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12 junio, 2023

«La gran estafa española» — Daniel Seixo

 


ANTIIMPERIALISTAS.COM – 12/06/2023


«No es lo mismo hablar de revolución democrática que de democracia revolucionaria. El primer concepto tiene un freno conservador; el segundo es liberador»


Hugo Chávez


«Quien renuncia a la lucha por el socialismo, renuncia también a la movilización obrera y a la democracia»


Rosa Luxemburgo


Apenas unas horas después de las elecciones municipales y autonómicas, que supusieron un duro varapalo para el tradicionalmente considerado espacio progresista español, nos encontramos de nuevo inmersos en la ensimismante enajenación electoral a la que los regímenes burgueses occidentales nos han acostumbrado, aislándonos cada vez más de cualquier proceso de cambio real o deliberación democrática revolucionaria.


En un escenario postelectoral en el que los socialistas pierden gran parte de su control territorial y mientras la marea conservadora avanza imparable en gran parte del país, la decisión del presidente del gobierno español de poner fin a la legislatura y adelantar las elecciones generales al 23 de julio de 2023, supone un arriesgado movimiento de doble filo. En este contexto, Sánchez no solo apuesta una vez más todo su capital electoral a la enésima alerta antifascista que pretende poner freno al Partido Popular y sus futuribles pactos con Vox, sino que, a su vez, se aventura a propiciar la estocada final a sus actuales socios parlamentarios y a los restos políticos de la breve y fácilmente encauzada indignación española hija del 15M.


Inmersos en inextinguibles luchas fratricidas y guiados únicamente por liderazgos basados en el tamaño del ego de sus cabezas visibles, poco ha tardado las formaciones de la llamada izquierda española a la hora de servir en bandeja de plata al PSOE la excusa perfecta para lograr sacrificar en el altar de la gobernabilidad y el sentido de estado a todas las voces mínimamente discordantes con su proyecto nacional. Un proyecto depredador plenamente comprometido con la salvaguarda de los restos del régimen del 78 y el proyecto imperialista comandado por Washington, mediante su brazo armado de la OTAN.


No nos engañemos: las tediosas disputas entre los restos del progresismo centralista, no son la enfermedad, sino tan solo un síntoma de la misma. Cautiva y desarmada desde la derrota militar frente al franquismo y la traición política del carrillismo y los hijos del quintacolumnismo alemán, la izquierda española queda hoy en manos de una burguesía con sede en Madrid que parece haber alcanzado finalmente sus últimos objetivos.


Independientemente de que nos refiramos al partido comandado en la sombra por Pablo Iglesias o al nuevo experimento posmoderno encarnado por quien el propio Pablo había elegido personalmente para sustituirlo en la torre de marfil del parlamentarismo español, lo cierto es que décadas de cesiones, malmenorismos, traiciones y profundo arribismo, han terminado convirtiendo a la supuesta izquierda española en un ente intensamente alienado, cínico, individualista y especialmente inane.


Seamos precisos, durante esta legislatura, el voluntarismo progresista de Unidas Podemos no ha podido ocultar los cerca de 39.000 desahucios durante el pasado año, los más de 13 millones de personas en riesgo de pobreza, el 45% de los «españoles» que llegan con dificultad a fin de mes, el hecho de que uno de cada ocho trabajadores subsiste con rentas inferiores a los 10.000 euros brutos anuales o el récord histórico de disoluciones mercantiles, sobrepasando los 26.000 y agudizando de este modo una desindustrialización que parece imparable.


Totalmente ajena a la cruel realidad diaria de la clase trabajadora del estado, la mal llamada izquierda española se ha enfrascado en el mero marketing político, pretendiendo diferenciar sus argumentos y programas de los de la derecha únicamente en el espacio identitario. Todo ello, después de haber aceptado plenamente la senda capitalista, llevando a que se haya abandonado cualquier expectativa de cambio o ruptura con las estructuras de poder heredadas del franquismo y con la industria de la muerte de la que el estado español forma parte por su integración en la OTAN.


La ausencia de autocrítica, los frenéticos ritmos políticos que impiden la reflexión, los continuos chantajes a sus votantes o el voraz discurso infantilista con el que se pretende movilizar a una población contemplada como mero ganado electoral, demuestran la urgencia de una formación ideológica y una deliberación colectiva totalmente ajena a los marcos impuestos por el sainete de las llamadas democracias burguesas.


