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22 mayo, 2020

Cuando España era la Finlandia de la educación ——— Luis Palacio

Clase del Instituto-Escuela en la Sección Hipódromo, 1933.
Fotografía reproducida en la revista 
Crónica, 29 de enero de 1933.
Archivo General de la Administración. Ministerio de Cultura y Deporte, Alcalá de Henares.

YOROKOBU - 06/04/2020

El 2 de octubre de 1884 The Times publicaba en Londres un artículo sobre las propuestas que los profesores españoles Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío habían expuesto días atrás en la International Conference of Education.

Destacaba el diario londinense que la propuesta de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) de integrar la educación técnica con la formación general hasta entrada la adolescencia ofrecía «una solución original al difícil problema de la educación moderna». La cita procede de un artículo de Eugenio Otero, uno de los comisarios de la exposición Laboratorios de la nueva educación. En el centenario del Instituto-Escuela, que puede visitarse en la sede de la ILE en Madrid hasta el 12 de abril.

Alumnas del Instituto-Escuela de viaje a Barcelona, años veinte. Residencia de Estudiantes, Madrid.

En España, los planteamientos de la ILE se hicieron realidad en el mundo de la enseñanza pública entrado ya el siglo XX en ese Instituto-Escuela (I-E). Una experiencia exitosa que solo fue abatida por la irracional fuerza de las armas. En realidad, y del mismo modo que ahora, cuando se habla de educación, se suele poner como ejemplo a Finlandia, hace un siglo numerosas instituciones europeas miraban qué se estaba haciendo en el I-E e instituciones similares en España.

El Instituto-Escuela (I-E) lo creó en 1918 la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, que dependía del Ministerio de Instrucción Pública, la presidía el premio Nobel Santiago Ramón y Cajal y tenía como factótum a su secretario, José Castillejo. Con el I-E se pretendía, ni más ni menos, que conseguir que la enseñanza pública educase a ciudadanos capaces de gobernar su vida.

Inicialmente fue un proyecto piloto –consolidado en 1924– de lo que hoy se conoce como innovación educativa. En él se contemplaban los fines y métodos de la escuela, las relaciones con las familias y la sociedad, y se utilizaban pedagogías activas con el fin de permitir al estudiante construir su proceso de aprendizaje y su personalidad, con la ayuda del maestro. Un aprendizaje que huía de la instrucción memorística, del libro de texto y de los exámenes. Un aprendizaje que se abría al contacto con la naturaleza y se completaba con la visita a fábricas y cárceles, a museos y exposiciones. En el curso 1924-1925, por ejemplo, los estudiantes del Instituto-Escuela hicieron más de quinientas excursiones y visitas.

Profesores y alumnos del Instituto-Escuela en una visita a la fábrica de metales de Lugones, durante una excursión a Asturias y León, junio de 1926. En el centro, de perfil y con el abrigo en el brazo, Miguel Catalán. Residencia de Estudiantes, Madrid.

«O educación o exámenes», decía Giner.

«Rompamos los muros de la clase», proclamaba Cossío.

Porque una parte importante de las ideas pedagógicas que se pusieron en práctica en el Instituto-Escuela no son otras que las que venía planteando la Institución Libre de Enseñanza desde su creación en 1876.

DE LA ILE AL I-E

Los gobiernos de Cánovas del Castillo legislaron contra la libertad de cátedra con la pretensión de que toda la enseñanza impartida en España estuviera de acuerdo con la fe católica, la monarquía y, en general, con la visión más conservadora del sistema político de la Restauración del último cuarto del siglo XIX. En uno de esos ataques, varios catedráticos y profesores, incluido Giner de los Ríos, terminaron en la cárcel y separados de la Universidad.

Junto a un grupo de colaboradores, Giner proyectó entonces la Institución Libre de Enseñanza, que era un proyecto pedagógico y político que concebía la educación y la extensión de la ciencia y la cultura como el medio para modernizar y transformar el país.

Alumnos del Grupo Escolar Cervantes trabajando en un proyecto, años veinte.
 Residencia de Estudiantes, Madrid.

