25 junio, 2026

El pueblo albanés contra el colonialismo sionista

 



OPTM – 21/06/2026

   Transcripción: Arrezafe


Las calles de Tirana están en plena ebullición, y no precisamente como las muestran los folletos turísticos. No se trata de una manifestación más, se trata de un levantamiento popular que se está convirtiendo rápidamente en una tormenta a nivel nacional. Si han estado al tanto de lo que sucede en los Balcanes, sabrán que Albania, país al que los medios occidentales han mostrado durante mucho tiempo como un paraíso turístico en auge, se haya ahora inmerso en la ira. Y esa ira tiene un objetivo muy claro: no sólo la oficina del primer ministro en Tirana, sino también la embajada israelí, ubicada en pleno centro de la capital.


Las protestas, que duran ya casi 20 días, comenzaron como una manifestación de carácter ambientalista contra un controvertido proyecto urbanístico en Zvërnec, una zona costera protegida cerca de Vlorë. Dicho proyecto, un complejo turístico de lujo en la costa sur, parecía a primera vista una simple iniciativa comercial. Pero al indagar más a fondo, se descubre una compleja alianza entre influyentes políticos estadounidenses, fondos soberanos del Golfo Pérsico e intereses israelíes. En concreto, el proyecto está estrechamente vinculado a Jared Kushner, yerno de Donald Trump. Su firma de capital privado, Affinity Partners, respaldada por 2.000 millones de dólares de Arabia Saudí y Qatari Capital, planea transformar la isla de Sazan y los humedales circundantes de Zvërnec en un enorme complejo ecológico valorado en 4.700 millones de dólares, complejo que incluiría 10.000 habitaciones de hotel, puertos deportivos e incluso la conversión de históricos búnkeres militares en instalaciones de lujo.


Pero el pueblo albanés no es tonto. Ve el peligro. Sazan no es una isla cualquiera. Ubicada a la entrada del mar Adriático, fue una base militar durante la Guerra Fría, y cuenta con búnkeres nucleares y túneles subterráneos. Entregar este enclave estratégico al consorcio de Kushner no es más que una flagrante traición a la soberanía nacional, y se acusa a la influencia de Israel de desempeñar un papel clave en este proceso, utilizando la isla como un potencial nodo de doble uso para la proyección de poder en el Mediterráneo. Esa es la razón por la que los manifestantes inundan las calles con pancartas que dicen "Albania no está en venta" y corean "¡Manos fuera de Sazan!". No se trata de una simple cuestión ambiental. Se trata de una lucha a vida o muerte contra el desmembramiento de la nación por parte de potencias extranjeras y políticos nacionales corruptos.




Ahora, las demandas de los manifestantes van mucho más allá de las preocupaciones ambientales. Sus exigencias son meridianamente claras: el primer ministro Eddie Rama debe dimitir; debe abolirse el marco legal que regula a los inversores estratégicos; por lo tanto, debe desecharse el llamado plan turístico y deben anularse las enmiendas a las leyes sobre áreas protegidas y patrimonio cultural. Este es un manifiesto en toda regla que exige una revisión total del sistema actual. Los manifestantes ya no confían en un gobierno controlado por el crimen y los intereses privados. De la plaza Skanderbeg, en Tirana, hasta Vorë, Durrës y Elbasan, la ola de protestas ha recorrido todo el país. La diáspora albanesa también está llevando a cabo protestas en Berlín, Múnich, Londres, Nueva York, Toronto y otras ciudades, convirtiéndose en un levantamiento albanés global.


¿Y cómo ha respondido el primer ministro albanés, Edi Rama? No ha escuchado al pueblo. Por el contrario, ha despreciado a los manifestantes tildándolos de cuervos que se alimentan del ruido y que quieren tomar a Albania como rehén. Rama se niega a entablar un diálogo constructivo, optando en su lugar por una táctica despreciable: culpar a Irán. Rama afirma que las protestas forman parte de una guerra híbrida orquestada por Irán, alimentada por desinformación generada por inteligencia artificial proveniente de fuerzas externas. Ha llegado incluso a afirmar, absurdamente, que el discurso antisemita sobre la reubicación de palestinos de Gaza a Albania se ha generado en las mezquitas.


