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03 noviembre, 2023

VISITA AL OFTALMÓLOGO — Antonio Orihuela

 



VOCES DEL EXTREMO – 03/11/2023


– Veo terracitas, cerveza y cacahuetes,


pero no plazas ni calles,


veo cuerpos perfectos,


hormonados y siliconados,


pero no cabezas bien amuebladas,


veo publicidad, pero no información,


veo consumidores, pero no ciudadanos,


veo goles, pero no cantos de rebeldía,


veo limosnas, pero no sueldos,


veo niños y perros, pero no salidas.



– Esto le pasa por mirar siempre


desde abajo.



Antonio Orihuela. Diles que dije no. Ed. La isla de Siltolá, 2022


★


16 febrero, 2023

Esperando en la cola — Antonio Orihuela


VOCES DEL EXTREMO – 16/02/2023


SE LO HEMOS PUESTO TAN FÁCIL…


Abandonada la lucha por la igualdad económica

y todas las luchas que afecten

al nivel de vida de los ricos,


todas las luchas pueden continuar.


Qué reivindiquen, han dicho los ricos,

pero de uno en uno,


y aquí estamos, esperando en la cola.


★





25 noviembre, 2022

NUESTRA LUCHA — Antonio Orihuela

 



VOCES DEL EXTREMO – 25/11/2022


Yo soy artista y no político.

Una vez que se resuelva la cuestión polaca,

quiero terminar mi vida como artista.

Adolf Hitler al embajador británico Nevile Henderson



Estamos construyendo la sociedad

que un loco soñó en sus delirios disparatados

y al que hubo que inmolar

más de cien millones de personas

para poder cortar sus alambradas

y abrir los cerrojos de los campos

donde había encerrado a sus víctimas.


Hoy, a los desvaríos y aberraciones

de aquel pintor de postales

y sus bufones de opereta,

lo llamamos Civilización Occidental

y levantamos muros y alambradas

sin preguntarnos de qué lado vuelve a quedar


la fiera.



Antonio Orihuela. Camino de Olduvai. Poesía completa (2014 -2019)


★


01 octubre, 2021

Por desconcertante que parezca — Antonio Orihuela

 



Por desconcertante que parezca, un estudio de J. S. Hacker y P. Pierson que lleva por nombre Winner Take all Politics: Public Policy, Political Organization, and the Precipitous Rise of Top Incomes in the Unites States, ha demostrado que el aumento de la desigualdad social y la concentración cada vez más abusiva de la riqueza en pocas manos en las democracias capitalistas, lejos de concentrar al electorado sobre las opciones de voto que defienden la redistribución de la renta y una mayor justicia social lo hace justamente sobre los partidos que están llevando a cabo este programa político antisocial que reclama del ciudadano medio grandes sacrificios personales, altas cotas de sufrimiento social y la desviación de fondos públicos hacia el sector privado. Una de las patas de este misterio hay que buscarla, sin duda, en el sentido que adquiere la propiedad individual pues, en tanto es enemiga de la igualdad y la justicia, hace que los que tengan algo, por poco sea, se sientan inmediatamente solidarios con los que tienen mucho o casi todo, en vez de con los que no tienen nada.


