El comunismo, como
teoría y práctica revolucionaria, es incompatible con la exclusión
del análisis de aspectos fundamentales de la dinámica de la
sociedad capitalista.
Coordinación
de Núcleos Comunistas – 02/02/2023
Ángeles Maestro,
en nombre de la Coordinación de Núcleos Comunistas.
Y lo que hay de
fundamento revolucionario en la ciencia proletaria, no es solo que
ella oponga a la sociedad burguesa contenidos revolucionarios sino
que es, en primerísimo lugar, la esencia revolucionaria del método
en sí. El reinado de la categoría de totalidad es el portador del
principio revolucionario en la ciencia.
G. Lukacs
1. Un elefante en el
cuarto. El caso de la pandemia Covid.
La comprensión de la
lucha de clases como motor de la historia, la afirmación de que el
proletariado actuando como clase para sí es el sujeto de la
revolución, o la crítica a la desvinculación de luchas parciales
del combate general de la clase obrera por su emancipación, forman
parte, aunque muchas veces vaciadas de consecuencias prácticas, del
discurso de las organizaciones marxistas.
Por otra parte, el
análisis de totalidad de la forma en la que se expresan, aquí y
ahora, las principales contradicciones de la sociedad capitalista
tiene por objetivo la caracterización de los diferentes aspectos de
la dominación de clase, no como ejercicio teórico, sino porque es
imprescindible para diseñar la estrategia y la táctica de la
revolución en las condiciones actuales, y lo que es aún más
importante, para caracterizar la organización del partido comunista
revolucionario.
Si las organizaciones
revolucionarias no analizan como un todo las diferentes formas
concretas: económicas, políticas, ideológicas, culturales, legales
y represivas mediante las cuales se reproduce y se perpetúa el
dominio de la burguesía sobre la clase obrera en cada momento
histórico, sobre todo en momentos de crisis aguda como los actuales,
y se excluyen – por las razones que sea – aspectos cruciales como
el conjunto de mecanismos e instituciones que han operado con el
pretexto del Covid, corren el riesgo de no interpretar adecuadamente
los planes del enemigo de clase, y, lo que es tanto o más grave, de
no valorar sus consecuencias sobre la subjetividad de las masas
populares.
Los principios enunciados
más arriba, que serían suscritos sin dudar por cualquier
organización comunista, se han desplomado cuando se ha trata de
caracterizar la gestión de la pandemia Covid por los gobiernos de la
burguesía como un gran experimento de control social, funcional a
sus planes de “salida” a la crisis general del capitalismo. Y
esto no es un asunto del pasado. El éxito alcanzado por el Estado
para imponer medidas inéditas de conculcación de derechos y
libertades, de debilitamiento de organizaciones obreras y populares,
e incluso de enfrentamientos en el seno de las mismas, hará que, con
toda probabilidad, ante la agudización de la crisis, estas medidas
se repitan e incluso adquieran tintes aún más drásticos.
La renuncia a abordar,
desde una perspectiva de clase, la coherencia interna de las medidas
implantadas por los diferentes gobiernos para “luchar” contra el
Covid 19, pone en evidencia que, pese a la reivindicación del
análisis marxista, se han obviado asuntos trascendentales desde la
perspectiva revolucionaria como la naturaleza de clase del Estado, el
sometimiento de la ciencia a los intereses del capital, en concreto a
las multinacionales farmacéuticas, así como su control absoluto de
las principales instituciones sanitarias nacionales e
internacionales.
Tener en cuenta estos
aspectos, precisamente en un momento histórico en el que la
centralización y concentración del capital adquiere proporciones
gigantescas y sus instrumentos de dominación se jerarquizan e
internacionalizan como nunca antes, es clave, no solo desde el punto
de vista teórico, como movimiento del pensamiento, sino que es
imprescindible para que el proletariado identifique adecuadamente el
funcionamiento de los aparatos ideológicos y represivos del Estado y
construya su independencia de clase.
