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25 enero, 2022

¿Ajedrez o parchís? — Rafael Poch

 

Rafael Poch de Feliu – 25/01/2022

   Aportado por PRAKTIKA


Estamos asistiendo a una crisis de tonos militares particularmente peligrosa porque viene presidida por la general inestabilidad de todos sus actores. En esta jugada insensata, todo el mundo está expuesto, pero Rusia la que más.




Estamos asistiendo a una crisis de tonos militares particularmente peligrosa porque viene presidida por la general inestabilidad de todos sus actores. Un ejemplo, el Presidente Biden, el 20 de enero. Con su prestigio en horas bajas, la posibilidad de que su presidencia sea un "paréntesis entre dos Trumps", a un año de aquellos insólitos sucesos del 6 de enero de 2021 en el Capitolio que tanto se parecieron a una intentona golpista y con la derrota, la víspera en el Senado, de su reforma electoral que tan malos augurios sugiere para las elecciones midterm de noviembre, comparecía ese día, el jueves pasado, ante la prensa. Y lo dijo: "espero que Putin sea consciente de que se encuentra no muy lejos de una guerra nuclear". "Putin quiere probar a Occidente y pagará por ello un precio que le hará arrepentirse de lo que ha hecho".


EL GRAN JUEGO


En Moscú, en el programa Bolshaya Igrá (El gran juego) del primer canal de televisión, su presentador, Viacheslav Tíjonov, nieto de Mólotov, el ministro de exteriores de Stalin, comenta el asunto diciendo: "es la primera vez en sesenta años que un presidente amenaza con una guerra nuclear". Se refiere, claro está, a la URSS y al 1962 cubano. "En 1962 el arsenal nuclear de Estados Unidos era diecisiete veces mayor que el soviético, ahora tenemos paridad", observa con jactancia. A su lado está el General Vladímir Shamanov, famoso por un par de sonadas matanzas en Chechenia. ¿Qué va a hacer militarmente Moscú?, se le pregunta. "La experiencia adquirida en Siria y otros lugares, y la tecnología que dispone, permite a Rusia realizar acciones militares múltiples sin meter en Ucrania ningún tanque, utilizando recursos de las fuerzas aéreas y espaciales que resuelvan la situación en profundidad", dice. Una clara sugerencia de esos "golpes quirúrjicos" con misiles de precisión que los americanos practican con tanta frecuencia. "Vamos a actuar como los americanos", anunció Putin no hace mucho.


En medio de toda esta insensatez nuclear, el puñetazo en la mesa de los rusos ha tenido ya alguna consecuencia. Biden ha dicho que está abierto a negociar el no despliegue de armas estratégicas en Ucrania y que la pertenencia de Ucrania a la OTAN no está en la orden del día. Eso quiere decir que quienes se retiraron unilateralmente del acuerdo antimisiles ABM de 1972 (en 2002), del relativo a las fuerzas nucleares tácticas INF de 1987 (en 2019), del "Open Sky" de 1992 sobre vuelos de observación en territorio del otro (en 2020), y del que regulaba las fuerzas militares convencionales en Europa, firmado en 1990, actualizado en 1999 y ratificado en 2004 por Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Kazajstán, pero no por los países de la OTAN (entre 2004 y 2015), pues bien el jefe de esos ahora lanza alguna señal de diálogo, por débil que sea: esta semana habrá una respuesta por escrito al documento sobre “garantías de seguridad” de los rusos, exigido con puñetazo en la mesa precisamente porque su posición ha sido ignorada durante treinta años y precisamente ahora, porque perciben mucha inestabilidad en Occidente y creen que es un momento propicio para ser escuchados.


Hay espacio para la negociación, pero la "flexibilidad" es complicada en momentos de inestabilidad y de dilemas estratégicos. Y en el centro de esos dilemas, el siguiente: ¿qué hacer cuando el adversario real es China, pero entenderse con Rusia significa abrir la puerta de la soberanía a los vasallos europeos? Lo ideal sería mantener a los europeos del Este (Polonia, bálticos y otros) a cargo de la tensión con Rusia, mientras se embarca a los europeos del Oeste en la cruzada contra China, pero lo segundo no es fácil, porque resulta que China es el principal socio comercial de la UE…


