¡DEROGACIÓN DE LA LEY MORDAZA Y REFERÉNDUM!
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26 diciembre, 2020
04 agosto, 2020
22 mayo, 2020
Cuando España era la Finlandia de la educación ——— Luis Palacio
YOROKOBU
- 06/04/2020
El 2 de octubre de 1884
The Times publicaba en Londres un artículo sobre las
propuestas que los profesores españoles Francisco
Giner de los Ríos y Manuel
Bartolomé Cossío habían expuesto días atrás en la
International Conference of Education.
Destacaba el diario
londinense que la propuesta de los fundadores de la Institución
Libre de Enseñanza (ILE) de integrar la educación técnica con
la formación general hasta entrada la adolescencia ofrecía «una
solución original al difícil problema de la educación moderna».
La cita procede de un artículo de Eugenio Otero, uno de los
comisarios de la exposición Laboratorios de la nueva educación.
En el centenario del Instituto-Escuela, que puede visitarse en la
sede de la ILE en Madrid hasta el 12 de abril.
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| Alumnas del Instituto-Escuela de viaje a Barcelona, años veinte. Residencia de Estudiantes, Madrid. |
En España, los
planteamientos de la ILE se hicieron realidad en el mundo de la
enseñanza pública entrado ya el siglo XX en ese Instituto-Escuela
(I-E). Una experiencia exitosa que solo fue abatida por la irracional
fuerza de las armas. En realidad, y del mismo modo que ahora, cuando
se habla de educación, se suele poner como ejemplo a Finlandia, hace
un siglo numerosas instituciones europeas miraban qué se estaba
haciendo en el I-E e instituciones similares en España.
El Instituto-Escuela
(I-E) lo creó en 1918 la Junta para la Ampliación de Estudios e
Investigaciones Científicas, que dependía del Ministerio de
Instrucción Pública, la presidía el premio Nobel Santiago Ramón y
Cajal y tenía como factótum a su secretario, José Castillejo. Con
el I-E se pretendía, ni más ni menos, que conseguir que la
enseñanza pública educase a ciudadanos capaces de gobernar su vida.
Inicialmente fue un
proyecto piloto –consolidado en 1924– de lo que hoy se conoce
como innovación educativa. En él se contemplaban los fines y
métodos de la escuela, las relaciones con las familias y la
sociedad, y se utilizaban pedagogías activas con el fin de permitir
al estudiante construir su proceso de aprendizaje y su personalidad,
con la ayuda del maestro. Un aprendizaje que huía de la instrucción
memorística, del libro de texto y de los exámenes. Un aprendizaje
que se abría al contacto con la naturaleza y se completaba con la
visita a fábricas y cárceles, a museos y exposiciones. En el curso
1924-1925, por ejemplo, los estudiantes del Instituto-Escuela
hicieron más de quinientas excursiones y visitas.
«O educación o
exámenes», decía Giner.
«Rompamos los muros de
la clase», proclamaba Cossío.
Porque una parte
importante de las ideas pedagógicas que se pusieron en práctica en
el Instituto-Escuela no son otras que las que venía planteando la
Institución Libre de Enseñanza desde su creación en 1876.
DE LA ILE AL I-E
Los gobiernos de Cánovas
del Castillo legislaron contra la libertad de cátedra con la
pretensión de que toda la enseñanza impartida en España estuviera
de acuerdo con la fe católica, la monarquía y, en general, con la
visión más conservadora del sistema político de la Restauración
del último cuarto del siglo XIX. En uno de esos ataques, varios
catedráticos y profesores, incluido Giner de los Ríos, terminaron
en la cárcel y separados de la Universidad.
Junto a un grupo de
colaboradores, Giner proyectó entonces la Institución Libre de
Enseñanza, que era un proyecto pedagógico y político que concebía
la educación y la extensión de la ciencia y la cultura como el
medio para modernizar y transformar el país.
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| Alumnos del Grupo Escolar Cervantes trabajando en un proyecto, años veinte. Residencia de Estudiantes, Madrid. |
Dicho proyecto
contemplaba una serie de instituciones que, a modo de laboratorios,
buscaban esa renovación de la enseñanza y entre los que se
encontraban el Museo Pedagógico Nacional, para la formación de los
maestros; las colonias de vacaciones; la Junta para la Ampliación de
Estudios, que creó la Residencia de Estudiantes y la Residencia de
Señoritas, y, finalmente, el Instituto-Escuela.
