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19 diciembre, 2023

Estados Unidos, sanguinario belicista, presiona a Arabia Saudita para que posponga el inminente acuerdo de paz con Yemen

 

Combatientes hutíes

Kolozeg.Org – 18/12/2023

   Traducción del inglés: Arrezafe


Estados Unidos está ejerciendo presión sobre Arabia Saudita para que retrase la firma de un acuerdo de paz con Yemen y, en su lugar, se una a la coalición naval occidental de protección marítima para hacer frente a los ataques yemeníes contra barcos vinculados a Israel en el Mar Rojo.


Según informa el diario libanés Al-Akhbar, se ha finalizado un borrador de acuerdo de paz entre Saná y Riad que podría firmarse antes de fin de año, lo que pondría fin a una guerra respaldada por la OTAN que ha diezmado al país más pobre del mundo árabe durante ocho años.


"Arabia Saudita está atravesando una difícil prueba entre dos opciones […] O sale del atolladero yemení con una hoja de ruta acordada con Saná, o se somete a los dictados de Estados Unidos y se une a la coalición naval internacional, lo que supondría seguir siendo vulnerable al chantaje [occidental]", señala el informe Al-Akhbar.


A pesar de la presión de Washington, el reino saudí parece dispuesto a "continúar por el camino hacia la paz" y trabaja para "acelerar" la firma de los acuerdos de paz para evitar "mayores obstrucciones por parte de los Emiratíes o agentes locales”.


Los negociadores sauditas y yemeníes han dado sus últimos retoques al acuerdo. La versión revisada fue entregada recientemente al enviado especial de la ONU para Yemen, Hans Grundberg, quien comenzó a coordinar la ceremonia oficial de paz.


Según fuentes de Al-Akhbar en Riad y Saná, el acuerdo de paz incluye el levantamiento completo del bloqueo terrestre, marítimo y aéreo impuesto a Yemen por la coalición liderada por Arabia Saudita, un "mecanismo consensuado" para pagar los salarios de los empleados públicos y la libre exportación de petróleo desde las regiones controladas por Arabia Saudita.


"La pelota está en el tejado de Riad, al que Estados Unidos presiona para retrasar la firma e incorporar a Arabia Saudita a la alianza contra Yemen en el Mar Rojo", destaca Al-Akhbar. añadiendo que también buscan descarrilar el proceso de paz respaldado por los Emiratos Árabes Unidos.


Un acuerdo de paz entre Arabia Saudita y Yemen obstaculizaría significativamente los esfuerzos de Estados Unidos para desplegar un grupo de intervención naval internacional en el Mar Rojo para proteger el comercio marítimo con Israel.


"La fuerza, denominada provisionalmente Operación Guardián de la Prosperidad, será anunciada por el secretario de Defensa, Lloyd Austin, en su visita [a Asia Occidental]", según el diario del Reino Unido The Guardian el 17 de diciembre.


El secretario de guerra de Estados Unidos tiene previsto visitar Israel a finales de esta semana para reunirse con altos funcionarios. Según el medio británico, los funcionarios occidentales creen que Washington se ha asegurado la participación de Jordania, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán, Egipto y Bahréin.


Durante las últimas semanas, las fuerzas armadas yemeníes han estado lanzando ataques contra barcos comerciales vinculados a Israel que intentan cruzar el Estrecho de Bab al-Mandab, al sur del Canal de Suez.




En respuesta, cinco de las empresas navieras más grandes del mundo han anunciado el cese total de sus actividades en esta vital ruta marítima. Se trata de OOCL, con sede en Hong Kong, la francesa CMA CGM, la danesa Maersk, la alemana Hapag-Lloyd y la Mediterranean Shipping Co, de propiedad italo-suiza.



11 octubre, 2022

EEUU: Legisladores presentan proyecto de ley para retirar las tropas de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos

 


AA - WASHINGTON – 06/10/2022

   Traducción del inglés: Arrezafe


Una triada de legisladores demócratas presentó el jueves en la Cámara de Representantes una propuesta legislativa requiriendo la retirada del personal militar y armamento estadounidense estacionado en Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU).


La propuesta de ley se produce un día después de que Riyadh y Abu Dhabi respaldaran la decisión de la OPEP+ de reducir la producción de petróleo del bloque en 2 millones de barriles por día a partir de noviembre, decisión que sin duda elevará los precios del petróleo en EEUU, mientras los demócratas se dirigen hacia unas elecciones intermedias en noviembre con la esperanza de mantener el control de ambas cámaras del Congreso.


Actualmente hay alrededor de 5.000 soldados estacionados en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, y la legislación presentada por Sean Casten, Tom Malinowski y Susan Wild los sacaría de dichos países junto con los sistemas de defensa aérea, como las baterías de misiles Patriot y el Sistema Terminal High Altitude Area Defense (THAAD) en un plazo de 90 días tras la promulgación de la ley.


El sistema THAAD y las baterías Patriot serían reubicados "en otro lugar o lugares del Medio Oriente, con la misión prioritaria de proteger a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos", según consta en el proyecto de ley.


La Casa Blanca criticó duramente la decisión de la OPEP+ el miércoles, manifestando que es una indicación "clara" de que la OPEP+ se está "alineando con Rusia" en un momento en que Moscú prosigue su guerra contra la vecina Ucrania.


Los patrocinadores de la ley declararon que Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos "han dependido durante mucho tiempo de la presencia militar estadounidense en el Golfo, presencia destinada a proteger su seguridad y sus campos petroleros", y que dada la actitud la OPEP+, "no vemos ninguna razón por la cual las tropas y los contratistas estadounidenses deban seguir brindando este servicio a países que actúan en nuestra contra".


