VOCES DEL EXTREMO –
15/07/2021
para Fruela Fernández
La ultraderecha española
siguen metiendo miedo con
los inmigrantes,
pidiendo expulsiones,
verjas y palos,
pero la invasión no
viene en patera
viene en limusina, en
avión y en trasatlántico,
y esa España, con la que
a ellos se le llena la boca,
no sabe cómo vomitarlos.
Han comprado medio país,
reformado a su gusto
pueblos y ciudades,
construido urbanizaciones
exclusivas
en zonas no urbanizables,
vegas, riberas
y primeras líneas de
playa
con la complicidad y la
ayuda
de quienes claman
contra los que se ahogan
en el Mediterráneo.
Los que se aprovechan de
nuestro sistema de salud
no son los inmigrantes,
son ciudadanos europeos,
alemanes, británicos y
noruegos,
que vienen a hacer
turismo sanitario.
Los que nos expulsan
hacia la periferia,
encarecen los alquileres
y hacen invivible
el centro de las ciudades
no son los subsaharianos
sino los ciudadanos
europeos que vienen
a montárselo de botellón
en vuelos chárter
todos los fines de
semana.
La culpa de nuestros
sueldos de miseria
no la tiene la
competencia que nos hacen los de fuera
sino los niveles de
explotación
que somos capaces de
soportar
de los nuevos negreros de
la patronal.
La culpa de los
desahucios
no la tienen los
inmigrantes
sino los fondos buitre
alimentados por
inversores extranjeros
que así reparten
beneficios
y se preparan una
tranquila jubilación
especulando con tu casa,
tu impotencia y tu dolor.
Los valores y la cultura
no están peligrando por
culpa de los inmigrantes
sino por parte de los
residentes europeos
que están cambiando
nuestro estilo de vida,
que jamás se integrarán
en nuestra cultura,
nuestra idiosincrasia y
nuestras fiestas populares
y que se niegan a
aprender una sola palabra de nuestro idioma,
mientras nosotros tenemos
que pagar por hacer cursos
para aprender el suyo y
poder trabajar en la hostelería.
A fecha de hoy, los
alarmistas de la invasión,
los reyes de la xenofobia
y los abanderados
de la pureza racial y el
miedo, tienen a su favor
un millón de marroquíes,
medio de rumanos y latinos,
y doscientos mil chinos,
en total no más de cinco millones
de migrantes.
En su contra, los ochenta
millones de los que no dicen nada,
pero que están
destruyendo la identidad de nuestras ciudades,
convirtiéndolas en
parques temáticos,
empobreciendo a los que
viven en ellas
y generalizando el
trabajo esclavo en el sector servicios.
Ochenta millones de
termitas devoradoras
de recursos escasos, agua
y energía.
Ochenta millones de
termitas contaminadoras
y generadoras de
toneladas de residuos
sin aportar gran cosa al
tejido social de las ciudades.
Ochenta millones que
dejarán beneficios
mientras se puedan seguir
externalizando los costes, sí,
pero beneficios que se
quedan en muy pocas manos,
las de aquellos que
agitan en la frontera
banderas de España
contra los inmigrantes.
Antonio Orihuela.
Todos atrapados en la misma trampa. Ed. Garum, 2020
Los gringos y la "soberanía" de España.