Mostrando entradas con la etiqueta EE UU. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EE UU. Mostrar todas las entradas

08 agosto, 2020

Claves de un Estado criminal: Dios, Patria y Capital — Ángeles Diez

 

F.A.I. - 08/08/2020

"Los fundadores de la Nueva Inglaterra eran a la vez ardientes sectarios y renovadores exaltados. Unidos por los lazos más estrechos de ciertas creencias religiosas, se sintieron libres de todo prejuicio político" (A. Tocqueville)


Empecemos por Obama. Porque ni Donald Trump es un desquiciado ignorante ni Obama fue un inteligente progresista. En contra de la imagen hábilmente construida por su maquinaria de relaciones públicas, Obama (con su fiel escudera Hillary Clinton), sembró el planeta de guerra y reemplazó la captura de presuntos terroristas de la Administración Bush por el asesinato –así lo describe el periodista de investigación Jeremy Scahill[1].


No fue Trump quien autorizó el bombardeo de Yemen (2009), ni quien invadió el espacio aéreo de Paquistán para ajusticiar a Bin Laden (2011), ni fue él quien asesinó a ciudadanos estadounidenses en Yemen (2011). Tampoco fue Trump quien declaró a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria” en dos ocasiones (2015 y 2017), ni quien incrementó las operaciones encubiertas en todo el mundo. Tampoco fue él sino Obama quien nombró director de la CIA a John Brennan -defensor de las “técnicas mejoradas de interrogatorios” (tortura) y artífice de los ataques con drones (2013).


Cuando analizamos la política internacional imperialista de EEUU y reducimos nuestro análisis a factores de orden geopolítico, estratégico o económico no conseguimos explicarnos actuaciones aparentemente irracionales que van incluso en contra de sus intereses nacionales a medio o largo plazo. Acabamos asignando a sus presidentes un marchamo de maldad y crueldad irracional que nos sitúa mal a la hora de desarrollar estrategias de resistencia y confrontación con el imperialismo. Más allá de las diferencias evidentes entre Obama y Trump, o entre Clinton y Bush, o entre Carter y Reagan, existe un hilo conductor que une las distintas administraciones, ya sean demócratas o republicanas, una lógica común que se sitúa en un espacio ideológico o, más bien, teológico-político.


De modo que, no hablemos de un presidente, ni de una determinada administración. Hablemos de un Estado, hablemos de la génesis de un Estado que desde el mismo momento en que se constituyó como tal emprendió una cruzada expansionista hacia el Oeste con la biblia en una mano y el fusil en la otra.


Saqueadores de tierra y exterminadores de indígenas. Porque la expansión del nuevo Estado no fue simplemente una guerra por la supervivencia contra Inglaterra, decía Howard Zinn, sino una guerra para el desarrollo de la economía capitalista en donde la tierra era fundamental para los especuladores ricos (incluido George Washington). Una república fuerte y grande, argumentaban los padres fundadores[2], necesaria para proteger mejor los intereses de la comunidad frente a las "fracciones" internas y los enemigos externos. Una patria, en fin, con un sistema y una organización política diseñada contra las mayorías, por y para las élites económicas[3]. Los principios de liberalismo –libertades civiles, imperio de la ley y libre mercado- al servicio de La riqueza de las naciones (Adam Smith, 1776) formaron parte del ADN del nuevo Estado y se mantienen hasta hoy en que la hegemonía estadounidense declina irremediablemente.


Estados Unidos vino al mundo como un Estado capitalista, sin el lastre feudal de la vieja Europa, dispuesto a materializar un proyecto bíblico no sujeto a más principio moral que la acumulación de riqueza. Así, la guerra de Estados Unidos contra el mundo es una guerra sin fronteras y sin límites, como tampoco puede tenerlos el Capital.