El planteamiento no deja de ser absurdo, porque el que tiene poco bien podría pensar que renunciando a defender la propiedad ésta no se sostendría porque los que tienen mucho o casi todo son demasiado pocos como para defenderla, con lo cual todos podrían tenerlo todo. Decía Fermín Salvochea hace más de un siglo que el comunismo libertario y la anarquía ya habrían llegado si no fuera por la "fuerza bruta que los mismos desheredados ponen imbécilmente en manos de aquellos que les aprietan las cadenas y les oprimen el corazón". ¿Y que reciben a cambio? Fermín Salvochea lo tenía claro, reciben la gracia de ser devorados, de que sea su sangre, sus músculos, sus huesos y, en fin, su vida, lo que veamos si miramos con atención las mansiones, los trajes, las joyas, las catedrales, las cárceles, los cuarteles y los parlamentos de los capitalistas. Esta es otra de las patas del enigma. ¿Por qué los que tienen poco, ante una situación de crisis que puede hacer empeorar aún más su situación, no responden con una práctica solidaria, común, concertada y revolucionaria contra los que lo tienen todo y en cambio responden solicitando líderes y manifestando aún más fervorosamente su ansia de sumisión? Como niños que buscan a un padre para que cuide de ellos, los dominados, lejos de cualquier práctica emancipadora, se echaron en los años treinta en brazos del fascismo igual que hoy lo hacen en brazos de los partidos al servicio del oligopolio transnacional. Encontramos aquí la tercera pata de este misterio sobre el que se asienta el poder de unos y la sumisión de otros, pues como niños, las masas se manifiestan como irresponsables y por tanto incapaces de decidir colectivamente sobre su futuro. El resultado es un mundo enfermo y asustado, ganado por la desconfianza mutua y la corrupción material y espiritual; con sociedades que ya no son, que se han fracturado, desintegrado, y en las que la vida ha sido alienada, transferida hacia lo virtual, enloquecida por el espectáculo y sus mercaderías hasta alcanzar un estado de insensibilidad moral absoluto que ha rehabilitado un egoísmo extremo, capaz de hacer que los problemas personales individuales borren todos los demás. Un estado en el que todo es justificable mientras las justificaciones vengan elaboradas desde el poder y sus aparatos de propaganda, mientras el sacrificio, invariablemente de los que tienen menos, se plantee como inevitable y conveniente. Un estado donde la inteligencia, la razón común, se halla en tal grado de descomposición que es incapaz de distinguir la apatía de la resignación.


Extraído de: El lenguaje secuestrado, Antonio Orihuela (2013)


★

15 julio, 2021

LA INVASIÓN — Antonio Orihuela

 


VOCES DEL EXTREMO – 15/07/2021


                               para Fruela Fernández


La ultraderecha española

siguen metiendo miedo con los inmigrantes,

pidiendo expulsiones, verjas y palos,


pero la invasión no viene en patera

viene en limusina, en avión y en trasatlántico,


y esa España, con la que a ellos se le llena la boca,

no sabe cómo vomitarlos.


Han comprado medio país,

reformado a su gusto pueblos y ciudades,

construido urbanizaciones exclusivas

en zonas no urbanizables, vegas, riberas

y primeras líneas de playa

con la complicidad y la ayuda

de quienes claman

contra los que se ahogan en el Mediterráneo.


Los que se aprovechan de nuestro sistema de salud

no son los inmigrantes, son ciudadanos europeos,

alemanes, británicos y noruegos,

que vienen a hacer turismo sanitario.


Los que nos expulsan hacia la periferia,

encarecen los alquileres y hacen invivible

el centro de las ciudades no son los subsaharianos

sino los ciudadanos europeos que vienen

a montárselo de botellón en vuelos chárter

todos los fines de semana.


La culpa de nuestros sueldos de miseria

no la tiene la competencia que nos hacen los de fuera

sino los niveles de explotación

que somos capaces de soportar

de los nuevos negreros de la patronal.


La culpa de los desahucios

no la tienen los inmigrantes

sino los fondos buitre

alimentados por inversores extranjeros

que así reparten beneficios

y se preparan una tranquila jubilación

especulando con tu casa, tu impotencia y tu dolor.


Los valores y la cultura

no están peligrando por culpa de los inmigrantes

sino por parte de los residentes europeos

que están cambiando nuestro estilo de vida,

que jamás se integrarán en nuestra cultura,

nuestra idiosincrasia y nuestras fiestas populares

y que se niegan a aprender una sola palabra de nuestro idioma,

mientras nosotros tenemos que pagar por hacer cursos

para aprender el suyo y poder trabajar en la hostelería.


A fecha de hoy, los alarmistas de la invasión,

los reyes de la xenofobia y los abanderados

de la pureza racial y el miedo, tienen a su favor

un millón de marroquíes, medio de rumanos y latinos,

y doscientos mil chinos, en total no más de cinco millones

de migrantes.


En su contra, los ochenta millones de los que no dicen nada,

pero que están destruyendo la identidad de nuestras ciudades,

convirtiéndolas en parques temáticos,

empobreciendo a los que viven en ellas

y generalizando el trabajo esclavo en el sector servicios.


Ochenta millones de termitas devoradoras

de recursos escasos, agua y energía.


Ochenta millones de termitas contaminadoras

y generadoras de toneladas de residuos

sin aportar gran cosa al tejido social de las ciudades.


Ochenta millones que dejarán beneficios

mientras se puedan seguir externalizando los costes, sí,

pero beneficios que se quedan en muy pocas manos,

las de aquellos que agitan en la frontera

banderas de España contra los inmigrantes.


  Antonio Orihuela. Todos atrapados en la misma trampa. Ed. Garum, 2020


Los gringos y la "soberanía" de España.


11 mayo, 2021

"Te va a encantar" — Antonio Orihuela

 



VOCES DEL EXTREMO – 11/05/2021


BARRUNTO


El partido del futuro se llamará Mayoría Silenciosa,

será un partido transparente, apolítico, piramidal,

representativo, incluyente, emprendedor,


hablará por todos

porque hará suyo el silencio de las masas,


cambiará la obsoleta lucha de clases

por la caridad reconfortante,


prometerá apartamentos en primera línea de playa

con vistas a las pistas de esquí,


producirá sentido para las masas,

promoverá la amnesia reconfortante,

exaltará la ignorancia y el consumismo,

dirigirá los flujos, dictará los hábitos,

organizará el repliegue hacia el hogar,

el rechazo de la política, la historia,

lo trascendente.

Sobrevivirá mil años.


Te va a encantar.


Antonio Orihuela. Lavar carbón. Ed. Amargord, 2019




26 noviembre, 2020

LA INVASIÓN — Antonio Orihuela

                             Voces del extremo – 26/11/2020

para Fruela Fernández



La ultraderecha española

siguen metiendo miedo con los inmigrantes,

pidiendo expulsiones, verjas y palos,

pero la invasión no viene en patera

viene en limusina, en avión y en trasatlántico,

y esa España, con la que a ellos se le llena la boca,

no sabe cómo vomitarlos.


Han comprado medio país,

reformado a su gusto pueblos y ciudades,

construido urbanizaciones exclusivas

en zonas no urbanizables, vegas, riberas

y primeras líneas de playa

con la complicidad y la ayuda

de quienes claman

contra los que se ahogan en el Mediterráneo.


Los que se aprovechan de nuestro sistema de salud

no son los inmigrantes, son ciudadanos europeos,

alemanes, británicos y noruegos,

que vienen a hacer turismo sanitario.


Los que nos expulsan hacia la periferia,

encarecen los alquileres y hacen invivible

el centro de las ciudades no son los subsaharianos

sino los ciudadanos europeos que vienen

a montárselo de botellón en vuelos chárter

todos los fines de semana.


La culpa de nuestros sueldos de miseria

no la tiene la competencia que nos hacen los de fuera

sino los niveles de explotación

que somos capaces de soportar

de los nuevos negreros de la patronal.


La culpa de los desahucios

no la tienen los inmigrantes

sino los fondos buitre

alimentados por inversores extranjeros

que así reparten beneficios

y se preparan una tranquila jubilación

especulando con tu casa, tu impotencia y tu dolor.


Los valores y la cultura

no están peligrando por culpa de los inmigrantes

sino por parte de los residentes europeos

que están cambiando nuestro estilo de vida,

que jamás se integrarán en nuestra cultura,

nuestra idiosincrasia y nuestras fiestas populares

y que se niegan a aprender una sola palabra de nuestro idioma,

mientras nosotros tenemos que pagar por hacer cursos

para aprender el suyo y poder trabajar en la hostelería.