La naturaleza de clase
del Estado, obviamente más allá del color de los gobiernos de
turno, fue desplegada en toda su crudeza en la pandemia Covid
mediante la ocupación por el ejército de todos los pueblos y
ciudades del Estado español, así como por la policía y la Guardia
Civil, la declaración de los Estados de Alarma, posteriormente
declarados inconstitucionales, o el endurecimiento de las leyes
represivas – y, muy especialmente el proyecto de implantar la Ley
de Seguridad Nacional(1).
Estos aspectos, así como
el control absoluto de la información y la implantación de medidas
de censura sin precedentes en las democracias burguesas – las
mismas, tanto para el Covid, como para la guerra de la OTAN contra
Rusia – han contado y cuentan con la colaboración decisiva de la
socialdemocracia y de los grandes sindicatos. Obviamente, esto no es
una novedad. Pero si lo es, que los sindicatos alternativos y la gran
mayoría de las organizaciones autodefinidas como revolucionarias no
lo hayan identificado como un brutal ataque contra la clase obrera.
Si no lo hubiéramos
vivido resultaría inconcebible que estas organizaciones hayan
aceptado que el mismo Estado, que independientemente de quien
gobierne, ejecuta con mano de hierro reformas laborales, que
desmantela los servicios públicos, especialmente la sanidad, que
mantiene intactas las leyes represivas, o que envía armas a los
nazis ucranianos, haya llevado a cabo todas esas medidas “para
proteger nuestra salud”. Todo ello a pesar de que tales medidas
configuran un Estado de tintes cada vez más claramente fascistas que
persigue la militarización de la sociedad, la persecución de voces
críticas y la represión de las luchas obreras y populares.
El desconocimiento del
control por parte del capital, y el sometimiento de los
descubrimientos científicos a sus objetivos de beneficio de la
práctica totalidad de la investigación – incluida la que se
financia con medios públicos – el plan Bolonia es buena muestra –
es especialmente lacerante cuando se trata de las grandes
multinacionales farmacéuticas. Su largo historial criminal al
servicio de la introducción de fármacos ineficaces e inseguros,
manipulando ensayos clínicos y sobornando masivamente a gobiernos y
autoridades sanitarias, está suficientemente acreditado con
sentencias judiciales y sanciones multimillonarias y, sobre todo, con
centenares de miles de muertos.
Todo ello ha adquirido
proporciones descomunales con la introducción de las vacunas ARNm
que no me detengo a detallar aquí porque está suficientemente
analizado en los informes de CNC2. Sólo destaco que desde su
implantación, se han producido en la UE más de 50.000 muertes y más
de 2 millones de efectos graves en la UE, según datos oficiales de
la EMA, que reconoce que se declaran solo un 1% de los casos, y que,
en el Estado español, desde la implantación de dichas vacunas hay
un exceso de mortalidad de más de 30.000 personas, excluyendo las
muertes por Covid y los golpes de calor(3). Todo ello sin que el
Gobierno, según ha declarado recientemente la Ministra de Sanidad en
el Congreso de los Diputados, “tenga entre sus prioridades
investigar las causas”. Así mismo, según declaraciones de la CEO
de Pfizer en el Parlamento europeo, nunca se constató en los ensayos
clínicos que las personas vacunadas dejaran de contagiar, a pesar de
que ese fue el argumento básico para implantar los “pases Covid”
o para llevar a cabo la coerción a la vacunación, especialmente
sangrante en el caso de los niños que no tenían ningún riesgo, ni
de enfermar gravemente, y mucho menos de morir, “por solidaridad”.
2. El “Gran
reinicio” y los planes de la burguesía para “salir” de la
crisis.
Esta crisis, la mayor de
la historia del capitalismo, tiene lugar cuando se ha llevado a cabo
una inédita centralización del capital en todas su formas,
acelerada por los avances científicos-técnicos de la 4ª revolución
industrial (informática, robótica, inteligencia artificial,
neurociencia).
La oligarquía, que a
través de los grandes fondos de inversión controla los centros
claves del capital financiero, industrial, militar y comercial, tiene
hoy en su mano los instrumentos para llevar a cabo, a través de los
gobiernos a su servicio, las decisiones políticas necesarias para
acometer las transformaciones con las que el capitalismo ha
enfrentado todas sus grandes crisis: destrucción a gran escala del
capital menos competitivo, aceleración de la concentración de las
grandes empresas en cada vez menos manos y “saneamiento” del
mercado para empezar de nuevo, cambiando las reglas del juego.