No es que los Estados europeos del XIX, en plena expansión territorial repartiéndose África y Oriente, fueran menos crueles, piénsese en el Congo –que antes de ser belga fue del sanguinario Leopoldo II, o en la India británica. Pero ocurre que cuando EEUU toma el relevo de la hegemonía mundial después de la Segunda Guerra Mundial la profecía del Destino manifiesto, sobre la que se construyó el nuevo Estado, ya iba de la mano de un desarrollo técnico sin precedentes. Por eso, la advertencia de Eisenhower[4] sobre el peligro que supondría la influencia del complejo industrial militar caería en saco roto, y por eso, las distintas formas de guerra con las que siembran el mundo son una consecuencia lógica de un sistema y una ideología imparables desde el ámbito de la razón o desde los principios morales.


Estados Unidos emprendió el dominio del mundo inspirado en una religión civil de base puritana y calvinista[5] que fue el fundamento de su visión de pueblo elegido cuya misión sería guiar al resto de las naciones. Con esta base ideológica se han convertido en el Estado criminal más mortífero de la historia. ¿Por qué el más cruel de los Estados? Porque hablamos de un Estado moderno, guiado por una racionalidad técnica capitalista y una religiosidad fundamentalista de corte racista, ambos factores se han retroalimentado a lo largo de los años y han marcado el rumbo tanto de su política exterior como de su política doméstica.


Si hiciéramos una genealogía del poder estadounidense siguiendo las enseñanzas de Foucault hallaríamos un Estado cuya expansión y dominio imperialista forma parte de su naturaleza y su identidad. Encontraríamos unos principios y un desarrollo técnico capaces de aniquilar el planeta, circunstancia ésta que no se había dado anteriormente en la historia. El lanzamiento de las dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 de agosto de 1945) cuando ya se había ganado la guerra son el ejemplo paradigmático. De ahí que conmemorar el 9 de agosto como Día internacional de los crímenes estadounidenses contra la humanidad, tiene todo el sentido.


El patriotismo, el racismo, el fundamentalismo religioso y el culto al dinero, son las claves que necesitamos explorar para desarrollar estrategias eficaces de lucha antiimperialista porque, desde mi punto de vista, son las claves que explican la estructura del Estado norteamericano y permiten anticipar sus movimientos más allá de las coyunturas. Ya José Martí en su artículo sobre La verdad de Estados Unidos en 1894 anunciaba la necesidad de publicar, no el crimen o la falta accidental que pueden ocurrir en todos los pueblos sino "aquellas calidades de constitución que, por su constancia y autoridad, demuestran las dos verdades útiles a nuestra América: –el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos– y la existencia, en ellos continua, de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos". [6]


Dentro de estas cualidades de constitución de las que hablaba el prócer cubano encontramos, desde mediados del siglo XIX, la doctrina del Destino Manifiesto. Ésta será la bandera que enarbolará EEUU para justificar su derecho a la expansión territorial como parte de un designio providencial. A su vez, la imposición de una forma particular de ver la "democracia" (coincidente con sus intereses económicos) se convertiría en su práctica habitual para establecer relaciones con otros Estados.


Marcos Reguera, en su tesis de doctorado sobre el Imperio de la democracia en América, nos dirá que el término Destino manifiesto se convirtió en una pieza clave de la identidad estadounidense durante el siglo XIX y nos ayuda a entender "cómo el sistema democrático americano fue adoptando un carácter imperialista que será central tanto para su proceso de construcción nacional como en su propia autopercepción" [7]. La concepción de la patria a modo de destino divino vinculada al desarrollo material capitalista es un tándem identitario que será difícil limitar ni desde principios morales universales, ni desde el Derecho internacional, ni siquiera desde una racionalidad económica liberal.


