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30 diciembre, 2022

La OMS y las pandemias. La Gripe A 2.0. — Ángeles Maestro

 


LA PUPILA INSOMNE – 24/12/2022


Es imprescindible recordar


La desmemoria nos convierte en zombis ante cualquier estrategia del poder. Máxime cuando éste desencadena campañas de terror, a escala mundial, destinadas a anular el pensamiento. Por ello he creído necesario traer a la memoria hechos que sucedieron, no hace mucho, cuando la "pandemia" de la gripe A y que, sin duda, fueron un ensayo general para lo sucedido con el Covid.


La falsa pandemia de la gripe A, la OMS y la corrupción demostrada


En enero de 2010, Wolfgang Wodarg, epidemiólogo presidente de la Comisión de Sanidad de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y miembro del SPD, acusó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de haberse convertido en un instrumento al servicio de los intereses de la industria farmacéutica, a partir de los datos recabados sobre su actuación en la supuesta pandemia por la gripe A. Consiguió que dicho organismo aprobara por unanimidad la realización de una investigación al efecto.


Un mes antes de la declaración del nivel 6 de pandemia global, en junio de 2009, la OMS modificó los criterios exigidos, eliminando el requisito de que se produjera en varias zonas del mundo un aumento significativo de la mortalidad.


W. Wodarg, en una entrevista publicada por el periódico L'Humanité (1) (órgano del Partido Comunista Francés – ¡qué tiempos!) dijo que empezó a sospechar cuando se declaró la pandemia "cuando no había ni mil enfermos y se hablaba de la pandemia del siglo" y la OMS recomendó la inoculación exclusivamente con medicamentos patentados previamente. Denunció, así mismo, el papel de la psicosis de miedo desencadenada para justificar la adopción de medidas, muy costosas para el erario público, en plena crisis y cuando pretextando la necesidad de pagar la deuda de los Estados, se estaban produciendo recortes muy importantes en el gasto público, y en concreto, en el sistema sanitario.


En la citada entrevista añadía: "Para acelerar la disponibilidad de productos, se han utilizado adyuvantes en ciertas vacunas, cuyos efectos no han sido suficientemente probados. En otras palabras: queríamos absolutamente usar estos nuevos productos patentados en lugar de desarrollar vacunas usando métodos de fabricación tradicionales que son mucho más simples, más confiables y menos costosas. No había ninguna razón médica para esto, solo razones de marketing".


El proceso venía de lejos. Cuando surgió en 2008 el H1N1 y, mucho más, cuando en 2020 apareció el Covid 19, ya estaba todo preparado. En 2005, cuando se declaró la pandemia por gripe Aviar, la OMS ya había preparado los planes internacionales para cuando a pareciera una pandemia: las farmacéuticas se comprometían a tener a punto las vacunas y los estados se comprometían a comprarlas. En palabras de Wodarg "la industria farmacéutica no asumió ningún riesgo económico al participar en una nueva fabricación. Ya tenía la garantía de ganar el premio gordo en caso de que estallara una pandemia".


En cuanto a los objetivos que debía cumplir la investigación aprobada por la Comisión de Sanidad del Consejo de Europa, el epidemiólogo alemán señalaba: "Queremos arrojar luz sobre todo lo que podría haber convertido esta formidable operación en un engaño. Queremos saber quién decidió, en base a qué evidencia científica, y con qué precisión se ejerció la influencia de la industria farmacéutica en la toma de decisiones. Y finalmente debemos presentar demandas a los gobiernos. El objetivo de la comisión de investigación es que no haya más falsas alarmas de este tipo en el futuro. Que la población pueda contar con el análisis, la experiencia de las instituciones públicas nacionales e internacionales. Estos ahora están desacreditados porque millones de personas han sido vacunadas con productos que presentan posibles riesgos para su salud. No era necesario. Todo esto también resultó en un desperdicio considerable de dinero público".


