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04 julio, 2026

Ni una sola batalla israelí ganada en combate terrestre: ¡ni una! — Leila Ghanem

 


Con-Ciencia de Clase nº11


Traducción de CNC.


De la Comuna de París a las heroicas batallas de la Resistencia en el sur del Líbano – Leila Ghanem


Sobre la valentía


A aquellos que dudan de la capacidad de los pueblos para enfrentarse a fuerzas que les superan en número, a aquellos que constantemente propagan el discurso derrotista de la desesperación, de la duda sobre la capacidad de resistencia en Palestina, en el Líbano, en Irán o en el Yemen para alzarse con la victoria a pesar del desequilibrio en la relación de fuerzas, a pesar de la magnitud de pérdidas y de sacrificios, he aquí lo que Ho Chi Min dijo en respuesta a los que ponían en duda la victoria contra la Francia imperial de entonces, de 1951:


«A la vista del desequilibrio de poder, algunos comparan nuestra resistencia a una pelea entre saltamontes y elefantes. En cierto modo, a quienes no ven más que el lado físico y efímero de las cosas, esto les puede parecer verdad… Nosotros, frente a los aviones y la artillería enemiga, no teníamos otra cosa en nuestras manos que lanzas de caña de bambú… Pero nosotros no miramos solo el presente, también miramos al porvenir; ponemos nuestra confianza en la fuerza y la moral del pueblo. En consecuencia, respondemos con firmeza a los dubitativos y a los pesimistas: Hoy, sí, el saltamontes se atreve a hacer frente al elefante. Mañana será el elefante el que perderá su pellejo».


Tres años después de este discurso, el general Giap derrotó a los franceses en Dien Bien Phu. «¡Sí, también mañana los sanguinarios yanquis y su peón sionista arrastrarán el rabo entre la decepción y la derrota…!»


Nuestros combatientes ya habían demostrado su valía: victoria en 2000, victoria en 2006 después de 33 días de un combate heroico. No eran más que 1.000 guerrilleros con armamento muy modesto (Katiuskas y lanzacohetes individuales de fabricación soviética ) heredado de Fatah, contra todo un ejército, el israelí, de los más sofisticados, incluida la poderosa 5ª División del ejército dotada de tanques Merkava y la protección aérea de los EEUU con sus F35, F36 y Apaches…


A día de hoy la entidad sionista ha sido dotada por el occidente imperialista de armas de destrucción masiva. Por primera vez en la historia se utilizan contra guerrilleros bombas de 1 y 2 toneladas (las FLU 9, M-84) lanzadas sobre todo en los suburbios del sur para asesinar a la dirección militar de la Resistencia, como ocurrió cuando el asesinato de la cúpula del comando Aradwan el 20 de septiembre y en el asesinato del líder histórico Nasrrallah el 27 de septiembre de 2024.


Para matar al líder iraní, al estado mayor y a los miembros de la administración iraní, Trump anunció en la Knesset que su aviación y la de Israel habían utilizado 7 aviones de combate B2 con bombas de 2 toneladas, y que ordenó otros 26.


En Khiam, Bint-jbeil, Aytaroun, Arnoun, al sur del Líbano, se vio a combatientes legendarios luchando a «distancia cero» con sus cuerpos y sus ametralladoras contra un enemigo cuyos soldados estaban atrincherados en sus tanques.


La batalla de Wadi El-Hojeir ha entrado en la historia: 40 merkavas israelíes fueron destruidos por combatientes que operaban a pie, saliendo de refugios o de túneles al asalto de tanques enemigos. Así, a distancia cero, frente a un enemigo cobarde y sanguinario, que mata a distancia, atacando a civiles, mujeres, niños.


Ni una sola batalla israelí fue ganada en combate terrestre, ¡ni una!