SANCIONES Y RESPUESTAS XXL


En Europa Occidental, la clave es Alemania. Estados Unidos amenaza a Rusia con unas sanciones XXL, nunca vistas, demoledoras para Rusia y su economía: excluir a Rusia del sistema global de pagos SWIFT, cortar el gaseoducto "Nord Stream 2", recién concluido, etc., etc. Putin responde diciendo que eso significaría la "completa ruptura de relaciones" con Estados Unidos. Desde Alemania, el presidente electo de la CDU, Friedrich Merz, dice que excluir a Rusia del SWIFT será, "una bomba nuclear para el mercado de capitales y también para las relaciones comerciales y los servicios". Por ejemplo, no se podrá pagar por el gas, y por tanto no habrá suministro. En tal caso hay que esperar fuertes aumentos del precio del gas, dice Alexander Libman profesor de relaciones con Rusia y Europa del Este de la Universidad Libre de Berlín (FU). Los bancos occidentales tienen 56.000 millones de dólares en empresas rusas. Las empresas europeas tienen 310.000 millones de euros colocados en empresas rusas, estima The Economist. Esos millones se convertirían, automáticamente, en objeto de la respuesta rusa a las sanciones. Una venganza XXL. Además, eso aceleraría procesos ya en marcha, en Rusia y en China, para emanciparse del sistema americano de pagos financieros convertido en arma política. Los rusos ensayan su propio sistema (SPFS, se llama). El sistema de los chinos, mucho mejor dotado (se llama CIPS), ya conoce un volumen de alrededor una octava parte del que circula por el sistema SWIFT.


Alemania ha vetado la entrega de armas de la antigua RDA (Alemania del Este) a Ucrania que pretendían algunas repúblicas bálticas. Los vuelos militares británicos que estos días están llevando armas a Ucrania eluden sobrevolar territorio alemán. Entre un montón de despropósitos se escuchan en el país algunas voces sensatas, no de "periodistas" y "expertos" sino de militares: "Los medios de comunicación están echando leña al fuego de un conflicto, tengo la impresión de que nadie se da cuenta de lo que una guerra significa en realidad", dice el General Harald Kujat, ex inspector general del Bundeswehr. "No puede ser que solo hablemos de guerra en lugar de cómo impedir una guerra". Pero, ¿y Rusia?


Rusia (3% del gasto militar global) está jugando a la ruleta rusa con la crisis de una OTAN en estado de "muerte cerebral" (Macron dixit), arriesgándose a que su jugada logre reanimar al enfermo. Es un país, no solo un estado, ni un régimen, sino también una sociedad, repleto de complejos, contradicciones y reflejos de imperio venido a menos. Necesita volver a ser temida y respetada, y necesita que se tengan en cuenta sus prioridades de seguridad en su entorno más inmediato. Esa es la diferencia con sus adversarios (56% del gasto militar global) que juegan bien lejos de su casa. No es el peor malo de la película. Como dice Oskar Lafontaine, "en el mundo hay muchas bandas de asesinos pero si contamos los muertos que causan, la cuadrilla criminal de Washington es la peor".


A Rusia hay que dejarla tranquila. Cuanto más tranquila se la deje, antes se derretirá su autocracia. Una generación, treinta años, en estado de sosiego, sin sobresaltos ni amenazas militares, cambiaría por completo su fisonomía política y su psique imperial colectiva para mucho mejor. Con un estatuto de neutralidad para Ucrania, Georgia y otros países de su entorno, la soberanía de esos países no peligraría, si mediara un pacto, claro y escrito, como el que Moscú está pidiendo ahora. De paso Europa podría librarse de las armas nucleares. La "finlandización" no convirtió a Finlandia en un vasallo de la URSS en una época en la que Moscú y el Kremlin eran mucho más poderosos que hoy. Por todas sus características internas (sociales, religiosas, culturales), el mejor estatus para Ucrania es el de colchón intermedio entre Rusia y la UE, precisamente lo que ésta destruyó en 2014 de la mano de Estados Unidos y de la histeria de los polacos, aprovechando la oportunidad de un genuino movimiento popular que en su apuesta geopolítica no representaba, ni de lejos, al conjunto del país.


En la actual situación, Moscú tiene a su favor los precios del petróleo, su principal ingreso, que están al alza y seguirán estándolo parece que por bastante tiempo. Cuenta con unas reservas en divisas de más de 600.000 millones de dólares, la cuarta mayor del mundo. Todo eso jugaría claramente a su favor… si no fuera por la debilidad de su régimen.


Rusia es menos que una democracia de baja intensidad como las establecidas en Occidente ("baja intensidad", por la contradicción esencial entre capitalismo y democracia). Su régimen es una coalición burocrático-oligárquica ni siquiera capaz de someterse a unas elecciones creíbles, algo que con todos los defectos sí ha sucedido en Ucrania en diversas ocasiones. A diferencia de China, donde el poder político manda sobre la economía de forma incontestable, controla las finanzas y la integración del país en la globalización, Rusia es extremadamente vulnerable. Esa fue la trampa en la que su elite se metió en los años noventa a cambio de llenarse los bolsillos mediante el saqueo del país. Sus oligarcas, que tienen intereses en Occidente y fortunas en paraísos fiscales, perderán mucho dinero con el actual desafío. Ellos están vinculados a Occidente vía el "internacionalismo de los ricos" y eso incrementa las posibilidades de un cisma en el interior de su poder. En esta jugada insensata, todo el mundo está expuesto, pero Rusia, la que más.


MAS ALLÁ DE UCRANIA


Por doquier se escuchan interpretaciones "inteligentes" sobre la habilidad de Putin, e incluso sobre el motivo de fondo del envío de la fragata española Blas de Lezo (¡Ay, si levantara la cabeza el heroico mutilado de Cartagena de Indias!), "¡Ajá, es por Marruecos!", se dice para justificar el vasallaje. Mostrar buena aplicación servil ante el Gran Padre de Washington para que cuando Rabat amenace Ceuta y Melilla, Estados Unidos no se ponga de su parte. Pero, señores, esto no es una inteligente jugada de ajedrez: es una vulgar y cutre partida de parchís entre truhanes de la más baja categoría, con el riesgo de que alguno de ellos le de una patada al tablero y desenfunde el colt nuclear, de forma consciente, por accidente o para no perder la cara. Al carajo Washington, Moscú, Filadelfia, Krasnoyarsk, y, por supuesto, "Ceuta y Melilla" y el "gobierno de coalición" y el "procés": todos "incinerados e incineradas" y resuelto el problema del calentamiento global.


No se trata de Ucrania, sino del mundo, del orden mundial: de la reacción occidental a la emergencia de nuevas potencias que antes no contaban para nada en el mundo. La tensión con Rusia es una mera bisagra de esa puerta. Pero una bisagra nuclear, lo que convierte el actual juego en una completa insensatez.


(Publicado en Ctxt)



05 enero, 2022

“Ajenos a lo crucial, nos centramos en tonterías” — Rafael Poch

 

Hacia una crisis de misiles nucleares en Europa

Mientras se incuban los mayores peligros militares, nos arrullan con los desmanes de Putin

Rafael Poch – 4/01/2022 – ctxt


"Cuando le señalan la Luna, el necio mira el dedo”, reza la conocida máxima atribuida a Confucio. Su contenido es muy simple: ajenos a lo crucial, nos centramos en tonterías. Y lo crucial es el enorme peligro de repetir en Europa algo parecido a una “crisis de los misiles del Caribe" de 1962, ahora con Ucrania en el centro.


Desde hace años la potencia militar más fuerte y agresiva del mundo, Estados Unidos, está rodeando militarmente a Rusia y a China. Como esos dos países son grandes potencias nucleares de vocación imperial, los peligros de la operación son obvios para cualquiera con sentido común. No lo hay en Bruselas, ni en las mentes de nuestros disciplinados políticos, expertos y periodistas "atlantistas".


Una buena muestra es la respuesta del redomado irresponsable secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, a los tímidos coqueteos de algunos socialdemócratas alemanes de que convendría acabar con la presencia de las armas nucleares de Estados Unidos en suelo alemán: "Por supuesto, Alemania puede decidir si deja de albergar armas nucleares, pero la alternativa es que acabaríamos teniéndolas en otros países de Europa, más al este de Alemania".


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28 diciembre, 2021

"No hay economía ecológica sin justicia social. El cambio energético es para vivir de otra manera" — Rafael Poch



CTXT - 2/12/2021

Geopolítica de las renovables

La transición energética es crucial, pero es imposible concebirla como una mera sustitución de energías fósiles por renovables


Pensar que la transición energética consiste en sustituir energías fósiles por renovables es irreal. Su mera sustitución es imposible, dice Joan Martínez Alier, nuestro más ilustre experto en economía ecológica. En la misma entrevista con Naiz, el investigador de los límites minerales del planeta Antonio Valero pone un claro ejemplo: "Una instalación fotovoltaica utiliza 25 veces más materiales que una central térmica convencional. Un aerogenerador te da como mucho entre dos y cinco megavatios. Para llegar a un gigavatio, que es lo que te da una central térmica de carbón, necesitas un mínimo de 20 generadores. Pero ese aerogenerador trabaja 2.000 horas al año, frente a las 6000/7000 horas de la central. Es decir, necesitas como mínimo 60 torres de más de 100 metros. Y en cada una de esas torres hay neodimio, praseodimio, disprosio, boro, acero, aluminio. Además, si quieres almacenar la energía necesitarás litio, cobalto, manganeso y cobre. Muchos de esos materiales son críticos y además se obtienen mediante combustibles fósiles".


A la guerra por el coche eléctrico


Según un informe de la Agencia Internacional de la Energía, si se quieren cumplir los objetivos climáticos, la demanda de minerales para tecnologías energéticas limpias se multiplicará por lo menos por cuatro en 2040 y mucho más aún en el caso de los minerales para el coche eléctrico, que necesita cobalto, grafito, litio, manganeso y tierras raras para sus baterías y motores. Hoy ese coche apenas representa el 1% del parque de automóviles, pero antes de diez años representará el 15% de las ventas de automóviles. La AIE estima que en veinte años la demanda de litio se multiplicará por cincuenta y la de cobalto y grafito por treinta.


Fuente: The Role of Critical Minerals in Clean Energy Transitions / IEA


Todo el mundo entiende hasta qué punto el control del petróleo ha determinado y determina las relaciones internacionales: las guerras del Golfo Pérsico, el conflicto de Siria, el cambio de régimen en Libia, la intervención en Irak, las presiones y embargos contra Irán y Venezuela, donde ese recurso escapa al control de Estados Unidos, o las sanciones contra Rusia, potencia energética internacionalmente autónoma. El imperialismo de los recursos petroleros es algo bien conocido para la geopolítica desde por lo menos la Primera Guerra Mundial, cuando las potencias europeas pugnaron por el control del Golfo Pérsico. Pero si los yacimientos de gas y petróleo se encuentran un poco por doquier en el mundo, desde América, hasta Eurasia, pasando por África y todos los océanos, la producción de muchos de los minerales vitales para la transición energética hacia las renovables está mucho más concentrada geográficamente.


La mayor parte del mineral de cobre lo suministran solo cuatro países: Chile, Argentina, Perú y la República Democrática del Congo. China responde del 70% del suministro de tierras raras. El grueso del litio procede de tres países, Australia, Argentina y Chile, y el 80% de la producción de cobalto procede de la República Democrática del Congo.


"Un simple vistazo a la localización de tales concentraciones sugiere que la transición hacia energías verdes prevista por el presidente Biden y otros líderes mundiales puede toparse con graves problemas geopolíticos, no muy diferentes a los que en el pasado generaron la dependencia del petróleo", dice Michael Klare, un conocido especialista en geopolítica de los recursos.


Primera potencia militar, los Estados Unidos están bastante escasos de recursos fundamentales –como níquel, zinc o tierras raras– para el nuevo paradigma. China, que tiene mucho de lo último, es vista como adversario y la campeona mundial en cobalto, la República Democrática del Congo, es, seguramente, uno de los países más turbulentos del planeta. Si para solucionar los dilemas prácticos de estos nuevos recursos imprescindibles para un despliegue acelerado de las tres figuras clave de la nueva energética (paneles solares, turbinas eólicas y coches eléctricos) se utilizan los mismos métodos empleados actualmente con el petróleo, el mundo tiene por delante una perspectiva de agudos conflictos que, simplemente, ya no puede permitirse.


Sin decrecimiento no hay futuro


Pero incluso sin ese escenario de conflicto entre potencias por los recursos, su mera extracción exige una intensiva utilización de combustible fósil, ácidos, sustancias tóxicas y agua que causan enormes perjuicios humanos en todo el planeta. Martínez Alier que lleva años confeccionando con un equipo internacional un Atlas de conflictos ambientales, dice que, "hace 20 años no sabíamos ni qué era el litio o el cobalto, y ahora tenemos 150 materiales que generan muchos conflictos". Todo esto nos devuelve al inicio: la transición energética es crucial, pero es imposible concebirla como una mera sustitución de energías fósiles por renovables. Hace falta un cambio de mentalidad, lo que, desde luego, no es una cuestión de angelismo individual, sino una acción política colectiva, imposible sin iniciativas públicas, planificación, y estricta cooperación internacional. Imposible, quizá también, sin una catástrofe que abra los ojos a ese bicho humano colectivo que solo aprende a batacazos, y a veces ni siquiera. El tiempo dirá...


En cualquier caso, sin decrecimiento, a menos que se empiece a dejar de crecer, sin un relativo empobrecimiento de los más ricos globales que disminuya la demanda de recursos naturales y la generación de residuos, no hay transición energética posible ni salida de la crisis de civilización.


Occidente y Oriente


En países como China, cuyos gobiernos conservan cierta capacidad de planificación a medio y largo plazo, es imaginable una gobernanza sobre el vector del decrecimiento, pero ¿y en los países más ricos occidentales? Durante décadas, su población ha sido educada en el egoísmo individualista y en el consumo a ultranza, perdiendo por el camino cualquier otra perspectiva. Se dirá, y con razón, que pocas sociedades hay más ávidas consumidoras que la china, pero allí se conserva una capacidad de sacrificio y disciplina colectiva que ha desaparecido en las sociedades occidentales. El sujeto de esas sociedades, el "ciudadano" que ha sido reducido por el neoliberalismo a mero "consumidor-contribuyente", se parece mucho a un perfecto inútil desde este punto de vista. Las actitudes sociales ante la pandemia han vuelto a mostrar ese contraste entre los masivos botellones y las manifestaciones, por un lado, y los estrictos y disciplinados confinamientos asiáticos, que los miopes reducen a meras diferencias entre "libertad" y "autoritarismo".


No hay economía ecológica sin justicia social. El cambio energético es para vivir de otra manera. De una manera más simple, más tranquila y menos frenética. Como dice el economista ecológico Tim Jackson, en Prosperidad sin crecimiento, "la prosperidad tiene que ver con la calidad de nuestras vidas y relaciones, con la solidez de nuestras comunidades, y con un sentido de propósito individual y colectivo. La prosperidad tiene que ver con la esperanza. Esperanza para el futuro, esperanza para nuestros hijos, esperanza para nosotros mismos". Nada de todo eso se puede conseguir sin decrecimiento, es decir sin configurar una vida mucho más austera y "pobre" para los criterios actuales.


En Occidente, los gobiernos son esclavos de la dinámica creada por el capitalismo neoliberal: son incapaces de formular un programa de empobrecimiento sin perder rotundamente las siguientes elecciones ante rivales que prometan a los "contribuyentes-consumidores" lo imposible: evitar el desastre manteniendo o incrementando los actuales niveles de metabolismo social. En Asia el panorama quizás esté más abierto a una dinámica realista. No es un problema de “democracia” y "autoritarismo", sino, me parece, de algo anterior y mucho más básico. De ahí la importancia del relevo de potencia hacia Asia al que acaso estemos asistiendo en el mundo de hoy.


10 julio, 2018

Antes de que la lepenización de Goldman-Sachs nos robe todas las banderas – Rafael Poch


Ernesto Rodera




La política migratoria de la UE es síntoma de una tendencia y reto para una izquierda sin soluciones

En el lento tránsito de la Unión Europa hacia su fragmentada y disgregada inoperancia, asistimos a la coalición del neoliberalismo con la extrema derecha política. Es lo que bauticé como la “lepenización de Goldman-Sachs”. La cumbre de finales de junio adoptó una política de extrema derecha en materia de refugiados: 1– Refuerzo de las fronteras exteriores de la UE vía la ampliación de las competencias y el presupuesto de Frontex, la agencia europea competente, 2– incrementar la repatriación de emigrantes irregulares estableciendo campos de concentración en África del Norte y en el interior de la UE, instalaciones que llevarán nombres de camuflaje como “centros de control” o “plataformas de desembarco”.

Mientras los jefes de estado europeos alcanzaban de madrugada e in extremis, como viene siendo habitual– estas resoluciones, la semana se saldaba con por lo menos 220 personas ahogadas en el Mediterráneo, según la estimación de la agencia de refugiados de la ONU. Desde 2014, 16.000 han perdido la vida tratando de alcanzar Europa, unas 35.000 desde el año 2000, según la misma agencia.

Lo peor está por venir

Aunque el actual flujo migratorio hacia Europa no es significativo para un conjunto de 500 millones de habitantes –y comparado con la situación en Líbano o Turquía es francamente insignificante– logra potenciar la “lepenización” política en muchos países a causa del encogimiento del estado social y de la competencia entre pobres autóctonos y pobres foráneos, hasta el extremo de alterar los mapas políticos nacionales.

