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07 agosto, 2025

Estibadores italianos impiden envío de armas a Israel — Ana Vračar

 

Victoria de los trabajadores portuarios en Italia, al lograr que las compañías navieras decidan el regreso a su punto de origen de un cargamento de armas con destino a Israel.


PEOPLES DISPACH – 04/08/2025


Los trabajadores portuarios de Génova protestan contra la complicidad forzada de los puertos italianos en el genocidio de Gaza, junio de 2025. Fuente: Unione Sindacale di Base


Los trabajadores portuarios italianos lograron una significativa victoria en su tenaz resistencia a la militarización y transferencia de armas, logrando que los operadores marítimos decidieran no descargar la carga militar con destino a Israel del buque COSCO Shipping Pisces y devolver los contenedores a su punto de origen. El anuncio se produjo pocos días antes de una huelga de 24 horas prevista para el 5 de agosto en Génova, convocada para protestar contra el uso de los puertos italianos para envíos de armas como este.


"Hoy nos informaron que los tres contenedores con equipo militar, con destino a La Spezia y transportados a bordo del COSCO Pisces, no serán descargados ni en Génova ni en La Spezia”, declaró el jueves el sindicato Unione Sindacale di Base (USB). "Esta decisión marca un resultado tangible de la acción sindical y la presión ejercida por la USB".


Este resultado se suma a una creciente lista de acciones sindicales en toda Europa en solidaridad con Palestina y contra el genocidio en curso en Gaza, donde al menos 60.000 personas han sido asesinadas por la ocupación israelí. "Desde Grecia hasta Liguria, como ya se demostró con el apoyo de los estibadores franceses, la red de estibadores de toda Europa y el Mediterráneo ha demostrado que detener la logística de la guerra es posible, legítimo y necesario", escribió USB.


Tras el anuncio, se desconvocó la huelga del 5 de agosto. Sin embargo, los estibadores de Génova se han comprometido a seguir movilizándose contra el tráfico de armas. También han anunciado planes para una asamblea internacional los días 26 y 27 de septiembre, cuyo objetivo es sentar las bases para una huelga sectorial. "No estamos solos: nuestra lucha une a Marsella, El Pireo, Hamburgo y Tánger", declararon los sindicalistas a principios de julio. "Si la guerra llega por los puertos, la respuesta debe venir de los puertos".


Los trabajadores logísticos de USB continúan expandiendo su campaña bajo el principio de que las huelgas son una herramienta legítima en la lucha contra la guerra, la militarización y la participación forzosa de los trabajadores en el tráfico de armas. A pesar de la resistencia institucional, se mantienen firmes en su repudio a la guerra. "La Ley 146/1990 es clara: las operaciones de guerra no son servicios esenciales, y una huelga es legítima si sirve para defender la seguridad colectiva y el orden constitucional", señaló el sindicato. "Detener el tráfico de armas no es sólo una decisión política, es un derecho".


A nivel local, desde Génova hasta Brescia, las acciones de los trabajadores están rompiendo las cadenas que alimentan las masacres y el conflicto armado, enfatizó USB. Su movilización contra el tráfico de armas, incluyendo huelgas, cuenta con el respaldo de un creciente bloque de solidaridad internacional. "Los estibadores de Europa, el Mediterráneo y otros lugares no se convertirán en cómplices del Estado asesino de Israel y sus aliados: EEUU, la OTAN y la UE", manifestó el Frente Militante de Todos los Trabajadores (PAME) en un comunicado de apoyo a los estibadores de Italia. "No permitirán que puertos e infraestructuras se conviertan en instrumentos de guerra para la masacre de personas a manos de los imperialistas".


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14 septiembre, 2022

"Lo sé" — Pier Paolo Pasolini

 



fi-fi-ficción – 13/09/2022


ESCRITOS CORSARIOS

Pier Paolo Pasolini

14 de noviembre de 1974

LA NOVELA DE LOS ATENTADOS


Lo sé.


Yo sé los nombres de los responsables de esto que ha sido llamado golpe (y que en realidad es una serie de golpes infligidos a sistemas de protección del poder).


Yo sé los nombres de los responsables del atentado de Milán del 12 de diciembre de 1969.


Yo sé los nombres de los responsables de los atentados de Brescia y Bolonia en los primeros meses de 1974.


Yo sé el nombre de la «cúpula» que ha actuado, por lo tanto, sea el de los viejos fascistas ideadores de golpes, sea el de los neofascistas autores materiales de los primeros atentados, sea finalmente el de los «desconocidos» autores materiales de los Mentados más recientes.


Yo sé los nombres de los que han gestado las distintas y más bien opuestas fases de la tensión: una primera fase anticomunista (Milán, 1969) y una segunda fase antifascista (Brescia y Bolonia, 1974).