Porque la patria para el monstruo norteño, en cuyas entrañas vivió Martí, no es equivalente al nacionalismo en el sentido europeo ni latinoamericano. Más bien se inscribe dentro de un imaginario mítico que conjuga el aislacionismo (no existe nada distinto a Estados unidos que merezca la pena) y la providencia (pueblo elegido y guiado por Dios). Así vemos que, para la mayor parte del pueblo norteamericano, Dios gobierna a través de sus presidentes y todos ellos juran sobre la biblia; la suya particular, la de los que les precedieron o aquella que incorpora un particular capital simbólico. El expresidente Obama es miembro de la Iglesia Unida de Cristo[8] y realizó su juramento de toma de posesión utilizando dos biblias, la tradicional de Abraham Lincoln y la de Martin Luther King [9]. También Trump utilizó dos biblias, la de Lincoln y la que le regaló su madre; lo simbólico universal y lo particular individual se amalgaman uniendo la suma de individualidades en un universo simbólico común: La nación predestinada.


Casi todos los discursos de los presidentes americanos terminan con una frase que es el final de un ritual que se repite: «Dios bendiga América», y en todos los dólares nos encontramos con otra frase: "In God We Trust" (Confiamos en Dios). Jim Dotson nos dice que la frase "En Dios confiamos" refleja lo que significa ser estadounidense. Dios es el equivalente simbólico del dinero y se inscribe en la tradición blanca protestante fundadora de las 13 colonias de las que surgiría el nuevo país[10] . Cuando vemos en las películas estadounidenses esas escenas en la que en cada hotel de carretera hay una biblia en la mesilla de noche, o en las que asesinos en serie siguen patrones del texto sagrado, sin duda estamos viendo algo que va más allá de un recurso dramático[11].


Según datos recientes, 73% de los estadounidenses se declaran cristianos y solo el 20% no se identifica con ninguna religión (2019). Tampoco resulta casual el fenómeno, tan norteamericano, de los telepredicadores; ni que las iglesias evangélicas se hayan convertido es uno de los instrumentos de injerencia, incluidos golpes de Estado y financiación del terrorismo (muy al estilo yihadista) en toda América latina. El reciente golpe de Estado en Bolivia muestra la clara influencia de estas iglesias y del despliegue de telepredicadores por toda la región con vínculos estrechos con sus matrices estadounidenses.


La guerra Mundo de EEUU se plantea a menudo como una cruzada evangélica: "llevar la democracia", "defender el mundo libre", "acabar con el mal"... Tradicionalmente las corporaciones mediáticas han servido a este propósito religioso elaborando imágenes que se han adaptado a los discursos proféticos, por ejemplo, presentando las invasiones, los asesinatos, las extorsiones, los saqueos, etc. como cruzadas salvadoras contra enemigos terroríficos y demoníacos, generalmente personificados en los gobernantes de los países a los que atacar (Milosevich, Sadam, Gadafi, Chávez, Maduro,….)


Sorprendentemente, el melting pot de culturas que han arribado a EEUU durante siglos no han conseguido dotar a ese Estado de una impronta identitaria distinta de esa idea de Patria omnipresente y todo poderosa con un destino providencial. Por el contrario, para muchos de los grupos de emigrantes la imagen de tierra prometida, de continente vacío, o de tierra desierta a la espera de ser cultivada, que los padres fundadores llevaron al continente ha sido su carta de integración[12]. Tal vez eso cambie en poco tiempo como resultado de la crisis mundial de la Covid 19, o tal vez el conservadurismo político consiga asignar a la providencia divina, como muchas otras veces, el castigo por no ser fieles seguidores de su destino.


La expansión territorial de EEUU no sólo se fundamentará en "la excepcionalidad de sus instituciones políticas –nos dice Marcos-, sino en el particularismo racial de la población. El concepto político de Destino manifiesto con su impronta maltusiana que justificaba la expansión racial anglosajona dejará de usarse tras la Segunda Guerra Mundial y dará paso a otros conceptos como la excepcionalidad americana (American Exceptionalism), El mundo libre (Free World) o El siglo americano (American Century) que conformarán una filosofía racista que “desde el darwinismo social propugnaba el predominio de Estados Unidos sobre otras naciones como parte de la ley de la supervivencia de la nación más apta"[13]