En la materialización
del Instituto-Escuela –y siguiendo los principios de la ILE–
desempeña un papel esencial el diseño de los espacios educativos,
comenzando por los propios edificios. Es así como se construyen en
Madrid uno junto al parque de El Retiro, en el denominado Olivar de
Atocha, y otro en los Altos del Hipódromo, en la colina que se alza
frente a los actuales Nuevos Ministerios.
Pero más importante aún
era el proyecto pedagógico que estaba detrás. En él se aunaba la
educación de los alumnos con el desarrollo de nuevos planes de
estudios y métodos de aprendizaje, al tiempo que jóvenes profesores
se formaban o mejoraban su práctica educativa.
La enseñanza en el aula,
en la que jugaban un papel primordial las actividades científicas,
artísticas y manuales, se combinaba con visitas a museos y todo tipo
de instituciones, viajes, además de la enseñanza de idiomas, la
coeducación de niños y niñas siempre que se pudo, o el deporte, en
el que se incluían numerosas salidas al campo y la montaña.
De todo ello quedaba
constancia en los cuadernos escolares, que sustituyeron a los libros
y manuales al uso, y que reflejaban el progreso de los alumnos.
Incluso se editó una colección de clásicos de la literatura –La
Biblioteca Literaria del Estudiante–, para uso y consulta de los
estudiantes y cuyo objetivo último era despertar en ellos la afición
a la lectura.
Se generaron de esta
forma unos espacios educativos que fomentaron la creatividad y la
autonomía de los jóvenes que estudiaron en ellos.
Tras el Instituto-Escuela
de Madrid el proyecto renovador se extendió por el país, con los
Institut Escola en Barcelona y Sabadell, y los I-E de Valencia,
Sevilla y Málaga. En paralelo, y en algunos casos con antelación,
habían ido surgiendo otras iniciativas que participaban de los
mismos planteamientos como el Grupo Escolar Cervantes, en Madrid, o
la Escola del Bosc, en Barcelona.
ESPAÑA, REFERENCIA
EDUCATIVA
Como consecuencia de todo
ello, puede decirse que durante aquellos años España fue una
referencia para otros países de Europa en lo que a innovación
educativa se refería.
Así, por ejemplo, el
director de la Escuela Moderna de Bruselas, Alexis Sluys, reconocía
en 1923 que el flexible sistema de enseñanza del I-E «evita la
especialización prematura en los estudios para los diversos exámenes
de Estado y se tienen en cuenta las disposiciones intelectuales
reales de los alumnos».
En 1928, en un congreso
pedagógico celebrado en Viseu (Portugal) y en relación a la
formación del profesorado, se debatía la necesidad de crear un
liceo modelo «semejante a los seminarios pedagógicos del extranjero
o, mejor aún, al Instituto-Escuela de Madrid».
El pedagogo francés
Adolphe Ferriere, por su parte, visitó el Instituto-Escuela en 1930
dentro de su recorrido para acreditar centros dentro del movimiento
de la Escuela Nueva.
Sin embargo, todo aquel
impulso modernizador se eclipsaría con la llegada de la Guerra
Civil, primero, y de la larga posguerra del Franquismo, después.
Desde el primer momento se sucedieron las acciones para acabar con la
renovación pedagógica emprendida por la Institución Libre de
Enseñanza y asumida por el Estado en las primeras décadas del siglo
XX.
Tres días después del
fin de la guerra se decretaba, por ejemplo, que las instalaciones del
Instituto-Escuela de los Altos del Hipódromo y de Atocha se
convirtieran en los institutos de enseñanza media Ramiro de Maeztu e
Isabel la Católica. A él siguió la expulsión de numerosos
profesores vinculados a la ILE y al Instituto-Escuela de la carrera
docente.
Sin embargo, como había
proclamado unos años antes Miguel de Unamuno, vencer no es
convencer. La labor de la ILE siguió viva a través de muchos
profesores tanto en el exilio exterior como en el interior, y ello a
pesar de las duras condiciones en las que hubieron de ejercer y
sobrevivir.