A pesar de las esperanzas depositadas en el cambio democrático propiciado por estas estructuras de dominación de clase, la apabullante abstención, el resurgir del viejo fantasma del fascismo y las cíclicas crisis capitalistas que amenazan con arrasar hasta el último refugio de lo público y común, nos apremian a admitir y reconocer que la realidad no puede ser transformada desde las atalayas universitarias o mediáticas, totalmente desconectadas de la realidad material y política de los barrios obreros, las fábricas y el conflicto de clase sumamente candente en nuestras calles.


La incapacidad de la izquierda española para asumir sus propias derrotas, traiciones y falsedades parece abocarla a un ciclo sin fin de transformaciones aparentes en las que todo cambia para que todo siga igual. Llámese Sumar, Unidas Podemos, Izquierda Unida o Partido Socialista Obrero Español, los cambios de siglas, liderazgos y desechables programas políticos preelectorales no vienen sino a esconder la incapacidad del reformismo capitalista para encauzar los cambios políticos necesarios para revertir décadas de privatización de los servicios públicos y depauperación de la clase trabajadora del estado. No existe posibilidad alguna de reforma del marco español ni futuro para los pueblos del estado bajo la bota genocida del imperialismo estadounidense.


Y es ahí, en la senda del rupturismo con el régimen del 78 y el marco capitalista, en el que cualquier alternativa realmente a la izquierda debe buscar el contacto y el apoyo de las masas trabajadoras del estado. Alejarse de la izquierda progresista, moderada o de centro, supone un imperativo ineludible para comenzar a ejercer la rebelión práctica y la verdadera democracia revolucionaria que nos conecte con las resistencias de otros pueblos en el mundo y nos permita, de este modo, dejar atrás el voluntarismo inane del progresismo español. El objetivo inmediato es avanzar en la firme defensa de nuestro estado de bienestar, nuestra soberanía y la pacífica convivencia de los pueblos trabajadores del estado.


La alternativa y la disputa real se dibuja en estas coordenadas, por mucho que hoy el guirigay mediático pretenda entretenernos con sainetes vodevilescos acerca del futuro de las formaciones y personalidades políticas de los nuevos oportunistas del parlamentarismo español, se enmarquen estos en Sumar o Podemos.


Socialismo, autoorganización o barbarie.


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04 noviembre, 2021

“Me habéis convencido” — Jose Mari Esparza Zabalegi

 


Resumen Latinoamericano – 02/11/2021


Me habéis convencido. Me autocritico de mi connivencia con la violencia. Reconozco el daño causado. Mea culpa por cuanto he hecho en estas décadas, en las que mi suelo ético ha estado a la altura de mis zapatillas.


He sido de Herri Batasuna, un terrorista, un apologista sin entrañas. Agradezco a los políticos, jueces, tertulianos y columnistas, su insistencia para sacarme de mis yerros. En adelante quiero ser un demócrata, como ellos.


Me maleó la catequesis. Fueron los hermanos Macabeos, tan rebeldes ellos, los que me abocaron a la violencia; Sansón matando filisteos, Moisés estragando Egipto; Jesús sacando a hostias a los mercaderes del templo… Nunca debí haber leído la Biblia. Tampoco debí haber ido a la escuela. Aprobaba Historia porque me atraían sobremodo las revueltas contra los invasores: el morir matando de Numancia, las degollinas de Viriato, Santiago Matamoros patrón de España y los ovarios de Agustina de Aragón contra los franceses. El cine me hizo más violento aún: soñaba con Toro Sentado aniquilando el 7º de Caballería; Leónidas defendiendo el paso de las Termópilas o Robin Hood matando malos a flechazos.


Las lecturas de zagal acabaron por pervertirme: Homero, los tres mosqueteros o Miguel Strogoff dormían en mi mesilla, y me susurraban que mucho peor que la violencia, era la sumisión. Que por ética se puede, y a veces se debe, ser violento. Un día leí la Declaración Universal de los Derechos Humanos y comprobé que su prólogo resumía mis lecturas: donde no hay derechos, el hombre se ve compelido «al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión». No entiendo cómo todavía sigue vigente.


Un día me hice zurdo y abertzale, y mi entorno me indujo más aún la violencia: los del PNV me glosaban el heroísmo de los gudaris; los carlistas a Zumalakarregi; los anarquistas a Durruti y la acción directa; el PSOE la revuelta de Asturias; el PCE el maquis; la ORT, el MCE y el PTE, la Revolución proletaria, con AK-47 incluido… Mi casa se llenó de afiches del Che, de Zapata y de Ho Chi Min, mientras mi mesilla rebosaba de libros de Marx, Lenin, Orwell, Martí y otros incitadores. Todos lo tenían claro: la violencia era el recurso postrero de los oprimidos. Las únicas diferencias entre los partidos eran el cuándo político y el cómo ético, para no hacer más daño que el que se pretende evitar. Así pues, las condiciones subjetivas, estaban dadas. Las objetivas, en constante debate.


