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19 diciembre, 2020

Biodiversidad y necro-liberalismo

 

¿Qué tiene que ver la Covid con la Biodiversidad?


TODO POR HACER – 12/2020


Hoy todo el mundo mira con expectación la aparición de una vacuna para el Coronavirus y se ponen todas las esperanzas en una solución técnica que resuelva no solo el problema de la enfermedad, sino todos los asociados a ella. Miles de millones se han invertido en grandes farmacéuticas, se han pre-comprado vacunas que aún no existen y no se toman medidas drásticas de contención esperando que la vacuna llegue cuanto antes. Todo para que vuelva la vieja normalidad, la economía se recupere y hagamos como si aquí no hubiera pasado nada.


Esta forma de pensar y hacer es muy de nuestros tiempos derivados del paradigma de la Modernidad, donde la suma de ciencia y tecnología, la tecno-ciencia, genera un horizonte de esperanza ante cualquier desastre, sea de la índole que sea. Da igual si hay un aumento de fenómenos climáticos extremos, si aumenta la desigualdad o si ganan peso formas totalitarias de gobernar. La ciencia y la tecnología darán una solución tarde o temprano, nos dicen. En realidad no es un problema intrínseco a la ciencia o tecnología, el problema es el mantra del crecimiento económico, la destrucción ambiental y social que provoca y pretender que todos los problemas se solucionen a base de nuevas tecnologías. Esta idea lo único que soluciona es el mantenimiento de las tasas de ganancia de las empresas que hoy dominan el mercado, las grandes tecnológicas simplificadas bajo las siglas GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Microsoft).


Prevenir es curar


Quizás los saberes populares tengan mayor visión de futuro y humanidad que las GAFAM. ¿O es que nunca hemos oído la expresión “es mejor prevenir que curar”? Un dicho popular tan simple pero que lleva intrínseco un paradigma completamente ajeno al del turbo-capitalismo. Las vacunas son una cura necesaria e imprescindible, pero ¿y si fuéramos capaces de prevenir situaciones como la actual? ¿Es realmente posible prevenir eventos de tal magnitud? Desde luego que sí, aunque con la inercia del sistema que padecemos se vuelva tremendamente difícil.


Para prevenir hay que conocer y analizar el origen. Pocas veces habréis leído que el coronavirus es una enfermedad de origen zoonótico, esto quiere decir que es de origen animal con capacidad de infectar al ser humano. El 70% de las nuevas enfermedades descubiertas son zoonóticas y lo son el 100% de las decretadas como prioritarias por la OMS. Esto nos da un primer indicador: la relación de humanos con animales no humanos puede provocar saltos de enfermedades nuevas y nocivas. ¿Cómo sucede esto? ¿Ha sucedido siempre?


Zoonóticas: las enfermedades que ya están aquí


Las enfermedades zoonóticas no son una novedad. El Ébola, el Zika o el Virus del Nilo son ejemplos desgraciadamente conocidos por su impacto sobre la salud humana. El origen de este tipo de enfermedades está en el contacto entre humanos y no humanos, desde una garrapata que primero estuvo en uno y luego en otro ser, hasta contactos más directos derivados de la ingesta de animales salvajes. Esta lectura nos lleva directamente a la cuestión de la biodiversidad y el avance del ser humano sobre territorios no urbanizados. La biodiversidad funciona como un equilibrio natural que cuando es alterado puede tener consecuencias trágicas. Las enfermedades zoonóticas funcionan de la siguiente forma: existe un patógeno dentro de una especie huésped y existen especies reservorio. Las reservorio son especies que son huésped del patógeno pero sin que éste suponga una amenaza a su salud. Cuando se produce un contagio hacia una especie de este tipo, las posibilidades de propagar el patógeno se reducen. Esto nos indica que las áreas de mayor diversidad funcionan como una barrera natural de protección frente a patógenos. El equilibrio natural dificulta que estas enfermedades lleguen al ser humano.


Rompemos la biodiversidad


En el momento en el que el ser humano avanza en su proceso de deforestación y urbanización por terrenos salvajes, estamos destruyendo ese equilibrio que es la biodiversidad y aumentando las probabilidades de que una enfermedad desconocida salte a nosotras. Hay muchos ejemplos básicos que nos sirven para ejemplificar.


En el Golfo de Guinea la pesca intensiva de las grandes multinacionales provocó que la mitad de la biomasa pesquera desapareciera. Quienes se dedicaban a la pesca tradicional perdieron su sustento y, con ello, la comunidad que vivía y se alimentaba de ello, al aumentar drásticamente los precios del pescado. En busca de formas de sustento, entraron las empresas madereras, comenzó la deforestación y la interacción con animales salvajes también en la alimentación. Así saltó el VIH al ser humano.



Los monocultivos industriales, la destrucción de las prácticas tradicionales de agro-ganadería, las migraciones forzosas y, en definitiva, la destrucción medioambiental de la mano de los grandes capitales son las que han posibilitado la aparición de multitud de enfermedades hasta el momento desconocidas y de consecuencias terribles para el ser humano.


Además, el Cambio Climático acelera toda está vorágine de pérdida de biodiversidad y transmisión de patógenos. Las aguas estancadas aumentan la existencia de ciertos mosquitos en áreas semi-urbanas que facilitan tremendamente la transmisión de enfermedades y la rotura de estos equilibrios eco-sistémicos facilita otro gran vector de infección, como son las garrapatas. Ante ello, nos vemos en el absurdo de culpar a estos bichos, cuando, como hemos visto, la culpa va más allá y es fruto de la actividad humana que destroza los equilibrios naturales. La solución de los tecnócratas sería matar a todas las garrapatas. Así de absurda es esta forma de pensar.


Un sistema tan vigoroso como frágil


Mientras que el capitalismo se vende como “el mejor de los sistemas posibles” acelera la destrucción del único planeta habitable del que disponemos. La crisis de la Covid ha puesto de manifiesto lo que las ecologistas llevan décadas avisando: que todo sistema excesivamente complejo acarrea multitud de vulnerabilidades que, en situaciones de fuerte estrés, pueden llevar a su colapso. Y con él, vamos nosotros. El circuito mercantil y empresarial internacional permite que los problemas se propaguen a una velocidad nunca antes vista. Las cadenas de valor internacional generan una pérdida total de autonomía económica y política de los territorios. Estamos viendo un ejemplo más de cómo las vulnerabilidades existentes, y potenciales, de esta forma de vida son mayores y más peligrosas que los beneficios que nos ofrecen.


Hoy la vacuna no supone más que un parche necesario para atajar esta pandemia mundial. Pero el objetivo debería ser impedir que otras pandemias lleguen a producirse. Para ello hace falta un cambio de paradigma que es estrictamente incompatible con el paradigma que nos ofrece la tecnología como solución a todos nuestros problemas, sin mostrarnos el lado perverso de todo ello.



En la Comunidad de Madrid tenemos un ejemplo muy claro de este choque de paradigmas. Mientras que el mundo sanitario estaba reclamando reforzar las medidas preventivas mediante la inversión en atención primaria y rastreadores, el gobierno necro-neoliberal de Isabel Díaz Ayuso se ha dedicado a construir un nuevo hospital de pandemias, a la vez que existen plantas en hospitales públicos cerradas o no se ha tomado el control de los recursos privados para ponerlos a disposición pública.