En la exposición
Laboratorios de la nueva educación se sigue también su
rastro, al tiempo que se muestra cómo la innovación educativa y la
búsqueda de la transformación de la sociedad a través de la
enseñanza y el aprendizaje siguen siendo hoy una realidad. Una
realidad que se plasma en numerosos centros educativos renovadores y
a la que sigue contribuyendo la ILE, tras su revitalización con la
recuperación de la democracia.
19 junio, 2018
Referéndum República / Monarquía --- Vallekas Decide 23 junio 2018
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| Ubicación de las urnas |
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El Parlamento de Navarra "exige" un referéndum para que los ciudadanos decidan entre monarquía o república.
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10 abril, 2018
¿Los CDR son violentos? ¿Sí? ¿Seguro?
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16 octubre, 2017
La "vuelta a las andadas" de la monarquía

Párrafos
extraídos del artículo «Reino de España:
Por qué es necesario un referéndum sobre la monarquía» de Javier Pérez Royo.
[…]
La
monarquía del discurso de Felipe VI el pasado 4 de octubre no fue la monarquía
Parlamentaria de la Constitución, sino la monarquía Española de las
Constituciones anteriores a la de 1978. La precedencia histórica de la
monarquía sobre la democracia se colaba en nuestro sistema político.
El
hecho de que nos encontremos ante una situación excepcional no sólo no
justifica dicha inversión entre los principios de legitimidad democrático y
monárquico, sino que debe conducir a lo contrario. Cuanto más difíciles son las
circunstancias, menos se justifica la intervención de una magistratura
hereditaria que carece, por ello, de legitimación democrática. El Rey en la
Constitución es un órgano, pero no un poder del Estado, que no puede, en
consecuencia, intervenir en el proceso político. Nunca, pero mucho menos cuanto
más decisivo sea el momento.
La
conducta del Rey Felipe VI no solamente supuso una vulneración de la
Constitución y una deslealtad respecto del ejercicio del poder constituyente
del pueblo español, que no por casualidad y de manera inadvertida puso el
artículo 1.2 CE antes del 1.3 CE, sino que además desnaturalizó con ello la
monarquía Parlamentaria regulada en la Constitución.
Lo
hizo, además, con un discurso que supuso una ruptura con la neutralidad exigible
a cualquier Jefe del Estado en una democracia parlamentaria, tanto en una
República como en una monarquía, pero obviamente mucho más en esta última.
Ningún Jefe de Estado en Europa con legitimación democrática, es decir, ningún
Presidente de una República con la excepción del Presidente de la República
Francesa, podría haberse dirigido a los ciudadanos en los términos en que lo
hizo el Rey Felipe VI. En una monarquía Parlamentaria tal conducta es
sencillamente inimaginable.
[…]
La "vuelta a las andadas" de la
monarquía
Dadas
las circunstancias en la que nos encontramos, es ilusorio pensar que lo que ha
ocurrido en estos últimos años y en especial esta pasada semana no va a volver
a ocurrir y que, de ahora en adelante, la monarquía se comportará como una
monarquía Parlamentaria adecuada al concepto, como diría Hegel.
En el
Derecho Constitucional, a diferencia de lo que ocurre en el Derecho Privado, no
es necesaria la repetición reiterada de acontecimientos para que se constituya
un precedente. Con una vez basta.
La
autonomía de la que ha considerado que disponía el Rey Felipe VI para analizar
la situación y adoptar la decisión que considerara pertinente, desconociendo la
Constitución, alterando el orden establecido por el constituyente entre el
principio de legitimidad democrática del Estado y el principio monárquico, y la
desnaturalización que con ello se ha producido de la monarquía Parlamentaria,
no son elementos menores.
Después
de lo ocurrido esta semana, únicamente podemos ir a peor. Con la trayectoria de
la monarquía a lo largo de toda nuestra historia constitucional nadie puede
llamarse a engaño. Con Felipe VI la monarquía ha iniciado la “vuelta a las
andadas”. Y ello no es compatible con un Estado democrático digno de tal
nombre.