A fecha de hoy, los alarmistas de la invasión,

los reyes de la xenofobia y los abanderados

de la pureza racial y el miedo, tienen a su favor

un millón de marroquíes, medio de rumanos y latinos,

y doscientos mil chinos, en total no más de cinco millones

de migrantes.


En su contra, los ochenta millones de los que no dicen nada,

pero que están destruyendo la identidad de nuestras ciudades,

convirtiéndolas en parques temáticos,

empobreciendo a los que viven en ellas

y generalizando el trabajo esclavo en el sector servicios.


Ochenta millones de termitas devoradoras

de recursos escasos, agua y energía.


Ochenta millones de termitas contaminadoras

y generadoras de toneladas de residuos

sin aportar gran cosa al tejido social de las ciudades.


Ochenta millones que dejarán beneficios

mientras se puedan seguir externalizando los costes, sí,

pero beneficios que se quedan en muy pocas manos,


las de aquellos que agitan en la frontera

banderas de España contra los inmigrantes.



Antonio Orihuela. Todos atrapados en la misma trampa. Ed. Garum, 2020

28 septiembre, 2019

24 mayo, 2019

P R O G R E S O




Voces del extremo – 24/05/2019

En las playas de Mazagón,
los últimos veintitrés kilómetros de acantilado
de dunas fósiles cuaternarias que quedaban en Europa
tienen los días contados.

Según los políticos, hay que traer a Mazagón turismo de calidad,
campos de golf e inversores extranjeros.

La gente normal ni tiene calidad,
ni sabe jugar al golf,
ni habla inglés.

Habría que eliminar la gente sin calidad,
para que estas playas fueran perfectas.


Antonio Orihuela. Esperar Sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2016



21 mayo, 2018

CUATRO PREGUNTAS - Antonio Orihuela





LO LÓGICO Y LO RACIONAL O CUATRO PREGUNTAS A MANUEL SACRISTÁN DURANTE LA ÚLTIMA CACEROLADA CONTRA LA INSTALACIÓN DE INDUSTRIAS CONTAMINANTES EN LA CUENCA MEDIA DEL GUADIANA


para Daniel Rojo y Jorge Riechmann


I

Por qué consigue Spencer Tunick
que seiscientas personas se desnuden en un glaciar suizo
y es imposible reunirlas para pedir una vivienda digna,
el fin de las cárceles
o llevar pan y medicinas a donde no hay.

Por qué consigue el capital que en Huelva
sean los mismos trabajadores los que se unan a la patronal
para defender la producción de su propio cáncer
y sea imposible unirlos para pedir el fin de la explotación
o el cierre de todas las industrias contaminantes.

Por qué es capaz el mercado de concentrarnos
para el consumo y el despilfarro
y somos incapaces de agruparnos
para intervenir conscientemente en la vida social
y proyectarnos en una sociedad sin clases.

Por qué consigue la censura de la cultura oficial
reunirnos en torno a sus mitos y sus parodias
y somos incapaces de pensar la vida como autoconciencia
y sentido de la libertad personal.

II

Y a pesar de todo, de nuestro escaso número,
nos fue confiada la escudilla.

Mientras la hagamos sonar no todo estará perdido.

En ella, cada moneda multiplica por infinito
contra las omisiones de realidad, contra sus negaciones.

Por eso, no te avergüences, agita la escudilla.

Allí donde las palabras son ríos
que van a dar a la caja de caudales
que es nuestro morir,
sea nuestra tarea irrenunciable
agitar la escudilla.

No para pedir sino para regalar,
para cantar la lentitud,
el camino perdido
pero regado con infinitas e intangibles miguitas de pan,
con la cálida y eterna floración
de lo enigmáticamente imprevisible.

Sí, también a pesar de las porras de la policía,
sea nuestra tarea, en medio del miedo y del ruido,
el lugar de las búsquedas donde nos lo jugamos todo,
el sonido de la escudilla que transmite
la más visible de las enseñanzas.


Antonio Orihuela. Esperar Sentado.  2ª. Ed. Ed. Ruleta Rusa, 2017.