Un nuevo paradigma


No es casualidad el momento en el que se ha producido esta crisis. Llevamos décadas sentando las bases para que sucesos como este se produzcan. La infra-inversión en los sistemas sanitarios, la dependencia del comercio exterior, el aumento de la presión turística y la destrucción medioambiental no son hechos aislados y compartimentados. Son parte un todo global como hemos visto. La salud no es solo cuestión de enfermeras, doctoras y científicas. A principios del siglo XX uno de los hechos que hicieron reducir drásticamente las enfermedades y la mortalidad infantil fueron las campañas por la higiene personal, algo tan sencillo como lavarse las manos. Esta forma holística de pensar es lo que hoy se necesita más que nunca. Una nueva forma de pensar que permita generar un paradigma que nos muestre un futuro que no sea o apocalíptico o una versión cutre de Blade Runner. Recuperar la biodiversidad, desacelerar los ritmos de vida, restar poder al mundo empresarial e invertir en aquello que no se rige por criterios comerciales y de beneficio, son algunos de los pasos por los que debemos transitar para que, en el caso de que haya una nueva pandemia, estemos preparadas.


31 julio, 2020

El coronavirus y el fin de la era neoliberal ————— Marc Vandepitte


CUBADEBATE – 31/07/2020


Después de repetirnos durante cuarenta años los dogmas neoliberales, la crisis financiera sacudió seriamente nuestra fe en ellos, pero al final se mantuvo el sistema. Esta vez es diferente. La coronacrisis y las medidas socioeconómicas para salvar el sistema hicieron caer, uno a uno, los dogmas neoliberales. Es hora de hacer algo nuevo.


Los dogmas caídos

"Vivimos por encima de nuestras posibilidades, no hay dinero"


Llevan años diciéndonos eso. La atención sanitaria era demasiado cara, los subsidios de desempleo demasiado generosos, los salarios demasiado altos y simplemente no había dinero para asuntos sociales o culturales. El déficit y las deudas del gobierno se tenían que reducir y por eso teníamos que ahorrar en todo.


Ahora, de la noche a la mañana parece haber dinero y parecen haber encontrado gigantescos botes de dinero. Hoy en día se gastan miles de millones de euros como si nada. Un déficit en el presupuesto de más de tres veces el 3 % acordado en el tratado de Maastricht o una deuda mucho mayor que el 100 % del PIB, de repente, dejaron de ser un problema.


"El mercado libre lo resuelve todo, el Estado es ineficiente"


Privatizar y desregularizar lo más posible, esa era la consigna. El Estado tenía que “adelgazar” lo máximo posible e intervenir lo menos posible (1). Para Bart De Wever, el presidente del partido más grande de Flandes, “el estado es un monstruo que aspira el dinero y lo escupe después”.


Durante la coronacrisis el mercado libre falló completamente. Quizás lo más notable fue el caso de los tapabocas. Al mismo tiempo vimos tanto un dramático retorno como la rehabilitación del gobierno público. Se hizo visible para todos que sólo el Estado puede controlar y superar una crisis de tal magnitud. Se nacionalizaron fácilmente en su totalidad o en parte sectores importantes de la economía. Según el Wallstreet Journal, las medidas de estímulo económico en los Estados Unidos son “el mayor paso hacia una economía de planificación centralizada que jamás haya dado Estados Unidos”.


"El capital y la empresa crean riqueza"


Son los empresarios los que crean riqueza. Gracias a su capital, coraje e innovación, crean empleo y aumentan la riqueza de un país.


Los confinamientos en los distintos países revelaron todo lo contrario en todas partes: son los trabajadores y su trabajo los que crean la riqueza. Cuando parte de la población activa se vio obligada a dejar de trabajar, el crecimiento económico se desplomó. Es el trabajo el que crea al capital y no al revés. El confinamiento también demostró que a menudo son los trabajos más esenciales los que están peor pagados.


"Lo que es bueno para los ricos es bueno para todos"


El coronavirus destruyó esta falacia por completo. Gracias a las medidas de apoyo, los súper ricos se benefician enormemente. Desde el 18 de marzo, los multimillonarios de los Estados Unidos ya han visto aumentar sus activos en una quinta parte, o sea 565.000 millones de dólares. JPMorgan, el banco más grande de los EE.UU., reportó las mejores cifras que jamás haya tenido en un trimestre. La compañía de inversiones Goldman Sachs registró un crecimiento del 41 % en comparación con el año anterior. Pero poco de ese “efecto de goteo” se nota. En todo el mundo cientos de millones de personas se ven empujadas a la pobreza extrema. En Bélgica aumentó el número de personas que van a los bancos de alimentos en un 15 % y esto es sólo el comienzo.


"La gente es egoísta"


El ser humano es capaz de hacer el bien, pero por naturaleza es malo. Está impulsado en primer lugar por el interés propio. Esto es lo que los gurús neoliberales nos han estado diciendo durante décadas. Al final, según ellos, esto es ventajoso porque el interés propio lleva a la competencia y eso es precisamente lo que impulsa nuestra economía.


La solidaridad espontánea y masiva que surgió durante la coronacrisis arrasó con esta cínica imagen del ser humano. Los jóvenes fueron a hacer compras para sus vecinos ancianos, miles de voluntarios hicieron tapabocas o se presentaron en los bancos de alimentos para ayudar. A pesar de la falta de equipos de protección, las enfermeras empezaron a cuidar de sus pacientes arriesgando su propia salud y, por tanto, sus vidas.


Ciertamente, había grupos a los que no les importaban las medidas de seguridad, pero esas eran las excepciones que confirmaban la regla. La coronacrisis muestra hoy más que nunca que el ser humano es esencialmente un súper colaborador, como lo describieron el autor belga Dirk Van Duppen y el periodista holandés Rutger Bregman. Wendy Carlin, profesora de economía, lo expresa así: “Habrá que actualizar finalmente el modelo del actor económico como amoral y egocéntrico”.


No repetir los errores de 2008


Todos los partidos tradicionales, incluidos los Verdes y los Socialdemócratas, han contribuido, o al menos han apoyado, la política neoliberal en los últimos cuarenta años (2). Las consecuencias de esta política antisocial se han hecho dolorosamente claras en estos últimos meses. En los centros de salud y los centros de atención a los ancianos, los ahorros y las privatizaciones costaron muchas vidas humanas. Además, las recetas neoliberales parecen ser totalmente inadecuadas para dar una respuesta firme al colapso económico.


Un enfoque similar al del período posterior a 2008 –imprimir dinero extra e insertarlo a la economía combinado con una política de austeridad– sería un gran error. Un nuevo dopaje financiero podría arruinar la ya gravemente debilitada economía. Los nuevos ahorros erosionarían aún más el poder adquisitivo y causarían una profunda crisis social y política.


