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11 febrero, 2026

Bitácora del poder neoliberal, desposeído de cualquier noción de lo humano — Oleg Yasinsky

 

Prisión estadounidense de Abu Ghraib (Irak)

Prisión estadounidense de Guantanamo


La pluma.net – 11/02/2026


Temo que cualquier otra lectura de esta realidad abra las puertas a una pesadilla mucho más generalizada y esta vez irreversible. Jeffrey Epstein sigue vivo y desde el cerrojo del infierno sigue observando, satisfecho, nuestra ignorancia e indiferencia.


Una de las principales características del caso Epstein es que en realidad no es ninguna gran noticia, aunque mediáticamente se presenta como tal. Es una cómoda incomodidad y un escándalo que no escandaliza a nadie, ya que sus más de tres millones de archivos de horror no son más que una bitácora del poder neoliberal, desposeído de cualquier noción de lo humano.


La isla de Epstein es una pequeña parte del archipiélago, que aborda los cinco continentes y no es solo un lugar geográfico, sino una construcción mental del poder que nos ofrece su propia proyección del futuro. Es su plan.


Es curioso que los supuestos enemigos del actual Gobierno estadounidense, que son los demócratas, ya nos han mentido tanto que ahora cualquier prueba de ellos contra Trump y los republicanos se ve como mentira. Aquí no se trata del conocido cuento sobre el pastorcito mentiroso y el lobo. Estamos sumergidos en un mundo de tanta manipulación tecno-sicológica que lo que menos llama la atención y lo que menos convence son las verdades que se ven opacas ante el sicodélico brillo de falsedades y, para ser comprendidas, requieren algún grado de esfuerzo intelectual y espiritual, algo que en estos tiempos es cada vez más escaso.


La cultura occidental idolatra el éxito, idealiza la riqueza, siempre perdona los ‘excesos’ de ‘los triunfadores’, se declara defensora de los derechos, aunque en su cotidianeidad comercia con la hipersexualización infantil, despreciando derechos, emociones e incluso instintos.


Epstein ha sido un peón en el ajedrez mundial de las corporaciones. Con sus redes colaboraban las monarquías, los organismos de la ONU y los grandes líderes de la opinión pública de todo signo político.


Eso se sabía, pero la gran prensa mundial guardaba silencio. Esto se explica muy fácilmente por el miedo a las demandas, la dependencia de los anunciantes, etc. Además, un periodista rebelde y honesto, incluso en la democracia más democrática, sabe que, en el mejor de los casos, arriesga su trabajo y su carrera.


El caso Epstein no muestra la ‘maldad de las élites’, sino el funcionamiento normal de un sistema en el que el poder protege al poder, los medios de comunicación controlan la opinión pública, la cultura popular justifica a sus ídolos exitosos y los niños son material de consumo.


Esta monstruosidad es banal, repetitiva y reproducible.


La famosa película del director de cine italiano Pier Paolo Pasolini ‘Saló o los 120 días de Sodoma’ no trata sobre las perversiones, como la mayoría piensa. Es un retrato del poder del capitalismo, el que siempre muta en fascismo, donde las élites se encierran en un espacio oculto, las personas se reducen a sus funciones exigidas por la autoridad y la violencia es natural. El poder fascista es representado por el duque, el obispo, el magistrado y el presidente, que reflejan distintas caras de la descomposición del sistema.


Pasolini muestra la total perversión de los valores morales proclamados como el único camino de esta falsa e hipócrita sociedad que niega y desprecia cualquier destello de una espiritualidad verdadera.




En ‘Saló’ tenemos una villa, la seguridad, la desconexión del mundo exterior y la impunidad absoluta. En el caso de Epstein, es una isla privada, los aviones, las mansiones, lagunas legales y todo lo demás, que coincide hasta en los detalles más mínimos. La normalización rutinaria del horror en ‘Saló’ se realiza a través de la cena, la historia, el castigo y otra vez la cena. En el caso de Epstein, es a través de los masajes, los pagos, los regalos, los vuelos, y la repetición de los actos. Y en ambos casos, las violaciones no son más que un procedimiento administrativo ritual.


La estetización del crimen es un arma aparte: la música, la amabilidad, los ambientes ordenados y distinguidos, las conversaciones intelectuales en ‘Saló’; y la caridad, las universidades, la filantropía y el glamur en el caso Epstein obedecen a su único objetivo: hacer que la pesadilla se vea decente y aceptable para que ninguno de los espectadores sensibles se indigne antes de tiempo. Es importante que, en ambos casos, las élites actúen de forma colectiva y no como individuos.


En ‘Saló’ no existe un principal culpable, igual que en el caso Epstein también es evidente que el financista estadounidense no podía actuar solo, lo cubrían, usaban y aprovechaban miles de poderosos mientras se podía, es decir, hasta su muerte, cuando la responsabilidad de los demás se diluyó.


Muchos calificaron la película ‘Saló’ de insoportable. El problema es que Pasolini llamó a las cosas por su nombre, mientras que la realidad del caso Epstein está inundada de eufemismos: «relaciones inapropiadas», «contactos controvertidos», «acusaciones», etc. La película de ficción de 1975 nos expone mejor las noticias de hoy. Incluso en su tiempo y en las décadas siguientes, esta película, a pesar de no tener ninguna escena explícita, escandalizaba a las mismas generaciones consumidoras de Playboy y pornografía, moralistas hipócritas que se vieron retratados en las escenas del filme.


La analista colombiana Ana Lucía Calderón compara esta historia con otra, la del barrio Bronx en el centro de Bogotá, ocurrido hace 10 años. Cuando el Ejército entró al Bronx, se vieron prácticamente las mismas realidades descritas en los expedientes del caso Epstein: prostitución infantil, tráfico de drogas, esclavitud, torturas, asesinatos, horror total. Todo, como siempre, bajo control del crimen organizado a servicio de los poderosos, a su vez controlados por el poder supremo, grupos oligarcas, los tres poderes de Estado y su eterno aliado estratégico: los gobiernos de EEUU.


Prisión estadounidense de Abu Ghraib (Irak)


Después de una descripción de la naturaleza y similitud entre ambos casos, Calderón concluye:

«…Nadie está viendo el trasfondo que trae consigo este tema. Después de poner en todos los medios de comunicación día y noche, horrores y padecimientos, al igual que lo hicieron con los bombardeos en Gaza, saltan sesos por aquí, tripas por allá, en un par de semanas la gente anestesiada ya no reacciona más. Eso es lo verdaderamente aterrador. Se legitima el crimen, el exterminio, el saqueo, la violación. No hay alteración social, ¿de qué?, si es que las chicas jóvenes se publicitan en Instagram para ir a Arabia Saudí o a Emiratos Árabes a las orgías y a comer caca de los jeques. Si las redes están llenas de chicas invitando a otras, contando sus experiencias que «valen la pena» porque reciben mucho dinero. Todo se habla abiertamente, nadie siente vergüenza de exponer su intimidad en las redes, pero sí de mirar a los ojos a otra persona y tomar su mano. Se destapa todo esto cuando ya no tendrá repercusión popular ni ninguna censura moral. Esto ya no asombra a nadie y como la política de violación de soberanía nacional, tampoco. Simbólicamente la violación a una persona o a un pueblo da lo mismo y se compensa con dinero. Acostumbrémonos, ese es el mundo que construimos, gracias a la inexistencia de otra opción colectiva de la fantasía».