Yo sé los nombres del grupo de poderosos que, con la ayuda de la CIA (y en segundo término de los coroneles griegos y de la mafia) han creado primero (por otra parte fracasando miserablemente) una cruzada anticomunista, para bloquear 1968 y, a continuación, siempre con la ayuda y la inspiración de la CIA, se recompusieron una virginidad antifascista, para compensar el desastre del referéndum.


Yo sé los nombres de aquellos que, entre una misa y otra, han tomado las medidas y asegurado la protección política a viejos generales (para mantener en pie, como reserva, la organización de un potencial golpe de estado), a jóvenes neofascistas, más bien neonazistas (para crear concretamente la tensión anticomunista) y finalmente a criminales comunes, hasta este momento, y quizás para siempre, sin nombre (para crear la sucesiva tensión fascista). Yo sé los nombres de las personas serias e importantes que están detrás de personajes cómicos como aquel general de la Forestale que actuaba, algo operísticamente, en Cittá Ducale (mientras los bosques italianos ardían) o de personajes grises y puramente organizativos como el general Miceli.


Yo sé los nombres de las personas serias e importantes que están detrás de los trágicos muchachos que han elegido la suicida atrocidad fascista y de los malhechores comunes, sicilianos o no, que se han puesto a disposición, como killers y sicarios.


Yo sé todos estos nombres y sé todos los hechos (atentados a las instituciones y a las personas) de los cuales son culpables.


Lo sé. Pero no tengo las pruebas. No tengo siquiera indicios.


Lo sé porque soy un intelectual, un escritor, que trata de seguir todo lo que sucede, de conocer todo lo que se escribe acerca de ello, de imaginar todo lo que no se sabe o todo lo que se calla; que coordina hasta los hechos más lejanos, que reúne las piezas desorganizadas y fragmentarias de un cuadro político íntegro y coherente, que restablece la lógica allí donde reinan la arbitrariedad, la locura y el misterio.


Todo esto forma parte de mi oficio y del instinto de mi oficio. Creo que es difícil que mi «proyecto de novela» esté equivocado, que no guarde relación con la realidad y que sus referencias a hechos y personas reales sean inexactas. Creo además que muchos otros intelectuales y novelistas saben lo que yo sé en cuanto intelectuales y novelistas. Porque la reconstrucción de la verdad a propósito de los que ha sucedido en Italia después de 1968 no es muy difícil.


Esta verdad —se siente con absoluta precisión— está detrás de una gran cantidad de intervenciones periodísticas y políticas: es decir, no imaginativas o de ficción como son por su naturaleza las mías. Un último ejemplo: es evidente que la verdad urgía, con todos sus nombres, detrás del editorial del «Corriere della sera» del 1º de noviembre de 1974.


Probablemente los periodistas y los políticos tienen también pruebas o, por lo menos, indicios.


Ahora el problema es éste: los periodistas y los políticos, aun cuando poseen, tal vez, las pruebas y ciertamente indicios, no dan nombres.

¿A quién compete en consecuencia dar estos nombres? Evidentemente a quien no solamente posea el coraje necesario, sino, al mismo tiempo, no esté comprometido en la práctica con el poder y, además, no tenga, por definición, nada que perder: es decir, un intelectual.


Un intelectual podría, por lo tanto, dar públicamente los nombres: pero él no tiene ni las pruebas ni los indicios.


El poder y el mundo que, aunque no pertenece al poder, tiene relaciones prácticas con el poder, ha excluido a los intelectuales libres —precisamente por la manera en que está hecho— de la posibilidad de tener pruebas e indicios.


Se me podría objetar que yo, por ejemplo, como intelectual e inventor de historias, podría entrar en este mundo explícitamente político (del poder o en torno al poder), comprometerme con él y en consecuencia participar del derecho a tener, con muchas probabilidades, pruebas e indicios.

Pero a esta objeción yo respondería que ello no es posible, porque es precisamente la repugnancia a penetrar en semejante mundo político lo que se identifica con mi potencial coraje de intelectual a decir la verdad: es decir, dar los nombres.


El coraje intelectual de la verdad y la práctica política son dos cosas inconciliables en Italia.


Al intelectual —profunda y visceralmente despreciado por toda la burguesía italiana— se le confiere un mandato falsamente alto y noble, en la realidad, servil: el de debatir los problemas morales e ideológicos.


Si él no cumple con este mandato es considerado un traidor a su papel: se grita en seguida (como si no se esperase nada más que esto): «traición de los clérigos». Gritar «traición de los clérigos» es una coartada y una gratificación para los políticos y los siervos del poder.


Pero no existe solamente el poder: existe también una oposición al poder. En Italia esta oposición es tan vasta y tan fuerte como otro poder: me refiero naturalmente al Partido Comunista Italiano.


Es cierto que la presencia en este momento de un gran partido de oposición como el Partido Comunista Italiano es la salvación de Italia y de sus pobres instituciones democráticas. El Partido Comunista Italiano es un país limpio en un país sucio, un país honesto en un país deshonesto, un país inteligente en un país idiota, un país culto en un país ignorante, un país humanístico en un país consumista.


En estos últimos años entre el Partido Comunista Italiano, entendido en sentido auténticamente unitario —en un compacto «conjunto» de dirigentes, bases y votantes— y el resto de Italia, se ha abierto un abismo: el Partido Comunista Italiano se ha convertido precisamente en un «país separado», en una isla. Y es por ello que hoy puede tener relaciones más estrechas que nunca con el poder efectivo, corrupto, inepto, degradado: pero se trata de relaciones diplomáticas, casi de nación a nación. En realidad las dos morales son incompatibles, entendidas en su concreción, en su totalidad. Es posible, sobre estas bases, proyectar aquel «compromiso» realista que quizá salvaría a Italia del completo exterminio: «compromiso» que sería en realidad, sin embargo, una «alianza» entre dos estados limítrofes o dos Estados encastrados uno en el otro.


Pero precisamente todo esto que he dicho de positivo sobre el Partido Comunista Italiano, constituye también su aspecto negativo.


La división del país en dos países, uno hundido hasta el cuello en la degradación y en la degeneración, el otro intacto y no comprometido, no puede ser una razón de paz y de constructividad.


Además, concebida tal como yo la he delineado, creo que objetivamente, es decir como un país dentro del país, la oposición se identifica con otro poder: que de todas formas es siempre un poder.


En consecuencia los hombres políticos de esta oposición no pueden comportarse también ellos sino como hombres de poder.


En el caso específico, en lo que se refiere a este momento tan dramático, también ellos han impuesto al intelectual un mandato. Y si el intelectual no cumple con este mandato —puramente moral e ideológico— he aquí que es, con gran satisfacción de todos, un traidor.


Ahora, ¿por qué siquiera los hombres políticos de la oposición, si tienen —como probablemente tendrán— pruebas o por lo menos indicios, no dan los nombres de los responsables reales, es decir, políticos, de los cómicos golpes y de los espantosos atentados de estos años? Es simple: no lo hacen en la medida que distinguen —a diferencia de lo que haría un intelectual—, verdad política de práctica política. Y, por lo tanto, ni siquiera ellos ponen al corriente de las pruebas e indicios al intelectual que no es funcionario: ni lo sueñan siquiera, como es natural por otra parte, dada la objetiva situación de hecho.


El intelectual debe continuar atenido a lo que le es impuesto como su deber, a reiterar su propio modo codificado de intervención.


Sé bien que no es el caso —en este particular momento de la historia italiana— de hacer pública una moción de desconfianza contra la totalidad de la clase política. No es diplomático, no es oportuno. Pero estas son categorías de la política, no de la verdad política: aquella que —cuando puede y como puede— el impotente intelectual está obligado a servir.


Y bien, precisamente porque yo no puedo dar los nombres de los responsables de los intentos de golpe de Estado y de los atentados (y no en lugar de esto) yo no puedo dejar de pronunciar mi débil e ideal acusación contra la clase política italiana en su totalidad. Y lo hago en cuanto creo en la política, creo en los principios «formales» de la democracia, creo en el parlamento y creo en los partidos. Y naturalmente a través de mi óptica particular que es la de un comunista.


Estoy dispuesto a retirar mi moción de desconfianza (no deseo otra cosa más que esto) sólo cuando un hombre político —no por oportunismo, es decir no porque haya negado el momento, sino más bien para crear la posibilidad de este momento— decida hacer conocer los nombres de los responsables de los golpes de estado y de los atentados, que evidentemente él sabe como yo, pero de los cuales, a diferencia de mí, no puede dejar de tener pruebas o por lo menos indicios.


Probablemente —si el poder americano lo permite— quizás concediendo «diplomáticamente» a otra democracia lo que la democracia americana se ha concedido a propósito de Nixon —tarde o temprano estos nombres serán dichos. Pero los dirán hombres que han compartido con ellos el poder: como responsables menores contra los mayores responsables (y no he dicho, como en el caso americano, que sean mejores). Éste sería en definitiva el verdadero Golpe de Estado.”


[ Fragmento de: Pier Paolo Pasolini. “Escritos corsarios” ]


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05 julio, 2022

ITALIA: Así sonaba el himno de Rusia en las calles de Roma... en 2020

 


Marzo de 2020. La ayuda brindada por Rusia fue aceptada por Italia con gratitud. ⠀150 especialistas llegaron de Rusia y se dirigieron inmediatamente a Bérgamo, la ciudad más afectada por la pandemia, ⠀donde ya trabajan en la construcción de un nuevo hospital de campaña y la desinfección de las áreas más contaminadas. ⠀El presidente de Italia agradeció públicamente a Rusia por la ayuda recibida.⠀


Los rusos brindaron asistencia a Italia en más de una ocasión: durante la guerra con Napoleón y durante el terremoto en Messina en 1909. ⠀El presidente de Italia, así como los senadores, consideran la ayuda de Rusia una manifestación de amistad y solidaridad.


El vídeo fue filmado en Roma, el mismo día que los aviones rusos llegaron a Italia con la ayuda.


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Rusia anunció el domingo 22 de marzo de 2020 el envío de cien experimentados virólogos a Italia, informa el corresponsal de RFI en Moscú, Paul Gogo. En un primer avión del ejército ruso viajan especialistas en epidemias y enfermeras que provienen de tres bases militares rusas.


La ayuda fue aceptada en la tarde del sábado 21 de marzo por Italia en conversación telefónica entre los ministros de Defensa de ambos países. Rusia enviará nueve aviones y 100 especialistas.


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Médicos rusos atienden en Bérgamo, Italia, a pacientes infectados por Covid

"De Rusia con amor"



16 mayo, 2021

Los trabajadores del puerto de Livorno (Italia) se niegan a cargar un cargamento de armas con destino a Israel

 


IN DEFENSE OF COMMUNISM – 16/05/2021


Los trabajadores portuarios del puerto italiano de Livorno se negaron a cargar un cargamento de armas y explosivos después de descubrir que estaba destinado al puerto israelí de Ashdod.


L'Unione Sindacale di Base (USB), el sindicato independiente y de clase de Italia, señaló que el barco contenía armas y explosivos que servirán para matar a civiles palestinos, ya golpeados por un severo ataque que ha matado a cientos de víctimas civiles. , incluidos muchos niños.


"El puerto de Livorno no será cómplice de la masacre del pueblo palestino", se lee en un comunicado de los sindicalistas de la USB. Los trabajadores portuarios también realizaron una protesta pro palestina en las calles de Livorno el sábado, "en solidaridad con la población palestina y para pedir el cese inmediato del bombardeo de Gaza". La manifestación instó a "detener la expropiación de hogares palestinos, en los que han estado viviendo bajo ocupación militar durante años".


En una declaración sobre la agresión israelí en el Medio Oriente, L'Unione Sindacale di Base (USB) señala:


Expresamos nuestro apoyo al pueblo palestino y condenamos enérgicamente la agresión en curso por parte del estado de Israel.


Veintiún palestinos, incluidos nueve niños, murieron y otros 65 resultaron heridos en los ataques aéreos desatados por Israel en la Franja de Gaza.


Pedimos el fin inmediato de los ataques aéreos en la Franja de Gaza, los brutales ataques contra los palestinos en la zona de la mezquita de Al-Aqsa y el fin de la imposición del desplazamiento de familias palestinas de sus hogares en la zona de Sheikh Jarrah, en Jerusalén oriental.


USB, junto con el FSM, respalda a Palestina y su heroico pueblo.

03 enero, 2021

1921 - El Departamento de Estado de los Estados Unidos elogia el movimiento fascista como "una liga de los que defienden la Ley y el Orden"

Legalienate – 18/10/2020

Traducción del inglés: Arrezafe




Roma, 1920. Los trabajadores toman el control


Las élites financieras tiemblan cuando París da la noticia de que Italia se ha "vuelto bolchevique", con la bandera roja ondeando por todas partes y las masas gritando "Viva Lenin" en las calles. Cada vez más, el espectro de la Europa comunista da paso a la nueva realidad: Rusia y Hungría ya son comunistas; hay rumores rojos en los Balcanes; Alemania es una revolución en espera de suceder.

Tras el Armisticio de 1918, las garantías de prosperidad dadas durante la guerra se convirtieron en hueras burlas a medida que la lira se desplomaba y el costo de vida se disparaba. Los especuladores de la guerra se revolcaban en dinero ensangrentado mientras los trabajadores italianos hambrientos se quedaban sin los aumentos salariales prometidos, a menos que pudieran sacarlos mediante huelgas. Ahora, la asociación de trabajadores del metal pide salarios ajustados a la inflación y los empleadores los rechazan de plano: "No podemos admitir la posibilidad de fijar salarios en relación con el aumento del costo de vida".

La presión pública fuerza una conferencia, pero los propietarios torpedean todas las negociaciones con otra declaración unilateral: "Toda discusión es inútil. No hacemos concesiones". Los trabajadores responden cautelosamente obedeciendo todas las instrucciones del empleador al pie de la letra, dañando inevitablemente bienes y herramientas simplemente negándose a ajustar las demandas de la gerencia a los requisitos reales de producción.

Alfa-Romeo bloquea a sus trabajadores y la asociación de fabricantes acepta hacer lo mismo. Los sindicatos optan por continuar la producción bajo una "huelga creativa" y medio millón de trabajadores ocupan las fábricas. Pronto, un millón más se unirá a la creciente rebelión que ha desplazado a gerentes y propietarios mientras patrullas armadas de trabajadores gritan por la revolución en las calles.

Ahora, incluso el partido católico exige una reforma agraria, y los trabajadores se apoderan de las tierras de Apulia, en el sur, hasta la frontera norte, colocando avisos de requisa en las puertas. En Reggio y Bolonia, los trabajadores y los pequeños agricultores establecen la duración de la jornada laboral, el tipo de agricultura, la tasa de pago y la proporción de trabajo manual a las máquinas.

Benito Mussolini prepara su movimiento fascista para aplastar a los sindicatos de trabajadores y a las organizaciones políticas, allanando el camino para una larga historia de amor con la Casa Morgan [JP.Morgan].


Fuentes:

George Seldes, Sawdust Caesar, (Harper and Brothers, 1935) págs. 86-7; Mary Heaton Vorse, A Footnote To Folly - Reminiscences of Mary Heaton Vorse , (Farrar y Rinehart, 1935) pps. 200, 204-6; Walter Millis, Why Europe Fights, (Morrow,1940) págs. 30-1


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Camisas Negras de Mussolini


Roma, 1921. Retrato de un Movimiento de Ley y Orden


Hace dos años Benito Mussolini formó el primer destacamento de sus Camisas Negras en las oficinas del Popolo d'Italia, periódico de Milán que fundó hace siete años. No mucho después, sus escuadrones de matones recorrían el país golpeando a los líderes de izquierda y obligándoles a tragar sobredosis de aceite de ricino. Rompieron huelgas, destrozaron e incendiaron las sedes socialistas y comunistas, y patrullaron en camiones militares imponiendo el modelo de orden exigido por los banqueros e industriales que las financiaban. Incluso cuando llevaron a Italia al borde de la guerra civil, rara vez sufrieron interferencias del ejército o la policía.

A estas alturas, un nutrido grupo de diputados Camisas Negras se ha convertido en un elemento clave del Parlamento, mientras que el ejército privado y el partido político de Mussolini son prácticamente ministerios del Estado. Las peleas callejeras y los disparos se han convertido en una rutina, y los fascistas y la izquierda se enfrentan en batallas casi diarias. Solo en la campaña electoral de mayo murieron cien personas en combates entre sindicalistas y fascistas.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos elogia el movimiento fascista en rápida expansión como "una liga de todos los que defienden la ley y el orden".


New York Times Co./Getty Images

Benito Mussolini y el Secretario de Estado estadounidense Henry Stimson. Roma, Julio de 1931.


Fuentes:

David F. Schmitz, Estados Unidos e Italia fascista, 1922-1940 , (Universidad de Carolina del Norte, 1988) pps. 41-3; Gabriel Kolko, Siglo de guerra: política, conflictos y sociedad desde 1914 , (New Press, 1994), p. 167; Walter Millis, Why Europe Fights, (Morrow, 1940) pág. 29 y 32


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Nápoles / Milán, 1922. Un terrorista simpático


Golpeado por la inflación y el desempleo, recuperándose de las 600.000 muertes italianas en la Primera Guerra Mundial, y resentido por la negativa de los Aliados a entregar las tierras dálmatas prometidas por el tratado de guerra, el movimiento fascista de Italia crece y se fortalece.

Con la policía y los funcionarios gubernamentales a su lado, miles de matones Camisas Negras atacan las sedes de los sindicatos y las oficinas socialistas mientras enormes desfiles fascistas toman las calles. Alentado por atronadoras ovaciones, Benito Mussolini grita que ha llegado el momento de salvar a Italia de los insensibles políticos democráticos. "¡O se nos entregará el gobierno o nos apoderaremos de él marchando sobre Roma!" Una multitud delirante responde: "¡A Roma! ¡A Roma!"

El Rey le envía un telegrama con una oferta de la Presidencia del Gobierno y Mussolini se dirige a la estación de tren en medio de una multitud que lo vitorea ardientemente y lo colma de flores.

Originalmente socialista, Mussolini renunció a la causa cuando banqueros e industriales le prometieron dinero, fama e influencia. Ahora, mientras se prepara para tomar el poder, no hay amenaza bolchevique ni revolución fascista, como se afirmará más adelante. La conspiración militar entre los generales, el gobierno y los industriales del norte le otorga autoridad estatal sin que se derrame una gota de sangre.

Washington mira con amabilidad su movimiento Camisas Negras, que el New York Times describe como "terrorismo político". En una carta al secretario de Estado Charles Evans Hughes, el embajador estadounidense Richard Child afirma que los italianos "anhelan un liderazgo fuerte y disfrutan de ser gobernados de manera espectacular".


Fuentes:

George Seldes, Sawdust Caesar, (Harper and Brothers, 1935) pps. 113-27, John P. Diggins, Mussolini and Fascism - The View From America , (Princeton, 1972) pps. 29-30; Walter Millis, Why Europe Fights, (Morrow, 1940), págs. 33-4; Michael Parenti, Camisas negras y rojos: fascismo racional y derrocamiento del comunismo, (City Lights, 1997) p. 2; Ronald Steel, Walter Lippmann y el siglo americano , (Little Brown and Company, 1980) p. 180; Gabriel Kolko, Siglo de guerra: política, conflictos y sociedad desde 1914, (New Press, 1994) p. 167; David F. Schmitz, Estados Unidos y la Italia fascista, 1922-1940, (Universidad de Carolina del Norte, 1988) p. 52


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Washington, 1922. Un clima de inversión inmejorable


El secretario de Estado Charles Evans Hughes le comunica a Mussolini que está "encantado de cooperar" con su voluntad de "colaboración económica, espiritual y amistosa" con los EEUU, transmitiéndole "los mejores deseos para la felicidad y el progreso" de Italia. Impresionado por la organización y la disciplina de los fascistas, Washington descubre que la represión ejercida por éstos hace maravillas en la confianza de los inversores estadounidenses.

Mussolini declara que privatizará los servicios públicos y los ferrocarriles, ofreciendo a los estadounidenses una oportunidad para el botín. Dice a la prensa que su gobierno pretende "dar la mayor seguridad al capital, así como asegurarle mejores y más estables condiciones" de las que había disfrutado antes. El juez Gary, de US Steel, agrega su entusiasta aprobación desde Roma: "Tengo ganas de dirigirme a mis amigos estadounidenses y preguntarles si no creen que nosotros también necesitamos a un hombre como Mussolini".

En una carta dirigida a su padre, el embajador estadounidense Richard Child transmite alegremente la noticia de la destrucción del gobierno constitucional y liberal por parte de Mussolini: "Estamos teniendo una joven y hermosa revolución aquí. No hay peligro. Mucho entusiasmo y color. Todos lo disfrutamos".


Fuentes:

David F. Schmitz, Estados Unidos e Italia fascista, 1922-1940, (Universidad de Carolina del Norte, 1988) p. 36, 52. 54. 56, 57; George Seldes, World Panorama - 1918-1933, (Little, Brown and Company, 1933) p. 142


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Roma, 1923. Washington y Wall Street alaban la dictadura italiana


En el primer aniversario de su acceso al poder estatal, la Embajada de los Estados Unidos informa al Departamento de Estado que Mussolini nunca ha "sido más popular ni ha tenido una posición más fuerte". Particularmente, "ha tenido un gran éxito en lograr la paz social y el cese de la lucha de clases. Al principio los medios empleados eran físicos, pero muy pronto se manifestó una tendencia a aplicar métodos más pacíficos. Los resultados han sido excelentes y durante los últimos doce meses no ha habido una sola huelga en toda Italia".


Los líderes empresariales están igualmente satisfechos. Lewis E. Pierson, presidente de la Asociación de Comerciantes de Nueva York, le dice a los principales empresarios que Mussolini es "verdaderamente un gran hombre" que ha derrotado al comunismo y está comprometido con "los derechos inviolables de propiedad y contrato". Willis Booth, presidente de la Cámara de Comercio Internacional, lo elogia por sacar a Italia "del pantano de la desesperación hacia el brillante reino del progreso". El New York Evening Post informa que el hechizo de Mussolini "se ha asentado fuertemente en las mentes de los sobrios empresarios estadounidenses", cuya admiración por el dictador italiano "a veces se acerca peligrosamente a asumir que Mussolini no solo impuso orden y disciplina en Italia, sino que antes de eso creó los Apeninos y los azules cielos italianos".


El juez de US Steel, Elbert Gary, que estuvo presente para presenciar "el milagro" de Mussolini en persona, no puede contener su admiración: "Tenemos aquí un maravilloso renacimiento de energía y actividad juvenil. De hecho, una mano maestra ha agarrado con fuerza el timón del Estado italiano". 


Fuentes:

David F. Schmitz, Estados Unidos e Italia fascista, 1922-1940, (Universidad de Carolina del Norte, 1988) pps. 70-1


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Roma, 1924. Donde los trenes chocan puntualmente


Con toda Italia pendiente de cada una de sus palabras, Giacomo Matteotti, presidente de los cinco partidos de la oposición en la Cámara de Diputados, se levanta para leer una lista de los recientes golpes de Camisas Negras en los colegios electorales. Los bancos fascistas estallan en protesta: "¡Mentiroso!" "¡Falsario!" "¡Pruébalo!"

Mussolini se retuerce y mira mientras Matteotti muestra declaraciones juradas, informes de periódicos fascistas, órdenes de violencia fascista y fallos judiciales que confirman dicha violencia.

Una semana después, Mussolini le da un puñetazo a Matteotti y le dice que si estuvieran en Rusia, los comunistas sabrían qué hacer, "y usted tendría una bala en la columna vertebral". Pronto aparece un editorial de Mussolini en la portada del Popolo d'Italia, exigiendo venganza por la mancha de Matteotti del buen nombre del fascismo. Días después Cesare Rossi, codirector de la Ceka, le dice al periodista Carlo Silvestri: “Con gente como Matteotti, lo único que hay que hacer es dejar hablar al revólver”.

Se selecciona a un estadounidense, Amerigo Dumini, para la tarea, junto con cuatro cómplices. Formado como gángster en los barrios bajos estadounidenses, Dumini es el colega de Rossi en la Ceka y el "amigo de la casa" de Mussolini.

Un día, Matteotti es secuestrado y golpeado, luego apuñalado, mutilado y quemado. Partes de su cuerpo son enterradas, desenterradas, abandonadas a los zorros y perros, y luego enterradas nuevamente.

Mussolini consuela tiernamente a la sollozante viuda de Matteotti cuando ésta llega al parlamento en busca de noticias sobre el paradero de su marido. “Señora, me gustaría devolverle con vida a su marido. Puede estar segura de que el gobierno cumplirá con su deber. No sabemos nada con certeza, pero hay algo de esperanza".

El embajador estadounidense, Henry Fletcher, informa al Departamento de Estado que muchos fascistas prominentes están implicados en el asesinato de Matteotti, pero que su hombre, Mussolini, es inocente.

Los documentos que prueban la participación de Mussolini en el asesinato, incluidas las confesiones de sus hombres, salen a la venta en los quioscos de Roma.

Con grandes terratenientes e industriales en conflicto abierto con campesinos y trabajadores, una Italia agitada avanza hacia la guerra civil. [45]


Fuentes:

David F. Schmitz, Estados Unidos e Italia fascista, 1922-1940, (Universidad de Carolina del Norte, 1988) pps. 72-3; George Seldes, Sawdust Caesar, (Harper y hermanos, 1935) pps. 147-53; George Seldes, World Panorama - 1918-1933, (Little Brown and Company, 1933) págs. 234-5; George Seldes, Testigo de un siglo (Ballantine, 1987), pág. 218; Stuart H. Hughes, Estados Unidos e Italia, (Harvard, 1979), pág.99


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Roma, 1925. Renacimiento italiano


Bajo el lema de “Jerarquía, Orden, Disciplina”, un Estado Corporativo se levanta sobre el cementerio de los derechos comunes heredados de la democracia y la monarquía.

Mussolini promete la paz "por la fuerza si es necesario", ordenando a sus bandas atacar a todos los enemigos y destruir los últimos periódicos de la oposición. En tres meses, dieciséis hombres en la vida pública son asesinados, 36 gravemente heridos y 172 agredidos mientras los fascistas invaden y destruyen 46 hogares y clubes políticos. Mussolini anuncia con orgullo la paz a través del control total: "Por primera vez en la historia del mundo, una revolución constructiva como la nuestra realiza pacíficamente, en el campo de la producción y el trabajo, la incorporación de todas las fuerzas económicas e intelectuales de la nación".

La "revolución constructiva" prohíbe las huelgas y los cierres patronales, elimina la competencia industrial, coloca el capital, los negocios y la industria bajo control estatal, asigna a cada ciudadano una categoría de producción, obliga a los trabajadores a cooperar con el capital, nombra un nuevo Parlamento, prohíbe la oposición política y arresta a miles de personas. por herejía.

Los banqueros estadounidenses acuden corriendo con préstamos.


Fuentes:

David F. Schmitz, Estados Unidos y la Italia fascista, 1922-1940, (Universidad de Carolina del Norte, 1988), págs. 75, 96-8; George Seldes, World Panorama - 1918-1933, (Little Brown and Company, 1933), págs. 236, 239


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Washington, 1925. "El principal negocio del pueblo estadounidense son los negocios"...


...dijo el presidente Coolidge a la Sociedad Estadounidense de Editores de Periódicos. Agregando que "hay muchas otras cosas que queremos mucho más", como la paz, el honor y la caridad.

En una explosión de caridad, la Comisión de la Deuda del Congreso procede a cancelar más del 75% de las deudas contraídas por Italia durante la Primera Guerra Mundial. Quienes se oponen a tan amoroso trato atacan sin piedad al presidente por apoyar a Mussolini. El presidente de la Cámara de Representantes, Henry Rainey, denuncia a los fascistas como "asesinos" y a la dictadura italiana como "el despotismo más peligroso y pronunciado que tenemos en todo el mundo".

La Casa Blanca y los líderes empresariales responden que los italianos no están preparados para una democracia al estilo occidental y que necesitan orden fascista, disciplina y eficiencia para madurar como nación. Thomas Lamont, socio de Morgan, explica que los anglosajones deben entender que "las viejas formas de gobierno parlamentario en Italia [han] demostrado ser inútiles y [han] conducido a un gobierno ineficiente y al caos". La Casa Morgan pone a disposición de Italia un préstamo de 100 millones de dólares.

Los líderes estadounidenses aclaman al Estado Corporativo de Italia como el único remedio contra el utopismo ruso que abolió el lucro, difundiendo que Mussolini ha salvado a su nación y posiblemente a toda Europa de la esclavitud comunista. Omiten prudentemente mencionar que Mussolini anunció la muerte del bolchevismo en Italia mucho antes de llegar al poder.


Fuentes:

David F. Schmitz, Estados Unidos y la Italia fascista, 1922-1940, págs. 76, 96-9; Clifton Daniel, ed. Chronicle of America, (DK Publishing, 1997) p. 627; George Seldes, World Panorama - 1918-1933, (Little Brown and Company, 1933) p. 239; George Seldes, Sawdust Caesar, (Harper y hermanos, 1935) p. 276; Cyndy Bittinger, "¿El negocio de Estados Unidos es un negocio?" www.calvincoolidge.org/pages/history/research/ccmf/bitt02.html


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Anticoli, 1926. Una carta a la Casa Morgan


"Me pregunto si vosotros en Nueva York sabéis exactamente lo que estáis haciendo respaldando al fascismo en Italia. Nosotros, aquí, lo pudimos comprobar anoche. Una partida de fascistas llegó de Roma armada con revólveres cargados, estoques y látigos. Llegaron a las nueve y procedieron a golpear con feroz brutalidad a los campesinos que no pudieron acreditar su filiación fascista. Si algún campesino objetaba, le disparaban. Esto está sucediendo en todas partes. Es curioso que el dinero estadounidense lo perpetúe".


Fuentes:

Ron Chernow, The House of Morgan - An American Banking Dynasty and the Rise of Modern Finance, (Atlantic Monthly, 1990), pág. 283


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Nueva York / Washington, 1926. Líderes estadounidenses sobre el fascismo italiano


"Al formular un juicio sobre el fascismo, deben tenerse en cuenta dos cosas. Primero, da la casualidad de que Italia está habitada por italianos y no por estadounidenses o ingleses, y que lo que nosotros aplicamos o nos atrae no tiene por qué ser aplicable o atractivo para ellos. En segundo lugar, en el caso de todo pueblo, más esencial incluso que la libertad, y por lo tanto, primero que ella, es el orden y la autopreservación nacional".

Otto Kahn, banquero neoyorquino.


"Los métodos del Duce no son de ningún modo métodos estadounidenses", [pero un enfoque democrático] "ciertamente NO atraería a un pueblo constituido de manera tan diferente como es el italiano".

William Castle, jefe de la División de Europa Occidental del Departamento de Estado


"Mussolini ha aplastado toda la oposición al fascismo en Italia. Está organizando el nuevo Estado Corporativo, regulando el trabajo, el capital y todas las líneas de actividad intelectual y económica. Italia se convertirá en una gran máquina bien coordinada, impulsada por el fascismo y controlada por él".

Henry Fletcher, Embajador de Estados Unidos en Roma


"[Mussolini] no dudaría en cortar la cabeza de un hombre instantáneamente si no logra cumplir lo que se espera de él".

Benjamin Strong, Banquero notario


Fuentes:

Ron Chernow, The House of Morgan - An American Banking Dynasty and the Rise of Modern Finance, (Atlantic Monthly, 1990) pág. 277; David F. Schmitz, Estados Unidos y la Italia fascista, 1922-1940, (Universidad de Carolina del Norte, 1988) págs. 69, 78, 104-5


1937 - Fascistas estadounidenses desfilando en Long Island.