La liquidación masiva de
empresas y de puestos de trabajo, unida a la sustitución de trabajo
humano mediante la digitalización, la robótica, la nanotecnología,
etc. está hundiendo en el paro, sin expectativa alguna de conseguir
un empleo a millones de trabajadoras y trabajadores, y dejando sin
futuro alguno a la juventud.
Es evidente que esta
situación, que sus planes plantean como irreversible, va a producir
revueltas sociales generalizadas que pueden desembocar en procesos
revolucionarios. Y quienes están diseñando “el Gran Reset” lo
saben perfectamente.
La preocupación mayor de
las clases dominantes, a lo largo de la historia del capitalismo y
ahora con más razón, es impedir que el cumplimiento de su objetivo
prioritario de maximizar beneficios incrementando la explotación,
pueda conducir a la insurrección de quienes no tienen más que su
fuerza de trabajo para sobrevivir y que les arrebaten el poder.
La psicosis de terror
ante el Covid y las brutales medidas represivas impuestas, que hasta
ahora solo se tomaban en tiempos de guerra, como el confinamiento, la
paralización de la producción o la suspensión de derechos
fundamentales, como el de reunión o manifestación, han permitido la
destrucción de decenas de miles de pequeñas y medianas empresas,
prácticamente sin resistencia.
Esta experiencia, que ha
hecho posible que las grandes multinacionales tecnológicas, las
GAFAM (Google – Alphabet, Apple, Facebook – Meta, Amazon y
Microsoft) hayan doblado su valor en bolsa durante la pandemia, ha
permitido además a las clases dominantes comprobar hasta qué punto
pueden reducir a la clase obrera, mediante el miedo, a una masa
informe de seres sumisos, inoculando el enfrentamiento entre ellos e
incluso denunciando a quienes se resisten, y reprimir a quienes no
aceptaran el avasallamiento, como en tiempos más negros del
fascismo.
La oligarquía reunida en
el Foro Económico Mundial de Davos de 2021 no cabía en sí de gozo
al comprobar la eficacia del disciplinamiento social y, al mismo
tiempo el rápido avance de la digitalización, del trabajo
telemático, la implantación del pase Covid, del uso masivo de la
tarjeta bancaria – precedentes de mecanismos de control de
poblaciones – o la generalización de las compras por internet.
Pero, sobre todo, el confinamiento aceleró exponencialmente el uso
de redes sociales, la visualización de series y, especialmente en
los más jóvenes, de los juegos “on line”, cuyas plataformas y
contenidos, producidos por las grandes empresas tecnológicas,
permiten la evasión masiva de una realidad cada vez más hostil y,
conducen al aislamiento, destruyendo las relaciones sociales.
El aumento espectacular
de los suicidios(4), especialmente en la juventud, e incluso en niños
cada vez más pequeños o el incremento del consumo de ansiolíticos
y antidepresivos, son, probablemente, las consecuencias más
dramáticas sobre la mente humana de la implantación de formas de
vida que transforman a las personas en una especie de zombis
solitarios, convertidos en instrumentos fundamentales para implantar
su proyecto de dominación sin resistencia.
Todos estos mecanismos se
ceban especialmente en la juventud, en los hijos e hijas de la clase
obrera, a quienes esta “reconfiguración” del capitalismo no
ofrece futuro alguno y que deberían ser los principales
protagonistas de la resistencia y la rebelión. Su autoexclusión de
la vida social y su aniquilación como seres pensantes capaces de
tomar decisiones, que está siendo alimentada además con la
introducción masiva de drogas especialmente en los barrios obreros,
es condición clave para la implantación de este proyecto criminal
de destrucción social y de dominación.
Esa es la materialización
del macabro lema de la agenda 2030, “no tendrás nada y serás
feliz”.
3. La ofensiva de EE.
UU contra la UE. Destrucción de empresas y de puestos de trabajo,
militarización y guerra.