Dentro de la tradición puritana y calvinista, el sociólogo Max Weber, encontró una conexión estrecha entre esa ética protestante y el enriquecimiento personal[14]. La riqueza se convertía en un pasaporte al reino de los cielos. La forma de enriquecerse en el capitalismo pasa inevitablemente por el imperialismo y por tanto por la guerra. El general del cuerpo de marines Smedley Butler (1881-1940), siendo uno de los militares más condecorados de la historia de EEUU, tras retirarse en 1934 escribió “La guerra es una estafa” en donde describe cómo su país hacía la guerra con el único objetivo real de incrementar sus ganancias. Llegó a decir: "Fui premiado con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás, considero que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone. Él, como gánster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como marine, actué en tres continentes. El problema es que cuando el dólar estadounidense gana apenas el seis por ciento, aquí se ponen impacientes y van al extranjero para ganarse el ciento por ciento. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera."[15]


Un elemento no menos importante que permea el Estado junto con el conservadurismo político de corte religioso es el antiintelectualismo. Se trata de una corriente ideológica que, desde mi punto de vista, ha permitido la continuidad y reproducción de esa teología política dotándola de un soporte popular que ha legitimado las actuaciones criminales del Estado norteamericano y lo continúa haciendo. Presidentes como Trump, Bush o Reagan, que desprecian a los "expertos" y se vanaglorian de su ignorancia entran dentro de una tradición antielitista y autoritaria fuertemente arraigada en el pueblo norteamericano. En un artículo para la revista Newsweek, Isaac Asimov describía lo que él llamaba el culto a la ignorancia en Estados Unidos, de la siguiente forma: "En Estados Unidos hay un culto a la ignorancia, y siempre lo ha habido. El antiintelectualismo ha sido esa constante que ha ido permeando nuestra vida política y cultural, amparado por la falsa premisa de que democracia quiere decir que «mi ignorancia vale tanto como tu saber".[16]


La combinación del desprecio de cultura, el culto al dinero y la exaltación de las emociones encontrará su máxima expresión en el desarrollo del consumo a partir de los años 50. A diferencia de lo que ocurre en otros países y también muy alejado del ascetismo fundacional, EEUU se convertirá tras la II Guerra Mundial, con el desarrollo de la producción en masa en el lugar de la desmesura, del exceso, en el comer y, por qué no, en el matar.


Estas claves ideológicas ayudan a explicar, que no a justificar en absoluto, la expansión imperialista estadounidense, incluida esas cualidades constitutivas de las que hablara Martí, pero no son suficientes para entender la magnitud de las atrocidades cometidas a lo largo de los últimos decenios. Los crímenes contra la humanidad se sitúan en una escala superior que sólo se puede sostener en el tiempo gracias a la impunidad.


En los últimos años, a medida que el poder hegemónico de Estados Unidos retrocedía, las distintas administraciones han blindado a sus presidentes, sus secretarios de Estado, sus soldados… Ciertamente el poder y la impunidad suelen ir de la mano (muchos en nuestro país conocen de esa alianza en relación a los crímenes del franquismo). Se da la impunidad cuando se controlan las instituciones, cuando se maneja el Derecho internacional a discreción y cuando el silencio convierte en cómplices a sociedades enteras. En el caso de Estados Unidos, no es sólo una forma de actuación internacional. Una mentalidad guiada por la providencia y ebria de desmesura, sólo parece tener freno ante un poder equivalente, en general, otros Estados con bombas atómicas o con una determinación tal que desequilibre la cuenta de resultados.


