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24 diciembre, 2022

Todos LOS precios, EL precio… — Luis Casado

 

POLITIKA – 23/12/2022


Mientras que cantamañanas –como los ministros de Hacienda (Finanzas)– vienen a explicarte cada día que todo va bien y mañana mejor. Lo cierto es que ahora toca defender EL precio. Porque LOS precios… van p’arriba. Inflación que le llaman…




En este período del año se produce una suerte de diarrea consumista asumida como «tradición», «fenómeno cultural», «práctica religiosa» o «manifestación del deseo de vivir». Algo así como la Copa del Mundo de fútbol pero en grande. La presente nota se inquieta muy a propósito de LOS precios, visto que EL precio, o sea el salario, no le inquieta a nadie excepto a los pringaos. Que aproveche.


Parece sencillo, pero no: desde los albores de la teoría económica quién intentó definir lo que son los precios se hizo la picha un lío.


Aun hoy, ofrecer un significado claro exige levantarse temprano. Como todo hijo de vecino crees que los precios –el valor de un producto expresado en dinero– los determina el mercado. Luego te enteras de que la Unión Europea le fija, por cojones, los precios a la energía y te asaltan las dudas a mano armada.


Un titular de prensa te tira de espaldas: “La UE llega a un acuerdo para imponer un tope máximo de 180 euros sobre el precio del gas”. La UE ya se había distinguido fijando el precio del petróleo ruso, (¿porqué no el qatarí o el texano?), lo que es otra prueba de que el libre mercado desapareció en combate admitiendo que alguna vez haya existido.


Peor aun: EEUU pone 400 billones de dólares para subvencionar a empresas que quieran instalarse en su territorio, y adoptan una serie de medidas proteccionistas para impedirle a la industria extranjera competir con sus productos locales. ¿Lo qué? Eso mismo: que la industria europea se muda con camas y petacas a los EEUU a cambio de un vil billete.


El libre mercado, la libre competencia y la mano invisible que guía los mercados hacia la eficiencia te mandan muchos saludos… pero llorar no pueden: donde manda capitán, no manda marinero. America first… ¿te dice algo?


En cuanto a los precios, Adam Smith publicó en 1776 el primer libro sabio sobre el tema: La Riqueza de las Naciones. Adam se interroga con relación a la proporción en que un bien puede ser cambiado por otro: verbi gratia ¿cuántos chorizos por un par de calcetines? Dicho de otro modo, cómo determinar el valor relativo de cada mercancía. El concepto tiene dos significados: el valor de uso y el valor de cambio. Astuto, Adam se ocupó solo del segundo.


(Calcula el valor de uso de la triterapia para un enfermo de SIDA y comprenderás. Sobretodo si solo queda una dosis… Si eres asopado y se te traba la pensadora, piensa en el valor de uso de un bote salvavidas en lo del Titanic… Y desde luego piensa en Jack…).


Para medir el valor de cambio nuestro buen Adam buscó un metro aplicable a todas las mercancías. ¿Cuál es el factor que determina la cantidad de un bien a la hora de intercambiarlo por otro? Adam llegó a la conclusión de que toda mercancía contiene algo en común: el trabajo. “El trabajo es pues la medida efectiva del valor intercambiable de toda mercancía”, se dijo mientras se admiraba en el espejo y se encontraba pirulo.


En ese momento se sirvió otra copa de malted barley (el whisky de los orígenes), y empezó a divagar en plan “experto”. Afirmó que el valor del trabajo es constante, : “Las cantidades iguales de trabajo deben ser, en cualquier tiempo y cualquier lugar, de un valor igual para el trabajador. […] Así, el trabajo, no variante nunca de su propio valor, es la única medida real y definitiva que puede servir, en cualquier tiempo y en cualquier lugar, para valorar y comparar el valor de todas las mercancías. Es su precio real; el dinero no es más que su precio nominal”.


No escapa a tu sagacidad que el trabajo, –otra mercancía en el bello sistema en el que vivimos–, también tiene un valor y que por ende Adam debía determinar cual es ese valor o bien seguimos pedaleando en la cebada (del whisky).


Por otra parte, el trabajo de un economista de Harvard especializado en mercados high yield no puede ser comparado con el trabajo de un modesto campesino productor de hortalizas. Si no me crees trata de comer lo que produce el economista y ya verás. Siguiendo el razonamiento de Adam debiésemos concluir en que el valor del trabajo, o de la fuerza de trabajo, es equivalente al trabajo que contiene… y ya la tenemos liada.


Si el elemento común que permite medir el valor (y a fortiori el precio) de cada mercancía es el trabajo necesario para producirla… la cuestión se resume en saber cuánto trabajo cuesta producir el trabajo, o más bien la fuerza de trabajo.