Al igual que la gestión
de la pandemia Covid estuvo dirigida por EE.UU y seguida
disciplinadamente por la UE, los intereses geoestratégicos y
económicos de EE.UU están dictando las medidas que, asumidas
dócilmente por los gobiernos europeos, están llevando a su
autodestrucción económica y, más que nunca, a su subordinación
militar total a través de la OTAN.
El interés histórico
anglosajón por desvincular a Europa de Rusia se está imponiendo a
la UE haciéndola protagonista de su desindustrialización y de la
depauperación masiva de la clase obrera. La guerra de la OTAN contra
Moscú, tanto a través de las sanciones ejecutadas por la UE contra
la lógica más elemental que tuviera en cuenta los propios intereses
económicos de sus miembros, como imponiéndole gastos militares sin
precedentes, es también una guerra contra Europa.
La destrucción del
gaseoducto Nord Stream II, que hubiera permitido la llegada a la UE
de gas ruso barato y de excelente calidad, perpetrada por Gran
Bretaña, junto a las sanciones que impiden la compra de gas,
petróleo ruso y materias primas, están provocando una elevación
descomunal del precio de la energía que está hundiendo la industria
europea, al tiempo que deja a millones de trabajadores en el paro.
Así mismo, el encarecimiento de productos básicos, como la energía
y los alimentos, está destruyendo las condiciones de vida de la
inmensa mayoría de las clases populares.
La imposición de comprar
a EE.UU gas licuado procedente del fracking, que empezó meses antes
de comenzar la intervención de Rusia en Ucrania, y que es mucho más
caro, además de insuficiente, está permitiendo que USA, aun en
medio de la crisis, consiga niveles de crecimiento del 4%, mientras
la recesión asola a la UE. El sometimiento a EE.UU de los gobiernos
de la UE es especialmente clamoroso en el caso del Gobierno español.
La decisión del Gobierno PSOE-UP de reconocer la soberanía de
Marruecos sobre el Sahara, además de traicionar al pueblo saharaui,
ha comprometido la llegada de gas argelino que ya se ha encarecido en
un 70%.
La destrucción de
empresas europeas se ve incrementada además por la subida descomunal
de los tipos de interés ejecutada por el BCE, siguiendo la estela de
la Reserva Federal de EE.UU. El pretexto aducido es la “lucha
contra la inflación”; inflación que crearon ellos mismos
favoreciendo el recurso generalizado al crédito con tipos de interés
cercanos a 0 y, sobre todo, creando dinero artificialmente (la
Reserva Federal y el BCE fabricaron de la nada 22 billones de dólares
en los últimos cuatro años). El resultado, de ninguna manera
casual, es el cierre masivo de empresas y de puestos de trabajo y una
carestía de alimentos, productos básicos para la supervivencia y de
la energía para los hogares, poniendo a millones de familias en
situación límite.
A todo ello se añade un
incremento histórico y sin precedentes de los gastos militares,
impuesto por la OTAN, a costa de la aceleración del desmantelamiento
y privatización de los servicios públicos, destacadamente de la
sanidad, que ya venía produciéndose desde que, con el apoyo de PP,
PSOE y las derechas nacionalistas, se aprobara la Ley 15/97, que
sigue intacta a pesar de los compromisos electorales de Unidas
Podemos.
Esta autodestrucción de
la UE y de las condiciones de vida de la clase obrera se produce
porque las oligarquías europeas y los gobiernos a su servicio forman
parte del proyecto imperialista de “destrucción creativa”
diseñado por los grandes centros de poder. La militarización
social, ya ensayada con la pandemia Covid, y todas las demás leyes
represivas, de la que forma parte destacada la Ley de Seguridad
Nacional y a la que se añade la reciente modificación del Código
Penal para penalizar aún más cualquier intento de movilización
social, pretenden asegurar el mantenimiento de la dominación del
capital frente a posibles levantamientos sociales.
4. El imperialismo y
el fascismo, una alianza de larga data.
En una situación de
grave crisis como la actual, en la que no cabe esperanza alguna de
solución para la inmensa mayoría de la población, reaparece el
auge del fascismo como recurso de la burguesía frente a la
agudización de la lucha de clases.