Las advertencias del Financial Times son inequívocas: “Si queremos que el capitalismo y la democracia liberal sobrevivan al COVID-19, no podemos permitirnos repetir el enfoque erróneo de ‘socializar las pérdidas y privatizar los beneficios’ de hace diez años”. “El regreso a la austeridad sería una locura, una invitación a la agitación social generalizada, si no a la revolución, y una bendición para los populistas”.


La gran llamada para un cambio de paradigma


Está claro, el neoliberalismo ha terminado, es hora de algo nuevo. Excepto por unos pocos fanáticos, nadie quiere volver al mundo precorona. La crisis y las medidas que se tomaron han provocado muchas frustraciones y han radicalizado a una parte importante de la población activa. En los EE.UU. el 57 % de la población cree que su sistema político sólo funciona para los que tienen dinero y poder. La mayoría de los jóvenes menores de 30 años están a favor del socialismo. En Reino Unido apenas el 6 % quiere volver al mismo tipo de economía que antes de la pandemia. Sólo el 17 % cree que las medidas de estímulo deberían financiarse con nuevos ahorros.


El 70 % de los franceses piensa que es necesario reducir la influencia del mundo financiero y de los accionistas. En Flandes tres cuartas partes de la población creen que el dinero debería provenir de las grandes fortunas y dos tercios creen que los políticos deberían trabajar en una ambiciosa redistribución de la riqueza después de la crisis.


El mundo académico y cultural también está en esa longitud de onda. Tres mil científicos de 600 universidades creen que la sociedad debe cambiar radicalmente su rumbo y volver a poner a los trabajadores en el centro de la toma de decisiones. Doscientos artistas, incluidos Robert de Niro y Madonna, lanzaron un llamamiento al “mundo” para no volver a la “normalidad” de antes de la pandemia, sino para cambiar radicalmente nuestro estilo de vida, de consumo y economía.


Esta idea penetró hasta el mundo de los negocios. Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial (Davos) habla de un “gran reseteo del capitalismo”. Según él, la pandemia puso de manifiesto las deficiencias de un “viejo sistema” que había descuidado la infraestructura, la atención de la salud y los sistemas de seguridad social. “Si seguimos como hasta ahora, podría llevar a una rebelión.” En ese contexto los súper ricos están rogando en una carta abierta que se les aumenten los impuestos.


Según el Financial Times, debe haber “reformas radicales” sobre la mesa. “Los gobiernos tendrán que aceptar un papel más activo en la economía. Deberían ver los servicios públicos como inversiones y no como costos, y buscar formas de hacer que el mercado laboral sea menos inseguro. La redistribución de la riqueza volverá a estar en la agenda. Las políticas que hasta hace poco se consideraban excéntricas, como la renta básica y el impuesto sobre el patrimonio, deberían incluirse en la mezcla”.


Según este mismo periódico, la democracia liberal “sólo sobrevivirá a este segundo gran choque económico si se realizan ajustes en el marco de un nuevo contrato social que reconozca el bienestar de la mayoría por encima de los intereses de unos pocos privilegiados”.


La prestigiosa revista Foreign Affairs también habla de un “nuevo contrato social”. Su objetivo es “el establecimiento de un ‘estado de bienestar’ que proporcione a todos los ciudadanos los servicios básicos necesarios para mantener una calidad de vida decente”. Esto presupone “el acceso universal garantizado a una atención sanitaria y a una educación, ambas de alta calidad”. Lo que hasta hace poco solo lo pedía la extrema izquierda, se ha convertido en la corriente principal.


Una respuesta a cuatro crisis


Los desafíos a los que nos enfrentamos son muy grandes: El nuevo paradigma debe ser capaz de responder a por lo menos cuatro crisis (3).


1. Estancamiento económico


En los últimos veinte años la economía mundial ha experimentado tres grandes crisis: la crisis de las puntocom en 2000, la crisis financiera en 2008 y, en los últimos meses, una depresión tras una pandemia. Esto deja claro que el COVID no es la causa sino el detonante de la tormenta económica. Una economía sana debería en principio ser capaz de hacer frente a tal coronachoque, un país como China lo demuestra. Pero para la economía capitalista eso no parece ser el caso en absoluto. El crecimiento de la productividad casi se ha paralizado, las tasas de beneficio (porcentaje de la ganancia sobre el capital invertido) están disminuyendo constantemente y la deuda mundial ha aumentado hasta uno insostenible 322 % del PIB. Además, cada crisis no significa nada más que miseria para millones de personas. Esta crisis empujará una vez más a varios cientos de millones de personas a la pobreza. No puede seguir así.


2. Escandalosa brecha entre ricos y pobres


En el capitalismo la producción está dirigida únicamente a los beneficios de un pequeño grupo de propietarios privados y no funciona de acuerdo a las necesidades sociales o las oportunidades de desarrollo de la gran mayoría. Esto crea una escandalosa brecha entre ricos y pobres.


Con la riqueza que se produce hoy en día en todo el mundo cada familia con dos adultos y tres niños tiene un ingreso mensual potencial disponible de 4.100 euros (sí, lo has leído correctamente) (4). Sin embargo, una de cada tres personas de la población mundial no tiene saneamiento básico y una de cada ocho no tiene electricidad. Uno de cada cinco vive en una casa de contrachapado y uno de cada tres no tiene agua potable.


En Bélgica el 5 % de los más ricos posee tanto como el 75 % de los más pobres. En uno de los países más ricos del mundo un 20 % de las familias corre el riesgo de caer en la pobreza, una cuarta parte de las familias tiene dificultades para pagar los gastos médicos, un 40 % no puede ahorrar y un 70 % de las personas desempleadas tiene dificultades para llegar a fin de mes.


Estos no son excesos del sistema. Se derivan directamente de su lógica.


3. Las próximas pandemias


Desde principios del siglo pasado sabemos que casi todas las epidemias modernas son el resultado de la intervención del hombre en su entorno ecológico inmediato. Los mamíferos y las aves son portadores de cientos de miles de virus que son transmisibles a los seres humanos (5). Debido a la explotación de zonas naturales anteriormente inaccesibles cada vez hay más posibilidades de que estos virus se transmitan a los seres humanos.


Los principales expertos lo han estado advirtiendo durante más de diez años en respuesta al VIH, SARS, ébola, MERS y otros virus. En realidad, tuvimos suerte de que no nos hayan llegado otros virus más mortales. En 2018 los científicos de EE.UU. elaboraron un plan detallado para prevenir tales pandemias. Se estima que las pérdidas a causa del COVID-19 alcanzan los 12.500.000 millones de dólares. El costo del plan de prevención de 2018 era de apenas 7.000 millones de dólares.


Aún no se ha encontrado ningún financiador para el proyecto. No debería sorprender, porque esa investigación está en gran parte en manos privadas y no en interés público, sino con fines de lucro. Chomsky lo dice muy claramente: “Los laboratorios de todo el mundo podrían haber trabajado en la prevención de posibles pandemias de coronavirus. ¿Por qué no lo hicieron? Las señales del mercado no eran buenas. Dejamos nuestro destino en manos de tiranías privadas, que se llaman corporaciones y que no tienen que rendir cuentas ante el público, en este caso, la industria farmacéutica. Para ellos, producir nuevas cremas es más rentable que encontrar una vacuna que pueda proteger a la gente de la destrucción total”.