"Si Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos quieren ayudar a Putin, deberían acudir a él para su defensa", dijeron Casten, Malinowski y Wild en un comunicado conjunto. "Esta decisión es un punto de inflexión en nuestra relación con nuestros socios del Golfo".


"Si Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos esperan mantener una relación con Estados Unidos, que ha sido abrumadoramente beneficiosa para ellos, deben mostrar una mayor voluntad de trabajar con nosotros, no contra nosotros, para avanzar en lo que ahora es nuestro objetivo de seguridad nacional más urgente: la derrota de la agresión de Rusia en Ucrania", agregaron.







03 marzo, 2022

● Lágrimas para Ucrania, sanciones para Rusia, indiferencia para Yemen y armas para los saudíes: el grotesco y criminal doble rasero de Occidente ● — Ahmed Abdulkareem

 

Y E M E N

INTERNATIONALIST 360° – 02/03/2022

   Traducción del inglés: Arrezafe


HAJJAH, YEMEN – "Estamos siendo brutalmente bombardeados todos los días. Entonces, ¡¡¿por qué el mundo occidental, tan preocupado por Ucrania, no se preocupa por nosotros?!!... ¿Es porque no tenemos cabello rubio y ojos azules como los ucranianos?" Pregunta airado Ahmed Tamri, yemení y padre de cuatro hijos, refiriéndose al amplio apoyo y cobertura mediática internacional prestada a la invasión rusa de Ucrania, en contraste con la pasividad y el silencio mediático ante la guerra en Yemen.


Durante el fin de semana, un miembro de la familia de Tamri murió y nueve familiares resultaron heridos cuando la casa de su familia sufrió un ataque aéreo de la Coalición liderada por Arabia Saudita, en la remota zona de al-Saqf, distrito de Hajjah. Tamri manifiesta que al-Saqf ha sido objeto de una brutal campaña de bombardeos saudíes durante los últimos siete años, más, dice, de lo que ha soportado Ucrania desde que fue invadida por Rusia.


A pesar de la terrible campaña de bombardeos contra los civiles yemeníes, las violaciones de los derechos humanos y los crímenes de guerra de Arabia Saudita, no han tenido el nivel de cobertura y simpatía que los principales medios de comunicación occidentales han otorgado a Ucrania. "Derraman lágrimas por los ucranianos e ignoran nuestra tragedia… ¡Qué hipocresía y qué racismo!". Manifestó Tamri a MintPress News.


Yemeníes: preguntas obvias


A medida que se desarrolla la invasión rusa de Ucrania, aumenta el apoyo a los ucranianos en todo el mundo occidental. Estados Unidos, Europa, Australia y Occidente en general han impuesto severas sanciones a Rusia, mientras en el Consejo de Seguridad de la ONU tenían lugar una serie de conversaciones de carácter urgente. La velocidad de las represalias occidentales –la expulsión de Rusia de la red bancaria internacional SWIFT (Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales), los llamados internacionales a tratar a los rusos como parias en los deportes, la cultura e incluso la ciencia– ha llamado la atención de los yemeníes que han soportado una incesante campaña de bombardeos y un mortífero bloqueo aéreo, terrestre y marítimo durante 2.520 días consecutivos.


Desde el jueves, día en que las fuerzas rusas comenzaron su ataque al régimen de Ucrania, la Coalición liderada por Arabia Saudita, con el apoyo de Estados Unidos, ha lanzado más ataques aéreos en Yemen que Rusia en Ucrania. En Hajjah, una provincia rodeada por artillería pesada saudita, los aviones de combate de la coalición liderada por Arabia Saudí lanzaron más de 150 ataques aéreos contra las ciudades de Haradh, Heiraan, Abbs y Mustab, matando a decenas de civiles, incluido el padre de seis hijos, asesinado durante el fin de semana por un Dron saudí que disparó a su automóvil mientras viajaba de Shafar al mercado de Khamis Al-Wahat.


Desde que comenzó la incursión de Rusia en Ucrania, decenas de civiles, incluidos varios inmigrantes africanos, han muerto y cientos han resultado heridos por la artillería y los ataques aéreos saudíes en la provincia de Saada, región densamente poblada de Yemen y declarada zona militar por Arabia Saudí al comienzo de su campaña militar en marzo de 2015.


Yemen. Cuerpos de civiles víctimas de un ataque aéreo saudí que mató al menos a 87 personas en la frontera entre Yemen y Arabia Saudita, el 22 de enero de 2022. Foto: Hani Mohammed


Mientras los civiles ucranianos eran objeto constante de atención mediática, de solidaridad y de simpatía, Sana'a, en Yemen, se convertía en una inmensa prisión para los más de cuatro millones de residentes y refugiados de la ciudad, paralizados por el bloqueo saudita, cuyos aviones de combate bombardearon varias zonas densamente pobladas, incluido el aeropuerto. Se lanzaron 160 ataques aéreos adicionales en las provincias de Marib, al-Jawf, al-Baydha, Taiz, Najran y Hodeida, el principal punto de entrada de recursos y de ayuda a un país que enfrenta la peor hambruna provocada por el hombre en el siglo XXI.