Karl Marx aclaró el enredo gracias a la noción de tiempo de trabajo socialmente necesario para producir algo. En otras palabras, un concepto que integra diferentes tipos de trabajo, y también su necesidad: si alguien produce lo mismo en menos tiempo… quiere decir que el tiempo socialmente necesario es menor, ergo que ese es el tiempo que hay que considerar para establecer el valor de un bien.


El valor del trabajo, por consiguiente, es el equivalente del tiempo de trabajo socialmente necesario para reproducirlo, o dicho de otro modo lo que cuesta producir y mantener vivo al currante cuya fuerza de trabajo se transa en el mercado. En los días de nuestra enceguecedora modernidad a ese valor le llaman salario.


De paso Marx subrayó que el trabajo es la única mercancía cuyo consumo genera valor. Para quién compra fuerza de trabajo con ese fin, es importante quedarse con (buena) parte del valor que genera el consumo de la fuerza de trabajo. Y reducir al máximo la parte que se lleva el currante que vende la suya propia por un precio que llaman salario.


Desde tiempos inmemoriales, buscando producir mercancías baratas dizque para satisfacer al consumidor, el empresario o patrón ha buscado procurarse fuerza de trabajo gratuita. Para alcanzar ese noble objetivo inventaron el esclavismo y la servidumbre, el “mediero” (currante que trabaja a “medias”), el “trabajador independiente” (¿de qué, de quién?), el empresario de sí mismo (las trabajadoras sexuales son un buen ejemplo), el “cuentapropismo”, el “comisionista”, el trabajador inmigrado y toda suerte de formas destinadas a reducir al máximo el precio de la fuerza de trabajo, o sea el salario.


Para ser justo debo decir que, buscando proteger al currante, también inventaron la media jornada, es decir trabajar solo 12 horas al día.


Lo cierto es que con los años se fue reduciendo el tiempo de trabajo socialmente necesario para reproducir la fuerza de trabajo. En Francia…


En un contexto de ganancias de productividad del trabajo agrícola y de aumento de la dimensión de los predios, en cerca de 40 años la proporción de agricultores disminuyó grandemente. En 1982, había 1,6 millones de agricultores, o sea 7,1 % del empleo total. En 2019, alrededor de 400 mil personas empleadas en el sentido del Bureau Internacional del Trabajo (BIT) son, en su empleo principal, agricultores, o sea 1,5 % del empleo total.


En la Francia del siglo XVIII la población agrícola representaba el 85% del total de la población francesa. Hoy en día, considerando a los agricultores y a los obreros agrícolas (en torno a 250 mil), menos del 2,5% de los trabajadores franceses nutren al conjunto de una población de 67 millones de habitantes y producen uno de los principales rubros de exportación del país.


Desde luego, con el tiempo la cantidad y la diversidad de lo que es necesario para mantener en vida a un currante que vende su fuerza de trabajo ha cambiado. Pero, sin entrar en los arcanos de los econometristas, parece evidente que el tiempo de trabajo socialmente necesario para “producir” al currante ha disminuido prodigiosamente, aun si le agregas un par de sneakers de marca, la última versión del iPhone y dos o tres virguerías más sin las cuales, al parecer, no puede vivir.


Todo esto queda en evidencia cuando miras la evolución de la productividad a lo largo de los años. Desde hace siglos no cesa de aumentar a tal punto que cuando un economista intenta explicar la inflación por un aumento de los costes salariales se refiere a “una reducción del ritmo del aumento de la productividad”. Claro como el agua de roca: se trata de la disminución del aumento…


No obstante, como canta Michel Jonasz, “Y a rien qui dure toujours” (No hay nada que dure para siempre). Confrontados a una reducción de la inversión, o a inversiones crecientemente especulativas, a la privatización de la educación y de la formación profesional, a la parte cada vez mayor del sector terciario en la economía, a la baja de la demanda (sí, sí, hay economistas que se quejan de una demanda insuficiente lo que determinaría una inversión decreciente), a la baja de la oferta (sí, sí, hay economistas que se quejan de una oferta insuficiente)… las ganancias de productividad se hacen cada vez más modestas. Incluso hay quien explica la disminución de la inversión -y por ende de la productividad- en razón de la baja tendencial de la tasa de ganancia…


Tú ya sabes:


Un economista = una opinión.

Dos economistas = una contradicción.

Tres economistas = una confusión.


En cuanto a mí, intentando explicar lo que explico mi objetivo es sencillo: ofrecer herramientas para sobrevivir en medio de este mambo.


Los “expertos” auguran una crisis duradera y una inflación que será muy difícil de controlar. Los bancos centrales optan por utilizar la única herramienta que conocen para luchar contra la inflación: generar una recesión mediante el aumento de las tasas de interés. La recesión tiene como principal consecuencia la de reducir la masa salarial y por consiguiente la demanda…


Mientras que cantamañanas –como los ministros de Hacienda (Finanzas)– vienen a explicarte cada día que todo va bien y mañana mejor. Lo cierto es que ahora toca defender EL precio. Porque LOS precios… van p’arriba. Inflación que le llaman…


¿Te queda claro?