Lo que comenzó siendo un fenómeno francés con el éxito del Frente Nacional de Le Pen, afecta ahora a muchos países europeos. La novedad es que esta “lepenización” se ha instalado en Alemania. La canciller Merkel, que en 2015 se marcó el brevísimo farol de acoger emigrantes por una mezcla de razones de imagen y de falta de mano de obra, ha visto como en dos años se formaba en su Bundestag el mayor grupo parlamentario de extrema derecha de Europa (92 diputados). La derecha alemana no ha tenido ningún problema en asumir el programa lepeniano, que ha llegado al poder en Italia, en Austria y otros países, bajo el impulso de la retrograda CSU, el partido que gobierna Baviera prácticamente sin interrupción desde antes de que el Partido Comunista Chino llegara al poder en 1949.

Las predicciones y proyecciones del calentamiento global sugieren que el actual problema migratorio dejará de ser anecdótico. Unido a los efectos del belicismo en Oriente Medio, del comercio injusto por doquier y del neocolonialismo bajo otras formas en África y otros lugares, el cuadro es inequívoco.

El vector de esta política apunta hacia una división del mundo en dos categorías, dos castas geográfico-sociales, en la que el estrato superior que podría implicar al 20% de la población del planeta podría vivir en un cuadro de relativa distribución, suficiente para generar un consenso y una fuerza militar capaz de mantener al 80% restante en una posición totalmente subyugada y paupérrima. Evocando este escenario, el sociólogo Immanuel Wallerstein observa con razón que, “el orden mundial que Hitler tuvo en mente no era muy diferente”.

Actuar sobre el conjunto

¿Qué vamos a oponer a eso?, ¿el Open Arms y el elogio infantil del mundo feliz sin fronteras, versión humanitaria de la mundialización neoliberal del capital? Mantenerse en esa posición ha sido, precisamente lo que ha llevado a millones de ciudadanos europeos a emigrar electoralmente a la extrema derecha, desde la izquierda y la socialdemocracia. En Francia y en Alemania (véase la discusión en el último congreso de Die Linke) se comienza a tomar conciencia de algo banal: por supuesto que es inaceptable la política de campos de concentración y el holocausto mediterráneo, pero el problema –no el actual, sino el que nos garantizan las proyecciones futuras y que conduce a esa especie de reedición del mundo hitleriano– es irresoluble sin actuar sobre el conjunto.

Acabar con el orden desorden neoliberal-belicista, dejar de participar en él y romper con las alianzas que lo promocionan, sería el primer artículo del decálogo para cumplir con el mundo.

El antibelicismo habría que conjugarlo con políticas contra el crecimiento crematístico que está en el origen de tales desastres, con el fin de las políticas comerciales basadas en la rapiña y el abuso así como con los regímenes emplazados en el Sur para garantizarlas, con la práctica del multilateralismo en la esfera diplomática, con la denuncia de los acuerdos y relaciones desiguales, con el coto al extractivismo y a la emisión desenfrenada de gases responsables del efecto invernadero, con el respeto y desarrollo de los acuerdos internacionales en la materia, con el cumplimiento del insuficiente compromiso de la ONU de dedicar el 0,7% del PIB a la ayuda al desarrollo, con la prohibición de la venta de armas y la sanción al colonialismo, con la promoción del desarme de los recursos de destrucción masiva comenzando por las cinco potencias nucleares del consejo de seguridad de la ONU, etc., etc.

Solo desde un programa político reformista y humanista que apuntara en esa dirección, podría un estado nacional cerrar sus puertas a los grandes flujos migratorios que están por venir, alegando su compromiso práctico con un mundo viable y la necesidad de preservar su estabilidad interna, sin la cual se pierde toda posibilidad de acción política.

Solo los gobiernos del Norte que cumplan con el mundo podrían cerrar sus puertas al emigrante sin sentir la vergüenza que suscita la presente política hipócrita de la Unión Europea, hablando por un lado de derechos y valores mientras se organizan centros de detención de emigrantes en África y se alimentan las hogueras globales con un modo de vida inviable para todos y sostenido por el militarismo.

La izquierda debería reflexionar sobre cómo abordar esto y dejar de parapetarse en el “open arms” y el “mundo sin fronteras” que nos vendieron los gringos junto con su globalización, un mundo en el que los estados son sustituidos por ONG´s y la política por la manipulable ideología de los derechos humanos.

De la misma forma en que la solución a la desigualdad no es la caridad, sino la nivelación social y una política fiscal acorde, el problema de los emigrantes debe enfocarse en el marco de programas de cambio general. Antes de que la lepenización de Goldman Sachs nos robe todas las banderas.