La comisión de investigación se disolvió sin llegar a ninguna conclusión y no consiguió que el representante de la OMS declarara ante el Consejo de Europa.


La connivencia de la OMS con las multinacionales farmacéuticas fue denunciada así mismo en un informe realizado en junio de 2010 por la prestigiosa revista British Medical Journal(2).


Un día después de declarar finalizada la pandemia, la OMS reconoció que su Comité de Expertos para la gripe A –cuya composición era secreta, "para evitar presiones"– había recibido donaciones de las multinacionales farmacéuticas fabricantes de las vacunas y antivirales(3).


El escándalo saltó a los medios de comunicación con duras acusaciones. La cadena SER y en concreto Iñaki Gabilondo tituló su informe así: "El negocio del miedo y la estafa de la falsa pandemia"(4). Este video de la Cadena SER denunciando el soborno de las farmacéuticas a la OMS y a las autoridades sanitarias por la gripe A, hoy no hubiera sido posible (la deuda del Grupo PRISA fue comprada por Black Rock y CVC Capital Partners en noviembre de 2020) o habría sido censurado acusado de Fake News.


Los Gobiernos europeos y estadounidenses pagaron miles de millones de euros y de dólares por la compra de vacunas, de Tamiflú y de Relenza. Esto sucedía en 2009, al comienzo del estallido de la burbuja inmobiliaria y financiera, cuando, con el pretexto de pagar la Deuda, se cerraron miles de camas hospitalarias y se redujeron drásticamente las plantillas en la sanidad pública. En ese momento, el Ministerio de Sanidad –PSOE, Trinidad Jiménez– gastó casi 400 millones de euros en la compra de vacunas y antivirales. Nueve años después todos esos medicamentos se destruyeron tras haber caducado(5).


Nunca se publicaron los resultados de ensayos que garantizaran la eficacia de esos productos farmacéuticos y se ocultaron los que mostraban graves riesgos. La Roche convenció sin problemas a la Agencia Europea del Medicamento (EMA) para su aprobación. Por el contrario la Administración de Medicamentos y Alimentos de EEUU (FDA) puso condiciones a Tamiflú y prohibió Relenza. Su director fue obligado a dimitir y ambos medicamentos se aprobaron poco después(6). El Comité Consultivo de la OMS exigió investigar los casos de narcolepsia(7) registrados en doce países, sobre todo en niños y adolescentes, vacunados con Pandemrix en 2010 contra la gripe H1N1.


La pandemia Covid, la corrupción ocultada y crímenes contra la salud de las poblaciones


Hoy es bien sabido que tanto la FDA, como la EMA (Agencia Europea del Medicamento) están financiadas mayoritariamente por las multinacionales farmacéuticas.


Se ha conocido también que Emer Cooke(8), nombrada directora de la EMA en agosto de 2020, y que decidió comprar 1.800 millones de dosis de vacunas a Pfizer, antes incluso de que finalizaran los ridículos dos meses de ensayos clínicos, fue miembro directivo de La Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas (EFPIA) organización comercial para el cabildeo ante la Comisión Europea con sede en Bruselas.


Se ha publicado también que el marido de Úrsula von der Leyen(9), presidenta de la Comisión Europea, es director médico de Orogénesis, empresa que participó activamente en el desarrollo de la vacuna de Pfizer y que ahora trabaja en el desarrollo del programa antivirus «BioShield» diseñado para aumentar potencialmente la preparación, abordar rápidamente la propagación del virus y proteger contra brotes futuros como el COVID-19(10) El hijo de ambos, David, es un alto cargo de la multinacional McKinsey, empresa que ha diseñado las campañas publicitarias de vacunación en la pandemia e incluso se ha encargado de la logística de la distribución de las vacunas.


Como puede verse, información no falta, pero nada de ello se ha publicado por los grandes medios de comunicación. No es ninguna casualidad. La concentración de poder económico en los grandes fondos de inversión que son los mayores accionistas de las grandes empresas farmacéuticas, de los grandes bancos, de las multinacionales y de los medios de medios de comunicación, han permitido a las oligarquías occidentales (EEUU y la UE) desarrollar una estrategia de control global de las poblaciones y de la información.