16 julio, 2022

Las consecuencias económicas de la guerra — Luis Casado

 


La Pluma.net – 10/03/2022

   Editado por María Piedad Ossaba


A los mediocres ‘líderes’ que nos trajeron a esto, a todos ellos sin excepción, del Atlántico al Ural como decía Charles de Gaulle, les pueden dar morcilla.


" '¡Que la guerra económica es linda!' es el título de un libro del inolvidable Bernad Maris. Guerra económica en la que los soldaditos de plomo somos los pringaos. Las multinacionales cuidan la caja y el lucro. Las grandes potencias dirigen las operaciones militares. Desde ese punto de vista, nada ha cambiado. Las consecuencias para el personal serán atroces," dice Luis Casado.


Si piensas que el título de esta parida fue inspirado por el célebre texto de John Maynard Keynes "Las consecuencias económicas de la paz" (1919) tienes toda la razón.


Keynes no se fue por la ramas, aun cuando sus posiciones no le ganaron amigos ni en el aparato burocrático británico ni entre los numerosos ‘halcones’ partidarios de guerras en las que nunca participan.


Keynes, decidido partidario de la Paz, escribió que el Tratado de Versalles firmado al concluir la I Guerra Mundial (28 junio 1919), no sería sino el fértil terreno del nazismo y el embrión de una nueva guerra. Poco más tarde, la llegada al poder de Adolf Hitler y el estallido de la II Guerra Mundial vinieron a corroborar la certera intuición del gran economista.


Desde luego hubo (hay) opiniones opuestas. Como la de dos economistas franceses, Antoine Parent y Gilles Vergnon, que en el año 2021 se preguntaron "¿Hay que desacralizar al ídolo?" (Revue de l’OFCE, 171, 2021/1).


En su artículo escriben:


"En efecto, revisitamos la lectura canónica y angélica de la obra y la confrontamos, en especial, a una lectura caída en el olvido, la de Étienne Mantoux, que subrayaba en 1946 las aporías y peligros del texto de Keynes. ¿Hace Keynes en The Economic Consequences of Peace (1919) una lectura premonitoria del nazismo o su texto le sirvió a Alemania de pretexto para no pagar el monto de las reparaciones? ¿Keynes (1919) es el vocero del pacifismo o el inspirador de la conciliación y del derrotismo que facilitó el rearme de la Alemania nazi entre-las-dos-guerras?"


Si uno comprende bien, el culpable de la II Guerra Mundial fue John Maynard Keynes, que fue además un pinche traidor a los intereses de la corona británica. ¿Qué hacía James Bond?


(Dicho sea de paso, en 1919 un Canciller socialdemócrata, Friedrich Ebert, aplastó la Revolución de Berlín que le puso fin al Imperio y creó la República, masacrando alegremente el movimiento obrero alemán. Ebert hizo asesinar a sus ex compañeros de partido Karl Liebcknecht y Rosa Luxemburgo. Para ello no utilizó ni la policía ni el ejército: llamó a milicias de extrema derecha que más tarde se convertirían en las temidas Schutzstaffel que tu conoces como SS. Decididamente Antoine Parent y Gilles Vergnon, dos revisionistas de la historia, no la conocen. Los socialdemócratas chilenos tampoco: reciben plata de la Fundación Friedrich Ebert).


La ramplona crítica que Antoine Parent y Gilles Vergnon hacen del texto de Keynes, 102 años después de su publicación, es del tipo "en la medida de lo posible", y evocan lo que ya escuchamos en Chile: "Esto es lo mejor que se podía lograr". Su conclusión, escasa de argumentos, es la siguiente:


"Como quiera que sea, a pesar de las críticas que se le pueden hacer, no había prácticamente ningún otro Tratado posible más que el Tratado de Versalles, y este fue de entrada debilitado por la retirada de los EEUU del dispositivo previsto. Y no había derrota ‘aceptable’ en una Alemania en la que no había la sensación de haber sido derrotados. Como escribió la historiadora canadiense Margaret Mc Millan, ‘los negociadores se encontraron confrontados a la realidad, no con lo posible, se encontraron con lo que era, y no con lo que hubiese debido ser’ ". (Op. cit.)