De hecho, parece que el régimen saudí está aprovechando la distracción de los medios para intensificar los ataques contra una serie de objetivos sensibles a lo largo de la frontera entre Yemen y Arabia Saudita para fortalecer su control sobre Al-Mahra. Los Emiratos Árabes Unidos, la otra gran monarquía petrolera respaldada por Occidente que ocupa Yemen, también hace lo propio, acelerando su proyecto para cambiar la demografía en la preciada isla de Socotra, desplazando a los locales a favor de colonos alineados con sus políticas. Mientras EEUU prepara envíos masivos de armas y ayuda militar a los "luchadores por la libertad" ucranianos, los "rebeldes" yemeníes derribaron un dron MQ9-1 de fabricación estadounidense pilotado por los Emiratos Árabes Unidos en al-Jawf y dos aviones no tripulados 'Boeing Insitu ScanEagles' de fabricación estadounidense en Marib y Hajjah.


Mientras esos países que llevan décadas construyendo muros reales y figurativos para mantener alejados a los refugiados, morenos y negros que huyen desesperados por la violenta invasión extranjera, mientras esos países ahora abren sus brazos, hogares y corazones a los refugiados ucranianos, Arabia Saudita organiza una fuerza de yemeníes mercenarios, traidores que, con el irónico nombre de las "Fuerzas Felices de Yemen", tienen la misión de asegurar la frontera de Arabia Saudita y garantizar su seguridad a cambio de una tarjeta verde que les proporciona acceso a los servicios sociales de Arabia Saudita.


Si nos ponemos a comparar...


En términos del costo total de la vidas humanas, la tragedia en Yemen ha sido mucho más mortífera que la de Ucrania, donde 325 ucranianos, incluidos 14 niños, han perdido trágicamente la vida, según funcionarios ucranianos. Es cierto que la guerra en Yemen no ha cesado durante más de seis años, pero comparativamente las cifras son abrumadoras. Desde 2015, el número de muertos ha alcanzado las 400.000 personas, de las que 3.900 son niños.


Esas cifras incluyen ataques contra civiles tan atroces que atrajeron fugazmente, eso sí, la atención de los medios. Pero, como siempre, ninguna sanción, tímida y escasa condena internacional, ni siquiera el cese temporal de la ayuda militar y el apoyo brindado por las potencias occidentales a los criminales.

Escuelas, funerales, bodas, campos de refugiados bombardeados, incluso un autobús escolar repleto de niños atacado por el armamento más avanzado de Estados Unidos, nada ha sido suficiente para provocar la reacción solidaria que ha cosechado Ucrania en menos de una semana.


Desde 2015, los aviones de combate de la Coalición liderada por Arabia Saudí han azotado Yemen con más de 266.000 ataques aéreos, según la Sala de Operaciones del Ejército de Yemen, que registra los ataques aéreos contra objetivos civiles y militares. El setenta por ciento de esos ataques han alcanzado objetivos civiles. El humo, los escombros y las llamas que se elevan ahora en Ucrania han sido el statu quo en Yemen durante años, y los medios occidentales aún consideran que las imágenes que aparecen en las estaciones locales de televisión yemeníes, imágenes de padres rescatando pedazos de sus hijos bajo los escombros de sus hogares o escuelas, son demasiado crudas de mostrar.


Una enfermera sostiene a una niña desnutrida en el hospital al-Sabeen, en Sana'a, Yemen, 27 de octubre de 2020. Foto: Khaled Abdullah, Reuters


Miles de instalaciones vitales para Yemen, como fábricas, almacenes de alimentos, barcos de pesca, mercados y camiones cisterna, han sido bombardeadas por la Coalición Saudita respaldada por el "democrático" Occidente. La infraestructura básica, aeropuertos, puertos marítimos, estaciones eléctricas, depósitos de agua, carreteras y puentes, escuelas, campos agrícolas y lugares de culto, han sido destruidos o severamente dañados. El bloqueo saudí y los ataques aéreos contra hospitales han paralizado el sistema de salud de Yemen, dejándolo incapaz de hacer frente incluso a las más básicas necesidades de salud pública y dañadas las 300 instalaciones que aún quedan en pie en todo el país, mientras el COVID-19 se propaga como la pólvora.


Al tiempo que se suceden las vehementes condenas a Rusia y los gobiernos occidentales envían paquetes de ayuda masivos a Ucrania, mientras las campañas en las redes sociales se multiplican, las Naciones Unidas anuncian que, para marzo, probablemente recortaría la ayuda a 8 millones de personas, en un país, su hogar, Yemen, que víctima de la peor crisis humanitaria que existe hoy en el planeta. La inseguridad alimentaria de los hogares en Yemen ronda el 80%. Casi un tercio de la población no tiene suficientes alimentos para satisfacer ni siquiera las necesidades nutricionales básicas. Los niños con bajo peso y retraso en el crecimiento se han convertido en algo habitual y lo peor está por venir, ya que la invasión de Ucrania ha provocado un aumento de los precios del combustible y los alimentos, y se ha agotado la financiación humanitaria, según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU.


Elijan qué invasión condenar


En marzo de 2015, más de 17 países liderados por la megamillonaria monarquía del petróleo, Arabia Saudita, lanzaron una invasión militar de Yemen, Estado soberano y miembro de las Naciones Unidas. Aparentemente, la guerra se inició para restaurar en el poder al presidente Abdrabbuh Mansur Hadi, derrocado por las protestas populares durante la Primavera Árabe.