La
sociedad española, si quiere vivir en una sociedad democrática, tiene que
afirmar de manera inequívoca su voluntad constituyente sobre la monarquía,
tiene que decidir sin ambigüedad de ningún tipo, que “tiene el derecho a
adoptar la forma de gobierno que más le convenga”.
Y esto
únicamente puede hacerse mediante un referéndum, en el que el cuerpo electoral
pueda decidir si considera que la monarquía debe continuar formando parte de su
forma de gobierno o no. Y en el caso de que optara por mantener la monarquía,
definir a continuación con precisión cuál sería su posición dentro del sistema
político.
No hay
problema más importante ni tarea más urgente.
___________________________________
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| Ernesto Rodera |
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14 abril, 2017
26 octubre, 2016
"Una España como la de Los Santos Inocentes pero con Smartphones"
El
truco franquista - Fran Delgado
Decía
Kevin Spacey en Sospechosos habituales
que el mejor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía. Algo
así parece que sucede en nuestro país con Franco. El pasado 18 de julio se
cumplieron 80 años del golpe de Estado que terminó con la ilusión de la
realidad Republicana en España, esa que retrató Orwell en los primeros días de
su estancia en Barcelona en Homenaje a Cataluña. Resulta curioso la
indiferencia con la que se ha pasado por alto este hecho en nuestro país o, en
el peor de los casos, lo que más ha llamado la atención ha sido algún
enaltecimiento del golpe de militar por parte de algún representante político y
debates televisivos a mayor honra del dictador. Era lo que se podría esperar si
tenemos en cuenta los monumentos, calles y demás honores que tienen en nuestras
ciudades los golpistas, mientras sus víctimas no logran el descanso en las
cunetas de todo el territorio nacional. Este tipo de cuestiones, simplemente,
no serían permitidas en cualquier democracia. Pero esto es España.
Hay
que referirse a un país en el que los 40 años de terrible represión de
dictadura franquista son aceptados de forma más o menos amplia, sin el más
mínimo reproche social. Todos podemos conocer en nuestro entorno a alguna
persona que legitime de forma velada (y muchas veces explícita) el golpe
militar del 36, pero, eso sí, no acepta que se le llame descriptivamente facha.
En su defensa siempre hablan de las atrocidades que cometieron ambos bandos en
la guerra civil, haciendo un planteamiento falso que omite el levantamiento
contra el orden republicano constitucionalmente establecido y la represión
posterior a la guerra. Igualmente hemos vivido alguna historia familiar que se
tiene oculta, que cuando se habla sobre ella aparece un silencio incómodo, casi
vergonzoso, que indica que eso no debe tratarse, que ya pasó y debe olvidarse.
Lo observamos a diario. “Yo no soy fascista, soy patriota”, “Es que la
República era un caos”, “Con Franco en España se vivía bien”, “Hablar de
memoria histórica es reabrir heridas”… y un largo número de frases cuyo único
objetivo es dar una imagen suavizada de los que fue una cruel dictadura que
asesinó a miles de personas. Pasar página, pelillos a la mar.
Incluso
en el ámbito académico al régimen franquista se le define como autoritario no
como totalitario, queriendo, de esta manera, atenuar el grado de crudeza de la
dictadura española. Fueron 40 años de franquismo que marcaron profundamente la
idiosincrasia, la actitud y los comportamientos políticos que calaron en una
generación, que se trasladó a las siguientes y que perviven en la actualidad.
Es lo que se ha denominado franquismo sociológico, un hecho de tolerancia
social por el que se aceptan los comportamientos fascistas como algo no
especialmente malo, que, unido a una élite proveniente del régimen que
protagonizó el cambio de régimen sin perder el poder económico, político y
mediático, lideraron una transición gatopardista que sirviera para asegurar su
posición privilegiada, es lo que nos ha conducido hasta la situación de
nuestros días.
Cuando
el PSOE llegó al poder en el 82 Alfonso Guerra dijo que “A España no la va a
conocer ni la madre que la parió”.
Pasados cerca de 40 años de democracia en España, a día de hoy, no sólo no ha cambiado sino que las diferencias sociales se han agrandando y se ha profundizado en la división del pueblo. Una España como la de Los Santos Inocentes pero con Smartphones.
…Porque
la clase dominante, antes apoyando a Franco y ahora demócrata de toda la vida
pero siempre manejando los hilos del poder, ha impuesto su discurso ideológico
y el relato de su historia. Así, en este paradigma las clases no existen, son
un invento de la izquierda trasnochada.
…Porque,
en todo caso, se admite la existencia de una gran clase media con aires de
grandeza que repudia su propio origen.
...Porque
ha sido generalizado el convencimiento de que una persona que tiene un bar con
dos camareros contratados y trabajando 14 horas diarias es un empresario (un
emprendedor) y, por tanto, tiene más en común con la idea de empresario tipo
Florentino Pérez que con su vecino reponedor en el Carrefour, con el inmigrante
marroquí que se cruza todos los días camino del trabajo y vino a España a
buscarse un futuro mejor o con los jóvenes que abarrotan las oficinas de
(des)empleo buscando acceder en unas condiciones dignas al mercado laboral. Se
cree que sus intereses de clase están más próximos a los empresarios
simplemente porque puede financiarse a plazos un viaje de vacaciones con su
familia a la Riviera Maya. Y además hemos llegado a esta situación por
convencimiento propio. Se dice que no hay nada más estúpido que un obrero de
derechas, a lo que yo añado de derechas sí, pero además convencido y contento.
Ese es el error. Negar la existencia y la permanencia de esa élite proveniente del franquismo en el poder, rechazar los lazos comunes que tenemos y que conforman la conciencia e intereses colectivos y de solidaridad de la ciudadanía como base de la estructura social, admitir el franquismo como un mal menor en nuestra historia y convencernos del argumento falaz de que en esta injusta y desigual sociedad todos tenemos las mismas oportunidades.
La reparación de la memoria histórica, recordando todo lo acontecido y poniendo en valor el honor de los ajusticiados por el régimen franquista no es un acto de revanchismo guerracivilista, sino de justicia. Negarla es aceptar el truco del diablo.
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01 enero, 2016
Despedida de un año (1936)
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| Fotografía de Gerda Taro, 1936 |
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23 junio, 2014
Ni monarquía ni república. Revolución social
Que la izquierda no cuente con los anarquistas para un cambio de régimen político. Nos tendrá a su lado cuando propongan la abolición de todo gobierno.
El Poder, representado en el Estado, ha movido ficha y ha jugado bien su partida. Las últimas elecciones europeas han dejado claro que el bipartidismo que apoyó la llamada transición (aunque no hay que olvidar al PCE) está en crisis. Es por ello que el Estado teme que las próximas elecciones generales lleven al poder opciones republicanas y, al igual que pasó el 14 de abril de 1931, los borbones se tengan que marchar. Con la abdicación de Juan Carlos, como previamente hizo con él su padrino Franco, se deja “atada y bien atada” la institución monárquica.
Sin embargo, la izquierda está pidiendo a gritos un referéndum y la III República. Los anarquistas no queremos ni monarquía ni república. No queremos Estado, lo maneje un rey hereditario o un presidente electo. El problema es el Estado, el sistema que mantiene la explotación y la desigualdad, sea quien sea su titular..
Muchos de los que defienden la III República lo hacen desde supuestas posiciones radicales, transformadoras. Pero lo que defienden es una concepción burguesa y reformista. Ni las repúblicas que ha habido en España ni los reyes han gobernado para el pueblo, que exige cada vez más autogobernarse, autogestionarse y no ceder a sus supuestos representantes soberanía alguna.
Lo importante es no volver a caer en la misma trampa que fue la II República, un régimen que no cambió un ápice la situación de la clase trabajadora y mantuvo intacto el régimen burgués y capitalista y su principal instrumento: el Estado. Lo relevante es seguir luchando desde abajo para acabar con el Estado y el Capital, contra la monarquía y la república, contra todo poder y gobierno.
Que la izquierda no cuente con nosotros para un cambio de régimen político. Nos tendrá a su lado cuando propongan la abolición de todo gobierno.
Ni Felipe VI ni III República, revolución social.
Grupo anarquista asturiano Higinio Carrocera
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