Dicho proyecto contemplaba una serie de instituciones que, a modo de laboratorios, buscaban esa renovación de la enseñanza y entre los que se encontraban el Museo Pedagógico Nacional, para la formación de los maestros; las colonias de vacaciones; la Junta para la Ampliación de Estudios, que creó la Residencia de Estudiantes y la Residencia de Señoritas, y, finalmente, el Instituto-Escuela.

En la materialización del Instituto-Escuela –y siguiendo los principios de la ILE– desempeña un papel esencial el diseño de los espacios educativos, comenzando por los propios edificios. Es así como se construyen en Madrid uno junto al parque de El Retiro, en el denominado Olivar de Atocha, y otro en los Altos del Hipódromo, en la colina que se alza frente a los actuales Nuevos Ministerios.

Pero más importante aún era el proyecto pedagógico que estaba detrás. En él se aunaba la educación de los alumnos con el desarrollo de nuevos planes de estudios y métodos de aprendizaje, al tiempo que jóvenes profesores se formaban o mejoraban su práctica educativa.

La enseñanza en el aula, en la que jugaban un papel primordial las actividades científicas, artísticas y manuales, se combinaba con visitas a museos y todo tipo de instituciones, viajes, además de la enseñanza de idiomas, la coeducación de niños y niñas siempre que se pudo, o el deporte, en el que se incluían numerosas salidas al campo y la montaña.

De todo ello quedaba constancia en los cuadernos escolares, que sustituyeron a los libros y manuales al uso, y que reflejaban el progreso de los alumnos. Incluso se editó una colección de clásicos de la literatura –La Biblioteca Literaria del Estudiante–, para uso y consulta de los estudiantes y cuyo objetivo último era despertar en ellos la afición a la lectura.

Se generaron de esta forma unos espacios educativos que fomentaron la creatividad y la autonomía de los jóvenes que estudiaron en ellos.

Tras el Instituto-Escuela de Madrid el proyecto renovador se extendió por el país, con los Institut Escola en Barcelona y Sabadell, y los I-E de Valencia, Sevilla y Málaga. En paralelo, y en algunos casos con antelación, habían ido surgiendo otras iniciativas que participaban de los mismos planteamientos como el Grupo Escolar Cervantes, en Madrid, o la Escola del Bosc, en Barcelona.

Alumnos del Instituto-Escuela con el profesor de alemán Oswald Jahns (séptimo por la izquierda), delante de la Puerta de Brandeburgo, Berlín, durante una excursión a Alemania en el verano de 1931. Colección Julia Pettersson Salom.

ESPAÑA, REFERENCIA EDUCATIVA

Como consecuencia de todo ello, puede decirse que durante aquellos años España fue una referencia para otros países de Europa en lo que a innovación educativa se refería.

Así, por ejemplo, el director de la Escuela Moderna de Bruselas, Alexis Sluys, reconocía en 1923 que el flexible sistema de enseñanza del I-E «evita la especialización prematura en los estudios para los diversos exámenes de Estado y se tienen en cuenta las disposiciones intelectuales reales de los alumnos».

En 1928, en un congreso pedagógico celebrado en Viseu (Portugal) y en relación a la formación del profesorado, se debatía la necesidad de crear un liceo modelo «semejante a los seminarios pedagógicos del extranjero o, mejor aún, al Instituto-Escuela de Madrid».

El pedagogo francés Adolphe Ferriere, por su parte, visitó el Instituto-Escuela en 1930 dentro de su recorrido para acreditar centros dentro del movimiento de la Escuela Nueva.

Sin embargo, todo aquel impulso modernizador se eclipsaría con la llegada de la Guerra Civil, primero, y de la larga posguerra del Franquismo, después. Desde el primer momento se sucedieron las acciones para acabar con la renovación pedagógica emprendida por la Institución Libre de Enseñanza y asumida por el Estado en las primeras décadas del siglo XX.

Tres días después del fin de la guerra se decretaba, por ejemplo, que las instalaciones del Instituto-Escuela de los Altos del Hipódromo y de Atocha se convirtieran en los institutos de enseñanza media Ramiro de Maeztu e Isabel la Católica. A él siguió la expulsión de numerosos profesores vinculados a la ILE y al Instituto-Escuela de la carrera docente.

Sin embargo, como había proclamado unos años antes Miguel de Unamuno, vencer no es convencer. La labor de la ILE siguió viva a través de muchos profesores tanto en el exilio exterior como en el interior, y ello a pesar de las duras condiciones en las que hubieron de ejercer y sobrevivir.

En la exposición Laboratorios de la nueva educación se sigue también su rastro, al tiempo que se muestra cómo la innovación educativa y la búsqueda de la transformación de la sociedad a través de la enseñanza y el aprendizaje siguen siendo hoy una realidad. Una realidad que se plasma en numerosos centros educativos renovadores y a la que sigue contribuyendo la ILE, tras su revitalización con la recuperación de la democracia.


16 octubre, 2017

La "vuelta a las andadas" de la monarquía


Resultado de imagen de franco juan carlos felipe

Párrafos extraídos del artículo «Reino de España: Por qué es necesario un referéndum sobre la monarquía» de Javier Pérez Royo. 
sin permiso 11/10/2017 (pdf)

[…]

La monarquía del discurso de Felipe VI el pasado 4 de octubre no fue la monarquía Parlamentaria de la Constitución, sino la monarquía Española de las Constituciones anteriores a la de 1978. La precedencia histórica de la monarquía sobre la democracia se colaba en nuestro sistema político.

El hecho de que nos encontremos ante una situación excepcional no sólo no justifica dicha inversión entre los principios de legitimidad democrático y monárquico, sino que debe conducir a lo contrario. Cuanto más difíciles son las circunstancias, menos se justifica la intervención de una magistratura hereditaria que carece, por ello, de legitimación democrática. El Rey en la Constitución es un órgano, pero no un poder del Estado, que no puede, en consecuencia, intervenir en el proceso político. Nunca, pero mucho menos cuanto más decisivo sea el momento.

La conducta del Rey Felipe VI no solamente supuso una vulneración de la Constitución y una deslealtad respecto del ejercicio del poder constituyente del pueblo español, que no por casualidad y de manera inadvertida puso el artículo 1.2 CE antes del 1.3 CE, sino que además desnaturalizó con ello la monarquía Parlamentaria regulada en la Constitución.

Lo hizo, además, con un discurso que supuso una ruptura con la neutralidad exigible a cualquier Jefe del Estado en una democracia parlamentaria, tanto en una República como en una monarquía, pero obviamente mucho más en esta última. Ningún Jefe de Estado en Europa con legitimación democrática, es decir, ningún Presidente de una República con la excepción del Presidente de la República Francesa, podría haberse dirigido a los ciudadanos en los términos en que lo hizo el Rey Felipe VI. En una monarquía Parlamentaria tal conducta es sencillamente inimaginable.

[…]

La "vuelta a las andadas" de la monarquía

Dadas las circunstancias en la que nos encontramos, es ilusorio pensar que lo que ha ocurrido en estos últimos años y en especial esta pasada semana no va a volver a ocurrir y que, de ahora en adelante, la monarquía se comportará como una monarquía Parlamentaria adecuada al concepto, como diría Hegel.

En el Derecho Constitucional, a diferencia de lo que ocurre en el Derecho Privado, no es necesaria la repetición reiterada de acontecimientos para que se constituya un precedente. Con una vez basta.

La autonomía de la que ha considerado que disponía el Rey Felipe VI para analizar la situación y adoptar la decisión que considerara pertinente, desconociendo la Constitución, alterando el orden establecido por el constituyente entre el principio de legitimidad democrática del Estado y el principio monárquico, y la desnaturalización que con ello se ha producido de la monarquía Parlamentaria, no son elementos menores.

Después de lo ocurrido esta semana, únicamente podemos ir a peor. Con la trayectoria de la monarquía a lo largo de toda nuestra historia constitucional nadie puede llamarse a engaño. Con Felipe VI la monarquía ha iniciado la “vuelta a las andadas”. Y ello no es compatible con un Estado democrático digno de tal nombre.
La sociedad española, si quiere vivir en una sociedad democrática, tiene que afirmar de manera inequívoca su voluntad constituyente sobre la monarquía, tiene que decidir sin ambigüedad de ningún tipo, que “tiene el derecho a adoptar la forma de gobierno que más le convenga”.

Y esto únicamente puede hacerse mediante un referéndum, en el que el cuerpo electoral pueda decidir si considera que la monarquía debe continuar formando parte de su forma de gobierno o no. Y en el caso de que optara por mantener la monarquía, definir a continuación con precisión cuál sería su posición dentro del sistema político.


No hay problema más importante ni tarea más urgente.

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Ernesto Rodera

26 octubre, 2016

"Una España como la de Los Santos Inocentes pero con Smartphones"


El truco franquista - Fran Delgado

Decía Kevin Spacey en Sospechosos habituales que el mejor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía. Algo así parece que sucede en nuestro país con Franco. El pasado 18 de julio se cumplieron 80 años del golpe de Estado que terminó con la ilusión de la realidad Republicana en España, esa que retrató Orwell en los primeros días de su estancia en Barcelona en Homenaje a Cataluña. Resulta curioso la indiferencia con la que se ha pasado por alto este hecho en nuestro país o, en el peor de los casos, lo que más ha llamado la atención ha sido algún enaltecimiento del golpe de militar por parte de algún representante político y debates televisivos a mayor honra del dictador. Era lo que se podría esperar si tenemos en cuenta los monumentos, calles y demás honores que tienen en nuestras ciudades los golpistas, mientras sus víctimas no logran el descanso en las cunetas de todo el territorio nacional. Este tipo de cuestiones, simplemente, no serían permitidas en cualquier democracia. Pero esto es España.
Hay que referirse a un país en el que los 40 años de terrible represión de dictadura franquista son aceptados de forma más o menos amplia, sin el más mínimo reproche social. Todos podemos conocer en nuestro entorno a alguna persona que legitime de forma velada (y muchas veces explícita) el golpe militar del 36, pero, eso sí, no acepta que se le llame descriptivamente facha. En su defensa siempre hablan de las atrocidades que cometieron ambos bandos en la guerra civil, haciendo un planteamiento falso que omite el levantamiento contra el orden republicano constitucionalmente establecido y la represión posterior a la guerra. Igualmente hemos vivido alguna historia familiar que se tiene oculta, que cuando se habla sobre ella aparece un silencio incómodo, casi vergonzoso, que indica que eso no debe tratarse, que ya pasó y debe olvidarse. Lo observamos a diario. “Yo no soy fascista, soy patriota”, “Es que la República era un caos”, “Con Franco en España se vivía bien”, “Hablar de memoria histórica es reabrir heridas”… y un largo número de frases cuyo único objetivo es dar una imagen suavizada de los que fue una cruel dictadura que asesinó a miles de personas. Pasar página, pelillos a la mar.
Incluso en el ámbito académico al régimen franquista se le define como autoritario no como totalitario, queriendo, de esta manera, atenuar el grado de crudeza de la dictadura española. Fueron 40 años de franquismo que marcaron profundamente la idiosincrasia, la actitud y los comportamientos políticos que calaron en una generación, que se trasladó a las siguientes y que perviven en la actualidad. Es lo que se ha denominado franquismo sociológico, un hecho de tolerancia social por el que se aceptan los comportamientos fascistas como algo no especialmente malo, que, unido a una élite proveniente del régimen que protagonizó el cambio de régimen sin perder el poder económico, político y mediático, lideraron una transición gatopardista que sirviera para asegurar su posición privilegiada, es lo que nos ha conducido hasta la situación de nuestros días.
Cuando el PSOE llegó al poder en el 82 Alfonso Guerra dijo que “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”.
Pasados cerca de 40 años de democracia en España, a día de hoy, no sólo no ha cambiado sino que las diferencias sociales se han agrandando y se ha profundizado en la división del pueblo. Una España como la de Los Santos Inocentes pero con Smartphones.
…Porque la clase dominante, antes apoyando a Franco y ahora demócrata de toda la vida pero siempre manejando los hilos del poder, ha impuesto su discurso ideológico y el relato de su historia. Así, en este paradigma las clases no existen, son un invento de la izquierda trasnochada.
…Porque, en todo caso, se admite la existencia de una gran clase media con aires de grandeza que repudia su propio origen.
...Porque ha sido generalizado el convencimiento de que una persona que tiene un bar con dos camareros contratados y trabajando 14 horas diarias es un empresario (un emprendedor) y, por tanto, tiene más en común con la idea de empresario tipo Florentino Pérez que con su vecino reponedor en el Carrefour, con el inmigrante marroquí que se cruza todos los días camino del trabajo y vino a España a buscarse un futuro mejor o con los jóvenes que abarrotan las oficinas de (des)empleo buscando acceder en unas condiciones dignas al mercado laboral. Se cree que sus intereses de clase están más próximos a los empresarios simplemente porque puede financiarse a plazos un viaje de vacaciones con su familia a la Riviera Maya. Y además hemos llegado a esta situación por convencimiento propio. Se dice que no hay nada más estúpido que un obrero de derechas, a lo que yo añado de derechas sí, pero además convencido y contento.

Ese es el error. Negar la existencia y la permanencia de esa élite proveniente del franquismo en el poder, rechazar los lazos comunes que tenemos y que conforman la conciencia e intereses colectivos y de solidaridad de la ciudadanía como base de la estructura social, admitir el franquismo como un mal menor en nuestra historia y convencernos del argumento falaz de que en esta injusta y desigual sociedad todos tenemos las mismas oportunidades. 
La reparación de la memoria histórica, recordando todo lo acontecido y poniendo en valor el honor de los ajusticiados por el régimen franquista no es un acto de revanchismo guerracivilista, sino de justicia. Negarla es aceptar el truco del diablo.

23 junio, 2014

Ni monarquía ni república. Revolución social


Publicado por pacosalud1


Que la izquierda no cuente con los anarquistas para un cambio de régimen político. Nos tendrá a su lado cuando propongan la abolición de todo gobierno.


El Poder, representado en el Estado, ha movido ficha y ha jugado bien su partida. Las últimas elecciones europeas han dejado claro que el bipartidismo que apoyó la llamada transición (aunque no hay que olvidar al PCE) está en crisis. Es por ello que el Estado teme que las próximas elecciones generales lleven al poder opciones republicanas y, al igual que pasó el 14 de abril de 1931, los borbones se tengan que marchar. Con la abdicación de Juan Carlos, como previamente hizo con él su padrino Franco, se deja “atada y bien atada” la institución monárquica.

Sin embargo, la izquierda está pidiendo a gritos un referéndum y la III República. Los anarquistas no queremos ni monarquía ni república. No queremos Estado, lo maneje un rey hereditario o un presidente electo. El problema es el Estado, el sistema que mantiene la explotación y la desigualdad, sea quien sea su titular..

Muchos de los que defienden la III República lo hacen desde supuestas posiciones radicales, transformadoras. Pero lo que defienden es una concepción burguesa y reformista. Ni las repúblicas que ha habido en España ni los reyes han gobernado para el pueblo, que exige cada vez más autogobernarse, autogestionarse y no ceder a sus supuestos representantes soberanía alguna.

Lo importante es no volver a caer en la misma trampa que fue la II República, un régimen que no cambió un ápice la situación de la clase trabajadora y mantuvo intacto el régimen burgués y capitalista y su principal instrumento: el Estado. Lo relevante es seguir luchando desde abajo para acabar con el Estado y el Capital, contra la monarquía y la república, contra todo poder y gobierno.

Que la izquierda no cuente con nosotros para un cambio de régimen político. Nos tendrá a su lado cuando propongan la abolición de todo gobierno.

Ni Felipe VI ni III República, revolución social.

Grupo anarquista asturiano Higinio Carrocera