Ningún joven albanés de cuantos protestan está en contra del desarrollo, sino en contra de la corrupción y de un desarrollo que esquilma la naturaleza y explota el medio ambiente y todo lo demás.


"Vine aquí a protestar –dice un manifestante– porque actualmente nos enfrentamos a un gobierno muy corrupto que está actuando en contra de su propio pueblo. Están haciendo todo lo posible para reprimir las manifestantes. Están haciendo todo lo posible para enriquecerse y aumentar sus ganancias mientras el ciudadano común sufre para poder cubrir sus necesidades básicas".


Sin embargo, lo que realmente agrava esta crisis es la intervención de Israel. Cuando los manifestantes expresaron su indignación por la política israelí, sentimiento totalmente comprensible dada la creciente cooperación militar y económica de Albania con Israel, la embajadora israelí en Albania, Galit Pelig, intervino acusando a los manifestantes. Afirmó que culpar a los judíos de los problemas internos es peligroso, llegando incluso a comparar la situación con la de la Alemania de la década de 1930. También descalificó las consignas y carteles antiisraelíes que representaban a Rama como sionista, calificándolos de falsedades. Pero, embajadora Pelig, ¿de verdad cree que el pueblo albanés no ve lo que está sucediendo ante sus propios ojos?


Apenas unos días antes de que estallaran las protestas, Albania e Israel firmaron un nuevo memorando de entendimiento sobre cooperación en agricultura, seguridad alimentaria e innovación. Israel lo calificó como un acuerdo histórico, renovado desde el pacto de 2001. El director general del Ministerio de Agricultura de Israel, Oren Lavi, afirmó que el acuerdo crea una amplia infraestructura para promover la innovación, el I+D y la transferencia de conocimientos. Pero debemos analizar este acuerdo con espíritu crítico. ¿Por qué Israel está tan interesado en la agricultura albanesa? La historia nos enseña que, antes de la creación del Estado de Israel en 1948, el Estado sionista se estableció en territorio palestino mediante el robo sistemático de tierras. "Cooperación agrícola", "transferencia de tecnología", "intercambio de conocimientos", son eufemismos que ocultan una intención estratégica de más calado: el control de la tierra, de los recursos y de la seguridad alimentaria. Bajo el pretexto de la modernización agrícola, Israel está implantando su influencia en suelo albanés. Y la cosa no termina ahí. Albania aprobó recientemente una ley que permite a los extranjeros comprar tierras agrícolas. ¿Acaso esto no allana el camino para que los grandes capitales israelíes entren en el estratégico sector agrícola albanés? Esto no es una teoría de la conspiración, es una realidad geopolítica.


Va para un mes que los albaneses protestan contra los planes para construir un complejo turístico de lujo cerca de humedales protegidos, conocidos por sus flamencos y por ser lugar de anidación de tortugas. El proyecto está respaldado por una empresa con sede en Qatar vinculada a Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.


A pesar de los intentos del primer ministro Rama de desviar la atención, la cooperación de Albania con Israel va mucho más allá de la agricultura. Ambos países ya han establecido una alianza estratégica en defensa, ciberseguridad y "lucha contra el terrorismo". La empresa israelí Elbit Systems suministra sistemas de artillería y drones a Albania y planea instalar en ella una planta de producción. Más de 40 empresas israelíes participaron en la cumbre de ciberseguridad celebrada en Tirana. La empresa israelí ADC (Albania Data Center) también fue seleccionada para construir el primer centro de datos de Albania. Israel se está integrando profundamente en la infraestructura nacional y en la arquitectura de seguridad de Albania. Y todo esto ocurre con la plena cooperación del gobierno de Rama. Mientras el pueblo albanés protesta en las calles contra la venta de su país, Rama entrega el patrimonio estratégico de Albania a Israel.


