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23 marzo, 2021

Manifiesto al proletariado (1851) — Auguste Blanqui

 Barricadas en la rue Saint-Maur, 25 de junio de 1848



Marx consideraba a Louis Auguste Blanqui (1805-1881) "la cabeza y el corazón del partido proletario en Francia". Y a tenor de este manifiesto parece que no le faltaba razón. La biografía de este revolucionario habla por sí sola. En 1824 se adhiere a la sociedad secreta de los carbonarios, participa con las armas en la revolución de julio de 1830, y tras la decepción que supone la llegada de la "monarquía burguesa" de Luis Felipe de Orleans, se suma a la Sociedad de Amigos del Pueblo, donde recibirá la influencia de Buonarroti. A partir de entonces sus largas estancias en prisión le valdrán el apodo de "El Encerrado". Tras el asalto al ayuntamiento de París en 1839 junto a 500 compañeros, Blanqui es condenado a muerte, pena que el rey conmutará por cadena perpetua gracias a la presión de la opinión pública. Liberado tras la revolución de febrero de 1848, le vuelven a detener en mayo y es condenado a 10 años de prisión, lo que le impide participar en la insurrección del proletariado parisino en junio[1].



Es desde la cárcel de Belle-Île-en-Mer que Blanqui redactó y envió este manifiesto al Comité Socialdemócrata de Londres en febrero de 1851. Este Comité había invitado al revolucionario francés a que redactara un toast (brindis) para el banquete en el que se iba a celebrar el aniversario de la revolución de febrero, pero al recibir este manifiesto decidieron no publicarlo. Serían Marx y Engels los encargados de traducirlo y difundirlo.



Aunque la concepción putchista y conspirativa de la revolución que tenía Blanqui (que dio lugar al blanquismo) atraía más a los intelectuales y estudiantes que a los obreros y le alejaba de las teorías de Marx, en este manifiesto podemos hallar puntos de contacto entre ambos, cuando habla por ejemplo del "único factor práctico de la victoria: la fuerza".



Y a pesar de que hoy en día las perspectivas revolucionarias se presentan lejanas, cuando los demagogos empiezan a subir en las encuestas y amenazan con llegar al gobierno en nombre de los trabajadores, bien podemos parafrasear a Blanqui diciendo: ¿Qué roca es la que amenaza la lucha proletaria? La misma contra la que se ha estrellado siempre: la deplorable popularidad de los burgueses disfrazados de tribunos del pueblo.



"¡Que la maldición y la venganza caigan sobre sus cabezas si se atreven a volver a levantarlas! ¡Y que caiga también la vergüenza y el desprecio sobre la muchedumbre que vuelva a escucharlos!"



MANIFIESTO AL PROLETARIADO



¡QUIEN TIENE EL HIERRO TIENE EL PAN!


¿Qué roca es la que amenaza la próxima revolución? La misma contra la que se ha estrellado la revolución anterior: la deplorable popularidad de los burgueses disfrazados de tribunos del pueblo.


Los Ledru-Rollin, los Louis Blanc, los Lamartine, los Crémieux, los Elocon, los Marie, los Garnier-Pages, los Albert Dupont, los Arago, los Marrast.


¡Lista fúnebre! ¡Nombres siniestros! ¡Nombres todos que están escritos con letras de sangre en todos los pavimentos de la Europa democrática!


El gobierno provisional ha estrangulado la revolución. Es sobre su cabeza que debe caer la responsabilidad íntegra de todos los desastres, de todos los actos funestos, la sangre de tantas miles de víctimas.


Cuando la reacción liquida a la democracia no hace más que cumplir con su oficio. Los criminales son los traidores a los que el pueblo confiado había entregado la dirección, y que han entregado al pueblo engañado y maniatado a la reacción.


¡MISERABLE GOBIERNO!


Que pese a todas las advertencias, que pese a todas las súplicas, implanta el impuesto de los 45 céntimos que levanta contra él a las masas campesinas presas de la desesperación… ¡TRAIDORES!


Que mantiene en vigor al alto mando militar de la monarquía, que mantiene los tribunales monárquicos y las leyes monárquicas… ¡TRAIDORES!