El 26 de marzo de ese mismo año, la Coalición liderada por Arabia Saudita, respaldada militar y diplomáticamente por Estados Unidos, comenzaría una campaña de bombardeos que ha matado, mutilado y destruido indiscriminadamente durante siete años. Arabia Saudita, posiblemente la dictadura más represiva del mundo, no solo obligó a devolver el poder a Hadi con el pretexto de proteger la democracia, sino que ocupó grandes extensiones del sur de Yemen, desde al-Mahara hasta el estrecho de Bab al-Mandab.


Queda en manos de los periodistas, activistas y políticos yemeníes reflexionar sobre por qué los gobiernos occidentales, y en particular la administración Biden, condenan a Rusia por invadir Ucrania, mientras defienden el "derecho legítimo" del régimen saudí a invadir Yemen con similar pretexto.


A pesar de las terribles violaciones de derechos humanos cometidas por Arabia Saudita en Yemen, las naciones occidentales, y Estados Unidos en particular, no solo han proporcionado armas letales, entrenamiento, mantenimiento, inteligencia y cobertura, política y diplomática, a la monarquía saudí, sino que han impuesto restricciones a los medios sobre la cobertura de los abusos de los derechos humanos del régimen saudí en Yemen, presionando a empresas tecnológicas y redes sociales para que eliminen y prohíban por completo la voz de los activistas yemeníes y la de los medios críticos con la guerra.


Yemeníes asisten a una manifestación contra Estados Unidos por su decisión de designar a los hutíes como organización terrorista extranjera. Sanaa, 25 de enero de 2021. Foto: Hani Mohammed


Mientras los principales medios de comunicación occidentales dan entusiasta cobertura a los ucranianos que resisten al invasor y los líderes occidentales aplauden la firme resistencia de los ucranianos, enviándoles ayuda, armas y apoyo moral, etiquetan de terrorista a los yemeníes que toman las armas, los atacan con bombas inteligentes y drones estadounidenses. Los yemeníes que luchan contra las fuerzas invasoras saudíes y emiratíes son sancionados y acusados de ser representantes de Irán por las mismas instituciones liberales y medios de comunicación que dicen oponerse a la guerra.


El lunes, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas extendió el embargo de armas y la prohibición de viajar a las fuerzas yemeníes. La resolución condenó enérgicamente lo que llamó "ataques transfronterizos" por parte de los "houthis", un término despectivo utilizado para referirse a Ansar Allalh, la mayor fuerza que desafía la invasión y ocupación saudí. Así mismo, la resolución condena los "ataques contra Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos", refiriéndose a los ataques con misiles y aviones no tripulados de Ansar Allah contra los aeropuertos y las instalaciones de almacenamiento de petróleo de la Coalición liderada por Arabia Saudita.


Comentando la resolución –que se produjo cuando Emiratos Árabes Unidos se negó a condenar públicamente a Rusia, con la esperanza de obtener su respaldo para su propia invasión de Yemen–, el líder de Ansar Allah, Mohammed al-Houthi, hizo una simple solicitud: que los deliberados ataques de Arabia Saudita a civiles en Yemen conduzcan al embargo de armas del reino saudí. Lo que en esencia solicitó al-Houthi fue que se pusiera fin al doble rasero, una solicitud que parece imposible de cumplir en el clima político actual.


Niños sobre los escombros de una casa destruida por ataques aéreos liderados por Arabia Saudita en Sanaa, Yemen, el 25 de agosto de 2017. Foto: Hani Mohammed


Ahmed AbdulKareem, periodista yemení, vive en Sana'a. Cubre la guerra en Yemen para los medios locales yemeníes así como para MintPress News.



17 enero, 2022

Yemen, agonía y éxtasis — Guadi Calvo

 

Los hutíes acusan a EEUU de prolongar la guerra en Yemen


Rebelión - 13/01/2022

Según recientes informes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hacia finales de 2021, 277.000 yemeníes habrían muerto desde el comienzo de la guerra iniciada por Arabia Saudita en marzo de 2015. Dicho informe no especifica cuántas muertes se produjeron desde la asunción de Joe Biden como presidente de los Estados Unidos el 20 de enero del año pasado hasta la fecha de la conclusión del informe, ya que el nuevo mandatario había llegado a Washington con la promesa de exigir a Riad que pusiera fin al genocidio.


Biden, durante su campaña electoral, había anunciado que quitaría todo apoyo a las operaciones del reino wahabita para derrotar a la resistencia yemení conocida como Ansar- Allah (partidarios de Dios)o también hutíes, en honor a su fundador Husein Badrudin al-Huti, muerto en combate por el ejército yemení en 2004, que a pesar de la gigantesca coalición que respaldó a Riad en 2015, entre los que se incluyen los Estados Unidos, Reino Unido, Israel, las monarquías del golfo y un cúmulo de naciones musulmanas no los han podido derrotar, sino todo los contrario. La coalición chií-sunita atormenta el sueño de la casa Saud golpeando con sus drones cada vez más cerca de Riad tras haber producido demoledores ataques a las más importantes refinerías del sur saudita afectando el suministro de petróleo a nivel mundial.


Si los dichos del entonces candidato demócrata fueron sinceros o solo un artilugio electoralista no lo sabemos, pero lo que sí saben muy bien los sauditas es cómo controlar cualquier intención renovadora en la ya larga alianza entre el Reino y los Estados Unidos. Entonces, en octubre pasado, Washington no tuvo más opción de anunciar un contrato militar de 500 millones de dólares con Riad que incluye apoyo técnico a los helicópteros de ataque que utiliza el ejército saudita en las operaciones contra los hutíes.