La alianza de la OTAN con
el fascismo no es de ahora; es una constante desde la II Guerra
Mundial.
Antes de terminar la
guerra y en plena batalla de Berlín, Allen Welsh Dulles, trabajando
para la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos de EE.UU), antecesora
de la CIA y de la que sería su primer director civil, puso en marcha
la Operación Paperclip destinada a trasladar 1.600 científicos
nazis a universidades e instituciones militares de EE.UU. Muchos de
ellos, expertos en armas biológicas y químicas, habían participado
directamente en experimentos médicos que ocasionaron la muerte de
miles de prisioneros en los campos de Dachau y Ravensbrük. Fueron
juzgados en Núremberg por ello, pero EE.UU procuró su absolución.
La perpetración de
atentados terroristas en diferentes países de Europa, como los
llevados a cabo por la Red Gladio, muestran la colaboración entre la
OTAN, grupos fascistas y servicios secretos militares para la
desestabilización de gobiernos no lo suficientemente dóciles y, en
general en la lucha contra el comunismo.
Hoy la colaboración
directa de EE.UU y la UE con los fascistas ucranianos es la
actualización de esa alianza y pone de manifiesto cómo “gobiernos
progresistas” como el del PSOE-Unidas Podemos, mientras agitan el
espantajo de que “viene VOX”, se manchan las manos con la sangre
de los antifascistas del Donbass, apoyando a los nazis de Ucrania.
Esta línea de
continuidad política, ideológica y militar entre el fascismo y la
OTAN, con el anticomunismo como eje vertebrador y la subyugación de
Europa, sometiéndola a los intereses de EE.UU, para cortocircuitar
sus naturales relaciones económicas, comerciales, culturales, etc
con Rusia, explican sobradamente buena parte de los acontecimientos
políticos acaecidos desde la II Guerra Mundial en el continente
europeo y en el presente.
Pero no se trata sólo de
lo que ocurre en Ucrania. La evidencia de que el Gobierno “progre”
no resuelve los problemas de la clase obrera y que actúa siguiendo
con la mayor disciplina la agenda de la oligarquía, en ausencia de
una alternativa coherente que lo enfrente, alimenta objetivamente el
fascismo.
Una vez más, la
colaboración decisiva de la socialdemocracia, la vieja y la nueva,
en el ataque a las condiciones de vida de las clases populares, la
traición de los grandes sindicatos y la evidencia de que, como ha
sucedido recientemente con la sanidad, las grandes movilizaciones son
orquestadas con objetivos electorales, dejan el campo abierto para
que el discurso “radical” de la extrema derecha arraigue entre
sectores importantes de la clase obrera.
5. La construcción de
amplias alianzas internacionales sobre la base de la soberanía y la
independencia.
La ofensiva del
imperialismo de EEUU y la UE contra Rusia y China es una pieza clave
de todo este proceso de reestructuración capitalista a gran
escala(5). El proyecto de gobernanza global requiere, como ocurrió
con la gestión de la pandemia Covid, que las directrices sean
implementadas a escala mundial. Es preciso, para que sea creíble,
que el relato apocalíptico y las directrices hegemónicas sean
acatadas por todas las grandes potencias y que, en cascada, se lleven
a cabo en todo el mundo. En definitiva, para que el proyecto de
dominación del imperialismo anglosajón sea posible, es
imprescindible que no haya quien escape, con la fuerza suficiente, a
sus mandatos.
Pero las contradicciones
han estallado, y un nuevo bloque que agrupa a la mayoría de los
pueblos del mundo se fortalece cada vez más.
El incremento exacerbado
de los ataques contra Rusia y China se debe fundamentalmente a que
ninguno de los dos puede ser incluido en la bancarrota general.
Además de los gigantescos recursos naturales de Rusia, y de las
enormes capacidades productiva de China, ambos países se han ido
deshaciendo de su deuda en monedas occidentales y no pueden ser
incautados. Por ello el objetivo del imperialismo es destruir su
identidad y resistencia y propiciar un cambio de régimen, tanto en
Rusia como en China.
