Sonrisitas Casado ya amenazó
que no se iría de vacaciones. Y el verano es muy malo. Hay que tirar
de la rabiosa y escandalosa actualidad porque el debate de fondo, si
es que alguna vez existió, también se ha marchado ya de vacaciones.
Ojo, que tonto no es. La sequía informativa le garantiza el
seguimiento de cualquier perfomance despreciable de las suyas.
“La política de inmigración no
admite demagogias”, soltó Sonrisitas Casado rodeado de las
alcachofas y lentes de los medios que había convocado para el
paseillo-recepción con los recién llegados. Una vez que ya se había
presentado genuflexo a Felipito número seis y en modo groupie al
tapón de las Azores, solo le quedaba tirarse en plancha a una
piscina llena de seres humanos.
Horas antes, en pleno subidón de
venazo Salvini, ya había hecho saber a los que calificó de hijos
del efecto llamada, que no hay papeles para todos. Eso sí,
entre sonrisita y sonrisita intercalaba un gesto como oteando el alma
de las personas a las que estrechaba la mano, porque a él también
le desgarra este drama y frunce el ceño como Albert Rivera. Para que
se le note bien el dolor en los planos. “Yo también soy persona”,
añadió. Ambos comparten su pasión por imitar las fotos con poses y
miradas al infinito de Adolfo
Suárez, entre otras cosas.
“De nada sirven populismos y
demagogias”, añadió Sonrisitas después de hacer el ridículo
acusando a Pdro Schez de “hacerse la foto” en la recepción del
buque Aquarius,
foto que nunca se hizo, y de inventarse cienes de millones de datos
falsos que el director de la Meretérica tuvo que desmentir.

