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19 diciembre, 2020

Biodiversidad y necro-liberalismo

 

¿Qué tiene que ver la Covid con la Biodiversidad?


TODO POR HACER – 12/2020


Hoy todo el mundo mira con expectación la aparición de una vacuna para el Coronavirus y se ponen todas las esperanzas en una solución técnica que resuelva no solo el problema de la enfermedad, sino todos los asociados a ella. Miles de millones se han invertido en grandes farmacéuticas, se han pre-comprado vacunas que aún no existen y no se toman medidas drásticas de contención esperando que la vacuna llegue cuanto antes. Todo para que vuelva la vieja normalidad, la economía se recupere y hagamos como si aquí no hubiera pasado nada.


Esta forma de pensar y hacer es muy de nuestros tiempos derivados del paradigma de la Modernidad, donde la suma de ciencia y tecnología, la tecno-ciencia, genera un horizonte de esperanza ante cualquier desastre, sea de la índole que sea. Da igual si hay un aumento de fenómenos climáticos extremos, si aumenta la desigualdad o si ganan peso formas totalitarias de gobernar. La ciencia y la tecnología darán una solución tarde o temprano, nos dicen. En realidad no es un problema intrínseco a la ciencia o tecnología, el problema es el mantra del crecimiento económico, la destrucción ambiental y social que provoca y pretender que todos los problemas se solucionen a base de nuevas tecnologías. Esta idea lo único que soluciona es el mantenimiento de las tasas de ganancia de las empresas que hoy dominan el mercado, las grandes tecnológicas simplificadas bajo las siglas GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Microsoft).


Prevenir es curar


Quizás los saberes populares tengan mayor visión de futuro y humanidad que las GAFAM. ¿O es que nunca hemos oído la expresión “es mejor prevenir que curar”? Un dicho popular tan simple pero que lleva intrínseco un paradigma completamente ajeno al del turbo-capitalismo. Las vacunas son una cura necesaria e imprescindible, pero ¿y si fuéramos capaces de prevenir situaciones como la actual? ¿Es realmente posible prevenir eventos de tal magnitud? Desde luego que sí, aunque con la inercia del sistema que padecemos se vuelva tremendamente difícil.


Para prevenir hay que conocer y analizar el origen. Pocas veces habréis leído que el coronavirus es una enfermedad de origen zoonótico, esto quiere decir que es de origen animal con capacidad de infectar al ser humano. El 70% de las nuevas enfermedades descubiertas son zoonóticas y lo son el 100% de las decretadas como prioritarias por la OMS. Esto nos da un primer indicador: la relación de humanos con animales no humanos puede provocar saltos de enfermedades nuevas y nocivas. ¿Cómo sucede esto? ¿Ha sucedido siempre?


Zoonóticas: las enfermedades que ya están aquí


Las enfermedades zoonóticas no son una novedad. El Ébola, el Zika o el Virus del Nilo son ejemplos desgraciadamente conocidos por su impacto sobre la salud humana. El origen de este tipo de enfermedades está en el contacto entre humanos y no humanos, desde una garrapata que primero estuvo en uno y luego en otro ser, hasta contactos más directos derivados de la ingesta de animales salvajes. Esta lectura nos lleva directamente a la cuestión de la biodiversidad y el avance del ser humano sobre territorios no urbanizados. La biodiversidad funciona como un equilibrio natural que cuando es alterado puede tener consecuencias trágicas. Las enfermedades zoonóticas funcionan de la siguiente forma: existe un patógeno dentro de una especie huésped y existen especies reservorio. Las reservorio son especies que son huésped del patógeno pero sin que éste suponga una amenaza a su salud. Cuando se produce un contagio hacia una especie de este tipo, las posibilidades de propagar el patógeno se reducen. Esto nos indica que las áreas de mayor diversidad funcionan como una barrera natural de protección frente a patógenos. El equilibrio natural dificulta que estas enfermedades lleguen al ser humano.


Rompemos la biodiversidad


En el momento en el que el ser humano avanza en su proceso de deforestación y urbanización por terrenos salvajes, estamos destruyendo ese equilibrio que es la biodiversidad y aumentando las probabilidades de que una enfermedad desconocida salte a nosotras. Hay muchos ejemplos básicos que nos sirven para ejemplificar.