Subyugar a Rusia y China
es un problema existencial para el imperialismo otanista porque para
la aplicación de la doctrina de la “destrucción creativa” en la
economía occidental, todo lo demás también debe caer. Si la
economía de EEUU, de la UE y la de sus satélites se hunde y el gran
bloque económico multipolar no participa en la caída, será un
desastre para Occidente y su proyecto de gobernanza global estará
seriamente amenazado.
El nuevo bloque tiene un
poder económico importante y puede ser la columna vertebral de una
nueva hegemonía multipolar; mientras que Occidente desciende a una
especie de «Edad Oscura» e irrelevante. Por lo tanto, el mundo
entero debe caer para que funcione el “Gran Reinicio”. Rusia y
China deben ser subyugadas por cualquier medio, así como India, Irán
y un número creciente de países de África, América Latina y Asia
5.
El problema para
Occidente es que sus planes se están viendo frustrados. La decisión
de Rusia de intervenir militarmente en Ucrania, y sus victorias junto
a las fuerzas armadas de las Repúblicas Populares del Donbass,
marcan la ruptura de la unidad entre Oriente y Occidente. Las escasas
repercusiones negativas de las gigantescas sanciones contra Rusia,
mientras la UE se hunde, y sus innegables victorias en la
confrontación militar cada vez más abierta con la OTAN, «hasta el
último ucraniano», son buena muestra de ello.
Así mismo, la escalada
agresiva del imperialismo está sirviendo para reforzar las alianzas
económicas, comerciales, militares y políticas entre Rusia y China
y con otros países asiáticos, africanos y latinoamericanos, que
hace tiempo se vienen gestando. Es decir, se está produciendo un
rápido desenganche de un número cada vez mayor de países de la
dominación euro-estadounidense.
Este debilitamiento
objetivo del imperialismo “occidental”, sin que quepan ilusiones
sin fundamento acerca de la caracterización de clase de los Estados
aliados en el bloque multipolar, abre nuevas perspectivas de lucha
imperialista y antifascista para las organizaciones que luchamos en
los países que forman parte del núcleo central desde el que se
perpetran las agresiones a otros pueblos. En concreto, nuestro
combate contra la OTAN y la UE debe ir acompañado de la decidida
solidaridad internacionalista con todos los pueblos que resisten y en
especial con el pueblo del Donbass, así como de la consideración de
la intervención militar de Rusia en Ucrania como parte de la lucha
antifascista y contra la Alianza Atlántica.
6. Tareas concretas
sobre las que forjar la unidad de las organizaciones comunistas
revolucionarias
1. Las contradicciones
que está haciendo aflorar la guerra de la OTAN contra Rusia y su
apoyo económico y militar a organizaciones fascistas, unidas a las
sanciones, que tan duramente están afectando a la clase obrera
europea, abren nuevos caminos de organización y resistencia.
El apoyo a la lucha
antifascista y antiimperialista que, heroicamente, se está llevando
a cabo en el Donbass, es el mejor ejemplo de resistencia popular que,
además, conecta directamente con la experiencia internacionalista y
de combate contra el nazismo que vivió nuestro Frente Popular.
El avance en la
construcción de un nuevo orden internacional multipolar, basado en
la independencia y la soberanía de naciones que se enfrentan al
imperialismo “occidental” y que suponen la inmensa mayoría de la
humanidad, está minando objetivamente el poder del imperialismo.
Todo ello, sin que esto sustente ilusión alguna de que esto implique
revoluciones sociales que tendrán que llevar a cabo sus pueblos.
En el Estado español, y
también en el marco de la UE, las organizaciones comunistas debemos
participar decididamente en la creación de un Frente
Antiimperialista y Antifascista que tenga como eje vertebrador la
lucha contra la OTAN como brazo armado del fascismo y de la ofensiva
general del capital contra la clase obrera y los pueblos del mundo.
2. En este escenario de
agudización de la lucha de clases, para las organizaciones
comunistas revolucionarias, no cabe otra alternativa que, partiendo
del imprescindible análisis de totalidad de la ofensiva en todos los
frentes del gran capital internacional y de sus aliados en el Estado,
construir la independencia de clase.
Hay que hacerlo desde
abajo, desde las raíces, desde los lugares en los que se viven las
condiciones de vida más duras, desde los barrios obreros y los
centros de trabajo.
