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11 abril, 2018

EL “TERRORISMO” DE LA AUDIENCIA NAZIONAL - Elena Escudero





RE-EVOLUCIÓN —11/4/2018

Cuando ayer me refería a la urgente necesidad de que los jueces/zas españoles pasaran por un examen psiquiátrico, al menos dos veces durante toda su carrera profesional, no creo que fuera desmesura, sino simple desconfianza sobre el equilibrio mental de tales funcionarios/as.

Lo considero oportuno, vistos los últimos autos emitidos desde el Tribunal Supremo, referidos a los presuntos delitos cometidos por personalidades de la política catalana, relatados por un juez como Pablo Llarena, al que las justicias alemana y belga han colocado en su sitio: el correspondiente a un “Prevaricador cum Laude”.

Sin embargo, la práctica totalidad de los medios periodísticos “españolistas” (o si se prefiere, fieles a una Constitución espuria por neofranquista e ilegítima cuando consagra la impunidad del rey), aplauden al infractor, a ese ridículo novelero burgalés apellidado Llarena, cuya delirante interpretación de lo ocurrido en Catalunya el 1º de Octubre de 2017, además de falso y manipulado, pretende demostrar lo que nunca sucedió, obviando la única y verdadera violencia: la ejercida por las fuerzas represoras del régimen borbónico.

Ayer, el Joder Judicial español, a través de su Audiencia Nazional, bastarda sustituta del criminal Tribunal de Orden Público, ordenó detener por “terrorismo y rebelión” (?) a dos militantes de los Comités de Defensa de la República catalana, sin otro argumento que el delirio interpretativo del juez que firma el auto.

He aquí a otro magistrado al que un psiquiatra debería examinar sin dilación, por la sospecha más que fundada de que, además de padecer una peligrosa tendencia hacia el neofranquismo, parece ser víctima de una clara psicopatología: trastorno paranoide de la personalidad, en grado avanzado.

El concepto de “terrorismo” que mantiene ese personaje de la Audiencia Nazional, no tiene ni pies ni cabeza (deteriorada en su interior), o en el presente caso, ni cabeza ni sostén jurídico, aunque el juez sea macho y no hembra.

Lo más grave de esta esquizofrénica persecución y acoso de cualquier persona que se rebele, con todo derecho, a la represión gratuita de un estado violentamente autoritario, es que la comunidad que forman abogados/as, fiscales, jueces/zas, etc., acepte en silencio (patético, por el grado de connivencia con el delito de prevaricación y escandalosa por supuesta sumisión a tales prácticas) el actual deterioro y ridículo que vive la “justicia española” en toda Europa.

El “terrorismo jurídico-militar”, en su más siniestra expresión, impuso su ley en España durante 40 largos años. Al parecer, el tiempo se ha detenido.

Detenido como los militantes de los CDR de Catalunya a quienes manifestamos desde este blog todo nuestro apoyo y solidaridad.



07 abril, 2018

“De todas las injusticias cometidas en nombre del orden, ninguna tan abyecta, tan repulsiva y tan desestructurante como la brutalidad policial en sus dos vertientes: la pública y la oculta” – Carlo Fabretti






Falsa elección - Carlo Fabretti

Insurgente ★ org 05/04/2018

“La bolsa o la vida” es una falsa elección, puesto que entregando la vida no se salva la bolsa. En realidad, la propuesta del asaltante es: “La bolsa solo, o la bolsa y la vida”.

Los que, siguiendo a Goethe, prefieren la injusticia al desorden, una de dos: o son los beneficiarios directos de la injusticia (como el propio Goethe), o no se han dado cuenta de que es una elección tan falsa como “la bolsa o la vida”. Porque la injusticia es el peor de los desórdenes, el desorden premeditado y alevoso que –con cinismo o hipocresía, según los casos– trastoca deliberadamente el pacto de solidaridad y respeto que hace posible la convivencia pacífica y libre, el único orden deseable.

La injusticia le impone a la sociedad toda, no solo a quienes la sufren, una insoportable carga de desorden concentrado, de desorden “ordenado” (es decir, derivado de una orden), un desorden mucho más nocivo que cualquier otro, porque no revuelve, sino que desestructura; el polvo con el que intenta tapar las grietas de la fachada, lo obtiene erosionando los cimientos del edificio social.

Y de todas las injusticias cometidas en nombre del orden, ninguna tan abyecta, tan repulsiva y tan desestructurante como la brutalidad policial en sus dos vertientes: la pública y la oculta.

Los verdaderos terroristas, aquellos que, con el diccionario en la mano, merecen ese nombre más que cualquier individuo u organización que ejerza la violencia desde la clandestinidad, son los funcionarios que maltratan y torturan al amparo del poder. Y más aún que ellos, quienes los dirigen, justifican y garantizan su impunidad.

Tras el 1-O (Catalunya 1 – España 0, lo que también significa que Catalunya es una nación y España ninguna), y tras el ignominioso encarcelamiento de líderes independentistas, el doble objetivo de la violencia institucional son –y presumiblemente lo serán cada vez más– los Comitès de Defensa de la República (y de la Realidad, y de la Resistencia, y por ende de la Revolución). Doble objetivo: de la violencia represiva directa y de la violencia semántica de los medios, que equiparan las actividades de los CDR a la kaleborroka, que a su vez asocian con ETA.

Como en otras ocasiones, como cuando nos llaman “antisistema”, rechacemos la tendenciosa carga connotativa, pero aceptemos con orgullo la literalidad de la denominación: kale borroka, sí, por supuesto, lucha callejera. Porque el carrer serà sempre nostre y la lucha es el único camino.

Nuestra respuesta debe ser cívica y pacífica, sí. Pero el pacifismo no consiste en dejarse apalear, ni es cívico dejar que apaleen a nadie. Es el poder el que puede elegir entre el orden del diálogo y el supremo desorden de la injusticia. Quienes no estamos dispuestos a dejarnos arrebatar la bolsa ni la vida, no tenemos elección: no nos queda más defensa que el contraataque.

Defender a los Comitès de Defensa

Una vez más, hay que volver contra el poder su propio discurso. Hay que dar realidad política al fantasmagórico concepto de “entorno”, introducido en relación con ETA para criminalizar toda forma de disidencia o protesta. Los CDR constituyen la punta de lanza de la Resistencia (con mayúscula, como en Francia durante la ocupación nazi) en Catalunya y un ejemplo para el resto del Estado (y de Europa), y hay que darles el máximo apoyo a todos los niveles.

Su “entorno” potencial son más de dos millones de catalanas y catalanes, y sus aliados naturales, todas las organizaciones genuinamente antifascistas/anticapitalistas/antiespañolistas (que no es lo mismo que antiespañolas); si estas potencialidades se activan, puede que incluso los menos jóvenes lleguemos a celebrar el triunfo de la República.

De lo contrario, la rencorosa agonía del régimen del 78 puede ser mucho más larga y mucho más dañina de lo necesario. Dicho de otro modo: si no estamos contra los herederos del franquismo, estamos con ellos. Una vez más, la neutralidad es una falsa elección.