Así, mientras la catástrofe humanitaria se profundiza, los negocios siguen siendo los negocios, a pesar de que la ONU ha calificado la situación del pueblo yemení como la peor del mundo, al borde de un desastre humanitario que pone en juego la vida de millones de personas. Poco antes de las últimas navidades el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas anunció un recorte obligatorio de la ayuda que brindaba en Yemen, dada la falta de fondos. En septiembre la misma organización había informado de que 16 millones de yemeníes se encontraban al borde de la hambruna.


Si bien históricamente Yemen ha sido el país más pobre de la Península Arábiga, donde se registraban tasas de pobreza cercanas al cincuenta por ciento, en la actualidad después casi siete años de guerra continua en que la aviación saudita -algunas fuentes insisten en que los aviones F18 de fabricación norteamericana utilizados para esos ataques son operados por pilotos israelíes- ha golpeado de manera constante las zonas urbanas y de producción yemeníes, por lo que la pobreza se han incrementado entre un 75 y un 80 por ciento, dada la devastación sufrida en la infraestructura en general, servicios públicos, alcantarillados, redes de agua, siempre escasas y ahora inexistentes, además de que tanto escuelas como hospitales se convirtieron en el objetivo principal de esos ataques. En este marco de situación la ONU ha advertido de que el país se encuentra rumbo a convertirse en el más pobre del mundo.


Según Hans Grundberg, el enviado especial de la ONU, en su último viaje a ese país registró que el conflicto se encuentra en uno de los momentos de mayor virulencia. Los ataques de la coalición invasora contra el aeropuerto de Saná, la capital yemení, bajo control de los hutíes, en diciembre último han impedido la llegada de los vuelos de ayuda, aunque el mando rebelde ha insistido en que estaban dadas las condiciones de seguridad para reiniciar esos vuelos que hasta ahora no se han reanudado.


Según David Gressly, el coordinador humanitario de la ONU para Yemen, las tripulaciones de vuelos humanitarios han informado de al menos diez casos en los que no pudieron contactar con la torre de control aéreo de ese aeropuerto, ya que las comunicaciones eran “poco claras” y dada la peligrosidad de la situación esos vuelos fueron abortados. Según el funcionario los equipos de la torre de control están obsoletos, por lo que habría que importar nuevos. Una operación que la situación hace prácticamente imposible, ya que los sauditas “no han autorizado la transferencia, a pesar de varias solicitudes de las Naciones Unidas”.


Otro de los elementos que ha provocado el agravamiento de la actual situación ha sido la disgregación de fuerzas en la coalición saudita. Desde hace más de un año las relaciones entre Riad y su principal socio en esta aventura, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), son prácticamente nulas, ya que en 2019 los Emiratos han retirado sus tropas y siguen, como desde 2017, alentando la secesión del sur del país, dando espacio para el surgimiento del Consejo de Transición del Sur a pesar de la negativa saudita.


Por otra parte hacen su guerra operando a veces por libre y en la mayoría de las oportunidades junto a la coalición invasora khatibas, perteneciente a al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) y al Dáesh, que no desaprovechan oportunidad para ganar terreno, expandir sus redes y sumar nuevos muyahidines, siempre teniendo como objetivo principal infiltrarse en Irán, a tiro de piedra del conflicto, y el gran enemigo a vencer no solo por el reino saudita, sino también y fundamentalmente por el enclave sionista y los Estados Unidos.


Marib, el nombre de la batalla


El príncipe heredero del reino saudita Mohamed bin Salman (MbS), más conocido en el mundo por ser el dueño del Newcastle inglés que por ser el mayor responsable del genocidio yemení, tiene poco que mostrar a su pueblo para justificar los miles de millones de dólares que ha invertido en esa guerra de donde si no consigue una victoria urgente, lo que es altamente improbable, saldrá totalmente derrotado ya no solo en lo militar, sino también y fundamentalmente en lo político ya que su país, que siempre ha sido el pilar de la alianza de las monarquías sunitas del golfo, se ha empezado a desquebrajar al tiempo que hacia el interior del reino las voces de protesta suenan de manera cada vez más desembozada, más allá del aceitado aparato represivo que ha imperado históricamente en el reino logrando la perpetuación del régimen, el cual acentuó sus medidas represivas a partir de una serie de acontecimientos en 1979, como la toma de la Gran Mezquita de la Meca, el corazón del Islam, por un grupo de oficiales y militantes fanáticos que consideraban que los Saud estaban violando los preceptos del Corán, casi en el mismo momento que triunfaba la Revolución Iraní, un “pésimo” ejemplo para el mundo árabe.


En prevención de males mayores, el régimen de Riad está buscando de manera desesperada una salida mínimamente decorosa, como lo han hecho ya la mayoría de sus socios.


La ofensiva contra en la ciudad de Marib en el centro norte del país, rodeada de llanuras áridas, solo arenas y matorrales, es el último bastión importante que todavía mantienen las fuerzas yemeníes pro-Riad, se ha iniciado hace casi un año y hoy parece una batalla congelada, ya que los avances son mínimos pero a un altísimo costo de vidas. Desde junio último los rebeldes han perdido cerca de 15.000 hombres mientras sus defensores, sin reconocer el número de bajas, han admitido que de no contar con el apoyo aéreo de la coalición invasora la ciudad habría caído hace muchos meses.


En medio de la batalla millones de vidas están en juego, la ciudad que no llegaba a los 20.000 habitantes hoy sobrepasa el millón de almas que han llegado allí huyendo de los combates. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) existirán unos 137 campamentos de desplazados en la ciudad y sus alrededores. La ciudad sitiada, que se encuentra a unas cinco horas de auto de la frontera con Arabia Saudita, es el corazón de la industria petrolera yemení, de ahí su importancia y quizás su caída finalmente decida el rumbo final de la guerra.