En diciembre de 2020, al mismo tiempo que la FDA y la EMA decidían la aprobación de emergencia de las vacunas Covid, se anunció la creación de Trusted News Initiative (TNI)(11) "para combatir la propagación de desinformación dañina sobre vacunas". Todas la principales agencias de noticias, los grandes medios de comunicación y las empresas propietarias de las redes sociales (google, facebook, twiter, etc) se coordinan con disciplina militar para ejercer la censura y la denigración de toda información que cuestionara el discurso oficial, que, según sus palabras "se detiene en seco".


Todo ello ha permitido que las poblaciones, en un escenario de pánico perfectamente diseñado, hayan aceptado mecanismos inéditos de restricción de derechos y libertades que contravenían la legislación vigente, y aceptaran la vacunación con productos farmacéuticos insuficientemente probados y que están produciendo decenas de miles de muertos en personas previamente sanas y millones de efectos adversos graves.


Los datos del observatorio europeo acerca de la sobremortalidad producida, en todas las edades y, especialmente, en los grupos de edad más jóvenes, que pueden consultarse aquí(12) no dejan lugar a dudas.


La UE ha comprado, con nuestro dinero, 4.300 millones de dosis de vacunas Covid para los 450 millones de habitantes de la UE. 170 millones de dosis ya están caducadas, de ellos 14 millones en el Estado español, por valor de unos 200 millones de euros. que deberán ser destruidas por el Ministerio de Sanidad.


Como las entregas por parte de las multinacionales farmacéuticas continúan, y el stock se amplía y la demanda disminuye, probablemente porque a pesar de la ocultación de los datos están llegando a la población las noticias de muertes inesperadas y de efectos adversos graves, se intensifican los mensajes desde los centros sanitarios llamando a recibir nuevas dosis, junto con la advertencia de que el "pase Covid" caduca si no se ha recibido la tercera dosis.


Es preciso ser conscientes de que la estrategia destinada a seguir asegurando el negocio de las farmacéuticas y a reeditar los mecanismos de control social que con tanto éxito se implementaron, va a continuar. El objetivo de instaurar a la OMS como autoridad sanitaria mundial, cuyas decisiones sean vinculantes para los gobiernos, continúa adelante, si bien las enmiendas de EE.UU. al Reglamento Sanitario Internacional, que facultarían a la OMS para declara una "emergencia de salud pública" fueron derrotadas por los BRICS y buena parte de los países de África, Asia y América Latina en la 75 Asamblea de la OMS celebrada en mayo de 2022(13).


No cabe duda de que “nuevas pandemias” van a aparecer. La memoria de lo sucedido, junto al avance de nueva formas de organización, como la que se está llevando a cabo por colectivos de diferentes partes del Estado en la iniciativa www.rompeelsilencio.es muestran el camino.


No cabe mirar para otro lado. La oligarquía del capitalismo, ante la mayor crisis de su historia y conscientes de que no pueden asegurar condiciones de vida dignas a la inmensa mayoría de la población trabajadora, está dispuesta a utilizar sus mecanismos de poder político, militar, económico, cultural y de control social contra nosotros.


La incógnita, histórica y vital, es si vamos a aceptarlo pasivamente, como borregos, o vamos a construir formas de resistencia y de contrapoder capaces de destruir su proyecto de dominación, y frente a la negación de la vida que implica el capitalismo, asumimos colectivamente la tarea de situar al ser humano como protagonista de la historia.