4. La degradación del clima


La búsqueda del máximo beneficio socava el sistema ecológico de la tierra y amenaza la supervivencia de la especie humana. Según la conocida escritora y activista Naomi Klein, el mundo se enfrenta a una decisión decisiva: o salvamos el capitalismo o salvamos el clima. Esta decisión es particularmente aguda en el sector de la energía fósil, que es el principal responsable de las emisiones de CO2. Las 200 empresas más grandes de petróleo, gas y carbón tienen un valor de mercado combinado de 4 trillones de dólares y obtienen unos beneficios anuales de decenas de miles de millones de dólares. Si queremos mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2°C, estos gigantes de la energía deben dejar entre el 60 % y el 80 % de sus reservas intactas. Pero eso iría en detrimento de sus expectativas de ganancias y hundiría instantáneamente su valor en el mercado de valores. Por eso siguen invirtiendo cientos de miles de millones de dólares anuales en la búsqueda de nuevos yacimientos. Si se mantiene la política actual, en lugar de disminuir drásticamente, la demanda de combustibles fósiles habrá aumentado casi un 30 % en los próximos veinte años, sin que se vislumbre un pico.


Dentro de la lógica de las ganancias, el calentamiento global es imparable. Según The Economist, el portavoz de la élite económica mundial, el costo financiero es simplemente demasiado alto para combatir el calentamiento global.


En respuesta a la coronacrisis los gobiernos han tomado medidas sin precedentes. Habrá que tomar medidas igualmente radicales para hacer frente a la degradación del clima. “Si hay algo que la pandemia ha demostrado”, dice el Financial Times, “es el peligro de que se ignoren las advertencias de los expertos”.


Lucha por un sistema social diferente


¿Qué nos enseñan estas cuatro crisis? Que tendremos que repensar completamente nuestras políticas y nuestra economía. Para salir del actual estancamiento económico primero será necesario frenar los mercados financieros y romper el poder desproporcionado de las multinacionales. Para hacer frente a los problemas sociales la economía ya no debe centrarse en los beneficios privados de unos pocos, sino en las necesidades sociales de muchos. También debe haber una redistribución de la riqueza.


Para armarnos contra futuras pandemias la industria farmacéutica tendrá que hacer un profundo cambio de rumbo. Después de todo, la política climática es demasiado importante como para dejarla en manos de los gigantes de la energía y su lógica de beneficio. Hay que romper su omnipotencia de modo que haya espacio para una política climática responsable.


Para lograr todo esto tendremos que subordinar la esfera económica a la esfera política. Dónde y en qué se invierte, la distribución de los excedentes económicos, el comercio, las finanzas, etc., todo ello debe centrarse en las prioridades y necesidades de la comunidad actual y las de las generaciones futuras. Esta “planificación” (6) no implica de ninguna manera un control total del Estado, sino que la economía esté controlada por un órgano político (elegido) y no por propietarios privados. Significa que la lógica económica se subordina al Estado y no al revés.


Un sistema social diferente es necesario y urgente, pero no se logrará por sí solo. Las ideas correctas son importantes, pero no lo suficiente como para provocar un cambio. Hay enormes intereses detrás del sistema actual. Los que se benefician de este sistema nunca renunciarán voluntariamente ni estarán dispuestos a hacer concesiones, aunque haya capitalistas ilustrados que están convencidos de que tales concesiones son esenciales para preservar el sistema. Las organizaciones de empresarios incluso tratarán de aprovechar la situación de crisis para imponer una estrategia de choque.


La historia nos enseña que el tipo de sociedad y nuestro futuro dependerán de la batalla que libremos. Como dice el sociólogo Jean Ziegler, “no debemos ser optimistas, debemos movilizar a la gente” (7). Para que esta movilización sea poderosa tendremos que organizarnos con firmeza, porque el oponente está muy bien organizado. O como dice Varoufakis “si no logramos unirnos ahora, mi temor es que este sistema sólo profundice su cruel lógica”.


En cualquier caso, estos serán tiempos emocionantes y decisivos. Prepárate.


Notas:


(1) La retirada del Estado no se aplica a los principales monopolios, por el contrario. Debido a su gran concentración de poder, tienen cada vez más impacto en el sistema estatal. Utilizan el poder del Estado para fortalecer su posición competitiva y garantizar las máximas ganancias. Esto se hace de varias maneras. Las más conocidas son los contratos públicos, los subsidios y las tasas impositivas favorables. El gobierno también está llamado a explorar nuevos sectores o productos. Aquí las inversiones son inciertas y a menudo requieren grandes cantidades de capital. Las agencias gubernamentales están asumiendo esta fase inicial costosa y arriesgada, a menudo en el contexto de la industria de la guerra. En una etapa posterior, luego se transfieren al sector privado, se privatizan literalmente. Para dar algunos ejemplos recientes, ese fue el caso con la PC, Internet, el algoritmo de Google, las redes inalámbricas, la tecnología de pantalla táctil, GPS, microchips, biotecnología, nanotecnología y muchos otros productos o sectores rentables. El financiamiento inicial de Apple provino de una compañía de inversión del gobierno de los Estados Unidos.


(2) En todos los países en los que gobernaron los socialdemócratas ayudaron a dar forma a las políticas neoliberales. En Reino Unido Blair lanzó la “Tercera Vía” entre el capitalismo y el socialismo, e hizo un pacto con el ultraderechista Berlusconi. En Alemania Gerhard Schröder, el líder de los socialdemócratas, presentó el modelo de salarios bajos que inició una espiral de disminución salarial en toda Europa. En Bélgica los socialdemócratas son en parte responsables del deterioro del poder adquisitivo, las malas condiciones de trabajo, los recortes en la seguridad social y la atención médica, y el empeoramiento de los sistemas de pensiones.


Hasta ahora los Verdes no han gobernado mucho y donde lo hicieron, no han cambiado el curso de las políticas neoliberales. En Alemania han defendido con entusiasmo el modelo de bajos salarios. Durante su única participación gubernamental en Bélgica (1999 a 2004) los Verdes lograron producir solo cambios menores. En el Parlamento Europeo los Verdes han respaldado casi por completo las medidas neoliberales, como el Six Pack y, por lo tanto, son en parte responsables de las drásticas políticas de austeridad en la UE.


(3) Para una versión más elaborada de tal modelo alternativo, ver ‘Otra economía es necesaria y posible’ y ‘Crisis del Capitalismo’.


(4) El cálculo para una familia media se basa en la hipótesis plausible de que el ingreso disponible de los hogares es un 70 % del PIB. Utilizamos el producto mundial bruto: 136 billones de dólares en 2019. Esta cifra, expresada en dólares PPA [Paridad del Poder Adquisitivo], tiene en cuenta unas diferencias de precios entre países para los mismos bienes o servicios y expresa el poder adquisitivo real. Hemos convertido esta cifra en euros según el método de cálculo del Banco Mundial: para Bélgica 1 dólar PPA equivale a 0,808 euros. Fuentes: https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_GDP_(PPP); https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.PP.KD; http://www.worldometers.info/world-population/world-population-by-year/; https://data.oecd.org/conversion/purchasing-power-parities-ppp.htm.