La SPAK (oficina especial anticorrupción de Albania) ha iniciado una investigación exhaustiva tras descubrir una inmensa red de corrupción. Dinero procedente del narcotráfico internacional de cocaína se blanqueaba a través de proyectos de lujo en la costa y planes de inversión estratégica. La SPAK ya ha detenido a 10 sospechosos. La investigación determina que dicha red traficó al menos 50 toneladas de cocaína entre 2019 y 2021 a través de Latinoamérica, Brasil, Bélgica y los Países Bajos. Las ganancias obtenidas se transfirieron masivamente en efectivo a Albania y luego se invirtieron en bienes raíces, acciones de empresas y negocios, principalmente en construcción, hostelería y consultoría. Los bienes incautados incluyen 266 propiedades, terrenos, hoteles, apartamentos y estacionamientos dispersos en Tirana, Durrës, Elbasan, Lezhë, Shkodër, Himarë y Sarandë. Todo esto está intrínsecamente vinculado al proyecto Zvërnec. La investigación de SPAK ya ha puesto en el punto de mira a figuras como Artur Shehu, vinculado a propiedades de terrenos en Zvërnec, y a un empresario de la construcción vinculado a importantes proyectos de desarrollo en Tyrana. Según informes, la investigación conecta las transacciones de terrenos en Zvërnec y la construcción de rascacielos en Tirana con presuntas ganancias del tráfico de cocaína que fluye desde Latinoamérica hacia Europa. Al parecer, SPAK ha incautado alrededor de 138 millones de euros vinculados a transacciones relacionadas con la adquisición de terrenos en Albania y pagos vinculados a inversores involucrados en el proyecto Zvërnec. Supuestamente, los fondos se encontraban en cuentas vinculadas a un notario y se utilizaban para la consolidación de terrenos destinados al desarrollo costero. En otras palabras, el litoral albanés está siendo devastado por el dinero del narcotráfico y el capital especulativo extranjero, mientras el gobierno de Rama lo aprueba todo y descalifica a quienes lo cuestionan, tachándolos de instrumentos de agentes extranjeros.


Ahora, unidas todas las piezas, veremos una imagen completa profundamente indignante. Un Estado rehén de una élite política corrupta. Una nación infiltrada y explotada por capital extranjero, especialmente israelí y estadounidense, y un pueblo cuya voz es reprimida y difamada como conspiración extranjera. Los manifestantes que protestan ante la embajada israelí, que derriban obras y vallas ilegales, no son delincuentes. Es la actuación legítima de un pueblo llevado al límite. Cuando pone en venta tu soberanía nacional, cuando tus costas y tierras son explotadas con dinero proveniente del narcotráfico y por especuladores extranjeros, cuando tu pueblo se ve obligado a abandonar su país para trabajar como jornaleros en el extranjero, mientras tu primer ministro se dedica a firmar acuerdos de cooperación con Israel y a insultarte, ¿qué se supone que debes hacer?




El gobierno de Rama intenta acusar a la protesta colectiva de antisemitismo. Pero la protesta no tiene nada que ver con los judíos ni con la religión. Se trata del sionismo, de la expansión geopolítica del Estado de Israel, de cómo una entidad que se considera la "única democracia de Asia occidental" utiliza la infiltración económica y la cooperación militar para establecer una cabeza de puente en los Balcanes. Se trata de Estados Unidos, de la familia Trump y de cómo Jared Kushner utiliza sus conexiones políticas para saquear tierras y recursos a nivel mundial. Se trata de la doble moral occidental. Predican la democracia y los derechos humanos, pero cuando el pueblo albanés ejerce sus derechos democráticos y sale a las calles a protestar, guardan silencio o incluso apoyan al gobierno que lo reprime. El pueblo albanés está harto. Han adoptado el flamenco rosa, ese frágil símbolo del ecosistema de los humedales, como emblema de resistencia. Gritan: «Queremos justicia». Han rodeado el Parlamento gritando: «Parlamento criminal». Exigen la dimisión de Rama. Exigen la dimisión de Berisha. Proclaman: «No nos rendiremos». Los albaneses ya están hartos. Ningún rascacielos puede reemplazar a una familia. Ninguna concesión puede reemplazar al emigrante que tuvo que abandonar su país. Ninguna inversión es más valiosa que un hogar con luz propia. Ellos tienen poder, pero nosotros tenemos Albania. Este es el clamor de una nación. Esta es la Revolución del Flamenco, una revolución que apenas ha comenzado.





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