Durante años, mantener la hegemonía norteamericana ha significado controlar las organizaciones internacionales, bien mediante el chantaje de su financiación, bien colocando en su dirección a personajes afines. Pero en los últimos años, a medida que han ido extendiendo la guerra por todo el planeta, esto ha sido insuficiente. Por tanto, el siguiente paso ha sido tergiversar las resoluciones, desconocer a las propias instituciones, rechazar la firma de tratados etc. En esa dirección, es el secretario de Estado norteamericano, Michael Pompeo, quien en marzo del año pasado prohibió los visados al personal de la Corte Penal Internacional (CPI) que participara en investigaciones de ciudadanos estadounidenses en cualesquiera de los territorios en los que se extiende la jurisdicción de la CPI.[17] Pero nada de esto es novedoso, recordemos que Estados Unidos ha sido el único país condenado por la Corte Internacional de Justicia de la Haya por cometer terrorismo internacional —técnicamente, por el uso ilegal de la fuerza— contra Nicaragua, y que, cuando se le ordenó pagar reparaciones, no sólo rechazó el fallo de la Corte sino que rechazó su jurisdicción.


Pero la impunidad de un Estado criminal también se da al interior de EEUU ya que, como decíamos al principio, no es una cuestión de una u otra administración. En este país los policías no gozan de legitimidad sino del poder de saberse impunes. Policías blancos que asesinan a afroamericanos, empresas que contaminan el agua, el aire…. El movimiento “Blacks Lives Matter” (las vidas negras importan) surgió a consecuencia de la absolución del policía que asesinó al adolescente afroamericano Trayvon Martin (2013)


Así pues, conmemorar el 9 de Agosto como el día internacional de los crímenes estadounidenses contra la humanidad, no sólo implica evidenciar la naturaleza de un Estado criminal –sus cualidades de constitución- sino apostar por romper la impunidad que tiende a perpetuar su dominio. Porque en el fondo, no es posible convencer a un fundamentalista religioso de que está equivocado. Solo tiene sentido hacer justicia: impedir que el crimen quede sin castigo.


Notas:


1. Entrevista al periodista Jeremy Scahill, con motivo de la presentación de su libro “Guerras sucias, el mundo es un campo de batalla”, en El Confidencial, “Bush cazaba… Obama asesina” https://www.elconfidencial.com/mundo/2013-10-16/bush-cazaba-obama-asesina_42073/

2. Se consideran Padres fundadores de EEUU a George Washington, primer presidente de EEUU de 1789 a 1797, Thomas Jefferson, tercer presidente entre 1801 y 1809, y Benjamin Franklin, político, científico, inventor y defensor acérrimo de la unión colonial (1706-1790).

3. Ángeles Diez, Medios de comunicación y democracia. Cómo se excluyó al pueblo del gobierno y cómo se le convenció de lo contrario. 31/05/2010 en https://rebelion.org/como-se-excluyo-al-pueblo-del-gobierno-y-como-se-le-convencio-de-lo-contrario/

4. En un discurso televisado el 17 de enero de 1961 al terminar su mandato como presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, advertía sobre los peligros de la gran influencia del “Complejo industrial militar, sobre la política norteamericana. http://carpetashistoria.fahce.unlp.edu.ar/carpeta-3/fuentes/la-guerra-fria/el-complejo-industrial-militar-segun-eisenhower

5. A finales del XVIII cuando estalló la revolución americana la mitad de los habitantes eran puritanos y dos tercios eran calvinistas (Andrés González Martín, The american religión of winning y la religión civil norteamericana)

6. José Martí, La verdad sobre Estados Unidos, en Patria 23/3/1894

7. Marcos Reguera, Tesis de doctorado: “El imperio de la democracia en América. John L. O’Sullivan y la formación del concepto de Destino Manifiesto” pág. 22. Una tesis fundamental para ayudar a profundizar en el imperialismo estadounidense. ↑

8. Protestante Digital, “Obama aclara su fe cristiana evangélica como miembro de la iglesia Unida de Cristo”, https://protestantedigital.com/print/21015/Obama_aclara_su_fe_cristiana_evangelica_como_miembro_de_la_Iglesia_Unida_de_Cristo

9. Recordemos que Martin Luther King era pastor de la iglesia baptista

10. Kennedy ha sido el único presidente no protestante de EEUU, era católico y tuvo dificultades en su campaña electoral ya que se le acusaba de estar supeditado a agentes extranjeros.