Temo que cualquier otra lectura de esta realidad abra las puertas a una pesadilla mucho más generalizada y esta vez irreversible. Jeffrey Epstein sigue vivo y desde el cerrojo del infierno sigue observando, satisfecho, nuestra ignorancia e indiferencia.


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13 abril, 2021

La desmemoria brutal: del Estado del bienestar a la sociedad del egoísmo

 

ESENCIAL O MENOS – 13/04/2021


Este artículo nos recuerda algunas cosas importantes que la desmemoria fomentada y la ensordecedora saturación de gilipolleces que nos inunda oculta y envuelve en su fétida niebla.


En primer lugar, que si en la Segunda Guerra Mundial se enfrentaron liberalismo, comunismo y fascismo, antes de ella el liberalismo había consentido y tolerado (y en ocasiones ayudado abiertamente) a los fascistas. Con toda claridad había expresado Winston Churchill públicamente su admiración por Mussolini y el fascismo, al que consideraba "la mejor vacuna contra la revolución de los obreros".


En segundo lugar, que el Estado de Bienestar no fue una graciosa concesión liberal, sino que su implantación reflejaba una correlación de fuerzas que obligaba a la burguesía a hacer concesiones. No debería sorprendernos que en Gran Bretaña quien venciera en la guerra perdiera inmediatamente las elecciones frente a un laborismo mucho más combativo que el que vino después. La clase trabajadora recordaba el papel de los conservadores y la burguesía antes de la guerra, quería un mundo diferente y deseaba algo más que volver a esa democracia que habían defendido a pesar de haber sido ciudadanos de segunda, explotados y ninguneados bajo su bandera. Los laboristas eran su esperanza de lograrlo. Además de eso, los que habían luchado en la guerra sabían usar las armas.


Aquel laborismo fue capaz de nacionalizar sectores esenciales de la economía. Luego, pasado el susto, la burguesía se lanzó a recuperar lo que había cedido, porque lo fundamental nunca lo soltó. Necesitó para ello rearmarse ideológicamente. Había perdido el miedo a la clase obrera pero conservaba el instinto de acumulación cuando cada vez le era más difícil acumular.


En España todo esto ocurrió mucho después y de una manera diferente. Nunca los socialistas llegaron a proponerse lo que habían hecho los laboristas en 1945. El espadón de Damocles sigue pendiendo sobre sus cabezas y las nuestras. Los que saben usar las armas son aquí otros.


Buena muestra de sumisión fue la aciaga reforma de la constitución, con nocturnidad y alevosía, impuesta por los poderes económicos, externos, pero también internos. Y son los internos los que han propiciado hechos tan escandalosos como el del llamado "banco malo", al que los bancos aportaron menos del 5% del capital y se quedaron más de la mitad del accionariado y el Estado financió el resto quedándose menos de la mitad. Mecanismo perverso, porque a cualquiera se le ocurre que si el poder financiero puede hacer suya por un euro una empresa, ¿por qué no puede hacerlo la colectividad?


Todo esto nos lleva al mismo lugar de partida, pero por el camino se nos han quedado virtudes cívicas y se ha ido encanallando una plebe ignorante cuyo número medra en la medida en que merma el pueblo soberano. Y que no se me dé por aludido nadie que se considere pueblo, porque el que se pica...

Juan José Guirado




La desmemoria brutal: del Estado del bienestar a la sociedad del egoísmo - Daniel Bernabé


Mil novecientos cuarenta y cinco fue uno de esos años donde todo cambió, donde empezó la segunda parte del siglo XX. La sentencia requiere de explicaciones, especialmente, como siempre suelo insistir, porque las palabras, sobre todo aquellas manidas, requieren siempre de apellidos. Con ese "todo" nos referimos a la sociedad entera, especialmente a la europea, y no a la sociedad como un bodegón superficial de actores inconexos que comparten lienzo, sino a una maquinaria estructurada cuyos engranajes no se comprenden los unos sin los otros. Con "cambio" no nos referimos a una evolución de las costumbres, sino a una reconfiguración de todas esas estructuras que conforman una sociedad, especialmente la económica, que en último término conforma los cimientos y vigas maestras sobre lo que se construye lo demás.


Ese cambio fue el resultado no simplemente de una voluntad transformadora, sino el producto de una serie de durísimas contradicciones que se habían acabado dirimiendo en la Segunda Guerra Mundial. De un lado, ese enfrentamiento fue la culminación y fin del sistema imperial del siglo XIX, un combate irresuelto en la Gran Guerra de 1914 que tuvo un segundo episodio, aún más trágico y destructivo, que dio comienzo el 1 de septiembre 1939 cuando la Wehrmacht invadió Polonia. Pero, sobre todo, en aquella guerra se enfrentaron los tres hijos ideológicos de la modernidad, liberalismo, comunismo y fascismo, para lograr el triunfo definitivo sobre sus contendientes. Aunque en nuestros días, de una forma ruin y cobarde, se intente equiparar el saludo romano y el puño en alto, lo cierto, es que fue el liberalismo el que consistió y toleró a los fascistas.


Cuando los ejércitos británico y francés estaban sitiados en Dunkerque, París estaba a punto de ver la cruz gamada ondeando en sus avenidas y Londres iba a ser presa de las bombas de la Luftwaffe, la democracia liberal se pretendió resistencia épica a través de los micrófonos de la BBC. Lo cierto es que cuando esas mismas bombas habían asolado Alicante, Málaga, Madrid, Barcelona o Guernika, esos mismos liberales miraban para otro lado. Antes de que el fascismo convirtiera España en una fosa, Churchill expresaba su admiración pública por Mussolini y el fascismo, al que consideraba la mejor vacuna contra la revolución de los obreros. El premier británico dejó grandes frases para la historia y 43000 víctimas en suelo inglés por unas bombas nazis que quizá nunca hubieran caído sobre las islas si la II República española no hubiera perecido de inanición diplomática liberal. Los brigadistas internacionales comunistas entendieron antes que nadie lo que se jugaba en la península.