1 - https://www.humanite.fr/node 430467

2 - https://www.bmj.com/content/340/bmj.c2912

3 - https://elpais.com/diario/2010/06/05/sociedad/1275688803_850215.html

4 - https://www.youtube.com/watch?v=4lF-nG-_MIg

5 - Informe del Ministerio de Sanidad: https://www.aemps.gob.es/informa/notasinformativas/medicamentosusohumano-3/2017-muh/ni-muh_13-2017-stock-oseltamivir/

6 - Gotzsche, C, Peter (2014) Op. cit. Pags 64vy 65

7 - http://www.aepap.org/gtsiaepap/?p=1221

8 - https://en.wikipedia.org/wiki/Emer_Cooke

9 - https://mpr21.info/von-der-layen-una-familia-unida-por-la-farmafia/

10 - https://finance.yahoo.com/news/orgenesis-announces-anti-viral-bioshield-130718170.html?guccounter=1&guce_referrer=aHR0cHM6Ly9ldXNrYWxuZXdzLmNvbS8&guce_referrer_sig=AQAAAFw3Nf36fAJjqZjFNUzoMtmcloGN46fCKJx2GLXiv5Jq3djNyQGoMianJ1sG0zg9crIUBWPav3MZU4XFWLZiTlYXZBylYsRLL96umRQH1zGdHlY1LCPpP709GKJ0kwVMeAVHA3sLcPiW98UcO8u9cp8teSlkCdpfOaWy3UQvNCZe

11 - https://www.bbc.com/mediacentre/2020/trusted-news-initiative-vaccine-disinformation

12 - https://www.euromomo.eu/graphs-and-maps/

13 - https://cienciaysaludnatural.com/la-oms-retira-temporalmente-las-enmiendas-de-ee-uu-del-tratado-para-pandemias/


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22 abril, 2021

Abuso del planeta y la próxima pandemia — Stan Cox

 

COUNTERPUNCH – 21/04/2021

Traducción del inglés: Arrezafe


 "Human Miasma" - Priti Gulati Cox


La transgresión de los límites ecológicos por parte de la humanidad ha causado daños generalizados: emergencia climática, pérdida catastrófica de biodiversidad y una extensa degradación de los suelos en todo el mundo. El abuso de la tierra también está en la raíz de la pandemia de Covid-19 y la terrible probabilidad de que sigan surgiendo nuevos patógenos de otras especies animales que infecten a los humanos.


El cultivo intensivo, la creciente deforestación, la minería, la cría industrial de ganado y otras actividades, degradan y destruyen el hábitat de la vida silvestre, lo que deja a los animales sin más alternativa que aproximarse, junto con sus patógenos, a los humanos. La expansión suburbana y el turismo (especialmente el "ecoturismo") también acerca el hábitat humano al silvestre. La caza implica un estrecho contacto con los animales salvajes; de hecho, la hipótesis predominante es que haya sido la caza de murciélagos de herradura la que probablemente inició la cadena de eventos que condujeron a la actual pandemia de coronavirus.


Los seres humanos hemos convivido con animales domésticos durante milenios y nuestros cuerpos han aprendido a lidiar con los patógenos que nos transmitimos mutuamente. Pero cuando los ecosistemas son perturbados o invadidos, los nuevos virus zoonóticos pueden pasar de la vida silvestre a los animales domésticos y de ahí a los humanos. Existe fundada evidencia de que la pandemia de influenza de 1918-19, que mató a más de 675.000 estadounidenses y hasta 50 millones en todo el mundo, comenzó con el paso del virus de la influenza de los cerdos a los humanos en el condado de Haskell, Kansas, en lo que ahora es Fort Riley, contagiando a los reclutas del ejército, y llegando desde allí a los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial.




Los horribles incendios forestales prendidos en el sudeste asiático para despejar las tierras en 1997-98, combinados con una sequía regional, acabaron con muchos árboles frutales en los bosques de Malasia. Huyendo de los bosques muertos, los murciélagos frugívoros encontraron sustento en los huertos domésticos, trayendo consigo el virus Nipah. Los cerdos criados en los huertos se infectaron a través de los excrementos cargados de virus de los murciélagos y transmitieron el virus a las personas que los manipulaban. Nipah ocasiona una alta mortalidad tanto entre los cerdos como entre la población humana, matando aproximadamente al 50 por ciento de las personas contagiadas.