11. La película Seven dirigida por David Fincher en 1995 que narra la persecución de un asesino en serie que actúa siguiendo los siete pecados capitales es uno de los mejores ejemplos.

12. Esta ideología profética es un lazo que une a EEUU con el proyecto sionista del Estado judío en Palestina (junto con la emigración judía a EEUU tras la II Guerra Mundial y sus intereses geoestratégicos en la zona) Un Ente sionista que no podría subsistir en la zona sin el subsidio incondicional de la potencia norteamericana y sin el despliegue de un sistema de apartheid más terrible aún que el sudafricano.

13. Marcos Reguera, op. Cit. Pág. 33

14. Max Weber, La ética protestante y el espíritu del Capitalismo.

15. Smedley Butler, La guerra es una estafa. En https://www.docdroid.net/SizLkOR/butler-smedley-d-la-guerra-es-una-estafa-pdf#page=5

18. I. Asimov, El antiintelectualismo en Estados Unidos, Newsweek, 21-1-1980, en https://alexiscondori.com/translation/0014-asimov-antiintelectualismo-culto-ignorancia

17. https://elpais.com/elpais/2019/04/08/opinion/1554738101_453213.html

04 septiembre, 2017

Ciclones, cambio climático y especulación inmobiliaria: el caso Harvey - Daniel Tanuro