Durante la batalla de 66 días (del 1 de octubre de 2024 al 5 de diciembre de 2024), los israelíes emplearon a 150.000 soldados para intentar invadir el Líbano. Frente a ellos un puñado de guerrilleros de los que quedaron de la dirección diezmada durante aquellos malditos 10 días que sacudieron la resistencia. En esos diez días ocurrieron los siguientes hechos fatídicos: la explosión de los buscapersonas (pipers) el 17-18 de septiembre 2024; el ataque a las fuerzas de Radwan el 20 septiembre del mismo año; el asesinato de Nasrallah y de el 27 de septiembre y de Hashem Safieddine el 1º de octubre de 2024 y la carnicería de primeros de octubre con salvajes ataques aéreos en el sur, que se saldó con 623 muertes en un solo día. A pesar de todo, estos militantes entrenados para actuar en caso de desconexión con la dirección, impidieron al enemigo avanzar con sus tanques ni un solo kilómetro. Uno de los principales jefes de estado iraníes, Quaani, consideró en aquel momento que esta batalla era la más importante de la historia.


Israel pidió un alto el fuego y Hezbollah lo aceptó para permitir a los refugiados regresar a sus aldeas, y también para poder reorganizarse, cambiar el sistema de comunicación, neutralizar la infiltración en su organización y adquirir nuevas armas adaptadas a un nuevo concepto de combate.


Este alto el fuego fantasma, establecido bajo control americano, tenía como objetivo hacer ganar al enemigo mediante la paz lo que no pudo obtener por la guerra. Durante este alto el fuego que duró 15 meses, Israel ocupó las 5 colinas que dominan el sur y destruyó 39 aldeas; por lo tanto, prácticamente causó el 70% de los daños sufridos durante la guerra iniciada en Gaza el 7 de octubre de 2023. Israel quería crear una zona tampón amarilla como la de Gaza, de 30 kilómetros de profundidad.


A partir del 2 de marzo de 2026, en concomitancia con el ataque israelí-estadounidense contra Irán, Hezbollah rompe este alto al fuego y desencadena una guerra de guerrillas, aún en curso, utilizando técnicas simples y dotándose de procedimientos que escapan al control de sus sistemas electrónicos y satelitales, con nuevas armas fabricadas manualmente y poco costosas como los drones de ataque FVP con hilos luminosos no detectables. Más tarde introdujeron, AL-MAZ-3, de un alcance de 16 km., que Hezbollah pirateó a los israelíes en las batallas y posteriormente desarrolló.


Tres batallas deben quedar grabadas en la memoria de los militantes anticolonialistas y antiimperialistas:


la de Khiam, apodada Stalingrado, por inexpugnable. A pesar del empeño de la aviación que destruyó el norte de laciudad, los combatientes que conocen el terreno salieron en el momento oportuno de los túneles y entablaron un combate calle a calle e impidieron que el enemigo la ocupara.


la de Bint Jbeil, la ciudad más cercana, a 3 km, de la Palestina ocupada. Aunque prácticamente destruida, los guerrilleros desde los túneles están levando a cabo operaciones diarias contra el ocupante. Para Bint Jbeil, centro urbano del distrito de Jabal Amel, no es su primera batalla: ya en 1978 Israel la sitió durante tres meses; entonces 14 combatientes del FPLP lograron aflojar el cerco de la ciudad llevando a cabo una operación suicida contra el cuartel central de las tropas enemigas. Bint Jbeil fue elegida por Nasrallah en el año 2000 para celebrar la victoria de la retirada israelí después de 22 años de ocupación (1982-2000). En su estadio pronunció su discurso al estilo Mao Tsé Tung, según el cual «Israel» es más frágil que una tela de araña»: «el imperialismo no es más que un «tigre de papel». Allí se oyó una vez más a los líderes de la resistencia libanesa pronunciar frases como «Desheredados del mundo, uníos».


Netanyahu, que no ha olvidado la frase, intentó en varias ocasiones entrar en Bent Jbeilh para decirle a Nasrallah que estaban de vuelta, pero no tuvo éxito. 13 tanques israelíes y bulldozers Hamer fueron destruidos por los resistentes que surgían de debajo de los escombros; Bint jbeil es apodada por los sureños la ciudad-milagro de la historia. Allí se estableció una cultura de resistencia y valentía sin precedentes: Un combatiente nunca se rinde, no importa los sacrificios que ello suponga.


la tercera batalla fue la de Zawtar oriental, que sorprendió a los estrategas militares. Los combatientes habían emboscado el paso por el que los tanques israelíes debían atravesar el río Litani hacia Nabatieh, y aquello fue el cementerio de Merkavas, de Hammer y de decenas de víctimas, entre ellos el general de la unidad 93 de las FDI, el segundo después del general de la unidad 36. La aviación israelí ataca objetivos civiles y destruye infraestructuras en Nabatieh, al norte del Litani, y en Tiro, incluso en la capital del país, pero detrás de ellos hay focos que resisten a lo largo de las aldeas fronterizas.