Durante el año pasado vimos que, una vez el nuevo coronavirus se afianzó en nuestra especie, los viajes masivos intercontinentales propiciaron convertir rápidamente los brotes locales en una pandemia. El aire acondicionado –otra tecnología con efectos climáticos severos–  también estuvo implicado en los brotes de Covid-19. En verano, temporada en la que los virus respiratorios suelen disminuir, en cambio vio picos de infección dramáticos en toda la franja solar, a medida que las personas escapaban del calor y se reunían en espacios herméticamente cerrados y con aire acondicionado.




Los cruceros de vacaciones, que deberían haber sido prohibidos hace décadas debido a la explotación de los trabajadores y a su catastrófico efecto en los océanos y la atmósfera, albergaron algunos de los peores brotes tempranos. La industria cárnica, saqueadora de suelos y agua, prolífica emisora de gases de efecto invernadero, también resultó ser una eficiente incubadora de virus.


En algunos casos, el efecto invernadero crea las condiciones para la propagación de la infección zoonótica. En el este y norte de África, por ejemplo, las sequías se han vuelto más frecuentes e intensas a causa del desastre climático. Muchos pastores han respondido reemplazando sus rebaños de ganado con camellos que, como es sabido, pueden sobrevivir durante largos períodos de tiempo sin acceso al agua. Como resultado, se ha incrementado el número de camellos en la región, que ahora están en estrecho contacto con los humanos. Es preocupante que el coronavirus que causa el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), ya esté circulando en poblaciones de dromedarios por varios países.


El MERS, que se originó en los murciélagos, se ha vuelto endémico en los camellos y durante la última década ha saltado de los camellos a los humanos. No se transmite tan fácilmente de persona a persona como el virus Covid-19, pero su índice de mortandad es mayor. De aproximadamente 2.500 personas que han sido infectadas por el virus MERS desde 2012, un tercio ha muerto. A medida que las sequías empeoran, los agricultores y pastores llevan a sus camellos en viajes cada vez más largos en busca de forraje. Estos desplazamientos, que a menudo se prolongan durante días y sin combustible para encender fuego, hace que los pastores deban dormir a menudo cerca de los camellos para calentarse. Por falta de fuego y agua, también pueden beber la leche de camello cruda. Todo esto aumenta el riesgo de transmisión de virus.


Es posible que salgamos de la pandemia de Covid-19 para fin de año, pero no estaremos a salvo. Es probable que sigamos enfrentándonos a nuevos coronavirus. Antes del 2000, no se sabía que los coronavirus pasan de los murciélagos a las poblaciones humanas causando enfermedad tan letal. Sin embargo, en las dos décadas transcurridas desde entonces, ha habido tres eventos de este tipo que involucran al SARS-CoV-1, causante de la pandemia de 2002-2004 "síndrome respiratorio severo" (SARS); MERS-CoV, que causa MERS; y SARS-CoV-2, causante del Covid-19.


En un artículo de 2020 en la revista Cell, David Morens y Anthony Fauci –sí, ese Dr. Fauci– dicen que, a medida que alteramos la ecosfera, los patógenos se abren camino hacia las poblaciones humanas con mayor frecuencia: "La pandemia COVID-19 es otra advertencia –que se suma al creciente archivo histórico–, de que la agresiva actividad humana sobre el medio provocará, cada vez más, la emergencia de nuevas enfermedades. Seguimos en riesgo previsible, y la COVID-19 se encuentra entre las llamadas de atención más claras desde hace más de un siglo, lo que debería obligarnos a pensar seria y colectivamente en otra manera de vivir más armónica, reflexiva y creativa, incluso mientras nos preparamos para las inevitables y siempre inesperadas sorpresas de la naturaleza".