02/09/2017
El condado Harris en Texas cuenta con 4,5 millones de habitantes. Un tercio de su superficie está hundida en las aguas como consecuencia del paso del ciclón Harvey. La ciudad de Houston parece un archipiélago de islotes en medio de un inmenso pantano de agua embarrada. En algunos barrios, las aguas han llegado hasta el primer piso de las casas. Hay que lamentar 22 muertes, pero este número no será definitivo mientras las aguas no se retiren. Decenas de miles de personas están sin abrigo. Los daños materiales son enormes, mucha gente se ha arruinado, sobre todo entre las capas modestas.
Violencia creciente de los ciclones
Los ciclones se forman en el océano en las regiones tropicales. Su fuerza, la velocidad a la que esta fuerza crece y la cantidad de agua que acarrean son tres variables que están en función de la evaporación de la superficie del mar, por tanto, de la temperatura del agua. En el Golfo de México, a finales del verano, el agua está más de un grado Celsius más caliente hoy que hace treinta años. Los ciclones tienden por tanto a ser más violentos y a reforzarse más rápidamente. Ahora bien, cuanto más violentos son, más capaces son de succionar grandes cantidades de agua y transportarlas a la atmósfera (que también está más húmeda debido al calentamiento).
Harvey ilustra desgraciadamente la tendencia al reforzamiento de los ciclones. La velocidad de sus puntos de viento ha aumentado al menos 55 km/h en un período de 24 horas (Harvey es por tanto un ciclón de fuerza 4 en la escala de Saffir-Simpson, que llega hasta 5). El viernes pasó muy rápidamente de 96 a 193 km/h antes de alcanzar los 210 km/h. La cantidad de agua lanzada es aterradora: más de 120 centímetros de agua han caído en algunos días sobre la región de Houston. Y no ha acabado. Ahora la afectada es Luisiana.
Una vez que un ciclón llega a tierra, su fuerza tiende a debilitarse y se transforma en tempestad tropical. En el caso de Harvey, la amplitud de la catástrofe ha aumentado debido a que esta tempestad ha permanecido prácticamente inmóvil: estaba atrapada entre dos zonas de alta presión que la empujaban en direcciones opuestas. (Algunos climatólogos piensan que este tipo de situación también tiene que ver con el cambio climático, pero esto sigue siendo una hipótesis). Como consecuencia, las trombas de agua han caído sobre el condado de Harris durante días. Debido a la ausencia de movimiento, ha habido incluso un fenómeno de retroacción positiva: al contacto con el suelo caliente, la lluvia se ha evaporado y ha realimentado al cielo en reservas de agua...
Un efecto del cambio climático
La gravedad de la catástrofe casa perfectamente con las proyecciones científicas sobre los efectos del cambio climático. Kerry Emanuel, un profesor de ciencias de la atmósfera en el Massachusetts Institute of Technology, ha comparado la evolución de 6000 tempestades simuladas, respectivamente en las condiciones del siglo XX y en las condiciones de finales del siglo XXI si las emisiones de gas con efecto invernadero continúan aumentando. Su conclusión es la siguiente: en los años 1900, la probabilidad de ver a un ciclón ganar más de 55 km/h durante las 24 horas precedentes a su llegada a tierra era de una por siglo; en los decenios que vienen, este tipo de fenómeno se podría observar cada diez años.
Otro investigador, Michael Wehner, del departamento de Energía del Laurence Berkeley National Laboratory, estima que la subida de la temperatura debida al cambio climático antrópico provoca al menos entre el 10 % y el 15 % de aumento de las precipitaciones ligadas a los ciclones. Pero el aumento podría ser mucho más importante si el calentamiento antrópico se combinara con otros factores, atribuibles a la variabilidad natural del clima. En este caso, dice, las precipitaciones podría aumentar un 50 %, incluso más (1)
Las proyecciones sobre la frecuencia de los ciclones violentos están confirmadas por las observaciones. Según los criterios del servicio encargado del control de las inundaciones en el condado Harris, la región ha conocido ocho tempestades excepcionales entre 1998y 2016. Cinco de ellas estaban consideradas como de las que tienen una oportunidad sobre cien de producirse en un año. Las otras tres eran aún menos probables. En 2016, Houston ha sufrido inundaciones incluso dos veces: por una tempestad del primer tipo en mayo, y otra del segundo tipo en abril...(2)
Trump, un bombero pirómano
Donald Trump ha intentado aprovecharse de Harvey para desviar la atención de sus problemas: las consecuencias de Charlottesville, sus peligrosas fanfarronadas frente a Kim Jung Un, etc., etc. Antes de la llegada del ciclón, desde la Casa Blanca, multiplicó las declaraciones y las promesas de apoyo. El martes 29 de agosto, acudió a los lugares de la catástrofe con su esposa y al menos seis miembros de su administración (entre ellos el general Kelly, su jefe de gabinete). Para hacerse notar, no para reconfortar a las víctimas: ¡ni siquiera las visitó!
Trump en los lugares de una catástrofe climática es algo así como un pirómano que contempla su incendio. Megalómano narcisista, el Presidente nacional-populista quiere entrar en la Historia por su respuesta ejemplar (¡en su opinión!) a la catástrofe de Houston, que califica de "natural". "Queremos hacerlo mejor que nunca antes", ha declarado. "Queremos que se nos mire en cinco años, en diez años, como un modelo de lo que hay que hacer"(3).
