos de Europa y Asia Central. Occidente debe acabar con Rusia para siempre", manifestó en un comunicado la exministra de Asuntos Exteriores y exjefa de la Oficina del Presidente de Polonia, eurodiputada Anna Fotyga.


"El mundo occidental no necesita una Rusia fuerte e independiente, capaz de contraatacar y defenderse. Dividida en múltiples estados pequeños, privada de las riquezas naturales de su subsuelo, Occidente estaría bastante satisfecho". Con razón en Kyiv, obedientes a sus amos de ultramar, reiteran constantemente la necesidad de destruir Rusia, llegando incluso a bosquejar mapas con los pretendidos "nuevos estados".


Fotyga, diputada polaca del Parlamento Europeo, habló sobre el peligro que, supuestamente, ha representado Rusia "durante siglos". Según ella, "si el imperio no es detenido ahora, continuará expandiéndose hacia Occidente y ocupando todos los países democráticos. El conflicto en Ucrania ha demostrado que Moscú no tiene la intención de detenerse en el marco territorial existente, por lo que es necesario acabar con él”.


"El Parlamento Europeo y otros muchos parlamentos de todo el mundo han calificado a Rusia de estado terrorista y debe ser liquidado".


– dijo la representante de Polonia.


Y sugirió que los países occidentales piensen sobre el concepto de crear estados "libres e independientes" en el territorio prorruso, cuya base serán los pueblos indígenas, de cuya prosperidad se encargarán los países occidentales. Occidente también establecerá el control sobre la riqueza de Rusia, porque resulta que Rusia no tiene nada, todo pertenece a los pueblos que Moscú "explota sin piedad".


"No existen tales cosas como el gas, el petróleo, el aluminio, el carbón, el uranio, los diamantes, los cereales, la madera, el oro, etc., de Rusia. Todos estos recursos pertenecen a los individuos y pueblos que viven en estos territorios".


– agregó Fotyga.


"El colapso de Rusia traerá algunas dificultades, pero estos riesgos son mucho menos peligrosos que la existencia de Rusia tal y como es hoy", remató la eurodiputada.



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05 diciembre, 2022

Antisovietismo y Rusofobia (I/II) — Néstor Pedro Nuñez Dorta

 

 "¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar 

un átomo que superar un prejuicio"

Albert Einstein


CUBAHORA – 28-29/06/2021


Antisovietismo y Rusofobia (l)

Dos astillas del mismo palo...


La historia de heroísmo masivo de los soviéticos ha sido sistemáticamente enlodada y tergiversada por un hegemonismo hoy en crisis.


Conocido es que el hegemonismo y el absolutismo forman parte congénita de la sociedad capitalista.


Ningún canto a la democracia puede esconder que el afán de poder, riqueza, encumbramiento, y dominio sobre lo ajeno, a como dé lugar, es consustancial a un sistema que glorifica el individualismo bajo el torcido velo de "la valía de la individualidad", y que aplaude al pretendido "triunfador" (no importan sus métodos), mientras denigra y desprecia al presunto "perdedor".


La pugna viene de lejos. Desde que en las aldeas y poblados feudales se empezó a acumular la riqueza individual, y, desplazados los señoríos, mercaderes y financistas se transformaron en ejes de la sociedad y patrones modélicos en materia política.


Aparecerían así los Estados capitalistas y las pugnas y enfrentamientos entre ellos por imponerse y despojar a los otros, hasta la formación de verdaderas potencias antagónicas que se repartieron el mundo a simples tajos, y cuyas ambiciones y apetencias de grandeza llevarían a la humanidad de la mano a la devastadora Primera Guerra Mundial.


Fue justo en aquellos días de enfrentamiento bélico global que tendría lugar la Revolución de Octubre en Rusia y el nacimiento del Primer Estado de Obreros y Campesinos de la historia, la Unión Soviética, cuya "incompatibilidad" con el orden imperialista y los esfuerzos reaccionarios por denigrarle y hundirle dieron origen a las primigenias campañas antisoviéticas, incluidas invasiones militares occidentales y el apoyo directo a la reacción local y los restos del ejército zarista.