Se ha insistido hasta el hartazgo en el apoyo que Teherán han dado a hutíes de mayoría chiíta desde el comienzo de la guerra, aunque más allá de las denuncias constantes del Departamento de Estado, ni la CIA, ni el Mossad han podido recabar pruebas concretas acerca de esa asistencia, aunque de ser cierta la versión habría que preguntarse cuál sería la razón de que Irán no pudiera socorrer a sus hermanos en una guerra monumentalmente asimétrica, la que no han iniciado y en la que han dado vuelta a su curso, a lo que prácticamente era considerado un desfile militar por su principal responsable el príncipe Mohamed que no solo no han podido vencer, sino que gracias al valor de los hutíes han logrado llevar la guerra desde la agonía inicial al inminente éxtasis final de la victoria.


31 octubre, 2018

El pacto del reino saudita con Estados Unidos sólo protege al rey, sin incluir al príncipe heredero —— Thierry Meyssan





RED VOLTAIRE23/10/2018

Los panameños que recuerdan como Washington arrestó a su ex empleado, el general Antonio Noriega, no se sorprenden del destino que Estados Unidos parece deparar al príncipe heredero saudita. El asesinato de Jamal Khashoggi está lejos de ser el peor de los crímenes del príncipe Mohamed ben Salman, pero pudiera ser el último. El pacto de Estados Unidos con la familia real protege sólo al rey y Washington puede aprovechar la coyuntura para embolsarse varios miles de millones de dólares.

Al recibir en Washington al príncipe heredero, Mohamed ben Salman, el presidente Trump pasó revista a las enormes compras de armamento estadounidense pactadas con Arabia Saudita y concluyó preguntando al príncipe con una enorme sonrisa: “Ustedes tienen con qué pagar todo esto. ¿Verdad?”

El asesinato de Jamal Khashoggi es uno de los numerosísimos casos donde se aplica la ética de geometría variable que practican las potencias occidentales.

El reino de los Saud

Hace 70 años que las potencias occidentales prefieren ignorar lo que todo el mundo sabe: Arabia Saudita no es un país como los demás. Es propiedad privada del rey que la gobierna y todos los que allí residen están al servicio de ese rey. El nombre mismo del país –Arabia Saudita– proclama que se trata, ante todo, de la “residencia” de los Saud.

En el siglo XVIII, una tribu de beduinos –los Saud– concluyó una alianza con la secta de los wahabitas y se levantó contra el Imperio Otomano. Lograron instaurar un reino en Hejaz, región de la Península Arábiga donde se encuentran las ciudades santas de Medina y La Meca. Pero pronto tuvieron que enfrentar la represión otomana.

A principios del siglo XIX, un sobreviviente de la tribu de los Saud inicia una nueva revuelta. Pero los miembros de su familia comienzan a luchar entre sí y acaban nuevamente derrotados por los otomanos.

Finalmente, ya en el siglo XX, los británicos apuestan por los Saud para acabar con el Imperio Otomano y poder explotar los yacimientos petrolíferos de la Península Arábiga. Con ayuda de Lawrence de Arabia, fundan el reino actual.

La diplomacia británica sabía perfectamente que tanto los Saud como los wahabitas se habían ganado el odio de sus servidores y que serían incapaces de entenderse con sus vecinos. El desequilibrio militar entre los Saud, armados con sables, y el armamento moderno de los británicos garantizaba que esa familia nunca pudiese rebelarse contra sus amos occidentales.

Pero al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos aprovecha el debilitamiento del Reino Unido para suplantarlo. El presidente Roosevelt concluye con el fundador del reino saudita el llamado “Pacto del Quincy” [1]. En ese pacto, Estados Unidos se comprometía a proteger a la familia Saud a cambio del petróleo del reino. Los Saud también se comprometían a no oponerse a la creación de un Estado judío en Palestina. George W. Bush renovó aquel pacto en los años 2000.


El fundador del wahabismo, Mohamed ben Abdelwahhab, estimaba que quienes no se unieran a su secta debían ser exterminados. Numerosos autores han resaltado la cercanía entre el modo de vida de los wahabitas y el de algunas sectas judías ortodoxas, así como el parecido entre los razonamientos de los teólogos wahabitas y los de algunos pastores cristianos puritanos.

Sin embargo, para mantener la influencia británica en el Medio Oriente, Londres decide combatir a los nacionalistas árabes y respaldar a la Hermandad Musulmana y a la secta de los Nachqbandis. Es por eso que, en 1962, los británicos solicitaron a los Saud que crearan la Liga Islámica Mundial y después –en 1969– la creación de lo que hoy llamamos la Organización para la Cooperación Islámica. El wahabismo acabó admitiendo el islam sunnita –al que hasta entonces había combatido– y ahora se erige en protector del sunnismo mientras se obstina en combatir las demás manifestaciones del islam.

Tratando de evitar las guerras fratricidas que habían marcado la historia de su familia en el siglo XIX, el rey Ibn Saud instituyó un sistema de sucesión que, a la muerte del rey, transfería la corona al mayor de sus hermanos. El fundador del reino había tenido 32 esposas, que le dieron 53 hijos y 36 hijas. El mayor de los sobrevivientes –el actual rey Salman– tiene 82 años. En aras de salvar el reino, el Consejo de Familia de los Saud aceptó en 2015 modificar la regla de sucesión y designar a los hijos del príncipe Nayef y del rey Salman como futuros herederos. Pero el príncipe Mohamed ben Salman –hijo del actual rey Salman– apartó de su camino al hijo de Nayef convirtiéndose así en único príncipe heredero del trono.