Entonces tomé las armas. En el Regimiento América 66 me enseñaron a matar por España. Fusil ametrallador, morteros del 120… Los cóctel Molotov eran cosa de pringados y de violentos, ahora lo veo claro. Pero entonces estaba tan maleado que tiraba feliz mi jersey al aire cuando sonaba la canción de Carrero, y acudía a Iparralde a potear con los refugiados vascos, donde podías coincidir con jerifaltes del PNV, Txiki Benegas y otros, con tantas ganas de fotografiarse con Argala que no tenían tiempo de explicarnos las diferencias entre maquis, gudaris y etarras. Aquella ETA determinante que, como bien dice ahora un exdirector de EGIN, jamás debió existir.


Tonto de mí, creía que terrorista era el franquismo, y los que luchaban contra él, apóstoles de la democracia. Pero de los 749 presos vascos que había en 1976, solo uno era del PSOE; tres del PNV y cuatro del PCE. Cuatro gatos, los demócratas. Los demás eran terroristas: 400 de ETA y el resto de grupos con el AK-47 en sus anagramas. Pero todo el país y toda la intelectualidad de Europa los apoyaba: Sartre, Malraux… ¿Cómo no íbamos a estar confundidos? Quizá fue el momento de arrepentirse. El PNV tenía razón, hoy tendríamos en suelo vasco aquellas cuatro hermosas centrales nucleares, la luz más barata y menos parque eólicos en nuestros montes. Todos viviríamos como Dios, como jelkides [militantes del PNV].


Teníamos un concepto equivocado del terror. Chomsky nos engañó cuando decía que a la violencia de los oprimidos se le llama terrorismo y a la de los opresores se le llama guerra. Por eso yo me creía un pacifista cuando voté NO a la OTAN. Calculaba, erróneamente, que todas las bombas del IRA y ETA no sobrepasaban, ni de lejos, los bombardeos que ordenó Solana sobre los Balcanes. Y que las guerras que apoyaban el PSOE y el PNV eran mucho más criminales e indiscriminadas que todas las organizaciones revolucionarias de Europa juntas. ¡Qué equivocado estaba!


Tienen razón los que ahora dicen que los pueblos oprimidos no deben, ni siquiera cuando no tengan otra salida, recurrir a ningún tipo de violencia. Drones sí, pero pedradas no. Y del mismo modo que no se puede ser demócrata consumiendo iconografía fascista, tampoco se puede ser pacifista ensalzando la violencia. Así pues, renuncio a mis simpatías por Espartaco, Tupac Amaru, la Comuna de París, la Revolución Rusa y esa banda armada que fueron las Brigadas Internacionales. Pido perdón por haber leído con fruición a Bolívar y los guerrilleros americanos, desde Sandino a Fidel. Por mis connivencias africanas con Sankara, los Mau Mau o el terrorista Mandela, que nunca renunció a su brazo armado. Repudio a Mujica el tupamaro, a Salvador Allende con su metralleta en mano; la Intifada palestina, la lucha de los kurdos y el barrio de Gamonal. Nunca volveré a Amaiur, ni celebraré la batalla de Orreaga, ni cantaré el Eusko Gudariak ni siquiera la Marsellesa. Hasta dejaré de visitar a presos y despediré de la empresa a cualquiera que, como Imanol Haranburu, haya estado en prisión.


Ya soy un demócrata. Siento el suelo ético subir hacia mi txapela. Ahora puedo dormir tranquilo.

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"Saquen sus sucias manos de Euskal Herria"

 Jon Idigoras en el Congreso de los Diputados (1995)




01 octubre, 2021

Por desconcertante que parezca — Antonio Orihuela

 



Por desconcertante que parezca, un estudio de J. S. Hacker y P. Pierson que lleva por nombre Winner Take all Politics: Public Policy, Political Organization, and the Precipitous Rise of Top Incomes in the Unites States, ha demostrado que el aumento de la desigualdad social y la concentración cada vez más abusiva de la riqueza en pocas manos en las democracias capitalistas, lejos de concentrar al electorado sobre las opciones de voto que defienden la redistribución de la renta y una mayor justicia social lo hace justamente sobre los partidos que están llevando a cabo este programa político antisocial que reclama del ciudadano medio grandes sacrificios personales, altas cotas de sufrimiento social y la desviación de fondos públicos hacia el sector privado. Una de las patas de este misterio hay que buscarla, sin duda, en el sentido que adquiere la propiedad individual pues, en tanto es enemiga de la igualdad y la justicia, hace que los que tengan algo, por poco sea, se sientan inmediatamente solidarios con los que tienen mucho o casi todo, en vez de con los que no tienen nada.