Nuestra invasión de la ecosfera ha abierto la caja de Pandora. Además de los virus que causan el SARS, MERS y Covid-19, algunos de los otros coronavirus de murciélago estudiados hasta ahora tienen todas las herramientas patógenas necesarias para atacar a los humanos, y se ha demostrado que infectan y enferman a los ratones de laboratorio. Según un artículo escrito por un grupo de diez investigadores en el campo, existen "grandes grupos de coronavirus de murciélagos distribuidos globalmente" y muchos, como el SARS-CoV-2, están "funcionalmente preadaptados" para infectar humanos. Esa preadaptación puede estar relacionada con las similitudes entre murciélagos, visones, gatos, humanos y algunas otras especies de mamíferos cuyas membranas y células pulmonares, similares a las nuestras, son vulnerables a la entrada de este grupo de virus.


Pero hay más. Desde 2017, otro coronavirus –que emerge, como el Covid-19 y el SARS, de los murciélagos en herradura– ha estado provocando brotes mortales entre los lechones en China. En el laboratorio, el nuevo patógeno parece tener el potencial genético de infectar las vías respiratorias humanas y las células intestinales. Tres coronavirus diferentes que causan enfermedades graves en el ganado, los caballos y los cerdos están estrechamente relacionados con otro virus que durante mucho tiempo ha estado causando el resfriado común en los humanos. Estos virus del ganado pueden adquirir, mediante intercambio genético, la capacidad de infectarnos.


Los científicos están cada vez más preocupados por la propensión de las distintas cepas de coronavirus a la recombinación, es decir, a intercambiar bloques de código genético entre sí. Al parecer, el código que da forma a la proteína "espiga", que permite al virus entrar en las células del huésped, es especialmente propenso a la recombinación, lo que hace temer que el código de las versiones de dicha proteína, pueda servir de "llave" para abrir las células humanas a la infección y pasar de patógenos humanos, como el Covid-19 o los virus del resfriado común, a los virus del ganado. Estos últimos podrían adquirir así la capacidad de infectar a las personas que trabajan en su entorno. En palabras de los investigadores, "los coronavirus pueden cambiar de forma rápida, drástica e imprevisible a través de la recombinación con linajes conocidos y desconocidos".


Los diez científicos que advirtieron que los coronavirus están preadaptados funcionalmente al cuerpo humano enfatizaron, además, que sus datos "reafirman lo que ha sido obvio durante mucho tiempo: que las futuras transmisiones de coronavirus a humanos no solo son posibles, sino probables. Los científicos lo sabían hace años y dieron la alarma apropiada. Nuestra prolongada sordera se paga ahora a un trágico precio".




Lo que es bueno para la ecosfera es bueno para la salud humana, y no somos víctimas indefensas. Escapar a la catástrofe ecológica y reducir la frecuencia de las pandemias que puedan acechar en las próximas décadas está al alcance de nuestra mano, pero requerirá un respeto constante a los límites ecológicos y una gran moderación en nuestras interacciones con la naturaleza.


Este artículo fue publicado originalmente por Land Report.


13 septiembre, 2020

Las pandemias que no se combaten en América Latina — Marcos Roitman Rosenmann

 