Las costumbres de los Saud

En la Antigüedad, el término «árabe» designaba a los pueblos arameos que vivían del lado sirio del Éufrates. Según esa definición, los Saud no son árabes. Sin embargo, como el Corán fue reexaminado por el Califa en Damasco, el término «árabe» designa hoy a los pueblos que hablan la lengua del Corán, lo cual incluye a los de la región de Hejaz. Ese término genérico abarca hoy las civilizaciones –muy diferentes entre sí– de los beduinos del desierto y de los pueblos de las ciudades de un vasto conjunto geográfico que se extiende desde el Océano Atlántico hasta el Golfo Pérsico.

La familia Saud pasó bruscamente del camello al jet privado, pero ha conservado, en pleno siglo XXI, la cultura arcaica del desierto. Ejemplo de ello es su odio hacia la Historia. Los Saud han destruido todo rastro de la historia de su país. Esa es la mentalidad retrógrada que se expresó en las destrucciones de monumentos históricos y arqueológicos perpetradas por los yihadistas en Irak y en Siria. No existe ninguna otra razón que justifique la decisión de los Saud de destruir la casa del Profeta Mahoma y la destrucción de las históricas tablillas sumerias perpetrada por los yihadistas del Emirato Islámico (Daesh).

Las potencias occidentales que en el pasado utilizaron a los Saud para acabar con el Imperio Otomano –hecho que todos reconocen hoy en día– son las mismas que utilizaron a los yihadistas, financiados por los Saud y formateados ideológicamente por los wahabitas, para destruir Irak y Siria.

Aunque ya nadie quiere recordarlo, al principio de la agresión contra Siria, mientras la prensa occidental nos servía la fábula de la «primavera árabe», Arabia Saudita sólo exigía que el presidente Bachar al-Assad dejara el cargo. Riad aceptaba que se quedaran sus consejeros, su gobierno y hasta su ejército y sus servicios secretos. Sólo quería la cabeza de Assad… porque Assad no es sunnita.

Cuando el príncipe Mohamed ben Salman (a quien la prensa prefiere llamar «MBS») se convirtió en el ministro de Defensa más joven del mundo, exigió poder explotar los yacimientos petrolíferos que abarcan parte de su país y del territorio yemenita. Ante la negativa de Yemen, inició una guerra con la que esperaba cubrirse de gloria, como su abuelo. Pero, a través de la Historia, nadie ha logrado mantenerse en Yemen, ni en Afganistán. Poco importa, el príncipe heredero “demuestra” su poderío hambreando a 7 millones de personas. Todos los miembros del Consejo de Seguridad dicen sentir preocupación ante la crisis humanitaria en Yemen, pero ninguno se atreve a criticar al “valeroso” príncipe MBS.

Como consejero de su padre el rey, MBS propone eliminar al jefe de la oposición saudita –el jeque Nimr Baqr al-Nimr [2]. El jeque al-Nimr era partidario de la no violencia… pero era chiita, o sea un «infiel», según la visión de los wahabitas. El jeque al-Nimr fue decapitado, sin que las potencias occidentales se escandalizaran por ello. Después, MBS destruyó Mussawara y Chuweikat, en la región saudita de Qatif, ¡de población fundamentalmente chiita! Las potencias occidentales tampoco vieron allí las ciudades arrasadas por los blindados del reino ni sus pobladores masacrados.

El príncipe heredero no soporta la menor contradicción y en junio de 2017 empujó a su padre a romper con Qatar, porque el pequeño pero riquísimo emirato había tenido la audacia de ponerse del lado de Irán ante Arabia Saudita. MBS instó entonces a todos los países árabes a seguirlo en su disputa con Qatar y logró hacerlo retroceder temporalmente.

Al llegar a la Casa Blanca, el presidente Trump decide ser pragmático. Acepta la agonía de los yemenitas, a condición de que Riad ponga fin al respaldo que aportaba a los yihadistas.


Es entonces cuando al consejero de Trump, su yerno Jared Kushner, se le ocurre la idea de recuperar el dinero que los Saud ganan con el petróleo y usarlo para revitalizar la economía de Estados Unidos. La inmensa fortuna de los Saud es el dinero que las potencias occidentales en general y los estadounidenses en particular han venido pagando por el petróleo saudita. No es fruto del trabajo de la familia real sino la renta que sacan de un país que les pertenece. El príncipe Mohamed ben Salman organiza entonces el golpe palaciego de noviembre de 2017 [3]. Al menos 1300 miembros de la familia real son puestos bajo arresto domiciliario, incluyendo al primer ministro libanés Saad Hariri, descendiente bastardo del clan Fadh. Algunos de ellos son torturados para “convencerlos” de que deben “ofrecer” la mitad de sus fortunas al príncipe heredero, quien se echa así en el bolsillo 800 000 millones de dólares en dinero y en acciones [4]. ¡Craso error!

La fortuna de los Saud, hasta entonces dispersa entre todos los príncipes y sus descendientes, se concentra ahora en una mano que no es la del rey, representante del Estado. Así que sólo hay que torcer esa única mano para recuperar el botín.

El príncipe MBS amenaza también con imponer a Kuwait el destino que ya sufre Yemen, si él no puede explotar las reservas de petróleo ubicadas en las regiones limítrofes con Arabia Saudita. Pero el viento y el tiempo ya no son favorables al heredero.