El planteamiento no deja de ser absurdo, porque el que tiene poco bien podría pensar que renunciando a defender la propiedad ésta no se sostendría porque los que tienen mucho o casi todo son demasiado pocos como para defenderla, con lo cual todos podrían tenerlo todo. Decía Fermín Salvochea hace más de un siglo que el comunismo libertario y la anarquía ya habrían llegado si no fuera por la "fuerza bruta que los mismos desheredados ponen imbécilmente en manos de aquellos que les aprietan las cadenas y les oprimen el corazón". ¿Y que reciben a cambio? Fermín Salvochea lo tenía claro, reciben la gracia de ser devorados, de que sea su sangre, sus músculos, sus huesos y, en fin, su vida, lo que veamos si miramos con atención las mansiones, los trajes, las joyas, las catedrales, las cárceles, los cuarteles y los parlamentos de los capitalistas. Esta es otra de las patas del enigma. ¿Por qué los que tienen poco, ante una situación de crisis que puede hacer empeorar aún más su situación, no responden con una práctica solidaria, común, concertada y revolucionaria contra los que lo tienen todo y en cambio responden solicitando líderes y manifestando aún más fervorosamente su ansia de sumisión? Como niños que buscan a un padre para que cuide de ellos, los dominados, lejos de cualquier práctica emancipadora, se echaron en los años treinta en brazos del fascismo igual que hoy lo hacen en brazos de los partidos al servicio del oligopolio transnacional. Encontramos aquí la tercera pata de este misterio sobre el que se asienta el poder de unos y la sumisión de otros, pues como niños, las masas se manifiestan como irresponsables y por tanto incapaces de decidir colectivamente sobre su futuro. El resultado es un mundo enfermo y asustado, ganado por la desconfianza mutua y la corrupción material y espiritual; con sociedades que ya no son, que se han fracturado, desintegrado, y en las que la vida ha sido alienada, transferida hacia lo virtual, enloquecida por el espectáculo y sus mercaderías hasta alcanzar un estado de insensibilidad moral absoluto que ha rehabilitado un egoísmo extremo, capaz de hacer que los problemas personales individuales borren todos los demás. Un estado en el que todo es justificable mientras las justificaciones vengan elaboradas desde el poder y sus aparatos de propaganda, mientras el sacrificio, invariablemente de los que tienen menos, se plantee como inevitable y conveniente. Un estado donde la inteligencia, la razón común, se halla en tal grado de descomposición que es incapaz de distinguir la apatía de la resignación.


Extraído de: El lenguaje secuestrado, Antonio Orihuela (2013)


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25 septiembre, 2019

Tiempo de elecciones. Encuentro entre pastores, perros y manada en los predios del amo - José Iglesias Fernández


Chumy Chúmez

El capitalismo es barbarie y, como tal, muestra sus diversas políticas de crueldad exigidas por la lógica de acumulación que su transmutación le impone en cada etapa: reproducirse en base al expolio de la naturaleza y la explotación del ser humano. Amparado siempre por su férreo control del Estado, son muy conocidos los ropajes político-económicos con los que se ha revestido a lo largo de los tiempos: conservadurismo, liberalismo, colonialismo, imperialismo, fascismo/nazismo, neoliberalismo y, ya muy pronto, la generalización por todo el planeta del capitalismo distópico. [1] Ya con el Estado moderno implantado, el capitalismo siempre se vale del amparo de los poderes considerados tradicionales para defender sus privilegios, especialmente los que se derivan del control y gestión de la propiedad privada. De aquí que moldea e influye [2] en el legislativo, el ejecutivo y el judicial; a la vez que las instituciones tradicionales integradas en el aparato administrativo, como la policía, los jueces, las cárceles, el ejército; [3] o mecanismos ideológicos, cómo la religión, el patriarcado, el racismo, el nacionalismo y el patriotismo, [4] etc. Y, según el grado que alcance las diferentes formas de opresión sobre los diversos grupos oprimidos, el nivel de gravedad en la confrontación entre las clases opresoras y la clases oprimidas, [5] las instituciones estatales podrán funcionar en régimen de democracia o dictadura, militar o civil, según convenga al momento y la geografía.