No es posible explicar a
nuestra clase y a nuestro pueblo los planes de la burguesía contra
la clase obrera si no es a partir de su experiencia concreta, de la
percepción de la realidad en la que viven. Y no valen solo los
discursos.
La realidad nos apremia,
pero no hay atajos. Hay que andar el camino paso a paso.
Es ahí, desde el cuerpo
a cuerpo, a partir de la comprensión específica de la forma en la
que perciben su realidad quienes están viviendo con toda crudeza las
repercusiones de todo el proyecto criminal de la burguesía, desde
donde hay que construir la independencia de clase.
La dominación de la
burguesía se ejerce, además de a través de mecanismos de
dominación violenta y represiva, mediante la imposición de su
ideología con falsos señuelos de luchas parciales, y de
“soluciones” electorales del mal menor. En este camino, es
preciso desvelar sus objetivos de debilitamiento y división de la
clase obrera a los que han servido experiencias de control social
como los impuestos durante la pandemia y que, sin duda alguna, se
repetirán con este u otros pretextos.
Pero esta situación no
es estática. Nuestro objetivo central de construir la independencia
de clase, más allá de “relatos” desviacionistas, tiene como
aliado fundamental la realidad de las condiciones, cada vez más
insoportables, de vida y de trabajo. Es sobre ese caldo de cultivo,
cada vez más abonado, sobre el que es posible explicar el por qué
de las cosas y la necesidad ineludible de la revolución y de
construir el socialismo.
En ese proceso, es
preciso aunar lo que queda de experiencia obrera de luchadores y
luchadoras de otros tiempos, con la fuerza vital y la desesperación
de la juventud ante la negación de cualquier experiencia de futuro.
El objetivo es rescatar a
nuestra clase gente de la idiotización programada por los medios de
comunicación, por las redes sociales o por el consumo de alcohol,
medicamentos y otras drogas, sobre todo de la juventud. No valen
soluciones que no partan de hundirse en su experiencia, en su saber,
y de tejer, sobre esa base, nuevas formas de organización obrera y
popular.
El trabajo con la
juventud es prioritario. No importa lo difícil que sea. Hay que
buscarles y reconocerles y favorecer su protagonismo en todas las
expresiones de rabia y de resistencia que se manifiestan hoy,
fundamentalmente a través de la música. Y, sobre todo, impulsar la
construcción por ellos mismos de medios alternativos de comunicación
que expresen lo que están viviendo.
En el movimiento obrero
están surgiendo nuevas formas de organización y de lucha que
tienden a superar las burocracias sindicales. Se están generando hoy
desde las propias necesidades de la lucha. A este respecto, es útil
recordar el surgimiento de las primeras comisiones obreras como doble
poder y experiencia de independencia de clase.
En este camino, si las
organizaciones comunistas lo recorremos consciente y organizadamente,
van a surgir nuevos aprendizajes y nuevas posibilidades materiales de
avance que todavía hoy no vislumbramos. Y aquí juega un papel
determinante la formación política. Hoy, sobre todo la juventud, la
más consciente, está buscando no soluciones electorales, sino los
instrumentos teóricos y políticos para acabar con la realidad que
les oprime como una losa. La teoría política, que nos ha sido
legada por quienes nos precedieron en el combate, y su capacidad para
analizar la realidad actual, es la más preciada herramienta de
lucha. Y junto a ella, la expresión cultural. Nuestro cine, nuestra
música, nuestros medios de comunicación, nuestro teatro; lo antiguo
y lo nuevo que se construya, constituyen un arma indispensable.
El camino está abierto y
nos espera.
1
https://www.congreso.es/public_oficiales/L14/CONG/BOCG/A/BOCG-14-A-91-1.PDF
2
https://cnc2022.wordpress.com/
3
https://momo.isciii.es/panel_momo/
4
https://www.antena3.com/noticias/sociedad/disparan-suicidios-jovenes-adolescentes-mayor-cifra-decada_202212016388dbab4a5f3000014d3022.html
5
https://questiondigital.com/la-tercera-guerra-mundial-ha-sido-organizada-en-davos/
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