Una manera muy elegante de consagrar la repartija colonialista del mundo entero, así como el rechazo arrogante de las exigencias de los líderes del Tercer Mundo que fueron olímpicamente ignorados. Entre ellos había un asiático insignificante, pobremente vestido, calzado con sandalias, que se ganaba la vida en París lavando platos en un restaurant. Nadie lo recibió. Ese pobre tipo regresó a su país, para iniciar una de las más largas guerras de liberación de las que se tenga conocimiento derrotando sucesivamente a Japón, a Francia y a EEUU: el mundo lo conoció como Ho Chi Minh…


Los citados economistas revisionistas mienten. Travestir la Historia es el recurso de quienes no tienen argumentos.


Si Alemania no pagó las reparaciones exigidas al fin de la I Guerra Mundial (como no pagó las de la II Guerra Mundial…) fue porque sus enemigos, EEUU, Francia y Gran Bretaña, –denunciados por Keynes que era nada menos que el representante del ministerio de Finanzas británico en las negociaciones–, eran codiciosos imperios coloniales que aprovecharon la ocasión para repartirse el planeta, e intentaron desangrar a Alemania –eliminando así un competidor– exigiendo reparaciones financieras demenciales. Eso fue lo que denunció Keynes: el monto de las reparaciones exigidas por EEUU, Francia y Gran Bretaña buscaba poner de rodillas a Alemania, lo que traería consigo consecuencias exactamente opuestas a las perseguidas.


La lectura del texto de los economistas revisionistas hace sonreír en estos días, cuando Alemania, pretextando la invasión de Ucrania por Rusia, decide hacer lo que hasta ahora le estaba prohibido: rearmarse de nuevo. Solo un ‘economista’ puede alegrarse de ello.


Carrera armamentista


He ahí una de las consecuencias de la guerra: una aceleración de la carrera armamentista en Europa, cuyos efectos se prolongarán durante décadas. Para no ser menos que Alemania, Francia –cuyo gobierno le asegura a quien quiera oírle que no hay plata– anuncia un sustancial aumento de sus presupuestos de defensa.


Justo cuando Europa necesita invertir en Educación, en Salud, en Investigación científica, en infraestructuras, en revertir la desindustrialización que nos dejó sin empleos, sin mascarillas y sin medicamentos ante el Covid. Esta Europa que debe invertir en el bienestar de su envejecida población: la que produjo la riqueza hoy acumulada en pocas manos y en particular en las de los dueños de la industria militar.


Emmanuel Macron, –que gracias a la movida de Putin se libra de verse confrontado al patético balance de su gobierno–, debe haber tomado nota del informe a la Asamblea Nacional del diputado Jean-Louis Thiériot, miembro de la comisión de la Defensa Nacional y de las FFAA, quien asegura: "En caso de conflicto de alta intensidad, el ejército francés podría encontrarse escaso de municiones" (sic).


Desde aquí se escuchó la pregunta: "¡Mamá! ¿Qué es un conflicto de alta intensidad?"


Estos genios siguen pensando en las trincheras de Verdún y en las ofensivas del Chemin des Dames (I Guerra Mundial), o como mucho en la batalla de Kursk (05/07 – 23/08 de 1943), la más grande batalla de blindados de la II Guerra Mundial: nunca oyeron hablar de Hiroshima ni de Nagasaki.


Sus reflexiones son caricaturales. Los más osados discurren sobre el "uso de armas nucleares tácticas". Ignoran, o hacen como si ignorasen que ni en la doctrina militar soviética ahora rusa, ni en la doctrina militar estadounidense, no hay lugar para el "uso de armas nucleares tácticas". La deflagración, si la hay, será total. Y no quedará ni un imbécil para exponer sus estúpidas disquisiciones "nucleares" en el cotorreo cotidiano de la TV.


Poderosa razón para ser, como Keynes, decididos partidarios de la PAZ.


Consecuencias inmediatas


Ellas son caricaturales. Veamos.


La batalla de Mónaco


Debo comenzar con una hazaña que persistirá en la memoria de las futuras generaciones junto a las victorias napoleónicas: el pinche principito de Mónaco le impidió zarpar al mega-yate Quantum Blue, propiedad del oligarca ruso Serguei Galitysky, aun cuando este último no es objeto de ninguna sanción europea. Así, Alberto de Mónaco precedió los deseos de sus patrones. Ya lo decía yo: Alberto, gran valor… El almirante Nelson era una alpargata al lado.


Hablando de botes, Graceful, el yate de 72 metros de Vladimir Putin, estaba en cala seca en Hamburgo antes de la invasión de Ucrania. El 7 de febrero Graceful fue a refugiarse a Kaliningrado, quince días antes del ataque a Ucrania, pasando frente a las narices de los peores enemigos del presidente ruso, sin que nadie osara interponerse.


Según la aguerrida prensa europea se ha producido una verdadera "caza de yates rusos", surtos en los más bellos puertos del Mediterráneo visto que –business is business– el dinero no tiene olor. Allí se cruzan los ex comunistas del PCUS que saquearon el patrimonio de la URSS con la asistencia técnica del Harvard Institute for International Development, con sus homólogos yanquis, saudíes, qataríes y europeos, para el bien de las finanzas planetarias.