Es evidente que, al contrario, es como un modelo de lo que no hay que hacer como entrará Trump en la Historia. Primero, porque niega la realidad del cambio climático. Porque ha denunciado el acuerdo de París sobre el clima (aunque totalmente insuficiente, este acuerdo tiene la ventaja de fijar un objetivo: 2ºC máximo de calentamiento y "continuar los esfuerzos para no superar 1,5ºC"). Porque hace todo lo que puede para relanzar la explotación del carbón y apoyar la de las arenas bituminosas de Canadá (relanzamiento de los oleoductos Keystone XL y Dakota). Porque quiere cortar la financiación pública a los investigadores que trabajan sobre el calentamiento. Porque enfatiza sobre Houston pero le importan un pimiento las catástrofes climáticas al menos tan graves como ésta en los países del Sur, como en Filipinas (que no tienen prácticamente ninguna responsabilidad en el calentamiento)(4).
El sector inmobiliario, ni tocar
Pero la catástrofe de Houston pone a la luz una segunda razón por la que Trump es lo contrario de un modelo: el apetito de lucro de los patronos del sector inmobiliario, del que forma parte. La especulación y el cemento funcionan a tope en el condado Harris, como en la mayor parte de las regiones costeras. Entre 1992 y 2010 se construyó en el treinta por ciento de las tierras húmedas. Las superficies impermeabilizadas como consecuencia del desarrollo inmobiliario han crecido un 25 % entre 1996 y 2011(6). Los biotopos capaces de absorber las precipitaciones han sido, en gran parte, absorbidos; las aguas pluviales aumentan desbordando la capacidad de los sistemas de evacuación e inundando los barrios.
Sería necesaria una regulación estricta para impedir -en la medida de lo posible- que la agravación de las catástrofes se saldara con una agravación de los efectos, ¡tanto más peligrosa cuanto que la región está trufada de fábricas petroquímicas muy contaminantes! Pero el Departamento de control de inundaciones de Harris County no quiere oír nada: sus responsables niegan la tendencia al agravamiento de los ciclones. Denuncian la "agenda antidesarrollo" de los científicos así como a las asociaciones conservacionistas del medio ambiente. Extraña ceguera. Hay que decir que las sumas de dinero en juego son astronómicas y susceptibles, quien sabe, de corromper a bastantes funcionarios...
En junio de 2001, la tempestad tropical Allison hizo caer cerca de un metro de agua sobre Houston en cinco días, con 73 000 casas inundadas. Más de la mitad se encontraban en zonas en las que la probabilidad de inundación era inferior a 1/100 por año. Veintidós personas murieron y los daños alcanzaron los 5 mil millones de dólares. Era una advertencia. No fue oída: los proyectos inmobiliarios continúan desarrollándose como champiñones... en particular en las zonas devastadas por Allison. Para el mayor beneficio de los vampiros tipo Trump, que niegan el cambio climático y maldicen las "regulaciones destructoras de empleo".
¿Quién dijo lucha de clases?
Cada catástrofe tiene por efecto la caída temporal de los precios en las zonas afectadas. Y los promotores se precipitan para hacer buenos negocios. Evidentemente, apuestan porque el mercado no tarde en recuperarse, lo que les garantizará hermosas plusvalías. Es un ciclo infernal, pues cada una de estas oleadas de inversión inmobiliaria ha significado a la vez un aumento de la segregación social (contra trabajadores, negros y mujeres), y un aumento de las superficies impermeabilizadas, con un aumento de la sensibilidad de la región a la violencia creciente de los ciclones y, por tanto, una multiplicación de las catástrofes.
Tarde o temprano, este encadenamiento desembocará en un hundimiento duradero del mercado en las zonas costeras más expuestas. ¿Qué harán entonces los promotores y las aseguradoras? Cambiarán de terreno de juego para responder a la demanda de los ricos de vivir seguros en tierras más elevadas... En Houston, se trata de barrios como Little Haiti y Liberty City, habitados por asalariados y asalariadas de rentas bajas, con una fuerte proporción de negros y de mujeres(6). Como en Nueva Orleans tras el Katrina, la gente pobre será la que pague el pato. ¿Quién dijo lucha de clases?

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur
Notas:
1 How Climate Change Likely Heightened Harvey’s Fury, National Geographic, 28/8/2017.
2 Boomtown, Flood Town, The Texas Tribune and ProPublica, 6/12/2016.
3 Trump vows vigorous response after viewing Harvey’s devastation, The Hill, 29/8/2017.
5 Boomtown, Flood Town, The Texas Tribune and ProPublica, 6/12/2016
6 How climate change could turn US real estate prices upside down, The Guardian, 29/8/2017
______________________________________

A man tries to cross flood water at Topa village in Saptari district, Nepal, 12 August 2017. According to media reports, nearly 18 people have died and thousands have been affected by floods as the Department of Hydrology and Meteorology warned of heavy rains for two days.
Un hombre trata de ponerse a salvo en Topa, distrito de Saptari, Nepal
Mientras tanto, 1200 personas morían en el sureste asiático a causa de severas inundaciones: