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22 junio, 2018

Tránsito mortal en el «Mediterráneo ampliado» ——— Manlio Dinucci


"Liberty", transporte de armamento. "Aquarius", salvamento marítimo

Una extraña circulación se ve hoy en el Mediterráneo. En un sentido, circulación de armamento hacia África y el Medio Oriente. En sentido contrario, refugiados víctimas de ese armamento. Pero los políticos europeos fingen no conocer la principal causa del flujo de refugiados.

Las luces del espectáculo político-mediático se concentran en los flujos migratorios Sur-Norte que atraviesan el Mediterráneo, pero dejan en la sombra otros flujos: los que, en el sentido Norte-Sur, llevan tropas y armamento, también a través del Mediterráneo. O más bien a través del «Mediterráneo ampliado», un área que, en el marco de la estrategia de Estados Unidos y la OTAN, se extiende desde el Atlántico hasta el Mar Negro y, por el sur, desde el Golfo Pérsico hasta el Océano Índico.

Durante su encuentro en Roma con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, el primer ministro italiano Giuseppe Conte subrayó la «centralidad del Mediterráneo ampliado para la seguridad europea», amenazada por «el arco de inestabilidad que va desde el Mediterráneo hasta el Medio Oriente». De ahí su importancia para la OTAN, alianza militar bajo las órdenes de Estados Unidos que Conte define como «pilar de la seguridad interna e internacional», una declaración que invierte por completo la realidad.

Es fundamentalmente la estrategia de Estados Unidos y la OTAN lo que ha dado lugar al «arco de inestabilidad» con las dos guerras contra Irak, las otras dos guerras que destruyeron el Estado yugoslavo y la Yamahiriya Árabe Libia y, ahora, con otra guerra tendiente a destruir el Estado sirio. Italia, que ha participado en todas esas guerras, desempeña, según Conte, «un papel clave para la seguridad y la estabilidad del flanco sur de la alianza atlántica».

¿Cómo lo hace? Eso es algo que puede entenderse analizando lo que los medios de difusión esconden a la opinión pública.

El barco de la marina de guerra estadounidense USS Trenton que recogió 42 refugiados –autorizados a desembarcar en Sicilia, contrariamente a los que se hallaban en el navío Aquarius– no está en Sicilia para cumplir labores humanitarias en el Mediterráneo.

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El USS Trenton es una unidad naval rápida (jusqu’à 80 km/h), capaz de hacer desembarcar en cuestión de horas un cuerpo expedicionario de 400 soldados con sus vehículos en las costas del norte de África. Fuerzas especiales estadounidenses operan en Libia, donde entrenan y dirigen grupos armados aliados, mientras que drones armados de Estados Unidos, que despegan desde la base de Sigonella –en la isla italiana de Sicilia–, golpean objetivos en Libia. Stoltenberg anunció que, dentro de poco, también operarán desde Sigonella drones de la OTAN. Esos artefactos aéreos sin piloto integrarán el «Hub de dirección estratégica de la OTAN para el sur», un centro de inteligencia para operaciones militares que se desarrollan en el Medio Oriente, en el norte de África, el Sahel y el África subsahariana.


La misión del nuevo Cuartel General de Inteligencia de la OTAN: 
 operaciones secretas de espionaje y "humanitarias"

El «Hub», que entrará en su fase operativa en julio, tiene su sede en Lago Patria (Italia), en el Mando de Fuerza Conjunta de la OTAN (JFC Naples), bajo las órdenes de un almirante estadounidense –actualmente el almirante James Foggo– quien también tiene bajo su mando las fuerzas navales de Estados Unidos en Europa (incluyendo el cuartel general de esas fuerzas en Nápoles-Capodichino y la Sexta Flota estadounidense, con base en Gaeta, Italia) y las fuerzas navales de Estados Unidos en África. A todas esas fuerzas se integró ahora el portaviones USS Harry Truman, que entró hace 2 meses al Mediterráneo con su grupo de ataque.
El 10 de junio de 2018, mientras la atención de los medios se concentraba en el Aquarius, la flota estadounidense –que incluye 8000 soldados, 90 aviones de guerra y más de 1000 misiles, se desplegaba en el este del Mediterráneo, lista para actuar en Siria e Irak. En esos mismos días, el 12 y el 13 de junio, hacía escala en Livorno (Italia) el Liberty Pride, uno de los navíos militarizados estadounidenses, con otro más de los cargamentos de armas que llegan mensualmente a Jordania y Arabia Saudita, desde la base estadounidense de Camp Darby (en Pisa, Italia), para la guerra en Siria y en Yemen.

Así se alimentan las guerras que, con los mecanismos neocoloniales de explotación, empobrecen poblaciones y las llevan a huir de sus países. La consecuencia es el dramático aumento de los flujos migratorios, con su cortejo de víctimas y de nuevas formas de esclavitud.

«Parece que ser duro en materia de inmigración da resultado», comenta el presidente Trump, refiriéndose a las medidas decididas no sólo por Matteo Salvini [ministro italiano del Interior] sino por todo el gobierno italiano, cuyo primer ministro recibe de Trump el calificativo de «fantástico». Un elogio merecido de parte de Estados Unidos, definido como «aliado privilegiado» de Italia, en el programa de gobierno del nuevo ejecutivo italiano.



28 abril, 2015

Misión imposible para la Unión Europea, pero no para la OTAN.

La campaña mediática orquestada por la OTAN para socorrer a los refugiados que se ahogan en el Mediterráneo sólo es el preludio de una intervención militar en Libia. En realidad, a la alianza atlántica no le interesa la suerte de los refugiados y la prueba es que nadie habla de los migrantes que se embarcan en Turquía. 
Manlio Dinucci señala la planificación de la OTAN.


«Identificación, captura y destrucción sistemática de las embarcaciones utilizadas por los traficantes de personas, desmantelamiento de sus redes, confiscación de sus bienes.» Esa es la tarea de la misión PESD (Política Europea de Seguridad y Defensa) que debe preparar la Alta Representante de la Unión Europea, Federica Mogherini.

La tarea está clara. Lo que está por saber es cómo realizarla. Y es inútil compararla con otras misiones, como la misión Atalanta, oficialmente dirigida contra la piratería en el área del Cuerno africano con la participación de la marina de guerra italiana. En esta última, desarrollada en el Océano Índico, el objetivo era impedir que frágiles embarcaciones, con unos pocos individuos armados a bordo, fuesen utilizadas para asaltar barcos mercantes. En el Mediterráneo, el objetivo sería detectar y destruir embarcaciones en los puertos libios antes de que los traficantes de personas lleguen a utilizarlas… o capturarlas si ya están en alta mar.

 Primer problema: ¿Cómo diferenciar, mientras están en puerto, las embarcaciones de los traficantes de personas y las embarcaciones que realmente se usan en el comercio y la pesca?
 
Segundo problema: admitiendo que algún drone o satélite permita identificar una embarcación de traficantes de personas cuando aún está en puerto, ¿cómo destruirla? ¿Con un drone portador de misiles, como el drone estadounidense que mató a un cooperante italiano en Pakistán, o con un cazabombardero Eurofighter Typhoon, que provocará una masacre de civiles? ¿Con fuerzas especiales que desembarcarían de noche desde un submarino y que tendrán que enfrentar la resistencia de milicias armadas? Y si la embarcación se hace a la mar cargada de refugiados, ¿cómo bloquearla con un navío de guerra sin provocar una masacre?
 
Tercer problema: ¿Cómo desmantelar la red de traficantes de personas sin enviar fuerzas militares al territorio libio?

A falta de respuesta a esos problemas, la misión PESD, anunciada a bombo y platillo, ha de convertirse en una «Armada Brancaleone» condenada al fracaso.

Pero quizás sea precisamente ese el objetivo.

Si la misión PESD acaba metiéndose en dificultades, la OTAN está lista a «socorrer» a la Unión Europea. En febrero pasado, el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg advirtió en Roma que «el deterioro de la situación en Libia podría traducirse en nuevas amenazas contra la seguridad europea» y que «la OTAN debe estar lista para defender a cualquiera de sus aliados ante esas amenazas». Así, anunció que a partir de 2016 comenzará a funcionar en Sigonella (Italia) el nuevo sistema AGS (Alliance Ground Surveillance) que permitirá vigilar, con drones Global Hawk y por otros medios, todo el territorio que va desde el norte de África hasta el Medio Oriente para prestar apoyo a las operaciones de la OTAN, fundamentalmente a las de la «Fuerza de Respuesta».

El primer ensayo será en Libia, donde «la situación está fuera de control», según dijo Stoltenberg, sin mencionar que fue precisamente la OTAN quien destruyó el Estado libio pero afirmando que «la OTAN está dispuesta a apoyar a las autoridades libias».

La misión PESD es por lo tanto el preludio de una nueva operación de la OTAN, operación que se justificará invocando la hecatombe de refugiados en el Mediterráneo para crear un estado de opinión favorable a una intervención militar directa en Libia. ¿Y por qué no organizando un desembarco de cooperantes y humanitarios, transmitido por televisión al mundo entero, en el marco de una «iniciativa humanitaria extraordinaria» que, en vista del caos reinante en el país, tendría que desarrollarse bajo la «protección» de los militares.

El verdadero objetivo de tal operación sería crear en Libia una cabeza de playa ocupando las zonas costeras más importantes, no sólo por sus recursos energéticos sino por su posición geográfica entre el Mediterráneo, África y el Medio Oriente.

vía 


07 diciembre, 2012

EL TERRITORIO PRELITORAL MEDITERRÁNEO COMO TARJETA POSTAL


Miquel Amorós

La ordenación del territorio peninsular según el interés del capital ha roto el equilibrio entre territorio interior y periferia costera, quedando la población concentrada en el litoral, la capital del país y las capitales regionales, mientras el resto del territorio continúa con su despoblamiento. El 60% de la población habita en municipios costeros pero de cumplirse los planes aprobados en los consistorios afectados subirán diez puntos en los próximos diez años. Desde 1900 a 2001 han desaparecido 1200 municipios que albergaron en su día cerca de dos millones de habitantes. La población se incrementó en 22 millones durante el mismo periodo, de los cuales el 40% vive en siete conurbaciones que no representan más que el 1% del territorio. El paso de una economía productora de bienes a otra de servicios ocurrido durante la globalización no hace sino acelerar el proceso: merced a una urbanización desbocada la costa queda completamente destruida, mientras que el interior cercano muda en una reserva de suelo donde continuar la actividad inmobiliaria.

Dada la escasa presencia de las ciudades mediterráneas en las finanzas internacionales, el declive de la industria y el ocaso de la agricultura, la construcción aparece como el único motor de la economía, y el urbanismo salvaje, como la única herramienta para acumular rápidamente capital. Los permisos de construcción son la principal fuente de financiación de los ayuntamientos y más del 70% de la recaudación tributaria de los gobiernos regionales tienen que ver con la compraventa de vivienda nueva o de segunda mano (transmisiones patrimoniales, actos jurídicos documentales, etc.).

La economía terciaria es despilfarradora de espacio; acarrea una explotación extensiva del territorio, el cual queda sometido a fuertes presiones especulativas, fruto de los incesantes movimientos al alza del mercado del suelo y de la vivienda, estimulado en primer lugar por la demanda local de segundas residencias. Todo ello favorecido por leyes permisivas, complicidad política y corrupción administrativa. Fin de la distinción entre campo y ciudad. El espacio del capital deja de ser exclusivamente el territorio urbano, o lo que viene a ser lo mismo, todo territorio exterior a las metrópolis es potencialmente metropolitano. La estructura territorial de pueblos y ciudades de dimensión mediana, rodeados por huertas y comunicados en red, queda radicalmente cambiada.

La mejora de los accesos viarios desde la misma orilla del mar y la conversión por la retaguardia de la N-340 en autovía, al favorecer el transporte, facilita el trueque de la actividad productiva en comercial y logística –es decir, la terciarización–, de forma que el territorio prelitoral se vuelve satélite de la alargadísima conurbación costera, ya “vertebrada” por la autopista A7.

Una vez saturado el litoral, la presión de los promotores se traslada a la segunda y tercera línea de la costa, al otro lado de la autopista. A fin de aumentarla, la Generalitat valenciana impulsa en la provincia de Alicante la construcción de nueve autovías “de alta capacidad”, una “malla” de 180 Km. que conecta con eficacia el interior con la conurbación costera. Los pueblos y ciudades hasta cincuenta o sesenta kilómetros tierra adentro entran en el mercado inmobiliario con fuerza, y el suelo, transformado en paisaje, ofrece posibilidades de grandes plusvalías gracias a una recalificación que permita la construcción de segundas residencias e instalaciones turísticas. O aunque no lo permita; el trabajo sucio que prepara el terreno es llevado a cabo por pequeñas constructoras e inmobiliarias locales, que edifican en suelo no urbanizable, en parcelas agrarias o en espacios protegidos. La inmensa demanda de agua, siempre escasa en la zona, de las urbanizaciones y los campos de golf obliga a la construcción de embalses y trasvases aberrantes, que con la consiguiente desecación de los acuíferos, los humedales y las fuentes, elimina los ríos. La demanda de energía hace que en las lomas peladas las eólicas sustituyan a las carrascas y que las líneas de alta tensión surquen el terreno y amenacen la salud de sus habitantes, como los desperdicios que se acumulan y contaminan las capas freáticas de los suelos. Se generan siete kilos diarios de residuos por habitante. Los bosques padecen sobredosis de incendios, mientras que los caminos son borrados por las carreteras que de paso subrayan a picotazos el paisaje calizo de las montañas, mordidas por las canteras.

En el mar y en la montaña se oye el mismo discurso de la mercancía. La identidad territorial, aquello que volvía únicos los lugares, ya no existe. Por todas partes donde han construido los vándalos el espacio se ha banalizado, se ha vuelto vulgar e igual a cualquier otro, ha sido proletarizado. Sin embargo, la singularidad local no dependía tanto del espacio como de sus gentes, de su modo de vivir, de sus costumbres, de sus tradiciones. Por eso la conservación del lugar como paisaje termina en cierto modo de clavar el puñal a lo propio, pues nada distingue ya a un aldeano de un urbanita, ni a uno de ellos de su vecino de al lado; hablan la misma lengua con el mismo acento, conducen los mismos coches hacia lugares idénticos, comen la misma comida industrial, ven los mismos programas de televisión, y en definitiva, tienen la misma mentalidad e igual idea mercantilizada del tiempo y de la existencia. De hecho, gracias a la motorización generalizada nadie es cien por cien de ninguna parte; los habitantes de los pueblos suelen trabajar en las ciudades y viceversa, de forma que el asfalto que los comunica deviene un hábitat común, pues todos pasan en él una parte significativa de su tiempo. Finalmente, los movimientos migratorios completan el panorama del desarraigo.

Cada vez son más los residentes de origen europeo de mediana edad que se instalan para gozar de un clima benigno, y, en el otro extremo, cada vez abundan más los trabajadores foráneos que expulsados de sus países por la miseria, buscan su subsistencia lejos.

El mercado del suelo es un mercado global, que escapa al control no ya de los propietarios, sino al de los especuladores locales. Las decisiones que determinan los cambios que experimenta el territorio no dependen de sus habitantes, sino del humor de ejecutivos que probablemente nunca lo han hollado y que no tienen en cuenta más que la rentabilidad de las cédulas hipotecarias o las variaciones del euribor. El territorio ha de poseer una nueva identidad de mercado con la que competir con otros. Por desgracia, los dirigentes de los pueblos y ciudades pequeñas, aunque no sean corruptos, hacen la cama a las inmobiliarias al esforzarse en promocionar una imagen de marca que atraiga a los visitantes, y, por supuesto, que acerque a los inversores, con lo que el proceso de destrucción prosigue inexorablemente.

La manzana de la salvación que las finanzas exteriores ofrecen a las poblaciones después de haberlas arruinado, es un fruto ponzoñoso, pero los pueblos medio muertos y las ciudades en quiebra no tienen otra opción: o ponen su territorio a rendir, o languidecen en la decadencia. Es el momento en el que intervienen las clases medias que han surgido durante el tránsito a la economía de servicios, gracias a plataformas cívicas que reivindican una “nueva cultura del territorio”. Dicha cultura consiste en la reinversión de una parte de los beneficios de la destrucción en el propio territorio, con vistas a seguir rentabilizándolo. La acumulación de capital se prolonga en la reconstrucción territorial de acuerdo con tópicos ecologistas salpicados de folklore local. No se preserva así la identidad para sus habitantes sino la imagen para los negocios. No se impide la catástrofe ambiental y social, sino que se cogestiona con el objetivo de no perjudicar los nuevos intereses locales económicos y políticos. Los numerosos “Salvem” no salvan entonces al territorio del mercado, lo salvan para el mercado.

La resistencia a la destrucción y a la reconstrucción folklórico-mercantil del territorio ha de basarse en estrategias que paralicen el mercado del suelo desde un modo de vida no consumista ni motorizado. Una forma de vivir autónoma necesita ser autosuficiente al menos en cuanto a las necesidades elementales, pero sobre todo ha de ser comunitaria. Implica por un lado la relocalización de las actividades tradicionales abandonadas, como la agricultura biológica, los talleres artesanos y la pequeña industria cooperativa. Por otro lado, la propiedad comunal y el derecho consuetudinario. O sea, por un lado, el autoabastecimiento, el trueque y, en definitiva, la recolocación del territorio fuera de la geografía del capital. Por el otro, la creación de lugares de encuentro y discusión, la revitalización de la cultura y la vida pública. La forma espacial de la libertad es la autogestión territorial mediante asambleas comunales. La asamblea municipal, elemento fundamental de la democracia directa, ha de detentar el poder por encima de cualquier otro órgano. Son las únicas instituciones donde un interés general puede formularse en una sociedad descentralizada. Cuidado con las coordinadoras, los consejos económicos o los comités de ciudadanos, porque en la medida que escapan al control asambleario introducen al Estado o al Mercado por la puerta falsa. Pero también la asamblea en sí puede llevar al mismo resultado; si la conciencia social es baja y el amor a la libertad nulo. Solamente las asambleas pueden constituir los municipios como comunidad de intereses y a través de ellas gestionar libremente el territorio, pero todo dependerá del apasionamiento de los individuos que las compongan. Los organismos de la libertad están hechos de hombres libres.

Charla en el centro social de l’Estació, Albaida (Valencia), 14 de octubre de 2006.