(5) Se estima que se trata de 350.000 a 1.3 millones de virus. Fuente: The Economist.


(6) Se podría definir la planificación económica como la capacidad de imponer objetivos decididos democráticamente para el desarrollo económico sostenible. Hay diferentes grados y niveles de planificación. La planificación debe ponerse en práctica de manera cualitativa, es decir, en relación a las necesidades humanas vitales, y en que se debe evitar la aplicación de una planificación burocrática.


    (7) "Geciteerd in een Interview, Solidair", julio-agust de 2020, p. 31.


Traducido del neerlandés por Sven Magnus.


(Tomado de Rebelión)


05 mayo, 2020

Negacionismo, ignorancia y narcisismo paranoide — Javier Hernández Alpízar


ZAPATEANDO - 05/05/2020

A Óscar Chávez, in memoriam


Un virus es información genética que engaña células. La desinformación viral engaña mentes. Ambos destruyen.

Escucho llegar de la calle o de algún patio voces de niños jugando y conversando. Uno de ellos usa la palabra “coronavirus”. No alcanzó a escuchar todo lo que dicen. No me imagino qué pasa por la mente de esos niños cuando escuchan o dicen la palabra “coronavirus”.

No puedo imaginarme qué pasa por la mente de sus padres o cualesquiera otros adultos en la Ciudad de México cuando escuchan palabras como “coronavirus” o “Covid-19”.

Es muy popular la corriente negacionista. Personas que reclaman el cadáver de un pariente dicen: “Sabemos que el Covid no existe” y esparcen el rumor calumnioso de que “los médicos están matando a los pacientes”.

Se ha hecho del virus un mal moral y cada quien ve al otro, real o imaginario, como el culpable, el portador, el contagioso, el asesino. El personal médico es el más estigmatizado y agredido. Así como el VIH fue estigmatizado en sus inicios por homofobia, hoy la fobia es contra trabajadores explotados que arriesgan sus vidas.

De manera irresponsable, se esparce la calumnia de que en los hospitales “les inyectan algo para que mueran”, y que lo hacen “para quitarles un líquido de sus rodillas que vale más que el oro o el platino”. Según una nota periodística, grupos de narcotraficantes han amenazado a los médicos y enfermeras con matar a diez del personal de salud por cada narco que muera, porque “el Covid no existe y los médicos matan a los pacientes”.

Las teorías de la conspiración más desquiciadas conviven en las mismas mentes: el virus “no existe”, pero, al mismo tiempo, es un virus creado en laboratorio, puede ser esparcido deliberadamente desde el aire o inyectado por los médicos para matar a pacientes que no murieron de Covid-19 porque “no existe”: todo es obra de los poderosos. ¿Quiénes son esos poderosos? Sabrá dios qué imaginan las personas cuando piensan en esos poderosos. La tecnología para muchos es magia: creen que ya controlan el planeta y el clima como una maquinaria.

En una época en que hay clubes de personas que defienden que la Tierra es plana, que los seres humanos no llegaron jamás a la luna, que nos gobiernan reptiles extraterrestres que adoptan una apariencia humana, un virus (no perceptible a simple vista) tiene todas las características para candidato a no existir (sólo existe lo que veo, y eso si yo decido que existe) o candidato a ser un monstruo de maldad moral: conatos de quemar hospitales donde hay pacientes con Covid-19 o baños en agua clorada o hirviente a personal médico, etcétera. Agresiones con balas a indígenas “acusados de tener Covid”.

Para comentar todos esos disparates mentales y acciones irracionales no puedo, ni quiero, censurar palabras como ignorancia, fanatismo, prejuicios, supersticiones, rumores, falsedades y violencia criminal, resultado de esa ignorancia, narcisismo y prepotencia.

No puedo compartir la postura indulgente (soberbia disfrazada de paternalismo) que defiende al “pueblo pobre” o al “pueblo bueno”, porque el problema es estructural. La violencia estructural nos hace víctimas a todos, pero no nos exime de hacernos responsables por lo que hacemos como seres pensantes. Por ejemplo: el patriarcado es estructural y sistémico, pero si un hombre comete un delito de violencia misógina no se debe defender porque “es estructural”, tiene responsabilidad individual y debe tener sanción individual.

Las víctimas pueden volverse victimarios, como muchos psicólogos constatan.

¿Por qué tendríamos que tener reparos en reconocer que la sociedad mexicana adolece de ignorancia? Es un problema grave y con raíces estructurales e históricas difíciles de comprender y, sobre todo, de superar. La postura de negar, por motivos “morales”, la ignorancia es otra especie de negacionismo. Negar un problema no lo soluciona y lo más probable es que lo agrave. Para afrontar un problema hay que reconocer su existencia y no minimizar sus dimensiones.

La ignorancia no es solamente un problema de clase, ni un problema nacional: la ignorancia rampante y brabucona de un Donald Trump o un Jair Bolsonaro están ahí para recordárnoslo.

En México padecemos, en diversos grados y medidas, y en todas las clases sociales, ignorancias diversas, no excluyentes entre sí, sino que se refuerzan y retroalimentan. Una lista no exhaustiva de ignorancias es: analfabetismo a secas, analfabetismo funcional (a veces llegan a posgrados personas que no dominan la lectoescritura), analfabetismo político, analfabetismo digital, analfabetismo científico. Y los reforzamos en lo cotidiano con posturas antiintelectualistas. Posturas correspondidas, en círculo vicioso, por la soberbia, el desprecio y la pedantería de muchos intelectuales hacia el resto de la humanidad. (Cf. Genealogía de la soberbia intelectual, de Enrique Serna).

Los negacionismos cuentan en su favor con la ignorancia y con el narcicismo para creer sólo lo que yo quiero.

Una sociedad así es pasto para las noticias falsas y los rumores, la propaganda, la manipulación y la fabricación del consenso. Uno de los peligros graves del momento es la tendencia del gobierno y sus apoyadores para imponer el dogma de que solamente la información gubernamental es verdadera y toda otra fuente es censurable y bloqueable. Operar con ese dogma es el suicidio del pensamiento crítico.

La hegemonía de la ideología neoliberal es un claro ejemplo de cómo lo imperante no es la verdad: no es científicamente válida, pero se enseña en las universidades y domina en los opinólogos de los medios. A nivel popular, “neoliberal” es una mala palabra, pero el neoliberalismo como fe en el dinero, el mercado y el desarrollismo depredador de la naturaleza, es un dogma no sólo intocado sino tan aceptado tácitamente que cuestionarlo lleva casi inexorablemente al fracaso en una discusión o al menos a que los interlocutores te dejen de escuchar.

El método de los rumores (hoy llamadas fake news) no es nuevo. En los años setenta, circulaban rumores de que hordas de padres de familias iban a las escuelas a impedir a las enfermeras vacunar a los menores, porque temían que les pusieran una inyección para esterilizarlos. Tal vez fue una campaña de rumores de la derecha contra las iniciativas de los gobiernos priistas para llevar a la escuela pública la educación sexual, la información sobre anticonceptivos y la promoción de la planificación familiar.