En este marco de control de poderes y defensa de intereses de la clase dominante, se realizan elecciones frecuentemente en los países bautizados con el mantra de democráticos, en los que siempre el electorado tiene que enfrentarse a elegir entre dos únicas opciones: decidir qué partido ocupará la gestión del leal gobierno del sistema y el partido que representará el papel de ejercer de leal oposición al leal gobierno del sistema. El capitalismo como tal jamás es cuestionado; en el caso que sea necesario, lo que denuncia la oposición son las políticas del gobierno de turno, que, dado el nivel de corrupción que está apareciendo en países como el estado español, la respuesta siempre es debido, no a la naturaleza sistémica del capitalismo, sino a la aparición de ovejas negras o ranas malcriadas, amparadas por sus cargos dentro de las instituciones administrativas, incluso partidos y sindicatos. Desde la segunda guerra mundial, esta alternancia de lealtades, unas veces en el gobierno y otras en la oposición, fue ejercida en los principales países europeos por lo que en su día Karl Marx clasificó de socialismo reaccionario y socialismo conservador o burgués, más popularmente conocidos como socialdemócratas. [6] Los poderes del sistema capitalista aceptaron de buen grado la entrada de estas corrientes en el sistema del amo, por dos objetivos: 1) para bien y para mal, representan a la izquierda dentro de la casa del amo; se encargan de domesticar a la izquierda anticapitalista; y 2) dan legitimidad a la democracia burguesa; cuando los conservadores hacen de gobierno los socialistas hacen de oposición, pero ambas corrientes políticas (partidos) mantienen a las ovejas dentro del redil (votantes); cuando los socialistas entran al gobierno, los conservadores intercambien los papeles. [7] Y es que reunión de pastores, entre los del gobierno y los de la oposición, ovejas muertas.[8]

Con el paso del tiempo, la costumbre de vivir en los rediles y rumiar en los pastos del amo, ha llevado a esa izquierda reaccionaria/conservadora a interpretar y a adaptarse a cualquier papel dentro de las instituciones del establisment que el amo crea conveniente y oportuno instaurar en cada momento: funcionaria, burócrata, académica, represora, integradora, domadora, compasiva y limosnera, sedante y legitimadora, patriótica, monárquica, demócrata, europea, etc. Este maridaje tóxico de los representantes del movimiento obrero (partidos, sindicatos, mutuas, cooperativas, académicos) con el sistema, y de pasarse la vida aprendiendo y respirando los valores del amo, ha ayudado a que la cultura de clase, el antagonismo de clase que representaba se diluyese, se volviese líquido. Ya algún autor se adelantaba a esta conclusión y advertía sobre la idea de que había que despedirse de la clase obrera e ir pensando en la no-clase. [9] Así mismo, otro autor decía recientemente que las luchas sociales tendrían que pensarse entre las personas precarias, la clase social emergente, y los rentistas, como si la producción mundial no estuviese realizada bajo la explotación de miles de millones de obreros y apropiada por un pequeño número de capitalistas. [10]

En la fase actual del capitalismo, neoliberalismo en transmutación hacia lo distópico, hay quien argumenta que las poblaciones explotadas/alienadas no tienen apenas capacidad de generar conflicto al capitalismo, debido a que el sistema las ha convertido en sujetos de rendimiento para consumir y en sujetos de consumo para rendir. [11] Otro análisis establece que, “el arte de esclavizar se ha ido refinando a lo largo de la historia, alcanzado su punto cumbre con el establecimiento de las clases sociales. Bajo apariencia de libertad se ha instaurado un nuevo modelo de esclavitud que ha reorganizado los sentimientos de resignación y rebeldía, generando legiones de zombis emocionales”. [12] Cierto que hemos de constatar que la izquierda establishment/burócrata ha representado el papel de leal oposición desde el final de la segunda guerra mundial, cerca de 75 años, en la mayoría de países democráticos occidentales; pero también es la responsable de que, en las contadas veces que estuvo en el poder, ejerció el gobierno para legislar en contra de las clases oprimidas, incluidas ahora los millones de personas reducidas a unas relaciones sociales con el capital en situación de pobreza y que rebautizamos como precarias: los pobres de antes trabajaban en situación de precario, sin derechos, y los precarios de hoy trabajan en situación de pobreza, sin derechos. Por tanto, hay que recordar a estos autores que la agenda progresista que tuvo la socialdemocracia contenía programas sociales dentro del sistema, para un capitalismo ético, pero no en contra del sistema.[13] Por tanto, a los gestores del capitalismo, y más a los propios capitalistas, les viene bien esto tipo de análisis, en los que constatan la muerte de la clase obrera, la defunción de las clases trabajadoras, pues ahuyentan toda tentación por parte de los oprimidos de asumir su propio proyecto de clase y cambiar el sistema. Recordemos una vez más lo que dijo hace poco uno de los grandes magnates del capitalismo: las clases existen y los ricos estamos ganando la batalla.[14] Lo que nos oculta este maligno personaje es que la clase capitalista juega el torneo siempre en casa, las reglas del encuentro las legisla su clase y los árbitros los nombran ellos; si en algún lugar pierden, llaman a la policía y a los militares para que cambien el resultado. Es decir, los miembros del leal gobierno y de la leal oposición (eso que se llama alternancia democrática) salen de las caballerizas y porquerizas que controlan ellos.