¡Ya no se puede vivir caballero, ya no se puede salir a navegar en la Costa Azul en los lujosos yates que Europa occidental construye y le vende a los oligarcas que saquean a sus respectivos países!


Bomba atómica financiera


Por otra parte, la Unión Europea se apresuró en utilizar lo que un ministro francés calificó de "bomba atómica financiera": excluir a Rusia del sistema SWIFT. De ese modo Rusia no puede realizar transacciones financieras internacionales, ni recibir ni efectuar pagos. Por ahí alguien recordó que la Unión Europea necesita energía –gas y petróleo– de Rusia. Entonces limitaron la "bomba atómica" a las transacciones que efectuamos los pringaos. Gazprom Bank y Sberbank, que venden y cobran la energía, fueron eximidas de sanciones: las multinacionales europeas de la energía suspiran aliviadas.


Cada día la Unión Europea le transfiere a Rusia unos 700 millones de euros en pago del gas y del petróleo que importa. Consultados de urgencia, los mandamases de Engie y de Total, las dos grandes empresas franceses del rubro de la energía, respondieron: "Si los rusos dejan de enviar gas y/o petróleo, no tenemos solución" (¿por qué te ríes?).


Por si fuese poco, ¿Te sorprendería saber que, técnicamente, no hay ningún problema mayor para pasar de una plataforma, como SWIFT, a otra? Los rusos tienen plataformas para sus transacciones electrónicas internas (las tarjetas Visa y Mastercard emitidas en Rusia siguen funcionando), y se demoraron 24 horas en integrarse en la plataforma de transacciones internacionales de los chinos.


La guerra de las galaxias


Algo mosqueados, los rusos cesaron su colaboración en el ámbito espacial. Ese mismo día la Agencia Espacial Europea (ESA) –la misma que dispone de los observatorios en el altiplano del norte de Chile– se quedó sin cohetes.


En Kurú (base espacial francesa situada en Guyana) penan las ánimas.


Peor aun, –esto no se inventa–, un satélite espía francés, el CSO-3, que debía ser lanzado desde Kurú a fines de 2022 por un cohete de tipo Soyuz, fue apeado por los rusos y tendrá que esperar un año la disponibilidad de un cohete de tipo Ariane-6.


El azar hace mal las cosas… Arianespace, la empresa francesa productora de cohetes, se encuentra en plena migración del cohete Ariane-5 al cohete Ariane-6…


Masoquismo


Francia, en particular, es muy sensible a las sanciones aplicadas contra… Rusia.


Un 80% de la alúmina, –materia prima para la fabricación de 450 mil toneladas anuales de aluminio en Francia–, proviene de fábricas rusas. Ese aluminio es utilizado principalmente en las industrias espacial, aeronáutica, militar, automotriz y de construcción. Si los rusos cesan de suministrar alúmina… ¿qué hacemos, jefe? Le Moniteur, publicación especializada en la industria de la construcción pone el dedo donde duele:


"… las fábricas de producción de aluminio consumen mucha electricidad. Por ejemplo, para una tonelada de aluminio que se vende en unos 3.100 euros en el London Metal Exchange, hacen falta 14 MWh de electricidad que cuestan 4.800 euros".


La electricidad ve aumentar desmesuradamente sus precios en la Unión Europea porque, entre otros, ¡las multinacionales europeas especulan con el gas y el petróleo ruso! ¡¿Cómo diablos vamos a fabricar las armas con las que nos defenderemos de… los rusos?¡ Entretanto, Joe Biden asegura que está considerando seriamente la posibilidad de dejar de comprar petróleo ruso, compras que han doblado de volumen en los últimos meses… (¿por qué te ríes?).


Si albergas una duda con relación a este tema, mira lo que ponen los titulares de la prensa europea:


"El mercado eléctrico rompe todos los récords y eleva la presión para que Bruselas desligue su precio del gas – La luz multiplica su precio por ocho en un año, pone en aprietos a hogares y empresas, y dispara la inflación. Este lunes costará 442 euros el megavatio" (El País, Madrid, 06/03/2022)


Entre ayer y hoy el gas vio subir su precio en un 60%, y debes saber que ya estaba seis veces más caro que hace un año. Los hábiles genios que nos gobiernan le sugieren a la población disminuir su consumo de gas y de electricidad, sin pensar en que millones de hogares ni siquiera pueden pagarlo.


Bruno Le Maire, el asopado ministro de Finanzas galo, le pide a los franceses "hacer un esfuerzo" y dejar de consumir "energía de confort". El ministro cuece las habichuelas con fuego de carbón de espino, o se las come crudas. Hay que joderse. Se trata del mismo genio que hace dos días declaró por la mañana que Francia "en esta guerra económica destruiría la economía rusa".