El 2 de mayo de 1945 la Bandera Roja se alzaba sobre el Reichstag con un Berlín ruinoso y humeante en el horizonte. El fascismo había sido derrotado. Aquella bandera era la enseña de la Unión Soviética, es decir, de una federación de naciones socialistas, pero, como novedad histórica, aquella bandera representaba a la clase trabajadora de todo el mundo. Una de las ideas de la modernidad, la de que la clase era una casa común por encima de las naciones había conseguido derrotar al nacionalismo exacerbado interclasista que los industriales alemanes, y en general la burguesía europea, había financiado generosamente como respuesta al movimiento obrero. Los Estados Unidos respondieron, a principios de agosto de 1945, con las bombas atómicas sobre Japón, la metáfora más terrible de la historia, como advertencia no sólo a la URSS, sino a aquella idea, el socialismo. Una nueva guerra estaba a punto de empezar, aquella que se apellidó "fría".


Pero en aquel 1945, el cinco de julio, tuvo lugar otro hecho que casi nunca se menciona: las elecciones en el Reino Unido, en las que se impuso el Partido Laborista. Churchill y los Conservadores fueron derrotados en lo que casi siempre se califica de gran sorpresa inexplicable, ¿Cómo es posible que el estadista que salvó a Inglaterra de los nazis, según se nos ha contado, perdiera en los primeros comicios que tuvieron lugar con las ruinas aún humeando? Quizá la sorpresa deja de serlo si atendemos a que en ese momento la clase trabajadora no sólo tenía memoria de cuál había sido el papel de los Conservadores y su burguesía antes de la guerra, sino que quería un mundo diferente al de antes del horror, deseaba que el enfrentamiento a sangre y fuego con los fascistas sirviera para algo más que para volver a esa democracia que habían defendido a pesar de haber sido ciudadanos de segunda: explotados y ninguneados bajo su bandera. Los laboristas eran su esperanza de lograrlo. Clement Atlee, el nuevo primer ministro, fue de las pocas figuras que había pedido, unos años antes, que su país apoyara al bando republicano en la Guerra Civil española.


Y algo cambió en el Reino Unido. Entre 1945 y 1951 se nacionalizaron todos los sectores estratégicos del país: el Banco de Inglaterra, las industrias energéticas, el ferrocarril, la aviación y la siderurgia con la intención de lograr el pleno empleo. Además el Estado se implicó en la construcción de viviendas asequibles, en el refuerzo de un sistema de educación y en la creación del sistema público de salud. Del Estado de Guerra impuesto por Hitler, se pasó al Estado del Bienestar impuesto por los trabajadores. Aquel cambio, que pareció desterrar la impudicia social victoriana para siempre, no fue producto tan sólo de unas elecciones. Han leído bien, "impusieron": las papeletas decidieron el resultado de las elecciones, pero lo que hizo posible que ese resultado diera sus frutos fue la clase trabajadora organizada en su partido y sus sindicatos. Y algo más que siempre se obvia entre una mezcla de pudor y miedo. Aquellos trabajadores sabían pegar tiros. De hecho habían estado matando nazis cinco años y, cuando te has enfrentado a las SS, un policía con porra te infunde poco respeto.


Aquella remodelación a gran escala de la sociedad británica no se hizo con el beneplácito de sus ricos, se hizo por su miedo e incapacidad: su país era uno de los vencedores de la guerra, su clase la había perdido. También, es cierto, que a diferencia de la URSS, otros muchos sectores siguieron siendo privados, que los que perdieron algo fue a cambio de una cuantiosa indemnización estatal y de que, quien vivía en una mansión antes de 1945 siguió viviendo en esa misma mansión después. Los ricos tan sólo dieron un paso atrás, repartieron obligados algo de su gigantesco festín y esperaron: es lo que tiene el dinero, que te da la posibilidad de ser paciente. En 1947 una banda de sociópatas con título de economista fundó en Suiza la Sociedad Mont Pelerin: eran la resistencia silenciosa de aquellos ricos. En 1979, Margaret Thatcher llegó al poder para desmontar todo aquello que fue producto del espíritu de 1945. Y lo logró, sobre todo porque el siguiente laborista que llegó a Downing Street tenía mucho más que ver con ella que con Clement Atlee.


Cuando en 2008 se desató la Gran Recesión, una crisis que no fue más que la explosión de esa restauración conservadora impulsada por Thatcher, entre otros, parecía que una época había finalizado. En Europa se escucharon de nuevo grandes palabras e incluso, algún político habló de reformar el capitalismo, palabra tabú entre las élites: lo que no se nombra no existe, y lo que no existe, aún existiendo, es imposible de cambiar. A diferencia de 1945, la respuesta a aquella crisis no consistió en ninguna reforma del sistema económico, sino en su dopaje, en levantar a un muerto a base de anfetaminas. La droga, por si no lo recuerdan aunque esto sucedió tan sólo una década atrás, la pagamos entre todos recortando aún más ese Estado del Bienestar, ese espíritu de 1945 del que nadie tenía ya constancia. Alemania, esta vez, no mandó a sus panzers: tenía a Wolfang Schäuble. Y sí, algo cambió al final, a pesar de todas las resistencias de los de arriba y desmemorias de los de abajo. En algunos países como Grecia, Portugal o España hubo destellos de aquella mitad del siglo XX, a pesar de que la mayoría de hilos se habían roto.


Y en 2020 pasó lo que pasó. Un virus nos puso la vida patas arriba y, ese proyecto de restauración victoriana que había sobrevivido a la Gran Recesión de 2008, a costa de nuestros sacrificios, se mostró absolutamente incapaz de responder a lo que estaba ocurriendo. En 2020, quizá lo recuerden, las infalibles cadenas comerciales de la globalización se rompieron, el Estado tuvo que tomar el timón en la tormenta y la sociedad, esa que había llegado a ser negada por aquella banda de codiciosos, se reveló como aquello que es indispensable para que un accidente genético no convierta tu calle, tu barrio, tu ciudad en un jodido escenario de Mad Max. Como en 2008, la Unión Europea se puso a rescatar al sector privado, pero esta vez no se atrevió a socializar la cuenta despidiendo médicos. Hasta se habló de profesiones esenciales, esas de las que nadie se acuerda, esas que son las peor pagadas, porque hacía falta un eufemismo para que la sociedad siguiera funcionando aún cuando parecía que nada funcionaba. Alguien, aún sabiendo que apuntaba demasiado alto, habló de "El Espíritu de 2020".


Un año después, aquella suspensión del neoliberalismo, una que se hizo a sotto vocce no sea que alguien se diera cuenta del truco, se empieza a levantar. Alemania, que transigió con unos fondos europeos que, aunque bajo examen, no conllevaban hombres de negro dando tijeretazos a lo público, los paraliza tirando de un socorrido legalismo que sólo es interés nacional y de clase hecho toga. Aquí, en España, después un año donde lloramos por las noches, solos, cuando la videollamada había finalizado, después de aplaudir a los sanitarios, que se han dejado la piel salvando a los que podían, perdiendo a muchos otros, se nos ocurrió que era una gran idea discutir sobre si los impuestos eran necesarios, todo porque una banda de niñatos digitales quería tener dos Ferraris en vez de uno.


Este fin de semana el Eurostat ha cargado a la deuda pública española los 35000 millones de euros del SAREB, el organismo creado en 2012 para liberar a la banca de sus "activos tóxicos", los inmobiliarios. El SAREB, denominado con un pueril eufemismo como "banco malo", fue el encargado de limpiar los restos de la resaca de la década de la especulación del ladrillazo. Los bancos aportaron menos del 5% del capital y se quedaron más de la mitad del accionariado. El Estado, o sea, usted, financió el resto quedándose menos de la mitad: se fingió que no era una empresa pública pese a serlo. No sólo pagamos el rescate recortando servicios públicos, sanitarios entre otros, sino que ahora vamos a añadir a la deuda pública su coste. La UE nos lo ha recordado ahora, justo cuando íbamos a recibir los fondos contra la crisis provocada por la pandemia, esos que, también justo ahora, Alemania ha paralizado. La memoria es oportuna cuando se trata de que la banca siempre gane.


Puede que, reescritura de la historia mediante, también de una educación que nos hace excelentes técnicos pero pésimos ciudadanos, nadie supiera del Espíritu de 1945. Puede que la crisis de 2008 fuera un despertar brusco de una ensoñación aspiracional y que por eso llegamos a indignarnos pero no a discernir qué era lo fundamental y lo accesorio. Puede que, si en vez de llevar en primera plana la estafa del SAREB, el debate mediático sigue centrado en el chalet de Iglesias y Montero, sea difícil que nadie saque conclusiones. Puede que Pedro Sánchez no sea Clement Atlee. Puede que si quisiera serlo se jugara la celda, o algo peor, viendo los avisos de los militares sin haberse ni acercado al inglés. Puede que sin clase trabajadora organizada da igual lo que queramos creernos ser porque en lo fundamental no somos nada. Puede que todo esto sea cierto, pero dejen que les diga algo antes de terminar este artículo que, como la mayoría, no valdrá absolutamente para nada.


Exacerba, por no decir que jode, que después de todo esto, los analistas políticos, probablemente con razón descriptiva, nos digan que Ayuso acierta al declararse defensora de la libertad porque conecta con las "ganas de vivir" de la gente. Una libertad que no es más que convertir Madrid en el meadero de Europa, una libertad que es pronunciada por los hosteleros mientras que hacen un bocadillo de calamares en un emotivo anuncio. Los mismos hosteleros que se han tirado llorando un año, los mismos que fomentan en su sector una precariedad recalcitrante, los mismos que no han recibido un euro de la administración Ayuso pero no tendrán reparos en pillar, como buitres, las ayudas directas impulsadas por Unidas Podemos dentro del Gobierno "social-comunista". Sí, aquello de "somos el 99%" era una auténtica gilipollez.


El lenguaje, que no es más que el cronista de la realidad, tiene en el idioma castellano un registro de expresiones brutales porque, sencillamente, este ha sido un país brutal. Una de ellas describe perfectamente por qué no ha existido un renacer del espíritu de 1945, por qué nos cuelan el cambalache indecente del banco malo sin que arda Troya, por qué el espíritu de 2020 se ha quedado tan sólo en un fantasma pisoteado por una banda de turistas borrachos en el centro de Madrid, mientras que pringamos la libertad en aceite requemado: encima de puta, poner la cama.


Creo que no hay mucho más que decir.



12 marzo, 2021

LUISA TOLEDO, en ti saludamos a todas las mujeres trabajadoras y luchadoras

 C H I L E



Luisa Toledo, mujer luchadora, consecuente y rebelde, te homenajeamos desde la Población La Victoria en este momento que estás delicada de salud. Tu ejemplo de lucha te hará salir adelante. A través de ti saludamos a todas las mujeres trabajadoras y luchadoras.

(Extracto de la entrevista a Luisa Toledo de Señal Tres la Victoria)


08 noviembre, 2020

España y Chile: “No es lo mismo, pero es igual” — Sergio Rodríguez Gelfenstein

 


POLITIKA – 2020


Las derechas chilenas neoliberales (la gubernamental y la de oposición) han vociferado durante años que el sistema político chileno se construyó a imagen y semejanza del español. Los Pactos de la Moncloa significaron un acuerdo de clases para desmontar formalmente el sistema franquista, dándole continuidad ahora en condiciones de democracia. Por supuesto que hay particularidades en cada caso, pero en lo sustancial, las élites políticas chilenas modelaron el sistema con la vista puesta en el que se pactó en Madrid (veleidades de la historia) un 25 de octubre pero de 1977.


Efectivamente, una serie de características dan cuenta de la similitud entre ambos procesos: ambos emergieron de pactos multi partidistas y multi clasistas en los que participaron liderazgos domesticados incluso de izquierda que se plegaron a la corriente hegemónica que sin estar en la oposición al régimen saliente, manejaron el proceso en dirección de sus intereses prioritarios. La izquierda y las corrientes sindicales que llevaron la parte más difícil de la lucha contra la dictadura fueron excluidas de cualquier participación en la toma de decisiones, aceptando ser “furgón de cola” del tren de la “nueva sociedad” que nacía.


En los dos casos, los dictadores (Franco y Pinochet) dejaron claramente trazada la ruta que habría de venir. En España, a través del restablecimiento de la monarquía borbónica y en Chile, fijando “candados” que parecían hacer inamovible la Constitución impuesta a sangre y fuego por el tirano. Ambos modelos se sustentaban en el establecimiento de férreos sistemas represivos estructurados para favorecer al capital y marginar a las clases populares, atraídas por la necesidad de poner fin a las dictaduras.


Los dos países desarrollaron sus procesos atados a las órdenes del gran capital transnacional que es el que verdaderamente decide. España se ha mantenido amarrada a Alemania y Chile a Estados Unidos. Alemania, fue un actor clave por la influencia que ejerció en los actores nacionales que recibieron su apoyo, lo cual le permitió condicionar los resultados alcanzados a partir del uso deliberado de la coerción a través de las instituciones u organizaciones internacionales.


También se manifestó el deseo de fiscalizar el proceso de transición española por parte de Alemania, al manifestarse su interés por ocupar un papel central o privilegiado en el futuro, lo cual se hizo sin necesidad de utilizar un medio como el control directo y permanente de la situación interna, en tanto hubo confianza en los actores nacionales para alcanzar los objetivos propuestos.


En este sentido, Juan Carlos Pereira Castañares, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid señaló que: “La actitud de la República Federal de Alemania puede ser considerada quizá la más importante [entre] las potencias europeas. El propio ex-canciller Helmut Schmidt ha escrito que ´pensábamos que en España las circunstancias eran especialmente propicias para un giro hacia la democracia, y apoyamos a todos los partidos democráticos y sindicatos hasta donde pudimos`. En efecto, el Gobierno de Bonn se mostró especialmente activo, buscando una salida democrática al franquismo que conllevase la creación de un partido socialista de amplia base capaz de contener a los comunistas y de constituir a medio plazo una auténtica alternativa de gobierno”.


En el caso de Chile, después de las grandes protestas y movilizaciones del año 1986, la gigantesca introducción subrepticia de armamento al país por parte del Partido Comunista y el fallido atentado contra el dictador en septiembre de ese año, Estados Unidos entendió que Pinochet debía ser removido so riesgo de una salida revolucionaria a la dictadura. Antes que finalizara el año, se estableció un “puente aéreo” entre Washington y Santiago a través del cual congresistas, miembros del gobierno y militares de Estados Unidos comenzaron a presionar por igual a la dictadura y a la oposición de derecha para buscar un consenso que llevara a una salida negociada. La derecha opositora y las élites de algunos partidos que habían sido de izquierda y que fueron domesticadas en Europa, se plegaron a la negociación verificada a partir de la realización del plebiscito de octubre de 1988 y las elecciones de diciembre de 1989.


Algunas proyecciones recientes de estos pactos se han expresado a través de la exclusión, persecución y represión de las nacionalidades: en España a los catalanes y en Chile a los mapuche, cercenando la posibilidad de autodeterminación de pueblos sujetos al control del Estado central por vía de la fuerza y de una justicia entregada al Poder.


De la misma manera, ambos países insertos en modelos de economía ultra neoliberal desactivaron sus sistemas de salud pública generando una incapacidad manifiesta para manejar la pandemia, redundando en centenares de miles de infectados y miles de muertos.


Ahora, los dos países han querido seguir unidos por la sandez gubernamental, militar y policial, utilizando la mentira que desprecia la inteligencia del pueblo. El 20 de octubre del año pasado, dos días después que iniciara la gigantesca movilización social en Chile, el presidente Sebastián Piñera hizo una declaración en la que señaló que el país estaba "en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie y que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite, que está dispuesto a quemar nuestros hospitales, el Metro, los supermercados, con el único propósito de producir el mayor daño posible".


Tales palabras emitidas en un ambiente de confrontación, rodeado de militares fueron el preludio de la brutal represión que sobrevendría a partir de entonces. Como se señaló en su momento, nunca antes un jefe de Estado desde Pinochet había caracterizado la situación interna del país en tal dimensión.


Piñera, sustentó su llamado a las armas para reprimir al enemigo interno en un informe elaborado por la Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército (DINE) que le había sido entregado por el entonces ministro de Defensa Alberto Espina. La “inteligencia chilena” había detectado que el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) de Venezuela, a las órdenes del G-2 (Servicio de Inteligencia cubano) habían gestado una "ofensiva insurreccional para Chile". Para cumplir la misión contaban “con un batallón de 600 agentes clandestinos, expertos en guerrilla urbana, quienes ingresaron a Chile como refugiados, muchos de ellos formados en escuelas subversivas cubanas como Punto Cero", señalaba con estulticia el limitado presidente.


Todos sabemos lo que vino después: violaciones a los derechos humanos incluyendo torturas, abusos sexuales, vejaciones, uso indiscriminado de la fuerza, heridos por armas de fuego, muertos, y más de 460 personas con daño ocular y pérdida de visión de uno o dos ojos. Según la fiscalía nacional un número irrelevante de personas han sido procesadas por la violencia institucional y una cifra mucho más ínfima se encuentra en prisión preventiva haciendo patente el objetivo de la guerra contra el pueblo inventada por Piñera.


Fue una institución del propio Estado chileno quien se encargó de desmentir al presidente. La Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) señaló que las pruebas suministradas por la DINE buscaban en el exterior, un culpable de la movilización popular, escudriñando en el intento de comprobar una hipótesis que se basaba en que las protestas estaban manejadas por organizaciones integrantes del Foro de Sao Paulo, aunque esto tampoco fue comprobado según el reporte de la agencia estatal. Incluso el fiscal metropolitano de la zona oriente de la capital del país, Manuel Guerra afirmó que la acusación de Piñera sobre la intervención extranjera en el estallido social chileno "fue solo humo".


Para no ser menos, en España se ha hecho pública una acusación de una lógica tan irracional que raya en lo absurdo. Según la justicia del Reino, Rusia hizo un ofrecimiento al ex presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont de 10.000 soldados para convertir Cataluña en "un país como Suiza". Los argumentos expuestos no resisten ni la más mínima consideración. En relación con esta acusación, se ha desatado por parte de la Guardia Civil bajo dirección del Juzgado de Instrucción número 1 de Barcelona la operación “Volhov”, nombre de una División que agrupó voluntarios españoles que combatieron junto al ejército nazi en el sitio a Leningrado, durante la invasión hitleriana a la Unión Soviética.


La dimensión de esta barbaridad supera cualquier análisis racional. La entrada de 10 mil soldados rusos en España significaría el inicio de la tercera guerra mundial, algo muy lejos del ánimo y la voluntad de las autoridades rusas y del presidente Vladimir Putin en su relación con Europa.


Pero el nivel político y cultural de las autoridades españolas, la mentira continuada de sus medios de comunicación y la reiterada suposición de que es posible mantener al pueblo en una ignorancia que abra paso a manipulaciones de todo tipo, hacen que declaraciones como esta, tengan espacio en la atribulada opinión pública española que ya no sabe en quien creer.


De la misma manera que se hizo en Chile, en España, el desarrollo de la operación Volhov ha significado la detención de 21 personas, muchas de ellas empresarios o profesionales y el registro de viviendas, oficinas y almacenes, bajo la acusación de malversación de fondos públicos, prevaricación y blanqueo de capitales. Todo esto bajo la suposición de que Rusia está conectada con el proceso independentista de Cataluña a fin de desestabilizar al Estado español según el documento judicial que lo afirma y que se ha filtrado a la prensa.


En Chile gobiernan la Unión Democrática Independiente (UDI) y Renovación Nacional, ambos partidos herederos de Pinochet y de su ideología. La oposición de derecha y centro estructurada en los partidos Demócrata Cristiano, Socialista, Por la Democracia y el recientemente creado Frente Amplio sirven de comparsa a la democracia de facto. En España, los partidos social demócratas denominados Socialista y Podemos son los que ostentan el gobierno. En este caso, es la oposición franquista agrupada en los partidos Popular, Ciudadanos y Vox la que sirve de comparsa, simulando oposiciones coyunturales mientras soportan por igual al sistema neoliberal monárquico. Tal vez, esa si sea una diferencia, aunque como dice Silvio Rodríguez eso “no es lo mismo, pero es igual”.

27 octubre, 2020

De cara a la noche fascista del neoliberalismo: insistir, resistir, persistir.

 

VITRINA DYSTÓPICA – 29/05/2019

Sadismo institucional, masoquismo del mérito.



Hugo Larrosa, empresario, o sea torturador. Canal 24 horas.


106 latigazos en la espalda recibe un ex trabajador del DUOC mientras lee los artículos del Código del Trabajo. Una performance de protesta por la expulsión de 106 profesoras y profesores que exigían mínimas condiciones laborales, luego de incluso 20 años trabajando para tan católica institución. La respuesta de aquella había sido, no obstante, la misma razón por la que defienden aquello que llaman “flexibilidad”: poder deshacerse de los trabajadores de forma incluso más económica que del mobiliario en desuso, o sea, sin ningún costo.


Un vídeo circula por la red. Un vídeo muestra el gordo cuerpo que le corresponde a un empresario, sobre otro fragilizado y anónimo de un trabajador que grita. Los pantalones están abajo, el empresario sobre la espalda del trabajador mira a la cámara, ríe y golpea el culo enrojecido de la figura totalmente abatida, ya entregada, extenuada de una lucha que le aparece por todos lados imposible. Esto no es una performance. Esto, ese burgués gordo, grotesco, riendo y azotando a sus trabajadores no es una performance. No lo es.


¿En qué siglo estamos? Parece una pregunta legítima, como hace algunos años la de aquel periodista británico que con horror reconocía en Chile las condiciones laborales del XIX. Pero no. Qué alivio sería la linealidad del tiempo. Pero no. El tiempo no avanza y las cosas más horrendas quedan atrás, no. El mundo se organiza y se disputa. Y aquí con enceguecedora claridad organizaron su destrucción; la catástrofe administrada. Ahora, se salvan, buscan salvarse. No lo consentiremos.


Sadismo institucional: las instituciones en este país dicen incluso lxs experts, no solo son injustas sino crueles. Todo quien haya tenido alguien con alguna enfermedad grave lo sabe. O aquel que haya visto el salir del mundo laboral de otra persona o, más bien, su imposibilidad. Un ejemplo minúsculo: al mismo momento que lxs trabajadorxs precarizadxs son obligadxs a cotizar en una “seguridad social” que solo asegura su pobreza, los planes de los seguros de salud tienen una de sus mayores alzas del último tiempo[1].


Masoquismo del mérito: todo el mundo sabe que es un robo. Sin embargo, un contrato indisoluble parece organizar un goce por merecer, o sea, ser reconocido por la propia institución de la crueldad, de la que se espera, por ello, frialdad. En aquel caso de los trabajadores y trabajadoras torturadas, otrxs entrevistadxs en la nota periodística, matizaron las golpizas señalando que a pesar de que después de todo aquel empresario entregaba diversos reconocimientos a los trabajadores obedientes. Les asistía si tenían algún problema de salud o regalaba inesperadamente pasajes al extranjero. Rasgo de este masoquismo sociológico: frialdad más que como distancia, como ausencia de reparo al pasar de un extremo de familiaridad a un extremo de objetivación de un momento a otro. De amigo a juguete, muñeco, desperdicio. Eso organiza el goce y, tal como en el caso de la película An american crime, de ese contrato participamos todxs.


Transición al fascismo: hacer Bolsonaro innecesario.



Otra vez Piñera y el Comando Jungla. Prensa.


El 28 de junio de 2018 Piñera, cuyo cuerpo apenas se soporta, llega temprano a Temuco. Se dirige al Encuentro Empresarial de La Araucanía (ENELA) y sale satisfecho. Viene a asegurarle millones a los grandes empresarios del agro llamándoles medianos agricultores. Viene a asegurarle millones a los inversionistas del turismo llamándole inclusión a la museificación de las vidas ancestrales. Viene a asegurarle millones a los grandes capitales extractivos llamándole lucha contra el terrorismo.


Por cierto, mismo día, algo un poco más tarde. Figura el cuerpo insostenible del presidente corporativo rodeado de agentes de Fuerzas Especiales recién estrenados. Nuevas tanquetas, drones, armas, cámaras y armaduras para un también nuevo grupo especial de 80 milicos llamados policías, conocidos como Comando Jungla y luego intentados negar en su existencia por el mismo esperpento que figura dando el discurso, diciendo que la lucha es “sin tregua y sin cuartel, y sin dudas y sin debilidad, contra la violencia y contra el terrorismo”[1]. Diciendo que terrorismo es el nombre de todos los que se oponen al progreso, o sea, a darle todos esos millones a los empresarios para que en nombre del Estado de Chile exploten a los habitantes del territorio y maten a quiénes se opongan al saqueo.


Diciendo también que tendrán que “aprender a combatir a los enemigos pasivos o cómplices del terrorismo”, o sea a todxs nosotrxs que nos oponemos a hablar únicamente la lengua del Imperio. Y diciendo también que “nuestros carabineros merecen mejor protección, porque arriesgan sus vidas y su integridad física (…) pero además porque un carabinero bien protegido es un carabinero mucho más eficaz”. Piñera declaró la guerra materialmente a todo aquel que defienda la tierra del saqueo organizado por el Estado y entregado al mercado financiero; al mismo tiempo que a toda persona que no solo solidarice, sino que simplemente no les condene. Y todo, buscando para las policías la distancia del dron, matar sin ser matado. Cazar.


Perseguir potencias de fractura.


La guerra, nos dicen, no es contra el pueblo mapuche al que únicamente entienden produciendo valor para otros dentro del museo a cielo abierto del fascismo multiculti. La guerra es, ciertamente, contra toda potencia de fractura, contra todas las vidas que desmienten en su práctica el imperativo de siempre producir más o morir, contra todas las corporalidades que ensayan formas de vida que merecen ser vividas.


20 de septiembre de 2018. El mismo esperpento, otro discurso. Ahora está parado en el “museo de la educación Gabriela Mistral”[2]. Dice obviedades de la lengua imperial: que (nuevamente) una minoría ha hecho que se viva con “miedo” en las aulas; que se necesita paz y tranquilidad; y que paz y tranquilidad significan obediencia. Sus asesores le escogen cuidadosamente dos episodios en dos liceos importantes para el movimiento estudiantil: el Instituto Nacional y el Barros Borgoño. Señala que el principal problema es que ni los profesores ni los establecimientos cuentan con las armas para enfrentar la violencia de los jóvenes y que las armas son la expulsión y la represión.


Comienza desde ahí un asedio constante a todos los establecimientos que habían sido puntos densos de expresión de las potencias políticas en las primeras décadas del nuevo milenio. Invaden, golpean, detienen, torturan, cazan o simulan cacerías. Se les dificulta a los propios estudiantes ver el agenciamiento político del que son parte. El asedio cansa, reduce, hostiga, busca precisamente la abdicación, que por fin renuncien, que se vuelvan el sueño de Pinochet: estudiantes que solo estudian, trabajadores que solo trabajan. Pero la insurrección encuentra siempre otros cauces.


Y lo saben y lo temen. La persecución a la niñez y a la adolescencia que se ha mostrado una y otra vez insumisa al acostumbramiento que el masoquismo del mérito impone, busca expandirse. El sentido común se ha desplazado tanto ya hacia el fascismo que un ridículo grupo de diputados del llamado Movimiento Acción Republicana, seguidores del excandidato presidencial que corrió a sacarse fotos con Bolsonaro[3], buscan imponer literalmente un toque de queda para los jóvenes, al que llaman Horario Protegido. Protegido de los jóvenes, cabría aclarar. Dicen que entre 12 de la noche y 6 de la mañana los jóvenes “no tienen nada que andar haciendo solos en la calle” (de verdad lo dicen[4]) y que “solo podrán circular por la vía pública los menores de edad que se encuentren debidamente acompañados de un adulto responsable, con la finalidad de proteger al menor”. Limpiar la calle significa siempre abrir una zona de cacería.




Estudiantes dando cara a la cacería. Prensa.


Vigilar de cerca, de lejos. Vigilar.


Y es que hay aquí la instalación de un dispositivo de fascitización que vuelve innecesarias figuras tan costosas (económico-políticamente) como Bolsonaro. Y este dispositivo que, a nivel de las políticas sobre los territorios, instala el paradigma de la cacería, de que todo aquello que atenta contra la acumulación y su enaltecimiento puede ser cazado y desechado; a nivel micropolítico rentabiliza todas las formas del miedo, las vuelve reactivas, temerosas, conservadoras.


Todos los signos tenebrosos e incomprensibles por ser demasiado explícitos que surgen a partir de la devastación organizada por los mismos que nos buscan convencer de salvar el planeta, instan a un refugio, a una ceguera voluntaria para seguir alimentando la ruina y así el dogma encuentra su alimento. Diferentes expresiones de lo más conservador de las religiones coinciden en la defensa de la tradición, de los valores fundamentales, etc.[1], y su ramificada instalación financiada por lo más conservador de todos los signos partidistas adquiere un uso directamente político. Son el cuerpo de contención de todo contagio que active la politización de la cotidianidad. Instalan las condiciones de verificación de los más desinformados miedos y las más dogmáticas creencias. Buscan (volver a) hacer de la fascitización una realidad moralmente deseable.


Y se expresan también en las redes y la televisión. La insistencia de su discurso pasa de la risa y la burla al desplazamiento de lo que es posible aun decir. El modo en que se relacionan ambas tecnologías de producción discursiva es fundamentalmente demencial. En la televisión se agotan las horas de los matinales exponiendo todos los detalles del último femicidio sin resolver. Buscan producir el efecto de la serie policial, capturar sus espectadores, vender su atención; y hablan y hablan y hablan sin ninguna elaboración más que la medida de sus anunciantes. Y en las redes se escribe sobre todo y se intercambian los más variados memes, cuyo efecto de conjunto y más allá de los usos excepcionales sigue siendo volver suficientemente superficial cualquier enfrentamiento, todo sufrimiento que encarna el despliegue del contemporáneo régimen de administración de la ruina.


A estas alturas el sonido del dron es la campana que confirma quienes son los pecadores. Y por las pantallas y comentarios se reafirma que todo el desastre que es la política, es decir, nuestra forma de vida puede resolverse ni siquiera con tecnología, sino tan solo tecnificando la vigilancia. Que el mundo iría bien de no ser por aquellos que se les ocurre interrumpir el progreso, o sea el saqueo y que, por tanto, la libertad y la justicia la escribirían ellos y con nuestra sangre.

Nosotrxs no creemos en el lenguaje del Imperio.



"Drones policías". La Tercera.


Volver la realidad totalitaria


Hay quienes insisten en asombrarse de la extrañeza de las que aun llaman relaciones internacionales, por ejemplo, con el caso de China. Y, sin embargo, cuanto más se buscan razones para el asombro, más claramente se deja a ver que el acomodo es antes entre disciplinamiento, control y explotación, que entre naciones. El agregado de los valores fundamentales es, sobre todo, un operador de la mutación. La cual, por su parte, es un intento desesperado por sostener las condiciones de acumulación, frente a su imposibilidad radical, a tal punto que dicha imposibilidad beneficia las nuevas-viejas-formas de disciplinamiento y control. El objetivo, por ejemplo, no es tanto establecer lazos comerciales con China, como hacer uso de lo más eficaz de su modelo. La cínica sorpresa que causa la relación entre totalitarismo y capitalismo debiese quedar neutralizada y descartada tan rápido como los mismos defensores de la sorpresa abandonarían cualquier pretendido compromiso con la pluralidad en nombre de cualquier valor que, literalmente, permita seguir la acumulación. ¿Qué es sino aquel modelo de gobierno que los esperanzados morales llaman corrupción?


Hay un uso evidente de la corrupción no solo para perseguir gobiernos inclinados tan solo hacia otro lugar; sino también para premiar la aplicación de las doctrinas. Así, en diversos territorios los policías que asesinan luchadoras y luchadores sociales y los políticos que les mandan, son de una u otra forma, tarde o temprano premiados por su acción que, por ahora, excede el régimen de lo legal. Y, a la vez, se alista todo para la transformación radical de lo que se ajusta a derecho. Con la disciplina de un partido leninista y bajo la apariencia de las oportunidades de mercado, se intensifica el despliegue de la arquitectura jurídica del saqueo global iniciado hace un par de décadas. Tanto aquella alianza de la derecha latinoamericana que han llamado ProSur, una especie de Sur Premium; como aquel pacto multilateral conocido bajo la sigla TPP-11 que viene a normar desde las Corporaciones los ya tristes regímenes jurídicos nacionales, instalan las condiciones para una transición casi imperceptible a un totalitarismo fundado en defensa de valores que no cesará de transgredir, como la paz, la vida, la libertad y todas esas palabras que por fuerza de repetir han convertido en balbuceos.


La presencia de la policía, de sus agentes y de sus máquinas, se acrecienta al compás de la defensa o simple aprobación sin defensa alguna de los proyectos que reestructuran el orden de lo jurídicamente aceptable, teniendo por resultado, una vez más, el desplazamiento de lo acostumbrado. Los checkpoints, así como las fechas y los lugares que los justifican se multiplican casi sin que podamos darnos cuenta. La vestimenta de la policía militar se hace tan frecuente como la del tradicional paco citadino, en lugares y momentos que hace algunos años hubiera escandalizado, aunque sea para guardar las apariencias. Los colegios y las universidades tienen hoy prácticamente las puertas abiertas a las policías que no dudan en ver en aquellos y aquellas que las habitan sus adversarios políticos.


Y la mutación es tal que sobran las palabras para describirla, pero hay muy pocas para decir lo que nuestros cuerpos constatan. No es que nos falten nombres para la catástrofe, sino para aquello que nos pasa con ésta. Las transformaciones que deshacen las relaciones internaciones, interrelacionando de diverso modo disciplina, control y explotación, mediante ese difuso operador valórico, encuentran en la expansión de la policía como ejército corporativo las condiciones de su realización. Nosotrxs sentimos, antes que explicamos esta transformación, vemos la amenaza a la semilla, al bosque, al agua, a lo viviente. Olemos el multiplicarse de la hidra. Vemos, aunque sea en reflejos, la guerra en curso como mutación general del orden de extracción. Nos sabemos en la noche y es ahí donde mejor tendremos que movernos.



習近平和糞便


Organizar el desacato: una micropolítica de masas activa


Aquello que llamamos masoquismo del mérito se ve potenciado, intensificado y sobre-organizado, mediante la perpetuación y penetración de la pax crediticia. Efectivamente como lo señalan Gago y Cavallero en su último libro, la deuda instala una economía de la obediencia que refuerza el masoquismo y hace aún más abstracto el lugar desde donde se instala la crueldad de la institución. La financiarización de todo, hemos dicho antes y han mostrado tantxs otrxs, permite precisamente continuar con la acumulación en condiciones de abierta catástrofe. Lo permite pues la hace en sí misma rentable. Hace unos días atrás, Mike Pompeo, celebraba la oportunidad de negocios que significa el derretimiento del ártico por el petróleo y la circulación (cómo no). Y a nivel cotidiano permite extorsionar la cooperación social y en último término de la propia vida. Vivir en deuda y, de hecho, nacer en deuda merced el dichoso sistema de AFP, el cual implica nacer debiendo individualmente la posibilidad de no morir de hambre cuando ya no podamos trabajar.


Es que, precisamente como señala Suely Rolnik también en su publicación más reciente, esta acumulación por devastación de la vida humana y no humana nos afecta a todxs, aun cuando resintamos su violencia, en intensidades distintas, de modo singular. El malestar está ahí, insiste, señala, alarma. La vida busca perseverar. Este deseo de perseverar busca hacerse un cuerpo, lo que implica también un nombre a aquello que nos pasa, es decir, que nos atraviesa, nos hace frágiles, permeables. Todo aquello pareciera conducirnos a presenciar un límite. Una zona trágica si se quiere, desde donde ya no se puede permanecer igual. Justamente porque aquel deseo de perseverar, aquella vida que merecer ser vivida, es productora de diferencias. Contra esa necesidad de un ensayo radical de otros modos de vivir(nos) es que se buscan cerrar los mecanismos de la totalitarización.


La noche fascistoide neoliberal pretende precisamente que volvamos a perder de vista lo evidente de la organización financiera de todas las catástrofes locales. Buscando instalar distintos mecanismos de individualización de la gestión del malestar. Robar la atención, espectacularizar la vida, militarizar los territorios, arruinar el presente, gobernar a distancia mediante deuda y dron, perseguir y asesinar forman parte de los mecanismos para dirigir, potenciar e intensificar la deriva del malestar hacia una micropolítica reactiva que, reduciendo nuestra experiencia del mundo a la de la identidad y del sujeto, le proponen luego salvarlo. Instalar las nuevas-viejas-formas. Al reducirlo así, se dispara la dinámica culpabilizadora, responsabilizándonos cada unx a sí mismx, o bien, a quien pueda servir de chivo expiatorio. Y en ese momento todo intento de alivio, no hace sino reforzar el contrato masoquista, la deuda impagable: nunca nadie es la foto del Instagram; la lucha en contra de los derechos de otrxs no defiende “los tuyos”.


Es, por otra parte, la comunalización de este malestar aquello que puede permitir la actualización de los agenciamientos del deseo, es decir, la producción de formas nuevas, no en el sentido de una innovación, sino de la creación de nuevas preguntas, de otras formas de hacernos persistir en esta experimentación, de encontrarnos en la duración de esta intensidad. No hay una gran catástrofe por venir, puesto que ya la habitamos. Y es aquí donde organizar el desacato se hace vital y precioso. Todo proceso de germinación es lento y es por eso que una micropolítica activa y de masas, como se hace ver en las alianzas imprevistas entre feministas y deudoras; entre estudiantes y pueblo mapuche; entre jubiladxs y precarixs; no parece buscar una resolución, un alivio rápido, sino preparar un terreno fértil como decía una compa de Brasil frente al desastre Bolsonaro. Abrir un espacio para errar mejor, permitir que este deseo, que este perseverar que mueve la vida a buscar nuevas formas se exprese, se actualice. Armar las estrategias para respirar y, mientras tanto, contribuir a que lo agónico termine de morir. No consentir, no salvarles. Desobedecer, desacatarles. Insistir en este malestar que no nos deja indiferentes; resistir a todas las formas de cancelación de la vida que buscan redirigir nuestras potencias creativas a la salvación del mundo que han destruido y acá no escatimar: buscar nuevas formas de un internacionalismo molecular, cuidarnos, sabernos, intuirnos, re-conocernos. Y así, poder persistir en el deseo de esta vida que empieza ya a producir sus próximas formas.



Toma 17 de mayo, Cerro Navia. Frente Fotográfico.


[1] https://dystopica.org/2018/03/22/elementoscriticanuevasderechas/

[1] https://radio.uchile.cl/2019/04/03/declaracion-de-renta-2019-un-portazo-institucional/

[1] https://prensa.presidencia.cl/discurso.aspx?id=77735

[2] https://prensa.presidencia.cl/discurso.aspx?id=82507

[3] https://www.latercera.com/mundo/noticia/kast-bolsonaro/373471/

[4] https://www.eldinamo.cl/nacional/2019/04/17/diputados-seguidores-de-kast-presentaron-proyecto-de-toque-de-queda-juvenil/


Plebiscito Constituyente por Gabriel Salazar, Chile 2020