Lo dicho es funesto para las clases oprimidas. Cómo ejemplo y aplicación de ambos objetivos, todavía leemos a un conocido académico que envía el siguiente mensaje culpándonos a los antisistema de la degradación de los niveles de vida en el capitalismo: “a no ser que estos u otros partidos […] contestatarios anti establishment, y que han cambiado sus alianzas electorales como consecuencia de su desencanto con los partidos de izquierdas o centroizquierda tradicionales, […] el futuro será muy difícil, abocándonos a una situación que debería ser considerada inaceptable por la gran mayoría de la población de estos países”. [15] Es decir, a juicio de este académico, los responsables de la avaricia imparable del capitalismo son los antisistema (partidos o votantes), y no la exigencia sistémica de las leyes de explotación capitalistas. Es obvio que este profesor está por la socialdemocracia, corriente tan reaccionaria/conservadora como el neoliberalismo, y pretende convencernos, con sus argumentos, que no es un problema del capitalismo, sino de saber distinguir entre los buenos y los malos pastores, entre los que nos conducirán a los buenos pastos que existen dentro del redil del amo, o a la hecatombe.

Juega un papel destacado en la reproducción de las poblaciones segmentadas, domesticadas, alienadas, zombis, precarias, la industria de los medios de comunicación: genera beneficios inmensos y poder para reproducir en las poblaciones esa condición de oveja/zombi/precaria en fase de rendimiento. Los periodistas, así mismo sujetos de rendimiento y alienados por la dictadura del capitalismo que llevamos dentro, ya no cuestionan al capitalismo; segmentados, zombis, precarios, también se han convertido en esbirros del mismo; sólo se alarman si consideran que la democracia capitalista está en peligro. Carentes de la capacidad de autocrítica, las elecciones de mayo del 2017 a la presidencia de Francia confirman la condición ovina/bobina/caprina de estos "profesionales"; de hecho, por sus opiniones, parece que ya se comportan como robots, repitiendo la voz del amo que llevan dentro incorporada. [16] Dos ejemplos justo antes de las elecciones:

1. “Macron defiende una Francia abierta al mundo y a la inmigración, Le Pen proteccionismo comercial y cierre de fronteras. Dos posturas irreconciliables, reflejo de una profunda fractura del país, y que chocan como trenes cuando el asunto a tratar es Europa. Él firme europeísta, ella partidaria de abandonar el euro”.[17] Esta periodista, ¿no está condicionando el voto? Este medio, por seleccionar esta opinión, ¿no está defendiendo una opción de sociedad?
2. “¿Cómo alguien puede definirse de izquierdas y propugnar a la vez una abstención [18] en las elecciones francesas cuando se trata de una lucha antifascista?”. Entiendo que una persona que expresa esta opinión tan conservadora nos lance inmediatamente ya la respuesta: “situados en la encrucijada y por más que el «pragmatismo» laboral que defiende el líder de ¡En Marcha! sea muy preocupante, la alternativa (y este domingo no hay otra) es el fascismo”. [19] Y apela, para convencernos de que es más conveniente votar a un liberal, defensor del capitalismo financiero, que a una neofascista, defensora del capitalismo populista, a la opinión de la izquierda establisment expresada por Yanis Varoufakis: “soy antiglobalización y antineoliberal, pero por encima de todo, antifascista”. Lo dice una persona a sabiendas de que, desde dentro de las instituciones del amo, poco o nada se puede hacer; él mismo ha admitido que “los políticos electos tienen poco poder; Wall Street y una red de fondos de riesgo, multimillonarios y dueños de medios de comunicación tienen el poder real, y el arte de la política es reconocer esto como un hecho de la vida y lograr lo que pueda, sin entorpecer el sistema”.[20]