laJornada


¿Hay vacuna para la pobreza? ¿Existe remedio para la evasión de capitales? ¿Se puede luchar contra el hambre? ¿Son viables una vivienda digna y una educación pública de calidad? Estas son algunas preguntas sobre las cuales reflexionar en medio de una hipersensibilización sobre las consecuencias humanas del Covid-19. Mientras los pobres mueren de enfermedades menos espectaculares, causas de la pobreza, y para las cuales hay cura como el sarampión o la difteria, la carrera por ver quién patenta primero la vacuna contra el Covid-19 concentra la atención mundial. No nos engañemos, a sus promotores les mueve la codicia. El beneficio económico. Detrás no hay causa humanitaria, interés por el bien común o preocupación social. Para saber de qué hablamos, baste señalar que mil 600 millones de personas, es decir, 22 por ciento de la población mundial, no reciben atención médica, sin olvidar los 115 millones, menores de cinco años, afectados por desnutrición crónica. A lo cual debemos sumar los 700 niños muertos diariamente por diarrea. Según Manos Unidas, organización nada proclive a la exageración, en 2020 se podría haber evitado la muerte de 5.4 millones menores de cinco años. Sin embargo, el hambre, la falta de condiciones higiénicas, la explotación infantil, el desempleo, la trata de mujeres no son considerados pandemia. Morir por esas causas es algo natural. La necropolítica hace su aparición como forma de organización social del capitalismo. Achille Mbembe, teórico que acuñó el concepto, señala que el poder de la muerte y la política de la muerte, refleja los diversos medios por los cuales, en nuestro mundo contemporáneo, las armas se despliegan con el fin de una destrucción máxima de las personas y de la creación de mundos de muerte, formas únicas y nuevas de existencia social en las que numerosas poblaciones son sometidas a condiciones que le confieren el estatus de muertos vivientes.


La pandemia del Covid-19, y de todas las demás, evidencia la condición de muertes vivientes en las calles de Quito, Lima, Santiago, Bogotá, Río de Janeiro o Sao Paulo. Los cadáveres abandonados en las calles, producto de una des articulación del sistema sanitario, convertido en negocio para las empresas de capital riesgo, atentan contra la dignidad humana. Los gobiernos que han privatizado la salud, quebrado el sistema sanitario, desprotegiendo a sus ciudadanos, son responsables. Aplican la necropolítica como arma de guerra. Y lo seguirán haciendo con o sin vacuna contra el Covid-19. Así ocurre con otras enfermedades donde el tratamiento es propiedad de una empresa. La pobreza, desnutrición o falta de higiene no son negocio. A las farmacéuticas les tiene sin cuidado su erradicación. No realizan investigación básica, sólo aplicada y con fines de rentabilidad. En este caso, hablamos de beneficios estratosféricos, que engrosarán la fortuna de empresarios, especuladores y consejos de administración. De esta pandemia unos pocos saldrán con los bolsillos llenos. La economía de mercado se encargará de ello. Con sólo pensar en la posibilidad de vender 2 mil millones de dosis para restablecer el equilibrio entre el virus y la inmunidad de rebaño, las ganancias serán obscenas. Siempre ha sido igual. Basta ver el tratamiento contra la hepatitis C. Su costo aproximado es de 1.5 euros y la dosis se vende por alrededor mil euros. Otro tanto ocurre con la vacuna contra la meningitis, del laboratorio británico Glaxo Smith Kline, cuya inversión en I+D fue de 300 millones de euros. En tres años de comercialización (2015-2018) han obtenido beneficios por mil 200 millones. ¿Y para el tratamiento de Covid-19?, mientras no existe una vacuna, el Remdesivir es un paliativo que reduce el tiempo de recuperación, en otros términos, libera antes una cama de hospital. Su costo de producción, según los especialistas, no supera los cinco euros, la empresa lo vende en 2 mil euros. A la hora de promover una investigación de cualquier enfermedad, la medida se realiza en términos de costo-beneficio.


Médicos Sin Fronteras, en un estudio de 2018, señaló que una vacuna o medicamento, en un país pobre cuesta 68 veces más que en uno desarrollado. No se discute la necesidad de encontrar una vacuna contra el Covid-19. Pero su distribución y venta no está pensada para toda la población. Los millones de ciudadanos que han soportado el confinamiento bajo el hambre, recurren a las ollas comunes, la solidaridad de clase y la resistencia para hacer frente a la pandemia. La crisis humanitaria no está en Venezuela, está en países donde el hambre, la evasión de impuestos, la pobreza, la desigualdad y la explotación se han cronificado, son pandemia y no interesa combatirlas.


22 marzo, 2020

Una bofetada de realidad — Juan Gabalaui



Foto de @gabalaui.