Que persigue a los obreros de París el 6 de abril, que el 26 mete en prisión a los de Limoges, que el 27 ametralla a los de Rouen. Que lanza contra ellos a todos los verdugos, que los acosa y difama, que calumnia a los verdaderos republicanos… ¡TRAIDORES! ¡TRAIDORES!


Ellos, y sólo ellos, son los únicos culpables, entre todos los culpables los más culpables, ellos en los que el pueblo engañado veía su espada y su escudo, aquellos a los que en su entusiasmo entregó su destino, ellos, y sólo ellos, son los responsables de toda esta catástrofe que ha determinado la caída de la república.


¡Ay de nosotros si el día de nuestro próximo triunfo la indulgencia olvidadiza de las masas dejara subir al poder a esos hombres que no han hecho más que traicionar el mandato que les concediera la revolución! Otra vez la revolución volvería a estrellarse.


Que los trabajadores no pierdan jamás de vista ésta lista de nombres malditos. Y si alguno de ellos, uno sólo, vuelve a aparecer en un gobierno surgido de la insurrección, que griten todos a la vez: ¡TRAICIÓN! ¡TRAICIÓN!


Los discursos, las promesas, los programas, serían otra vez trampas, mentiras, falsedades. Los mismos tramposos volverían para ejecutar las mismas maniobras. Volverían a ser el primer anillo de una nueva cadena de reacción aún más furibunda. ¡Que la maldición y la venganza caigan sobre sus cabezas si se atreven a volver a levantarlas! ¡Y que caiga también la vergüenza y el desprecio sobre la muchedumbre que vuelva a escucharlos!


No basta con rechazar para siempre a los estafadores de Febrero es necesario prevenirse contra los nuevos traidores.


Traidores serían todos los gobiernos que, levantados sobre los hombros del proletariado, no procedan de manera inmediata a implantar las siguientes medidas:


1. El desarme de las guardias burguesas.

2. El armamento y la organización de milicias nacionales, formadas por todos los obreros.


Está claro que éstas no son las únicas medidas a tomar, pero sí son indispensables como primera garantía y salvaguardia de seguridad para el pueblo.


No debe quedar ni un solo fusil en manos de la burguesía. Sin esto no hay salvación.


Las doctrinas que hoy pugnan por conquistar el favor del pueblo sólo podrán mejorar su bienestar, que proponen y prometen, si no dejan que se pierda lo conquistado por una quimera. Esas doctrinas desaparecerán si el pueblo olvida el único factor práctico de la victoria: la fuerza.


Las armas y la organización son el elemento decisivo del progreso, el único medio serio de terminar con la miseria.


Quien tiene el hierro tiene el pan.


El poder se arrodilla frente a las bayonetas, las masas desarmadas son barridas. Francia erizada de trabajadores armados es el socialismo. Frente al proletariado armado, todos los obstáculos, todas las dificultades, todas las resistencias, se reducen a nada.


Pero si los proletarios no saben más que divertirse en manifestaciones callejeras, plantando "arboles de la libertad", escuchando discursos de abogados, ya se sabe la suerte que les espera: primero, el agua bendita, después los insultos, y por último, la metralla.


La miseria siempre.


¡Que el pueblo elija!


Auguste Blanqui, febrero 1851.




NOTA

[1] Lo mismo le sucederá en 1871, cuando se proclama la Comuna de París.



Fuente: El Salariado

15 abril, 2016

Carta abierta a los intelectuales, artistas y sindicalistas firmantes del manifiesto a favor de un gobierno PSOE, C´s y Podemos

Por Antonio Pérez Collado

Una pena, que habiendo tantas denuncias y reivindicaciones a las que sumar vuestra ilustre rúbrica, os hayáis decantado por suscribir la petición de un gobierno que cambie algo para que todo siga igual.


En un país como el nuestro, con tan poca producción intelectual, tan escaso pensamiento transgresor y tan contadas voces críticas, no deja de ser noticia que aparezcan, de repente, cien personalidades dispuestas a firmar un manifiesto, por muy descafeinado que el mismo sea. Y suscribir una petición colectiva a tres de los cuatro partidos más votados en las últimas elecciones generales, animándoles a que se pongan de acuerdo para formar un gobierno “de cambio, que evite una repetición de las elecciones” no puede decirse que sea la iniciativa ilusionante e innovadora que podría esperarse de tan granado ramillete de privilegiados cerebros.

La verdad es que desde vuestra aparición estelar para denunciar la primera guerra de Iraq no os habías prodigado mucho en pronunciamientos públicos contra tanta injusticia como estamos sufriendo todo este tiempo. No han tenido similar denuncia coral las invasiones de Afganistán, Libia, otra vez Iraq o recientemente Siria, ni las sufridas por todos aquellos países en los que la OTAN ha decidido meter sus narices, y sus bombarderos, sin que nadie se lo haya pedido.

También hemos echado en falta vuestra firma colectiva y solidaria frente a los desahucios, la ley Mordaza y los numerosos casos de represión a movimientos y activistas sociales, contra las reformas laborales y la infinidad de recortes emprendidos tanto por los gobiernos del PP como por los del PSOE, en las campañas por el cierre de los CIE y las centrales nucleares, contra las negociaciones del TTIP y la firma del pacto de la vergüenza para expulsar a los refugiados producidos por las guerras que este sistema alimenta. Tampoco os hemos encontrado apoyando huelgas no domesticadas como las de Movistar, TMB, Metro o Panrico. Ha sido de la sociedad de a pie: los trabajadores, las mujeres, los jóvenes, la gente precarizada… de donde han surgido las iniciativas de lucha y de organización más interesantes y prometedoras de los últimos decenios. El 15M, la PAH, las Marchas de la Dignidad, la okupación y muchas otras experiencias autogestionarias han sido lo más fresco y rupturista del tedioso panorama político y social.

La verdad es que volver a la palestra mediática para apoyar un gobierno donde –según parece- la voz predominante la llevará el PSOE (la otra, la voz cantante, la llevan los del Ibex35) no es una aparición muy brillante, que se diga. No creo que tanto las propuestas del partido de Pedro Sánchez y Susana Díaz (me cuesta llamarlo partido socialdemócrata, no digamos socialista) como las de Ciudadanos no dejan dudas de su apuesta firme por apuntalar este régimen que tan evidente ha dejado su voluntad de seguir exprimiendo a los pobres en beneficio de los ricos, aunque sea a costa de sacrificar todos nuestros derechos y libertades.

En cuanto a Podemos, es cierto que sus propuestas son de un contenido mucho más social que las de las otras dos patas del gobierno que reivindicáis en vuestro manifiesto, pero viendo las muchas mermas que han ido sufriendo sus programas y las sucesivas renuncias de Pablo Iglesias a principios que nos aseguraban irrenunciables (pongamos por caso pactar con los partidos de la casta, donde estaba incluido el PSOE) no hay demasiadas garantías de que si, llegado el caso, tocaran poder no acabasen como los partidos de la vieja política.

Aunque escribo y hago fotos, mitad por placer y mitad por militancia, no debo ni quiero considerarme de vuestro gremio de intelectuales y artistas. Mucho menos del de los sindicalistas que firman con vosotros; prefiero ser anarcosindicalista y lo he sido casi toda mi vida. Esos sindicalistas con los que tan a gusto posáis y, de vez en cuando os manifestáis, han contribuido con sus prácticas y sus pactos a precarizar nuestros salarios, derechos y pensiones. No lo olvidéis. Y no olvidéis tampoco que ese gobierno que deseáis, sería muy parecido al que nos condujo por esa Transición tan traicionera que vivimos (unos peor que otros, no lo vamos a negar) desde el 78 hasta ahora, cuando nace ese manifiesto que parece dictado por aquellos ricos y famosos que empiezan a hablar de una segunda Transición.

Una pena, que habiendo tantas denuncias y reivindicaciones a las que sumar vuestra ilustre rúbrica, os hayáis decantado por suscribir la petición de un gobierno que cambie algo para que todo siga igual. No me gusta hablar en nombre de los demás y menos de toda una sociedad, tan compleja y variada como la española. Pero me voy a atrever, por esta vez, a pediros que no os sintáis obligados a guiarnos, sobre todo si vuestra invitación es a confiar en aquellas opciones que no han dejado de defraudarnos.

Atentamente

Antonio Pérez Collado


VALENCIA

16 mayo, 2015

Manifiesto de la comuna sin nombres. Acerca de Educación




Lo que hay que enseñarles a los niños y niñas y a los menos hechos es sencillamente a desobedecer, a decir NO a cualquier mandato, a cualquier información o doctrina que les venga de arriba, de cualquier puesto del Poder. 

Decir NO es lo solo que sabe y puede hacer lo que entre la gente quede de pueblo y de común por debajo de las personas, sometidas al Poder y que por tanto no pueden hacer de veras nada en contra de Él. 

Lleno está el mundo de protestas, más o menos bienintencionadas, y denuncias contra ciertos abusos exagerados y horrores detonantes que a unos u otros les eche encima la Administración: partidos y sindicatos de oposición a tal o cual tipo de Estado o Capital, asociaciones en defensa de los más escandalosamente oprimidos y desvalidos, novelas o películas que quieren poner ante los ojos del gran público las penas y miserias de guerras, o pasadas o casi contemporáneas, de pestes y esclavitudes promovidas por la Fe o la Patria de los amos o el Negocio por todo lo Alto...creyéndose que todas esas denuncias van a hacer algo contra el Poder, algo que valga más que el daño que en tanto hacen al colaborar con Él como críticas dentro de Su Orden, constructivas, o al servir como espectáculo que horrorice un rato y reconforte a los que no se sienten tan oprimidos o machacados. 

Y hasta vendrán días, como tantas veces ha sucedido, en que un Estado, empujado por enredos de su Economía, mande alistar jóvenes para una guerra contra Otro que se preste al caso, o que les exija sacrificar el tiempo de sus vidas a la Fe en el Futuro que el Poder y sus Medios les presentan, o que los mande a emigrar en masa a buscar los Centros que el Capital haya montado para Sus manejos y a vivir en los recovecos de sus basureros y a criar en ellos hijos para el Cielo, o que les ordene dedicar los años de su juventud y más allá a trepar por una escala de puestos, oposiciones, promociones a cargos cada vez más altos y más serviles, sin que se distraigan del tráfico parándose a pensar en lo que les está pasando, sino a completar su formación con las diversiones o juguetes que el Amo quiera venderles o regalarles. 

Y entonces, cuando lleguen esos trances de guerras o ruinas o vacíos o desastres más declarados, vendrán, como otras veces, los que quieran llamar a los chicos y chicas a la rebelión, a tener el valor de desertar y de no tragarse lo que les mandan. 

Pero entonces será demasiado tarde: ya desde niños los habrán educado en la obediencia, en casa, en la escuela, por la pantalla, en los estadios; ya estarán hechos a tragar sin sentir los sustitutos: los habrán convencido, más o menos a regañadientes, de que lo que se les manda que crean o que compren es bueno, que no tienen más futuro que el Futuro que los mayores y los Medios les ofrecen y para el que los preparan. 

Y, así educados, el intento de algunos de rebelarse y desertar, en medio de la avalancha de las mayorías obedientes, claro está que ha de volverse tan penoso y costoso que ya tampoco valga la pena luchar por sostenerlo. 

La (contra)educación tiene que haber empezado mucho antes: haberse creado la costumbre de decir NO, sin distinción alguna entre tipos de Amo, de Educador, de Nación, de Cultura, de Banca ni de Marcas de Productos; en la casa, en la escuela, en los bares, en los Centros de Formación que les toquen a los niños, que sepan aprovecharse (claro) con buen oído y apetito de cualquier cosa que por ahí, por descuido, les pueda caer de bueno, deleitoso de veras, descubridor, desengañador, pero sin creerse nada, y, a cualquier recomendación de aplicar eso para ser como han de ser y para el futuro que de mayores les espera, reírse por lo bajo y desentenderse de ella tranquilamente. 

Esa (des)educación es lo que puede valer algo contra la Administración de muerte que el Poder les impone a las gentes y a las cosas. Así que lo que hay que hacer, y siempre se puede gracias a lo que a los mayores les quede de limpio y desengañado, es enseñarles a los niños y niñas y a los menos formados a desobedecer sencillamente, sin distraerse con las fachas de tal o cual padre o profesor o presidente o Régimen que les toque, a decir NO a cualquier mandato, a cualquier información o doctrina que les venga de arriba, de cualquier puesto del Poder.

8-9 de Abril de 2008