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02 febrero, 2021

Estado español: ¿Existe realmente libertad de expresión?

España, un país donde la Justicia se abstiene si un general expresa su deseo de fusilar a 26 millones de españoles, pero que actúa con extraordinaria contundencia, vulnerando la libertad de expresión, cuando alguien expone la corrupción de la Casa Real, del Estado y de la Iglesia.


Pablo Hasél                          Willy Toledo






23 marzo, 2018

"Si España fuera realmente una nación..." - Carlo Frabetti



Irrealidad y violencia  Carlo Frabetti


Si España fuera realmente una nación –como lo son Catalunya o Euskal Herria– no necesitaría defender su unidad a sangre y fuego. Como viene haciendo desde hace más de quinientos años. Y, por otra parte, no es casual que los genocidas que impusieron la falsa identidad española masacrando, expoliando y expulsando a los diferentes, pasaran a la historia como los Reyes Católicos, ni que fueran ellos los inspiradores del franquismo, que adoptó sin reservas su heráldica, sus lemas y sus símbolos. La admisión de lo falso y lo irreal solo se puede llevar a cabo desde el delirio y solo se puede imponer con la violencia extrema. Los hechos objetivos acaban imponiéndose por sí mismos –por más que algunos se empeñen en negarlos–, pero las mentiras hay que repetirlas miles de veces, como decía Goebbels, para que los necios se las crean; y a quienes no se las creen hay que amordazarlos.

A primera vista, resulta sorprendente que entelequias como la supuesta virginidad de María o la doble naturaleza de su hijo hayan sido defendidas a lo largo de los siglos con la mayor brutalidad; pero la tradicional alianza de la Iglesia Católica con los poderes establecidos hace de la quema de herejes –la defensa a ultranza de los dogmas– una necesidad de supervivencia, tanto para la primera como para los segundos. Y aunque ya no se puede quemar vivos a herejes, apóstatas y blasfemos, se puede seguir criminalizándolos, y el nacionalcatolicismo actual necesita continuar haciéndolo tanto como sus antecesores, los Reyes Católicos y Franco.

Puede que los exabruptos de Willy Toledo o de la Hermandad del Sagrado Coño Insumiso sean de mal gusto y ofendan algunas sensibilidades; pero parece ser que, si no se agita ese trapo rojo ante el hocico de la bestia nacionalcatólica, mucha gente no se da cuenta de su tamaño y su ferocidad. Ni de su composición concreta, que incluye a organizaciones tan casposas y profundamente reaccionarias como la Conferencia Episcopal, el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, Yunque, Hazte Oír o la Asociación de Abogados Cristianos, sin las cuales el PP no estaría en el Gobierno.


Gracias, Willy, una vez más, por renunciar a tus privilegios de actor de éxito para convertirte en francotirador del antifascismo; gracias, mujeres de la Hermandad del Coño Insumiso; gracias, Cassandra, Hasel, Valtonyc, Drag Sethlas… Gracias por vuestro “mal gusto” necesario, por vuestra irreverencia liberadora. Gracias por poner en evidencia que quienes quieren imponer la espuria autoridad moral de la Iglesia, a menudo son los mismos que imponen por la fuerza la unidad de la inexistente España, dos irrealidades sinérgicas que solo la represión más brutal y las falacias más burdas pueden seguir manteniendo. Y no por mucho tiempo.
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09 marzo, 2018

Carlo Frabetti - Rap de los raperos. Carta abierta a Valtonyc y Pablo Hasel


Hasél, Valtonyc i Elgio, a La Quartera. Autor: J.d.A.



insurgente.org 06/03/2018

Queridos colegas:
Yo no soy rapero (qué más quisiera), pero intento, como vosotros, utilizar las armas de la cultura contra el crimen organizado, es decir, contra los poderes establecidos, y por eso me permito llamaros colegas (un término que cada vez puedo usar menos, pues mis colegas de antaño –escritores, periodistas, artistas plásticos, dramaturgos– han desertado casi todos, cuando no se han pasado al enemigo).

Llevo años quejándome de la inexistencia de un referente cultural de izquierdas (RCI) digno de ese nombre (es decir, anticapitalista, o “antisistema”, para usar un apelativo del poder con el que involuntariamente nos honra); pero ante casos como el vuestro siento renacer en mí un moderado optimismo: no es que el RCI ya no exista, sino que el relevo generacional se está produciendo con lentitud y de forma semiclandestina. Pero el nuevo, novísimo RCI está ganado fuerza y visibilidad, y la mejor prueba de ello es la rabia vengativa de los canallas que mandan y los cobardes que obedecen.

La “canción protesta” del siglo pasado ya es historia (con honrosas pero escasísimas excepciones); Sabina murió al separarse de Krahe y Serrat nació muerto; pero ahora os tenemos a vosotros, los raperos insobornables, el nuevo mester de juglaría, y hemos salido ganando con el cambio. Genovés y el Equipo Crónica han acabado en las galerías de los mercaderes; pero tenemos a los grafiteros y las grafiteras, a las y los artistas del cómic subversivo. El degradado cine español pasea su mediocridad y su impostura por la alfombra roja de los Goya; pero la red está poblada de vigorosos vídeos independientes. Los escritores “de izquierdas” ganan premios amañados y escriben al dictado de sus amos; pero jóvenes poetas y narradoras/es se cuelan por las grietas de la literatura oficial y las agrandan al crecer…

Hace unos días oí a Cristina Fallarás, una de las pocas escritoras/periodistas que no se dejan comprar ni amordazar, repetir en una entrevista que le hicieron en TV3, a modo de autoinculpación, “Los Borbones son unos ladrones”. Siguiendo su ejemplo y como pequeño homenaje a vuestro valor (en ambos sentidos del término), me permito dedicaros un improvisado “rap de los raperos” con resonancias de cuento de hadas (puesto que lo que estamos viviendo es más propio de la Edad Media que del siglo XXI):

Rap de los raperos
Había una vez, en un país lejano,
un presidente chungo, se llamaba Mariano,
y un rey degenerado que mataba elefantes,
y unos cuantos ministros que eran unos mangantes,

y una de las ministras era miss Albacete,
y todos le decían. “Dolores, caga y vete”,
y ella sí, la cagaba, pero no, no se iba,

y había otro ministro que te cobraba el IVA
por cantar y reír y por hacer cultura,
porque su democracia era una dictadura,

y había unos matones con porras en las manos
que molían a palos a sus propios hermanos
y sacaban los ojos con pelotas de goma,
y el presidente chungo se lo tomaba a broma.

Y hartos de tanta mierda, dos raperos valientes
cantaban las verdades, movían a las gentes,
hasta que unos juheces con hache intercalada
porque olían a heces, soltaron la manada
de cobardes matones lacayos del Gobierno
más corrupto del mundo, los perros del infierno,
y llevaron al trullo a los dignos raperos,
los llevaron al trullo solo por ser sinceros.

Hagamos que la lucha de raperos honrados
no caiga en saco roto, que no sean olvidados;
pidamos, exijamos su puesta en libertad,
que a nadie se persiga por decir la verdad.

Todos somos raperos, todas somos raperas,
gritemos, proclamemos las cosas verdaderas.
Que nadie se acobarde y que nadie se calle,
gritémoslo bien fuerte, gritémoslo en la calle:

¡Ministros y jueces, presidentes y reyes
engañan a la gente, manipulan las leyes!