La operación Khashoggi

Sólo había que esperar la oportunidad. El 2 de octubre de 2018, uno de los servidores del acaudalado príncipe Al-Walid ben Talal Abdulaziz Al-Saud, el periodista Jamal Khashoggi, es asesinado por orden de MBS en la sede del consulado de Arabia Saudita en Estambul, lo cual constituye una violación del artículo 55 de la Convención de Viena sobre las relaciones consulares [5].

Jamal Khashoggi era nieto del médico personal del rey Abdul Aziz y sobrino del vendedor de armas Adnan Khashoggi, el hombre que equipó la fuerza aérea saudita y posteriormente armó –por cuenta del Pentágono– al Irán chiita contra el Irak sunnita. Samira Khashoggi, tía de Jamal Khashoggi, es la madre de otro vendedor de armas, Dodi al-Fayed, amante de la mediática princesa británica Lady Diana, junto a la cual fue eliminado [6]).

Jamal Khashoggi estaba implicado en un nuevo golpe palaciego que el príncipe Al-Walid ben Talal estaba preparando contra MBS. Varios asesinos presentes en el consulado le cortaron los dedos, descuartizaron su cuerpo y posteriormente presentaron su cabeza al amo MBS. Todo fue meticulosamente grabado por los servicios secretos de Turquía y Estados Unidos.

En Washington, la prensa y los miembros del Congreso estadounidense exigen al presidente Trump la adopción de sanciones contra Riad [7].

Turki al-Dakhil, uno de los consejeros del príncipe heredero, responde que si Estados Unidos adopta sanciones contra Arabia Saudita, esta última es capaz de echar abajo el orden mundial [8]. Según la tradición de los beduinos del desierto, a todo insulto debe responderse con una venganza… a cualquier precio.

Según ese consejero, Arabia Saudita está preparando una treintena de medidas y las más importantes serían:
Reducir la producción de petróleo a 7,5 millones de barriles diarios, lo cual provocaría un alza de precios, que podrían llegar a 200 dólares por barril. Además, Arabia Saudita no aceptaría pagos en dólares estadounidenses, provocando así el fin de la hegemonía mundial de esa moneda;
Arabia Saudita se alejaría de Washington para acercarse a Teherán;
Arabia Saudita compraría armamento a Rusia y China. El reino propondría además a Rusia abrir una base militar en suelo saudita, concretamente en la provincia de Tabuk, en el noroeste, o sea cerca de Siria, Líbano e Irak;
de la noche a la mañana, Arabia Saudita pasaría a respaldar al Hamas y al Hezbollah.

Consciente de los daños que la fiera es capaz de provocar, la Casa Blanca promete a sus perros parte de los despojos. Recordando tardíamente sus bellos discursos sobre los «Derechos Humanos», las potencias occidentales claman en coro que ya no soportan más esa tiranía medieval [9]. Uno a uno, todos los líderes económicos de Occidente se alinean tras las instrucciones de Washington y anulan su participación en el Foro de Riad. Recordando que Jamal Khashoggi era «residente estadounidense», el presidente Trump y su consejero Jared Kushner hablan de confiscar bienes, que pasarían a manos de Estados Unidos.

Mientras tanto, en Tel Aviv reina el pánico. El príncipe MBS era el mejor socio del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu [10]. Netanyahu incluso solicitó al príncipe heredero la creación de un estado mayor común israelo-saudita en Somalilandia para aplastar a los yemenitas. MBS viajó en secreto a Israel a finales de 2017. El ex embajador de Estados Unidos en Tel Aviv, Daniel B. Shapiro, advierte a sus correligionarios israelíes que al aliarse al príncipe heredero saudita, Netanyahu pone a Israel en peligro [11].

El Pacto del Quincy sólo protege al rey de Arabia Saudita. No incluye al príncipe heredero.



NOTAS:
[1] El “Pacto del Quincy” debe su nombre al hecho de haber sido firmado a bordo del navío de guerra estadounidense USS Quincy (CA-71). Nota de la Red Voltaire.
[2] «El régimen de los Saud se tambalea después de ejecutar al jeque al-Nimr», por André Chamy, Red Voltaire, 4 de enero de 2016.
[3] «Golpe palaciego en Riad», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de noviembre de 2017.
[4] “Saudis Target Up to $800 Billion in Assets”, Margherita Stancati y Summer Said, Wall Street Journal, 8 de noviembre de 2017.
[5] «Conventionde Vienne sur les relations consulaires», Réseau Voltaire, 24 avril 1963.
[6] Lady died, par Francis Gillery, Fayard éd., 2006; «Francis Gillery: “Yo estudié el mecanismo de la mentira de Estado en el caso de la princesa Diana”», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 4 de septiembre de 2007.
[7] “The disappearance of Jamal Khashoggi”, por Manal al-Sharif, The Washington Post, 9 de octubre de 2018. “Letter by the Senate Foreign Relations Committee on the disappearance of Jamal Khashoggi”, 10 de octubre de 2018.
[8] “US sanctions on Riyadh would mean Washington is stabbing itself”, Turki Al-Dakhil, Al-Arabiya, 14 de octubre de 2018.
[10] «Exclusivo: Los planes secretos de Israel y Arabia Saudita», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 22 de junio de 2015.
[11] “Why the Khashoggi Murder Is a Disaster for Israel”, Daniel Shapiro, Haaretz, 17 de octubre de 2018.