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08 febrero, 2018

La rebelión del Govern: un delito imaginario ——— Javier Pérez Royo



¿Es constitutiva del mismo delito la conducta del President Puigdemont que la del general Franco?

ara.cat 13/12/2017

En España sabemos o, mejor dicho, deberíamos saber muy bien qué es el delito de rebelión. Hemos sido testigos del mayor delito de rebelión de la historia europea: el 18 de julio de 1936. Un delito que, además, sigue proyectando su presencia sobre nuestro sistema político. Pues no se puede olvidar que en ese delito tuvo su origen la Restauración de la Monarquía, que sería la institución que dirigiría el proceso de transición de las Leyes Fundamentales a la Constitución. A ese delito de rebelión se debe también la composición del Congreso de los Diputados y el Senado, que fueron definidos en la Ley para la Reforma Política, última de las Leyes Fundamentales y que las Cortes Generales elegidas el 15 de junio de 1977 se limitaron a incorporarlos a la Constitución. Y también la Audiencia Nacional aprobada mediante Decreto-ley el mismo día que se suprimió el Tribunal de orden Público (con la Constitución de 1978 no se hubiera podido crear la AN mediante Decreto-ley, ya que la creación de órganos judiciales está vetada para tal categoría normativa).

Hay muchas cosas más en nuestro ordenamiento constitucional y en el sistema político que tienen su origen en el delito de rebelión. Deberíamos, en consecuencia, saber muy bien en qué consiste y deberíamos saber que la conducta de los miembros del Govern y de la Mesa del Parlament no puede ser constitutiva de dicho delito. ¿Es constitutiva del mismo delito la conducta del President Puigdemont que la del general Franco?

Se sigue practicando la instrucción como si nos encontráramos ante un delito de rebelión, que no existe ni puede existir en la realidad.



La retirada de la eurorden contra el President Puigdemont es un reconocimiento palmario de que es así. La imposibilidad de justificar de una manera objetiva y razonable ante la justicia de uno de los países fundadores de las Comunidades Europeas, varios decenios antes de que se constituyera la Unión Europea, que el President y los demás Consejeros han cometido tal delito, es lo que hay detrás de la rectificación por parte del juez del TS de la decisión tomada por la Jueza de la AN.

Dicha rectificación debería conducir a una rectificación en la calificación de las conductas de todos los miembros del Govern y de la Mesa del Parlament por parte del TS. Lo que no se puede justificar como rebelión ante la justicia de los países de la Unión Europea, no se puede calificar de tal ante la justicia española.

Y sin embargo, ocurre todo lo contrario. Se sigue practicando la instrucción como si nos encontráramos ante un delito de rebelión, que no existe ni puede existir en la realidad, pero que, por lo visto, existe en la imaginación del juez instructor.

El delito que está investigando el juez Pablo Llanera es un delito imaginario. No existe en la realidad. Solo existe en su imaginación. No hay nada en las conductas investigadas que encaje en el tipo delictivo de la rebelión. Por eso ha tenido que retirar la eurorden.

No hay nada en las conductas investigadas que encaje en el tipo delictivo de la rebelión. Por eso han tenido que retirar la euro-orden.

Un delito imaginario es mucho más peligroso que un delito real. Porque no tiene límites. El delito real tiene límites. Los términos en que está tipificado en el Código Penal, de los que se derivan la naturaleza de las pruebas exigibles para la destrucción de la presunción de inocencia de los investigados. Todos estos límites desaparecen, cuando el delito es el resultado de la imaginación de juez.

La imaginación de los seres humanos no tiene límites. Y aunque la naturaleza humana de los jueces sea una naturaleza singular, en esto no se diferencia de la de los demás.  Como consecuencia de ello, la investigación del delito imaginario de rebelión puede extenderse sin límites, alcanzando a la dirección de prácticamente todos los partidos nacionalistas catalanes y dando valor de indicio susceptible de convertirse en prueba a casi cualquier cosa.

Por lo que empezamos a saber por la información que están transmitiendo diferentes medios de comunicación es lo que está empezando a ocurrir. Las consecuencias de esta manera de investigar son imposibles de prever con exactitud. Pero sí podemos pronosticar sin mucho riesgo que van a provocar un destrozo en el interior del sistema político catalán formidable y todavía mayor en la relación entre Catalunya y el Estado.

A lo mejor hay quien piensa que la “vuelta a la normalidad” exige la criminalización previa de la conducta de los dirigentes de los partidos nacionalistas durante estos años. Y la criminalización por el delito de rebelión. Que, sin dicha criminalización, el nacionalismo catalán acabará “volviendo a las andadas”. A lo mejor este ha sido el sentido último del recurso al art. 155 CE.




15 abril, 2016

Carta abierta a los intelectuales, artistas y sindicalistas firmantes del manifiesto a favor de un gobierno PSOE, C´s y Podemos

Por Antonio Pérez Collado

Una pena, que habiendo tantas denuncias y reivindicaciones a las que sumar vuestra ilustre rúbrica, os hayáis decantado por suscribir la petición de un gobierno que cambie algo para que todo siga igual.


En un país como el nuestro, con tan poca producción intelectual, tan escaso pensamiento transgresor y tan contadas voces críticas, no deja de ser noticia que aparezcan, de repente, cien personalidades dispuestas a firmar un manifiesto, por muy descafeinado que el mismo sea. Y suscribir una petición colectiva a tres de los cuatro partidos más votados en las últimas elecciones generales, animándoles a que se pongan de acuerdo para formar un gobierno “de cambio, que evite una repetición de las elecciones” no puede decirse que sea la iniciativa ilusionante e innovadora que podría esperarse de tan granado ramillete de privilegiados cerebros.

La verdad es que desde vuestra aparición estelar para denunciar la primera guerra de Iraq no os habías prodigado mucho en pronunciamientos públicos contra tanta injusticia como estamos sufriendo todo este tiempo. No han tenido similar denuncia coral las invasiones de Afganistán, Libia, otra vez Iraq o recientemente Siria, ni las sufridas por todos aquellos países en los que la OTAN ha decidido meter sus narices, y sus bombarderos, sin que nadie se lo haya pedido.

También hemos echado en falta vuestra firma colectiva y solidaria frente a los desahucios, la ley Mordaza y los numerosos casos de represión a movimientos y activistas sociales, contra las reformas laborales y la infinidad de recortes emprendidos tanto por los gobiernos del PP como por los del PSOE, en las campañas por el cierre de los CIE y las centrales nucleares, contra las negociaciones del TTIP y la firma del pacto de la vergüenza para expulsar a los refugiados producidos por las guerras que este sistema alimenta. Tampoco os hemos encontrado apoyando huelgas no domesticadas como las de Movistar, TMB, Metro o Panrico. Ha sido de la sociedad de a pie: los trabajadores, las mujeres, los jóvenes, la gente precarizada… de donde han surgido las iniciativas de lucha y de organización más interesantes y prometedoras de los últimos decenios. El 15M, la PAH, las Marchas de la Dignidad, la okupación y muchas otras experiencias autogestionarias han sido lo más fresco y rupturista del tedioso panorama político y social.

La verdad es que volver a la palestra mediática para apoyar un gobierno donde –según parece- la voz predominante la llevará el PSOE (la otra, la voz cantante, la llevan los del Ibex35) no es una aparición muy brillante, que se diga. No creo que tanto las propuestas del partido de Pedro Sánchez y Susana Díaz (me cuesta llamarlo partido socialdemócrata, no digamos socialista) como las de Ciudadanos no dejan dudas de su apuesta firme por apuntalar este régimen que tan evidente ha dejado su voluntad de seguir exprimiendo a los pobres en beneficio de los ricos, aunque sea a costa de sacrificar todos nuestros derechos y libertades.

En cuanto a Podemos, es cierto que sus propuestas son de un contenido mucho más social que las de las otras dos patas del gobierno que reivindicáis en vuestro manifiesto, pero viendo las muchas mermas que han ido sufriendo sus programas y las sucesivas renuncias de Pablo Iglesias a principios que nos aseguraban irrenunciables (pongamos por caso pactar con los partidos de la casta, donde estaba incluido el PSOE) no hay demasiadas garantías de que si, llegado el caso, tocaran poder no acabasen como los partidos de la vieja política.

Aunque escribo y hago fotos, mitad por placer y mitad por militancia, no debo ni quiero considerarme de vuestro gremio de intelectuales y artistas. Mucho menos del de los sindicalistas que firman con vosotros; prefiero ser anarcosindicalista y lo he sido casi toda mi vida. Esos sindicalistas con los que tan a gusto posáis y, de vez en cuando os manifestáis, han contribuido con sus prácticas y sus pactos a precarizar nuestros salarios, derechos y pensiones. No lo olvidéis. Y no olvidéis tampoco que ese gobierno que deseáis, sería muy parecido al que nos condujo por esa Transición tan traicionera que vivimos (unos peor que otros, no lo vamos a negar) desde el 78 hasta ahora, cuando nace ese manifiesto que parece dictado por aquellos ricos y famosos que empiezan a hablar de una segunda Transición.

Una pena, que habiendo tantas denuncias y reivindicaciones a las que sumar vuestra ilustre rúbrica, os hayáis decantado por suscribir la petición de un gobierno que cambie algo para que todo siga igual. No me gusta hablar en nombre de los demás y menos de toda una sociedad, tan compleja y variada como la española. Pero me voy a atrever, por esta vez, a pediros que no os sintáis obligados a guiarnos, sobre todo si vuestra invitación es a confiar en aquellas opciones que no han dejado de defraudarnos.

Atentamente

Antonio Pérez Collado


VALENCIA