En los años posteriores a aquella primera conflagración masiva, la URSS fue condenada al aislamiento mundial. Solo su extensión territorial, sus recursos ilimitados y la férrea voluntad popular de sobrevivir y edificar una sociedad nueva consolidaron el demonizado poder soviético y sumaron progreso y desarrollo a un gigante que heredó un contexto interno semifeudal.


El llevado y traído "fantasma del comunismo", proyectado mal intencionadamente como un "infierno rojo" tras la "cortina de hierro erigida por Moscú", incitó a los líderes capitalistas a congeniar con el régimen de Adolfo Hitler en Alemania. Al líder nazi le sirvieron en bandeja la ocupación de territorios checoslovacos, Austria y Polonia para promover su marcha al Este sobre el gigante euroasiático, con la esperanza de un destroce mutuo de proporciones irreparables. Solo que Hitler cambió la brújula y arremetió contra sus complacientes padrinos. Ocupó Francia en cuestión de días, se expandió por Europa continental y Escandinavia, y sometió a Gran Bretaña a inclementes bombardeos masivos. Únicamente después, hace justo ochenta años, decidió su suicidio involuntario al lanzarse contra la URSS.


Para entonces, un Occidente ocupado y asfixiado había cambiado el son. Ahora los soviéticos eran, al menos retóricamente, "nuestros grandes aliados" frente a un orate que se les fue de las manos y debía desaparecer.


No obstante, la apertura de un frente militar en Europa del Oeste contra Berlín fue demorado deliberadamente por Gran Bretaña y los Estados Unidos con la intención de que los contendientes en el Este se debilitaran en grado superlativo, y solo las grandes victorias del Ejército Rojo en Stalingrado, Leningrado y el Arco de Kurks, su avance hacia Europa central camino del cubil de Hitler, y el reactivado terror a la "expansión comunista" continental, apresuraron el controvertido desembarco aliado en las playas francesas de Normandía el titulado Día D.


Y si Occidente pensó librarse de dos enemigos de un tiro, el mundo postguerra resultó un disparo por la culata para sus apetencias de poder supremo. La URSS, gracias al sacrificio de 28 millones de sus combatientes y ciudadanos, ganó un sonado prestigio universal, y desde el punto de vista geopolítico fue estructurado el campo socialista europeo, que rompió su aislamiento inicial.


Los Estados Unidos, por su parte, pasaron a ser, frente a unos aliados europeos en ruinas, la primera potencia capitalista, ahora con un incipiente y privilegiado poder nuclear que la URSS no tardaría en poseer en favor de su defensa.


El antisovietismo, puesto retóricamente a un lado, no tardó en volver a ser agitado públicamente. La maniaca Guerra Fría marcaría largos decenios de histeria, confrontación y riesgos, y la propaganda occidental arremetió nuevamente contra un "tenebroso" Este, donde la represión, la maldad, la saña y el odio a los "valores democráticos" auguraban grandes desgracias que debían ser enfrentadas con un creciente poderío militar y la anulación a escala planetaria de todo proyecto nacional que mostrara el mínimo signo de inconformidad con el injerencismo y el intervencionismo imperialistas.


Paralelamente, la historia de la Segunda Guerra Mundial y de la Gran Guerra Patria soviética fue metódicamente enlodada y tergiversada.


Nuestra especie, para los detractores, se libró del fascismo gracias a un Occidente "osado y decidido", y los "rusos, malos combatientes, hoscos, desorganizados y primitivos" lograron sobrevivir gracias a su temporal alianza con el Mundo Libre, para ahora, con un poder cimentado en el terror y la violencia, intentar imponerse agresivamente a la "democracia y la libertad".


La disolución de la Unión Soviética y sus aliados europeos a inicios de la década de los noventa del pasado siglo, y la proclamación del "fin de la historia" y el triunfo total e inamovible del capitalismo a escala planetaria, fueron un "respiro de gloria" para los intereses hegemónicos, aunque, ciertamente, la vida ya moldeaba nuevas sorpresas para quienes por esos días se ufanaban y denostaban sobre el cadáver de la variante socialista recién fenecida en el oriente.


Antisovietismo y rusofobia (II)

Un presente tan hosco como el pasado...