La gran lección que la resistencia ha aprendido desde la costosa guerra de apoyo a Gaza es la vuelta a la técnica de guerrillas y la guerra popular de larga duración.


Esta valentía saca su fuerza, como dice Gramsci, de la relación orgánica entre el combatiente y la masa; el combatiente se funde en la masa y asume el peligro para protegerla (el bastón de Yayah Sinwar se ha hecho mítico). En el sur del Líbano, como en Gaza toda la dirección de la resistencia fue diezmada, con familias y niños. Ismael Hanieh, Khalil El-Hayeh, Nasrallah, todos tienen un hijo mártir. Así participaban en la lucha los dirigentes tanto de al-Kassam como de al-Radwan.


La técnica de la guerrilla, o la vietnamización de la resistencia armada, herencia de todos los combatientes del mundo – de los vietnamitas, los coreanos y los latinoamericanos, de los argelinos y los palestinos – ha sido recogida por los combatientes


El concepto doctrinal de martirio, «elegir entre perder el honor o entrar en la historia como mártir», no es necesariamente un concepto religioso; «esta doctrina que incita a no temer la muerte, no tiene por objetivo desinteresarse de la vida sino, al contrario, la idea es respetar la vida». También se encuentra entre los libertadores comunistas antiimperialistas como el Ché que decía: «hay que elegir entre una vida degradada y servil o sacrificarse por una causa noble y justa». La consigna de los combatientes palestinos era vencer o morir, lo mismo que el ‘Patria o muerte’ del Ché. Todos los discursos de El-Kassam tenían esta frase como un leitmotiv.


Esta doctrina es una fuente de coraje inaudito: «El tirano muere y su reinado termina, pero la muerte del mártir es el comienzo de su gloria», dice el teólogo danés Soren Kierkegaard.


Acerca de la violencia


La revista científica The Lancet publicó en noviembre de 2025 un estudio, citado por John Mearsheimer, según el cual el número de víctimas de la guerra de sanciones económicas impuestas a los países del tercer mundo por los EEUU llegó a los 28 millones de muertos. En Iraq, el embargo por sí solo mató a 500.000 personas, la mayoría niños.


En el Líbano, entre el 8 de octubre de 2023 y... hubo 33.854 víctimas (7.327 mártires y 26.537 heridos); un promedio de 36 víctimas por día.


En Gaza las 180.000 toneladas de bombas han superado en 8 veces las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki; 80 kg. por habitante.


En Gaza se habla oficialmente del 11% de la población de Gaza muerta o herida. La proporción para Francia equivaldría al total de los habitantes de París, y para los Estados Unidos a 33 millones de americanos. The Lancet, habla de 680.000 muertos y desaparecidos, cifras utilizadas por Francesca Albanese y Ralph Nader, colaborador de Ramsay Clark, entre los cuales:


2.700 familias con todos sus miembros desaparecidos.


5.943 familias, de las que sólo queda un superviviente.


No es la primera masacre de la historia. En Argelia hubo un millón de mártires de una población de 3 millones, en el Congo con 10 a 20 millones de muertos. En Gaza y en el Líbano asistimos a matanzas similares y perpetradas en un corto periodo de tiempo.


Tres escenas permanecen clavadas en la memoria:


familias quemadas en sus tiendas de plástico.


niños bombardeados cuando acudían a puntos de distribución de alimentos.


miles de familias obligadas y empujadas como ganado a caminar continuamente, día y noche, y que acabaron atropeyándose entre ellos. Muchos niños encontraron la muerte pisoteados por sus propias familias.


Es innegable que la guerra contra Gaza y contra el Líbano es una guerra estadounidense, incluso al nivel de decisión política. No habría sido posible sin la armada de EEUU y occidental, sin los 54.000 millones de dólares americanos. Este coste de la guerra es el que Trump pretende compensar explotando los yacimientos marítimos de Gaza y Nakura.


El “gobierno de Vichy” del Líbano ante la Resistencia libanesa


Desde diciembre de 2023, el Líbano ha aceptado un cese del fuego solicitado por Israel después de 66 días de batalla. Este alto al fuego fue supervisado por una comisión presidida por los EEUU, con un comisionado estadounidense, Tom Barak, designado por Trump para gobernar el país. Desde esa fecha, el centro de decisión se ha trasladado de Baabda [residencia oficial del presidente del Líbano] a Washington, desde entonces estamos bajo mandato estadounidense. Es Washington quien ha organizado las elecciones presidenciales, designado al gobierno, al jefe del ejército, al gobernador del banco central, etc.


Hezbollah, que necesitaba reorganizarse, lo ha soportado durante 15 meses, a pesar de que Israel violó el alto al fuego 11.000 veces y asesinó a 500 de sus miembros.


El 2 de marzo, la resistencia decidió romper el alto el fuego (tras el asesinato de Jamenei) y reanudar la lucha contra Israel. Esto alarmó a los estadounidenses que alentaron a Netanyahu a atacar Beirut oeste cerca de la sede del gobierno, el 8 de abril de 2026, masacrando a 365 personas en edificios civiles.


Fue la decisión de Trump: o esto, o la firma de un acuerdo de paz con el enemigo sionista.


Así es como ha entrado el Líbano oficial en una fase crucial que nos recuerda la época del «gobierno de Vichy» en Francia durante la Segunda Guerra Mundial cuando la autoridad de entonces no era más que un apéndice del exterior.


Los presidentes de la república y el gobierno se sometieron a la presión estadounidense, comenzando por no hacer el discurso del juramento, requisito para acceder a sus respectivos cargos.

El gobierno ha cumplido las siguientes órdenes de EEUU:


1. Declarar a Hezbolah, que defiende al país, una organización terrorista.


2. Cerrar las instituciones de Hezbollah en Beirut.


3. Expulsar a la embajada iraní del Líbano.


4. Pedir a Hezbollah (según el concepto de Hobbes de que «el Estado es quien monopoliza las armas») que deje las armas y que las entregue para ser destruidas.


A pesar de los enormes sacrificios realizados por la resistencia y su compromiso durante un año y medio, las autoridades libanesas, sin sentimiento alguno de dignidad nacional, no sólo se arrodillan ante el enemigo, sino que traicionan a quienes defienden el país y han perdido más de 6.000 hombres en combate, por no hablar de las 33.000 víctimas civiles desde octubre de 2023.


Estas autoridades títeres buscan, bajo presión estadounidense, despojar al Líbano de su poder frente a un enemigo que sólo entiende el lenguaje de la fuerza; propone ridículas iniciativas de negociación y rendición bajo el fuego del enemigo que sigue invadiendo, ocupando y destruyendo toda posibilidad de vida en 62 aldeas libanesas, exactamente como ocurrió en Gaza donde Israel ocupa ya el 70% del territorio.


EEUU no quiso contentarse con humillantes negociaciones cuyo único objetivo fuese desarmar a la resistencia; peor aun, exigió al gobierno libanés enviar a Washington una comisión de oficiales libaneses para reunirse con una comisión militar israelí con el fin de elaborar un plan común para desarmar la resistencia. Los Estados Unidos anunciaron que estaban dispuestos a reconstruir el ejército libanés sobre nuevas bases, asignando 11.000 millones de dólares para esta misión. Esto en realidad significa «una guerra civil y una dislocación del Ejército» como ocurrió durante la guerra civil entre el 75 y el 93.


¿Son hoy los combatientes de Hezbollah los comuneros contra Versalles?


Desde un punto de vista patriótico, la respuesta a dicha pregunta es sí.


El gobierno libanés hoy, como el de Adolphe Thiers en la Francia de 1870-1871, sigue negociando con el ocupante, no para defender la soberanía del país o los intereses de su pueblo, sino para conspirar contra la Resistencia y liquidarla por las armas. El ataque iraní contra Israel en junio de 2026 para disuadir al enemigo sionista de bombardear los suburbios del sur puso al gobierno (acusado de traición por Hezbollah y «El Frente Nacional de Apoyo a la Resistencia») al descubierto. Acusó a Irán de inmiscuirse en los asuntos del Líbano, mientras calla cobardemente ante la invasión israelí que sigue avanzando hacia las grandes ciudades de Tiro y Nabatieh.