Menos mal que todavía queda alguna periodista que no tiene esa visión tan corporativista y admite que “es difícil tener y defender ideas propias cuando te la juegas”; [21] consciente de que el amo te despide por tenerlas y expresarlas: leemos el caso reciente de una famosa presentadora que, después de 30 años de actividad con la misma entidad radiofónica, la empresa la pone en la calle. [22] Por eso, lo que ya me cuesta aceptar, es que dada su condición de periodistas, cometan la estupidez y hagan el papelón de ignorar la existencia del capitalismo y sus reglas; estos asalariados de la noticia, en esta manera de informar, no les veo que tengan diferencias ideológicas con la de los candidatos a la presidencia francesa que señala Todd; este mismo autor añade que lo preocupante en este momento es comprobar cómo se está radicalizando el sistema, no las poblaciones, no los partidos, y menos los periodistas. [23] Así mismo de explícito y contundente, Gregorio Morán nos preguntaba y aportaba su opinión: “¿Qué es más peligroso para tu futuro como ciudadano, que te gobierne un banquero o una neofascista? La lucha de clases en su estado más diáfano. Lo mismo pero con diferentes métodos. Yo no votaría nunca a una neofascista, pero tampoco a un banquero, porque las diferencias entre uno y otro exigen la precisión de un cirujano analítico […] En España ese problema es inexistente. Ni hay intelectuales que soporten una polémica que comprometa sus emolumentos, y además el neofascismo se disolvió tras cuarenta años de dictadura; se fue reintegrando en la banca y las instituciones, y aquí no pasó nada. Como me decía un banquero, “yo no me meto en política, yo la hago”. [24]

Ahora bien, para la ciudadanía, la cuestión no debiera de quedar en saber a quién vota, sino en el por qué ha de votar. Así mismo, en mi caso, que me niego a pertenecer a ninguna especie de rebaño, ni tampoco seguir al pastor, ¿por qué tengo que adaptar mi compromiso político, o mi condición de persona, a las reglas decretadas por el sistema propietario/capitalista? Después de todo, la democracia representativa que nos gobierna, y la industria de los medios de comunicación que funcionan con estos códigos, [25] no es más que un montón de decretos y reglamentos legislados para que los amos mantengan la propiedad privada de los campos donde las poblaciones estamos obligadas, unas a pacer, y otras a pasar miseria viendo cómo estas pastan, pero todas domesticadas por los divulgadores de la ideología del capitalismo. De hecho, las corrientes de izquierda antisistema/anticapitalistas tomamos la decisión de que no hay que entrar en la casa del amo ni seguir su juego. Comportamientos y experiencias como las que se describen en acerca de dónde y cómo las gastan los llamados amos y sus instituciones capitalistas necesitan ser reconsideradas y debatidas. Así mismo, y porque siempre están apareciendo nuevas generaciones, no nos cansaremos de recordar y explicar el consejo que la experiencia le dictaba a Audre Lorde. Decía: “hay que abastecerse de unos valores e instrumentos que no podrán ser los del amo. [Porque los valores y] las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo. Quizá nos permitan obtener una victoria pasajera siguiendo las reglas del juego, pero nunca nos valdrán para efectuar un auténtico cambio”. [26] Ha pasado más de un centenar de años que la izquierda mainstream está instalada en la casa del amo, pero sigue sorda y ciega ante la realidad que contiene esta lección. Es la izquierda que asumió el rol político (y policial) de mantener la ficción de que existe una alternativa de cambio dentro de la casa del amo.


Por tanto, siempre estamos en el momento de replantear la lucha contra la opresión capitalista en sus diferentes expresiones. Por una parte, y según postula la autora Himani Bannerji, “los movimientos antirrepresivos podrán avanzar únicamente en la medida en que persigan objetivos comunes de justicia de clase-género-raza, y superen la lógica de la coalición por objetivos puntuales, que en muchos casos acaban diluyéndose en coaliciones efímeras por definición. La lucha anticapitalista debe ser una lucha feminista, antirracista y antiimperialista, y viceversa. Estas formas de poder deben abordarse frontalmente, todas ellas al mismo tiempo, de manera que una reivindicación feminista sea al mismo tiempo una reivindicación anticapitalista, que una reivindicación anticapitalista sea siempre una reivindicación antirracista y así consecutivamente” [27]; también es una buena ocasión para recordar e incluir la lucha contra otras formas de opresión, como es la religiosa, la militarista y la xenófoba, frecuentemente olvidadas cuando se analizan parcialmente estas tiranías. Por otra parte, la aglutinación de todas las propuestas de lucha contra la barbarie, contra todas las formas de opresión dentro del sistema capitalista, ha de tener como punto de arranque el que se inicie y mantenga desde fuera de la casa del amo (anti institucional), sin pastores ni perros que la vigilen y la repriman (anti representativa, horizontal y desde abajo), ni condicionada por las normas y decretos allí preestablecidos (anti burócrata); comprobamos como unos y otras intoxican, desorientan, desvían, dispersan, diluyen, individualizan, fragmentan, amaestran, domestican, etc., de forma que la lucha anticapitalista vuelve de nuevo a pacer en los pastos, y descansar en los rediles, del amo. Combinando ambos aspectos, quizá sea el momento de recordar que el compromiso anticapitalista es siempre una lucha conjunta contra la opresión de clase, de género, de raza, religiosa, xenófoba y militarista, a la vez que el de proponer modelos de sociedades comunales, [28] donde las instituciones y los valores del amo no intervengan en el proceso de cambio.