Dejar al gran país sin historia era la meta para obtener un nuevo híbrido manso e ignorante de su propio poder.


La disolución de la URSS y del campo socialista europeo marcó días de euforia en un Occidente maniatado a Washington.


Y la "venganza" no se hizo esperar. A entrenar a los nuevos "capitalistas" marcharon los expertos neoliberales a todo el Este; los medios de comunicación a la caza de la "oculta y tremebunda historia" del poder soviético; las mafias de todo corte en busca de negocios con sus incipientes pares locales, y hasta Hollywood para pasear en pantalla a sus infalibles "héroes" por edificaciones hoscas y oscuras, monumentos derruidos, plazas heladas y turbias, gente ignorante, y cuarteles militares herrumbrosos y sin control. Había llegado la hora pues, del esperado desquite con la complacencia de gobernantes locales obsecuentes e inconsistentes.


En el fondo, la tarea era descoyuntar hasta la médula a un poderoso enemigo caído que, aún en desgracia, nunca dejó de alarmar a quienes blandían ahora la porra con entera libertad.


La historia de la Gran Guerra Patria fue, como siempre, blanco preferente del desmonte. Por años las autoridades rusas prooccidentales enterraron la tradicional celebración de la victoria sobre la Alemania nazi cada 9 de mayo, junto a la gloria masiva de aquella epopeya. Dejar al gran país sin historia era la meta para obtener un nuevo híbrido manso e ignorante de su propio poder.


No obstante, Rusia resistió y los cambios llegarían. El peso de los valores sembrados por más de siete decenios de batallar por una vida diferente, la rica historia nacional, la conciencia de poder avanzar por sí mismos, y el legítimo orgullo por las hazañas de la nación determinaron la voluntad de renacimiento de la heredera del poderío nuclear de la URSS.


Del otro lado, la frustración de Occidente derivó en ira, y un nuevo rival, junto a China, vino a colocarse en la mira de los poderes absolutistas de factura Made in USA. Evidentemente, la línea destructiva postsoviética en marcha bajo la administración del beodo Boris Yeltsin quedó definitivamente cercenada.


En consecuencia, Rusia ha ido recobrando su autoestima, su historia y su poder, para convertirse hoy en un trascendente actor internacional en favor del multilateralismo con un alto nivel defensivo en materia militar y, por tanto, blanco natural de la ojeriza de la Casa Blanca y sus aliados.


De vuelta está entonces el viejo programa de "demonización" de Moscú, su conversión mediática en un "peligro universal", "depredador global", "monstruo geopolítico" y "amenaza bélica", y susceptible entonces de la cadena de actos hostiles, cerco y sanciones de su contraparte.


A Vladímir Putin se le pinta como un arrogante "zar moderno", y el propio Joe Biden lo tildó textualmente de "asesino" en uno de sus devaneos seniles de carácter público, solo a días del primer encuentro bilateral en Ginebra.


Rusia, en palabras de los centros enemigos, debe ser desprestigiada, herida, preterida y considerada blanco preferente de toda acción agresiva porque, apuntamos nosotros, junto a China, integra hoy la más grande barrera frente a los peregrinos sueños de señor global que Estados Unidos ve alejarse día por día en estas fechas.


La consolidación rusa es, además, inteligente y sabia. Nada de lo realmente valioso y glorioso de su historia ha sido puesto a un lado a tenor de prejuicios ideológicos o políticos.


Ni la victoria contra los invasores napoleónicos siglos atrás, ni la derrota del fascismo propinada por la URSS y su Ejército Rojo que ya es evocada otra vez cada 9 de mayo en la Plaza Roja bajo las banderas y marchas combativas de la época soviética, ni la primacía en la conquista del cosmos, ni la heroicidad y estoicismo colectivos que tantos años duros forjaron en el carácter nacional.


En todo caso, la ojeriza y el endemoniado interés de imponer la imagen de lo que no es ni será, solo forma parte de lo que Putin definió recientemente como burda rusofobia occidental, sin ton ni futuro, a la ya vieja usanza imperial de crearse "oponentes malvados" para intentar justificar su andar mundial garrote en mano.


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