A las crisis no les gustan las florituras. Hacen visible lo superfluo y resaltan lo imprescindible. La actual pandemia del COVID-19 convierte las reivindicaciones neoliberales en simple cháchara, alejada de la realidad y del bien común, y desvela lo que era evidente. En una situación de crisis sanitaria lo único importante es que el sistema sanitario esté preparado para abordarla. Esto implica que uno no aborda las crisis sino que se prepara previamente para este abordaje. La OMS ha advertido de la posibilidad de epidemias mundiales desde hace décadas pero las tesis neoliberales, basadas en el recorte de costes y el aumento de beneficios, han ido erosionando la capacidad de los servicios públicos en los países occidentales para enfrentarse a situaciones de riesgo sanitario. En el mundo feliz occidental estas epidemias eran cosa de otros países y nuestra mayor preocupación estaba en las cotizaciones de la bolsa.

Es muy probable que a nivel personal la vivencia de una situación tan crítica, que ha dado la vuelta a nuestras rutinas y modo de vida, nos haga más conscientes sobre el riesgo real de sufrir epidemias [y añadiría otras catástrofes naturales relacionadas con el cambio climático], y nos obligue, al igual que al sistema sanitario, a adoptar medidas de prevención y prepararnos para el futuro. Pero, desgraciadamente, dudo que esto nos sirva como sociedad para que reflexionemos, cuestionemos y modifiquemos un sistema económico que, hace tiempo, nos transformó en consumidores o clientes. Me baso en que la excepcionalidad que vivimos es exclusivamente propia de los países occidentales. En aquellos países que han vivido epidemias nada cambió excepto que están mejor preparados para afrontarlas. Hong Kong sufrió el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) en el año 2002, con cuarentenas, confinamientos y medidas de prevención extremas, y posteriormente siguió siendo la megalópolis ultracapitalista que era.

En los países occidentales nos habíamos olvidado de la letalidad de las epidemias. El COVID-19 es una bofetada de realidad. Nos obliga a salir del mundo ficticio acomodado y mirar de frente a la posibilidad de morir casi sin darnos cuenta. La sensación de irrealidad que se vive en ciudades como Madrid nos acerca mínimamente a las distopías que devoramos en las series de las plataformas de entretenimiento. Una ciudad vacía y silenciosa donde las sombras que se mueven solitarias se convierten en amenazas. Miles de personas recluidas en sus casas. Miles de confinadas en sus habitaciones. Miles de ingresadas. Miles de muertas. Una realidad que nos enseña que lo que poseemos se escapa entre los dedos de las manos. Una realidad que nos desvela que nos han cambiado las prioridades de tal manera que las mayores perjudicadas somos nosotras. Deberíamos dinamitar el sistema pero nos quedaremos con las críticas partidistas, cínicas e intempestivas que estamos acostumbradas a hacer.

El sistema sanitario público tiene que fortalecerse y prepararse para las próximas crisis que vamos a sufrir. Y para eso no estaría de más que los países occidentales aprendieran de los países asiáticos. Se debe aprender de aquellos que tienen más experiencia. Así las mascarillas llegan para quedarse. Dejarán de ser un elemento exótico de las turistas asiáticas y formarán parte de nuestro vestuario. La naturaleza ha llamado a las puertas de la Unión Europea y nos ha hecho conscientes de cómo un virus [u otras catástrofes venideras] puede cambiar nuestra vida en cuestión de días. En otros países, arrasados por los desastres, son conscientes de ello desde hace décadas. Lo han sufrido con mucho coste. Lo que pensábamos que no nos afectaba, de repente, se nos ha aparecido como un problema del que nadie puede escapar y, paradójicamente, los países que se consideran menos desarrollados, según los criterios mercantilistas occidentales, serán los que mejor estén preparados.

Brigadas Médicas de Cuba

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EE.UU.: "De la mejor economía a la peor en dos meses": el impacto del covid-19 en EE.UU. es más rápido de lo previsto.