Marx consideraba la guerra desatada por la burguesía contra la Comuna desde los dos lados de la frontera, como «la más terrible guerra de los tiempos modernos, el vencido y el vencedor confraternizan para, unidos, masacrar a los comuneros». Y explicaba cómo los prusianos cercaban París mientras negociaban con los de Versalles después de haber cedido, tras la derrota, Alsacia y una parte de Lorena.


Los comuneros iniciaron entonces su revolución obrera y comenzó la guerra civil. Los más decididos eran los blanquistas y los internacionales, pero todo terminó con la masacre de 25.000 comuneros.


En “La guerra civil en Francia”, Marx explica que los comuneros nunca cedieron al viejo chauvinismo de la República propagado bajo la consigna ¡Valmy o la patria en peligro! cuando la Revolución francesa era atacada por todos los despotismos europeos.


Por su parte Lenin, en “El Estado y la revolución”, vuelve sobre ello y explica que “¡El derrotismo revolucionario es precisamente la continuación de la lucha de clases!”.


Pero la comparación entre comuneros y combatientes libaneses no puede aplicarse desde el punto de vista del programa social republicano de la Comuna:


Laicidad: separación de la iglesia y del estado,


Fin del trabajo nocturno, sobre todo para los niños,


Libertades en todos los ámbitos.


La patria de los comuneros se pretendía universal y tenía la esperanza de reconfigurar todo el territorio de Francia en función de las conquistas de las comunas federadas; no tuvo éxito y fue ahogada en sangre en varias ciudades.


Y Marx concluía que «el mayor esfuerzo de heroísmo del que todavía es capaz la vieja sociedad es una guerra nacional; y aquí se ha demostrado que eso es una pura mistificación de los gobiernos. El dominio de clase ya no puede ocultarse bajo un uniforme nacional». ¡Es inaceptable todo compromiso patriótico con ellos!


Es cierto que Hezbollah construyó «un Estado dentro del Estado», y puso en marcha instituciones bancarias creando los famosos bancos de trueque «el buen préstamo» basados en un concepto opuesto al de las instituciones financieras como el Banco Mundial y el FMI… Y es cierto que creó la gran institución alternativa Jihad el-Bina para proteger a los campesinos contra el capítulo agrario de la OMC, y para fomentar pequeños proyectos de autosuficiencia alimentaria, protección de granos y producción de energía solar. Pero sus proyectos no pudieron tener un impacto universal, ni imponerse a escala nacional. Los primeros ataques aéreos israelíes se dirigieron a todas las oficinas del «buen préstamo», que fueron completamente demolidas.


Acerca de la guerra norteamericana-israelí contra Irán


1. La guerra criminal imperialista contra Irán no es un duelo, sino una guerra de occidente contra Irán y el Eje de la Resistencia.


2. Esta guerra terminó en un fiasco y no pudo lograr ninguno de sus objetivos, a saber:


La caída del régimen de la República Islámica, que no sólo no se ha debilitado, sino que EE.UU ha tenido que pedir negociaciones.


No ha podido provocar una guerra civil en este país multiétnico en el que los persas son sólo el 40% de la población (kurdos y ezaris no han querido rebelarse contra el Estado central). Desde entonces, Irán ha adoptado la democracia de la calle, incentivando el diálogo y favoreciendo los debates. El último discurso del presidente dio instrucciones en este sentido.


No pudieron romper el Eje de la Resistencia que funcionaba en el Líbano, Yemen e Iraq.


No pudieron eliminar la energía nuclear.


Irán se ha fortalecido y ha añadido un nuevo potencial: imponer su control sobre el estrecho de Ormuz.


Irán ha sufrido pérdidas, pero también Israel. A pesar de que Israel posee aviones furtivos, F-35, sistemas antimisiles entre los más avanzados del mundo y dos cúpulas de hierro, Arrow, y David’s Sling, fue una guerra costosa para él. Cada intervención le cuesta millones de dólares, mientras que los misiles iraníes cuestan una ínfima fracción de esas cifras.


¿Qué elementos contribuyeron a esta victoria?


1. Irán libró una batalla de desgaste contra sus enemigos con control del elemento tiempo, rechazando el derroche y procediendo por etapas.


2. Irán, que tiene las dimensiones de un continente, con sus más de 90 millones de habitantes y su superficie de 1,6 millones de km2, se ha ido reconstruyendo desde hace al menos 5 décadas bajo presión permanente de sanciones (una aviación envejecida, una inflación enorme y tensiones internas) que le obligó a recurrir a sus recursos humanos y naturales y, por tanto, a construir una economía de autosuficiencia en todos los ámbitos: soberanía alimentaria, desarrollo científico, incentivación de la participación de la mujer (el 60 % de los estudiantes universitarios son mujeres, especialmente en las facultades de ciencias). Mientras tanto, el Occidente eurocentrista con su izquierda otanista, pretende darles lecciones sobre vestimenta.


Conclusión


El impacto del desafío iraní contra los Estados Unidos está cambiando las reglas del juego en el mundo. Es la primera vez que una fuerza media desafía no sólo a los EEUU, también a su lacayo sionista y a sus aliados en el Golfo, que perdieron las bases estadounidenses, destruidas en 3 noches, así como a las Fuerzas de la OTAN y de países europeos. Esto constituye una lección para Pakistán y para Turquía que tanto temen a EEUU.


La oligarquía financiera cree que sus innovaciones tecnológicas pueden acabar con la resistencia de los pueblos y enterrar sus aspiraciones de independencia y justicia, pero es en vano.


Uno de los iconos de la teología de la liberación, el padre Ernesto Cardenal, en el Epitafio para la tumba de Adolfo Báez Bone, asesinado junto a un grupo de sus camaradas, escribió: «creyeron que te enterraban y lo que hacían era sembrar una semilla».





09 enero, 2026

Estos abusos continuarán hasta que los pueblos les pongan fin — Caitlin Johnstone

 



Caitlin`s Newsletter – 09/01/2026


Todos estos abusos continuarán hasta que el pueblo se levante y obligue a que cesen.


Los gobiernos occidentales se volverán cada vez más autoritarios.


Las fuerzas policiales se se irán tornando cada vez más militarizadas y asesinas.


La libertad de expresión será aplastada de manera cada vez más agresiva.


Los presupuestos militares serán cada vez más cuantiosos.


La maquinaria de guerra imperial se volverá cada vez más beligerante, genocida y expansionista.


La brecha entre ricos y pobres seguirá ensanchándose.


La gente se volverá cada vez más miserable y mentalmente enferma.


Los sistemas que utilizamos para recopilar información sobre nuestro mundo estarán cada vez más controlados por los poderosos.


La extracción de recursos y mano de obra del sur global será cada vez más abusiva y descarada.


La biosfera de la que dependemos para sobrevivir se aproximará cada vez más al colapso.


¿Cómo sabemos que todo esto sucederá? Porque todo eso es lo que ha estado y está sucediendo. Porque todo eso es lo que el orden mundial capitalista liderado por Estados Unidos ha estado haciendo.


Eso es todo cuanto tienen para ofrecernos. Cada vez más asesinatos y abusos, ese es el único plato del menú que nos han dado.


No podemos votar para salir de este dilema. ¿Cómo lo sabemos? Porque llevamos generaciones intentándolo. Un partido comete atrocidades, luego la gente vota por el otro partido intentando alejar el mal, y el nuevo partido comete las mismas atrocidades, y así en un desesperante ciclo que se repite una y otra vez.


Todo el sistema está bloqueado. Los abusos son parte integral de la situación. Todo en nuestra civilización ha sido manipulado para garantizar que los ricos y poderosos obtengan cada vez más riqueza y poder, mientras que el resto se ve inmerso en una creciente pobreza, agotamiento, ignorancia y locura.


La única salida segura a esta pesadilla distópica es que los pueblos utilicen el poder que les otorga ser mayoría para forzar un cambio real. Somos muchos más que la tiránica minoría que nos hostiga y abusa, ellos lo saben y nos temen.


Saben que no pueden asesinarnos ni encarcelarnos a todos. Saben que tendrán que irse en cuanto decidamos que la revolución es preferible a soportar su despótico abuso.


Podemos quitarles el volante cuando queramos. No tenemos que pedírselo. Simplemente hay que arrebatárselo. Somos multitud y ellos muy pocos.


Simplemente seguiré haciendo inca pie en ello hasta que lo vea pasar al primer plano de la conciencia de nuestra sociedad.



20 diciembre, 2025

Horror a la oligarquía — Farruco Sesto

 



FRENTE ANTIIMPERIALISTA INTERNACIONALISTA – 20/12/2025


Horror a la oligarquía, dijo Ezequiel Zamora. A mi juicio, hay pocos lemas políticamente más certeros que ese. Nunca deberíamos olvidarlo.


Ahora bien ¿Qué quiere decir oligarquía, para que nos entendamos? En el concepto original de Aristóteles, oligarquía es el modo que tienen de gobernar los nobles y los ricos en provecho propio. En la definición del diccionario, oligarquía es la forma de gobierno en la cual el poder político es ejercido por un grupo minoritario, así como el grupo de personas que tiene ese poder. No es tan distinto, si a ver vamos, aunque es más indicativa la visión aristotélica, a la cual me acojo.


Ha pasado tiempo desde los griegos y, por supuesto, en el mundo contemporáneo, ese poder político de la oligarquía se ejerce, casi sin excepción, con apariencia democrática, pero con absoluto control de los instrumentos que posibilitan ese poder. ¿Cuáles son éstos? Ellos son los que le dan estructura a la sociedad. Atención a esta idea que es importante: El poder casi omnímodo de la minoría oligárquica se basa en el control de los factores que son estructurales en el funcionamiento social.


Así, en términos generales, puede afirmarse que los grupos oligárquicos, cuando son gobierno, suelen guardar las formas (aunque no siempre), porque tienen el control. Pero la cosa cambia cuando por alguna razón pierden el poder, o lo sienten amenazado. En ese momento la oligarquía arroja por la borda sus simulaciones y tiende a presentarse tal cual es, en su apariencia horrible.


El caso de Venezuela es paradigmático como ejemplo de ese poder ejercido largo tiempo por la oligarquía. Durante dos siglos, casi desde la independencia, es decir, en todo el tiempo de la Cuarta República (1830-1999), la oligarquía mantuvo el control del poder político a través de distintas formas de actuación, adaptándose a los tiempos y circunstancias, pero siempre arreglándose para ejercer su dominio total. Un dominio en su beneficio, que no solo era contrario a los intereses del pueblo, sino que también, la mayor parte del tiempo, traicionaba los propios intereses de la patria.


Algo que el comandante Chávez tuvo siempre muy claro, estudioso como fue de la historia, es la naturaleza del poder oligárquico. De hecho, se refirió a ello muchas veces de manera magistral.


Una de esas veces, en el XVIII Foro de Sao Paulo, comentó la situación en que llegó Venezuela a finales del siglo XX con “una oligarquía gobernando, imponiendo una hegemonía plena, plena, plena, dominando todos los poderes del Estado, el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, las fuerzas militares, sobre todo, bueno, los altos mandos (…) la economía, controlaban Petróleos de Venezuela, el Banco Central, la banca, privatizaron casi todas las empresas del Estado, la hegemonía cultural la ejercían casi totalmente, la hegemonía mediática totalmente (..) en verdad una dictadura, ah, con un disfraz democrático”


Fue con esa conciencia sobre el papel ejercido por la oligarquía venezolana, que el comandante Chávez, emprendió su camino para acceder al poder y transferírselo al pueblo para siempre.


Habiendo fallado en un primer intento, actuando como vanguardia insurgente con sus compañeros, decidió arriesgarse a derrotar a la oligarquía con las propias reglas de la democracia representativa en versión IV República. Y, como sabemos, lo consiguió, apostando a un voto popular que, por una vez, supo burlar todas las maniobras y trampas del sistema hegemónico, para darle la victoria al Comandante.


Una vez en la presidencia de la República, centró su mayor esfuerzo en desmontar los principales instrumentos de la estructura de poder de la oligarquía para impedir su posible retorno. Y poco a poco lo fue consiguiendo.


¿Cuáles instrumentos fueron esos? Podríamos destacar entre ellos la base legal de la Nación, comenzando por una nueva Constitución. Las fuerzas armadas, que fueron reseteadas a fondo, para transformarlas en la FANB, con una doctrina militar propia. Los sindicatos y gremios. La educación, como factor capaz de crear conciencia, al mismo tiempo que conocimiento. La gestión cultural con su capacidad para orientar y dar estímulo y reconocimiento, apostando a los poderes creadores del pueblo. La administración de la justicia, para democratizarla a fondo. El sistema electoral, concebido ahora como un nuevo poder. Las instituciones públicas en general, recuperadas para el poder popular. Y de un modo muy particular el universo de la información y comunicación donde el propio Chávez se convirtió en ejemplo de contrapoder comunicacional…


No fue fácil, sin embargo, ni tampoco sucedió en un instante. El proceso de desmontar el poder de la oligarquía, profundizando al mismo tiempo la democracia con base al protagonismo popular, fue largo y tenso. Pacífico, paciente y constante, siempre dentro del marco constitucional, por parte del chavismo, pero muy violento por parte de la oligarquía que intentó de todo para impedirlo: sabotajes, golpes de estado, (o más bien un golpe de estado continuo), terrorismo, magnicidio, guarimbas, guerra mediática, en continua traición a la patria y conspirando contra ella, promoviendo “sanciones”, bloqueos e incluso invasiones militares.


En su caso, es decir en el caso de la oligarquía venezolana, ésta no pudo ni podrá recuperar el poder perdido, pues ya no cuenta hoy con los instrumentos a su servicio, y aunque sigue manteniendo la aspiración a volver, el hecho real es que ya está muy mermada en su capacidad de actuar. Por más que la hegemonía mediática internacional la apoye incondicionalmente, los miembros de la oligarquía fracasada andan como fantasmas moviendo cadenas y lanzando quejidos en la oscuridad.


Tal es el caso venezolano que, como dije, es un paradigma de cómo poner fin al poder de la oligarquía, desmontando sus instrumentos de actuación desde el poder del pueblo.


En el caso de Cuba y Nicaragua los procesos fueron distintos, porque el pueblo llegó al poder por la vía de las armas y creó radicalmente una nueva realidad política que incluía la refundación inmediata de las fuerzas armadas. De modo que contaron con ejércitos nacientes, por así decirlo. Y una nueva legalidad en términos absolutos.


En los otros casos de los gobiernos de izquierda o progresistas, por identificarlos de alguna manera, en América Latina, que tuvieron la vocación expresa de transformar la realidad (léase Argentina, Uruguay, Brasil, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Honduras, en algún sentido Perú, ahora Colombia, también México), la verdad verdadera es que los componentes que sostienen el poder de la oligarquía respectiva siguen prácticamente intactos. En algunos casos especialmente trágicos como Ecuador, Bolivia y Argentina, los gobiernos de izquierda en su momento no supieron, o no pudieron, emprender a fondo esa tarea imprescindible. De modo que cuando despertaron, la oligarquía (como el famoso dinosaurio de Monterroso) todavía estaba allí.


Creo que en todo este panorama hay lecciones que aprender y tomar en cuenta. Que cada quien, milite donde milite, saque sus conclusiones. Y que todos los movimientos, organizaciones y partidos latinoamericanos que aspiren a emancipar su propio país para construir una gran patria común, las saquen también.


Tienen que saber que las oligarquías son el adversario más fuerte del proyecto liberador. Porque, entre otras cosas, son también los conserjes del «patio trasero de los EEUU» y los puntos de apoyo del Imperio en su afán de dominio de estas tierras.


Pienso que la gran tarea continental, no solo de la izquierda, sino incluso de todas las fuerzas democráticas en cada país de América Latina y el Caribe, es contribuir a horadar, debilitar, desarticular, desmontar, demoler, destruir (y pongan aquí todos sinónimos que quieran) los basamentos del poder de las oligarquías.


(Publicado en Correo del Orinoco el 18 de diciembre de 2025)