Otros rumores, ya en la era digital, produjeron que muchas personas no se vacunaran. Como resultado resurgieron epidemias que ya se habían superado, como el sarampión. También respecto al VIH hubo rumores de que no existía. En cuanto el Estado dejó de dar prioridad a la información sobre el virus y repuntaron los contagios.

Los estados de la república azotados por el crimen organizado padecieron rumores, aparentemente diseminados desde esferas gubernamentales, de que los criminales atacarían escuelas y generaron, con ellos, olas de pánico y de padres que iban por sus hijos a las escuelas o rumores que no se debía salir a partir de cierta hora, y las personas acataban el toque de queda de hecho.

El rumor calumnioso contra las enfermeras, los médicos y el personal de salud se convierte de facto (y médicos lo han denunciado) en una campaña de desprestigio contra el sistema público de salud, y justamente en el momento en que, a nivel mundial, la pandemia exhibe la inmoralidad y criminalidad de la privatización de la salud, su tratamiento como mercancía y el desmantelamiento de los sistemas de salud públicos y del enfoque de la salud como derecho humano.

Los rumores en sociedades desinformadas e ignorantes (habrá que estudiar minuciosamente por qué son inútiles los medios de comunicación que informan y hasta sobreinforman, pero a los cuales amplios sectores de la sociedad no les creen ni hacen caso) son como fuego en pasto seco. Refutarlos es casi inútil porque las masas víctimas del rumor son inmunes a los argumentos: se cree o no se cree porque se quiere, no importa lo demás.

Algunos medios digitales desmienten noticias falsas, pero no suelen dar una explicación clara y fehaciente de la falsedad y muchas veces apelan a la autoridad. Eso no ayuda a fomentar el pensamiento crítico vigilante.

Y “casualmente”, el miedo, la violencia, la ira, la confusión que propician los rumores suelen desarmar los intentos de solidaridad y organización y dejar a los trabajadores y a la gente más vulnerable a merced de los poderes fácticos.

Hace un par de semanas, en plena avenida Insurgentes, entregaron a los trabajadores obligados a ir a trabajar en plena cuarentena volantes “negacionistas”. El panfleto decía, en resumen: “El virus no existe y todo es una maniobra manipuladora de los poderosos.” Esto en una página tamaño carta llena de errores gramaticales. Los argumentos son del estilo: “el virus no ha sido presentado oficialmente”. Qué significa: “presentado oficialmente” es un misterio. Pero el razonamiento narcisista es contundente: yo no lo he visto caminando por la calle por lo tanto no existe, como decir, yo no estuve en la luna para atestiguar que Armstrong la pisó, por lo tanto, nadie ha llegado a la luna. Bueno, tal vez los extraterrestres, en cuyo caso el razonamiento es el mismo, pero la conclusión inversa: los gobiernos niegan que hay extraterrestres, por lo tanto, lo ocultan. No los han “presentado oficialmente”, por ende, existen.

La subjetividad de la certeza degeneró en narcisismo: más que lo que sea o no verdad importa el “Yo no creo”…

Una cacería de brujas es una consecuencia muy “razonable” de toda esa desinformación e ignorancia. El virus no existe porque yo no lo veo, pero al personal de bata blanca sí lo veo y, por eso, contra ellos.

A estas alturas, me parece muy difícil que si el Estado mexicano se propone deshacer el rumor de que el “Covid no existe, por lo tanto los médicos matan personas”, lo logre.

Pero no podemos cruzarnos de brazos. En el colmo de la irracionalidad, los mexicanos estamos impotentes ante la ignorancia y el narcisismo de una sociedad que aprendió a dar la espalda a las noticias, a los hechos, a las verdades: ante tanto dolor, cerró las ventanas y declaró que la realidad es lo que “yo creo” y lo falso es aquello en que “yo no creo”. No es la verdad algo independiente de mi narcisismo. Y lo más patético es que “lo que yo creo” no es un ejercicio de autonomía del sujeto, sino lo que los poderes fácticos han hecho creer.

Si el coronavirus no existe, al igual que el capitalismo, lo único que queda es que cada quien se defienda de la violencia por sus medios. ¿Y el Estado? El Estado está empeñado en hacernos creer que ya es bueno, que combate la corrupción, que quienes informan de cosas inconvenientes para el Estado son malos y conspiradores o son bots.

El delirio paranoico que ha enfermado a amplios sectores de la sociedad tiene también infectado al Estado y sus aparatos ideológicos. La realidad borrada por voluntarismo.

Un escenario así es el más propicio para que el virus se propague y enferme y mate… Así como el VIH se ha podido enfrentar con información y prevención, el coronavirus y las epidemias o pandemias que vengan tendrán que ser enfrentados por sociedades bien informadas, críticas, alertas y solidarias. Estamos muy, pero muy, lejos de eso.

Y en la fase que sigue, digamos la fase 4, vienen el desempleo, la crisis estructural y sistémica, el hambre y probablemente el pillaje, el de los hambrientos y el pillaje sistemático del capital. El hambre por sí sola no genera conciencia. Sin un resurgimiento y una propuesta de conciencia de la organización y organización de la conciencia de la izquierda anticapitalista (disculpen el pleonasmo), masas hambrientas serán caldo de cultivo para la derecha fascista. Necesitamos más ciencia, y en cuanto al capitalismo, más Karl Marx.

18 abril, 2020

Todo es lo que parece: si parece un golpe de estado, “es” un golpe de estado, si parece un “Estado de excepción”, es un Estado de excepción — Ángeles Diez




F. A. I. – 18/04/2020

Las ciencias físicas así como las sociales tuvieron un momento revelador en el postulado Ockhaniano que en su principio más elemental sostiene que no se deben multiplicar las causas sin necesidad. O dicho de otra forma, cuando para que ocurra un fenómeno se nos ofrecen 2 o más explicaciones, la que tiene más posibilidades de ser la correcta es la explicación más completa y simple.

Veamos dos ejemplos de cómo se viola el principio ockhaniano. No hace mucho –aunque con la crisis relanzada por la pandemia del coronavirus ya todo parece lejano– la derecha boliviana respaldada por el ejército lanzaba un ultimátum al presidente Evo Morales para que renunciara a su cargo, ocupaba el parlamento colocando la biblia en lugar de la whipala y emprendía la persecución de los líderes del MAS (Movimiento al Socialismo) y la represión de los pueblos originarios (que constituyen más del 60% de la población boliviana), supuestamente partidarios del presidente Evo. Se suspendían todas las garantías constitucionales, se colocaba a una presidenta –Jeanine Áñez– que se autoproclamaba presidenta con el beneplácito del ejército, la OEA (Organización de Estados Americanos) y los Estados Unidos[1].

Un militar le coloca la banda presidencial a Añez,
autoproclamada presidenta sin quórum en el Congreso boliviano.
Imagen EFE (tomada de 
https://www.pagina12.com.ar/230719-sin-quorum-jeanine-anez-se-autoproclamo-presidenta-en-la-paz)

Para que todo esto ocurriera sin gran disgusto internacional, los medios de comunicación masivos –el poder mediático y sus paraperiodistas– arreciaron con una campaña sin precedentes presentando los acontecimientos como: crisis política en Bolivia, renuncia de Evo Morales, dimisiones del vicepresidente Álvaro García Linera y de los presidentes del Senado y de la cámara de diputados, intento de Evo Morales por imponerse, fraude electoral, etc.[2] Pero, significativamente también las críticas de la izquierda progresista y feminista hacia el gobierno “patriarcal” del presidente Evo sirvieron de material ideológico para apuntalar un discurso justificador de un golpe de Estado. Así, aunque hubo voces que proclamaron la evidencia de un golpe de Estado clásico y difundieron las pruebas de cómo fue preparado por Estados Unidos, sus organizaciones internacionales (específicamente la OEA) y las élites bolivianas, el relato que acabó imponiéndose fue el de una salida natural y formalmente democrática a una crisis institucional.

Militares bolivianos realizan un control en el municipio de El Alto
durante la cuarentena. Martín Alipaz /EFE
(Tomada de: 
https://elpais.com/internacional/2020-04-08/el-gobierno-de-bolivia-recibe-criticas-por-amenazar-la-libertad-de-expresion-durante-la-cuarentena.html)

Todavía hoy, con la crisis del COVID-19 las corporaciones mediáticas siguen justificando el golpe de estado en Bolivia y hablan de "Gabinete interino de Bolivia" y de "Decreto de la cuarentena que promulgó la presidenta"; y desvían la atención de la evidencia de una dictadura hacia alguno de sus síntomas: las limitaciones a la libertad de expresión.

La explicación más retorcida y rebuscada, la más difícil de argumentar y sostener: que en Bolivia hay un gobierno interino, por arte de birlibirloque y en contra de toda evidencia y análisis científico, se asume como verdadera, en vez de la explicación más completa y simple: en Bolivia hubo un golpe de Estado y hoy existe un gobierno totalitario.

El segundo ejemplo paradigmático de cómo el mundo actual se nos presenta de una forma y se nos explica de otra, es el de las democracias occidentales.

La crisis de la pandemia del coronavirus ha desvelado, es decir, ha quitado el velo que ocultaba la realidad de los sistemas representativos parlamentarios a los que llamamos democracias. Como ya nos contaba el filósofo Agamben al inicio del siglo XXI, éstas se aproximaban inevitablemente a sistemas totalitarios. Puesto que, como ocurrió, por ejemplo al inicio de la Primera Guerra Mundial en la que los países beligerantes ya estaban en un estado de excepción permanente, "la legislación excepcional por vía del decreto gubernamental (que hoy nos es perfectamente familiar) se vuelve una práctica corriente en las democracias europeas"[3].

El 14 de marzo el gobierno del Estado español decretó el Estado de alarma. La Constitución española no distingue prácticamente entre estado de alarma y estado de excepción[4], únicamente por el tiempo que duran sin necesidad de solicitar al parlamento una prórroga. En el primer caso 15 días y en el segundo 30. En ambos es el ejecutivo quien emite el decreto que los desarrolla y sólo tiene que consultar al parlamento para su prórroga.

En el 2011 con el movimiento 15M y anteriormente con la invasión y ocupación de Iraq se decía en las calles: "lo llaman democracia y no lo es". Ahora, una parte de esos mismos que demandaban una "democracia real" insisten en convencernos de que esto es una democracia, la única posible, que el sistema es reformable y la necesidad (o la emergencia) es el fundamento y la legitimidad de un estado de alarma que suspende nuestros derechos y garantías más fundamentales (y no me refiero a salir de casa sino al derecho al trabajo, la alimentación, la salud, la educación etc.) y deja en manos de los cuerpos de seguridad la gestión de estos derechos.

Esta situación de desamparo respecto a nuestros derechos más fundamentales llevaba tiempo produciéndose. El informe del Relator Especial de NNUU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos en España, Philip Alston, publicado a finales de enero de este año, antes de que se desatara la pandemia, ya nos decía que si un español mirara a su país en un espejo lo que vería sería:

"…una pobreza generalizada y un alto nivel de desempleo, una crisis de vivienda de proporciones inquietantes, un sistema de protección social completamente inadecuado que arrastra deliberadamente a un gran número de personas a la pobreza, un sistema educativo segregado y cada vez más anacrónico, un sistema fiscal que brinda muchos más beneficios a los ricos que a los pobres y una mentalidad burocrática profundamente arraigada en muchas partes del gobierno que valora los procedimientos formalistas por encima del bienestar de las personas". [5]

Pero todavía entonces, a principios de año, estas palabras resultaban escandalosas igual que el Informe del Banco de España afirmando que 4,5 millones de hogares (el 25% del total) subsistían por debajo del umbral de la pobreza como consecuencia de la inseguridad laboral, el empleo inestable y los bajos salarios. Nadie en ese momento –excepto tal vez los neofranquistas de Vox– justificaba esa realidad, y pocos pensaban que medidas reformistas pudieran revertirla. Tampoco se justificaba, desde los sectores de izquierda, la famosa ley mordaza ni la posibilidad que ésta convirtiera de hecho a los policías en jueces al poder sancionar y multar a cualquier ciudadano que consideraran que había violado alguna norma real o imaginaria.

Así, aunque la situación actual se nos presenta como “Estado de alarma para la gestión de una crisis sanitaria”, y poder abordar la situación extrema de la población, dos son las evidencias que nos permiten decir que esto no parece un estado de alarma sino un Estado de excepción; y que este país ya venía caminando hacia él.

La primera evidencia es la actuación de los cuerpos de seguridad y la aceptación por parte de la mayoría de la población de esta actuación, es decir, la normalización de la actuación de la policía y el ejército. La segunda es la imposibilidad de cualquier tipo de crítica y/o resistencia ya que automáticamente provoca la condena, la represión y la acusación de alianza con el discurso fascista. Aparentemente porque, en España, un gobierno de coalición PSOE-UP, autoproclamado de izquierdas no puede ser cuestionado pues este gobierno se considera la encarnación en la tierra de la democracia misma. Pero como diría también Agamben en relación al fin de la República de Weimar que: "… una "democracia protegida" no es una democracia, y que el paradigma de la dictadura constitucional funciona sobre todo como una fase de transición que conduce fatalmente a la instauración de un régimen totalitario"[6]

En la ley orgánica que regula el Estado de alarma deja en manos del ejecutivo (a través del Decreto) el ámbito territorial y el alcance. En el decreto del 14 de marzo por el que se declaró el estado de alarma en España[7] se declara como única autoridad competente al Gobierno, el ámbito territorial es todo el territorio nacional y las primeras autoridades competentes delegadas son la ministra de Defensa y el ministro del interior, después el Ministro de transportes, movilidad y Agenda urbana, y finalmente el de Sanidad. Uno de los aspectos más significativos del decreto es el que establece que las "autoridades competentes delegadas podrán requerir la actuación de las Fuerzas armadas". En las ruedas de prensa del gobierno sobre el COVID-19 suele estar el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el General Miguel Villarroya.

El papel de las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad del Estado está siendo tan relevante en estos momentos y los discursos aludiendo a la "guerra contra el Coronavirus" son tan frecuentes, no solo en España, que cuesta creer que se trate sólo de una medida temporal y de una metáfora para describir la emergencia sanitaria. En la revista infodefensa.com se señalaba en titulares que "La respuesta militar en España ante el COVID-19 despierta el interés de Europa" [8]. Nótese que no despierta el interés nuestra respuesta sanitaria ni la solidaridad de la población ni siquiera la respuesta del gobierno sino la del ejército. Y es que, nuestra larga experiencia totalitaria, va desde la eficacia con la que se ha disciplinado a las clases trabajadoras mediante sus sindicatos de masas hasta el control y gestión de la emigración con vallas, Centros de Internamiento, devoluciones en caliente y disparos de pelotas de goma, o la actuación de la Guardia Civil.

Casualidad o no, el mismo periódico señalaba poco antes que Bolivia había desplegado 47.000 militares ante la emergencia sanitaria.

Agentes de la Policía Nacional realizan un control de tráfico con motivo del confinamiento decretado por el Estado de Alerta en la carretera de Valldemossa de Palma de Mallorca este lunes. En vídeo, declaraciones del
general de brigada de la Guardia Civil, José Manuel Santiago.

(FOTO: EFE | VÍDEO: EP Fuente: 
https://elpais.com/espana/2020-03-30/multas-penas-de-prision-y-encarcelamientos-preventivos-por-saltarse-la-cuarentena.html)

Detención en Almería el pasado sábado de un ciclista por incumplir
las medidas de confinamiento del estado de alarma. Carlos Barba / EFE
(Fuente: https://elpais.com/espana/2020-03-19/primeras-condenas-por-saltarse-el-confinamiento-del-estado-de-alarma.html?rel=mas)

La revista El salto, una revista de izquierdas, en un artículo de análisis jurídico sobre las detenciones bajo el paraguas del Decreto, se hacía eco del "trato poco correcto por parte de algunos agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado"[9], no sin antes alabar las medidas del gobierno para proteger la salud individual y colectiva de los ciudadanos.

El tratamiento benévolo hacia los cuerpos de seguridad del Estado, y subrayo "Estado", es generalizado entre los medios de comunicación masiva, y la campaña de propaganda ha sido tal que se ha conseguido extender los aplausos al personal sanitario de las 8 de la tarde, hacia los cuerpos de seguridad. Hecho al que se ha añadido un nuevo despliegue de banderas españolas en los balcones y el himno nacional, incluso pendones negros y crucifijos, todos ellos, exhibidos de esa forma, recrean la tradición franquista.

Foto de la autora, tomada el 4 de abril de 2020

Finalmente, pareciera que el objetivo de los estados de excepción que se despliegan hoy a lo largo y ancho del planeta tuvieran como único objetivo preservar la necesidad histórica de la economía y no de la salud, es decir, del capitalismo, de continuar con la apropiación de valor y por tanto aumentar el nivel de la explotación conjurando cualquier atisbo de rebelión y/o revuelta. Esto es así porque las medidas más claras y evidentes que están tomando todos los Estados y los organismos internacionales para “gestionar la crisis” se dirigen a salvar la economía no a la gente. Y las medidas que dicen ser para ayudar a la gente también son económicas, asistenciales y temporales (ingreso mínimo vital para la población vulnerable)[10]

Pero como ya planteó Marx en 1842 en su famoso artículo sobre el robo de la leña, denunciando una ley de la Dieta que prohibía a los trabajadores recolectar las ramas secas caídas de los árboles para calentarse, si la gente no ve delito donde no hay ninguno se conseguirá que el propio delito se transforme en un hecho justo: "si el pueblo ve la pena y no ve delito, y puesto que ve la pena donde no hay delito no verá ningún delito donde haya una pena"[11]. Las leyes de las democracias que devengan estados de excepción encubiertos no se percibirán como justas, una vez finalizado el tiempo del COVID-19, y por tanto las penas que se impongan tampoco serán vistas como justas.

Quédate en casa haciendo teletrabajo, quédate en casa educándote con la escuela y la universidad virtuales, quédate en casa para recibir las ayudas de emergencia, no te manifiestes, no te concentres, no te reúnas, mantén una distancia social… o de lo contrario serás sancionado o serás delatado por tus vecinos. El estado de excepción ya está funcionando como un dispositivo de control naturalizado en un país con escasa o nula tradición democrática. Pero también se da la circunstancia de que, de forma desigual según las zonas, hay gentes en esta francocracia que no se han acostumbrado a ver delito en lo que consideran justo.

La única garantía que tiene este gobierno, cualquier gobierno, tras el COVID-19 para mantener el orden y la distancia social, será la prolongación de lo que vengo llamando la francocracia española. Esto es, unas instituciones y una población, predispuestas al totalitarismo, que durante los últimos años han ido creciendo al calor del consentimiento tanto de la izquierda como de la derecha política ante el temor de la revuelta social, ya sea nacionalista, laboral, o simplemente humanitaria.

Notas:
1. En 15 de enero Mauricio Claver Carone, Director Senior del Consejo Nacional de Seguridad para Asuntos del Hemisferio Occidental de EEUU, visitó Bolivia para transmitir el respaldo de la administración Trump al gobierno de Añez.(https://cnnespanol.cnn.com/2020/01/15/alerta-bolivia-funcionario-de-trump-visito-bolivia-y-transmitio-respaldo-de-ee-uu-a-gobierno-interino-de-jeanine-anez/)
2. Son evidencias muy significativas la cantidad de entrevistas que se hicieron en los medios como la BBC a la autroplocamada presidenta (https://www.youtube.com/watch?v=aI0x5b8nOcc)
3. G. Agamben, Estado de excepción. Homo sacer, I,II, pág. 41
4. Constitución Española, Título V, artículo 116 “De las relaciones entre el gobierno y las Cortes generales”. La Constitución deja el desarrollo de este artículo a la ley orgánica que entró en vigor el 6 de junio de 1981, https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1981-12774
5. Declaración del Relator Especial de Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los Derechos Humanos,Philip Alston,sobre la conclusión de su visita oficial a España, 27 de enero-7 de febrero de 2020 https://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=25524&LangID=S
6. Ibídem, pág. 46
7. Real decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2020-3692
8. Foto: https://www.infodefensa.com/es/2020/03/20/noticia-respuesta-militar-espana-covid19-despierte-interes-entre-paises.html.
9. Se trata de una revista de izquierdas. El salto, Multas y detenciones en tiempos de coronavirus: una mirada jurídica”, https://www.elsaltodiario.com/conquista-derecho/multas-detenciones-coronavirus
10. La Vanguardia, “El gobierno acelerará una renta mínima de emergencia ante la pandemia”, 16/4/2020, https://www.lavanguardia.com/economia/20200415/48545657354/gobierno-acelerara-renta-minima-emergencia-pandemia.html
11. K. Marx, Artículos de la Gaceta Renana, 1842-43, pág. 208