Cuando el presidente Macron le dio un tapabocas y un reglazo en los dedos, vino por la tarde a la TV a explicar que no, que no hay guerra, que retiraba sus declaraciones… Putin debe estar muerto de miedo…


Boomerangs


Muchas sanciones parecen diseñadas como los boomerangs.


Rusia alquila 777 aviones de los 980 que utiliza en su transporte interno. Las empresas proveedoras de ese servicio son europeas, la más importante de las cuales es AerCap, sociedad irlandesa que le alquila a Rusia 152 aviones. Ahora bien, la UE le ordenó a esas empresas recuperar todos sus aviones antes del 28 de marzo, visto lo cual tales empresas dejarán de cobrar por sus aviones. ¿Quién pierde? De todos modos, es una "Misión imposible" asegura Ulick McEvaddy, fundador de Omega Air, empresa de venta y alquiler de aviones. "Eso tomará meses", le aseguró al Irish Times.


Hay más: la UE ordena cesar de mantener tales aviones, y no venderle recambios a Rusia. ¿En serio? Otra particularidad de los aviones que vuelan en Rusia es que están matriculados en… las Islas Bermudas, uno de los numerosos paraísos fiscales de la corona británica (junto a las islas Caimán, las islas Vírgenes, Man, las islas Anglo-normandas, etc.). Bermudas, que tiene unos 70 mil habitantes, cuenta con 900 aviones, mayoritariamente rusos. En un paraíso fiscal su control no es fácil. "Si en Londres, Boris Johnson usa palabras duras contra Vladimir Putin, en el Caribe, el pequeño archipiélago, continúa su negocio", dice el diario francés Ouest-France.


La lista de las ‘sanciones’ es demasiado larga para ser exhaustivo, pero la ausencia de reflexión y la incompetencia las caracteriza a todas. Por ahí, la Facultad de Letras de una Universidad italiana se propuso dejar de enseñar a Dostoiesvky… La cabeza de su rector debe estar tan confusa como la de Raskolnikov, el triste héroe de "Crimen y Castigo".


Consecuencias de largo plazo


Las consecuencias previsibles a mediano y largo plazo serán atroces: ellas se resumen en el incremento de la concentración de la riqueza producida en las manos de un puñado de oligarcas. En la quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas europeas, industriales y agrícolas, víctimas de esta muy curiosa "destrucción creativa".


Como dice mi amigo ucranio, el periodista Oleg Yasynsky, "occidente castiga todo lo que no le haga daño a sus propios intereses".


Desde hace 40 años vemos aumentar la pobreza en Europa. En un continente que nunca fue más rico en su historia, hay cada año más y más pobres. Los sectores más vulnerables, para utilizar la jerga de los “expertos”, dejan de ser ‘vulnerables’ para convertirse en miserables.


La inflación, que como todo el mundo sabe es de la responsabilidad de Vladimir Putin, alcanza niveles inquietantes.


Desde luego el ‘relajo monetario’ que le permitió a EEUU y a la UE emitir billones y billones de dólares y euros sin respaldo desde el año 2008, la especulación financiera generada al calor de tasas de interés negativas, el rescate de Bancos piratas y el fraude fiscal a dimensión industrial organizado por las propias autoridades europeas –por ejemplo en Luxemburgo, ese paraíso fiscal miembro de la UE, cuya evasión fiscal global es equivalente al monto de la deuda soberana de todos los países de la UE– no tienen nada que ver. Putin, una vez más, sirve de cabeza de turco.


La inflación, tantas veces utilizada por los EEUU y Europa para eliminar sus deudas soberanas… esta vez es mala. Y como es mala, el culpable es, ya lo sabes, Putin.


Para darte una idea del ritmo de la inflación: las noticias de la mañana señalan que el precio de las viviendas crece tres veces más rápido que los salarios. ¿Hace falta decir que en Francia, uno de los países más ricos del mundo, tenemos millones de ‘mal alojados’? Es decir millones de familias que viven en pocilgas.


Mientras tanto, los intercambios comerciales entre Rusia y China aumentan a una velocidad inimaginable, acentuando la configuración del espacio económico Euroasiático ya descrito en POLITIKA, en la pluma de Pepe Escobar.


Acabo de recibir un despacho de La Tribune (07/03/2022), segunda publicación financiera francesa:


Las exportaciones chinas hacia Rusia se disparan: las perspectivas de cooperación futura son inmensas” (Pekín).


Europa deja de ser relevante. Su voz no le importa a los EEUU, que consideran la UE como un protectorado. Por mucho que chillen Macron, Scholtz y otros líderes europeos, carecen de la dimensión, de la envergadura y de la independencia necesaria.


La prueba: EEUU anuncia que estudia la posibilidad de "prohibir la importación de petróleo ruso". ¿Prohibirle a quién? ¡A la Unión Europea! Scholz sabe de quien depende la economía alemana, por eso manifiesta públicamente su rechazo a la prohibición de consumo de gas y petróleo ruso. Hay como fritura en la línea de comunicaciones de los siervos europeos y el patrón yanqui.


Mientras tanto, EEUU le vende su gas a China y a Corea del Sur, a precios aun más altos que los que la UE le paga hoy a Noruega, Rusia, Argelia y Qatar (Qatar, que dicho sea de paso financia a los integristas islámicos de Al Quaida y otros movimientos armados responsables del terrorismo en Europa).


Ya ves: la lucha por la libertad y la democracia tiene sus detallitos…


Yo, a mi modesto nivel, abogo por la PAZ. Tengo la debilidad de pensar que la OTAN (nombre tras el cual se disfraza el poderío militar de los EEUU) tiene mucho que ver en TODAS las últimas guerras: Afganistán, Irak, Irán, Libia, Siria, Malí, Yemen, Yugoslavia, Ucrania…


A mí no me convence el manido argumento que dice que Putin se volvió loco. Coincido –una vez no es costumbre– con Donald Trump, quien dice "Sabemos que Putin es inteligente. Lo que pasa es que nuestros líderes son estúpidos".


A mis ojos Rusia no debe ser considerada como el enemigo de circunstancias que justifica la existencia de la OTAN y del protectorado norteamericano.


La PAZ es posible en Europa, si una Conferencia de Paz y Seguridad toma en cuenta los intereses de cada país europeo, incluyendo a Serbia y a todos los países de los Balcanes, a los países del Báltico, a la Unión Europea, a Rusia, a Ucrania, e incluso la colonia inglesa de Irlanda del Norte. ¿Ah Boris?


A los mediocres "líderes" que nos trajeron a esto, a todos ellos sin excepción, del Atlántico al Ural como decía Charles de Gaulle, les pueden dar morcilla.



15 octubre, 2021

‘Experimentos naturales’ — Luis Casado

 


La teoría económica, que no había descubierto nada en dos siglos, acaba de realizar tres hallazgos monumentales. La tumba de Tutankamon, como descubrimiento, fue una alpargata al lado, nos dice Luis Casado...


POLITIKA – 12/10/2021


Según Karl Popper, "el criterio de cientificidad de una teoría reside en la posibilidad de invalidarla, de refutarla o de probarla". Siempre según Popper, "la observación de un solo hecho experimental que no corrobore la teoría, la refuta". Dicho de otro modo, las teorías, las hipótesis, las conjeturas, deben ser sometidas a la observación experimental con el propósito de juzgar de su pertinencia.


Ya la tenemos liada. Galileo, fundador de la ciencias Físicas, sostuvo que todos los cuerpos, independientemente de su forma y de su peso, caen a la misma velocidad en el vacío. Ahora bien, entre los siglos XVI y XVII nadie sabía cómo hacer el vacío. Para más inri, aun hoy se discute la existencia del vacío, y el hallazgo del bosón de Higgs no simplifica las cosas. Sin embargo Galileo tenía razón. Incluso cuando definió su principio de inercia. Nadie, nunca, vio un movimiento inercial como el descrito por Galileo: ¿cómo realizar la experiencia de un movimiento rectilíneo y uniforme en ausencia de toda fuerza exterior? Sin embargo Galileo tenía razón.


Étienne Klein dice que las experiencias realizadas por Galileo –y más tarde por Einstein– fueron ‘experiencias de pensamiento’.


Imaginando la caída de dos objetos disímiles, que luego unió en su imaginación, Galileo concluyó en que ambos solo pueden caer a la misma velocidad. A Aristóteles –que había afirmado lo contrario– le podían dar morcilla. Con una ‘experiencia de pensamiento’ llevada hasta sus últimas consecuencias Einstein determinó que la ley de la gravedad universal de Newton estaba errada. No hay fuerzas en juego, sino una deformación del espacio-tiempo. La Ley de Newton le cedió el paso a la Relatividad General. Corrían los años 1915-1916, y las mediciones que probaron que Einstein tenía razón se hicieron décadas más tarde. ¿Cómo experimentar la curvatura del espacio-tiempo provocada por la masa de los objetos que lo pueblan? Y por si fuese poco ahora sabemos que la masa ni siquiera es una propiedad intrínseca de la materia (tú ya sabes, el bosón de Higgs…).


Para las experiencias científicas también hay criterios. Uno de ellos sostiene que debes poder realizarlas una y mil veces, en condiciones similares, con personas diferentes, y obtener los mismos resultados. La mal llamada ‘ciencia económica’ encuentra aquí uno de sus principales escollos, una suerte de Cabo de Hornos en el que se hunden lastimosamente sus numerosas hipótesis y abundantes teorías.


¿Cómo hacer para realizar ‘experiencias científicas’ en economía? Cada minuto que pasa, cada segundo si tomamos en cuenta las transacciones bursátiles computerizadas (cientos de miles por segundo), la realidad cambia irremediablemente: es imposible encontrar ‘condiciones similares’.


Conscientes de ello, los economistas inventaron un chiste llamado ceteris paribus sic stantibus, lo que en buen romance significa algo así como ‘espérate un rato y no te muevas, a ver si me vuelven las ganas…’.


Escudados tras esa pillería los economistas han creado innumerables teorías, teoremas, leyes y paradojas, así como una buena dosis de mitos, fábulas, ficciones, leyendas y cuentos varios, gracias a los cuales vienen a la TV a explicar hasta la superposición y la intrincación cuánticas en menos de 30 segundos cronometrados.


Tal día como hoy la prensa internacional anunció en primera página que el Banco Central de Suecia le otorgó le premio Nobel de Economía que –como el vacío– no existe, ‘a David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens. Que el Nobel de Economía no existe es la pinche realidad. La prensa lo pone claro:


"Aunque coloquialmente se le conoce como Nobel de Economía, en puridad no se trata de un Nobel como tal. La Economía no figuraba entre las disciplinas originales a las que se concedía anualmente el premio, dado que el propio Alfred Nobel, su impulsor, no la incluyó entre las cinco categorías elegidas: Física, Química, Medicina, Literatura y Paz. Sin embargo, en 1969, casi 70 años después de la primera ceremonia de entrega de los premios, el banco central sueco decidió crearlo, bajo el nombre de Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel, para celebrar su 300º aniversario".


Alfred Nobel tampoco se dignó ofrecerle un premio a los matemáticos, decisión cuyas razones el pudor y una cierta elegancia me impiden evocar en estas líneas.


Lo cierto es que el Banco de Suecia reconoce a Card por sus "contribuciones empíricas en el campo de la economía del trabajo", entre ellas la que rebate la idea generalizada de que una subida del salario mínimo conspira contra el empleo. Angrist e Imbens fueron premiados porque –con varios siglos de retraso– inventaron el principio de causalidad ya conocido por los filósofos de la Antigüedad griega hace más de 2.500 años.


En la imposibilidad de proceder a ‘experiencias científicas’ por las razones ya expuestas, "la Academia valora los avances cosechados en el campo de los llamados experimentos naturales, aquellos que extraen conclusiones de situaciones que surgen en la vida real y que se asemejan a experimentos controlados".


David Card observó ‘experimentos naturales’ en vez de sacar la cabeza por la ventana y mirar la realidad empírica. Pero no seamos aguafiestas visto que en estos días hay muy poco que celebrar: Card ‘descubrió’ lo que ya sabíamos todos: el salario mínimo, –definido como ‘la remuneración que impide justo, justo, que el currante no muera de inanición’–, nunca disuadió a nadie de contratar muertos de hambre y por lo tanto nunca generó ningún impacto negativo en el ‘mercado del trabajo’, como asegura el FMI desde su fundación.


Si lo que precede te genera dudas, saludos te mandan las “situaciones que surgen en la vida real y que se asemejan a experimentos controlados”. La insigne Academia no ofrece la más mínima pista que pudiese permitirnos identificar tales "situaciones". En realidad, como de costumbre, el Banco de Suecia distingue la práctica de la casuística más rupestre.


Desafortunadamente, la ciencia exige pensar contra el propio cerebro, desconfiar de la evidencia, no adoptar la primera interpretación de cada fenómeno.


Galileo, Einstein y la mayor parte de los científicos tuvieron que abandonar lo que aparecía como una verdad indestructible e interrogar una y otra vez su propia interpretación de todos los fenómenos físicos. Si Copérnico no hubiese puesto en duda lo que cualquier hijo de vecino veía con sus ojos, que el sol parece girar en torno a la Tierra, el heliocentrismo no se hubiese impuesto, y el conocimiento del universo aun estaría en las cavernas.


La llamada ‘ciencia económica’ está precisamente allí: en las cavernas. Y ahora acaba de descubrir los ‘experimentos naturales’ para suplir las ‘experiencias controladas’ (o de laboratorio) que nunca pudo –ni podrá– realizar.


Como queda dicho, el año 2021, en pleno siglo XXI, un trío de economistas recibe un premio por descubrir el principio de causalidad (cada efecto tiene causas que lo determinan…), y haber concluido en que pagar salarios mínimos caracterizados por ser exactamente eso, mínimos, no tiene como efecto disuadir la generación de empleo.


El año próximo, te lo doy firmado, descubrirán la rueda. O el hilo negro. Gracias a los ‘experimentos naturales’.