En el Golfo de Guinea la pesca intensiva de las grandes multinacionales provocó que la mitad de la biomasa pesquera desapareciera. Quienes se dedicaban a la pesca tradicional perdieron su sustento y, con ello, la comunidad que vivía y se alimentaba de ello, al aumentar drásticamente los precios del pescado. En busca de formas de sustento, entraron las empresas madereras, comenzó la deforestación y la interacción con animales salvajes también en la alimentación. Así saltó el VIH al ser humano.



Los monocultivos industriales, la destrucción de las prácticas tradicionales de agro-ganadería, las migraciones forzosas y, en definitiva, la destrucción medioambiental de la mano de los grandes capitales son las que han posibilitado la aparición de multitud de enfermedades hasta el momento desconocidas y de consecuencias terribles para el ser humano.


Además, el Cambio Climático acelera toda está vorágine de pérdida de biodiversidad y transmisión de patógenos. Las aguas estancadas aumentan la existencia de ciertos mosquitos en áreas semi-urbanas que facilitan tremendamente la transmisión de enfermedades y la rotura de estos equilibrios eco-sistémicos facilita otro gran vector de infección, como son las garrapatas. Ante ello, nos vemos en el absurdo de culpar a estos bichos, cuando, como hemos visto, la culpa va más allá y es fruto de la actividad humana que destroza los equilibrios naturales. La solución de los tecnócratas sería matar a todas las garrapatas. Así de absurda es esta forma de pensar.


Un sistema tan vigoroso como frágil


Mientras que el capitalismo se vende como “el mejor de los sistemas posibles” acelera la destrucción del único planeta habitable del que disponemos. La crisis de la Covid ha puesto de manifiesto lo que las ecologistas llevan décadas avisando: que todo sistema excesivamente complejo acarrea multitud de vulnerabilidades que, en situaciones de fuerte estrés, pueden llevar a su colapso. Y con él, vamos nosotros. El circuito mercantil y empresarial internacional permite que los problemas se propaguen a una velocidad nunca antes vista. Las cadenas de valor internacional generan una pérdida total de autonomía económica y política de los territorios. Estamos viendo un ejemplo más de cómo las vulnerabilidades existentes, y potenciales, de esta forma de vida son mayores y más peligrosas que los beneficios que nos ofrecen.


Hoy la vacuna no supone más que un parche necesario para atajar esta pandemia mundial. Pero el objetivo debería ser impedir que otras pandemias lleguen a producirse. Para ello hace falta un cambio de paradigma que es estrictamente incompatible con el paradigma que nos ofrece la tecnología como solución a todos nuestros problemas, sin mostrarnos el lado perverso de todo ello.



En la Comunidad de Madrid tenemos un ejemplo muy claro de este choque de paradigmas. Mientras que el mundo sanitario estaba reclamando reforzar las medidas preventivas mediante la inversión en atención primaria y rastreadores, el gobierno necro-neoliberal de Isabel Díaz Ayuso se ha dedicado a construir un nuevo hospital de pandemias, a la vez que existen plantas en hospitales públicos cerradas o no se ha tomado el control de los recursos privados para ponerlos a disposición pública.


Un nuevo paradigma


No es casualidad el momento en el que se ha producido esta crisis. Llevamos décadas sentando las bases para que sucesos como este se produzcan. La infra-inversión en los sistemas sanitarios, la dependencia del comercio exterior, el aumento de la presión turística y la destrucción medioambiental no son hechos aislados y compartimentados. Son parte un todo global como hemos visto. La salud no es solo cuestión de enfermeras, doctoras y científicas. A principios del siglo XX uno de los hechos que hicieron reducir drásticamente las enfermedades y la mortalidad infantil fueron las campañas por la higiene personal, algo tan sencillo como lavarse las manos. Esta forma holística de pensar es lo que hoy se necesita más que nunca. Una nueva forma de pensar que permita generar un paradigma que nos muestre un futuro que no sea o apocalíptico o una versión cutre de Blade Runner. Recuperar la biodiversidad, desacelerar los ritmos de vida, restar poder al mundo empresarial e invertir en aquello que no se rige por criterios comerciales y de beneficio, son algunos de los pasos por los que debemos transitar para que, en el caso de que haya una nueva pandemia, estemos preparadas.


20 agosto, 2019

NO HAY CAPITALISMO SUSTENTABLE




CLIMATE & CAPITALISM – 02/08/2019
Traducción del inglés: Arrezafe

¿A qué velocidad está cambiando el clima? - John Molyneux

El peligro del cambio climático no es una amenaza futura, es una realidad presente que se agrava velozmente.

Está claro que ahora existe una conciencia pública bastante generalizada sobre el hecho de que el cambio climático es una realidad y una grave amenaza para el futuro de la humanidad. Esto se refleja, en cierta medida, en los principales medios de comunicación, a pesar de su renuencia a tratar el problema como una verdadera emergencia. Sin embargo, todavía existe una considerable disyunción entre la forma en que generalmente se percibe el cambio climático y la realidad de lo que está sucediendo.

La mayoría de la población piensa en las consecuencias y la amenaza del cambio climático principalmente en términos de derretimiento del hielo y aumento del nivel del mar. Así es, ciertamente, como se ha proyectado en los medios de comunicación, la imagen icónica de un oso polar a la deriva en las corrientes de un hielo cada vez más reducido.

[...] 

Hay varios problemas en este enfoque parcial. En primer lugar, conduce a la confusión sobre los efectos del derretimiento del hielo. La fusión del hielo marino, que incluye todo el hielo del Polo Norte y parte de la Antártida, no eleva el nivel del mar porque ya está en el agua y su volumen ya ha sido desplazado (lo que no significa que no importe, volveré sobre ello). Lo que eleva el nivel del mar es el derretimiento del hielo terrestre, como los glaciares y los casquetes polares de Groenlandia y la Antártida.

En segundo lugar, aunque el aumento del nivel del mar es obviamente una amenaza importante a largo plazo, a menos que vivas en ciertos lugares específicos, como las islas de los océanos Índico y Pacífico (Maldivas, Solomons, Tuvalu, etc.), la principal amenaza para la población, que se verá afectada en el futuro cercano por el cambio climático, serán los fenómenos climáticos extremos.

En tercer lugar, la visión simplista alimenta la idea de que el cambio climático es un episodio o proceso que tendrá lugar en un futuro relativamente distante, probablemente "no en el transcurso de nuestras vidas". Dicha visión se ve reforzada por convenios y acuerdos internacionales, como los Acuerdos de París y el Plan de Acción Climática de Leo Varadkar, que están basados en lejanos objetivos, para 2030 y 2050. A ello hay que añadir que, en general, la población está lógicamente preocupada por sus problemas inmediatos: trabajo, alquiler, hipoteca, alimento, niños, etc. Háblales pues de algo que va a suceder dentro de treinta años y las respuestas más probables serán: a) ignorarlo, alegando que tal vez nunca suceda o que, en todo caso, ya estarán muertos; b) ignorarlo, presuponiendo que para entonces las autoridades ya habrán encontrado "algo" para solucionarlo. Incluso hay activistas políticos que piensan que no es una prioridad inmediata, que son mucho más urgentes otros temas en los que sí están implicados.

Problema inmediato

Sin embargo, el peligro del cambio climático no es solo que vaya a ocurrir en un futuro más o menos lejano, sino que está ocurriendo ahora, de manera evidente y desde hace ya tiempo. Dije anteriormente que el principal impacto del cambio climático y sus consecuencias se manifestaría a través de eventos climatológicos extremos. Estos podrían citarse principalmente como; olas de calor excesivas, sequías, incendios forestales, lluvias excesivas, tormentas e inundaciones, añadiendo inusuales períodos de frío. Todos estos eventos se han mostrado claramente en todo el mundo durante los últimos 12 meses.

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En julio de este año supimos que el junio de 2019 fue el más caluroso desde que comenzaron los registros climáticos. La National Oceanic and Atmospheric Administration de EE.UU. informó que la temperatura global promedio para junio fue de 0.92°C por encima del promedio del siglo XX. En julio ya tuvimos otra ola de calor masiva en América del Norte y en toda Europa, incluyendo los más de 40°C en París.

Datos de última hora informan que Bélgica y los Países Bajos han registrado sus temperaturas más altas. La ciudad belga de Kleine Brogel, en la provincia de Limburgo, alcanzó los 39.9°C, la más alta desde que comenzaron los registros en 1833, mientras que la ciudad holandesa meridional de Eindhoven alcanzó su temperatura más alta en 75 años de registros del Royal Meteorological Institute.

Entre estas olas de calor hemos tenido sequías e incendios devastadores en California; temperaturas de 50ºC en gran parte de Australia; un catastrófico ciclón en el sudeste de África; grandes incendios en Portugal y el norte de Grecia, así como en Alaska y Siberia; sequía en el sur de la India con una ciudad de 7 millones de habitantes sin abastecimiento de agua; inundaciones en Nepal (90 muertos y 1 millón de desplazados) y en Japón; una intensa ola de calor en el norte de China; incendios en toda Suecia; e Islandia erigiendo un monumento póstumo a un glaciar desaparecido.

En enero / febrero de este año, Estados Unidos también padeció una extraordinaria ola de frío, las condiciones semiárticas se extendieron al corazón del país en lo que fue un "vórtice polar" con temperaturas tan bajas como –30°C. (El vórtice polar está relacionado con el cambio climático porque el aumento de las temperaturas en el Ártico afecta la corriente en chorro en la atmósfera superior, impulsando vientos fríos hacia el sur y atrayendo vientos cálidos hacia el norte).

El tiempo se acaba

Ha habido muchos otros fenómenos climáticos extremos, muchos más de los que se pueden enumerar aquí. En términos de futuro inmediato, es decir, en los próximos años, tendrán lugar otros dos acontecimientos muy peligrosos. El primero es la fusión del hielo marino en la Antártida. La gran extensión de hielo marino alrededor de la Antártida ha sufrido una acelerada pérdida desde 2014, según muestran los datos proporcionados por los satélites, pérdida más rápida que la observada en el Ártico. La merma de la extensión media anual significa que la Antártida perdió tanto hielo marino en cuatro años como el Ártico perdió en 34.

Lo que hace que esto sea tan peligroso no es su impacto inmediato en el nivel del mar (como dijimos anteriormente), sino el hecho de que el hielo refleja la luz del sol hacia la atmósfera, mientras que los océanos oscuros absorben y retienen el calor. De tal manera, esta gran fusión de hielo crea un circuito de retroalimentación que intensifica el calentamiento.

El segundo acontecimiento. Se trata del estado del permafrost (suelo, roca o sedimento congelado). [...] La pérdida de permafrost es significativa porque está liberando grandes cantidades de metano. De hecho, tras dos décadas liberándose, el metano es hoy 84 veces más potente, como gas de efecto invernadero, que el dióxido de carbono. En otras palabras, tenemos otro ciclo de retroalimentación importante.

Quizás lo más alarmante de todo sea el hecho de que todos estos sucesos, especialmente la pérdida de hielo antártico y de permafrost ártico, apuntan a la probabilidad de que las advertencias y predicciones dramáticas del IPCC en 2018 sean, de hecho, estimaciones conservadoras de lo que realmente está sucediendo. Según informa el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, la Antártida ha experimentado un aumento de la temperatura del aire de 3°C, aunque eso pueda no parecer mucho, es 5 veces la tasa media de calentamiento global, y la fusión del permafrost va 70 años por delante de la mayoría de las predicciones científicas.

[...]

Implicaciones políticas

Todo esto tiene enormes implicaciones políticas. En primer lugar, significa que todos los diversos planes gubernamentales y acuerdos internacionales llevados a cabo hasta ahora son completamente inadecuados. Cualquier político que hable en términos de objetivos para 2030 y 2050 simplemente no ha comprendido nada. Para cuando Irlanda reciba su prometido millón de autos eléctricos en 2030 o llegue a cero emisiones de carbono en 2050, es muy probable que se haya causado un daño irreparable a nuestro planeta. Los políticos y pensadores convencionales simplemente no lo entienden. En otras palabras, cuando se trata del "mundo real" imaginan que la economía simplemente seguirá funcionando como de costumbre durante los próximos 80 años. No hay posibilidad de que ello sea así.

En segundo lugar, la cuestión del cambio del sistema, no del cambio climático, se sitúa cada vez más en primer plano. A lo largo de los años ha habido innumerables debates sobre si el capitalismo puede o podría, en teoría, detener el cambio climático. Lo que ha quedado manifiestamente claro es que no lo ha hecho y no lo hará en el tiempo que resta disponible.

Vamos a necesitar el socialismo, es decir, una economía de propiedad pública y planificada democráticamente, que produzca para las necesidades humanas, no para el lucro de una minoría. Y lo necesitamos no solo a nivel nacional, sino internacional, tanto para evitar el cambio climático descontrolado como para hacer frente a los cambios que ya se están produciendo en el sistema.

Por último, cabe esperar una seria resistencia general: de los estudiantes, de los pueblos indígenas, de los trabajadores organizados... Si el 3.5% de la población de Puerto Rico puede movilizarse contra su gobernador, por el huracán María, contra el sexismo y la homofobia, y el pueblo de Sudán puede derrocar a su dictador, la población mundial puede resistir y enfrentarse a los efectos del cambio climático.

La cuestión clave para nosotros es garantizar que las voces y los argumentos socialistas se escuchen dentro de esta resistencia. La otra alternativa, personificada por la figura de Donald Trump, apunta en la dirección del racismo, el fascismo y la barbarie.


20 febrero, 2019

¿Qué pasará con sus poblaciones?



Tres párrafos extraídos de Una advertencia desde el Himalaya, de Rafael Poch de Feliu.
                      Artículo completo → aquí

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Los glaciares del Himalaya se están fundiendo a un ritmo más rápido que en cualquier otra parte del mundo. Esos glaciares alimentan los principales ríos de Asia (Yangztze, Amarillo, Ganges, Brahmaputra, Irrawady, Mekong…) y garantizan su caudal durante la época seca. Sin el aporte de su glaciar, el Ganges, por ejemplo, perdería el 70% de su caudal en época seca, y con el Río Amarillo pasaría algo similar.

Todo esto es conocido desde hace tiempo, pero este mes un estudio publicado en Nepal por el International Centre for Integrated Mountain Development (ICIMOD), tras cinco años de estudios, ha llegado a la conclusión de que incluso en la hipótesis más optimista de cumplimiento del acuerdo de París para limitar el calentamiento global a 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales, algo muy poco probable, la tercera parte de los glaciares del Himalaya desaparecerán.

Las consecuencias de ese cambio para diez de los sistemas fluviales más importantes del mundo afectarán directa y severamente a 2000 millones de personas para fin de siglo. Muchos de los ríos de Asia se convertirían en algo parecido a ríos de estación, que solo llevan gran caudal en la época de lluvias. El problema es que el 80% de la cosecha china y el 60% de la india, dependen de la irrigación. ¿Qué pasará con sus poblaciones?
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04 septiembre, 2017

Ciclones, cambio climático y especulación inmobiliaria: el caso Harvey - Daniel Tanuro


02/09/2017
El condado Harris en Texas cuenta con 4,5 millones de habitantes. Un tercio de su superficie está hundida en las aguas como consecuencia del paso del ciclón Harvey. La ciudad de Houston parece un archipiélago de islotes en medio de un inmenso pantano de agua embarrada. En algunos barrios, las aguas han llegado hasta el primer piso de las casas. Hay que lamentar 22 muertes, pero este número no será definitivo mientras las aguas no se retiren. Decenas de miles de personas están sin abrigo. Los daños materiales son enormes, mucha gente se ha arruinado, sobre todo entre las capas modestas.
Violencia creciente de los ciclones
Los ciclones se forman en el océano en las regiones tropicales. Su fuerza, la velocidad a la que esta fuerza crece y la cantidad de agua que acarrean son tres variables que están en función de la evaporación de la superficie del mar, por tanto, de la temperatura del agua. En el Golfo de México, a finales del verano, el agua está más de un grado Celsius más caliente hoy que hace treinta años. Los ciclones tienden por tanto a ser más violentos y a reforzarse más rápidamente. Ahora bien, cuanto más violentos son, más capaces son de succionar grandes cantidades de agua y transportarlas a la atmósfera (que también está más húmeda debido al calentamiento).
Harvey ilustra desgraciadamente la tendencia al reforzamiento de los ciclones. La velocidad de sus puntos de viento ha aumentado al menos 55 km/h en un período de 24 horas (Harvey es por tanto un ciclón de fuerza 4 en la escala de Saffir-Simpson, que llega hasta 5). El viernes pasó muy rápidamente de 96 a 193 km/h antes de alcanzar los 210 km/h. La cantidad de agua lanzada es aterradora: más de 120 centímetros de agua han caído en algunos días sobre la región de Houston. Y no ha acabado. Ahora la afectada es Luisiana.
Una vez que un ciclón llega a tierra, su fuerza tiende a debilitarse y se transforma en tempestad tropical. En el caso de Harvey, la amplitud de la catástrofe ha aumentado debido a que esta tempestad ha permanecido prácticamente inmóvil: estaba atrapada entre dos zonas de alta presión que la empujaban en direcciones opuestas. (Algunos climatólogos piensan que este tipo de situación también tiene que ver con el cambio climático, pero esto sigue siendo una hipótesis). Como consecuencia, las trombas de agua han caído sobre el condado de Harris durante días. Debido a la ausencia de movimiento, ha habido incluso un fenómeno de retroacción positiva: al contacto con el suelo caliente, la lluvia se ha evaporado y ha realimentado al cielo en reservas de agua...
Un efecto del cambio climático
La gravedad de la catástrofe casa perfectamente con las proyecciones científicas sobre los efectos del cambio climático. Kerry Emanuel, un profesor de ciencias de la atmósfera en el Massachusetts Institute of Technology, ha comparado la evolución de 6000 tempestades simuladas, respectivamente en las condiciones del siglo XX y en las condiciones de finales del siglo XXI si las emisiones de gas con efecto invernadero continúan aumentando. Su conclusión es la siguiente: en los años 1900, la probabilidad de ver a un ciclón ganar más de 55 km/h durante las 24 horas precedentes a su llegada a tierra era de una por siglo; en los decenios que vienen, este tipo de fenómeno se podría observar cada diez años.
Otro investigador, Michael Wehner, del departamento de Energía del Laurence Berkeley National Laboratory, estima que la subida de la temperatura debida al cambio climático antrópico provoca al menos entre el 10 % y el 15 % de aumento de las precipitaciones ligadas a los ciclones. Pero el aumento podría ser mucho más importante si el calentamiento antrópico se combinara con otros factores, atribuibles a la variabilidad natural del clima. En este caso, dice, las precipitaciones podría aumentar un 50 %, incluso más (1)
Las proyecciones sobre la frecuencia de los ciclones violentos están confirmadas por las observaciones. Según los criterios del servicio encargado del control de las inundaciones en el condado Harris, la región ha conocido ocho tempestades excepcionales entre 1998y 2016. Cinco de ellas estaban consideradas como de las que tienen una oportunidad sobre cien de producirse en un año. Las otras tres eran aún menos probables. En 2016, Houston ha sufrido inundaciones incluso dos veces: por una tempestad del primer tipo en mayo, y otra del segundo tipo en abril...(2)
Trump, un bombero pirómano
Donald Trump ha intentado aprovecharse de Harvey para desviar la atención de sus problemas: las consecuencias de Charlottesville, sus peligrosas fanfarronadas frente a Kim Jung Un, etc., etc. Antes de la llegada del ciclón, desde la Casa Blanca, multiplicó las declaraciones y las promesas de apoyo. El martes 29 de agosto, acudió a los lugares de la catástrofe con su esposa y al menos seis miembros de su administración (entre ellos el general Kelly, su jefe de gabinete). Para hacerse notar, no para reconfortar a las víctimas: ¡ni siquiera las visitó!
Trump en los lugares de una catástrofe climática es algo así como un pirómano que contempla su incendio. Megalómano narcisista, el Presidente nacional-populista quiere entrar en la Historia por su respuesta ejemplar (¡en su opinión!) a la catástrofe de Houston, que califica de "natural". "Queremos hacerlo mejor que nunca antes", ha declarado. "Queremos que se nos mire en cinco años, en diez años, como un modelo de lo que hay que hacer"(3).
Es evidente que, al contrario, es como un modelo de lo que no hay que hacer como entrará Trump en la Historia. Primero, porque niega la realidad del cambio climático. Porque ha denunciado el acuerdo de París sobre el clima (aunque totalmente insuficiente, este acuerdo tiene la ventaja de fijar un objetivo: 2ºC máximo de calentamiento y "continuar los esfuerzos para no superar 1,5ºC"). Porque hace todo lo que puede para relanzar la explotación del carbón y apoyar la de las arenas bituminosas de Canadá (relanzamiento de los oleoductos Keystone XL y Dakota). Porque quiere cortar la financiación pública a los investigadores que trabajan sobre el calentamiento. Porque enfatiza sobre Houston pero le importan un pimiento las catástrofes climáticas al menos tan graves como ésta en los países del Sur, como en Filipinas (que no tienen prácticamente ninguna responsabilidad en el calentamiento)(4).
El sector inmobiliario, ni tocar
Pero la catástrofe de Houston pone a la luz una segunda razón por la que Trump es lo contrario de un modelo: el apetito de lucro de los patronos del sector inmobiliario, del que forma parte. La especulación y el cemento funcionan a tope en el condado Harris, como en la mayor parte de las regiones costeras. Entre 1992 y 2010 se construyó en el treinta por ciento de las tierras húmedas. Las superficies impermeabilizadas como consecuencia del desarrollo inmobiliario han crecido un 25 % entre 1996 y 2011(6). Los biotopos capaces de absorber las precipitaciones han sido, en gran parte, absorbidos; las aguas pluviales aumentan desbordando la capacidad de los sistemas de evacuación e inundando los barrios.
Sería necesaria una regulación estricta para impedir -en la medida de lo posible- que la agravación de las catástrofes se saldara con una agravación de los efectos, ¡tanto más peligrosa cuanto que la región está trufada de fábricas petroquímicas muy contaminantes! Pero el Departamento de control de inundaciones de Harris County no quiere oír nada: sus responsables niegan la tendencia al agravamiento de los ciclones. Denuncian la "agenda antidesarrollo" de los científicos así como a las asociaciones conservacionistas del medio ambiente. Extraña ceguera. Hay que decir que las sumas de dinero en juego son astronómicas y susceptibles, quien sabe, de corromper a bastantes funcionarios...
En junio de 2001, la tempestad tropical Allison hizo caer cerca de un metro de agua sobre Houston en cinco días, con 73 000 casas inundadas. Más de la mitad se encontraban en zonas en las que la probabilidad de inundación era inferior a 1/100 por año. Veintidós personas murieron y los daños alcanzaron los 5 mil millones de dólares. Era una advertencia. No fue oída: los proyectos inmobiliarios continúan desarrollándose como champiñones... en particular en las zonas devastadas por Allison. Para el mayor beneficio de los vampiros tipo Trump, que niegan el cambio climático y maldicen las "regulaciones destructoras de empleo".
¿Quién dijo lucha de clases?
Cada catástrofe tiene por efecto la caída temporal de los precios en las zonas afectadas. Y los promotores se precipitan para hacer buenos negocios. Evidentemente, apuestan porque el mercado no tarde en recuperarse, lo que les garantizará hermosas plusvalías. Es un ciclo infernal, pues cada una de estas oleadas de inversión inmobiliaria ha significado a la vez un aumento de la segregación social (contra trabajadores, negros y mujeres), y un aumento de las superficies impermeabilizadas, con un aumento de la sensibilidad de la región a la violencia creciente de los ciclones y, por tanto, una multiplicación de las catástrofes.
Tarde o temprano, este encadenamiento desembocará en un hundimiento duradero del mercado en las zonas costeras más expuestas. ¿Qué harán entonces los promotores y las aseguradoras? Cambiarán de terreno de juego para responder a la demanda de los ricos de vivir seguros en tierras más elevadas... En Houston, se trata de barrios como Little Haiti y Liberty City, habitados por asalariados y asalariadas de rentas bajas, con una fuerte proporción de negros y de mujeres(6). Como en Nueva Orleans tras el Katrina, la gente pobre será la que pague el pato. ¿Quién dijo lucha de clases?

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur
Notas:
1 How Climate Change Likely Heightened Harvey’s Fury, National Geographic, 28/8/2017.
2 Boomtown, Flood Town, The Texas Tribune and ProPublica, 6/12/2016.
3 Trump vows vigorous response after viewing Harvey’s devastation, The Hill, 29/8/2017.
5 Boomtown, Flood Town, The Texas Tribune and ProPublica, 6/12/2016
6 How climate change could turn US real estate prices upside down, The Guardian, 29/8/2017
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A man tries to cross flood water at Topa village in Saptari district, Nepal, 12 August 2017. According to media reports, nearly 18 people have died and thousands have been affected by floods as the Department of Hydrology and Meteorology warned of heavy rains for two days.
Un hombre trata de ponerse a salvo en Topa, distrito de Saptari, Nepal
Mientras tanto, 1200 personas morían en el sureste asiático a causa de severas inundaciones: