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04 noviembre, 2021

“Me habéis convencido” — Jose Mari Esparza Zabalegi

 


Resumen Latinoamericano – 02/11/2021


Me habéis convencido. Me autocritico de mi connivencia con la violencia. Reconozco el daño causado. Mea culpa por cuanto he hecho en estas décadas, en las que mi suelo ético ha estado a la altura de mis zapatillas.


He sido de Herri Batasuna, un terrorista, un apologista sin entrañas. Agradezco a los políticos, jueces, tertulianos y columnistas, su insistencia para sacarme de mis yerros. En adelante quiero ser un demócrata, como ellos.


Me maleó la catequesis. Fueron los hermanos Macabeos, tan rebeldes ellos, los que me abocaron a la violencia; Sansón matando filisteos, Moisés estragando Egipto; Jesús sacando a hostias a los mercaderes del templo… Nunca debí haber leído la Biblia. Tampoco debí haber ido a la escuela. Aprobaba Historia porque me atraían sobremodo las revueltas contra los invasores: el morir matando de Numancia, las degollinas de Viriato, Santiago Matamoros patrón de España y los ovarios de Agustina de Aragón contra los franceses. El cine me hizo más violento aún: soñaba con Toro Sentado aniquilando el 7º de Caballería; Leónidas defendiendo el paso de las Termópilas o Robin Hood matando malos a flechazos.


Las lecturas de zagal acabaron por pervertirme: Homero, los tres mosqueteros o Miguel Strogoff dormían en mi mesilla, y me susurraban que mucho peor que la violencia, era la sumisión. Que por ética se puede, y a veces se debe, ser violento. Un día leí la Declaración Universal de los Derechos Humanos y comprobé que su prólogo resumía mis lecturas: donde no hay derechos, el hombre se ve compelido «al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión». No entiendo cómo todavía sigue vigente.


Un día me hice zurdo y abertzale, y mi entorno me indujo más aún la violencia: los del PNV me glosaban el heroísmo de los gudaris; los carlistas a Zumalakarregi; los anarquistas a Durruti y la acción directa; el PSOE la revuelta de Asturias; el PCE el maquis; la ORT, el MCE y el PTE, la Revolución proletaria, con AK-47 incluido… Mi casa se llenó de afiches del Che, de Zapata y de Ho Chi Min, mientras mi mesilla rebosaba de libros de Marx, Lenin, Orwell, Martí y otros incitadores. Todos lo tenían claro: la violencia era el recurso postrero de los oprimidos. Las únicas diferencias entre los partidos eran el cuándo político y el cómo ético, para no hacer más daño que el que se pretende evitar. Así pues, las condiciones subjetivas, estaban dadas. Las objetivas, en constante debate.


Entonces tomé las armas. En el Regimiento América 66 me enseñaron a matar por España. Fusil ametrallador, morteros del 120… Los cóctel Molotov eran cosa de pringados y de violentos, ahora lo veo claro. Pero entonces estaba tan maleado que tiraba feliz mi jersey al aire cuando sonaba la canción de Carrero, y acudía a Iparralde a potear con los refugiados vascos, donde podías coincidir con jerifaltes del PNV, Txiki Benegas y otros, con tantas ganas de fotografiarse con Argala que no tenían tiempo de explicarnos las diferencias entre maquis, gudaris y etarras. Aquella ETA determinante que, como bien dice ahora un exdirector de EGIN, jamás debió existir.


Tonto de mí, creía que terrorista era el franquismo, y los que luchaban contra él, apóstoles de la democracia. Pero de los 749 presos vascos que había en 1976, solo uno era del PSOE; tres del PNV y cuatro del PCE. Cuatro gatos, los demócratas. Los demás eran terroristas: 400 de ETA y el resto de grupos con el AK-47 en sus anagramas. Pero todo el país y toda la intelectualidad de Europa los apoyaba: Sartre, Malraux… ¿Cómo no íbamos a estar confundidos? Quizá fue el momento de arrepentirse. El PNV tenía razón, hoy tendríamos en suelo vasco aquellas cuatro hermosas centrales nucleares, la luz más barata y menos parque eólicos en nuestros montes. Todos viviríamos como Dios, como jelkides [militantes del PNV].


Teníamos un concepto equivocado del terror. Chomsky nos engañó cuando decía que a la violencia de los oprimidos se le llama terrorismo y a la de los opresores se le llama guerra. Por eso yo me creía un pacifista cuando voté NO a la OTAN. Calculaba, erróneamente, que todas las bombas del IRA y ETA no sobrepasaban, ni de lejos, los bombardeos que ordenó Solana sobre los Balcanes. Y que las guerras que apoyaban el PSOE y el PNV eran mucho más criminales e indiscriminadas que todas las organizaciones revolucionarias de Europa juntas. ¡Qué equivocado estaba!


Tienen razón los que ahora dicen que los pueblos oprimidos no deben, ni siquiera cuando no tengan otra salida, recurrir a ningún tipo de violencia. Drones sí, pero pedradas no. Y del mismo modo que no se puede ser demócrata consumiendo iconografía fascista, tampoco se puede ser pacifista ensalzando la violencia. Así pues, renuncio a mis simpatías por Espartaco, Tupac Amaru, la Comuna de París, la Revolución Rusa y esa banda armada que fueron las Brigadas Internacionales. Pido perdón por haber leído con fruición a Bolívar y los guerrilleros americanos, desde Sandino a Fidel. Por mis connivencias africanas con Sankara, los Mau Mau o el terrorista Mandela, que nunca renunció a su brazo armado. Repudio a Mujica el tupamaro, a Salvador Allende con su metralleta en mano; la Intifada palestina, la lucha de los kurdos y el barrio de Gamonal. Nunca volveré a Amaiur, ni celebraré la batalla de Orreaga, ni cantaré el Eusko Gudariak ni siquiera la Marsellesa. Hasta dejaré de visitar a presos y despediré de la empresa a cualquiera que, como Imanol Haranburu, haya estado en prisión.


Ya soy un demócrata. Siento el suelo ético subir hacia mi txapela. Ahora puedo dormir tranquilo.


"Saquen sus sucias manos de Euskal Herria"

 Jon Idigoras en el Congreso de los Diputados (1995)




02 febrero, 2021

Estado español: ¿Existe realmente libertad de expresión?

España, un país donde la Justicia se abstiene si un general expresa su deseo de fusilar a 26 millones de españoles, pero que actúa con extraordinaria contundencia, vulnerando la libertad de expresión, cuando alguien expone la corrupción de la Casa Real, del Estado y de la Iglesia.


Pablo Hasél                          Willy Toledo






08 noviembre, 2020

España y Chile: “No es lo mismo, pero es igual” — Sergio Rodríguez Gelfenstein

 


POLITIKA – 2020


Las derechas chilenas neoliberales (la gubernamental y la de oposición) han vociferado durante años que el sistema político chileno se construyó a imagen y semejanza del español. Los Pactos de la Moncloa significaron un acuerdo de clases para desmontar formalmente el sistema franquista, dándole continuidad ahora en condiciones de democracia. Por supuesto que hay particularidades en cada caso, pero en lo sustancial, las élites políticas chilenas modelaron el sistema con la vista puesta en el que se pactó en Madrid (veleidades de la historia) un 25 de octubre pero de 1977.


Efectivamente, una serie de características dan cuenta de la similitud entre ambos procesos: ambos emergieron de pactos multi partidistas y multi clasistas en los que participaron liderazgos domesticados incluso de izquierda que se plegaron a la corriente hegemónica que sin estar en la oposición al régimen saliente, manejaron el proceso en dirección de sus intereses prioritarios. La izquierda y las corrientes sindicales que llevaron la parte más difícil de la lucha contra la dictadura fueron excluidas de cualquier participación en la toma de decisiones, aceptando ser “furgón de cola” del tren de la “nueva sociedad” que nacía.


En los dos casos, los dictadores (Franco y Pinochet) dejaron claramente trazada la ruta que habría de venir. En España, a través del restablecimiento de la monarquía borbónica y en Chile, fijando “candados” que parecían hacer inamovible la Constitución impuesta a sangre y fuego por el tirano. Ambos modelos se sustentaban en el establecimiento de férreos sistemas represivos estructurados para favorecer al capital y marginar a las clases populares, atraídas por la necesidad de poner fin a las dictaduras.


Los dos países desarrollaron sus procesos atados a las órdenes del gran capital transnacional que es el que verdaderamente decide. España se ha mantenido amarrada a Alemania y Chile a Estados Unidos. Alemania, fue un actor clave por la influencia que ejerció en los actores nacionales que recibieron su apoyo, lo cual le permitió condicionar los resultados alcanzados a partir del uso deliberado de la coerción a través de las instituciones u organizaciones internacionales.


También se manifestó el deseo de fiscalizar el proceso de transición española por parte de Alemania, al manifestarse su interés por ocupar un papel central o privilegiado en el futuro, lo cual se hizo sin necesidad de utilizar un medio como el control directo y permanente de la situación interna, en tanto hubo confianza en los actores nacionales para alcanzar los objetivos propuestos.


En este sentido, Juan Carlos Pereira Castañares, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid señaló que: “La actitud de la República Federal de Alemania puede ser considerada quizá la más importante [entre] las potencias europeas. El propio ex-canciller Helmut Schmidt ha escrito que ´pensábamos que en España las circunstancias eran especialmente propicias para un giro hacia la democracia, y apoyamos a todos los partidos democráticos y sindicatos hasta donde pudimos`. En efecto, el Gobierno de Bonn se mostró especialmente activo, buscando una salida democrática al franquismo que conllevase la creación de un partido socialista de amplia base capaz de contener a los comunistas y de constituir a medio plazo una auténtica alternativa de gobierno”.


En el caso de Chile, después de las grandes protestas y movilizaciones del año 1986, la gigantesca introducción subrepticia de armamento al país por parte del Partido Comunista y el fallido atentado contra el dictador en septiembre de ese año, Estados Unidos entendió que Pinochet debía ser removido so riesgo de una salida revolucionaria a la dictadura. Antes que finalizara el año, se estableció un “puente aéreo” entre Washington y Santiago a través del cual congresistas, miembros del gobierno y militares de Estados Unidos comenzaron a presionar por igual a la dictadura y a la oposición de derecha para buscar un consenso que llevara a una salida negociada. La derecha opositora y las élites de algunos partidos que habían sido de izquierda y que fueron domesticadas en Europa, se plegaron a la negociación verificada a partir de la realización del plebiscito de octubre de 1988 y las elecciones de diciembre de 1989.


Algunas proyecciones recientes de estos pactos se han expresado a través de la exclusión, persecución y represión de las nacionalidades: en España a los catalanes y en Chile a los mapuche, cercenando la posibilidad de autodeterminación de pueblos sujetos al control del Estado central por vía de la fuerza y de una justicia entregada al Poder.


De la misma manera, ambos países insertos en modelos de economía ultra neoliberal desactivaron sus sistemas de salud pública generando una incapacidad manifiesta para manejar la pandemia, redundando en centenares de miles de infectados y miles de muertos.


Ahora, los dos países han querido seguir unidos por la sandez gubernamental, militar y policial, utilizando la mentira que desprecia la inteligencia del pueblo. El 20 de octubre del año pasado, dos días después que iniciara la gigantesca movilización social en Chile, el presidente Sebastián Piñera hizo una declaración en la que señaló que el país estaba "en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie y que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite, que está dispuesto a quemar nuestros hospitales, el Metro, los supermercados, con el único propósito de producir el mayor daño posible".


Tales palabras emitidas en un ambiente de confrontación, rodeado de militares fueron el preludio de la brutal represión que sobrevendría a partir de entonces. Como se señaló en su momento, nunca antes un jefe de Estado desde Pinochet había caracterizado la situación interna del país en tal dimensión.


Piñera, sustentó su llamado a las armas para reprimir al enemigo interno en un informe elaborado por la Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército (DINE) que le había sido entregado por el entonces ministro de Defensa Alberto Espina. La “inteligencia chilena” había detectado que el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) de Venezuela, a las órdenes del G-2 (Servicio de Inteligencia cubano) habían gestado una "ofensiva insurreccional para Chile". Para cumplir la misión contaban “con un batallón de 600 agentes clandestinos, expertos en guerrilla urbana, quienes ingresaron a Chile como refugiados, muchos de ellos formados en escuelas subversivas cubanas como Punto Cero", señalaba con estulticia el limitado presidente.


Todos sabemos lo que vino después: violaciones a los derechos humanos incluyendo torturas, abusos sexuales, vejaciones, uso indiscriminado de la fuerza, heridos por armas de fuego, muertos, y más de 460 personas con daño ocular y pérdida de visión de uno o dos ojos. Según la fiscalía nacional un número irrelevante de personas han sido procesadas por la violencia institucional y una cifra mucho más ínfima se encuentra en prisión preventiva haciendo patente el objetivo de la guerra contra el pueblo inventada por Piñera.


Fue una institución del propio Estado chileno quien se encargó de desmentir al presidente. La Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) señaló que las pruebas suministradas por la DINE buscaban en el exterior, un culpable de la movilización popular, escudriñando en el intento de comprobar una hipótesis que se basaba en que las protestas estaban manejadas por organizaciones integrantes del Foro de Sao Paulo, aunque esto tampoco fue comprobado según el reporte de la agencia estatal. Incluso el fiscal metropolitano de la zona oriente de la capital del país, Manuel Guerra afirmó que la acusación de Piñera sobre la intervención extranjera en el estallido social chileno "fue solo humo".


Para no ser menos, en España se ha hecho pública una acusación de una lógica tan irracional que raya en lo absurdo. Según la justicia del Reino, Rusia hizo un ofrecimiento al ex presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont de 10.000 soldados para convertir Cataluña en "un país como Suiza". Los argumentos expuestos no resisten ni la más mínima consideración. En relación con esta acusación, se ha desatado por parte de la Guardia Civil bajo dirección del Juzgado de Instrucción número 1 de Barcelona la operación “Volhov”, nombre de una División que agrupó voluntarios españoles que combatieron junto al ejército nazi en el sitio a Leningrado, durante la invasión hitleriana a la Unión Soviética.


La dimensión de esta barbaridad supera cualquier análisis racional. La entrada de 10 mil soldados rusos en España significaría el inicio de la tercera guerra mundial, algo muy lejos del ánimo y la voluntad de las autoridades rusas y del presidente Vladimir Putin en su relación con Europa.


Pero el nivel político y cultural de las autoridades españolas, la mentira continuada de sus medios de comunicación y la reiterada suposición de que es posible mantener al pueblo en una ignorancia que abra paso a manipulaciones de todo tipo, hacen que declaraciones como esta, tengan espacio en la atribulada opinión pública española que ya no sabe en quien creer.


De la misma manera que se hizo en Chile, en España, el desarrollo de la operación Volhov ha significado la detención de 21 personas, muchas de ellas empresarios o profesionales y el registro de viviendas, oficinas y almacenes, bajo la acusación de malversación de fondos públicos, prevaricación y blanqueo de capitales. Todo esto bajo la suposición de que Rusia está conectada con el proceso independentista de Cataluña a fin de desestabilizar al Estado español según el documento judicial que lo afirma y que se ha filtrado a la prensa.


En Chile gobiernan la Unión Democrática Independiente (UDI) y Renovación Nacional, ambos partidos herederos de Pinochet y de su ideología. La oposición de derecha y centro estructurada en los partidos Demócrata Cristiano, Socialista, Por la Democracia y el recientemente creado Frente Amplio sirven de comparsa a la democracia de facto. En España, los partidos social demócratas denominados Socialista y Podemos son los que ostentan el gobierno. En este caso, es la oposición franquista agrupada en los partidos Popular, Ciudadanos y Vox la que sirve de comparsa, simulando oposiciones coyunturales mientras soportan por igual al sistema neoliberal monárquico. Tal vez, esa si sea una diferencia, aunque como dice Silvio Rodríguez eso “no es lo mismo, pero es igual”.

23 noviembre, 2018

Diccionario del franquismo: protagonistas y cómplices (1936-1978) — Pedro L. Angosto


Portada del libro ‘Diccionario del franquismo. Protagonistas y cómplices, 1936-1978′ de Pedro L. Angosto. EDITORIAL COMARES



400 retratos de “los personajes más significativos” del régimen franquista para entender “el hecho histórico que más ha condicionado la vida de los españoles”.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 21-11-2018

Cada cara al sol. Cada nombre, partícipe. Cada actor necesario en la ejecución del yugo de la dictadura. Es el retrato polifacético que deja el libro Diccionario del franquismo. Protagonistas y cómplices, 1936-1978, del historiador Pedro Luis Angosto. Casi 400 biografías de “los personajes más significativos del franquismo” como una guía para entender “el hecho histórico que más ha condicionado la vida de los españoles”.

La dictadura de Francisco Franco ha viciado el acontecer del pueblo español. Marcando el paso de la memoria durante 40 años, y llenando de fango el camino en el que chapotea la democracia.

Pero "en España una parte grande de la población sigue ignorando qué pasó durante ese periodo", dice el autor. Un desconocimiento latente "desgraciadamente, pese a lo mucho que se habla y sobre todo lo mucho y bien que se ha escrito", refiere Pedro L. Angosto, licenciado en Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid y Doctor en Historia por la Universidad de Alicante.

Por eso ha confeccionado "un libro asequible a todo el mundo" que proporciona "información sobre la mediocridad y la perversidad de quienes mandaron en España a sangre y fuego". Una suerte de fotografías de los personajes "que tanta incidencia tienen todavía en nuestro devenir", subraya.

El perfil de los “cómplices”

Las páginas de Diccionario del franquismo (Editorial Comares) quieren aclarar la vida y obra de quienes construyeron el franquismo. El perfil de los "cómplices" que "contribuyeron a su perpetuación, eliminando así la libertad de los españoles". Porque "conocer sus trayectorias vitales es perentorio para reconstruir nuestra historia y edificar un futuro democrático y justo".

"Empecé a seleccionar a los personajes biografiados dependiendo de su peso en la trama golpista y en el posterior desarrollo de la dictadura", cuenta Pedro Angosto a eldiario.es Andalucía. "Es posible, pese al tiempo dedicado, que falten nombres, pero creo que cualquier persona que se acerque a este libro tendrá una idea clarísima de quiénes fueron los inventores de esa monstruosidad que fue la dictadura franquista", expone.

Y los nombres van más allá del Ejército. "Los militares fueron el brazo ejecutor, pero cómo olvidar a los cardenales Gomá y Pla y Deniel, a Nicolás Franco, que tanto tuvo que ver con su designación como Jefe del Estado y Caudillo de España, o a Juan March y Francesc Cambó, financiadores del golpe", explica el historiador.

Entre los biografiados "los hay de una crueldad increíble como el propio Franco, Queipo de Llano, Yagüe, Conesa o El Algabeño, de una crueldad insaciable, física, corporal, irracional y extrema", dice el autor. Y luego estaban otros sujetos "más teóricos, los incitadores, muchos de ellos altos dignatarios de la Iglesia, de la burguesía o la nobleza, pero también hay intelectuales como Eugenio D’Ors, uno de los armadores ideológicos del fascismo español".

Criminales amnistiados

Pero solo un manto de silencio cayó sobre estos "cómplices" y ejecutores del franquismo. "Pese a los crímenes de Lesa Humanidad que se cometieron, ni un sólo alto cargo de la dictadura ha sido juzgado, ni siquiera acusado dentro de nuestras fronteras", refiere Angosto. Esta amnistía, el "pacto de silencio" que surge de la Transición, "se está resquebrajando", apunta: "no hay día en que no tengamos noticia del descubrimiento de una nueva fosa con cientos de cadáveres, y esa ruptura necesaria terminará por afectar al régimen".

La materia prima para ejecutar la obra han sido "documentos de primera mano" aliñados con "abundantes declaraciones y escritos de los propios biografiados". "Numerosas investigaciones" históricas como base para conocer a los coautores "de aquel régimen que mantuvo a España y a su sociedad bajo el yugo de una de las dictaduras más largas de la Europa del siglo XX".

Una etapa oscura que baña al presente. Una dictadura que nace de un genocidio fundacional y acaba aplicando la pedagogía del terror hasta el último día. Bañando con su rastro mucho más allá de "los años que siguieron a la muerte de Franco".

Sin contar la historia "nunca lograremos acabar con ese vacío", apunta Pedro L. Angosto. Y sin difusión, "nuestra labor historiográfica continuará rodeada de silencio mientras los medios ultras continúan imponiendo la monstruosa ‘historia oficial' ".

Romper “el silencio” del franquismo

El diccionario biográfico de la dictadura rompe, desde dentro, "el silencio sobre la historia del franquismo", como escribe en el prólogo el historiador Josep Fontana .En el "pacto de la Transición", dice, está la clave de esta España desmemoriada. Como una ley de Punto Final con una herramienta necesaria: "una especie de neutralidad que ha favorecido la aparición de un revisionismo histórico que pretende demostrar que la guerra civil no fue más que un enfrentamiento entre dos bandos igualmente culpables".

Y esa falsa equidistancia "explica escándalos" como el protagonizado por la Real Academia de Historia con el Diccionario Biográfico Español al dulcificar la figura del dictador Francisco Franco: "inteligente y moderado", "valeroso y católico". En las mismas páginas donde los "perdedores" eran Manuel Azaña, Juan Negrín o Dolores Ibárruri, la Pasionaria, y canoniza a Mariano Rajoy o Rodrigo Rato. La versión digital del proyecto –financiado con dinero público: 6,5 millones de euros– ya rectifica y califica a Franco como "dictador".

"Confieso que nunca he entendido que se pueda valorar del mismo modo una República que formó maestros, abrió escuelas y creó bibliotecas públicas en los pueblos, y un régimen militar que asesinó maestros, cerró escuelas y quemó libros", señala Fontana. En "uno de sus últimos textos", recuerda Pedro L. Angosto.

22 septiembre, 2018

Carta abierta a Boro, La Haine – Carlo Frabetti






LaHaine - 22/9/2018

Como miembro de la Asociación Contra la Tortura, perdí la cuenta de las veces que la policía, tras torturar o maltratar a alguien, lo amenazaba con la consabida contradenuncia: “Si nos denuncias, te denunciaremos a ti por agresiones, y encima te juzgarán y te condenarán”. Y tenían razón: esos jueces que son la vergüenza de España y el hazmerreír de Europa, los mismos que insultan a los independentistas y encarcelan a los demócratas, miran sistemáticamente hacia otro lado en los frecuentes casos de torturas y malos tratos, cuando no criminalizaban a las víctimas. Lo dicen Amnistía Internacional, los relatores de la ONU y las más de cuarenta organizaciones integradas en la Coordinadora para la Prevención de la Tortura, y hasta hace poco lo decía incluso Manuela Carmena, que en una charla conjunta que dimos durante la Semana Negra de Gijón reconoció públicamente la generalizada tolerancia de los jueces hacia los torturadores (aunque no sé si seguiría reconociéndola ahora que ha pillado cacho en esa merienda de carroñeros que es la política institucional).

Gracias, Boro, por convertir en bandera -o en pancarta, que es la bandera del pueblo- la vil contradenuncia de que has sido objeto. Gracias por tu valiosa y valiente labor contrainformativa, tan valiosa y tan valiente que las cloacas del poder (valga la redundancia) no la pueden soportar. Gracias por enfrentarte a la jauría policial y a la manada judicial, a la horda política y a la chusma mediática.

No estás solo. Te escribo desde Catalunya, donde ya son millones las personas que han manifestado pública y reiteradamente, masivamente, su rechazo de los cuatro poderes corruptos y de la monarquía bananera impuesta por Franco. Y esto no hay quien lo pare, por más que persigan a periodistas, cantantes, artistas, actores, independentistas, feministas…, a quienes siempre diste voz en las páginas de La Haine. No estás solo porque siempre has estado al lado de quienes luchan. Hasta la victoria.





07 abril, 2018

“De todas las injusticias cometidas en nombre del orden, ninguna tan abyecta, tan repulsiva y tan desestructurante como la brutalidad policial en sus dos vertientes: la pública y la oculta” – Carlo Fabretti






Falsa elección - Carlo Fabretti

Insurgente ★ org 05/04/2018

“La bolsa o la vida” es una falsa elección, puesto que entregando la vida no se salva la bolsa. En realidad, la propuesta del asaltante es: “La bolsa solo, o la bolsa y la vida”.

Los que, siguiendo a Goethe, prefieren la injusticia al desorden, una de dos: o son los beneficiarios directos de la injusticia (como el propio Goethe), o no se han dado cuenta de que es una elección tan falsa como “la bolsa o la vida”. Porque la injusticia es el peor de los desórdenes, el desorden premeditado y alevoso que –con cinismo o hipocresía, según los casos– trastoca deliberadamente el pacto de solidaridad y respeto que hace posible la convivencia pacífica y libre, el único orden deseable.

La injusticia le impone a la sociedad toda, no solo a quienes la sufren, una insoportable carga de desorden concentrado, de desorden “ordenado” (es decir, derivado de una orden), un desorden mucho más nocivo que cualquier otro, porque no revuelve, sino que desestructura; el polvo con el que intenta tapar las grietas de la fachada, lo obtiene erosionando los cimientos del edificio social.

Y de todas las injusticias cometidas en nombre del orden, ninguna tan abyecta, tan repulsiva y tan desestructurante como la brutalidad policial en sus dos vertientes: la pública y la oculta.

Los verdaderos terroristas, aquellos que, con el diccionario en la mano, merecen ese nombre más que cualquier individuo u organización que ejerza la violencia desde la clandestinidad, son los funcionarios que maltratan y torturan al amparo del poder. Y más aún que ellos, quienes los dirigen, justifican y garantizan su impunidad.

Tras el 1-O (Catalunya 1 – España 0, lo que también significa que Catalunya es una nación y España ninguna), y tras el ignominioso encarcelamiento de líderes independentistas, el doble objetivo de la violencia institucional son –y presumiblemente lo serán cada vez más– los Comitès de Defensa de la República (y de la Realidad, y de la Resistencia, y por ende de la Revolución). Doble objetivo: de la violencia represiva directa y de la violencia semántica de los medios, que equiparan las actividades de los CDR a la kaleborroka, que a su vez asocian con ETA.

Como en otras ocasiones, como cuando nos llaman “antisistema”, rechacemos la tendenciosa carga connotativa, pero aceptemos con orgullo la literalidad de la denominación: kale borroka, sí, por supuesto, lucha callejera. Porque el carrer serà sempre nostre y la lucha es el único camino.

Nuestra respuesta debe ser cívica y pacífica, sí. Pero el pacifismo no consiste en dejarse apalear, ni es cívico dejar que apaleen a nadie. Es el poder el que puede elegir entre el orden del diálogo y el supremo desorden de la injusticia. Quienes no estamos dispuestos a dejarnos arrebatar la bolsa ni la vida, no tenemos elección: no nos queda más defensa que el contraataque.

Defender a los Comitès de Defensa

Una vez más, hay que volver contra el poder su propio discurso. Hay que dar realidad política al fantasmagórico concepto de “entorno”, introducido en relación con ETA para criminalizar toda forma de disidencia o protesta. Los CDR constituyen la punta de lanza de la Resistencia (con mayúscula, como en Francia durante la ocupación nazi) en Catalunya y un ejemplo para el resto del Estado (y de Europa), y hay que darles el máximo apoyo a todos los niveles.

Su “entorno” potencial son más de dos millones de catalanas y catalanes, y sus aliados naturales, todas las organizaciones genuinamente antifascistas/anticapitalistas/antiespañolistas (que no es lo mismo que antiespañolas); si estas potencialidades se activan, puede que incluso los menos jóvenes lleguemos a celebrar el triunfo de la República.

De lo contrario, la rencorosa agonía del régimen del 78 puede ser mucho más larga y mucho más dañina de lo necesario. Dicho de otro modo: si no estamos contra los herederos del franquismo, estamos con ellos. Una vez más, la neutralidad es una falsa elección.





23 marzo, 2018

"Si España fuera realmente una nación..." - Carlo Frabetti



Irrealidad y violencia  Carlo Frabetti


Si España fuera realmente una nación –como lo son Catalunya o Euskal Herria– no necesitaría defender su unidad a sangre y fuego. Como viene haciendo desde hace más de quinientos años. Y, por otra parte, no es casual que los genocidas que impusieron la falsa identidad española masacrando, expoliando y expulsando a los diferentes, pasaran a la historia como los Reyes Católicos, ni que fueran ellos los inspiradores del franquismo, que adoptó sin reservas su heráldica, sus lemas y sus símbolos. La admisión de lo falso y lo irreal solo se puede llevar a cabo desde el delirio y solo se puede imponer con la violencia extrema. Los hechos objetivos acaban imponiéndose por sí mismos –por más que algunos se empeñen en negarlos–, pero las mentiras hay que repetirlas miles de veces, como decía Goebbels, para que los necios se las crean; y a quienes no se las creen hay que amordazarlos.

A primera vista, resulta sorprendente que entelequias como la supuesta virginidad de María o la doble naturaleza de su hijo hayan sido defendidas a lo largo de los siglos con la mayor brutalidad; pero la tradicional alianza de la Iglesia Católica con los poderes establecidos hace de la quema de herejes –la defensa a ultranza de los dogmas– una necesidad de supervivencia, tanto para la primera como para los segundos. Y aunque ya no se puede quemar vivos a herejes, apóstatas y blasfemos, se puede seguir criminalizándolos, y el nacionalcatolicismo actual necesita continuar haciéndolo tanto como sus antecesores, los Reyes Católicos y Franco.

Puede que los exabruptos de Willy Toledo o de la Hermandad del Sagrado Coño Insumiso sean de mal gusto y ofendan algunas sensibilidades; pero parece ser que, si no se agita ese trapo rojo ante el hocico de la bestia nacionalcatólica, mucha gente no se da cuenta de su tamaño y su ferocidad. Ni de su composición concreta, que incluye a organizaciones tan casposas y profundamente reaccionarias como la Conferencia Episcopal, el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, Yunque, Hazte Oír o la Asociación de Abogados Cristianos, sin las cuales el PP no estaría en el Gobierno.


Gracias, Willy, una vez más, por renunciar a tus privilegios de actor de éxito para convertirte en francotirador del antifascismo; gracias, mujeres de la Hermandad del Coño Insumiso; gracias, Cassandra, Hasel, Valtonyc, Drag Sethlas… Gracias por vuestro “mal gusto” necesario, por vuestra irreverencia liberadora. Gracias por poner en evidencia que quienes quieren imponer la espuria autoridad moral de la Iglesia, a menudo son los mismos que imponen por la fuerza la unidad de la inexistente España, dos irrealidades sinérgicas que solo la represión más brutal y las falacias más burdas pueden seguir manteniendo. Y no por mucho tiempo.
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08 febrero, 2018

La rebelión del Govern: un delito imaginario ——— Javier Pérez Royo



¿Es constitutiva del mismo delito la conducta del President Puigdemont que la del general Franco?

ara.cat 13/12/2017

En España sabemos o, mejor dicho, deberíamos saber muy bien qué es el delito de rebelión. Hemos sido testigos del mayor delito de rebelión de la historia europea: el 18 de julio de 1936. Un delito que, además, sigue proyectando su presencia sobre nuestro sistema político. Pues no se puede olvidar que en ese delito tuvo su origen la Restauración de la Monarquía, que sería la institución que dirigiría el proceso de transición de las Leyes Fundamentales a la Constitución. A ese delito de rebelión se debe también la composición del Congreso de los Diputados y el Senado, que fueron definidos en la Ley para la Reforma Política, última de las Leyes Fundamentales y que las Cortes Generales elegidas el 15 de junio de 1977 se limitaron a incorporarlos a la Constitución. Y también la Audiencia Nacional aprobada mediante Decreto-ley el mismo día que se suprimió el Tribunal de orden Público (con la Constitución de 1978 no se hubiera podido crear la AN mediante Decreto-ley, ya que la creación de órganos judiciales está vetada para tal categoría normativa).

Hay muchas cosas más en nuestro ordenamiento constitucional y en el sistema político que tienen su origen en el delito de rebelión. Deberíamos, en consecuencia, saber muy bien en qué consiste y deberíamos saber que la conducta de los miembros del Govern y de la Mesa del Parlament no puede ser constitutiva de dicho delito. ¿Es constitutiva del mismo delito la conducta del President Puigdemont que la del general Franco?

Se sigue practicando la instrucción como si nos encontráramos ante un delito de rebelión, que no existe ni puede existir en la realidad.



La retirada de la eurorden contra el President Puigdemont es un reconocimiento palmario de que es así. La imposibilidad de justificar de una manera objetiva y razonable ante la justicia de uno de los países fundadores de las Comunidades Europeas, varios decenios antes de que se constituyera la Unión Europea, que el President y los demás Consejeros han cometido tal delito, es lo que hay detrás de la rectificación por parte del juez del TS de la decisión tomada por la Jueza de la AN.

Dicha rectificación debería conducir a una rectificación en la calificación de las conductas de todos los miembros del Govern y de la Mesa del Parlament por parte del TS. Lo que no se puede justificar como rebelión ante la justicia de los países de la Unión Europea, no se puede calificar de tal ante la justicia española.

Y sin embargo, ocurre todo lo contrario. Se sigue practicando la instrucción como si nos encontráramos ante un delito de rebelión, que no existe ni puede existir en la realidad, pero que, por lo visto, existe en la imaginación del juez instructor.

El delito que está investigando el juez Pablo Llanera es un delito imaginario. No existe en la realidad. Solo existe en su imaginación. No hay nada en las conductas investigadas que encaje en el tipo delictivo de la rebelión. Por eso ha tenido que retirar la eurorden.

No hay nada en las conductas investigadas que encaje en el tipo delictivo de la rebelión. Por eso han tenido que retirar la euro-orden.

Un delito imaginario es mucho más peligroso que un delito real. Porque no tiene límites. El delito real tiene límites. Los términos en que está tipificado en el Código Penal, de los que se derivan la naturaleza de las pruebas exigibles para la destrucción de la presunción de inocencia de los investigados. Todos estos límites desaparecen, cuando el delito es el resultado de la imaginación de juez.

La imaginación de los seres humanos no tiene límites. Y aunque la naturaleza humana de los jueces sea una naturaleza singular, en esto no se diferencia de la de los demás.  Como consecuencia de ello, la investigación del delito imaginario de rebelión puede extenderse sin límites, alcanzando a la dirección de prácticamente todos los partidos nacionalistas catalanes y dando valor de indicio susceptible de convertirse en prueba a casi cualquier cosa.

Por lo que empezamos a saber por la información que están transmitiendo diferentes medios de comunicación es lo que está empezando a ocurrir. Las consecuencias de esta manera de investigar son imposibles de prever con exactitud. Pero sí podemos pronosticar sin mucho riesgo que van a provocar un destrozo en el interior del sistema político catalán formidable y todavía mayor en la relación entre Catalunya y el Estado.

A lo mejor hay quien piensa que la “vuelta a la normalidad” exige la criminalización previa de la conducta de los dirigentes de los partidos nacionalistas durante estos años. Y la criminalización por el delito de rebelión. Que, sin dicha criminalización, el nacionalismo catalán acabará “volviendo a las andadas”. A lo mejor este ha sido el sentido último del recurso al art. 155 CE.




08 enero, 2018

LA FRANCOCRACIA ESPAÑOLA Y LA “CUESTIÓN CATALANA” (1ª Parte) - Ángeles Diez


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8/1/2018
Hace apenas unos días, trabajando con mis alumnos sobre el origen histórico de los Estados Nacionales, un alumno de ciencias políticas me planteaba con candidez:
“¿Nos está diciendo usted que los Estados Nacionales, y en concreto el Estado Español, es el resultado de la guerra, del monopolio de la violencia y de una nacionalización fracasada? ¿Está diciendo que este Estado es un Estado franquista?”.
Teniendo como telón de fondo la “cuestión catalana” no me quedó más remedio que proponer a toda la clase una reflexión teórica que permitiera tomar distancia de los esquematismos, los lugares comunes y la propaganda mediática, así como de su propia subjetividad –en la clase sólo hay un alumno catalán-.
Una cuestión que nos compromete política y afectivamente tiene que ser tratada en sus partes y la relación de éstas con su conjunto, desde la historia y con una distancia sociológica que nos permita, después del análisis, posicionarnos políticamente y en relación a nuestros principios. Pero sin amputar la realidad acorde con nuestros deseos, ni tratar la historia como una demostración empírica de nuestro propio sesgo afectivo o nuestra historia vital.
Lo primero siempre es hacer explícitos nuestros prejuicios y los lugares comunes ya que éstos serán los principales obstáculos a batir o a ratificar.
Decía Bourdieu que “El hecho se conquista contra la ilusión del saber inmediato” y que el sociólogo no ha saldado todavía las cuentas con la “sociología espontánea” que le llevan a realizar sistematizaciones ficticias sobre hechos que se nos presentan como evidencias.
No hay nada más difícil, sin duda, que separar la percepción y la ciencia, o dicho de otro modo, las prenociones (ideas preconcebidas) que nos llevan a considerar como cierta una determinada interpretación de la realidad, que la mayor parte de las veces es la construcción social que en un momento histórico concreto es hegemónico, y que suele estar precocinada por los medios masivos[1].
Así, la primera prenoción que habría que poner en cuarentena es que “El Estado Español es un Estado de Derecho” en los mismos términos en que lo es la República Francesa o el Estado Británico.
La segunda prenoción, que deriva sin duda de la propaganda de los medios masivos y de los discursos políticos de todos los signos del espectro español, es que un Estado de Derecho es aquel que se rige por leyes que emanan del parlamento, que a su vez es el legítimo representante de la soberanía y que detrás de las leyes no hay otra cosa que la voluntad popular expresada a través del voto.
Una tercera preconcepción sería que no hay dos Españas sino una sola, que se ve tensionada y fracturada por algunos políticos sin escrúpulos.
Y finalmente una cuarta sería que el nacionalismo es incompatible con el internacionalismo.
El Derecho, el poder y el soberano
Históricamente los Estados nacionales europeos, tal y como los conocemos hoy en día, fueron estructuras políticas, jurídicas y administrativas que se fueron consolidando durante siglos (de finales del siglo XV al XIX) y a partir de la guerra. Proceso que pareció cerrado (en Europa) a principios del siglo XX pero que volvió a abrirse con la caída de los países del Este dando lugar a nuevos Estados nacionales europeos.
La hipótesis más plausible, y la que de facto se dio históricamente, es la weberiana que sostiene que estas estructuras burocratizadas, con un territorio más amplio que la de las Ciudades Estado medievales pero menor que la de los Imperios, fueron las que triunfaron y se universalizaron porque eran más eficaces para la expansión del capitalismo.
Más allá de las causas, lo cierto es que históricamente primero se formaron estas estructuras jurídico-administrativas y sólo después se inició el proceso de nacionalización, es decir, de construcción de una identidad común a los habitantes de un territorio que los hacía identificarse con las estructuras estatales y aceptar a un único poder soberano.
La nacionalización fue un proceso complejo que se apoyó en algunos casos en la lengua, en otros en la religión, en otros en las tradiciones y legado común en la mitología o en una religión civil (caso de Estados Unidos).
Fueron las revoluciones burguesas en Europa las que, a partir del siglo XVIII, emprendieron el camino de la nacionalización para resolver las dos cuestiones clave del orden jurídico-político moderno: la soberanía y la unidad de poder.
Controlar y someter a las poblaciones de un territorio, así como mantener las fronteras –o ampliarlas si fuera necesario sólo pudo hacerse combinando la coacción y el consenso; en dosis variables según las necesidades de cada coyuntura histórica.
Así, la violencia y el pacto fueron las dos caras de un mismo proceso de construcción de los Estados nacionales europeos.
Cuando pregunto en clase “¿qué hay detrás de la ley?”, mis alumnos suelen encogerse de hombros o soltar toda una retahíla de lugares comunes tales como “un contrato entre el parlamento y los ciudadanos”, “consenso” “legitimidad”…. Pero casi ninguno recurre a los datos históricos para reconocer que, en realidad, detrás de la ley no hay otra cosa que violencia; que los Estados de Derecho –una realidad histórica y no universal resultaron de la correlación de fuerzas en un momento histórico concreto en el que una clase, una élite o el grupo hegemónico consiguió imponerse y posteriormente legitimarse.
Como ya dijera Marx, el Estado de Derecho no es otra cosa que el Estado burgués. Después, lo podemos vestir de lagarterana para que parezca una democracia o filosofar sobre el espíritu y el cuerpo de las leyes haciendo de la crítica pura metafísica.
El Estado franquista se dotó de leyes, no sólo para imponer el orden social de los vencedores, sino que trató por todos los medios de ganar la legitimidad (aceptación, consenso) que le negaba su génesis golpista.
Sin embargo, sólo la Transición, con su ropaje modernizador, el apoyo europeo y la retórica progre parecieron ser eficaces en el intento.
Además del monarca Juan Carlos, tres personajes reflejan a la perfección la continuidad franquista: Adolfo Suárez –Secretario general del Movimiento y primer presidente de la Transición, Manuel Fraga Iribarne –ministro franquista y diputado en la “democracia”, y Rodolfo Martín Villa –ministro de Gobernación e Interior durante el franquismo, posteriormente diputado y presidente de empresas como Endesa, Sogecable, etc. condecorado en junio del 2017 por ser uno de los redactores de la Constitución.
FELIPE VI ENTREGA A RODOLFO MARTÍN VILLA, EXMINISTRO FRANQUISTA,
LA MEDALLA CONMEMORATIVA DE LAS CORTES CONSTITUYENTES. 28 DE JUNIO DE 2017.

La caracterización del Estado Español actual no puede sustraerse de su acontecimiento fundador: la llamada Guerra civil.
El Golpe de estado que impuso una dictadura y que abortó tanto la consolidación de un Estado burgués de derecho como la posibilidad de un Estado socialista promovido por una parte de las fuerzas republicanas.
La dictadura, consentida y apoyada primero por los fascismos en auge y después por las democracias burguesas conformó un Estado nacional católico que perdura hasta nuestros días y que, en las fiestas navideñas ha tenido imágenes tan vívidas como la bandera española, que floreció a raíz del referéndum catalán, y la banderola del niño Jesús colgando de multitud de balcones.
La nacionalización del territorio conquistado necesaria para crear una legitimidad inexistente y la unidad de poder, se apoyó en la represión generalizada (somos el segundo país del mundo en número de desaparecidos sin recuperar ni identificar después de Camboya)[2] y en la ideología católica.
Las leyes franquistas y las posteriores, incluida la constitución del 78, no han sido capaces de borrar las huellas de su origen, como sí lo han hecho otros Estados europeos.
El Estado franquista trató por todos los medios de prolongarse en el tiempo pero ninguno de esos dos pilares aguantó la presión de la crisis económica internacional.
Objetivamente el régimen no podría sobrevivir si no se construía un nuevo relato político homologable al europeo y éste se hizo a partir del término modernización. Que en clave de continuidad política significaría: Monarquía, cuerpos de seguridad del Estado, ejército y tribunales convenientemente maquillados.
El capitalismo familiar español se insertaba mal en la lógica globalizadora de la economía mundial. Unidas estas dificultades al desgaste de las instituciones, la presión del movimiento obrero y de las clases medias en formación, fue el tardofranquismo como señala Emmanuel Rodríguez López quien preparó una Transición que permitiera la continuidad de los privilegios y de los poderes fácticos.
Por supuesto, contando con el acuerdo de los “agentes sociales” (sindicatos y partidos) para controlar al movimiento obrero y su extensión en los barrios e impedir que emergiera una opción política capaz de romper realmente con el Franquismo.
Los famosos Pactos de la Moncloa (27 de Octubre de 1977) firmados por el gobierno presidido por Adolfo Suárez, los partidos políticos con representación parlamentaria, las asociaciones empresariales y los sindicatos (CCOO y posteriormente UGT)[3], fueron unos pactos preconstitucionales que unidos a los Principios del Movimiento Nacional [4jurados por el Rey Juan Carlos– sellaban la continuidad franquista.
“Juro por Dios y sobre los Santos Evangelios, cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que informan el Movimiento Nacional” proclamó Juan Carlos el 22 de noviembre de 1975.
EL REY JUAN CARLOS DE BORBÓN JURA LAS LEYES FUNDAMENTALES FRANQUISTAS EL 22 DE NOVIEMBRE DE 1975. EN UNA SEGUNDA FILA SE VE AL GENERAL ALFONSO ARMADA. FOTO: LUIS MILLÁN / EFE

LOS FIRMANTES DE LOS PACTOS DE LA MONCLOA

Las palabras de su sucesor, el Rey Felipe VI, en una locución de seis minutos tras el Referendum catalán del 1 de Octubre de 2017 en su defensa de la Constitución, traen ciertas reminiscencias de esos Principios del Movimiento a los que su padre juró lealtad:
“Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno”.
Acusaba al Gobierno de la Generalitat de “deslealtad inadmisible” como si la Constitución del 78 fuera una Carta otorgada por el mismo Dios o por el espíritu franquista.
IMAGEN DE FELIPE VI TOMADA POR EL DIARIO LA VANGUARDIA

La foto de TVE del 2 de febrero de 2011 que recogía la imagen del presidente Zapatero, empresarios y sindicatos dándose las manos tenía como pie de foto “La reedición de los pactos de la Moncloa 3 décadas después”.
ARRIBA FIRMA DE LOS PACTOS DE LA MONCLOA (25 DE OCTUBRE DE 1977).
 DEBAJO, FIRMA DEL PACTO DE REFORMA DE LAS PENSIONES (2 DE FEBRERO DE 2011)

Y la portada del diario ABC –baluarte sostenedor de la dictadura franquista que continúa publicándose hoy sacaba en su portada del 27 de diciembre de 2017 la foto del gobierno, la patronal y los sindicatos CCOO y UGT firmando un nuevo pacto, esta vez, con el título: Las fotos que necesita España.

Tras la muerte del dictador, los medios de comunicación y los sociólogos, los profesionales del engaño, se dieron a la tarea de construir un nuevo discurso político y de limpiar los rastros malolientes del Derecho franquista.
Modernidad, estabilidad, paz social y Estado de Derecho han sido las palabras máscara o los eufemismos de ese relato.
Modernidad para ocultar la sobreexplotación de la mano de obra, la desindustrialización, la flexibilidad y precarización, la especulación inmobiliaria…
Estabilidad para justificar el control salarial, la desigualdad, los rescates de los bancos… Paz social para reprimir la disidencia, modificar el código penal, negar la existencia de presos políticos… y finalmente Estado de Derecho para legitimar la continuidad del Estado neo-franquista, bloquear cualquier proyecto democratizador y aplastar en la “espiral del silencio” cualquier cuestionamiento de la constitución, de la bandera o de la unidad territorial.
Dichas palabras se han introducido en la carne y en la sangre de las masas en los cerebros de mis alumnos, de modo que han sido incapacitados a pensar fuera de ellas. De forma natural e inconsciente nos hemos entregado esas palabras y parece que somos incapaces de pensar fuera de ellas lo que ocurre en Cataluña y en el resto del territorio.
Pero “¿Y si la lengua culta se ha formado a partir de elementos tóxicos o se ha convertido en portadora de sustancias tóxicas?” decía Victor Klemperer hablando de la lengua del Tercer Reich. Pues puede que eso que llamamos desde la academia Democracia y Estado de Derecho, puede que en el caso de España no sea exactamente lo mismo que es nombrado en otros países.
La sustancia franquista del Estado español y el brazo incorrupto de Santa Teresa

El dictador Francisco Franco veía en Teresa de Ávila la “santa de la raza” y durante cuarenta años mantuvo en su dormitorio la reliquia de la Santa, conocida como el “brazo incorrupto de santa Teresa”.
Para el dictador era un talismán de buena suerte y fue llevado a sus pies moribundos en el hospital de la Paz para conjurar su muerte y proporcionarle la vida eterna.
El resultado de las componendas de la Transición fue un régimen muy particular, ni dictadura franquista ni democracia, sino una Francocracia.
Un régimen ni muy distinto al franquismo ni muy distinto a los Estados europeos pero sí muy radicalmente distinto al proyecto de Estado de Derecho al que apuntaba la Segunda república.
Dentro del conjunto de virtudes que podemos encontrar en el “proceso catalán” la más importante, desde mi punto de vista, es la de haber hecho visible la sustancia franquista del Estado nacional español, sus límites (sin duda más numerosos) y su potencialidad para ser otra cosa (más bien ninguna).
También ha hecho emerger el talante y el signo conservador, incluso reaccionario, de importantes masas de población en todo el territorio del Estado, incluidas las consideradas como progresistas.
Que la izquierda (no sólo política sino cultural) era marginal era algo sabido pero que el conservadurismo estaba tan generalizado era más desconocido.
Los sociólogos han sostenido durante años que el ciudadano medio español era más bien apático o indiferente ante cuestiones políticas. Por usar un término más académico “desafecto”.
Pero la realidad es que estamos ante una sociedad profunda y mayoritariamente conservadora capaz de apoyar medidas, leyes y corrupciones dignas de cualquier estado autoritario.
El despliegue de banderas nacionales (con o sin escudo), el aplauso del encarcelamiento de líderes políticos y sociales, la promoción y celebración de la fuga de empresas de Cataluña, la celebración constante de la Guardia Civil, los Informativos nacionales donde los éxitos del turismo y el futbol ocupan tres cuartas partes del tiempo informativo, son sólo síntomas del fascismo realmente existente en el Estado Español.
El supremacismo españolista y la utilización del Derecho para reprimir muestran los límites de la francocracia y también la potencialidad de los acontecimientos en Cataluña.
Para el Partido Popular, heredero por vía sanguínea del franquismo, la rebelión catalana ha devuelto como un boomeran su pretensión modernizadora.
Ciudadanos (Cs), con el apoyo de la pequeña burguesía catalana –y seguramente capital ultraconservador internacional dan una imagen moderna al franquismo español homologándolo al neofascismo que se extiende por toda Europa.
El rechazo de Ciudadanos a presentar candidatura después de unas elecciones catalanas bajo Estado de excepción no tiene otra explicación que el cálculo racional a futuro: no quemar sus oportunidades de gobernar en un futuro próximo de hipotética liquidación del Partido Popular y desgaste del independentismo.
Clases populares, lumpen, pequeña burguesía arruinada o apunto de estarlo por la concentración global de capital, clases medias temerosas, intelectuales timoratos… para unos chivo expiatorio para otros víctima propiciatoria, la cuestión catalana puede llegar a ser la clave de bóveda de la francocracia.
España es un Estado de Derecho” ha sido la consigna repetida hasta el aburrimiento por los paraperiodistas, el gobierno español y todo el espectro político. Ha sido el mantra con el que intentar resolver, por arte de birlibirloque, la “cuestión catalana”.
Pero dicha “cuestión” no podrá resolverse nunca desde un Estado franquista ni desde unos partidos cuyas máximas siguen siendo las de un Estado apuntalado por los tribunales y los cuerpos de seguridad.
Tras la represión en Cataluña han sido constantes y reiterados los homenajes a la Guardia Civil y a los cuerpos de seguridad tratando de lavar una y otra vez su imagen vinculada a la dictadura franquista.
EL CORONEL SÁNCHEZ CORBÍ, QUE FUERA CONDENADO POR TORTURAS,
 INFORMA SOBRE EL HALLAZGO DEL CUERPO DE DIANA QUER

La exaltación de Manuel Sánchez Corbí, coronel jefe de la UCO (Unidad Central Operativa), por la detención del presunto asesino de la joven Diana Quer, está en esa misma línea.
Y no deja de ser escalofriante ver a este coronel de la guardia civil con el pecho condecorado sabiendo que fue condenado a 4 años de cárcel y 6 de inhabilitación por torturas a Kepa Urra en 1992[5]. Sin duda otra imagen ilustrativa de la francocracia española.

Notas
[1] Desde mi punto de vista, como ya he argumentado en otros textos, hoy en día prácticamente toda la información que nos llega a través de los medios masivos es propaganda y opinión, al servicio de los intereses de las Corporaciones en las que se insertan estas empresas, o de los grupos de poder que monopolizan las instituciones del Estado.
[2] Según la Plataforma de Víctimas de Desapariciones Forzadas por el Franquismo.
[3] Los firmantes fueron finalmente Adolfo Suárez en nombre del gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo (por UCD), Felipe González (por el Partido Socialista Obrero Español), Santiago Carrillo (por el Partido Comunista de España), Enrique Tierno Galván (por el Partido Socialista Popular), Josep Maria Triginer (por el Partido Socialista de Cataluña), Joan Reventós (por Convergencia Socialista de Cataluña), Juan Ajuriaguerra (por el Partido Nacionalista Vasco) y Miquel Roca (por Convergència i Unió). Manuel Fraga (por Alianza Popular) no suscribió el acuerdo político, pero sí el económico.
[4] Los Principios del Movimiento Nacional o Ley de Principios Fundamentales del Movimiento (1958) fue una de las siete leyes Fundamentales del régimen de Franco que establecía los principios en los que se basaba el régimen y los ideales de Patria, familia y religión.
[5] Información tomada de El País, el 14 de febrero de 1998, https://elpais.com/diario/1998/02/14/espana/887410814_850215.html


Ángeles Diez, es Doctora en Ciencias Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense de Madrid.