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26 noviembre, 2020

LA INVASIÓN — Antonio Orihuela

                             Voces del extremo 26/11/2020

para Fruela Fernández



La ultraderecha española

siguen metiendo miedo con los inmigrantes,

pidiendo expulsiones, verjas y palos,

pero la invasión no viene en patera

viene en limusina, en avión y en trasatlántico,

y esa España, con la que a ellos se le llena la boca,

no sabe cómo vomitarlos.


Han comprado medio país,

reformado a su gusto pueblos y ciudades,

construido urbanizaciones exclusivas

en zonas no urbanizables, vegas, riberas

y primeras líneas de playa

con la complicidad y la ayuda

de quienes claman

contra los que se ahogan en el Mediterráneo.


Los que se aprovechan de nuestro sistema de salud

no son los inmigrantes, son ciudadanos europeos,

alemanes, británicos y noruegos,

que vienen a hacer turismo sanitario.


Los que nos expulsan hacia la periferia,

encarecen los alquileres y hacen invivible

el centro de las ciudades no son los subsaharianos

sino los ciudadanos europeos que vienen

a montárselo de botellón en vuelos chárter

todos los fines de semana.


La culpa de nuestros sueldos de miseria

no la tiene la competencia que nos hacen los de fuera

sino los niveles de explotación

que somos capaces de soportar

de los nuevos negreros de la patronal.


La culpa de los desahucios

no la tienen los inmigrantes

sino los fondos buitre

alimentados por inversores extranjeros

que así reparten beneficios

y se preparan una tranquila jubilación

especulando con tu casa, tu impotencia y tu dolor.


Los valores y la cultura

no están peligrando por culpa de los inmigrantes

sino por parte de los residentes europeos

que están cambiando nuestro estilo de vida,

que jamás se integrarán en nuestra cultura,

nuestra idiosincrasia y nuestras fiestas populares

y que se niegan a aprender una sola palabra de nuestro idioma,

mientras nosotros tenemos que pagar por hacer cursos

para aprender el suyo y poder trabajar en la hostelería.


A fecha de hoy, los alarmistas de la invasión,

los reyes de la xenofobia y los abanderados

de la pureza racial y el miedo, tienen a su favor

un millón de marroquíes, medio de rumanos y latinos,

y doscientos mil chinos, en total no más de cinco millones

de migrantes.


En su contra, los ochenta millones de los que no dicen nada,

pero que están destruyendo la identidad de nuestras ciudades,

convirtiéndolas en parques temáticos,

empobreciendo a los que viven en ellas

y generalizando el trabajo esclavo en el sector servicios.


Ochenta millones de termitas devoradoras

de recursos escasos, agua y energía.


Ochenta millones de termitas contaminadoras

y generadoras de toneladas de residuos

sin aportar gran cosa al tejido social de las ciudades.


Ochenta millones que dejarán beneficios

mientras se puedan seguir externalizando los costes, sí,

pero beneficios que se quedan en muy pocas manos,


las de aquellos que agitan en la frontera

banderas de España contra los inmigrantes.



Antonio Orihuela. Todos atrapados en la misma trampa. Ed. Garum, 2020

07 junio, 2019

USA: Scott Warren podría pasar 20 años en prisión por ofrecer agua y comida a dos inmigrantes indocumentados



Terc3ra - 06/06/2019

El juicio al profesor universitario Scott Warren, miembro de la organización No Más Muertes, comenzó este miércoles en la Corte Federal de Tucson, Arizona, y podría marcar el futuro de la ayuda humanitaria en la frontera de Estados Unidos con México.

Warren enfrenta tres cargos criminales por ofrecer agua, comida, ropa limpia y una cama para dormir a dos inmigrantes indocumentados dentro del campamento del grupo humanitario No Más Muertes, en la población de Ajo, en Arizona. En caso de ser declarado culpable, el voluntario podría enfrentar una sentencia de hasta 20 años de prisión.

El juicio, que se espera termine el próximo 7 de junio, comenzó esta tarde con la selección del jurado.

«Es un acto de simple humanidad, no solo se vive una crisis migratoria en la frontera, sino una crisis humana, una crisis moral», dijo el reconocido lingüista y filósofo Noam Chomsky durante una conferencia de prensa en las afueras de la Corte Federal en Tucson.

Chomsky indicó que los cargos por «albergar inmigrantes indocumentados» impuestos a Warren le recuerdan el conflicto que hubo en la década de 1980 en los países centroamericanos. Catedrático de la Universidad de Arizona, Chomsky enfatizó que Estados Unidos debe reconocer el papel que jugaron en el desplazamiento masivo y la migración forzada de tantas personas de Centroamérica.

También, alabó el trabajo humanitario que grupos como No Más Muertes llevan a cabo en la frontera. «Debemos emprender esta tarea con buena voluntad y dedicación, no solo para compensar lo que hemos hecho, sino porque es un acto de humanidad simple», dijo Chomsky.

«Esto sería cierto incluso si no tuviéramos la responsabilidad de crear las condiciones a partir de las cuales personas huyen desesperadas. Más aún cuando compartimos la responsabilidad de estas tragedias», remarcó el filósofo.

Por su parte, Alison J. Harrington, pastora de la Iglesia Presbiteriana del Sur en Tucson, dijo que el juicio es un «ataque directo» a los grupos de ayuda humanitaria en la frontera por parte de la Administración de Donald Trump.

«Esperábamos que después de tantas llamadas y firmas provenientes de personas de todas partes del país la fiscalía retirara los cargos antes de comenzar el juicio», anotó Harrington.

Warren, profesor de la Universidad del Estado de Arizona, fue arrestado en enero de 2017 durante una redada al campamento de No Más Muertes, donde los agentes de la Patrulla Fronteriza encontraron a dos inmigrantes indocumentados

Liberado posteriormente, el profesor enfrentó otro juicio el mes pasado por ingresar en un automóvil al Refugio Nacional de Vida Salvaje de Cabeza Prieta, Arizona.

También se sentó en el banquillo de los acusados por «abandono de propiedad», debido a que dejó en el desierto galones de agua y comida enlatada para salvar vidas de inmigrantes que cruzan el desierto de Arizona. El juez en este otro caso aun no ha dado a conocer su veredicto.



09 enero, 2019

“Europa no debería preocuparse por los inmigrantes. Debería preocuparse por el creciente fascismo” — Laurie Penny




NewStatesman14/08/2015 / traducción: Arrezafe

Hay una metáfora sobre las ranas en ebullición que dice, que si pones una rana en una cacerola con agua fría y aumentas el calor muy lentamente, la rana permanecerá allí hasta cocerse. El hirviente cambio cultural es así. Es difícil de detectar cuando estás viviendo dentro de él. Puedes permanecer quieto mientras el estado de ánimo social se vuelve progresivamente más duro, más áspero y más feo, diciéndote a ti mismo que todo va a estar bien, mientras a tu alrededor el agua comienza a burbujear.

[...]

El comportamiento de la élite británica y europea hacia los inmigrantes no es simple inhumanidad. Es una inhumanidad estratégica. Es una inhumanidad armada y diseñada para convencer a las poblaciones que se fracturan bajo golpes de martillo, de austeridad y de caos económico, de que el enemigo está ahí fuera, que hay un "nosotros" que debe ser protegido de "ellos". Hay una razón por la que la sugerencia precisa de David Cameron sobre cómo tratar con los seres humanos desesperados que cruzan el canal es "más perros y cercas". Hay una razón por la que la respuesta de Angela Merkel, en junio, a una manifestación donde los cuerpos de los inmigrantes ahogados fueron enterrados en el jardín delantero del Bundestag, fue un pétreo silencio.

[...]

El fascismo surge cuando se alienta una fractura cultural en el tejido social que propicie la unidad contra una supuesta amenaza externa. Es el aterrador "no son nosotros" lo que nos da la falsa impresión de que hay un "nosotros" que defender.

Ciertamente, los niveles de vida han bajado en la eurozona, pero eso tiene muy poco que ver con la inmigración. La minoría elegida debe sumar y convocar los temores de todas las clases sociales a la vez.

[...]

Nadie puede decidir si los inmigrantes son un problema porque trabajan duro y aceptan incondicionalmente todos los empleos (el mayor temor de una clase trabajadora golpeada por el desempleo y la caída de los salarios) o si es que son demasiado perezosos, por lo que suponen una onerosa carga social (el mayor temor de una clase media que sufre con el aumento de las rentas y los recortes en los servicios sociales);

Ambas cosas no pueden ser a la vez, y de hecho no lo son, pero lo importante es que, de todas maneras, la paradoja se mantenga. Es por eso que el Consejo Consultivo de Migración [UK] está imponiendo controles nuevos y más estrictos a los "inmigrantes calificados" que ingresan al país, incluso cuando se pone fin a un sistema de apoyo estatal, ya miserable para los solicitantes de asilo.

No sé en qué momento de la última década las palabras "solicitante de asilo" se convirtieron en sinónimo de "criminal" en la cotidiana conversación popular, pero ese día, el continente europeo se convirtió en un lugar más decadente y mezquino.

La decencia humana, sin embargo, ha sido premeditadamente arrojada fuera de la ecuación. Gran Bretaña y el resto de Europa han sido deliberadamente sumergidas en un estado de pánico respecto a la inmigración, y cuando la gente entra en pánico no atiende a razones. Ninguna de las numerosas y tranquilizadoras estadísticas –por ejemplo, que la cantidad de refugiados en Gran Bretaña no solo sea baja, sino decreciente– ayudarán cuando tienes las páginas del Daily Mail repletas de viñetas de caricaturas racistas donde los náufragos "ilegales" tratan de saltar las cercas del cielo hacia los recién fallecidos tesoros de una cultura que considera publicable esto en las noticias diarias. 

[...]

La prensa liberal es tan culpable de esto como cualquiera. Las noticias notoriamente más compasivas se encargan de recordarnos que los inmigrantes realmente "enriquecen" nuestra cultura y brindan beneficios económicos. El hecho de que esto sea totalmente cierto no lo hace menos un argumento ofensivo. Los inmigrantes no llegan al oeste –desde Siria, Eritrea, Afganistán o de cualquier otra nación que haya sido colonizada, ocupada y luego bombardeada y saqueada de sus recursos durante siglos de explotación imperial y postimperial– principalmente para enriquecer las vidas de occidentales y amenizar nuestra horrible cocina con cierto sabor. Migran temiendo por sus vidas. Vienen en busca de asilo, seguridad y oportunidades, y tienen todo el derecho para hacerlo, si no es por la ley natural de la tierra, entonces por los principios de la justicia y la decencia humana.

La mayor amenaza para nuestra "forma de vida" no es la inmigración. La inmigración cambia la sociedad, pero mucho menos y de manera muy distinta que, por ejemplo, la tecnología, la austeridad económica, la creciente desigualdad, la globalización o el cambio climático. La mayor amenaza para nuestra "forma de vida", si es que alguna vez ha habido algo así en este vasto y variado continente, no es que algún día tú o yo estemos sentados en un autobús y escuchemos a alguien hablando pashtum o tigriña. La amenaza es que nos tragaremos la narrativa pública de que los inmigrantes, personas de países no europeos son menos humanos que el resto de nosotros, que piensan y sienten menos, que importan menos. Los europeos son muy capaces de sumergirse tranquilamente en el agua burbujeante del fanatismo cultural hasta que se evapore cada fragmento de compasión restante. Esa es la verdadera amenaza para nuestra "forma de vida".



03 agosto, 2018

La mano de Casado - JRMora




Sonrisitas Casado ya amenazó que no se iría de vacaciones. Y el verano es muy malo. Hay que tirar de la rabiosa y escandalosa actualidad porque el debate de fondo, si es que alguna vez existió, también se ha marchado ya de vacaciones. Ojo, que tonto no es. La sequía informativa le garantiza el seguimiento de cualquier perfomance despreciable de las suyas.

La política de inmigración no admite demagogias”, soltó Sonrisitas Casado rodeado de las alcachofas y lentes de los medios que había convocado para el paseillo-recepción con los recién llegados. Una vez que ya se había presentado genuflexo a Felipito número seis y en modo groupie al tapón de las Azores, solo le quedaba tirarse en plancha a una piscina llena de seres humanos.

Horas antes, en pleno subidón de venazo Salvini, ya había hecho saber a los que calificó de hijos del efecto llamada, que no hay papeles para todos. Eso sí, entre sonrisita y sonrisita intercalaba un gesto como oteando el alma de las personas a las que estrechaba la mano, porque a él también le desgarra este drama y frunce el ceño como Albert Rivera. Para que se le note bien el dolor en los planos. “Yo también soy persona”, añadió. Ambos comparten su pasión por imitar las fotos con poses y miradas al infinito de Adolfo Suárez, entre otras cosas.

De nada sirven populismos y demagogias”, añadió Sonrisitas después de hacer el ridículo acusando a Pdro Schez de “hacerse la foto” en la recepción del buque Aquarius, foto que nunca se hizo, y de inventarse cienes de millones de datos falsos que el director de la Meretérica tuvo que desmentir.



10 julio, 2018

Antes de que la lepenización de Goldman-Sachs nos robe todas las banderas – Rafael Poch


Ernesto Rodera




La política migratoria de la UE es síntoma de una tendencia y reto para una izquierda sin soluciones

En el lento tránsito de la Unión Europa hacia su fragmentada y disgregada inoperancia, asistimos a la coalición del neoliberalismo con la extrema derecha política. Es lo que bauticé como la “lepenización de Goldman-Sachs”. La cumbre de finales de junio adoptó una política de extrema derecha en materia de refugiados: 1– Refuerzo de las fronteras exteriores de la UE vía la ampliación de las competencias y el presupuesto de Frontex, la agencia europea competente, 2– incrementar la repatriación de emigrantes irregulares estableciendo campos de concentración en África del Norte y en el interior de la UE, instalaciones que llevarán nombres de camuflaje como “centros de control” o “plataformas de desembarco”.

Mientras los jefes de estado europeos alcanzaban de madrugada e in extremis, como viene siendo habitual– estas resoluciones, la semana se saldaba con por lo menos 220 personas ahogadas en el Mediterráneo, según la estimación de la agencia de refugiados de la ONU. Desde 2014, 16.000 han perdido la vida tratando de alcanzar Europa, unas 35.000 desde el año 2000, según la misma agencia.

Lo peor está por venir

Aunque el actual flujo migratorio hacia Europa no es significativo para un conjunto de 500 millones de habitantes –y comparado con la situación en Líbano o Turquía es francamente insignificante– logra potenciar la “lepenización” política en muchos países a causa del encogimiento del estado social y de la competencia entre pobres autóctonos y pobres foráneos, hasta el extremo de alterar los mapas políticos nacionales.

Lo que comenzó siendo un fenómeno francés con el éxito del Frente Nacional de Le Pen, afecta ahora a muchos países europeos. La novedad es que esta “lepenización” se ha instalado en Alemania. La canciller Merkel, que en 2015 se marcó el brevísimo farol de acoger emigrantes por una mezcla de razones de imagen y de falta de mano de obra, ha visto como en dos años se formaba en su Bundestag el mayor grupo parlamentario de extrema derecha de Europa (92 diputados). La derecha alemana no ha tenido ningún problema en asumir el programa lepeniano, que ha llegado al poder en Italia, en Austria y otros países, bajo el impulso de la retrograda CSU, el partido que gobierna Baviera prácticamente sin interrupción desde antes de que el Partido Comunista Chino llegara al poder en 1949.

Las predicciones y proyecciones del calentamiento global sugieren que el actual problema migratorio dejará de ser anecdótico. Unido a los efectos del belicismo en Oriente Medio, del comercio injusto por doquier y del neocolonialismo bajo otras formas en África y otros lugares, el cuadro es inequívoco.

El vector de esta política apunta hacia una división del mundo en dos categorías, dos castas geográfico-sociales, en la que el estrato superior que podría implicar al 20% de la población del planeta podría vivir en un cuadro de relativa distribución, suficiente para generar un consenso y una fuerza militar capaz de mantener al 80% restante en una posición totalmente subyugada y paupérrima. Evocando este escenario, el sociólogo Immanuel Wallerstein observa con razón que, “el orden mundial que Hitler tuvo en mente no era muy diferente”.

Actuar sobre el conjunto

¿Qué vamos a oponer a eso?, ¿el Open Arms y el elogio infantil del mundo feliz sin fronteras, versión humanitaria de la mundialización neoliberal del capital? Mantenerse en esa posición ha sido, precisamente lo que ha llevado a millones de ciudadanos europeos a emigrar electoralmente a la extrema derecha, desde la izquierda y la socialdemocracia. En Francia y en Alemania (véase la discusión en el último congreso de Die Linke) se comienza a tomar conciencia de algo banal: por supuesto que es inaceptable la política de campos de concentración y el holocausto mediterráneo, pero el problema –no el actual, sino el que nos garantizan las proyecciones futuras y que conduce a esa especie de reedición del mundo hitleriano– es irresoluble sin actuar sobre el conjunto.

Acabar con el orden desorden neoliberal-belicista, dejar de participar en él y romper con las alianzas que lo promocionan, sería el primer artículo del decálogo para cumplir con el mundo.

El antibelicismo habría que conjugarlo con políticas contra el crecimiento crematístico que está en el origen de tales desastres, con el fin de las políticas comerciales basadas en la rapiña y el abuso así como con los regímenes emplazados en el Sur para garantizarlas, con la práctica del multilateralismo en la esfera diplomática, con la denuncia de los acuerdos y relaciones desiguales, con el coto al extractivismo y a la emisión desenfrenada de gases responsables del efecto invernadero, con el respeto y desarrollo de los acuerdos internacionales en la materia, con el cumplimiento del insuficiente compromiso de la ONU de dedicar el 0,7% del PIB a la ayuda al desarrollo, con la prohibición de la venta de armas y la sanción al colonialismo, con la promoción del desarme de los recursos de destrucción masiva comenzando por las cinco potencias nucleares del consejo de seguridad de la ONU, etc., etc.

Solo desde un programa político reformista y humanista que apuntara en esa dirección, podría un estado nacional cerrar sus puertas a los grandes flujos migratorios que están por venir, alegando su compromiso práctico con un mundo viable y la necesidad de preservar su estabilidad interna, sin la cual se pierde toda posibilidad de acción política.

Solo los gobiernos del Norte que cumplan con el mundo podrían cerrar sus puertas al emigrante sin sentir la vergüenza que suscita la presente política hipócrita de la Unión Europea, hablando por un lado de derechos y valores mientras se organizan centros de detención de emigrantes en África y se alimentan las hogueras globales con un modo de vida inviable para todos y sostenido por el militarismo.

La izquierda debería reflexionar sobre cómo abordar esto y dejar de parapetarse en el “open arms” y el “mundo sin fronteras” que nos vendieron los gringos junto con su globalización, un mundo en el que los estados son sustituidos por ONG´s y la política por la manipulable ideología de los derechos humanos.

De la misma forma en que la solución a la desigualdad no es la caridad, sino la nivelación social y una política fiscal acorde, el problema de los emigrantes debe enfocarse en el marco de programas de cambio general. Antes de que la lepenización de Goldman Sachs nos robe todas las banderas.

20 junio, 2018

¡Qué repugnante y descarada hipocresía! - Loam





¿Habrá aprovechado el rey –que tanto dice (bla, bla, bla...) amar América Latina– su encuentro con Trump  para protestar por el trato racista e inhumano perpetrado por su soberbio anfitrión y su gobierno fascista con los inmigrantes latinoamericanos? ¡Claro que no! Tal vez, siguiendo la arrogante y antidemocrática actitud de su padre con Hugo Chávez (“Por qué no te callas”), se habría atrevido a exigirle “más democracia” a Evo Morales o a Maduro, que no separan a niños y niñas de sus padres, ni los enjaulan, ni se inclinan serviles ante el imperio y sus criminales gangsters. ¡Qué repugnante y descarada hipocresía!


28 abril, 2015

Misión imposible para la Unión Europea, pero no para la OTAN.

La campaña mediática orquestada por la OTAN para socorrer a los refugiados que se ahogan en el Mediterráneo sólo es el preludio de una intervención militar en Libia. En realidad, a la alianza atlántica no le interesa la suerte de los refugiados y la prueba es que nadie habla de los migrantes que se embarcan en Turquía. 
Manlio Dinucci señala la planificación de la OTAN.


«Identificación, captura y destrucción sistemática de las embarcaciones utilizadas por los traficantes de personas, desmantelamiento de sus redes, confiscación de sus bienes.» Esa es la tarea de la misión PESD (Política Europea de Seguridad y Defensa) que debe preparar la Alta Representante de la Unión Europea, Federica Mogherini.

La tarea está clara. Lo que está por saber es cómo realizarla. Y es inútil compararla con otras misiones, como la misión Atalanta, oficialmente dirigida contra la piratería en el área del Cuerno africano con la participación de la marina de guerra italiana. En esta última, desarrollada en el Océano Índico, el objetivo era impedir que frágiles embarcaciones, con unos pocos individuos armados a bordo, fuesen utilizadas para asaltar barcos mercantes. En el Mediterráneo, el objetivo sería detectar y destruir embarcaciones en los puertos libios antes de que los traficantes de personas lleguen a utilizarlas… o capturarlas si ya están en alta mar.

 Primer problema: ¿Cómo diferenciar, mientras están en puerto, las embarcaciones de los traficantes de personas y las embarcaciones que realmente se usan en el comercio y la pesca?
 
Segundo problema: admitiendo que algún drone o satélite permita identificar una embarcación de traficantes de personas cuando aún está en puerto, ¿cómo destruirla? ¿Con un drone portador de misiles, como el drone estadounidense que mató a un cooperante italiano en Pakistán, o con un cazabombardero Eurofighter Typhoon, que provocará una masacre de civiles? ¿Con fuerzas especiales que desembarcarían de noche desde un submarino y que tendrán que enfrentar la resistencia de milicias armadas? Y si la embarcación se hace a la mar cargada de refugiados, ¿cómo bloquearla con un navío de guerra sin provocar una masacre?
 
Tercer problema: ¿Cómo desmantelar la red de traficantes de personas sin enviar fuerzas militares al territorio libio?

A falta de respuesta a esos problemas, la misión PESD, anunciada a bombo y platillo, ha de convertirse en una «Armada Brancaleone» condenada al fracaso.

Pero quizás sea precisamente ese el objetivo.

Si la misión PESD acaba metiéndose en dificultades, la OTAN está lista a «socorrer» a la Unión Europea. En febrero pasado, el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg advirtió en Roma que «el deterioro de la situación en Libia podría traducirse en nuevas amenazas contra la seguridad europea» y que «la OTAN debe estar lista para defender a cualquiera de sus aliados ante esas amenazas». Así, anunció que a partir de 2016 comenzará a funcionar en Sigonella (Italia) el nuevo sistema AGS (Alliance Ground Surveillance) que permitirá vigilar, con drones Global Hawk y por otros medios, todo el territorio que va desde el norte de África hasta el Medio Oriente para prestar apoyo a las operaciones de la OTAN, fundamentalmente a las de la «Fuerza de Respuesta».

El primer ensayo será en Libia, donde «la situación está fuera de control», según dijo Stoltenberg, sin mencionar que fue precisamente la OTAN quien destruyó el Estado libio pero afirmando que «la OTAN está dispuesta a apoyar a las autoridades libias».

La misión PESD es por lo tanto el preludio de una nueva operación de la OTAN, operación que se justificará invocando la hecatombe de refugiados en el Mediterráneo para crear un estado de opinión favorable a una intervención militar directa en Libia. ¿Y por qué no organizando un desembarco de cooperantes y humanitarios, transmitido por televisión al mundo entero, en el marco de una «iniciativa humanitaria extraordinaria» que, en vista del caos reinante en el país, tendría que desarrollarse bajo la «protección» de los militares.

El verdadero objetivo de tal operación sería crear en Libia una cabeza de playa ocupando las zonas costeras más importantes, no sólo por sus recursos energéticos sino por su posición geográfica entre el Mediterráneo, África y el Medio Oriente.

vía