Notas
1 José Iglesias Fernández.  
2 Léase los lobbies, las puertas giratorias, las fundaciones, las donaciones, etc.
3 Recordemos el papel nefasto que juegan las “cloacas del estado”.
4 Ferrán Monegal dice que “la patria es la pasta; y el paraíso el lugar donde la esconden”. El Periódico de Cataluña, 14 mayo del 2017.
5 Estos periodistas hablan, no de conflicto de clase, sino de “ola de descontento general”.
6 Karl Marx. El manifiesto comunista. Fontana, 1998.
7 Uno de los muchos pastos y rediles que tiene el amo capitalista en el planeta es el Salón del Automóvil de Barcelona (Automobile Barcelona). La foto muestra el momento en que los muy honorables pastores de supuestas diferentes ideologías y gobiernos (central, autonómico de Cataluña, ayuntamiento de Barcelona, empresarios) se encuentran y saludan amigablemente. 12 mayo del 2017.
8 Hombre refranero. 
9 André Gorz. Adiós al proletariado. Más allá del socialismo. El Viejo Topo, 1981.
10 Guy Standing. ¿Quién servirá de voz al precariado que está surgiendo? Sin permiso, 5 junio del 2011. 
11 Byung-chul Han. Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Herder, 2014.
12 Agustín Franco. “La maldición de Ícaro: clases sociales y zombis emocionales”. Público, 12 mayo del 2007.
13 Hay que hacer una excepción en los países nórdicos que, durante los diez años "dorados" del capitalismo, el sistema cedió a implementar un estado de bienestar aceptable. Con la llegada del neoliberalismo, y sus crisis recurrentes, las nefastas reformas laborales, y los recortes sociales, son aplicadas por gobiernos socialdemócratas: léase Grecia, España, Portugal, Italia, Irlanda, etc.
14 Warren Buffet. “La lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando”.
15 Vicenç Navarro. El futuro será peor que el pasado a no ser que las políticas gubernamentales cambien. 
http://www.vnavarro.org/?p=14088
16 Ver comentario de Ferrán Monegal. “Un androide presentará las noticias”. El Periódico de Cataluña, 7 mayo del 2017.
17 Marta López. “Francia libra el nuevo combate mundial contra el populismo”. El Periódico de Cataluña, 7 mayo del 2017.
18 A mí me hubieran mandado a galeras por escribir “Manifiesto en defensa del voto por la abstención”. El Viejo Topo, nº 193, mayo del 2004. 
Ver también 
http://www.rentabasica.net/otras_obras/manifiesto_abstencion/manifiesto_...
19 Neus Tomàs. “Vestrynge y el fascismo”. El Periódico de Cataluña, 6 mayo del 2017.
20 Michael Roberts. “Las memorias de un marxista errático”. Sin permiso, 12 mayo del 2017.
21 Llucia Ramis. La Vanguardia, 14 mayo del 2017.
22 Gemma Nierga recibe miles de tuits de solidaridad de sus compañeros, pero ni ella ni nadie nos dice las causas por las que los propietarios tomaron esta decisión. Como decimos, son asalariados y tienen miedo a las represalias de los amos. Cómo nos pasó a los demás.
23 Emmanuel Todd. “Lo que más me preocupa en Francia es la radicalización de los poderosos”. Sin permiso, 12 mayo del 2017.
24 Gregorio Morán. “Fábula de banquero y neofascista”. La Vanguardia, 6 mayo del 2017. 
http://www.lavanguardia.com/opinion/20170506/422318301414/fabula-de-banq...
25 La industria de la "educación" (guarderías, escuelas, institutos, universidades, etc.) cumple y repite las mismas funciones alienantes que la de la industria "informativa".
26 Mercedes Jabardo (ed.). Feminismos negros. Una antología, p. 33. Traficantes de sueños, 2012.
27 Jonathan Martineau. Intersección, articulación: el álgebra feminista. 
28 José Iglesias Fernández. La sociedad comunal como una alternativa al capitalismo, 2014. 
http://www.rentabasica.net/comunalismo/La_sociedad_comunal_como_alternat... y Común. Más allá de la propiedad, el poder y el capitalismo, 2016.